La hora de los libres

José Marti nunca dejó de trabajar por su quimera de una Cuba sin amos y por una Patria con todos y para el bien de todos, un síndrome que padecemos muchos compatriotas del apóstol a pesar del cumulo de frustraciones y desencantos que nos han azotado por más de seis largas décadas.

No descarto que algunos lectores aprecien este escrito como reiterativo y hasta cansón, pido disculpas si así lo perciben, pero es que el reconocimiento del inepto dictador cubano de que está negociando con Estados Unidos, me obliga a plasmar anhelos propios y de amigos, afanes siempre presentes en nuestras fantasías que desesperamos se conviertan en realidad.

Como bien dice Ramiro Gómez Barruecos, nos encontramos ante una potencial transición política en Cuba, una encrucijada que puede conducir al cese del totalitarismo o simplemente a un cambio en que todo siga igual, por tanto, es convenientes que nos aprestemos en busca de oídos que nos escuchen.

Primero, debemos dejar lo más despejado posible que nuestra oposición al totalitarismo es consciente, razonada, motivada por la conculcación de nuestros derechos ciudadanos con independencia de los resultados económicos del sistema. Si Cuba nadara en la abundancia de bienes materiales, confrontaríamos igualmente al castrismo por su naturaleza depredadora y contraria a los valores que defendemos, de ahí nuestro compromiso de que la clase gobernante cubana abandone el poder y sea debidamente procesada por sus numerosos crímenes.

Cuando se inició esta lucha en los sesenta en Cuba había de todo, las restricciones de viajes eran inexistentes y los negocios se desarrollaban con relativa libertad, sin embargo, se apreciaba que los derechos ciudadanos, libertades como las de expresión e información eran cuestionadas por las autoridades y las leyes estaban al servicio del caudillo, no de la justicia.

Con el transcurso de los meses la situación se agravó y los derechos más elementales fueron abolidos. Se impuso un pensamiento único, una sola voluntad y como colofón la obligación de aceptar por unanimidad las disposiciones gubernamentales, en realidad, ya no era necesario que Fidel Castro se declarara marxista, el castrismo imperaba en Cuba con toda la furia de su forjador.

Nuestro primer reclamo es la excarcelación sin excepción de los prisioneros políticos y la abrogación de todas las leyes represivas, simultáneo, a la aprobación de una ley general de amnistía que ampare a los acusados por actos delictivos recogidos en legislaciones que violentan los derechos ciudadanos, comprendido, el derecho al regreso de los cubanos que se encuentran en el exterior.

Consideramos básico para la restauración de la República, la aprobación de legislaciones que reconozcan de manera irrestricta el respeto a los 30 puntos fundamentales descritos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la que Cuba es firmante, pero viola sistemáticamente y la desmovilización de todos los cuerpos represivos y de espionaje al servicio del régimen.

Un cambio radical en el sistema judicial es imperativo. La sustitución de jueces y funcionarios judiciales en general demanda una pronta y eficaz atención, la justa justicia es una demanda que debe ser satisfecha.

La educación, uno de los instrumentos más preciado del totalitarismo, también exige profundos cambios. Todos los niveles educativos en Cuba han sido contaminados por la visión sectaria del castrismo. La tergiversación de la realidad y el adoctrinamiento de la juventud deben ser enfocados con realismo y comprensión hasta lograr nuevos paradigmas.

Es fundamental para avanzar social y económicamente que las actividades gremiales, profesionales, así como las económicas puedan efectuarse sin restricciones permitiendo libremente la producción de bienes materiales, incluido consumo y viviendas a quienes estén aptos para realizar estas actividades, así como la liberación de las capacidades de exportar e importar de que disponga la población.

La agricultura debe ser liberada de toda regulación gubernamental que la limite. Cuba históricamente ha sido un país de importantes producciones agropecuarias y es vital que esa condición sea restituida completamente.

El castrismo se caracteriza por su gran capacidad de sobrevivencia y no respetar los compromisos. Es mi criterio que no se deben hacer concesiones sin reciprocidad por parte del totalitarismo, no puede depositar confianza en delincuentes sistemáticos y aunque Estados Unidos ha sido siempre el mejor aliado de la causa democrática cubana, les pedimos que estén alerta porque están negociando con tramposos que no respetan nada.

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