Categoría: Opinión

  • La caída de Arce Castaño

    La caída de Arce Castaño

    Bayardo Arce Castaño, uno de los nueve llamados ‘comandantes de la revolución’ del período 1979-1990 en Nicaragua, contra todo pronóstico, ha caído en desgracia y ha sido capturado. Esto debe leerse con cuidado porque expresa mucho más que la simple retención policial de Arce Castaño.

    Sin duda que el exdirigente de la Dirección Nacional del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), por un poco más de una década y el ‘empresario’ Bayardo Arce Castaño actual solo guardan algunos parecidos.

    Humberto Ortega Saavedra murió el 30 de septiembre de 2024 bajo custodia policial, después de haber intentado llamar la atención pública acerca de las características del actual gobierno de Nicaragua y su rumbo. Quien no entendió que es imposible cuestionar nada en Nicaragua trátese de quien sea, la suerte corrida por Humberto Ortega es un mensaje muy claro.

    ¿Fue una acción dramática y desesperada del exjefe del Ejército de Nicaragua buscando incidencia política? Sí, lo fue.

    ¿La reacción del gobierno de Nicaragua, en la persona de Daniel Ortega, fue excesiva? Sí, también lo fue. ¿Desesperada? Más bien temerosa de que un ‘símbolo’ pusiera en marcha voluntades disidentes.

    Es que Bayardo Arce Castaño después de su cómoda posición de pasajero sin ruido en el tren de Daniel Ortega, ¿se había tirado a la conspiración política? En absoluto. Es un pragmático, y lleva muchos años dando cátedra de eso. Su caída obedece a un simple cálculo de posibles riesgos.

    La situación en Nicaragua ha llegado a un punto en el que hasta el zumbido de las moscas es sospechoso. Y es lógico, no hay puentes de interlocución con nadie. Quienes tienen el control del Estado están considerando que se aproxima el relevo de Daniel Ortega y hay que limpiar la mesa.

    Daniel Ortega en noviembre cumplirá 80 años, o sea, ya está bien grande, pero no parece darse cuenta de que la pita ya se le acabó.

    El 19 de julio de 2025, en el acto de celebración de un ya lejano 19 de julio de 1979, Daniel Ortega, otrora vigoroso y agresivo, se vio que ya es trompo calaceado. Su andar titubeante y arrastrando los pies y su expresión facial un tanto hinchada y su discurso errático sugieren que está pateando la raya. Pero como en esa aventura política de alto riesgo en la que se embarcó desde 2007 (cuando regresó a gobernar) no ha estado solo, en su círculo más cercano ya es claro que el relevo se aproxima.

    En tiempos del último Somoza, este había pensado que el ‘Chigüín’ (uno de sus hijos) lo relevaría. Lo había preparado para eso. Pero el deterioro político-militar del régimen desde enero de 1978 (cuando fue asesinado el director-propietario de La Prensa, Pedro Joaquín Chamarro, veterano dirigente anti-somocista) activó un proceso insurreccional indetenible, y no permitió que aquella sucesión pudiera plantearse.

    Por eso la consorte de Daniel Ortega, Rosario Murillo, que se ha autoproclamado su sucesora, ha comenzado a dar los pasos que le permitan tener el control total, igual que ahora todavía lo tiene Daniel Ortega.

    Sin embargo, ‘la Chayo’, como algunos le dicen a la señora, quizá no tiene clara la película. O quizá sí la tiene clara y por eso está moviendo piezas del tablero. Sabe, lo huele, lo ve, lo percibe (¿la ouija se lo ha dicho?), que sin Daniel Ortega al frente las cosas serán muy difíciles.

    El FSLN aún existe, fragmentado, desdibujado, deslegitimado y todo, pero está ahí, y frente a un relevo, se agitará de algún modo. Tampoco pueden esperarse sorpresas.

    Donde sí habrá reacciones, y pueden ser decisivas, es en el Ejército, que es la fuente de poder hoy por hoy en Nicaragua. De ahí la captura, el 14 de mayo de 2025, de Álvaro Baltodano (general de brigada en retiro), desde siempre persona de confianza de Daniel Ortega. Es decir, es previsible que una recomposición del núcleo duro de poder de Nicaragua esté ya en marcha y que varias cabezas han comenzado a rodar.

    Faltan más nombres, unos serán simbólicos, como lo que ocurre desde marzo de 2025 con la casa por cárcel para Henry Ruiz, otro de los ex nueve ‘comandantes de la revolución’. Víctor Tirado López al parecer sigue allí en Nicaragua, pero con capacidades cognitivas muy disminuidas y ya no representa peligro (pero tuvo después de 2007 expresiones fuertes contra Daniel Ortega). Luis Carrión, otro de los nueve, se exilió en 2021. Solo de Jaime Wheelock Román, otro que fue de los nueve, no se dice nada.

    En Nicaragua ha comenzado a hacer frío, mucho frío!

    Jaime Barba. REGIÓN Centro de Investigaciones

     

  • ¿Estamos frente a una revolución en la gestión fiscal?

    ¿Estamos frente a una revolución en la gestión fiscal?

    Desde febrero de 2025, El Salvador implementa un Acuerdo de Servicio Ampliado (SAF) con el Fondo Monetario Internacional (FMI), marcando con ello el inicio de una nueva etapa en la gestión y administración de las finanzas públicas. Como punto relevante del Acuerdo, el país se ha comprometido a alcanzar un superávit primario del 3.7% del PIB en 2027, y, a partir de ahí, a sostenerlo en los próximos años, lo cual supone un esfuerzo significativo y no es una cosa menor.

    Ante la magnitud de la corrección, es pertinente preguntarse que medidas se están tomando o se tomarán, no solo para alcanzar ese 3.7%, si no para sostenerlo según indican las proyecciones del FMI al menos hasta 2030, y con ello, provocar una reducción en el nivel de endeudamiento con respecto al PIB que debería ubicarse por debajo del 80% del producto al cierre de ese año.

