Categoría: Opinión

  • Hambre

    Hambre

    En un extracto del poema Todos tenemos hambre, de Amado Nervo, nos dice: aprende a conocer el hambre del que te habla… en el concepto de que, fuera del hambre de pan, todas se esconden. Cuanto más inmensas, más escondidas…

    Compilado en el libro Plenitud del mismo autor, esta reflexión hecha poesía después de más de un siglo continúa mostrando lo existente pero invisible es la necesidad humana frente al entorno de estar vivos.

    ¿Cuánto habrá de cierto en lo que decimos o lo que entendemos?

    En ambos casos, hay un tejido mental que urdirá una conclusión con la que estaremos o no conformes, esta podrá llegar a ser vistosa de colores y adornos de manera que se asemeje a lo que es una respuesta o siga siendo una interrogante. Pero, la difícil trama que existe para poder expresar claramente lo que sentimos y pensamos sobre algo determinado, casi siempre tiende a enredarse en ese mismo tejido mental, porque en los colores hay corazas que nos defienden de vernos débiles, con necesidad de saber, con hambre  y en los  adornos un vaivén de  máscaras que terminan por ocultar nuestras interrogantes y miedos. De allí el aprender a reconocer que en ocasiones cuando histriónicamente, alguien se decanta por algo en específico, es porque desea que así fuera y no porque lo tenga.

    Seguramente la mayor parte de nuestras vidas pasamos con hambre y nos resulta difícil comprender el hambre diferente a la de nosotros, porque somos distintos pese a iguales necesidades humanas; existen diferentes añoranzas de afecto, de saber, el hambre de por fin encontrar una manera en la vida que de paz. Esta necesidad podría entenderse, al menos así lo pienso, como la búsqueda eterna que permanece  dentro de nosotros mismos, por lo cual se vuelve extenso y estropeado el camino en donde aprendimos a esconder lo que llevamos en el interior, pero que permanece una interrogante hacia algo que faltó o falta en nuestras vidas.

    Alguien me dijo que la resiliencia como tal no tiene ningún significado ante lo que sucede, que no puede aplicarse ante la huella permanente que se graba en el alma. Pienso igual, talvez esa palabra pretende mermar un dolor, un faltante  y a su vez dar un color esperanza entregando una máscara que oculte el llanto, la mirada tibia y las arrugas que la amiga tristeza deja en la piel. Y si no, es que a través de ella, muy profunda se oculta aquella hambre que no fue saciada.

    De niños empezamos a esconder nuestras carencias, pero así mismo las observamos desde nuestro pequeño mundo y vamos entendiendo lo confusos que resultan los  adultos. Muestran alegría para encontrar verdad, tolerancia por permanencia, pero lo que  realmente hay en un trasfondo inevitable es hambre por saciar el miedo al fracaso, a la soledad y a lo infortunada que puede llegar a ser la vida.

    La misma hambre que empuja a ser saciada o ser ocultada con placebos, es la que nos mantiene en constancia, buscando entender. Pero a la vista de nadie no es agradable ver a un hambriento, a un famélico que se desborde totalmente.

    Pero si un poco, solo un poco escuchamos a los demás y a nosotros mismos, podremos escuchar como a intervalos hay silencios que se disfrazan de risas, guardando composturas porque las cosas son como son al tiempo que un suspiro nos hace más tibia la mirada.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

  • Las muertes en accidentes viales que pueden evitarse 

    Las muertes en accidentes viales que pueden evitarse 

    En marzo pasado a Luis Ernesto Delgado, de 27 años de edad, su esposa le dio la buena noticia que estaba embarazada, por lo que éste para celebrar se fue con sus amigos a disfrutar el orgullo de su próxima paternidad, a un rancho de playa  de la Costa del Sol. En el lugar se emborrachó y en horas de la madrugada abordó una motocicleta de uno de sus amigos y se le ocurrió regresar a su residencia en Soyapango, sin embargo, en la autopista perdió el control y se salió del carril chocando con unos arbustos. La moto quedó destrozada y él murió en el acto. La autopsia de Medicina Legal determinó que el joven, que no poseía licencia para conducir motocicleta, al momento de su muerte se encontraba en estado de ebriedad.

    Para la esposa de Luis, su muerte ha sido un duro golpe, su hijo nacerá y crecerá sin conocer a su padre, un joven contador público que tenía un buen empleo. Para la sociedad salvadoreña Luis es solo una estadística, que indica que desde el 1 de enero al 17 de agosto actual ya suman 913 las personas muertas en accidentes viales lo que da un promedio de cuatro fallecidos diarios. En este mismo período, el año pasado el promedio era de tres muertos diarios, pues se te tenían 746 muertes.

    El Observatorio Nacional de Seguridad Vial en su informe de Siniestralidad  Vial Anual da  a conocer que desde el 1 de enero anterior  hasta el lunes pasado en el país se habían registrado 14,196 accidentes viales que habían dejado 9,916  lesionados y 913 muertos, en promedio son 62 accidentes diarios, mientras que el año pasado en ese mismo periodo habían ocurrido 13,283, dando un promedio de 58 al día.

    Este año, hasta el 17 de agosto, 9,916 salvadoreños de todas las edades y condiciones sociales han resultado lesionados; mientras que en 2025 los lesionados sumaban 8,053. El promedio diario ha subido de 35 a 43.

    Llama la atención que de los 913 muertos en accidentes, 422 eran motociclistas y 308 peatones. La principal causa sigue siendo la distracción al volante y la invasión del carril contrario, lo que se resume en irresponsabilidad y falta de conciencia. Muchos conducían en estado de ebriedad o sin la pericia suficiente al no tener licencia autorizada para conducir. El informe del Observatorio señala que la mayoría de muertos y lesionados son personas en edad productiva que murieron en colisiones, choques o atropellamientos, principalmente.

