Categoría: Opinión

  • El desarrollo humano en nuestro espacio y en nuestro tiempo

    El desarrollo humano en nuestro espacio y en nuestro tiempo

    Todo está interrelacionado, también las diversas crisis, lo que nos demanda visiones universalistas y acciones concretas de revisión y de renovación, lo que requiere esfuerzos de entendimiento y comprensión, de manera confiada más que resignada. Con el desarrollo sostenible en riesgo, los aranceles masivos y otras medidas restrictivas, podrían tener un impacto catastrófico, puesto que el comercio se vuelve impredecible; a lo que hay que sumarle los grandiosos flujos migratorios o la explotación sin reglas de los recursos de la tierra. Indudablemente, la falta de respeto de los derechos humanos y la irresponsabilidad manifiesta de algunos gobiernos, genera una desolación tremenda que hay que regenerar cuanto antes.

    El mundo es un volcán en efervescencia, sacudido por las desigualdades, el caos climático y los conflictos. La financiación es el motor del desarrollo y, en este momento, el motor está fallando. Hemos de cambiar de rumbo, movilizando recursos para invertir en el futuro que queremos construir unidos, estableciendo un sistema fiscal global más equitativo. Lamentablemente, hay corrupción e ilegalidad en el comportamiento de sujetos económicos y políticos, lo que genera una podredumbre en el acontecer diario, que nos está dejando a la deriva. Sin duda, los diversos Estados, se hallan con el deber de afrontar estas tremendas situaciones, desde la acción colectiva y la reacción transformadora, en defensa del compromiso de la comunidad internacional con el multilateralismo.

    Ningún país puede resolver nada por sí solo, ya que los meros acuerdos de gran alcance van más allá de un territorio específico. Nos hemos globalizado y tenemos que trabajar juntos, por un planeta más de todos y de nadie en particular, lo que nos demanda a movilizarnos conjuntamente en la apertura a la vida, centro del verdadero desarrollo, pues el ser humano es el autor, el centro y el fin de toda la vida económica-social. El aluvión de hechos violentos, nos frenan e impiden la evolución de los pueblos hacia un mayor bienestar socioeconómico y anímico. Ojalá tengamos la fuerza moral de no permanecer indiferentes, ni pasivos, ante realidades que nos esclavizan y nos vuelven inhumanos a más no poder.

    El buen hacer deportivo, así como las diversas realizaciones artísticas y creativas o la misma actividad física, tienen el poder de cambiar las percepciones, los prejuicios y los comportamientos, así como de inspirar a las personas, derribar las barreras raciales y políticas, luchar contra la discriminación y aflojar los conflictos. Cualquier instante o cualquier espacio será de avance, en la medida que contribuya a favorecer la oportunidad de realizar el propio adelanto. Ahora bien, sin desarrollo sostenible tampoco nos habitará la concordia. De ahí, la necesidad de recuperar la conciencia de un destino común. Por ello, es preciso agrupar cultos y culturas en un enfoque inclusivo y resistir los estímulos del individualismo y el nacionalismo, demasiado frecuentes en la población actual.

    Sea como fuere, vivimos un momento de aguda volatilidad en las relaciones internacionales, en el que la guerra moderna crea un panorama frágil y desgarrador marcado por un agudo sufrimiento humano. Por ello, hablar de humanidad y de generosidad, significa además hacerse eco del espíritu constitutivo de las Naciones Unidas, su cima armónica y fraterna. Armonizar las políticas económicas con las políticas sociales, es imprescindible. Nuestro hábitat mundial debe hermanarnos, con políticas más poéticas y de servicio donante, fortaleciendo los valores democráticos y el respeto hacia toda existencia. Únicamente, de este modo, abrazaremos un desarrollo integral e integrador, que exige ineludibles valores éticos y no solamente acertadas decisiones económicas.

    *Víctor Corcoba Herrero es escritor español 

    corcoba@telefonica.net

     

  • Salvadoreños denunciemos a engañadores, estafadores y usureros

    Laura C. tiene 55 años de edad y trabaja en una tortillería en Ciudad Delgado. Ella nunca ha tenido licencia de conducir ni siquiera tiene vehículo, sin embargo, la semana pasada le enviaron un mensaje a su cuenta de WhatsApp a través del cual le notificaban que en el Viceministerio de Transporte tenía una multa por $50, pero que si a partir del aviso pagaba en dos días hábiles la cantidad de $25, el resto se lo descontaba. Si no pagaba le amenazaban con suspenderle la licencia de inmediato. En el mensaje, con procedencia de un código telefónico de Filipinas, le explicaban como tenía que hacer la transferencia del dinero.

    Sin entender lo que eso significaba prestó $25 y le pidió ayuda a una hija para que fuera a realizar el depósito transferencia a un banco. Su hija le explicó que eso era una estafa y que era imposible que ella tuviera una multa, pues no tenía licencia de conducir. ¿Cuántas personas inocentes habrán caído en esta burda estafa?. Un amigo en Ecuador me contó que en su país también pretendieron estafarlos de esa manera.

    Las estafas a través de las redes sociales están a la orden del día. Las innovaciones tecnológicas como la inteligencia artificial sumado a la inocencia de las personas que dan como verdadero todo lo que se publica, así como la adicción enfermiza a las redes sociales y al contenido basura, “bayunco” e inservible de los ”dizque””influencer” hacen factibles las manipulaciones y las estafas.

    La forma más usual es pedir los datos del usuario de redes sociales porque ganaron premios en concursos que no participaron o porque tendrán acceso a beneficios determinados. A las personas les piden direcciones, nombres completos, números de teléfonos y WhatsApp, datos familiares, números de cuentas bancarias, números de DUI y licencia de conducir, lugar de trabajo, estado civil, claves para acceder a nuestras redes sociales y otros datos estrictamente privados.

    Algunos contenidos están tan finamente elaborados que engañan a cualquiera. He visto videos, audios e imágenes, incluso textos, donde los manipuladores de la inteligencia artificial retoman a personajes reconocidos como políticos, funcionarios, periodistas, artistas y celebridades en diferentes áreas para elaborar contenidos. Un excompañero de escuela discute que la Tierra es plana porque ha visto video donde supuestos científicos lo afirman.