    Como parte de ese proceso, hay que decir que en junio fue aprobada una nueva Ley de Sostenibilidad Fiscal, que busca establecer reglas más claras y vinculantes para el manejo responsable de las finanzas estatales. Este instrumento legal es complementado con la presentación, en los próximos meses, de un Marco Fiscal de Mediano Plazo (MFMP), que deberá servir como referencia técnica y programática para la formulación del Proyecto de Presupuesto 2026, consolidando así una ruta clara de mediano plazo en la política fiscal. Este documento, que mantiene a la expectativa a los especialistas en los temas fiscales, será el primero que dará líneas con mayor claridad de como se pretende implementar el referido ajuste, y como se piensa operativizar a través del presupuesto estatal.

    Otro componente clave, en insoslayable guste o no, será la reforma del sistema de pensiones, prevista para inicios de 2026. Sin esta reforma seria imposible alcanzar un balance primario de 3.7% y sostenerlo durante varios años, como lo indican las proyecciones. Antes de ello, sin embargo, se presentará un nuevo informe actuarial, que permitirá conocer con mayor claridad el estado actual del sistema y sus desafíos futuros. La sostenibilidad de las pensiones es uno de los puntos más críticos de la agenda fiscal, y su reforma será determinante para reducir pasivos y evitar presiones sobre el gasto público en el largo plazo, de ahí su relevancia en el marco del ajuste.

    A la par de estos cambios normativos y programáticos, es importante destacar una mayor disponibilidad y actualización de la información fiscal, que contrasta con la opacidad que hubo en años anteriores, aunque siempre hay un buen margen para mejorar. Si bien aún hay desafíos en términos de transparencia, se perciben algunos avances en la divulgación de datos clave para el seguimiento del desempeño fiscal.

    Frente a todo esto que esta sucediendo, cabe preguntarse si todos estos cambios constituyen realmente una “revolución fiscal”, dado que años atrás la agenda fiscal estaba poco dinámica o estancada y ahora se muestran unas nuevas condiciones que apuntan, aun con limitantes, a un mayor nivel de apertura. La respuesta más precisa es que no lo es. Lo que está ocurriendo hoy es, en esencia, lo que el gobierno de turno debió haber hecho desde su llegada al poder en su primera administración. Los gobiernos anteriores, con todas sus limitantes y sus graves problemas fiscales, ya habían delineado este camino, es decir, solo faltaba ir cumpliendo las normativas y procedimientos fiscales una y otra vez, a modo de institucionalizarlo. De haberse implementado esta agenda de forma ordenada y gradual desde el inicio del gobierno allá por 2019, el ajuste fiscal habría sido más moderado y con menores impactos sociales.

    Uno de los riesgos mas apremiantes en la actualidad es que la magnitud del ajuste fiscal comprometa el cumplimiento de Derechos Fundamentales, como el acceso a educación, salud y otros servicios públicos básicos, debido a los recortes empleados públicos y en gasto de bienes y servicios; es decir, como reza el dicho: “que la medicina termine siendo peor que la enfermedad”.Por ello, más que celebrar una revolución fiscal, es momento de exigir una implementación equilibrada, socialmente justa y sostenida en el tiempo.

    • Rommel Rodríguez Trejo es economista de la Funde.

     

     

  • En homenaje al Normalista Francisco Tomás Orellana

    En homenaje al Normalista Francisco Tomás Orellana

    En El Salvador, con las reformas educativas de los años 90, las escuelas normales desaparecieron. Las universidades se encargaron de impartir carreras en el ámbito pedagógico. En esta ocasión escribo es para homenajear al maestro Francisco Tomás Orellana.

    Todo inició cuando alojé en Facebook una foto de la promoción 1955 de la Escuela Normal Alberto Masferrer, en donde está mi padre, Rafael Alfonso López Calderón, la idea era saber quiénes eran los que estaban en esa foto. Roxana Summers, hija de Francisco Tomás Orellana me contactó, fue así cómo me comentó que su padre se había graduado de esa institución y había sido amigo de mi padre. Yo le dije que deseaba conversar con don Tomás. Así fue que nos hicimos amigos. Don Tomás vivía en Barcelona, España.

    El maestro Orellana estudió en la Escuela Normal Alberto Masferrer (ENAM) en el año 1951. Exhortó que la educación que recibió en la ENAM alteró positivamente el curso de su vida, así también quizás como la de la mayoría de quienes tuvieron el honor de ser allí formados. Al mismo tiempo, les permitió a través de la educación, mejorar las opciones de vida de muchos otros a quienes tuvieron a cargo como estudiantes.

    ¿Cómo debía ser un estudiante Normalista? Yo puedo afirmar sin temor a equivocarme que el posible candidato normalista se caracterizaba por ser de extracción humilde y por su sentido de vocación para la enseñanza. En mi caso particular, soy hijo de maestros, de origen campesino y tuve el privilegio de ser el único chalateco seleccionado como becario en mi año. No sé del proceso de selección, pero sí sé que era competitivo especialmente entre jóvenes capaces e inteligentes, de escasos recursos económicos, pero con mucha conciencia social. 

    ¿Cuál es su percepción de los estudios en esa Escuela? Orgullo y sentido de pertenencia a la institución que empezaba fomentado por el hecho de que éramos internos y muy pronto nos consideramos como hermanos y miembros de una sola familia. Teníamos también un sentimiento de agradecimiento y lealtad a la institución que nos formaba, hospedaba, alimentaba, proveía de acceso a la salud y nos proporcionaba de opciones que muchos de nosotros de otro modo no hubiésemos jamás podido experimentar. Los normalistas contábamos con prestigio y excelentes relaciones sociales con estudiantes de diferentes instituciones nacionales e internacionales y nuestra conducta social era también ejemplar. Así contábamos con intercambios culturales, becas y excursiones a otros países de Centroamérica. Incluso hasta las ocasiones sociales como los bailes tenían buena reputación por ser realizados con buenos conjuntos y que eran acompañados del buen comportamiento de los asistentes. El aspecto deportivo nos identificaba y unía y había buenos deportistas en todas las disciplinas. Nuestro más importante rival era la Escuela Militar a la cual muchas veces le ganábamos en eventos deportivos. El rigor intelectual era muy exigente, pero pertenecer a la institución nos motivaba a estudiar. Teníamos tres meses de ajuste después de los cuales realizábamos exámenes. Fallando más de tres materias se perdía el derecho a ser normalista. A esa prueba le decíamos ‘el avión’ que pasaba y se llevaba a los que dejaran materias independientemente de que fueran materias aplicadas como caligrafía o dibujo o materias intelectuales. Académicamente competíamos con los estudiantes del Instituto Nacional y con las de la Normal España que era la normal de señoritas.

