Categoría: Opinión

  • La UES debe mantener el examen de admisión y actualizarse

    La UES debe mantener el examen de admisión y actualizarse

    Cuando en 1985 comenzamos a estudiar la licenciatura en Periodismo en la Facultad de Ciencias y Humanidades de la Universidad de El Salvador (UES) éramos 180 estudiantes de nuevo ingreso en la carrera, de los cuales ni la tercera parte logramos culminar en seis años los estudios (tesis incluida). Algunos se graduaron después de más de una década de estudios, porque no iban a tiempo completo o porque aplazaban alguna asignatura. Hubo quienes dejaron de estudiar por diferentes factores. La mayoría no se graduó.

    Para entrar a la UES nos sometimos a una evaluación psicológica y de aptitudes. Los aspirantes a estudiar Periodismo superábamos los 500, pero se supone que sólo escogieron a los que teníamos aptitudes y mejores notas de bachillerato. Aún así, la cantidad fue grande, pero era porque la UES venía de un cierre y necesitaba masificar los ingresos en todas sus facultades para justificar la necesidad de su existencia en un contexto político, económico e ideológico. En 1985 éramos más de 40 mil estudiantes en las diferentes carreras ofrecidas por la UES en sus ocho facultades y sus tres sedes regionales,

    En mi caso comencé a impartir clases en calidad de instructor en 1989 y ya como catedrático en 1990 y siempre tuve problemas con los grupos masivos de nuevo ingreso, donde el porcentaje de alumnos aplazados era grande, a pesar que se habían sometido a examen para estudiar la carrera. Aprendí a conocer a los estudiantes que iban a culminar la carrera y a quienes se iban a quedar a medias, por falta de aptitud, vocación o porque en definitiva lo suyo no era el estudio.

    Siempre sostuve y lo sigo sosteniendo que la Universidad de El Salvador no es para los pobres o ricos, pues debe ser para los mejores y que a los mejores que no tienen posibilidad de estudiar por su nivel de pobreza, hay que garantizarle el acceso a través de una beca completa que incluya alimentación, residencia, implementos de estudios y las mejores condiciones para que desarrolle todo su potencial y una vez graduado que brinde su aporte al desarrollo de la nación.

    Antes de los 80 la universidad contaba con residencias estudiantiles donde vivían los estudiantes becados y los del interior del país. Se les daba estipendio para sus gastos básicos de alimentación y estadía. Los cierres militares obligaron al cierre de las residencias y las posteriores diferentes autoridades de la UES jamás tuvieron en sus planes reabrirlas.

    Quienes aspiran a ser estudiantes de la UES deben someterse a exámenes, de tal manera que supuestamente se seleccionan a los mejores para cada carrera que se ofrece. Los hijos de los empleados  docentes y administrativos tienen acceso automático, lo cual me parece que va en detrimento de lo justo y democrático, pero así son las cosa y son derechos ganados por la lucha sindical, la cual me parece aceptable aunque no comparto la misma.

    La semana pasada se conoció que el Sindicato de empleados de los Trabajadores de la Universidad de El Salvador (SETUES) exigió a las autoridades de la UES  anular el examen de admisión de Nuevo Ingreso e implementar una política de «puertas abiertas e ingreso masivo».  Es decir, volver a la época del pleno conflicto armado cuando política e ideológicamente era necesario masificar el ingreso universitario, para justificar una lucha social y la formación de cuadros ideologizados o manipulados con fines alienantes.

    El sindicato sostiene que su petición es por la baja sensible en los registros de aspirantes, ya que en años anteriores hubo hasta 24 mil y este año solo 12 mil registros, lo cual afirman afectaría a  jóvenes de escasos recursos que terminan buscando opciones en la educación privada.

    El sindicato tiene razón en cuanto a la baja de aspirantes, pero la solución no está en suspender la prueba de admisión, sino en exigir una actualización generalizada de los pensum académicos, así como la apertura de nuevas carreras que la sociedad demanda con base a los tiempos modernos. Hay carreras saturadas, cientos o miles de jóvenes que obtienen un título y no pueden trabajar en su profesión porque el mercado ya está saturado o porque sencillamente se acabó la oferta laboral, no obstante, hay necesidades que no son cubiertas por la UES formando profesionales en esas áreas. Entonces el sindicato debe exigir que la universidad responda a las necesidades de la sociedad, pero no eliminar los procesos de admisión, lo cual es una deficiencia académica.

    Según el sindicato, la UES cuenta con la  infraestructura idónea para albergar a más estudiantes, además, cuenta con los procedimientos de ley para exigir o gestionar recursos ante el Estado. Esto también es cierto, pero insisto el problema es que no se ha efectuado un análisis de lo que la universidad ofrece y la sociedad demanda. Hay carreras que deben cerrarse y otras que deben abrirse.

    Los empleados agrupados en el Sindicato también piden  a las autoridades universitarias transparentar  el programa de becas, ya que denunciaron que hay becarios sin pago desde julio pasado. Por supuesto la UES debe ser transparente y rendir cuentas ante los salvadoreños en general y ante su comunidad y si hay atrasos en el traspaso de los fondos del Estado a las arcas de la UES; pues cabe hacer la denuncia pública, pero si hay algún error administrativo o alguna acción corruptiva, igual debe poner en la palestra pública dicha situación y proceder conforme a la ley.

    Como profesional que estudié y me gradué de la UES donde tuve el privilegio de impartir clases, creo que la solución no es volver a los ingresos masivos, porque la UES debe ser gratuita para los mejores sin importar su clase social. A los pobres hay que estimularlos con becas completas. Por su naturaleza académica, investigativa  y de proyección social la UES está obligada a diversificar y actualizar  su propuesta de oferta de carreras para contribuir al desarrollo nacional.

    *Jaime Ulises Marinero es periodista

     

     

     

  • Las grandes traiciones de Pedro Sánchez

    Las grandes traiciones de Pedro Sánchez

    Finalmente, luego de romper todos los récords de descaro político, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, tomó la decisión de disolver las Cortes y convocar a elecciones para los últimos días del próximo mes de noviembre. El fraccionamiento de su indigesta coalición de partidos, formada en 2023 a contrapelo de la decisión de los votantes, se descalabró por fin bajo el peso abrumador de la realidad.

    Y es que aquello, bien mirado, no daba para más. Las grandes traiciones de Sánchez, acumuladas sobre la espina dorsal del país, han terminado produciendo el quiebre que amenaza su continuidad en el Palacio de la Moncloa. Si ya la persistencia cansa, la infame contumacia en el poder solo puede producir adefesios.