    Por eso me parece atinada la campaña gubernamental que insta a la población a estar atenta y a no ser tan ingenua. La campaña busca advertir a los salvadoreños sobre las nuevas modalidades del hurto informático. Todos los usuarios de redes y servicio de telefonía antes de caer en el engaño deben cerciorarse que no estén siendo víctima y si los buscan estafar deben llamar al 2999-9999 para interponer la respectiva denuncia.

    En redes sociales, por ejemplo, circulan cientos de videos, en los que se ve a científicos, funcionarios de gobierno y celebridades hablando de la diabetes y sus posibles curas. Los que padecen la enfermedad y buscan información en las redes salen confundidos. Conozco a más de algún diabético que dejó el tratamiento médico para seguir los consejos que un supuesto experto dio a través de un video propagado a través de youtube. El resultado es que se agravaron.

    Los salvadoreños debemos tener presente que nadie nos va a regalar dinero o herencias, que nadie gana un premio en un concurso en el cual no ha participado, que ningún desconocido nos manda paquetes del exterior y que ninguna persona o institución nos pide datos personales si en ningún momento ha tenido tratos con nosotros. También tenemos que tener claro que lo que circula por las redes sociales no suele ser verídico, que mayoritariamentelos “dizque” youtubers, creadores de contenidos o “influencer”, difunden material sin importancia, nulo y vacío de valores. Además, tenemos que estar conscientes que con la inteligencia artificial la manipulación y el abuso son factibles y por tanto el engaño y la estafa.

    Así cómo es posible denunciar a los estafadores y engañadores por redes sociales, también se debe denunciar a los usureros. La usura en El Salvador es ilegal. Hay personas que se dedican a prestar dinero con altos intereses diarios. Las víctimas, generalmente, son personas de bajo nivel económico que no pueden acceder al sistema financiero formal.

    Quienes son víctimas de los usureros deben acudir a la Fiscalía General de la República, a la Policía Nacional Civil o a cualquier juzgado de Paz, pues existe la Ley contra la Usura que pretende evitar y sancionar las prácticas abusivas de los usureros que se aprovechan de la necesidad de las personas, que generalmente se ven obligadas a prestar para trabajar como pequeños comerciantes y vendedores informales.

    La Ley contra la Usura busca establecer los límites de los intereses, prohibir el cobro de intereses sobre intereses, proteger a consumidores y usuarios y le da competencia a la Superintendencia del Sistema Financiero y a la Defensoría del Consumidor para investigar y sancionar a los usureros.

    Hay personas terriblemente abusadoras. Inclusive algunas instituciones financieras. Tal es el caso de Carmen Z. quien se dedica vender en las afueras del mercado San Jacinto. Además de lidiar con los agentes del CAM de San Salvador que la corretean para que no venda en la acera del mercado, debe sufrir el estrés de los usureros que todos los días le llegan a cobrar. Ella prestó $150 para comprarle medicina a su madre, y diariamente debe pagar $12 sin que esa cantidad abone a capital. Literalmente sigue debiendo los $150 pese a que ya pagó esa cantidad y más. Ella no esa la única, otras pequeñas vendedoras del mercado también están siendo víctimas.

    Quien les llega a cobrar les amenaza con llevar sus casos a los tribunales, incluso se ha presentado con un supuesto abogado que les dice que es el apoderado legal de la “financiera” que ha extendido el préstamo. En redes sociales circula un video en el cual se observa un pleito entre el usurero y un “uber”, porque el primero quiere embargarle el vehículo porque el taxista no tenía para abonar, pese a que solo debe $70. Los embargos solo proceden si son autorizados por la autoridad judicial tras un debido proceso.

    Así son los usureros. Tal vez haya necesidad de una difusión masiva de la Ley contra la Usura para evitar el abuso de los usureros y el sufrimiento de la gente más necesitada. La gente por desconocimiento no denuncia a estos aprovechados o porque toda su vida han dependido de un usurero que se ha hecho rico a costa de los pobres.

    Entonces a los estafadores y engañadores a través de las redes sociales hay que ignorarlos y denunciarlos al 2999-9999 y a los usureros abusivos hay que denunciarlos ante la PNC, la Fiscalía y los juzgados. Salvadoreños, tenemos que protegernos.

    * Jaime Ulises Marinero es periodista

  • Los Miserables

    Si hay un calificativo que se ajusta perfectamente a los servidores de las dictaduras sin importar el tinte, es el título de esta novela de Víctor Hugo, que le ha garantizado por siempre un destacado lugar en la literatura universal por su sólida defensa de los perseguidos y condena a los esbirros sin piedad.

    Los miserables, sujetos seducidos por una ideología, liderazgo, o simplemente por sus instintos depredadores, no se cuestionan lo que hacen. Actúan en base a sus tendencias criminales o intereses, lo que les conduce a victimizar a quienes no comparten sus iniquidades.

    Es apropiado señalar que muchos de estos canallas no se consideran tales porque son incapaces de percatarse de que el simple hecho de servir a un déspota los convierte en victimario. Su elección lo lleva a participar en un circulo de terror que se acentúa en base a la perversidad de cada uno.

    Es evidente que toda sociedad cuenta con individuos prestos a las canalladas más horrendas, incluidas las democracias, aunque sin duda alguna, las dictaduras, sin importar el tipo, son más proclives a producir sujetos sin escrúpulos prestos a servir en la acción más deleznable.

    Por otra parte, no faltan los que se comportan con indiferencia ante lo mal hecho, individuos sobre los que escribió Jose Martí, “el hombre no tiene la libertad de ver impasible la esclavitud y deshonra del hombre, ni los esfuerzos que los hombres hacen por su libertad y honor”. Estas personas por su indiferencia ante las víctimas, se vuelve también cómplice de los abusos que contemplan.

