Categoría: Opinión

  • La masacre del rio Canimar

    Cuando Cuba estaba inmersa en el Éxodo del Mariel, 1980, con la consecuente separación familiar, las horribles golpizas y abusivos mítines de repudio- tiempos de los cuales muchos compatriotas deben sentirse avergonzados por la forma vil en que sirvieron a sus amos- sucedió uno de los crímenes más horrendo del totalitarismo castrista.

    «La masacre del rio Canimar», una desdicha con numerosas víctimas, la cantidad exacta de personas asesinadas se desconoce después de 45 años, fue un luctuoso suceso que la inmensa mayoría de los cubanos nunca conocieron. La prensa castrista, única existente en la Isla, jamás hizo público el crimen.

    Esta tragedia antecedió 14 años a otra violación que tampoco debemos olvidar, el hundimiento del «Remolcador 13 de marzo», ocurrido el 13 de julio de 1994, también con una secuela de decenas de muertos, por los cuales ningún victimario ha pagado un día de cárcel.

    Estos asesinatos de personas inocentes que solo trataban de abandonar el país son numerosos, y no dudamos que cuando el totalitarismo sucumba, accedamos a acontecimientos tan o más sangriento que el recordado hoy, como le ocurrió al pueblo rumano que vino conocer de la extrema maldad de los Ceaușescu después de la caída del régimen.

    El rio Canimar, el más caudaloso de la provincia, desemboca en la bahía de Matanzas.

    El 6 de julio de 1980, siguiendo una práctica iniciada en el mismo año 1959 y repetida a través de 66 años, incontables cubanos han intentado salir del país a riesgo de su propia vida o libertad, como se repitió con la tentativa de secuestro de la «lancha de Regla», 2003, que aun sin haber víctimas, tres jóvenes fueron fusilados y otros condenados a cadena perpetua, probablemente, ignorando que otros tres muchachos y muchos más, habían perdido la vida en parecidos intentos.

    Aquella mañana los hermanos Silvio y Sergio Águila Yanes, 18 y 19 años respectivamente y Roberto Calveiro León 16 años, abordaron el barco de turismo «XX Aniversario» con el objetivo de desviarlo y tomar rumbo hacia Estados Unidos, un anhelo entre los cubanos que ha crecido en la misma magnitud que el régimen los ha frustrado.

    Sergio, recluta del Servicio Militar Obligatorio, había sustraído varias armas de fuego para efectuar el secuestro, cuando lo consideraron oportuno decidieron tomar por la fuerza la embarcación gritando ¡Ah, Miami!, lo que fue acogido con alegría por la mayoría de los pasajeros que ignoraban, hasta ese momento, lo que pretendían los asaltantes.

    Según describe «Archivo Cuba», ONG orientada a investigar los crímenes del totalitarismo, el guardia de seguridad que se encontraba vestido de civil saco su arma resultando herido por Sergio. Los jóvenes, subieron al lesionado a un pequeño bote siendo conducido a la orilla del rio, conociéndose posteriormente que había fallecido.

    Cuando el barco tomo rumbo al mar abierto, el secretario general del Partido Comunista, Julián Rizo, cumpliendo órdenes de Fidel y Raúl Castro dictamino que la embarcación fuera hundida.

    Dos lanchas patrulleras dispararon en su contra, fuego que fue respondido por los secuestradores resultando en la muerte y herida de varios pasajeros. Después, un avión disparó contra la lancha a pesar de que los padres levantaron sus hijos para que no atacara, ocasionando más muertes.

    Fidel Castro mandó un barco dedicado a trabajos industriales pesados a embestir al «XX Aniversario», causando que se hundiera, en ese momento Sergio cometió suicidio, mientras los sobrevivientes eran devorados por los tiburones, aunque algunos fueron salvados de morir ahogados por Silvio y Roberto.

    La dictadura comunicó que el barco se hundió accidentalmente cuando las olas hicieron al «XX Aniversario» chocar con una embarcación más grande y aunque afirman que recuperaron algunos cuerpos, no fueron devueltos a las familias para que celebraran funerales y entierros. La única víctima con un velorio fue el guardia.

    A los sobrevivientes se les ordenó guardar silencio y nunca reunirse en grupos, se les amenazó con ser enjuiciados como cómplices y prohibieron reuniones con más de dos de ellos presentes. Durante años, los agentes del gobierno monitorearon sus actividades. Los familiares de las víctimas por su silencio recibieron televisores y electrodomésticos reservados para altos funcionarios del gobierno.

    Las victimas que se contaron por decenas, salvo unas pocas, nunca han sido identificadas. En esta masacre sin sentido murieron muchos niños, la más pequeña de que se tenga noticias, fue Lilian González, de 3 años.

    • Pedro Corzo, periodista cubano

  • El Castillo de la Soledad

    Hacía diez años que no lo veía. Lo encontré frágil y notablemente avejentado, pero su rostro se iluminó de alegría al reconocerme.

    —Desde hace más de un año vivo solo en mi castillo —me confesó—.

    Mi reina se mudó a otro plano. Un cáncer de páncreas se la llevó, dejándome solo. Al decírmelo, sus ojos se inundaron y su mirada se apagó. Contemplando el vacío, su rostro se ocultó por un instante, y resurgió marcado por la tristeza. Era evidente: la soledad pesaba sobre aquel médico retirado y olvidado, que ahora habitaba únicamente en compañía de sus recuerdos.

    La soledad se ha convertido en un problema de salud pública a nivel mundial, reconocida incluso por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que en noviembre de 2023 creó una comisión internacional para abordarla. La soledad es un estado subjetivo de distrés, asociado con la angustia y ansiedad que generan síntomas físicos y psicológicos como dolor de cabeza, tensión, insomnio, entre otros, los cuales experimentan las personas adultas mayores cuando hay una discrepancia entre las relaciones sociales que establecen, con la percepción de su entorno.