    El gobernante Partido Socialista Obrero Español (Psoe) tiene ahora todas las encuestas en contra. La abrupta entrada de decenas de miles de marroquíes en Ceuta, hace unos meses, le complica el panorama electoral tanto como podría hacerlo la inocultable crisis habitacional, dramáticamente humanizada por el caso de una anciana, Maricarmen Abascal, que fue obligada a salir de su piso madrileño con 87 años a cuestas.

    El presidente del Gobierno quisiera que estos asuntos tan feos no le salpicaran, pero eso es imposible tras ocho años de obstinado alargue en la misma silla. Hoy sufre Pedro Sánchez las consecuencias directas de su propia forma de plantear la política como un arte de mera sobrevivencia.

    El lío de la vivienda asequible, al menos en España, lleva mucho tiempo cebándose en la clase media. Tratar de responsabilizar a la oposición de este delicado tema es otro de los actos de prestidigitación que los ciudadanos ya no parecen dispuestos a tolerarle al Psoe.

    Lo de Ceuta, igual. El Gobierno carece de autoridad moral para escurrirse de un problema que se ha visto agravado por su negligencia y, a veces, también por sus acciones. Sánchez ha procrastinado con la situación de Marruecos todo lo que ha querido, promoviendo al mismo tiempo una inconveniente agenda de regularización migratoria masiva. Tamaña incongruencia, en cualquier punto fronterizo, iba a estallarle tarde o temprano.

    A las crisis anteriores se suma un rosario de escándalos de corrupción que ya pusieron tras las rejas a varios líderes del Psoe, incluyendo a dos de los más altos cargos de la estructura partidaria. El entramado es una mezcla pestilente de contratos amañados, tráfico de influencias, rescates millonarios, aprovechamiento de emergencias sanitarias e intentos mafiosos de obstaculizar la justicia. Como ya se ha señalado en esta columna, la implicación legal del ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero en varios de estos contubernios no hace sino confirmar el carácter transnacional del ecosistema corrupto instalado en la política española.

    Con tantos frentes abiertos a la vez, Pedro Sánchez ha creído que quizá su única oportunidad para evitar el desastre total sea adelantar elecciones, esperando que la movilización social por los desahucios habitacionales le permita disfrazarse de indignado y antes de que los tribunales, aglomerando testigos e imputados, sigan exhibiendo la podredumbre oficialista a punta de titulares.

    Pero todo lo anterior, si bien explica el derrumbe del Psoe, también muestra la sobrecarga de veneno inyectada en su herencia política. Gracias a no haber arreglado uno solo de los grandes problemas de España, los ocho años de sanchismo han conseguido empeorar las cosas hasta rozar los límites. Si Alberto Núñez Feijóo, líder del Partido Popular, consigue formar gobierno uniendo fuerzas con Vox, esa formación ultraconservadora, lo que llegará a sus manos será un ramillete de bombas de relojería. Nadie le dará tregua.

    Los perdedores del 29 de noviembre, además, se encargarán de mantener encendidas las calles, estirando al máximo ese enfado que los españoles están comenzando a expresar. Porque, como ya sabemos, la plaza pública se convierte en la oficina del socialista desalojado del poder; desestabilizar es la principal de sus tareas cuando ha perdido, por inepto, la responsabilidad de gobernar.

    Mientras tanto, el hambre de soluciones permanecerá incólume, junto a la demanda continua de inteligencia y creatividad para definir esas soluciones, buscar los necesarios consensos, sortear las previsibles trampas y ejecutar las consiguientes aplicaciones. Porque la deuda del país seguirá por las nubes, la necesidad de vivienda continuará elevada y la ebullición se prolongará todavía algún tiempo en los enclaves fronterizos con Marruecos.

    Y otras atávicas cuestiones, como los forcejeos autonómicos, reclamarán de nuevo la atención. No se olvide que el nacionalismo, al decir del periodista Alfredo Urdaci, “es como el león: la única manera de satisfacerlo es dejándole que te coma”.

    Pero volviendo al embrollado Pedro Sánchez, es indudable que sus cálculos van más allá de las próximas elecciones. Necesita con urgencia mantenerse como líder indiscutible de una futura oposición esmerada en convertir el paso gubernamental del PP y Vox en un fracasado paréntesis. Hasta eso, sin embargo, podría salirle mal –de hecho, bastante mal– si las urnas llegaran a confirmar el enorme repudio que hoy le escupen los sondeos de opinión.

  • El fracaso que no contamos

    El fracaso que no contamos

    Desde los cinco años fui soñadora. Mientras otros niños encontraban diversión en los juegos, yo encontraba oportunidades en las cosas más sencillas. Recuerdo que hacía limpieza y le cobraba a mi mamá, Milagro, por ese trabajo. Quizá ella veía a una niña inquieta que buscaba ganarse unas monedas; yo, sin saberlo, estaba descubriendo algo que me acompañaría toda la vida: las ganas de hacer, de vender, de crear y de encontrar una manera de salir adelante por mis propios medios. No sabía qué era emprender, pero ya tenía la inquietud de construir algo mío.

    Al llegar a la adolescencia, comencé a vender de todo en la universidad. Después, cuando entré al mundo laboral, seguí haciéndolo. Siempre encontraba algo que ofrecer, una oportunidad que aprovechar o una idea que podía convertirse en ingreso. Vender era mucho más que una forma de ganar dinero: era parte de mi personalidad, de mi manera de relacionarse con el mundo y de esa convicción de que siempre había una posibilidad esperando ser descubierta. Con el tiempo, esa inquietud se convirtió en experiencia, y la experiencia me llevó a imaginar algo más grande.

    A mis 30 años decidí apostar por mí y abrir mi propia agencia de comunicaciones y relaciones públicas. No estaba comenzando desde cero: llevaba conmigo años de trabajo, aprendizajes, relaciones profesionales y una vocación que había ido tomando forma. Pensé que el camino sería de crecimiento, que el esfuerzo se traduciría en resultados y que, con determinación, podría construir una empresa capaz de sostenerse y evolucionar. Como muchas mujeres que emprenden, tenía sueños, objetivos y la certeza de que estaba preparada para dar el siguiente paso. Lo que no imaginaba era que, en algún momento, tendría que enfrentarme a una de las preguntas más difíciles de mi vida: ¿qué sucede cuando aquello que construiste con tanta ilusión deja de avanzar como esperabas?

