Categoría: Opinión

  • Los perjuicios intangibles del Castrismo

    Los perjuicios intangibles del Castrismo

    Hace unos días en una charla entre amigo conversamos que los regímenes de fuerza, en particular los de corte totalitario o mesiánicos, causan en la sociedad numerosos y diferentes clases de daños. Hablamos de los fusilados y muertos en combate en la lucha por la democracia. Los cientos de miles que pasaron largos años en la cárcel, la destrucción económica de nuestro país, el deterioro general de las edificaciones y los millones que debieron partir al exilio o decidieron emigrar, por la catastrófica situación que la dictadura ha generado.

    Estábamos inmersos en esos aspectos cuando mi esposa comentó, ustedes hacen, justamente, al igual que la mayoría de los observadores y analistas, referencias a los perjuicios humanos y materiales, pasando por alto los intangibles, obviando que cada una de las personas a las que le cambio la vida o fue terminada por el régimen hubieran podido aportar a Cuba muchas cosas positivas.

    Esta observación nos condujo a tratar aspectos que algunos de nosotros nunca habíamos considerado o abordado muy vagamente como cuanto habrían aportado a la Isla los dirigentes estudiantiles Pedro Luis Boitel, muerto en huelga de hambre en 1972 y Porfirio Ramírez, fusilado junto a cuatro compañeros en octubre de 1960, o el civilista Orlando Zapata Tamayo, también muerto en huelga de hambre en el 2010 en reclamo de sus derechos, en una Cuba democrática.

    Pensamos también en los aportes a la República que los cientos de miles que pasaron por la prisión política y aún se encuentran en Cuba, como los exprisioneros Guillermo Fariñas, Félix Navarro y Jose Daniel Ferrer y las prisioneras políticas, entre muchas, Sally Navarro y María Cristina Garrido, si en nuestro país se respetase plenamente la dignidad humana.

    Inmediatamente después la conversación se orientó al exilio, al éxito profesional de decenas de miles de compatriotas y al económico de muchos más. Los numerosos profesores universitarios y en otros niveles de la educación, así como la gran cantidad de trabajadores que desempeñan funciones importantes en todos los sectores de la sociedad, tales como las comunicaciones, la industria, la construcción y los servicios en general.

    Por supuesto que la charla nos trasladó a la política y a los políticos cubanos que participan en esa actividad en Estados Unidos y otros países, los numerosos congresistas de origen cubano que han servido y sirven en la Cámara de Representantes y los que han integrado el exclusivo club de los 100 del senado estadounidense para terminar que dos cubanos participaron activamente en una campaña presidencial y que uno de los dos es Secretario de Estados, la posición no electa mas importante de este gran país.

    La charla se enriquecía mencionando a los políticos, cuando Luz Martínez, mi esposa, y Jose Antonio Albertini mencionaron al comisionado de la ciudad de Miami recientemente fallecido, Manolo Reyes, debo decirlo, ahí todos callamos y rendimos con el silencio un modesto homenaje a una persona que se había ganado el respeto de todos nosotros por sus acciones y sencillez.

    Manolo Reyes era un hombre respetable. Cordial y sincero, y todos coincidimos que en una “Cuba con todos y para el bien de todos” habría sido una cantera muy provechosa para la república. Manolo habría sido un excelente funcionario publico en cualquier instancia cubana y no dudamos de que hubiera sido un invaluable alcalde para la ciudad de Miami.

    Hablando del fallecido, Daniel Pedreira, recordó a otro grande de los cubanos en la política estadounidense, el congresista Lincoln Diaz Balart, que recientemente partió al infinito. Un hombre que al igual que Reyes sentía por Cuba una gran pasión y se consideraban obligados a servirla en cualesquiera instancias en la que pudieran desarrollar sus talentos.

    Desgraciadamente el totalitarismo castrista imposibilitó que estos dos hombres honestos y trabajadores, junto a otros con un profundo compromiso con la comunidad, también desaparecidos, en la Isla o fuera de ella, aportaran a la nación cubana su talento y dedicación, esos daños intangibles del castrismo son tan o mas destructores que los otros que integran su trágico legado.

  • Mario Vargas Llosa, esencial y vitalmente escritor

    Mario Vargas Llosa, esencial y vitalmente escritor

    Con Mario Vargas Llosa (1936-2025) ha muerto el último gran exponente del llamado boom Latinoamericano, un extraordinario fenómeno creativo y editorial que, en puridad, debería denominarse boom de la novela hispanoamericana, pues todos sus integrantes fueron primordialmente novelistas y ninguno de ellos era oriundo de Brasil, Quebec o el Caribe francófono, ni escribieron sus obras en otra lengua que no fuera el castellano, si bien Julio Cortázar, nacido circunstancialmente en Bélgica, redactara en francés Les discours du Pince-Gueule (1966), traducido después como Los discursos del Pinchajeta.

    Con la desaparición de Vargas Llosa, fallecido en la cumbre de una bien trabajada celebridad, llega a su fin el ciclo biológico de una pléyade de escritores que enriquecieron el mapa literario del mundo al tiempo que sus nombres pasaban del oscurantismo editorial a la difusión masiva, el estruendo publicitario, la rendición de la crítica, los premios y las giras internacionales. Los propios protagonistas, sin embargo, más de una vez confesaron sus personales escepticismos sobre el boom. A Cortázar le incomodaba semejante término onomatopéyico en inglés, Gabriel García Márquez apenas se refirió a él, y Carlos Fuentes, siendo el único que dedicó un libro al asunto, prefirió el título de La nueva novela hispanoamericana (1969). Todos ellos, eso sí, dejaron testimonio abundante de las implicaciones del fenómeno: ruptura con el lenguaje anterior, actualización vanguardista del binomio realidad-ficción y un claro compromiso político (no únicamente estético) con los cambios históricos que por entonces se producían en el subcontinente.

