Categoría: Opinión

  • Más fuerte que la hiedra

    Más fuerte que la hiedra

    La Universidad de Harvard fundada en 1636 es la más antigua de los Estados Unidos, y debe su nombre al clérigo puritano John Harvard, quien dejó su herencia material a una pequeña casa de estudios situada en un pequeño pueblo de Massachusetts, quien adoptó el nombre de su inesperado benefactor, y posteriormente se trasladó a la villa de Cambridge, que hoy podría situarse como parte integrante del área metropolitana de Boston.

    Por supuesto no comenzó como universidad, sino como un simple y necesario College, que fue solo en 1780 cuando se convirtió en Universidad.

    Hoy en día, o quizás deberíamos decir hasta hace algunos pocos días, Harvard University y ser egresado de Harvard University, así fuere por haber asistido a unos pocos seminarios extracurriculares, era suficiente para encabezar cualquier curriculum vitae profesional, y asegurarse una discreta reverencia

    Y no era para menos, siglos de exigencia académica, comportamiento y resultados enmarcados en un conservadurismo conceptual (no era para menos dado su origen calvinista) se veía acompañado de sus altas exigencias monetarias para costear la matricula anual, aparte del primer filtro de ingreso que, según se asevera, no logró sortear el actual presidente de los Estados Unidos; dicho éste que atribuyo más a una leyenda urbana, que a la verdad.

    La realidad es que Harvard University es una institución académica altamente conservadora, o lo fue, de donde egresan profesionales listos a integrarse a la cadena productiva nacional en los diversos campos del conocimiento humano, a través de sus doce facultades que van desde la de Derecho y Ciencias médicas, hasta la de Teología y Ciencias aplicadas.

    De igual forma integra un grupo de universidades privadas del noreste de los Estado Unidos con igual nivel académico, económico y abolengo histórico, conocido como la “Yvy League” (liga de la hiedra); esto en alusión a la planta trepadora que se adhiere a las paredes de los edificios de los campus universitarios, a la manera de las casas inglesas; y liga (Yvy) porque nació en el hecho competitivo deportivo, entre ellas.

    Son ocho situadas en Nueva Inglaterra: Columbia, Cornell, Brown, Dartmouth, Harvard, Pensilvania, Princeton y Yale. Y todas ellas han sido sometidas recientemente a serios cuestionamientos que terminaron con la separación de sus cargos rectorales en cuatro de ellas, entre las cuales se encontraba la de Harvard.

    Podríamos preguntarnos que sucedió con esas universidades, que de repente se convirtieron prácticamente en las enemigas de la sociedad norteamericana, de sus valores tradicionales y entramado legal, propio de un país federado, sustentado en apenas siete artículos de su Constitución de 1789.

    Podríamos señalar, sin temor a equivocarnos que, en primer lugar fue fruto de la natural evolución de la historia, de las civilizaciones que ha obligado a una mayor interrelaciones de los habitantes de un mismo país y de ellos, con habitantes llegados de diferentes puntos y culturas del orbe; no necesariamente ha sido un choque sino un encuentro cultural beneficioso para todas las partes, coincidente en esas prestigiosas universidades.

    No obstante, quizás pudiéremos arbitrariamente, situar un cambio inducido externo e interno también, que se comenzó a gestar de una manera natural a partir de la caída del muro de Berlín en 1989 y la desaparición de la Unión Soviética el 25 de diciembre de 1991, con la renuncia de Mijail Gorbachov. Y detrás de ella, la desaparición del modelo comunista soviético estatista, incapaz de competir con la libertad de mercado occidental y sus sistema de libertades ciudadanas y económicas, que llevó al académico Francis Fukuyama, egresado de la Universidad de Harvard y catedrático de la Universidad John Hopkins de Washington DC, escribir en 1992 su comentado libro “El fin de la historia y del último hombre”.

    Algo que no sucedió, simplemente la historia se fragmentó, y comenzaron a emerger en el orbe realidades humanos y estructurales, que iban más allá del enfrentamiento de dos modelos económicos y políticos dominantes hasta ese entonces. En Occidente, situémoslo así, no todos los países miembros de la ONU, o no, las democracias no fueron suficientes para alcanzar la convivencia equilibrada entre sus integrantes, y no solo la economía de mercado y el ejercicio del voto, fue suficiente para alcanzar la paz y desarrollo social compartido.

    Tampoco en los antiguos países bajo la orbita soviética estatista, no euroasiáticos, han logrado alcanzar la paz social, a lo menos los situados en el llamado Tercer Mundo. Lo cierto que a partir de esas rupturas históricas comenzaron a emerger propuestas aparentemente igualitarias o nuevos derechos individuales elementales pero vigentes pero no totalmente tolerados, como el feminismo radical, la inclusión social, el movimiento LGTB, el wokismo, la transexualidad y el derecho al aborto bajo la aspiración de una sociedad centralizada, estatista como el Socialismo del Siglo XXI o el Kirchnerismo de Argentina, hoy en franca decadencia pero presente en la violencia.

    ¿Y dónde entra entonces, la actual crisis de las universidades de élite de los Estados Unidos con lo narrado en las líneas anteriores?. En la sigilosa, paciente y persistente estrategia de penetrar para reformular los objetivos originales fundacionales, cual fue la excelencia académica y profesional, forjadora de líderes sociales y económicos de la nación norteamericana.

    Es muy complejo poder enumerar, evidenciar y narrar la raíz y el momento en el cual se produjo ese cambio de perspectiva, que se exteriorizó a raíz de la actual guerra palestino-israelita, iniciada el 7 de octubre de 2023, cuando en el amanecer de esa mañana un comando invadió el territorio de Israel, y asesinó a mas de 1200 jóvenes civiles no combatientes, mujeres violadas y exibídas en medio de vítores y disparos al aire, cual si fueren trofeos de caza; además de secuestrar a 240 judíos de todas las edades y sexo, ancianos y lactantes, muchos de los cuales han sido asesinados y otros permanecen aún bajo secuestro.

    Ante la necesaria, esperada y contundente respuesta del gobierno de Israel, atacando los puntos sensibles donde se ocultaban y despachaban los terroristas del Hamas, bajo tierra y en la superficie, estudiantes nacionales y extranjeros de estas universidades de élite, instigados por sus autoridades académicas salieron a la calle portando banderas palestinas, cubriendo sus cabezas o terciándolas sobre sus hombros los Kufiyas, modelo Arafat, para evidenciar su compromiso, sino a un territorio a un ideal político-religioso; quemaron banderas de Israel y los Estados Unidos, expresando consignas antisionístas.

    Se supo de inmediato que muchos profesores y, sobre todo en cuatro de estas universidades, sus rectoras justificaban abiertamente la actuación de los estudiantes, bajo diversos y confusos argumentos que sorprendieron al mundo.