    Un dato que no cuadra o más bien no es lógico, es el que indica que el promedio de conductores peligrosos detenidos es de siete diarios. El Observatorio señala que desde el 1 de enero hasta el lunes pasado en todo el territorio nacional habían sido arrestados 1,497 conductores peligrosos, 170 más que los detenidos en eses mismo lapso el año pasado, cuando el promedio era de seis.

    Si tomamos en cuenta el programa del Estado de Cero Alcohol al Volante los detenidos y multados deberían ser miles. Basta  que se pongan los controles o retenes en las carreteras que conducen a las playas para que sean cientos de detenidos a diario, especialmente los fines de semana.

    Las causas de los accidentes no indican cuantos fueron ocasionados por conductores en estado de ebriedad o bajo efectos de bebidas embriagantes o drogas, pero seguramente son la mayoría. Siete detenidos a diario me parece una cifra minúscula en comparación con los miles que andan conduciendo ebrios o dopados.

    Las autoridades tienen bien identificados los lugares donde se consume  bebidas embriagantes por lo que no es necesario que sea época de vacaciones o fin de semana para establecer los controles.  Hay playas o zona turísticas de donde salen cientos de ebrios conduciendo irresponsablemente.

    Igual, el informe no indica datos sobre los conductores que son detectados sin licencia.  La Ley manda a decomisar el vehículo, pero si el 40 por ciento más de motociclistas no posee licencia, por qué no se procede al decomiso de sus vehículos. El colmo es que hasta buseros y microbuseros conducen sin licencia autorizada.

    La misma Dirección General de Tránsito acepta oficialmente que el desconocimiento de las leyes de tránsito por parte de una gran parte de los conductores es un factor crítico que incrementa los siniestros viales, por lo que se hace necesario reforzar la educación vial y la exigencia de las normativas. En lo personal creo que quienes menos desconocen sobre las  leyes son los motociclistas que hacen carriles imaginarios, sobrepasan por donde se les da la gana, suben a las aceras, suben más de dos personas y conducen a la ofensiva a pesar de ser los más vulnerables. Igual quienes manejan transporte de público, algunos de los cuales manejan con soberbia irrespetando y poniendo en peligro al pasajero y al peatón.

    Siendo así, pues el Viceministerio de Transporte debe ser más rigorista a la hora de autorizar una licencia y de supervisar las escuelas de manejo, que alguna responsabilidad tienen. La División de Tránsito de la Policía Nacional Civil debe, de manera permanente, mantener controles en todo el país.

    Sacando de circulación a los conductores ebrios (y dopados) y a los que no tienen licencia para conducir todo tipo de vehículo seguramente la cantidad de lesionados y muertos por siniestros viales van a reducir considerablemente.

    * Jaime Ulises Marinero es periodista

  • Veinte minutos con un libro: recuperar el placer de leer sin prisa

    Veinte minutos con un libro: recuperar el placer de leer sin prisa

    Hay una escena que se repite todos los días. Nos sentamos unos minutos a descansar, tomamos el teléfono y pensamos revisar solamente un mensaje. Después miramos una noticia.

    Luego aparece un video. Después otro. Contestamos un WhatsApp, revisamos Facebook o cualquier otra red social y, cuando volvemos a mirar el reloj, ha pasado casi una hora.

    No hicimos nada malo. Simplemente, el tiempo se fue. Entonces pensé en algo muy sencillo: ¿qué pasaría si cada día apartáramos solamente veinte minutos para leer un libro? No dos horas. Ni siquiera una hora. Veinte minutos.

    Volver a leer sin correr

    Vivimos de prisa. Comemos rápido, contestamos rápido, caminamos rápido y también queremos leer rápido. Las redes sociales nos acostumbraron a pasar de una cosa a otra en segundos.

    Una fotografía, una noticia, un comentario, un video. Si algo no llama nuestra atención inmediatamente, movemos el dedo y seguimos. Un libro funciona de otra manera. Nos pide quedarnos.

    Cuando comenzamos una novela quizá las primeras páginas solamente nos presentan a los personajes. Poco a poco conocemos sus problemas, sus sueños y sus secretos. Después ocurre algo maravilloso: dejamos de mirar el reloj.

    Ya estamos dentro de la historia. Ese tipo de lectura nos ayuda a recuperar algo que estamos perdiendo: la capacidad de prestar atención durante un tiempo prolongado.

     Veinte minutos pueden hacer la diferencia

    No creo que para convertirse en lector sea necesario proponerse terminar cincuenta libros al año. A veces esas metas terminan produciendo exactamente lo contrario: presión. Prefiero algo más sencillo.

    Busque un libro que realmente le interese y lea veinte minutos cada día. Puede hacerlo después del desayuno. Antes de dormir. Durante un descanso. Mientras espera una cita. Incluso mientras toma una taza de café.

    Si un día lee diez páginas, está bien. Si solamente lee cinco, también. La lectura no es una competencia. Lo importante es regresar mañana. Después de varias semanas ocurre algo curioso: el libro comienza a esperarnos.

    Queremos saber qué sucederá con aquel personaje. Deseamos terminar el capítulo. Una historia empieza a acompañarnos durante el día. Allí comienza a nacer el hábito.

    El teléfono no es el enemigo

    Quiero decirlo claramente: no estoy en contra de la tecnología. Sería absurdo. El teléfono nos permite trabajar, comunicarnos, estudiar, leer periódicos y hasta llevar una biblioteca completa en el bolsillo. Yo mismo disfruto muchas de esas posibilidades.

