Las marchas patrióticas y militares casi siempre elevan la moral, refuerzan el vínculo con la nación a la cual se pertenece. Entre ritmos de viento y percusión que van regulando el paso de manera uniforme, con aplomo, para mantener el compás y el ímpetu en la trayectoria. Un tanto parecido al modo de transcurrir los años en cada uno de nosotros; generalmente inicios de vigorosidad, de descubrimientos y luego, con cada bombo un palpitar, con cada trombón lo que va dejando huella y en el sonido del clarinete el color de cada época.
Pienso que el bagaje de lo que vivimos unido a una conciencia activada, nos puede develar muchos pensamientos imbricados, como tejados que no dejan pasar luz. Permitiendo que dicha conciencia, junto con el transcurrir del tiempo, nos deje asimilar que no todo lo que se deseaba aun con la mejor intención, resultaba como lo queríamos. Y es que, creo que los años pueden liberar de alguna manera; así vemos como hay reglas que nacieron inquebrantables, pero que a su sombra no todas las situaciones encajan a cabalidad. Dándonos a conocer, entre otras, las variadas aristas que suceden bajo este cielo.
Razón, libertad y voluntad son las cualidades que el hombre tiene para regir su destino, según el antropocentrismo. Aspectos que vienen a enfrentarse al sistema económico y social en el que se vive o pretende vivir. De estos fundamentos es la libertad la que debe enfrentar, aceptar y sobrellevar las condiciones que el mismo sistema tenga para ofrecer. De esta manera, existe entonces una condicionante para la razón y más aún para la voluntad que va de la mano con la conclusión de que todo depende del hombre y de cómo este reaccione ante su entorno. A lo lejos suena un trombón desafinado, pero sin abandonar la marcha. Avanzamos y a través de una rendija podemos ver que no todo el pensamiento o reacción que tenemos nació solo y tan solo en nuestra conciencia, sino en un condicionamiento previo. Por lo tanto, no está demás el replantear y cuestionar las expectativas que se imponen en un marco referencial ya trazado.
La definición de éxito se prolifera según las perspectivas y experiencias de quien la dice en su momento, como si hubiese un formato ideal donde todos deben ceñirse, para tener un lugar, para ser vistos; y claro, definido invisiblemente por un sistema que permite o restringe según que la voluntad individual acepte.
Somos alguien aunque no estemos logrando nada visible, somos porque estamos acá y tratamos de comprender y apreciar el sentido de vivir pese a que existan métricas de meritocracia y estándares para alcanzar metas, las que no son más que trampas de la condición humana de querer ser por encima de lo que este.
Que la razón nos haga concretar en la voluntad ese ímpetu primario de que todo pasa, todo es transitorio y que la libertad, esa verdadera libertad que jamás estará sujeta a nada, nos dé la certeza que el pensamiento consiente nos mantiene en la marcha.
*Ivette María Fuentes, Abogada

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