    La respuesta del gobierno fue inmediata, respaldada por el Congreso que citó a las rectoras promotoras y encubridoras de tales manifestaciones a favor de un movimiento declarado terrorista por el Gobierno, como lo es la organización Hamas de Palestina y, la comisión del delito de odio expresado en el antisemitismo vociferante de los estudiantes nacionales y extranjeros que salieron a la calle a respaldar la masacre del siete de octubre.

    El desvarío conceptual llegó a tales límites que Harvard, argumentado por su rectora y bajo el manto de la “inclusión”, determinó separar los días de graduación en razón de la raza y la preferencia sexual. Así, un lunes se graduaban los de raza negra, otro día, los homosexuales y transexuales, otro los latinos (llamados latinx), otro los blancos, y finalmente los árabes.

    Es obvio que hay una contradicción entre la inclusión social vociferada y la separación de los graduandos según su especie. Pero allí, en esos hechos, tal como lo hacen los socialista del Psoe y de Podemos en España, está la aspirada disolución de la actual sociedad occidental.

    Por supuesto la reacción, fue la esperada. El gobierno suspendió el aporte sustancial monetario que aportaba anualmente a la Institución; dictó la medida expulsión del país a los estudiantes extranjeros participantes en actos de violencia (entre ellos el delito del odio), para finalmente cerrar la posibilidad que extranjeros puedan inscribirse o continuar sus estudios en estas universidades élite. Causando, eso sí, un daños generalizado e irreparable a inocentes, solo por el hecho de ser extranjeros.

    Cabe señalar que muchos países del Medio Oriente, como Catar y Arabia Saudita son países que aportan importantes donaciones a estas universidades de élite, no solo por el intercambio estudiantil, sino a manera de donación.

    Las medidas tomadas por el gobierno fueron drásticas, determinantes, injustas e inadecuadas muchas de ellas, que si se conjugan con la crisis inmigratoria (indocumentados) penetrada igualmente por bandas criminales internacionales, es obvio que el gobierno ha tenido que reaccionar como lo hizo al inicio; las más de las veces, de una manera desmedida que ha generado una crisis institucional entre los poderes públicos y entre la ciudadanía, no superada aún.

    Se ha creado un efecto reflejo donde todos los males sociales han venido a recaer en la inmigración, sin distingo de quienes legítimamente aspiran a regularizar su estatus migratorio (muchos de ellos habiendo obtenido una protección temporal) y quienes han sido inducidos o no, a emigrar a los Estados Unidos.

    Esta nación, como cualquier nación o estado del orbe tiene el derecho a defenderse con todos los medios frente a una fuerza invasora que coloca en situación de peligro la paz social y los valores que la sustentan.

    Venezuela en su momento tuvo necesidad en los años 80 de intentar regularizar, cuantificar a los llamados indocumentados por razones elementales de seguridad y planificación nacional; casi todos provenientes de Colombia y los países andinos, que llevó al presidente Herrera a proponer un Censo de Indocumentados, que fracasó ante el temor que el censo serviría para su deportación, lo cual no fue la intensión, sino la planificación, y el derecho de conocer quien está en su territorio y qué hace.

    Hoy esa tímida y elemental propuesta ha sido sustituida por una virtual ocupación consentida y alentada desde el poder público. Extranjeros que han llegado, que han sido invitados, no para incorporase a nuestra economía, cultura y gentilicio, sino para implantar un modelo político antidemocrático y contrario a los valores occidentales, de la cultura judeocristiana, que pasa por la democracia, el derecho a elegir y ser elegido, el respeto a los derechos humanos y el control social en función del bien público.

    Ya no son andinos, colombianos, del cono sur, alemanes, portugueses o españoles, sino militantes bajo las órdenes de Cuba, Irán, Palestina que han sido invitados, en un proyecto ideológico global de dominación. Tendrán que salir en su momento.

    Estados Unidos está invadido no por campesinos, médicos venezolanos, músicos, venezolanos, mexicanos, brasileños, salvadoreños, guatemaltecos, chilenos, ecuatorianos, empresarios venezolanos, maestros, ingenieros, oftalmólogos, chefs, ingenieros, abogados, mecánicos, estudiantes, amas de casa, abuelos, periodistas, escritores, actores, que han llegado a aportar y vivir en seguridad jurídica. Pero se encuentra invadido igualmente, por criminales políticos del Medio Oriente, por criminales venezolanos enviados por el Cartel del crimen organizado instalado en Miraflores y Fuerte Tiuna, que han dañado no solo a la nación estadounidense con sus delitos horrendos sino el gentilicio tan particular de la venezolanidad.

    Las banderas de Hamas no solo ondearon en Harvard, actualmente también aparecen en Buenos Aires en las manifestaciones del kirchnerismo junto a antiguos montoneros ante la prisión decretada a Cristina Fernández de Kirchner (aliada de Chávez y luego de Maduro) por desviación de fondos públicos a su favor (miles de millones de dólares) también han ondeado en Harvard y ahora en Los Angeles en las manifestaciones de los inmigrantes, donde igualmente encapuchados ondean banderas mexicana, retando a las fuerzas del orden y lanzando bombas molotov. Encapuchados como los que tuvimos en Venezuela en los años sesenta y setenta destruyendo buses, autos, vidrieras de negocios, que ahora aparecen en California, bajo la excusa de reclamar derechos inmigratorios.

    Por cierto, este portar banderas mexicanas en actos de violencia destructiva contra la ciudad y las fuerzas del orden público, no tiene nada que ver con los migrantes por necesidad, ellos han rechazo este esquema violento, tienen décadas sus organizaciones reconocidas y funcionales de protección, por lo que es fácil de inferir que los violentos son elementos extranjeros que han invadido el territorio nacional de los Estados Unidos para desestabilizarlo, y deben ser rechazados y tratados como fuerza invasora. El gobierno de México debe actuar para desentenderse de ellos.

    En conclusión, la humanidad atraviesa por una crisis existencial civilizatoria. Es normal, es la historia, la evolución del hombre organizado en comunidad, acompañado por la tecnología, los descubrimientos científicos y el conocimiento humanista, donde la religión, la filosofía, el conocimiento de las causas y efectos, tienen presencia e influencia.

    Mas no se puede perder el objetivo final: la paz, la convivencia, los derechos y obligaciones sociales e individuales, el disfrute de los bienes de la tierra y el equilibrio de: a cada uno lo suyo. Cada descubrimiento, cada avance, cada clarificación de nuestra ignorancia nos hace crecer como individuos y como unidad cósmica. Por ello el derecho, la obligación de defenderse de fuerzas destructivas, sometedoras de la libertad del hombre, debe ser combatida en cualesquiera de sus manifestaciones. Mientras, respetemos respetemos las normas y costumbres de los países que nos acogen. Y asumamos que la primera obligación de un gobernante, es garantizar la seguridad de sus gobernados.

  • Soñé con mi padre

    Soñé con mi padre

    A veces nos toca que recordar a nuestro padre, a veces nos sentimos tristes al no tenerlo. El padre generoso, responsable y trabajador, merece que se le recuerde.

