En 1920, en la capital costarricense, el escritor y educador Carlos Gagini (1865-1925) publicó una novela pionera, La caída del águila. Por entonces, buena parte de la intelectualidad centroamericana era abiertamente contraria al expansionismo de los Estados Unidos en la zona, en especial tras su intervención para que se declarara la independencia completa de Panamá y se le permitiera iniciar la construcción del canal interoceánico en ese antiguo departamento de Colombia.
Entre 1904 y 1908, el profesor Gagini había vivido en la ciudad salvadoreña de Santa Ana. Fue allí donde tuvo oportunidad de darle seguimiento noticioso a lo que acontecía en la cruenta guerra entre el Japón de la era Meiji -empeñado en su occidentalización- y la Rusia de los zares, atrapada en una eterna etapa medieval. El desastre ruso fue mayúsculo y firmar la paz le costó perder territorios e inversiones en Manchuria, Corea y otras posesiones insulares.
Con aquella victoria, Japón se alzó como una nueva potencia militar en el escenario político global. Intelectuales como el profesor Gagini vieron en el Imperio del Sol Naciente a la única potencia emergente capaz de hacerle frente al poderío estadounidense en su hegemonía en la región latinoamericana, tan presente desde la Doctrina Monroe y más controlada por Theodor Roosevelt con su Política del Gran Garrote y sus intervenciones directas tras la guerra entre Guatemala y El Salvador de 1906.
En su novela, el profesor costarricense desarrollaba un planteamiento de clara tendencia anti-imperialista, al señalar cómo Japón hacía uso de submarinos y de un explosivo poderoso llamado Japonita para derrotar a las tropas estadounidenses y ocupar su territorio. En auxilio del Trono del Crisantemo, los gobiernos centroamericanos desplegaban una flota con barcos bautizados como algunos de los independentistas del siglo XIX y otros políticos del gobierno salvadoreño encabezado a inicios del siglo XX por el general Tomás Regalado Romero, que fue el que contrató a Gagini para que fuera el director del Instituto de Varones de la urbe cafetalera santaneca. Con ese escenario bélico, el centroamericano se adelantó varias décadas al escritor Philip Kindred Dick (Chicago, 1928-Santa Ana, CA, 1982) y su escenario alternativo de la Tierra X establecido en su novela The Man In The High Castle (1962), donde Japón y Alemania ganaban la Segunda Guerra Mundial y se repartían el territorio estadounidense.
Fotografía aérea de la planta constructora de Oregon.
El domingo 7 de diciembre de 1941, con el sorpresivo ataque naval y aéreo de Japón contra la base insular estadounidense de Pearl Harbor, aquel escenario apocalíptico de ambas obras de ciencia ficción cambió por completo. Al día siguiente, la dictadura salvadoreña encabezada por el brigadier y teósofo Maximiliano Hernández Martínez le declaró la guerra al imperio japonés y, dos días más tarde, a los gobiernos fascista de Mussolini y al nacionasocialista de Adolf Hitler, sus territorios coloniales, sus protectorados y cualquier otro país vinculado o aliado de esos tres componentes del Eje Berlín-Roma-Tokio. En pocas semanas, el gobierno de Franklin Delano Roosevelt tenía aglutinadas a 34 naciones dentro del bando de los aliados, unas en calidad de beligerantes y otras como apoyos diplomáticos de segunda fila.
Entre las naciones aliadas estaba el Reino Unido. En una base aérea establecida en Bristol, un caza Spitfire sería bautizado como Sonsonate y ese topónimo sería estampado con pintura negra en ambos lados de la carlinga. Desde su entrada en combate y hasta febrero de 1943, aquella aeronave de combate derribaría cuatro aviones de la Luftwaffe nazi sobre los cielos europeos. Su piloto era Jack Graham Dale (1921-1978), establecido desde su niñez en el puerto salvadoreño de Acajutla, donde su padre -capitán del ejército inglés- laboraba para el sistema de ferrocarriles establecido por los ingleses en 1882. Enlistado en las tropas aéreas de Su Majestad Británica, Dale contrajo matrimonio en Yorkshire, en 1941, y se dedicó a combatir y sobrevivir, mientras exhibía en los teatros de operaciones el nombre de su lugar de vida en el lejano El Salvador.
Momento de la botadura del barco tipo Liberty número 200, fabricado en la Oregon Shipbuilding Company.
El viernes 4 de febrero de 1944, la Comisión Marítima de los Estados Unidos le notificó a la dictadura martinista que había ordenado a los astilleros de la Oregon Shipbuilding Corporation que bautizara como El Salvador a uno de los nuevos cargueros de guerra que se fabricaban en esa enorme planta fabril establecida en 300 acres a las orillas del río Willamette, en el barrio de St. Johns, en la zona norte de Portland, estado de Oregon. Aquella era la mayor de las tres fábricas de material naval establecidas entre Portland y Vancouver por el empresario neoyorquino Henry John Kaiser (1882-1967), que le brindaban servicios rápidos de construcción de buques metálicos a los gobiernos británico y estadounidense.
Entre 1941 y 1946, de esos tres sitios saldrían generadas miles de naves de guerra y mercantes, entre las que sobresalían las series Victory y Liberty de cargueros destinados al transporte de materiales y equipos hacia los teatros de operaciones en Europa y el sur de Asia. En aquellas plantas trabajarían más de 97,000 obreros, hombres y mujeres, muchos de los cuales serían latinoamericanos y más de algún salvadoreño, como lo recordaría Roque Dalton García en su Poema de amor.
Para hacer que fueran menos vulnerables a los ataques de submarinos enemigos, los cargueros Victory fueron construidos con acero y aluminio, alcanzaban los 138 metros de eslora, pesaban poco más de 7,200 toneladas y alcanzaban entre los 15 y 17 nudos (28-31 km/h) gracias a sus eficientes motores, movidos por vapor alternativo, gasóleo o diésel, además de contar con una infraestructura eléctrica interna. Las potenciales grietas en el casco fueron superadas gracias a soldaduras en lugar de remaches para unir las placas metálicas y que así tuvieran mayor capacidad de flexionarse y no permanecer rígidas y prestarse a rompimientos accidentales por movimientos bruscos necesarios en la navegación o en batallas.
El piloto británico Jack Graham Dale (1921-1978), tripulante del Spitfire Sonsonate de la RAF.
