Categoría: Opinión

  • El futuro es un mar de deterioros, un oleaje incesante de catástrofes

    El futuro es un mar de deterioros, un oleaje incesante de catástrofes

    Actualmente, los aires no son muy propicios para el árbol de la vida. La alteración del equilibrio armónico de la creación se está acelerando; y, además, estamos siendo testigos de multitud de crisis y de un gran desconsuelo humano. La situación nos reclama un cambio de actitud, comenzando por los gobiernos que deben acelerar la acción, promoviendo una agricultura sostenible y regenerativa, reforzando el seguimiento y la transparencia, haciendo realidad con mayor rigor las leyes vigentes. Hoy más que nunca, hemos de reorientarnos hacia la protección de la naturaleza. El desgaste suele sacudir con mayor pujanza a los más vulnerables, precisamente a los que menos han contribuido a originar las circunstancias, pero las soluciones han de ser colectivas.

    Sin naturaleza no somos nada, como tampoco coexistimos y florecemos deshumanizándonos, ni degradando aquello que nos alienta. Son estas dotes nativas y humanas las que deben hacernos reflexionar. El aluvión de crisis que nos atormentan, no sólo demandan responsabilidad, sino también una modificación en nuestro modo de vernos y de mirarnos. Justamente, por ello, los daños de las persistentes guerras como el deterioro de la tierra, están  profundamente adheridos, a nuestra forma de ser y obrar. En consecuencia, cuando el corazón está deformado, las relaciones sobrellevan desconfianza y las estructuras que construimos, comienzan a reflejar ese desorden que sufrimos. Debiéramos, pues, reencontrarnos y entrar en interrogatorio con nosotros mismos.

    Nos urge ahondar en este quebranto de lo oriundo, comenzando por nuestros propios vínculos internos, donde se arremolinan la razón, los deseos, la voluntad y la conciencia. En efecto, hemos de poner orden en nuestro fuero intrínseco, para que este océano de rabia externa se aminore y comience a reinar la cultura desinteresada del abrazo. Lo armónico no subsiste si la humanidad no es sensible a los lamentos. Personalmente, estoy convencido de que las causas profundas del choque y del lucro de la creación, provienen de una crisis ética y cultural, así como de una pérdida del sentido de los límites, de la codicia de dominación y de la búsqueda del beneficio inmediato; obviando reconocer la dignidad de cada persona y la custodia donante de aquello que nos acompaña.

    Desde luego, los auténticos instrumentos para enmendar esta abundancia de carcomas que nos cercan hasta dejarnos sin soplo, con una avalancha de calamidades y siniestros, pasa por cultivar el diálogo sincero, la bondad, la comprensión, el cuidado y el amor. Esto nos insta a surcar la paciencia, con la bondad y la justicia. Únicamente estas cualidades poseen el poder de transformar individuos, de renovar sociedades y de sanar las heridas. Si asumimos esta tarea con humildad y certeza, nos volveremos colaboradores con el acontecer diario; restaurando el espíritu de la concordia, a pesar de los mil desiertos que nos acorralan. Lo importante es pasar página, ir de la división a la correspondencia de pulsos y de la violencia a la mesura, respeto y moderación.

    Por desgracia, los cimientos existenciales se están desmoronando. Y ante las formas de depreciación y mengua, surtida por la ignorancia cívica, debemos compartir gestas de dedicación y servicio, que cuiden los entornos y cualquier lugar de concurrencia. Esta viable ciudadanía debe fructificar con sus actividades, distanciados de las labores que realizan las corporaciones multinacionales, que lo único que cosechan es llenar sus cuentas bancarias, mientras vacían nuestro mundo de sus dones naturales.  Sin duda, precisamos un enfoque integrador e integrante, que confluya en una alta producción, excelente nutrición, óptimo medio ambiente y una vida mejor vivida, o sea más donada y siempre asistida. De lo contrario, nadie levantará cabeza, porque nuestra historia debemos escribirla juntos.

  • Un año de cambios: el tiempo que se nos va de las manos

    Un año de cambios: el tiempo que se nos va de las manos

    Cada mañana, entre mis lecturas habituales, dedico unos minutos a un libro que se ha convertido en un buen compañero de reflexión: Un año de cambios, de Nicolás Emilio Tranchini.

    Su propuesta es sencilla: una lectura para cada día del año, con enseñanzas que nos invitan a examinar nuestra manera de pensar, nuestras decisiones y aquellas costumbres que, casi sin darnos cuenta, van formando nuestra vida.

    Me gusta porque no exige leer durante horas. Bastan unos minutos para encontrarnos con una idea que puede acompañarnos durante el resto del día. Hace poco, una de sus reflexiones me llevó a detenerme ante una pregunta que quisiera compartir con ustedes: ¿Estamos utilizando bien el tiempo que tenemos?

    Una riqueza que no podemos comprar

    Tranchini nos invita a considerar el tiempo como uno de los recursos más valiosos de nuestra existencia. Y tiene razón. Una persona puede perder dinero y recuperarlo trabajando. Puede equivocarse en un negocio y comenzar nuevamente. Incluso puede dejar pasar una oportunidad y encontrar otra más adelante.

    Pero el tiempo funciona de manera diferente. El minuto que acaba de pasar no regresará. El libro utiliza una comparación interesante con las grandes fortunas. Pensemos en un empresario que posee miles de millones de dólares. Puede comprar propiedades, viajar por el mundo y disfrutar de innumerables comodidades.

    Sin embargo, con toda su riqueza, no puede comprar un solo minuto de ayer. Y aquí aparece una verdad que pocas veces consideramos: todos recibimos las mismas veinticuatro horas cada día, aunque nuestras circunstancias y responsabilidades sean diferentes. La diferencia está en lo que hacemos con ellas.

    El teléfono que llevamos en la mano

    Mientras reflexionaba sobre esta enseñanza, pensé en algo que vemos diariamente.

    Una persona toma su teléfono para responder un mensaje. Después revisa una noticia, mira un video y continúa con otro. Cuando finalmente levanta la mirada, ha pasado mucho más tiempo del que imaginaba.

