Categoría: Opinión

  • Sobre estatuas y monumentos

    Sobre estatuas y monumentos

    La señora Alessandra Rojo de la Vega, alcaldesa de Cuauhtémoc, localidad considerada el corazón de Ciudad México, decidió desalojar las estatuas del tirano Fidel Castro y del asesino en serie Ernesto “Che” Guevara, colocadas en un parque de la localidad, 2017, por decisión de un funcionario mexicano partidario de la dictadura cubana y político importante de la administración de la actual presidenta.

    Ambos símbolos de abusos y crueldades infinitas fueron removidos en el año 2018 por falta de autorizaciones gubernamentales, después de haber sido objeto de vandalismo en señal de protestas y de manifestaciones de vecinos en su contra.

    En consecuencia, la alcaldesa, con las facultades que le confiere su cargo arguyó que los monumentos habían generado controversias y que la alcaldía consideraba que no estaba justificado que ocuparan el espacio público asignado, además de que se habían producido irregularidades en su emplazamiento, sin aludir los treinta y dos mil dólares de los fondos públicos gastados en la construcción y al hecho de que se le rendía tributo a dos sujetos que representaban valores contrarios a lo que la sociedad mexicana y su gobierno dicen enaltecer, agregando públicamente “Ni el Che ni Fidel pidieron autorización para instalarse en Cuba y tampoco en la Tabacalera”.

    Las estatuas colocadas sobre un banco del parque representaban a Fidel Castro y a Guevara, con un libro y una pipa de tabaco, respectivamente, en vez de un fusil de asalto o un artefacto explosivo, las verdaderas afinidades de esos sujetos que durante toda su existencia lo que aportaron a la sociedad fueron desgracias, miserias e incalculable cantidad de damnificados y muertos.

    Esta faena ha suscitado numerosos comentarios, pero, sin dudas, los más llamativos han sido las acotaciones de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, quien dijo que la alcaldesa Rojo de la Vega había actuado ilegalmente al desalojar los monumentos a la vez que acuso a la funcionaria de “una intolerancia tremenda”.

    Por otra parte, la señora presidenta, siguiendo las pautas del castrismo de intentar descalificar a sus adversarios y enemigos, expone que la alcaldesa fue a Cuba de vacaciones lo que evidenciaba, en su opinión, que no estaba en contra del régimen, ignorando que no todos los que visitan la isla lo hacen por amor a la dictadura, muchos, van a informarse o asistir a la digna oposición que ella y sus aliados como Luis Inacio Lula da Silva han escogido ignorar por motivos ideológicos.

    En honor a la verdad no soy partidario de la destrucción de estatuas y monumentos. Cada día que transcurre me convenzo de que existen valores indelebles representados en ocasiones por imágenes y monolitos dedicados a insignes personalidades o acontecimientos de la historia, aunque las perspectivas que tiene cada quien sobre los mismos sucesos y personas pueden ser radicalmente opuestas, lo que debe motivar una apropiada reflexión de parte de los involucrados.

    Por ejemplo, rechazo que las estatuas dedicadas a Cristóbal Colón y demás descubridores y conquistadores de nuestra América sean retiradas de los lugares públicos en que se encuentran. No creo en los argumentos demonizadores de quienes promueven su remoción. Cierto que los personajes que representan muchas de esas estatuas cometieron innumerables abusos y crímenes, pero también fueron quienes hicieron posible el choque de dos mundos y el enriquecimiento de ambos, siendo el resultado de su gestión de vida altamente positivos.

    Eso no se puede argüir en lo que atañe a Castro y Guevara, tampoco a los jenízaros que los acompañaron en la destrucción de Cuba y en su frustrado intento de desestabilizar a todo un continente para imponer el poder totalitario.

    Considero que los monumentos y estatuas representan episodios trascendentes de la historia y su construcción o remoción deben ser objetos de detalladas investigaciones cuyo resultado no debe estar influenciado por simpatías sino por la contribución que los encartados y sucesos haya hecho a la humanidad.

    Por mi parte, conociendo la gestión de estos criminales me parece bien la destrucción de monumentos similares en cualquier parte del mundo que representen a sujetos como estos, en particular, el dedicado al “Che” en la ciudad de Santa Clara, porque lo que dijera la alcaldesa Rojo de la Vega el pasado lunes 21 de julio, es una verdad irrebatible: “Fidel Castro y El Che fueron asesinos. El asesino no es menos asesino si es de izquierda”.

    * Pedro Corzo es periodista cubano

    Pedro Corzo
    Periodista

  • Mortalidad Vial en El Salvador: La Epidemia Silenciosa que Mata Más que las Pandillas

    Mortalidad Vial en El Salvador: La Epidemia Silenciosa que Mata Más que las Pandillas

    Sí amorcito, te lo prometo, le dijo Julio a su hija Carmina de 7 años. Cumplía años ese día, y su madre le partiría un pastel después de cena. Estaba oscureciendo cuando Julio arrancó su motocicleta, una Yamaha XTZ250. Miró su reloj, eran las 6:15pm. Tenia exactamente 45 minutos para llegar a su casa y cumplir su promesa. Un grupo de nubes amenazantes se cernían sobre el horizonte, ojalá y no llueva, pensó. Pero pasados 15 minutos, comenzó el diluvio, típico de los meses de julio en nuestro país. Las nubes ocultaron el sol, y la lluvia abundante le dificultaba la visibilidad. Julio conducía, más rápido de los usual, su motocicleta por la 25 Avenida, una de las vías más transitadas de la ciudad. La lluvia hacía que el asfalto estuviera resbaladizo y la visibilidad disminuida, pero Julio iba atento y con precaución. Sin embargo, a su lado, un conductor de automóvil, apresurado y distraído por su teléfono móvil, invadió el carril de Julio sin darse cuenta. El impacto fue súbito. La moto de Julio derrapó sobre el pavimento mojado, lanzándolo violentamente contra el bordillo de la acera. A pesar de que llevaba casco y equipo de protección, la fuerza del golpe le provocó heridas graves en la cabeza y el torso. Los testigos llamaron rápidamente a emergencias, pero Julio perdió la conciencia antes de que llegaran. Julio falleció en el hospital debido a un trauma craneoencefálico severo y hemorragias internas. Era un sábado, y su hija Carmina lo esperaría toda su vida.