    En honor a la verdad el control social que ejercen los regímenes de fuerza sobre sus ciudadanos es tan vasto y profundo que compromete casi a toda la ciudadanía, envolviendo en particular en la saña oficial a la mayoría de los que sirven en las esferas gubernamentales, aun, cuando no formen parte directa de la estructura represiva.

    Todo esto se complica todavía más cuando se padece un sistema totalitario como el cubano, una forma que no permite la existencia del más insignificante resquicio de independencia social, económica y política. El totalitarismo significa ignorancia de los deberes y prerrogativas del ciudadano, un desconocimiento total del derecho de los otros, lo que no exime al verdugo de la responsabilidad de los abusos en los que haya incurrido.

    Durante años hemos sido testigo de esbirros del totalitarismo cubano que al salir de la Isla se aprestan a servir el enemigo que escogió Fidel Castro, Estados Unidos, asumiendo, en ocasiones, las posiciones más extremistas, pretendiendo borrar así sus vilezas.

    Esta situación se repite con los que en la actualidad son calificados como regímenes castro chavistas, Nicaragua, Venezuela y Bolivia, siendo Cuba el país que ha dado más renegados con independencia de que es un mandato que se ha extendido por 66 años.

    Los desertores del castrismo no son los profesionales de la salud que abandonan las llamadas misiones de la dictadura, sino los funcionarios y represores que, en los últimos tiempos con la acentuación de la miseria y el deterioro estructural del sistema, han decidido dejar el servilismo atrás y partir para la casa del enemigo.

    Los jueces y burócratas gubernamentales de diferentes áreas, que por su cargo debieron actuar como cómplices directos de acciones represiva o que causaron daños y perjuicios a las víctimas, pretenden tachar sus compromisos con el castrismo como si tal acción los pasara por un Jordán que limpia sus pecados.

    Sin embargo, podemos estar seguros de que más de un victimario se ha de refugiar, para limpiar su conciencia y mostrarse trasparente moralmente ante sus familiares, aludiendo que siempre cumplió con su deber o que simplemente cumplía ordenes en base a la famosa excusa de la “obediencia debida”.

    Estos sujetos no deberían recibir refugio en ningún país democrático y si denunciados ampliamente por sus crímenes, colocados en una lista publica que los señale como depredadores y enemigos de la democracia por haber servido a los autócratas que tanto daño han hechos en nuestros países como una advertencia a los depredadores de que el crimen si paga, así, quizás, los nicaragüenses, venezolanos, bolivianos y cubanos con espíritu de verdugos, tal vez no actúen como tales.

    * Pedro Corzo es periodista cubano

  • Integración de los Servicios de Salud Públicos en El Salvador: ¿Camino a la Privatización o a la Equidad?

    La semana pasada, un prestigioso programa de televisión entrevistó a líderes del Colegio Médico. Entre los diversos temas abordados, se mencionó de manera tangencial el rumor sobre una posible integración entre el MINSAL y el Seguro Social en la prestación de servicios de salud. Este tema, altamente controversial —aunque no tengo claro el motivo—, ha generado debate dentro del gremio médico. Se trata claramente de un rumor, aunque ampliamente difundido, que ha sido utilizado para criticar e influir negativamente en la opinión pública contra el gobierno actual, bajo el argumento de que dicha fusión conduciría a la privatización y, en consecuencia, a un aumento significativo en el costo de la atención médica en nuestro país. Desconozco cuál es el fundamento teórico o conceptual de este argumento, si es que existe alguno, o si simplemente se trata de una teoría conspirativa destinada a generar temor en la población.

    ¿Es la fusión ISSS-MINSAL realmente un factor conductivo a la privatización de la medicina en nuestro país?

    En El Salvador, el sistema de salud está conformado por los sectores público y privado, cada uno desempeñando funciones distintas en términos de cobertura, acceso y calidad de la atención. En cuanto a cobertura, el sector público —integrado principalmente por el Ministerio de Salud (MINSAL), el Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS), y en menor medida los servicios de salud militar, magisterial y otros— proporciona una cobertura teórica estimada entre el 70% y 80% de la población (aproximadamente 60% a través del MINSAL y 20% por el ISSS).

    Aunque estos servicios públicos no implican un costo directo para el usuario, suelen estar subfinanciados y presentan una alta demanda, lo que se traduce en sobrecarga, especialmente en áreas rurales. Esto genera tiempos de espera prolongados y frecuentes carencias de medicamentos o de atención médica especializada.

    El sistema de salud privado en El Salvador actualmente ofrece cobertura médica a aproximadamente entre el 15% y el 20% de la población. No obstante, la mayoría de quienes acceden a este sector pertenecen a los estratos socioeconómicos con mayor capacidad adquisitiva y residen principalmente en áreas urbanas. En los últimos años, se ha observado un aumento sostenido en la utilización de servicios médicos privados, impulsado principalmente por las limitaciones del sistema público, como los largos tiempos de espera y la percepción de una menor calidad en la atención. No obstante, el acceso a la atención privada sigue estando restringido a quienes pueden costearla, lo que perpetúa una brecha significativa en la atención médica entre los distintos niveles socioeconómicos.

    La tendencia de los costos en la medicina privada en El Salvador es claramente ascendente. Desde agosto de 2023, los precios relacionados con la salud han aumentado a un ritmo superior al promedio general de la economía, registrando una inflación interanual en el sector salud que llegó a ser más del triple de la media nacional en febrero de 2024. Este incremento afecta tanto a las consultas médicas —que oscilan entre $30 y $40 por cita con especialistas, sin incluir el costo adicional de los medicamentos— como a los procedimientos, hospitalizaciones y la adquisición de medicinas.

    El fortalecimiento del sistema público continúa siendo una prioridad para reducir las desigualdades en el acceso, los resultados y la satisfacción de los usuarios. Aunque la sanidad privada sigue siendo una alternativa fundamental para quienes buscan atención médica rápida y especializada, los esfuerzos deben enfocarse en ampliar el acceso y mejorar la calidad del sistema público mediante la implementación de una cobertura sanitaria universal.

