Categoría: Opinión

  • El Salvador en 2065: vejez masiva, gasto insostenible

    El Salvador en 2065: vejez masiva, gasto insostenible

    Hace 30 años, la escritora británica P.D. James incursionó en la ciencia ficción distópica con su novela Los hijos de los hombres (1992), obra que más tarde fue adaptada al cine por el director Alfonso Cuarón. La pieza central del libro gira en torno a las profundas consecuencias sociales, políticas y psicológicas de una repentina e inexplicable infertilidad global que condena a la humanidad a la extinción en el plazo de una generación.

    Uno de los aspectos más inquietantes que presenta la novela es el ritual denominado “the Quietus”, un mecanismo apoyado por los gobiernos para facilitar el suicidio de personas mayores, presentado como “una salida digna” ante la decadencia social y la ausencia de futuro. Este acto, lejos de ser solo ficción, sirve como advertencia y reflexión sobre las formas en que las sociedades podrían manejar la desesperanza colectiva y la crisis demográfica en contextos de colapso.

    La analogía con la actualidad es inevitable al observar cómo, en varios países caracterizados por tasas de fertilidad muy bajas, se han acelerado los debates y las legislaciones en torno al suicidio asistido y la eutanasia. Países como Canadá, Suiza, Bélgica y Países Bajos han avanzado considerablemente en la legalización y regulación de estas prácticas, muchas veces argumentando la autonomía personal y el “derecho a una muerte digna” ante el sufrimiento físico o psicológico severo.

    Esta tendencia ha generado intensos debates éticos, sociales y filosóficos sobre el valor de la vida, el envejecimiento de la población y el papel del Estado en el final de la existencia humana. Es un hecho que la tasa de fertilidad global se ha disminuido a la mitad desde 1950, con la mayoría de los países muy por debajo del nivel de reemplazo. Es inquietante observar como la pirámide poblacional comienza progresivamente a invertirse, no solamente los países occidentales ricos sino en la mayoría de los lugares fuera del continente africano.

    Una muerte digna, anuncian los partidarios de la eutanasia y el suicidio asistido. Un derecho, con el cual yo me alineo también. ¿Pero es este el incentivo único por el cual las autoridades políticas de muchos países enarbolan la bandera de la dignidad?

    En estos países, el Estado, con su poder omnímodo, se encarga tanto de pagar la manutención de los ancianos y discapacitados como de regular su muerte. En tiempos donde el peso financiero al sistema de salud se acrecienta alineado con el envejecimiento de la población, pareciese que la facilitación del suicidio se convierte en una medida de ahorro. 

    Según la OCDE (países desarrollados), el gasto en salud para personas de 65 años o más puede ser de 3 a 5 veces mayor que para personas jóvenes. Se estima que el envejecimiento por sí solo aumenta el gasto total en salud entre un 0.5% y 1% del PIB por década, si no se implementan reformas. En Estados Unidos, por ejemplo, las personas mayores de 65 años (17% de la población) representan más del 36% del gasto total en salud.

    En países como El Salvador o México, el envejecimiento poblacional aun es moderado, pero se proyecta que el gasto público en salud crecerá hasta un 1.5-2.5% adicional del PIB hacia 2050 debido al envejecimiento, si se mantienen los patrones actuales de atención. Según proyecciones específicas para el país del Fondo Monetario Internacional (FMI), en El Salvador, el envejecimiento poblacional contribuirá a un aumento significativo del costo en salud, con un incremento de alrededor del 30% del gasto como porcentaje del PIB para 2030; y más de un doble del gasto para el 2065, comparado con el 2015. 

    En 40 años, el gasto médico en nuestro país se incrementará en más del 100 %, impulsado principalmente por el envejecimiento de la población, que superará el 25 % de adultos mayores de 65 años. Para entonces, el presidente Bukele tendrá 83 años, y el actual ministro de Salud, 79. Ambos harían bien en diseñar e implementar desde ahora medidas que trasciendan la compra de “juguetes robóticos” —como los equipos para cirugía bariátrica en el hospital Zacamil— y se enfoquen en políticas públicas de salud que impulsen una verdadera reforma del sistema, orientada al fortalecimiento integral, sostenible y equitativo del mismo.

     

    • El Dr. Alfonso Rosales es médico epidemiólogo

  • Economía deportiva y política educativa

    Economía deportiva y política educativa

    Desde la óptica de la economía deportiva, el deporte no es solo un espectáculo sino una actividad económica con un impacto sociocultural que puede analizarse desde la perspectiva de la oferta y la demanda, considerando la producción, distribución y consumo de bienes y servicios deportivos, así como sus interacciones con el resto de la economía. Desde este enfoque, es posible explicar por qué el negocio del fútbol profesional ha generado equipos con presupuestos desorbitantes, por qué a pesar de ello el fútbol sigue siendo un deporte emocionante donde es difícil predecir un ganador, y por qué esto es una oportunidad para los sistemas educativos nacionales.

    El fútbol profesional opera en un mercado monopolístico u oligopolístico por varias razones. Primero, ligas como la Premier League, LaLiga y la Serie A actúan de facto como carteles al negociar de forma colectiva derechos televisivos y patrocinios, fijando tarifas elevadas y erigiendo barreras para que entren nuevos competidores. Segundo, organismos supranacionales como FIFA y UEFA controlan la organización de torneos internacionales y regulan uniformemente las transferencias y registros de jugadores, lo que les confiere un poder de mercado casi absoluto. Estas estructuras lideradas por ejecutivos con sueldos desconocidos, han permitido que clubes con gestiones eficientes o respaldados por capital foráneo acumulen presupuestos multimillonarios que superan con creces los de sus competidores.