    En la actualidad, promover la inclusión e integración resulta apremiante, dado que, cada vez más personas mayores se encuentran en situación de aislamiento social y con sentimientos de soledad. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (2021), la prevalencia del sentimiento de soledad en personas mayores de América Latina es del 25% al 32%, y se estima que una de cuatro personas vive en situación de aislamiento social. La soledad y el aislamiento social aumentan el riesgo de muerte prematura en un 25%, el riesgo de enfermedad cardiovascular en un 30% y el de demencia en un 50%. Se asocia también con deterioro en la salud mental y física, y un mayor riesgo de mortalidad en pacientes con enfermedades crónicas como el cáncer.

    El Salvador atraviesa un proceso acelerado de envejecimiento poblacional. Según el Censo de 2024, el índice de envejecimiento alcanzó 49.0, es decir, hay 49 personas de 65 años o más por cada 100 niños y jóvenes de 0 a 14 años, mientras que en 2007 era de 19.3, reflejando un aumento significativo en la proporción de adultos mayores respecto a la población joven. El envejecimiento es más avanzado en los tres departamentos más poblados del país: San Salvador (63.3), La Libertad (67.6) y Santa Ana (57.7). Para 2025, se estima que hay 800,000 personas de 60 años o más, lo que representará el 12.3% de la población total. De acuerdo con la CEPAL, en 2037 la proporción de personas de 60 años y más igualará a la de menores de 15 años, marcando un cambio demográfico histórico. El Salvador es ya el país más envejecido de Centroamérica, con una tasa de fecundidad que ha caído a 1.7 hijos por mujer y una edad media proyectada de 50.5 años para el año 2100. Sin embargo, en El Salvador, la prevalencia de la soledad entre la población adulta mayor no cuenta con una cifra oficial única y reciente publicada a nivel nacional. El adulto mayor y sus características epidemiológicas de salud y enfermedad no parecieran ser en una prioridad para el presente liderazgo de salud.

    ¿Qué medidas está tomando el MINSAL para afrontar este problema creciente y urgente?
    A finales del gobierno del FMNL, en año 2018, se publicó un documento titulado: Modelo de atención Integral en Salud para la Persona Adulta Mayor. Un modelo específico que busca garantizar el derecho a la salud de las personas mayores, promoviendo un envejecimiento activo y saludable. Este modelo incluye la ampliación de la accesibilidad a los servicios de salud, acercando la atención a las comunidades, fortaleciendo la red de servicios, la capacitación del personal en geriatría, y la promoción de la participación y contraloría social de las personas mayores.

    El Plan Estratégico Institucional 2021-2025 del MINSAL contempla metas alineadas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, incluyendo la reducción de la mortalidad por enfermedades no transmisibles prevalentes en adultos mayores y el fortalecimiento de la infraestructura sanitaria y de recursos humanos para atender la transición demográfica.

    En nuestro país, existen una serie de leyes y planes pintorescos y con una abrumadora cantidad de palabras y oraciones bonitas y esperanzadoras que pretenden llenar a la ciudadanía de tranquilidad. Hacemos, pero no hacemos, o lo que hacemos no lo hace nadie. Las leyes y planes de gobierno se cubren con un velo.

    El velo ofrece la ventaja de que se ve y no se ve, o se ve mal si uno quiere, basta con hacerle un pliegue para duplicar su espesor cuando conviene, dos para cuadriplicarlo y no ver nada. La realidad: la cobertura del sistema de pensiones, la tasa de cobertura de la población en edad legal de jubilación (60 años y más para hombres, 55 años y más para mujeres) era de solo el 19% en 2018. El adulto mayor en nuestro país en su gran mayoría es una persona ignorada, pobre, mujer, viviendo en un castillo de soledad.

  • Análisis Criminológico del Régimen de Excepción y el Plan Control Territorial

    Desde esta columna hemos desarrollado el análisis y presentación de evidencia de la estrategia de la administración del presidente Nayib Bukele y su gabinete de seguridad observa sobre el denominado Plan Control Territorial y desde el 27 de marzo 2022 del Régimen de excepción. Así como de las transformaciones sociales con rigor y objetividad, el actual panorama de seguridad en El Salvador, y la cifra impactante de más de 87,100 registros de pandilleros capturados y colaboradores, nos exige un análisis profundo.

    Es innegable que esta estrategia ha logrado una reducción histórica de la violencia homicida y ha devuelto una sensación de tranquilidad a muchas comunidades que vivieron bajo el yugo de las pandillas. Sin embargo, como criminólogo, nuestra labor es ir más allá de la superficie y ponderar las implicaciones a largo plazo de esta política.

    La criminología siempre ha debatido el equilibrio entre el control social formal (la aplicación de la ley, la policía, las cárceles) y el control social informal (la cohesión comunitaria, los valores, la familia). El Régimen de Excepción representa una aplicación extrema y masiva del control formal. Al suspender algunas garantías constitucionales y permitir detenciones masivas, el Estado ha enviado un mensaje inequívoco de «tolerancia cero» a las pandillas, logrando desarticular redes criminales que antes parecían intocables. La cifra de más de 87,100 registros de capturas es una magnitud sin precedentes que refleja la escala de la operación.

    Desde la Teoría de la Disuasión, la masividad de las capturas y la severidad de las penas pueden haber generado un efecto inhibitorio sobre la actividad pandilleril. La percepción de un alto riesgo de ser detenido y la certeza del castigo actúan como poderosos desincentivos para la comisión de delitos. Barrios y comunidades enteras, antes controlados por pandillas, han experimentado una liberación tangible, permitiendo a la población recuperar espacios y actividades cotidianas que les habían sido arrebatados. Este es un triunfo para la victimología, al reducir drásticamente la victimización directa e indirecta de miles de salvadoreños. Esta es la mayoría de la población.