    Una de las estrategias operativas adoptadas por países como Costa Rica, Uruguay, Chile, Brasil y el Reino Unido ha sido la desfragmentación del sistema público a través de la creación de un sistema único de salud, lo que ha permitido optimizar recursos, mejorar la coordinación y garantizar una atención más equitativa para toda la población.

    ¿Cuáles serian las ventajas y desventajas de una integración del MINSAL y el ISSS?

    Entre las principales ventajas de esta integración destacan: una mayor cobertura y equidad en los servicios públicos de salud, un uso más eficiente de los recursos, acceso más sencillo para los pacientes, mejoras en la calidad de la atención, sostenibilidad financiera y avances significativos hacia la cobertura universal.

    Sin embargo, también existen desventajas o desafíos importantes, como la posible resistencia institucional (debido a diferencias culturales y laborales, incluyendo la oposición de sindicatos), la complejidad en el financiamiento (por la existencia de diversas fuentes de recursos), el temor a una disminución en la calidad del servicio (especialmente entre los afiliados al ISSS, quienes podrían preocuparse por la pérdida de beneficios o una atención más lenta), barreras tecnológicas y los elevados costos iniciales que implica este proceso de integración.

    ¿Es razonable este miedo?

    La integración tiene beneficios claros a largo plazo, especialmente en la eficiencia y equidad, pero enfrenta importantes obstáculos políticos, financieros, y técnicos. Una integración progresiva y por etapas (empezando por compras conjuntas o servicios especializados compartidos), complementado por un dialogo institucional y reformas legales, podría ser la vía mas realista.

  • A esperar mejores tiempos para soluciones migratorias

    Un migrante es un ser humano enfrentado a muy complejos dramas. El desarraigo social y cultural, la nostalgia por la tierra que se ha dejado atrás, el desempleo o falta de estabilidad laboral, la ansiedad ante la incertidumbre y los efectos perniciosos de la discriminación, son todos factores que convierten a los migrantes en personas altamente vulnerables. A lo anterior se suman las realidades políticas que contribuyen al aumento exponencial de los flujos migratorios, principalmente las guerras, la violencia endémica y esos regímenes autoritarios que expulsan de sus países de origen a numerosas personas.

    En el último medio siglo, las tiranías de Cuba, Venezuela y Nicaragua han sido las principales “productoras” de exiliados en el continente americano. Estados Unidos, sin embargo, era hasta hace poco el generoso destino al que la migración forzada podía aspirar, con esa promesa de libertad y trabajo distintiva del sueño americano que se proponía a quienes desearan abrirse camino —legalmente— desde la obligada expatriación hacia el éxito.

    El regreso a la Casa Blanca de Donald Trump ha significado una radicalización del discurso antiinmigrante, pero también una reacción práctica al desorden que se gestó y creció durante la administración de Joe Biden. El más reciente Gobierno demócrata se esforzó, ciertamente, en ofrecer un rostro humano a las políticas fronterizas estadounidenses, pero también estimuló un flujo irregular de proporciones mayúsculas, criticado en su día hasta por las comunidades hispanas que ahora resienten, con razón, el extremismo policial del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).

    El problema se ha agravado, sobre todo, porque el desordenado arribo de indocumentados se ha transformado, andando el tiempo, en una subcultura de la ilegalidad. Muchas de estas personas, con motivos fundados, dejaron de pretender la ciudadanía para medrar en ambientes que les facilitaran la opción de vivir entre las sombras, fuera de la mirada de la ley. Para todos ellos, claro, la actual relación con el Estado americano ya no está más basada en la aspiración a encajar en otra sociedad y absorber determinados valores, sino en el miedo aterrador a ser deportados. Y en este tipo de escenarios, ya se sabe, la miseria se agrava, las tensiones aumentan y el crimen florece.

    Varias oleadas de inmigrantes mexicanos, cubanos, venezolanos, salvadoreños y hondureños han recibido de las autoridades federales de EE UU, en apenas un lustro —de 2021 a 2025—, mensajes tan confusos como contradictorios. Las más de 600 acciones ejecutivas firmadas por Biden, aperturistas en el discurso pero enmarañadas en su aplicación, no contribuyeron a consolidar una agenda que favoreciera la legalidad. Del otro lado, la vuelta al poder de Trump ha acercado la cerilla a la mecha, con redadas infames que han terminado por destrozar los nervios de legales e ilegales por igual.

    Luego de hacerles promesas ilusorias, Estados Unidos ha pasado a cerrar las puertas, con fuerza y sin opciones, a miles de hombres y mujeres que han cruzado sus fronteras impulsados por la esperanza. Procesar estas violentas oscilaciones pendulares, entre la mano abierta y el cerrojazo, es un desafío enorme para cualquier ser humano que escapa de su realidad y trata de adaptarse a una distinta. El analista cubano Martín Gurri ha sentenciado al respecto: “Un sistema que oscila entre la laxitud total y la represión severa no es realmente un sistema”.

    Llegamos así al punto neurálgico del problema migratorio en EE UU: ante dos extremos que han probado sus efectos negativos, ¿es posible diseñar una alternativa funcional? Y si esa opción de equilibrio fuera viable, ¿cómo construir, por amplio consenso, vías humanistas de legalización y mitigación de riesgos que a la vez pongan control sobre el flujo de personas pero simplifiquen los procesos de entrada y naturalización?

    De momento, el público estadounidense brinda un veredicto de apoyo a la moderación y una apuesta por la legalidad. En la primera medición de YouGov después de las protestas de Los Ángeles, si bien solo uno de cada tres ciudadanos dijo respaldar esas manifestaciones, la mayoría se expresó en contra de que el Gobierno federal sustituyera a las autoridades locales en la tarea de enfrentar los disturbios (56%) o que los marines fueran desplegados por orden de Washington para controlar la situación (47% versus 34%). Los encuestados no parecen justificar ningún tipo de violencia, ni la que exhibieron algunos inconformes en las calles ni la que ejerce la Administración de Trump contra los indocumentados.