    Porque emprender no siempre es crecer. A veces es resistir, ajustar, equivocarse y volver a calcular. Hay temporadas en las que las oportunidades llegan, los clientes confían y las ideas encuentran su lugar; otras, en cambio, las cuentas no cuadran, las decisiones pesan y el futuro parece menos claro de lo que imaginábamos. En ese recorrido hubo momentos en los que dudé si debía continuar, si tenía sentido seguir invirtiendo energía en mi proyecto o si había llegado el momento de tomar otro camino. Y reconocerlo no fue sencillo. Cuando has dedicado tanto de ti a construir algo, pensar en detenerte se siente como cuestionar no solo tu negocio, sino también tu capacidad, tus decisiones y la versión de ti misma que soñó con hacerlo realidad.

    Creo que de esto hablamos muy poco cuando contamos historias de emprendimiento, especialmente las de mujeres. Nos encanta compartir los casos de éxito, las fotografías de inauguraciones, los reconocimientos y las cifras de crecimiento. Celebramos a quienes se atrevieron a comenzar, pero rara vez preguntamos qué pasó cuando las cosas dejaron de funcionar. ¿Cuántas noches de preocupación hay detrás de una empresaria que sonríe en una reunión? ¿Cuántas veces ha tenido que revisar sus números, contener el miedo y encontrar respuestas mientras intenta transmitir seguridad a su equipo, sus clientes o su familia?

    Existe un fracaso que no siempre se ve, porque muchas aprendimos a guardar las dificultades y a seguir adelante como si reconocerlas nos hiciera menos capaces.

    Para las mujeres, además, emprender puede implicar una carga que va más allá de sostener un negocio. A las expectativas profesionales se suman, en muchos casos, las responsabilidades familiares, las presiones económicas y la necesidad de demostrar constantemente que podemos ocupar el lugar que hemos decidido conquistar. Cuando un proyecto no funciona, es fácil convertir una dificultad empresarial en una sentencia personal.

    Dejamos de decir «esta estrategia no dio resultado» y comenzamos a pensar «no soy suficientemente buena». Confundimos los resultados de una empresa con nuestro valor como mujeres. Y ahí está una de las trampas más dolorosas del fracaso: permitir que lo que ocurrió con nuestro negocio determine lo que creemos que somos capaces de hacer con nuestra vida.

    Con el tiempo he comprendido que una empresa puede atravesar dificultades sin que eso signifique que su fundadora haya fracasado como persona. Un negocio depende de decisiones, recursos, condiciones del mercado, clientes, equipos y circunstancias que no siempre podemos controlar. Eso no nos exime de reconocer nuestros errores. Al contrario, nos obliga a mirarlos con honestidad. Quizá no calculamos bien los costos, crecimos antes de estar preparadas, aceptamos compromisos que no podíamos sostener o tardamos demasiado en cambiar una estrategia. Reconocerlo duele, pero es distinto asumir responsabilidad que vivir castigándonos.

    La primera nos permite aprender y actuar; la segunda nos mantiene atrapadas en una historia que ya no podemos cambiar.

    ¿Y cómo se vuelve a levantar una mujer cuando aquello por lo que ha trabajado tanto comienza a derrumbarse? No tengo una fórmula mágica, pero sí creo que el primer paso es dejar de huir de la realidad. Hay que sentarse frente a los números, revisar las deudas, identificar qué está funcionando y qué no, hablar con honestidad con las personas involucradas y tomar decisiones, aunque algunas impliquen renunciar a lo que habíamos imaginado. A veces habrá que reinventar el modelo de negocio; otras, reducir costos, buscar asesoría, renegociar compromisos o cerrar una etapa. Cerrar también puede ser una decisión responsable. La perseverancia no consiste en sostener algo a cualquier precio, sino en reconocer cuándo vale la pena insistir y cuándo es necesario cambiar de dirección.

    El segundo paso es recuperar la confianza sin confundirla con la urgencia de demostrar algo. Después de una caída, muchas veces queremos volver a empezar inmediatamente, como si el siguiente proyecto tuviera que probar que seguimos siendo capaces. Pero no necesitamos tomar decisiones desde la desesperación. Podemos detenernos, aprender, reconstruir nuestras finanzas, aceptar un empleo, estudiar, buscar nuevas alianzas o comenzar con una idea más pequeña. Antes de volver a invertir, debemos preguntarnos qué aprendimos, qué haríamos diferente, qué necesita realmente el mercado y cuánto estamos dispuestas a arriesgar.

    Empezar de nuevo no significa repetir la historia; significa utilizar lo aprendido para escribirla de otra manera. También necesitamos aprender a pedir ayuda. Durante mucho tiempo, la imagen de la mujer emprendedora fuerte ha estado asociada a la capacidad de resolverlo todo, sostener a todos y no mostrar debilidad. Pero nadie construye una empresa desde el conocimiento absoluto ni debería enfrentar sola todas sus dificultades. Hablar con otras empresarias, buscar mentores, acudir a redes de apoyo y rodearse de profesionales que puedan ayudarnos a tomar decisiones es parte de una gestión responsable. A veces, una conversación nos permite identificar una salida; otras, simplemente nos recuerda que no somos las únicas que han sentido miedo, que han cometido errores o que han tenido que comenzar otra vez.

    Hay algo más que considero importante: no estamos obligadas a volver a emprender para demostrar que somos valientes. Quizá nuestro siguiente paso sea construir otra empresa; quizá sea trabajar para alguien más, priorizar nuestra estabilidad económica o descubrir una vocación diferente. No hay menos mérito en elegir la tranquilidad después de años de incertidumbre, ni menos capacidad en reconocer que queremos una vida distinta.

    El éxito no puede convertirse en otra exigencia que nos impida vivir. Nuestra identidad es mucho más amplia que el negocio que fundamos, y nuestra experiencia conserva su valor incluso cuando los resultados no fueron los esperados.

    Cuando pienso en aquella niña de cinco años que le cobraba a su mamá Milagro por hacer limpieza, en la adolescente que vendía en la universidad y en la mujer que decidió abrir su agencia de comunicaciones y relaciones públicas a los 30 años, reconozco algo que ninguna dificultad ha podido borrar: las ganas de crear, de encontrar oportunidades y de construir. Hoy sé que ser soñadora no significa creer que todo saldrá bien; significa conservar la capacidad de imaginar posibilidades incluso después de descubrir que el camino puede ser mucho más difícil de lo que pensábamos. No quiero romantizar las caídas, porque fracasar tiene consecuencias reales y hay pérdidas que no se resuelven con una frase inspiradora. Pero tampoco quiero permitir que esas consecuencias tengan la última palabra sobre quién soy o sobre lo que todavía puedo hacer.