    No obstante, pese a esta marcada disparidad económica, el propio funcionamiento del juego y las innovaciones tácticas equilibran la balanza. Esto se debe a que el talento y la táctica no solo conforman el espectáculo que vemos en el terreno de juego, sino que son insumos con distintos niveles de rendimiento de inversión que se cotizan en el mercado deportivo mediante los salarios y costos de transferencias de los grandes jugadores y cuerpos técnicos, así como en los costos de las tecnologías y herramientas orientadas a optimizar el rendimiento colectivo.

    Al analizar el rendimiento de estas inversiones en talento o táctica, estudios académicos para las grandes ligas europeas han demostrado que el talento muestra rendimientos decrecientes a escala; mientras que los recursos destinados al análisis táctico y a sistemas de juego cooperativo arrojan rendimientos crecientes en victorias, creación de ocasiones de gol y reducción de faltas. Fuera de la literatura académica, análisis de entrenadores de élite como los que componen el “Grupo de Estudio Técnico de la FIFA”, concluyeron a lo largo del Mundial de Clubes 2025 que las tácticas y las buenas tomas de decisión de los cuerpos técnicos de los equipos sudamericanos fueron clave para que estos se impusieran ante oponentes europeos con mayor solvencia financiera. Esto implica que la productividad del talento y la táctica exhiben tendencias que nivelan el terreno de juego para equipos con menos recursos, pues el costo de la inversión en talento suele ser mayor que el de la táctica. Así, los clubes de mayor presupuesto no tienen asegurado un dominio absoluto si sus rivales más pequeños alcanzan una base mínima de futbolistas de calidad y una buena preparación táctica. Esto es una buena noticia para las selecciones nacionales, especialmente las de países pequeños que trabajan con una cantidad casi fija de talento, pues una mayor inversión en aspectos tácticos puede volverlas más competitivas contra naciones con más población y futbolistas profesionales.

    Este “auge de la táctica” no es solo el resultado de la naturaleza del fútbol, sino de la incorporación de la tecnología y el análisis científico de datos. Los principales clubes del mundo emplean técnicas econométricas —modelos de regresión, análisis de datos de panel y algoritmos predictivos— no solo para definir esquemas de juego, sino también para orientar fichajes, contratos y el desarrollo de cantera. Asimismo, se ha documentado cómo equipos modestos, como el Leicester City campeón de la Premier League 2015–16, vencieron a plantillas más caras gracias a sistemas de seguimiento y monitoreo en tiempo real.

    Este interés por el análisis de datos ha permeado también entre los aficionados, desplazando el contenido “periodístico” basado en promover la rivalidad tóxica y la violencia por una demanda creciente de análisis cuantitativos y rigurosos. Esta pasión por comprender el juego puede aprovecharse en el ámbito educativo. De hecho, FIFA ha desarrollado herramientas gratuitas de análisis de datos y entrenamiento táctico diseñadas para integrarse a las clases de Educación Física o al fútbol formativo, como ya sucede en Puerto Rico. Estas metodologías no solo mejorarían el rendimiento deportivo de la niñez para nutrir las selecciones nacionales, sino que también fomentarían su éxito académico y bienestar emocional, reduciendo el absentismo y elevando la motivación por asistir a la escuela.

    En definitiva, desplazar el foco del talento individual hacia la táctica —apoyándose en herramientas de análisis de datos— no solo optimiza los resultados deportivos, sino que contribuye al desarrollo integral de la juventud. Federaciones, clubes y sistemas educativos tienen ante sí la oportunidad —y la responsabilidad— de incorporar este enfoque de manera sistemática y coordinada.

    •Gabriel Pleités, Ph.D. en economía por la Universidad de Utah y exdocente asistente de Economía Deportiva en la misma universidad.

  • Los Guardianes de la gran nación China

    Los Guardianes de la gran nación China

    El 3 de septiembre de 2025 marcará el 80º aniversario de la victoria en la Guerra de Resistencia del Pueblo Chino contra la agresión japonesa y de la Guerra Mundial Antifascista. Para el pueblo chino, esta fecha no es solo una conmemoración histórica; es la piedra fundacional sobre la que se erige la narrativa de su resurgimiento y el papel central de su fuerza militar, el Ejército Popular de Liberación (EPL). Como criminólogo y experto en seguridad y defensa nacional, observar este aniversario nos obliga a reflexionar sobre la compleja interrelación entre la historia, la identidad nacional y el rol de una potencia militar en la estabilidad global. Así como también en el 98o. aniversario de fundación del EPL este primero de agosto. 

    La Guerra de Resistencia fue un conflicto brutal y prolongado que forjó la identidad moderna de China. En esa lucha, el precursor del EPL emergió como una fuerza de liberación, no solo contra un invasor extranjero, sino como el catalizador de una transformación política interna. Este legado histórico es crucial para entender por qué el EPL no es simplemente un ejército nacional en el sentido occidental; es el guardián de la nación y del Partido Comunista, la encarnación de la soberanía y el símbolo de la resiliencia china frente a la adversidad.

    Los Guardianes de la Nación: Del campo de batalla a la esfera global

    El concepto de «guardianes» en el contexto del EPL va más allá de la defensa de fronteras:

    • Guardianes de la soberanía histórica: La victoria de 1945 marcó el fin de un siglo de humillación e intervención extranjera para China. El EPL, desde entonces, ha sido el garante de que esa historia no se repita. Su misión primordial es proteger la integridad territorial y los intereses soberanos de China, una lección que resuena profundamente en cualquier nación que valora su autodeterminación.
    • Guardianes de la defensa nacional: Dentro de China, el EPL juega un rol central esencial y apoya excepcionalmente de acuerdo con sus leyes en tareas de seguridad interna, y con extrema excelencia de servicio y pasión por ayudar a sus ciudadanos en desastres y catástrofes naturales, emergencias, terremotos, tifones, reparación de infraestructura, transporte entre otros, siempre al servicio del más próximo. Así como son un gran apoyo al orden público en eventos críticos. 
    • Guardianes de los intereses globales: En las últimas décadas, la capacidad del EPL han crecido exponencialmente. China es hoy una potencia global con intereses económicos y estratégicos que se extienden por todo el mundo. El EPL, con su modernización naval, aérea y espacial, se proyecta como un actor clave en la seguridad de las rutas comerciales, la diplomacia militar y las evacuaciones de ciudadanos chinos en conflictos. Su presencia en misiones de paz de la ONU y su creciente rol en la ciberseguridad global demuestran que su función de «guardián» ahora tiene una dimensión planetaria.