    El Salvador se encuentra entre los países con mayor mortalidad vial de Centroamérica, con una tasa de 22 muertes por cada 100,000 habitantes, aproximadamente un 30 % por encima del promedio regional. Junto con Honduras, lidera esta trágica estadística en la región. Según datos del Ministerio de Salud (MINSAL), los accidentes de tránsito ocupan el sexto lugar entre las principales causas de fallecimiento en el país, una cifra alarmante que ha permanecido elevada durante la última década, con más de 1,000 muertes anuales de forma constante. Se trata de una tragedia sostenida, no solo por su magnitud, sino porque afecta principalmente a la población adulta en edad económicamente activa. El perfil más común de las víctimas fatales es el de un hombre joven o de mediana edad (71 %), en su mayoría motociclistas (39 %) y peatones (41 %). En conjunto, estos grupos vulnerables representan más del 80 % de las muertes por accidentes. En términos generales, el 68 % de los fallecidos son hombres, mientras que las mujeres constituyen el 22.8 %.

    Entre las principales causas identificadas en 2025 por el Viceministerio de Transporte (VMT) se destacan: Distracción al conducir (224 muertes), Exceso de velocidad (135 muertes),Invasión de carril (86 muertes). San Salvador continúa siendo el epicentro de la siniestralidad vial, aunque en 2025 ha mostrado una ligera reducción en el número de fallecidos. A nivel departamental, se observan diferencias significativas: mientras en San Salvador y La Libertad las cifras bajan, en Chalatenango los accidentes y muertes han aumentado. De acuerdo con reportes de la Policía Nacional Civil y medios locales, la mayoría de los siniestros fatales ocurren entre las 21:00 y la madrugada. Estudios internacionales respaldan que los horarios más críticos suelen ser entre las 18:00 y las 21:00 horas, particularmente al atardecer y en las primeras horas de la noche. En cuanto a los días de la semana, el domingo (19 %) y el sábado (16 %) concentran la mayor parte de las muertes, mientras que el viernes presenta la menor frecuencia (12 %).

    El Salvador lleva una década siendo golpeado por el flagelo de los accidentes de tránsito, y en todo ese tiempo, ningún gobierno —por incapacidad o indiferencia— ha logrado proteger efectivamente a la ciudadanía. El actual gobierno, que ya suma seis años en el poder, concentró sus primeros esfuerzos en combatir otro grave problema: el de los grupos terroristas o pandillas. Sin embargo, a estas alturas, resulta inaceptable que no exista una justificación clara sobre por qué los accidentes viales continúan siendo una de las principales causas de muerte en el país. Se trata, sin duda, de un problema grave de salud pública. No obstante, el gobierno ha delegado el liderazgo en materia de tránsito y seguridad vial al Viceministerio de Transporte (VMT), dejando en un papel secundario al Ministerio de Salud (MINSAL), cuya intervención debería ser clave dada la magnitud del impacto sanitario y humano que estos siniestros provocan. Aunque podría ser que nuestro ministro de salud prefiera seguir jugando con sus robots.

     

     

  • La necesidad de una nueva política agrícola

    La necesidad de una nueva política agrícola

    Frente al establecimiento de un impuesto del 10 % a las exportaciones salvadoreñas y al abrupto debilitamiento del mecanismo migraciones/remesas —consecuencia directa de las políticas proteccionistas y antiinmigratorias adoptadas por la administración del presidente Trump—, se vuelve urgente no solo la formulación de una nueva política industrial, sino también el diseño de una política agrícola renovada, capaz de dinamizar de manera sostenida el sector agropecuario y devolverle su papel clave en la economía nacional.

    Apostar por el turismo y por la construcción de un paraíso cripto-fiscal puede contribuir a diversificar la economía y atraer inversiones, pero estas apuestas, por sí solas, son claramente insuficientes para generar la cantidad de empleos decentes que el país necesita. Ninguna economía pequeña y abierta, como la salvadoreña, puede crecer de manera robusta y sostenida sin una base productiva sólida, capaz de generar niveles altos de valor agregado, aumentar las exportaciones, reducir los niveles de dependencia y absorber mano de obra de forma masiva. Para ello, tanto la agricultura como la industria son sectores esenciales y complementarios. Ignorarlos o seguir marginándolos equivale a renunciar a cualquier posibilidad real de desarrollo inclusivo y sostenible.

    Durante la vigencia del modelo de industrialización por sustitución de importaciones (MISI) —el periodo de mayor crecimiento económico en la historia del país, con una tasa promedio anual del 5.5 %—, la política agrícola fue impulsada con retraso, y ese rezago tuvo consecuencias graves: el abandono del campo, el estancamiento rural y la creciente exclusión social se convirtieron en caldo de cultivo para el conflicto armado que estallaría más adelante. Repetir ese error en el contexto actual, marcado por el debilitamiento de los flujos migratorios, la disminución del FODES y la creciente vulnerabilidad alimentaria, sería no solo imprudente, sino francamente irresponsable.

    Aun así, la experiencia del MISI ofrece lecciones valiosas. Durante ese periodo, el gasto público agropecuario se incrementó notablemente, llegando a representar cerca del 15 % del presupuesto nacional en 1974. El Ministerio de Agricultura y Ganadería fue reestructurado, y se crearon o fortalecieron instituciones claves como el Instituto Regulador de Abastecimientos (1953), la Escuela Nacional de Agricultura (1956), el Instituto Salvadoreño de Investigaciones del Café (1955), el Departamento Nacional del Café (DNC), la Dirección General de Investigaciones Agronómicas (DGIA), transformada en 1975 en el Centro Nacional de Tecnología Agropecuaria y Forestal (CENTA), y el Banco de Fomento Agropecuario (BFA) en 1973. Estas entidades promovieron la investigación científica, la transferencia tecnológica, el desarrollo de semillas mejoradas, la formación de técnicos y productores, y el acceso a crédito en condiciones favorables, lo que permitió ampliar la superficie cultivada y mejorar significativamente los rendimientos en rubros clave como el café, el algodón, la caña de azúcar y los granos básicos.