El primer barco de la serie Victory construido en la fábrica de Oregon fue el SS United Victory, fabricado entre el 12 de enero y el 28 de febrero de 1944. Mientras duraba ese proceso, el 28 de enero inició la construcción de otra nave de carga, bautizada SS El Salvador Victory, que fue botada al mar el 4 de abril y puesta en servicio activo desde el 27 de ese mes y año. Marcado con el número 95 de la serie VC2-S-AP3, aquel fue el primero de los 34 buques de carga que el gobierno estadounidense les dedicó a sus aliados en la guerra, a los que después sumaría 218 con nombres de ciudades estadounidenses, otros 150 con denominaciones de instituciones educativas del país y muchos más con nombres diversos, pero jamás vinculados con los países enemigos. En total, más de 540 naves serían construidas, pero sin llegar a completar la meta prefijada de 615 mientras durara la conflagración mundial.
Como el resto de sus naves hermanas, el SS El Salvador Victory estaba dotado de un cañón de popa calibre 5 pulgadas (127 milímetros) para emplearlo de manera directa contra submarinos y barcos, pero también poseía otro de calibre 3 pulgadas (76 mm) en la proa y ocho cañones de 20 milímetros para uso antiaéreo por parte del personal de la Guardia Armada de la Marina de los Estados Unidos, responsable directa de todas esas embarcaciones, dotadas cada una con un promedio de 218,000 metros cúbicos para carga, que podía ser descargada en su punto de destino en condiciones adversas, gracias a sus propias grúas y estructuras fijadas a la cubierta.
Material de propaganda estadounidense para sus barcos Victory.
En mayo de 1945, los nazis fueron derrotados en Europa y, en septiembre, el Japón imperial se rindió tras los impactos de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki. No hubo un mundo como el profetizado por Gagini o visualizado por Dick. El Imperio del Sol Naciente vio la llegada de su atardecer belicista. Los territorios devastados fueron sujetos a la ocupación aliada y a la reconstrucción por etapas del Plan Marshall. Los últimos buques Victory y Liberty sirvieron para esos fines antes de ser llevados a hueseras en territorio estadounidense para ser vendidos, desmantelados y convertidos en chatarra a lo largo de las siguientes dos décadas por parte de múltiples empresas privadas especializadas.
Homenaje de los Correos de Estados Unidos al SS El Salvador Victory.
¿Ese fue el destino final del SS El Salvador Victory? No. Tras completar su ciclo de guerra, el carguero fue vendido por el gobierno estadounidense en 1947. Se le rebautizó como Lindi, cuando fue puesto de nuevo en actividades bajo bandera del reino de Bélgica. Casi dos décadas más tarde, en 1966, fue revendido y rebautizado como Geh Yung por su nueva propietaria, la Orient Overseas Container Line, con sede en Hong Kong y que usaba bandera de Liberia. Desde 1970 pasó de ser carguero a portacontenedores dentro de esa misma empresa naviera, que lo mantuvo en servicio comercial activo hasta que el martes 5 de abril de 1977 fue atracado en un dique seco en el enorme puerto de Kaohsiung, en el sur de la isla de Taiwán, para proceder con su demolición y venta como chatarra.
En noviembre de 2001, para rendirle homenaje a los miles de hombres y mujeres que trabajaron en los astilleros que fabricaron esos millares de cargueros, en el Bug Light Park de la bahía de Portland, en la zona norte de la ciudad, fue inaugurado el Liberty Ship Memorial. La pieza principal del complejo lo forma una escultura de 10.7 metros de altura y 19.8 metros de largo, que reproduce con fidelidad el casco en construcción de un barco Liberty. Hasta la fecha, ningún monumento parecido le rinde homenaje a los constructores de los cargueros Victory, de los que aún existen tres ejemplares en museos del territorio estadounidense: el SS American Victory (Tampa, Florida), el SS Lane Victory (Los Angeles, California) y el SS Red Oak Victory (Richmond, California).
Monumento conmemorativo a los barcos Liberty, Portland.
Ocho de los más reconocidos economistas independientes de Cuba advirtieron que, aunque las sanciones impuestas por Estados Unidos impactan la economía de la isla, el régimen cubano tiene amplias responsabilidades en la crisis y debe impulsar reformas profundas si pretende revertir el colapso económico actual.
El debate cobra relevancia con el próximo análisis en la Asamblea General de la ONU de la resolución anual que exige el levantamiento del embargo estadounidense. No obstante, los analistas coinciden en que el deterioro económico de Cuba no puede explicarse únicamente por las sanciones externas.
La isla arrastra una crisis que se ha agudizado durante cinco años y que afecta todos los niveles de la vida nacional: economía, salud, energía, finanzas, agricultura, producción, sistema bancario y moneda.
Cuba, con uno de los peores ingresos per cápita de América Latina, enfrenta además un sistema empresarial paralizado y necesidades de inversión en infraestructura estimadas en $60,000 millones.
“El bloqueo nos afecta, pero no depende de la voluntad del Gobierno. Sí depende de ellos acabar con la planificación hipercentralizada y darle más autonomía a todas las formas de propiedad existente, reducir la burocracia y, por último, no temerle al mercado”, afirmó Omar Everleny, economista y profesor de la Universidad de La Habana.
Los apagones son una constante en Cuba desde hace años, pero en los últimos meses se han intensificado. EFE
Crisis sistémica y resistencias al cambio
Para Tamarys Bahamonde, académica de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, los problemas en Cuba van más allá de lo estructural.
“La crisis es sistémica y todos los problemas están conectados entre sí. Es como una tela de araña, que no se puede afrontar uno sin tocar todos los demás”, sostuvo Bahamonde.
Desde la Universidad Americana en Washington, el investigador Ricardo Torres consideró que La Habana aún puede actuar a pesar del embargo.
“Aún en medio de las sanciones, hay mucho que se puede hacer, como favorecer la inversión, proteger la propiedad privada, construir un marco jurídico estable, promover la competencia y el financiamiento de organismos internacionales”, declaró.
Sin embargo, advirtió: “Hay que desmantelar el modelo actual, pero es lo que no quieren”.
Por su parte, Mauricio de Miranda, profesor en la Pontificia Universidad Javeriana de Cali, planteó que el inicio de las reformas debe ser político. Propone abrir un proceso de democratización e incluir a los cubanos en el exterior, quienes pueden aportar ideas, capital humano y recursos financieros.
En el plano económico, propuso eliminar la centralización estatal, desmontar el conglomerado militar GAESA, y eliminar barreras al sector agropecuario y exterior. También pidió un marco legal igualitario y predecible.
El economista Pedro Monreal coincidió en que el primer paso es político. Sugirió eliminar de la Constitución de 2019 la “dirección planificada de la economía”, una base legal que impide cualquier dinamismo.
En su opinión, Cuba atraviesa un tipo de crisis que no se puede resolver “dentro de los marcos del sistema”, sino que exige transformaciones sustantivas.