    El régimen de excepción se ha prolongado por cuarenta ocasiones, y esta última prorroga estará vigente hasta el 3 de agosto del 2025 con la limitación de tres garantías constitucionales, en medio de la captura de 48 personas relacionadas y vinculadas con una estructura criminal juvenil estudiantil donde hay mayores de edad y algunos adolescentes. Quiere decir que ni el penal del Cecot, ni las condiciones de encarcelamiento, ni el incremento de los plazos de la detención provisional fue disuasivo por que pensaron que no los capturarían y que el gabinete de seguridad no los podría identificar, capturas y presentar ante la justicia, error, el control social formal si funciona ahora. Esta es una minoría que piensa continuar con estilo de vida criminal.

    El promedio de violencia homicida para los primeros seis meses del año se registra con 0.2 homicidios diarios, y con la baja en delitos contra la vida y el patrimonio. Se ha desmontado una estructura de una pandilla juvenil estudiantil y espero que este caso haga que muchos padres de familia asuman su papel y responsabilidad con sus adolescentes y jóvenes, antes que sea tarde y estén frente a un tribunal.

    En conclusión, la reducción de la violencia y las capturas masivas bajo el Régimen de Excepción en El Salvador son hechos innegables que han brindado un alivio significativo a la población y le ha dado el tiempo a la FGR y PNC de presentar los requerimientos ante los tribunales especializados. Desde una perspectiva criminológica, necesitamos avanzar y apoyar como sociedad los diferentes programas de educación del MINEDUCYT, el programa MI NUEVA ESCUELA, Política Nacional Crecer Juntos, Programa de becas del programa presidencial de la dirección de integración, los CUBOS y la reconstrucción del tejido social de la Fase II del Plan Control Territorial entre otros.

    El desafío actual es transformar la efectividad de la tolerancia, en la reconstrucción de nuestra sociedad y en la prevención integral de la violencia, una cultura de paz y sana convivencia, resolución alterna de conflictos y la mediación. Solo así este capítulo de nuestra historia será verdaderamente un ejemplo de éxito duradero. Es posible con la bendición de Dios, programas del Estado y la participación ciudadana

    *Por Ricardo Sosa, Doctor y máster en Criminologia
    @jricardososa

  • ¿Por dónde comenzar para hacer viable la reindustrialización y la recuperación de la agricultura?

    Con la certeza de que la migración ya no podrá seguir supliendo, con la misma eficacia de décadas anteriores, la escasa capacidad del país para generar empleos dignos, El Salvador se enfrenta a la necesidad impostergable de construir una visión de futuro que coloque en el centro la universalización del trabajo decente. Esto no se logrará con ajustes marginales ni con medidas fragmentadas. Se necesita un nuevo modelo económico, con un enfoque de largo plazo, capaz de responder a los desafíos actuales y futuros del país.

    Al ser una economía pequeña y abierta, El Salvador no puede aspirar a generar empleos masivos si no es a través de sectores transables, es decir, aquellos que participan activamente en el comercio internacional, ya sea mediante exportaciones o mediante la provisión de bienes y servicios a consumidores extranjeros. En este grupo destacan la agricultura, la industria, el turismo y una variedad creciente de servicios modernos. Apostar por la reindustrialización y la recuperación de la agricultura no es un acto de nostalgia, sino una necesidad urgente si se quiere reactivar el aparato productivo, ampliar el mercado laboral y reducir las desigualdades territoriales.

    Cuando esa transición aún no ha comenzado, el primer paso es generar las condiciones para que sea posible: establecer liderazgos claros, forjar alianzas políticas sostenibles y crear instituciones sólidas que puedan conducir el proceso de transformación. Esa fue, precisamente, la lección que dejó el país a finales de la década de 1940, cuando se conformó una alianza entre militares, tecnócratas y empresarios convencidos de que solo un proyecto común de modernización económica y social podía sacar a El Salvador del estancamiento. De esa visión compartida surgió el Modelo de Industrialización por Sustitución de Importaciones (MISI), que marcó tres décadas de crecimiento económico sostenido.

    Aquel impulso no fue improvisado. Por el lado del liderazgo político, destacaron figuras como los expresidentes Óscar Osorio y José María Lemus. Dentro del grupo de académicos y tecnócratas los más destacados fueron Reynaldo Galindo Pohl, presidente de la Asamblea Constituyente que redactó la Constitución de 1950 y luego Ministro de Cultura (educación); el doctor Jorge Sol Castellanos, quien fue el principal responsable de diseñar e impulsar inicialmente las estrategias y políticas en favor de la industrialización, así como de liderar el proceso de integración económica centroamericana; el doctor Alfonso Rochac, fundador de la Administración de Bienestar Campesino y del Banco de Fomento Agropecuario; el doctor Pedro Abelardo Delgado, primer secretario general de la Secretaría de Integración Económica Centroamericana (SIECA); el doctor Francisco Roberto Lima, coordinador de la comisión que elaboró el «Proyecto de Ley del Seguro Social»; y el doctor Mario Héctor Salazar, principal promotor de la legislación orientada a proteger los derechos de los trabajadores. Finalmente, entre los empresarios destacaron Roberto Edmundo Canessa, principal impulsador de la creación de la Federación Cafetalera Centroamérica-México (FEDECAME) y de la Organización de Estados Centroamericanos (ODECA); y Víctor de Sola, principal impulsador de la expansión de la red eléctrica del país.

    El MISI también fue posible porque se crearon instituciones específicas para liderar y acompañar el proceso. El Ministerio de Economía, fundado en 1950, asumió la responsabilidad de formular políticas de fomento, diversificación productiva e industrialización. Ese mismo año se creó la Dirección General de Comercio, Industria y Minería, encargada de impulsar el desarrollo de estos sectores. En 1958 se formalizó la Asociación Salvadoreña de Industriales (ASI), estableciéndose como prioridades dentro de su funciones: gestionar políticas de fomento y protección a la industria; defender los intereses del sector y gestionar ante las entidades correspondientes la promulgación, expedición, modificación o derogación de leyes, reglamentos y demás disposiciones legales o actos administrativos de acuerdo a los intereses del sector industrial. Luego, en 1961 se creó el Consejo de Planificación y Coordinación Económica (COPLAN), que más tarde se transformó en CONAPLAN, organismo clave para articular las políticas públicas de desarrollo económico y social bajo una lógica de planificación.