    Por eso, si algo quisiera compartir con las mujeres que hoy atraviesan una crisis empresarial, es que no tienen que convertir su dolor en una historia de éxito de inmediato. Primero pueden reconocer lo que perdieron, aceptar lo que salió mal y darse permiso para sentir incertidumbre.

    Después podrán revisar sus decisiones, buscar apoyo y elegir el siguiente paso con mayor claridad. Quizá no volverán al mismo lugar, ni recuperarán exactamente lo que tenían, pero podrán construir desde lo aprendido, con nuevas herramientas y una perspectiva distinta.

    Emprender requiere valentía para comenzar, pero también madurez para corregir, humildad para pedir ayuda y sabiduría para saber cuándo detenerse. Porque el fracaso puede cambiar nuestros planes, poner a prueba nuestras certezas y obligarnos a reconstruirnos, pero no tiene por qué definir nuestro destino. A veces, la verdadera medida de una emprendedora no está en cuántas veces logró crecer, sino en la capacidad de mirarse de frente, aprender de lo vivido y decidir, con libertad y dignidad, qué quiere construir a continuación.

    *Amanda Rodas, emprendedora y consultora de comunicaciones

     

  • El paradigma de la pena de prisión perpetua revisable alcanza a los primeros pandilleros criminales

    El paradigma de la pena de prisión perpetua revisable alcanza a los primeros pandilleros criminales

    La reciente resolución del Tribunal Cuarto contra el Crimen Organizado de San Salvador, que impone por primera vez la pena de prisión perpetua revisable a cabecillas y mandos de la Mara Salvatrucha (MS-13), no puede pasar desapercibida desde esta tribuna de opinión, ya que representa una reconfiguración revolucionaria en la política criminal y la penología del Estado salvadoreño. La condena a perpetuidad revisable de jerarcas como Josué Germain González Mejía, junto con las penas de 30 a 45 años dictadas contra 95 integrantes del «Programa Centro», marca el tránsito definitivo hacia un modelo punitivo de incapacitación absoluta.

    Desde el enfoque de la criminología crítica y la seguridad pública, mis áreas de estudio, interés e investigación este fallo oficializa el abandono para asesinos en serie, descuartizadores de personas, psicópatas y sociópatas, del ideal resocializador que históricamente cimentó, al menos en la teoría dogmática, el idealismo, ideas descabelladas, ocurrencias  que vinieron de otros continentes y el derecho penal latinoamericano, sin disponer de evidencia empírica por medio de la Criminología.

    Ante la fenomenología del crimen organizado de la MS-13, el Estado, en particular el gobierno por medio de su gabinete de seguridad y la Fiscalía General de la República ha adoptado una postura de neutralización permanente. Al procesar a estas estructuras bajo el andamiaje del terrorismo, el sistema de justicia criminal asume que la rehabilitación de los «corredores de programas y de clicas»  y «homeboys» es ontológicamente inviable, y que el único mecanismo para salvaguardar a la sociedad es su exclusión perpetua del ecosistema público y sobre todo porque está legislado.

    Las implicaciones operativas de esta condena masiva son profundas en el territorio. La desarticulación simultánea de 10 clicas, neutralizando focos históricos de criminalidad como el barrio San Jacinto, la comunidad Iberia y el corredor de la Universidad de El Salvador, asesta un golpe estructural a la logística de la pandilla. Al erradicar el dominio micro territorial que estas estructuras celulares criminales ejercían a través de la extorsión y la limitación a la circulación, el Gobierno de la República salvadoreño reafirma su monopolio legítimo de la fuerza, potestad del Estado, desplazando de tajo la gobernanza criminal paralela que asfixió a estas zonas urbanas durante décadas.

    Sin embargo, las repercusiones institucionales de este nuevo paradigma penal exigen un análisis y seguimiento académico riguroso. La materialización de la pena de prisión  perpetua revisable, facilitada por el contexto jurídico del régimen de excepción, consolida una arquitectura de justicia basada en el procesamiento masivo y la valoración probatoria en audiencias únicas abiertas. Aunque la eficacia inmediata en la contención de la violencia letal es estadísticamente innegable e irrefutable, este modelo traslada una presión enorme hacia el sistema penitenciario, en especial el de máxima seguridad.

    El Estado y el gobierno deberán prepararse para una transformación demográfica carcelaria sin precedentes: la custodia prolongada de una población de alta peligrosidad que envejecerá y con altísimas posibilidades que perecerá intramuros, lo que requerirá un sostenimiento presupuestario y operativo de máxima seguridad a perpetuidad.

    La inauguración de la pena de prisión perpetua revisable en El Salvador para pandilleros criminales trasciende el castigo retributivo individual; actúa como un instrumento de disuasión de máxima intensidad. Este fallo redefine el pacto social en materia de seguridad ciudadana, donde el Estado prioriza de manera absoluta la defensa de la víctima frente a las garantías futuras del victimario.

    Desde esta columna expreso mis felicitaciones al personal de la Policía Nacional Civil por medio de la Sub Dirección Nacional de Investigaciones, inteligencia, seguridad pública, Centro de Investigación Forense y otras áreas especializadas y todo el talento humano de la Fiscalía General de la República de sus áreas de Fiscalia adjunta especializada  contra la delincuencia organizada y anti pandillas por este triunfo en sede judicial especializada, todo el trabajo técnico científico valió la pena, se hace justicia para las víctimas y sus familias.

    Salmos 82:3: «Defended al pobre y al huérfano; haced justicia al afligido y al menesteroso».

    *Por Ricardo Sosa / Doctor en Criminología / @jricardososa / www.ricardososa.net

  • De las crisis actuales a las soluciones razonables

    De las crisis actuales a las soluciones razonables

    La mayoría de las gentes emplean más tiempo y energías en hablar de problemas que en afrontarlos. Dicho lo cual, bajémonos de los pedestales corruptos, si en verdad queremos hacer frente a las múltiples crisis políticas, que han de pasar a ser más poéticas; más justas económicamente, aminorando las desigualdades con acciones sociales; creando entornos más inclusivos, sostenibles y cohesionados. Indudablemente, no es suficiente con dar ayudas de emergencia; más bien hemos de dar acompañamientos de servicio incondicional, lo que nos requiere a estar en guardia ante el profundo desgaste humanitario. En efecto, la solución no pasa por mirar hacia otro lado, aislándonos del mundo, sino en  estar vigilantes para no dejarse arrastrar por el desconcierto, el recelo o la dejadez generalizada.

