Categoría: Opinión

  • Contemplación en gris

    Contemplación en gris

    Una de los efectos del bombardeo mediático, en cualquiera de los tópicos que estén presentes, es el de sugestionar a tomar una postura; la que fuere. Ya sea a favor o en contra, pero situarse en una posición que, si esta no va de los extremos, se verá en términos medios, de un tono sombrío o gris.

    Y a mí parecer, el gris, es un tono hermoso porque no es absolutamente oscuro ni claro. En un negro o en un blanco cualquier otro color rompe con la totalidad de los mismos, pero en el gris podemos apreciar ambas tonalidades fusionadas. En el podemos dejarnos llevarnos hacia una contemplación; por ejemplo, hay días grises hermosos, algunas fotografías en esta gama nos evocan nostalgia, sobriedad, etcétera.

    Por supuesto, que hay posturas que no admiten reflexiones grisáceas, por vulnerar la dignidad humana, sin importar el género.

    Es de esta manera, que entre posiciones de tira y jale, pero también de consensos y con miras a seguir avanzando, denunciando y educando, se conmemora en este mes el día de la mujer. Lo cual es sumamente importante, conocer la historia de mujeres que nos antecedieron y que allanaron el camino que hoy recorremos, que se desarrollaron ya sea en sus profesiones, deportes o artes y sus nombres están escritos en la historia como un referente de educación; la que se traduce a evolución de pensamiento, y no de un mal interpretado fanatismo en blanco y negro; postergando una desgastante lucha que no quita del foco a un enemigo permanente, que viene siendo el sexo opuesto y una afrenta que envuelve un estilo de ser, de pensar. Recientemente leí que el fanatismo ideológico o religioso, usualmente termina convirtiéndose en los cables de un verdugo, que al contacto emanan electricidad ajusticiadora hacia toda opinión o postura que no arda como su corriente.

    Creo, que si mujeres y hombres sabemos reconocernos en nuestra humanidad, en nuestra dignidad y vernos con respeto por el solo hecho de ser personas, evolucionaríamos tantos sesgos retorcidos. Sesgos que han fortalecido masculinidades mal orientadas, que no conectan con su esencia. Uno de tantos sesgos erróneos, como el pensar que una mujer es vulnerable por vivir sola, por no tener a su lado a un hombre. Creyendo que la presencia de un compañero la librara de todo mal o que su casa merece el respeto por dicha imagen masculina. Pobres concepciones idealizadas sobre el mantener compañías que en otras situaciones, trágicamente, resultaron siendo los principales verdugos del mismo núcleo familiar.

    La vulnerabilidad ciertamente se inclina hacia al aspecto físico, pero surge primariamente en el pensamiento de quien ha decido sobrepasar los límites, de considerar el poco valor que merece alguien y que no se encuentra en disposición de reconsiderar su aprovechamiento ni de respetar la integridad de cualquier persona.

    Pienso que el enfoque para avanzar en esta temática es y debe continuar siendo la educación. Si como mujeres nos educamos, podremos educar a nuestros hijos, nuestros nietos; explicarles que no hay un drama por ser mujer, solo hay dramas humanos. Que ninguna persona debe ser quien defina la libertad y realización de ninguna otra, por el motivo de estar en relación sentimental o convivencia.

    Que la historia de nosotros las mujeres, va más allá de cualquier vínculo emocional y sentimental, que no debemos pensar que hay héroes que nos darán luz o nos rescataran.

    Cada una de nosotras tenemos una cosmovisión muy propia que nadie puede quitárnosla ni destruir, la cual nos da sostén para aprender, compartir y amar.

    * Ivette María Fuentes es licenciada en Ciencias Jurídicas

  • La pandemia y yo

    La pandemia y yo

    Todo comenzó el viernes 31 de enero de 2020. Los medios de información de España nos anunciaron ese día a la primera persona contagiada por la pandemia originada unos meses antes en Wuhan, en la República Popular China. A partir de ese momento, era cuestión de días o semanas para que el coronavirus se expandiera por el resto de la Península Ibérica. Para esos momentos, muchos quizá no alcanzábamos a dimensionar la tragedia a la que nos enfrentábamos.

    En las siguientes semanas, empecé a ver signos de lo que estaba por llegar. Varios bares y negocios de ciudadanos chinos comenzaron a estar cerrados, con las persianas bajadas y un extraño rótulo común pegado. En resumen, todas esas cartulinas blancas decían que se habían marchado de vacaciones a su patria y que retornarían en unos quince días. Comencé a ver eso alrededor de la pequeña escuela de mi hija, en un barrio obrero situado a una media hora de distancia en metro de nuestra casa, en el centro de la capital catalana.

    El martes 15 de febrero, los medios catalanes de información difundieron que el SARS-Cov-2 ya estaba presente en el territorio autónomo de Cataluña. En pocas horas, los supermercados y farmacias de Barcelona habían agotado sus existencias de mascarillas quirúrgicas, gel hidroalcohólico, guantes y demás elementos sugeridos para evitar el contagio. Los estantes lucían vacíos y una extraña sensación colectiva se percibía en las calles.

    Esa tarde, fui a buscar a mi hija de diez años a su escuela, en su horario habitual. Le dije a mi esposa que compraría otros botes de alcohol gel y guantes en alguno de los supermercados o farmacias de los alrededores. Dimos varias vueltas por aquel barrio y sólo en una farmacia accedieron a vendernos un bote grande de gel a un precio mucho más alto del habitual, pero que no me vendería ninguno más. Para entonces, el pánico era más que evidente en las calles, plazas y transportes.

    El jueves 12 de marzo nos confinaron dentro de nuestros hogares, en cumplimiento del estado de alarma emitido por el gobierno español. Mi hijo de dos años llevaba una semana que le habían quitado el yeso de una operación en su pie derecho, que le practicaron dos meses antes y que le había impedido ir a su guardería municipal. Aún le costaba caminar, con su pierna plegada hacia atrás. Por las mismas fechas, mi esposa había terminado un contrato laboral y entraba a la inmensa red de desempleados. A partir de ese momento, la casa pasaba a depender de nuestros ahorros y algunos ingresos ocasionales. En nuestro hogar, a partir de ese momento no había lugar para las dudas ni las desesperanzas.

    El viernes 13 quise ir al supermercado a hacer una compra mayor para varias semanas, pero desistí por la cantidad de personas que entraban y salían del recinto, bastante cerrado. Por eso, fui hasta el sábado 14, al mediodía. El tropel humano era impresionante. La mayor parte de la gente no usaba ni guantes ni mascarilla. Más de alguna tosía. Yo ya llevaba tres días de sentir que mi cuerpo alojaba un resfrío y me dolía, pero no tenía fiebre ni otros síntomas. La cola para pagar era inmensa y se lo dije a mi esposa en un WhatsApp. Regresé a casa hacia las 4 de la tarde.

    Al día siguiente, un extraño cansancio se apoderó de mi cuerpo. Nunca había sentido algo así antes.

