Categoría: Opinión

  • Ventana de luz y esperanza

    Ventana de luz y esperanza

    Necesitamos reforzar nuestro compromiso no solo con diseño y la funcionalidad, sino con la creación de espacios que fortalecen a la comunidad, la cultura y la conexión con nuestro entorno. La cita anterior es parte de la filosofía  que definen al  arquitecto  mexicano Michel Rojkind, quien ve el diseño en función social, inclusivo y al servicio de los demás. Y es que las palabras claves como entorno y comunidad son la base piramidal para que se sostenga y motive la cultura, además de influir en gran manera en la calidad de vida de todos sus miembros. Pero un espacio que fortalezca y funcione debe comenzar primero en una idea integrada que busque materializarla. Si, parece una utopía cuando se tratan de armonizar proyectos habitacionales, turísticos, etc., con la empatía social, pareciera que es sacado de otro nivel que no sea el utilizado para humanos. De igual manera, alguien calificó de inaplicables las ideas de Rojkind en sus primeros años de diseño arquitectónico y con la visión firme al paso del tiempo, llego a fundar su propia firma inspirada en lo socialmente responsable.

    Así como los efectos de planeaciones estructurales irresponsables y excluyentes los sufrimos todos y podemos notarlos desde lo económico hasta lo más sensible que es el bienestar social y emocional.

    Un entorno limita o genera perspectivas. Muchas situaciones que tienen relación con el ambiente social y sus resultados, comienzan a gestarse como en la naturaleza, con una semilla. Esta va germinando según las condiciones son propicias para su crecimiento, fortalecimiento y llegado el momento mostrará  sus frutos.

    El doctor Ricardo Sosa, criminólogo, en uno de sus recientes artículos nos explicaba cómo el calor, dadas las altas temperaturas que hemos tenido en nuestro país en estos días, puede propiciar los variados actos de violencia. Realmente pareciera que las glándulas pituitaria y pineal nos trabajan aceleradamente bajo esta influencia tropical, pero también bajo un entorno, en gran mayoría hacinado, con las inconsistencias sistemáticas del día a día, bajo estas pieles que guardan heridas históricas que mutan a esperanzas pero que vuelven una y otra vez al laberinto de donde no salen. Pese a que el calor abrasador merme y una brisa suave contemple y trate de contener esa rabia humana, la semilla está allí. Porque solo lo intangible se purifica con el fuego, lo demás es destruido.

    En la línea de la prevención del delito me parece acertado cuando el doctor Sosa propone incluir a criminólogos al momento de diseñar, modificar o restaurar en proyectos. Podría evitarse de alguna forma la germinación de tantas semillas diseminadas, que a la menor combustión brotaran.

    El sentido común nos advierte que si en una habitación por pequeña que sea, hay una ventana, habrá luz que me diga que no hay solo sombras, habrá aire y que fluyendo junto a mis pensamientos, que estos no se estrellan en pared.

    Casi todo lo utópico provoca sonrisas suaves como si no tienen permiso de ser amplias y claras; pero a mí me da esperanza al ver que el trabajo de Michel Rojkind ha sido premiado por sus proyectos impresionantes, creería yo que hasta con toque místico, pero lo mejor que conectan con lo social y al leer  la propuesta del doctor Ricardo Sosa que es un desafío para ingeniería y arquitectura social conscientemente, me hace sonreír.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    Ivette María  Fuentes

  • Del pecado mutuo al país normal

    Del pecado mutuo al país normal

    “El país que yo quiero ‒escribió Lanssiers‒ es un país donde los ancianos puedan tomar una cerveza en compañía de sus amigos, donde ser viejo no sea delito punible por un vago desprecio […] Quiero un país donde un jubilado no dependa del buen humor de su yerno para conseguir un cigarrillo, donde las instituciones públicas y privadas le manifiesten respeto y donde no sea necesario recurrir al diccionario para aprender el significado de la palabra ‘dignidad’”. Ese es El Salvador al que sus habitantes deberíamos aspirar para disfrutar, en serio, de una vida segura en el presente y a futuro; ello, no solo en relación con la contención de la muerte violenta sino de cara a evitar la expansión de la muerte lenta hasta lograr su erradicación.

    Pero no. El territorio que habitamos no reúne ni esas ni otras condiciones muy bien descritas por la pluma privilegiada de este cura belga, fallecido en el Perú que escogió como patria. No están dadas para nuestras mayorías populares y ‒entre estas‒ para quienes tuvieron empleo y por ley dejaron de trabajar en razón de su edad biológica o de retiro, no de su capacidad ni de su necesidad en muchos casos. Es decir, quienes a cierta altura de su vida deberían estar recibiendo una pensión decente y no la tienen.

    Y hablando de dignidad, el segundo y el tercer considerando de la Ley Integral del Sistema de Pensiones ‒aprobada el 21 de diciembre del 2022 por una legislatura ya controlada por el partido de Nayib Bukele‒ mencionan la necesidad de crear un sistema previsional que asigne retribuciones “dignas y suficientes”. Eso, debido a que la entonces legislación vigente no respondía a las necesidades de las personas beneficiadas que, a estas alturas, suman casi 225 000 entre las registradas en los sistemas privado y público: 137 000 en el primero, el de las dos lucrativas administradoras de fondos de pensiones existentes, y más de 86 000 en el estatal.

    Pero con las “nuevas ideas” plasmadas en la normativa surgida hace más de tres años, ¡sí se les garantizarían cantidades decorosas y satisfactorias! Eso fue lo que dijeron, pero la realidad es otra. El sistema privado cuenta con más de dos millones de personas afiliadas laborando y es el cúmulo de sus cotizaciones lo que permite sostener el pago de las respectivas pensiones para su membresía jubilada; poco menos del 60 % de esta, léase arriba de 134 000, recibe la mínima: 400 dólares estadounidenses.