    El problema aparece cuando ya no decidimos nosotros cuánto tiempo dedicarle, sino que la pantalla parece decidir por nosotros. Por eso no propongo abandonar el celular. Sugiero recuperar veinte minutos.

    Yo, Alfredo, escritor y lector desde hace muchos años, sigo descubriendo algo cada vez que abre un libro: la mente cambia de velocidad. El ruido baja. La atención vuelve. Las palabras empiezan a producir imágenes. Y eso se siente bien.

    Leer también nos ayuda a conversar

    Hay otro beneficio que muchas veces olvidamos. Quien lee tiene más cosas de qué hablar. Una novela puede llevarnos a conversar sobre la familia, el amor, la justicia, el trabajo, la historia o las decisiones humanas.

    Una biografía puede enseñarnos cómo alguien enfrentó una dificultad. Un cuento puede mostrarnos, en apenas diez páginas, una realidad que nunca habíamos imaginado. También aprendemos palabras nuevas sin sentarnos a memorizarlas.

    Poco a poco mejoramos nuestra manera de expresarnos, escribir y ordenar las ideas. Y todo comenzó con veinte minutos.

    Comencemos por algo que nos guste

    A una persona que nunca ha desarrollado el hábito de lectura no le recomendaría comenzar por un libro de quinientas páginas que no le interesa. Comience por aquello que despierte su curiosidad.

    Puede ser una novela corta. Un libro de cuentos. Una biografía. Una historia de aventuras. Literatura salvadoreña. Poesía. Un libro sobre algún tema que siempre haya querido conocer.

    Incluso, si usted es cristiano, puede comenzar leyendo un capítulo diario de los Evangelios. Poco a poco habrá leído los cuatro y después podrá continuar con cualquier otro libro de la Biblia.

    No necesita correr. Lo importante es leer con atención, comprender y reflexionar sobre lo leído. Los beneficios que he mencionado también están allí: concentración, comprensión, riqueza de lenguaje y, en este caso, crecimiento espiritual

    No existe ninguna obligación de comenzar por los libros más difíciles. Lo relevante es encontrar esa primera lectura que provoque una sensación sencilla: “Quiero seguir”.

    Recuerdo haber experimentado muchas veces esa alegría. Uno cierra el libro porque tiene que hacer otra cosa, pero la historia se queda dando vueltas en la cabeza.

    Horas después regresamos a buscarlo. Ese pequeño deseo de volver es una de las señales más hermosas de que estamos convirtiéndonos en lectores.

    Una pequeña decisión

    Pensemos en lo que significaría recuperar esos veinte minutos en nuestros hogares. Un padre leyendo. Una madre con un libro. Un adolescente dejando por un momento el teléfono. Un niño preguntando qué estamos leyendo.

    No hace falta organizar una ceremonia alrededor de los libros. Basta con abrir uno. Los hábitos también se enseñan con el ejemplo. Y quizá un niño que vea hoy a sus padres leyendo recuerde esa escena dentro de treinta años.

    Epílogo: veinte minutos para nosotros

    No sabemos cuántas horas hemos pasado deslizando una pantalla durante los últimos años. Probablemente sean muchísimas. Pero no quiero quedarme lamentándolo. Prefiero comenzar hoy.

    Veinte minutos parecen poca cosa. Sin embargo, pueden convertirse en páginas, después en capítulos y finalmente en libros completos. Y los libros, cuando realmente entran en nuestra vida, dejan algo dentro de nosotros.

    Nos hacen compañía, nos enseñan palabras, nos presentan personas, nos llevan a lugares donde nunca hemos estado. Y algo más valioso: Nos ayudan a pensar.

    La Biblia expresa una idea hermosa: “Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría, y que obtiene la inteligencia” (Proverbios 3:13). Quizá hoy podamos comenzar de una manera muy sencilla.

    Dejemos el teléfono a un lado durante veinte minutos. Abramos un libro. Sin correr, ni competir, sin preocuparnos por terminarlo. Solo leamos. Mañana podemos volver por otras páginas.

    *Alfredo Caballero Pineda, es escritor y consultor empresarial.

    alfredocaballero.consultor@gmail.com

  • La Geometría del Crimen: descifrando el mapa de la violencia y su evolución en El Salvador

    La Geometría del Crimen: descifrando el mapa de la violencia y su evolución en El Salvador

    Kim Rossmo nació en 1955 en Saskatoon, en la provincia canadiense de Saskatchewan. Se licenció en Sociología por la Universidad de Saskatchewan en 1978 y, en lugar de encaminarse sin más hacia la vida académica, hizo algo poco habitual para un joven graduado: se incorporó al Departamento de Policía de Vancouver, primero como empleado civil y, a partir de 1980, como agente de uniforme. Durante años compaginó el trabajo en la calle con una curiosidad intelectual que no terminaba de encajar en la cultura policial de la época.

    El criminólogo canadiense Kim Rossmo dedicó su carrera a demostrar lo contrario: que aquellos puntos esconden una geometría discreta y que, bien interpretada, esa geometría puede indicar la zona donde el autor tiene su base, casi siempre su propia casa. A esa disciplina se la conoce como perfilación geográfica, y Rossmo es quien le dio una fórmula, un método y un sitio en las salas de investigación de medio mundo

    El crimen no ocurre en el vacío, ni por coincidencias; obedece a patrones, rutinas y, sobre todo, a una geografía específica. Como analista y experto en criminología y formado en perfilación geográfica, la revisión del concepto expuesto en el trabajo del maestro Rossmo y que tengo veinte años de seguir su trayectoria y escuela, resuena de manera profunda con nuestra compleja realidad operativa. Rossmo, ex oficial de policía y pionero canadiense de la perfilación geográfica, nos demuestra científicamente que el comportamiento de un delincuente ya sea un asesino en serie o una estructura organizada, no es a la suerte o sin ninguna intención. Existe una matemática subyacente en sus movimientos, un mapa mental que inevitablemente revela su base de operaciones.

