La Geometría del Crimen: descifrando el mapa de la violencia y su evolución en El Salvador

Escrito por

en

Kim Rossmo nació en 1955 en Saskatoon, en la provincia canadiense de Saskatchewan. Se licenció en Sociología por la Universidad de Saskatchewan en 1978 y, en lugar de encaminarse sin más hacia la vida académica, hizo algo poco habitual para un joven graduado: se incorporó al Departamento de Policía de Vancouver, primero como empleado civil y, a partir de 1980, como agente de uniforme. Durante años compaginó el trabajo en la calle con una curiosidad intelectual que no terminaba de encajar en la cultura policial de la época.

El criminólogo canadiense Kim Rossmo dedicó su carrera a demostrar lo contrario: que aquellos puntos esconden una geometría discreta y que, bien interpretada, esa geometría puede indicar la zona donde el autor tiene su base, casi siempre su propia casa. A esa disciplina se la conoce como perfilación geográfica, y Rossmo es quien le dio una fórmula, un método y un sitio en las salas de investigación de medio mundo

El crimen no ocurre en el vacío, ni por coincidencias; obedece a patrones, rutinas y, sobre todo, a una geografía específica. Como analista y experto en criminología y formado en perfilación geográfica, la revisión del concepto expuesto en el trabajo del maestro Rossmo y que tengo veinte años de seguir su trayectoria y escuela, resuena de manera profunda con nuestra compleja realidad operativa. Rossmo, ex oficial de policía y pionero canadiense de la perfilación geográfica, nos demuestra científicamente que el comportamiento de un delincuente ya sea un asesino en serie o una estructura organizada, no es a la suerte o sin ninguna intención. Existe una matemática subyacente en sus movimientos, un mapa mental que inevitablemente revela su base de operaciones.

La teoría matemática de Rossmo se fundamenta en principios de la criminología ambiental, destacando el «decaimiento de la distancia» y la «zona de amortiguamiento». En términos sencillos, los criminales prefieren operar cerca de su área de confort (donde conocen las rutas de escape y las dinámicas de la comunidad), pero evitan atacar tan cerca de sus hogares o escondites como para atraer la atención policial hacia su propia puerta. Operan, por tanto, en los márgenes de su espacio de actividad rutinaria. Este enfoque analítico transforma un mapa lleno de puntos aparentemente inconexos (escenas del crimen, abandono de vehículos, zonas de extorsión) en una matriz probabilística que señala el «punto de anclaje» del agresor.

Al trasladar la brillante tesis de Rossmo a El Salvador, las implicaciones son fascinantes y nos ofrecen una lectura criminológica forense de nuestra historia reciente. Durante décadas, nuestro país fue el tablero de ajedrez de las pandillas criminales principalmente la MS-13 y el Barrio 18 y de otras denominaciones. Estas estructuras llevaron la «geometría del crimen» al extremo a través de sus «cliclas y canchas».

Los delitos no eran aleatorios; estaban estrictamente delimitados por denominadas fronteras invisibles. Si aplicamos la fórmula de Rossmo de forma retrospectiva, vemos cómo las clicas y canchas establecían zonas de amortiguamiento precisas: los cementerios clandestinos y las zonas de ejecución casi siempre se ubicaban en la periferia de su actividad rutinaria para mantener la presión policial lejos de sus centros de extorsión, negocios producto del lavado de dinero y viviendas.

En pleno año 2026 la geografía del crimen salvadoreño ha cambiado y se ha transformado drásticamente por la efectividad, eficiencia, técnicas especializadas de investigación, operatividad, inteligencia, contra inteligencia de nuestra Policía Nacional Civil-PNC y Fiscalía General de la República. El control territorial lo ejercen las fuerzas del orden, las autoridades por medio del control social formal.

Los remanentes de las pandillas criminales se han visto obligados a alterar sus rutinas, desplazándose hacia zonas rurales o adoptando perfiles de alta movilidad. Es precisamente aquí donde la perfilación geográfica cobra una nueva y crítica vigencia para el Estado salvadoreño. Ya no buscamos fronteras de barrios evidentes; ahora debemos aplicar la matemática de Rossmo y sistemas algorítmicos avanzados como el software Rigel, diseñado por él, combinados con la actual inteligencia, software de primera generación, análisis de datos, utilización de toda las nuevas tecnologías de la información y comunicación, inteligencia artificial, entre otros, pero sobre todas esa experiencia y alta capacidad del talento humano en investigaciones, inteligencia, seguridad pública, áreas especializadas  que tiene nuestra PNC, que la hace grande y líder en el continente para capturar a delincuentes que intentan operar bajo el radar, prediciendo que es el gran desafío sus nuevas rutas logísticas y refugios ocultos.

El trabajo de Kim Rossmo no es solo una lección de criminología teórica; es un manual de actuación estratégica. Como país, es deseable consolidar el avance paso del patrullaje tradicional, pasamos al patrullaje digital y trascender a la inteligencia geoespacial predictiva. La geometría del crimen nos advierte una verdad ineludible: por más astuto que se crea el delincuente al intentar evadir la justicia en el nuevo panorama salvadoreño de la actuación policial y fiscal, sus propios hábitos espaciales serán, invariablemente, la brújula que guíe a la autoridad hasta su guarida y sean presentados ante la justicia.

*Por Ricardo Sosa / Doctor y Msc. en Criminología / @jricardososa / www.ricardososa.net 

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *