De las luchas libertarias del general Francisco Morazán (1792-1842) por unir a Centroamérica quedaron repartidas en la región algunas de sus espadas que ahora son piezas de museos, mientras que los restos del prócer hondureño reposan en un nuevo mausoleo por decisión del presidente de El Salvador, Nayib Bukele.
Oficialmente se desconoce cuántas espadas utilizó Morazán durante los 18 años de lucha, que inició en 1824 y finalizó, sin poder unir a Centroamérica, el 15 de septiembre de 1842, cuando fue fusilado en San José de Costa Rica, justo cuando la región cumplía 21 años de su independencia de la Corona española.
Pero sí hay registros de al menos tres espadas que están en Guatemala, Honduras y Nicaragua, según apuntes de historiadores como Miguel Cálix Suazo, autor del libro ‘Espadas y sables supuestamente usados por José Francisco Morazán Quesada’, y del director de la Casa Museo Morazán, en Tegucigalpa, Carlos Turcios.
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18 años de luchas libertarias
Turcios dijo a EFE que Morazán tenía «caballos y mulas» en los que «recorrió catorce veces Centroamérica» durante los 18 años de sus luchas libertarias, y poseía al menos «seis espadas», de las que tres estarían repartidas en Guatemala, Honduras y Nicaragua, en lo que coincide con Cálix Suazo.
Según Turcios, otra de las espadas estaría en manos de «un coleccionista centroamericano», del que no precisó detalles, y «posiblemente aparezcan otras más adelante».
El prócer, que nació en Tegucigalpa el 3 de octubre de 1792, también utilizaba en sus batallas dos pistolas que le había regalado Nicolás Raoul Vaillant, el famoso oficial francés de Napoleón Bonaparte que fue jefe del ejército de Morazán, subrayó Turcios.
Sobre sus espadas, la que llevaba cuando fue fusilado en Costa Rica le fue entregada a un hijo suyo y terminó en manos de otros de sus descendientes que la conservan en un museo privado en Managua, Nicaragua.

Un obsequio de Costa Rica
Honduras conserva por su parte una espada que Morazán recibió de «la Asamblea Nacional Constituyente de Costa Rica, una vez liberado (el país) de la tiranía de Braulio Carrillo».
Esa espada está ahora bajo custodia del Banco Central de Honduras (BCH) después de que en 1950 fuera localizada en Guatemala y que el entonces presidente hondureño, Juan Manuel Gálvez, fallecido en 1972, comisionara al historiador Miguel Ortega para que viajara a ese país y la obtuviera.
Gálvez, quien la conservó durante varios años, en su testamento dejó «una orden, un mandato, una voluntad expresada» en la que designa «al Banco Central de Honduras custodio perpetuo de este objeto», indicó el BCH.
Si las espadas de Morazán están esparcidas por la región, sus restos se encuentran por decisión propia en El Salvador, donde el mes pasado fueron trasladados por iniciativa de Bukele a un nuevo mausoleo, situado dentro del Jardín Centroamérica, a un costado del Palacio Nacional, en pleno centro de San Salvador.
En un solemne homenaje a Morazán, Bukele también colocó en el mausoleo para su exhibición un sable conmemorativo, «como símbolo de respeto y reconocimiento a la memoria del prócer centroamericano».