    El hijo humilde, el que siempre guardaba el recuerdo de su padre, tuvo un sueño, soñó que a su casa llegó a visitarlo el padre. Cuando tocó la puerta, sintió escalofríos. El padre, quien había fallecido hace muchos años deseaba platicar un minuto nada más…

    – ¡Hijo, vine a platicar un minuto con usted!
    – ¿Padre, hace años que lo fuimos a enterrar al cementerio?

    –¡Creo que merezco una oportunidad! – dijo el padre con una gran felicidad en su rostro


    El hijo nada más se quedó como piedra viendo a uno de los seres que más amaba.

    –Hijo, no llore. Soy yo, no tenga miedo.

    El hijo, lo primero que hizo fue recordar los mejores tiempos que había pasado con su padre. Recordó las tardes en las que el padre llegaba del trabajo y le enseñó a leer; cuando lo llevaba a la playa a contemplar las maravillas de la naturaleza. Recordó cuando le enseñó a manejar la bicicleta; cuando lo llevó por primera vez a la escuela y los buenos momentos cuando iban al parque a jugar fútbol.

    –Padre, es una alegría verlo físicamente otra vez.

    –Gracias hijo, solo quiero decirle algo, usted fue un gran hijo. Nunca me faltó el respeto y siempre fue humilde.

    –Gracias papá. Sabe, yo también lo recuerdo como un gran padre. Usted nunca le faltó el respeto a mi mamá y nunca castigó severamente a mis hermanos. Nunca se le escuchó malas palabras, usted aconsejaba y siempre nos escuchaba. Papá, usted siempre fue humilde, viera cuantas flores hubo en su funeral. Eso significó que tuvo muchos amigos.

    –Hijo, gracias, muchas gracias por esas palabras. Sabe hijo… Lo que más me duele es que no pude estar en su graduación. Usted, había apartado el puesto en el auditórium.

    –Papá, no me haga llorar, usted sabe que su nombre está en mi tesis. Usted siempre luchó por vernos a todos crecer. Nunca se rindió.

    –Hijo… ¿Es feliz? El cáncer me impidió culminar una etapa en mi vida y verlo triunfar.

    –¡Sí papá!, usted me enseñó a nunca estar triste, sabe papá, nos ha costado estar sin usted. Mi mamá trabaja duro, mi hermano mayor siempre está pendiente de nosotros. Desde que usted falleció nunca fue lo mismo…

    –Hijo, el minuto que Dios le brindó para visitarle ya terminó, quizás, lo mejor fue que solo estuviese usted. Saldré por la misma puerta que entré. No se preocupe, en la vida siempre dejamos cosas pendientes por hacer… Veo que en el hogar todo marcha bien.

    –Siempre lo recordamos papá, siempre.

    –Cuide a su mamá, le dice que mi amor por ella me lo llevé a la eternidad; les dice a sus hermanos que siempre estén unidos, y cada vez que se sienten en la mesa a comer, nunca dejen de orar, eso se los enseñé… Me alegra ver que todas las cosas que dejé están siempre en su lugar, el sillón en el que me sentaba, los trofeos, las fotos, y lo más preciado, la foto cuando me casé con su mamá.

    El padre se despidió con un fuerte abrazo, el hijo sintió que su corazón latía más. Fue el abrazo más grande que había sentido…

    Esa noche, cuando todos estaban reunidos en la mesa, el hijo les contó el sueño. Todos echaron a llorar como nunca en su vida lo habían hecho…

    • Fidel López Eguizábal, Docente Investigador Universidad Francisco Gavidia
    flopez@ufg.edu.sv

  • Ajuste al salario mínimo: aspectos a considerar en la gestión empresarial

    Ajuste al salario mínimo: aspectos a considerar en la gestión empresarial

    El reciente incremento del 12 % al salario mínimo en El Salvador, vigente a partir del 1 de junio de 2025, constituye una oportunidad para fortalecer el bienestar de los trabajadores y, al mismo tiempo, revisar de manera estratégica los procesos internos de las empresas. Este ajuste, enfocado en mejorar los ingresos de quienes perciben el salario base, conlleva también una serie de aspectos legales, fiscales y organizacionales que los empleadores pueden gestionar proactivamente para adaptarse de forma efectiva y sostenible.

    Revisión obligatoria del salario mínimo

    El artículo 159 del Código de Trabajo establece que el salario mínimo debe ser revisado, como mínimo, cada tres años por el Consejo Nacional del Salario Mínimo (CNSM), órgano tripartito conformado por representantes del sector empleador, trabajador y gobierno.

    En este marco, el ajuste aprobado eleva el salario mínimo mensual a $408.80 en los sectores de industria, comercio y servicios, y a $402.32 en el sector maquila textil. Estos nuevos montos buscan contribuir a la protección del poder adquisitivo de los trabajadores frente a variaciones en el costo de vida. Para las empresas, especialmente aquellas con estructuras salariales ajustadas o con un alto volumen de colaboradores que devengan el salario mínimo o montos cercanos, esto implica realizar una revisión detallada de su planificación financiera y operativa.

    Efecto escalonado en salarios superiores
    Aunque la normativa no exige aumentar automáticamente los salarios por encima del mínimo, muchas organizaciones consideran ajustes escalonados en sus escalas internas como parte de una estrategia de equidad y gestión del talento humano. Si no se revisan adecuadamente los sueldos de quienes anteriormente ganaban ligeramente más que el mínimo, podría generarse cierto grado de desmotivación o rotación de personal.

    En ese sentido, el aumento al salario mínimo puede tener un efecto en cadena dentro de la escala salarial, por lo que se recomienda analizar la estructura de sueldos de forma integral, velando por la consistencia y la competitividad del modelo retributivo.

    Implicaciones legales y fiscales

    El aumento del salario mínimo también tiene repercusiones en distintos ámbitos:

    Prestaciones laborales: El nuevo salario sirve como base para calcular beneficios como vacaciones, aguinaldos y asuetos, lo que conlleva un ajuste en los costos laborales.

    Indemnizaciones: La ley establece topes para ciertos pagos por terminación de contrato basados en múltiplos del salario mínimo, por lo que el nuevo monto incide en estas obligaciones.

    Cotizaciones a la seguridad social y AFP: Las contribuciones patronales al ISSS y a las AFP también se calculan en función del salario, y, en consecuencia, experimentan un ajuste.

    Sanciones administrativas: Algunas multas laborales están asociadas al salario mínimo diario, por lo que su actualización también modifica el monto de las sanciones.

    Recomendaciones para las empresas

    Frente a este nuevo escenario, es recomendable que los empleadores adopten un enfoque proactivo. Algunas medidas que pueden ser de utilidad incluyen:

    Evaluar la estructura salarial en su totalidad, considerando no sólo los salarios mínimos, sino también los niveles medios e intermedios, con el fin de asegurar coherencia interna y sostenibilidad.

    Ajustar presupuestos y proyecciones financieras, tomando en cuenta el impacto de las nuevas condiciones laborales en los costos operativos.

    Capacitar al equipo de Recursos Humanos y al personal administrativo sobre los cambios normativos, para garantizar una correcta implementación y minimizar riesgos legales.