“El Gobierno cubano no parece estar dispuesto a dar unos cambios de esa radicalidad”, afirmó.
Un vehículo clásico en mal estado en una calle del centro de La Habana. EFE
Obstáculos internos y necesidad de inversión
Desde una perspectiva técnico-económica, Carlos Martínez, economista cubano-estadounidense, urgió al gobierno a dejar de “obstaculizar” el desarrollo en sectores estratégicos. Llamó a liberalizar el sector agrícola, donde la mayoría de tierras sigue siendo estatal, y abrir a la competencia sectores dominados por monopolios, como telecomunicaciones y energía.
El también profesor de la Universidad Javeriana, Pavel Vidal, opinó que el Gobierno debe ofrecer señales claras de que aplicará una “reforma profunda”.
“Hasta que no se hagan, ni los propios aliados van de verdad a poner recursos abundantes en la economía cubana”, señaló Vidal.
Agregó que Cuba ha apostado históricamente por alianzas internacionales, pero esa estrategia ya no funciona. “Por una pérdida de credibilidad, incluso entre aliados históricos como Rusia o China. Ellos entienden mejor que nadie los problemas del modelo económico cubano y la necesidad de reformarse”, explicó.
Finalmente, el economista Miguel Alejandro Hayes, del Instituto de Investigaciones sobre la Cuenca del Caribe, fue tajante: “La única solución económica que tiene el Gobierno cubano para revertir el actual colapso —un término más apropiado que crisis— es crear una transición económica y política que permita el diseño e implementación de un plan de reconstrucción de Cuba”.
A tan solo 42 días de las elecciones generales en Honduras, previstas para el próximo 30 de noviembre, expertos alertan sobre la falta de un reglamento que regule el voto en el exterior y la limitada capacidad operativa del sistema consular hondureño, especialmente en Estados Unidos, donde reside la mayor parte del electorado fuera del país.
La asesora legal del Centro de Estudios para la Democracia (Cespad), Osiris Payes, manifestó su “preocupación” por la ausencia de normativas claras que garanticen procedimientos de trazabilidad, control biométrico y seguimiento electoral. Según indicó, el Consejo Nacional Electoral (CNE) únicamente aprobó la votación en el extranjero para el territorio estadounidense, donde se prevé la instalación de cerca de 15 juntas receptoras de votos.
Payes recordó que la legislación hondureña exige que el voto en el exterior debe replicar los mismos estándares de seguridad y confianza utilizados dentro del país.
“La ley manda que el voto en el extranjero debe seguir las mismas disposiciones de trazabilidad, biometría y seguimiento que se aplican en Honduras. Es decir, el mismo nivel de confianza y credibilidad debe replicarse fuera del país”, subrayó Payes.
La especialista también señaló que hasta el momento no se conoce si se enviará tecnología biométrica para registrar los votos ni cuál será la ruta logística para la transmisión de actas. Esta incertidumbre, afirmó, podría derivar en conflictos postelectorales.
“Si no se conoce la trazabilidad ni el procedimiento, los partidos podrían aceptar o rechazar los resultados de forma arbitraria, lo que sería un punto de disputa importante”, advirtió.
Según cifras oficiales del CNE, más de 430,000 hondureños están habilitados para votar desde el extranjero, lo que equivale al 6 % del Censo Nacional Electoral.
Por ello, Payes insistió en que el reglamento debe ser “técnico y minucioso” y replicar los mismos procedimientos de las juntas receptoras de votos en Honduras. Aseguró que “la no aprobación del reglamento del voto en el extranjero no puede ser un tema negociable porque su ausencia pone en riesgo la participación de miles de hondureños y la legitimidad misma del proceso electoral”.
Costos altos y participación baja
Por su parte, el analista político Luis León coincidió en que, aunque el voto en el exterior es un derecho constitucional, Honduras enfrenta grandes limitaciones para garantizarlo. Aseguró que el costo de implementación podría ser más alto que sus beneficios reales.
León señaló que en los últimos tres procesos electorales no se superaron los 4,500 votos emitidos desde el extranjero, a pesar de la alta cantidad de ciudadanos habilitados para votar en Estados Unidos.
“No es lo mismo estar habilitado que presentarse a votar”, explicó.
Atribuyó la baja participación a la escasa cobertura consular y a las largas distancias entre ciudades, lo que complica el acceso a los centros de votación. Además, calificó de compleja y costosa la organización logística del sufragio en el extranjero, e instó al Parlamento a reformar la legislación vigente.
A su juicio, se necesita una nueva Ley Electoral más robusta, que fortalezca la institucionalidad y amplíe la cobertura operativa del sistema electoral.
El Departamento de Estado de Estados Unidos advirtió este sábado que existen “informes creíbles” que señalan una violación “inminente” del alto el fuego en la Franja de Gaza por parte del movimiento Hamás, debido a ataques dirigidos contra la población civil, y dijo haber contactado a los países firmantes del acuerdo para alertarles.
En un comunicado, la diplomacia estadounidense subrayó que “este ataque planeado contra civiles palestinos constituiría una violación directa y grave del acuerdo de alto el fuego y socavaría los importantes avances logrados mediante la mediación”. Además, advirtió de que se estudiarían “medidas para proteger a la población de Gaza y preservar la integridad del alto el fuego” si el movimiento no cesa.
La advertencia ocurre en medio de episodios de violencia interna en Gaza entre Hamás y milicias rivales y llega tras declaraciones contundentes del propio presidente estadounidense. “Si Hamás continúa matando gente en Gaza, lo cual no estaba en el acuerdo, no tendremos más remedio que ir y matarlos”, dijo Donald Trump esta semana, una frase que refleja la elevada tensión y la posibilidad de una respuesta militar ampliada.
Medios palestinos y fuentes locales han informado, además, de detenciones y ejecuciones selectivas atribuidas a Hamás contra combatientes de milicias surgidas durante la ofensiva israelí, a quienes acusan de colaborar con Israel. Esos informes alimentan la preocupación internacional por una escalada que podría derivar en una ruptura formal del cese de hostilidades.
Estados Unidos aseguró que mantiene contacto estrecho con los garantes del acuerdo de paz y reclamó mantener la calma sobre el terreno para proteger a civiles y preservar los avances diplomáticos alcanzados. La comunidad internacional vigila la evolución y teme que una violación del alto el fuego reactive combates abiertos con consecuencias humanitarias severas en la ya frágil Franja de Gaza.
Mario Guevara es un periodista salvadoreño que pasó la mitad de su vida en Estados Unidos ejerciendo su labor e informando estos meses sobre las redadas de migrantes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) por sus siglas en inglés en Estados Unidos.