    En 1971, Vargas Llosa comentó: “Lo que se llama boom y que nadie sabe exactamente qué es —yo particularmente no lo sé— es un conjunto de escritores —tampoco se sabe exactamente quiénes, pues cada uno tiene su propia lista— que adquirieron de manera más o menos simultánea en el tiempo cierta difusión, cierto reconocimiento por parte del público y de la crítica. Esto puede llamarse, tal vez, un accidente histórico. Ahora bien, no se trató en ningún momento de un movimiento literario vinculado por un ideario estético, político o moral. Como tal, ese fenómeno ya pasó”.

    El peruano, de hecho, será el primero y el único que se desencantará clamorosamente de la revolución cubana con crítica abierta a las bases filosóficas y antropológicas del socialismo, aspecto que le acarreará numerosos ataques de tipo ideológico y hasta personal. Su editor en Alfaguara, Juan Cruz, sostiene que “crear malentendidos en torno a Vargas Llosa ha sido siempre un deporte internacional”. Curiosamente, entre tan numerosos detractores es raro hallar alguno con capacidad teórica suficiente para refutarle en el campo de las ideas, bien sea porque las ignoran o prescriben de entrada, o porque les resulta árido contradecirle desde el conocimiento de los autores liberales que ello exige. (Ya abordaré este tema en otra columna).

    El caso es que Mario Vargas Llosa llegó a ser, por encima del resto de sus colegas del boom, el escritor que mayor influencia ejercería como personalidad mediática, desde contertulio frecuente en programas de entrevistas hasta columnista internacional de prestigio, pasando por actor teatral, cronista deportivo, fracasado director cinematográfico, miembro de comisiones oficiales —como la que presidió en 1983 para investigar la masacre de periodistas de Uchuraccay, (Ayacucho)— e incluso jurado del certamen Miss Universo, en cuyo panel estuvo acompañado, en 1982, por el histrión Franco Nero y el ilusionista David Copperfield.

    La farándula persiguió al Nobel hasta sus últimos años de vida, cuando tomó la decisión, inesperada y otoñal, de compartir almohada con la socialité Isabel Preysler, estrella de las revistas españolas del corazón con dos divorcios a la espalda, madre de cinco hijos y viuda del ex ministro Miguel Boyer. Tras romperse esta extraña relación, en 2022, Vargas Llosa volvió bajo el mismo techo con su esposa Patricia, quien estaba a su lado al momento de morir el pasado 13 de abril en Lima.

    El autor de La fiesta del Chivo, ya se sabe, también vivió y sufrió las asperezas no solo del activismo político sino de la política activa. En su juventud, siguiendo los postulados de Jean-Paul Sartre relativos al “compromiso”, adhirió en serio a la idea —“persuasiva y exaltante”, diría luego— de que el mundo podía ser radicalmente mejorado desde el humanismo empoderado y que la literatura tenía la obligación de contribuir a este proceso. En 1966 afirmó: “La razón de ser de la literatura es la protesta, la contradicción y la crítica. El escritor ha sido, es y seguirá siendo un descontento. Nadie que esté de acuerdo con la realidad en la que vive acometería esa empresa tan desatinada y ambiciosa: la invención de realidades verbales”. Pero tan temprano como 1967, en una Carta al vocero del Partido Comunista Peruano, alegará que si un escritor está “profundamente comprometido con su vocación, amará la literatura por encima de todas las cosas”.

    Y aunque entre 1987 y 1990 Vargas Llosa trabajó a conciencia en una candidatura presidencial que acabó en frustrante derrota, hemos de recordar algo que había escrito en 1983 al publicar Contra viento y marea, su primera recopilación de artículos periodísticos: “La literatura, a fin de cuentas, importa más que la política, a la que todo escritor debería acercarse sólo para cerrarle el paso, recordarle su lugar y contrarrestar sus estropicios”.

    En definitiva, como constructor imaginativo y perseverante de nuevas realidades, es decir, en tanto esencial y vitalmente escritor, Mario Vargas Llosa contribuyó como pocos a la expansión universal de Hispanoamérica, en una apuesta inequívoca por ese arte en que todo puede ser creado “a partir de las verdades y mentiras que constituyen la ambigua totalidad humana”.

  • Sobre inmigraciones y wokeismo

    Sobre inmigraciones y wokeismo

    Tres causas inmediatas, latentes en el electorado estadounidense fueron definitorias en el contundente triunfo del candidato republicano, Donald Trump, en las elecciones del pasado 20 de enero del corriente año.

    En esta oportunidad no hubo duda, reconteo o señalamientos. No solo ganó de manera inequívoca en el Colegio Electoral (una extraña formula que data de 1785, mediante la cual se conjuga el voto directo, con el voto de los parlamentarios), sino en el voto popular.

    Muchos y concienzudos análisis se han hecho y podrían hacerse aún más sobre las causas que generaron tal fenómeno, a pesar de haber estado rodeado de varias causas judiciales, en muchas de las cuales fue declarado culpable antes del día de la votación.

    Este circunstancia tan particular solo se ha visto recientemente en Hugo Chavéz en 1998 y en Nayib Bukele en el 2019. No obstante el de Chávez, para los efectos comparativos, tuvo la debilidad que ese año la abstención del electorado rozó el 69%.

    Contrario el caso del Presidente Bukele que su primera elección la ganó por sobre el 53.3% de la totalidad del electorado y su segunda presidencia (2024) la obtuvo con el 84.65%.

    Fueron tres procesos diferentes con causas diferentes, pero latentes y apremiantes cada una de ellas, en la psiquis de sus respectivos pueblos o naciones.

    En el caso que nos ocupa, el de los Estados Unidos (por diversas circunstancias he sido testigo presencial en cada uno de esos tres procesos) con toda certeza al margen de otras motivaciones particularizadas, podríamos situar las más apremiantes y emotivas fueron: 1) la inmigración, 2) la presión de imponer el wokismo y 3) el hecho económico.

    La inmigración desbordada e incontrolable se estaba haciendo sentir en los Estados Unidos de una manera negativa. Ese espectáculo continuo de la frontera sur del país de una muchedumbre cada vez más voluminosa de migrantes presionando traspasar la frontera de manera legal o no, se hizo alarmante en el todo social, desde Florida hasta Nueva York.

