Mantener una dieta mediterránea durante un periodo de 24 semanas no solo protege el sistema cardiovascular, sino que mejora directamente la flexibilidad metabólica y la función cognitiva en adultos mayores con deterioro cognitivo leve. Así lo revela un reciente estudio científico desarrollado por investigadores del Centro de Investigación Biomédica en Red (CIBER) en España.
La investigación, liderada por Cristina Andrés-Lacueva (CIBERFES / Universidad de Barcelona) y Pablo Pérez-Martínez (CIBEROBN / Instituto Maimónides de Investigación Biomédica de Córdoba), analizó mediante técnicas de metabolómica cuantitativa el plasma de pacientes mayores de 60 años.
Los hallazgos demostraron que el patrón nutricional mediterráneo —a diferencia de la dieta convencional baja en grasas sugerida por la Organización Mundial de la Salud (OMS)— estimula la producción de cuerpos cetónicos, incrementa intermediarios energéticos como el piruvato y el lactato, y optimiza el metabolismo de aminoácidos esenciales. Esto se traduce en una mayor resiliencia y adaptación del cerebro para utilizar distintas fuentes de energía de forma eficiente.
«Estas adaptaciones sugieren un aumento de la flexibilidad metabólica, que podría desempeñar un papel en el metabolismo energético cerebral y la resiliencia cognitiva en adultos mayores con deterioro cognitivo leve», explicaron los autores del estudio.
Impacto directo en la memoria, el razonamiento y el lenguaje
El análisis metabolómico permitió vincular marcadores biológicos específicos en la sangre con mejoras concretas en distintas áreas neuronales:
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Memoria, inhibición y razonamiento visoespacial: el incremento de cetoácidos derivados del metabolismo de aminoácidos de cadena ramificada (BCAA), como el alfa-cetoisovalerato y el alfa-cetoglutarato, se asoció positivamente con una mejor retención general y capacidad analítica.
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Lenguaje y fluidez verbal: la reducción de metabolitos como la isoleucina, L-carnitina, beta-alanina y glutamato se relacionó directamente con avances en el dominio del lenguaje y la memoria operativa.
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Efecto de los probióticos: la combinación de la dieta mediterránea con la ingesta de probióticos generó un marcado aumento de metabolitos derivados del triptófano y la microbiota intestinal, vinculados a la protección de la barrera intestinal y el combate de procesos inflamatorios.
Biomarcadores de adherencia a la dieta
El estudio sirvió además para identificar indicadores químicos clave que confirman el cumplimiento y beneficio del consumo de alimentos frescos:
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Consumo de pescado y vegetales: se observó un aumento significativo de ácido CMPF (marcador de consumo de pescado) y de N2-acetilornitina (presente en proteínas vegetales como frutos secos y legumbres).
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Reducción de carnes y procesados: la disminución de biomarcadores como la 3-metilhistidina y la trans-4-hidroxiprolina reflejó una menor ingesta de aves, carnes rojas y embutidos procesados, reafirmando el perfil protector del régimen mediterráneo sobre el envejecimiento cerebral.

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