    El 80º aniversario de la victoria en la Guerra de Resistencia es más que un evento histórico para China; es una ventana para comprender el alma de una nación y el papel de un ejército que se percibe a sí mismo como el custodio de su destino. Para nosotros, los que observamos desde este lado del mundo, y en especial desde El Salvador, es una gran oportunidad para analizar cómo el poder militar, defensa y seguridad nacional, de una potencia, de una Nación como China, inciden directamente en la nuestra región, y cómo la historia, incluso la lejana, sigue moldeando el presente y el futuro de la seguridad global.

    «Los Guardianes» del dragón son un gran ejemplo de la dedicación de sus soldados en la defensa de su patria, el mantenimiento de la paz y la promoción de la armonía mundial. Los soldados del ejército chino son dignos de un gran reconocimiento, pues son los guardianes de gran parte de los ideales en los cinco continentes.

    *Por Ricardo Sosa, Dr. y Msc. en Criminología , Experto en Seguridad Nacional 

    @jricardososa 

  • La inteligencia artificial y el pensamiento crítico

    La inteligencia artificial y el pensamiento crítico

    Muchos hemos escuchado hablar sobre el pensamiento crítico, ¿qué es? Según la  RAE es la facultad o capacidad de pensar de forma analítica y razonada, evaluando información y argumentos de manera objetiva y con criterio.

    En una investigación realizada por el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), reveló que el uso de inteligencia artificial (IA), como ChatGPT, tiene un impacto negativo en la actividad cerebral y en nuestra capacidad de pensar de manera independiente. El estudio se realizó con 54 estudiantes durante cuatro meses, mostró que aquellos que utilizaron ChatGPT para escribir tareas tuvieron una conectividad cerebral más débil, en comparación con los que realizaron las tareas sin ayuda de IA. 

    Si todos los alumnos se acostumbran a realizar las tareas  con la IA, lógicamente, perderán el pensamiento crítico. Una cosa es la evaluación de una tarea exaula o un examen virtual, y otra, es el aprendizaje. Si hay una dependencia pasiva, el estudiante no razona, toma todo lo que las respuestas de la  IA le dicen. Por lo tanto, no hay pensamiento crítico o razonamiento. 

    En otro contexto, es sorprendente el uso adecuado y pertinente de la IA. Les aseguro que si le ayudamos  a un niño a que utilice ALEXA o SIRI para que le ayude a aprenderse las tablas de multiplicar, se tendrá un excelente resultado. Con la buena utilización de las tecnologías aplicando la  IA, el ser humano puede tener en sus manos un mundo de aprendizaje. Puede ser de autoayuda o aprendizaje autodidacta. Sin embargo, se le debe enseñar al niño y al joven a que utilice el raciocinio.

    ¿Cómo se detecta la falta de pensamiento critico? Los  alumnos no interpretan, no analizan, por ejemplo, un estudiante no comprende para qué sirve la tarea o lectura que acaba de realizar. Leen pero no comprenden.

    Si se utilizara la  IA para el mejoramiento del proceso enseñanza-aprendizaje, los resultados serían óptimos. La IA ayuda al pensamiento critico cuando se utiliza racionalmente. Algo muy importante en las aulas universitarias o en otro nivel educativo, el docente debe de guiar a los alumnos para el buen uso de la IA; con ello, los alumnos  podrán tener pensamiento crítico. Por lo tanto, las universidades, colegios y escuelas, deben estar pendientes del desempeño académico y el buen uso de la IA. 

    En el ámbito laboral, en una organización se puede potencializar los talentos en las organizaciones. En estudios recientes se identificó que muchos empleados utilizan ChatGPT para tener un mejor  esfuerzo, ahorro de tiempo, etc. Cuando se redacta un reporte, como ejemplo, se le puede consultar a ChatGPT, pero sin quitar el renglón de saber para qué servirá ese documento.

    Al diseñar un prompt para el proceso de enseñanza-aprendizaje, el profesor podrá tener a su lado a su asistente. Sin embargo, el docente debe de ser capaz de hacer que los alumnos razonen, piensen y que se les haga ver para qué sirve ese tema o aprendizaje. Si no se sabe utilizar, no se tendrán los  resultados óptimos. 

    En conclusión es el ser humano el responsable de alimentar a la IA, es el que debe de reflexionar y analizar lo que ha investigado. Si se fomenta la dependencia cognitiva se reduce el análisis.

     

    *Fidel López Eguizábal es docente e investigador. fidel.lopez@mail.unssa.edu.sv

     

  • TMB: banquete de tiranos

    TMB: banquete de tiranos

    La abreviatura más recomendada de “también” es “tb”, pero igual puede usarse “tmb”. Hoy  echaré mano de la segunda, pero no para referirme al susodicho adverbio sino para compartir algunas “pensadas” alrededor de tres connotados personajes de la casi siempre decepcionante politiquería en este nuestro continente; las iniciales de sus apellidos coinciden: Donald Trump, Nicolás Maduro y Nayib Bukele.

    Digo “pensadas” porque no aspiran a entrar en el “círculo” de las “ideas” de las “nuevas intelectualidades guanacas”. Esas polémicas figuras,  señaladas en el orden referido, tienen en sus manos las riendas de sus respectivos países: Estados Unidos, Venezuela y El Salvador. Cómo lograron tenerlas, eso ya es harina de otro costal. Aclaro de entrada: ninguno me simpatiza. ¿Por qué? Porque “juegan sucio” y, dentro de esa mala práctica, violan derechos humanos.

