Categoría: Opinión

  • Literatura y Medicina (IV)

    Cuatro textos deben reseñarse del médico-escritor Melitón Barba antes de 1972: ‘El Juramento Hipocrático y la responsabilidad social del médico (agosto1963), ‘Bosquejo socioeconómico de El Salvador y control de la natalidad’ (1967); ‘El control de la natalidad en América Latina’ (1970) y el libro ‘Apuntes de ortopedia y traumatología’, (Editorial Universitaria, 1971), que es el resultado de sus estudios de especialización en Bolonia a finales de la década de 1950 y de su práctica médica en ortopedia y traumatología en la década de 1960.

    Aunque la ficción literaria no aparecía aún descollante, con la vida vivida que tenía es posible explicarse muchos de los temas plasmados en sus cuentos que emergerán desde 1980 en adelante.

    Es en 1975 cuando Melitón Barba da un giro significativo a su visión médica al ir a estudiar acupuntura a Italia. Y a partir de ahí se abrió a la homeopatía, retomó la hipnosis que había practicado en la década de 1960 en el Hospital Rosales, se acercó a la terapia neural y a la mesoterapia y al naturismo. O sea, amplió su perspectiva terapéutica, y en ningún momento abandonó su formación de ortopeda y traumatólogo. Su heterodoxia médica, de algún modo, estaba en consonancia con su heterodoxia política.

    Cuando el país está ya a las puertas de la generalización de la guerra, en 1979, Melitón Barba ya ha elaborado un puñado de cuentos que presentó de manera privada a un grupo de personas. Esos cuentos, quizás en un 40% pasaron a su primer libro Todo tiro a jon.

    El camino a la literatura lo hizo con cierta morosidad, pero la situación política de El Salvador lo forzó a irse de nuevo al exilio, en 1980, y esta vez por 8 años, a Nicaragua. Y es aquí donde se produce el ‘estallido literario’ del médico-escritor Melitón Barba.

    A sus contemporáneos escritores (aunque él, por haber nacido en 1925, era mayor que los ‘famosos’ del Parnaso salvadoreño) les costó un poco asimilar que un ‘recién llegado’ haya subido tan rápido al podio. Y la verdad es que el cuentista ya estaba ahí desde la década de 1960, pero sin pulir, sin decantarse.

    Los cuentos que publicó entre 1984 y 2000 son un poco más de 100, repartidos en 8 libros, cuyas fechas explican por qué este autor se hizo un lugar en la literatura salvadoreña y en la centroamericana: ‘Todo tiro a jon’ (Managua, 1984), ‘Cuenta la leyenda que’ (Managua, 1985), ‘Olor a muerto’ (San Salvador, 1986), ‘Puta vieja’ (San Salvador,1987), ‘Cartas marcadas’ (San Salvador, 1989), ‘Hermosa cosa maravillosa’ (San Salvador, 1991), ‘La sombra del ahorcado’ (San Salvador, 1994), ‘En un pequeño motel’ (San Salvador, 2000).

    De acuerdo a esto, Melitón Barba desplegó su cuentística durante la generalización de la guerra, y aunque los dos primeros libros iniciales se publicaron en Managua, desde ‘Olor a muerto’ todos sus libros circularon con cierta facilidad en El Salvador. Y a esto debe agregarse que regresó a establecerse en el país en 1988, lo que significa que seis de sus libros los elaboró en medio del contexto de guerra y dos en el marco de la posguerra.

    Las nuevas generaciones de aquellos años supieron detectar esta extraña circunstancia del ‘novísimo’ cuentista y lo leyeron con cuidado y al parecer les ha aprovechado.

    Los temas de Melitón Barba son diversos, algunos de raigambre local, pero otros son de carácter universal. Su técnica es cuidada y de libro en libro iba depurando su estilo. Sus lecturas de García Márquez, de Borges, de Vargas Llosa, de Cortázar, de Rulfo, de Mutis, de Ribeyro… fueron esmeradas y afinaron su prosa.

    En el libro ‘Cartas marcadas’ hay un cuento, ‘El troughtroughtrough de Valentina Mamedov’, en donde los vasos comunicantes entre la literatura y la medicina son bastante visibles.

    Su ascendencia española (era hijo de Francisco H. Barba, oriundo de Tejares, Salamanca), apenas aparece en sus cuentos. Solo el tema de la guerra civil española se muestra de un modo alegórico en el cuento ‘Azules y rojos’.

    Melitón Barba murió el 29 de junio de 2001, hace 24 años, a punto de cumplir 77 años (su partida de nacimiento dice que es del 25 de agosto de 1925, pero él lo celebraba el 26 de octubre), y este 2025 se cumplen 100 años de su nacimiento.

    Por suerte, su legado― literario, médico y ciudadano― está vivo. Las siempre revulsivas nuevas generaciones de hombres y de mujeres de este país tienen dónde abrevar, como lo hacen con Alberto Masferrer, con Salarrué, con Claudia Lars, con Ítalo López Vallecillos, con Roque Dalton, con Álvaro Menéndez Leal…

    • Jaime Barba, REGIÓN Centro de Investigaciones

  • Se sugiere una paciente diplomacia

    Nuestro mundo está cada día más afligido por problemas que nos afectan a todos, lo que requiere de acciones concertadas e inclusivas, que nos hagan más clementes y solidarios. Realmente, a nadie se le puede negar la voz y mucho menos su implicación, a la hora de afrontar esos desafíos internacionales. Sin duda, nuestra primera tarea pasa por escuchar y considerarlo. Por otra parte, nadie tiene la verdad absoluta para conjugar una vida que nos pertenece colectivamente, lo que debe hacernos cuando menos reflexionar y entrar en acción, sin obviar el paciente trabajo de la diplomacia, que consiste en entenderse y atenderse mutuamente. La humanidad es un corazón palpitante, que demanda de cada uno de nosotros, comprensión y clemencia.

    Ciertamente, entre el aluvión de dificultades, enfrentamientos y reivindicaciones contrapuestas, tenemos que buscar y rebuscar el modo y la manera de hallar el raciocinio, favoreciendo el diálogo para que germine el espíritu reconciliador. Hoy más que nunca se necesitan gentes de paz y orden, personas de palabra auténtica, pulsos verdaderos y fuertes en favor de la unión y la unidad, donde la justicia social, la dignidad humana y la compasión, han de ser abecedarios a utilizar. Contamos, para llevar a buen término el ejercicio, con una rica diversidad de orígenes y creencias que se han globalizado, ahora únicamente nos falta que todos los moradores compartan el objetivo común de lo armónico.