    Fortalecer la comunicación interna, explicando con claridad los alcances del ajuste salarial, para mantener un clima organizacional positivo y colaborativo.

    Reflejar en las planillas el nuevo salario mínimo, asegurando el cumplimiento conforme al decreto publicado, lo cual contribuye a evitar observaciones en eventuales inspecciones laborales.

    El incremento al salario mínimo tiene un efecto que trasciende el beneficio directo a los trabajadores que reciben el salario base. Su importancia se extiende a distintos niveles de la estructura organizacional, costos de operación y las obligaciones legales de las empresas.

    Por ello, es clave que los empleadores adopten un enfoque estratégico y alineado con la normativa vigente, para afrontar estos cambios con responsabilidad y sostenibilidad.

    • Jaime Solís es experto en Derecho Laboral BDS Asesores

  • El arte de escucharse, de escuchar y de ser escuchado

    La humanidad se halla en una situación de inestabilidad total, no sabe escucharse para oírse, tampoco acierta a discernir para entrar en diálogo, enfrentándose a múltiples crisis, por falta de respeto hacia sus semejantes.

    Aguzar el oído, en un mundo cambiante como el actual, es esencial para poder atendernos y entendernos. Precisamente, la sabiduría viene de esa coincidencia con los demás y con uno mismo. Por cierto, es uno de mis mayores gozos. A menudo, suelo mantener largas conversaciones; y, de ahí, surgió el deseo de aprender a reprenderme.

    Lógicamente, a la verdad se llega interconectado y oyéndonos entre sí. La necesidad urgente de ser más corazón que coraza, es lo que nos hace activar el brío cooperante, avivar el ánimo comprensivo y la confianza mutua.

    Sea como fuere, necesitamos estos pilares solidarios para poder sustentarnos y sostenernos mutuamente, al menos para fortalecer las relaciones y repoblarnos de una argumentaría diversa. Sin duda, el diálogo entre culturas distintas, continúa siendo la forma más eficaz de eliminar la discriminación y las ofuscaciones absurdas, que lo único que hacen es tensionar el bienestar humano, el desarrollo y el progreso integral; al que estamos llamados a contribuir, fomentando de este modo, un orbe más armonioso para toda la familia humana.

    Abriendo las ventanas luminosas de cercanía hacia quién sufre, de conciliación y de clemencia, daremos los primeros pasos hacia la esperanza. Estas cosas ya fueron dichas, pero como nadie se entera, es preciso repetirlas y comenzar de nuevo.

    Valor es lo que se requiere para tomar la franca voz afectiva, sin obviar la efectiva dicción como valía; lo que nos demanda asimismo a tomar el aire, a hacer pausa y a cultivar el silencio, al menos a la hora de meditar y no perder ripio para repensar, sobre el choque de intereses e ignorancias.

    Lamentablemente, el resultado devastador de estas batallas repelentes, que lo único que fomentan es el odio, no es desconocido tampoco. Sin embargo, su magnitud e impacto se ven ahora engrandecidos y amplificados por las nuevas tecnologías de la comunicación.

    Por eso, nunca tengamos miedo en dar el primer paso, en activar la autocrítica y en no encerrarnos en nuestro individualismo. Será cuando nos demos cuenta de que nada somos sin nuestros análogos en el camino.

    Realmente nos condicionamos pulso a pulso para bordear el universo y levantar la cabeza; de ahí, que la auscultación sea vital para poder distinguir lo auténtico de lo falso. El ciudadano que se engaña a sí mismo y se alienta con su propia mentira, llega un momento en que no puede distinguir lo verídico dentro de él y, por consiguiente, pierde todo respeto hacia sí y hacia los demás.

    La desconsideración hacia todo ser, es la mayor injusticia. También nosotros nos sentimos llamados a despertar del sueño de la necedad, a ser queja ante tantas situaciones de explotación y de opresión. El futuro es un don para avivarnos bilateralmente, un tiempo de reflexión conjunta para superar los errores, un espacio para la concordia.

    ¡Cúmplanse, pues, los derechos humanos!

    En efecto, únicamente prestando atención es como uno puede incorporarse al productivo coloquio vinculante, porque la paz no llega sólo con el final de la contienda, sino con el inicio de una atmósfera nueva reunida y unida al son de lo legítimo.

    Por desgracia, en todo el planeta se acrecientan las voces de intolerancia y hostilidad, amplificados por unos pedestales dominadores sin alma, que han tomado la venganza como reparación y a la palabrería como dogma.

    Ojalá aprendamos a ser más amor de amar amor que indiferencia; entonces no buscaremos el poderío del dinero, sino la sintonía del que nos pide ayuda, correspondiéndole con toques de acompañamiento y antorchas de luz.

    Brotaremos hermanados al fin y podremos salir de este tenebroso estado enfermizo que nos invade.

    Víctor Corcoba Herrero es escritor español
    corcoba@telefonica.net

  • No más héroes por favor

    “¿Y con qué fin toda esta dialéctica en historia? ¿Para qué ir al paraíso estando muerto? ¿Para qué alcanzar la gloria estando vivo, si la gloria está muy lejos de este huerto?” Así cantó Roberto González, mexicano ya fallecido, haciéndole segunda su compatriota EmiliaAlmazán. Este par y el irreverente Jaime López ‒autor de “Chilanga banda”, versionada por Café Tacuba‒ nos regalaron un disco de antología: “Roberto y Jaime. Sesiones con Emilia”, grabado en 1980. Se los recomiendo. Junto a José Manuel Aguilera, en el 2006 López lanzó al mercado otra producción discográfica titulada “No más héroes por favor”. A continuación, transcribo pedazos de una de sus rolas, también llamada así.

    “Haga lo que haga, a quien le importa; no tengo historia, no tengo sombra, no tengo porra, no tengo gloria. Pase lo que pase ya es muy tarde; no tengo tiempo, no tengo templo, no tengo incienso, no tengo credo. No soy ningún devoto de que un día me abrace el corazón un ‘hombre bomba’, pa’ver si estoy con Dios o con el diablo. Mira que es el último deseo de los mártires la marquesina. No más héroes por favor, el panteón ya se llenó”.

    La primera de ambas canciones me seduce para dedicársela a la preguerra, la guerra y la posguerra hasta el 2019 en este país: el más chiquito de la América continental y uno de los más impregnados con la sangre y el dolor de sus mayorías populares. Pero ahora deberíamos estar entonando la segunda pues, aunque desearía equivocarme, ya entramos en una fase que parece anteceder al arribo de otro escenario similar al que se vivió y sufrió durante las dictaduras de antes: la personalista de Maximiliano Hernández Martínez y la sistémica encabezada por los chafarotes que lo sucedieron hasta el final del conflicto bélico, escenificado fundamentalmente durante la década de 1980.