    Como resultado, entre 1960 y 1980, El Salvador logró avances notables en materia de seguridad alimentaria. Los coeficientes de dependencia alimentaria —es decir, la proporción del consumo nacional cubierta con importaciones— se redujeron de forma sustantiva: en maíz, del 16.1 % al 3.7 %; en frijol, del 51.6 % al 3.4 %; en arroz, del 16.4 % al 8.9 %; en carne de res, del 3.8 % al 0 %; en huevos, del 0.6 % al 0.1 %; y en carne de aves, del 1.9 % al 0.2 %. El único rubro donde la dependencia aumentó fue el de los productos lácteos, cuyo coeficiente pasó de 21.3 % a 30.5 %. Estos logros no fueron casuales, sino fruto de políticas públicas coherentes, inversiones sostenidas y una institucionalidad que acompañó activamente a los productores.

    Sin embargo, con el inicio de la guerra civil y, posteriormente, durante más de tres décadas de gobiernos orientados por principios neoliberales, la modernización y diversificación del agro dejaron de ser prioridad. El gasto público agropecuario cayó primero al 7 % durante el conflicto y luego se desplomó a apenas el 1 % en los últimos 25 años. A ello se sumó el desmantelamiento de las políticas de fomento productivo: se abandonaron los programas de investigación y extensión, se eliminó la prioridad de garantizar precios atractivos para los productores y justos para los consumidores, y se cancelaron las líneas de crédito a tasas preferenciales. En su lugar, se impulsaron programas como el “Paquete Agrícola” —centrado en la entrega de insumos mínimos— y más recientemente, la creación de “agromercados”, orientados más a aliviar la pobreza urbana que a reactivar la producción agropecuaria. El resultado ha sido el desvanecimiento de los avances en seguridad alimentaria y el registro de niveles de dependencia alimentaria sin precedentes.

    La reconstrucción del aparato productivo nacional exige, sin ambigüedades, una nueva política agrícola. Esta debe ser ambiciosa en su alcance, moderna en sus instrumentos, inclusiva en su enfoque territorial y sostenida en el tiempo. Requiere de una institucionalidad fuerte, de una nueva generación de técnicos y extensionistas, de políticas crediticias específicas y de un marco regulatorio que proteja al productor y al consumidor. Más aún, debe estar alineada con una visión de país que reconozca que no hay desarrollo posible sin un agro dinámico, productivo y digno. En un contexto en el que las fuentes tradicionales de ingresos externos pierden fuerza, en el que el mundo experimenta crisis alimentarias cada vez más frecuentes y en el que la desigualdad territorial se profundiza, renunciar a una política agrícola transformadora sería condenar a amplias regiones del país a una marginalidad perpetua. El momento de actuar es ahora. Y el agro debe volver a ocupar el lugar que le corresponde en la agenda nacional.

    *William Pleites es director de FLACSO El Salvador

     

  • La batalla silenciosa: Por qué el discurso del Fiscal en GAFILAT es un Hito Criminológico

    La batalla silenciosa: Por qué el discurso del Fiscal en GAFILAT es un Hito Criminológico

    El discurso del señor Fiscal General de la República licenciado Rodolfo Delgado Montes en el marco del LI Pleno de GAFILAT, celebrado en San Salvador la semana anterior, ha marcado un hito que va más allá de la simple retórica diplomática o técnica fiscal. Desde la perspectiva de la criminología, este evento no es un foro más de tecnócratas financieros, sino una declaración de guerra estratégica contra las arterias del crimen organizado. Su mensaje resuena con una verdad fundamental que la ciencia criminal ha validado: la desarticulación de las estructuras criminales no se logra solo con capturas, sino con la asfixia financiera de sus redes de poder.

    Tradicionalmente, la criminología se ha centrado en el estudio del delincuente y el delito, a menudo desde una perspectiva de «delito de calle». Sin embargo, la evolución del crimen hacia organizaciones transnacionales sofisticadas nos obliga a ampliar el enfoque. La criminología corporativa y financiera nos enseña que el verdadero poder de una estructura criminal reside en su capacidad para generar, mover y legitimar capital ilícito. El dinero no es solo el fin; es el medio para corromper instituciones, armar a sus miembros, expandir sus operaciones y, en última instancia, socavar el Estado de derecho.

    El discurso del señor Fiscal General muy categórico y potente, pone de manifiesto que El Salvador ha comprendido esta lección. Las estrategias de las que habló, centradas en la persecución de los activos ilícitos, el lavado de dinero y el financiamiento del terrorismo, son la esencia de una política criminal moderna. Esto demuestra un salto cualitativo desde el combate frontal a las pandillas en las calles, hacia la batalla invisible contra sus financistas, testaferros y cómplices de cuello blanco.

    Implicaciones Criminológicas de la estrategia fiscal

    1. Enfoque en la Criminología del poder: La estrategia expuesta por el señor fiscal Delgado Montes no persigue al eslabón más débil, sino que apunta a los cerebros detrás de las operaciones. Esto es un cambio fundamental, ya que ataca la capacidad de liderazgo y de resiliencia de las organizaciones criminales. Al golpear el poder económico de estas estructuras, se envía un mensaje claro: la impunidad no está garantizada ni siquiera para quienes operan desde la sombra.

    2. Uso de la inteligencia financiera como herramienta criminológica: La capacidad de seguir el rastro del dinero —a través del análisis de transacciones, criptomonedas y complejas estructuras de inversión— es la nueva ciencia forense del crimen organizado. El trabajo de la Fiscalía en esta área se convierte en una criminología de la evidencia digital y financiera, que permite mapear la red completa de una organización, desde sus líderes hasta sus colaboradores externos.

    3. Prevención general y especial: Al despojar a los criminales de sus ganancias y bienes, se envía un poderoso mensaje de prevención general a la sociedad: el delito no paga. Esto desincentiva a quienes podrían verse tentados a colaborar o a emular estas conductas. A su vez, para los criminales ya activos, la pérdida de sus activos es una forma de prevención especial que debilita su capacidad para seguir operando.

    4. Fortalecimiento del control social formal: El éxito en la lucha contra el lavado de dinero y el financiamiento del terrorismo es un indicador clave del fortalecimiento de las instituciones de un país. Refuerza la confianza de la ciudadanía en que el sistema de justicia es capaz de enfrentar a los criminales más poderosos, restaurando la credibilidad en el control social formal y el Estado de derecho.