    También nuestra propia historia como familia pensante, nos ha demostrado que se pueden hacer muchos avances en la resolución de situaciones aparentemente inexplicables a través de prudentes, resignados y constantes esfuerzos diplomáticos, imbuidos en el respeto mutuo, en la buena voluntad y en la sana convicción ética. Reunirse y unirse para cambiar los vientos turbulentos y desafiantes es lo justo y preciso, si queremos realmente un espacio mejor para todos, haciendo familia y generando confianza entre los pueblos. Sea como fuere, sabemos ya que repoblarse de odios y venganzas, es volver a vías que nos destruyen. Sinceramente, las personas no nacen con rencor; la intransigencia se aprende y, por tanto, hay que aprender a reprenderse a uno mismo, en vez de desanimarnos.

    La belleza es un estado de ánimo que nos embellece si lo trabajamos a pleno corazón. Cabalgar por esta tierra no es fácil, pero hermanados somos mejores, para mantener el equilibrio natural del planeta, en vista a las generaciones venideras. No olvidemos que el cambio climático está ahí, es una crisis de salud, que nos llama universalmente a buscar soluciones nuevas e innovadoras. Por si mismo no podemos hacer nuevas todas las cosas, demandamos de la presencia vinculante de amistad, cooperación y plática al servicio de lo viviente. Cada cual debe aportar su esperanza como semilla, su anhelo como soñador, aceptando con ánimo semejante tanto la derrota como las palmas. Saber rectificar es de sabios, y el verdadero arte de la diplomacia, radica en no continuar con lo hostil.

    En efecto, para la astucia una cuestión aplazada ya está resuelta. En ocasiones, parece que las injusticias mundanas o las mismas crisis inhumanas, corren más veloz que la capacidad de afrontar juntos estos retos. Seguramente precisamos otros ritmos más valientes, ante el empobrecimiento del verdadero capital humano, el de la educación, la sanidad y el estado de bienestar sistémico. Resulta preocupante, que sólo pensemos en rearmarnos, en lugar de pensar en donarnos para trabajar juntos: el medio ambiente, el futuro y la fraternidad. ¡Qué hermoso sería redescubrirnos para trabajar por el bien común, dejando a un lado contrastes y diferencia de puntos de vista!. Al fin y al cabo, uno es para los demás, el amor que todos buscamos.

    • Víctor Corcoba Herero es escritor español

  • El Día del abogado salvadoreño

    Según el Diccionario de la lengua española, el abogado o letrado es un Jurista asignado por el juez a alguien para su representación y defensa, generalmente por carecer de recursos económicos para costearlas. En latín, «advocatus» se traduce como «abogado» o «defensor».

    En la historia de la abogacía, Pericles fue el primer abogado, era ágil para persuadir y argumentar en juicios. De acá se retoma la importancia de que un abogado tiene que saber manejar la oratoria y el lenguaje no verbal. Eso lo aprenden en las universidades. Ya, en la práctica jurídica, cada profesional se desempeña, aplica e interpreta las leyes.

    El primer abogado de El Salvador es el jurisconsulto Isidro Menéndez; por su destacada historia, el Centro Judicial de San Salvador lleva su nombre. Además es importante mencionar a la primera abogada, María García Herrera de Jovel. Lógicamente, los primeros abogados graduados fueron de la Universidad de El Salvador.

    Eduardo Couture manifestó: «Cuando la justicia riñe con el derecho, haz prevalecer la justicia», una frase que se refiere a que los abogados deben de ser justos, honorables y éticos. Un abogado es como un auxilio para los ciudadanos.

    El Día del Abogado se celebra en El Salvador desde 1984, fecha en la que los que estudiaron y ejercen la carrera, deben dignificarla. Abogados hay de todo tipo y existen diferentes especialidades: Derecho Penal, Derecho Civil, Derecho Mercantil, Derecho Administrativo, Derecho Laboral, Derecho Fiscal, Derecho Internacional, Derecho Ambiental y Derechos Humanos.

    Todo ciudadano necesita de un abogado; cuando tiene conflictos legales, para que lo represente y haga prevalecer la justicia y pueda representado en debido proceso con asistencia en lo legal. Sus conocimientos y el sello como Abogado de la República servirán para hacer prevalecer la justicia en este país donde estamos sujetos a un Estado de derecho.

    Para poder obtener una herencia, casarse, divorciarse, etc. Y un sinnúmero de actos legales donde los ciudadanos deben de ser representados por dicho profesional.

    Tuve la oportunidad de estudiar un año la Licenciatura de Ciencias Jurídicas, al ver el trabajo que desempeña mi esposa, me enamoré de la carrera. He ido aprendiendo con el profesionalismo de la Licenciada Carolina Villatoro de López.

    Loable labor que realizan con mucho conocimiento, los cuales adquirieron después de estudiar la carrera de derecho en una universidad, y, por si fuera poco, de leer una variada bibliografía de libros; además de leer mucha jurisprudencia. De ahí que por ello se les denomine letrados.

    La justicia, en una mano lleva la espada y en la otra mano la balanza, pero, por si fuera poco, tiene vendados sus ojos, lo que quiere decir: imponer la justicia con igualdad y sin mirar a quién.

    El abogado que es honrado logrará ser reconocido por su profesionalismo y ética. Existen todo tipo de abogados: íntegro, honesto, ético, etc. Solamente es de tener un sumo cuidado para seleccionar al mejor.

    La preparación de los abogados no viene por haber estudiado en la mejor universidad, se conoce que existen abogados eminentes, graduados de universidades, que, a la fecha, han desaparecido, pero sus conocimientos individuales dependen del interés y la pasión de su carrera. Por otra parte, de la experiencia adquirida en el desarrollo de su carrera.

    Recalcar la importancia que tiene el juramento solemne de un profesional del derecho cuando lo autorizan como abogado de la República de El Salvador. Con ese juramento aplicarán cada artículo de la ley con exactitud, defendiendo o acosando en un juicio,

    Felicidades a los abogados salvadoreños; que sean el faro para aquellas personas que por diferentes motivos requieren de sus importantes oficios.