    A mí también me ha sucedido. No estoy diciendo que los teléfonos sean malos. Son herramientas extraordinarias para estudiar, trabajar, comunicarnos y resolver innumerables necesidades. El problema comienza cuando dejamos de decidir cuánto tiempo les dedicamos.

    Pensemos en un joven que pasa varias horas diarias mirando contenidos que apenas recordará mañana. Si dedicara solamente una pequeña parte de ese tiempo a leer, aprender un idioma, practicar matemáticas o desarrollar alguna habilidad, posiblemente descubriría nuevas capacidades.

    No necesita abandonar la tecnología. Necesita aprender a administrarla.

    Ser buenos administradores de nuestra vida

    En Un año de cambios, Tranchini relaciona esta reflexión con una enseñanza del apóstol Pablo, escrita hace casi dos mil años: “Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos” (Efesios 5:15-16).

    Me llama especialmente la atención la expresión “aprovechando bien el tiempo”. No significa vivir apresurados, trabajar sin descanso o llenar nuestra agenda de compromisos. Significa reconocer que cada día tiene un valor que merece nuestro cuidado.

    También necesitamos tiempo para descansar, conversar con nuestros hijos, visitar a nuestros padres, acompañar a un amigo o disfrutar tranquilamente una comida familiar. Una tarde compartida con nuestros seres queridos no es tiempo perdido. Puede ser una de las mejores inversiones de nuestra vida.

    Veinte minutos pueden cambiar una costumbre

    En uno de mis artículos anteriores para Diario El Mundo, invité a los lectores a dedicar veinte minutos diarios a la lectura. Hoy deseo recordar aquella propuesta. Veinte minutos parecen poca cosa.

    Pero imaginemos lo que puede suceder cuando los convertimos en una costumbre. Un estudiante podría avanzar en una novela. Un trabajador conocer nuevas ideas relacionadas con su profesión. También un padre descubrir mejores maneras de comunicarse con sus hijos.

    Adicionalmente, podemos leer literatura salvadoreña, biografías, historia, poesía o algún libro que fortalezca nuestra vida espiritual. Lo importante es comenzar. Como escritor y educador, he comprobado que la lectura nos ayuda a ordenar el pensamiento, enriquecer el lenguaje y comprender mejor lo que sucede a nuestro alrededor.

    Las matemáticas también ejercitan nuestra capacidad de razonar. La lectura, por su parte, nos permite relacionar ideas, interpretar experiencias y descubrir realidades que antes desconocíamos. Ambas contribuyen a desarrollar nuestra inteligencia.

    Y todo comienza cuando decidimos dedicarles tiempo.

    Una pregunta para esta noche

    Quisiera proponer un pequeño ejercicio. Antes de dormir, pensemos en las horas que acabamos de vivir. ¿Qué aprendimos hoy? ¿A quién ayudamos? ¿Conversamos con nuestra familia? ¿Leímos algunas páginas? ¿Hicimos algo que nos acercara a una meta importante?

    No se trata de examinarnos con dureza ni de sentirnos culpables por cada minuto de descanso. Se trata de reconocer que podemos vivir con mayor intención. A veces, un cambio relevante comienza con una decisión pequeña: apagar el teléfono durante la cena, levantarnos unos minutos antes o dedicar un rato a ese libro que lleva meses esperando sobre la mesa.

    Epílogo: el tiempo también es vida

    Mientras continúo leyendo Un año de cambios, comprendo que administrar bien el tiempo no consiste únicamente en hacer más cosas. Consiste en aprender a elegir mejor.

    Porque nuestra vida está hecha precisamente de esos días que parecen comunes, de las conversaciones que sostenemos, de las páginas que leemos y de las oportunidades que decidimos aprovechar.

    No podemos regresar al ayer para corregir todo lo que dejamos pendiente. Pero tenemos algo maravilloso: todavía podemos decidir qué hacer con el día de hoy. El Moisés, en el libro de los Salmos expresó esta petición: “ENSÉÑANOS DE TAL MODO A CONTAR NUESTROS DÍAS, QUE TRAIGAMOS AL CORAZÓN SABIDURÍA” (SALMOS 90:12).

    Quizá esa sea una de las enseñanzas más hermosas de este libro: comprender que cada día nos ofrece la posibilidad de cambiar alguna costumbre y crecer un poco más.

    Esta noche, cuando termine el día, no nos preguntemos solamente cuánto hicimos.

    Preguntémonos también si dedicamos nuestro tiempo a aquello que verdaderamente vale la pena. Porque aprovechar bien el tiempo es, en el fondo, aprender a vivir mejor.

    Amigos, también, les dejo esta reflexión: “No podemos regresar al ayer para corregir todo lo que dejamos pendiente. Pero tenemos algo magnífico: todavía podemos decidir qué hacer con el día de hoy”.

    *Alfredo Caballero Pineda, es escritor y consultor empresarial. 

    alfredocaballero.consultor@gmail.com

  • Atrapados por el miedo y las amenazas: el calvario de quienes fueron forzados a colaborar con las pandillas criminales 

    Atrapados por el miedo y las amenazas: el calvario de quienes fueron forzados a colaborar con las pandillas criminales 

    Durante décadas, el debate sobre el fenómeno de las pandillas criminales en El Salvador se concentró, casi de manera exclusiva, en la figura del pandillero visible: aquel del tatuaje en la piel, el lenguaje corporal desafiante, el que ordenaba y mandaba en muchas zonas del país, y el arma homicida empuñada en las comunidades.

    Esta aproximación, comprensible desde la óptica del impacto visual del crimen, dejó en una conveniente penumbra a un engranaje sin el cual el terror territorial jamás habría alcanzado escala sistémica: la amplia red de colaboradores.

    En el desmantelamiento penal de la delincuencia organizada en El Salvador, una frontera técnica y moral sigue tensionando la impartición de justicia: la figura del colaborador por coacción o colaborador no habitual.