    El lunes 16 de marzo, me desperté con una fuerte opresión en el pecho. Me levanté de la cama y caminé los tres metros que separan a nuestro dormitorio del cuarto de baño. Me senté en la taza del inodoro. Mi cuerpo se tardó una media hora en encontrar una bocanada de aire. Vi cómo mis pulmones se movían adentro de tórax grueso. Parecía tener un ataque crónico de asma, como los que le daban a mi hermano cuando era niño. El dolor de cabeza era punzante y ya tenía algunas décimas de fiebre. La preocupación vino anexa a la diarrea. Parecía que hasta el agua que bebía me producía evacuaciones intensas y de muy mal olor, como si una pescadería completa se me hubiera podrido en las entrañas.

    Le escribí un mensaje de WhatsApp a mi esposa y le dije que no saldría más, que me aislaría en el dormitorio. Estuvo de acuerdo. A partir de ese momento, pasaría varios días y noches ella sola con los niños. Adentro de nuestra recámara, yo libraría una lucha por mi vida y las de ellos, sin ningún tratamiento conocido y sin vacunas. En mi cabeza rondaban las escenas dantescas de decenas de camiones militares con cientos de ataúdes de ancianos fallecidos en Italia.

    Tirado sobre nuestra cama matrimonial, sólo quería dormir. Como me había dado de alta en una app de los servicios catalanes de salud, me reporté y me comenzaron a dar seguimiento. Mientras, mis hijos jugaban en la sala o veían sus programas en la televisión. Yo no tenía ánimos para nada, ni siquiera para comer. Sólo quería cerrar los ojos y que todo ese malestar se fuera así de rápido como había llegado. Mi esposa me decía que no dejara que la fiebre avanzara, que me duchara y que me levantara. Cada movimiento implicaba buscar aire para respirar y mis pulmones no lo encontraban.

    Una trabajadora social que le daba seguimiento a mi hijo me llamó por videoconferencia. Me vio tan mal en la pantalla de su teléfono que me dijo que mejor lo dejáramos para otro día. No recuerdo si alguna vez cumplimos con esa tarea.

    En la mañana del martes 17 sentí que las fuerzas me abandonaban. Mis pulmones parecían perder la batalla. Marqué entonces al teléfono de la app. La chica que me atendió me dijo, a gritos, que pidiera una ambulancia para que me llevaran de emergencia al hospital de referencia para nuestro barrio. En los siguientes minutos, viví un ataque de pánico. Me aterroricé como nunca. Yo, sobreviviente de una guerra, terremotos, huracanes, pobreza y más, esa mañana le vi demasiado cerca el rostro a la muerte, mientras me faltaba el aire (llegué a oxigenar hasta 84), la diarrea no me daba tregua y la fiebre tendía a incrementarse.

    En los siguientes minutos tomé una decisión. No fue nada fácil. Y quizá hasta fui irresponsable. Lo reconozco. Pero en aquellos minutos pensé en que, si me iba al hospital, me iban a meter directamente a la UCI, me entubarían y quizá me moriría, sin volver a ver a mi familia ni que ellos tuvieran la oportunidad de despedirse de mi cadáver. En esos días, morir en una sala hospitalaria europea implicaba que los tuyos jamás te volvieran a ver, porque te metían en un ataúd sellado y te llevaban a una fosa en el cementerio o al crematorio municipal. Y me dio terror pensar en esas escenas que veíamos días antes por la televisión. Y decidí no llamar a la ambulancia, continuar aislado en nuestro dormitorio y que mi cuerpo diabético presentara la que podría ser su batalla final.

    De común acuerdo con los médicos que me monitoreaban por la app, tomé pastillas para el dolor de cabeza y la diarrea y mantuve mis dosis diarias de metformina e insulina, que entonces todavía me aplicaba dos veces.

    Gracias al servicio de entregas a domicilio de varios supermercados y tiendas, mi esposa preparó alimentos sanos y nutritivos. Eso y dormir casi 16 horas al día comenzó a hacer un impacto beneficioso en mi cuerpo.

    Por órdenes del gobierno de Cataluña, la beca de comedor escolar de mi hija fue transformada en dinero, depositado en una tarjeta de débito. Mi esposa fue a reclamarla a la escuela, en un transporte público vacío y con gentes algunas sin mascarillas y otras ataviadas con botes de agua cortados para que les sirvieran como máscaras. Regresó a casa con un profundo impacto de lo que vio, como si a nuestro alrededor se había desatado alguna de las variantes de un mundo distópico tantas veces advertido por las películas y las series de streaming.

    En uno de esos días de recuperación, descansaba en nuestra cama cuando mi esposa me escribió para decirme que la pequeña televisión de casa se había fundido. Era un aparato de segunda mano, comprado hacía unos años atrás mientras vivíamos en otro apartamento y sólo existía nuestra hija como única descendiente. Cinco años después, me da risa pensar en que yo pensaba en cómo comprar una televisión para mis hijitos encerrados, mientras yo sufría los embates de una pandemia, algo no visto en la humanidad desde el azote de la mal llamada gripe española o influenza, que causó unos 100 millones de decesos entre 1917 y 1919.

    Mientras pensaba en cómo resolver esa necesidad, cayó un mensaje en mi cuenta de correo electrónico. Una persona me decía que había reactivado un proyecto que yo le había presentado unos años antes y que me había depositado dinero en mi cuenta bancaria. En efecto, al abrir la app allí estaba la cantidad. Me dediqué unos minutos a buscar una televisión en la web de El Corte Inglés y encontré una, de buena marca, con inteligencia artificial y muchos adelantos para ese año. Lo mejor era que estaba a mitad de precio y que la entregaban al día siguiente en casa. La compré de inmediato. Me sentí muy agradecido por ese gesto que la vida me otorgaba para mis hijitos. Se lo comenté a mi esposa por un mensaje y me tumbé a descansar. Mi existencia no daba para más en esos momentos en que las fuerzas no me daban para leer, escribir ni ver programas de ningún tipo en mi viejo teléfono chino.

    En los días siguientes, descansé mucho y comencé a dar paseos cortos por la habitación. Hacia fines de marzo, pude salir de la habitación y di paseos por el apartamento, con mascarilla permanente en mi rostro para reducir las posibilidades de contagio. Si a mis hijos los pude contagiar, sólo hubo testimonio en un pañal del pequeñito, con una deposición de color extraño. Fuera de eso, nadie más presentó ningún síntoma entonces. Y así siguen, hasta ahora. Mi esposa sostiene que ella tuvo coronavirus en noviembre de 2019, cuando hubo unos días en que una gripe le cortó varias veces la respiración, pero no pasó a más y aquel malestar se le fue de la misma forma en que se alojó en su cuerpo. Tiempo después, un estudio clínico de las aguas residuales de la ciudad de mostró que el SARS-Cov-2 ya estaba presente en ese tiempo en la ciudad.

    Paso a paso, comencé mi recuperación durante las siguientes semanas. Buscaba maneras de respirar mejor, hacía tareas del hogar y descansaba. Fue una verdadera lucha para no dejarme vencer, para no ser otra estadística más en un mundo dominado por el terror y la desesperanza. Mi familia me necesitaba tanto entonces como ahora y no estaba dispuesto a perderme la oportunidad de ver crecer a mi hija e hijo y ser felices, a mi esposa doctorarse y soñar con la realización de muchos proyectos más.