    Pero el sistema público solo cuenta con 1400 inscritas desarrollando una actividad laboral. ¿Cómo sostener el compromiso gubernamental con esas más de 86 000 personas que necesitan recibir mensualmente aunque sea el reducido monto mensual mencionado, de cara a una canasta básica desactualizada y limitada en  cantidad de productos cuyo costo anda arriba de los $250 en lo urbano de $180 en lo rural? ¡Metiéndole mano a las llamadas “AFP”! A marzo del 2026, la deuda total del Estado con estas rondaba los 11 400 millones; entre enero y febrero aumentó casi 140.

    Debe considerarse que nuestra población adulta mayor de 60 años  el millón de personas. De estas, alrededor de 200 000 cuentan con el privilegio de recibir una pensión, aunque sea sobre todo poquitera. La Encuesta de Hogares y Propósitos Múltiples del 2024 del Banco Central de Reserva, revela que alrededor del 35 % del mencionado universo poblacional continúa trabajando; hablamos de poco más de 350 000 personas rebuscándose en la precariedad del sector “mal llamado informal”, en palabras de Patricio Pineda.

    Esa es parte de nuestra realidad en materia de pensiones; faltaría abordar el tema de la devaluada “pensión universal”. Por ello y otras razones, hoy más que nunca debemos recordar las palabras de nuestro santo pastor pronunciadas el 9 de octubre de 1977: “La marginación, el hambre, el analfabetismo, la desnutrición y tantas otras cosas miserables que se entran por todos los poros de nuestro ser, son consecuencias del pecado. Del pecado de aquellos que lo acumulan todo y no tienen para los demás”. Eso dijo. Pero ‒¡mucho ojo!‒ además habló “del pecado de los que, no teniendo nada, no luchan por su promoción; son conformistas, haraganes, no luchan por promoverse. Pero muchas veces no luchan, no por su culpa; es que hay una serie de condicionamientos, de estructuras que no los dejan progresar. Es un conjunto, pues, de pecado mutuo”.

    Dejar atrás eso ‒vuelvo a Lanssiers‒ nos conducirá hacia “un país donde la justicia sea personalizada y se transmute en equidad; donde el verdugo no sea considerado como el único garante de la civilización […] en resumidas cuentas, un país normal”.

  • La botija: el tesoro que no estaba bajo la tierra

    La botija: el tesoro que no estaba bajo la tierra

    Hay libros que se leen y se olvidan. Y hay otros que, aunque breves, se quedan viviendo dentro de uno. Así me ocurrió cuando volví a leer “La botija”, uno de los cuentos más representativos de Cuentos de barro, del gran escritor salvadoreño Salarrué.

    Quiero compartir esta experiencia porque estoy convencido de algo: la literatura no es solo palabras impresas; es una escuela de vida. Y en este relato, sencillo en apariencia, se esconde una lección profunda sobre el ser humano.

    Un libro que nos hace vivir otras vidas

    Cuentos de barro es una obra que retrata la vida del campesino salvadoreño con una autenticidad conmovedora. En “La botija”, conocemos a José Pashaca, un hombre humilde que vive con la ilusión de encontrar un tesoro enterrado.

    Desde que comenzamos a leer, dejamos de ser espectadores. Nos metemos en su piel. Sentimos su cansancio, su esperanza, su terquedad y también su ingenuidad.

    Eso es lo maravilloso de la literatura: nos permite vivir otras vidas sin dejar la nuestra. Nos enseña que, aunque pasen los años, los sueños del ser humano siguen siendo los mismos: querer algo mejor, buscar una oportunidad, creer que hay algo más esperándonos.

    El lenguaje que nos devuelve a nuestras raíces

    Algo que siempre me ha tocado profundamente de Salarrué es su forma de escribir. Su lenguaje suena a nuestra tierra. A nuestra gente. A nuestra historia.

    En “La botija”, el uso del “vos”, las expresiones sencillas y la forma de contar hacen que uno sienta que está escuchando a un abuelo contar una historia en el patio de la casa.

    Y eso tiene un valor enorme. Porque no solo leemos una historia: nos reconocemos en ella.

    Leer a Salarrué es recordar de dónde venimos. Es volver a nuestras raíces. Es entender que nuestra identidad también está en la palabra hablada, en la forma en que contamos nuestras propias historias.

    La verdadera riqueza: una lección silenciosa

    La historia de José Pashaca gira alrededor de una ilusión: encontrar una botija llena de monedas de oro. Él cava, insiste, sueña… y persigue ese tesoro como si en él estuviera toda su felicidad.

    Pero la vida, y el cuento, nos sorprende.

    En ese proceso de buscar riqueza fácil, José termina trabajando la tierra. Sin darse cuenta, cambia su rutina, su forma de vivir, su relación con el esfuerzo.

    Y allí aparece la lección más profunda: el verdadero tesoro no estaba enterrado; estaba en el trabajo, en la constancia, en la transformación personal.

    Cuántas veces nosotros también buscamos nuestras propias “botijas”: soluciones rápidas, caminos fáciles, éxitos inmediatos. Y olvidamos que lo que realmente construye la vida es el trabajo diario, silencioso, constante.

    La grandeza de lo sencillo

    Salarrué tiene un don especial: toma la vida cotidiana y la convierte en arte. No habla de reyes ni de grandes ciudades, sino de gente sencilla, de campo, de tierra, de sudor.

    Pero en esa sencillez hay una profundidad inmensa.

    “La botija” nos recuerda que cada persona tiene su propia historia, su propia lucha, su propio anhelo. Y eso nos enseña a mirar con más respeto a quienes nos rodean.

    A veces, como Alfredo, me detengo a pensar en cuántas historias caminan a nuestro lado todos los días sin que nos demos cuenta. La literatura nos abre los ojos para ver lo que antes pasaba desapercibido.