En junio durante una manifestación en Atlanta contra las redadas de la administración de Donald Trump, Guevara fue acusado de delitos menores como obstrucción, caminar sobre o junto a la calzada y reunión ilícita, a pesar que estaba identificado como miembro de la prensa.
Luego de ser de permanecer en prisión, Guevara fue deportado a El Salvador el pasado 3 de octubre. Durante una entrevista con Diario El Mundo, Guevara denuncia «torturas» emocionales con cambios frecuentes de cárceles y su permanencia en una celda de aislamiento durante más de 70 días.
¿Cuánto tiempo vivió en Estados Unidos? y en ese tiempo que estuvo allá, ¿cuántos años estuvo ejerciendo su labor periodística?
Básicamente yo me fui a principio del año 2004 para Estados Unidos, después de haber trabajado en dos importantes medios de comunicación locales y me fui para allá, pues en busca de seguridad. Desde entonces, pues yo me considero una persona de mucha fe y una de las oraciones que tuve en aquella época fue pues ´Dios, ¿verdad? Si me da la oportunidad de seguir haciendo el periodismo aquí en en Estados Unidos, me quedo. Si no, voy a hacer unas pequeñas pruebas y decido irme para otro par para otro país, otro lugar´.
Y no, se me abrieron unas puertas, afortunadamente, en un periódico allá en Atlanta, Georgia, un periódico bilingüe, que aunque yo no hablaba inglés, me abrí las puertas y empecé a trabajar con ellos.
Estuve ahí cuatro años hasta que fui contratado por otro periódico más grande y desde entonces ejerzo el periodismo, básicamente desde el mismo año que llegué, empecé a hacer mis funciones periodísticas allá y pues logré las credenciales del país, hice coberturas muy importantes en la Casa Blanca, en el Congreso en Washington, en el Congreso estatal en Georgia e hice muy buenas relaciones con el autoridades locales, también con las estatales y las federales.
En el transcurso de esos 22 años casi, creo yo de que pues logré, ¿verdad? Logré resaltarme en mi carrera periodística. Yo siempre lo he dicho, ´logré hacer mi sueño americano, lo logré hacer realidad´.
¿Cuál era su estatus en Estados Unidos?
Yo tuve permiso de trabajo desde cuando llegué al país.Un año después apliqué por asilo político debido a las condiciones aquí en El Salvador y apliqué en el 2005 por asilo político. Y ese caso estuvo pendiente, los procesos estaban muy lentos y fue hasta el 2012 que un juez revisó mi caso.
Lamentablemente cuando presentamos las pruebas que yo tenía, reportes policiales de aquí, reportes periodísticos, el juez dijo: «Sí, hay evidencia de que fuiste atacado en tu país, pero ya pasó mucho tiempo, ya es un país más seguro.» La Fiscalía presentó el reporte que El Salvador estaba más seguro en 2012, cuando la realidad era otra. El juez falló en contra, me negó mi asilo político. Entonces, me ordenaron salida voluntaria, me dieron 60 días para abandonar el país.
Y estábamos haciendo planes con mi familia de irnos a Canadá, porque no queríamos regresar a El Salvador, precisamente porque sabíamos que la situación aquí estaba crítica con las pandillas.
Lo que pasó fue que en ese lapso que estábamos armando nuestras maletas para irnos para Canadá, inmigración decidió llamar a mis abogados y decirle que me iba a conceder un cierre administrativo en mi caso para que yo me quedara en Estados Unidos, porque ya tenía muy buenas relaciones con la agencia, incluso había hecho muchos reportajes con ICE en aquella época y yo creo que eso ayudó para que ellos consideraran mi caso y darme la oportunidad de quedarme.
Desde entonces estuve super bien, extensión de permiso de trabajo, extensión cada dos años, cada dos años hasta que, pues se dio la oportunidad, que fui acusado en una cobertura, ya todos conocen la historia, una cobertura periodística y aunque fui acusado de cargos menores, que luego me quitaron mis abogados, pero igual inmigración aprovechó.
Ahora que hay una nueva administración más severa con inmigrantes, pues se aprovecharon para reabrir mi caso de deportación y dijeron: «Pues yo tú ya tienes una orden final y te vamos a sacar del país.» Y fue lo que hicieron, lo lograron.
Usted fue capturado en junio durante una cobertura periodística ¿Cómo fue eso? ¿Qué estaba reportando usted? ¿Cómo se da el momento en el que llegan los agentes y lo capturan?
Sí, yo tengo una teoría, no lo puedo probar, pero era el único periodista latino que estaba transmitiendo en ese momento, habíamos varios reporteros, pero el único latino que estaba transmitiendo en vivo en español.
Mi teoría es que como ahora mismo hay un ambiente de discriminación racial en Estados Unidos, pienso yo que los oficiales se ensañaron conmigo por el idioma, pero no lo puedo probar, obviamente, pero fueron dos veces que se me acercaron y la primera vez fue un poco acosadores y yo le dije, «soy miembro de la prensa y me dejaron en paz», pero unos minutos después ya se fueron contra mí directamente a arrestarme.
Entonces, me da la impresión de que tal vez por el hecho de la cuestión y la diferencia étnica pudo haber generado algún tipo de de represalia en mi contra, pero no puedo probarlo, lo que hice de mal, pues en realidad lo único mal que hice fue salirme de la acera, cruzarme en la calle, pero lo hice huyendo del gas lacrimógeno que estaban tirando los antimotines. Entonces, fue una reacción y ellos aprovecharon de esa reacción para arrestarme.
Me presentaron cargos por haberme cruzado la acera de manera ilegal y de haber participado en una protesta. Cuando mis abogados se reunieron con la fiscal un par de días después y justamente el martes, yo fui a arrestar un sábado, entre lunes y martes mis abogados se reunieron con los fiscales, mostraron evidencias, mi mismo Facebook live, las cámaras corporativas de los policías y la fiscalía estuvo de acuerdo. Yo no estaba ni participando en la protesta ni tampoco obstruir la justicia ni nada. Entonces, decidieron remover los cargos antes de que llevaran a juicio. Así es que mis cargos fueron removidos. Yo pensé que iba a salir libre en ese mismo día, pero no, la inmigración decidió que era tiempo de que yo fuera deportado.
Usted estuvo recluido más de 100 días ¿En qué condiciones estaba? ¿Le permitieron hablar con sus abogados, tener contacto con alguien en el sector?
