Historia y política

La noticia de que la señora Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, viajaría a México y que uno de sus objetivos era ir a hablar de forma elogiosa de Hernán Cortés, no dejó de ser algo curioso y estrambótico. Alguien podría preguntar: ¿es que Isabel Ayuso hará una valoración histórica?

Por desgracia, no, lo de ella es pura politiquería. Querer meter ruido a donde va y, de cualquier forma. ¡En la estela de Trump!

Pero doña Chabela ¿habrá leído al menos las ‘Cartas de Relación’ de Hernán Cortés? Su contenido no es para recibir elogios más de 500 años después.

La Conquista (y la Colonia, a continuación) que se realizó en América (no solo por España) fueron procesos traumáticos. Violentos, y donde el aniquilamiento de las poblaciones originarias fue el resultado de todo aquello.

¿O cree la presidenta de la Comunidad de Madrid que la Conquista y los conquistadores eran unos querubines benignos que vinieron a proporcionar bienestar? No, señora, le vendría bien leer ‘Conquistadores’, de Éric Vuillard, para que aclare un poco su mente.

A la política tradicional (Ayuso es expresión de eso) siempre le ha interesado la Historia, pero aquella donde los vencedores cuentan sus hazañas.

Hernán Cortés, como Napoleón Bonaparte, como Aníbal, si se les toma como personajes literarios, sin duda que funcionan bien. Pero la realidad histórica que Hernán Cortés encarnó no puede escamotearse: fue la punta de lanza de un proyecto imperial que avasalló los territorios conquistados, a sus gentes, a sus dioses, a sus riquezas naturales.

A quienes usan la Historia para sacar beneficios politiqueros bien les vendría leer ‘La patria del criollo’, de Severo Martínez Peláez. Pero no, lo que quieren es escandalizar e intentar ser el foco de atención.

Ir a México a hacer campaña política española es sin duda un extraño proceder de Isabel Ayuso.

Desde España debe verse a América, y a América Latina en concreto, de un modo menos sesgado. Sin esquematismos. Aquellas poblaciones aniquiladas por armas, por caballos y por virus (en 1520, viruela; en 1531, sarampión; en 1545,  influenza; en 1564, otra mortandad; en 1576, tifus; en 1588, de nuevo tifus y en 1595 y 1596, sarampión, paperas y ‘tabardillo’ o tifus exantemático), a pesar de la derrota catastrófica al enfrentarse con los Señores que Llegaron del Mar sus supervivientes, por siglos, han sabido resistir y han llegado hasta el día de hoy en la literatura, en las pinturas, en las canciones, en las lenguas que no se agotaron y en las variaciones del castellano al que se amarraron, en las distintas versiones del mestizaje.

Si nos olvidamos que hubo Conquista y Colonia, y del modo real como todo eso se impuso, seríamos nada. Sería edulcorar la vida, pero olvidar el pálpito que debe animarnos sería nuestra ruina.

La verdad es que la señora Ayuso está silbando en la loma. Ah, leer ‘Las historias prohibidas del Pulgarcito’ de nuestro impagable Roque Dalton también la ayudaría a poner los pies en la tierra, y de paso se baña con todo el humor que ese libro derrama.

Historia y política tienen muchos vasos comunicantes. Quienes creen que apelar a nombres y fechas y glamures gastan pólvora en zopes.

Historia son procesos, son tensiones cruciales, son circunstancias largas o cortas donde el cambio asoma su penacho.

Política no es politiquería.

En este momento se viven en el mundo horas difíciles, porque los politiqueros se han hecho con el manubrio y nos amenazan a todos, sí, a todos los habitantes del planeta, con imponernos su férula.

Venden viruta y lanzan bombas donde quieren y nadan en pozos de petróleo y sueñan con reinar por los siglos de los siglos.

Por eso es tan importante que no olvidemos de dónde venimos, quiénes son nuestros ancestros y todo lo que ha tenido que pasar para que lleguemos a este punto.

Por supuesto que Isabel Ayuso ni siquiera se tomó la molestia de revisar partes (leerlo todo sería mucho) del importante libro de José Luis Martínez, ‘Hernán Cortés’, porque de lo contrario no habría dicho que iba a México a alabar a Hernán Cortés.

Ese personaje real que fue Hernán Cortés debe estudiarse sin mentalidad hagiográfica (la actitud de Ayuso va por ahí), pero tampoco hay que estar con la guadaña en la mano. La investigación histórica ya ha situado la Conquista (y la Colonia) en sus coordenadas cabales, y Cortés debe comprenderse desde esa perspectiva. Sus escritos y sus realizaciones física deben leerse con atención y no caer en la tentación de ‘usarlos’ para hacer politiquería. Y esto vale para muchos otros personajes y procesos y momentos de la historia de América Latina y del mundo. ■

*Jaime Barba, REGIÓN Centro de Investigaciones

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