    Fidel López Eguizábal, Docente
    fidel.flopez@gmail.com

  • Deflación e inflación nacionales

    Cuando alguien no tiene ni los estudios suficientes ni conocimientos sólidos o al menos la debida información básica en relación con determinado asunto, si desea o debe emitir un juicio al respecto lo más conveniente y prudente es investigar un poco o buscar una buena asesoría para hablar sobre el mismo con cierta propiedad. Y como yo no soy ducho en temas económicos, para meter mi cuchara ahora eché mano de lo opinado por una profesional sumamente conocedora de la materia y hasta me animé a escarbar por primera vez en la llamada inteligencia artificial. Lo hice porque no quiero pasar por ignorante natural, opinando sobre la deflación. Porque si me quedo únicamente con su definición incluida en el Diccionario de la lengua española, contribuiría a confundir o desinformar a quien amablemente me lea o escuche.

    En dicho amansaburros se lee que la deflación es el descenso del nivel general de precios. No más. Pero al buscar en ChatGPT –publicitado como «el asistente de inteligencia artificial más popular»– me enteré con mayor amplitud de qué se trata: es «una disminución general y sostenida de los precios de bienes y servicios en una economía durante un período prolongado de tiempo». Luego se plantea si la deflación es mala y la respuesta es afirmativa, pues «puede provocar una espiral deflacionaria»; esta se traduce en reducción de precios, sí, pero también en bajón de compras, despidos de personal en las empresas y reducción de ingresos, entre otras afectaciones.

    Nayib Bukele aseguró hace poco que en el país «hay deflación». Y lo dijo como algo bueno porque están «resolviendo cuellos de botella, aumentando productividad, bajando aranceles» y «eliminando intermediarios»; además, agregó, por haber acabado «con la extorsión». Tras ello comenzaron a escucharse voces como la de la economista feminista Julia Evelyn Martínez, quien además es investigadora y docente. No quiso reaccionar inmediatamente; le dio «pereza», expresó, así que lo hizo hasta el siguiente día sosteniendo que la deflación «no siempre es un síntoma de que una economía está mal». Pero añadió que cuando se combina con otros factores no es «buena noticia», que es el caso de la salvadoreña.

    La deflación que padecemos ‒afirmó‒ «está acompañada de un ajuste fiscal recesivo que se basa en la disminución del gasto público corriente»; léase «despidos de empleados públicos» así como «recortes en presupuestos sociales y en las transferencias a gobiernos municipales», por ejemplo. Agréguese a lo anterior el crecimiento del costo de la vida para las familias de las mayorías populares, «la caída sostenida en las principales exportaciones» como las textiles y de la confección, el incremento porcentual de la deuda pública frente al Producto Interno Bruto (PIB), «el endeudamiento de las familias para financiar su consumo, el aumento en el empleo informal y la caída sostenida de la Inversión Extranjera Directa debido a las condiciones de inseguridad jurídica y de corrupción en las contrataciones públicas».

    En semejante escenario, declaró, «la deflación no es una buena noticia sino una señal de alerta de una posible recesión económica». Esta es la conclusión de Julia Evelyn. Y por recesión económica ‒vuelta a consultar al «asistente de inteligencia artificial más popular»‒ debe entenderse «una disminución significativa de la actividad económica en un país o región que se extiende durante un periodo prolongado, generalmente dos trimestres consecutivos o más». Se caracteriza por la caída del PIB, la reducción del consumo y de la inversión, el alza del desempleo y una menor producción industrial.

    Con ese cuadro, no queda más que reconocer que está jodida la situación actual y lo estará la venidera. «Medicina amarga», le dicen… Eso se corrobora con los resultados de la última encuesta del Instituto Universitario de Opinión Pública. Al preguntarle a la población consultada acerca del principal problema con el que le toca lidiar cotidianamente, son cuatro los que se ubican por encima del resto; estos están relacionados con su diario y penoso sufrir.

    En orden descendente, el 70 % de las personas los ubica así: economía, desempleo, alto costo de la vida y pobreza. Lo relativo a la vivienda es el espejo en el cual se refleja la profunda desigualdad que, a lo largo de su historia, ha caracterizado penosamente a nuestra sociedad; conseguir una propia o alquilada le resulta fácil y muy fácil al 8 %, pero casi el 90 % lo ve como algo difícil y muy difícil.

    Así las cosas, el panorama nacional no pinta nada bien para la economía de las referidas mayorías populares; eso es así por más que inflen, inflen e inflen la propaganda oficialista engañosa tendiente a presentar una realidad diferente.

  • Devolvamos la autoridad a los padres de familia y maestros

    Siempre he sostenido que las Leyes para Menores de edad en El Salvador son para otras sociedades al ser demasiado bonancibles y no ser las adecuadas para nuestro contexto. Desde la década de los 90 el declive de nuestros adolescentes fue muy acentuado. La debilidad de las leyes para menores, entre otros factores, fue decisivo para el aparecimiento de las pandillas que tanto luto, zozobra y dolor causaron y causan a nuestra sociedad.

    Los jóvenes orillados por el contexto de pobreza y malas condiciones de vida, la transculturización que lleva a idolatrar a BadBunny y otros similares, la influencia de las pandillas de Estados Unidos, la falta de políticas o visión para atender a adolescencia y juventud, la desidia e incapacidad de los gobiernos de la época, la corrupción y las leyes excesivamente protectoras de manera transversal, fueron algunas circunstancias que motivaron el caldo de cultivo para que las pandillas florecieran a su antojo.

    Se dejó crecer el problema de las pandillas sin buscar una manera sistemática para contrarrestar ese fenómeno que poco a poco fue minando con angustia a la sociedad. Siempre supimos adonde estaba o se ensanchaba el problema. Los hogares o familias disfuncionales, la pobreza, la falta de acceso al sistema educativo, la escasez de centros recreativos sanos, el bloqueo a la autoridad de los maestros sobre sus alumnos, la pérdida de la autoridad de los padres de familia sobre sus hijos y un cuerpo de leyes demasiado permisivo para proteger a los pobres.