    El panorama no puede ser más desolador. Por desgracia, olvidamos que todos vamos en la misma barca. De hecho, en cantidad de ocasiones, se percibe que los derechos humanos no son idénticos para todos. Nos falta ética en los comportamientos y nos sobran ambientes de explotación, de inhumanidad y descarte. Tanto es así, que mientras una buena parte de la humanidad vive en la opulencia dominadora, otra parte ve su propia dignidad despreciada o pisoteada. Para empezar, como comunidad global que somos, no podemos permitir que ningún Estado dominador, lance ataques deshumanizantes contra otros, active el enfrentamiento y no el encuentro entre sí. Cabe reconocer, pues, que entre las causas más importantes del trance actual está la de tomar conciencia para cambiar de rumbo.

    Ojalá sumemos fuerzas mar adentro, para restaurar principios y valores perdidos, en contiendas absurdas. Las fuerzas anímicas del espíritu, que son las que verdaderamente fecundan la vida en sociedad, son fundamentales para ser signo de unidad, sostener la expectativa y asistir a toda vida, rompiendo muros, sembrando actuaciones conciliadoras, extendiendo abrazos y tendiendo miradas que acaricien. Todo esto nos demanda acciones diferentes a las que cultivamos, que han de ser más corazón que coraza, protegiendo nuestro espacio interior del pesimismo crónico, el odio y la polarización que suelen amplificarse durante las dificultades. Desde luego, hemos de discernir las situaciones, diferenciando entre lo superficial y lo esencial, manteniéndonos despiertos en todo instante.

    Los diversos sistemas están en el filo de la navaja. Cuando los problemas se vuelven cotidianos, existe el riesgo de normalizar el dolor ajeno o de caer en la desvergüenza. Si la paz debe reconstruirse cada día sobre la estética de los principios duraderos, no sobre la voluntad de los poderosos; también, los diversos y enfermizos tormentos, nos demandan soluciones conjuntas. Por si mismo nadie puede propiciar cambio alguno. Se  comienza por el propio techo de cada uno, que es más que un edificio de ladrillo y hormigón, ha de ser un espacio de seguridad, la promesa de un hogar donde todo se vive en comunión y en comunidad. El amor hogareño, si es auténtico, que ha de serlo, todo lo resuelve de manera natural.

    Sea como fuere, me niego a volver a la guerra y a la crisis del multilateralismo; puesto que, juntos, somos más fuertes. Sin embargo, un dilema ocurre cuando lo viejo no acaba de agonizar y lo bueno tampoco brota. Ahora bien, no se debe imponer nada, todo se ha de proponer, con diálogo sincero y escucha perseverante. Esto pone en evidencia un humanismo decadente, a menudo sustentado con el paradigma de la indiferencia. Por ello, quizás tengamos que humanizar la educación, cuestión que nos ayudará a entendernos y además a atendernos mutuamente, más allá de cualquier forma de voracidad y de interpretación etnocentrista, que nada resuelve y todo lo complica. Lo sustancial es despertar, sacudir el calzado y renacer, sin miedo a soñar en grande.

    *Víctor Corcoba Herrero, escritor español.  corcoba@telefonica.net 

  • La economía circular comienza en la cabeza

    La economía circular comienza en la cabeza

    El Salvador puede estar dejando pasar una oportunidad de oro. Mientras buena parte del mundo revisa la manera en que produce, consume y desecha, nosotros corremos el riesgo de seguir entendiendo la economía circular como una versión mejorada del reciclaje: separar botellas, recoger cartón, reutilizar envases. La transformación es más profunda. Supone superar una cultura económica construida alrededor de la secuencia: extraer, producir, consumir y tirar los restos en el basurero.

    Las primeras ideas basadas en la conservación de recursos y los límites del crecimiento económico nacieron en los años 70, proponiendo otra lógica: conservar durante el mayor tiempo posible el valor de los productos y materiales, repararlos, reutilizarlos, transformarlos y devolverlos al proceso productivo.

    Visto de esta manera, lo que hoy llamamos basura puede convertirse en un valioso recurso. Este giro en nuestra mirada no depende solo de legislación adecuada, infraestructura e inversión. Necesita también un cambio cultural.

    Estrenar parece mejor que reparar; sustituir, mejor que mantener; desechar, más sencillo que recuperar. Cambiar esa lógica no significa regresar a una economía de escasez ni pedirle a la población que consuma menos. Significa aprender a producir y consumir mejor: fabricar bienes que duren, facilitar su reparación, recuperar materiales, reducir desperdicios y encontrar valor donde antes solo veíamos desechos.

    Por eso el cambio cultural no es un complemento de la economía circular. Es una de sus condiciones.

    Una empresa puede invertir en procesos más limpios, pero encontrará dificultades si sus clientes continúan prefiriendo productos desechables. Una municipalidad puede establecer sistemas de separación, pero funcionarán mal si hogares y comercios mezclan todo nuevamente. Se pueden aprobar regulaciones, pero ninguna ley conseguirá modificar hábitos arraigados.

    Una oportunidad a la vista

    La economía circular permite mirar los problemas ambientales que enfrenta el país desde otro ángulo. La recuperación de materiales necesita empresas, tecnología, transporte, conocimiento, trabajadores especializados, nuevos servicios y mercados.

    Tampoco deberíamos pensar la economía circular como algo que compete solo a las grandes empresas. Hay oportunidades para pequeñas y medianas empresas, emprendimientos de reparación y transformación de materiales, recolectores, municipios, cooperativas, universidades. Puede surgir una economía hecha de muchas soluciones pequeñas que, conectadas, produzcan efectos importantes.

    Para que eso ocurra, el cambio cultural no puede descansar únicamente en decisiones individuales. Requiere fortalecer espacios de trabajo conjunto entre la academia, la cooperación internacional, las empresas y las instituciones públicas. Cada uno aporta capacidades distintas: conocimiento, financiamiento, experiencia productiva, regulación. La circularidad empieza a tener sentido cuando esas capacidades se encuentran alrededor de problemas concretos.