    ¿Cuáles eran las características de un estudiante Normalista? La solidaridad. Esto se demostraba en pequeñas acciones. Por ejemplo, un excelente nadador del equipo tenía dificultades para alcanzar el rango en salto que le pedía el profesor de educación física y los compañeros solidariamente le reclamaron al profesor que por qué le podía exigir tanto a un alumno que ponía tan en alto a la ENAM con la natación. Una prueba muy grande de solidaridad fue la huelga de normalistas en el año 1953 en protesta por un maltrato que había recibido un estudiante de quinto año. La huelga se llevó a cabo en difíciles condiciones difíciles en el marco de una situación política tensa, pero se logró resolver la situación favorablemente. La Escuela Normal nos ponía como ejemplo el ideario de Alberto Masferrer, éramos expuestos a sus obras y manteníamos el contacto con la familia de Masferrer como una muestra de respeto a la familia cuyo nombre honraba nuestra institución. Igualmente, se nos inculcaba respeto profundo a la conducta humilde y digna que debíamos tener los aspirantes a maestros y un desapruebo a la pedantería. Otra cosa importante era el cariño a la unión de Centroamérica y teníamos buenas relaciones con Escuelas Normales en Centroamérica, México y con instituciones de Estados Unidos e incluso había becarios de otros países en la ENAM.

    ¿Era difícil estudiar en esa casa de estudios? En cuanto al aspecto instructivo, este era rigoroso, lineal y no participativo. Lineal porque el maestro llegaba ya preparado y se suponía que el maestro ya lo sabía todo. La manera de medir lo que había aprendido el estudiante era el examen. El alumno recibía todo pasivamente. A pesar de esto, el currículo era muy amplio, variado y completo. La primera parte era el plan básico que era común a toda la educación secundaria, incluso, el bachillerato y después estudiábamos la parte pedagógica donde se nos daba: psicología, pedagogía, cosmografía, anatomía, historia, lógica, entre otras.

    ¿Cómo compara la educación de ese entonces con la educación actual? Considero que la educación que recibimos era eminentemente realista y que tenía en cuenta tanto los recursos humanos como el medio en que vivíamos y en el cual posiblemente trabajaríamos. Por ejemplo, se nos enseñaba a dibujar mapas con un sistema de cuadrículas para ir dibujando parte por parte, ya que en muchas escuelas no había mapas. En la parte pedagógica nos daban educación social en donde aprendíamos a usar utensilios de comida porque éramos todos humildes y había muchos que solo habían comido con la mano. Se nos enseñaba incluso y esto me causa risa, cómo invitar a una muchacha a bailar e incluso cómo saludar a una persona mayor. En la asignatura de medicina preventiva se nos hablaba del paludismo y de cómo debíamos estar preparados para reducir el riesgo de transmisión. Todo tenía que ver con las posibles situaciones que enfrentaríamos y como resolver situaciones con los recursos a nuestro alcance. Yo pienso que una de las diferencias que existe con la educación actual es que ahora se reconoce el valor de la participación del estudiante y las tendencias son de enseñarle al joven a analizar, discutir y cuestionar. Aunque estoy jubilado y no muy al día de la educación actual, si tengo ideas de cómo esta debería ser.

    Tuvimos muchas conversaciones con el maestro Orellana, en una ocasión me dijo que tenía un libro con un nuevo método de aprendizaje para aprender a leer y escribir. Además, me comentó que había escrito un libro de cuentos. Ojalá que sus hijas los publiquen. Con 90 años tuvo el honor de publicar unos artículos de opinión en este excelente periódico. El 22 de junio falleció el distinguido maestro Tomás Orellana. Dejó un gran legado.

     

    * Fidel López Eguizábal, Docente e investigador Universidad Nueva San Salvador

    fidel.lopez@mail.unssa.edu.sv

     

  • Priorizar a las gentes, escuchándonos todos

    Priorizar a las gentes, escuchándonos todos

    En un mundo en constante cambio, tenemos que dar oídos, al menos para algo tan esencial, como atendernos y entendernos mutuamente. Nos requerimos todos, precisamos de muchos diálogos desde una perspectiva poliédrica, al menos para entrar en la solución a las diversas dimensiones, de un problema global que afecta a nuestros pueblos y a nuestras democracias. Sólo hay que observar y ver que el mundo es rico y, sin embargo, cada día hay más pobres a nuestro alrededor. Esto en un planeta avanzado, a manera  de este orbe que florece por propio sentido natural, es una contrariedad vergonzosa. En efecto, las desigualdades hacen que cada día se acrecienten nuevas formas de esclavitud; me estoy refiriendo al trabajo forzado, la prostitución y el tráfico de órganos.

    La ciudadanía tiene que hacerse valer y valorar, en un clima de concordia, con derechos y garantías para la acción, no para la desesperación. Prevalezcamos a las personas, generemos vínculos y disfrutemos de la amistad. Trabajemos en comunión y en comunidad, concertando sueños y acordando optimizar sentimientos de hogar, sabiendo que los mandatos no son fines en sí mismos, son herramientas para obtener resultados concretos en la vida real. Quizás sea un buen momento para examinarnos a nosotros mismos y ver hasta qué punto estamos concienciados, para activar la cultura del abrazo sincero, que es lo que fomenta la unión y la unidad entre latidos heterogéneos. Por desgracia, siempre se corea la misma leyenda: cada sujeto no piensa más que en sí mismo.