    Nos quisimos equiparar a las sociedades del primer mundo, cuando ni siquiera salimos de ser tercermundistas. En el plano del sistema educativo, la legislación salvadoreña quitó la disciplina y la formación de valores al quitarle autoridad a los maestros. Si un profesor se atreve a regañar o castigar a un estudiante que se ha portado mal, a ese profesor se le abre un proceso sancionatorio que, incluso, puede llevarlo a su despido.

    Los adultos de ahora, aquellos que pasamos de los 50 años, recordamos con cariño y agradecimiento los castigos que nuestros maestros nos imponían como sanción por nuestra mala conducta, porque también fue una forma de educarnos y de enseñarnos que una mala acción trae una consecuencia desagradable.

    Las leyes actuales también eliminan la autoridad de los padres de familia sobre sus hijos. Cualquier adolescente puede demandar a su padre o a su madre si recibe un castigo aleccionador. No se trata de avalar el maltrato infantil o familiar el cual es delito, pero sí se trata de regir (premiar o sancionar) la conducta de nuestros hijos. Los que somos adultos recordamos con mucho amor y agradecimiento los castigos de nuestros padres, porque fueron vitales para nuestra formación como ciudadanos dispuestos a ser útiles para nuestras familias y la sociedad.

    Las consecuencias negativas de lo bonancible de las leyes protectoras de menores se han agudizado desde el nuevo milenio con la «Generación de cristal» o Generación Z, porque ahora los maestros, los padres de familia y los adultos en general debemos enfrentar una situación más delicado, ya que muchos niños, adolescentes y postadolescentes son incapaces de aceptar cualquier crítica o consejo. La nueva generación, condicionada por la adicción a las redes sociales, es excesivamente sensible e incapaz de enfrentar situaciones adversas.Al ser nativos digitales, la actual generación, busca ser inclusivo, aún en las causas sin sentido. Por supuesto esto no es generalizado, porque no todos los niños, adolescentes y postadolescentes desarrollan las características de la Generación Z.

    Y al tener leyes demasiados protectoras, como el hecho que los padres violan los derechos de sus hijos si revisan los accesos a redes sociales de sus hijos, es una forma de potenciar la mala conducta o los malos pasos de las adolescentes y jóvenes. Conozco casos de profesores sancionados porque se «atrevieron» a castigar a alumnos mal portados, con sanciones como dejarlos una hora de plantón o sacarlos de la clase porque estaban molestando a otros compañeros o no dejaban de hacer desorden.

    Expongo este marco contextual para referirme a los 48 estudiantes, 14 de ellos menores de edad, que fueron detenidos la semana pasada. No sé si en realidad eran parte de un pandilla o estaban en proceso de darle vida a una de ellas, al fin que hasta que sean vencidos en juicio serán culpables, para mientras son inocentes, aunque las autoridades ya los presentan como culpables. Por ahora son sospechosos.

    Según las autoridades, los jóvenes estudiantes de diferentes instituciones educativas públicas, pretendían darle vida a la pandilla «La Raza» y se dedicaban a amenazar a sus maestros y compañeros, acosar y hasta violar a compañeras y algunos a falsificar moneda. Lo más inquietante es que revelaron que una de las estudiantes tenía dos meses de embarazo sin que su familia lo supiera y que otra tenía tres meses de haberse acompañado sin que sus padres se dieran cuenta.

    Si las acusaciones son ciertas y no falsas como sostienen los familiares de los detenidos, es obvio que los profesores estaban inhibidos para castigar o sancionar y que sus padres no pudieron imponer autoridad. Las leyes favorecen a sus hijos especialmente si son menores de edad y valorando la edad de los procesados, todos o casi todos habrían comenzado su mal andar siendo menores de 18 años.

    El Estado debe revisar el cuerpo de leyes protectoras y devolver la autoridad a los padres de familia, tutores y profesores, desde luego con los límites del caso para evitar el abuso. Pero también hay que potenciar la comunicación en los hogares. Recién estuve invitado para darle una charla motivacional a estudiantes de último año de bachillerato de dos instituciones educativas diferentes.

    En algunos casos los padres de familia ni siquiera sabían las aspiraciones universitarias de sus hijos. Hubo tres casos donde los padres desconocían que sus hijos ya se emborrachaban o fumaban, en otro caso no sabían que su hija de 17 años tenía novio. Traté de hacerles conciencia que un hogar funcional es en el cual los padres llaman a sus hijos para platicar y escudriñar sus anhelos, pero todavía es mucho más funcional si son los hijos los que buscan a sus padres para hablar con ellos. La confianza, el apoyo y la comprensión son valores necesarios en el seno familiar para contrarrestar las leyes protectoras de menores y los peligros intrínsecos de la convivencia social.

    La sociedad salvadoreña no debe dejar todo a la represión del Estado. Los maestros, tutores y padres de familia tenemos que estar cerca de nuestros hijos para aconsejarlos, guiarlos, orientarlos, apoyarlos y llenarlos de valores para enfrentar la vida con sentido de utilidad, lejos de la «mala vida».

    Por ahora hay 48 estudiantes detenidos que según las autoridades estaban en proceso de reactivar una pandilla, pero que según sus familiares son inocentes. Hasta no ser declarados culpables tras un juicio. siguen siendo sospechosos e inocentes. Este caso debe llevar al Estado a revisar las leyes de menores y adaptarlas a nuestra realidad… Devolvamos la autoridad a los padres de familia y maestros.

  • La Última Ventana: Reflexiones sobre el Mar, la Vida y la Muerte

    Aquella mañana, fresca y soleada, se sentó, con su café, frente a su ventana favorita. Desde aquella ventana, podía observar las crestas blancas de las olas y el azul infinito del océano. Qué maravilla de vida, pensó. El único ruido que lamentaba su silencio era el trino de los pájaros y el movimiento de las palmeras en su jardín. Esa paz y tranquilidad era lo que había buscado desde siempre. Aquel hombre maduro y envejeciendo, había llegado a su puerto final, después de muchos años de constante movimiento y de ser un eterno extranjero. Después de residir en 13 ciudades de 3 continentes y de visitar más de 60 países, a lo largo de su vida, ese espacio en la costa oriental de su país El Salvador, era su paraíso. Su tierra de Promisión.