    Durante décadas, mientras el Estado cedió el monopolio de la fuerza y el territorio, las pandillas no solo operaron mediante cuadros leales; también sometieron a comunidades enteras bajo un régimen de extorsión existencial y de absurdos. En ese ecosistema, cooperar no siempre fue una decisión criminal; fue la única alternativa para conservar la vida de su familia y la de él o ella, es una realidad.

    Desde la dogmática penal y la criminología de la violencia territorial, este fenómeno se analiza bajo la doctrina de la «no exigibilidad de otra conducta» y el «estado de necesidad disculpante». No puede atribuirse dolo ni pertenencia orgánica a quien actuó bajo amenaza de daño inminente, real e insuperable.

    Un transportista, taxista, picachero u otros obligado a movilizar pandilleros bajo amenaza contra sus hijos, la dueña de la tienda de la comunidad forzada a guardar paquetes sin preguntas, o el joven compelido a vigilar una esquina tras recibir una golpiza de advertencia, son instrumentos del terror, no cómplices ideológicos. Reducir estos dramas a una simple complicidad técnica ignora la naturaleza asimétrica del poder criminal frente a ciudadanos desarmados y desamparados.

    El desafío de la seguridad pública radica en trazar con precisión la línea que divide al facilitador oportunista del rehén comunal. Mientras el colaborador voluntario negoció márgenes de ganancia, prestigio territorial o impunidad para actividades ilícitas propias, el coaccionado operó bajo un déficit absoluto de libertad. Su conducta estuvo guiada por un cálculo básico de autopreservación. Cuando la alternativa a negarse a un encargo es el cementerio clandestino o el desplazamiento forzado, el derecho penal no puede exigir actos de heroísmo individual que las instituciones del Estado y de los mismos gobiernos fueron incapaces de respaldar en su momento.

    Procesar a un colaborador por coacción bajo los mismos estándares, penas y tipificaciones que a un operador criminal convencido introduce una grave distorsión en la legitimidad del sistema de justicia. Confundir el sometimiento con la complicidad diluye la responsabilidad de los verdaderos perpetradores y genera una victimización secundaria a sectores poblacionales cuya única transgresión fue no haber tenido los medios económicos para huir de sus comunidades.

    La pacificación duradera exige rigor probatorio individualizado. La investigación técnica y pericial debe ser capaz de reconstruir el contexto ambiental, los historiales de amenazas y la trazabilidad de los beneficios: quien vive en la precariedad y terror permanente difícilmente encaja en el perfil del socio del crimen organizado y las pandillas.

    El Salvador necesita castigo implacable contra las redes que diseñaron, lucraron y ejecutaron el luto nacional. Pero ese imperativo de seguridad jamás debe olvidar que, en los años más oscuros del dominio de las comunidades, cantones, caserios, miles de salvadoreños no colaboraron para delinquir; colaboraron simplemente para despertar vivos al día siguiente.

    Distinguir la complicidad del instinto de supervivencia es el examen definitivo entre la justicia real y el castigo ciego. La penología que se debe aplicar debe ser proporcional a la gravedad del delito, su participación individual, participación por amenazas o sometimiento, por los hechos acreditados de manera individual. Las víctimas de las pandillas merecen justicia y verdad, y los responsables de los delitos y crímenes deben responder de acuerdo con la ley y su nivel individual de participación.

    * Ricardo Sosa / Doctor en Criminología / Experto en seguridad / @jricardososa

  • Caída y recomposición (III)

    Caída y recomposición (III)

    Al delimitar el campo de análisis al tramo de la línea del tiempo que va del 15 de octubre de 1979 al 24 de marzo de 1980, ocurre que queda claro qué actores impactaron sobre qué factores y qué escenarios fueron los que se habilitaron.

    El equipo de gobierno que llegó hasta el 30 de diciembre de 1979 comprendió (dos y medio meses después) que la esperanzadora Proclama de la Fuerza Armada que la Juventud Militar había propuesto al país no podía materializarse con toda esa variopinta tripulación a bordo. El coronel José Guillermo García, ministro de Defensa, era por decirlo así, la némesis del miembro de la Junta, Guillermo Manuel Ungo. El coronel Abdul Gutiérrez no podía ser más diferente que Román Mayorga Quirós (el ex rector de la UCA). Es decir, esa argamasa de intereses contrapuestos que se hallaba aglutinada bajo el alero que propició el 15 de octubre estaba condenada a desbaratarse.

    Y el PDC, con José Napoleón Duarte a la cabeza, entendió a la perfección que era su turno y buscó un arreglo rápido con los militares que habían escalado la represión después del 15 de octubre, y eso permitió que un nuevo equipo de gobierno se conformará, ya más homogéneo, y donde los demócrata-cristianos llevaban la batuta, al menos en el ámbito político.

    Esa fue una de las recomposiciones importantes que hubo en ese lapso. En lo que atañe al PR se produjo un acercamiento significativo entre sus ramales (forzado por las circunstancias) que apuntaba a concretar una coordinación operativa. La gigantesca manifestación del 22 de enero de 1980 y el lanzamiento de la plataforma programática del Gobierno Democrático Revolucionario eran muestra clara de que algo nuevo se había forjado en el llamado campo popular. Aunque todavía era incipiente aquello, dado el feroz sectarismo y los bandos de reproches que se habían dado entre las diversas organizaciones del movimiento guerrillero entre sí, y todas ellas contra el PCS.

    En el terreno empresarial también hubo novedades. Los defensores a ultranza del PCT se atrincheraron y alzaron su intransigencia y pasaron ‘a las armas’, es decir, ahí se incubaron nuevas modalidades ―que antes solo estuvieron en las estructuras de la inteligencia del Estado y en los cuerpos militares de represión) de acción típicas de los Escuadrones de la Muerte. Y eso pareciera que no fue óbice para que la efímera entidad llamada Frente Amplio Nacional (FAN) evolucionara y diera lugar, a finales de 1980, al partido político Alianza Republicana Nacionalista (ARENA). ¿Eran complementarios? ¿Eran caras de una misma moneda? ¿Había vasos comunicantes? Es obvio que hubo un entramado invisible, sobre todo hasta 1983.