    Realmente, no hay cristales de mayor aumento que los propios ojos de cada cual, cuando miran su propio hacer. Nos creemos dioses y, lo que es aún peor, nos pensamos que estamos en la posesión de la verdad más absoluta. Sin duda, no es fácil, aprender a reprenderse; pero también, todo tiene solución, no estamos condenados a la falta de equidad universal. El mundo, como siempre digo, es de todos y de nadie particular.  Hay que custodiarlo, por consiguiente, sin excluir a nadie. Para empezar, un cosmos fértil y una economía fecunda, pueden y deben acabar con la pobreza. Lo nefasto es quedarse con los brazos cruzados, ignorando estas dolorosas realidades, de las que todos somos responsables para hacer algo; no digo que, culpables.

    Ahora bien, si pensamos que un sistema de relaciones internacionales basado en la cooperación entre tres o más países, con el  objetivo de abordar problemas comunes y alcanzar metas compartidas, conocido como el multilateralismo es fundamental, hagamos lo posible por no dejar a nadie atrás, por priorizar la resolución pacífica de conflictos mediante la plática y la negociación, en lugar de acciones unilaterales y el uso de la fuerza, reconociendo la interconexión de los problemas económicos, sociales y ambientales, manteniendo la estabilidad y la equidad en las relaciones globales. Bajo esta correspondencia de prácticas, todos formamos parte de la casa común; lo que conlleva, que los gobiernos reconozcan los derechos humanos fundamentales, inherentes a la dignidad humana.

    No obstante, del escuchar procede la sabiduría y del hablar muchas veces el arrepentimiento. Presta atención, oye, silencia, juzga poco e interrógate mucho más. Asimismo, una nueva ética supone ser conscientes de la necesidad de que prevalezca una cultura del encuentro y no del encontronazo, como viene sucediendo, instando a que se calmen las divisiones políticas que debilitan la paz. Desde luego, la siembra del terror y los grupos extremistas, el crimen organizado, la militarización de las nuevas tecnologías y los efectos del cambio climático, están poniendo a prueba nuestra capacidad de respuesta ante el desalentador panorama. Con todo, no hay desánimo que no se reanime, sólo hay que ver el entusiasmo de los jóvenes inmersos en el jubileo de la esperanza. Ellos son nuestro optimismo.

  • A todo chancho…

    A todo chancho…

    El 19 de julio, el coronel Arturo Armando Molina ‒presidente empotrado mediante un escandaloso fraude electoral‒ coronó a Anne Marie Pohtamo como triunfadora del concurso Miss Universo celebrado en nuestro país. Luego, el 25 de julio se produjo la violenta intervención militar en el Centro Universitario de Occidente para impedir –en el marco de las “fiestas julias” santanecas– la realización del tradicional y jocoso desfile bufo montado para hacer mierda a la dictadura de entonces. Cinco días después fue perpetrada la infame masacre de estudiantes de la Universidad de El Salvador y de secundaria, junto al pueblo que acompañaba solidariamente una manifestación de protesta por la anterior violación de la autonomía de nuestra alma mater. 

    Al otro lado de la moneda, el 1 de agosto arrancaron los seis días que duró la primera toma de la Catedral metropolitana; entonces fue anunciado el surgimiento del histórico Bloque Popular Revolucionario (BPR). Y el 15 de agosto –casualmente en la fecha del natalicio de nuestro santo– se abrieron para las víctimas las puertas del Socorro Jurídico Cristiano, primer organismo nacional de derechos humanos y pionero latinoamericano en su riesgosa defensa. Todo eso y más ocurrió acá a lo largo de 1975. ¡Hace cincuenta años!

    En menos de un mes, pues, este paisito transitó del artificioso espectáculo que montó la dictadura para consumo nacional e internacional a mostrar luego ‒sin maquillaje alguno‒ su rostro brutal y real: el represivo; días después irrumpió en nuestra realidad política una expresión organizada, creciente y combativa del pueblo a la que se sumó la defensa comprometida y valiente de la dignidad de las víctimas, principalmente de entre las mayorías populares.

    Ese rostro sanguinario ya había empezado a mostrarse durante el año anterior, cuando se consumaron las masacres de campesinos en La Cayetana y Chinamequita –poblaciones ubicadas en los departamentos de San Vicente y La Paz, respectivamente– así como en Tres Calles dentro del territorio usuluteco. A nuestra “olla de presión” de entonces, le estaban aumentando gradual e irresponsablemente su alarmante temperatura. Molina intentó reducirla impulsando una “transformación agraria”, así la llamó, prometiendo no un paso atrás. Ignacio Ellacuría, el rector mártir de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas ‒en su célebre y emblemático texto que tituló “A sus órdenes, mi capital”‒ sostuvo que ese fraudulento coronel y gorila enfundado con la banda presidencial, falso visionario, no dio “un paso atrás sino un giro de 180 grados y una carrera de miles de pasos”.

    ¿Por qué ocurrió eso? Pues porque, a diferencia del personaje de García Márquez, este coronel sí tenía quien le escribía su libreto: los terratenientes oligarcas de entonces. No obstante haberles asegurado Molina que el Programa de Transformación Agraria era “el seguro de vida para la libre empresa y el régimen democrático”, terminó ubicándolos entre aquellos pocos que lo rechazaron “con el objeto de mantener privilegios injustos”; entre esos pocos incluyó, además, “a los comunistas y sus aliados”. Pero los dueños del país fueron, en realidad, quienes le exigieron que corrigiera la plana. Y les dio gusto. En cambio a los otros –entre los cuales incluía al campesinado demandante de su derecho a una vida un poco más digna– en lugar de escucharlos y obedecerles les dio garrote, cárcel, tortura, desplazamiento forzado, exilio, desaparición y balas.

    Desde aquel entonces hasta estos días, mucha agua ha corrido debajo del puente y ‒medio siglo después‒nuestra rueda de la historia sigue dando vueltas en el mismo tramo de este río cuya desembocadura ya sabemos cuál es. Pero hay que ir más atrás y hablar de casi un siglo antes de lo ocurrido en estos días“bukeleanos” de “golpismo enmascarado”, cuando el general brigadier Maximiliano Hernández Martínez dio un golpe de Estado en diciembre de 1931 y acto seguido ejecutó la matanza de enero de 1932; ese tirano modificaba a su antojo la Constitución para entronizarse en el poder, el cual tuvo agarrado férreamente durante casi trece años hasta que le llegó su hora.