    Pronto se llegó a no diferenciar la inmigración por causas políticas a la inmigración errante por las calles y suburbios de las ciudades, que hizo resentir al ciudadano común. Si a ello agregamos los continuos delitos graves cometidos por a todas luces indocumentados y no controlados por las autoridades, se fue conformando un patrón de opinión de rechazo a la inmigración, generalizándose sin distingos, el desorden, el crimen, la vagancia con el extranjero, sin mayores diferenciaciones.

    Solo se sentía que un número mayor de violaciones, robos, asesinatos, infracciones de todo tipo se encontraban unidas a la presencia cada vez mayor de inmigrantes (hispanoamericanos, africanos, haitianos y hasta del Medio Oriente). Sí, se sentía cierto prejuicio racial, era obvio en las expresiones públicas y privadas.

    En ese fenómeno se coló la inmigración inducida proveniente de Venezuela y Cuba particularmente, a través de bandas criminales politizadas (el Tren de Aragua, por ejemplo), cuyo objetivo irrefutable fue la de crear caos y desestabilización en la sociedad estadounidense. Invadirla desde abajo, aprovechando las debilidades del sistema (un poco lo que hizo el integrismo islámico en Europa, pero más brutal).

    A ello se agrega un creciente malestar en el ámbito laboral, puesto que muchos, casi todos los inmigrantes indocumentados aceptaban salarios por debajo de los mínimos, en detrimento de quienes se encontraron en desventaja al tener la carga de la declaración del impuesto sobre la renta y el pago del seguro social.

    2) la cultura Woke se fue imponiendo en Los estados Unidos de una manera inaceptable, incluso entre quienes tradicionalmente han estado involucrados en la defensa de los derechos humanos. La negritud, el feminismo, la preferencia sexual entre otras expresiones en y de la sociedad estadounidense, se fue desplazando hacia la imposición al todo social, mimetizándose con tendencias antidemocráticas y posturas políticas excluyentes relacionadas antiguamente con el marxismo. Lo observado en las universidades estadounidense de mayor prestigio mundial es simplemente inaceptable, presagiaba la involución cultural, y la destrucción de los Estados Unidos de América.

    Fenómeno que no es exclusivo de ese país, España por ejemplo, a través del Podemos, antiguamente dirigido por Pablo Iglesias, y el PSOE de hoy dirigido por Zapatero y Pedro Sánchez han desatado una guerra cultural sostenida en conceptos y valores que enfrentan la esencia de los valores y cultura de Occidente, basados en la cultura y valores de la civilización judeocristiana.

    Por otra parte el feminismo militante que intenta sustituir el matriarcado de signo contrario al patriarcado, ha llegado a zonas francamente insostenibles; como la libre elección del sexo diferente al cual se nació, en un proceso denominado de transexualidad. Donde el sexo no lo define el nacimiento sino la elección posterior del concebido; incluso elección dejada al criterio de un menor de edad.

    Ya no se trata de la aceptación del otro en su sexualidad, sino cambiar el sexo del femenino al masculino o viceversa mediante tratamiento hormonal. Esto ha llevado al caso que un hombre que ha decidido ser mujer, exige competir deportivamente con una mujer nacida mujer.

    Estas posturas no fueron aceptadas por el todo social, y fueron relacionadas con el Partido Demócrata, su candidata y sus parlamentarios.

    Finalmente, el hecho económico. Que bien ha podido ser consecuencia del orden mundial desestabilizado por las guerras focalizadas en Eurasia (Rusia/Ucrania) y el Medio Oriente (Palestina-Israel), al contraerse los mercados y encarecerse el vital combustible basado en los hidrocarburos, se hizo sentir en el consumidor de la clase media; aunque la economía en general de los Estados Unidos se encontraba estable, pero encareciéndose.

    El miedo o la precaución del electorado que una administración demócrata fuere a profundizar la desestabilización, un modo de vida, una seguridad existencial, ante aventuras ideológicas no compartidas por el todo social, culminó en la necesaria inclinación hacia la protección de valores tradicionales dispuestos a evolucionar, pero no a erradicarlos o sustituirlos por aventuras o pretensiones ideologizadas, una vez extinguida la oferta comunista o castrista.

  • Mi Nueva Escuela y la relevancia estratégica de la Primera Infancia

    Mi Nueva Escuela y la relevancia estratégica de la Primera Infancia

    La atención integral y prioritaria de la Primera Infancia ha sido el detonante de la reforma educativa Mi Nueva Escuela impulsada por el Ministerio de Educación Ciencia y Tecnología (MINEDUCYT) iniciando por atender esta etapa del desarrollo de la persona humana.

    Desde que comenzó la gestión del Presidente NayibBukele y la Primera Dama Gabriela de Bukele, se replanteó la atención a dicho grupo poblacional en todas las dimensiones, incluyendo la educación, y la ruta de la planificación sigue avanzando.

    Para alcanzar el desarrollo individual y social, se requiere de una inversión a corto, mediano y largo plazo, puesto que el subdesarrollo tiene un costo que se debe pagar en el tiempo. Cuando el Estado invierte en el desarrollo integral de las niñas y niños desde la Primera Infancia, se cimientan las bases para su salud, su aprendizaje, sus relaciones interpersonales y la toma de decisiones responsables, ampliando la posibilidad de tener generaciones saludables, personas asertivas, plenas y realizadas, comunidades en convivencia solidaria y pacífica, mujeres y hombres relacionándose con respeto, consideración e igualdad que se encuentra plasmada en la Política Crecer Juntos-

    Garantizar la calidad de la educación inicia con la promoción del ser humano desde sus primeros días de existencia ya que estos son determinantes para cultivar un desarrollo adecuado y un futuro con oportunidades. En El Salvador la Primera Infancia comprende a niñas y niños desde su gestación hasta cumplir los ocho años.

    La primera infancia abarca el período de vida desde el nacimiento hasta los 8 años de edad. Es una etapa crucial del desarrollo humano, caracterizada por un rápido crecimiento físico, cognitivo, social y emocional. Durante estos años, se sientan las bases para el aprendizaje futuro, la salud y el bienestar general.