    Pero también hubo otros segmentos empresariales que no solo no adhirieron a los Escuadrones de la Muerte (una especie de ‘solución final’) ni tampoco corrieron a enlistarse al FAN (de donde nacería ARENA), y optaron por buscar una posición menos estridente y afín con su imaginario y por eso en aquellos momentos de recomposición contribuyeron al desarrollo del partido político Acción Democrática (AD). Ese segmento empresarial que desde el 15 de octubre hasta diciembre de 1979 se amparó en la denominación de Sector Productivo Progresista es el que recaló en AD.

    Sin embargo, hubo un actor en ese momento de recomposiciones que no pudo continuar en su senda. De ahí que los fanáticos que decidieron asesinar al arzobispo Óscar Arnulfo Romero dieron en el blanco al golpear al factor decisivo que, de forma inconsciente, desesperada pero valiente, estaba al frente de ese extraño e insólito movimiento socio-religioso que flotaba en torno a las predicas del obispo Romero y que para el fatídico 24 de marzo de 1980 era un peligroso ejemplo de conducta cívica

    Con esa línea de acciones (de los Escuadrones de la Muerte, de la represión masiva de toda protesta popular, de eliminación física como la del máximo jerarca de la Iglesia Católica) el camino hacia la guerra estaba garantizado.

    Ahora, a casi 50 años de aquel lapso (octubre 1979 – marzo 1980) hay que decir con toda claridad que el PDC no habría podido llegar a un pacto con los militares obcecados con la represión si no hubiese estado de por medio la presencia norteamericana, que no solo garantizó el flujo financiero de ‘ayuda’ económica y militar, sino que custodió el rediseño de la gestión gubernamental y trazó la hoja de ruta que debían seguir. Y esto se tradujo en la implantación de la reforma agraria y las nacionalizaciones de los bancos y del comercio exterior, algo que la plataforma programática del Gobierno Democrático Revolucionario tenía como líneas rojas, pero que ya en manos del PDC, los militares represores y la presencia norteamericana se desnaturalizó y pasó a formar parte del dispositivo contrainsurgente de la guerra que pronto (en enero de 1981) se desataría.

    *Jaime Barba, REGIÓN Centro de Investigaciones      

  • Brasil, en la encrucijada

    Brasil, en la encrucijada

    Hay líderes políticos nacionales que, por circunstancias muy específicas, se tornan en símbolos de propuestas políticas o ideológicas que trascienden las fronteras. Otros, alcanzan esa dimensión por la entidad que representan, su talento personal o simplemente por un golpe de los tiempos, sin que falten los que trepan por su asociación con sujetos que, gracias a la fuerza o su idoneidad para el crimen y la manipulación, cosecharon laureles para repartir.

    Ese es el caso de Luiz Inácio Lula da Silva, compañero de aventuras de dos notables forajidos: Fidel Castro y Hugo Chávez. Aunque entiendo que Lula, por sus características personales y el coloso (Brasil) en el que ha actuado, habría logrado altas cotas internacionales, su asociación con ambos autócratas le fue muy beneficiosa por el entramado operativo que uno y otro manejaban, sin descartar las vastas riquezas que el militar venezolano golpista malversó.

    Lula está terminando su tercer mandato y es el mandatario brasileño que más ha ejercido el gobierno por la vía electoral. Sin embargo, debería estar preso, ya que en el 2017 fue convicto por corrupción pasiva y lavado de dinero dentro de la Operación Lava Jato a más de 12 años de cárcel, siendo sus condenas anuladas de manera definitiva en 2021 por el Supremo Tribunal Federal (STF) de Brasil.

    Sin restarle talento y tenacidad, es conveniente recordar que Lula se formó y desarrolló como dirigente sindical y líder político bajo un régimen militar; en un mandato como el de los Castro no habría tenido esa oportunidad, salvo que fuese un devoto servidor. En 1980, con el respaldo de intelectuales, en su mayoría devotos del marxismo, fundó el Partido de los Trabajadores (PT), de orientación socialista, una agrupación política antisistema cuya existencia autorizó y permitió la Junta castrense, otro hito que su colega del Foro de São Paulo no le hubiera permitido si lo hubiera intentado en Cuba.

    El primer gran escándalo de corrupción en el Partido de los Trabajadores fue conocido como el mensalão, que involucró a ministros, dirigentes del partido, empresarios, banqueros y a una de las figuras claves del PT, el exguerrillero y jefe de gabinete de Lula, José Dirceu, un verdadero aliado de la dictadura castrista.

    El PT ha sido una de esas agrupaciones políticas cuyos líderes claman por el imperio de la justicia social, pero cuando acceden al gobierno, la mayoría de sus dirigentes se transforman en pirañas que devastan los bienes de la nación para su provecho personal. La corruptela evidenciada en el partido se manifestó de nuevo bajo el gobierno de Dilma Rousseff, quien fuera escogida como heredera por Lula al estar Dirceu en prisión.

    El corrupto de Lula, desde el poder, ha beneficiado a sus aliados. El respaldo político que le dio a Hugo Chávez fue más que generoso, evidenciado en expresiones como esta del 2008: «el mejor presidente que tuvo Venezuela en los últimos cien años», o su mensaje del 2012 en apoyo a su reelección: «Tu victoria será nuestra victoria”.

    Su relación con Fidel Castro fue más estrecha todavía. Le decía a Castro «hermano mayor», mientras estrechaba los vínculos económicos con el totalitarismo insular mediante el incremento de líneas de crédito comercial por valor de cientos de millones de dólares, acuerdos de cooperación en el sector petrolero (donde la participación de Petrobras era notable) y el impulso a proyectos de infraestructuras conjuntas como el puerto de Mariel. Ambos idearon el Foro de São Paulo, una especie de Tercera Internacional Socialista que ha sido particularmente útil para seguir ejerciendo influencia y control en los asuntos sociales y políticos latinoamericanos, manipulando las prácticas democráticas a su conveniencia en las elecciones y protestas sociales.