    Entre abril y mayo de 1944 finalmente le soltaron la mano y le voltearon la espalda los poderes militar, imperial y económico tras un cuartelazo fallido y el fusilamiento de un número considerable de oficiales junto a  algunos civiles, el asesinato de un joven salvadoreño estadounidense a manos de un agente policial y la creativa huelga general de brazos caídos. Esta última gesta fue determinante para que el dictador se cayera de la moto de sus pudientes amos, que no toleraban pérdidas en sus ganancias. ¿Por qué no pensar y actuar en consonancia antes de que, como en anteriores pasajes terribles de nuestra historia, esta “olla de presión” vuelva a reventar?Porque a todo chancho, le llega su hora…

  • Fintech: el verdadero rostro de la inclusión

    Fintech: el verdadero rostro de la inclusión

    En los últimos años, hablar de inclusión financiera en El Salvador se ha convertido en un tema recurrente. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a pensar qué significa realmente. Para muchos, inclusión es sinónimo de abrir una cuenta bancaria, usar una billetera digital o poder recibir pagos internacionales. Pero la inclusión verdadera va mucho más allá: implica comprender, aprovechar y beneficiarse de las herramientas financieras disponibles. Y aquí es donde entra el fintech, que no es solo tecnología aplicada a las finanzas, sino un ecosistema transformador con el potencial de cambiar vidas.

    Para explicarlo, me gusta pensar en el fintech como un árbol. Un árbol que no puede crecer de la nada: necesita raíces sólidas. Las raíces representan el marco regulatorio claro que el Estado debe construir. Sin reglas claras, no hay confianza, y sin confianza, no hay innovación sostenible. A partir de estas raíces crece el tronco: la tecnología, que puede ser desarrollada localmente o llegar desde el extranjero, pero siempre se fortalece gracias a ese marco legal que la sustenta. Este tronco sostiene las ramas, que son los grandes productos financieros: pagos, ahorro, crédito, inversión. Y finalmente, las hojas: los productos específicos que usamos día a día, como apps de remesas, plataformas de microcréditos, seguros digitales o herramientas de inversión automatizada.

    Pero si las raíces son débiles, el árbol entero tambalea. Por eso es tan importante que los países que aspiran a aprovechar el potencial del fintech, como El Salvador, empiecen por lo esencial: el marco legal y regulatorio. Solo a partir de ahí puede florecer la innovación tecnológica que da lugar a servicios financieros útiles, accesibles y seguros. Al respecto El Salvador ha sido consistente en la creación de un marco regulatorio amigable a las nuevas tecnologías, desde la regulación de Bitcoin hasta la inteligencia artificial, con enfoque en un nuevo mercado de capitales a través de los activos digitales, todo dentro de un marco de protección de datos y en un entorno plenamente adaptado a los requerimientos mundiales de prevención de lavado de dinero.

    En el presente, en nuestro país, un pequeño empresario puede cobrar con QR desde su celular; un agricultor puede recibir pagos desde el extranjero sin intermediarios (reduciendo en más de un 75% el costo de las remesas tradicionales); un joven puede invertir fracciones de su ingreso en un fondo digital. Pero el acceso no garantiza inclusión si no hay comprensión. El tronco puede estar ahí, pero si no sabemos para qué sirven las ramas o cómo cuidarlas, nunca veremos frutos.

    Por eso la educación financiera y tecnológica es el factor más importante de todos. No basta con poner productos al alcance de la población: hay que enseñar a usarlos con criterio. La inclusión será solo de forma, no de fondo, si las personas no comprenden los riesgos de endeudarse, la importancia del ahorro, las ventajas de diversificar o el funcionamiento básico de una transacción digital.

    Es claro que para lograr la verdadera inclusión financiera y tecnológica es necesario contar una buena educación, que permita tomar decisiones informadas, con una base sólida. El reto está ahí y el gobierno junto con la empresa privada están tomando el testigo, invirtiendo por un lado en educación y por el otro en la creación de productos accesibles al ciudadano común.

    Desde mi experiencia profesional y personal, una de las mayores satisfacciones que tengo es ayudar a personas y empresas a descubrir oportunidades que antes no existían para ellos. He visto cómo alguien aprovecha una solución fintech para hacer crecer su negocio, cómo una familia logra ahorrar por primera vez gracias a herramientas digitales, o cómo un emprendedor encuentra capital sin pasar por la burocracia bancaria. Cada historia me recuerda que sí estamos avanzando y que la tecnología, bien usada, puede ser un motor de desarrollo.

    Pero también sé que el avance no debe hacernos perder de vista el objetivo: El Salvador no necesita parecerse a Singapur o Estonia. No tenemos que imitarlos. Debemos aspirar a ser nuestra mejor versión. Esa es la verdadera inclusión: un sistema financiero que funcione para nuestra gente, que respete nuestras realidades y que nos permita crecer con identidad propia.

    *Héctor Torres, CEO TR Capital. Especialista en activos digitales y fondos de inversión

  • La exclusión del PARLACEN un ente sin resultados reales

    La exclusión del PARLACEN un ente sin resultados reales

    El 28 de octubre de 1991 hizo plenaria por primera vez el Parlamento Centroamericano (PARLACEN) en Guatemala, donde tiene su sede. Fue creado como parte del impulso promovido desde 1983 por el Grupo Contadora integrado por los cancilleres de Panamá, México, Colombia y Venezuela. Contadora buscaba, en aquel entonces, una solución negociada al conflicto centroamericano.

    El Grupo Contadora, con la anuencia de la Unión Europea, buscaba intervenir a través de la autodeterminación de los países del Istmo Centroamericano, la no intervención extranjera en los conflictos, la desmilitarización y la democratización de la región. Fue impulsora de procesos de diálogo entre partes confrontadas.