    Una experiencia permite observar esa posibilidad. El Diplomado en Economía Circular Aplicada, impulsado en el marco del proyecto ReAccioná, financiado por la Unión Europea, implementado por CESAL, CAPRI Recycling y el Centro Nacional de Producción Más Limpia, y desarrollado académicamente por FLACSO El Salvador, reúne a participantes de la academia, las empresas, el sector público y la sociedad civil. Esta actividad ha permitido a los participantes adquirir conocimientos técnicos innovadores y compartir la existencia de importantes iniciativas.

    Esa convergencia es una expresión de la posibilidad de llevar el conocimiento a los problemas reales de los territorios y convertirlo en propuestas y soluciones adaptadas a cada realidad.

    Los residuos no desaparecen

    El cambio cultural que necesitamos requiere abandonar otra costumbre: considerar que los residuos desaparecen cuando pasa el camión recolector. Pero los residuos no desaparecen. Solo dejan de estar frente a nuestros ojos.

    Ese cambio cultural comienza cuando entendemos que cada objeto tiene una historia anterior y otra posterior a nuestro consumo: de dónde vienen sus materiales, cuánto durará, si podrá repararse y qué ocurrirá cuando dejemos de utilizarlo son también preguntas económicas.

    La transición a ese nuevo paradigma exige sensibilizar a los consumidores, formar capacidades especializadas, promover nuevos comportamientos y, al mismo tiempo, mejorar el diseño de los productos, la responsabilidad de los productores, la recolección de residuos y la inversión en sistemas de gestión. No basta con pedir a la gente que separe la basura: debe existir un sistema capaz de recogerla, procesarla y devolverla a una cadena de valor.

    El Salvador empieza a moverse en esa dirección, pero la transición sigue siendo incipiente. Por eso estamos ante una ventana de oportunidad. Podemos esperar hasta que las nuevas exigencias de los mercados nos obliguen a adaptarnos, o comenzar ahora a desarrollar conocimientos, empresas, tecnologías y hábitos que nos permitan aprovecharlas.

    La basura que seguimos echando a los ríos y quebradas no contiene solamente plástico, metal, vidrio, papel o materia orgánica. Contiene recursos, trabajo, innovación y oportunidades que no hemos aprendido a ver.

  • El poder de la derecha en América Latina

    El poder de la derecha en América Latina

    Revisando el mapa de América Latina, en casi todos los países la derecha está gobernando. Brasil sería uno de los últimos bastiones a gobernar por la derecha. La alternancia de gobiernos de izquierda por muchos años a gobiernos de derecha hace analizar una nueva forma de gobernar.

    Analizar cada país es complejo. Cada uno tiene diferentes factores, como lo son: su cultura, Producto Interno Bruto (PIB), sus riquezas naturales, su industria, etc. Por ejemplo, Brasil, teniendo tanta riqueza natural, no ha podido, a través de la historia, ser un país próspero. En un discurso, la exprimera ministra británica, Margaret Thatcher, manifestó que un país prospera cuando el Estado fomenta la creatividad, la iniciativa, el emprendimiento y apoya la prosperidad de las familias. Por lo tanto, el pueblo brasileño quiere volver a los gobiernos de derecha.

    Ese descontento de los ciudadanos viene desde que la izquierda penetró en casi todos los países latinoamericanos con la insignia propagandística de cambiar muchas cosas; sin embargo, no fue así. Actualmente, es la derecha la que resurge. Ojalá que su forma de gobernar sea la que haga desaparecer muchos problemas, especialmente la pobreza.

    Entre los puntos que desencantan a los votantes están que la economía no mejora, la inseguridad es un factor crucial y la estabilidad democrática. Muchos prefieren migrar al no tener oportunidades de desarrollo. Además, nadie quiere dictaduras o gobiernos populistas que se aprovechan de la cosa pública. Algo muy crucial de destacar es la injerencia del gobierno de Donald Trump. Venezuela es un ejemplo desde que intervino el 3 de enero de este año.

    Se debe analizar con lupa qué está sucediendo en cada país en donde los votantes cambiaron de ideología o se desencantaron al no ver soluciones. Cuando no ven claro el panorama en un quinquenio, los votantes buscan otra alternativa. Es a lo que se llama voto de castigo. Acá no se trata de saber qué ideología tiene un votante, lo que está en juego son muchos factores como la educación, seguridad, democracia, etc.

    Los casos de Milei en Argentina y Bukele en El Salvador son ejemplos de cómo los partidos tradicionales no lograron cambiar. En El Salvador, las políticas de Bukele, de eliminar las pandillas y contar con un país seguro, son lo que lo catapultan como favorito para seguir en el poder. Mientras tanto, Milei le ha apostado a tener una mejor economía, a recuperar lo que Argentina fue: uno de los mejores países más prósperos de América.

    Lógicamente, en Venezuela están en una especie de “stand by”, una espera para que se lleven a cabo elecciones verdaderas y resurja la democracia. Por el momento, existe una especie de mandato temporal de parte de Estados Unidos. O sea, siempre con pensamiento represivo. Mientras tanto, México continúa con un gobierno de izquierda. No es fácil gobernar en un país en donde proliferan problemas como la inseguridad.

    Ningún país desea volver a dictaduras o golpes de Estado, lo que anhela es que haya fuentes de trabajo, oportunidades de desarrollo y progreso. No quieren volver al pasado autocrático de Pinochet (derecha) o chavista (izquierda). La corrupción es una realidad latente que corroe la democracia. Eso hace cambiar de opinión a los votantes. En otro contexto, el populismo es una forma de engaño que tiene hartos a los países.

    De la cosa política nos preguntamos: ¿Es recomendable que gobiernen partidos de ultraderecha o izquierda radical? ¿Es mejor el capitalismo o el socialismo? Cada ciudadano es el que tiene la última palabra. Depende del contexto y las circunstancias que hacen que la brújula cambie de dirección. Las desigualdades siempre imperan en países en vías de desarrollo. Por esa razón, cada gobernante, sin importar su ideología, sabe a lo que se enfrenta. Las promesas incumplidas de gobiernos de izquierda les dieron un giro diferente a los países latinoamericanos.

