Categoría: Opinión

  • Impunidad derrotada

    Impunidad derrotada

    La masacre en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) ocurrió durante la madrugada del 16 de noviembre de 1989; entonces yo vivía en México una especie de autoexilio que duró ocho años y algo. Fuera de Segundo Montes ‒mi profesor de Física en el Externado de San José‒ y de Ignacio Martín-Baró, no conocí a las otras seis indefensas víctimas civiles.

    En esos días nunca imaginé que me involucraría de lleno, poco después, en una tan prolongada demanda de justicia para estas y sus familiares. Pero, por cosas del destino, dirigí el Instituto de Derechos Humanos de dicha casa de estudios (IDHUCA) durante 22 años casi exactos y fue así que me tocó entrarle. Ahora que volvió a ser noticia dicha atrocidad ‒tras la libertad condicional anticipada por motivos de salud física y mental del único condenado judicialmente como uno de sus autores intelectuales, el coronel Orlando Montano‒ me dio por escribir de nuevo algo al respecto.

    Pero antes aclaro que solo menciono su segundo nombre pues para mí, por esa salvajada de cuya articulación fue parte esencial y por la que fue declarado culpable en la Audiencia Nacional de España –respetándole todas sus garantías judiciales y el debido proceso– no merece llamarse “Inocente”; también por otros hechos deplorables anteriores nunca investigados, en los que se le achaca algún importante grado de participación.

    Al iniciarme en el IDHUCA, encontré un grupo especializado de expertos y expertas internacionales que asesoró a mi antecesor y “reclutador”: el después cardenal Michael Czerny, quien está a punto de entregar su cargo en el Vaticano. Dicho equipo lo acompañó en El Salvador, antes y durante el proceso judicial fraudulento de los militares acusados de ser autores materiales de la masacre y señalados como los únicos responsables; entre ellos el coronel Adolfo Arnoldo Majano, al que tramposamente sus pares le atribuyeron en solitario ser el “cerebro” de la misma.

    El referido grupo de especialistas foráneos se fue desmontando de a poco, tras la salida de Czerny; a final de cuentas, me quedé tramando qué hacer junto al querido José María “Chema” Tojeira y con el necesario apoyo de Rodolfo Cardenal, mi jefe inmediato. No podíamos permitir que la impunidad triunfara

    La decisión tomada: priorizar el trámite de la petición formulada a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) por Américas Watch, organización presidida entonces por Juan Méndez –entrañable abogado argentino– quien la presentó ante el organismo regional… ¡el mismo día de consumada la barbarie en la UCA! Una década después, el 22 de diciembre de 1999, la CIDH concluyó en su Informe de fondo que el Estado salvadoreño violó el derecho a la vida y faltó a su obligación de investigar –diligente y eficazmente– los hechos; tampoco cumplió con la obligación de procesar y sancionar a todos sus responsables. Hubo, pues, “manipulación de la justicia con un evidente abuso y desviación de poder”.

    Pensamos que con dicho dictamen zarandearíamos bien fuerte el sistema interno para hacerlo funcionar. Pero no. Presentamos la denuncia en la sede fiscal forzando al titular ‒Belisario Artiga‒ para que cumpliera su deber y adrede lo hizo chambonamente; recorrimos de punta a punta el andamiaje respectivo: desde un juzgado de paz hasta la Sala de lo Constitucional. Nos cerraron todas las puertas. Así que decidimos con Almudena Bernabeu, apreciada colega y gran amiga, tocar las de la Audiencia Nacional de España adonde se logró la condena de Montano en el 2020. Los otros autores intelectuales de aquella infamia no fueron procesados allá, por no estar presentes gracias al “resguardo” que les brindó Mauricio Funes ‒presidente de la república en el 2011‒ cuando se libraron las órdenes internacionales de captura; también a la Corte Suprema de Justicia, al decidir torcidamente que las mismas no eran de extradición sino de localización.

    Pero la condena judicial de Montano allá, lo fue también para todos sus compinches acá. ¿Por qué? Por lo que aprendí de otro querido y recordado compañero: Roberto Garretón, quien me enseñó que la impunidad en materia de violaciones graves de derechos humanos tiene cuatro caras: la penal, al no sancionar a sus autores; la política, por no inhabilitarlos para ejercer cargos públicos; la moral, cuando oficialmente los consideran “honorables”; y la histórica si los proclaman “salvadores de la patria”. Aunque el mencionado miembro del alto mando militar de la época ya fue excarcelado en España, la justicia universal cayó sobre él y ‒por tanto‒ también sobre el resto de sus criminales cómplices. La “historia oficial” se les destartaló, pues el juicio de Montano alcanzó para los otros altos oficiales culpables a quienes el territorio nacional se volvió su cárcel.

  • Trump, el impopular

    Trump, el impopular

    Donald Trump es ya uno de los gobernantes menos apreciados de la historia de Estados Unidos, peleando el primer lugar con otros tres mandatarios de controversial memoria: el demócrata Harry Truman y los republicanos Richard Nixon y George W. Bush. Dependiendo de los números en que se fije nuestra atención, así es posible otorgar al actual inquilino de la Casa Blanca su sitio entre los presidentes que mayor desafección ciudadana han provocado.

    Si nos concentramos únicamente en las cifras de aprobación, todavía Trump no está en el fondo del ranking: su promedio de 34% en opiniones favorables está por encima del raquítico 22% que Truman obtuvo en febrero de 1952, debido a la Guerra de Corea, o de aquel infame 24% de Nixon en julio y agosto de 1974, en medio del escándalo de Watergate. Incluso Jimmy Carter y los dos Bush llegaron a obtener menor aceptación directa que Trump en algún momento de sus respectivos periodos.

    Con los actuales instrumentos demoscópicos, nadie en la historia americana había caído tan bajo
    La impopularidad de un político, sin embargo, no se mide solamente por los bajos índices, sino también por las cimas que llega a alcanzar su aceptación. A este respecto, Trump apenas ha conseguido rozar el 50% de la aprobación popular, muy por debajo de los contundentes números que en su día cosecharon líderes como Dwight Eisenhower (79%), Lyndon Johnson (79%), John Kennedy (83%) y el mismísimo Truman, que tenía el 87% de respaldo en los sondeos hacia el final de la Segunda Guerra Mundial. Bush padre alcanzó 89% de crédito en febrero de 1991, al cierre de la Guerra del Golfo, y Bush hijo se agenció 90% del favor ciudadano en septiembre de 2001, tras el derribo de las Torres Gemelas.