    Durante tres meses, la radio, la televisión y las redes sociales se convirtieron en nuestras fuentes de información y entretenimiento. Leímos, escuchamos música, reímos, peleamos, escuchamos, cantamos, bailamos… Hicimos de todo para tratar de no enloquecer ante los embates del encierro y de la apremiante realidad mundial. Cuando nos lo autorizaron, mi condición diabética me permitió salir de casa a tirar la basura o a caminar por las calles y avenidas de Barcelona y no ser detenido por las autoridades policiales y militares, que entonces imponían multas altas a quienes se saltaban el confinamiento sin razón alguna. Algunas veces, después del 2 de mayo, mis hijos me acompañaron en esos paseos cortos por esa ciudad solitaria, sin las acostumbradas hordas de turistas por La Rambla o la Sagrada Familia. Todo eso formaba parte de las órdenes vertidas desde el gobierno central a partir del 28 de abril, cuando iniciaron las cuatro fases para proceder a desconfinar a la población. Para entonces, decenas de miles de personas habían fallecido víctimas de la pandemia en las residencias de mayores, casas y hospitales del territorio español, las islas Canarias y Baleares y las ciudades autonómicas de Ceuta y Meilla.

    A medida que el SARS-Cov-2 se iba de mi cuerpo, sus secuelas afloraron. Una de las más evidentes fue la caída acelerada del cabello y el sangramiento de encías. El debilitamiento y el cansancio me duraron meses, casi tanto como los malos períodos de sueño. Además, solía despertarme sudoroso, pensando que me visitaba un ser exterminador y me entraban nuevos episodios de pánico.

    Desde que resido fuera de El Salvador, esa fue la segunda vez que la vida me ofreció una extensión de mis días sobre este mundo. La primera fue cuando nos salvó a mi hija y a mí de morir en el atentado yihadista de Barcelona, por tan sólo cinco minutos que nos atrasamos en salir de casa y no estuvimos en La Rambla cuando todo ocurrió.

    El gobierno español nos sacó del confinamiento el 21 de junio, tras tres meses y ocho días de encierro. La pandemia aún no había cesado, pero las opciones de contagio eran cada vez más conocidas, las ciencias habían logrado avanzar a marchas forzadas para conocer más acerca del agente causante de la mortandad y ya había tratamientos más definidos, junto con decenas de curanderos y charlatanes que sugerían tomar lejía hasta aplicarse químicos y rayos ultravioletas para evitar ser presas de la Covid-19.

    Tras un duro verano de incertidumbres en torno nuestro, llegó septiembre y el regreso a clases. La niña había estado en clases normales y de inglés mediante Zoom, pero el niño regresaría a su segundo año de guardería tras su operación del pie. Ella necesitaría mascarillas, pero él no, por ser menor de cinco años. Ella estaría organizada en grupos burbuja dentro de su salón de clases. En caso de algún contagio, no encerraban a todo el grupo, sino que sólo hacían análisis clínicos programados en cada grupo burbuja. Además, en la entrada de la pequeña escuela trazaron círculos de colores a una distancia prudencial para evitar que niños y padres o madres de familia se arremolinaran e incrementaran las posibilidades de contagio. Mascarillas y gel fueron los símbolos de esos meses finales de 2020 y de todo el primer semestre de 2021.

    Tras recibir un mensaje del centro de salud de nuestro barrio barcelonés, el 11 de junio de 2021 acudí a un salón dentro de un museo de la ciudad. Por mi condición diabética, fui llamado a colocarme una de las primeras dosis de la nueva vacuna de RNA contra el coronavirus y sus efectos. Fue un momento histórico y biográfico, por lo que le pedí a una de las enfermeras que me tomara una foto con mi teléfono. Tras sobrevivir a la primera ola de la pandemia desprovisto de todo, aquella vacuna -la primera de las seis dosis que porto desde entonces- marcaba mi vínculo personal más estrecho con ese paso gigantesco para la humanidad sufriente. El intercambio científico mundial lograba un hito sin precedentes en un tiempo récord y abría las puertas para lograr más vacunas de ARN contra otras enfermedades de larga data.

    Las tradiciones navideñas y del fin de año llegaron junto con otra ola de la pandemia. Como ocurrió en el verano, las actividades públicas fueron hechas con grupos limitados y con zonas marcadas para la distancia entre un cuerpo y otro. El Cagatió (el Santa Claus catalán, un tronco al que hay que pegarle con un palo para que cague los regalos) fue dejado por el Oncle Buscall en la puerta de nuestro apartamento. Bajo su barretina de colores rojo y negro, traía su mascarilla blanca sobre el rostro.

    Escribo esto al cumplir el quinto aniversario de mi contagio por Covid-19 no para mostrarme como un héroe ni nada por el estilo, sino como una forma de agradecer la vida que se me ha dado y lamentar que tantas personas amigas y parientes hayan sucumbido bajo esta ola trágica que se nos abatió durante meses. Agradezco desde la profundidad de mi ser también todo el apoyo que recibí de mi esposa Patricia y de nuestros hijos Filippa y Bertrand. Sin ellos, esta batalla personal no habría sido posible. Por ellos y para ellos, todo mi amor, mis energías, mis trabajos y mis días. Para mis personas amigas y colaboradoras, gracias por su apoyo y comprensión en ese tiempo. A quienes no entendieron mi situación, me juzgaron y me condenaron, también les extiendo mis agradecimientos y les reitero mi plena creencia en las duras verdades del karma y del destino. Ustedes sabrán si ese saco les queda o no.

    Al finalizar este texto autobiográfico, quiero abrazar los recuerdos de mi primo Iván Aguilera y de mi nunca bien llorado amigo, poeta y editor Luis Borja. Con Luis, ya tendremos ocasión de charlar acerca de nuestras mutuas experiencias con la pandemia. Mientras eso llega en un tiempo futuro, siempre pensaré en sus hijos, en su madre y en sus sueños. Todos debiéramos de tener el derecho de poder cumplirlos antes de marcharnos del reino de este mundo. Por mi familia y por gente valiosa como Luis, yo trataré de que la vida me dé más de sí tras mi infarto del pasado miércoles 18 de septiembre de 2024, cuando estuve muerto durante ocho minutos en una sala de hospital. Las vacunas contra el coronavirus no tuvieron nada que ver con ese accidente cardíaco, sino que a una arteria anterior de mi corazón se le ocurrió jugarme un momento siniestro.

    Mientras pueda hacerlo, prometo continuar con mis locuras para investigar y difundir la cultura salvadoreña. Estoy seguro de que alguien me leerá o escuchará hoy o quizá mañana.

  • Confesión de parte, relevo de pruebas

    Confesión de parte, relevo de pruebas

    Antes de que Donald Trump ganara las elecciones presidenciales estadounidenses por segunda vez, ya había empezado a masticar la posibilidad de compartir algunas preocupaciones propias sobre política internacional.

    No soy experto pero lo andaba pensado al observar, en dicho escenario, gobernantes y políticos con sus discursos y actos impulsados ‒cada vez más‒ en medio de un creciente conservadurismo visceral y pendenciero difundido ampliamente con mucha habilidad y lamentable éxito a través de las llamadas “redes sociales”.

    Esa inquietud me “hacía ojitos” y se acrecentó con el surgimiento de personajes como Bukele en mi país, primero, y luego con Milei en Argentina; este último me picó, me estimuló, me incitó aún más tras una de sus últimas ocurrencias: la aprobación de la resolución 187/2025 que definía los “criterios médicos” para estimar la “invalidez laboral”.