    Una invitación a comenzar

    Si alguien me dijera: “Quiero empezar a leer, pero no sé cómo”. Yo le diría: empiece con algo como “La botija”.

    Es un cuento breve, fácil de leer, pero con una fuerza humana que deja huella. No requiere preparación previa ni conocimientos especiales. Solo requiere curiosidad.

    Y eso basta.

    Leer este cuento es como acompañar a José Pashaca en su búsqueda. Sin embargo, al final, el que encuentra algo valioso es el lector.

    Porque el verdadero tesoro no es la botija. Es lo que aprendemos en el camino.

    Epílogo: el tesoro que llevamos dentro

    Después de cerrar el libro, uno queda pensando. Y eso es lo más hermoso de la literatura: que no termina en la última página. Nos deja preguntas. Nos deja enseñanzas. Nos deja una pequeña luz encendida.

    “La botija” no es solo la historia de un campesino. Es la historia de todos nosotros, cuando buscamos fuera lo que en realidad debemos construir dentro.

    Como dice el libro de Proverbios: “Mejor es lo poco con justicia que la muchedumbre de frutos sin derecho” (Proverbios 16:8).

    Es una forma sencilla de recordarnos que el valor de la vida no está en lo fácil ni en lo rápido, sino en lo correcto, en lo trabajado, en lo que nace del esfuerzo.

    Leer este cuento es descubrir que el mayor tesoro no se encuentra cavando la tierra… sino cultivando el corazón.

    *Alfredo Caballero Pineda, es escritor y consultor empresarial. 

    alfredocaballero.consultor@gmail.com 

     

  • Cuba, la hora de los hornos

    Cuba, la hora de los hornos

    Comparto la opinión de quienes piensan que el castrismo se encuentra en la coyuntura más difícil de su historia, aunque rechazo la versión de que han sido exclusivamente factores extranjeros los responsables de que la tragedia de Cuba, al parecer, esté llegando a su final.

    La vida de los cubanos, por la ineficiencia y maldad de sus gobernantes, es cada día más calamitosa, realidad a la que debemos incorporar el agotamiento masivo del discurso gubernamental, mientras, la capacidad del totalitarismo para manipular a la población y las condiciones que concurren, están también prácticamente acabadas.

    La actualidad de los cubanos es catastrófica. El crónico padecimiento por décadas de productos de consumo se ha agudizado, el acceso al agua potable es usualmente una epopeya, sucesos que se producen en un marco de fallas constantes del servicio eléctrico y una desastrosa prestación en el transporte que lo obstaculiza todo, faltas, a las que debemos sumar la omnipresencia de una fuerza policial siempre lista para reprimir.

    Los cubanos llevan numerosos años padeciendo un bloqueo interno impuesto por el totalitarismo que los ha conducido a la miseria extrema, aunque, el discurso oficial propague la visión, compartida por sus aliados, de que el embargo estadounidense es el responsable de las calamidades del pueblo.

    Culpar a terceros de las maléficas consecuencias de sus acciones es una tendencia reiterada del totalitarismo. Es un sistema que gusta asumir el rol de víctima porque confunde a los idiotas útiles sin dejar de ser una excelente herramienta para los compañeros de viaje, particularmente, entre aquellos que viven en países democráticos y cuentan con recursos económicos para hacer ofrendas a sus quimeras sin incurrir en sacrificios.

    Incomprensiblemente ha sido Estados Unidos, el país que escogió Fidel Castro como su enemigo, donde más personas han defendido el totalitarismo. Numerosos políticos de este país gustan, en inmensa mayoría ignorantes de la realidad cubana, viajar a la Isla para defender el castrismo sin percatarse que están protegiendo un régimen completamente opuesto a sus valores y formas de vida.

    Aquellos que afirman que Washington debe negociar con La Habana porque sería conveniente para ambos países están rotundamente equivocados. En nada beneficia a Estados Unidos una buena relación con el sistema totalitario y menos al pueblo cubano, a través de los años se ha evidenciado que la tolerancia y ayuda al castrismo le fortalece, paralelo a su afán de controlar los suspiros de la población.

    Durante décadas, organizaciones y nacionales de este país han montado campañas de ayuda a la dictadura y culpado a su propio gobierno de los fracasos del sistema castrista, lo que ha coadyuvado a que un sector de la opinión pública estadounidense comparta ese veredicto y considere que las gestiones punitivas contra la Isla agravarían la situación de sus habitantes.

    Craso error diría el cubano de a pie, que como afirmaba Oscar Esquerra, lleva 67 años muriendo a plazos, para seguir viviendo miserablemente.

    Todas las crisis del totalitarismo son consecuencias de la ineficiencia y su habitual dependencia del apoyo económico extranjero junto a su negativa de permitir que sus gobernados trabajen y piensen libremente, razón por la cual, es necesario apoyar a la población para que asuma sus prerrogativas ciudadanas con las acciones que sean necesarias, aunque las consecuencias inmediatas sean una agudización de la crisis, porque como gusta decir al escritor José Antonio Albertini, “las cosas se tienen que poner malas, para que mejoren”.

    Desgraciadamente los enemigos del totalitarismo castrista han tenido siempre la inclinación de subestimar la fascinación por el poder que padecen los sujetos que han sometido a Cuba durante más de 67 años, al igual que sus iguales de Nicaragua y Venezuela.

    Estos gobernantes no ceden ante simples amenazas, menos, a las dulces promesas. Contra ellos hay que ser firmes y coherentes. Desarrollar una política de careo que deje apreciar la disposición de sus oponentes de llegar a consecuencias extremas.

    No lo duden, son enemigos hábiles, con gran competencia en la manipulación de los hechos. Saben al detalle que las democracias responden a la opinión pública y a intereses contrapuestos que tienden a tolerarse para alcanzar la gobernabilidad, así que tratan de influenciarla lo mas posible para que presionen a sus gobernantes. Son parásitos y como tales, explotan a su huésped.