    En cuanto a los promedios, extraídos de la suma de encuestas, Donald Trump ya se ubicaba en el peor lugar histórico de impopularidad durante su primer mandato (41%), por lo que solo competía contra sí mismo a partir de noviembre de 2024. Hoy, en agosto de 2026, a veinte meses de iniciado su segundo período, dos tercios de la población desaprueban al republicano, otorgándole un saldo negativo de 26 puntos. Con los actuales instrumentos demoscópicos, nadie en la historia americana había caído tan bajo.

    ¿Sorprendente? No, por supuesto. Trump ha “trabajado” infatigablemente para obtener estos récords de vergüenza. Las advertencias que se hicieron en torno a los perjuicios que causarían sus erróneas decisiones económicas, migratorias y geopolíticas han resultado certeras. Todas. Casi nada le ha funcionado. Con excepción del recorte al gasto ingente que EE UU destinaba a promover agendas identitarias —germen, por cierto, de una manifiesta división social—, las principales medidas impulsadas por la Casa Blanca han agravado los problemas en lugar de resolverlos. Veamos.

    Arguyendo que el “comercio justo” equivale a no tener déficits o superávits comerciales con ningún país, Trump se lanzó a una ofensiva arancelaria que jamás tuvo justificación. Todo gravamen sobre el libre intercambio de bienes es una distorsión, por lo que aplicar estas distorsiones a diestra y siniestra, sin consideraciones técnicas y con el objetivo de forzar supuestos equilibrios comerciales, es absurdo. Pero así procedió. Y de ese tamaño han sido los estragos.

    Luego se precipitaron en cascada los efectos inflacionarios de movimientos geoestratégicos mal concebidos, siendo la guerra contra Irán el ejemplo que mejor ilustra esta necedad. Si bien era un claro enemigo a vencer, el régimen de los ayatolás era también el menos susceptible de caer a punta de misiles. La escasa comprensión de la idiosincrasia chiita demuestra que el Estados Unidos de hoy, capitaneado por Trump, es alérgico a la historia.

    El bombardeo que decapitó a la jerarquía iraní fue responsable de la hidra de mil cabezas que se levantó justo en el corazón de Oriente Medio, erosionando la imagen de EE UU como potencia militar y estrangulando la circulación de petróleo por el estrecho de Ormuz. Mientras escribo estas líneas, sin embargo, la autocracia de los ayatolás sigue en pie, Israel pelea en tres frentes distintos y el fantasma de Vietnam se proyecta en las paredes de la Casa Blanca. Los efectos económicos del conflicto, para colmo, hace rato alcanzaron al votante estadounidense.

    Finalmente, en materia migratoria, Trump ha exhibido la sutileza de un cocodrilo chapoteando en una alberca inflable. Desde los estúpidos asesinatos en Minneapolis, en enero de este año, la desconfianza del ciudadano en el Gobierno federal ha elevado la temperatura social a rangos que no se veían desde los años sesenta del siglo pasado. La prepotencia trumpista se ha hecho odiar a conciencia, sin paliativos.

    Con semejante acumulación de descontento hacia el oficialismo republicano, el opositor Partido Demócrata debería ganar con suprema facilidad las elecciones de mitad de mandato en noviembre próximo. De hecho, es casi seguro que arrebaten la mayoría de escaños en la Cámara de Representantes, donde apenas necesitan alzarse con la victoria en un puñado de distritos. Mucho más competitiva se muestra la carrera por el Senado, en pos del cual los demócratas están realizando apuestas innecesariamente arriesgadas, que ya comentaremos.

    En todo caso, lo que ocurra en los comicios congresionales de este año marcará para siempre a Donald Trump y su legado. Hoy, con meridiana claridad, el impopular es él: son sus decisiones las que están bajo examen. Suya será la culpa.

  • El mal uso de las redes sociales y “farmear aura”

    El mal uso de las redes sociales y “farmear aura”

    Las redes sociales y la inteligencia artificial bien utilizadas suelen ser una maravillosa herramienta de la Internet para el conocimiento y la practicidad de la conducta social y el fortalecimiento del conocimiento humano. Sin embargo, mal utilizadas se convierten en instrumentos de manipulación de las personalidades, al generar adicción, ensimismamiento, ostracismo social, dependencia, ocio, imbecilidad, idiotez, enajenación, timidez, pérdida de valores, carencia de criterio propio y ausencia de conciencia.

    Cualquiera puede caer en el mal uso de las redes sociales y la inteligencia artificial y convertirse en dependiente del contenido sin sentido que circula en el ciberespacio. En una familia de seis miembros hay seis teléfonos móviles conectados a la Internet y cada miembro está consumiendo diferente contenido. No hay restricciones y cualquiera puede navegar buscando pornografía, violencia, ludopatía o cualquier contenidos basura.

    Se estima que la mayoría de casos de infidelidades han comenzado mediante las redes sociales, lo que ha convertido a esta herramienta en un aliado perfecto para quienes buscan ser infieles. Muchos  delitos han tenido su origen en el ciberespacio, tales como casos de estafa, extorsión y fraude hasta llegar a violaciones y homicidios.

    Adolescentes que creen que están chateando con personas de su edad, en realidad están relacionándose con adultos que buscan hacerles daño, manipularlos o aprovecharse de su carencia de criterio. También hay adultos que se creen al ciento por ciento todo lo que ven, escuchan y leen en el Internet. La ingenuidad es uno de los antivalores fortalecido en el mundo del ciberespacio.

    Los adolescentes son los más proclives de ser manipulados, debido a su incipiente experiencia, a su nivel natural de rebeldía y a su bisoña conciencia crítica, de tal manera que se creen casi todo y que suelen ser parte de modas pasajeras que en algunos se vuelven sincretismo confuso y los convierte en sujetos incapaces de diferenciar lo real de lo imaginario.