Sí, básicamente estuve preso 110 días, al día 111 me deportaron. Fue un viernes 3 de octubre que yo llegué al país, pero desde el jueves empezaron mi traslado de una cárcel a otra para para enviarme para acá. Este esos 110 días que estuve preso, pues 72 de ellos estuvieron en una celda en confinamiento solitario.
En esa celda ICE ahí pone a las personas que riesgo de ser agredidos por otros presos o también ponen ahí a las personas que han cometido faltas contra guardias o contra otros presos que se han peleado: son celdas de castigo básicamente.
A mí me dijeron que me iban a poner ahí por protección. Yo le digo, «¿Protección por qué?» y me dijeron «porque tú eres figura pública, eres alguien conocido, te pueden agredir” y le digo «yo no tengo miedo que me agreden, yo vengo de la comunidad latina, no me van a agredir», especialmente porque la mayoría de prisioneros eran latinos, hispanos, uno 90 %, 95 % quizás.
Yo sabía que no me iban a hacer nada, aún así ICE negó toda mi solicitud, el consulado de El Salvador también solicitó que me trasladaran, tampoco le hicieron caso, mis abogados lo pidieron por las buenas que me trasladaran y tampoco le hicieron caso.
Al final, pues mis abogados demandaron al gobierno, después de 71 días que me tuvieron ahí, un juez se revisó la demanda y falló que me tenían que soltar. Bueno, no soltar, sacar de confinamiento y me pusieron a una unidad general con 36 presos y fue ahí que me enteré, yo descubrí que ICE lo que no quería es que yo hablara con otros presos porque inmediatamente llegué a la otra unidad y los demás detenidos se acercaron para contarme sus historias y me di cuenta de muchas injusticias, personas que habían sido arrestadas, golpeaba durante los arrestos, cosas así. Entonces, yo creo que esa fue una de las razones por la cual me tuvieron encerrado y no por protección hacia mi persona.
Después de ahí, estuve un mes, un mes más, más de un mes más en una celda, en una unidad general con 36 presos y no me pasó nada, porque yo sabía que no me iba a pasar nada, ni siquiera fui amenazado, pero en el transcurso de los primeros 70 días inmigración me anduvo rodando de cárcel en cárcel, que es una tipo de tortura emocional, lo hacen con los presos para desesperarlos y que firmen.
Ellos me dicen a mí que aceptara mi salida voluntaria y que me viniera para el país y que iba a ser rápido, que podía venirme por mi cuenta en un avión privado, en un vuelo privado, no deportado. Yo le dije que no, que iba a pelear. Entonces, a lo que hacían es moverme de cárcel. Y anduve rodando en en cuatro cárceles que yo creo que fue una tortura emocional porque nunca sabía para dónde me llevaban, no sabía cuál iba a ser la condición en la otra cárcel. Apenas empezaba a adaptarme en una y me llevaban a otra y me cambiaba y fue una tortura emocional, pero todos lo hicieron para desesperarme, para que yo firmara mi salida voluntaria.
Pues no lo lograron, mi familia está allá y yo estaba dispuesto a seguir peleando para seguir con mi familia y al final pues perdí, pero lo intenté, por lo menos me quedó el orgullo que lo intenté.
Cuando era trasladado ¿Esos movimientos eran informados a su familia o a sus abogados?
No, los traslados eran sorpresivos, llegaban, me decían: «alista tus cosas, mis cosas eran los uniformes. Yo tenía que entregarlos, en cada cárcel entregaba los uniformes que me daban ahí y ahí ya decía, «¿Para dónde voy?» y no me decían, lo único que me decían es que para evitar un posible emboscada por política de la agencia no revelaban para dónde uno iba.
Yo me enteraba hasta 5, 6, 8 horas después, porque a veces los traslados son largos, lo trasladan a uno en vehículos privados o en camionetas con otros presos. Son largos (los viajes), son horas de ir esposado de pies y manos. Es una tortura y después llegar a otra cárcel, ser fichado, poner huellas, foto, otro uniforme y por último, ya uno, dos, tres, cuatro días ahí y me pasaban para otra cárcel. Entonces, era una tortura.
Eso fue bastante, bastante agotador, muy irritante, sobre todo porque cada cárcel tenía sus nuevos retos, nueva comida, nuevas gentes. Y en las cárceles donde me trasladaban generalmente eran de los condados y la de los condados si hay presos generales, no solo inmigración. Es un poco más difícil porque uno no sabía con quién lo iban a colocar.
Durante ese tiempo ¿Ningún gente, alguien la penitenciaría lo agredió?
No, físicamente yo no fui agredido de ninguna manera. Sí fui amenazado por otros presos, cuando me llevaron a la prisión federal de Atlanta, me extorsionaron, de hecho. Me pusieron una cuota de $60 diarios y mi familia mandó tres días consecutivos, mandó $60, $60, $60, hasta que el Consulado de El Salvador en Atlanta y mis abogados, y mi familia les notificó que me estaban extorsionando y ellos se movieron y Migración se dio cuenta y fueron a sacarme. Ese mismo día fueron a sacarme cuando hicimos la denuncia. La hizo mi familia, yo no podía, porque ni siquiera tenía acceso a teléfono, un preso me ayudó a reportar el la la la extorsión que me estaban haciendo.
Entonces, sí fui víctima de muchas injusticias, muchas irregularidades y cuando los agentes de ICE llegaron a la cárcel, como me tomaron fotos incluso los presos y las se las mandaron por texto a mi familia, cuando los agentes de ICE llegaron a la cárcel me dijeron: «¿Tú andas un teléfono contigo?» y le digo «No, ¿de dónde voy a andar un teléfono?» Y me llevaron una máquina de rayos X creyendo que yo andaba un teléfono escondido. Hicieron una serie de cosas conmigo como que fuera un criminal. Eso es una de las denuncias que yo siempre hago: me trataron como un criminal a pesar que no tenía delitos en Estados Unidos.
Mario Guevara brindó una entrevista a Diario El Mundo este viernes. / Alexander Montes.
¿Cómo ve usted el proceso legal en el que le negaron quedarse y lo mandan deportado a El Salvador?
Básicamente usaron muchas mentiras para convencer a los jueces y tristemente los abogados mostraron las pruebas de que eran mentiras, pero los jueces aceptaron por el gobierno por creerle a ICE y precisamente se entiende, ¿verdad?.
Hay un ambiente bastante feo ahora mismo en Estados Unidos, donde hay discriminación, hay poder absoluto de parte de una autoridad y pues otras personas con menos poder temen que puedan perder sus trabajos, entonces se entiende que ellos hayan fallado en mi contra, pero sí, fue injusto, usaron muchas mentiras.