    Tal parece que solo un gran acuerdo nacional sobre migración puede salir al encuentro de las razonables inquietudes que despierta tan delicado tema. Y ese acuerdo tendría que conducir al abandono (total o parcial) de posturas partidarias excluyentes entre sí. Porque tan contraproducente es ilegalizar a todo inmigrante como pretender que cualquier persona, sin importar sus antecedentes, pueda entrar libremente a Estados Unidos.

    Pero el sistema debe cambiar, no hay duda, optando por marcos legales simples, claros y que establezcan los límites deseables: cifras máximas anuales de flujo migratorio, priorización de talentos de acuerdo a las necesidades de las comunidades receptoras y una urgente transparencia a lo largo de todo el proceso de ciudadanización.

    La asimilación nunca ha sido producto de la magia; para fomentarla, sin embargo, se requiere de liderazgos políticos capaces de neutralizar las posturas extremas. ¿Acaso es Trump esa clase líder? ¿No será más bien que el diálogo y la sensatez deberán esperar mejores tiempos?

  • Alcohol en los Estadios de El Salvador: ¿Un Gol en contra de la Seguridad?

    Desde esta columna, donde la lupa de la criminología y la seguridad pública se posa sobre las decisiones que impactan nuestro tejido social, la reciente noticia sobre la venta de cerveza en los estadios de la Primera División del fútbol salvadoreño nuevamente es, a todas luces, una espada de doble filo. Si bien puede ser vista como una medida para modernizar la experiencia del aficionado y generar ingresos para los clubes, desde nuestra perspectiva, introduce una variable de riesgo que exige un análisis meticuloso y no la podemos tomar a la ligera.

    Es un hecho demostrado que la violencia en el deporte, especialmente en el fútbol, no es un fenómeno exclusivo de las aficiones, sino un complejo problema que se nutre de factores situacionales, culturales, antropológicos, sociológicos, de una violencia estructural en la sociedad entre otros. En este escenario, el alcohol es, sin duda, un catalizador de la violencia. La criminología nos ha enseñado que el consumo de bebidas alcohólicas provoca un efecto de desinhibición: reduce la capacidad del individuo para controlar sus impulsos y para evaluar las consecuencias de sus acciones. En un entorno cargado de pasión, rivalidad, cánticos, emociones colectivas, y lamentablemente en muchos casos de fanatismo, esta desinhibición puede ser el detonante de una escalada de conflictos.

    No es lo mismo tomarse una cerveza en un bar tranquilo, en un restaurante, que hacerlo en una grada donde el grito y la provocación son parte de la «fiesta» y a eso agregue en muchos casos altas temperaturas por la hora que se programan los partidos, la provocación entre semana previo a los partidos, el morbo, absurdas rivalidades. El alcohol en el contexto de un partido donde existe una historia y antecedentes de actos de violencia, especialmente en la proximidad de las denominadas barras bravas, puede transformar la rivalidad en hostilidad y la frustración de un resultado adverso en una reacción violenta. La violencia situacional, que ocurre en un momento y lugar específicos, se ve magnificada por la influencia del alcohol, convirtiendo un altercado menor en un disturbio masivo que pone en riesgo la vida de los aficionados, incluyendo familias, mujeres, niños y adultos mayores que han regresado a los estadios bajo la promesa de seguridad. Solo en expresiones de violencia contra la mujer se generan posibles delitos en los escenarios deportivos por el efecto del alcohol y una cultura machista en los estadios.

    Si bien es cierto que El Salvador ha logrado relevantes avances en la seguridad pública y en el control de las pandillas, la memoria de las riñas y disturbios en los estadios está aún fresca. Permitir nuevamente la venta de alcohol en este contexto no es un gol de la tranquilidad; es un retorno a una zona de riesgo que ya conocíamos. La experiencia internacional, desde Europa hasta Suramérica, ha demostrado que las medidas de seguridad más efectivas van de la mano con una regulación estricta del alcohol, llegando en muchos casos a la prohibición total en los recintos deportivos.

    Por ello, la decisión de permitir la venta de cerveza debe venir acompañada de un plan de seguridad integral y detallado, que continua sin existir, y tampoco el ente rector ha tomado la responsabilidad y autoridad que le corresponde, por el contrario, autorizan la venta de alcohol. Una vez más desde esta tribuna recomiendo a las autoridades federativas y a los clubes de la Liga Mayor de Fútbol que consideren revertir esta disposición que en nada contribuye hacia una cultura de paz y sana convivencia dentro y fuera de los estadios. Las condiciones de la sociedad salvadoreña y de nuestra afición no es de otras latitudes y culturas La manera de ingerir bebidas alcohólicas en nuestro país es diferente incluso que en América Latina.

    Es más lamentable escuchar al presidente de la comisión de regularización el panameño Rolando González establecer que hasta el minuto 60 van a vender la cerveza, sin ningún criterio técnico científico forense, desconociendo la realidad de la violencia en los estadios de nuestro país y las lesiones, amenazas, daños y otros delitos por la violencia de algunos aficionados e incluso de delincuentes camuflajeandose en las barras. Ni como opera el alcohol etílico al ingresar al cuerpo, ni las fases de la ebriedad.

    El fútbol es una pasión, no una excusa para la violencia. El éxito de esta nueva disposición no se medirá por los ingresos generados, sino por la ausencia de incidentes violentos. La responsabilidad ahora recae sin duda sobre los presidentes y juntas directivas de los equipos de la primera división y las autoridades de la FESFUT, en espera que asuman ante los actos de violencia que se van a presentar; así como asegurar que esta medida no se convierta en una victoria pírrica donde el gol de la rentabilidad termine costando la paz de la afición.

    *Por Ricardo Sosa, Doctor y máster en Criminología. Experto en seguridad de estadios

  • Ante la guerra cultural

    Todo comenzó el 9 de noviembre de 1989 y culminó un 25 de diciembre de 1991; es decir, dos años después de la caída del muro de Berlín, cuando se disolvió la Unión Soviética, y las 15 repúblicas que la integraban, declaraban su independencia.