    Desde hace algunos días en el país se ha puesto de moda el “farmear aura” que es una desviación de la realidad devenida de las redes sociales, especialmente de tiktokeros que buscan ingenuos seguidores  para “monetizar”. A principios de año fue el peligroso mundo de los therians, cuando podíamos ver a cientos de adolescentes percibiéndose como animales y tratando de imitarlos. No solo fueron el “hazmerreir” sino también la preocupación de muchos. Se entiende que fue algo pasajero producto del mal uso de las redes sociales.

    “Farmaer aura”, literalmente significa realizar acciones cotidianas, gestos, poses o respuestas ingeniosas para acumular de manera simbólica carisma, seguridad y presencia ante los demás. Siendo así los jóvenes retan a otros de su edad para batallas en parque o lugares abiertos donde realizan una serie de poses ridículas y nada graciosas o nada originales para acumular puntos imaginarios de aura.

    Cuando nuestros hijos son adolescentes son prácticamente una esponja acumulando conocimientos y gustos. En este período todos los seres humanos vemos demasiado distante el futuro o las responsabilidades individuales que la sociedad nos demanda e impone. En la adolescencia no medimos consecuencias ni pensamos en ser parte de la solución o el desarrollo nacional, porque motivos por la rebeldía natural llegamos a pensar y creer que a nuestra corte edad, la razón está de nuestro lado.

    Por eso se hace imprescindible contar con el apoyo de nuestros guías, que generalmente suelen ser nuestros padres. Los padres de familia deben estar pendientes del uso de las redes sociales y le inteligencia artificial por parte de sus hijos. Los padres tenemos que ser los principales guías orientadores de nuestros hijos adolescentes y no dejarlos al libre albedrío del mundo de la Internet.

    En lo personal me da tristeza ver a padres de familia ser los principales fanáticos de sus hijos dedicados a “farmear aura”, incluso ya circulan vídeos de adultos en batallas de esta inútil moda. Es cierto que debemos acompañar a nuestros hijos en sus actividades, pero debemos fomentarles sanos esparcimientos. En la edad de la adolescencia los jóvenes, además de estudiar, deben practicar deportes, estar en clases de algún pasatiempo fructífero, ayudar en algunas tareas del hogar, ser serviciales en su comunidad o practicar alguna actividad positiva para su formación como próximos ciudadanos.

    Países con un nivel de desarrollo del primer mundo en sus respectivos sistemas educativos y con economías envidiables como Nueva Zelanda proyectan  prohibir que los adolescentes  hasta los 16 años tengan acceso a las redes sociales, precisamente para que situaciones coyunturales como los “therians” y los “farmeadores de aura” no idioticen a sus jóvenes. Antes que Nueva Zelanda ya lo habían prohibido Australia, Francia, Reino Unido (Inglaterra; Gales, Escocia e Irlanda del Norte), Malasia e Indonesia.

    La propuesta del gobierno neozelandés busca que algunas plataformas no sean del acceso juvenil  porque las redes sociales exponen a contenido nocivo, tecnología adictiva y presiones que no está preparados para enfrentar y afectan su vida familiar, salud metal, sueños y educación. Para ello instan a que Facebook cree mecanismos que permiten corroborar la edad de quienes abren cuentas, pero también impone un sistema de sanciones para los adultos que lo permitan.

    Otros países del Primer Mundo evalúan la misma posibilidad, que en las naciones de América Latina también habría que considerar. Tener acceso a redes sociales no necesariamente es sinónimo de desarrollo, si no se sabe usar esa herramienta maravillosa, que por ahora hace que muchos jóvenes crean que “farmear aura” es una “moda” de la cual se sienten orgullosos, aunque la escuela les importe un comino.

    *Jaime Ulises Marinero/Periodista

     

     

  • El Río Lempa en la encrucijada

    El Río Lempa en la encrucijada

    Durante décadas se ha sobrexplotado el recurso hídrico llamado río Lempa y su cuenca. Y esto, en el nuevo escenario climático mundial que se está haciendo patente, es muy probable que pase las facturas de esa sobrexplotación y también de las diversas y complejas dinámicas de contaminación que afectan al que se debería considerar sin eufemismos como El Gran Río.

    La visión miope en lo ambiental que El Salvador carga desde el siglo XIX y que a partir de la segunda mitad del siglo XX no ha hecho más que profundizarse, en los tiempos que corren constituye ya un elevado riesgo socio-ambiental.

    Hasta el día de hoy no se han tomado decisiones estratégicas en cuanto al río Lempa y su cuenca. ¿Qué se está esperando? ¿Llegar al borde del colapso? ¿O todo está bien en El Gran Río y solo se trata de asuntos de poca monta que casi por arte de magia se resolverán?

    Es importante meditar sobre estas preguntas, porque todo indica que la política y la economía, los dos filones que imponen su férula sobre los habitantes de esta lengua de tierra, por los datos existentes, ignoran por completo el desafío para la vida que comporta la situación en la que se encuentra El Gran Río.

    No es poca cosa lo que significa este recurso hídrico para el país y en particular para la Región Metropolitana de San Salvador (el Área Metropolitana de San Salvador ampliada).

    Según reportes del Ministerio de Medio Ambiente cerca del 70 % del agua que se consume en las áreas urbanas de San Salvador y sus alrededores proviene de El Gran Río. Y este dato debería constituir el acicate clave para reaccionar frente al estado crítico del río Lempa y su cuenca. Creer de forma ingenua que se está frente a un recurso ilimitado ha sido un grave error del que hay que desligarse cuanto antes.

    El impacto de El Gran Río sobre la vida urbana es decisivo, aunque la mayoría de las personas en el día a día no aprecie el discurrir de sus aguas. Cerca del 33% de la población total nacional que habita en la Región Metropolitana de San Salvador de una u otra forma ‘depende’ de El Gran Río. Pero la inconsciencia con respecto a esto es impresionante entre la vasta multitud salvadoreña.

    Y la cuestión eleva el riesgo si se considera la situación de los principales afluentes que desembocan en el Lempa. Dos deberían ser de enorme preocupación: el río Acelhuate y el río Sucio.