    Precisamente iniciando tal enfrentamiento, fue impreso en México el siguiente libro: “El Salvador. La situación de los derechos humanos: octubre 1979 – julio 1981”. Su impulsor: el Socorro Jurídico Cristiano del Arzobispado de San Salvador presentó, así, ante “los altos organismos internacionales” dicho informe con el análisis preciso y objetivo de “la gravísima situación” que imperaba en nuestro terruño.

    Luego de la presentación incluida antes que nada, este ente humanitario agradeció “a las instituciones que generosamente” habían “hecho posible” mantener su labor; el “aporte moral y económico” de estas ‒¡ojo!, así se lee‒ había contribuido a continuar “la difícil tarea de defender los derechos humanos del pueblo pobre”, siguiendo el ejemplo del cuarto pastor de la arquidiócesis metropolitana que recién asesinado: monseñor Óscar Arnulfo Romero.

    El contenido de tan importante e histórico documento se encuentra dividido en nueve capítulos. En el primero se examina el sistema político salvadoreño ysu tercer apartado tiene que ver con las restricciones o limitaciones de derechos individuales aplicadas por el régimen jurídico vigente entonces, abordándose lo que ha tensionado y conflictuado permanentemente a esta sociedad: el menoscabo de los derechos sociales, económicos e individuales sobre todo de nuestra población marginada. Entre otros asuntos también se analiza la corrupción en la administración de justicia, el estado de sitio y la ley marcial, el toque de queda, la “regularización” de servicios de los empleados y funcionarios estatales, el estado de emergencia nacional, los ataques a la organización sindical y la normativa “aplicable a los delitos de traición, rebelión, sedición y otros”.

    Las secciones siguientes comprenden el examen pormenorizado de estos derechos: a la vida, a la libertad física, a la seguridad e integridad física, a la justicia y al proceso regular, a la educación, y a la libertad de conciencia y cultos. Asimismo, se incluyen otros dos capítulos en los que se abordan los problemas graves de la población refugiada y desplazada internamente más una descripción de las condiciones difíciles en las cuales trabajaban los organismos defensores de derechos humanos, particularmente con el ejemplo de la Comisión de Derechos Humanos de El Salvador y el mismo Socorro Jurídico del Arzobispado.

    Como se observa, poco a poco el entorno actual parece ser una vuelta de rueda en el mismo lugar. Solo que el segundo de estos organismos citados, hoy tendría que registrarse para ser declarado “agente extranjero” confeso y estaría obligado a pagar el 30 % de las donaciones solidarias provenientes de ‒por ejemplo‒ instituciones como el Consejo Mundial de Iglesias, de Suiza, y la alemana Pan para el Mundo.

    Mientras tanto, a la espera de lo que pueda ocurrir, como se escucha en la primer canción recordada yo “seguiré siempre cantando a lo prohibido y gozando de los frutos de este huerto”. Eso sí, no más héroes por favor.

  • 90  años salvando vidas

    90  años salvando vidas

    Un lunes 10 de junio de 1935, en Akron, Ohio, Estados Unidos, los alcohólicos Dr. Robert Holbrook Smith (Dr. Bob) y William Griffith Wilson (Bill W.) fundaron Alcohólicos Anónimos (AA), con la finalidad de ayudar a las personas que buscan superar la adicción del alcoholismo, convertida en enfermedad mental.

    En 90 años de existencia han sido millones de personas en todo el mundo que de manera directa han recibido la ayuda de AA a través del método del compartimiento cotidiano (catarsis).

    La fecha de fundación de AA coincide con el día en el cual el cirujano Dr. Bob consumió su última copa y junto al corredor de bolsas Bill W. emprendieron una comunidad que tiene como base doce pasos, doce tradiciones y doce conceptos básicos para el servicio mundial, que conforman sus 36 principios espirituales.

    Los doce pasos espirituales son los que todo miembro de AA debe seguir para su proceso de recuperación personal y sostenible, el cual comienza con que la persona admite con humildad su derrota y la ingobernabilidad de su vida cuando se vive en el alcoholismo, pasa por creer en un poder superior, hacer un inventario de nuestra vida y admitir las equivocaciones hasta llevar al mensaje a quien sufre las consecuencias del alcoholismo.

    Las doce tradiciones están aplicadas a la comunidad de AA y en conjunto buscan mantener la unidad de la comunidad para evitar la interferencia política, el reconocimiento y la organización. Pasa por la autonomía y auto sostenimiento de los grupos, el alejamiento de las discusiones o involucramientos sobre temas públicos y el fomento del anonimato y la atracción sin caer en la promoción, hasta priorizar los principios antes que las personalidades.

    Los doce conceptos del servicio mundial definen la forma que en que los grupos de AA sirven a sus miembros y a la comunidad. En estos conceptos se define a la conciencia colectiva de AA con la autoridad de los servicios mundiales, además reconoce a la conferencia (conformada por servidores que representan a toda la comunidad) como la voz activa y la conciencia efectiva para el servicio mundial. Define, además la estructuración de AA definiendo roles para su funcionamiento y dando parámetros para la operatividad de la eficiencia de la comunidad de AA.

    La estructura de AA cuenta con tres legados que los fundadores heredaron a la comunidad, siendo ellos el servicio, la unidad y la recuperación. Todo alcohólico anónimo debe sentirse identificado con los tres legados y en ese sentido buscar su recuperación (que alguna añadidura positiva acarreará para su vida), fomentar la unidad de la estructura (para potenciar el mensaje y mantener vigorosa a la comunidad) y procurar servir con humildad a la comunidad y sus miembros (como una forma de agradecimiento, humildad y fortalecimiento individual y colectivo de AA).

    AA no es una religión, ni pretende serlo, pero es un proceso de contenido espiritual donde cada uno de sus miembros (hombres y mujeres) mejora sustancialmente su vida y sus relaciones con los demás y el entorno en general. En cada reunión de sus miembros siempre se cuenta a Dios como el infaltable.

    Cuando el Dr. Bob y Bill W. iniciaron la comunidad de AA lo hicieron con pleno conocimiento de causa. Ellos sufrieron las consecuencias del alcoholismo y eran hermanos del mismo dolor, como lo son todos los alcohólicos anónimos que reunión tras reunión buscan superar una enfermedad mental que es progresiva, insidiosa y de fatales consecuencias. El alcoholismo acaba con todo y con todos. Es una enfermedad democrática donde caben todos, desde heterosexuales y homosexuales, hasta cultos e incultos. El alcoholismo es ingrato y en él se refugian sumidos por la impotencia, ricos, pobres, viejos, jóvenes, citadinos, campesinos, hombres, mujeres, ateos, religiosos, de ideologías de izquierda, de derecha, de centro y toda suerte de seres humanos.

    El alcoholismo es incurable pero es superable, con fuerza de voluntad, humildad, amor, tolerancia, fe y el compartimiento cotidiano que en AA suele ser en reuniones cada 24 horas. El alcohólico llega a conocer que padece una enfermedad mental que le genera secuelas o consecuencias somáticas, muchas veces mortales, pero también llega a adquirir plena conciencia que puede evitar el alcoholismo si deja de consumir el primer trago y si se alimenta de los mensajes de los compartimientos que lo llevaran a no permitir la manifestación material y conductual de la enfermedad mental.

