La popularidad del presidente de Rusia, Vladimir Putin, registra su mayor caída desde la reforma de las pensiones de 2018, en medio de una crisis de combustible que afecta a gran parte del país y que ha incrementado el descontento ciudadano, según reflejan los más recientes sondeos de opinión.
La escasez de gasolina, atribuida al impacto de los ataques ucranianos contra refinerías rusas, ha provocado largas filas en las estaciones de servicio y dificultades para el abastecimiento. La situación se suma al desgaste generado por más de cinco años de guerra y a los efectos que aún persisten tras la pandemia de coronavirus.
El malestar comenzó a intensificarse en marzo, cuando las autoridades implementaron restricciones y cortes en el servicio de internet móvil con el argumento de reforzar la seguridad frente a los ataques con drones. Sin embargo, esas medidas no evitaron que continuaran las ofensivas ucranianas sobre territorio ruso, lo que aumentó las críticas entre distintos sectores de la población.
De acuerdo con el Fondo de Opinión Pública (FOM), la aprobación de la gestión de Putin cayó 5 % en una sola semana, situándose en el 66 %. Se trata del descenso más pronunciado desde el inicio de la guerra en Ucrania. Durante los últimos años, el respaldo al mandatario se había mantenido cercano al 80 %.
La situación recuerda el desplome de popularidad registrado en 2018, cuando el Gobierno impulsó una impopular reforma del sistema de pensiones. En aquella ocasión, el apoyo al presidente descendió del 80 % al 62 %, especialmente entre los ciudadanos mayores de 50 años, uno de los principales sectores de respaldo al Kremlin.
Según fuentes independientes citadas por la prensa rusa, los ataques ucranianos han alcanzado nueve de las diez mayores refinerías del país, provocando un déficit superior al 30 % en el suministro de combustible. Ante esa situación, varias regiones implementaron medidas de emergencia y el Gobierno recurrió a la importación de gasolina desde Bielorrusia para aliviar la escasez.
La crisis también afecta el respaldo al partido oficialista Rusia Unida, cuya intención de voto se mantiene por debajo del 30 % a pocos meses de las elecciones legislativas. Además, el precio del combustible aumentó alrededor de un 10 % en poco más de un mes y, en varias regiones, el litro de gasolina ya supera los 100 rublos. En la península de Crimea, anexionada por Rusia en 2014, el precio rebasa los 200 rublos por litro.
Especialistas consideran que el problema trasciende el ámbito económico y representa un desafío político para el Kremlin. A la escasez de combustible se suman dificultades en el suministro de agua, electricidad, internet y productos básicos en Crimea, además de una fuerte caída del turismo. Para los analistas, el deterioro de estos indicadores alimenta las dudas sobre la capacidad del Gobierno de cumplir sus promesas, especialmente en relación con la guerra en Ucrania y la estabilidad interna del país.

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