    La creación del Parlamento Centroamericano, sin Costa Rica, pero con la participación de República Dominicana, tuvo como objetivo principal actuar como un órgano de representación política y democrática del Sistema de Integración Centroamericana (SICA), era como perseguir el sueño de la integración del área con objetivos claros que generaran y sustentaran políticas de estabilidad, unidad y desarrollo para los países que integraban el parlamento.

    En las entrañas del PARLACEN, de forma ideal, se discutirían a fondo temas políticos, económicos, culturales, sociales y de seguridad dela región con la finalidad de fortalecer los procesos democráticos, promover la paz y generar mejores condiciones de los habitantes centroamericanos de manera sostenible.

    Nadie habló nunca de fortaleza u obligación vinculante de los países miembros. Las discusiones de los diputados del PARLACEN son desconocidas, triviales o de poco o nulo efecto sobre las políticas nacionales de los países que lo integran. A veces sus acuerdos o resoluciones no llegan tan siquiera a recomendaciones. Da la sensación que aran sobre el mar.

    Desde un principio el PARLACEN no aportó mucho o casi nada a sus países miembros. En El Salvador se tomó por costumbre que los partidos políticos decidieran candidatear a los cargos de diputados al Parlamento a políticos de no muy buena notoriedad, popularmente hasta fue conocido como el “cementerio de los políticos”, para colmo se convirtió en una especie de protector de corruptos y morada de expresidentes y ex vicepresidentes que apenas dejaban el cargo en sus respectivos países se refugiaban en dicha entidad.

    Un diputado del PARLACEN recibe al mes aproximadamente $7,500, más fuero y otros beneficios de primer nivel, por hacer nada de beneficio notorio. En la actualidad, verbigracia, ni siquiera ha habido un pronunciamiento colegiado de interés centroamericano contra la política de deportación que ejecuta la administración de Donald Trump.

    Pese a la existencia del PARLACEN, considerado por muchos como un “elefante blanco” que devora millones de dólares en burocracia pura, siguen las “trabas” administrativas en las fronteras, no hay unificación de esfuerzos regionales, ni criterios que se encaminen al unionismo de los pueblos. En términos coloquiales este PARLACEN tiene más observadores que una final del mundial de fútbol y hasta Rusia está en la lista.

    Desconozco si en el resto de países el PARLACEN les ha generado beneficios a sus poblaciones, pero en El Salvador no se palpan o pasan desapercibidos.  El país aporta alrededor de 2 millones de dólares anuales a dicho ente, más los gastos en que se incurren para la elección interna de cada país. Es una millonada de dinero que se despilfarra en un ente que no nos genera beneficios.

    Costa Rica no es miembro del PARLACEN y es el país con más desarrollo en Centroamérica, lo que refleja que las buenas intenciones que en un principio se tuvo con la creación de este ente, fue letra muerta o frases que nadie quiso entender, mucho menos aplicar de manera correcta. Podemos decir que el PARLACEN fue una buena intención que nunca dio resultados, al menos para El Salvador.

    La semana pasada el Asamblea Legislativa, de manera expedita, reformó la Constitución para excluir a El Salvador del PARLACEN al considerar que no le acarrea ningún tipo de beneficios reales a la población salvadoreña. Para aprobar la exclusión, con dispensa de trámite, los diputados oficialistas reformaron los artículos 80 y 133 de la Constitución. El primero se refería a que los diputados del PARLACEN son electos popularmente y el segundo a que tienen iniciativa de ley. Asimismo, los diputados también justificaron la exclusión en el hecho que dicho ente da inmunidad a políticos vinculados a casos de corrupción. Esto último es muy cierto y muchos han encontrado en el Parlamento Centroamericano su modo de vida y su resguardo legal. Algunos o la mayoría de diputados salvadoreños que nos representan en el PARLACEN ni siquiera son conocidos porque literalmente fueron candidateados en calidad de “rellenos” y me imagino que en el resto de países centroamericanos y República Dominicana ocurre algo similar.

    Personalmente creo que la mayoría de salvadoreños consideramos al PARLACEN como un ente improductivo, protector de políticos sin probidad notable y con objetivos distorsionados que obedecen a partidos políticos y no a intereses unionistas. Sin embargo, pienso que faltó debate y fundamentación. Se debió legitimar de mejor forma la decisión, el tema debió exponerse en la palestra de la discusión nacional y el resultado muy probablemente hubiese sido el mismo; es  decir, el desconocimiento de los diputados del PARLACEN y del organismo en sí.

    *Jaime Ulises Marinero es periodista

     

     

     

     

  • Ciencia sin ética: El dilema permanente del conocimiento y la destrucción

    Ciencia sin ética: El dilema permanente del conocimiento y la destrucción

    Un día como hoy, hace ochenta años, la humanidad fue testigo de uno de los acontecimientos más estremecedores de la historia moderna. El 6 de agosto de 1945, a las 8:15 de la mañana hora de Hiroshima, el bombardero estadounidense B-29 Enola Gay lanzó sobre la ciudad japonesa una bomba de uranio conocida como Little Boy. En cuestión de segundos, el artefacto arrasó todo en un radio de tres kilómetros, provocando la muerte instantánea de unas 145,000 personas y dejando otras 50,000 víctimas fatales en los días siguientes, producto de la exposición a la radiación. Tres días más tarde, Fat Man, una bomba de plutonio, destruyó Nagasaki y cobró otras 70,000 vidas. En medio del horror, Japón firmó su rendición, marcando el final de la Segunda Guerra Mundial y el inicio de la era nuclear.

    Detrás de este hito militar se encuentra uno de los esfuerzos científicos más colosales de la historia: el Proyecto Manhattan. Una constelación de científicos de renombre internacional participó directa o indirectamente en su desarrollo. Las bases teóricas, sentadas por Albert Einstein con su teoría de la relatividad especial, fueron solo el comienzo. A lo largo de las décadas previas, la física nuclear había avanzado rápidamente: Ernest Rutherford propuso el modelo nuclear del átomo; James Chadwick descubrió el neutrón; Enrico Fermi exploró la capacidad de los neutrones térmicos para inducir reacciones nucleares; y el trío compuesto por Lise Meitner, Otto Hahn y Fritz Strassmann logró la primera fisión del átomo de uranio.