    El Plan de Desarrollo Industrial 2025–2029, presentado por la ASI el pasado 12 de junio, puede ser un punto de partida valioso para abrir un nuevo ciclo. No solo por sus propuestas, sino porque ofrece una oportunidad para reconstruir liderazgos comprometidos, forjar alianzas entre sectores clave y relanzar el rol del Estado como articulador de un proyecto nacional de transformación productiva. Para que esta iniciativa trascienda el papel, será necesario construir institucionalidad capaz, movilizar recursos financieros de forma sostenida y generar confianza entre los distintos actores sociales.

    La historia demuestra que cuando hay visión compartida, voluntad política e instituciones fuertes, el país puede avanzar con pasos firmes. La reindustrialización y la recuperación del agro no ocurrirán por inercia. Tampoco se logrará con soluciones aisladas o impulsos de corto plazo. Exige un pacto nacional de transformación que coloque en el centro el trabajo decente, el conocimiento, la innovación y la cohesión social. Hoy, como en 1950, el desafío no es soñar en abstracto, sino construir con claridad, responsabilidad y decisión los cimientos de un nuevo modelo de desarrollo inclusivo y sostenible. El momento de comenzar es ahora.

    • William Pleités es director de FLACSO El Salvador

  • Literatura y Medicina (IV)

    Cuatro textos deben reseñarse del médico-escritor Melitón Barba antes de 1972: ‘El Juramento Hipocrático y la responsabilidad social del médico (agosto1963), ‘Bosquejo socioeconómico de El Salvador y control de la natalidad’ (1967); ‘El control de la natalidad en América Latina’ (1970) y el libro ‘Apuntes de ortopedia y traumatología’, (Editorial Universitaria, 1971), que es el resultado de sus estudios de especialización en Bolonia a finales de la década de 1950 y de su práctica médica en ortopedia y traumatología en la década de 1960.

    Aunque la ficción literaria no aparecía aún descollante, con la vida vivida que tenía es posible explicarse muchos de los temas plasmados en sus cuentos que emergerán desde 1980 en adelante.

    Es en 1975 cuando Melitón Barba da un giro significativo a su visión médica al ir a estudiar acupuntura a Italia. Y a partir de ahí se abrió a la homeopatía, retomó la hipnosis que había practicado en la década de 1960 en el Hospital Rosales, se acercó a la terapia neural y a la mesoterapia y al naturismo. O sea, amplió su perspectiva terapéutica, y en ningún momento abandonó su formación de ortopeda y traumatólogo. Su heterodoxia médica, de algún modo, estaba en consonancia con su heterodoxia política.

    Cuando el país está ya a las puertas de la generalización de la guerra, en 1979, Melitón Barba ya ha elaborado un puñado de cuentos que presentó de manera privada a un grupo de personas. Esos cuentos, quizás en un 40% pasaron a su primer libro Todo tiro a jon.

    El camino a la literatura lo hizo con cierta morosidad, pero la situación política de El Salvador lo forzó a irse de nuevo al exilio, en 1980, y esta vez por 8 años, a Nicaragua. Y es aquí donde se produce el ‘estallido literario’ del médico-escritor Melitón Barba.

    A sus contemporáneos escritores (aunque él, por haber nacido en 1925, era mayor que los ‘famosos’ del Parnaso salvadoreño) les costó un poco asimilar que un ‘recién llegado’ haya subido tan rápido al podio. Y la verdad es que el cuentista ya estaba ahí desde la década de 1960, pero sin pulir, sin decantarse.

    Los cuentos que publicó entre 1984 y 2000 son un poco más de 100, repartidos en 8 libros, cuyas fechas explican por qué este autor se hizo un lugar en la literatura salvadoreña y en la centroamericana: ‘Todo tiro a jon’ (Managua, 1984), ‘Cuenta la leyenda que’ (Managua, 1985), ‘Olor a muerto’ (San Salvador, 1986), ‘Puta vieja’ (San Salvador,1987), ‘Cartas marcadas’ (San Salvador, 1989), ‘Hermosa cosa maravillosa’ (San Salvador, 1991), ‘La sombra del ahorcado’ (San Salvador, 1994), ‘En un pequeño motel’ (San Salvador, 2000).

    De acuerdo a esto, Melitón Barba desplegó su cuentística durante la generalización de la guerra, y aunque los dos primeros libros iniciales se publicaron en Managua, desde ‘Olor a muerto’ todos sus libros circularon con cierta facilidad en El Salvador. Y a esto debe agregarse que regresó a establecerse en el país en 1988, lo que significa que seis de sus libros los elaboró en medio del contexto de guerra y dos en el marco de la posguerra.

    Las nuevas generaciones de aquellos años supieron detectar esta extraña circunstancia del ‘novísimo’ cuentista y lo leyeron con cuidado y al parecer les ha aprovechado.

    Los temas de Melitón Barba son diversos, algunos de raigambre local, pero otros son de carácter universal. Su técnica es cuidada y de libro en libro iba depurando su estilo. Sus lecturas de García Márquez, de Borges, de Vargas Llosa, de Cortázar, de Rulfo, de Mutis, de Ribeyro… fueron esmeradas y afinaron su prosa.

    En el libro ‘Cartas marcadas’ hay un cuento, ‘El troughtroughtrough de Valentina Mamedov’, en donde los vasos comunicantes entre la literatura y la medicina son bastante visibles.