Desde un principio mintieron, ICE dijo que yo estaba preso no por ser periodista sino por haber entrado ilegalmente al país, yo no entré ilegalmente al país, entré con una visa.
Después dijeron de que yo estaba ilegalmente en el país, nunca estuve ilegalmente en el país, los 20 años estuve con permiso de trabajo que ellos mismos me ofrecían para poder trabajar y y vivir legalmente, tenía licencia de conducir, etcétera. Entonces, no estuve ilegalmente, pero ellos dijeron mentiras tras mentiras con tal de congraciarse con la comunidad radical, extremista y de conseguir el apoyo de los jueces. Y lo lograron, tristemente lo lograron.
Aunque dijeron que no era por su cobertura periodística ¿Usted considera que fueron estas coberturas sobre temas de inmigración las que pudieron ser la causa de que usted fuera deportado?
Esa fue la causa, por eso los abogados y las organizaciones de periodistas y de defensores del derechos humanos intervinieron porque en una de las audiencias ICE cometió el error de decirle a los jueces: “Él nos anduvo persiguiendo, él andaba grabando cuando cuando nosotros efectuábamos arrestos”.
Cuando ellos dijeron eso quedó en evidencia de que era una represalia por mi trabajo periodístico, pero solo lo hicieron una sola vez y mis abogados aunque documentaron eso con grabaciones y todo después ya cambiaron el discurso.
Después decían: «porque es ilegal, porque es ilegal». Entonces, ya no volvieron a usar esos mismos términos que porque ellos sabían de que se habían equivocado cuando dijeron que era porque yo los andaba persiguiendo y andaba grabando las redadas, pero ellos lo hicieron una vez, o sea, sí dejaron un claro de que era por eso, aunque después cambiaron su discurso.
Por eso mis abogados trataron de pelear y tristemente no, no lo logramos.
¿Usted cree que la experiencia que ha tenido es un atentado contra la libertad de prensa en Estados Unidos?
Sí, estamos convencidos de que mi arresto y posterior deportación fue como un ejemplo para los periodistas internacionales, que hay muchísimos en Estados Unidos, de Europa y de Latinoamérica, que están con visas de periodismo, que están ejerciendo la labor o que tienen un permiso de trabajo, pero están ejerciendo el periodismo, como yo, yo tenía permiso de trabajo ejerciendo el periodismo. Estamos convencidos que ese fue un mensaje para los periodistas: “no te metas con nosotros, no te metas con el gobierno”.
También, ahora ya fueron más allá, se han visto casos recientes donde periodistas estadounidenses han sido agredidos y han sido arrestados también. Por lo menos hay unos tres casos muy, muy fuertes recientemente y eso deja ver de que es una clara agresión a la prensa y que no quieren que se cubran, nada que tiene que ver con las operativos o los redadas de ICE y eso obviamente sí es una violación a la libertad de prensa.
La primera enmienda de la Constitución, que es algo que Estados Unidos siempre se ha jactado, ahora están pasando por encima de esa enmienda.
Ahora que ya está en El Salvador, ¿cómo piensa retomar su labor periodística? ¿Qué tiene pensado? ¿O cree que en algún punto podría volver a Estados Unidos?
Estoy optimista de ambas cosas, estoy optimista de ejercer la labor periodística aquí, tal vez no trabajar con ningún medio todavía porque tengo mi canal de noticias acreditado y debidamente registrado en Estados Unidos y pues básicamente podemos seguir operando desde allá y tal vez yo hacer algún tipo de periodismo de manera digital.
Tenemos clientes allá que todavía están invirtiendo en nosotros y básicamente somos seis, siete conmigo, siete personas, es un medio pequeño, tenemos un año apenas que me independicé después de trabajar con el Atlanta Journal Constitution por 16 años. Yo trabajé con Mundo Hispánico 16 años, Mundo Hispánico era la división hispana del AJC de la Atlanta Journal Constitution.
Entonces teníamos un buen respaldo, pero debido mi crecimiento en redes sociales y el apoyo de muchos clientes decidí independizarme y me iba muy bien, nunca me arrepentiría de haber dado ese paso, pero tristemente pues no tenía tenía el mismo peso que tenían los canales grandes antiguos, ¿verdad? y eso a lo mejor afectó contra mí, pero voy a seguir con mi canal de noticias, posiblemente unos meses más para cumplir con compromisos comerciales con nuestros clientes, además de eso pues planeó hacer trabajo periodístico aquí.
Ya comencé uno, fui a entrevistar a los familiares de la familia de los accidentes graves que hubo, murieron ocho personas en Georgia, fui a San Vicente a entrevistar a los seres queridos y me dieron una entrevista referido por los otros seres queridos de allá de Florida y de Georgia que me dieron los teléfonos, y me gustó porque dije: «Primera cobertura periodística que hago oficialmente en El Salvador en 22 años», pero fue la primera, pero yo sé que no será la última, vienen más.
De hecho, voy a viajar internacionalmente, voy para Colombia pronto. Estoy esperando que deporten un compañero de celda con el que estuve. Estoy esperando que lo deporten a Colombia para ir a entrevistarlo porque él tiene historia fuertísima. Entonces, sí voy a ejercer el periodismo y voy a seguir reportando sobre migración, ahora desde otro ángulo, ya no redadas porque estoy afuera, no estoy dentro del país, pero sí historias más humanas.
Estoy optimista de que me voy a quedar aquí un tiempo ejerciendo el periodismo, pero también quiero regresar, allá está mi familia, mis hijos no se quieren venir. Ellos tienen todo allá.
Gracias a Dios los dejé bien establecidos con su casa y sus medios de transporte bien, entonces, eso me da una tranquilidad, pero igual los extraño, ellos me extrañan a mí. Entonces, el plan es regresar, posiblemente tome un año, quizás dos, incluso tres, no lo sabemos. La última instancia sería hasta que el presidente Donald Trump salga de la presidencia y pues entonces llegue una administración un poco más humana. Entonces posiblemente eso sea el plan para regresar, si es caso que no funciona, todo lo que mis abogados están haciendo.
Ahora mismo hay cinco abogados defendiéndome y si no funciona ninguna de las estrategias que tenemos previsto para las próximas meses, pues habrá que esperar por lo menos tres años y medio hasta que la administración salga para poder regresar, pero yo sé que voy a volver y voy a volver con la frente en alto porque no me deportaron por criminal, me deportaron por ejercer el periodismo y nunca cometí delito en Estados Unidos, respeté las leyes, pagué impuestos, no abusé de ningún beneficio público. Quiere quiero decir que yo me considero una persona grata, que merece vivir en Estados Unidos.