    ¿Pero cómo llegaste aquí, papá? le pregunta una noche de tertulia su hijo mayor. Alfonso, un destacado productor de televisión, residente en Los Ángeles, California, que visita con frecuencia a su padre y amigo. Ambos comparten una profunda conexión con la magia y el encanto que la costa del país ejerce sobre ellos. Siguiendo mis locuras, hijo, le contestó. O como Joseph Campbell a lo mejor dijera, persiguiendo mi felicidad. Desde muy temprano en mi vida realice que los momentos más felices de mi existencia ocurrían de cara al océano. Internalice lo que mi padre cantaba cuando visitaba Playas Negras en el oriente del país: «En el mar la vida es más sabrosa». Se convirtió en mi lema y objetivo, vivir frente al mar.

    ¿Pero tú estás loco? Aún recuerdo la expresión en el rostro de mi padre cuando anuncié que dejaba mi residencia de Ginecología y Obstetricia para irme a Canadá. Solo puedo imaginar su reacción si hubiera vivido para ver cómo abandonaba todo por África. Ese movimiento hacia África fue mi primer acto de desafío contra una vida convencional. Me inundaron las dudas, cargadas por las responsabilidades hacia mi familia y mis hijos. ¿Estaba siendo egoísta? Mirando hacia atrás, veo que estaba arriesgándolo todo, intercambiando un futuro seguro por lo desconocido, una elección que afectó no solo a mí, sino una familia entera. ¿Irresponsable? Quizás. Pero en ese momento, sentí que era una apuesta necesaria, sin la cual me quedaría estancado en mi crecimiento personal y profesional. Siempre he creído que el riesgo es el precio de la oportunidad, un sentimiento que compartí con mi hijo. Mi prioridad era el crecimiento profesional, pero solo si las posibles ganancias superaban los riesgos inherentes. Sin riesgo el final será el estancamiento, nos dice Peter Thiel. Multimillonario en varias ocasiones, Thiel fue cofundador de PayPal y el primer inversor externo en Facebook. Por esa falta en la toma de riesgos es que nuestra sociedad actual a cambio de «carros voladores» tiene una plataforma de redes sociales de hasta 140 caracteres y el TikTok. A cambio de una independencia energética, tenemos una energía demasiado cara para costearla. Si bien la innovación en medicina y biotecnología no se ha estancado por completo, estamos aún muy lejos de lograr la ansiada victoria contra el Cáncer, estamos apenas comenzando a lograr algunos avances tímidos en la lucha contra el Alzheimer, y la esperanza de vida en la mayoría de las poblaciones ha llegado a su clímax, estancándose por completo. Nuestra sociedad del siglo XXI está estancada, en parte por los movimientos socialistas y sus regulaciones limitantes al progreso, en parte por la timidez de la comunidad científica que rehúye al riesgo y se siente estrangulada por organizaciones como la FDA y otras similares.

    Nuestro país, también está estancado, y algunos sectores fundamentales para el desarrollo como lo son salud y educación, en estrepitoso retroceso. En el área de salud, mucho se está hablando, en sentido «critico», sobre la fusión del Minsal con el ISSS. Si eso fuese cierto, muy probablemente seria lo mejor que le pudiese ocurrir a este país. Nuestro sistema de salud esta fragmentado. Esa es una de las razones críticas del porque no puede existir la cobertura universal en salud. Y no con servicios mediocres e incompetentes, sino servicios con calidad y humanidad.

    Hace dos días murió mi mejor amigo. Médico, como yo. Cáncer de pulmón. Dos meses pasaron desde su diagnóstico hasta su muerte. Su vida profesional se la entregó al ISSS y a la universidad nacional, con total compromiso y honestidad. El día de su muerte fui a despedirme. Ingresado en el hospital de oncología del seguro, y cobijado por amigos y familiares, pero sufriendo con esa terrible enfermedad.

    Este tipo de cáncer es una enfermedad agresiva. Sin tratamiento la expectativa de vida suele ser muy corta. Cuando localizada en el tórax, como era el caso de mi amigo, la mediana de supervivencia es de aproximadamente 2 a 4 meses. Pero mi amigo, recibió tratamiento (quimioterapia). La expectación era que viviese unos meses más. ¿Entonces que paso? Su oncólogo original, quien había sido su alumno y en el cual mi amigo confiaba, lo abandono a medio camino. Tres meses de permiso para iniciar un «negocio» de medicina en la floreciente y remesa-dependiente zona oriental de nuestro país.

    Mi amigo después de la primera sesión de quimioterapia se deterioró profundamente, después de la tercera, no podía respirar ni caminar. ¿Qué paso? Sin auditoria médica, lo usual en este país, nunca lo sabremos. Mi amigo no solo fue abandonado por su oncólogo, sino por el sistema, al que literalmente le ofreció su vida. Descansa en paz querido Quiño, desde tu lugar favorito, y admirando nuestro océano, rindo homenaje a tu vida y entrega.

  • Cuba: El exilio como catalizador

    Hace muchos años llegue a la conclusión que salir de Cuba genera en numerosas personas transformaciones de personalidad muy importantes. He apreciado cambios tan radicales que conozco de jefes de familias, otrora voluntariosos, exigentes, firmes con su medio, que han cedido los espacios que en el pasado defendían con celo, teniendo que asumir alguien de su estirpe el protagonismo abandonado, lo que deja apreciar el gran potencial de todo ser humano para remontar su existencia y la incapacidad de otros para enfrentar los cambios.

    Sobre esto converse casualmente con el periodista Rolando Nápoles, un excelente reportero. Nápoles me dijo que esas modificaciones espontáneas se podían identificar como el Síndrome de Miami, porque él también había apreciado que personas que en Cuba tenían una postura determinada sobre la realidad insular y otra forma de llevar la vida, cambiaban por completo en el exterior con independencia del contexto en el que se desenvolvía y ajeno a los compromisos políticos que hubiera podido haber tenido.

    «Saltar el charco» como le dice el escritor Jose Antonio Albertini a salir de Cuba, en verdad ejerce una influencia muy grande sobre los expatriados. La vida cambia radicalmente, el paternalismo abusivo del estado totalitario desaparece y el individuo asume por primera vez a plenitud sus responsabilidades ciudadanas lo que demanda una notable habilidad para la reinvención, en particular, cuando la persona tiene mas de cuarenta años y una familia que sostener.