    El ambicioso proyecto del nuevo modelo educativo «Mi Nueva Escuela» en El Salvador no es solo una reforma pedagógica; es una inversión estratégica en la seguridad y el futuro de la nación, con la primera infancia como su cimiento fundamental. Desde la perspectiva criminológica, la atención prioritaria a los primeros años de vida representa una poderosa herramienta de prevención, capaz de moldear ciudadanos resilientes y menos propensos a la violencia y la delincuencia.

    La relevancia de la primera infancia radica en su impacto duradero en el desarrollo humano. Durante estos años cruciales, el cerebro experimenta un crecimiento exponencial, estableciendo las bases para el aprendizaje, la regulación emocional y las habilidades sociales. Un entorno estimulante, seguro y afectuoso, acompañado de una nutrición adecuada y programas de salud integrales, sienta las bases para individuos más adaptados y con mayor capacidad para navegar los desafíos de la vida sin recurrir a la violencia.

    «Mi Nueva Escuela» parece comprender esta premisa fundamental al colocar la primera infancia en el centro de su diseño. La implementación de programas de salud y nutrición desde edades tempranas aborda factores de riesgo biológico que pueden influir en el comportamiento futuro. Un niño bien nutrido y con un desarrollo físico saludable tiene mayores probabilidades de un desarrollo cognitivo óptimo, lo que a su vez se traduce en una mejor capacidad para la resolución de problemas y la toma de decisiones informadas, elementos disuasorios de la conducta delictiva.

    La educación inicial, también conocida como educación preescolar o parvularia, es la educación que se ofrece a los niños en la primera infancia, generalmente desde los 3 hasta los 5 años, aunque puede comenzar incluso antes. Se concibe como un proceso continuo y permanente de interacciones y relaciones sociales de calidad, oportunas y pertinentes que posibilitan a los niños y las niñas potenciar sus capacidades y desarrollar competencias para la vida. Mi Nueva Escuela establece las bases y prioridades desde la primera infancia. Mañana se reanudan las clases luego del receso de vacaciones de verano 2025 las y los maestros y los centros educativos esperan a esta nueva generación de primera infancia para continuar formando y preparando a los próximos adultos significativos en nuestro amado país.

    *Por Ricardo Sosa, Doctor y máster en Criminología
    Docente certificado educación superior

  • Viacrucis

    Viacrucis

    Se trata de un padecimiento; de un sufrimiento fuerte y profundo, prolongado en el tiempo. Eso es lo que sufrió Jesucristo: escarnio, tortura y muerte en la cruz, como se lee en los evangelios. Durante su historia, buena parte de la humanidad ha sido sometida a esa condición por las guerras, las hambrunas y otros desastres cuyo origen se encuentra –demasiadas veces– en el egoísmo y la insultante ambición de las minorías privilegiadas por tener cada vez más riqueza, lujos y poder; son estas élites las constituidas por “escribas y fariseos”, “mercaderes” usurpadores de templos, “sepulcros blanqueados” en una “cueva de ladrones”…

    Y mientras, las mayorías populares permanecen sumidas en insoportables injusticias inmerecidas, adversidades infames y penurias indecentes que nada tienen que ver con la divinidad.

    Lo padecido por nuestro pueblo oprimido y reprimido, lo confirma; asimismo, lo que le está ocurriendo actualmente nos plantea el gran desafío que representa superar ese perenne calvario. A continuación, a semejanza de lo ocurrido con el hijo de Dios, imagino a lo largo del tiempo catorce estaciones salvadoreñas con algunas de sus figuras martiriales notables.

    La primera tiene que ver con el levantamiento de los pueblos nonualcos iniciado en enero de 1833, liderado por Anastasio Aquino; la segunda con otra rebelión también esencialmente indígena que reventó en enero de 1932, impulsada sobre todo allá en la zona de los izalcos ubicada al occidente del país. Su líder más conocido, Feliciano Ama, fue asesinado igual que Aquino; el cadáver colgado de Ama y la cabeza de Aquino exhibida en un parque, contenían el mismo mensaje: eso le esperaba a quien se alzara contra el poder establecido.

    Tercera estación: la dictadura del siglo pasado encabezada por Maximiliano Hernández Martínez, a partir de diciembre de 1931. Duró casi doce años y medio, hasta que el tirano renunció forzado principalmente por la “huelga de brazos caídos” empujada en principio desde la Universidad de El Salvador. Cuarta estación: la guerra con Honduras desatada por las ambiciones de los poderosos en ambos países, con consecuencias terribles para sus poblaciones sojuzgadas. Quinta: los fraudes electorales de 1972 y 1977, que cerraron las puertas a posibles cambios estructurales por esa vía y las abrieron de par en par a la guerra. Sexta: la represión estatal y la violencia guerrillera contra población civil no combatiente, sin que la verdad y la justicia brillaran después.

    La séptima estación: el magnicidio de monseñor Óscar Arnulfo Romero; la octava: el largo, sangrento y doloroso conflicto armado interno. La novena: los tres disparos directos al corazón del proceso de pacificación; es decir, la amnistía para los violadores de derechos humanos de ambos bandos, la vuelta casi inmediata de los militares al ámbito de la seguridad pública y el desmontaje del Foro de Concertación Económica y Social que la mísera visión de los firmantes de los acuerdos de paz apuntaba, tan solo, a convertirlo en “el mecanismo para concertar medidas” que aliviaran “el costo social del programa de ajuste estructural”. Así como se lee: una curita destinada a mitigar los impactos de la metástasis neoliberal.

    Entre las cuatro estaciones restantes está un traicionado ideario de justicia social, democracia y paz. Le sigue el desmontaje “bukeleano” de la institucionalidad a partir de la toma militar y policial de la Asamblea Legislativa, consumada el 9 de febrero del 2020. No podía faltar la criminalidad de las maras y la complicidad con estas por parte de los tres partidos gobernantes durante la posguerra. Treceava estación: el régimen de excepción y las decenas de miles de personas inocentes capturadas. Y última: la inconstitucional reelección del actual usurpador del aparato estatal y la profundización de la corrupción oficialista.

    Debo agregar una estación más: la resurrección de la organización indignada de las mayorías populares en torno a sus necesidades más sentidas así como la acción inteligente y creativa de estas, plena de pasión e imaginación.

