Categoría: Opinión

  • Sobre las medidas disciplinarias en los centros educativos

    Sobre las medidas disciplinarias en los centros educativos

    En 1978 yo cursaba sexto grado en la entonces Escuela Urbana Mixta Alberto Masferrer de Olocuilta y a mediados de ese año mi profesora Miriam Helen Rivera Piche me dejó como tarea mil líneas porque me comporté de una manera irrespetuosa con una compañera de estudios. El director Manuel Balcáceres me dio dos reglazos (con la regla metro), me puso dos horas de plantón frente a las aulas (bajo el sol), me expulsó una semana y me advirtió que no debería volver a clases sin mi madre o mi padre. Mi mamá y mi papá me castigaron y acudieron responsablemente a la dirección donde mevolvieron a reprender por mi mal comportamiento. Ni a mi papá ni a mi mamá se les cruzó por la mente protestar o irse a quejar por mi expulsión. Al contrario, le agradecieron a mi profesora y al director. Era una forma sincera de educarme y enseñarme los valores de la vida.

    En séptimo grado me agarré a golpes con otro compañero y nuevamente me volvieron a castigar con un plantón y otras mil líneas más el respectivo castigo de mis padres. Mis progenitores,  agradecidos con mi profesor Salvador Pérez, durante algún tiempo me prohibieron ver televisión en casa y no me dejaban salir a divertirme con mis amigos adolescentes. Todos los días me aconsejaban que me portara bien en la escuela, en el hogar y en la calle con las demás personas.

    Ya pasaron más de 40 años desde aquellos castigos, que fueron muchos, y vivo eternamente agradecido con mis maestros y mis padres, porque gracias a ellos adquirí valores y trato de ser una ciudadano potable para la sociedad. Sin sus consejos, sin sus enseñanzas y sin sus castigos, quizá hubiésemos sido ciudadanos con familias erráticas o dañinas para la sociedad.

    Durante mi primaria, desde 1973 hasta 1981, los profesores nos educaron con valores y nos castigaban con sana autoridad. Nos exigían que llegáramos presentables, que saludáramos y que nos respetáramos unos a otros. En los recreos estaban pendientes de nuestra conducta y en clases se esmeraban por educarnos de manera correcta. Aprendimos a tolerarnos y a compartir de manera adecuada, siempre traviesos y curiosos por nuestra edad llegamos a respetar mucho a nuestros maestros quienes se convirtieron en una especie de segundos padres con autorización del Estado y de nuestros progenitores.Muchos llegamos a cultivar amistades sempiternas desde nuestra primaria y a recordar con cariño nuestra época escolar.

    Poco a poco se fue perdiendo aquella forma tan correcta de educar. Desde la década de los 90 se le fue quitando autoridad a los maestros y padres de familia, lo cual se acentuó a partir del nuevo milenio. Los profesores ya no pueden aplazar -un problema grave porque es visible hasta en la educación superior- ni castigar a los alumnos con mal comportamiento, mucho menos expulsar o llamar la atención a un niño o adolescente escolar. Si un maestro castiga a un alumno mal portado, los padres de familia y los mismos estudiantes se pueden quejar de tal manera que el docente puede recibir una sanción administrativa y ser procesado ante un Tribunal de la Carrera Docente, incluso ante un tribunal judicial.

    Conozco al menos dos casos (uno en La Libertad y otro en San Miguel) de profesores que en la década pasada fueron despedidos porque decidieron expulsar a alumnos que tenían vínculos con pandillas y se dedicaban a venderle drogas a sus compañeros. Sus demás compañeros docentes optaron por volverse permisivos con los estudiantes para evitar seguir con la suerte de sus colegas.

    Muchos profesores, obligados por las circunstancias (los reglamentos y la presión de las pandillas amenazantes) se volvieron permisivos y excesivamente alcahuetes con sus alumnos. Esa alcahuetería fue o es fomentada por las Leyes de Menores, las cuales son en exceso demasiado bonancibles. En el país tenemos leyes para menores, copiadas del Primer Mundo.

    Los padres de familia y los maestros carecen de autoridad o de insumos legales para sancionar malas conductas. No se trata de que ellos puedan castigar hasta desangrar o provocar dolores angustiantes o que sus castigos sean torturas físicas o psicológicas, pero si de una autoridad acompañada de orientación y consejos para el buen vivir.

    Conozco cientos de casos en los que profesores y padres de familia son procesados por maltrato infantil porque se atrevieron a castigar a su hijo. En uno de los casos el hijo de 13 años, a través de un procurador, demandó a su padre porque éste le quitó el teléfono celular por dos meses, debido a que iba mal en los estudios y no salía de su habitación por pasar conectado a las redes sociales. Un estudio psicológico determinó que el adolescente adolecía de ansiedad como parte del castigo. La jueza, con buen juicio, según yo, absolvió al padre y mandó a tratamiento con un psiquiatra al menor.

    El 2 de julio pasado escribí una columna de opinión en Diario El Mundo, la cual titulé “Devolvamos la autoridad a los padres de familia y maestros”  en dicho artículosos tuve que las Leyes de Menores no eran adecuadas a nuestra realidad por ser demasiadas bonancibles  y hacia una reflexión de las condiciones que fueron “caldo de cultivo” para el aparecimiento de las pandillas… Al final sugería que a los maestros y padres de familia hay que devolverles la autoridad sobre sus alumnos e hijos respectivamente.

    Esta semana se ha conocido que la nueva ministra de Educación, Karla Edith Trigueros, capitán del Ejército y doctora en Medicina, envió un memorando a todos los directores de escuelas pública en las cuales les da a conocer las medidas disciplinarias que entrarán en vigencia a partir de este miércoles. Las mismas son buenas y deberían abarcar a los centros educativos privados.

    Las medidas se refieren al orden y la correcta presentación del personal (docentes, personal administrativo y alumnado) de la comunidad estudiantil. Las instrucciones del memorando recuerdan que los directores son los garantes y referentes de la disciplina y el orden, siendo ellos una guía activa en la formación de valores tales como el respeto y la sana convivencia. De tal manera que desde este día los directores serán los responsables de dar la bienvenida a los estudiantes quienes deberán asistir con ropa limpia y ordenada, además deben llevar un corte de cabello adecuado y una presentación correcta. El ingreso a los centros escolares debe hacerse de manera ordenada y con saludo respetuoso.

    Pues las disposiciones de la actual ministra se quedan cortas con las medidas que prevalecían en nuestra época estudiantil, cuando cada lunes en formación general cantábamos el Himno Nacional, cuando teníamos un día a la semana para hacer aseo de aula y patios, cuando en grupos de alumnos teníamos que limpiar la pizarra periódicamente, cuando nos castigaban por nuestras travesuras, cuando nos dejaban líneas, cuando nos expulsaban por la gravedad de nuestro mala conducta, cuando mandaban a llamar a nuestros padres para advertirles sobre nuestra mal comportamiento y cuando el mal alumno era aplazado. Según yo, a nadie deberían incomodar las disposiciones de la ministra, pues en nada afecta negativamente. Paralelamente se requiere analizar la Ley de la Carrera Docente y las leyes de Menores, para contextualizarlas con nuestra realidad educativa y familiar.