    El cubano de la Isla al no tener un usufructo pleno de sus derechos padece de una indefensión social que emigrantes de otros sistemas de gobierno no sufren. Las limitaciones impuestas por el control que ejerce el sistema sobre la persona son tan intensas e insondables, que la capacidad de gestión individual es prácticamente nula.

    Las relaciones del sujeto con su entorno en una sociedad libre son abiertas, de responsabilidad en el más mínimo detalle, en Cuba no, el ciudadano insular esta lastrado por la condición de que solo lo explícitamente autorizado puede acometerse, un simple pensamiento, ni hablar de una acción, puede significar un delito.

    Existen otras muchas características que pueden incidir en los emigrados de Cuba sin considerar sus valoraciones ideológicas o políticas como es el cambio de actividad económica para ganarse el sustento suyo o de la familia. Muchos profesionales se ven impedidos de desempeñar las funciones para las que se prepararon y se ven obligados a realizar tareas que tal vez nunca sospecharon, a otros le surgen oportunidades laborales y sociales que no estaban en sus planes y hasta cambios en la salud que no eran imaginados.

    Conozco individuos que tenían hacia el totalitarismo una visión comprensiva culpando a factores extranjeros y hasta a quienes abandonaron el país previamente, de la corrompida e inepta acción del régimen insular, sin embargo, los nuevos conocimientos y experiencia les hicieron cambiar de parecer asumiendo una posición de condena y rechazo del sistema. Este profundo cambio de óptica lo he apreciado particularmente entre los que dejaron a Cuba por motivos económicos y entre los sectores que en la Isla se desenvolvían entre las artes y la academia, o desarrollaban actividades gubernamentales.

    No obstante, no faltan quienes lejos de su país y a pesar de haber sido tratados como borregos por el régimen, siempre están prestos a justificarle y servirle. Desgraciadamente hay sujetos que usan sus franquicias de ciudadano libre para defender la dictadura y el despotismo, para justificar sus depredaciones por horribles que estas sean, aunque son los más, en base a los conocimientos adquiridos, los que cambian sus perspectivas por muy ciegos que hayan sido.

    Por otra parte, y en honor a la verdad, todos cambiamos, y la mayoría sentimos una cercanía a la Isla que alimenta una nostalgia que no cesa de crecer. Estar fuera del país natal, ofrece a quien pueda estar interesado, una visión panorámica de la vida nacional pasada y presente casi ilimitada. El emigrante o exiliado que ama a su país procura atesorar las tradiciones patrias y se esfuerza porque las nuevas generaciones conserven la lengua materna, ama lo que dejo atrás, con la esperanza martiana de un día decirles adiós a las playas del destierro.

    • Pedro Corzo es periodista cubano

  • Literatura y Medicina (III)

    El 19 de julio de 1972 el gobierno de los militares conservadores (bajo la casaca del PCN) se mostraron en plenitud de intenciones y tomaron por asalto la Universidad de El Salvador y capturaron a sus autoridades y a parte del profesorado que consideraban ‘peligroso’ y que se hallaban dentro del recinto universitario o fuera. Pues bien, uno de esos capturados fue Melitón Barba.

    Cerca del mediodía del 19 de julio fue capturado por elementos de la Guardia Nacional cuando ingresaba con su vehículo Mazda blanco a su casa de la 19 avenida norte #1644. Se lo llevaron a pie, esposado, varias cuadras y después lo subieron a un vehículo tipo panel y por tres días no se supo de su paradero.

    Por fin, se supo que estaba en la Guardia Nacional y que a las autoridades universitarias y profesores (Rafael Menjívar Larín ―rector―, Miguel Sáenz Varela ―secretario general―, Fabio Castillo Figueroa ―decano de la Facultad de Ciencias y Humanidades―, Luis Arévalo ―fiscal―, Mario Flores Macal …) y los demás capturados de la comunidad universitaria iban a ser expulsados hacia Nicaragua de inmediato. Y así fue.

    En Managua, el grupo de exiliados, quizás unos 15, después de un mes tomaron la decisión de salirse de Nicaragua, por razones obvias (Anastasio Somoza Debayle era quien regía). Unos se fueron para México. Y otros, para Costa Rica. Melitón Barba optó por Costa Rica.

    De esa experiencia, el médico-escritor, rápido, emborronó cuartillas e hizo un relato titulado ‘La celda No. 9’. Texto narrativo que se extravió entre tantos ires y venires del autor.

    Gracias a sus vínculos personales con excompañeros costarricenses que estudiaron en El Salvador (los médicos Álvaro Castro y Maynor Briceño), Melitón Barba pudo establecerse como médico y fue a parar al puerto del Pacífico, Puntarenas, al Hospital San Rafael, que se hallaba situado en el centro de la ciudad de Puntarenas y que venía funcionando desde 1852.

    Años después, en 1989, cuando se publicó en San Salvador, bajo el sello Istmo Editores, su cuarto libro de cuentos titulado ‘Cartas marcadas’, el cuento con el que se abre el volumen, ‘El Lecumberri’, es una reminiscencia de su estancia en Puntarenas que duró hasta mediados de 1973. En las primeras líneas da cuenta del escenario: ‘En toda la zona, incluyendo los que estaban presos en San Lucas, no había nadie que hubiera purgado un delito en la famosa penitenciaría de México’. San Lucas era una isla frente a Puntarenas que servía como presidio.

    Con el fraude electoral de febrero de 1972, el fallido golpe de Estado del 25 de marzo y, sobre todo, con la intervención militar de la Universidad de El Salvador, en julio, la situación política del país quedó trastocada. De facto, los partidos políticos opositores (PDC, MNR y UDN) se encontraron acorralados en la marginalidad y casi en la ilegalidad.

    El Salvador quedó, después del 19 de julio de 1972, frente a un cuadro de tensión política y militar de gran explosividad, del que no podrá salir hasta 1992, cuando la guerra finalizó por medio de una negociación estratégica con supervisión internacional.