    La celebración del Domingo de Ramos viene de aquella última entrada de Jesucristo a Jerusalén, en la víspera de su viacrucis. Para nuestro pueblo tiene un significado más, pues en el de hace 45 años entregó muchas vidas para hacer comunión, conexión, alianza con la figura de quien desde entonces se convirtió en el santo patrono de los derechos humanos: monseñor Romero.

    El Domingo de Ramos debe ser pues, como sostiene Andrew Thayer, protesta no procesión; porque el poder de los textos sagrados ‒según este candidato al doctorado en Teología por la Universidad de Oxford‒ “no reside en la magia ni en los milagros sino en su testimonio de personas que amaron con valentía, actuaron con justicia, dijeron la verdad al poder, resistieron al imperio y mantuvieron una esperanza desafiante frente a la desesperación”.

  • No te olvides del sacrificio en la cruz

    No te olvides del sacrificio en la cruz

    Desde el momento del arresto del Señor Jesucristo, en el Jardín de Getsemaní, donde oró intensamente, experimentando una angustia profunda («su sudor era como gotas de sangre», Lucas 22:44), Jesús se enfrentó a una serie de eventos que culminarían en su crucifixión. La traición de Judas, el juicio injusto ante los líderes religiosos y romanos, y la tortura física que sufrió durante su arresto prepararon el escenario para el que sería uno de los episodios más dolorosos de toda la historia de la humanidad. La Biblia destaca el sufrimiento del Señor Jesucristo, de manera indubitable.

    En Mateo 27:26, se menciona que «Entonces les soltó a Barrabás; y habiendo azotado a Jesús, le entregó para ser crucificado». La flagelación era un método brutal que ocasionaba un dolor insoportable y a menudo resultaba en heridas abiertas y hemorragias. Las lesiones infligidas por esta tortura no solo eran físicas; el dolor emocional de la traición por parte a crucifixión del Señor Jesucristo es, sin duda, uno de los eventos más impactantes y significativos en la historia de la humanidad. No solo es un momento clave para la salvación de los seres humanos, sino que es una invitación a vivir correctamente en este mundo.

    La crucifixión, como forma de ejecución, era infame por su crueldad y prolongado sufrimiento. La tortura que enfrentó el Señor Jesucristo, comenzó mucho antes de ser clavado en la cruz. Después de su arresto en el Jardín de Getsemaní, Jesús fue llevado ante el Sanedrín, donde enfrentó un juicio injusto. En Marcos 14:65, se menciona que «algunos comenzaron a escupirle; a cubrirle el rostro, y a darle de puñetazos, y a decirle: «Profetiza». Y los guardias le dieron de bofetadas». Este fue solo el inicio de una serie de humillaciones que reflejan el escarnio moral y físico que estaba por venir.

    En el relato de Lucas 22:44, se describe cómo, en medio de su agonía, «su sudor era como grandes gotas de sangre que caían a tierra». Este extremo estrés no solo resalta la angustia psicológica que Jesús experimentaba al anticipar su sacrificio, sino que también introduce el concepto de hematidrosis, una condición médica que sucede bajo una tensión emocional intensa. Así, la crucifixión no empieza en la cruz, sino en el corazón de Jesús, que estaba abrumado por el peso del pecado de la humanidad y por la inminente separación del Padre.

    Cuando finalmente fue llevado a la cruz, Jesús sufrió una forma de tortura inhumana.

    La flagelación, como uno de los métodos para aumentar el dolor al Señor Jesucristo es uno de los episodios más conmovedores y significativos de la historia del cristianismo. Este evento, que tuvo lugar hace más de dos mil años, no solo marca la culminación de la vida terrenal de Jesús, sino que también simboliza el sacrificio supremo por la redención de la raza humana, que continua en los designios de su corazón viviendo la vida sin limites, dando rienda suelta a sus bajos instintos, prueba de ello, es que en este tiempo de Semana Santa, las personas prefieren las fiestas, drogas, alcohol y libertinaje que buscar al Señor Jesucristo que sacrifico su vida por toda la humanidad.

    Nunca olviden que, de camino hacia la crucifixión, el Señor Jesucristo, fue objeto de una serie de abusos y sufrimientos. Desde la traición de Judas, que lo entregó por treinta monedas de plata (Mateo 26:14-16), hasta el juicio injusto llevado a cabo por las autoridades religiosas y romanas, Jesús enfrentó un sufrimiento emocional inmenso. En Juan 19:31-34, se narra «Entonces los judíos, por cuanto era la preparación de la pascua, a fin de que los cuerpos no quedasen en la cruz en el día de reposo (pues aquel día de reposo era de gran solemnidad), rogaron a Pilato que se les quebrasen las piernas, y fuesen quitados de allí….

    …Vinieron, pues, los soldados, y quebraron las piernas al primero, y asimismo al otro que había sido crucificado con él. Mas cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas. Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua. No desprecies ese sacrificio que el Señor Jesucristo hizo por toda la humanidad. «Búscalo con todo tu corazón»

  • Momento para la reflexión: Espacio para el reencuentro

    Momento para la reflexión: Espacio para el reencuentro

    Hoy la humanidad, desmemoriada, inhumana y deshumanizada, debe cultivar como jamás la visión del alma y someterse a la operación mística del reencuentro. En consecuencia, hemos de hacer un alto en el camino, ya no sólo para adquirir aliento, sino también para tomar conciencia de lo que uno es y representa. Lógicamente, tampoco merecemos hundirnos cuando vemos muchas poblaciones, tan desfavorecidas como oprimidas, por la injusta pasividad de sus análogos y por la brutalidad de la violencia.

    En este sentido, los signos presentes nos llaman a la actuación como signo de esperanza, que ha de comenzar por conciliar miradas para reevaluar las alianzas globales, con latidos del corazón, que son los que objetivamente, nos ponen alas.

