Las elecciones de medio mandato en Estados Unidos

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Los estadounidenses estornudan y a los latinos nos da gripe. Lo que ocurre en Estados Unidos no pasa desapercibido en cada una de las realidades de los países latinoamericanos, más en aquellos países como el nuestro que dependemos en exceso de las políticas que desarrollan las administraciones presidenciales de esa gran nación, donde viven más de tres millones de salvadoreños, la mayoría migrantes irregulares.

Ayer se realizaron las elecciones de medio mandato presidencial  para elegir a los 535 miembro del congreso de la nación más poderosa del mundo.  En los comicios se eligen a los 435 miembros de la Cámara Baja o Cámara de Representantes y a la tercera parte de la Cámara Alta o Senadores. En total son 35  de 100 senadores los que se eligen en estas elecciones. Los senadores son elegidos por seis años y cada dos años se elige a una tercera parte.

Las elecciones de medio mandato son consideradas las “elecciones del contrapeso” ya sea porque premian o castigan a la administración de turno y esta vez para nada será la excepción. Actualmente los Republicanos administran en el ejecutivo con Donald Trump a la cabeza, contando con mayoría en ambas cámaras del congreso.

Los ciudadanos estadounidenses decidieron ayer por premio (permitiendo que Trump continue con mayoría en el Congreso) o por castigo (quitándole mayoría de congresistas y senadores a los Republicanos). Cualquiera haya sido el resultado que ya debe de conocerse o estar por confirmarse, las consecuencias las vivimos en América Latina y en la mayoría de los países del mundo.

La democracia en Estados Unidos, tan imperfecta como es, es lo más cercano a la “democracia ideal”, donde la voz ciudadana y las reglas establecidas se respetan En el marco del juego democrático. De ahí que por el sistema electoral un presidente puede ser electo pese a haber obtenido menos votantes que su contrincante, tal como ya ha sucedido en cinco ocasiones, el último caso en 2016 cuando en su primer período Donald Trump obtuvo cerca de 2.8 millones de votos menos que Hillary Clinton. En el caso del Congreso, éste tiene bien definido sus roles y la Cámara Baja es capaz de promulgar leyes y hasta destituir al presidente por delitos o hasta faltas graves,

En la Cámara Baja, los representantes que han sido elegidos proporcionalmente a la población debaten y redactan la mayoría de los proyectos de ley principales y suele tener mayor peso o primacía en la aprobación de presupuestos y en el control político del gobierno, pero la Cámara Alta, que son elegios dos por cada Estado (independientemente de su tamaño o cantidad poblacional) discute, revisa, consulta y hasta tiene funciones de modificar las leyes que vienen de los Representantes. Los Senadores suelen encargarse de ratificar nombramientos importantes (embajadores, jueces, tratados internacionales propuestos por el Ejecutivo).

El Ejecutivo tiene la potestad de definir las políticas económicas (definir el presupuesto), política interior (hacer nombramientos y definir impuestos), política exterior (relaciones diplomáticas y negocios internacionales), migratorias (definir estatus y políticas de migración, así como el otorgamiento de indultos y veto.

Precisamente hasta ahora no ha tenido necesidad de hacer uso del veto porque ha contado con mayoría en ambas Cámaras; sin embargo, si pierde el control partidario, seguramente algunas de sus políticas que necesariamente vayan a pasar por la observancia de Representantes o Senadores, enfrentará oposición y rechazo. A eso se le llama contrapesos democráticos. Ya Trump ha dicho que si eso ocurre él será conocido como el “Señor Veto”, porque obligará a los opositores a acercarse a él para negociar. Recordemos que el veto presidencial puede ser superado con los dos tercios en ambas Cámaras.

En otras palabras con mayoría de Representantes y Senadores Demócratas, se podrá supervisar de más cerca las acciones del ejecutivo en lo concerniente a las políticas económicas (aranceles internacionales, impuestos internos, distribución presupuestaria) migratorias (deportaciones, designación de status, etc,) y de intervención en conflictos armados (Irak, Palestina, Venezuela y otros), pero no evitará que sigan en ejecución, con algunos controles, dichas políticas ejecutivas. Desde luego Trump, teniendo mayoría opositora tendrá que ser más comedido con el desarrollo de sus políticas y someterse a las variaciones que le nueva realidad le demande. Ahora bien, si es premiado y continúa con el control de las dos Cámaras del Congreso, continuará con su convicción republicana, manejando sin oposición los hilos de la política estadounidense y de muchos países del mundo.

En otras palabras las políticas migratorias de Trump continuarán, eso sí, siendo supervisadas de más cerca por el Congreso, que le podrá poner alto a los abusos o a las decisiones que vayan más allá del respeto a la dignidad humana.

Si yo fuera ciudadano estadounidense no hubiera votado por los Republicanos. Mi voto hubiera sido por los Demócratas, aunque no esté precisamente de acuerdo con muchas de sus visiones ideológicas. Desgraciadamente el mundo está contagiado de “estadounidostitis” y Estados Unidos sigue tosiendo.

*Jaime Ulises Marinero es periodista

 

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