    La teoría matemática de Rossmo se fundamenta en principios de la criminología ambiental, destacando el «decaimiento de la distancia» y la «zona de amortiguamiento». En términos sencillos, los criminales prefieren operar cerca de su área de confort (donde conocen las rutas de escape y las dinámicas de la comunidad), pero evitan atacar tan cerca de sus hogares o escondites como para atraer la atención policial hacia su propia puerta. Operan, por tanto, en los márgenes de su espacio de actividad rutinaria. Este enfoque analítico transforma un mapa lleno de puntos aparentemente inconexos (escenas del crimen, abandono de vehículos, zonas de extorsión) en una matriz probabilística que señala el «punto de anclaje» del agresor.

    Al trasladar la brillante tesis de Rossmo a El Salvador, las implicaciones son fascinantes y nos ofrecen una lectura criminológica forense de nuestra historia reciente. Durante décadas, nuestro país fue el tablero de ajedrez de las pandillas criminales principalmente la MS-13 y el Barrio 18 y de otras denominaciones. Estas estructuras llevaron la «geometría del crimen» al extremo a través de sus «cliclas y canchas».

    Los delitos no eran aleatorios; estaban estrictamente delimitados por denominadas fronteras invisibles. Si aplicamos la fórmula de Rossmo de forma retrospectiva, vemos cómo las clicas y canchas establecían zonas de amortiguamiento precisas: los cementerios clandestinos y las zonas de ejecución casi siempre se ubicaban en la periferia de su actividad rutinaria para mantener la presión policial lejos de sus centros de extorsión, negocios producto del lavado de dinero y viviendas.

    En pleno año 2026 la geografía del crimen salvadoreño ha cambiado y se ha transformado drásticamente por la efectividad, eficiencia, técnicas especializadas de investigación, operatividad, inteligencia, contra inteligencia de nuestra Policía Nacional Civil-PNC y Fiscalía General de la República. El control territorial lo ejercen las fuerzas del orden, las autoridades por medio del control social formal.

    Los remanentes de las pandillas criminales se han visto obligados a alterar sus rutinas, desplazándose hacia zonas rurales o adoptando perfiles de alta movilidad. Es precisamente aquí donde la perfilación geográfica cobra una nueva y crítica vigencia para el Estado salvadoreño. Ya no buscamos fronteras de barrios evidentes; ahora debemos aplicar la matemática de Rossmo y sistemas algorítmicos avanzados como el software Rigel, diseñado por él, combinados con la actual inteligencia, software de primera generación, análisis de datos, utilización de toda las nuevas tecnologías de la información y comunicación, inteligencia artificial, entre otros, pero sobre todas esa experiencia y alta capacidad del talento humano en investigaciones, inteligencia, seguridad pública, áreas especializadas  que tiene nuestra PNC, que la hace grande y líder en el continente para capturar a delincuentes que intentan operar bajo el radar, prediciendo que es el gran desafío sus nuevas rutas logísticas y refugios ocultos.

    El trabajo de Kim Rossmo no es solo una lección de criminología teórica; es un manual de actuación estratégica. Como país, es deseable consolidar el avance paso del patrullaje tradicional, pasamos al patrullaje digital y trascender a la inteligencia geoespacial predictiva. La geometría del crimen nos advierte una verdad ineludible: por más astuto que se crea el delincuente al intentar evadir la justicia en el nuevo panorama salvadoreño de la actuación policial y fiscal, sus propios hábitos espaciales serán, invariablemente, la brújula que guíe a la autoridad hasta su guarida y sean presentados ante la justicia.

    *Por Ricardo Sosa / Doctor y Msc. en Criminología / @jricardososa / www.ricardososa.net 

  • Obituario de un delincuente

    Obituario de un delincuente

    Hay quienes opinan que las personalidades nocivas de la historia, dimensión personal o colectiva, deben ser ignoradas, tal y como si no hubieran existido, consideración que no comparto porque mientras las consecuencias de sus obras se padezcan el causante de los males no debe ser olvidado.

    Hago esta reflexión porque esta semana el individuo más nefasto de la historia de Cuba habría llegado a los 100 años, aunque muchos de nosotros hubiéramos preferido que no hubiera nacido.

    Reconozco que he abordado este tema con anterioridad, pero el hecho que lo que resta del totalitarismo castrista esté conmemorando el centenario de Fidel Castro, junto a su sangriento y destructivo legado, me obliga a transitarlo nuevamente, porque como entendiera José Martí, la verdad no es un simple dato o concepto abstracto, sino un deber moral vivo.

    Por supuesto que considerar que Fidel Castro fue el único culpable de la tragedia cubana sería un craso error. Tuvo numerosos colaboradores entre los que destacan su hermano Raúl, el verdugo más eficiente del totalitarismo, Ramiro Valdés y los siempre recordados Ernesto “Che” Guevara y Camilo Cienfuego, sin olvidar a los criminales anónimos y no anónimos, que con su vileza construyeron un sistema de horrores de muy difícil repetición.

    A los 100 años del natalicio del tirano más despiadado que ha padecido América, de los cuales vivió 90 años y tiranizó a un pueblo personalmente por 49, es apropiado afirmar que ni un segundo de su larga existencia estuvo orientado o comprometido con hacer el bien. Fidel Castro vivió para satisfacer sus ambiciones más nefastas, sin importar, el precio que tuvieran que pagar sus seguidores y menos sus enemigos.