    El mensaje del señor Fiscal General Rodolfo delgado Montes en este cónclave del GAFILAT en la ciudad capital de San Salvador, por lo tanto, no es solo un compromiso técnico. Es un reconocimiento de que, para ganar la guerra contra el crimen, debemos librarla en los foros internacionales y en las esferas económicas, siguiendo el rastro del dinero. Este enfoque proactivo y sofisticado es la única vía para garantizar que la paz alcanzada en nuestras comunidades sea duradera y que el poder del Estado prevalezca sobre el poder de las estructuras criminales. Y para ello el señor fiscal cuenta con un equipo de fiscales especializados bien capacitados, adiestrados y con tecnología de punta, y se confirma el compromiso del licenciado Delgado Montes en materia de prevención del lavado de activos, financiamiento del terrorismo, otras amenazas, pero además el compromiso de la FGR con los valores de: integridad, cooperación, fortalecimiento del talento humano, combate a la impunidad yla justicia. 

    * Ricardo Sosa, Doctor y máster en Criminología 

    @jricardososa 

     

  • Del juicio a Uribe a Palestina

    Del juicio a Uribe a Palestina

    Me detengo a leer con curiosidad, y algo de extrañeza, un titular de un diario bogotano del pasado 29 de julio, donde la juez Sandra Heredia titular del 44 Penal del Circuito con Función de Conocimiento,  le responde a un periodista, algo así como “…no es posible creer que Uribe no tenía conocimiento de lo que hacía su abogado…”.
    Leo de nuevo y sí había leído e interpretado bien. Entonces la primero que se me vine a la cabeza, quizá por ser abogado, y sobre todo por haber tenido  como profesores a los más ilustres juristas venezolanos de aquél entonces, que esa declaración de la juez anulaba el juicio, o en todo caso la apartaba del caso.
    Había adelantado opinión del caso antes de sentenciar, y para sentenciar, no se sentencia en lo que el juez cree o presiente sino en lo probado en actas, no se puede condenar a Uribe por complicidad o autoría. Así de sencillo es. Desde el Derecho romano hasta el presente. Lo contrario debe ser como los jueces rusos o venezolanos.
    Al día siguiente, Sandra Heredia investida con la toga negra de juez, rodeada de periodistas y curiosos, lee la sentencia en su Tablet electrónica. Tartamudea, se equivoca, se le corre el texto, se detiene, lo vuelve a encontrar y reinicia la lectura de la sentencia en una Tablet que una hoja de papel tamaño oficio.
    La juez no es juez, es como militante del petrismo o del “wokismo” que ejerce esa investidura, como igual la hubieren designado a vender pan de bono  en alguna esquina del centro de Bogotá.
    Así se pierden las repúblicas, cuando los golpes de estado, no lo hacen los militares, sino los populistas de cualquier signo, como lo hizo Chávez, como lo hace Pedro Sánchez contra España y los españoles. Penetran los poderes del Estado, colocan militantes y no juristas en los juzgados, en la Fiscalía, en la Tesorería; se violenta el principio de la soberanía nacional diluida en la temeridad delictiva y complicidad del ejecutante.
    Lo de Colombia es inaceptable, en medio de sus traspiés históricos como buen país hispanohablante, Bolívar en su misiva titulada Contestación de una Americano Meridional a un caballero de esta isla (Carta de Jamaica,1815), ese instrumento epistolar del cual se valió para hacer un análisis antropológico de Hispanoamérica, y las causas de la pérdida de la Segunda República, señalaba a Nueva Granada como el país de las leyes, Ecuador como un convento y a Venezuela como un cuartel.
    Y así la hemos tenido siempre, en medio de sus guerras intestinas entre liberales y conservadores del siglo XIX, entre las guerrillas marxistas y el estado democrático en el XX, y ahora entre inadaptados alzados en armas y traficantes de toda especie, el Poder Judicial en Colombia era una virtud republicana como objetivo nacional a alcanzar y sostener. Y observen que no me pronuncio sobre si Uribe tenía o no, conocimiento de lo que su abogado trataba con el detenido para cambiar su versión de los hechos, sino de la acción inaceptable de la juez designada.
    La idea es, en general, debilitar las instituciones republicanas y derivar la percepción del electorado hacia una poder central eficiente y cercano a la población, a diferencia de la permeabilidad del resto de los poderes públicos.
    En el hecho que nos ocupa, la sentencia fue apelada; pero no es el caso, lo que se debe es anular la sentencia pronunciada  y reabrir el juicio en otro tribunal.
    Ahora, de dónde parte esta lacerante realidad que invade como si fuere una variante política del Corona virus,  a las sociedades occidentales tradicionalmente cobijadas bajo diferentes expresiones republicanas, sostenidas en la separación de los poderes públicos, la alternancia en el poder, y la soberanía popular que se expresa mediante el voto, la consulta al soberano.
    Este debilitamiento de los poderes públicos republicanos, lo observamos aún en los Estados Unidos, donde una aparente urgencia por corregir desviaciones y entuertos acumulados el Ejecutivo entabla una juego de fuerza con el Poder Judicial. Se habla entonces de “mis jueces”  o de cuántos jueces son demócratas y cuántos republicanos. Lo cual causa desconcierto en la población, en el magisterio judicial y académico. Hasta el presente la tradición republicana  se ha mantenido firme, y la mayoría de los magistrados apegados al espíritu constitucional de pesos y contrapesos.
    Se presiente, y en mi caso estoy convencido, que ese debilitamiento del orden republicano democrático enmarcado en lo que se conoce como cultura y valores occidentales, obedece a una estrategia no coordinada en su inicio, pero cada vez más coherente entre sí, que se coordina e identifica en sus objetivos finales.
    El estrepitoso fracaso social y económico que significó el establecimiento del comunismo en la extinta Unión Soviética y en sus países satélites, entre ellos Cuba, dejó un vacío alternativo a la economía de mercado y al ejercicio activo de la democracia que no ha  podido ser sustituido por otro, alterno o cercano al original.
    * Juan José Monsant Aristimuño, diplomático venezolano, fue embajador en El Salvador. 
  • El patrimonio cultural salvadoreño

    El patrimonio cultural salvadoreño

    El Salvador se caracteriza por tener en un reducido territorio una diversidad amplia con respecto al patrimonio. Por lo tanto, hay una clasificación con respecto al patrimonio, el primero se refiere al patrimonio natural, el cual incluye paisajes, flora y fauna. Es importante mencionar a los bosques El Imposible y Montecristo. El patrimonio cultural tangible se refiere a bienes materiales como edificios históricos y obras de artistas, ejemplo de ello es el Palacio Nacional, el teatro de Santa Ana, etc. El patrimonio cultural intangible se refiere a tradiciones y expresiones, ejemplos de ellos son las danzas de El Tigre y el Venado, el Santo Entierro de Izalco y los Talcigüines en Texistepeque. 