    Según información oficial, de esa forma determinaron una escala o tabla para evaluar tal condición en las personas a fin de entregarles ‒a las que se encuadraran dentro del “perfil” fijado‒ “pensiones no contributivas”.

    Como se lee en su anexo, al abordar lo relacionado con los “retardos mentales” según su coeficiente intelectual, aquellas encasilladas en el grupo de cero a treinta se consideraban “idiotas”; en orden ascendente seguían las catalogadas como “imbéciles” y “débiles mentales”, tanto “profundas” como “moderadas” y “leves”.

    De esa manera, les aprobarían una pensión a las que presentasen “debilidad mental profunda o mayor”.

    Así, como se lee, lo establecieron; pero, parafraseando un par de medios, Milei reculó cuando la pronta protesta social organizada se le echó encima y se produjeron otras manifestaciones sociales diversas de repudio.

    Con lo anterior, ya tenía suficientes razones para compartir con ustedes algunas de mis elucubraciones sobre lo que –evocando a “Guaraguao”‒ pasa en algunas partes del mundo.

    Pero lo que definitivamente me hizo decidirme, tiene que ver con la última columna de mi querido colega y fraterno amigo: el colombiano Mauricio Montoya, quien con su hermano Fernando mantienen “un espacio permanente dedicado a la búsqueda del sentido de las palabras”.

    Así la definen; y la llaman “ALPONIENTE”.

    Su más reciente entrega trata sobre un término muy usado, no siempre de forma correcta: idiota.

    Su origen griego hace referencia al valemadrismo de cara a la política pública y al debate sobre asuntos relacionados con esta; a no tener una posición y menos aportar. Según Platón y Aristóteles ‒citando a los hermanos Montoya‒ ese tipo de idiota “nos arriesgaba a todos a terminar sometidos a un gobernante inepto, incapaz o indeseado”.

    Mauricio y Fernando también recuerdan a Bertolt Brecht cuando este afirmó que el “peor analfabeto” es el político: ese que ni oye, ni habla y no se plantea “que el costo de la vida, el precio del pan, del pescado, de la harina, del alquiler, de los zapatos o las medicinas dependen de las decisiones políticas”; ese que “es tan burro, que se enorgullece e hincha el pecho diciendo que odia la política”.

    “No sabe, el imbécil, que de su ignorancia política ‒finaliza el poeta alemán‒ nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político trapacero, granuja, corrupto y servil de las empresas nacionales y multinacionales”.

    Hoy día, tantos siglos después de las reflexiones delos filósofos griegos, observamos un mundo en el cual existe algo peor que la idiotez del “analfabeto político”; me refiero a la de quienes creen ciegamente, pese alas evidencias, en bocones de la polítiquería contemporánea que como Milei impulsan iniciativas iguales o peores que la antes comentada.

    También como Bukele que, de un día para otro, emite una opinión diametralmente opuesta a la que antes proclamaba como verdad absoluta; que ayer era de izquierda radical y hoy se arropa con la bandera de la derecha capitalista más voraz; que antes era demócrata y ahora no; que para colmo desaparece y vuelve a aparecer su hospital veterinario en menos de veinticuatro horas…

    Y que, además, pretende que nos traguemos esta fumada “pastilla”: solo duerme dos horas diarias para cumplirle a “la población”.

    “Dormir solo dos horas ‒advierte la Inteligencia Artificial‒ no es sano y puede tener consecuencias negativas para la salud”.

    Entre estas aparecen las siguientes: desregulación de los ciclos del organismo; afectación de las funciones cognitivas; mayor intolerancia y menor creatividad; mayor propensión a enfermarse; aumento del riesgo de estrés, ansiedad o síntomas depresivos; disminución de la capacidad de estar alerta; mayor propensión a cometer errores y ‒finalmente‒ desajustes físicos y mentales.

    Ojo con la citada “confesión de parte” del “saltimbanqui” de la política guanaca acerca de su descanso diario, pues nos dispensa la presentación de “pruebas”.

  • El itinerario cuaresmal

    El itinerario cuaresmal

    Nunca viene mal, tanto para creyentes como no practicantes, activar en nosotros el itinerario cuaresmal de cuarenta días, al menos para tomar una cognición más nívea y reflexiva, sobre nuestra propia historia por aquí abajo; máxime en un momento de tantos endiosamientos mundanos, con su siembra de mentiras y maldades. Ciertamente, hoy más que nunca, hay que despojarse de un mundo, donde la igualdad no sea una mera aspiración, sino una auténtica realidad. Quizás antes, debamos cerrar todas las brechas, acabar con la pobreza extrema; y, para ello, tenemos que ponernos manos a la obra, trabajar por la igualdad de derechos, ocupándonos de la correspondencia de acceso a las oportunidades, a la formación, la diversidad y la inclusión.

    La equidad es una exigencia que hemos de llevarla a buen término. Tanto es así, que no habrá verdadera concordia entre análogos, sino viene acompañada por el soplo solidario, tan auténtico como ecuánime. Ojalá, en este momento meditativo, expulsemos la falsedad de nuestras perspectivas, que es la puerta de todos los males, pues envenena a la humanidad e impide que recibamos el aliento místico de la Cuaresma, que precisamente es un clima de amor a los hermanos. Amar de corazón a corazón debe ser nuestro propósito de reparación; ya que un movimiento cerrado o encerrado en sí mismo, es un pulso perdido, empedrado y endurecido. El lenguaje de nuestro interior está universalmente enraizado, es ecuménico, sólo se requiere sensibilidad para concebirlo y platicarlo.

    En consecuencia, todo aquello que no se cultiva personalmente, se desprecia. De ahí, el aluvión de actos de terror que sembramos, nacientes del odio y la venganza, sustentados en el menosprecio de la vida del ser humano, siendo un auténtico crimen contra la humanidad. Por eso, nos viene bien escucharnos, ahondar en nuestras intimidades, bucear por nuestra biografía, hasta sentirnos inspirados para buscar nuevas sendas, evitando los estímulos del inmovilismo y de la experimentación improvisada. Remar mar adentro es tan vital como el agua que nos bebemos a diario o el mismo aire que respiramos para vivir. En efecto, hay que buscar el instante preciso y precioso de reencontrarnos para sentirnos en camino.

    Indudablemente, nada es, sino me considero. Ojalá en este recorrido cuaresmal, echemos las redes de la libertad para abrirnos a la comunión con todas las gentes y en ofensiva de justicia contra los dominadores de este orbe tenebroso. Sin duda, nos vendrá saludable alejarnos de lo mundano y ahondar en las profundidades de nuestro espíritu, que es donde verdaderamente se discierne el bien del mal. Interiorizando los efectivos vocablos de la luz, descubriremos que somos latidos en transformación, únicamente nos hace falta, superar el instinto de dominio sobre los demás, abriéndonos a ese amor de amar amor eterno, que nos enternece y nos trasciende. Pensemos que nunca es tarde para revisar los pasos, descubrir nuestra torpeza y debilidad.