    No fue tan sencillo así, como comprar un ticket para ver un filme laureado en cualquier sala de cine de moda; hoy en vía de extinción ante los embates de Netflix, Hulu o PrimeVideo donde se puede ver cómodamente sentados en nuestras butacas, infinidad de series o películas con nuestras más admiradas actrices o actores, de hoy y del pasado.

    Fue un proceso de descomposición interna de un modelo económico y social, tan rígido como cualquier religión existente de las provenientes del Medio Oriente y el Mediterráneo. Con el agravante que este modelo estatista en lo económico, cultural y convivencia social producía tristeza, decepción y desgano. Y los dioses no eran los dioses griegos, romanos, cristianos o islamitas, sino simples hombres y mujeres con bajezas, envidias, limitaciones, pasiones, complejos y desviaciones psiquiátricas.

    Por supuesto obviaban un factor consubstancial al homínido cuando decidió caminar erguido: el sentido de la libertad. Y luego, cuando optó por vivir en comunidad con tantas libertades como cuantos humanos constituían la constituían; y decidieron crear normas comunes para todos y lograr vivir en convivencia, sin atropellarse unos a otros ni perder su libertad.

    Normas tan antiguas como las dadas por Moisés a su pueblo cuando salió de Egipto en busca de la tierra prometida, o las del rey Hammurabi de Babilonia, escritas unos 1700 años de nuestra era.

    La batalla ha sido interminable, paso a paso, a medida que el hombre (en sentido universal) fue adquiriendo conocimientos. La Carta Magna inglesa firmada por el rey inglés Juan sin Tierra en 1215 bajo presión de los Barones, lo convirtió en «el primero entre los pares» colocándole límites a su autoridad. Y así, pasando por la Ilustración, la Constitución escrita de los Estados Unidos, la Revolución francesa, los Derechos Humanos y un sin número de avances en el mundo occidental que se extiende hacia otros continentes, tendientes todos a salvaguardar la libertad individual, los derechos humanos y la protección de la naturaleza, hasta el presente.

    Al derrumbarse la concepción marxista de la sociedad, el estatismo, comunismo, socialismo científico en 1991, lo que quedó de ello fue una multitud de viudas y huérfanos en un erial espiritual sin retorno.

    En lo económico no había cómo mirar hacia atrás, dado que el estatismo pretendió sustituir la libertad individual, su inventiva, aspiraciones y limitaciones en un túnel interminable e inescapable. Mientras afuera los valores humanos, la libertad de comercio, la libertades individuales avanzaban con tropiezos, incomprensiones y privilegios indebidos, pero avanzaba con resultados concretos en todas las expresiones humanas.

    De modo que ese ejército sin alternativas lo que generó fue un vacío moral, conceptual y reivindicativo que hoy, se podría conceptualizar como el wokismo (progresismo sin alma), dirigido consciente o inconscientemente a derrumbar el modelo de economía de mercado y la llamada moral burguesa, en una búsqueda del poder desde donde se pudiere, de nuevo, imponer desde el estado, el control total de la ciudadanía.

    Así surgió o se mimetizó una vulgar y tradicional rebelión militar como la dirigida por Hugo Chávez en Venezuela, a la cual Fidel Castro le dio sentido político continental el llamado Socialismo del Siglo XXI, que arropaba todas las posturas antiestadounidenses, capitalistas, de libre mercado y electorales democráticas.

    Podemos de España con Pablo Iglesias a la cabeza, el PSOE de Zapatero y Pedro Sánchez, Néstor y Cristina Kirchner en Argentina, Mujica en Uruguay, Evo Morales en Bolivia, Correa en Ecuador, Ortega en Nicaragua, Salvador Sánchez Cerén y Mauricio Funes en El Salvador, Zelaya de Honduras, Martín Torrijos de Panamá, Fernando Lugo en Paraguay, Umala en Perú, Bachelet en Chile, Lula en Brasil. Y por supuesto todo el Medio Oriente y africano contrario al modelo democrático de libre mercado, desde Libia hasta Siria. Y por supuesto Rusia, China y Turquía, por otros motivos.

    Al final, como la interpretación de Raphael, «Todo se derrumbó».

    Lo que quedó fue un reguero de inadaptados, delincuentes y malvivientes saqueadores del erario espiritual y material. Perseguidores sanguinarios de quienes les impiden el libre disfrute del poder mal habido o mal utilizado.

    Lo que se observa en Venezuela no tiene referencia histórica. No ha existido en la historia de la gobernanza un caso cuyo gobierno se haya dedicado a destruir su propia nación en lo material, territorial e histórica como la banda criminal que oprime y dispersa a sus ciudadanos, en propio interés y en el de intereses extranjeros.

    En España, Pedro Sánchez y sus aliados disociados ha auspiciado al fragmentación nacional, como el caso de Cataluña, han dividido la nación regresando al pasado, introduciendo y valorizando los movimientos Lgbt, feminazis, transexualidad, aborto libre, el islamismo radical y la inmigración descontrolada. Los escándalos de sobornos, cargos inexistentes remunerados, coimas, contrabando, asociaciones ilícitas desde el gobierno, amenaza en convertir a España en un país paria dentro de la Unión Europea.

    En Argentina el triunfo de un liberal en lo económico y libertario en lo conceptual como Javier Milei, la rama más corrupta nacida del otrora peronismo, hoy conocida como el Kirchnerismo, conspira libremente todos los días contra un gobierno atento a devolver al ciudadano su libertad, entre ellas, el retiro paulatino del Estado en todas las actividades personales y nacionales, para substraerle al ciudadano el tutelaje estatal.

    Hoy, desde su prisión domiciliaria, Cristina Kirchner, luego de un juicio por malversación y desviación de dinero público a su favor, iniciado en el 2008, finalmente recibió una condena que por su edad, pudo optar a la prisión domiciliaria, y la obligación de devolver al estado más de 1.300 millones de dólares mal habidos. Queda pendiente otra de traición a la patria, por su componenda con Irán, en el atentado contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) en 1994 donde murieron 85 personas.