    Obviamente las disposiciones de la nueva ministra, hasta parecen cosméticas, pero son necesarias, sin embargo, se requiere algo más que medidas disciplinarias. Del Ministerio se requiere mucho más, como volver transversal la enseñanza de valores, mejorar la infraestructura escolar, capacitar mejor y constantemente a los maestros, impulsar el mejoramiento salarial de los docentes, supervisar la formación de los profesores, revisar y analizar los planes de estudio especialmente en la educación media y superior, mejorar el currículo formativo en todos los estadios de la educación, actualizar los planes de estudio de acuerdo a la realidad nacional, evaluar constantemente los procesos pedagógicos y desde luego manejar la política de la educación en El Salvador para que esta sea basamento de mejores condiciones de vida y desarrollo nacional. 

    Mi sano consejo para la ministra Trigueros es que visite las escuelas vestida de civil. Ni de doctora ni de militar… La oportunidad de trascender es suya si conduce de manera correcta el sistema educativo.

    *Jaime Ulises Marinero es periodista

  • La mediocridad y el mal gusto que nos rodea

    La mediocridad y el mal gusto que nos rodea

    La mediocridad en la música popular actual ha generado una densa  discusión  sobre la calidad artística y el valor cultural que se transmite a través de la música que se escucha y se vende actualmente.

    En la era del autotune, la imagen, y el marketing muchos “cantantes” se han centrado en la apariencia física y en efectos tecnológicos para captar la atención del público, y dejan en segundo plano la verdadera expresión vocal y la profundidad de sus letras.

    Uno de los aspectos más evidentes es el uso indiscriminado del autotune, un recurso tecnológico que corrige la afinación y puede crear voces perfectas de forma artificial. Sin embargo, esta técnica ha llevado a una infravaloración de la voz humana, donde la habilidad, la expresividad y la creatividad se ven proscritas. 

    Muchos cantantes se apoyan en esta no para enriquecer y mejorar su interpretación, sino para ocultar una falta de técnica o de talento legítimo. Consecuentemente, las voces auténticas, llenas de matices, tonalidades, tesituras y emociones, son cada vez menos valoradas en un mercado en el cual prevalece la apariencia y el impacto visual.

    Por otro lado, la cultura del espectáculo ha puesto en primer plano la imagen. Algunos cantantes parecen centrarse más en mostrar su cuerpo que en transmitir mensajes significativos a través de su música. Las letras con contenido sexual y provocativo se han convertido en la norma para llenar estadios y captar la atención de un público juvenil, muchas veces seducido por lo que está de moda y el escándalo más que por la calidad artística. Esto ha llevado a que la música se reduzca a un producto superficial, donde el contenido profundo y las letras poéticas son desplazadas por temas vacíos,  y repetitivos.

    Mientras tanto, los artistas que sí apuestan por composiciones elaboradas, armonías complejas y letras con contenido poético enfrentan una difícil aceptación en un mercado que favorece la inmediatez y la superficialidad. La falta de reconocimiento para estos músicos más auténticos refleja una tendencia cultural que valora la apariencia y el impacto instantáneo por encima de la calidad y la profundidad artística. Con nombres estrafalarios y con un gran despliegue de publicidad como cualquier producto enlatado han acaparado la mediocridad y el mal gusto.

    En conclusión, la mediocridad en la música contemporánea con dizque cantantes que llenan estadios es un reflejo de una sociedad que prioriza lo visual y lo efímero sobre lo sustancial. Aunque todavía existen artistas que buscan rescatar la verdadera esencia de la música, el predominio del autotune, la estética y las letras vacías parece indicar que, por ahora, la verdadera expresión artística ha quedado en segundo plano en favor de un espectáculo superficial, banal y comercial.

  • La Biblia en órbita: fe y ciencia en las misiones Apolo

    La Biblia en órbita: fe y ciencia en las misiones Apolo

    Hace unos días, el 7 de agosto, falleció el astronauta mundialmente famoso James Lovell, autor de la célebre frase: “Houston, we have a problem”. Fue comandante de la misión Apolo 13 y formó parte de la tripulación del Apolo 8, la primera misión tripulada enviada a orbitar la Luna.

    Con ocasión de su fallecimiento, y a raíz de algunos artículos publicados sobre su trayectoria, recordé la histórica transmisión realizada en la víspera de Navidad de 1968.

    La misión Apolo 8, integrada por Frank Borman, James Lovell y William Anders, tenía como objetivo orbitar la luna varias veces para preparar las futuras misiones. Aquella noche de Navidad, por primera vez en la historia de la humanidad, la cara oculta de la luna pudo ser contemplada directamente, y las imágenes fueron transmitidas por televisión y vistas con admiración desde la Tierra. Para subrayar la relevancia del evento y su coincidencia con la Navidad, la tripulación decidió, después de muchas deliberaciones, leer las palabras iniciales del libro del Génesis. Cada astronauta recitó varios versículos hasta completar los primeros diez:

    «En el principio, Dios creó los cielos y la tierra. La tierra era caos y confusión, y oscuridad por encima del abismo, y un viento de Dios aleteaba sobre las aguas…».

    La lectura bíblica, seguida de un reverente silencio, fue transmitida en directo a millones de telespectadores, constituyendo la mayor audiencia en la historia de la televisión hasta ese momento.

    Aunque desconozco el motivo preciso por el que escogieron esa fecha y esas palabras, me parece significativo que, en una nueva mirada al cielo —en el mayor acontecimiento científico de la época— se recurriera a Dios. El reconocimiento de la inmensidad del cosmos, de la perfección de los organismos y de la armonía y belleza de la creación se convierte, así, en una auténtica ventana a lo divino.

    Pero la historia no termina ahí. Madelyn Murray O’Hair, célebre opositora a la religión demandó a la NASA (NationalAeronautics and Space Administration) por la lectura pública del primer libro de la Sagrada Escritura. La Corte Suprema de Justicia rechazó el caso por una cuestión jurisdiccional, pero la agencia gubernamental tomó nota y no quiso entrar nuevamente en polémicas.

    Al año siguiente, en 1969, Edwin “Buzz” Aldrin —quien junto con Neil Armstrong fue de los primeros hombres en caminar sobre la Luna durante la misión Apolo 11— recibió la instrucción de evitar cualquier manifestación pública de fe. Sin embargo, eso no detuvo al creyente Aldrin, que realizó en privado una ceremonia de comunión a bordo del Apolo 11, poco después de alunizar y antes de poner un pie en la superficie lunar. Utilizó pan y vino para conmemorar la Última Cena, con un kit proporcionado por su iglesia presbiteriana. Aunque no fue transmitida públicamente, la lección había sido aprendida, este hecho constituye un episodio significativo en la historia de la exploración espacial y la religión.