    Lula da Silva ha sido un subversor de la democracia, tan nocivo como lo fueran Castro y Chávez. Las victorias de propuestas populistas inspiradas en el marxismo en países como Bolivia, con Evo Morales, y Ecuador, con Rafael Correa, fueron posibles gracias a la imagen falsamente mesurada del dirigente brasileño. Él fue el verdadero inspirador porque logró éxitos en la gestión política de su país, al contrario de Castro y Chávez, que fueron un rotundo fracaso.

    En conclusión, una eventual victoria de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil impulsaría a quienes en todo el hemisferio trabajan arduamente para destruir nuestros valores ciudadanos. Su derrota es esencial para la consolidación de la democracia y la libertad en Las Américas, ojala, los brasileños lo comprendan.

    *Pedro Corzo es periodista cubano

  • Caída y recomposición (II)

    Caída y recomposición (II)

    Cuando se cerraron de facto los espacios políticos en 1972 (febrero: fraude electoral; marzo: derrota del golpe de Estado constitucionalista y julio: intervención militar de la UES), todo aquello que se incubó en la década anterior buscó otros modos de expresión. Y dado que la apuesta del PCN fue aplastar todo aquello que lo adversara, la puerta para la confrontación político-militar quedó abierta.

    El golpe de Estado del 15 de octubre de 1979 podría interpretarse como una respuesta urgente (pero tardía) para corregir la deriva autoritaria que desde 1972 se desquició. Al principio (Molina y el Programa de Transformación Nacional) con la doble divisa de modernización y de represión, pero después (Romero y el Plan Bienestar para Todos) con la única divisa de la represión, pues era de esperar que aquello se desbarrancara.

    La génesis genuina de ese golpe de Estado ―por impericia conspirativa y falta de talento político―, se vio contaminada por la inclusión en la junta gobernante de Abdul Gutiérrez, un coronel conservador y afín a los intereses norteamericanos. De hecho, hubo como dos núcleos entre los conspiradores del golpe de Estado (los hermanos Guerra y Emilio Mena Sandoval y su grupo). Es Mena Sandoval quien introdujo a Gutiérrez (¡era su jefe en la Maestranza!).

    Lo que se cayó el 15 de octubre no fue solo un gobierno, sino un régimen político, el más largo que ha habido hasta ahora y que estuvo sin interrupción en manos del PCN.

    Quizá podría sugerirse que al gobierno pecenista lo botó el golpe de Estado, pero el régimen político se comenzó a cuartear quizás a partir de 1975, cuando el movimiento guerrillero puso en pie sus expresiones de masas y se diversificó su trabajo organizativo en diferentes rumbos del país y en distintos sectores sociales. No fue la ‘acción militar guerrillera’ la que puso en crisis al régimen político del PCN, sino la confrontación con el aglomerado organizado de masas, y donde las instancias Bloque Popular Revolucionario (BPR), Frente de Acción Popular Unificada (FAPU) y Ligas Populares 28 de Febrero (LP-28) fueron los vectores clave.

    De hecho, cuando a veces se ha dicho que quizás hubo posibilidad de evitar el paso a la guerra generalizada es porque el desarrollo militar de las fuerzas guerrilleras estaba muy por debajo de la dinámica de las llamadas organizaciones populares que ellos animaban. Si esto se hubiera comprendido a tiempo, las cosas podrían haber sido diferentes.

    De algún modo, una de las hipótesis de los golpistas de 1979 era esta: acabamos con el factor represivo y llamamos al diálogo y proponemos transformaciones estructurales, y eso pacificará el país.

    Como idea no estaba mal, pero instrumentar semejante trenza fue la dificultad. Ese golpe llegaba tarde. En la vecina Nicaragua, el movimiento guerrillero enarbolando una plataforma amplia y golpeando en lo militar al régimen somocista había alcanzado la victoria total. Esa circunstancia para El Salvador era más que un ejemplo, constituía un dato duro que la realidad le mandaba a la conducción guerrillera y que esta aceptó como un reto inmediato. De hecho, la perspectiva que tenía la organización más grande e influyente (las Fuerzas Populares de Liberación ‘Farabundo Martí’ ―FPL― y su expresión de masas, el BPR) de ‘guerra prolongada’ se fue diluyendo debido a que lo de Nicaragua exigía una revisión de propósitos y alcances.

    Así que el golpe de Estado llegaba a diferir la generalización de la guerra, pero como no se trataba de un proyecto político meditado con cierta tranquilidad, la operatividad diaria de la Junta de Gobierno implantada se llenó de mucho ruido y de muchos intereses encontrados. Y se acentuó aún más al materializarse (después de unos días de sorpresa y confusión) la respuesta del proyecto político que pretendía disputar el poder a los sectores conservadores que no lo habían soltado desde 1931. Ese proyecto (aunque con varios ramales) bien puede agruparse, por razones teóricas y expositivas, en un concepto: el proyecto revolucionario (PR).

    La confrontación del PR ya no estaba, a partir del golpe de Estado, en primera instancia contra el proyecto tradicional conservador (PTC), sino contra un improvisado proyecto de solución intermedia (PSI). Y esa situación desquició el mapa político, porque el PTC atacaba al PSI, el PSI trataba de tender puentes con el PR (que estaba ‘sordo’ para eso, porque sus banderas de lucha las estaba usurpando el PSI) y el PR quería acorralar en sus contradicciones al PSI, y el PTC demonizaba al PR y el PR golpeaba al PTC.

    El escenario que se abrió a partir del 15 de octubre, sin embargo, tuvo su primera parada técnica, como se dice, el 24 de marzo de 1980, cuando elementos fanatizados de los sectores conservadores decidieron el asesinato del arzobispo de San Salvador, Óscar Arnulfo Romero.

    *Jaime Barba, REGIÓN Centro de Investigaciones

          

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

  • Las dificultades modernas para ejercer la docencia

    Las dificultades modernas para ejercer la docencia

    El maestro, especialmente el de una escuela, se enfrenta a alumnos maleducados, alumnos a los que le faltan el respeto. Quizá haya un código de ética o un reglamento en la institución educativa; sin embargo, al maestro ya no lo ven como a un héroe.