    La consecuencia última del alcoholismo es la muerte física del consumidor, pero antes de esa muerte pasa por matar la dignidad del alcohólico y por destruir su contexto. Antes de morir ha acabado con la felicidad de sus parientes y amigos y hasta los vecinos. Destruyó la felicidad y las ilusiones de su grupo familiar. Terminó con la paz de sus padres, hijos, esposas (os) y dejó de ser útil para la sociedad. Literalmente el alcoholismo los convirtió en un desecho humano. En bazofia.

    La buena noticia es que todo alcohólico es rescatable porque toda vida es valiosa. No importa que tanto o cuantas veces o las formas que haya tocado fondo. Los caminos que llevan a la sobriedad son benditos y uno de ellos es AA. Esta comunidad es considerada una de las más democráticas en el mundo, porque aquí caben todos los que han sido derrotados por el alcohol y que tienen la plenitud de ampararse en un poder superior, por lo que están dispuestos a lograr su recuperación y con ello generar beneficio a los suyos.

    En 90 años AA tiene presencia en 180 países y una membresía de millones de hombres y mujeres repartidos en casi 125 mil grupos, tratando de ser felices y generar felicidad a través de su recuperación. En mi calidad de Custodio Clase A (profesional, abstemio, con el ánimo de servir y de “finos talentos”) y presidente de la Junta General de Servicios de AA El Salvador, me atrevo a felicitar a la estructura mundial y a cada alcohólico anónimo salvadoreño. Un saludo y un eterno agradecimiento póstumo, al Dr. Bob y a Bill W. así como a todos los que hicieron posible la fundación de AA.

    Cuando sé de una atrocidad cometida por alguien bajo los efectos del alcohol me da mucha pena y tristeza, pero cuando sé de un enfermo alcohólico recuperado por AA, doy gracias a Dios y comprendo que la misión del Dr. Bob y Bill vale la pena.

    * Jaime Ulises Marinero es periodista, presidente de la Junta de Servicios Generales de AA

  • Trump lo ha logrado

    Trump lo ha logrado

    Trump está rompiendo marcas, se está saltando las bardas institucionales y con eso muestra qué es y qué quiere. Que en las protestas callejeras en Los Ángeles los manifestantes enarbolen la bandera mexicana, de manera mayoritaria, no debería sorprender a nadie.

    En su fase expansiva imperial, entre 1846 y 1848, Estados Unidos invadió México y se apropió de una cantidad importante del territorio mexicano. ¡Eso está fresco!

    Para 2021 se estimaba que en Estados Unidos había cerca de 10.5 millones de indocumentados de diversas nacionalidades, y de esa cantidad de seres humanos laborantes 4.1 millones eran mexicanos y 2.2 millones de Centroamérica, y esas no son cifras irrelevantes. Es decir, el malestar por el ataque frontal contra los inmigrantes indocumentados mexicanos y centroamericanos no iba a tardar mucho en expresarse como lo ha hecho en Los Ángeles.

    ¿Es un asunto de seguridad nacional como lo ha querido «vender» Trump? De ninguna manera. Enviar a miles de elementos de la Guardia Nacional y a centenares de marinos ha sido un acto de prepotencia y una exageración. Y la amenaza de meter preso al gobernador del estado de California es una desubicación política inmensa. O peor: es una peligrosa provocación.

    Lo de las amenazas es ya habitual en la retórica del presidente norteamericano, que el 14 de junio cumple 79 años. En su reciente ruptura con el histriónico multimillonario Elon Musk le advirtió que si cambiaba de bando sufriría graves consecuencias.

    ¿Es que Donald Trump se cree un emperador romano o un nuevo Hitler? Sus actos despóticos estarían indicando que la camisa de fuerza constitucional de Estados Unidos le aprieta el cogote y quiere zafarse de eso.

    Por ahora su agenda anti inmigratoria está desplegada y ya se encuentra en el centro de la vida política norteamericana, y los hechos de Los Ángeles lo corroboran. ¿La ejecutará tal y como lo ha verbalizado? Lo está haciendo y tratará de llevarla hasta el tope.

    Esta segunda presidencia de Donald Trump tiene tres características: implementar medidas gubernamentales excesivas, confrontar con casi todos (internos y externos) y partir de algunos presupuestos infundados.

    Está claro que Trump y su show no es un asunto de una persona ni siquiera de un capital. Se trata de una apuesta de varios conglomerados económicos que aspiran a ubicarse de modo hegemónico en la economía mundial. Pero esto es parte de los presupuestos infundados que expresa Trump. Ahora fue con Musk con quien colisionó, pero habrán más, porque el «modo loco» de discurrir político de Trump no admite apostillas ni negativas. Juega al todo o nada.

    Ese estilo no tendría problema si se tratara de asuntos particulares de los negocios de Trump y su familia. Esto que hace Trump, dentro y fuera de Estados Unidos, es temerario e irresponsable. Ahorita tiene el control del manubrio… pero puede perderlo. Y no solo por un impeachment.

    Es muy probable que el caudal electoral pro Trump no haya mermado mucho, pero eso no garantiza que en algún momento se desplome. Las acciones que la administración Trump ha emprendido desde el primer día de esta segunda presidencia están tan impregnadas de equívocos que resulta difícil observar lo que se está ganando. Aunque es claro que la gran pérdida de Estados Unidos es la estabilidad política interna.

    Si se compara la primera con la segunda presidencia de Trump hoy pareciera, por ejemplo, que en política internacional este señor de abuelo alemán («sos de orígenes inmigrantes», es lo que le quiso decir de modo disimulado el canciller alemán al darle enmarcado el certificado de nacimiento de su abuelo alemán), está jugando con fuego. El caso del asesinato masivo de los palestinos de Gaza por parte de los halcones israelíes y las posiciones extravagantes y fuera de lugar de Trump muestran que su visión es deshumanizada. Estados Unidos podría detener ese genocidio de Gaza, pero no lo hace. Le está dando tiempo al ejército israelí para que acabe con los palestinos. Ese es Trump, un manojo de desaciertos.

    Del tema de los aranceles mejor no hablar, porque sus resultados son inciertos. La gran potencia que es Estados Unidos da palos de ciego en la economía mundial. Pero Trump se comporta como si estuviera al mando del país que impulsó el Plan Marshall después de la segunda guerra mundial. Y ya no, aunque Estados Unidos es una potencia mundial, sus turbinas están atrofiadas.

    Los acontecimientos de Los Ángeles están confirmando que Trump lo ha logrado, sí, ha logrado despertar la conciencia crítica de Estados Unidos.

    • Jaime Barba, REGIÓN Centro de Investigaciones

  • Fracturas del castrismo

    Fracturas del castrismo

    Todo parece indicar que el férreo control social establecido en Cuba por los hermanos Fidel y Raúl Castro, heredado por el inepto Miguel Diaz Canel se está resquebrajando, aunque es justo decir que no es exclusiva consecuencia del coraje de los opositores, sino por la ineficiencia crónica del sistema que ha acumulado durante 66 años fracasos y errores sin fin.