    Su ascendencia española (era hijo de Francisco H. Barba, oriundo de Tejares, Salamanca), apenas aparece en sus cuentos. Solo el tema de la guerra civil española se muestra de un modo alegórico en el cuento ‘Azules y rojos’.

    Melitón Barba murió el 29 de junio de 2001, hace 24 años, a punto de cumplir 77 años (su partida de nacimiento dice que es del 25 de agosto de 1925, pero él lo celebraba el 26 de octubre), y este 2025 se cumplen 100 años de su nacimiento.

    Por suerte, su legado― literario, médico y ciudadano― está vivo. Las siempre revulsivas nuevas generaciones de hombres y de mujeres de este país tienen dónde abrevar, como lo hacen con Alberto Masferrer, con Salarrué, con Claudia Lars, con Ítalo López Vallecillos, con Roque Dalton, con Álvaro Menéndez Leal…

    • Jaime Barba, REGIÓN Centro de Investigaciones

  • ¿Por dónde comenzar para hacer viable la reindustrialización y la recuperación de la agricultura?

    Con la certeza de que la migración ya no podrá seguir supliendo, con la misma eficacia de décadas anteriores, la escasa capacidad del país para generar empleos dignos, El Salvador se enfrenta a la necesidad impostergable de construir una visión de futuro que coloque en el centro la universalización del trabajo decente. Esto no se logrará con ajustes marginales ni con medidas fragmentadas. Se necesita un nuevo modelo económico, con un enfoque de largo plazo, capaz de responder a los desafíos actuales y futuros del país.

    Al ser una economía pequeña y abierta, El Salvador no puede aspirar a generar empleos masivos si no es a través de sectores transables, es decir, aquellos que participan activamente en el comercio internacional, ya sea mediante exportaciones o mediante la provisión de bienes y servicios a consumidores extranjeros. En este grupo destacan la agricultura, la industria, el turismo y una variedad creciente de servicios modernos. Apostar por la reindustrialización y la recuperación de la agricultura no es un acto de nostalgia, sino una necesidad urgente si se quiere reactivar el aparato productivo, ampliar el mercado laboral y reducir las desigualdades territoriales.

    Cuando esa transición aún no ha comenzado, el primer paso es generar las condiciones para que sea posible: establecer liderazgos claros, forjar alianzas políticas sostenibles y crear instituciones sólidas que puedan conducir el proceso de transformación. Esa fue, precisamente, la lección que dejó el país a finales de la década de 1940, cuando se conformó una alianza entre militares, tecnócratas y empresarios convencidos de que solo un proyecto común de modernización económica y social podía sacar a El Salvador del estancamiento. De esa visión compartida surgió el Modelo de Industrialización por Sustitución de Importaciones (MISI), que marcó tres décadas de crecimiento económico sostenido.

    Aquel impulso no fue improvisado. Por el lado del liderazgo político, destacaron figuras como los expresidentes Óscar Osorio y José María Lemus. Dentro del grupo de académicos y tecnócratas los más destacados fueron Reynaldo Galindo Pohl, presidente de la Asamblea Constituyente que redactó la Constitución de 1950 y luego Ministro de Cultura (educación); el doctor Jorge Sol Castellanos, quien fue el principal responsable de diseñar e impulsar inicialmente las estrategias y políticas en favor de la industrialización, así como de liderar el proceso de integración económica centroamericana; el doctor Alfonso Rochac, fundador de la Administración de Bienestar Campesino y del Banco de Fomento Agropecuario; el doctor Pedro Abelardo Delgado, primer secretario general de la Secretaría de Integración Económica Centroamericana (SIECA); el doctor Francisco Roberto Lima, coordinador de la comisión que elaboró el «Proyecto de Ley del Seguro Social»; y el doctor Mario Héctor Salazar, principal promotor de la legislación orientada a proteger los derechos de los trabajadores. Finalmente, entre los empresarios destacaron Roberto Edmundo Canessa, principal impulsador de la creación de la Federación Cafetalera Centroamérica-México (FEDECAME) y de la Organización de Estados Centroamericanos (ODECA); y Víctor de Sola, principal impulsador de la expansión de la red eléctrica del país.

    El MISI también fue posible porque se crearon instituciones específicas para liderar y acompañar el proceso. El Ministerio de Economía, fundado en 1950, asumió la responsabilidad de formular políticas de fomento, diversificación productiva e industrialización. Ese mismo año se creó la Dirección General de Comercio, Industria y Minería, encargada de impulsar el desarrollo de estos sectores. En 1958 se formalizó la Asociación Salvadoreña de Industriales (ASI), estableciéndose como prioridades dentro de su funciones: gestionar políticas de fomento y protección a la industria; defender los intereses del sector y gestionar ante las entidades correspondientes la promulgación, expedición, modificación o derogación de leyes, reglamentos y demás disposiciones legales o actos administrativos de acuerdo a los intereses del sector industrial. Luego, en 1961 se creó el Consejo de Planificación y Coordinación Económica (COPLAN), que más tarde se transformó en CONAPLAN, organismo clave para articular las políticas públicas de desarrollo económico y social bajo una lógica de planificación.

    El Plan de Desarrollo Industrial 2025–2029, presentado por la ASI el pasado 12 de junio, puede ser un punto de partida valioso para abrir un nuevo ciclo. No solo por sus propuestas, sino porque ofrece una oportunidad para reconstruir liderazgos comprometidos, forjar alianzas entre sectores clave y relanzar el rol del Estado como articulador de un proyecto nacional de transformación productiva. Para que esta iniciativa trascienda el papel, será necesario construir institucionalidad capaz, movilizar recursos financieros de forma sostenida y generar confianza entre los distintos actores sociales.