    El río Acelhuate, que atraviesa parte de la ciudad de San Salvador, desde hace un poco más de un siglo es el receptor de toda clase de desechos tóxicos.

    El río Sucio, nace en Jayaque, cruza Zapotitán, pasa por San Juan Opico y entronca con el Lempa. Y estudios más o menos recientes sugieren que la situación del río Sucio es muy grave porque recibe aguas residuales, productos químicos, plásticos y no hay nada ni nadie que pare esto. ¡Aunque existe una legislación ambiental desde hace años! Además de juzgados ambientales para atender tres regiones del país. Todo la imbricación urbano-rural que hay en la zona llamada valle San Andrés (la carretera ―y todo el entorno― que va desde el que fue El Poliedro hasta MOLSA antes de ingresar a Ciudad Arce), despacha sus residuos en el río Sucio. ¿Cuántas plantas de tratamiento hay en toda esa zona? ¿Y cuántos pozos de agua?

    Si se ve más de cerca la cuestión y se toma el lago Suchitlán (que no es otro que el embalse del Cerrón Grande, ‘generado’ a partir de 1974) como receptor de las aguas pútridas que van en el río Lempa, en el río Las Cañas, en el río Acelhuate, en el río Suquiapa, en el río Quezalepa… pues habría que decir que se está en una grave emergencia ambiental, pero que, como el avestruz, no se quiere asumir como tal.

    El Gran Río está contaminado desde que entra en El Salvador (nace en el oriente guatemalteco) y se va llenando de metales pesados ―cromo, cadmio, plomo, cobre, aluminio, zinc y níquel― en su recorrido dentro del territorio nacional, y todos los que son sus afluentes (Acelhuate, Suquiapa, Torola, Sucio…) también están contaminados. Es decir, el circuito de contaminación no puede ser más evidente.

    Hay varias decenas de estudios que se han realizado sobre el río Lempa y sus afluentes y, sin embargo, por razones que no puede decirse más que son ‘misteriosas’, estos hallazgos de investigación no han llevado a que se tomen las urgentes decisiones estratégicas que se requiere.

    Esto no es para el futuro, porque el futuro ya llegó.

    *Jaime Barba, REGIÓN Centro de Investigaciones

  • Desigualdad, migración y envejecimiento: el nuevo desafío salvadoreño

    Desigualdad, migración y envejecimiento: el nuevo desafío salvadoreño

    Dejo a Madrid dormida con una triste alegría. Doha me espera seis horas después para llevarme a Nairobi. Hace unos 20 años esta fue mi entrada al África salvaje, no más salvaje que mi tierra, luego entere. Recuerdo aquella mi primera vez, el temor ansioso de enfrentar un territorio desconocido, algo como tu primera vez, donde nunca sabes que esperar, nunca sabes si lo estás haciendo bien o mal. En aquellos días África me brindaba un sinnúmero de oportunidades para progresar en mi profesión. África me llevo de la mano por los caminos básicos de salud pública, África me mostró la otra cara de la humanidad y sus desigualdades profundas.

    Hoy, esperando en la terminal 4S de Barajas, ahora como investigador en un estudio sobre barreras y soluciones en el acceso a los servicios de inmunización. Aquí voy Nairobi, y conmigo ustedes. Y de regreso voy caminando por la calle del amor de dios, en dirección a la calle de las Huertas, que se abre a un constante bullicio de numerosas lenguas y dialectos, recordándome de lo colectivo de nuestro mundo. Un mundo cada vez más colectivo y diverso, un mundo cuya desigualdad se profundiza cada vez más.

    La tendencia mundial de la migración internacional durante los últimos 20 años muestra un aumento importante y sostenido, pero también un cambio en los destinos, los corredores migratorios y las causas. Los datos más recientes y comparables de Naciones Unidas llegan a 2024. Entre 2000 y 2024 el número de personas viviendo fuera de su país de nacimiento aumentó aproximadamente 131 millones, un incremento de alrededor del 76 %. Persiste la concentración alrededor de grandes polos económicos (Europa, Norteamérica y los países petroleros de Oriente Medio), El envejecimiento de los países ricos está convirtiéndose en un fator estructural, países envejecidos necesitaran trabajadores mientras países jóvenes tendrán grandes contingentes de población en edad laboral.

    Por eso, la migración del siglo XXI no puede entenderse únicamente como un problema de «personas pobres que intentan llegar a países ricos». Es también un fenómeno demográfico y económico mundial que conecta países jóvenes con países envejecidos, países con exceso relativo de mano de obra con países con escasez de trabajadores, y regiones afectadas por conflictos con regiones receptoras.

    El caso de El Salvador es especialmente interesante porque reúne casi todas las dimensiones de la transformación migratoria mundial: emigración histórica, tránsito, retorno, dependencia de las remesas y, al mismo tiempo, una transición demográfica que puede convertir la migración en una cuestión económica todavía más importante durante los próximos 20 años. El Salvador sigue siendo, ante todo, un país de emigración. Aproximadamente una cuarta parte de salvadoreños viven fuera del país. El destino principal continúa siendo Estados Unidos.

    La emigración ha estado impulsada por una combinación de factores económicos, familiares, sociales y de seguridad, además de la existencia de redes familiares ya establecidas en Estados Unidos. La paradoja es que El Salvador pierde población en edad productiva precisamente cuando comienza a necesitarla más. Y aquí aparece el vínculo con el envejecimiento. La ONU ha identificado específicamente a El Salvador como uno de los países donde la emigración está reduciendo el tamaño de la población en edad de trabajar. Según sus proyecciones, en 2054 la población salvadoreña en edad laboral sería más de 11 % mayor si no hubiese existido la migración internacional. Y esos cambios ya comienzan a ser observados.

    Aquí en el oriente del país la disponibilidad de trabajadores de la construcción y agrícolas cada ves es mas dependiente de personas extranjeras (Honduras y Nicaragua) en edad productiva. El Salvador podría pasar de ser exclusivamente un país que exporta trabajadores a necesitar también atraer trabajadores.

    En cuanto a la variable de desigualdad, en El Salvador presenta una paradoja: aunque el país ha logrado reducirla significativamente en las últimas dos décadas, sigue existiendo una profunda diferencia en las oportunidades y condiciones de vida entre distintos grupos de la población.