    Los alumnos son cada vez más permisivos; ya que, no quieren esforzarse, lo quieren resolver, en casi todo, con la inteligencia artificial. El maestro no quiere ser complaciente, pero el sistema hace que ceda. Los alumnos les dicen a sus padres sobre la carga escolar. Pronto, en la dirección los maestros reciben otra orden.

    La situación se agrava cuando los maestros reciben órdenes de aprobar a los estudiantes. Todo para que la escuela no tenga deserciones. Pero esa no es la solución; ya que, siempre existieron reglas y normas que se deben cumplir. Un alumno tiene la responsabilidad de efectuar las tareas.

    Tomo como ejemplo el caso de un maestro en México que solicitó a sus alumnos un croquis desde su casa a la escuela. Esa tarea hizo que una madre de familia lo demandara ante la fiscalía de la localidad. El maestro fue expulsado, gracias a que la tarea estaba en la programación fue sustituido. El rostro del maestro reflejaba preocupación y decepción. Se le trató como a un delincuente.

    Me interesó escuchar a la presidenta de Perú, Keiko Fujimori, quien defendió la labor de los docentes. Exhortó en un discurso a que se recupere el orden y se restituya la autoridad de los docentes. La conducta de los alumnos y los resultados en sus notas serán parte de los nuevos lineamientos. Excelente lo que está haciendo la mandataria. Eso mismo sucedió cuando en El Salvador nombraron a una militar como ministra de Educación. La disciplina y el orden en las escuelas son el objetivo.

    Al maestro no lo dejan trabajar cuando hay otras voces que no le permiten actuar con independencia. Los padres de familia están haciendo que sus hijos pierdan la responsabilidad, ya que la evaden. ¿Recuperará el docente el respeto hacia sus estudiantes, autoridades y padres de familia?

    Con respecto al sistema educativo, se observa en muchos países que las reformas son de carácter imperativo para los maestros, mas no para estudiantes y padres de familia, lo que da lugar a que se acomoden en la práctica de la irresponsabilidad.

    Los docentes, maestros, profesores y, actualmente llamados facilitadores, han visto una transición a través de la historia de ser una persona ejemplar, de respeto. Hoy, reciben una serie de acosos de toda índole.

    He conversado con muchos docentes de diferentes niveles educativos. Algunos se quejan de que los mismos padres de familia se enfadan al ver que hay muchas tareas, quieren que sus hijos pasen fácilmente y no permiten que se les corrija. Si en el mismo hogar los hijos aprenden a ser malcriados no se logrará recuperar el respeto hacia los docentes. Claro, hay muchos alumnos que saben valorar el trabajo de los maestros.

    En el contexto universitario, la inteligencia artificial es la que está haciendo el trabajo de facilitador. Se evidencia que ejercer docencia no es fácil en un contexto en donde los estudiantes quieren poner condiciones o realizar actividades que no requieren esfuerzo.

    Cada lector sabe sobre la importancia que tiene la enseñanza formal. Para que funcione eficaz y eficientemente el trabajo del docente, debe haber padres que ayuden a educar a sus hijos en sus hogares. El maestro debe ser respetado y él mismo ser un ejemplo en la sociedad. Los maestros comprometidos deben enseñar con pasión, actualizarse y aconsejar a sus discentes. Deben ser agentes de cambio, ser el faro que ilumina las mentes de niños y jóvenes. «La educación no cambia al mundo: cambia a las personas que van a cambiar el mundo». Paulo Freire.

    *Fidel López Eguizábal, Docente e investigador Universidad Nueva San Salvador

    fidel.lopez@mail.unssa.edu.sv

     

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  • León XIV: la catequesis de la fragilidad

    León XIV: la catequesis de la fragilidad

    El domingo 11, durante el tradicional rezo del Ángelus del mediodía, el papa León XIV anunció que el martes siguiente sería sometido a una intervención para extirparle un nódulo pulmonar, detectado «en una fase muy temprana y bien localizado». La operación duró unos noventa minutos y concluyó con éxito. Los médicos confirmaron el diagnóstico de un adenocarcinoma pulmonar y extirparon el lóbulo inferior del pulmón derecho. Quedan por delante nuevos estudios y varias incógnitas: ¿será necesario algún tratamiento complementario? ¿Radioterapia, quimioterapia o simplemente vigilancia médica? Todavía es pronto para saberlo con certeza. La oficina de prensa del Vaticano informará oportunamente, a medida que disponga de nuevos datos.

    Comienza así una nueva etapa en la vida del Santo Padre, que previsiblemente dará un nuevo cariz a su catequesis. Esperemos que la recuperación siga su curso favorable y que esta afección termine siendo una anécdota temprana de su pontificado. Pero, más allá de la evolución médica, estamos ante un testimonio vivo del ideal cristiano.   

    El hombre que ocupa la sede de Pedro y cuya voz goza de gran prestigio en la escena mundial se une de un modo más personal a Jesucristo, a quien representa, abrazando ahora su propia cruz. Alguien podría pensar que hemos tenido mala suerte: apenas han transcurrido unos meses de pontificado y el Santo Padre ya debe afrontar esta aflicción.

    Sin embargo, Dios escribe recto con renglones torcidos. Rezo para que todo marche bien, el Papa se recupere pronto y pueda retomar su apretada agenda. Pero su catequesis tendrá ahora un matiz distinto, más vívido: algunas verdades que antes anunciaba con palabras deberá vivirlas también en su propia carne.

    En una sociedad dominada por la imagen y los filtros, empeñada en prolongar la juventud y disimular la fragilidad, el Papa se presenta sin complejos como un hombre que lucha contra el cáncer. No necesita ocultar su vulnerabilidad ni aparentar que está por encima de las limitaciones humanas.

    Hablar de la cruz es una cosa; encontrársela al pie de la cama, después de recibir un diagnóstico, es otra. Reflexionar sobre la fragilidad resulta relativamente sencillo mientras parece un asunto ajeno. Pero cuando el cuerpo nos recuerda que no somos invulnerables y el futuro se convierte en una incógnita, las palabras pasan por el crisol de la experiencia.

