Margarita Chinchilla, una amiga y excompañera de la Escuela Alberto Masferrer de Olocuilta, estaba feliz porque se estrenaría como abuela. Sin embargo, esa felicidad se vio truncada la semana pasada porque su nietecito murió minutos después de haber nacido por complicaciones en el parto. Para el bebé tenía planes muy lindos y se había prometido ser una abuela a todo dar. Su hija y el esposo estaban felices y ansiosos esperando al bebé para darle amor pletórico y ser más que excelentes padres.
Que contraste. La llegada de un nuevo miembro a la familia genera felicidad, cuando hay conciencia y amor, pero por desgracia no siempre es así. Mientras hay familias deseosas de concebir un bebé, hay quienes consideran que un bebé es un estorbo o un problema por lo que buscan la manera de deshacerse de la criatura. Es el caso de la joven Emely Gabriela Paz Sermeño.
Emely, quien no pasa de los 20 años de edad, fue condenada por el Tribunal Segundo de Sentencia de Sonsonate, a 45 años de cárcel por el homicidio agravado en modalidad de comisión por omisión en calidad de autor directo, en perjuicio de su bebé recién nacida.
Resulta que el sábado 23 de agosto del 2025, la joven llegó con dolores lumbares y presión arterial alta a hospital nacional Jorge Mazzini de Sonsonate e inmediatamente se fue al baño de hombres donde dio a luz sin ayuda de nadie. Por alguna razón no pidió ayuda para ser atendida en la unidad de emergencia o por algún obstreta o médico de turno. Tras parir salió del hospital y lanzó a la bebé a un basurero de donde horas después fue rescatado el cuerpecito.
El Instituto de Medicina Legal, tras la autopsia, logró determinar a través de las pericias que la bebé había nacido viva y que la causa de muerte fue asfixia perinatal. Esto fue suficiente para que el tribunal considerara que hubo dolo en el homicidio y condenara a la joven que mientras escuchaba la sentencia no paraba de llorar y de manifestar su arrepentimiento.
Cualquier defensor de estas causas puede atribuir el hecho a que Emely sufrió una psicosis postparto que es un trastorno psiquiátrico grave que puede ocurrir después del nacimiento de un hijo y que, en casos extremos y sin atención médica, lleva a la madre a perder el contacto con la realidad, sufriendo un riesgo alto de autolesión o daño al bebé, hasta provocarle la muerte.
Sin embargo, cuando el contexto ofrece elementos indiciarios de mala intención o planificación delictiva, no hay argumentos que lleven a suponer una psicosis postparto, pues en este caso la joven buscó el baño de hombres y parir sin ayuda a pesar que estaba en un hospital. Salió cargando el bebé y tras lanzarlo al basurero se dio a la fuga. En los casos de psicosis posparto la mujer no está consciente de lo que hace y no busca la forma de deshacerse de un cuerpo, mucho menos busca escapar.
Las razones para no querer ser madre pueden ser muchas, desde que es producto de una relación forzada o que el padre es una irresponsable, hasta que vive sumida en la pobreza extrema o que pretende seguir en la “vida loca” y el bebé es un estorbo. En realidad pueden ser miles las causas, pero ninguna justificante para matar a una inocente e indefensa criatura. Hay procesos de adopción y miles de parejas tratando de adoptar por la vía legal a un bebé.
Emely solo es un caso de muchas mujeres que resultan embarazadas sin pretenderlo y que luego buscan deshacerse de su bebé recién nacidos (as). No hay estadísticas certeras de cuantos bebés son asesinados en El Salvador por sus propios padres, pero son excesivamente comunes los casos de niños que son lanzados a fosas sépticas, especialmente en la zona rural.
El 30 de marzo de 2004 en la zona rural de Monte San Juan, Cuscatlán, el cuerpo de otra bebé fue encontrado en el fondo de una fosa séptica y Medicina Legal determinó que murió minutos después de haber nacido viva. En este caso el Tribunal de Sentencia de Cojutepeque condenó a 30 años de prisión a María Antonia Preza Hernández por no asumir la responsabilidad de auxiliar o pedir ayuda cuando su bebé cayó a una fosa séptica al dar a luz. María Antonia estaba embarazada y sintió dolor abdominal por lo que decidió ir a la fosa séptica, y comenzó la labor de parto sin solicitar ayuda a sus familiares.
Como Emely y María decenas de mujeres han sido condenadas por provocar la muerte de sus indefensos bebés, con la diferencia que ahora pueden enfrentar hasta cadenas perpetuas. Por supuesto que la culpa directa es de ellas, aunque hayan motivaciones como la irresponsabilidad de quien engendra, pero el Estado (e instituciones como la iglesia) también es, hasta cierto punto, sujeto responsable por ser excesivamente pasivo en cuanto a la educación sexual. A nuestros adolescentes hay que brindarles una sana educación sexual para evitar que algunas madres decidan matar a sus descendientes y para evitar que adolescentes machistas anden por ahí engendrando hijos. En cuanto al programa de adopciones hay que revisarlo para evitar burocracias excesivas e irónicamente para establecer más controles de garantía.
Que irónica es la vida. Por un lado Emely que pasará 45 años presa por provocar la muerte de su hijo, y por el otro mi amiga Margarita anhelando ser abuela de un bebé que murió apenas minutos después de nacer sin gozar del amor que le tenían sus padres.
*Jaime Ulises Marinero es periodista

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