    Resulta, por consiguiente, conmovedor ver cómo la evolución de la educación es una preocupación global. Cada cual, consigo mismo y con sus semejantes, es una ventana de conocimientos abierta al mundo entero. Hay que dejar sorprenderse, por la capacidad de compartir y de donarse, estando en guardia permanente como amantes de la pulsación del verbo, que se hace verso y poesía a golpe de unión, de conocerse a sí mismo y meditar sabiamente. Desde luego, no hay mejor ciencia que la conciencia en rectitud para morar y vivir, bajo el arte del darse y quererse. Por desgracia, en nuestra morada impregnada de moradores individualistas, es necesario que se redescubra la importancia de los vínculos, donde el ser es un hacer conjunto, para poder avanzar armonizados. Dicho queda.

    • Víctor Corcoba Herrero es escritor español
    corcoba@telefonica.net

  • Vladímir Putin, el agresor

    Vladímir Putin, el agresor

    El repudio que muchos de nosotros sentimos contra quienes defienden políticas conciliadoras o afines al marxismo, conduce en ocasiones a considerar erradamente que ciertas personalidades públicas como el zar de Rusia, son representativos de nuestros puntos de vista.

    En primer lugar, Vladímir Putin es el más sólido garante de las dictaduras de Cuba, Nicaragua y Venezuela, aunque también se amparan en China, Irán y Corea del Norte, lo que confirma que los aliados naturales del gobernante ruso son las tiranías más injerencistas de la actualidad, despiadadamente autocráticas.

    Por si la memoria selectiva nos seduce, debemos tener en cuenta que Putin es el que envía buques artillados a Cuba como señal de respaldo al totalitarismo y es el mismo sujeto que lleva a Rusia a jóvenes cubanos para que sirvan como mercenarios en su guerra agresiva contra Ucrania.

    Otro detalle a tener en cuenta es lo que dice el dictador designado de Cuba sobre el gobernante ruso, reflejado en un cable de agencia: “Miguel Díaz-Canel, resaltó este viernes que su homólogo ruso, Vladímir Putin, demostró en su reciente encuentro en Moscú una “enorme sensibilidad y compromiso” para seguir apoyando a la isla en los ámbitos energético y alimentario. Díaz-Canel aseguró en el espacio que presenta para televisión y redes sociales, Desde la Presidencia, que Putin mostró “un conocimiento de la realidad cubana”, de sus “retos y desafíos”. Agregó que en la actualidad Cuba y Rusia tienen en ejecución más de seis proyectos de negocios, mientras que hay cuatro nuevos que van a comenzarse a desarrollar y otros cinco en proceso de valoración para ser aprobados.

    El escritor José Antonio Albertini solía decir cuando éramos jóvenes y estábamos inmersos en la conspiración contra la dictadura comunista sobre un individuo que creía no era de confiar, “ese tipo no es canela fina” y Putin digo yo, no es canela de ninguna clase.

    El zar ruso lleva siendo la personalidad más importante de su país desde el año 2000; cuando no fue presidente fungió como primer ministro bajo la presidencia de su incondicional Dimitri Medvedev.

    Hay víctimas del castrochavismo que afirman que Putin es de derecha y contrario al comunismo, lo que puede ser cierto, no obstante, estoy convencido que, aunque se oponga al multiculturalismo y la cultura “woke”, no es un político con compromisos democrático y menos respetuoso de las opiniones de los otros. Putin es un calco de Stalin y Kruschev.

    Vladímir, ha tenido la suerte que muchos de sus rivales, reales o potenciales, han desaparecido de escena muy oportunamente. Recordemos los más recientes, el líder opositor Alexei Navalny, muerto en la cárcel y el jefe la milicia paramilitar Wagner, Yevgeny Prigozhin, muerto con otras cinco personas en un sospechoso accidente aéreo en agosto 2023, ocurrido pocos días después de dirigir una sublevación contra el Kremlin.

    Le siguen en esta relación, muy probablemente incompleta, la periodista Anna Politkovskaya, del diario opositor Novaïa Gazeta, acribillada a balazos el mismo día del cumpleaños del caudillo ruso. El opositor Serguei Magnitsky, famoso por sus denuncias de importantes casos de corrupción implicando a altos funcionarios del régimen, falleció en prisión en 2009 después de meses sin recibir atención médica para su cáncer de páncreas.

    El 19 de enero de 2009 el abogado de derechos humanos Stanislav Markelov y la periodista Anastassia Baborova fueron asesinados a balazos en el corazón de Moscú. En diciembre de 2006, el exespía Alexandre Litvinenko fue envenenado en Londres con polonio 210, sin que falte la militante chechena Natalia Estemirova, secuestrada y asesinada a balazos en la ciudad de Grozny, Chechenia.

    Otro periodista, Mikhail Beketov, murió tras haber sido salvajemente torturado, y el líder opositor Boris Nemtsov, fue muerto a balazos en febrero de 2015 mientras cruzaba a pie un puente ubicado a pasos de la Plaza Roja y el Kremlin.

    El militante prodemocrático Vladimir Kara-Murza, que había sido condenado a 25 años de prisión en abril de 2023, fue dos veces envenenado, en 2015 y 2017, aún se encuentra sometido a un régimen carcelario de extrema severidad. El exespía Serguei Skripal y su hija escaparon milagrosamente con vida tras haber sido envenenados en Salisbury con gas navichok, sin olvidar a los que han muerto en extrañas circunstancias por haber criticado la intervención rusa en Ucrania.

    Confieso no creer en la buena voluntad de Vladímir Putin ni de ningún sujeto de su calaña.

    • El autor es periodista cubano.

  • La Pandemia Silenciosa: El Aumento Imparable de la Obesidad

    Lo encontraron boca abajo, como si dormido, en la cama de su amante. Los primeros en encontrar su cadáver notaron su expresión facial con los ojos abiertos ampliamente, su boca entreabierta, y una mirada de incredulidad. Gustavo, un ingeniero exitoso, no se lo esperaba, indudablemente. Así hubiese querido morir, en el acto, dijo en alguna ocasión a sus amigos.

    Gustavo era obeso, hipertenso, prediabético, y sus niveles de colesterol y triglicéridos en sangre, por las nubes. Su obesidad mórbida, le cumplió su deseo.

    Gustavo, pasó del sobrepeso a la obesidad en un tiempo relativamente corto; pronunciado por sus hábitos alimenticios extremos, abuso del alcohol, y sedentarismo rutinario. Básicamente, su muerte, aunque prematura por su edad, fue una muerte anunciada. Gustavo, murió joven, 45 años, vivió y murió feliz, eso dijo su amante, dejando en la orfandad a tres niños y una viuda, joven también, y con sobrepeso también.

    El sobrepeso y la obesidad se definen como una acumulación excesiva o anormal de grasa corporal que puede ser perjudicial para la salud. Una forma común de medirlos es a través del Índice de Masa Corporal (IMC), que se calcula dividiendo el peso en kilogramos por el cuadrado de la estatura en metros al cuadrado. Se considera que una persona tiene sobrepeso cuando su IMC está entre 25 y 29.9, y obesidad cuando es igual o superior a 30. La obesidad es una causa importante de mortalidad prematura en todo el mundo. Un estudio de 3,9 millones de adultos reveló que el sobrepeso o la obesidad se asocian a un mayor riesgo de muerte prematura, concretamente por cardiopatía coronaria, accidente cerebrovascular, enfermedades respiratorias y cáncer.