    El coeficiente de Gini pasó de 51.5 en 2000 a 39.8 en 2023, colocando a El Salvador entre los países con menor desigualdad de ingresos de América Latina. Sin embargo, esta mejora se ha detenido e incluso revertido ligeramente después de la pandemia. Entre 2019 y 2023, la pobreza aumentó de 22.8% a 27.2%, mientras que los ingresos de los hogares de menores recursos permanecieron por debajo de los niveles de 2019.

    El problema, por tanto, ya no puede medirse únicamente por el promedio nacional: persisten grandes diferencias según territorio, educación, empleo y acceso a oportunidades. Las remesas han contribuido a sostener el consumo de numerosos hogares pobres, pero no sustituyen la generación de empleos productivos ni la inversión en capital humano. En un país que además envejece y pierde población joven por la emigración, reducir las desigualdades de oportunidades será fundamental para evitar que el crecimiento económico beneficie principalmente a quienes ya están mejor posicionados. El África salvaje, no es más salvaje que mi tierra.

  • Huelga de Hambre, acción soberana de los sin derechos

    Huelga de Hambre, acción soberana de los sin derechos

    La huelga de hambre ha sido un recurso usado por numerosas personas en todos los rincones del mundo para reclamar derechos, o simplemente para llamar la atención sobre una situación que se considera injusta.

    Es una decisión sumamente peligrosa en la que se pone en riesgo la propia vida o se corre el peligro de padecer consecuencias muy lastimosas. Es una acción que se aproxima al suicidio, con la particularidad, de que el deceso puede convertirse en una larga y agotadora agonía.

    No pongo en dudas, que si se realizara una investigación sobre cuáles han sido los países donde sus ciudadanos han realizado más huelga de hambre en los últimos sesenta años, Cuba esté situada en unos de los tres primeros lugares, a pesar de que exigen numerosas pruebas de que al totalitarismo castrista los huelguistas de hambre y lo que les resulte las protestas le es indiferente.

    Llevo muchos años tratando de llamar la atención sobre los huelguistas de hambre. He abordado este tema en numerosas ocasiones, porque aún, cuando las demandas sean cumplidas, el huelguista sobrevivirá con secuelas que afectaran duramente sus condiciones de vida.

    El primer muerto en huelga de hambre en Cuba fue el líder estudiantil Pedro Luis Boitel, 25 de mayo de 1972. Su angustia fue larga, 52 días. Él ya había realizado numerosas huelgas de hambre con anterioridad, razón por la cual sus condiciones físicas no eran las mejores.

    Boitel, como el resto de los huelguistas de hambre en cualquier lugar del mundo, demostró una entereza moral, un coraje para asumir lentamente una muerte inevitable, que aun quienes rechazan esa forma de demandar sus derechos o demandar respeto a su dignidad, sienten admiración por la capacidad de entrega de esas personas a la causa que defienden.

    La tiranía castrista ha sido responsable de la muerte de al menos 14 prisioneros políticos durante estos 67 año de opresión y es de esperar, ojalá no sea así, que esa dolorosa relación aumente porque no faltan cubanos que, parafraseando a Jose Martí, aunque haya muchos hombres sin decoro hay otros que lo tienen para repartir, como ha hecho el periodista y director de la agencia independiente de noticias “Santa Clara Visión” Guillermo del Sol Pérez, en huelga de hambre desde el 13 de agosto del año en curso.

    El periodista independiente en huelga de hambre no reclama nada para él. Su sacrificio voluntario requiere que 18 prisioneros políticos sean liberados y reprocha al régimen  la revocación de la libertad de Leonel Tristá, manifestante de las masivas protestas antigubernamentales del 11 de julio de 2021, condenado a 8 años de prisión y quien, a finales de junio, realizó otra huelga de hambre en la Tercera Unidad de la PNR de Santa Clara.

    Sol Pérez, padece de dos enfermedades crónicas, hipertensión y diabetes, a lo que debemos agregar su edad, más de cincuenta años y su participación en otras huelgas como una que realizo, más de 40 días, en el 2019, en la que fue expulsado del hospital Arnaldo Millian Castro de la ciudad de Santa Clara.

    El hijo del huelguista, Adrián, hizo saber, según reseña de la publicación cubana libre 14ymedio que su padre “Tiene dificultad para hablar, se ve medio desorientado. Presenta dolores en algunas articulaciones y dolores en los riñones. Tampoco ha podido orinar hoy y es preocupante ya la situación debido al paso de los días y que el reloj biológico no perdona”, agrega su hijo.

    Leyendo estas declaraciones de la publicación cubana sentí un profundo escalofrío al recordar el testimonio de Osvaldo Figueroa Vázquez, compañero de presidio que asumió la responsabilidad histórica de llevar un diario de la huelga de hambre de Pedro Luis Boitel.

    “Maqueca” como le decimos a Figueroa, escribió en el diario publicado por Ángel de Fana, lo que reitero en el documental “Boitel, Muriendo a Plazos” del realizador Daniel Urdanivia y producido por el Instituto de la Memoria Histórica Cubana contra el totalitarismo, algo muy parecido a lo dicho por Adrián, el hijo de Guillermo del Sol Pérez, “Se enjuagó la boca porque la botó. No tomó ayer ni orinó en todo el día. Hoy tampoco lo ha hecho”. Pedro, falleció dos días después.

    *Pedro Corzo es periodista cubano

     

  • Serie: Los grandes de la Criminología. El paradigma de David Canter: hacia una cuantificación empírica del perfil criminal

    Serie: Los grandes de la Criminología. El paradigma de David Canter: hacia una cuantificación empírica del perfil criminal

    Para un profesional, estudiante, lector o espectador promedio, la elaboración de perfiles criminales está ligada a la imagen del «perfilador de Hollywood o de series»: un agente atormentado que, tras pisar la escena del crimen y cerrar los ojos, experimenta una revelación que le revela el rostro del asesino. Como criminólogo, siempre he visto esta romantización con profundo escepticismo, pues el análisis del comportamiento criminal no es un acto de clarividencia. Es, y debe ser, una ciencia. Es aquí donde honro la figura de David quien nació el 5 de enero de 1944 en Londres, Reino Unido. Reconocido psicólogo británico, considerado el pionero y principal desarrollador de la psicología investigativa y el perfilamiento geográfico criminal, disciplinas aplicadas en la criminología y la resolución de delitos complejos.