    Con respecto a los bienes materiales, curiosamente la iglesia colonial de Tacuba en Ahuachapán, sufrió daños por los sismos del pasado 29 de julio. Hace 252 años, en la misma fecha, la iglesia de Tacuba se derrumbó por el terremoto de Santa Marta ocurrido en Antigua Guatemala. 

    La iglesia colonial de Tacuba es un patrimonio cultural que pocos conocen, la cual fue construida entre los siglos XVII y XVIII (1600–1700). Su arquitectura es un gran legado para el patrimonio cultural del país. La iglesia fue declarada Monumento Nacional en 1978. 

    Los datos históricos fueron encontrados en Guatemala en el Archivo General de Centroamérica. Según información, Don Jacinto Jaime fue el iniciador, contratando a los que llamaban alarifes. Para 1769, la iglesia ya poseía un retablo y un órgano, pero un terremoto llamado “Santa Marta” lo destruyó en 1773. Su estilo barroco y neoclásico, aún se admira y está siendo conservado, por esa razón empezó a repararse con la ayuda de un arquitecto español; sin embargo, otra desgracia natural ocurrida en 1982 destruyó la fachada.

    En El Salvador, el único Patrimonio de la Humanidad declarado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) es Joya de Cerén. Las ruinas arqueológicas son llamadas también la Pompeya de América. 

    ¿Cómo puede una persona empoderar a un país con respecto al patrimonio cultural intangible? Uno de los personajes más emblemáticos de El Salvador es el poeta Roque Dalton, quien es considerado un patrimonio literario y cultural. Tan grande es su legado que su legado literario y sus objetos personales fueron depositados y resguardados en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes en Madrid, España, en este año. Es un símbolo de la memoria histórica y de la identidad salvadoreña.

    Es importante que el Ministerio de Cultura proteja toda la variedad de patrimonios que se encuentran en el país. El Salvador cuenta con seis patrimonios que son muy visitados por los turistas nacionales e internacionales, estos son los parques arqueológicos: Casa Blanca, Cihuatán, Joya de Cerén, San Andrés, Tazumal, además el Palacio Nacional. 

    Mientras tanto, la Convención de La Haya para la Protección de los Bienes Culturales en caso de Conflicto Armado instaurada en 1954, permite marcar los bienes culturales excepcionalmente importantes que están bajo protección especial. “El escudo azul” está colocado en todo monumento que se considere bien cultural. El objetivo es proteger los bienes culturales como: obras de arte, monumentos, sitios arqueológicos, museos, bibliotecas, entre otras. Lamentable que algunos monumentos nacionales no han sido respetados o protegidos.

    Cada distrito debe de identificar si cuenta con un patrimonio nacional. Si lo hay, debe de protegerlo y aprovecharlo hasta para promocionarlo turísticamente. El patrimonio cultural salvadoreño es variado y se debe de visitar; ya que, se aprende de historia e identidad cultural.

     

    *Fidel López Eguizábal es docente e investigador

    fidel.flopez@gmail.com

     

  • El periodismo valiente y las democracias agonizantes

    El periodismo valiente y las democracias agonizantes

    Refiriéndose a su compatriota, el sacerdote y literato Benito Feijóo, don Marcelino Menéndez y Pelayo, el más influyente académico español de su tiempo, escribió con sorna que no quería “hacerle la afrenta de llamarle periodista, aunque algo tiene de eso en sus peores momentos”.

    Curioso resulta el dato por dos razones: primero, porque grafica cuánta animadversión causaba, entre los intelectuales ibéricos de principios del siglo XX, el oficio periodístico —considerado por muchos de ellos como la devaluación de la literatura—, y en segundo lugar, porque Menéndez y Pelayo siempre gozó, mientras tuvo vida, de lo que hoy llamaríamos “buena prensa”.

    Lejos estaba don Marcelino de imaginar que el periodismo se convertiría, a fuerza de demostrarlo, ya no solo en un poder social ineludible, capaz de cincelar la cultura, sino en espacio primordial para decidir el fortalecimiento y hasta la permanencia de las democracias en el mundo moderno.

    El valor de la opinión, así como el de los vehículos que la transmiten, es incuestionable. En su inmortal obra de 1859, Sobre la libertad, John Stuart Mill aporta el argumento liberal clásico sobre el tema: “Si se silenciara una opinión, esa opinión, hasta donde tenemos conocimiento, pudiera encerrar la verdad. Negarla es suponer nuestra propia infalibilidad. En segundo lugar, aun cuando la opinión silenciada fuese errónea, bien pudiera contener —y de hecho frecuentemente contiene— parte de la verdad; y por cuanto la opinión general o dominante sobre algún tema es rara vez toda la verdad, es únicamente en el libre choque de ideas opuestas que nace la oportunidad de alcanzar el resto de la verdad”.

    El periodismo en esta época sigue enfrentando enemigos poderosos, desde los que llenan cárceles con informadores críticos hasta aquellos que silencian las opiniones con métodos más sofisticados

    De ahí la importancia de la libertad de expresión y sus garantías, así como de la lucha que deben librar los pueblos por conservarla. El periodismo en esta época sigue enfrentando enemigos poderosos, desde los que llenan cárceles con informadores críticos hasta aquellos que silencian las opiniones con métodos más sofisticados, como el recurso a la intimidación digital o el pago a diseminadores de noticias falsas.

    El Nobel de Literatura de 1989, Camilo José Cela, sin hacer concesiones gratuitas, decantó su ingenio hacia una mayor comprensión del oficio periodístico, augurando éxitos al comunicador que aspirara “al entendimiento intelectual y no al presentimiento visceral de los sucesos y las situaciones”, en una permanente (y sana) revisión de su actitud personal frente a la realidad. Tomando en cuenta la variedad de circunstancias que complejizan la relación entre el profesional de la noticia y el movedizo terreno de los hechos, la reflexión es oportuna.