    Castro fue un encantador. Literalmente encantador de serpientes, porque de los muchos que sedujo, la mayoría, fueron viles reptiles que cumplían ciegamente sus órdenes. Su capacidad de seducción fue enorme, equivalente, a la ingenuidad de quienes les sirvieron ciegamente.

    Castro irrumpió en la política a través del pandillerismo universitario. No pudo acceder al liderazgo de la Federación Estudiantil Universitaria, y se asoció con los dos grupos más violentos que operaban en la década del 40 en la Universidad de La Habana.

    No estoy escribiendo algo nuevo. Lo anteriormente expresado se ha dicho y se repetirá por décadas. Las ruinas causadas son tan vastas y profundas que los ejemplos de su destrucción será muy complicado erradicarlos, e imposible olvidarlos.

    Los daños materiales han sido incontables, no obstante, hay profundos conocedores de la realidad cubana, como el profesor Dagoberto Valdés y el escritor José Antonio Albertini, quienes afirman que los mayores perjuicios, el legado más negativo de Fidel Castro y sus sicarios son los que no se pueden palpar ni ver, los daños intangibles al ser humano, entre los que destacan el miedo, una emoción que cuando empieza a recorrer tu columna vertebral nunca la abandona y la pérdida de la esperanza, una expectativa que cuando se marchita, jamás revive.

    No es que los cubanos hubieran vivido en una pecera inmune a esos sentimientos y emociones, en la Isla nunca dejaron de haber problemas y distaba de ser un paraíso, pero los que vivimos la República, con sus muchas imperfecciones, podemos atestiguar, ante cualquier corte, que la herencia negativa de esa familia a nuestra nación no tiene igual.

    Las acciones condenables del totalitarismo insular, como hemos referido en más de una oportunidad, han transcendido las fronteras, de no ser así, la dupla de criminales integrada por Daniel Ortega y Rosario Murillo no le hubiera construido un monumento al tirano difunto.

    Los regímenes de Nicaragua, Bolivia y Venezuela surgieron y fortalecieron a la sombra de los hermanos Castro. De no ser por Fidel y Raúl, Daniel Ortega y Evo Morales serían simples delincuentes, y Hugo Chávez un payaso que incursionó en el narcotráfico.

    No quiero cerrar este aciago aniversario sin afirmar que los Castro han sentido un profundo desprecio, mezclado con odio, contra el pueblo cubano. Lo afirmo, porque trabajaron arduamente para destruir la República y se empecinan en seguir en el poder como lo evidencian sus cachorros, verdaderas hienas como sus progenitores, que buscan sobrevivir y seguir en control para depredar por siempre.

  • El talento humano ante la IA

    El talento humano ante la IA

    Es crucial definir qué es talento humano; según la RAE, es la capacidad de entender lo que hacemos, aptitud o la capacidad para hacer bien una tarea u ocupación. Es el que tiene capacidad para un trabajo.

    En la Revolución Industrial las empresas tuvieron que adaptarse al cambio; en esos procesos se han aplicado diferentes maneras de simplificar el trabajo o de aplicar las tecnologías. Por lo tanto, es importante analizar hasta qué punto el talento humano y los mismos empresarios van adaptando su enfoque administrativo ante la inteligencia artificial (IA).

    Las máquinas han ido reemplazando a muchos trabajadores; no es motivo de preocupación hacia el talento humano. Las habilidades y capacidades siempre son las que se necesitan; lo que va cambiando es la aplicación de nuevas tecnologías. ¿Se están perdiendo plazas laborales debido a la IA? Se comprueba según publicaciones que sí. Eso depende más del tipo de trabajo.

    Según Deloitte, “Una de las conclusiones más contundentes es que la velocidad supera a la escala como principal ventaja competitiva. El 67% de los líderes empresariales afirma que su prioridad será la agilidad, frente a solo el 28% que sigue apostando por crecer en tamaño”.

    ¿Cuáles son las habilidades que debe tener un trabajador actualmente? ¿El talento humano debe adaptarse a los cambios? ¿Qué piensan los empleadores ante los usos de la IA? Las máquinas simplifican mucho; sin embargo, con la IA se hacen más fáciles algunas actividades. Por esa razón, hasta la misma hoja de vida, el que anhela una plaza laboral, debe incluir un apartado que mencione que ha recibido una capacitación o aplica la IA en su profesión. Es en donde se debe verificar que no se trata de reemplazar personal, sino de adaptarse a los tiempos modernos.

    Es indispensable adaptarse a los cambios, así como en la sinopsis del libro “¿Quién se llevó mi queso? En el ámbito laboral se identifican habilidades, la forma de administrar, la productividad y cuánto se hace en total de horas laboradas, más si es en un lugar en donde se necesita estrictamente la utilización de personas, como lo es en un campo agrícola. En Deutsche Welle observé cómo utilizan IA en una especie de tractor; con rayos láser se elimina nada más la maleza. Lógicamente, es un humano el que hace el programa utilizando IA. Acá se evidencia que se aplica en todos los sectores productivos.

    El informe de Tendencias Globales de Capital Humano 2026 de Deloitte identifica una transformación profunda: la tecnología ya no es la ventaja clave, sino la forma en que las empresas combinan lo humano con lo digital.

    En otro contexto, la IA en el ámbito educativo, si se usa para verificar un trabajo o buscar información, no hay problema. Lo preocupante es cuando se va perdiendo el pensamiento crítico y la creatividad. Los docentes deben de saber aplicar la IA.

    Los empresarios también consultan antes de tomar las decisiones. Los mercados son cambiantes y, por ende, el uso de la IA es crucial para saberla aprovechar. La inteligencia artificial ofrece numerosos beneficios, siendo uno de los más destacados la eficiencia y automatización, ya que la IA puede automatizar tareas repetitivas y laboriosas, liberando tiempo para actividades más creativas y estratégicas (Sharma, 2024).