    La notoriedad de este trío no es nada reciente ni responde a su intachabilidad. Todo lo contrario. Viene de muy atrás por diversas razones, ciertamente nada edificantes. Pero en los últimos días, la misma se incrementó por el asunto relacionado con el intercambio de prisioneros entre los Gobiernos estadounidense y venezolano. Los cautivos gringos eran diez y los originarios del territorio bolivariano 252. Los primeros se encontraban encarcelados en Venezuela, pero el segundo grupo ‒el más numeroso‒ no estaba detenido en las penitenciarías correspondientes sino que se encontraba en el salvadoreño Centro de Confinamiento del Terrorismo más conocido como el CECOT, “orgullo” de Bukele; al recibirlos en este reclusorio provenientes de la patria de Abraham Lincoln, en la nuestra se inauguró lo que el segundón de acá llamó “servicio de alojamiento penitenciario”.

    Este “novelón” ha ocupado muchos titulares y espacios informativos nacionales e internacionales; también, por razones obvias, ha sido extensa su difusión en las llamadas “redes sociales”. Además de lo esencial de la trama ‒es decir, el referido canje‒ se deben considerar las distintas versiones lanzadas a la opinión pública por algunos de sus principales protagonistas.

    El secretario de Estado de Trump, Marco Rubio, destacó “el liderazgo y compromiso” de este con su pueblo; debido a ello, expresó, sus compatriotas “detenidos injustamente en Venezuela ahora están libres y de regreso a nuestro país”. Asimismo, Maduro ‒quien llamó “terroristas convictos y confesos” a los que liberó‒ externó su gratitud a los religiosos que se involucraron en esta negociación y contribuyeron a alcanzar un final feliz: el papa León XIV y el cardenal salvadoreño Gregorio Rosa Chávez; también agradeció a Trump y a José Luis Rodríguez Zapatero, expresidente del Gobierno español.  Por su parte, Diosdado Cabello ‒ministro de Relaciones Interiores, Justicia y Paz del régimen chavista‒ aseguró que los retornados habían estado “en el infierno”.

    Bukele, por su parte, se ha pavoneado mostrándose como pieza clave en esta negociación producto de la cual Maduro liberó –además de los estadounidenses– a decenas de sus connacionales que presuntamente había detenido y permanecían en prisión por razones políticas. Pero hay que recordar que en abril del año en curso, el salvadoreño le ofreció a su similar venezolano ‒semejantes ambos en su ejercicio autocrático del poder‒ regresar a sus 252 paisanos que mantenía cautivos en la citada megacárcel, al terruño que los vio nacer; pero, eso sí, si soltaba un número idéntico de presos políticos. Esa oferta no prosperó. ¿Tendrá que ver el éxito que ahora se celebra con lo que declaró Jorge Rodríguez, operador político de Maduro, al asegurar que Bukele no tuvo ninguna intervención en este enredo? 

    Pero ahora, la subdirectora del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de los Estados Unidos de América (ICE, por sus siglas en inglés), Mellisa B. Harper, sostiene bajo juramento que fue una “decisión soberana” del Gobierno salvadoreño ‒inconstitucional, aunque no lo diga‒ la consumación de este “cambalache humano”. Porque para mí, eso ha sido. Se trata de un “trueque o intercambio de cosas de poco valor”, de un “acuerdo o intercambio entre dos o más partes alcanzado de forma poco transparente”. Así se define cambalache. Y es que para uno, sus presos eran delincuentes “convictos y confesos agentes de la CIA”; para los otros, los suyos también eran delincuentes integrantes del Tren de Aragua responsables de asesinatos, robos, violaciones y otros graves crímenes. Para ambas partes, todos eran “terroristas”. Ninguno se salvaba; eran personas “de poco valor” transadas “de forma poco transparente”. 

    Esta trama me remite a lo que escribió Martí y cantó Pablito: “A un banquete se sientan los tiranos. Pero cuando la mano ensangrentada hunden en el manjar del mártir muerto, surge una luz que les aterra; flores grandes como una cruz súbito surgen y huyen, rojo el hocico, y pavoridos a sus negras entrañas los tiranos”.

     

  • La cultura del cuidado, como horizonte de tranquilidad

    La cultura del cuidado, como horizonte de tranquilidad

    El ser humano cada vez requiere más del humano ser; pues, aunque el alimento es necesario, hay alientos como el amor y los miramientos que son imprescindibles, para reencontrarnos y salir de la tristeza. Indudablemente, la atención entre nosotros es esencial para cada filiación y cada comunidad. Precisamente, la revolución consiste en visibilizarlo, valorizarlo e invertir, ya no sólo en entendernos, incluso en atendernos mutuamente. No olvidemos jamás, que, si decimos que el asistido es un derecho humano, significa que todos los gobiernos, con sus respectivas instituciones, deben brindar apoyo total. Desde luego, es fundamental, hacernos cargo los unos de los otros e igualmente de la creación, para construir y reconstruirnos en una sociedad sustentada en relaciones de fraternidad.

    Avivar el culto de la estima por el análogo, es la mejor vía para la concordia, además de erradicar la cultura de la indiferencia, del rechazo y de la confrontación, que es lo que suele prevalecer hoy en día. Por consiguiente, cultivar la custodia de la propia existencia y de nuestras relaciones, es inseparable para generar atmósferas armónicas que nos harán, cuando menos individuos más comprensivos con el alivio de todas las necesidades humanas. Porque, la persona, debe significar en nuestra vida comunión y comunidad, no individualismo; también inclusión y no exclusión, ya que todos los miembros tienen la misma dignidad. De este decoro o decencia derivan los derechos humanos, al igual que las obligaciones, recordándonos la responsabilidad de acoger y amparar.