    Trabajar por la concordia, es fundamental. Que se callen los artefactos y dejen de causar destrucción y muerte, es un buen compromiso para reconstruir con valentía y diplomacia espacios de negociación, orientados a formar y a conformar vínculos de unión y de unidad. Los encontronazos no sirven para nada, sólo para generar división y activar absurdos frentes. Lo suyo es tender la mano y extender el abrazo, ante la inestabilidad y la incertidumbre presente. Por desgracia, aún no hemos aprendido a reprendernos para compartir con los demás, hasta nuestro propio entusiasmo. Urge, por tanto, que se trabaje por un porvenir más equitativo y fraterno. La desolación no puede gobernarnos, necesitamos recuperar la alegría de vivir y la satisfacción de desvivirnos por los demás.

    En efecto, porque nos falla el alma y nos sobran armas, no podemos conformarnos con sobrevivir. Amoldándose al escenario actual y dejándose satisfacer únicamente por objetos materiales, nos corrompemos. Tenemos un espíritu que requiere despertar cada día y hacer generación. Cada latido es un sueño más, que nos invita a sentirnos cercanos, pues todo nos afecta a todos. Desde luego, a poco que nos adentremos en lo que nos rodea, veremos que los dramas del empobrecimiento están ahí, en cualquier esquina, pueden ser nuestros vecinos. Resulta escandaloso que, en un mundo dotado de avances y recursos, sólo los disfruten algunos privilegiados. De hecho, a la hora de una actuación concreta; los excluidos, que casi siempre son víctimas no culpables, apenas reciben migajas.

    Olvidamos que los bienes de la tierra son para el ser humano, no para destruirse unos a otros, sino para dar subsistencia sin exclusiones. Si en realidad queremos hermanarnos, esforcémonos por remediar las causas que originan los calvarios indignos, tomemos esta santa semana como reflexión, cancelemos las deudas injustas y saciemos a los hambrientos. Precisamente es esta comunión plena de pulsaciones, la que nos humaniza y nos llena de felicidad, aunque estemos surcados por las lágrimas. Dejémonos transportar por esa nueva vida que todos llevamos mar adentro, volvamos al reino de la poesía para injertarnos el verso de la pureza, viviremos entonces sin dobleces, con la libertad de servir y de no servirnos de nadie.

    Sólo gracias a ese encuentro o reencuentro meditativo, lograremos ser rescatados de lo mundano. Tanto es así, que llegamos a ser plenamente humanos cuando somos más que hermanos, donantes a pulso abierto, sustentados bajo el aliento místico del afecto, que indisoluble lo justifica con la compasión, con una eterna novedad transmisora de luz y transformadora de bien. Ciertamente, con la vitamina del aguante todo se sobrelleva, es menester cultivarla, ponerse en espera para reponerse, esperando el instante precioso y preciso que aunados demandamos para ese cambio de actitud, que no requiere de una resistencia estoica al sufrimiento, sino que es fruto de un amor, que no es otro que el controlar nuestros instintos y refrenar las malas respuestas.

    Víctor Corcoba Herrero-Escritor

  • Realismo y dadaísmo

    Realismo y dadaísmo

    El final del año 2024 y el comienzo del 2025 han sido bastante particulares: la estable democracia coreana queda perpleja ante el comportamiento del presidente Yoon Suk-yeol, Rumanía se topa nuevamente con su encrucijada, y tanto Alemania como Francia atraviesan unas inéditas crisis políticas.

    Por su parte, la embrollada guerra civil siria, aprovechando la distracción rusa e iraní, desemboca en una resolución a priori pragmática y sorprendentemente veloz, con la cual Ankara sonríe más que Constantinopla, dado que, a pesar de su elogiable utilización de la mesa, Turquía a veces sufre reacciones intestinales.

    DeepSeek de repente iba a sumir al mundo entero en una antiutopía china, pero la batalla internacional por la inteligencia artificial superficialmente sigue pareciendo una competencia de inteligencia artificiosa, la cual se manifiesta a través de vídeos más aterradores que graciosos y desagua en una mayor pereza intelectual.

    Mientras tanto, la ultraizquierda se queda varada en un mundo cada vez más pequeño, es decir, en Gaza, aunque no le importa, pues se encuentra con la ultraderecha en ese vasto ciberespacio “alternativo” de huérfanos que se estremecen al añorar aquel padre ruso al que nunca irían a ver fuera de lo virtual.

    Aquí se ubica un sector de los medios de comunicación que se evacúa desde y hacia las redes sociales: la supuesta guerra cultural continúa su escalada ciega en la cual ya no es importante lo que se defiende, sino aturdir al oponente con una respuesta aún más desmesurada; he aquí la Katalysepolitik.

    Ante esto, la prensa tradicional mantiene sus noticias bloqueadas bajo suscripción: la promoción de la libertad de prensa y de la verdad deja de ser libre cuando llega el momento de la verdad.

    Con todo, el mejor momento empieza con la inauguración del segundo gobierno de Donald Trump: la catarata de titulares que va dejando se convierte en el sueño dorado de los medios de comunicación; los periodistas se sumergen en un permanente frenesí de redacción y opinión acerca de cada palabra que sale de la boca del mandatario y de sus colaboradores.

    La puesta en escena de la reunión de Trump con Zelenski es la cúspide, un espectáculo obvio frente a las cámaras de dos personajes fraguados por las cámaras.

    Entre el vaivén de amenazantes aranceles y el desconcierto de los mercados, toda imagen y discurso tiembla para permanecer firme en la bifronte superpotencia que al final mira recto.

    De esta manera, en esta proyección de poder se sigue con atención el comportamiento de los pocos miles de electores de Groenlandia, mientras Canadá se indigna, Centroamérica se sacude desde el canal de Panamá a la megacárcel salvadoreña, México aguanta la respiración (como siempre con mutismo acerca del presente y locuacidad sobre su pasado) y Europa se sobresalta como un aristócrata que recuerda que el portero es el nuevo dueño del edificio.

    El periodista invitado a presenciar, en un grupo de Signal del altos funcionarios estadounidenses de seguridad nacional, una conversación acerca del ataque a los hutíes termina simbolizando toda esta contorsión: errores pueriles ensamblados con obsesión comunicacional llenos de verborrea despectiva, pero cumpliendo lo que se debe hacer.