    *Pedro Corzo es periodista cubano

  • ¿Por qué el calor dispara la violencia? Un análisis criminológico del estrés térmico.

    ¿Por qué el calor dispara la violencia? Un análisis criminológico del estrés térmico.

    No es una coincidencia estacional ni una percepción urbana: cuando el termómetro sube, la sangre se calienta. Como experto en la psique criminal, neurocrimologia y perfilación criminal observo con preocupación cómo las olas de calor no solo afectan los cultivos, sino que también actúan como catalizadores de la violencia letal. La relación entre el clima y el crimen no es nueva, pero la evidencia actual nos obliga a mirar más allá del sol y enfocarnos en las grietas de nuestra estructura social. Al efectuar la proyección prospectiva de la posible tasa de violencia homicida El Salvador 2026 es evidente y relevante como marzo en nuestros indicadores de homicidios presenta un incremento con relación a otros meses. Por lo anterior considero importante desarrollar una aproximación a los posibles factores desde una perspectiva criminológica

    El cuerpo bajo presión: La hipótesis del calor

    Desde una perspectiva biopsicosocial, el incremento de la temperatura genera una respuesta fisiológica innegable. La hipótesis de la agresión-calor sugiere que las altas temperaturas aumentan la irritabilidad y el malestar físico, reduciendo el umbral de tolerancia al conflicto. El calor extremo eleva la frecuencia cardíaca y los niveles de testosterona, creando un estado de «preactivación» donde cualquier roce irrelevante en el transporte público, en el tráfico vehicular, una disputa vecinal por un parqueo, por mascotas, por música a volumen alto en la comunidad, entre otros, escala rápidamente hacia un acto de violencia que se traduce en lesiones o en homicidio.

    Rutinas de riesgo y oportunidades

    Para entender este fenómeno, debemos invocar la Teoría de las Actividades Rutinarias de Cohen y Felson. El clima altera el comportamiento humano: la gente abandona el aislamiento del hogar y converge en espacios públicos. Esta mayor interacción social incrementa la probabilidad de que coincidan tres elementos críticos: un agresor motivado, una víctima propicia y la ausencia de un guardián eficaz. El verano, con sus días más largos y el consumo de alcohol al aire libre, expande la ventana de oportunidad para el delito.

    El efecto «olla de presión» en zonas excluidas y con limitantes

    Debo de establecer, que el calor no golpea a todos por igual. Aquí es donde la Teoría del Mapa de la Tensión (General Strain Theory) de Robert Agnew cobra una relevancia contundente. En las zonas marginadas, el calor no es un inconveniente; es un agresor ambiental constante. La pobreza no solo es falta de recursos o limitación de oportunidades es la exposición desproporcionada a los estresores ambientales sin mecanismos de mitigación.

    En contextos de exclusión, el hacinamiento habitacional transforma las viviendas en hornos inhabitables. Sin acceso a aire acondicionado, áreas verdes o infraestructuras de enfriamiento, los residentes se ven obligados a ocupar la calle de forma masiva. En estos «islotes de calor urbano», como muchos complejos habitaciones en el gran San Salvador y las principales ciudades del interior del país, la precariedad habitacional actúa como una olla de presión. El estrés térmico se suma a la frustración económica y la falta de movilidad social, creando un entorno donde la violencia se percibe como una válvula de escape ante una tensión insoportable.

    Criminología ambiental y Justicia

    La evidencia es clara: la desigualdad térmica es una forma de injusticia criminal. El aumento de homicidios en épocas de calor es el síntoma de un urbanismo excluyente. Si queremos bajar los índices de criminalidad durante el verano, no solo necesitamos la presencia y el gran trabajo de prevención de nuestra Policía; necesitamos políticas de «Criminología Ambiental» que transformen el entorno. Reducir el hacinamiento, reforestar masivamente las zonas grises y garantizar el acceso a servicios básicos son, en última instancia, herramientas de prevención del delito tan efectivas como una sentencia judicial. Mientras el clima siga siendo un privilegio, el calor seguirá siendo un cómplice de la tragedia y seguirá incrementando las cifras en los delitos de homicidios, feminicidios, robos, hurtos, lesiones, agresiones sexuales. El Estado salvadoreño debe de abordar con responsabilidad la situación habitacional, desde el diseño donde se introduzcan principios de prevención criminológica con énfasis en lo ambiental para que a mediano y largo plazo podamos revertir las estadísticas delictivas criminales.  Las Cámaras, Asociaciones, Gremiales de construcción en El Salvador deben de tomar en cuenta los criterios de la criminología ambiental desde sus diseños y planos, y sin duda una reforma en las regulaciones para autorizar los proyectos desde las Instituciones del Estado para aprobar dichos proyectos. ¿Cuántos criminólogos trabajan en empresas constructoras en El Salvador?

    *Por Ricardo Sosa /Doctor en Criminología / Doctorante en Justicia Criminal /@jricardososa

  • Invocando la destrucción ajena, Trump podría estar garantizando la propia

    Invocando la destrucción ajena, Trump podría estar garantizando la propia

    “Una civilización entera morirá esta noche, para no volver jamás. No quiero que suceda, pero probablemente ocurrirá”.

    Estas palabras, escritas a conciencia en una red social por el hombre que preside la nación más poderosa del mundo, son escalofriantes, pavorosas, insólitas. Es imposible leerlas y no sentir un vértigo instantáneo en nuestra conciencia moral. Nunca un mandatario estadounidense, en público o en privado –al menos que se sepa–, había anunciado la bárbara intención de borrar del mapa una cultura completa. Ni siquiera Harry Truman, que hace casi 81 años tomó la terrible decisión de arrojar sendas bombas atómicas sobre los poblados de Hiroshima y Nagasaki, expresó jamás que tuviera el propósito ulterior de destruir para siempre a la civilización japonesa.