    Durante la primera semana de marzo, la revista The Lancet publicó un estudio sobre la situación global del sobrepeso y la obesidad en más de 180 países. El resultado más destacado de este estudio es que existe una epidemia global de sobrepeso y obesidad. Otro hallazgo relevante fue que la epidemia no solo afecta a la población adulta, sino también a niños y adolescentes.

    Entre 1990 y 2021, la prevalencia combinada de sobrepeso y obesidad en niños y adolescentes se duplicó, y la de obesidad por sí sola se triplicó. En 2021, 93 millones de personas de 5 a 14 años y 81 millones de 15 a 24 años padecían obesidad.

    Las tasas de sobrepeso y obesidad en la población adulta aumentaron a nivel mundial y regional, y en todas las naciones, entre 1990 y 2021. En 2021, se estima que mil millones de hombres adultos y 1.11 mil millones de mujeres adultas tenían sobrepeso y obesidad. China tenía la mayor población de adultos con sobrepeso y obesidad (402 millones de personas), seguida de India (180 millones) y Estados Unidos (172 millones).

    En El Salvador, las tasas de sobrepeso y obesidad han mostrado un incremento significativo en los últimos años. De acuerdo con informes publicados por la Organización Panamericana de la Salud (OPS), en 2022, el 66.2% de la población adulta presentaba sobrepeso u obesidad. Un estudio realizado en las unidades de salud de Jocoro y San Rafael de Oriente reveló que el 47% de los niños entre 5 y 10 años tenían sobrepeso, el 22% obesidad y solo el 30% mantenía un estado nutricional normal.

    Hasta la fecha, ningún país ha logrado frenar el aumento de las tasas de sobrepeso y obesidad en adultos. Sin una intervención inmediata y eficaz, el sobrepeso y la obesidad seguirán aumentando en todo el mundo. Reconocer simplemente que la obesidad es un problema de salud mundial sería una negligencia por parte de los profesionales de la salud pública y la salud mundial; se necesitan medidas más agresivas y específicas para abordar esta crisis, ya que la obesidad es uno de los principales riesgos evitables para la salud ahora y en el futuro, y plantea una amenaza sin precedentes de enfermedad y muerte prematuras a nivel local, nacional y mundial.

    Presumo que a Gustavo le habría gustado vivir un par de décadas más. Sin embargo, eso habría requerido moverse más e ingerir una dieta balanceada y saludable, es decir, adoptar un cambio de estilo de vida que muchos de nosotros no estamos dispuestos a seguir. Se necesita tiempo y esfuerzo, pero como dice el dicho, «hasta un chancho se daría cuenta».

  • De la mano de Jorge Dalton, «Lichi» Diego conmueve a Miami

    De la mano de Jorge Dalton, «Lichi» Diego conmueve a Miami

    El pasado 27 de febrero hubo lágrimas en el Koubek Center del Miami Dade College.

    Como parte de la serie de filmes cubanos del Festival de Cine de Miami, se proyectó En un rincón del alma, el documental que nos permite recuperar, en las postrimerías de su vida, la palabra entrañable del talentoso escritor Eliseo Lichi Alberto Diego, en la casa de la Ciudad de México donde falleció el 31 de julio de 2011, a los 59 años.

    El numeroso público asistente estalló en aplausos y gimoteos, víctima del mismo impacto emocional que la película causa donde se le exhibe. ¿Día? Pues porque Jorge Dalton, el realizador, hijo también él de un gran poeta, hace de la conversación con su amigo Lichi una excusa formidable para elaborar uno de los más conmovedores retratos que se hayan hecho nunca de La Habana, ese luminoso crisol de ambigüedades y maravillas, lirismo y contradicciones, que la hacen única como ciudad y como experiencia humana.

    El escritor salvadoreño Jorge Ávalos, uno de los críticos de arte más penetrantes de Centroamérica, ha escrito que En un rincón del alma «está construido como una elegía a dos voces: dos amigos se encuentran y conversan sobre la Cuba que conocieron y, al hacerlo, nos permiten ser testigos de una sabiduría conseguida a golpes».

    Nada más y nada menos cabía esperar de Eliseo Alberto, nacido en 1951 en el seno de una familia de artistas y escritores fundada por el prodigioso Eliseo Diego (1920-1994), su padre, y la discreta editora Bella García-Marruz (1921-2006), hermana de Fina. Perteneciendo ambos al grupo Orígenes, tal vez el mejor colectivo artístico del último siglo en Cuba, su hijo Lichi no solo guardaba hermosos recuerdos de su célebre familia, sino que evocaba un ambiente literario y cultural que, aparte de dejar de existir, jamás ha podido ser emulado.

    «Mi película comienza», dice Jorge Dalton, hijo menor del vate salvadoreño Roque Dalton (1935-1975), «con un plano secuencia que reproduce exactamente mi entrada a esa maravillosa casa y al mundo que significaban cada uno de sus habitantes. Eliseo papá era como un lord inglés, un hombre extraordinario con una obra monumental. Alguien a quien puse dos rosas rojas en el interior de su féretro cuando falleció en México. Me parece estarlo viendo cuando me decía: «Speedy González, sírveme otro whisky antes que sea demasiado tarde».

    La amistad entre Lichi y Jorge arranca desde esa época. Aunque no eran de la misma generación, hicieron migas con rapidez y sin ampulosidades, pues compartían inclinaciones por el vagabundeo y la risa fácil.

    «Incluso tuve el privilegio», relata Dalton, «de vivir un tiempo con él en México, cuando residía en un apartamento de la calle Pacífico, en Coyoacán. A pesar de venir de un ambiente literario refinado, Lichi también era un hombre que gustaba de la calle y el buen vino; tenía un perfil arrabalero, amaba la noche tanto como a las mujeres, igual que mi padre, al que yo defino como un gato de tejado. Lichi tenía, además, un gran sentido del humor, y era a la vez triste, melancólico, como son todos los enamorados, con un corazón siempre al borde del estallido. Creo que todos los Diego padecían esa melancolía, como puñal dispuesto a matarlos. Mi colega cineasta, Ernesto Fundora, dice que Eliseo Alberto sabía llevar muy bien ese equilibrio entre la alta cultura y la cultura popular».

    En diciembre de 2009, Jorge Dalton y su esposa Susy Caula andaban de viaje por México y visitaron a Lichi. Durante la conversación, el novelista pidió a su amigo que le filmara, pues deseaba hacer un documental que llevara por título el de uno de sus célebres libros: Informe contra mí mismo. Tomado por sorpresa, Jorge, que solo llevaba consigo una pequeña cámara doméstica, pidió tiempo para redactar una propuesta formal. Pero una cosa fue llevando a la otra y justo el último día de aquel año se la pasaron registrando a Lichi, cuyas anécdotas y reflexiones hacen cuajar la cinta de principio a fin.