    Él mismo contó: «Durante varias semanas antes del despegue programado del Apolo 11 en julio de 1969, el pastor de nuestra iglesia, Dean Woodruff, y yo estuvimos buscando el símbolo adecuado para el primer aterrizaje lunar. Queríamos expresar nuestro sentimiento de que lo que el hombre estaba haciendo en esta misión trascendía la electrónica, las computadoras y los cohetes».

    Comparto la idea de estos científicos que cualquier descubrimiento científico o avance tecnológico tendría que acercarnos al Creador. Es innegable que a lo largo de la historia se han planteado algunos conflictos entre el conocimiento científico y el conocimiento teológico, y es lógico que los haya habido en temas que podríamos denominar fronterizos. Pero, con una mirada libre de prejuicios se pueden armonizar los diversos métodos de acceso a la verdad. 

    Plantear algún conflicto entre ambos saberes no deja de ser algo ideológico. Históricamente, la ciencia nació y se ha desarrollado en el vientre de una cultura cristiana. Al esclarecer la naturaleza de Dios y reconocer la autonomía de la creación frente a su Creador, la teología sentó las bases para el florecimiento de la ciencia. El conocimiento teológico permitió dejar de considerarse la naturaleza como divina, y así poder indagar en sus causas primeras e intrínsecas. La ciencia busca los patrones o esquemas propios de la creación que manifiestan a una Inteligencia superior que los ha puesto. 

    Que descanse en paz Jim Lovell y que la ciencia nos muestre a su Creador y que la teología nos lleve a asombrarnos de la creación. 

    * El padre Fernando Armas Faris es sacerdote católico

  • Falta de oportunidades, enemigo silencioso

    Falta de oportunidades, enemigo silencioso

    El Salvador enfrenta, desde hace décadas, un desafío que atraviesa silenciosamente cada hogar: la falta de oportunidades y la carencia de empleo digno. Este problema no solo afecta la economía, sino que toca lo más profundo del tejido social. Jóvenes que egresan de escuelas y universidades se enfrentan a un mercado laboral limitado; padres y madres hacen grandes esfuerzos para sostener a sus familias con salarios mínimos que no alcanzan; muchos migran porque sienten que su país no les ofrece un futuro. Este escenario genera frustración, desigualdad y, en muchos casos, desesperanza.

    Ante esta realidad, surge una pregunta fundamental para quienes seguimos al Señor Jesucristo: ¿qué significa ser cristiano en medio de un país con tantas carencias? La respuesta la dio el mismo Señor en el Sermón del Monte: “Vosotros sois la sal de la tierra… Vosotros sois la luz del mundo” (Mateo 5:13-14). Estas palabras no son una metáfora poética, sino una misión práctica. Ser sal y luz implica transformar la realidad con la presencia y el carácter de Cristo en nosotros. No es suficiente congregarnos, cantar y orar —aunque todo ello sea vital—; es necesario que la fe se traduzca en acciones concretas.

    Acciones que iluminen la oscuridad y den sabor de esperanza donde otros solo perciben amargura. En la cultura bíblica, la sal servía para preservar los alimentos de la corrupción y para dar sabor a lo insípido. Así también, los cristianos estamos llamados a preservar la dignidad humana en un entorno donde la falta de oportunidades amenaza con descomponer los valores de la sociedad. El apóstol Pablo escribió: “Para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo” (Filipenses 2:15).

    Nuestra misión es preservar la esperanza en medio del desencanto y ser testimonio de que la vida tiene sentido más allá de las estadísticas. Ser sal significa animar al que busca trabajo, acompañar al que se siente derrotado, y recordar que Dios es fiel en todo tiempo. El desempleo y la falta de oportunidades son sombras que oscurecen la vida de miles de salvadoreños. La luz del Evangelio está llamada a brillar precisamente ahí. Jesús dijo: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”(Mateo 5:16).

    La luz no se limita al templo. La iglesia está llamada a alumbrar en las comunidades más golpeadas, en los hogares donde la incertidumbre es diaria, en las calles donde los jóvenes buscan caminos para sobrevivir. Ser luz significa guiar con esperanza, inspirar con testimonio y abrir puertas con bondad. El Evangelio se resume en tres prácticas fundamentales: verdad, amor y bondad. La verdad nos llama a vivir con integridad. En un país donde muchos luchan con la tentación de la corrupción o el engaño como supuestas “salidas”, el cristiano debe ser ejemplo de honestidad. 

    El amor nos invita a acompañar a los que sufren, compartiendo lo que tenemos y siendo sensibles al dolor de los demás. La bondad nos desafía a responder al mal con bien, a sembrar actos concretos de servicio que, aunque parezcan pequeños, tienen poder de transformar vidas. El apóstol Juan lo dijo de manera clara: “Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad” (1 Juan 3:18). Un cristianismo sin acción es religión muerta; un cristianismo que practica la bondad es luz que ilumina y sal que preserva de la corrupción.

    Los grandes problemas nacionales no se resolverán de la noche a la mañana. Pero cada cristiano puede ser un agente de cambio en su entorno inmediato: en su familia, en su lugar de trabajo, en su comunidad. Un creyente que es responsable, honesto y generoso ya está sembrando semillas de transformación. Una iglesia que capacita a jóvenes, apoya a familias en necesidad y promueve proyectos solidarios está siendo fiel a su identidad de sal y luz. El Salvador necesita iglesias cristianas que se conviertan en centros de esperanza. Espacios donde los jóvenes encuentren capacitación, donde los desempleados hallen acompañamiento y donde los necesitados reciban apoyo. 

    No se trata de sustituir responsabilidades ajenas, sino de vivir el Evangelio con coherencia. La falta de oportunidades y la carencia de empleo son realidades dolorosas que marcan la vida de miles de compatriotas. Pero lejos de paralizarnos, deben ser vistas como la oportunidad para que la iglesia despliegue su misión. Ser sal y luz no es un eslogan, es un estilo de vida. Es vivir de tal manera que los demás perciban la bondad de Dios en nuestras acciones. Es preservar la esperanza en medio de la desesperanza y alumbrar el camino hacia el Señor Jesucristo en medio de la oscuridad.

    El desafío está planteado: ¿seremos una iglesia encerrada en cuatro paredes, o una iglesia que transforma realidades con amor, verdad y bondad? El Salvador espera ver la diferencia. La decisión está en nuestras manos. Jesús dijo que sirviéramos, porque en el servicio está la grandeza del Reino de los Cielos. 