    Y es que nadie, en su sano juicio, pronunciaría o escribiría palabras semejantes, porque hasta la violencia, en sus peores momentos, tiene límites; incluso la guerra, con todo y su salvajismo, posee ciertas reglas mínimas. Mao, Stalin, Hitler… es verdad, fueron capaces de justificar las peores atrocidades, pero a todos ellos los historiadores reconocen niveles más o menos identificables de desquiciamiento, de sociopatía, de aguda insensibilidad frente al sufrimiento humano.

    ¿Qué hemos de decir entonces sobre Donald J. Trump, el 47º presidente de los Estados Unidos de América, luego de haberse apropiado la intención, aunque solo fuera retórica, de acabar con un pueblo entero? ¿Simplemente le dejamos pasar el exabrupto como si se tratara de algo que cualquier individuo con poder estaría autorizado a decir sin consecuencias?

    Mientras el astronauta Victor Glover daba un mensaje sobre la unidad de todos los habitantes de la Tierra, el presidente empleaba vulgares groserías para amenazar a Irán con la destrucción

    Al inicio de un acertado artículo publicado en el medio digital Primicias, el colega escritor e historiador ecuatoriano Gonzalo Ortiz señala lo siguiente: “Jamás creí ver un contraste tan marcado. Este Domingo de Resurrección, mientras el astronauta estadounidense Victor Glover daba un exquisito mensaje sobre la unidad de todos los habitantes de la tierra, el presidente de su país empleaba vulgares groserías para amenazar a Irán con la destrucción”.

    El columnista hace referencia, claro está, no únicamente a la siniestra advertencia que hemos comentado arriba, sino a las formas agresivas y soeces que utilizó Trump para exigir al régimen iraní que dejara de obstaculizar el libre paso en Ormuz. Medios de comunicación de todo el mundo han hecho verdaderos malabares verbales para reproducir, suavizando lo más posible, las palabras del excéntrico gobernante. Pero cualquier traducción “correcta” falta irremediablemente a la verdad.

    “Open the Fuckinʼ Strait, you crazy bastards, or youʼll be living in Hell – JUST WATCH! Praise be to Allah”, leímos con asombro el pasado 5 de abril en la red social de Trump, cuya versión en castellano, a la letra, sería algo así: “¡Abran el puto estrecho, ustedes locos bastardos, o van a vivir en el infierno – SOLO VÉANLO! Alabado sea Allah”.

    Sin matices de ningún tipo, la cita es atrozmente reveladora. Da cuenta, para empezar, de la naturaleza reactiva de un hombre al que sus bajos instintos doblegan con extremada facilidad y demasiada frecuencia. En La rebelión de las masas, tan pronto como en 1929, Ortega y Gasset afirma: “Lo característico del momento es que el alma vulgar, sabiéndose vulgar, tiene la osadía (o denuedo) de afirmar el derecho a la vulgaridad y lo impone dondequiera”. Donald Trump vendría a ser, en ese sentido, un representante cabal de nuestra época, caracterizada por la mediocridad omnipresente, combativa, dominante, elevada al número infinito de sus valedores.

    Pero hay algo todavía más grave: el presidente norteamericano pone fin a su pretendido ultimátum –que luego, fiel a su estilo, tampoco resultaría tan perentorio– alabando a Dios en su expresión nítidamente árabe. Y este detalle no es baladí.

    Aunque supiera lo básico sobre Medio Oriente, es muy improbable que el inquilino de la Casa Blanca ignore que “Allah” es la forma con que cualquier hablante árabe se dirige a su Creador, incluyendo musulmanes y cristianos. Tampoco se le escaparía que el vocablo excluye de facto a los fieles de lengua hebrea, que invocan a Dios usando “Elohim”, “Adonai” o “Shaddai”. Pero Trump también sabría que la palabra “Allah”, para un angloparlante, no es intercambiable por el genérico “God”, pues en occidente se asume que “Allah” es la designación musulmana para Dios. La frase final de su mensaje, por consiguiente, es irónica, burlona.

    Sin embargo, ¿por qué tendría el presidente que echar mano del sarcasmo en un tema tan delicado? ¿Con qué intención recta habría de emplear la mordacidad un líder político que no solo estaría haciendo mofa de los creyentes chiitas, sus supuestos enemigos, sino de cualquier musulmán árabe parlante, englobando a sus supuestos aliados?

    Sumados todos estos elementos –amenazas apocalípticas, insultos innecesarios y bufonadas estúpidas–, es lógico que mucha gente en EE UU se pregunte hoy si Donald Trump se encuentra en pleno uso de sus facultades psíquicas y mentales para seguir ejerciendo, con competencia e idoneidad, el máximo cargo político en el planeta. Y estas legítimas dudas sobre su equilibrio cognitivo podrían ir cobrando fuerza en los próximos meses, porque todavía es demasiado tiempo (hasta enero de 2029) el que resta de una Administración cada vez más errática y extravagante.

     

  • Comenzar de nuevo…

    Comenzar de nuevo…

    Nos enseñaron a creer que el 1 de enero es la fecha oficial para reinventarnos, para establecer metas, para prometer que esta vez sí haremos ejercicio, comeremos mejor, emprenderemos ese negocio o tomaremos el control de nuestra vida. Pero la realidad es otra: muchas veces enero pasa entre entusiasmo, planes y buenas intenciones… y cuando menos lo notamos, ya estamos en abril preguntándonos en qué momento se fue el primer trimestre del año.

    Pensemos en algo tan cotidiano como bajar de peso. ¿Cuántas veces alguien dice “ya perdí enero, mejor empiezo el próximo mes”? Luego pasa febrero, después marzo… y sin darse cuenta, la verdadera barrera nunca fue el tiempo, sino la idea equivocada de que solo existe una fecha correcta para volver a empezar. Con los sueños pasa igual. Con los negocios también.