    Por desgracia, nuestras sociedades en sus diversos entornos se están acostumbrando, con demasiada frecuencia, a dejar que una parte tan importante y rica de su tejido social, como pueden ser nuestros mayores y niños, sea marginada y olvidada. Frente a esta situación, es justo un cambio de mentalidad, que refrende un hacer conjunto más responsable. El amor auténtico jamás envejece; y, aunque nuestro físico se vaya deteriorando, el pulso interior se renueva en cada amanecer. Esto implica, activar el acompañamiento y no dejar a nadie en el camino de la dejadez. Al fin y al cabo, todos vamos en la misma barca, en la que estamos llamados a remar juntos, porque nadie se salva por sí mismo. Tampoco ningún país aislado puede asegurar el bien común a su gente.

    El horizonte de la tranquilidad lo injerta un espíritu más adherido, de auténtica pasión por el similar, no como un sentimiento indeciso, sino como una determinación firme y perseverante; que, por supuesto, nos ayudará a encontrar una respuesta a quiénes somos y por qué vivimos, o existimos en apoyo continuo. A veces pienso, que nuestra mayor enfermedad, radica en no sentirse querido por su parentela, desamparado y sin vigilancia por parte de nadie. No vayamos contra el soplo innato que hace de nosotros algo único, comenzando por quererse uno a sí mismo para poder querer a los demás. Tengamos corazón; y, en lugar de mirar al abismo, donde nos veremos cómo aberración, tomemos la cumbre del mejor deseo, el del afecto, con la brújula reconciliadora del verbo.

    Asimismo, hay que tomar como lenguaje en esa cultura del abrazo sincero, el respeto al derecho humanitario, especialmente en este momento en que los conflictos y las guerras no cesan. Cuidado con no cuidar este cuidado. Se destrozan todos los vínculos, las gentes se ven obligadas a huir, dejando atrás no sólo sus hogares; sino, de igual forma, la historia natural y la raíz ilustrativa. Esto es nefasto, la familia es el núcleo natural y fundamental de la sociedad, donde se aprende uno a reprenderse, viviendo en relación y desviviéndose por auxiliarse entre sí. En efecto, es esta preocupación conjunta, de aceptación entre análogos, lo que nos hace crecer hacia un nuevo horizonte de luz y paz. La sapiencia del velado, sin duda, es la lingüística del alma.

  • De escaramuza en escaramuza, el castrismo ha probado su fracaso

    De escaramuza en escaramuza, el castrismo ha probado su fracaso

    Este 26 de julio se cumplirán 72 años de una refriega mal diseñada y pésimamente ejecutada que la propaganda castrista ha llamado “asalto al cuartel Moncada”, pero que, analizada con objetividad, no pasó de ser una escaramuza militar palurda que provocó una oleada represiva por parte del régimen cubano de entonces. Por supuesto, en su afán de mitificar las cosas más insignificantes, la mitología oficialista ha visto siempre en aquella intentona de 1953 el inicio de la revolución que llevó al derrocamiento de Fulgencio Batista.

    Cuando en 2008, casi medio siglo después de haberlo tomado, Fidel Castro soltó por fin el poder formal, delegándolo en su hermano Raúl, el líder de la Revolución cubana era el tercer jefe de Estado más longevo del mundo, únicamente superado por el noveno Rama de Tailandia, el rey Bhumibol (fallecido, por cierto, el mismo año que Castro, en 2016), y por la reina Isabel II de Inglaterra. Era muy llamativo que solo dos gobernantes, ambos monarcas, llegaran a acumular más edad que Fidel a la cabeza de sus respectivos países. Por supuesto, para no ser menos en cuestiones dinásticas, el castrismo también se cuidó de que su poder insular adquiriera ribetes de herencia familiar.

    Pero el verdadero “legado” de Fidel Castro está a la vista, al alcance de todo el que quiera verlo. Cuba es una redundancia del aislamiento, tanto en lo político como en lo económico. Sus habitantes sufren intromisiones estatales intolerables desde la más tierna infancia. La libertad de expresión está cercenada a límites demenciales. La justicia tiene una aplicabilidad selectiva y las cárceles rebozan de opositores, mientras en las calles se suda por la sobrevivencia diaria. Existen elecciones para que el partido único se entretenga en mover piezas, pero en la cima de la montaña nada cambia, como nada cambia tampoco en la llanura.

    En una entrevista concedida poco después del colapso soviético (y que puede verse en internet), Fidel defiende el “período especial” en estos términos: “En las realidades actuales del mundo, nosotros no podemos hablar de la construcción del socialismo en condiciones ideales. Pero todas las conquistas sociales alcanzadas por el socialismo en nuestro país, las defenderemos. Hemos tenido que hacer una apertura económica porque nosotros perdimos capital, mercado, tecnología… Y ahora necesitamos mercado, capital y tecnología para poder desarrollar nuestro país”.

    Esta sorprendente declaración la dio Fidel muchísimo antes de que aceptara, en un lapsus, que el sistema implantado por él no funcionaba “ni para nosotros” (refiriéndose a Cuba). Como queda patente, ya a principios de la década de 1990 se había visto obligado a reconocer que la provisión de mercado, dinero y tecnología que necesitaba su país lo había ido a buscar a través de una “apertura económica”. La confesión posee tales rasgos freudianos, que el propio Castro no advirtió su derrota implícita. Muchos de sus seguidores, de hecho, siguen sin advertirlo, porque extractos de esta entrevista pueden verse en documentales que alaban al líder de la revolución “más humana de Latinoamérica”. Si el discurso de independencia de cualquier potencia extranjera –que fue real solo hasta la caída del bloque socialista– es verdadero, lo ha sido al precio de las libertades individuales de los cubanos. Y eso es pavoroso.

    Ningún político debería sobrevivir, incrustado en el poder, a nueve presidentes de Estados Unidos. Lo que para los simpatizantes y corifeos de Fidel es un logro, para cualquier estudioso de la democracia es una vergüenza. Ningún ser humano debería sentirse orgulloso de ser el “padre” de un proceso revolucionario infinito y empobrecedor.