     

  • El fraude castrista

    El fraude castrista

    Aun antes de imponerse el sistema totalitario en Cuba, la nomenclatura castrista impulso falsas narrativas heroicas sobre las cuales fue cimentando el sistema de control absoluto vigente, labor que han cumplido con extrema eficiencia para pesar del pueblo cubano y desgracia de nicaragüenses, bolivianos y venezolanos, cuyos lideres resultaron ser tan farsantes como los Castro.
    Esas mentiras, todas grandiosas, como la heroica participación de Fidel Castro en el asalto al cuartel Moncada, el desembarco, léase naufragio, del Granma, y las engañosas epopeyas militares en la Sierra Maestra y Cristal en las que los hermanos Castro imaginativamente derrocharon genio militar y coraje personal, fueron la sinfonía sobre la que orquestaron una trama colosal sustentada en  funcionarios, militares y represores que eran presentados como ciudadanos probos, servidores desinteresados que servían a la Patria cuando en realidad eran delincuentes que solo procuraban su beneficio personal mientras aplastaban a la ciudadanía.
    Desgraciadamente una cantidad notable de partidarios del totalitarismo castrista se creyó ese cuento. Algunos pudieron haberse identificado con la propuesta con absoluta sinceridad y en el aciago presente que viven estar completamente frustrados al ver los resultados por los que hasta encarcelaron y mataron, mientras, otros, la mayoría, apostaron a ganar, conscientes de las tropelías de las que eran cómplices escogiendo no ver las prisiones atestadas, menos, escuchar el retumbar de los paredones.
    Fueron muchos los deportistas de diferentes campos, así como individuos destacados en profesiones, artes y oficios que rechazaron generosas ofertas de una vida mejor y de éxitos profesionales porque creyeron, quizás, sinceramente, que estaban construyendo una sociedad justa y equitativa, una ingenuidad que los tiene sumidos en una vida miserables en la que no disfrutan de los más elementales derechos, sin dejar de padecer una degradante miseria, otros, siguen cumpliendo el rol de su elección: verdugos
    Los primeros responsables de la tragedia cubana han sido los que prestaron servicios políticos, militares y represivos en el totalitarismo. Ellos, actuaron conscientemente contra los derechos de sus conciudadanos y participaron activamente en la destrucción de los valores cívicos.
    Sin embargo, el principal soporte del sistema cubano han sido los militares y despues, a gran distancia, los cuerpos represivos y de espionaje internacional junto al servicio diplomático.
    Desde el mismo año del triunfo de la insurrección, 1959, los militares asumieron el control, mientras los civiles eran desplazados. La sociedad se militarizo, los comandantes se convirtieron en ministros. En estas más de seis décadas en las filas castrense solo ha habido una defección enmarcada en una gran interrogante, el caso Arnaldo Ochoa, lo que demuestra una estabilidad y fidelidad no igualada en otros organismos, incluyendo el ministerio del Interior.
    Los apetitos hegemónicos de los Castro siempre fueron satisfechos por sus militares que, de manera encubierta, o actuando como gendarmes internacionales, intervinieron en tres continentes sin que produjeran un cuestionamiento a los dictados del tirano.
    Siempre han mostrado disciplina, deseo de servir, una mística de gloria y una invariable obediencia al máximo líder, sin embargo, un trabajo recientemente publicado en el Miami Herald y otros medios certifica que el acatamiento servil del generalato cubano no es producto de convicciones éticas o políticas, sino que los generales de la Isla son simples mercenarios que solo procuran su enriquecimiento personal y el de sus familiares.
    Según el informe los militares cubanos, a través del monopólico Grupo de Administración Empresarial, S.A, GAESA, controlan activos que ascienden a $18.000 millones, de dólares.
    El grupo, explota sectores claves de la economía como el turismo, finanzas, la construcción y el transporte, manteniendo una presencia importante en el resto de la economía cubana. Según el informe, GAESA genero $2100 millones de ganancias solo en el primer trimestre del 2024, siendo, según estos documentos la empresa estrella, el Cimex, compañía que desarrolla diligencias minoristas, además de actividades en la banca y el comercio internacional, alcanzando ingresos de 2,100 millones de dólares.
    Estos sujetos que nunca podrán argüir ignorancia o desinformación fueron los albañiles que suministraron los productos necesarios y la mano de obra imprescindible para la construcción del totalitarismo. Fueron ellos quienes en las fiebres extremistas comprendieron que cuando su jefe, el condotiero Fidel, exclamo la consigna, “el futuro es del socialismo”, en realidad repetía una consigna de una película de piratas, “Toma lo que puedas, no des nada a cambio”, así han hecho en estos 66 años, robar y matar.
    *Pedro Corzo es periodista cubano
  • El Salvador ante el debate de un sistema nacional autónomo de hospitales

    El Salvador ante el debate de un sistema nacional autónomo de hospitales

    Un Sistema Nacional Autónomo de Hospitales es un modelo de organización del sector salud en el que existe una red nacional de hospitales públicos gestionada por un ente autónomo con personaría jurídica y presupuesto propio, financiado independientemente.

    Esta recién pasada semana, nuestra asamblea legislativa recibió correspondencia originada en el Ministerio de Salud, a iniciativa del presidente de la república, con una iniciativa de ley al proyecto de Decreto Legislativo que contiene Ley de Creación de la Red Nacional de Hospitales que tiene por objeto crear la Red Nacional de Hospitales, como entidad de Derecho Público descentralizada, con autonomía en la administración de su patrimonio y en el ejercicio de sus funciones. Según hace entrever el documento, la propuesta de ley ha sido diseñada y elaborada por la oficina de la presidencia y remitido al ministro de salud para que gestione su aprobación por la asamblea legislativa.

    ¿Cuál es la implicación de la creación de esta red autónoma de hospitales?

    Crear una red nacional autónoma de hospitales implica transformar profundamente la manera en que un país organiza y administra su atención hospitalaria. Supone centralizar la red en una sola institución pública con autonomía, pero con presencia en todo el territorio. En el caso de El Salvador, aunque en el papel la institución se presenta como un ente autónomo, existen elementos que limitan esa autonomía.

    Al revisar el documento, se observa que la entidad estará dirigida por una junta directiva que, si bien se plantea como independiente, en la práctica queda fuertemente vinculada al Ejecutivo: tanto su presidente como su director son nombrados directamente por el presidente de la República, y además el ministro de Salud forma parte de dicha junta. Esto significa que el 60% de sus integrantes (3 de 5) estarán bajo la influencia directa de la Presidencia, lo que reduce sustancialmente la autonomía institucional que se pretende establecer.

    A nivel mundial existen diversos países que organizan sus sistemas hospitalarios bajo este modelo, aunque en la mayoría de los casos se trata de redes centralizadas y no de instituciones autónomas. En América Latina, sin embargo, destaca un ejemplo singular: Costa Rica. La Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) constituye un modelo nacional y autónomo que ha logrado asegurar la cobertura universal. No obstante, enfrenta también desafíos importantes, como las listas de espera, la sostenibilidad financiera y la rigidez burocrática.

    ¿Qué ventajas ofrece la creación de este modelo de organización?