Entonces, simplemente hay que esperar, ser paciente, eso es lo que me resta.
¿Cuántos hijos tiene, cuál es su edad y qué significa para usted estar lejos de ellos?
Sí, básicamente mis dos hijos menores son ciudadanos estadounidenses y bajo uno de ellos es que estoy con una petición familiar que posiblemente me salga el próximo año, pero no sé si inmigración va a aprobar mi residencia o no e igual, verdad, mis hijos ellos acaban de de regresar y estuvieron conmigo una semana y van a volver en diciembre otra par de semanas también.
Y eso me da tranquilidad saber de que dos de mis hijos pueden viajar, la mayor no puede viajar, ella lastimosamente igual que mi esposa está con permiso de trabajo, si ellas vienen aquí, no van a poder regresar. Entonces, les toca aguantarse allá y quedarse hasta que sus papeles se definan también, que puede tardar igual varios meses.
¿Cómo describe esta etapa en la que cambió su vida de lo que usted creía que tenía y cómo se ha reinventado con esa nueva condición?
Para mí es un proceso humillante. Yo creo que esa es la segunda prueba más grande que que he pasado en mi vida. Ya tengo casi 50, bueno, 48 para ser exacto, pero yo me pongo 50 porque estoy más cerca de los 50 que de los 48, ¿verdad?
Entonces, ya tengo casi 50 años, digo, medio siglo de vida, nunca había estado preso, jamás me habían encarcelado por nada, ni aquí, ni allá, ni ningún otro lado del planeta que he visitado varios países y nunca. Entonces, para mí el haber estado encerrado fue algo traumatizante, ¿verdad? Horrible, horrible como un criminal, pero por otro lado, tuve una experiencia unos tres años años atrás, donde mi hijo le trataron un tumor en el cerebro, casi lo perdemos, estuvo dos horas en el quirófano, tuvo un derrame un derrame cerebral, perdió mucha sangre.
Los médicos no llegaron a sacar firmas, casi lo perdemos, de milagro Dios hizo el favor y nos lo dejó con vida. Mi muchacho está en recuperación. Esa ha sido la prueba más dura que pasé después está esta otra experiencia aquí, que me deportaran, sobre todo porque yo hasta que aterrizó el avión aquí en el Aeropuerto de El Salvador, yo todavía esperaba un milagro de Dios, yo dije: «Algo va a pasar”, tal vez reciben una llamada de agente de ICE, tal vez un mensaje de texto o un e-mail y me regresan al país.
No perdí la esperanza hasta que realmente los agentes de Migración y la PNC me llamaron por mi nombre que bajé, entonces entendí que ya, verdad, no había marcha atrás. Y desde entonces estoy aquí, hoy cumplo dos semanas y tratando de adaptarme, un país completamente diferente al que dejé, más tráfico, lindo, hermoso como siempre, la comida la extrañaba, hay cosas muy maravillosas, pero pero igual extraño mi familia. Entonces, vamos a tener que seguir luchando por para poder regresar a Estados Unidos, porque ya está básicamente la mitad de mi vida.
Me fui de 26 años, de 27 años y ya regresé casi de 50, entonces mitad de mi vida la he hecho allá. Así es que yo creo que no tengo opción, seguir peleando por quedarme.
Millones de ciudadanos saldrán este sábado a las calles de más de 2,500 ciudades de Estados Unidos en la segunda edición de la marcha “Sin Reyes”, una protesta masiva contra lo que organizadores y sectores progresistas describen como una peligrosa deriva autoritaria de la segunda Administración del presidente Donald Trump. La manifestación se presenta como la más multitudinaria desde el retorno de Trump al poder y ocurre en pleno cierre del Gobierno federal.
Desde la Casa Blanca, la portavoz Abigail Jackson minimizó el impacto del evento con un escueto “a quién le importa”, mientras que altos líderes republicanos tacharon la movilización como un acto de “odio contra América”.
El presidente de la Cámara de Representantes, el republicano Mike Johnson, acusó a los demócratas de bloquear las negociaciones para reabrir el Gobierno y denunció que “no son capaces de enfrentarse a sus rabiosas bases”. También vinculó la protesta con “simpatizantes de Hamás y del grupo terrorista antifa”.
El propio presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se refirió al tema en una entrevista con Fox News, donde responsabilizó al líder demócrata del Senado, Chuck Schumer, del estancamiento legislativo.
“No le queda otra cosa que hacer. Todo el mundo le está dando palos”, afirmó el mandatario.
Los organizadores, una coalición de líderes demócratas y más de 200 colectivos civiles y sindicales, argumentan que la negativa republicana a reabrir el Gobierno es un síntoma claro del autoritarismo que pretenden denunciar.
“Johnson ha decidido atacar a millones de estadounidenses que van a reunirse en paz para decir que América pertenece al pueblo, no a reyes”, declaró la organización en un comunicado.
La protesta principal se desarrollará en Washington D.C., que desde hace semanas se encuentra bajo vigilancia reforzada de la Guardia Nacional, oficialmente para contener la criminalidad. Sin embargo, los convocantes aseguran que este despliegue busca intimidar y silenciar a la disidencia.
Los manifestantes han sido llamados a vestir de amarillo, en alusión al movimiento prodemocrático de Hong Kong en 2019.
“Con este color nos alineamos con un contexto histórico (…) y recordamos que el poder debe emanar del pueblo, no de las coronas”, afirman los organizadores en su sitio web.
Además de la capital, habrá marchas masivas en ciudades como Nueva York, San Francisco, Boston, Atlanta, Chicago, Kansas y Honolulu. También están previstas concentraciones en el extranjero, incluyendo Londres, París, Frankfurt y varias ciudades de España: Madrid (Puerta del Sol), Barcelona (Plaza Sant Jaume), Sevilla (Plaza Nueva) y Málaga (Plaza de la Marina). En la edición anterior, celebrada en junio, la movilización reunió a unos cinco millones de personas, cifra que esperan superar este fin de semana.
En un nuevo intento por reducir las crecientes tensiones comerciales entre ambas potencias, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, anunció que sostendrá un encuentro presencial con el vice primer ministro de China, He Lifeng, la próxima semana, tras mantener una videollamada este viernes centrada en el estado de las relaciones económicas bilaterales.
«Esta tarde, el viceprimer ministro He Lifeng y yo compartimos conversaciones francas y detalladas sobre el comercio entre Estados Unidos y China. Nos encontraremos en persona la próxima semana para continuar nuestras discusiones», publicó Bessent en su cuenta oficial de X (antes Twitter).
