Serie: Los grandes  de la Criminología: Cesare Lombroso: el padre de la Criminología. Ciento cincuenta años de su Legado

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Como investigador de la criminología con más de veinticinco años estudiando, aprendiendo de la ciencia criminológica he visto teorías nacer, morir, y otras relanzarse. Pero ninguna sombra es tan alargada e impactante como la de Ezechia Marco Lombroso, universalmente conocido como Cesare Lombroso. Nacido el 6 de noviembre de 1835 en Verona, Italia, este médico, psiquiatra y antropólogo alteró para siempre nuestra forma de entender el fenómeno criminal. Antes de él, la justicia castigaba puramente el acto; después de él, la ciencia comenzó a diseccionar al actor. Considerado mayoritariamente y sin discusión como el «padre de la criminología»

El Arquitecto de la Escuela Positiva

Lombroso arrebató el delito de las manos de los filósofos morales y lo colocó bajo el microscopio de la ciencia empírica. Su obra cumbre, L’uomo delinquente, sentó las bases ineludibles de la criminología moderna.

Algunos de sus principales aportes transformaron la arquitectura de la justicia penal los cuales cito a continuación:

El «Criminal Nato»: postuló la controvertida teoría del atavismo, sugiriendo que ciertos delincuentes eran retrocesos evolutivos, identificables por estigmas anatómicos específicos (asimetría craneal, mandíbulas prominentes, insensibilidad al dolor).

Desplazamiento del foco analítico: cambió el objeto de estudio del delito (la perspectiva clásica legalista) al delincuente, obligando al sistema a considerar las raíces biológicas y sociales del comportamiento desviado.
El rigor del método empírico: Introdujo la observación clínica sistemática, la medición antropométrica y la recolección de datos estadísticos masivos en prisiones y hospitales psiquiátricos.
La génesis de la perfilación: Al categorizar a los transgresores en tipologías (criminal nato, loco, pasional, de ocasión, entre otros), estableció el ancestro directo del análisis conductual y la evaluación de riesgo contemporánea.
El doctor Lombroso no trabajó en el vacío. Junto a Enrico Ferri y Raffaele Garófalo, consolidó la Escuela Positiva, proponiendo que el libre albedrío era en gran medida una ilusión y que las medidas penales debían ajustarse a la peligrosidad del sujeto, un concepto que sigue dictando las políticas de libertad condicional en la actualidad. Las palabras peligrosidad, agresividad son legado del padre de la criminología.

En la actualidad enseñar que la forma de un cráneo dicta la moralidad es una herejía académica. El determinismo biológico absoluto de Lombroso fue refutado metodológicamente y, trágicamente, secuestrado en el siglo XX para justificar atrocidades eugenésicas. Sin embargo, su esqueleto conceptual sigue vivo y respirando en nuestros laboratorios y tribunales modernos.

La neurocriminología contemporánea es, en muchos sentidos, una versión sofisticada de su búsqueda original. En pleno 2026, ya no medimos frentes con un compás; escaneamos cortezas prefrontales y amígdalas con resonancias magnéticas funcionales de ultra alta resolución. Investigamos marcadores epigenéticos y déficits neuroquímicos que predisponen a la impulsividad o la psicopatía. Lombroso 150 años después es fácil afirmar que no fue certero   en el dónde y el cómo, pero acertó categóricamente en el qué: la biología importa y el cerebro es la zona cero del comportamiento humano.

Al mismo tiempo, vivimos un resurgimiento tecnológico que disputa peligrosamente con sus postulados. Los algoritmos de inteligencia artificial de análisis predictivo policial, implementados actualmente en varias policías ciudades y países, se alimentan de macrodatos y biometría para calcular el «riesgo» de un individuo. Este es el neo-lombrosianismo digital: la tentación de creer que la máquina puede detectar al criminal antes de que actúe, leyendo «señales» imperceptibles. Como criminólogos de esta era, libramos batallas éticas diarias para evitar que estos algoritmos codifiquen y reproduzcan los mismos sesgos fisonómicos y raciales que plagaron las primeras ediciones de sus textos.

Cesare Lombroso es un grande de la criminología, uno de sus precursores, el fundador, tuvo la audacia histórica de plantear las preguntas fundamentales. Su legado no es un manual de verdades inmutables, sino el punto de inicio de una ciencia que sigue intentando descifrar el insondable laberinto del cerebro y su relación con el mal. Su audacia al arrancar el estudio del crimen de la pura moralidad para entregarlo al rigor científico. Le debemos la revolución histórica de dejar de mirar exclusivamente el delito para comenzar a comprender profunda, científica y clínicamente al delincuente. Su mayor triunfo perdurable fue enseñarnos que la verdadera justicia exige explorar primero las raíces biológicas y sociales del ser humano. Honro la vida, el legado y la pasión por la criminología de Cesare Lombroso.  Y en cada clase que imparto publico cualquiera de la colección de frases de su obra literaria.  Cada día en el mundo el nombre de Cesare Lombroso es mencionado en el mundo de la criminología, eso se llama «legado»

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