    En conversación telefónica con Guillermo Fariñas, Santa Clara, Cuba, premio Sajarov 2010 y líder del Foro Anti totalitario Unido, FANTU, describió que a pesar de la represión cuyo resultado es el crecimiento constante de la población penal por causas políticas, la ciudadanía está asumiendo una conciencia más precisa de sus derechos reclamando a la dictadura los espacios que le corresponde.

    Según Fariñas en base a esos reclamos su organización ha establecido un numero de temas cuyos militantes promueven en las colas que inevitablemente el pueblo está obligado a hacer para resolver cualquier situación, particularmente, las relacionadas con alimentos y medicinas.

    Uno de los temas es la incumplida promesa del castrismo de restaurar la Constitución de 1940 que garantizaba una sociedad abierta con respeto pleno a las prerrogativas del ciudadano. Nos dijo que es un caso prácticamente desconocido por las nuevas generaciones, que han estado sumidas en una ignorancia absoluta del pasado.

    Otro asunto que llevan a las colas y son abordados como si fueran conversaciones fortuitas es la farsa que encarno Fidel Castro durante los primeros meses del triunfo insurreccional negando que pretendiera establecer un régimen comunista, haciéndole notar a las personas que la dictadura se estableció con mentiras y falsas promesas, un ambiente que se ha perpetuado en el tiempo.

    Cuenta el dirigente opositor que tiene categóricamente prohibido viajar a la capital del país, que otro de los asuntos que inducen los militantes en las colas es el de la violencia, planteando que la insurrección conducida por los Castro recurrió al terrorismo durante toda su gestión y que en consecuencia están invalidados moralmente para cuestionar a cualquier persona que recurra a la intimidación para atacar el gobierno, ya que el terrorismo no se convierte en bueno porque promueva el socialismo.

    Otro aspecto interesante que cuentan a los individuos en las filas como si fuera casual, es que la inmensa mayoría de los que combatieron el castro comunismo en los años iniciales de la revolución y aun después, provenían de las filas revolucionarias porque habían sido defraudados por la farsa instrumentada por los Castro para eternizarse en el gobierno.

    Las tituladas Misiones Internacionalistas en África son ampliamente abordadas, explicándoles a las personas que no eran actos reales de solidaridad, sino la manera que Castro compensaba la ayuda económica y militar proveniente de la Unión Soviética, usando a los cubanos como “carne de cañón”, enviándolos a combatir a ese continente donde murieron miles de soldados y otros han sido abandonados en la miseria más extrema.

    Dos de las mayores falsedades del régimen castrista son la gratuidad de la medicina y la educación. Los militantes de FANTU exponen que desde el año 1962, a todos los trabajadores se les quita directamente un 11, 1 % de sus salarios netos, en base al Decreto-Ley 147/1962, despojo que cubre también la Seguridad Social, condición que tampoco hace esta una regalía del totalitarismo.

    Los privilegios en alimentos y bienes que reciben los miembros de las fuerzas armadas y del ministerio del interior son abordados en las colas, además de las razones que no permiten la existencia de otros partidos políticos, agregando que la actual crisis energética pudo haberse evitado si durante el periodo de auge del chavismo en Venezuela, 2001-2016, se hubieran usado los enormes préstamos financieros entregados por el presidente de Hugo Chávez en la remodelación de las estructuras tecnológicas de las termoeléctricas cubanas.

    Cuenta Guillermo Fariñas que por llevar estos temas a las colas varios militantes de FANTU están en prisión, entre ellos, Oscar Sánchez Madan, Coordinador Político del Consejo Nacional del FANTU y residente en el municipio Matanzas, Pedro Luis Fernández Peralta, Coordinador del FANTU en el municipio “Diez de Octubre”, provincia de La Habana y Amaury Díaz García, Coordinador Municipal del FANTU en la ciudad de Sancti Spíritus.

  • El ejercicio debería ser una opción de primera línea contra la depresión

    El ejercicio debería ser una opción de primera línea contra la depresión

    En algún momento de mi vida los tonos fríos verdes y azules, melancólicos y sombríos, dominaban mis días. Los días oscuros y helados del invierno canadiense proponían una monotonía gris, que acentuaba mi tristeza y aislamiento. Pasaba los días somnoliento y sin energía, pero eso sí, el deseo por el azúcar se acentuaba. Dos inviernos tarde en realizar que mi humor de esos días estaba relacionado con el frio y la ausencia de sol. En este caso se trataba de un Trastorno Afectivo Estacional (TAE). Es un tipo de depresión que ocurre en ciertas estaciones del año, generalmente en otoño e invierno, cuando hay menos luz solar. No es de extrañarse entonces, porque decidí vivir en el oriente de nuestro país, frente al mar. En esta región de nuestro país siempre hay sol, invierno y verano.

    En mi familia Rosales la enfermedad mental es bastante prevalente. Y existe una tendencia persistente al aparecimiento de signos y síntomas depresivos. Las tonalidades y colores psicológicos en nuestra familia son amplios y diversos, y en algunos casos extremos, paralizantes. Conocer tus humores, como enunciaba Hipócrates, es crucial en este tipo de situaciones. En mi caso, cuando el humor de bilis negra me invade, yo sé que tengo que incrementar mis niveles de ejercicio para contrarrestarlo. Y eso, a través del tiempo me ha funcionado. Verdad o mentira, uno se alinea con lo que le funciona.

    ¿Como es que las nubes aun cuelgan sobre ti? Le pregunta Claudio a Hamlet, en una clara muestra del periodo de depresión que sufría dicho personaje de Shakespeare. La depresión, uno de los desórdenes psiquiátricos de magnitud epidémica en nuestros tiempos (afecta al 5% de los adultos en todo el mundo), es un trastorno complejo con múltiples causas que pueden variar de una persona a otra. Entre sus múltiples causas podemos encontrar factores biológicos (desequilibrio en neurotransmisores, genética, alteraciones hormonales), factores psicológicos (traumas pasados, patrones de pensamiento negativo, baja autoestima), factores ambientales (estrés crónico, falta de apoyo social, consumo de sustancias), factores médicos (enfermedades crónicas, efectos secundarios de medicamentos).

    La depresión suele ser el resultado de una combinación de estos factores por ello las terapias más exitosas y sostenibles no suelen ser las terapias farmacéuticas. La depresión es mas frecuente en mujeres que en hombres. Se estima que el 6% de mujeres adultas y el 4% de los hombres adultos la padecen. Puede afectar a cualquier persona, pero es más común en jóvenes, ancianos y personas expuestas a situaciones de estrés, perdidas o abuso.

    El impacto que tiene la depresión sobre la salud publica de países y del mundo es de una magnitud importante, es la cuarta causa de discapacidad a nivel mundial, medida en años de vida saludables perdidos. Sin embargo, muy a pesar de ser un problema de salud publica importante mas de la mitad de las personas con depresión no reciben tratamiento, cifra que puede llegar al 90% en países en vías de desarrollo. Por lo general, los tratamientos para la depresión se centran principalmente em dos grandes áreas: la psicoterapia y la medicación antidepresiva.