    Para muchas mujeres emprendedoras, el inicio de año no siempre trae claridad; a veces trae sobrevivencia. Hay que atender clientes, sostener un hogar, responder pendientes, ser madre, esposa, hija, líder… y en medio de todo eso, nuestros propios planes suelen quedarse para después. Por eso, llegar al cierre del primer trimestre no debería ser una razón para frustrarse, sino una oportunidad para hacer una pausa honesta y preguntarnos: ¿Todavía quiero construir mis metas este año?

    La presión de avanzar al ritmo de otros puede hacernos olvidar que cada camino tiene su propio tiempo. No todas las metas florecen en el mismo momento, ni todos los procesos se desarrollan bajo condiciones ideales. A veces, el verdadero progreso ocurre en silencio, mientras nos reorganizamos internamente para estar listas para lo que viene.

    También es importante recordar que reajustar una meta no significa renunciar a ella. Cambiar el ritmo, modificar la estrategia o pausar temporalmente una decisión no disminuye el valor del objetivo; simplemente demuestra madurez para reconocer que crecer también requiere adaptabilidad.

    En el mundo del emprendimiento, esta capacidad de recalibrar es una de las habilidades más valiosas. Las marcas más sólidas, los negocios más resilientes y las líderes más admiradas no son aquellas que nunca enfrentaron tropiezos, sino las que supieron reinventarse cuando el contexto las obligó a hacerlo.

    Quizá el mayor error que cometemos es pensar que el éxito pertenece a quienes nunca se detienen, cuando en realidad pertenece a quienes, incluso después de detenerse, tienen la determinación de volver a ponerse en marcha.Porque comenzar de nuevo no significa retroceder. Significa tener la valentía de reajustar, reenfocar y reconocer que el éxito no pertenece a quienes nunca se detienen, sino a quienes deciden continuar incluso después de haber perdido ritmo.

    Si el primer trimestre no fue como lo imaginabas, aún quedan nueve meses para transformar tu historia. Nueve meses para lanzar esa idea, reestructurar tu negocio, mejorar tus finanzas, volver a cuidar de ti o tomar esa decisión que has venido postergando. Nueve meses son suficientes para cambiar muchísimo más de lo que crees.

    No necesitas esperar otro lunes. No necesitas esperar otro mes. No necesitas esperar otro enero.

    A veces, el acto más poderoso de liderazgo —en la vida y en los negocios— es decidir que hoy también puede ser un nuevo comienzo. Porque las mujeres que construyen cosas extraordinarias no son las que siempre empiezan perfecto… son las que nunca dejan de empezar.

    *Amanda Rodas, emprendedora y consultora de comunicaciones

  • Dos sentencias  jurídicas

    Dos sentencias  jurídicas

    1) Recientemente, un Jurado de la ciudad de Los Angeles, California, determinó que Meta y YouTube, ambos propiedad de Google, no advierten a sus usuarios sobre los peligros asociados en el uso frecuente de sus populares  plataformas, y en el caso concreto que dio lugar al fallo que nos ocupa, se trata del daño sicológico causado a la demandante, por el uso constante de estas redes sociales.

    Todo se inició cuando una joven usuaria de estas plataformas, sostuvo que se convirtió adicta a estas plataforma desde su niñez, por lo que sus uso cotidiano le produjo daños mentales en su psiquis adulta. Ante tales argumentaciones el jurado determinó que estas plataformas (YouTube y Meta constituyeron “un factor sustancial” en los prejuicios causados a la joven demandante.

    Daños estimados pecuniarios o compensatorios estimados en tres millones de dólares (US$3.000.000,oo), que se agregaban a otros tres millones de dólares (US$ 3.000.000) en calidad de daños punitivos. Para un total de seis millones de dólares en compensación de su adición, que según el Tribunal, se originó no en la plataforma en sí, sino en el diseño de las mismas, cuyo objetivo fue el de generar adicción en el usuario frecuente, como fue el caso de la joven demandante (20 años en la actualidad)

    Los alegatos de la parte demandante se sostuvieron en el hecho de que, tal adición le produjo a su representada dismorfofobia corporal y pensamientos suicidas.

    Ante tales acusaciones, los demandantes alegaron que los problemas de salud de la demandante se sostenían más en una infancia complicada relacionada con los problemas familiares observados en el hogar, que en el uso continúo de sus plataformas.

    Este tipo de demandas han venido repitiéndose desde hace algún tiempo y, las más de la veces los fallos judiciales  han sido contrarios a las empresas propietarias de redes sociales, sosteniéndose en la argumentación de que el uso de algoritmos generados por el usuario frecuente de tales plataformas digitales, permiten manipular las actitudes de éste para crear continuidad en su uso y dependencia originada  en la interacción.

    Este es un tema novedoso a nivel jurídico, que se sustenta en pruebas demostrables e irrebatibles para sentenciar, lo cual escapa normalmente a la sabiduría profesional del Juez y del jurado (en los sistemas sustentados en la existencia de la figura de un jurado). Son   juicios costosos porque se deben sustentar en pruebas científicas, o consideraciones de expertos en la materia, y no en criterios afectivos o presumibles.

    Pero hay un hecho más de fondo. Si estas adicciones, como es el caso que nos ocupa, nacen en la niñez o juventud, ¿cuál es la responsabilidad de la familia, de los padres o tutores del niño que pasa horas usando estas plataformas sin control alguno?. ¿quién es el responsable de la vigilancia, control y guía de un infante, la empresa que genera la plataforma social o la permisividad o indolencia del adulto responsable?.

    En nuestro criterio, solo en aquellos juicios en que se pueda demostrar que la empresa, en este caso Meta o Youtube han desarrollado un sistema  de algoritmos con el fin de crear adicción, manipulando las ondas cerebrales del infante, las empresas son responsables de los daños causados en el menor, sean sicológicos, físicos o generadores de delitos. En puridad, la responsabilidad final de la educación, vigilancia y protección física y/o sicológica de un menor, recae directamente en los padres o tutores responsables de su salud mental y corporal, y no en un hecho externo preexistente.