    La historia demuestra que cuando hay visión compartida, voluntad política e instituciones fuertes, el país puede avanzar con pasos firmes. La reindustrialización y la recuperación del agro no ocurrirán por inercia. Tampoco se logrará con soluciones aisladas o impulsos de corto plazo. Exige un pacto nacional de transformación que coloque en el centro el trabajo decente, el conocimiento, la innovación y la cohesión social. Hoy, como en 1950, el desafío no es soñar en abstracto, sino construir con claridad, responsabilidad y decisión los cimientos de un nuevo modelo de desarrollo inclusivo y sostenible. El momento de comenzar es ahora.

    • William Pleités es director de FLACSO El Salvador

  • Literatura y Medicina (IV)

    Cuatro textos deben reseñarse del médico-escritor Melitón Barba antes de 1972: ‘El Juramento Hipocrático y la responsabilidad social del médico (agosto1963), ‘Bosquejo socioeconómico de El Salvador y control de la natalidad’ (1967); ‘El control de la natalidad en América Latina’ (1970) y el libro ‘Apuntes de ortopedia y traumatología’, (Editorial Universitaria, 1971), que es el resultado de sus estudios de especialización en Bolonia a finales de la década de 1950 y de su práctica médica en ortopedia y traumatología en la década de 1960.

    Aunque la ficción literaria no aparecía aún descollante, con la vida vivida que tenía es posible explicarse muchos de los temas plasmados en sus cuentos que emergerán desde 1980 en adelante.

    Es en 1975 cuando Melitón Barba da un giro significativo a su visión médica al ir a estudiar acupuntura a Italia. Y a partir de ahí se abrió a la homeopatía, retomó la hipnosis que había practicado en la década de 1960 en el Hospital Rosales, se acercó a la terapia neural y a la mesoterapia y al naturismo. O sea, amplió su perspectiva terapéutica, y en ningún momento abandonó su formación de ortopeda y traumatólogo. Su heterodoxia médica, de algún modo, estaba en consonancia con su heterodoxia política.

    Cuando el país está ya a las puertas de la generalización de la guerra, en 1979, Melitón Barba ya ha elaborado un puñado de cuentos que presentó de manera privada a un grupo de personas. Esos cuentos, quizás en un 40% pasaron a su primer libro Todo tiro a jon.

    El camino a la literatura lo hizo con cierta morosidad, pero la situación política de El Salvador lo forzó a irse de nuevo al exilio, en 1980, y esta vez por 8 años, a Nicaragua. Y es aquí donde se produce el ‘estallido literario’ del médico-escritor Melitón Barba.

    A sus contemporáneos escritores (aunque él, por haber nacido en 1925, era mayor que los ‘famosos’ del Parnaso salvadoreño) les costó un poco asimilar que un ‘recién llegado’ haya subido tan rápido al podio. Y la verdad es que el cuentista ya estaba ahí desde la década de 1960, pero sin pulir, sin decantarse.

    Los cuentos que publicó entre 1984 y 2000 son un poco más de 100, repartidos en 8 libros, cuyas fechas explican por qué este autor se hizo un lugar en la literatura salvadoreña y en la centroamericana: ‘Todo tiro a jon’ (Managua, 1984), ‘Cuenta la leyenda que’ (Managua, 1985), ‘Olor a muerto’ (San Salvador, 1986), ‘Puta vieja’ (San Salvador,1987), ‘Cartas marcadas’ (San Salvador, 1989), ‘Hermosa cosa maravillosa’ (San Salvador, 1991), ‘La sombra del ahorcado’ (San Salvador, 1994), ‘En un pequeño motel’ (San Salvador, 2000).

    De acuerdo a esto, Melitón Barba desplegó su cuentística durante la generalización de la guerra, y aunque los dos primeros libros iniciales se publicaron en Managua, desde ‘Olor a muerto’ todos sus libros circularon con cierta facilidad en El Salvador. Y a esto debe agregarse que regresó a establecerse en el país en 1988, lo que significa que seis de sus libros los elaboró en medio del contexto de guerra y dos en el marco de la posguerra.

    Las nuevas generaciones de aquellos años supieron detectar esta extraña circunstancia del ‘novísimo’ cuentista y lo leyeron con cuidado y al parecer les ha aprovechado.

    Los temas de Melitón Barba son diversos, algunos de raigambre local, pero otros son de carácter universal. Su técnica es cuidada y de libro en libro iba depurando su estilo. Sus lecturas de García Márquez, de Borges, de Vargas Llosa, de Cortázar, de Rulfo, de Mutis, de Ribeyro… fueron esmeradas y afinaron su prosa.

    En el libro ‘Cartas marcadas’ hay un cuento, ‘El troughtroughtrough de Valentina Mamedov’, en donde los vasos comunicantes entre la literatura y la medicina son bastante visibles.

    Su ascendencia española (era hijo de Francisco H. Barba, oriundo de Tejares, Salamanca), apenas aparece en sus cuentos. Solo el tema de la guerra civil española se muestra de un modo alegórico en el cuento ‘Azules y rojos’.

    Melitón Barba murió el 29 de junio de 2001, hace 24 años, a punto de cumplir 77 años (su partida de nacimiento dice que es del 25 de agosto de 1925, pero él lo celebraba el 26 de octubre), y este 2025 se cumplen 100 años de su nacimiento.

    Por suerte, su legado― literario, médico y ciudadano― está vivo. Las siempre revulsivas nuevas generaciones de hombres y de mujeres de este país tienen dónde abrevar, como lo hacen con Alberto Masferrer, con Salarrué, con Claudia Lars, con Ítalo López Vallecillos, con Roque Dalton, con Álvaro Menéndez Leal…

    • Jaime Barba, REGIÓN Centro de Investigaciones

  • Se sugiere una paciente diplomacia

    Nuestro mundo está cada día más afligido por problemas que nos afectan a todos, lo que requiere de acciones concertadas e inclusivas, que nos hagan más clementes y solidarios. Realmente, a nadie se le puede negar la voz y mucho menos su implicación, a la hora de afrontar esos desafíos internacionales. Sin duda, nuestra primera tarea pasa por escuchar y considerarlo. Por otra parte, nadie tiene la verdad absoluta para conjugar una vida que nos pertenece colectivamente, lo que debe hacernos cuando menos reflexionar y entrar en acción, sin obviar el paciente trabajo de la diplomacia, que consiste en entenderse y atenderse mutuamente. La humanidad es un corazón palpitante, que demanda de cada uno de nosotros, comprensión y clemencia.

