El presidente de Bolivia, Rodrigo Paz, enfrenta la primera gran crisis política de su Gobierno en medio de una profunda recesión económica, protestas sociales y bloqueos que ya afectan el abastecimiento de alimentos y combustibles en La Paz.
Las movilizaciones, concentradas principalmente en el área andina del país, exigen la renuncia del mandatario apenas seis meses después de haber asumido la Presidencia el pasado 8 de noviembre.
El Gobierno de Paz ya había enfrentado protestas entre diciembre y enero tras retirar la subvención a los combustibles, aunque en ese momento logró contener el conflicto mediante acuerdos con diferentes sectores sociales.
Los analistas políticos Huáscar Pacheco y Vladimir Peña coincidieron en que la raíz de la crisis actual se encuentra en el deterioro económico que atraviesa Bolivia, aunque también señalaron errores políticos del Ejecutivo y la influencia de sectores afines al expresidente Evo Morales.
Sin embargo, ambos especialistas consideraron que la complejidad del conflicto no puede atribuirse únicamente al llamado “evismo”, debido a que actualmente cuenta con una presencia política menor a la que tuvo en años anteriores.
Pacheco explicó que Bolivia ya enfrentaba una “crisis multidimensional” antes de la llegada de Paz al poder, marcada por inflación, escasez de dólares, falta de combustibles y deterioro en las condiciones de vida de la población.
Organismos multilaterales proyectan que la economía boliviana sufrirá una caída de hasta 3.3 % durante 2026, luego de una contracción de 1.58 % en 2025, año en el que la inflación alcanzó 20.4 %.
El analista sostuvo que el conflicto evolucionó rápidamente hacia posiciones políticas “irreductibles”, lo que dificulta alcanzar acuerdos negociados para resolver la crisis.
A criterio de Pacheco, uno de los principales errores del Gobierno ha sido realizar “un exceso de promesas” sin capacidad económica para cumplirlas, además de mostrar cercanía con sectores empresariales alejados de las demandas populares.
«Creo que han mostrado un Gobierno muy cercano a estas élites», afirmó el experto, quien también señaló que al Ejecutivo “le falta un poco de calle” para comprender las dinámicas sociales y políticas de la llamada “Bolivia profunda”.
Por su parte, Vladimir Peña opinó que el Gobierno aún no define claramente el rumbo de las reformas estructurales prometidas y que la población empieza a perder la paciencia ante la falta de respuestas concretas.
«Esa expectativa de cambio hoy se traduce en una impaciencia de la gente para saber hacia dónde se va. Se está acabando la tolerancia que ha tenido la gente al presidente», sostuvo.
Peña consideró además que Rodrigo Paz necesita construir acuerdos políticos amplios con otras fuerzas parlamentarias e incluso incorporar a sectores críticos dentro de su propia administración para enfrentar la crisis.

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