    Se erige como un pilar fundamental, siendo el artífice de una revolución que despojó a la perfilación de su aura esotérica para dotarla de un rigor estadístico irrefutable.

    David Canter ha dejado un extraordinario legado a la criminología y a las ciencias de la conducta criminal, en mi opinión su mayor aporte a la criminología no provino de la psiquiatría forense tradicional, sino de un campo aparentemente inconexo: la psicología ambiental. Antes de sumergirse en las mentes de los asesinos o violadores en serie, Canter estudiaba cómo las personas interactuaban con su entorno, los edificios y los espacios físicos. Su genialidad radicó en aplicar esta misma premisa a los agresores. Para Canter, el criminal no es un «monstruo» errático y ajeno a las leyes de la sociedad; es un individuo que se mueve, habita y opera dentro de una zona de confort espacial. Esta perspectiva desmitificadora cambió para siempre las reglas del juego.

    La cristalización de su teoría ocurrió en 1986, con el tristemente célebre caso del «Violador del Ferrocarril» en Londres. Mientras Scotland Yard se encontraba en un callejón sin salida procedimental, Canter no recurrió a la intuición, sino a los datos. Mapeó geográfica y temporalmente la distribución de los ataques. Su análisis espacial concluyó que el agresor debía residir en una zona específica, tener conocimientos avanzados del sistema ferroviario y poseer un historial personal particular. Cuando John Duffy fue capturado, el informe de Canter coincidió en trece de los diecisiete rasgos predictivos. No hubo magia; hubo cartografía del comportamiento.

    Este hito fundó lo que hoy conocemos como «Psicología Investigativa». La aportación teórica central de Canter fue transformar el análisis criminal en una disciplina eminentemente cuantitativa y contrastable. Mientras que el modelo tradicional del FBI (la Unidad de Ciencias del Comportamiento) se basaba en gran medida en la experiencia cualitativa de sus agentes y en entrevistas a reclusos, Canter introdujo el uso sistemático de bases de datos, análisis estadístico y la validación de hipótesis.

    Canter postuló el principio de «consistencia del comportamiento»: la premisa de que la forma en que un delincuente comete un crimen es un reflejo directo de sus interacciones cotidianas no criminales. Es decir, las acciones de un sujeto en la escena del crimen son un eco de su personalidad en la vida diaria, y sus áreas de ataque están ancladas a sus mapas mentales rutinarios (sus rutas al trabajo, su hogar o sus zonas de ocio).

    Desde una perspectiva criminológica, el legado de David Canter es incalculable. Nos enseñó que el análisis de la conducta criminal exige el mismo rigor metodológico que la recolección de evidencia de ADN. Nos legó las bases del «perfilamiento geográfico», una herramienta técnica que hoy es indispensable en las agencias de inteligencia y seguridad de todo el mundo para acotar zonas de búsqueda y optimizar recursos policiales.

    David Canter sacó a la perfilación criminal de las sombras de la especulación subjetiva y la llevó a la luz de la ciencia empírica. Hoy, en la era del Big Data, inteligencia artificial, y los algoritmos predictivos aplicados a la seguridad pública, su enfoque pionero es más relevante que nunca. Nos recuerda cada día, con contundencia científica, por medio de evidencia, que los criminales dejan un rastro mucho más revelador que una huella dactilar: dejan la huella indeleble de su propia cotidianidad plasmada en el espacio que vulneran. El doctor Canter continúa siendo en agosto del 2026 una figura muy activa y respetada en el ámbito académico y de la criminología, ostentando el título de Profesor Emérito de Psicología en la Universidad de Liverpool. Además, continúa dirigiendo el Centro Internacional de Investigación en Psicología Investigativa en la Universidad de Huddersfield. Es de alta relevancia trabajar a diario con los investigadores, policías, fiscales y criminólogos el desarrollo del sentido común y habilidades blandas.

    *Por Ricardo Sosa / Doctor y Msc. en Criminología / @jricardososa / www.ricardososa.net

  • Hacia una humanización de la educación (I)

    Hacia una humanización de la educación (I)

    Necesitamos a más docentes que lleguen al aula a humanizar a sus alumnos, que les hagan conciencia de todo lo que los rodea. Los docentes, en todos los niveles, tienen el compromiso de educar a los estudiantes en muchos sentidos.

    Un consejo para padres de familia y docentes, especialmente a los que cuidan y educan a los niños. No permitan que los niños pasen todo el día frente a una tablet. No permitan que las tecnologías los deshumanicen.

    Me molesta ver videos o escritos en donde mencionan que los padres de familia tienen la culpa, en gran medida, de que sus hijos sean una generación que ya ni respeta a los maestros o semejantes. Los mismos padres de familia están permitiendo que la escuela vaya transformándose.

    Los centros escolares no son lugares únicamente para corregir conductas, son lugares para transformar a los seres humanos. Los estudiantes aprenden valores, civismo, urbanidad y todo lo que contribuye a formar seres humanos excepcionales. Lástima que los padres de familia, según investigaciones, no estén ejerciendo el papel indicado. Tal parece que el celular es la niñera de sus hijos.

    Por lo tanto, la escuela no es tampoco una clínica psicológica o emocional; sin embargo, los maestros hacen el papel de psicólogos. Tienen que aconsejar a sus discentes. Se ven en la tarea de escuchar tantas historias, las cuales son problemas que tienen que ver con la separación de los padres u hogares disfuncionales, problemas económicos, ansiedad, etc.

    En el ensayo que escribí, La escuela transformadora que queremos en El Salvador, analizo lo siguiente: “Otro factor que también se debe tomar en cuenta es la salud mental; este es un tema que poco se aborda en la escuela que queremos y la clase social o el tipo de centro escolar. Aunque muchos colegios privados cuentan con psicólogos, las escuelas públicas adolecen de programas de salud mental. Es importante que los estudiantes se encuentren mentalmente bien para poder desarrollar sus habilidades”.