    Ya de regreso en San Salvador, Jorge y Susy recibieron una llamada de su amigo confiándoles que padecía de insuficiencia renal. «Entonces», dice Dalton, «a fines de 2010 le visitamos otra vez y me sobrecogió verlo tan deteriorado. Aun así, él quiso seguir conversando frente a la cámara, consciente de su inminente despedida de este mundo. Lo filmé un poco, pero me negué a que saliera en ese estado físico. Pocos meses después murió. Luego Susy me convenció de que desechara la idea de donar a alguna entidad cultural aquella larga conversación con Lichi y que mejor hiciéramos algo con ella».

    Así es como, en 2016, se termina de producir En un rincón del alma, catalogado por la crítica internacional como uno de los documentales más sobresalientes que se han hecho sobre Cuba en el último medio siglo. Al mismo tiempo, claro, se encuentra entre las 200 películas cubanas que están prohibidas en la isla.

    «Pero no descarto», dice Jorge Dalton, «que un día pueda exhibirse allá, como debe ser. No solo porque Eliseo Alberto lo merezca, sino porque los cubanos deben conocer mejor a este escritor que amó tanto su patria. Él ha sido una de las personas más queridas nacidas en la isla, un ser irrepetible cuya tierna amistad fue uno de los mejores regalos que me ha dado la vida. De su pérdida todavía no he logrado recuperarme».

    Por de pronto, Lichi Diego y Jorge Dalton han recibido su ovación en Miami, donde muchos comparten con ellos esa nostalgia —dolorosa y poética a la vez— por la Cuba fascinante de la cultura bulliciosa y alegre, de la exuberancia literaria sin orillas. Pero llegará el día del reencuentro. Llegará el tiempo del abrazo.

  • La crueldad animal: un grito silencioso que revela oscuros perfiles

    La crueldad animal: un grito silencioso que revela oscuros perfiles

    En el sombrío laberinto de la mente criminal, un patrón inquietante emerge con frecuencia: la crueldad hacia los animales. Este comportamiento, a menudo minimizado o ignorado, puede ser un indicador temprano de tendencias violentas y una ventana a la psique de individuos capaces de actos atroces.

    Como criminólogo, he observado de cerca la perturbadora conexión entre el maltrato animal y la violencia humana por medio del estudio de asesinos en serie. Numerosos estudios y perfiles criminales revelan que aquellos que infligen sufrimiento a los animales tienen una mayor probabilidad de ejercer violencia contra personas. La crueldad animal no es un acto aislado, sino un eslabón en una cadena de violencia que puede escalar hasta niveles inimaginables.

    ¿Qué revela la crueldad animal sobre la personalidad de un individuo? En primer lugar, denota una falta de empatía y compasión, ingredientes esenciales para la convivencia social. Quienes disfrutan o se sienten indiferentes ante el sufrimiento animal muestran una desconexión emocional que los predispone a la violencia.

    Además, la crueldad animal puede ser una manifestación de control y poder. El agresor encuentra placer en dominar y subyugar a un ser indefenso, lo que puede traducirse en una necesidad de controlar y dominar a otros seres humanos. Esta sed de poder puede alimentar la violencia doméstica, el abuso infantil y otros delitos violentos.

    En algunos casos, la crueldad animal puede ser un indicador de trastornos psicológicos más profundos, como el trastorno antisocial de la personalidad, la psicopatía o sociopatía. Estos individuos carecen de conciencia y remordimiento, y ven a los demás como meros objetos para su gratificación.

    Es crucial comprender que la crueldad animal no es solo un problema de bienestar animal, sino un problema de seguridad pública. Los niños que presencian o experimentan violencia hacia los animales tienen un mayor riesgo de convertirse en agresores o víctimas de violencia en el futuro. Ignorar este problema es ignorar una señal de alerta temprana de violencia potencial y de personas que a corto plazo los podremos observar capturados y ante un juez por otros delitos.

    Como sociedad, debemos tomar medidas urgentes para abordar la crueldad animal. Esto implica fortalecer las leyes de protección animal, educar a la población sobre el respeto a los animales y brindar apoyo a las víctimas de violencia intrafamiliar y abuso infantil. También es fundamental que los profesionales de la salud mental y las fuerzas del orden estén capacitados para reconocer y abordar la crueldad animal como un indicador de riesgo de violencia. Un hombre o una mujer que ejerce violencia contra animales en el hogar o en lo público es una persona que en algún momento lo hará contra una persona. La criminología así nos lo demuestra, no la ignoremos.

    La crueldad animal es un grito silencioso que clama por atención. No podemos seguir ignorando esta señal de alarma. Al comprender la conexión entre la crueldad animal y la violencia humana, podemos tomar medidas para prevenir futuros actos de violencia y construir una sociedad más segura y compasiva.

    • Ricardo Sosa, Doctor y máster en Criminología

    @jricardososa

  • Rumbo a la igualdad entre hombres y mujeres para una vida mejor

    Rumbo a la igualdad entre hombres y mujeres para una vida mejor

    ¿Sabías que la pobreza afecta mayoritariamente a las mujeres? Por cada 100 hombres pobres en América Latina y el Caribe, hay más de 120 mujeres pobres. De acuerdo con el Perfil Regional de Igualdad de Género de América Latina y el Caribe, en la región 58 millones de mujeres viven en zonas rurales, de las cuales en promedio solamente el 30% posee tierras agrícolas.

    Sobre esto, informes de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) explican que, en general, las tierras agrícolas que poseen las mujeres son parcelas más pequeñas, de menor calidad y en condiciones más inseguras, y apenas el 5% tiene acceso a asistencia técnica. A esto se suma que muchas enfrentan dificultades para ejercer la propiedad de la tierra que cultivan y utilizar los recursos naturales, incluida el agua, para regar sus campos.

    Por otra parte, en 2023 Mesoamérica registró la mayor brecha de género en seguridad alimentaria: 5,8 puntos porcentuales para la inseguridad alimentaria moderada o grave, y 1,3 puntos porcentuales para la inseguridad alimentaria grave (FAO, 2023). Evidenciando que las mujeres están un par de pasos atrás en ese camino hacia la igualdad sustantiva.

    Es por ello que, en el marco del Día Internacional de la Mujer, que se conmemora cada 8 de marzo, la FAO recuerda que transitar hacia sistemas alimentarios más eficientes, inclusivos, resilientes y sostenibles significa lograr el acceso de todos los grupos poblacionales, incluyendo las mujeres y las niñas, a alimentos adecuados, inocuos y nutritivos, garantizando que se satisfagan sus necesidades nutricionales hacia una vida mejor.

    No podemos erradicar el hambre y la pobreza sin tener en cuenta los desafíos que implica la igualdad de derechos para todas las personas.

    Para lograrlo es fundamental promover la participación plena, igualitaria y efectiva de ellas y ellos en los procesos de toma de decisiones, en todos los niveles, y garantizar la igualdad en el acceso y control de recursos productivos indispensables como la tierra, el agua, los bosques y otros.

    Este año 2025, en el que nuestra Organización cumple 80 años desde su fundación, vale la pena mencionar que la FAO ha acompañado a los Gobiernos Nacionales en la implementación de programas y proyectos que contribuyen, de manera transversal, al reconocimiento de las mujeres como agentes de cambio y creadoras de resiliencia en la lucha contra la pobreza, el hambre y la malnutrición en sus hogares, en sus localidades rurales, comunidades indígenas y a nivel nacional.