    Desgraciadamente, Castro y Cuba se convirtieron en símbolos de una época. De una época tumultuosa, por cierto, hambrienta de esa clase de iconografía rebelde, vigorosa y soñadora, surcada por alzamientos triunfantes y utopías igualitarias. El castrismo personificó, por muchas razones, ese caudillismo redentor al que todos los agraviados del planeta podían acercarse para beber de sus aguas. Eran tiempos de ilusión que reclamaban discursos delirantes y una infatigable obnubilación ideológica. Y Fidel ofreció eso en cantidades industriales.

    El modelo cubano execró la propiedad privada e implantó la semilla infértil de la subordinación al Estado. Desafió por décadas las teorías económicas del libre mercado, con calamitosas consecuencias para su pueblo. En paralelo, instauró un sistema educativo destinado a alfabetizar tanto la mente como la conciencia, y una verborrea histriónica concentrada en exaltar la dignidad de un régimen “heroicamente” enfrentado a los más grandes poderes de la tierra. Ninguna utilería faltó en la escenificación de un mito que solo la historia sabrá poner en su justo lugar.

    La nueva conmemoración de la escaramuza del Moncada debería servir para invitar a una reflexión profunda sobre los estragos que producen tanto el ilusionismo teórico como el mesianismo político. Si algo prueba el fracaso del castrismo es que no existen alternativas a la libertad de los pueblos y a la dignidad de las personas.

  • La muerte se viste de intolerancia

    La muerte se viste de intolerancia

    En un acto de intolerancia fue asesinado a golpes, Juan Alberto Lara. Por su muerte fueron capturados y luego condenados sus “amigos” Moisés Mariano Benítez Maltez, Héctor Leonel Molina Díaz y Wilmer Alexander Flores Treminio. El crimen ocurrió el 27 de octubre de 2023 en la colonia Xanadú de San Miguel y la condena fue emitida en junio pasado. Según el proceso víctima y victimarios se encontraban consumiendo bebidas lo cual generó una discusión que terminó con la muerte de Lara que fue atacado a golpes con objetos contundentes y con armas blancas.

    De acuerdo con los datos oficiales de la Mesa Técnica Interinstitucional para la Conciliación de Cifras de Víctimas de Homicidios y Feminicidios, desde enero de 2022 hasta mayo de 2025 en el país se registran 281 muertes (entre homicidios y feminicidios) motivados por la intolerancia social y familiar. Las cifras indican que de 281, un total de 145 son producto de la intolerancia social y 136 por intolerancia familiar (la mayoría feminicidios).

    Solo en los primeros cinco meses del presente año se han dado 32 muertes por intolerancia; 21 por intolerancia social y 11 por intolerancia familiar. Las cifras son altas y preocupantes, si tomamos en cuenta que son hechos que pudieron evitarse a través de la denuncia oportuna y la sana convivencia social.

    La tolerancia es un valor que debemos poner en práctica de manera permanente, con todos y con todo lo que acaece. Tolerar es respetar a los demás sin juzgarlos o discriminarlos por su condición de vida o por su forma de pensar ya que todos tenemos derecho a la existencia con nuestros errores y virtudes.  Tenemos que respetar la libertad de expresión aunque pensemos diferentes, al fin que la razón y la verdad son particularmente individuales de acuerdo a nuestro contexto. Nadie tiene la razón de manera exclusiva ni sus ideas son siempre razonables.

    La tolerancia es, entonces, la capacidad de aceptar las diferencias y la diversidad de ideas, creencias y prácticas o comportamientos de los demás, incluso si son contrarios a los propios. Ser tolerante es una forma de ser digno y de hacer prevalecer la humildad al reconocer nuestras capacidades e incapacidades y las de los demás, aceptando esa forma de existencia. La humildad nos conduce a dejar a un lado la arrogancia y la soberbia y abrazar la modestia para reconocer nuestras limitaciones para aprender de los otros.

    Una persona intolerante es soberbia, altanera y egocentrista al creer que siempre tiene la razón y que es un individuo de naturaleza intocable, capaz de resolver todo haciendo uso de la violencia o de la imposición de su “razón” o de sus condiciones, aunque carezca de fundamentos. Su axioma de probabilidad es la “ley del talión” y su argumento de vida es la “ley del más fuerte”, aunque la fortaleza solo esté en el grito y la acción cobarde defenderse atacando. La comprensión del accionar de sus semejantes no está su alcance en su tosco ser.

    Ser intolerante es una desgracia de la existencia individual y social. Personas que no aceptan que los tiempos y movimientos ocurren por el devenir humano y divino y que como individuos con un rol dentro de la sociedad tenemos que aceptar la existencia de los demás, con sus personalidades y niveles culturales incluidos.

    El tolerante huye del peligro si no lo puede enfrentar de manera razonable; el intolerante se acerca el peligro, aunque no tenga capacidad para enfrentarlo. El tolerante es valiente aunque pacífico; el intolerante es débil, aunque priorice el uso de la fuerza. El tolerante tiene la serenidad para diferenciar el bien del mal, mientras que el intolerante no tiene ni paciencia ni sapiencia para reconocer lo que es bueno o maloy actúa motivado por su incoherencia existencial.

    La intolerancia no tiene marcha atrás. Motivado por una discusión o menos que eso, el intolerante ofende de palabra, golpea, lesiona o hasta arrebata las vidas de sus semejantes, en muchos casos sus seres queridos o parientes cercanos. Tras un crimen son capturados y luego deben pagar con años de cárcel su estupidez, sin que el arrepentimientos sea una moneda de cambio para subsanar el daño generado.

    No es prudente pelear con nadie porque piense diferente en el plano ideológico, político, cultural, religioso o vivencial. Mucho menos prudentes es matar a alguien por una simple discusión, por la disputa de un parqueo, por fanatismos deportivos, porque piensa de manera distinta o porque es diferente a nosotros. Los sabios y buenos, son seres humanos tolerantes.