    En El Salvador, hemos atravesado diferentes conflictos que afectan a la escuela, la guerra civil y las pandillas minaron la conciencia y la psiquis de muchos niños y jóvenes. Es importante colaborar en equipo: escuela, Ministerio de Educación, directivas de padres de familia y la sociedad, a que la educación ayude a las nuevas generaciones a transformar al ser humano y al país.

    Los docentes hemos tenido que escuchar tantas desgarradoras historias. Nos ha tocado prevenir incluso suicidios. Es acá en donde debe haber más charlas en las escuelas de padres. Se debe abordar temas que podrían ser complejos, sin embargo, son cruciales para poder tener a ciudadanos buenos.

    No debemos permitir que lo moderno venga a destruir la misión y visión de la escuela. Actualmente, la inteligencia artificial (IA), las redes sociales y el mismo celular han venido a cambiar hábitos fundamentales para el proceso educativo. Además, se lee y evidencia en redes sociales que los maestros deben adaptarse a las nuevas tecnologías y que deben estar atentos para que los estudiantes no pierdan el pensamiento crítico, la ética, la empatía y la socialización. Se está dando a entender que los maestros estaremos solo para ir adecuando la información.

    ¿Qué papel juega el maestro cuando ha ido perdiendo el respeto? Los tiempos han cambiado, las normativas y leyes han destruido el enfoque principal que acompañaba a un profesor. Adaptarse a los cambios, a la educación virtual, ha hecho perder el protagonismo de los docentes.

    Es crucial que los planes de estudio se adapten en la enseñanza del civismo, urbanidad y valores. Cuanto más se enseñen esos temas, tendremos a mejores ciudadanos. Hasta en las mismas universidades se ven a estudiantes enfocados en “su propio yo”. Ya no saludan. Además, es importante que se les enseñe a los estudiantes la realidad del país, tal como lo manifestó el educador cubano José Martí.

    Es fundamental que se haga conciencia en las escuelas sobre la importancia de los valores y del respeto y se incentive la enseñanza, con ejemplos, sobre normas de urbanidad. La escuela transforma a los seres humanos en muchos sentidos. Todo lo que se aprende es útil; sin embargo, es tarea de cada maestro enseñar a sus estudiantes a ser personas ejemplares y útiles a la sociedad.

    *Fidel López Eguizábal, Docente e investigador Universidad Nueva San Salvador

    fidel.lopez@mail.unssa.edu.sv

     

  • El Niño no es culpa del Gobierno; la respuesta sí

    El Niño no es culpa del Gobierno; la respuesta sí

    Esta mañana, mientras disfrutaba mi desayuno, escuché la entrevista que el programa Frente a Frente le hacía al licenciado Luis Treminio, presidente de la Cámara Salvadoreña de Pequeños y Medianos Productores Agropecuarios (CAMPO).

    Vivo en el oriente del país y estoy experimentando en carne propia los efectos del fenómeno de El Niño, que nos ha traído una sequía brutal, temperaturas exorbitantes y una grave afectación de cultivos tradicionales como el maíz y el frijol.

    Los fenómenos naturales, indudablemente, no son responsabilidad de los gobiernos; sí lo son, sin embargo, las respuestas destinadas a mitigar sus efectos. Nuestro Gobierno oculta información y mantiene a la población en la oscuridad frente a un problema cuya gravedad podría aumentar: la inseguridad alimentaria, que, según expertos internacionales, empeorará en 2027.

    Más calor, menos agua y menor producción agrícola: esa es la ecuación que amenaza el futuro alimentario del país.

    ¿Pero que es el fenómeno del niño? ¿Y está relacionado al calentamiento global?

    El fenómeno de El Niño fue identificado en los 1600 inicialmente por pescadores españoles del norte del Perú, quienes observaron que, cerca de Navidad, aparecía una corriente de aguas cálidas que reducía la pesca. Por esa razón la llamaron El Niño, en referencia al niño Jesús. Aunque el fenómeno era conocido desde mucho antes, su primera descripción científica formal se registró en Lima en 1892, aunque se sabe que el fenómeno ha existido por miles de años en nuestro planeta. Con el desarrollo de la climatología, se comprendió que no se trataba únicamente de una corriente local, sino de un calentamiento anómalo del Pacífico ecuatorial que altera las lluvias, las temperaturas y la actividad pesquera en diversas regiones del mundo.

    El Niño no es causado directamente por el calentamiento global. El Niño es un fenómeno natural y periódico del sistema océano-atmósfera, mientras que el calentamiento global se debe principalmente a la acumulación de gases de efecto invernadero producidos por la actividad humana. Algunos científicos explican que podría existir una relación simbiótica entre ambos fenómenos. El Niño es como un impulso temporal de calor sobre una tendencia permanente de calentamiento global. Esa combinación puede explicar por qué una sequía asociada al fenómeno resulta más severa para la agricultura, el agua y la seguridad alimentaria.

    Las consecuencias para la salud publica y la sobrevivencia de civilizaciones han sido devastadoras históricamente. Entre 1876 y 1878 se produjo una sequía de alcance excepcional en regiones de Asia, África y Sudamérica. El episodio coincidió con un El Niño muy intenso, además de condiciones anómalas en el océano Índico y el Atlántico. La combinación provocó malas cosechas, hambrunas y epidemias en India, China, Brasil y otras zonas.

    Algunas investigaciones estiman que la crisis causó más de 50 millones de muertes, aunque la cifra es aproximada y existe incertidumbre en los cálculos históricos. Las muertes se debieron principalmente al hambre, la deshidratación, las enfermedades y la vulnerabilidad de las poblaciones afectadas, no directamente al calentamiento del océano.

    La magnitud de la tragedia estuvo relacionada con factores sociales y políticos, algunos que me recuerdan a El Salvador: sistemas agrícolas dependientes de las lluvias, escasas reservas de alimentos, respuestas gubernamentales insuficientes o tardías. Ese antecedente no significa que el episodio actual vaya a provocar una catástrofe semejante. Sí demuestra que un fenómeno climático severo puede convertirse en una tragedia humanitaria cuando coincide con pobreza, falta de información, baja producción agrícola y una respuesta institucional deficiente.