    El cristianismo no enseña que el dolor sea bueno en sí mismo. La enfermedad no es un regalo que debamos agradecer como si sufrir fuera un mérito. Jesús curó enfermos, se conmovió ante el sufrimiento ajeno y lloró la muerte de su amigo Lázaro. En Getsemaní experimentó la angustia y pidió al Padre que, si era posible, apartara de Él aquel cáliz. La fe no exige insensibilidad. No nos pide que dejemos de sufrir, sino que descubramos que el sufrimiento no tiene por qué tener la última palabra.

    La cruz cristiana revela un amor capaz de atravesar el dolor. Cristo no vino a explicarnos desde lejos por qué sufrimos, sino a acompañarnos, cargar con nuestro sufrimiento y abrirnos, mediante su muerte y resurrección, un horizonte que la muerte no puede clausurar.

    Por eso, el sentido cristiano del dolor no consiste en encontrar una explicación satisfactoria para cada desgracia. A veces no la encontraremos. Consiste en saber que ninguna circunstancia, por oscura que sea, nos obliga a vivirla solos. Dios no siempre nos libra del cáliz, pero podemos pedirle que nos enseñe a beberlo con amor, sin perder la esperanza ni dejar de luchar por la vida.

    Ignoramos qué tratamientos necesitará el papa León XIV en las próximas semanas o meses. Tampoco sabemos cuánto durará su recuperación ni cómo afectará la enfermedad a su ministerio. Lo que sí sabemos es que Jesús lo ha unido ahora a su cruz de una manera más personal. Nuestro deber, como buenos hijos, es acompañarlo con la oración, pidiendo por la salud de este padre común que es el Papa. Esta es una de las mayores manifestaciones de comunión eclesial: el padre reza por sus hijos y los hijos sostienen con su oración al padre.

    * Fernando Armas Faris, Sacerdote y Doctor en Filosofía 

  • Retroceso brasileño

    Retroceso brasileño

    Podría pensarse, al leer el título de este comentario, que hablaré de fútbol por el declive innegable de la selección carioca; esta ha caído claramente en picada del 2002 a la fecha. Lo lamento mucho después de haber sido su fiel seguidor desde que ví en repetición pedazos de su actuación en los mundiales de Suecia y Chile,  en 1958 y 1962 respectivamente; más, de “México’70” en adelante. Pero lo que hoy lamento y me espanta es lo que ocurre con su democracia que ‒tras el fin de la dictadura en 1985‒ tuvo achaques, pero en general había gozado de buena salud. Aunque después de lo ocurrido en las elecciones del recién pasado 4 de octubre y el escenario que se desprende de las encuestas de cara a las del 25, hoy está sumamente grave.

    Las cosas no pintan nada bien. Pero más allá de lo sucedido en la primera vuelta y lo que pueda pasar en la segunda, hay que ubicar “la mano que mueve la cuna” y cómo “la mueve” en ese país y en el resto de Latinoamérica; prácticamente hoy la región se encuentra dominada por regímenes autoritarios, populistas o mediocres de derecha y extrema derecha.

    En el centro de la región se encuentran el salvadoreño Bukele, el hondureño Asfura, la tica Fernández y el panameño Mulino; pese  a sus limitaciones, Arévalo en Guatemala hace diferencia. Nicaragua pretende ser la otra cara de la moneda al proclamarla “cristiana, socialista y solidaria” la dinastía Ortega Murillo; pero eso es pura pantalla, pues la realidad es la otra que conocemos.

    En el sur del continente están Milei en Argentina, Paz en Bolivia, Kast en Chile, de la Espriella en Colombia, Novoa en Ecuador, Peña en Paraguay y Fujimori en Perú. De la pobre Venezuela, ni hablar. Y como se advierte, si no ocurre algo extraordinario Lula va fuera. Y aunque triunfara en el inminente balotaje presidencial, la mayoría de gubernaturas y los espacios parlamentarios estarán en manos del “bolsonarismo” y otras expresiones de la derecha brasileña que lo amarrarían de pies y manos. Así las cosas, las excepciones regionales son México y ‒más o menos‒ Uruguay.

    Para que todo eso ocurriese, muchísimo ha tenido que ver esa “mano” insinuada antes: la de Casa Blanca empujando el llamado “proselitismo protestante” del Río Bravo hacia abajo del continente. Este cobró mayor impulso en la década de 1960 tras la irrupción de la teología de la liberación, a la cual había que plantarle enfrente una contraparte ya existente: la teología de la prosperidad; también esta agarró fuerza después de realizada, en Medellín, la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano cuyos documentos finales llegaron a ser considerados por el conservadurismo como “subversivos”.

    Figura emblemática de la segunda de esas corrientes teológicas fue la de Efraín Ríos Montt, el genocida general guatemalteco quien antes había liderado la iglesia evangélica “El Verbo”. Otro protagonista, pero actual, es Flavio Bolsonaro con el apoyo abierto e incondicional de Donald Trump; tras ganarle a Lula hace unos días, prometió crear el “Ministerio de la Prosperidad” para ayudar ‒en sus palabras‒ “a quien quiera estudiar, hacer cursos, emprender, obtener crédito, abrir su propio negocio, crecer y prosperar”. Además ha ofrecido crear un país como “el Reino de Israel”, con base en sus “creencias sionistas cristianas”. “Los 120 000 judíos que viven en Brasil” ‒aseguró‒ estarán “mejor atendidos” que las personas nacidas en el gigante suramericano.

    Como sostuve hace poco, debemos reconocer además la responsabilidad de las dirigencias “izquierdistas” para que se esté dando este predominio derechista y ultra derechista, al haber defraudado a una porción de sus votantes para terminar soltando las riendas del poder en sus respectivos países. El jueves 20 de agosto del presente año, expresé que “la parte dolorosa de nuestra memoria histórica nacional y regional debería también contemplar el análisis intenso y descarnado” de sus “cagadas” e “intentar aprender a profundidad la esencia de sus lecciones”.