    La tolerancia tanto como la humildad no están relacionados con la escala social ni la clase social a la que pertenecemos, son valores humanos que se cultivan. La intolerancia se incrementa y muchas veces se vuelve incontrolable cuando la persona se encuentra bajo los efectos de drogas o alcohol, por eso hay que evitar esos vicios que llevan al individuo a adquirir una enfermedad mental con secuelas somáticas. Factores como la presión del tiempo y el espacio, las crisis emocionales, las provocaciones coyunturales (la prisa, la pobreza, las condiciones deplorables, etc.) y otros, solo son vanas situaciones para justificar los comportamientos intolerables.

    Los homicidios y feminicidios cometidos por actos de intolerancia social o familiar son evitables. A veces solo se trata de huir del peligro, de aceptar a las personas tal cual son y de respetar a los demás en su forma de ser. Todos tenemos derecho a la vida y a ser diferente a los otros. La tolerancia evita hechos lamentables y desgracias. Seamos tolerantes para ser tolerables y vivir en sana convivencia. En ocasiones la muerte se viste de intolerancia.

     

    * Jaime Ulises Marinero es periodista

  • “Sigamos haciendo lo mismo aunque no funcione”: la trampa de la inacción en el sistema de salud

    “Sigamos haciendo lo mismo aunque no funcione”: la trampa de la inacción en el sistema de salud

    No estoy de acuerdo contigo, Sobrino, me decía mi tía Margot, usuaria de los servicios del ISSS, en reacción a mi artículo de la semana pasada sobre la integración del MINSA y el ISSS.

    “Imagínate, en estos momentos tenemos que esperar hasta un año o más para una operación, muchas veces no hay medicinas y tenemos que comprarlas en las farmacias privadas. Con más gente, como tú sugieres en tu artículo, todo esto sería peor. Tiempos de espera más prolongados y la compra de medicamentos aún mayor. No hijo, no me compliques mi vida por favor”.

    Como mi tía, muchos ciudadanos coinciden con este tipo de lógica: que la integración o ampliación del sistema podría colapsarlo aún más. El miedo es comprensible: si los recursos actuales no bastan para dar respuesta ágil y completa a los asegurados y usuarios, ¿qué pasaría si la demanda aumentara súbitamente sin una reorganización profunda y mayores inversiones?

    Pero esta postura defensiva —“sigamos haciendo lo mismo, aunque no funcione, pero por lo menos que no empeore”— también refleja resignación ante un sistema que cada día muestra más señales de deterioro: consultas diferidas por meses, desabastecimiento crónico, trámites burocráticos, hospitales y clínicas sobrecargados, y cada vez más personas —como mi tía— que deben pagar de su bolsillo lo que el sistema debería garantizar.

    En lo que sí todos, usuarios y proveedores, con excepción del gobierno reinante, estamos de acuerdo es que ¡el sistema de salud de nuestro país está cada día peor! Urge, más que nunca, una reforma a fondo que confronte las debilidades estructurales, no solo para integrar, sino para transformar y rescatar la salud pública y la seguridad social de El Salvador. Quedarnos haciendo lo mismo solo asegura que la crisis empeore, y condena a millones —como mi tía Margot— a una atención incierta, cara e insuficiente.

    Pero ¿que nos está pasando?

    El sistema nacional de salud viene arrastrando, desde hace décadas, una serie de debilidades estructurales que no han hecho más que agravarse con el tiempo. Hasta hoy, ningún gobierno —ni anterior ni actual— ha diseñado ni implementado acciones que realmente enfrenten de raíz estas falencias inherentes al modelo sanitario del país. De manera similar a lo que ocurre en el área educativa, donde se privilegia la construcción o reparación de escuelas sin asegurar la disponibilidad de personal docente cualificado, el Ministerio de Salud (MINSAL) pretende ampliar coberturas edificando hospitales supuestamente de primer nivel, pero sin contar con el recurso humano médico y de enfermería debidamente formado para operarlos.

    En ambos sectores se incurre en el mismo error: intentar solucionar el problema colocando “la yunta antes que los bueyes”, es decir, priorizando la infraestructura física por encima de la formación y contratación del capital humano necesario para garantizar calidad y sostenibilidad en la atención. Esta aproximación parcial y desarticulada perpetúa la crisis, profundizando la brecha entre la demanda y la capacidad real de respuesta del sistema de salud.

    El sistema de salud de El Salvador, siempre ha adolecido de coberturas insuficientes y una alto grado de segmentación; un déficit de recursos humanos y formación; infraestructura y equipamiento insuficiente o deteriorado; desabastecimiento crónico de medicamentos e insumos; listas de espera y demoras prolongadas; fragmentación y desconexión institucional; brecha de información y sistemas de información débiles; desigualdades y vulnerabilidad social; y en consecuencia, desgastes e insatisfacción de los usuarios.

    Finalmente, la pandemia de COVID-19 profundizó aún más estas debilidades, y un porcentaje importante de la población se volcó hacia el sector privado de los servicios médicos. La utilización de este sector aumentó considerablemente después de la pandemia. Como resultado, la inflación específica en los servicios médicos privados en El Salvador ha superado de forma notable la inflación general del país desde agosto de 2023. Esta tendencia se ha mantenido durante 2024 y a inicios de 2025, con incrementos significativos en los costos de consultas, procedimientos, hospitalización y medicamentos.

    Además del mayor uso de servicios médicos privados —que incide directamente en su encarecimiento—, otros factores han contribuido al aumento sostenido de los costos. Entre ellos destacan: la sobreutilización de servicios, el cambio en los patrones de consumo, y la falta de regulación de precios. En conjunto, estos elementos han impulsado el alza continua en los costos de atención médica y medicamentos.