    Ciertamente, entre el aluvión de dificultades, enfrentamientos y reivindicaciones contrapuestas, tenemos que buscar y rebuscar el modo y la manera de hallar el raciocinio, favoreciendo el diálogo para que germine el espíritu reconciliador. Hoy más que nunca se necesitan gentes de paz y orden, personas de palabra auténtica, pulsos verdaderos y fuertes en favor de la unión y la unidad, donde la justicia social, la dignidad humana y la compasión, han de ser abecedarios a utilizar. Contamos, para llevar a buen término el ejercicio, con una rica diversidad de orígenes y creencias que se han globalizado, ahora únicamente nos falta que todos los moradores compartan el objetivo común de lo armónico.

    También nuestra propia historia como familia pensante, nos ha demostrado que se pueden hacer muchos avances en la resolución de situaciones aparentemente inexplicables a través de prudentes, resignados y constantes esfuerzos diplomáticos, imbuidos en el respeto mutuo, en la buena voluntad y en la sana convicción ética. Reunirse y unirse para cambiar los vientos turbulentos y desafiantes es lo justo y preciso, si queremos realmente un espacio mejor para todos, haciendo familia y generando confianza entre los pueblos. Sea como fuere, sabemos ya que repoblarse de odios y venganzas, es volver a vías que nos destruyen. Sinceramente, las personas no nacen con rencor; la intransigencia se aprende y, por tanto, hay que aprender a reprenderse a uno mismo, en vez de desanimarnos.

    La belleza es un estado de ánimo que nos embellece si lo trabajamos a pleno corazón. Cabalgar por esta tierra no es fácil, pero hermanados somos mejores, para mantener el equilibrio natural del planeta, en vista a las generaciones venideras. No olvidemos que el cambio climático está ahí, es una crisis de salud, que nos llama universalmente a buscar soluciones nuevas e innovadoras. Por si mismo no podemos hacer nuevas todas las cosas, demandamos de la presencia vinculante de amistad, cooperación y plática al servicio de lo viviente. Cada cual debe aportar su esperanza como semilla, su anhelo como soñador, aceptando con ánimo semejante tanto la derrota como las palmas. Saber rectificar es de sabios, y el verdadero arte de la diplomacia, radica en no continuar con lo hostil.

    En efecto, para la astucia una cuestión aplazada ya está resuelta. En ocasiones, parece que las injusticias mundanas o las mismas crisis inhumanas, corren más veloz que la capacidad de afrontar juntos estos retos. Seguramente precisamos otros ritmos más valientes, ante el empobrecimiento del verdadero capital humano, el de la educación, la sanidad y el estado de bienestar sistémico. Resulta preocupante, que sólo pensemos en rearmarnos, en lugar de pensar en donarnos para trabajar juntos: el medio ambiente, el futuro y la fraternidad. ¡Qué hermoso sería redescubrirnos para trabajar por el bien común, dejando a un lado contrastes y diferencia de puntos de vista!. Al fin y al cabo, uno es para los demás, el amor que todos buscamos.

    • Víctor Corcoba Herero es escritor español

  • El Día del abogado salvadoreño

    Según el Diccionario de la lengua española, el abogado o letrado es un Jurista asignado por el juez a alguien para su representación y defensa, generalmente por carecer de recursos económicos para costearlas. En latín, «advocatus» se traduce como «abogado» o «defensor».

    En la historia de la abogacía, Pericles fue el primer abogado, era ágil para persuadir y argumentar en juicios. De acá se retoma la importancia de que un abogado tiene que saber manejar la oratoria y el lenguaje no verbal. Eso lo aprenden en las universidades. Ya, en la práctica jurídica, cada profesional se desempeña, aplica e interpreta las leyes.

    El primer abogado de El Salvador es el jurisconsulto Isidro Menéndez; por su destacada historia, el Centro Judicial de San Salvador lleva su nombre. Además es importante mencionar a la primera abogada, María García Herrera de Jovel. Lógicamente, los primeros abogados graduados fueron de la Universidad de El Salvador.

    Eduardo Couture manifestó: «Cuando la justicia riñe con el derecho, haz prevalecer la justicia», una frase que se refiere a que los abogados deben de ser justos, honorables y éticos. Un abogado es como un auxilio para los ciudadanos.

    El Día del Abogado se celebra en El Salvador desde 1984, fecha en la que los que estudiaron y ejercen la carrera, deben dignificarla. Abogados hay de todo tipo y existen diferentes especialidades: Derecho Penal, Derecho Civil, Derecho Mercantil, Derecho Administrativo, Derecho Laboral, Derecho Fiscal, Derecho Internacional, Derecho Ambiental y Derechos Humanos.

    Todo ciudadano necesita de un abogado; cuando tiene conflictos legales, para que lo represente y haga prevalecer la justicia y pueda representado en debido proceso con asistencia en lo legal. Sus conocimientos y el sello como Abogado de la República servirán para hacer prevalecer la justicia en este país donde estamos sujetos a un Estado de derecho.

    Para poder obtener una herencia, casarse, divorciarse, etc. Y un sinnúmero de actos legales donde los ciudadanos deben de ser representados por dicho profesional.

    Tuve la oportunidad de estudiar un año la Licenciatura de Ciencias Jurídicas, al ver el trabajo que desempeña mi esposa, me enamoré de la carrera. He ido aprendiendo con el profesionalismo de la Licenciada Carolina Villatoro de López.