    Entre las ventajas más comunes que presenta este modelo frente a otros sistemas de organización se encuentra una mayor eficiencia operativa. La autonomía permite a los hospitales tomar decisiones con mayor rapidez en aspectos clave como la gestión de recursos, la contratación de personal y la adquisición de equipos. Asimismo, facilita la adaptación a las necesidades específicas de las distintas regiones geográficas cubiertas.

    Los hospitales autónomos también tienen la capacidad de implementar innovaciones y adoptar nuevas tecnologías con mayor agilidad, lo que contribuye a mejorar la calidad de los servicios. A ello se suma una mayor flexibilidad financiera, ya que pueden generar ingresos propios —por ejemplo, mediante la prestación de servicios privados o a través de asociaciones estratégicas—, lo que reduce su dependencia de presupuestos estatales rígidos.

    ¿Qué desventajas presenta la creación de este modelo de organización?

    Pese a sus beneficios, la implementación de un sistema nacional autónomo de hospitales también conlleva una serie de desafíos. Uno de los principales es el riesgo de generar estructuras administrativas demasiado complejas, que pueden derivar en burocracia excesiva y lentitud en la toma de decisiones.

    Otro punto crítico es la sostenibilidad financiera: en contextos de alta informalidad laboral o bajos niveles de recaudación, la dependencia de aportes tripartitos o de ingresos propios puede resultar insuficiente para cubrir los crecientes costos hospitalarios.

    Asimismo, la concentración de la red en una sola entidad puede dar lugar a un monopolio estatal, lo que reduce la presión competitiva para mejorar eficiencia y calidad. A esto se suma la posibilidad de injerencia política indirecta en la designación de autoridades o en las decisiones estratégicas, aun cuando el sistema se presente como autónomo.

    Finalmente, al tratarse de la única red hospitalaria nacional, el exceso de demanda puede generar listas de espera prolongadas y dificultades en el acceso oportuno a servicios especializados.

     

  • José Esperanza Suay: el primer economista salvadoreño

    José Esperanza Suay: el primer economista salvadoreño

    El 11 de agosto se conmemora en El Salvador el Día del Economista, una fecha que invita a reflexionar sobre quienes, desde una perspectiva profesional, han contribuido más a hacer una mejor gestión de los recursos económicos del país. La pregunta sobre quién fue el primer economista salvadoreño resulta particularmente relevante, sobre todo porque la Facultad de Economía de la Universidad de El Salvador fue fundada apenas en 1946. La respuesta nos conduce a una figura notable y poco recordada: José Esperanza Suay (1874-1951), un migueleño que abrió camino en el estudio y la práctica de la economía mucho antes de que existieran estructuras académicas locales para su enseñanza.

    Suay residió en Francia entre 1894 y 1897, y nuevamente entre 1900 y 1907. En ese período estudió en la Universidad de La Sorbona, donde se graduó en altas finanzas, convirtiéndose en el primer salvadoreño con formación universitaria en economía. Durante su estancia en París fue canciller del Consulado General de El Salvador, y más tarde, entre 1907 y 1909, ejerció como cónsul general en Liverpool, Inglaterra. Estos años en Europa le permitieron familiarizarse con sistemas financieros y administrativos avanzados, experiencia que posteriormente aplicaría en su larga carrera como servidor público.

    A su regreso a El Salvador en 1909, inició una trayectoria casi ininterrumpida en la Hacienda pública. Fue tesorero general de la República en 1911, subsecretario de Hacienda en 1914 y secretario de Hacienda por primera vez en 1915. En 1916 y 1917 presidió el Tribunal Superior de Cuentas, antecedente de la actual Corte de Cuentas de la República, y volvió a ocupar la cartera de Hacienda y Crédito Público entre 1918 y 1921, así como entre 1927 y 1931. También tuvo un papel destacado en organismos internacionales, como presidente del Comité Financiero Permanente Panamericano en 1915 y de la Alta Comisión Financiera Interamericana en 1920. En el ámbito empresarial fue fundador de la Cámara de Comercio de El Salvador ygerente de la misma entre 1935 y 1944 y creador de la revista El Economista, pionera en la divulgación especializada en el país.

    Su pensamiento y gestión estuvieron marcados por un firme compromiso con las finanzas públicas equilibradas, la transparencia y la probidad. Creía que la honestidad del personal administrativo era condición indispensable para sanear las finanzas públicas. Por ello, al asumir nuevamente el Ministerio de Hacienda en 1927, estableció tres principios rectores: la selección de un personal honesto y capacitado, el equilibrio del presupuesto y la reorganización del sistema tributario para que las cargas fiscales fueran distribuidas de manera más justa. Estas ideas se tradujeron en reformas concretas: abolió la exoneración de impuestos a comerciantes, impulsó la Ley de Matrículas de Comercio en 1928, reformó las aduanas con nuevas tarifas y estableció nuevos impuestos.

    En 1929 promovió la creación de la Auditoría General de la República y de la Auditoría de Hacienda, instituciones que nacieron precisamente para vigilar la recaudación de impuestos y garantizar el uso correcto de los fondos públicos. Fue un paso decisivo para institucionalizar la transparencia en la gestión fiscal. En 1930 lideró la promulgación de la Ley Orgánica del Presupuesto, destinada a ordenar el gasto público y evitar erogaciones innecesarias. Ese mismo año impulsó la creación del Banco Hipotecario, con el propósito de fortalecer al sector cafetalero, base de la economía nacional en ese entonces.

    Suay fue también un defensor de la justicia tributaria. Criticó duramente la dependencia casi absoluta de los impuestos indirectos, que representaban hasta el 95 por ciento de los ingresos estatales, por considerarlos injustos y antidemocráticos, ya que recaían con más fuerza sobre los sectores menos favorecidos. Insistió en que el país debía avanzar hacia impuestos directos más progresivos y equitativos, adelantándose a debates que aún hoy mantienen plena vigencia. En momentos de crisis, como en 1930, fue enfático al señalar la necesidad de diversificar la economía y apostar por la industrialización, con el fin de reducir la dependencia del café.

    Su compromiso en favor del ordenamiento económico lo llevó a enfrentar poderosos intereses. Durante su segunda gestión en 1918, cuando, por iniciativa suya, se decretó que solo circulara moneda fraccionaria legal del país para poner orden al caos monetario que provocaba la libre circulación de otras monedas, desató la furia de quienes se beneficiaban del desorden. Su casa fue atacada y recibió amenazas, sin recibir la protección debida del gobierno. Ante esta situación presentó su renuncia y se trasladó a Guatemala con su familia. A pesar de las dificultades, nunca renunció a sus principios y años más tarde volvió a ejercer funciones en Hacienda, siempre fiel a la idea de que la disciplina fiscal y la honestidad eran pilares insustituibles de la gestión pública.

    José Esperanza Suay no solo fue el primer economista salvadoreño por su formación académica en La Sorbona, sino también un pionero en la formulación de políticas fiscales modernas. Su insistencia en la transparencia, la disciplina financiera y la justicia tributaria lo convierten en una figura de referencia. Además, fue de los primeros en advertir que la economía nacional debía diversificarse y apostar por nuevas industrias, superando el monocultivo del café.