    Y regresando al fútbol brasileño, da pena ajena ver algunos de sus astros recientes apoyando a Bolsonaro. Destacan Neymar y Dani Alves; este último convertido en pastor evangélico después de guardar prisión en España, vino frescamente a El Salvador a alabar la fantasía “bukeleana”. Igual que los brasileros pasó en Colombia con de la Espriella, quien abiertamente fue respaldado por Luis Díaz y James Rodríguez. Deportiva y políticamente qué lejos está este cuarteto del doctor Sócrates, capitán de la selección brasileña y líder de la revolucionaria “Democracia Corinthiana”; además, miembro activo de la campaña “Directas ya” contra la dictadura. Bien dijo su tocayo en el siglo V antes de Cristo, que “las almas ruines solo se dejan conquistar mediante regalos”.

  • Caída y recomposición (I)

    Caída y recomposición (I)

    El 15 de octubre de 1979―ahora puede decirse con bastante precisión― marcó el punto de partida hacia la generalización de la guerra en El Salvador, y que la ofensiva guerrillera de enero de 1981 puso sobre la mesa.

    Ese día, el 15 de octubre de 1979, el golpe de Estado materializado por iniciativa de la llamada Juventud Militar logró desplazar de la conducción del Estado al núcleo duro del proyecto político conservador que venía gobernando el país desde enero de 1961. Es decir, casi dos décadas ininterrumpidas de gestión gubernamental bajo la misma carpa partidaria, la del Partido de Conciliación Nacional (PCN) y sus inefables presidentes militares (Rivera, Sánchez, Molina y Romero).

    Solo la superficialidad de cierto análisis socio-histórico ha hecho decir que ese lapso (1961-1979) fue de paz y tranquilidad, y que a partir de ahí se vino encima el caos.

    Lo cierto es que la década de 1960 fue una oportunidad malbaratada para que la institucionalidad política pudiera asentarse con cierta comodidad. El esquema de industrialización por sustitución de importaciones y las consecuentes dinámicas de urbanización pudieron haber dado pie a un modo deconvivencia más o menos abierto y estable. Pero esto no sucedió debido a que la deriva autoritaria de los sectores conservadores fue poco a poco cerrando los espacios políticos para la disensión.

    Si se compara la estructura social de la década de 1920 con la década de 1960 resulta claro que el país había cambiado de forma notable, se había complejizado y nuevos sectores sociales emergían. Esa nota cualitativo-cuantitativa no fue leída de forma conveniente por quienes conducían el Estado y la combinación de un economicismo duro más la sazón de la tentación militarista echaron por la borda las perspectivas halagüeñas que, a mediados de la década de 1950, el estudio ‘Situación actual y perspectivas de la economía de El Salvador’ (elaborado por el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento, BIRF —hoy conocido como Banco Mundial— pronosticaba para El Salvador.

    Las iniciativas político-sociales más o menos adversas a los gobiernos del PCN en la década de 1960 en su mayoría fueron de expresión pacífica. El Frente Unido de Acción Revolucionaria (FUAR), aupado por el Partido Comunista de El Salvador (PCS) y solo activo quizás entre 1961 y 1963, ni siquiera pudo estructurarse de forma consistente. Peor suerte tuvo Acción Revolucionaria Salvadoreña (ARS), un pequeño agrupamiento para-guerrillero que en 1968 hizo un par de acciones antes de disolverse. Lo más significativo de lo ocurrido, organizado y movilizado en esa década no constituía un peligro de ‘seguridad nacional’.

    La fundación del Partido Demócrata Cristiano (PDC) el 25 de noviembre de 1960 comportó una novedad política, que en corto tiempo mostró sus enormes posibilidades al escalar posiciones en el dispositivo institucional del Estado ―alcaldías y Asamblea Legislativa―, en las elecciones de marzo de 1964, hecho que entre otras cosas forzó al PCN a plantear una cierta apertura política, aunque restringida.

    Ese empuje político-electoral del PDC también facilitó la emergencia de otras instancias que tomaron vuelo. Una fue la conformación en 1966 del Movimiento Nacional Revolucionario (MNR), que surgió como una propuesta partidaria heterodoxa (‘ni con el PDC ni con el PCS, pero tampoco en contra de ellos’) que no obstante tener un bajo aglutinamiento electoral, la composición de su membresía le daba un cariz fresco e intelectual. Otra expresión organizativa, aunque lejos del asunto electoral, fue la Asociación Nacional de Educadores Salvadoreño 21 de Junio(ANDES), que a finales de 1965 estaba ya conformada en forma legal.

    Ni el PDC ni el MNR ni ANDES eran factores desestabilizadores, más bien introdujeron en la sociedad salvadoreña parte del componente de equilibrio que se requería en un sistema político tan cerrado y excluyente.

    En el ámbito universitario hay en esa década de 1960 dos circunstancias singulares que deben considerarse para tener un mapa más completo de lo que pasaba en El Salvador. Por un lado, la Universidad de El Salvador (UES) experimentó entre 1963 y 1966 una profunda reforma que la ‘irguió’ y la puso en primera fila frente a los asuntos nacionales. Y esto activó no pocas voluntades políticas. Y, por otro lado, al fundarse el 15 de septiembre de 1965 la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA), administrada por la Compañía de Jesús, a pesar de la aprensión de algunos segmentos quisquillosos anticlericales que desde el principio opusieron UES y UCA, la verdad es que la propuesta universitaria jesuita renovó también la educación superior de El Salvador.

    Si a todo esto se le agrega el impacto del Concilio Vaticano II desarrollado en la Iglesia Católica mundial en el primer lustro de la década de 1960, la Conferencia de Medellín de 1968 de los obispos latinoamericanos y las apuestas pastorales y organizativas (promoción de cooperativas, de centros de formación y de iniciativas de comunicación) del Arzobispado de San Salvador, bajo la égida de Luis Chávez y González, pues es claro que la sociedad salvadoreña se estaba abriendo.

    *Jaime Barba, REGIÓN Centro de Investigaciones