    2) En otra dimensión, mucho más delicada, nos encontramos en lo que podríamos denominar el Caso Noelia Castillo, una joven catalana de 25 años de edad, que luego de un tormentoso juicio tribunalicio, con varias instancias, incluyendo un fallo de la Corte Judicial de la Unión Europea logró que se le concediera su petitorio inicial ante un tribunal español, de lograr una muerte asistida.

    Noelia tuvo una infancia difícil, una tormentosa relación familiar complicada incluyendo un padre indolente y conflictivo, un maltrato sexual de su pareja, un asalto en una discoteca y una violación colectiva en el 2022 que la llevó a lanzarse de un quinto piso en un intento de suicidio, que la convirtió en paraplejia de la cintura para abajo, y sufrir dolores constantes en sus extremidades.

    En el 2021 se aprobó en España la Ley de Eutanasia que legaliza la muerte asistida para personas con enfermedades graves, incurables o padecimientos crónicos e imposibilitantes que causen un sufrimiento intolerable». Ley que permitió a Noelia acogerse a ella alegando que se encontraba en una situación irreversible grave, crónica e imposibilitante. Autorización que fue bloqueada por su padre Gernómino Castillo, alegando incapacidad mental de la hija, para decidir su destino.

    Por supuesto la sentencia fue suspendida, y con el apoyo de la organización Abogados Cristianos, el padre de Noelia inició una apelación, que pasó por el Tribunal Supremo y Constitucional de España y culminó en el  Tribunal Europeo de Derechos Humanos, que finalmente respaldó la petición de Noelia. Hecho que se consumó (la muerte asistida) el pasado jueves 21 de marzo en el sanatorio Sant Camil de Sant Pere de Rive de Barcelona, España.

    La eutanasia, o muerte asistida, reglamentada por ley, donde existe, abre la discusión religiosa, moral y jurídica que no ha sido totalmente superada, incluso en aquellos países donde se ha aprobado. Y este caso, el de la joven Noelia Castillo, con el 74% e su cuerpo inhabilitado de por vida, sufriente de dolores constantes, incapacidad de valerse por sí misma, y de una existencia personal signada por el drama familiar, el abuso sexual de su propio marido y el desgaste emocional, no conduce a una toma de posición, que no siempre está signada por la razón sino por prejuicios y tomas de posturas prejuicidas o dogmáticas.

    Por ejemplo ¿Hay diferencia conceptual entre la toma de decisión de nuestros mártires cristianos que optaron por ser asesinados bajo el Imperio romano antes de renunciar a su fe, y la decisión personal libre tomada por la joven Noelia? ¿los samurais japoneses o los pilotos kamikaze japoneses de la Segunda Guerra Mundial que optaban por el suicidio antes de aceptar la derrota, y hoy son ejemplo de nobleza y valentía, pueden ser juzgados bajo conceptos occidentales?

    Sí una persona opta por la muerte asistida, o por una acción libre que definitivamente conduce a ella, puede ser juzgada con dureza o rechazada por razones religiosas, legales  o morales, si esa muerte significa  la posibilidad que otros puedan sobrevivir o disminuir su sufrimiento cualesquiera que fueren?

    Difícil tomar una posición sin analizar los hechos, sin complejos o prejuicios personales, religiosos, políticos o sociales. Siento que habría que que considerar caso por caso, antes de adoptar posturas dogmáticas o prejuiciadas, e íntimamente honestas ante los hechos. Quizá por ello el marco legal se hace imprescindible, tal como lo exponemos en estos dos hechos jurídicos novedosos, respaldados por sendas sentencias.

  • Más paz y menos guerras

    Más paz y menos guerras

    Desde que se creó la humanidad, los seres humanos hemos estado en conflicto. Creo que Caín y Abel protagonizaron la primera disputa. Luego, por muchas razones, se originaron todo tipo de problemas. Al ser humano parece que no le gusta vivir en paz.

    El mundo necesita paz. Los seres humanos anhelamos paz en todos los sentidos. La felicidad se consigue cuando hay paz espiritual y física. Cuando un enfermo yace en un hospital lo que anhela es tener salidas, paz para no seguir sufriendo. Con respecto a las guerras, siempre en el voto religioso se escuchan voces decir que eso ya está escrito. Lo que sucede en la geopolítica es que solo por momentos se respira paz. Fue formidable ver en tiempos de la pandemia que parecía que a los seres humanos se les había olvidado las guerras.

    Psicológicamente, muchos sufren las guerras, especialmente los niños. Fue desgarrador ver a niños palestinos que jugaban con una muñeca a la cual cargaban como si fuese un funeral. Y, de esa manera, las guerras dejan secuelas de todo tipo.

    Familias que se destruyen por no tener paz. Lo he observado en familias que hacen tribulaciones por las herencias. Cuando eran infantes y comían juntos con sus padres, todo era paz. En el sepelio arman las reyertas; ya que, la codicia y ambición afloran.

    Con respecto a las noticias de la guerra entre Estados Unidos junto con Israel en contra de Irán, ya no se sabe a qué medio de comunicación creerle. Cada quien con sus argumentos a favor que van ganando la guerra. Mientras tanto, la destrucción, la zozobra, los cuerpos que yacen muertos por doquier es la noticia.

    Los mandatarios, cuando tienen poder, anhelan más poder. No sabemos si la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) apoyará a Estados Unidos. Donald Trump lo que quiere es el petróleo; por esa razón sigue atacando a los iraníes. Los espectadores nos quedamos viendo los genocidios, gente llorando a sus seres amados fallecidos.