    Recordar su legado en el Día del Economista es un acto de justicia histórica. Suay dedicó más de tres décadas al servicio público, dejando un ejemplo de integridad, visión de futuro y compromiso con la transparencia que sigue siendo una fuente de inspiración en un país que todavía enfrenta desafíos fiscales y económicos profundos. Honrar su memoria significa también reconocer que, sin probidad ni honestidad, ninguna política económica puede sostener en el tiempo el desarrollo de una nación.

    *William Pleites es director de FLACSO El Salvador

  • Desafío STEAM, mujeres en ciencia, una apuesta estratégica de la DNES

    Desafío STEAM, mujeres en ciencia, una apuesta estratégica de la DNES

    Desde la criminología, la educación se considera una de las herramientas más poderosas para la prevención del delito. Y no solo la educación en su sentido más básico, sino aquella que es accesible, de calidad y que, sobre todo, empodera. Por eso, la noticia de la inauguración del Proyecto STEAM para las mujeres en la ciencia y el arte, una iniciativa de la Dirección Nacional de Educación Superior-DNES con el apoyo y en conjunto con la Universidad Salvadoreña Alberto Masferrer-USAM, no es un evento meramente académico: es un acto de seguridad ciudadana en sí mismo.

    En un país como El Salvador, donde la violencia —especialmente la que afecta a niñas y mujeres— ha sido un flagelo constante e histórico, es fácil caer en la trampa de pensar que la única solución es el combate frontal contra el delito o las leyes en sí mismas. Sin embargo, la evidencia criminológica demuestra que las estrategias más efectivas son aquellas que abordan las causas estructurales del problema. La falta de oportunidades, la exclusión social y la desigualdad de género son, en muchos casos, factores precursores para la criminalidad y la victimización.

    Aquí es donde iniciativas como STEAM (ciencia, tecnología, ingeniería, arte y matemáticas) adquieren un valor incalculable. Al empoderar a más de dos mil bachilleres con habilidades en estas áreas, no solo se les está abriendo la puerta a futuros profesionales exitosos, sino que se les está ofreciendo una alternativa sólida y esperanzadora a entornos de riesgo. Una joven con un proyecto de programación, con una idea de diseño industrial o con la pasión por la investigación científica, tiene menos probabilidades de ser absorbida por dinámicas violentas o ser víctima de una cultura machista. 

    Este proyecto va al corazón de la prevención social. En lugar de esperar a que el delito ocurra para reaccionar, se invierte en el potencial humano desde la base. Se rompen estereotipos de género que históricamente han limitado a las mujeres a ciertas carreras, estigmatizando profesiones y se les equipa con herramientas para ser agentes de cambio y liderar. Se les enseña a pensar de forma crítica, a resolver problemas complejos y a colaborar. Estas son habilidades que no solo se aplican en un laboratorio o una oficina de ingeniería; son habilidades fundamentales para construir una sociedad más pacífica y equitativa.

    La Dirección Nacional de Educación Superior que lidera el doctor Christian Aparicio ha sido fundamental en este esfuerzo de transformación de la educación superior, en su discurso en el evento del pasado fin de semana felicitó, animo, motivo, entusiasmo a las estudiantes a continuar en una carrera universitaria en las áreas STEAM, pero que además los esfuerzos de la DNES conectan a más de 7,000 estudiantes generando una amplia red de oportunidades y apoyo, convencido que se abren grandes oportunidades para que mujeres salvadoreñas se dediquen en breve a la investigación científica. Un gran trabajo del doctor y su gran equipo de trabajo. 

    Por su parte, la USAM, universidad acreditada, demuestra su alta responsabilidad social y su compromiso por continuarformando generaciones que transformen el país y ofrece todos los recursos, experiencia, amplias y modernas instalaciones,laboratorios de primer nivel, conocimientos, un plantel de docentes especializados para que sean profesionales ganadoras e integrales, agentes de cambio y bendición a nuestra Nación y al mundo por medio de sus amplios convenios, donde una mujer, la doctora Daysi Carolina de Gómez es la rectora

    La seguridad de una nación no se mide solo por la ausencia de criminalidad, sino por la presencia de oportunidades. Cada mujer que se desarrolla en una carrera STEAM es un paso más hacia un El Salvador donde la inteligencia, la innovación y el talento, y no la violencia, sean los verdaderos pilares de nuestro progreso. La inauguración de este proyecto es una señal alentadora, un recordatorio de que la batalla por un país más seguro se libra también en las aulas y en la mente de las jóvenes. Es una inversión inteligente y una apuesta decidida por el futuro. El pensamiento pedagógico de Alberto Masferrer promovió una educación integral, conectada con las realidades y necesidades de la sociedad, promoviendo valores como la justicia social y la equidad, solidaridad, como una herramienta poderosa para el desarrollo humano y transformación social. El desafío STEAM es una excelente oportunidad para lograrlo. 

    • Ricardo Sosa es doctor y Msc. en Criminología  @jricardosa

     

  • El desafío pendiente: trabajo doméstico en El Salvador

    El desafío pendiente: trabajo doméstico en El Salvador

    Las trabajadoras domésticas en El Salvador son, sin duda, una fuerza esencial en la vida cotidiana de miles de familias. Sin embargo, su contribución sigue siendo, en gran medida, invisible y poco reconocida en términos de derechos laborales y protección social. La realidad actual evidencia una deuda histórica con este sector, que merece atención, respeto y acciones concretas.

    De acuerdo con cifras del Ministerio de Trabajo y Previsión Social, al cierre de 2023 se contabilizaban más de 140 mil personas empleadas en labores domésticas remuneradas. No obstante, solo un 5 % de ellas se encuentra inscrito en el Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS), lo que significa que la mayoría de estas trabajadoras realiza su labor sin acceso a servicios básicos de salud y sin garantías mínimas de protección.

    El marco legal salvadoreño contempla disposiciones específicas para regular el trabajo doméstico. El Código de Trabajo, entre los artículos 76 y 86, establece derechos como el pago de salario, descansos, vacaciones, licencias, indemnizaciones y la entrega de constancias mensuales por parte del empleador. La Constitución también reconoce expresamente estos derechos, resaltando que el tipo de trabajo no debe ser motivo para excluir a nadie de la protección laboral.

    Pese a esto, existe una brecha considerable entre la normativa y su aplicación real. La ambigüedad en temas como la jornada laboral o la informalidad en la contratación contribuye a que muchas trabajadoras no tengan claridad sobre sus derechos ni la posibilidad de hacerlos valer. A esto se suma la ausencia de mecanismos efectivos de fiscalización por parte del Estado.

