El periodista guatemalteco José Rubén Zamora Marroquín afirmó que no se rendirá ante la persecución judicial que lo mantuvo en prisión desde julio de 2022 y que ahora lo mantiene bajo arresto domiciliario, tras recibir la medida sustitutiva el pasado 12 de febrero. En entrevista con EFE en su residencia, aseguró que la posibilidad de regresar a la cárcel sigue latente debido a las apelaciones del Ministerio Público.
Zamora explicó que su prioridad es intentar anular la existencia de la Fundación Contra el Terrorismo, organización de extrema derecha que ha actuado como querellante en su contra y cuyos líderes están sancionados por Estados Unidos.
Además, señaló que busca “abrir causas criminales contra la fiscal general (Consuelo Porras Argueta), contra (la fiscal) Cinthia Monterroso y contra el juez (Fredy) Orellana”, a quienes responsabiliza de su encarcelamiento por acusaciones de lavado de dinero y obstrucción de la justicia que, según afirma, no han sido probadas.
El periodista relató que la fiscal general intentó “forzar” una relación amistosa con él en 2019 y años posteriores, invitándolo a reuniones en el Ministerio Público, hasta que en una ocasión le reclamó por sus publicaciones de manera airada. Zamora considera que esos episodios marcaron el inicio de la persecución judicial en su contra.
A sus 67 años, se muestra agradecido por la solidaridad recibida durante su encarcelamiento.
“Me siento muy conmovido y muy feliz”, expresó al recordar las visitas y donaciones de ciudadanos, incluso de escasos recursos. Contó que en una ocasión regresó al penal desde un hospital público con poco más de $200 donados por familiares de pacientes. “Donaciones de gente muy pobre (en el hospital), que me decía por ejemplo que su mamá sufrió un infarto y me preguntaban si me ofendería si me regalaban 200 pesos (quetzales, unos 25 dólares)”, relató.
Durante su reclusión, Zamora vio desmoronarse su diario El Periódico, sus finanzas quedaron congeladas y su familia se fragmentó, pues su esposa y uno de sus hijos se exiliaron. Aunque admite que extraña el ejercicio del periodismo porque “es una pasión”, por ahora prioriza limpiar su nombre y recuperar su salud, debilitada tras años de encierro.
Respecto al futuro político del país, el comunicador se mostró optimista, aunque calificó a Guatemala como “el laberinto perfecto, sin salida”. Considera que el presidente Bernardo Arévalo de León ha estado “muy asediado” y “estuvo muy cerca de recibir un golpe de Estado”, pero cree que con la salida de la fiscal general al finalizar su período en mayo, los sectores que denomina golpistas y corruptos “van a perder fuerza”.

Deja una respuesta