    George F. Kennan, el realista promotor de la contención de la URSS, dijo en plena Guerra Fría: “Veo con escepticismo nuestras posibilidades de ejercer una influencia útil a menos que aprendamos a generar un respeto por nuestra posible falta de favor al menos tan grande como el respeto por nuestro posible favor”.

    Para luego directamente agregar: “Los rusos, como todos sabemos, se han beneficiado enormemente, en el sentido político, precisamente por el grado en que han logrado ser temidos en lugar de amados.

    No recomiendo que los imitemos en este aspecto. Pero dudo que ninguna política estadounidense pueda tener éxito con respecto a los países que se debaten entre ambos mundos a menos que incorpore, a la vista de todos, tanto los elementos duros como los benignos, con la posibilidad de que ambos se apliquen de forma flexible e intercambiable, e incluso a veces simultáneamente, según lo requiera la situación”.

    En tiempos en donde el meme narrativo se traslada ciegamente hasta el cansancio, se puede variar y, en vez de repetir que esta es una época surrealista, expresar que en lo estético este es un período de bastante dadaísmo (si se lo reduce a un movimiento artístico que defendía el caos, la irracionalidad y lo inmediato desde la provocación y el escándalo).

    Sin embargo, como siempre, más allá de la tecnológica y emotiva confusión del espectáculo, el realismo sigue haciendo su trabajo.

    * Augusto Manzanal Ciancaglini, Politólogo

  • Grietas en el liderazgo moral y político de la Casa Blanca

    Grietas en el liderazgo moral y político de la Casa Blanca

    Como toda secta, el trumpismo es impermeable a la evidencia.

    Del mismo modo que los comunistas nostálgicos se esfuerzan penosamente en adaptar los dogmas marxistas a la tozuda realidad —algo parecido a buscar la cuadratura del círculo—, así los fanáticos seguidores del presidente de EE UU tratan hoy de urdir explicaciones sobre por qué su adorado líder acabó por dar un frenazo en seco a la ejecución de la más irracional escalada arancelaria de la historia.

    Entonces, en lugar de admitir las debilidades de Trump, ahora resulta que esta marcha atrás viene a ser parte de una brillante estrategia económica destinada al éxito desde la eternidad.

    Claro, cuando el “análisis político” se reduce a mantener la fe en un individuo, la sensatez y la lógica saltan por la ventana.

    En ese terreno cenagoso no valen los hechos ni las consecuencias naturales de las acciones, ni siquiera la experiencia histórica; lo único que cuenta es hallar justificaciones para conductas absolutamente injustificables.

    La bravuconada arancelaria de Donald Trump era un soberano disparate desde el principio; tanto así, que para darle un toque de respetabilidad tuvo que disfrazarla de “justicia económica”, “equilibrios comerciales” y otros eufemismos indigestos.

    Pero ningún análisis económico serio respaldaba esas tesis.

    Los pésimos argumentos del llamado “Día de la Liberación” hacían aguas por todas partes.

    Y luego, como era previsible, vinieron las caídas bursátiles sostenidas, la cotización bajista del dólar y las primeras críticas abiertas desde los allegados al bando republicano.

    Bill Ackman, un exitoso empresario de fondos de cobertura que apoyó a Trump en la pasada carrera presidencial, mostró su desacuerdo con él afirmando que estaba “destruyendo la confianza en nuestro país como socio comercial”, haciendo notar lo inoportuno que era “imponer aranceles masivos y desproporcionados a nuestros amigos y enemigos por igual, y lanzar así una guerra económica global contra todo el mundo a la vez”.

    Imposible ser más claro y menos borreguil.

    Sin embargo, hasta la víspera del 9 de abril, el mandatario norteamericano se mantenía firme en la grupa.

    El billón de dólares en pérdidas registrado por la bolsa no parecía despeinarle.

    Desde su muy pugilística forma de entender el comercio internacional, aseguró que la vigencia de los nuevos aranceles era “la única oportunidad que tendrá nuestro país de volver a poner las cosas en su sitio.

    Porque ningún otro presidente estaría dispuesto a hacer lo que yo estoy haciendo (…) Pero no me importa pasar por ello, porque veo una hermosa imagen al final”.

    Para graficar su sublime visión, el propio Trump recurrió a una vulgar expresión en inglés, mezcla de vanidad y prepotencia, durante una cena benéfica con congresistas de su partido: “Les digo que estos países nos están llamando, besándome el trasero.

    Se mueren por hacer un trato: Por favor, por favor, hagamos un trato, haré lo que sea, haré lo que sea, señor…”.

    Así de seguro se hallaba el presidente a pocas horas de anunciar su paso atrás.

    El 4 de abril, apenas cinco días antes, se había ufanado lanzando a los inversores una frase tajante: “Mis políticas nunca cambiarán”.

    Pero cambiaron.

    ¿Y qué las hizo cambiar?

    La venta masiva de títulos del Tesoro americano, por supuesto.

    Estos bonos, tan apetecidos en tiempos de inestabilidad, de pronto dejaron de ser una garantía de refugio para miles de inversionistas alrededor del mundo, que se desprendían de ellos en previsión al desastre económico que se avecinaba y a la falta de seguridad en Estados Unidos para liderar tan peligrosa coyuntura.

    La advertencia de Bill Ackman, de la noche a la mañana, cobraba dramático vigor en proporción inversa al desplome de los precios de bonos.

    “Los negocios son un juego de confianza”, había sentenciado.

    “El presidente está perdiendo la confianza de los líderes empresariales de todo el mundo.

    Las consecuencias para nuestro país y los millones de nuestros ciudadanos que han apoyado al presidente (en particular los consumidores de bajos ingresos que ya sufren una enorme presión económica) serán gravemente negativas.

    Nosotros no votamos por esto”.

    Ninguna de estas consecuencias, por cierto, era imprevisible.

    Trump y su equipo conocían los riesgos y prefirieron burlarse de ellos, sometiendo el mercado global a una ansiedad innecesaria.

    Las razones, se ha dicho en esta columna, parecen demandar más interpretaciones psicológicas que políticas o financieras.

    Los peores efectos, sin embargo, son reales y han llegado para quedarse: ahora el planeta entero alberga severas dudas sobre la solidez moral y la responsabilidad histórica del liderazgo estadounidense.

