Sigue rugiendo

No me dedicaré semanalmente a compartir y comentar lo que haga y diga León XIV, quien el recién pasado mayo cumplió un año ocupando la silla de Pedro. Pero vale la pena ocupar este espacio, de nuevo, para comentar parte de lo que ha dicho durante su reciente visita a España. Estoy convencido de eso, pues ha soltado declaraciones que merecen detenerse un momento a reflexionar sobre las mismas. Estos y otros mensajes previos –incluida su primera encíclica– me motivan a dar seguimiento a sus posturas y palabras comprometidas con la realidad, desde las mayorías populares, por ser sumamente atinadas e iluminadoras. Cabe señalar también que varias veces ha citado o hecho referencia a la figura de nuestro pastor y santo a quien, sin pedir permiso, desde hace años lo asumo como el patrono universal de las víctimas a las que les han violado sus derechos humanos.

San Romero de América entregó su existencia terrenal para estar eternamente, presente y vigente, en la batalla por hacer valer la dignidad de las personas y los pueblos. En sintonía con ello, el 14 de septiembre del 2025 el pontífice exhortó al mundo a justificar “la esperanza” inculcada “en nuestros corazones” por el primer santo salvadoreño, “quien predicó que nuestro Dios ‘es un Dios que quiere estar con los hombres, un Dios que siente el dolor de los torturados y asesinados’”.

Tras una introducción protocolar, durante su primer discurso en Madrid el papa habló acerca del peligro que corremos al encerrarnos en “ideologías prefabricadas” en lugar de abrirnos a la verdad; previamente expresó su oposición a “la cultura del enfrentamiento”, decantándose por la del encuentro, pues esta es generadora de “estabilidad y prosperidad”. También se refirió a “lo desconocido” como “lo que más nos asusta” y nos genera “desorientación”. Por ello, aseguró, se requieren “hombres y mujeres que intuyan, en la oscuridad, la luz; en el fin, un posible comienzo”.

Monseñor Romero fue eso y más en la búsqueda de soluciones a la realidad que le tocó iluminar en vida, señalando que únicamente la justicia podía ser “la raíz de la paz”. Personas como él, hacen falta en un mundo que riesgosamente navega sin orientación bajo “liderazgos” políticos prepotentes y necios, muchas veces con aprendices de neodictadores cínicos y engañadores a la cabeza de unas administraciones rendidas ‒en palabras del actual vicario de Cristo ‒ ante “la tentación de ganar popularidad avivando el fuego de las polarizaciones” que “parece crecer, en lugar de disminuir”. En ese entorno, sostiene este, “la dignidad humana no deja de ser violada”.

Citando su encíclica, León XIV se pronunció contra los “entusiasmos ingenuos” y los “miedos estériles” para establecer como “criterios de discernimiento” la dignidad humana, en primer lugar, seguida del destino universal de los bienes junto a la opción por los pobres, el cuidado de la Casa común y la paz: Estos deben traducirse en “planificación responsable, evaluaciones del impacto humano y social, inclusión de los más frágiles, alfabetización digital, investigación e industria orientadas a la justicia y la paz”.

Debo mencionar el agradecimiento papal a España “por su fidelidad al derecho internacional y al multilateralismo, que se traduce en un compromiso activo con la paz y la solidaridad entre los pueblos”. Cierto del todo. Pero también debe entenderse como un mensaje dirigido a los actuales “dioses de la guerra”,  principalmente para el israelí y el gringo; igualmente para aquellos de menor peso que, como en El Salvador, escupen fuego por la boca contra ambos sistemas ‒el normativo y el institucional‒ y los derechos humanos. Y en su discurso ante el Congreso hispano, el pontífice dejó claro que una “sociedad auténticamente justa se edifica sobre el reconocimiento de la dignidad inviolable de la persona humana”. Además, definió al bien común como “la forma social de la dignidad humana”. Sobre las armas, aseguró que “pueden imponer un silencio temporal; pero nunca podrán edificar una paz auténtica y duradera”.

Ciertamente, la humanidad transita por una etapa sumamente difícil, oscura y nada alentadora. Nuestro país no se salva. Frente al papa, Antonio Banderas citó a san Agustín quizás para coquetear con él que es agustino. “Decís que los tiempos son malos. Sed vosotros mejores y los tiempos serán mejores. Vosotros sois el tiempo”, dijo Banderas. Nuestro pueblo tiene el privilegio de contar con la inspiración muy propia, en palabras de León XIV, de un mártir “de la fraternidad y de la justicia”: san Óscar Romero. Él logró encarnar ‒sostuvo‒ “en condiciones duras y a menudo inhumanas, la esperanza del Evangelio y la dignidad del hombre”. Para ser mejores y mejorar nuestro país, pues, en su figura y su legado encontraremos una parte importante de la fórmula.

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