    Cuando la intensidad de la depresión es profunda se llega a utilizar la terapia electroconvulsiva y la hospitalización. Estos tipos de tratamiento son en nuestro país inaccesibles para la mayoría de nuestra población, no solo por su costo sino por el limitado numero de profesionales expertos en esta área de la salud. Sin embargo, estudios recientes parecen apoyar lo que yo descubrí hace muchos años. Correr diariamente mejoraba mi estado de animo y mis niveles de energía.

    Un meta-análisis publicado en el 2018 en el American Journalof Psychiatry, que incluyo 218 estudios y mas de 14 mil participantes encontró que el ejercicio físico es tan eficaz como la psicoterapia y los medicamentos antidepresivos para tratar la depresión. Otro estudio publicado en British Journal of SportsMedicine en el 2020, sugiere que el ejercicio debería ser una opción de tratamiento de primera línea contra la depresión. Mas recientemente un estudio publicado en JAMA Network Open reportó que las personas que caminan 7.000 o más pasos por día reducen 31 % el riesgo de depresión, aunque los beneficios sobre los síntomas depresivos ya se manifiestan a partir de los 5.000 pasos diarios.

    ¿Como es que las nubes aun cuelgan sobre ti? Siete mil o más pasos previenen tratamientos caros con psiquiatras o psicoterapeutas y no esperes que te lo cuenten en las consultas médicas.

  • Trump versus Harvard, la autoridad moral que falta en este pleito

    Trump versus Harvard, la autoridad moral que falta en este pleito

    Es insensato promover buenas causas por medios insensatos.

    Y es justamente lo que Donald Trump hace cuando despotrica contra Harvard exigiendo que la universidad haga lo que él dice.

    Si la injerencia política en el sistema privado de educación superior fuera la mejor solución a los problemas que ese sistema provoca, entonces no habría necesidad de la educación privada; bastaría con que los Gobiernos sucesivos dictaran cada plan de estudios, controlaran los procesos de admisión y asumieran la administración de los campus.

    Pero, por mucho que el Gobierno federal lo subsidie, no es así como funciona el sector educativo en Estados Unidos, cuya independencia debe ser defendida como garantía de eficacia, contribución social y objetividad académica.

    Es ilusorio creer que todo funcionará mejor con la intromisión de la Casa Blanca, sea la de hoy o la de mañana.

    Pero haciendo a un lado las desatinadas formas del presidente Trump, muchas de las críticas que se vienen haciendo al llamado circuito de universidades élite de EE UU (también conocido como Ivy League) tienen bastante fondo y merecen un debate amplio.

    Es muy llamativo, por ejemplo, que desde hace un tiempo sea precisamente Harvard el alma mater peor evaluada por los estudiantes estadounidenses cuando se les pregunta sobre un principio tan fundamental como la libertad de expresión.

    La encuesta permanente de College Pulse y la Fundación para los Derechos y la Expresión Individual (FIRE, por sus siglas en inglés) viene colocando a la prestigiosa entidad educativa de Massachusetts como la última —ojo al dato: ¡la última!— de entre más de 250 instituciones similares en relación a la protección y promoción de la libertad de sus alumnos para externar lo que piensan.

    Este resultado adquiere relevancia si tomamos en cuenta que el sondeo abarca a más de 58.000 estudiantes y que esa baja calificación de la antigua Universidad de Cambridge se debe a situaciones tan alarmantes como el ataque a la reputación de quienes se atreven a alzar la voz frente al discurso dominante, la predisposición de las autoridades a elegir determinado perfil ideológico (en evidente detrimento de otros) para los oradores que acceden al campus e incluso la tolerancia de la protesta violenta, dentro y fuera de las clases, si se realiza en contra de ciertos asuntos.

    Pero quizá la peor noticia que aborda esta encuesta es la del recurso a la autocensura.

    Los estudiantes americanos, para evitarse problemas cuando dentro de las aulas se abordan temáticas polémicas –en particular el aborto, el “género”, el control de las armas y los llamados “derechos de los colectivos trans”–, prefieren callar antes que emitir sus opiniones personales.

    La escasa reflexión alrededor de algo tan preocupante habla mal del país que se ufana de las libertades alcanzadas por sus ciudadanos.

    Bien mirado, es sencillamente atroz que casi un 25% de los universitarios, según la medición, afirme que guardar silencio es la mejor alternativa a la posibilidad de una discusión serena y argumentada.

    Todas estas cosas deberían ser atendidas por las autoridades de Harvard por las mismas razones que les mueven hoy a enfrentar los disparates de Trump: su prestigio académico.

    Aquellos temas que, por su profunda naturaleza antropológica, deberían ser libremente discutidos en una cátedra, sus propios estudiantes les están diciendo que en realidad son “difíciles” a la hora de “mantener una conversación abierta y honesta dentro del campus”.

    También hemos de recordar que, todavía hace dos años, Harvard practicaba la “discriminación positiva por raza” en sus procesos de admisión, privilegiando con ciertas ventajas competitivas a los estudiantes en virtud de su origen étnico y no en relación a sus méritos estudiantiles.

    Este asunto fue zanjado por la Corte Suprema en un fallo muy bien explicado entonces (2023) por su presidente, el juez John Roberts —quien, por cierto, mantiene ahora una sorda pugna con Trump—, afirmando que discriminar positivamente a alguien por su ascendencia equivalía a discriminar negativamente a otro por la suya, en abierta contradicción con el principio de igualdad constitucional de la Decimocuarta Enmienda.

    El hecho de que, durante demasiado tiempo, una universidad tan afamada, entre cuyos graduados se pueden contar al menos a ocho presidentes de EE UU, haya funcionado con semejante disfuncionalidad es un antecedente de particular significancia.

    Minimizarlo no ayudará a cimentar la notoriedad de Harvard.

    Tampoco lo hace que se reclame a Trump, y con razón, sus recortes financieros a la educación superior, mientras por otra parte se ofrecen tibias explicaciones sobre el hecho de que, entre 2021 y 2024, potencias foráneas como China y Catar hubieran alcanzado la estratosférica suma de 29.000 millones de dólares en “donaciones” a las universidades estadounidenses, un monto que equivale a la completa financiación externa inyectada al sistema en los 40 años anteriores, según ha podido investigar el Network Contagion Research Institute.

    Y justamente por todo lo anterior es una verdadera lástima que Donald Trump, con su estilo grotesco y pendenciero, sea el primero en socavar la debida seriedad que merece un debate de este calado.

    El clima de represión de la opinión disidente es algo que debería preocupar a todos en Estados Unidos.

    Y Harvard, para ganar autoridad moral, tendría que ser un modelo de defensa de la libertad en sus propios recintos, donde los futuros profesionales no deberían aprender a poner bozal a sus pensamientos.