Aunque no se ha revelado el lugar ni la fecha exacta de la reunión, funcionarios estadounidenses adelantaron que el encuentro podría tener lugar en Malasia, como parte de los preparativos para la cumbre entre Donald Trump y Xi Jinping, prevista para finales de octubre en Corea del Sur.
Se trata del primer contacto directo de alto nivel entre Washington y Pekín desde que China anunciara nuevas restricciones a la exportación de tierras raras, materiales clave para la industria tecnológica y militar, lo que Estados Unidos calificó como una “escalada hostil” en la guerra comercial reactivada tras el regreso de Trump a la Casa Blanca.
Comunicado de China: conversaciones «profundas y constructivas»
En un comunicado publicado este mismo viernes, el Ministerio de Comercio de China confirmó la videollamada entre Bessent y He Lifeng, en la que también participó el representante de Comercio estadounidense, Jamieson Greer.
“Ambas partes mantuvieron intercambios francos, profundos y constructivos sobre asuntos importantes de los lazos económicos y comerciales bilaterales”, indica el comunicado oficial, que subraya el interés mutuo en aplicar los acuerdos alcanzados previamente entre Trump y Xi durante sus conversaciones telefónicas recientes.
China también aseguró que ambas delegaciones acordaron celebrar una nueva ronda de negociaciones “lo antes posible”, aunque tampoco se ha fijado fecha ni sede para ese encuentro.
Escalada arancelaria: EE.UU. amenaza con subir tarifas al 157 %
La reanudación del diálogo ocurre bajo la sombra de nuevas amenazas arancelarias por parte de Washington. La semana pasada, el presidente Trump anunció que a partir del 1 de noviembre se aplicará un incremento masivo de aranceles a productos chinos, en respuesta a las restricciones impuestas por Pekín a las exportaciones de tierras raras y los nuevos requisitos de licencia para productos que contengan estos materiales.
De concretarse la medida, los aranceles sobre las importaciones chinas podrían llegar hasta el 157 %, superando incluso los niveles de la anterior guerra comercial, cuando las tasas se elevaron al 145 %.
El presidente estadounidense, Donald Trump, dijo este viernes que el mandatario venezolano, Nicolás Maduro, le ha ofrecido «de todo» porque no quiere «meterse» (fuck around) con Estados Unidos.
«Él me ha ofrecido de todo. Tienes razón. ¿Sabes por qué? Porque no quiere meterse con Estados Unidos», dijo al ser preguntado por la prensa en la Casa Blanca sobre supuestas concesiones de Maduro para negociar con Washington.
El diario The New York Times publicó la semana pasada que Maduro habría ofrecido a Trump abrir a las compañías estadounidense sus proyectos de petróleo y oro, contratos preferentes, redirigir de China a Estados Unidos la exportación de petróleo, y terminar contratos mineros y energéticos con China, Irán y Rusia.
El periódico Miami Herald publicó el jueves que la vicepresidenta venezolana, Delcy Rodríguez, y su hermano, el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, habrían ofrecido a Estados Unidos encabezar un gobierno de transición sin Maduro para preservar la estabilidad política del país.
Estas informaciones se producen mientras Estados Unidos ha protagonizado un inédito despliegue militar en el mar Caribe, donde ha destruido varias embarcaciones que, según Washington, pertenecen al narcotráfico y estaban vinculadas con el Gobierno de Maduro.
Asimismo, Trump anunció esta semana que autorizó a la CIA realizar operaciones encubiertas en Venezuela y aseguró que estudia la posibilidad de ejecutar ataques contra «el narcotráfico» en tierra tras los bombardeos contra embarcaciones.
Maduro, que rechaza las acusaciones de tener vínculos con el narcotráfico, advirtió el jueves que el mando político y militar del país está «más unido que nunca» para defender a Venezuela de las amenazas de Estados Unidos, al tiempo que su vicepresidenta desmintió las informaciones del Miami Herald.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, solicitó este viernes a la Corte Suprema de Justicia que autorice el despliegue de tropas de la Guardia Nacional en Chicago, como medida para resguardar a los agentes federales que participan en operativos migratorios, principalmente a elementos de la Patrulla Fronteriza.
La solicitud fue presentada a través del Departamento de Justicia, con el argumento de que el despliegue es necesario para “prevenir riesgos para la vida de los agentes federales”, según reportes de medios estadounidenses. El recurso busca revertir resoluciones previas de tribunales inferiores que bloquearon la intervención militar en esa ciudad.
El presidente pretende que al menos 200 miembros de la Guardia Nacional del estado de Texas sean enviados a Illinois, específicamente a los alrededores de un centro de procesamiento del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), donde se han concentrado manifestaciones ciudadanas en rechazo a los operativos.
Desde el pasado 9 de septiembre, fuerzas federales desarrollan la operación Midway Blitz en Chicago, enfocada en la detención de inmigrantes indocumentados. Hasta la fecha, las autoridades reportan al menos 1,500 arrestos relacionados con dicha acción.
Las medidas impulsadas por Trump, que incluyen el fortalecimiento del control federal en ciudades administradas por líderes demócratas como Chicago, Washington y Portland, han generado fuertes críticas tanto de autoridades locales como de ciudadanos que han salido a protestar en defensa de los derechos migratorios.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, informó este viernes que la última embarcación atacada por su país en el Caribe era un submarino que, según el mandatario, transportaba grandes cantidades de droga.
«Atacamos un submarino, un submarino cargado de drogas, construido específicamente para transportar grandes cantidades de droga», dijo Trump al ser preguntado por la prensa en la Casa Blanca sobre la última operación del despliegue militar estadounidense en el Caribe.
«Para que entiendan, no se trataba de un grupo inocente. No conozco a mucha gente que tenga submarinos, y ese fue un ataque a un submarino cargado de droga», declaró.
Según la prensa local, Estados Unidos atacó el jueves por la noche una embarcación en el Caribe, cerca de las costas venezolanas, pero la operación no fue anunciada por Trump en sus redes sociales como acostumbra.
En el ataque, realizado por el Comando Sur de Estados Unidos, habrían sobrevivido dos personas que se encontrarían bajo custodia estadounidense.
Trump anunció el miércoles que ha autorizado a la CIA realizar operativos encubiertos y dijo que analiza la posibilidad de realizar operaciones en tierra debido a que, a su criterio, han paralizado el tráfico de drogas marítimo.
Desde agosto, el Comando Sur del Ejército estadounidense desplegó buques y aviones bajo la justificación de combatir el narcotráfico cerca de las costas de Venezuela, causando una tensión creciente entre Washington y el Gobierno de Nicolás Maduro, que ve la operación como el preludio de un posible ataque contra el país