    *Fidel López Eguizábal, Docente e investigador Universidad Nueva San Salvador

    fidel.lopez@mail.unssa.edu.sv

     

     

     

  • Fabricando la luz

    Fabricando la luz

    “Yo, Elena, soy más luchador social que artista”. Así le respondió Gabino Palomares a “la Poniatowska”, en una entrevista publicada en “La Jornada” el 27 de septiembre del año en curso. Gabino falleció tres días después. A este grande, quien la escritora lo refiere como “cantautor y activista mexicano”, lo conocí en Cuernavaca a mediados de la década de 1980 siendo telonero de Mercedes Sosa; entonces tuve el privilegio de que me lo presentaran. Más adelante participó en uno de los conciertos que organizábamos cada noviembre ‒en la ahora Ciudad de México‒ como parte de las “Jornadas por la vida, la justicia y los derechos humanos” en conmemoración del aniversario del Centro Fray Francisco de Vitoria, perteneciente a los frailes dominicos.

    Años después, en el 2008, fue una las dos figuras mexicanas que desfilaron en el concierto de cierre del Festival Verdad impulsado por el Instituto de Derechos Humanos de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (IDHUCA); participó junto con María Inés Ochoa, la hija de su compañera de escenarios e intérprete consagrada de una de las creaciones más emblemáticas –quizás la más– de Gabino: “La maldición de Malinche”. Muere él, pues, pero no su legado. Y, casualmente, en estos días renace el referido evento en el campus de la universidad jesuita. Tras siete años, esta lo retoma. Su nueva etapa arrancará el sábado 10 de este mes en el emblemático Auditorio Ignacio Ellacuría.

    Así, viene a mi memoria la génesis del Festival Verdad cuya primera edición tuvo lugar en 1998.  Remontémonos entonces a 1993, cuando el 20 de mayo la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia –presididas por el “arenero” Mauricio Gutiérrez Castro– declaró improcedente una demanda de inconstitucionalidad de la amnistía aprobada el 20 de marzo; con la directora del Socorro Jurídico Cristiano la presentamos nueve días antes.

    Para mí, ese urgido rechazo fue el ataúd en el cual pretendieron enterrar para siempre la verdad de la barbarie ocurrida; su lápida era la mal llamada Ley de Amnistía General para la Consolidación de la Paz, impuesta para “premiar” a los violadores de derechos humanos de ambos bandos que produjeron tantas víctimas en la preguerra y la guerra.

    Frente ese panorama oscuro e inmerecido para estas y sus familias, como director del IDHUCA no tenía claro cómo hacerlo pero sí tenía claro que debía hacer algo. No podíamos quedarmos de brazos cruzados. Y se hizo hasta que, 23 años después, la que terminó enterrada fue la mencionada amnistía con una nueva demanda de inconstitucionalidad presentada el 20 de marzo del 2013. Pero ni las legislaturas anteriores a las dos controladas por las mayorías ciánicas y cínicas ni estas, cumplieron lo ordenado en la sentencia del 13 de julio del 2016 que la declaró inconstitucional.

    En el extendido caminar hasta lograr dicho triunfo, jugó un papel primordial el Festival Verdad y ‒dentro del mismo‒ a partir del 2009 el Tribunal internacional para la aplicación de la justicia restaurativa en El Salvador, cuyo lema era “Sanar heridas para alcanzar la paz”. No voy a llorar sobre la leche derramada porque alguien decidiera dejar de realizarlo durante la pandemia ‒pudiendo haberlo hecho virtualmente‒ y dejar pasar siete años sin retomar lo que desde su nacimiento fue concebido como un proceso de organización y lucha “popular prolongada” contra la impunidad que, a estas alturas, está más extendida entre la oscurana oficialista instaurada con la reserva de información y la correspondiente ausencia de transparencia; oscurana que no disimulan con propaganda manipuladora, sepulcros blanqueados, luces led, plumas pagadas, merolicos virtuales y demás.

    “Fabricando la luz” se llama uno de los, para mi gusto, mejores discos de Gabino. Eso deberíamos estar haciendo hoy, frente a un panorama colmado de tinieblas como el descrito. Parafraseando la canción que da nombre a este elepé, démosle “luz de afuera” a esas “sombras”. Para ello, hay que confeccionarla con el juicio justo y la palabra iluminadora de san Romero de América desde su compromiso con la defensa de los derechos humanos de nuestras mayorías populares.

    El 24 de diciembre de 1977, él nos invitó a no desanimarnos “aun cuando el horizonte de la historia” parezca oscurecerse y “las realidades humanas” vuelvan “imposible la realización de los proyectos de Dios”. Él ‒agregó‒ “se vale hasta de los errores humanos, hasta de los pecados de los hombres, para hacer surgir sobre las tinieblas lo que ha dicho Isaías: ‘Un día se cantará también no solo el retorno de Babilonia sino la liberación plena de los hombres. El pueblo que caminaba en tinieblas ha visto una gran luz; habitaban tierras de sombras pero una luz ha brillado’”. Aprovechemos el tiempo, pues, para ello.

  • Un color humano

    Un color humano

    En 1978, año también en el que vine a este mundo, el cantante brasileño Milton  Nascimento  lanzó  María María. Una canción que caracteriza a una mujer valiente, que no desmaya ni flaquea ante la vida y sus adversidades; hermosamente motivadora y que al ritmo de su coro, pareciera que el ánimo se vuelve al recargar de energía, surgiendo aquella extraña costumbre de tener fe en la vida, tal y como dice la misma melodía.

    Sin embargo y  evitando levemente rasguñar el velo gris y raído del drama, los eventos negativos están siempre presentes,  puesto que por el único hecho de estar vivos es suficiente. Como en una lotería macabra que nadie puede detener, donde ya existen las directrices de dónde, cuando y a quién le mostrará sus fauces, la temerosa expectativa ante un diagnóstico médico puede hacernos ver todo en colores y tonos ocres desvanecidos, café desteñido, planos tenues donde se quiebran vidrios y cortan el aire.

    Si es con fe, en la misma vida que empieza a sonar como un cronómetro cada día, entonces ¿adónde se debe de instalar esa fe cuando una adversidad de ese tipo se presenta? Creo sinceramente que nadie lo sabemos, no Milton, no hay palabras que conforten  o hagan dar vuelta al pensamiento ante una experiencia desconocida que comprometa el latir, respirar, mirar y sentir en este plano.

    Desde hace más de cuarenta años  en Estados Unidos, la American Cancer Society, inició la campaña en el mes de octubre para fomentar la detección temprana del cáncer de mama. Una campaña que trascendió fronteras y la cual hoy en día la tenemos en nuestro país.