    Es claro que el siglo XXI, se inició con un proceso político planetario, que nos conduce directamente no al fin de la historia, sino a una guerra cultural abierta y sin reservas que no debemos evadir, por el contrario, debemos asumir sin complejos.

  • La confianza en el ser humano y en la fuerza colectiva transformadora

    La esperanza es lo último que debe perderse. Tanto es así, que no hay concordia sin anhelo, como tampoco impulso sin familiaridad; y, aún menos, futuro sin creer en uno mismo. Hay que ilusionarse para poder cerrar brechas, promover el avance y elevar el espíritu creativo. Sin duda, nos merecemos otras situaciones y otros entornos, que reduzcan la polarización y refuerce el sentido de pertenencia armónica. Esto debe generar una concienciación global inclusiva, de respeto hacia todo, con la escucha permanente y el sincero abrazo; para llevar a buen término actividades comunitarias conciliadoras, que nos aviven el deseo de renovarnos, no sobre la desesperanza o la división, sino sobre nuestra humanidad compartida y la firme creencia en un mañana sin contiendas.

    La población tiene que dejar de herirse, de chismorrear, haciéndolo con valentía y tesón. El porvenir es nuestro, no hay que tenerle miedo. Será bueno extender pulsos y latidos, activar entre los jóvenes el anhelo de procrear y de crear otras atmosferas más fecundas. Factores económicos como el acceso a la vivienda, el costo del cuidado infantil o la inestabilidad laboral son limitaciones a la hora de decidir el número de descendientes que pueden tener las familias. El momento no es fácil, nunca lo ha sido. Ahora creo que debemos priorizar las necesidades y las opiniones de los jóvenes, pero también hay que dejarse asesorar por nuestros mayores; su cátedra viviente está ahí, para ponernos alas y reponernos de tantas inhumanidades vertidas por nosotros mismos.

    Será bueno, regresar a la autenticidad del ser que somos, adentrarnos en nuestros valores, para activar otras moradas más seguras y tranquilas. No hay que desfallecer en los intentos de cambio, entonces el desierto será un vergel y el jardín volverá a ser ese poema que nos trasciende e ilumina. Hemos de repoblarnos, sin duda, de fortaleza. Las personas están perdiendo la capacidad de tomar sus propias decisiones; y, esto es grave, se trata de una crisis de libertad. No olvidemos que, nuestra vida personal, tiene más valor que cualquier hazaña posesiva o de poder. Son las propias relaciones activadas de corazón a corazón, como servicio humanitario, las que realmente nos hacen despertar y tomar el camino del entusiasmo, hacia otros horizontes más níveos y mensos usureros.

    Lo sustancial es despojarse de mundo, situar a la persona humana en su integridad inviolable, en el centro de la exploración de la evidencia, con el único símbolo de hermanamiento que conozco, el de la bondad; ya que, tan solo buscando el bien de nuestros análogos, encontramos el nuestro. Un simple acto de clemencia es, por sí mismo, un acto de felicidad. ¡Practiquémoslo! Lo mismo sucede con la tecnología, ha de servir a todas las gentes y al planeta. Lo esencial es darle un cauce seguro, responsable y que no deje a nadie atrás. Indudablemente, cada pequeño gesto cuenta, al menos para que predomine el sentido de ser familia, de compartir las alegrías y las tristezas existenciales, junto con los valores humanos y los principios que los animan.

    En consecuencia, uno debe estar abierto a todas las preguntas, esto nos ayuda a conocernos y a reconocernos en nuestro diario vivencial; sin obviar que el entendimiento intergeneracional es crucial, al menos para generar franqueza y fortalecer la solidaridad y la equidad. Únicamente aquellas soluciones compartidas, sustentadas en los derechos humanos, repararán las heridas. En efecto, todos nos necesitamos en esta época de cambios radicales. Demos prioridad, pues, a estos modelos de actuación hogareña, sin perder nunca la paciencia, incluso cuando nos sintamos deshabitados y caídos, porque levantar la cabeza para recobrar nuestra dignidad es algo natural, que contrarresta toda adversidad. Nos salva la expectativa de no desesperarse. ¡Hagámoslo!

    • Víctor Corcoba Herrero es escritor español

  • La xenofobia hacia los migrantes

    Para iniciar el presente escrito, es oportuno definir qué es xenofobia: «Rechazo u odio al extranjero o inmigrante». A nivel mundial, algunos líderes están promulgando sacar a todos los migrantes, hasta a sus hijos; eso se conoció recientemente en España. Según el periódico español El País, el partido político VOX defiende abiertamente deportar a ocho millones de inmigrantes.

    Lo anterior se suma a la cacería de inmigrantes que ha abierto desde que llegó a su segundo mandato el presidente estadounidense Donald Trump. El pecado es ser inmigrante. Es más, si alguien tiene piel morena o es latino, rápidamente la policía le pide documentos. Muchos están en estos momentos pensando en el futuro cercano llegarán a sus casas o fábricas a deportarlos.

    Estados Unidos ha sido, desde la conquista de los europeos un país de migrantes. Su multiculturalidad es característico casi en toda su región. Los migrantes son los que construyeron y lo hicieron un país de las oportunidades.

    Recientemente hubo manifestaciones en Los Ángeles, California, esos disturbios fueron por las redadas contra inmigrantes sin documentos. Los migrantes anhelan mejores condiciones, las cuales no pudieron cumplir en su país de origen.

    Recordemos que, sin migrantes, especialmente en los Estados Unidos, ¿quiénes cultivarán las tierras, quiénes irán a pescar, quiénes limpiarán las casas y los jardines, quiénes trabajarán en restaurantes, etc. Quizá «el sueño americano» se esté esfumando para muchos que desean ir a ese gran país.

    En los Estados Unidos, todos sabemos que es un país de inmigrantes, ya mencioné en otra ocasión que los únicos ciudadanos originales son las tribus indígenas que habitaban, como: cherokee, choctaw, chickasaw, creek (muscogee) y seminole. Con la llegada de los europeos todo cambió.