    Por supuesto, difieren las formas en que un medio de comunicación, ejerciendo su libertad, responde a la obligación de informar con veracidad. Lo que tendría que ser uniforme es el esfuerzo —no solo constante, sino creciente— de conquistar esa cuota mínima de conciencia y responsabilidad que idealmente debería estar detrás de toda búsqueda honesta de la verdad. Es ahí, en ese pequeño hueco, donde se ganan o se pierden credibilidades.

    Volviendo a citar el Dodecálogo de Cela, ahí se establece: “El respeto a la verdad, el sencillo e inmediato homenaje que día a día ha de prestarse a la verdad, debe guiar los pasos del periodista que aspire a representar su papel con dignidad, grandeza y eficacia…”. Y efectivamente, al ámbito de la conciencia editorial pertenece el deber de preguntarse, en medio del ajetreo diario, qué criterios definen lo que se considera de interés público y cómo se aplicarán estos criterios en la articulación de la noticia. Y allí, como en casi todo, las propuestas son tan múltiples como los pensamientos, las experiencias y hasta los prejuicios.

    El problema, muchas veces, no estriba en definir qué verdad se dice, sino de cuánta verdad se prescinde. Provoca desconfianza, por ejemplo, la actitud del que yo llamo “periodista mosca”, ese tipo de merodeador de la noticia que va a la realidad con la misma avidez de las moscas en los jardines: buscando única y exclusivamente los desperdicios. Este instinto coprófago no se limita a “nutrirse” de la podredumbre, sino que la presenta como lo más emblemático del contorno. Lo cuestionable aquí no es que se quiera hablar de la porquería que pueda haber en un jardín, sino la pretensión de convertir esa porquería ¡en todo el jardín!

    En casos muy polémicos, exponer parcialmente la verdad puede ser tan poco ético como no exponerla. Dependiendo de los alcances que tenga su nota, un periodista profesional sabe que el contexto es un deber ineludible

    En casos muy polémicos, exponer parcialmente la verdad puede ser tan poco ético como no exponerla. Dependiendo de los alcances que tenga su nota, un periodista profesional sabe que el contexto es un deber ineludible. Y contextualizar significa ofrecer al público la perspectiva real del jardín que se tiene ante los ojos, presentando sin exageración las distancias que median entre las rosas fragantes y los excrementos.

    Hubert Beuve-Méry, fundador del diario Le Monde, dijo una vez: “En periodismo la objetividad no existe; la honestidad, sí”. Lamentablemente, antes que para descubrir la verdad y exponerla, algunos ejercen su labor para justificar teorías propias. A cambio de su atención o preferencia, sin embargo, lo que el público demanda es integridad profesional, y eso es lo mínimo que un periodista puede y debe ofrecerle.

    Si buceamos en las complejidades de la naturaleza humana, a nadie debe extrañar que la libertad de expresión sea una de las más vulnerables conquistas de la civilización moderna. Pese a esa fragilidad, sin embargo, debe insistirse en que el periodismo honesto, ejercido con valentía, bien puede ser el último reducto de las democracias agonizantes.

  • Avivemos

    Avivemos

    Hace dos años y medio, Chile y Colombia solicitaron a la Corte Interamericana de Derechos Humanos su opinión sobre las obligaciones de los Estados para enfrentar la emergencia climática. Ello, desde el conjunto de normas que les determinan deberes específicos para garantizar y promover el respeto de la dignidad de las personas y los pueblos; es decir, el derecho internacional de los derechos humanos. El recién pasado 29 de mayo, el tribunal regional publicó su dictamen enmarcando dicha emergencia en la llamada “triple crisis planetaria” que contempla, además, otros dos fenómenos relacionados y retroalimentados todos entre sí: la contaminación y la pérdida de biodiversidad. Veamos cómo estamos acá en cuanto al tercer asunto.

    ¿Que debe entenderse por biodiversidad o diversidad biológica? Estos términos se refieren “a la variabilidad de organismos vivos de cualquier fuente, incluidos, entre otras cosas, los ecosistemas terrestres y marinos y otros ecosistemas acuáticos y los complejos ecológicos de los que forman parte”. Eso se lee en el respectivo convenio de las Naciones Unidas, parido en Río de Janeiro en junio de 1992; se trata de “la diversidad dentro de cada especie y entre las especies, así como de los ecosistemas, incluidas las plantas, los animales, las bacterias y los hongos”. 

    Hablamos, pues, de la vida en todas sus manifestaciones. Y en nuestro país, esta se encuentra en gravísimo peligro. Por ello, en serio, hablamos además de un verdadero ecocidio. ¡Sí! Ante nuestras narices están destruyendo de forma  inmisericordemente intencional el medio ambiente, pese a ser el salvadoreño uno de los Estados firmantes del citado documento. Detrás de Haití, El Salvador es el territorio más dolido y doliente de nuestro continente en cuanto a la salud de sus bosques; eso ocurre tanto en lo relativo a su degradación como a su deforestación. La primera tiene que ver con reducir su calidad; la segunda, con talar árboles y mochar más vegetación.

    No se trata de señalar únicamente a Nayib Bukele en sus dos etapas: la constitucional y la inconstitucional. Los graves daños a nuestro ecosistema se remontan hasta, al menos, los años iniciales de la guerra y la estrategia de “tierra arrasada” impulsada por la dictadura genocida que incluyó bombardeos “normales”, con napalm y con fósforo blanco; esta ocasionó terribles efectos entre la población no combatiente y su entorno. También contribuyeron en menor medida, hay que decirlo, acciones guerrilleras con consecuencias graves en este ámbito. Pero del 2019 a la fecha, la devastación ambiental ha sido más acelerada e imparable.

    A los permisos para construir por todos lados, la Unidad Ecológica Salvadoreña (UNES) agrega en su balance del 2024 la inseguridad hídrica y alimentaria, el cambio climático, la explotación de manglares y la contaminación de zonas costeras, entre otras burradas. Mención especial merece el haber revivido legalmente la ilegitima extracción minera. Asimismo, Ricardo Navarro, del Centro Salvadoreño de Tecnología Apropiada (CESTA), sostuvo que las primeras lluvias de este año provocaron “inundaciones, desbordamientos y caída de árboles” en nuestra comarca; eso ‒señaló el Premio Ambiental Goldman 1995‒ presagia que se nos viene encima “un escenario climático inusual”. Finalmente, Berta Medrano ‒directora de Gaia El Salvador‒ aseguró que estamos en “desventaja”; nuestra vulnerabilidad, advirtió, es “mucho más grave” que en el resto de América. 