    Simbolizando el color rosa, ya sea en la mayor parte de productos o eventos en pro de la misma y en el tenor de obtener fondos y así financiar las mamografías a mujeres que no puedan costearla, así mismo, llevando una comunicación mediática de entrevistas de supervivientes seleccionadas con el fin de concientizar y conectar, dando esperanza a cada una de las mujeres que se encuentre pasando esta terrible enfermedad.

    No obstante, luego de décadas, ha surgido movimiento 19 marrón, en España. No tanto como una contraparte al movimiento octubre rosa, pero si con un “enfoque resignificado”, según mi interpretación. Este propone el aceptar lo negativo como es, no edulcorar ningún diagnóstico, dejar de llamar guerreras a las mujeres que pasan por esta enfermedad, aumentar la investigación médica y el mejoramiento a los accesos de la salud  por parte estatal. Y una puntual critica al movimiento rosa, que no conviertan tal iniciativa en una oportunidad mientras participan marcas cuyos parabenos y ftalatos han sido señalados por estudios.

    En lo personal me gusta el término resignificar. Por qué cuando lo hacemos es que vemos un poco más para adentro, y no precisamente colores, sino grietas  que al acercarnos nos dejan ver realidades que demuestran carencias, oportunidades y dramas reales que ningún color ni rosa o marrón tan siquiera puede hilar en listones.

    Pienso que la extraña costumbre de tener fe en la vida es una experiencia tan personal como única;  y es extraña porque aparece de maneras inesperadas en los momentos difíciles que no nos faltarán. Indescifrable es ahora a lo que cada uno podemos aferrarnos en esta vida, pero creo firmemente que lo vamos a descubrir.

    Quiero enviar un abrazo solidario y silencioso a todas las personas con dictámenes preocupantes.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    Ivette Maria Fuentes

    Abogada

    07/Octubre/2026

     

    Ivettemaria.fuentes@gmail.com

  • Cobros ilegales y abusivos por estacionarse en vías públicas

    Cobros ilegales y abusivos por estacionarse en vías públicas

    Nadie es dueño de las calles públicas porque son estatales y Estado somos todos, por lo tanto, nadie debe apoderarse de las calles ni de las aceras ya que son de estricto uso peatonal. Los conductores de todo tipo de vehículos pueden estacionarse en las calles secundarias, toda vez que no obstruyen el paso peatonal y de otros vehículos. Nadie puede estacionarse frente a las salidas de cocheras ni frente a puertas o portones de salidas o entradas de emergencia. Tampoco es válido estacionarse en las arterias de amplio flujo vial o en aquellas debidamente señalizadas.

    En las grandes y medianas ciudades del país es factible ver talleres automotores que funcionan en las aceras y hasta en las calles, que también son utilizadas como chatarreras o estacionamientos de vehículos en mal estado o inservibles que obstruyen el libre tránsito peatonal y vial. La chatarra también es dañina para la salud en cuanto a que acumulan polvo y agua que se hace propicia para la crianza de zancudos.

    En los distritos de San Salvador las municipalidades tienen ordenanzas que prohíben el uso de aceras y determinadas calles y avenidas como sitios de trabajo al aire libre o zonas de estacionamiento, en el entendido que las aceras son de uso privativo de los peatones y que el área de rodamiento de las calles es para el tránsito vial. En San Salvador Centro, la alcaldía a través del Cuerpo de Agentes Metropolitanos (CAM) avisa con 72 horas de antelación que vehículo debe ser retirado por su propietario de la calle o acera, de lo contrario el CAM los retira e impone una multa.

    Asimismo, se ha dado a la tarea de imponer esquelas a los ciudadanos que creyéndose dueños de las calles y avenidas colocan obstáculos y cobran entre $1 y $5 por permitir estacionarse en sitios donde es posible hacerlo. Igual han sancionado a personas que colocan obstáculos para que nadie se estacione en la vía pública o frente a sus casas. Quienes cobran se supone que lo hacen por otorgar el espacio y brindar seguridad. Se ha dado el caso de que los vehículos de quienes se niegan a pagar son rayados o sus llantas son pinchadas.

    Nadie debe cobrar porque alguien se estacione en una calle, avenida o pasaje donde es permitido hacerlo, si alguien lo hace en cualquier distrito del municipio de San Salvador Centro, cualquier ciudadano puede llamar al 22046800, para que lo auxilien y sancionen a quien está violando la Ordenanza para la Convivencia Ciudadana,

    Todos los municipios deben tener ordenanzas similares. Uno visita cualquier distrito y lo que se encuentra es que no hay estacionamientos suficientes y las calles llenas de piedras, barriles y todo tipo de obstáculos que son colocados por personas abusivas que, incluso, llegan de otros lugares para aprovecharse de la situación.

    Recientemente se hizo viral el video de un funcionario de la alcaldía de San Salvador Centro que llega en un vehículo con vidrios polarizados y placas particulares acompañado de agentes del CAM y personal del área de comunicaciones, cuando se iba a estacionar en la colonia Médica un señor quitó el obstáculo  y le dijo que eran $2 por hora o fracción. Los agentes se bajaron y le dijeron que eso era ilegal y abusivo y que lo iban a multar con una esquela de $150. El señor, de la tercera edad, alegó que eso no era ilegal porque los barriles eran suyos y que él siempre se había ganado la vida de esa forma. Dos días después el anciano volvió a llegar, pero desistió de colocar los obstáculos cuando vio la presencia del CAM.

    Las esquelas, según el Artículo 75 de la Ordenanza para la Convivencia Ciudadana, oscilan entre los 50 y 900 dólares, lo que me parece bonancible. Alrededor del Centro Judicial Isidro Menéndez de San Salvador, conocí el caso de dos hermanos adolescentes que se habían apoderado de una calle adyacente y en el día obtenían hasta $150.y a veces más por permitir el estacionamiento a los particulares.

    Realmente es un negocio redondo que según mi parecer es una estafa agravada, pues se hace bajo amenazas de daños al vehículo si no pagan. Estas personas se están tomando como suyas la propiedad del Estado y le están sacando el máximo lucro. En los distritos del interior del país no cobran, pero prohíben hacer uso de un bien estatal.

    Más que una ordenanza municipal, la normativa de Convivencia Ciudadana debe ser una ley de carácter nacional con aplicación general, para ordenar las ciudades y hacer que todos respetemos el derecho ajeno y la sana convivencia.

    *Jaime Ulises Marinero, Periodista