    Eclipsados y sacados a patadas de la escena política los partidos políticos opositores, pues los militares conservadores, que manejaban el PCN, impusieron su férula. Es en este contexto de asfixia política que el incipiente movimiento guerrillero, constituido por dos pequeños agrupamientos debilitados e ideologizados en exceso (las Fuerzas Populares de Liberación ―FPL― «Farabundo Martí» y el Ejército Revolucionario del Pueblo ―ERP―), pudo abrirse paso. Si a la UNO se le hubiese dejado ganar las elecciones de febrero de 1972 es probable que no se habría dado la generalización de la guerra. Pero la tozudez, las ambiciones de poder y el desprecio por la vida en democracia marcaron la ruta del descarrilamiento nacional.

    Melitón Barba, el médico-escritor, hubo de asumir una postura frente a todo esto. Desde el exilio en Puntarenas, tomó una decisión arriesgada, y es que se planteó la posibilidad de regresar a El Salvador. Eso implicaba varias cosas: seguir ejerciendo la profesión médica en su clínica particular, como ortopeda y traumatólogo; distanciarse de la vida política partidaria tradicional ―que de todos modos había sido aplastada― a la que había estado adherido desde 1966 hasta julio de 1972 como dirigente del MNR y dejar de estar visible, de cualquier modo, en la política nacional. Y previo a eso, que era como su plan personal de retorno, envió adonde correspondía un mensajero extraordinario para conocer de primera mano si había alguna acusación específica contra él. Puesto que el mensajero retornó con una respuesta favorable a su regreso, pues armó maletas y a mediados de 1973 se trasladó a Guatemala, para preparar su ingreso por tierra a El Salvador. Todo de manera personal, y solo con el apoyo de amigos y de familiares.

    • Jaime Barba, REGIÓN Centro de Investigaciones

  • Oriente Medio y la retórica incendiaria

    Desde un ángulo meramente discursivo, la actual situación en Oriente Medio no tiene precedentes. Si los análisis geopolíticos se hicieran sobre la base de las declaraciones de los bandos enfrentados, hoy deberíamos estar hablando de la extinción de la especie humana, pues así de catastrofistas han sido las narrativas y hasta algunas intervenciones de sesudos analistas internacionales. Por fortuna no son las palabras, sino los hechos concretos, los que merecen la mayor atención de parte de quienes observan la política global con seriedad y prudencia.

    Ejemplos de retórica barata los tenemos a montones. El régimen chiita de Irán asegura que su doctrina le prohíbe desarrollar armas de destrucción masiva y que, por consiguiente, su programa nuclear solo tiene fines pacíficos. En la esquina contraria, Israel y Estados Unidos afirman como un hecho que el Gobierno de los ayatolás estaba en vísperas, casi hasta ayer, de conseguir el suficiente uranio enriquecido para construir bombas.

    Tras los sorpresivos ataques americanos del pasado 21 de junio, Trump dijo que las instalaciones nucleares iraníes habían sido totalmente destruidas, algo que fue negado por Teherán y luego minimizado por un informe preliminar de las propias agencias de inteligencia de EE UU. El líder supremo de Irán, Alí Jamenei, había amenazado a Washington con «un daño irreparable» si se entrometía en el conflicto, pero la primera reacción militar de su país, sobre la base estadounidense en Catar, tuvo un carácter más bien testimonial.

    La pregunta que debemos hacernos, primero, es si algún dirigente político involucrado en este embrollo se ha atrevido a decir la verdad. Y lo que arroja cualquier análisis desapasionado del asunto es que, lamentablemente, acusamos una alarmante carencia de liderazgos confiables.

    Es cierto que el ayatolá Jamenei, en 2003, emitió una fetua (decisión jurídica) prohibiendo las armas nucleares en el islam. Pero esta interpretación es endeble, doctrinalmente hablando, y se encuentra vinculada a consideraciones políticas que pueden cambiar en el tiempo, pues solo los principios coránicos son considerados inmutables. La trayectoria diplomática iraní, por otra parte, revela su naturaleza embustera. La cantidad de veces que el régimen de Teherán ha mentido sobre sus acciones militares bastaría para descalificar cualquier supuesta voluntad pacifista. Desde hace varios años, además, Irán está señalado de violar sistemáticamente el Tratado de No Proliferación Nuclear, aparte de haberse ya comprobado su constante respaldo a grupos terroristas.

    Lo de Irán, pues, como amenaza real para la estabilidad de Oriente Medio, está lejos de ser una anécdota; pero Israel, que jamás ha desmentido los rumores sobre su propio arsenal nuclear, lleva por los menos tres décadas afirmando que los ayatolás están «próximos», «a punto», «a las puertas» de construir sus bombas. Como en el viejo cuento del pastorcito que gritaba «¡Ahí viene el lobo!» hasta que nadie le creyó, Benjamin Netanyahu desea que ahora sí hagamos caso a las advertencias. Las mentiras de Teherán, por tanto, han tenido sus réplicas en Tel Aviv.

    ¿Y qué decir de Donald Trump, el más fantasioso e hiperbólico gobernante de nuestra época? Nada nuevo en realidad: exagera el riesgo atómico iraní para poder así atribuir a su nación —y a él, por supuesto, como comandante en jefe— unas habilidades estratégicas y una contundencia militar que quizá merezcan bastante menos elogios.

    Dado el carácter confidencial de cualquier carrera armamentística, nadie puede saber a ciencia cierta qué tan cerca haya estado Irán de una ojiva nuclear. Lo que sí resulta evidente es que el régimen chiita está completamente solo en su cruzada contra Israel y Estados Unidos. Ni Rusia ni China, por encima de sus propios polvorines retóricos, parecen dispuestos a atizar el fuego. Esa amenaza de desatar el «infierno» en la región, por el momento, se encuentra fuera de la capacidad real de los ayatolás, que con ese bombardeo inofensivo a Catar han tenido suficiente para decir, mintiendo otra vez, que le propinaron una «dura bofetada» a EE UU.

    Pero tampoco Israel ha ganado demasiado. Su principal socio, Trump, no parece convencido de iniciar un conflicto que conduzca a un cambio de régimen en Teherán, una de cuyas implicaciones sería otra desgastante intervención de largo plazo en la zona, aún frescos los malos recuerdos de Irak y Afganistán. Con su país exhausto, a Netanyahu debería bastarle con haber trepado algunos puntos en las encuestas, equivalentes a varios meses de magra sobrevivencia política.

