La pupusa: corazón y poder cultural de El Salvador

Hay países que se explican a través de grandes monumentos. El Salvador, en cambio, puede explicarse a través del humo tibio que sale de un comal. Allí, en ese círculo perfecto de masa y relleno, late algo más profundo que el hambre: late nuestra identidad.

La Pupusa no es sólo comida; es memoria, es abrazo, es patria servida en plato. Desde niños aprendemos que el día puede empezar con una pupusa caliente y terminar con otra compartida entre risas.

Desde niños aprendemos que el día puede empezar con una pupusa caliente y terminar con otra compartida entre risas.

Está en el desayuno del trabajador, en la cena familiar del domingo, en la esquina iluminada por un foco donde la pupusera conversa mientras cocina. Es un ritual cotidiano que no distingue clases sociales ni edades. Frente a la pupusa, todos somos iguales: salvadoreños.

Su fuerza no está únicamente en su sabor, sino en lo que representa: viene del maíz ancestral, de nuestras raíces originarias, de una historia que sobrevivió al tiempo. Cada pupusa lleva adentro siglos de cultura transformados en algo sencillo y generoso. Y en esa sencillez radica su grandeza.

Pero la pupusa también es poder. Poder cultural. Poder económico. Para miles de familias es sustento diario. Para muchas mujeres es independencia y liderazgo. Para nuestra diáspora es consuelo y vínculo emocional. Un salvadoreño lejos de su tierra encuentra en una pupusa algo más que alimento: encuentra pertenencia.

En un mundo que compite por visibilidad, la pupusa puede ser nuestra carta más auténtica. Otros países han convertido sus platillos en bandera internacional. Nosotros tenemos una joya gastronómica que aún puede proyectarse con mayor fuerza como marca país. No se trata sólo de exportar comida, sino de exportar historia, identidad y experiencia.

«Como artista y promotor cultural, creo profundamente que los pueblos se sostienen en sus símbolos vivos. La cultura no está únicamente en los escenarios; también está en el comal que reúne a la familia y a los amigos. Allí se conversa, se debate, se ríe y se sueña. Allí se construye comunidad».

Francisco Figueroa

Salvadoreño

La pupusa es centro de poder cultural porque nos une sin discursos y nos representa sin necesidad de traducción. Es un lenguaje común que todos entendemos. Defenderla, dignificarla y proyectarla al mundo es defendernos a nosotros mismos.

Quizá algún día comprendamos que en cada pupusa no sólo se cocina masa con queso o frijoles. Se cocina identidad. Se cocina memoria. Se cocina El Salvador.

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