    El talento humano es crucial para toda organización; actualmente, las empresas automatizan hasta los mensajes. Los bots, por ejemplo, son los que se comunican con los clientes. Un punto fundamental es la evaluación del desempeño de los trabajadores. La IA ha venido a revolucionar todos los procesos en las organizaciones. Por lo tanto, se necesita personal que pueda adaptarse a su utilización. En conclusión, una persona al utilizar la IA, debe analizar datos, ser capaz de automatizar tareas y liderar proyectos en la organización.

    *Fidel López Eguizábal es docente e investigador Universidad Nueva San Salvador

    fidel.lopez@mail.unssa.edu.sv

     

     

     

  • El mundo recompensa a quienes se atreven

    El mundo recompensa a quienes se atreven

    Hay momentos en la vida en los que uno se detiene por un instante y piensa: “Si alguien me hubiera dicho hace algunos años que estaría aquí, probablemente no lo habría creído”. Eso fue exactamente lo que sentí al regresar de Budapest, después de haber tenido la oportunidad de participar en los Shell V-Power Games representando a El Salvador.

    Más allá del viaje, de conocer una ciudad increíble o de vivir una experiencia internacional, hubo algo que marcó mi corazón: comprender que los sueños nunca dejan de crecer.

    Durante mucho tiempo pensé que los sueños tenían un límite. Creía que, al alcanzar una meta, finalmente llegaba ese momento en el que uno podía decir: “Ya lo logré”. Sin embargo, la vida me ha enseñado que sucede todo lo contrario. Cada meta alcanzada abre la puerta a una nueva, y cada experiencia nos demuestra que somos capaces de llegar mucho más lejos de lo que alguna vez imaginamos.

    Mientras compartía con personas de distintos países, escuchaba sus historias y conocía otras formas de ver el mundo, también recordaba mi propio camino. Pensaba en todas esas pequeñas decisiones que, sin saberlo, fueron construyendo la oportunidad que estaba viviendo en ese momento.

    Muchas veces vemos el éxito de alguien y pensamos que ocurrió de la noche a la mañana. Pero casi nunca vemos las horas de trabajo, los errores, los aprendizajes, las dudas y la constancia que hubo detrás. Los sueños no se cumplen por casualidad; se construyen todos los días, incluso cuando parece que nada está pasando.

    Este viaje también me recordó la importancia de atrevernos a salir de nuestra zona de confort. Porque crecer no siempre significa hacer algo extraordinario; a veces significa aceptar una oportunidad, confiar en nuestras capacidades y decir “sí” a experiencias que nos desafían y nos ayudan a descubrir una versión de nosotros mismos que aún no conocíamos.

    Regresé con recuerdos que siempre llevaré conmigo, pero también con una nueva forma de ver el futuro. Entendí que los sueños evolucionan junto con nosotros. Lo que ayer parecía imposible, hoy puede convertirse en una realidad, y lo que hoy parece inalcanzable, quizá mañana sea el inicio de una nueva historia. Si algo me dejó esta experiencia, es la certeza de que nunca debemos dejar de soñar por miedo a que un objetivo parezca demasiado grande. A veces, el verdadero límite no está en las oportunidades, sino en aquello que creemos que somos capaces de alcanzar.

    Hoy miro hacia atrás con gratitud, pero también hacia adelante con ilusión. Porque entendí que los sueños no tienen un destino final; cambian de tamaño cada vez que nos atrevemos a creer un poco más en nosotros mismos.

    *Ale Costa, Empresaria y estratega digital

  • El Salvador envejece: ¿última llamada para aprovechar el bono?

    El Salvador envejece: ¿última llamada para aprovechar el bono?

    Hoy llamé a mi hermana, que vive en Berkeley, California. Nos hablamos muy de vez en cuando, pero hoy es su cumpleaños y sentí la obligación moral de marcar el número. Ella es una mujer alegre y positiva; a pesar de haber vivido una trayectoria marcada por lo trágico —como la desaparición de su primer esposo durante la guerra civil—, nunca se ha dejado arrastrar a las profundidades oscuras de la tristeza o la depresión. Siempre ha resurgido más fuerte y decidida. Yo, por el contrario, me he decantado históricamente por el lado oscuro de esta poesía que es la vida. Y, fiel a esa tradición, le dije: “No sé si alegrarme y celebrar tu cumpleaños o ponerme a llorar, porque al final estamos hablando de un año menos de vida”. Mi hermana rompió en carcajadas que terminaron en un paroxismo de tos.

    “Es muy difícil evitar darse cuenta de que uno está envejeciendo”, escribió Simone de Beauvoir. Pero más difícil aún es percibir que el mundo entero está envejeciendo. El envejecimiento dejó de ser una posibilidad futura para convertirse en una realidad presente. En El Salvador y en el planeta, la estructura por edades cambia con rapidez, y ese cambio obligará a replantear políticas públicas, inversión social y la organización de los sistemas de salud.

    A escala global, Naciones Unidas proyecta que la población de 65 años o más seguirá aumentando de forma sostenida en las próximas décadas, mientras la edad media de la población mundial continúa subiendo. Esto no solo refleja que vivimos más tiempo, sino también que nacen menos niños en muchas regiones, un fenómeno que transforma la economía, el mercado laboral y la demanda de servicios públicos.

    En El Salvador, la transición es todavía más acelerada. Distintas proyecciones coinciden en que la población de 60 años y más alcanzará alrededor de una cuarta parte del total hacia 2050, mientras disminuye con fuerza la población infantil y juvenil. Eso significa menos reemplazo generacional y, al mismo tiempo, más presión sobre salud, pensiones y cuidados de larga duración.