    Según las estimaciones disponibles de CAMPO, El Salvador enfrenta actualmente un faltante de maíz y frijol, en conjunto, de aproximadamente 3.29 millones de quintales para el ciclo agrícola 2026-2027. Estas cifras todavía son proyecciones, no un balance definitivo de cosecha. El déficit podría aumentar si continúa la sequía y se pierden más cultivos, especialmente en el oriente del país.

    Un especialista del CESTA ha planteado un escenario más grave: hasta 10 millones de quintales de déficit de maíz y cerca de 1.5 millones de quintales de frijol. Como es costumbre el gobierno se abstiene de comunicar a sus ciudadanos una cifra única oficial y consolidada que incorpore plenamente las pérdidas de la sequía en la cosecha 2026-2027.

    El déficit no significa automáticamente que el país vaya a quedarse sin alimentos. Puede cubrirse mediante importaciones, reservas estratégicas, apoyo a la producción, riego y ayuda focalizada. El problema aparece cuando esas medidas son tardías, insuficientes o poco transparentes. Como lo que actualmente observamos.

    *El Dr. Alfonso Rosales es médico epidemiólogo y consultor internacional.

  • “Izquierdas”

    “Izquierdas”

    La toma de posesión presidencial en Colombia el pasado viernes 7 de agosto, me revolvió el estómago por varias razones. Una tiene que ver con quien asumió el cargo: Abelardo De la Espriella, fundador y líder de Defensores de la Patria cuya bandera lo arropó para triunfar en las elecciones realizadas en primera y segunda vuelta el 31 de mayo y el 21 de junio. Le terminó ganando “por un pelito” a Iván Cepeda, candidato del Pacto Histórico: menos de un minúsculo punto porcentual. Así, Gustavo Petro ‒el mandatario  saliente‒ se sumó a sus colegas de una variopinta “izquierda” latinoamericana cuyos potenciales sucesores fueron derrotados en las urnas. Entre estas figuras, acompañan al colombiano la hondureña Xiomara Castro y Gustavo Boric en Chile, quienes finalizaron sus mandatos este año; antes, en diciembre del 2023, fue Alberto Fernández el sustituido en Argentina por el impresentable Javier Milei.

    De este último no hay mucho por decir; como sostienen en México, solito se balconea. Pero cabe señalar que es un ultraderechista lambiscón de Donald Trump, al igual que De la Espriella. Además, ambos personajes del sur continental se decantan por el mal llamado “modelo Bukele”.  ¿Qué más decir del recién “coronado”? Durante su campaña proselitista aseguró que “el enemigo más grande que tiene el cristianismo es el comunismo” y que él era “el enemigo más grande que tiene el comunismo”. Eso sostuvo en medio de un calenturiento ambiente preelectoral, dejando clara su postura polarizante frente al proyecto de Cepeda quien proponía “tres revoluciones”: la ética, primero, la social y económica luego, para sumar a estas la política.

    Más allá del insípido postulado enarbolado por De la Espriella y la oferta idealista de Cepeda, conviene escarbar un poco en la particular trayectoria del primero antes de lanzar su candidatura. De 48 años al día de hoy, es abogado y empresario. Su bufete jurídico defendió un tiempo a David Murcia Guzmán, su paisano procesado en Colombia y Estados Unidos de América por actividades ilegales relacionadas con captación masiva de dinero y lavado de activos; dicha defensa fue calificada como “férrea” mientras duró. Eso ocurrió en el 2008.

    Un año antes, fue parte del equipo jurídico que representó a integrantes de grupos paramilitares de extrema derecha conectados con gobiernos afines de su país. Asimismo, en el 2016 defendió a Jorge Pretelt; este, siendo magistrado de la Corte Constitucional, fue retirado del cargo y en el 2019 resultó condenado por la Corte Suprema de Justicia tras ser acusado por el delito de concusión, una variante de la corrupción ejercida por funcionarios públicos. Y del 2013 al 2019 el ahora presidente colombiano fue abogado de Alex Saab, compatriota suyo y oscuro personaje vinculado a Nicolás Maduro; actualmente, Saab también guarda prisión en territorio gringo.

    Además, es confeso seguidor de Trump de quien recibió abierto apoyo previo y rápidas felicitaciones tras el resultado a su favor; el estadounidense declaró que era un “honor” brindarle “su respaldo completo y total”. Asimismo, De la Espriella se entiende perfectamente con Milei ‒“el tigre” y “el león”, se autonombran‒ y admira a conservadores radicales de antes como Margaret Thatcher, Silvio Berlusconi y Ronald Reagan; también a su paisano Álvaro Uribe y la italiana Georgia Meloni.

    Un lugar especial en ese catálogo de derechistas extremos lo ocupa Nayib Bukele. Se habla de un cierto parecido físico; a ello hay que agregar otras similitudes. Cito cuatro: la mercadotecnia publicitaria de sus imágenes, los lazos comerciales entre sí ‒que comenzaron a cocinarse antes de la toma de posesión del colombiano‒ y la “mano dura” en materia de seguridad que incluye las llamadas “megacárceles”, de las cuales De la Espriella ofreció construir diez. Además, ambos abrazan al Israel de Netanyahu; por ello, sin importar el terremoto que impactó la patria de García Márquez, el recién estrenado presidente no tuvo empacho en anunciar que movería su embajada a Jerusalén y reconocer la “soberanía” israelí sobre los Altos del Golán.

    A diferencia de Colombia, donde el partido de “izquierda” únicamente administró el Ejecutivo durante cuatro años para perderlo por un escasísimo margen de votos, en El Salvador la exguerrilla lo controló una década; es decir, dos veces. Pero sus desaciertos le abrieron las puertas de dicho Órgano gubernamental a Bukele, quien luego se tomó todo el aparato estatal y parece que planea eternizarse al frente del  mismo. Considerando todo lo anterior, la parte dolorosa de nuestra memoria histórica nacional y regional debería también contemplar el análisis intenso y descarnado de las cagadas de las “izquierdas”, para intentar aprender a profundidad la esencia de sus lecciones. Una de estas es no confundir cambios de gobernantes con cambios estructurales.