    Mientras tanto, Trump continúa arremetiendo contra los inmigrantes, ha eliminado para algunos ciudadanos el Estatus de Protección Temporal (TPS). El cual permite trabajar sin ningún problema a los migrantes. Además, el TPS se crearon para migrantes en donde hay conflictos armados, desastres naturales u otros conflictos.

    A nivel mundial, la xenofobia hacia los migrantes sigue dando de qué hablar. En países donde no se respetan los derechos humanos, seguirá viéndose en las noticias cómo mandan de vuelta a los migrantes a su país de origen. Siempre se observa a los migrantes bajarse del avión con una bolsa en su mano.

    En el contexto salvadoreño las cosas no son de color de rosa, es más, para los centroamericanos, la situación ha empeorado. Según los medios de comunicación, ha bajado la migración de salvadoreños hacia el país del norte. La situación en El Salvador está difícil, la canasta básica ha aumentado y las plazas laborales no cubren para los que la necesitan.

    Es lamentable ver a millones de personas que desean cambiar su rumbo de vida. El problema con el que se enfrentan es con gobiernos que les cierran las fronteras. Lo más triste es ver a niños que son separados de sus padres. Muchos padres arriesgan la vida de sus hijos, algunos son menores de edad.

    ¿Hasta cuándo podremos ver las fronteras sin murallas? Eso es difícil, a nivel mundial cada vez emigran más personas. La xenofobia hacia los migrantes está mezclada con el racismo. Por ejemplo, en países europeos odian a los que son de raza negra.

    La sociedad y los gobiernos, deben ser más tolerantes hacia los migrantes. Son ellos los que hacen el trabajo duro; por lo tanto, es recomendable verlos como personas útiles y no como si fuesen asesinos o personas mal habidas. No todos los migrantes son malas personas. Lástima que por unos paguen todos.

    • Fidel López Eguizábal, Docente
    fidel.flopez@gmail.com

  • Mala salud

    Si vamos a hablar de la situación de la gente que puebla el abajo y adentro de nuestro terruño, no hay duda que es esa y no otra la calificación de la atención que recibe. Exceptuando a los sectores privilegiados que pueden costearse para sí y su parentela un seguro privado o pagar las consultas, los medicamentos y de ser necesaria la hospitalización con o sin intervención quirúrgica, el resto de personas y familias –principalmente aquellas pertenecientes a las mayorías populares– se las ven a palitos cuando padecen alguna enfermedad o enfrentan emergencias que les afectan su condición física o mental. En el peor escenario, de plano, no les queda más que dejarse morir. Esa es la realidad en tan importante tema y no aquella de la cual presumen algunas figuras de la farándula gubernamental.

    Al respecto, para valorar someramente las jerarquías actuales de esta última, veamos algunas asignaciones incluidas en el Presupuesto General de la Nación aprobado por la Asamblea Legislativa para este año y comparemos. La determinación sobre la destinada para la cartera correspondiente al ámbito de la salud pública, fue reducirla por más de 90 millones de dólares; en cambio, al ramo de la Defensa Nacional le incrementaron arriba de los 53 y a la Presidencia de la República se la elevaron inicialmente en alrededor de veintiocho millones, pero le acaban de autorizar casi dieciocho más. Finalmente, el alza que le recetaron al lnstituto de Bienestar Animal por una nada llega a los nueve.

    Así las cosas, podría suponerse que en la agenda oficialista la salud de quienes recurren al sistema público existente para su atención importa menos que el armamento militar para combatir un enemigo que –luego de que Nayib Bukele asegurara el 1 de junio del 2022 que estaba «cerca de ganar» la batalla contra las maras– hoy «resucita» de la nada una de estas bautizada como «La raza»; asimismo, 1500 soldados y cinco centenares de policías cercaron recientemente un rincón del departamento de San Salvador para dizque combatir otro supuesto intento pandilleril por volver a las andadas. También es menos valiosa que la publicidad generada por una Casa Presidencial usurpada, promocionando lo anterior y otros contenidos que giran alrededor de quien la usurpa; igualmente, la atención sanitaria de los animales pareciera más apreciada que la de nuestra población necesitada de alivio.

    Pero el problema de la salud salvadoreña va más allá. Tiene que ver además con la de su sistema de justicia, que incluye no solamente al órgano judicial encabezado por la Sala de lo Constitucional de una Corte nada «Suprema» sino también a la Fiscalía General de la República y el resto del Ministerio Público; es decir, las dos procuradurías existentes solo en la forma pues en el fondo no pasan de ser un par de entidades genuflexas: la General y la de Derechos Humanos. De la corporación policial y la milicia, que de hecho anda metida donde constitucionalmente no le corresponde, ni hablar; a las pruebas me remito, en el marco del régimen de excepción.

    Y un país en el cual se encuentra vigente dicho régimen ininterrumpido y vuelto normalidad durante casi 40 meses, en cuyo marco ‒según la directora del Instituto de Derechos Humanos de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas– el 2.6 % del total de su población adulta se encuentra privada de libertad, en el que un buen número de esas personas no ha cometido delito alguno y en el que muchas de estas han muerto, no es un país vigoroso. No está sano, pues.

    Pero además, para bien, contemplamos el deterioro de la salud política de quienes se han sentido omnipotentes e intocables. El escenario está cambiando no porque se les haya aparecido la Virgen y estén convirtiéndose a la decencia, la bondad o la generosidad; es porque ha comenzado a temblarles el piso que creían granítico y estable, tal como le está pasando al «padrino» del norte continental.

    Mientras tanto, además, El Salvador continúa padeciendo una enfermedad terminal tradicional agravada. Los acuerdos que frenaron la guerra, en el mejor de los casos terminaron siendo cuidados paliativos y no la cura del mal histórico prevaleciente más jodido: la impunidad. Sus firmantes se envolvieron con el trapo chuco de una amnistía mutua y ese padecimiento no se superó; más bien alcanzó hasta la actualidad y empeoró. Ahora, desde hace más de seis años, con total arbitrariedad las cosas no siguen igual sino que están peor. ¡Basta ya, entonces! Curemos de raíz a este nuestro atropellado país.