    El país, por tanto, no enfrenta solo un reto demográfico: enfrenta una decisión de política pública. Si no se anticipa la transición, el envejecimiento puede profundizar desigualdades y tensionar servicios ya frágiles. Pero si se planifica a tiempo, también puede abrir la oportunidad de construir un sistema más preventivo, más integrado y humano para una sociedad que envejece antes de haber resuelto sus rezagos históricos.

    El país está en una etapa particularmente importante: el UNFPA señala que El Salvador entró alrededor de 2019 en el período óptimo de su bono demográfico, complementado por el “bono de género”. La proporción de población potencialmente productiva es elevada respecto de la población dependiente, y se complementa con un crecimiento adicional que podría producirse aumentando la participación laboral femenina, especialmente en empleos formales; el punto más favorable se proyecta alrededor de 2035. El Salvador actualmente tiene muchos jóvenes, y este factor, gestionado apropiadamente, podría ser un motor importante para el crecimiento económico del país.

    Y ahí aparece una debilidad importante. El Banco Mundial señala que el crecimiento salvadoreño ha estado limitado históricamente por baja productividad, deficiencias de capital humano y baja calidad del empleo. Entre 2000 y 2024 el crecimiento promedio fue solamente de 2.1% anual. Es decir, tener muchos jóvenes no constituye por sí mismo una ventaja económica. Si una gran parte de ellos termina en empleos informales, de baja productividad o emigra, el país pierde buena parte del beneficio potencial del bono demográfico.

    ¿Qué está haciendo actualmente el Gobierno?

    La estrategia económica de la administración Bukele se ha apoyado principalmente en inversión, infraestructura, construcción, turismo, logística, servicios y atracción de inversión privada. La iniciativa El Salvador Crece, desarrollada con el BID, tiene precisamente como objetivos promover inversión, aumentar productividad y generar empleo.

    La política económica de El Salvador está orientada a generar crecimiento y empleo, pero todavía no está suficientemente orientada a transformar el bono demográfico en capital humano y productividad. El problema no es que El Salvador tenga demasiados jóvenes. El problema sería llegar al momento en que esos jóvenes comiencen a convertirse en adultos mayores sin haber adquirido las capacidades productivas necesarias. Muy probablemente el país esté entrando en su último gran bono demográfico; ojalá y se aproveche.

    *El Dr. Alfonso Rosales es médico epidemiólogo y consultor internacional

  • El respeto y la tolerancia, valores de la sociedad

    El respeto y la tolerancia, valores de la sociedad

    “Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz” fue la frase pronunciada por el presidente y político mexicano Benito Juárez, el 15 de julio de 1869, tras la victoria de la Republica sobre el Segundo Imperio Mexicano. La frase encierra una gran connotación humanitaria y encierra una filosofía de vida basada en el respeto a las ideologías y formas de ser de los demás.

    Entre naciones hay que respetarse porque su soberanía y autonomía determina su forma de gobierno. Cada nación tiene el gobierno que quiere y no siempre el que merece. Pero cada pueblo es libre de decidir por si mismo a través de procesos democráticos convenidos en la dinámica de la sociedad.

    Entre individuos el respeto promueve la justicia, la libertad y los derechos individuales y colectivos de las personas, los cuales deben ser sagrados y parte cotidiana del buen vivir. Con mis derechos no puedo irrespetar los derechos de los demás ni  viceversa, pues en una sociedad donde impera la justicia con libertad, cada quien es libre de poseer su propia ideología y de manifestar una conducta  diferente siempre que no trasgreda los valores morales y éticos que la misma sociedad impone.

    El respeto al derecho ajeno es en síntesis la tolerancia en su máxima expresión. Ya en el siglo XVII el historiador, poeta, dramaturgo, escritor, abogado y filósofo francés Francois Voltaire (1694-1778) habría escrito en su “Tratado sobre la Tolerancia”:  “La tolerancia no han provocado  nunca ninguna guerra; la intolerancia ha cubierto la tierra de matanza”.

    Voltaire vivía afanado con la tolerancia, valor que él consideraba el padre de la paz, el respeto, la libertad y la justicia, porque los abarcaba a todos. En 1906, la británica Evelyn Hall al resumir la postura filosófica de Voltaire dijo;  «No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”.

    Voltaire y Juárez quienes vivieron en tiempos y sociedades diferentes, dictaron los valores de la sociedad para la sana convivencia, dándole al respecto y la tolerancia la ubicación y modo perfecto para una vida llena de paz y convivencia positiva enmarcada en la justicia y la libertad. Se dice que paz más tranquilidad y seguridad en todo sentido es igual a felicidad, fenómeno que es posible medir por el acceso a los servicios básicos, a la salud, a la educación, a las oportunidades laborales y a la participación ciudadana (democracia) en el sistema de Estado (y de gobierno),

    Cuando en una sociedad o una nación se comienza a perder el respeto entre sus individuos e instituciones o cuando la tolerancia es sobrepasada por la intolerancia, es cuando peligrosamente se va rumbo a la inseguridad e intranquilidad que rompe peligrosamente con lo establecido como paz y pone en peligro la sana convivencia y la relación justa entre sus individuos.