    Estas iniciativas promueven la creación de un entorno favorable tanto para los hombres como para las mujeres del medio rural principalmente, mediante el fomento de una gobernanza adecuada y la mejora de las capacidades para diseñar marcos jurídicos y normativos, políticas sectoriales y programas que brinden igualdad de oportunidades para todos y todas.

    El objetivo común es lograr una producción agrícola sostenible y el desarrollo rural para erradicar el hambre y la pobreza para todas las personas por igual.

    En este sentido, la FAO sostiene que, al aumentar las oportunidades de las mujeres y hombres, de manera equitativa, y mejorar su motivación y productividad, se logran mayores niveles de seguridad alimentaria y nutrición y, por lo tanto, a una agricultura más sostenible, y familias agricultoras más resilientes a los cambios del clima.

    Sobre este último tema, el reciente informe de la FAO (2024) “El clima injusto” indica que cuando se producen fenómenos meteorológicos extremos, los hogares encabezados por mujeres pierden una parte considerablemente mayor de sus ingresos que los hogares encabezados por hombres.

    Un día de temperatura o precipitaciones extremas se asocia con unas reducciones del 1,3 % y del 0,5 %, respectivamente, de los ingresos totales de los hogares encabezados por mujeres, en comparación con las que experimentan los hogares encabezados por hombres.

    Esto se traduce en una brecha de los ingresos anuales del 8 % debido al estrés térmico y del 3 % a causa de las inundaciones, en comparación con los hogares encabezados por hombres.

    La razón por la cual los fenómenos climáticos impactan de manera más grave a las mujeres es porque ellas no cuentan con garantías como tierra, autonomía económica, acceso a financiamiento, acceso a tecnologías, entre otros que limitan su capacidad de resiliencia.

    Es por ello que la FAO ha señalado que un aspecto crucial en el que deben centrarse las políticas y los programas es contribuir a que, tanto las agricultoras como los agricultores, apliquen medidas adaptativas que se traduzcan en mejoras significativas de sus sistemas agrícolas.

    En este Día Internacional de la Mujer, y en el marco de los 365 días de acción del 80 aniversario de la FAO, reiteramos la importancia del papel de las mujeres y hombres por igual, como productoras y productores, y como suministradores de alimentos, así como su decisiva contribución a la seguridad alimentaria de los hogares en todo el mundo.

    • Adoniram Sanches es el coordinador subregional de la FAO en Mesoamérica; Verónica Chicas es especialista de género

  • Al rescate de la educación para ganarle la guerra a la pobreza (II)

    Al rescate de la educación para ganarle la guerra a la pobreza (II)

    La educación salvadoreña, especialmente la pública, adolece de muchos problemas. Actualmente, el Ministro de Educación mencionó que no están cerrando escuelas, sino que están unificando los centros escolares. Eso significa que habrá más deserción escolar.

    Mientras algunos se esmeran por querer darle lo mejor a la educación, otros no siguen un plan adecuado para mejorar la calidad educativa. Analizar la educación salvadoreña requiere de mucha paciencia e investigaciones.

    Para analizar las propuestas del maestro Miguel Ángel Rosales, es oportuno mencionar el objetivo del programa «Mi Nueva Escuela». Su objetivo es mejorar la calidad educativa y garantizar el acceso a una educación de calidad. En el año 2025 se han cerrado 44 escuelas; creo que eso no es buena noticia.

    Rosales identifica un objetivo sociopedagógico, visionario y profético para ganarle la guerra a la pobreza, el cual es el núcleo de estos análisis. El pedagogo dice que se debe perfeccionar la educación por sí misma, lo que primero pasa por la adopción de la “Nueva Escuela de Formación Autodidáctica”.

    En el proyecto educativo que presenta se encuentran los objetivos pedagógicos: 1. Formar alumnos con actitudes, aptitudes, destrezas y habilidades autodidácticas a muy temprana edad. Los alumnos deben tener afición, amor y hasta pasión por el estudio y la investigación científica, a fin de que adquieran una voluntad con capacidad de decisión indoblegable para no ser desviados en su conducta por los bienes de la tecnología moderna. El pedagogo enfatiza que se debe evitar la creciente degradación moral de nuestra población. En la Nueva Escuela de Formación Autodidáctica se inducirá, infundirá, y fijará los conocimientos sobre la buena moral, las buenas costumbres, la urbanidad y la cívica.

    2. En el proyecto del maestro no debe perderse el objetivo de formar el ciudadano integralmente ideal para su desarrollo productivo y a la vez creativo; que sepa enfrentar con responsabilidad las exigencias y los requerimientos que la vida en paz y democracia le presenta para consigo mismo y su familia, la sociedad del país y universal.

    3. Abrir de par en par las todavía cerradas puertas de la escuela tradicional actual, liberar la educación, democratizarla de verdad para volverla fácilmente accesible para todos en cualquier edad, tiempo y lugar, por la adopción de la Nueva Escuela de Formación Autodidáctica, que forma autodidactos a temprana edad, y propicia y facilita la desecolarización, o más bien, la desformalización parcial del sistema educativo en todos sus niveles. (Educación sin asistencia a las aulas). Esto quiere decir que se entró a la era de las tecnologías educativas, a la virtualidad; sin embargo, ya se comprobó que no se han tenido los objetivos esperados, especialmente en las escuelas públicas.

    4. Se debe crear el ambiente propicio rescatador de deserciones, toda vez que el nuevo método autodidáctico dirigido forma autodidactos a temprana edad, lo que inicialmente se conseguirá después que el alumno haya estudiado como mínimo el tercer grado de primaria; pues, por su intrínseca bondad natural, esta metodología, además de haberle infundido y creado, aun cuando incipientemente, las actitudes, aptitudes, destrezas y habilidades autodidácticas, asimismo, simultáneamente le habrá creado la íntima convicción psicopedagógica de que deberá volver a estudiar autodidácticamente en cualquier momento de su vida futura, si tomamos en cuenta que con la nueva escuela de formación autodidáctica los estudios, por fin, serán libres y de verdad fácilmente accesibles para todos. Lástima que la utilización de los celulares inteligentes, tablets y laptops no diera el resultado esperado en la educación salvadoreña.

    Rosales hace una conclusión tajante en su libro, manifiesta que es el comienzo de una dura lucha entre lo verdaderamente innovador y lo conservador en educación, pues estamos totalmente conscientes que cambiar el tradicionalismo será una tarea sumamente costosa y dura, por no decir sumamente difícil. El cambio saludable y eficaz para el despegue hacia el desarrollo de los países del Tercer Mundo está planteado. Será el tiempo el que al final razón nos conceda. Ojalá no sea tardíamente.

    Hay mucho por analizar en el libro del maestro Rosales; sin embargo, lo importante que encontré y es una propuesta excelente, es que se propicia y facilita la continuada, constante, permanente y repetitiva práctica de la lectura oral y comprensiva, del razonamiento del análisis y la síntesis; del diálogo maestro-alumno y de diferentes y variadas formas de diálogo entre alumnos.

    “Los pueblos y los hombres mediocres desprecian la sabiduría, los sabios la buscan y la hacen suya como un tesoro para hacerse ricos, grandes y prósperos”. Miguel Ángel Rosales

    Fidel López Eguizábal, Docente Investigador Universidad Francisco Gavidia
    flopez@ufg.edu.sv