    En Estados Unidos, científicos como Harold Urey, Ernest Lawrence, Edward Teller, Niels Bohr y John von Neumann se unieron al proyecto. Al frente del esfuerzo estuvo el general Leslie R. Groves, quien designó como director científico al brillante y carismático J. Robert Oppenheimer, figura clave en el desarrollo de la bomba.

    Desde el punto de vista científico, la bomba atómica puede considerarse un prodigio del ingenio humano: un salto cualitativo en la comprensión y manipulación de las fuerzas fundamentales de la naturaleza. Sin embargo, desde una perspectiva ética, es difícil no considerarla una monstruosidad: un instrumento de destrucción masiva que convirtió el conocimiento en tragedia y muerte.

    Este contraste plantea preguntas que siguen siendo profundamente actuales: ¿puede el avance de la ciencia representar un retroceso en términos de humanidad? ¿Debe la ciencia imponerse límites éticos? ¿Puede el propio método científico valorar moralmente los fines a los que se orienta?

    Estas no son cuestiones meramente históricas. En pleno siglo XXI, el desarrollo tecnológico militar continúa por caminos igualmente inquietantes. Drones autónomos, enjambres robotizados, misiles hipersónicos imposibles de interceptar, vehículos no tripulados con capacidad ofensiva, e incluso sistemas de defensa aérea como el Iron Beam en israelí, basado en láseres de alta potencia, evidencian una tendencia hacia la automatización, la velocidad extrema y la precisión quirúrgica en el arte de la guerra. El problema no es únicamente técnico: es, sobre todo, ético.

    Y este dilema no se limita al ámbito bélico. También lo encontramos en áreas como la inteligencia artificial, la edición genética y biotecnológica, la medicina personalizada, la eutanasia eugenésica, el cambio climático y las propuestas de geoingeniería. A esto se suman las fake news y la manipulación mediante tecnologías como los deepfakes, capaces de suplantar la voz, la imagen o los gestos de una persona para hacerla decir lo que nunca dijo.

    Cada nuevo avance reaviva el dilema del poder sin control, de la ciencia sin conciencia. Nos enfrentamos a desafíos que ya no pueden abordarse únicamente desde la ingeniería o la física, sino que exigen una reflexión profunda sobre el sentido del conocimiento mismo. Aquí es donde la filosofía, y más concretamente la metafísica y la ética, adquieren un papel imprescindible.

    Debemos preguntarnos por el modo en que establecemos contacto con la realidad, por los fundamentos últimos de nuestros métodos, y por los principios éticos que deben guiar nuestras decisiones. Es en estos momentos de crisis —cuando se tambalean teorías aceptadas, cuando emergen nuevas disciplinas o cuando el poder del conocimiento amenaza con volverse contra nosotros— que se hace imprescindible un pensamiento que vaya más allá de los datos y las fórmulas.

    Ochenta años después de Hiroshima y Nagasaki, seguimos enfrentando el mismo interrogante fundamental: ¿qué clase de humanidad queremos construir con la ciencia que desarrollamos?

    * El padre Fernando Armas Faris es sacerdote católico

  • Doce días con piedad

    Doce días con piedad

    Kenneth Waltz explica claramente cómo se construye una rivalidad duradera: “La tensión constante y la oposición mutua, en una plétora de pequeños conflictos en la periferia, previenen conflictos mayores al dejar clara la intención de resistir la agresión”.

    Israel e Irán han ido desarrollando esta dinámica, el primero partiendo de una base incisivamente defensiva y el segundo intentando rodear a través de subsidiarios. No obstante,  el desgaste sufrido por los grupos árabes patrocinados por Irán y el abandono ruso a sí mismo en esta región han permitido traspasar una línea anteriormente infranqueable: los ataques directos, al menos si de misiles se habla. 

    Más difícil de imaginar era que Estados Unidos hiciera lo mismo: sus bombarderos y submarinos causaron severos daños al potencial nuclear iraní. Así entonces, Washington subraya lo que venía haciendo Israel, cuyos ataques además habían matado a cargos altos de la Guardia Revolucionaria Islámica y a destacados científicos nucleares.

    La guerra de los Doce Días entre Irán e Israel, como parte de un conflicto bastante más dilatado y con la participación de Estados Unidos, se ha desarrollado a través de medios quirúrgicos y simbólicos; las armas hablaron y en la mayoría de los casos avisaron previamente para advertir.

    El mensaje parece ser que Irán tendrá que elegir por fin entre petróleo y uranio, como si fuera entre ayatolá y sah de Persia. A fin de cuentas, la isla de Kharg sigue intacta y el estrecho de Ormuz se mantiene fluido.

    Teherán sale tocado en cuanto a lo militar y a su orgullo exterior, pero al mismo tiempo con algo de aire en lo político. La amenaza de sus dos grandes enemigos se hace física: la invitación a que calme su ímpetu, ante una competición difícil de ganar, podría cohesionar a la población persa de cara a un antagonismo más real.  

    Nasser, mucho más humillado que Alí Jamenei, luego de la derrota en la guerra de los Seis Días con Israel, permaneció en el poder de un Egipto menos influyente. Aunque aquel fue otro junio, en esa contienda Israel creció y en esta intenta avanzar hacia una presencia más amplia y segura en una región muy distinta, en donde al debilitamiento persa se suman los Acuerdos de Abraham y la idea del Corredor Económico India-Oriente Medio-Europa.

    Sin embargo, el Estado judío, aún enredado en el deterioro de su reputación en Gaza y en la inexorable culpabilidad exclusiva que tantos le otorgan, debe recordar que, a pesar del aparente cambio en el ambiente y su innegable superioridad militar o tecnológica, no es inmune a la paradoja del almirante (por las peculiaridades que hicieron a Cristóbal Colón líder en el mar y lo perjudicaron como político en tierra firme): las mismas características y capacidades que le permiten distinguirse, podrían impedirle ejercer un liderazgo regional.   