    Por eso los salvadoreños debemos siempre ser respetuosos, sin aceptar que nos violenten nuestros derechos, los que por su costo de sudor y sangre son sagrados. Tenemos la obligación moral y ética de aceptar a los que piensan diferentes, a los que sienten y conocen diferente. Es posible que la razón esté de nuestro lado, pero no es necesario imponerla, pues el tiempo y las causas y consecuencias estarán algún día de nuestro lado. A veces la razón no está con la mayoría, pues es la minoría la que cuentan con el favor de la lógica sapiencia, pero en un proceso democrático devenido de los acuerdos basados en el respecto y la tolerancia, siempre vamos a respetar la decisión mayoritaria, aunque respetuosamente escuchando los argumentos de las  minorías.

    Los salvadoreños debemos respetarnos los unos a los otros y practicar cotidianamente la tolerancia. No podemos ver como rivales o enemigos a los que difieren de nuestra ideología o forma de ser y pensar. Todos tenemos derecho a existir y ser escuchado, a ser tomados en cuenta y a construir criticas y propuestas de solución.

    En una sociedad donde el voto del empresario millonario vale lo mismo que el del pordiosero desempleado, cada  opinión cuenta o debe de contar. Igual toleramos al agradable que al desagradable, porque a lo mejor nosotros nos consideramos agradables, siendo en realidad los desagradables.

    No podemos andar por ahí siendo irrespetuosos e intolerantes.  Debemos actuar siempre con empatía y sentido de amistad. Como ciudadanos debemos ser útiles para la paz y la tolerancia. Mis necesidades son las mismas que las de los demás y puede ser que los objetivos y metas de mi vida sean similares a las de todos los que anhelamos vivir en un mundo de respeto repleto de paz y tolerancia.

    *Jaime Ulises Marinero, periodista

  • A tu ritmo, no al de los demás

    A tu ritmo, no al de los demás

    Vivimos con la sensación de que siempre vamos tarde. Tarde para alcanzar una meta, para cambiar de trabajo, para emprender, para formar una familia, para comprar una casa o simplemente para sentir que estamos donde deberíamos estar. Y muchas veces esa sensación no nace de nosotros, sino de compararnos con el ritmo de los demás.

    Las redes sociales han hecho esa comparación todavía más difícil. Vemos ascensos, viajes, negocios exitosos, relaciones perfectas y proyectos que parecen avanzar a una velocidad extraordinaria. Lo que no vemos son las dudas, los tropiezos, los años de esfuerzo o las decisiones que hubo detrás de cada resultado.

    Durante mucho tiempo también he pensado que ciertas cosas deberían suceder en determinados momentos. Como si existiera una especie de calendario invisible que nos dijera cuándo deberíamos lograr cada cosa. Con los años he entendido que la vida no funciona así.

    Cada persona tiene circunstancias diferentes, oportunidades distintas y también batallas que nadie más conoce. Por eso, comparar nuestro capítulo cinco con el capítulo quince de alguien más es una manera bastante injusta de medir nuestra propia historia.

    Hay procesos que necesitan tiempo. Hay decisiones que requieren madurez y sueños que necesitan varias oportunidades antes de encontrar el momento correcto. Que algo todavía no haya sucedido no significa que hayamos fracasado.

    También he aprendido que avanzar no siempre significa ir más rápido. A veces avanzar es detenerse, replantear una decisión, empezar de nuevo o aceptar que el camino que habíamos imaginado ya no es el que queremos recorrer.

    Nos hemos acostumbrado a celebrar únicamente los grandes resultados: el ascenso, el negocio, la casa, el reconocimiento. Pero hay pequeños avances que también merecen ser celebrados. Levantarse después de una etapa difícil, atreverse a comenzar algo nuevo o simplemente tener la valentía de elegir diferente también es progreso.

    No todos tenemos que correr la misma carrera. Incluso puede que ni siquiera estemos corriendo hacia el mismo lugar. Entonces, ¿por qué insistimos en utilizar el reloj de otra persona para medir nuestra vida?

    Creo que una de las formas más silenciosas de perder la tranquilidad es vivir intentando cumplir expectativas ajenas. Queremos demostrar que podemos, que avanzamos, que tenemos éxito. Y en medio de esa carrera podemos olvidar preguntarnos algo mucho más importante: ¿esto realmente es lo que yo quiero?Ir a nuestro ritmo también implica aprender a escucharnos. Reconocer cuándo necesitamos acelerar, cuándo debemos esperar y cuándo simplemente necesitamos descansar. No todo momento de pausa es un retroceso.

    Hay personas que encuentran su propósito muy jóvenes y otras que lo descubren después de muchos años. Algunas construyen una carrera rápidamente y otras necesitan cambiar varias veces de dirección. Ninguna historia es menos valiosa por haber tomado más tiempo.

    Quizás deberíamos dejar de preguntarnos por qué todavía no estamos donde está alguien más y empezar a preguntarnos cuánto hemos avanzado desde donde nosotros comenzamos.

    A veces somos mucho más duros con nosotros mismos de lo que seríamos con cualquier otra persona. Le damos a los demás permiso para equivocarse, comenzar de nuevo y tomarse su tiempo, pero a nosotros nos exigimos tener todas las respuestas.

    Hoy creo que no se trata de conformarnos ni de utilizar “cada quien tiene su ritmo” como una excusa para no avanzar. Se trata de trabajar por lo que queremos sin convertir la vida de los demás en una medida de nuestro propio valor.

    Porque sí, hay que tener metas, ambición y ganas de crecer. Pero también hay que tener paciencia con nuestra propia historia. Algunas cosas llegan cuando estamos preparados para recibirlas, no necesariamente cuando creemos que deberían llegar.

    Quizás la verdadera libertad está en dejar de correr para demostrar que vamos al mismo ritmo que los demás y empezar a caminar con la certeza de que nuestro camino, con sus pausas, cambios y aprendizajes, también tiene sentido. A tu ritmo. No al de los demás.

    *Amanda Rodas, emprendedora y consultora de reputación y marca