    Hoy, repentinamente, el voluntarismo imprudente de un solo hombre se ha convertido en una amenaza internacional de insospechados alcances.

    Ningún mandatario había conseguido, con tanto ahínco y precisión, que la mala reputación de EE UU se globalizara así.

    En estos días, Washington está negociando aranceles con mayor vulnerabilidad de la que exhibía antes del “Día de la Liberación”.

    Por ese lado ha perdido más de lo que ha ganado.

    Y si bien todavía cuenta con la ventaja necesaria para poner de rodillas a Europa —cuyos líderes políticos suelen enfrentar mal cualquier pulso de credibilidad—, Trump debe tener presente que China es, por cierto, una dictadura.

    Este “detalle” es importante a la hora de elegir antagonista para avanzar juntos a una recesión, porque toda crisis económica golpea a los Gobiernos de turno en las democracias funcionales, mientras que los sistemas totalitarios aguantan la presión con esa resiliencia particular que les otorga la mano dura.

    Tampoco por ese lado, el de someter a prueba la paciencia ciudadana, el presidente de Estados Unidos debería aventurarse.

    Perderá también.

  • Aquellos días en la FIL Guadalajara 2005

    Aquellos días en la FIL Guadalajara 2005

    “Por favor, detenga el ascensor”. La voz fuerte iba unida a un par de piernas que corrían y a un brazo que se extendía para evitar que la puerta del aparato se cerrara. Como me lo indicó el autor de aquella petición, toqué el botón de abrir puertas y el propietario de la voz y su comitiva subieron.

    El hombre me dio las gracias. Iba con su esposa y uno de sus hijos. Era Mario Vargas Llosa. Le dije que, si me lo permitía, me gustaría dejarle un ejemplar de mi “Diccionario de autoras y autores de El Salvador” (2002) en la recepción para cuando pudiera reclamarlo. Me bajé en mi piso, nos despedimos y ellos siguieron su camino.

    Esa misma tarde cumplí mi promesa. Era mi primera vez en Guadalajara, la capital tapatía y tenía mucho para recorrer y degustar. Sobre todo, quería ver aquel espacio donde había fallecido el conquistador Pedro de Alvarado, así como las impresionantes pinturas murales de Siqueiros en el antiguo orfanato.

    Del Hotel Hilton a la sede permanente de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara hay apenas unos pasos. De hecho, una calle. Todo aquel barullo editorial en un espacio de 26,000 metros cuadrados comenzó el sábado 26 de noviembre de 2005. Había más de 600 actividades en el programa, Perú era el país invitado, había más de 300 autores internacionales presentes -entre ellos, Toni Morrison, Arturo Pérez Reverte, Vargas Llosa y decenas más-, con 230 presentaciones de libros por parte de unas 1500 editoriales llegadas desde 38 países. Entre ellas, la guatemalteca Letra Negra, que en ese año me honraba con la publicación de mis haikus bajo el título “Palabra incontenible”. Una verdadera fiesta de la literatura global contemporánea.

    Yo estaba en la FIL por asuntos de trabajo, pero me daba muchas vueltas por los diferentes estands de las editoriales para ver, aprender y adquirir materiales. Disfrutaba mucho con las propuestas gráficas para promover los libros y organizar las actividades. Mis maletas llegaron vacías y salieron a reventar. Tras cada ronda, llegaba con mi cargamento a la sede de Letra Negra y allí dejaba mis libros recién comprados en custodia.

    A la mañana siguiente, en el ascensor hacia el comedor del hotel, vi que mi compañero de descenso era de nuevo Vargas Llosa. Me reconoció y me dio las gracias por el diccionario. Me dijo que desconocía muchos de los detalles biográficos de Claribel Alegría y Roque Dalton, a quienes conocía y había leído. Me honró saber que, cuando menos, un escritor de su talla había sentido curiosidad por hojear y ojear un texto mío.

    Otro encuentro de esos en el ascensor de ida o de vuelta fue con Pérez Reverte, a quien ya había visto antes en Madrid. En una breve conversación amable, hablamos de su reciente charla acerca del lenguaje marinero en la obra de MIguel de Cervantes. Él ignoraba que el autor de Don Quijote alguna vez quiso marcharse a vivir a la villa de la Santísima Trinidad de Sonsonate, en el Reino de Guatemala.

    Entre tequilas y tortas ahogadas, los días en la FIL transcurrieron demasiado veloces. Había tanto por ver, oír y leer que el tiempo fue una leve brizna de vida para cubrir tantas experiencias. Una foto con la actriz Ana Colchero, un apretón de manos con Xavier Velasco, escuchar a Alessandro Baricco, Carlos Monsiváis y Sergio Ramírez e ir en busca del abogado chileno Dr. Juan Salvador Guzmán Tapia, el juez de Pinochet, que presentaba su libro de memorias. Cuando me presenté como “lo saluda un compatriota”, tomó mi gafete en sus manos, sonrío y me reconoció. Unos meses antes, su nacimiento en El Salvador, como hijo del poeta y diplomático chileno Juan Guzmán Cruchaga, ocupó varias páginas de periódico que coescribí con el periodista costarricense Lafitte Fernández.

    Ese contacto fue el detonante de amistad con ese intelectual del derecho, que nunca pudo cumplirle a su padre la promesa de colocarle un monumento conmemorativo en el Jardín de los Poetas, en lo alto del turicentro Los Chorros, en las afueras de Santa Tecla, donde desde 1973 descansan las cenizas de su amigo salvadoreño, el también poeta y diplomático Raúl Contreras Díaz.

    Más que fotografías personales, yo atesoro paseos y recuerdos. De aquella FIL de 2005 guardo muchos, junto con bastantes agradecimientos. Dos décadas más tarde, los he actualizado en mi mente para rendirle este brevísimo homenaje a Mario Vargas Llosa, a quien apenas conocí en el tiempo que duraron dos viajes por ascensor, pero cuya enorme obra literaria disfruto desde que yo era un adolescente, pese a que sus posturas políticas nunca fueron de mi agrado.