    Para acabar de joder, con la depredadora ambición urbanizadora para satisfacción de sectores pudientes y la permisibilidad oficialista junto a sus aparatosas megaobras innecesarias como el “estadio chino” ‒ocupando 175 000 metros cuadrados, para un fútbol chambón‒ se están terminando nuestro ya casi esclerótico pulmón capitalino: El Espino. Y hoy resulta que, además, construirán allí el Centro Internacional de Ferias y Convenciones (CIFCO) que abarcará un terreno de casi 56 000 metros cuadrados, superando los 55 000 del Parque Tepeyac ‒centro comercial ubicado en la Ciudad de México‒ y el área construida de la primera etapa del parque industrial Circunvalación Norte situado en Santiago, República Dominicana, y valorado en 40 millones de dólares.

    Pero circula ya la denuncia pública contra el  nuevo CIFCO cuyo proyecto “ha sido aprobado sin consulta ciudadana, sin estudios públicos de impacto ambiental y en completa opacidad”. “El Espino ‒continúa dicha censura‒ es hábitat de especies en riesgo como el torogoz, la ardilla roja, el tacuazín y más de 100 especies de aves y mariposas que contribuyen a la salud del ecosistema. También es fuente de recarga hídrica vital para San Salvador”. Por ello, se exige la suspensión de esa y otras obras “de tala o construcción” así como la consulta a organizaciones ambientalistas, universidades y comunidades. Debe protegerse permanentemente “toda la finca El Espino como reserva ecológica”; seguir acabándosela “es abrir paso a un colapso ambiental y a la pérdida irreversible de biodiversidad”. ¡Avivemos pues!

  • El jubileo del Divino Tesoro 2025: Una ruta para descubrir y transformarse

    El jubileo del Divino Tesoro 2025: Una ruta para descubrir y transformarse

    Nada permanece, todo se renueva; la crónica es un viaje de exploración que nos transforma. Siempre es bueno reencontrarse, para no perderse y perdonarse, huir de la desmemoria dramática del pasado, buscar tiempo para nosotros; y, así, poder ahondar en el tema de la concordia y en el crecimiento anímico. Realmente, la pasividad es lo que nos destruye, somos seres en activo, deseosos de impulsar la cercanía en este peregrinar por aquí abajo, donde todos necesitamos de la caricia visual de una mirada para ilusionarnos. Lo sustancial radica en no desfallecer, puesto que tampoco se nace joven, hay que adquirir el soplo de la juventud; y, sin un modelo, no se logra el cambio. Desde luego, tanto el referente como la referencia radica en la auténtica expectativa, esa que no defrauda y nos restituye.

    Me van a permitir que piense en el Jubileo del divino tesoro 2025, llevado a cabo en estos días en Roma, donde llegan multitud de peregrinos esperanzados y en otros lugares, que no pudiendo estar en la ciudad de los apóstoles Pedro y Pablo, lo celebrarán en las Iglesias particulares. Ojalá pueda ser para todos un momento de hallazgo amistoso, de encuentro vivo y personal con el Señor Jesús, puerta redentora y salvación para los creyentes. Al fin y al cabo, en el amor y en el amar anida el máximo consuelo, tras una biografía que está hecha de alegrías y dolores. Sea como fuere, la convicción jamás puede derrumbarse frente al sufrimiento; al igual que, el cariño, que suele ponerse a prueba cuando crecen los aprietos. Lo sustancial es no abandonarse y perseverar en la confianza.

    Bajo el vínculo del compañerismo que nos hermana, es verdad que en los ojos del joven arde la llama, pero en los más mayores de igual forma brilla la luz del Jubileo Católico 2025, un evento trascendental dentro de la Iglesia que se celebra cada veinticinco años, invitando a los fieles de todo el orbe a un tiempo de renovación espiritual, reconciliación y encuentro. Será un buen momento, sin duda, para activar la cultura del abrazo con la mejor salud del alma, el hálito donante; simbolizando, con ello, que la solidaridad y la fraternidad debe unir a todos los pueblos. No olvidemos, en consecuencia, que ninguno de nosotros vino al mundo como una individualidad aislada, sino vinculada a sus análogos, por el mero hecho del cordón umbilical.

    Nuestra dimensión comunitaria, consecuentemente, es algo natural, una manera de referirse a la persona, al ser que somos, nos sólo en el ámbito biológico, también en cuanto a conciencia, voluntad, inteligencia, raciocinios, sentimientos y tantos otros añadidos vivientes, siendo todo igualmente una comunión de pasión perenne que ni siquiera la muerte puede empañar. De ahí, la importancia de poner en valor al espíritu de la enmienda, que es como el alma del Jubileo, redescubriendo en particular nuestras propias miserias humanas. Hoy más que nunca, tenemos que aprender a reprendernos y a desprendernos, a increparnos y a compartir, en lo cotidiano y en lo pequeño, porque uno ha de ser para los demás, lo que los demás quiere que sean para uno.

    Estos signos de vitalidad del apego, nos recuerdan que nada está perdido y que todo puede renacerse, comenzando por nuestro interior que se va renovando cada aurora. Precisamente, la vocación de todo ser es sentir la poesía como parte de sí, no el poder. Seremos signo de esperanza, a cualquier edad y en cualquier instante, con un compromiso de vida; tanto en la primavera de la juventud, como en la plenitud del verano de la edad madura y después asimismo en el otoño y en el invierno de la vejez y, por último, en la hora de la muerte. Descansemos, pues, reflexivamente oyendo esas riadas de testimonios diversos. La cuestión es activar una tierra inédita, donde no sólo mejore la previsión de la economía mundial, incluso la ayuda humanitaria no cese y la conciliación nos gobierne.