    El mundo necesita paz, necesita que las fronteras se abran, que los mandatarios ya no piensen en el poder material, de tener más petróleo o riquezas. El mundo debe de pensar más en vivir en armonía que en generar conflictos. Ya no más divisiones por ideologías; fue suficiente terror ver a millones de personas que murieron por culpa del comunismo o gobiernos dictatoriales de diferentes pensamientos.

    Muchas religiones manifiestan que pronto viene el Salvador Jesucristo. Pues, hace años que escucho eso. Sin embargo, cada vez que hay más guerras, se dice que eso ya está escrito. Algunas guerras se han justificado matando en nombre de Dios. En Nigeria presenciamos una aniquilación de cristianos de parte de grupos yihadistas. Si, ni siquiera en el ámbito religioso nos respetamos, ¿cómo podremos tener paz si hay odio en los corazones de los seres humanos?

    Cuando se escuchan los cañones de la guerra, las organizaciones internacionales que claman por la paz, por los derechos humanos, se quedan con los brazos cruzados. Aunque, hay clamores de parte de la iglesia Católica; sin embargo, los presidentes hacen caso omiso. Mientras tanto, gente inocente muere a causa de bombardeos.

    A través de la historia hemos visto campos de concentración como los de la Segunda Guerra Mundial, bombas atómicas destruyendo a ciudades japonesas, etc. Mejor pensemos en la paz, en tener a personas de pensamientos benignos como: Gandhi, Mandela o Martin Luther King.

    Queremos que haya paz en la tierra; para eso debemos quitarnos las divisiones que nos impiden tenerla como la política, la religión y otras causas. La canción “Imagine” de John Lennon nos dice “Imagina a toda la gente viviendo la vida en paz”. Menos guerras, más paz. Oremos al unísono para que cesen los conflictos armados.

    *Fidel López Eguizábal, Docente e investigador Universidad Nueva San Salvador.

    fidel.lopez@mail.unssa.edu.sv

  • El abismo de la indiferencia nos pulveriza todo avance humanitario

    El abismo de la indiferencia nos pulveriza todo avance humanitario

    La sociedad contemporánea debe ahondar sobre el sentido de su savia, a través de la acción solidaria de servicio, adquiriendo una conciencia cada día más dispuesta de los derechos inviolables y universales del nacido.  Restablecer relaciones mutuas más justas y adecuadas a nuestra propia decencia, es un buen auxilio. Por desgracia, muchos seres humanos viven en un desapego total, entre lo que piensan, lo que saben y lo que sienten. La pasividad suele empedrarnos el corazón, viviendo en una inacción egoísta, a pesar de estar bien informados, pero rehuyendo la realidad de los demás. La compasión es lo opuesto a esta atmósfera indiferente, que nos deja sin sentimientos; y, lo que es peor, sin energía para luchar contra el descarte y el despilfarro.

    En efecto, hoy más que nunca, atormenta pensar en cuánta gente se aleja sin clemencia alguna de ancianos, niños, trabajadores, discapacitados…; además, por si esto fuera poco, resulta escandaloso el derroche de las cosas. Más allá de los intereses individualistas, de la apatía y de la desgana ante las situaciones críticas, exijamos opciones políticas que enlacen el progreso con la equidad, el desarrollo con la sostenibilidad inclusiva, de manera que nadie se vea privado del buen aire que le alienta¸ del agua que tiene derecho a llevarse a los labios del alma o de los alimentos con los que tiene la obligación de disfrutar. Nos urge, por tanto, activar una cultura que fomente el culto a la cercanía. El calor de hogar hemos de universalizarlo, si en verdad queremos fraternizarnos, y sentirnos entre sí como familia.

    Por ello, no sólo las personas estamos llamados a hacer gestos concretos con los habitantes más frágiles, también los Estados y sus diversas instituciones, con sus gobiernos al frente, hemos de trabajar unidos para proteger la dignidad, la justicia, la igualdad y los derechos de toda la ciudadanía. Con voluntad política y espíritu fraterno debemos hacer presente las aspiraciones de la Declaración Universal para todos los sujetos, sin distinción, exclusión, restricción o preferencia por motivos de raza, color, linaje u origen nacional o étnico. Desde luego, para plasmar una sociedad más humana y digna, es necesario asimismo revalorizar el auténtico amor en la memoria social, haciéndolo norma constante y suprema de la acción.

    El amor y el no a la guerra ha de ser rotundo. Esto debe reanimarnos el afecto, amando todos los ámbitos de la vida, extendiéndose igualmente al orden internacional. Únicamente, una humanidad en la que reine la entrega generosa, podrá gozar de una paz auténtica y duradera. En este sentido, el espíritu cooperante y colaborador, debe ser nuestro lenguaje como sujetos donantes y pensantes, que es lo que garantiza el desarrollo integral de cualquiera y su aire solidario hacia el bien colectivo, estampándonos serenidad. Sin sentimientos nos deshumanizamos totalmente, no sólo siendo indiferentes al sufrimiento de los otros, también seremos incapaces de acoger el nuestro. De ahí, la importancia, de querernos y de querer a los demás, para buscar el camino de la concordia.

    Estar desolados, como hoy nos sucede a la mayoría de los moradores, nos impide crecer y avanzar. La conducta dispuesta, que todo lo comparte y lo parte, es una relación innata viviente que nos vivifica y entusiasma.  Frente a las dificultades, por consiguiente, nunca desanimarse, sino afrontar la prueba con decisión, escuchándonos más y mejor internamente. Salgamos, pues, del estado de inapetencia, que nos abate, siempre. Por otra parte, no es de justicia, sembrar odio y venganza con una retórica incendiaria. No olvidemos que somos una civilización de amor, no de poder y dominación, que se destruye a sí misma, sin decoro alguno. Además, tampoco dejemos que desfallezca el nombre humanitario, tendiendo la mano y extendiendo el camino del diálogo y la diplomacia perpetuamente.