    La jurisprudencia de la Sala de lo Constitucional ha brindado algunas interpretaciones importantes sobre este tipo de empleo, especialmente al aclarar el sentido del artículo 80 del Código de Trabajo, que señala que quienes se dedican al servicio doméstico no están sujetos a horario fijo. Esta disposición, mal entendida, ha sido utilizada como excusa para prolongar las jornadas más allá del límite legal sin el correspondiente pago adicional.

    Es fundamental distinguir entre flexibilidad de horario y abuso laboral. La jornada diurna, según la legislación vigente, no debe exceder las 8 horas diarias ni las 44 semanales, en la jornada diurna o de 7 horas diarias y 39 horas semanales, en la jornada nocturna. Cualquier tiempo extra, ya sea en horario diurno o nocturno, debe ser remunerado con recargo. Esta norma aplica sin importar si la trabajadora se hospeda en el hogar del empleador o se traslada a su residencia diariamente.

    La relación laboral entre empleador y trabajadora doméstica es una de dependencia (Subordinación, salario como contra prestación por el servicio prestado, y demás caracteristicas de laboralidad). El trabajo que realizan —limpieza, cocina, cuidado de niños o personas mayores— está directamente ligado al bienestar de las familias, pero no genera lucro para el empleador. Aun así, esto no debe ser excusa para negarles condiciones laborales dignas.

    Organizaciones como ORMUSA han sido enfáticas en señalar la urgencia de impulsar reformas que garanticen protección social efectiva, la afiliación obligatoria al ISSS, el reconocimiento del trabajo de cuidados como una labor con valor económico y la implementación de mecanismos que aseguren el cumplimiento del marco legal existente.

    Este es un momento clave para que El Salvador avance hacia una cultura de mayor justicia laboral. Las trabajadoras domésticas no pueden seguir siendo vistas como «ayuda» informal, sino como trabajadoras con plenos derechos. Reconocerlas y protegerlas desde la ley, y sobre todo desde la práctica, es una tarea inaplazable.

    Es necesario promover la ratificación del Convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), establecer un salario mínimo específico para el sector, garantizar su inclusión en la seguridad social y promover una campaña estatal que eduque tanto a empleadores como a trabajadoras sobre sus deberes y derechos, acciones que están acorde con la política publicitada por el Ministerio de Trabajo respecto de formalizar ciertos sectores productivos.

    El trabajo doméstico es un pilar de la economía de cuidados. Fortalecer su regulación no solo mejora la vida de quienes lo ejercen, sino que impacta directamente en la calidad de vida de los hogares que dependen de este apoyo. Es tiempo de dar el paso y reconocer este trabajo con justicia y dignidad.

    A la luz de lo anterior, considero que enfrentamos un desafío estructural en el ámbito del trabajo doméstico remunerado, y requiere voluntad política, compromiso institucional y sensibilidad social superarlo. Porque cuando un país protege a quienes cuidan, también está cuidando su propio futuro.

    *Jaime Solís es abogado experto en derechos laborales

  • Sobre la democracia y otros temas

    Sobre la democracia y otros temas

    “El sistema de gobierno más perfecto, es aquel que produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de felicidad social, y la mayor suma de estabilidad política”, afirmaba Simón Bolívar en su discurso ante el Congreso de Angostura el 15 de febrero de 1819, que fuere publicado cinco días después por el Correo del Orinoco, periódico fundado por el mismo Bolívar en 1818.

    Tal como en su Carta de Jamaica de 1815, Bolívar al presentar su proyecto de Constitución para ser evaluado por el Congreso allí reunido, hizo una interpretación antropológica sobre las diferencias conceptuales político-sociales entre el hombre hispanoamericano, el europeo y el americano del norte. Entre ellas las que se plasman en los proyectos políticos de cada una de las tres realidades culturales.

    Rechazó, en consecuencia, tanto las monarquías europeas como el modelo federal estadounidense adoptada en 1787, para ser copiadas en los textos legales hispanoamericanos (él nos denominó “Americanos por nacimientos y Europeos por derecho. Más bien un compuesto de Africa y América, que emanación de Europa”) pero al propio tiempo advierte que: “Solo la Democracia, en mi concepto, es susceptible de una absoluta libertad”. Y, para citarse con Montesquieu en el Espíritu de las Leyes, “estas deben ser propias para el pueblo que se hacen”…he aquí el Código que debemos consultar, y no el de Washington”.

    Su punto fue que cada región, cada país debe darse el cuerpo de leyes que les rija según su realidad cultural, geográfica, económica y antropológica. Esa es la síntesis de su discurso, dado que los legisladores venezolanos se inclinaban por un sistema federal al estilo de la América del norte, más teórica que apegados a la realidad del combate por la independencia.
    Por ello su proyecto de constitución no se sustentó en los dogmatismos de aquél entonces, sino en la realidad cultural o antropológica de la América hispana, diferente a la europea monárquica y a la americana federada anglosajona del norte. En lo que no vacila Bolívar es en que la Democracia es consubstancial con la libertad, y en el concepto de la soberanía popular, que legitima el mandato del poder público. 

    Ya retomando el siglo XXI y la realidad de nuestra América, observamos que es obvio que nos hemos organizado en repúblicas y no en monarquías. Aunque existen monarquías constitucionales, como la española o la británica, por ejemplo. En ellas la soberanía reside en el pueblo, en el electorado. Son monarquías constitucionales, donde el reinado representa la unidad nacional, bajo la figura de Jefe de Estado, como lo fue la Reina Elizabeth en el Reino Unido, o el actual Rey Felipe VI en España. 

    Son todas monarquías constitucionales, donde el gobierno real del país lo ejerce un Presidente o Primer Ministro, según el caso. En el primero, Felipe González fue elegido Presidente del gobierno español por las Cortes de España (el Congreso bicameral), o por un Primer Ministro en el Reino Unido, nominado por la Cámara de los Comunes del Parlamento Inglés. 

    En definitiva son democracias tal como la entendemos, porque es el pueblo, el elector quién elige a sus representantes, y estos, a su vez, al Primer Ministro o Presidente del Gobierno. Es en realidad una elección en segundo grado, pero se hace en nombre del soberano que es el ciudadano, el elector. Son democracias en definitiva. A diferencia del reinado de Arabia Saudita, por ejemplo, cuyo rey no es nominado ni seleccionado por los ciudadanos sino que es una dinastía reinante, no elegida por el pueblo ni limitado su poder por lapsos de tiempo.

    En fin, es otro tema, pero viene al caso porque lo que nos identifica como democracia es el ejercicio de la soberanía nacional, que reposa no en un territorio donde la ejerce, o en un parlamento o Asamblea Nacional, sino en el pueblo, en el ciudadano, en el elector. 

    Y cómo se evidencia y ejerce esa soberanía, pues bajo la única forma conocida posible, mediante el voto. El elector, el ciudadano elige a sus representantes, al Poder Legislativo, y directamente a su Presidente; delega su poder, su soberanía, por razones prácticas de conducción de la cosa pública a través del Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo; normalmente el judicial es elegido en segundo grado, desde el Poder Legislativo 

    El ciudadano, el elector, es el mandante; por eso al Presidente se le llama igualmente Primer Mandatario, para que ejecute un plan de convivencia nacional que fue consultado y el elector decidió otorgárselo. 