  • El monumental Cuscatlán, la gran ventaja pérdida

    El monumental Cuscatlán, la gran ventaja pérdida

    Sí El Salvador no clasifica al mundial de fútbol de 2026, quizá nunca más lo haga, pues para el Mundial de 2030, México, Estados Unidos y Canadá tendrán que eliminarse con el resto de equipos de la Concacaf. Es ahora o nunca, cuando la Selecta Cuscatleca tiene una ligera oportunidad, desgraciadamente esa posibilidad nos llega en el peor momento de fútbol salvadoreño; con una liga nacional nada profesional, con dirigentes incapaces y nada visionarios, con una afición desligada y con una federación bajo la tutela de extranjeros.

    El Salvador está en el grupo clasificatorio junto a Guatemala, Surinam y Panamá. De aquí saldrá directo para el Mundial el primer lugar, mientras que el segundo tendrá la opción de estar entre los dos mejores segundos de los tres grupos para tender opción de un repechaje.Guatemala tuvo una destacadísima participación en la recién finalizada Copa Oro, donde se quedó en semifinales ante Estados Unidos; Surinam, es una selección que ha avanzado mucho con sus jugadores codeándose en Europa y que recientemente le dio una bailada a El Salvador en el Estadio Cuscatlán; y Panamá es el país centroamericano que mejor desempeño tiene a nivel de selecciones del área por ende es el país favorito para clasificar de manera directa al Mundial 2026.

    Con casi todos los factores en contra la esperanza y la ilusión es lo último que como aficionados (léase masoquistas) perdemos y confiamos en Dios (al igual que los creyentes de todas las naciones) en que pase algo para que clasifiquemos. Obviamente se requiere capacidad, trabajo, entrega, planificación y esfuerzo colectivo e individual. La Selecta es el equipo de todos y cada uno debemos aportar lo que nos corresponde. Cuando juega la Selecta jugamos todos.

    A nuestro favor no tenemos mucho, pues si bien es cierto la Selecta es dirigida por un técnico tres veces mundialista, parece ser que está desfasado y que ahora es experto en perorata y/o retórica futbolística, a eso se agrega que nuestros seleccionados no juegan en ligas élites aunque se creen “estrellas” y que la Federación de Fútbol está en plena transición regularizadora dirigida por un ciudadano panameño, cuyo país es nuestro rival de grupo y por ende tiene un interés específico. A eso añadamos el poco profesionalismo de muchos periodistas deportivos que opinan como fanáticos y se creen expertos en las ligas europeas, especialmente la española e inglesa,  y del nivel malinchista de muchos aficionados que se sienten catalanes o madridistas, pero que ni siquiera conocen la avenida España de San Salvador.

    Lo poco que teníamos lo despilfarramos.  El Estadio Cuscatlán, un inmueble privado, bastión de la Selecta en algunas circunstancias, ha sido descartado como sede de los encuentros ante Panamá y Guatemala, juegos programados para el 10 y  14 de octubre respectivamente, debido a que el 4 de dicho mes la empresa dueña del estadio ha prestado el inmueble para un concierto de la banda de hard rock Guns N´ Roses. En junio de 2022 días antes del juego de la Selecta hubo un concierto similar y la grama quedó literalmente destrozada.

    No se sabe si los dueños  del estadio aprobaron el uso del escenario para el concierto porque su interés es estrictamente económico y les importa un comino la Selección, o si hubo algún factor de planificación anómalo. Lo cierto es que los duelos contra Panamá (la patria de Rolando González, el presidente de la Comisión Regularizadora de la Federación Salvadoreña de Fútbol) y Guatemala se jugarán en el estadio Jorge  “Mágico” González, un bonito estadio renovado, con una excelente cancha, pero con algunas desventajas respecto al Cuscatlán.

    En el Cuscatlán caben más aficionados que a la vez están más cerca de la cancha y por consiguiente dan un aliento más sensible. Los aficionados están a unos diez o menos metros de la cancha, lo que resulta agobiante para los jugadores rivales. En el “Mágico” la afición está a 25 o más metros de distancia de la cancha y la presión es menor hacia los equipos (especialmente los visitantes). Varios medios han encuestado a los seleccionados y estos han manifestado su preferencia por el Cuscatlán, por el aliento cercano que reciben de la afición.

    Dirigentes de Panamá, Guatemala, México, Estados Unidos, Costa Rica, Honduras, Canadá y otros países han manifestado su temor de jugar en el Cuscatlán, de donde se han llevado amargos resultados, incluso el periodismo deportivo de la región ha calificado el Cuscatlán como un verdadero infierno para sus selecciones, por la presión que baja desde los graderíos.

    Todos recordarán aquella tarde-noche del domingo 22 de junio de 2008 cuando, en el monumental estadio Cuscatlán, El Salvador remontó bajo la lluvia y el apoyo incondicional de la afición a la selección panameña. El Salvador había perdido 0-1 en Panamá y en el Cuscatlán comenzó perdiendo, pero los miles de aficionados que colmaron el monumental no dejaron de alentar y finalmente en el segundo tiempo se remontó 3-1, con aquellos dos goles de Eliseo Quintanilla y aquel antológico gol que anotó con la espal José Martínez, pero que fue atribuido a Luis Anaya, el zaguero que disparó a la meta que era defendida por Panamá. En aquella ocasión El Salvador clasificó a la siguiente fase teniendo como aliados el Cuscatlán y la noble afición.

    México, los actuales monarcas de la Concacaf, ya se ha ido derrotado en dos ocasiones, víctimas de la Selecta y del apoyo abrumador de la afición que ha vestido de azul el Cuscatlán, un estadio que genera miedo en las selecciones rivales y  cuya ventaja hemos disminuido al perder su autorización para los duelos contra Panamá y Guatemala, cuyos dirigentes deben estar muy contentos.

    Rumbo a una clasificación mundialista no se puede mi debe dar ventajas. Bolivia, quizá la peor selección de Suramérica se lleva sus partidos de local a la ciudad de mayor altura para sacar ventaja y está en su derecho. Nosotros, en El Salvador, por desidia, nula planificación, desinterés total, mala intención, intereses malsanos o simplemente por “pendejos” perdemos una ligera ventaja que en ocasiones se convierte en una ventaja gigante.

    Ojalá se pudiera hacer algo para revertir la situación, de lo contrario habrá que ir al “Mágico” a gritar el Himno Nacional y a apoyar a la Selecta que pese a sus enormes falencias tiene la posibilidad (mínima) de ir al mundial 2026… Si no es ahora, quizás nunca. En Dios confiamos.

     

    *Jaime Ulises Marinero es periodista