    El sistema de salud, tanto público como privado, en nuestro país sufre de una enfermedad terminal que requiere, con urgencia, acciones valientes, innovadoras y audaces. Durante años, las soluciones habituales –las mismas recetas de siempre, diseñadas e implementadas por gobiernos anteriores– han demostrado ser insuficientes. Lo vimos con el problema de la seguridad: no se resolvió con medidas convencionales, sino a través de acciones nuevas y atrevidas, incluso temerarias, que no estuvieron exentas de polémica ni de la reacción crítica de organismos internacionales y defensores de derechos humanos.

    A pesar de ese malestar persistente —que aún genera debate entre instituciones, con excepción del gobierno actual—, lo cierto es que estas acciones consiguieron que el ciudadano salvadoreño, independientemente de su clase social, hoy se sienta más seguro y amparado por su gobierno. Así como se enfrentó el desafío de la seguridad, también la crisis de nuestro sistema de salud exige respuestas distintas, disruptivas y verdaderamente transformadoras. Seguir haciendo lo mismo solo agravará la enfermedad; es hora de sanar con la determinación y creatividad que el momento reclama.

    * El Dr. Alfonso Rosales es médico epidemiólogo

  • Sin una nueva política industrial no hay reindustrialización posible en El Salvador

    Sin una nueva política industrial no hay reindustrialización posible en El Salvador

    Durante los últimos 30 años, el mecanismo migraciones-remesas ha sido el principal motor del funcionamiento de la economía salvadoreña. Sin embargo, el abrupto debilitamiento de este mecanismo, provocado por las políticas de la segunda administración del presidente Trump, ha puesto en evidencia su fragilidad y sus límites. En este nuevo contexto, apostar por la reindustrialización y la recuperación de la agricultura ya no es una opción, sino una necesidad impostergable. Dado que existen condiciones para establecer las alianzas necesarias que permitan viabilizar este proceso, el siguiente paso es definir con claridad las estrategias, políticas, programas y acciones que lo harán posible.

    Este golpe de timón exige, ante todo, superar el dogma neoliberal según el cual “la mejor política industrial es la que no existe”. Aunque desde la administración Saca en adelante distintos gobiernos han manifestado su compromiso con políticas sectoriales —particularmente en la agricultura, la industria, los servicios internacionales y el turismo—, en la mayoría de los casos ese compromiso ha sido más retórico que efectivo. Salvo por el esfuerzo más consistente de la actual administración en el ámbito turístico, los avances en los demás sectores, y en la industria en particular, han sido débiles, fragmentados o meramente declarativos.

    Para avanzar con seriedad en la formulación de una política industrial efectiva, es indispensable, en primer lugar, tener claridad conceptual. Las políticas públicas son el conjunto de acciones emprendidas por el Estado para alcanzar objetivos de interés colectivo. En este marco, la política industrial se refiere a las intervenciones del gobierno orientadas a influir en el comportamiento y la estructura de la economía, especialmente en el sector industrial, con el propósito de aumentar su competitividad, generar más empleos dignos, elevar las tasas de crecimiento, y ampliar y diversificar las exportaciones, entre otros objetivos de interés público.

    En segundo lugar, es fundamental identificar las intervenciones concretas que debería asumir el Estado salvadoreño para materializar una política industrial efectiva. Un referente histórico clave es el período comprendido entre 1949 y 1979, durante la vigencia del modelo de industrialización por sustitución de importaciones (MISI), cuando la política industrial desempeñó un papel central. Esta etapa coincide con el periodo de mayor crecimiento económico en la historia de El Salvador, con una tasa promedio anual del 5.5%. Entre las principales medidas adoptadas en ese contexto destacan: incentivos fiscales a las industrias nacientes, acceso a financiamiento en condiciones preferenciales, creación del polo de desarrollo industrial Ilopango–Soyapango, mejoramiento y expansión de la infraestructura de apoyo a la producción —como servicios de agua potable y energía eléctrica, red de transporte y telecomunicaciones—, protección del mercado interno mediante barreras arancelarias y no arancelarias, e impulso decidido a la integración comercial centroamericana.

    A este referente histórico se suma un insumo contemporáneo de gran relevancia: el Plan de Desarrollo Industrial 2025–2029, presentado por la ASI el pasado 12 de junio. Este documento propone, entre otras medidas, la creación de nuevas zonas industriales; una reforma integral del sistema de formación técnica; la mejora del acceso a financiamiento productivo; el desarrollo de insumos que permitan generar bienes con mayor valor agregado; y la ampliación y modernización de los servicios públicos esenciales —como energía, agua, transporte y conectividad— a precios competitivos. Asimismo, plantea fortalecer la participación de empresas nacionales en cadenas de valor locales e internacionales, modernizar la infraestructura de apoyo a la producción (carreteras, puertos y aeropuertos), establecer incentivos de nueva generación alineados con el entorno global, fomentar una cultura de innovación empresarial y facilitar el acceso a tecnologías avanzadas como la automatización, la inteligencia artificial y el internet de las cosas.

    A partir de estos dos insumos —el referente histórico del MISI y la propuesta técnica contenida en el Plan de Desarrollo Industrial 2025–2029—, una tarea urgente es la creación de un foro nacional con participación del gobierno, la empresa privada, la academia, el sector sindical y organizaciones sociales. Este espacio permitiría acordar y concretar las intervenciones prioritarias, definir los recursos necesarios para su financiamiento y establecer los responsables de su implementación. Una iniciativa similar debe impulsarse para la reactivación y modernización del sector agropecuario, tema que abordaremos en un próximo artículo.

    El Salvador no puede seguir inmóvil frente al lento crecimiento económico, la débil creación de empleos y la dependencia de mecanismos cada vez más frágiles como las migraciones remesas. Sin una política industrial sólida, coherente y sostenida en el tiempo, la reindustrialización seguirá siendo una promesa incumplida. Recuperar la capacidad de producir, generar empleo digno y construir un modelo de desarrollo más equilibrado y resiliente exige voluntad política, visión y un compromiso colectivo firme. El tiempo de actuar no es mañana. Es ahora.

     

    * William Pleites es director de FLACSO El Salvador