    Al finalizar el lapso acordado para ejecutar ese mandato (previsto en la Constitución respectiva), se regresa a una nueva consulta popular, para que el soberano decida renovarle su confianza o no. Esta puesta en escena viene al caso porque a raíz de la última reforma constitucional realizada por la Asamblea Nacional de El Salvador, en la cual se extiende el periodo presidencial de cinco a seis años, y permite el ejercicio de dos períodos consecutivos se pasa a la reelección indefinida, hasta que el elector decida retirarle su confianza. 

    La otra reforma importante fue el retiro de El Salvador del Parlamento Centroamericano. Este Parlamento regional nació como una iniciativa del Grupo de Contadora (México, Venezuela, Colombia y Panamá) surgido a raíz de las diferentes guerras internas de Centroamérica, en particular, las de Nicaragua, Guatemala y El Salvador, que contó con el apoyo de la Comunidad Europea, como un instrumento de encuentro, diálogo, paz y desarrollo regional en democracia. 

    Se instaló formalmente en la ciudad de Guatemala en 1991, con la totalidad de los países centroamericanos, incluyendo a Panamá y teniendo posteriormente como miembro observador a la República Dominicana. Fue una época de esperanza, democratización, y de retiro a los cuarteles de los fuerzas armadas. 

    No obstante, con el tiempo, la elección de diputados al Parlacen, se fue convirtiendo en una satisfacción de compensaciones políticas, más que de posturas y decisiones regionales convenientes para la región, por lo que ha venido perdiendo el empuje inicial y los objetivos para el cual fue creado. 

    Resulta sí una carga económica burocrática para los centroamericanos, un nuevo foro de diálogos y buenas intenciones. Solo baste observar el panorama regional, Nicaragua es una dictadura abierta, Honduras está asociada al régimen venezolano, declarado hoy su presidente como piedra angular del narcoterrorismo regional, Guatemala, controlado por sectores económicos comprometidos en la corrupción administrativa que impiden la reforma del estado, Panamá deseosa de salirse de ese compromiso, pero una antigua decisión del Supremo Tribunal se lo impide, y El Salvador que acaba de substraerse de ese compromiso que quizás cumplió su cometido inicial, pero que hoy aparece deslucido y costoso para los respectivos presupuestos.

    La reforma constitucional que acaba de hacer la Asamblea Nacional de El Salvador contó con el voto afirmativo de 57 de los 60 miembros que la integran. Esto es, prácticamente la totalidad de la Asamblea Nacional, elegida libremente por el elector, el soberano, el mandante. No hay duda alguna de ello. 

    Por su parte, el Presidente Bukele fue votado en 2019 por amplia mayoría, sacó más votos que Arena y el Frente Farabundo Martí juntos, y más votos que todos los candidatos de todos los partidos nacionales que compitieron. En el 2024, prácticamente corrió solo pues obtuvo el 84.7% de los votos electorales, seguido por el candidato del FMLN “El chino” Flores con el 6.35% y en tercer lugar, Joel H. Sánchez Maldonado de ARENA con el 4.7% de los votos. Se podría analizar las causas de este fenómeno electoral que irrumpió con fuerza indiscutible en El Salvador, pero no alcanza para este comprimido análisis. 

    Recientemente un amigo me acotaba que en general, la expectativa de la oferta de la democracia defraudó al electorado hispanoamericano que, a partir de la década de los sesenta y setenta, constituyó una expectativa de paz y progreso individual y nacional, que ahora busca o intenta nuevas formas de satisfacer esas necesidades, quizás más apegadas a las realidades visualizadas por El Libertador, en cuanto a que no somos Europeos ni Americanos del Norte.  Es para profundizar, pero no es el objetivo de este escrito.

    Lo cierto es que con estas reformas constitucionales introducidas por el parlamento salvadoreño, se abre a la posibilidad de una nueva reelección para el actual presidente salvadoreño Nayib Bukele Ortez, (nacido en 1981), si el electorado le reitera su confianza.

    He leído y oído infinidad de análisis, unos más profundos que otros, que señalan a Bukele como un nuevo dictador; que la reelección indefinida es un retroceso y conduce a la dictadura, que no es conveniente en ningún caso, la reelección; y otras observaciones semejantes. Todas ellas me llevaron a reflexionar sobre el alcance de estas opiniones, prejuiciadas o no. 

    Me paseo por algunos mandatarios conocidos y estimados y me topo por ejemplo con la figura presidencial de Felipe González de España,  reelegido tres veces consecutivas, y quien no quizo aceptar una cuarta, porque estaba cansado, según dijo. Y Felipe González llevó a España a la Unión Europea, a la OTAN, hizo la reconversión industrial, y en el primer Congreso del Partido Socialista siendo Presidente, logró que los asambleístas retiraran de sus estatutos, el carácter marxista del PSOE.

    Margareth Thatcher “La Dama de hierro”, gobernó el Reino Unidos entre 1979 y 1990, y no ha sido superada en sus éxitos económicos y control social. Helmut Kohl fue Primer Ministro de la Confederación alemana entre 1969 hasta 1976 y Canciller de la Federación Alemana entre 1982 al 1988; fue el responsable del éxito económico de la Alemania de post Guerra, y de la unificación de las dos Alemanias.

    Por ello, me animé a preguntarles si la no conveniencia de la reelección en la América hispana se debía a razones meramente étnicas. Y luego sobre sus  conceptos de soberanía en democracia; además, sobre cuál era la razón conceptual del por qué la elección indefinida para legisladores o concejales no era objetable, pero sí la presidencial. En realidad, es el soberano quien decide, no los prejuicios bien o mal fundamentados.

    Si la nación salvadoreña valora que está siendo dignificada, alentada a respetar el orden jurídico, a recibir una educación formal conforme a los tiempos que corren, la libertad de circular libremente por el territorio nacional sin miedo, con seguridad, y que hay trazado un objetivo nacional incluyente, pues es el soberano el que decide quien debe ser su mandatario, cómo ejecuta ese mandato y cuanto tiempo le otorga. Claro, hablamos de procesos electorales transparentes y, hasta el presente, ni ahora con Bukele ni antes con Arena o el FMLN, se ha gritado ¡fraude!.

    Lo que suceda en el futuro, no es caso hacer predicciones, ya la nación, los electores, dirán cómo y qué hacer en caso de insatisfacción. Hay que respetar la voluntad popular, no los prejuicios, premoniciones o deseos individuales los que decidan. Mientras, apuesto por el ejercicio pleno de la democracia, como la entendió Bolívar y, por la libertad y prosperidad del pueblo salvadoreño, se lo merece.

    *Juan José Monsant Aristimuño es un exdiplomático venezolano, fue embajador de Venezuela en El Salvador