    • Augusto Manzanal Ciancaglini es politólogo

                                                                              

  • El autoengaño de algunos denominados cristianos

    El autoengaño de algunos denominados cristianos

    En El Salvador, durante los primeros días del mes de agosto, las calles se llenan de luces, desfiles, ferias y procesiones que conmemoran una de las solemnidades religiosas más reconocidas en el calendario nacional: la fiesta en honor al Divino Salvador del Mundo. Esta celebración, cargada de simbolismo y tradición, rememora el momento de la Transfiguración del Señor Jesucristo en el Monte Tabor, evento registrado por los evangelios sinópticos (Mateo 17:1-9; Marcos 9:2-8; Lucas 9:28-36), en el cual el Hijo de Dios manifestó su gloria eterna a tres de sus discípulos. 

    En ese monte, por unos breves momentos, la carne fue transformada por la gloria, y los ojos de los Apóstoles que se encontraban ahí contemplaron a Jesús que vendrá en majestad. Sin embargo, en medio del bullicio festivo, de los actos litúrgicos y de las manifestaciones culturales, se corre el riesgo de perder de vista el mensaje central de salvación: y que solo aquellos que estén preparados —no en religión, sino en comunión viva— serán partícipes de ese glorioso acontecimiento. Esta esperanza bienaventurada se conoce como el “arrebatamiento de la Iglesia” y su inminencia es más urgente que nunca.

    La Transfiguración fue un anticipo celestial, una revelación momentánea de la majestad del Señor Jesucristo. Su rostro resplandeció como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Fue una manifestación gloriosa de su deidad y una confirmación de su identidad como el Hijo amado del Padre. En este sentido, la Transfiguración no fue un espectáculo religioso, sino una preparación escatológica para lo que ha de venir: el retorno glorioso del Salvador del Mundo. El apóstol Pedro, testigo ocular de ese momento, lo conectó directamente con el regreso del Señor.

    “Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad” (2 Pedro 1:16). Así como el Salvador fue transfigurado ante sus discípulos, así también la Iglesia será transformada en un abrir y cerrar de ojos (1 Corintios 15:52), cuando suene la trompeta final y seamos arrebatados para encontrarnos con el Señor en el aire (1 Tesalonicenses 4:16-17). La Transfiguración, entonces, es una sombra anticipada de la que había de ser con el retorno del Señor Jesucristo en gloria. 

    El Salvador del Mundo no busca devotos tradicionales, ni fervor efímero en agostos festivos. Él busca una Iglesia santa, vigilante y sin mancha, preparada como una esposa ataviada para su Esposo (Apocalipsis 19:7-8). Es aquí donde debemos confrontar una dolorosa realidad: la vida cristiana a medias no alcanza para el arrebatamiento. En tiempos de celebraciones religiosas, muchos se congregan, marchan, visten túnicas, levantan imágenes y proclaman con los labios que Jesús es el Salvador. Pero la Escritura advierte con severidad: “Este pueblo de labios me honra; Mas su corazón está lejos de mí.” (Mateo 15:8)

    Un cristianismo cultural, heredado, ritualista o superficial no transforma el corazón. Y si el corazón no ha sido regenerado por el Espíritu Santo, esa persona será dejada atrás cuando el Salvador venga por los suyos. La parábola de las diez vírgenes (Mateo 25:1-13) nos recuerda que todas esperaban al Esposo, pero solo las prudentes entraron. Las otras llegaron tarde, no por falta de religión, sino por falta de comunión verdadera. De modo que el arrebatamiento es el acto soberano de Dios para librar a la Iglesia verdadera del juicio venidero (cf. Apocalipsis 3:10; 1 Tesalonicenses 5:9). 

    Este evento será repentino, glorioso e irreversible. Y sucederá antes del derramamiento de la ira divina sobre el mundo impío durante la Gran Tribulación. En el contexto salvadoreño, donde se celebra cada 6 de agosto al Salvador del Mundo, deberíamos preguntarnos con honestidad: ¿Estamos preparados para encontrarnos con ese Salvador cara a cara? ¿O solo le damos honor en actos públicos, mientras en lo íntimo vivimos para nosotros mismos?

    Muchos celebran la Transfiguración de Jesús, pero rechazan ser transformados por Él. Lo quieren glorioso en la imagen, pero no como Señor en su conciencia y decisiones. 

    Lo veneran en procesión, pero lo niegan en sus acciones diarias. Las fiestas pueden ser ocasión para el ocio, pero también pueden ser puertas abiertas a la reflexión espiritual. Hoy más que nunca, El Salvador —la nación toda— necesita volver al Señor Jesucristo— no como íconoreligioso, sino como Redentor personal. El llamado no es a conmemorar un evento pasado, sino a prepararse para un evento futuro: Su venida inminente. “Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor.” (Mateo 24:42)

    Ser cristiano no es portar una túnica un día al año, sino vivir crucificado con Cristo cada día (Gálatas 2:20). El Salvador del Mundo merece más que una fiesta anual: merece una vida entera rendida a su voluntad, bajo la guía del Espíritu Santo, y esperando su regreso con anhelo. Mientras El Salvador se viste de fiesta y eleva la mirada hacia una imagen del Señor Jesucristo transfigurado, los cielos están a punto de abrirse para una transformación mayor: la del arrebatamiento de la Iglesia fiel. La venida del Señor está cerca, y la pregunta que cada alma debe hacerse no es si participará en la procesión, sino si participará en la gloria.

    Hoy, en esta tierra llamada “El Salvador”, no basta con celebrar al Salvador del Mundo. Es necesario obedecerle, amarle, servirle y esperarlo. 

    Que este tiempo de festividad se convierta en un clamor de santidad, un altar de arrepentimiento y una vigilia de esperanza. Porque la trompeta está por sonar, y solo los transformados verán su gloria. “Y todo aquel que tiene esta esperanza en Él, se purifica a sí mismo, así como Él es puro.” (1 Juan 3:3)