    Aunque falta por ver qué tan destructivos fueron los misiles especiales estadounidenses en Irán, lo que al final lleguemos a saber estará siempre al arbitrio de cada emisor de información. Donald Trump empleará su acostumbrada terminología grandilocuente, Netanyahu seguirá hablando de mantener a raya las amenazas y Jamenei especulará sobre la inminente destrucción de sus enemigos.

    Los cambios reales que sobrevendrían a partir de esta reciente escalada de violencia dependerán de los disensos internos en la cúpula chiita, la estabilidad del Gobierno de coalición en Tel Aviv y la terquedad de Trump en aferrarse a la idea de que negociar con el resto del planeta se define por la fuerza y la arrogancia. Todos estos factores desencadenan hechos que ninguno de los líderes mencionados en esta columna podrá controlar, más allá de su verborrea incendiaria.

  • «El Hombre en Busca del Sentido»: Una brújula para el docente universitario

    Estimados colegas y educadores universitarios:
    Hace unas semanas recibí una recomendación de las más apreciadas en mi vida en relación con la literatura y era sumergirme en la obra cumbre de Viktor Frankl, «El Hombre en Busca del Sentido» (originalmente de la «experiencia de un campo de concentración») por parte del doctor Christian Aparicio quien es Director Nacional de Educación Superior en El Salvador en una interesante y orientadora ponencia sobre la política nacional de educación superior.

    Debo reconocer que la lectura de este libro, que documenta la aterradora experiencia como prisionero en campos de concentración nazis y el desarrollo de la logoterapia, va más allá de una simple asignación o sugerencia; es una sacudida existencial y una fuente inagotable de lecciones para nuestra labor educativa que ha sido mi principal aplicación a la lectura. No es un texto más de psicología, sino un manual de supervivencia para el espíritu humano que tiene profundas resonancias en el aula y en la vida del educador y por supuesto como persona.

    Objetivo del libro desde la mirada de un docente
    El objetivo central de Viktor Frankl en mi opinión es demostrar que, incluso en las circunstancias más inhumanas y degradantes, el ser humano posee la libertad de elegir su actitud y, lo que es más importante, la capacidad de encontrar un sentido a su existencia. Para nosotros, educadores del nivel superior y postgrados, esto se traduce en la imperativa de no solo impartir conocimientos, sino de guiar a nuestros estudiantes en la búsqueda y construcción de su propio sentido, especialmente en un mundo que a menudo parece carecer de él. Nuestro propósito no es solo formar profesionales, sino individuos resilientes, ciudadanos comprometidos a transformar los problemas sociales, con un propósito y capaces de trascender la adversidad.

    Aproximación a enseñanzas claves para el ámbito universitario
    • La importancia de la actitud: Frankl observó que quienes sobrevivieron no siempre fueron los más fuertes físicamente, sino aquellos que lograron encontrar un propósito, una razón para seguir viviendo, a veces insospechable. Esto nos enseña que debemos fomentar en nuestros estudiantes una actitud proactiva y resiliente ante los desafíos académicos y de la vida, más allá de la mera adquisición de información.
    • La trascendencia del sufrimiento: El sufrimiento, aunque inevitable, puede ser transformado si se le encuentra un sentido. Para el docente, esto implica reconocer las dificultades que atraviesan nuestros estudiantes (personales, académicas, sociales) y ayudarlos a verlas no como callejones sin salida, sino como oportunidades para el crecimiento, el aprendizaje y la reafirmación de su propósito.
    • La responsabilidad de la libertad: Frankl enfatiza que, aunque las condiciones externas nos limiten, nuestra última libertad es la de elegir nuestra respuesta. Debemos inculcar en nuestros universitarios la responsabilidad que conlleva su libertad académica y personal, motivándolos a tomar decisiones conscientes y éticas que impacten positivamente su vida y su entorno.
    • La identidad de cada ser humano: La logoterapia se basa en la idea de que cada persona es única y tiene una misión específica. En el aula, esto se traduce en la necesidad de reconocer y valorar la individualidad de cada estudiante, sus talentos, sus luchas y su potencial único para contribuir al mundo. Por lo que debemos afirmar la identidad de cada estudiante, en muchos casos llegan a la universidad sin disponer de un claro criterio de ¿cuál es su propósito?

    Algunas aplicaciones prácticas en nuestra labor docente universitaria
    • Fomentar el pensamiento crítico y reflexivo: no solo qué pensar, sino cómo pensar sobre la vida, el propósito y los valores.
    • Diseñar experiencias de aprendizaje con propósito: conectar el contenido académico con problemas reales, con el diario vivir de nuestra sociedad, proyectos de impacto social o dilemas éticos que resuenen con la búsqueda de sentido de los estudiantes.
    • Ser mentores de resiliencia: compartir nuestras propias experiencias de superación y servir como guías, un orientador, para que los estudiantes desarrollen su capacidad de afrontar la adversidad.
    • Promover el diálogo sobre principios, valores y ética: crear espacios seguros para discutir temas profundos que ayuden a los estudiantes a clarificar sus prioridades y su lugar en el mundo, sin olvidar que primero es un ciudadano, no un académico como prioridad.
    • Enfatizar la contribución social del conocimiento: inspirar a los estudiantes a ver su profesión como un vehículo para ser de bendición, servir al más próximo, a la sociedad y encontrar sentido en esa contribución.

    Mensaje final para el educador
    Estimados colegas docentes, «El Hombre en Busca del Sentido» no es solo un libro sobre la supervivencia, sino sobre la ponderación del valor y la representación del alma. Nos invita a reflexionar sobre nuestra propia búsqueda de sentido como educadores y, crucialmente, nos equipa con una perspectiva invaluable para acompañar a nuestros estudiantes. En un mundo a menudo fragmentado y ansioso, nuestra misión de formar profesionales se eleva a la de formar seres humanos, personas extraordinarias, con una vida con propósito, capaces de encontrar luz, incluso en las circunstancias más oscuras. Este libro es de obligatoria lectura para todo docente de educación superior, un recordatorio poderoso de que nuestra labor va más allá de las aulas, de enfocarnos solo en la excelencia académica, estamos construyendo sentido, esperanza y futuro.

    * Ricardo Sosa, Docente de educación superior certificado
    @jricardososa