    Loable labor que realizan con mucho conocimiento, los cuales adquirieron después de estudiar la carrera de derecho en una universidad, y, por si fuera poco, de leer una variada bibliografía de libros; además de leer mucha jurisprudencia. De ahí que por ello se les denomine letrados.

    La justicia, en una mano lleva la espada y en la otra mano la balanza, pero, por si fuera poco, tiene vendados sus ojos, lo que quiere decir: imponer la justicia con igualdad y sin mirar a quién.

    El abogado que es honrado logrará ser reconocido por su profesionalismo y ética. Existen todo tipo de abogados: íntegro, honesto, ético, etc. Solamente es de tener un sumo cuidado para seleccionar al mejor.

    La preparación de los abogados no viene por haber estudiado en la mejor universidad, se conoce que existen abogados eminentes, graduados de universidades, que, a la fecha, han desaparecido, pero sus conocimientos individuales dependen del interés y la pasión de su carrera. Por otra parte, de la experiencia adquirida en el desarrollo de su carrera.

    Recalcar la importancia que tiene el juramento solemne de un profesional del derecho cuando lo autorizan como abogado de la República de El Salvador. Con ese juramento aplicarán cada artículo de la ley con exactitud, defendiendo o acosando en un juicio,

    Felicidades a los abogados salvadoreños; que sean el faro para aquellas personas que por diferentes motivos requieren de sus importantes oficios.

    Fidel López Eguizábal, Docente
    fidel.flopez@gmail.com

  • Deflación e inflación nacionales

    Cuando alguien no tiene ni los estudios suficientes ni conocimientos sólidos o al menos la debida información básica en relación con determinado asunto, si desea o debe emitir un juicio al respecto lo más conveniente y prudente es investigar un poco o buscar una buena asesoría para hablar sobre el mismo con cierta propiedad. Y como yo no soy ducho en temas económicos, para meter mi cuchara ahora eché mano de lo opinado por una profesional sumamente conocedora de la materia y hasta me animé a escarbar por primera vez en la llamada inteligencia artificial. Lo hice porque no quiero pasar por ignorante natural, opinando sobre la deflación. Porque si me quedo únicamente con su definición incluida en el Diccionario de la lengua española, contribuiría a confundir o desinformar a quien amablemente me lea o escuche.

    En dicho amansaburros se lee que la deflación es el descenso del nivel general de precios. No más. Pero al buscar en ChatGPT –publicitado como «el asistente de inteligencia artificial más popular»– me enteré con mayor amplitud de qué se trata: es «una disminución general y sostenida de los precios de bienes y servicios en una economía durante un período prolongado de tiempo». Luego se plantea si la deflación es mala y la respuesta es afirmativa, pues «puede provocar una espiral deflacionaria»; esta se traduce en reducción de precios, sí, pero también en bajón de compras, despidos de personal en las empresas y reducción de ingresos, entre otras afectaciones.

    Nayib Bukele aseguró hace poco que en el país «hay deflación». Y lo dijo como algo bueno porque están «resolviendo cuellos de botella, aumentando productividad, bajando aranceles» y «eliminando intermediarios»; además, agregó, por haber acabado «con la extorsión». Tras ello comenzaron a escucharse voces como la de la economista feminista Julia Evelyn Martínez, quien además es investigadora y docente. No quiso reaccionar inmediatamente; le dio «pereza», expresó, así que lo hizo hasta el siguiente día sosteniendo que la deflación «no siempre es un síntoma de que una economía está mal». Pero añadió que cuando se combina con otros factores no es «buena noticia», que es el caso de la salvadoreña.

    La deflación que padecemos ‒afirmó‒ «está acompañada de un ajuste fiscal recesivo que se basa en la disminución del gasto público corriente»; léase «despidos de empleados públicos» así como «recortes en presupuestos sociales y en las transferencias a gobiernos municipales», por ejemplo. Agréguese a lo anterior el crecimiento del costo de la vida para las familias de las mayorías populares, «la caída sostenida en las principales exportaciones» como las textiles y de la confección, el incremento porcentual de la deuda pública frente al Producto Interno Bruto (PIB), «el endeudamiento de las familias para financiar su consumo, el aumento en el empleo informal y la caída sostenida de la Inversión Extranjera Directa debido a las condiciones de inseguridad jurídica y de corrupción en las contrataciones públicas».

    En semejante escenario, declaró, «la deflación no es una buena noticia sino una señal de alerta de una posible recesión económica». Esta es la conclusión de Julia Evelyn. Y por recesión económica ‒vuelta a consultar al «asistente de inteligencia artificial más popular»‒ debe entenderse «una disminución significativa de la actividad económica en un país o región que se extiende durante un periodo prolongado, generalmente dos trimestres consecutivos o más». Se caracteriza por la caída del PIB, la reducción del consumo y de la inversión, el alza del desempleo y una menor producción industrial.

    Con ese cuadro, no queda más que reconocer que está jodida la situación actual y lo estará la venidera. «Medicina amarga», le dicen… Eso se corrobora con los resultados de la última encuesta del Instituto Universitario de Opinión Pública. Al preguntarle a la población consultada acerca del principal problema con el que le toca lidiar cotidianamente, son cuatro los que se ubican por encima del resto; estos están relacionados con su diario y penoso sufrir.

    En orden descendente, el 70 % de las personas los ubica así: economía, desempleo, alto costo de la vida y pobreza. Lo relativo a la vivienda es el espejo en el cual se refleja la profunda desigualdad que, a lo largo de su historia, ha caracterizado penosamente a nuestra sociedad; conseguir una propia o alquilada le resulta fácil y muy fácil al 8 %, pero casi el 90 % lo ve como algo difícil y muy difícil.

    Así las cosas, el panorama nacional no pinta nada bien para la economía de las referidas mayorías populares; eso es así por más que inflen, inflen e inflen la propaganda oficialista engañosa tendiente a presentar una realidad diferente.