Categoría: Opinión

  • Todo germina en nosotros, para bien o para mal

    Todo germina en nosotros, para bien o para mal

    Me uno a esas gentes que perseveran en la búsqueda de la concordia, que no cesan en su empeño y que sueñan cada día en hacer realidad un orbe más habitable, donde resida la paz sustentada en el abrazo sincero, con el auténtico afecto siempre en guardia.

    Unirse y reunirse en son de quietud es prioritario, así como mostrar actitudes de apoyo hacia esas personas comprometidas con un mundo más seguro, llegando a arriesgar cada día su propia existencia.

    Al fin y al cabo, todo germina en nosotros. Negar la evidencia es estar ciegos y sordos. En el planeta, hay millones de personas sufriendo un daño inmenso provocado por los conflictos. No tiene sentido darnos desaliento en vez de aliento, aislarnos y levantar muros en lugar de crear comunidad y comunicación. A mi juicio, repensarlo es vital.

    Ciertamente, todo surge y resurge en nuestro propio interior, que nos pone en movimiento para bien o para mal; de ahí, la necesidad de no contradecirnos a la hora de tomar horizontes sensatos que nos fraternicen. En efecto, ha sido capital globalizarse, sentirse parte de esa pulsación armónica. Ahora lo que tenemos que hacer, es cultivar el espíritu donante, en un contexto de autenticidad y lucidez.

    Conciliar latidos y reconciliar pulsaciones es básico para regenerarnos, dejando a un lado los intereses económicos y financieros. Sin embargo, el amor, conjugado con el amar es por su naturaleza creativo e indaga en el modo y en la manera de entregarse a la causa, sin otro desvelo y afán, que fraternizarse. Por ello, cultivarlo ha de ser tan real como la vida misma.

    Simpatizar entre nosotros nunca ha sido fácil; por ello, el establecimiento del acuerdo es una tarea complicada, al que hay que sumarle en la actualidad, el cúmulo de tensiones ocasionadas en parte por las políticas internacionales. Las pugnas son más complejas y prolongadas, también más crueles, ya que muchos grupos armados tienen acceso a una tecnología moderna potente, a lo que hay que sumarle la información falsa y la desinformación en otras ocasiones, lo que causa asimismo más violencia e inseguridad.

    Quizás, hoy más que nunca, debamos contribuir a evitar las rivalidades que nos colisionan, impidiéndonos marchar tranquilos, lo que debe hacernos suscitar recursos dialogantes y respaldar los procesos democráticos. Activemos, pues, la calma a la hora de atendernos y entendernos.

    Tomar el camino de la mansedumbre es hacerse cargo más que de uno mismo, de los otros, de los que transitan a nuestro lado deshechos y que requieren de nuestra ayuda para rehacerse. El poder mundano nada resuelve, genera más bien batallas absurdas de destrucción y muerte, lo que nos convoca a promover los derechos humanos, dotando a las instituciones públicas de representantes ecuánimes, convencidos de que el sosiego empieza conmigo.

    La cuestión radica en no desfallecer, en aprender a reprendernos, antes de que se propague en nuestro obrar un fatídico compromiso hereditario de revancha. Por desgracia, la furia se vuelve a poner de moda y se reviste incluso de la coraza de la firmeza.

    Por tanto, no popularicemos como normal lo que es anormal: La barbarie.

    Es verdad que el ser humano está hecho para combatir al humano ser, y aunque la hostilidad pueda parecernos inevitable, es una exigencia natural destronar de nuestro entorno la carrera de armamentos. Tras la devastación de dos guerras mundiales, se apostó por la creación de las Naciones Unidas, genial.

    En este preciso momento, es además necesario instaurar la universalidad de un deber ciudadano, que no es otro que desmembrarnos de las armas para asociarnos entre sí a las níveas almas, desposeídos del dominio, bajo la jurisdicción vinculante del verso y la palabra, síntesis de la benigna convivencia.

    No olvidemos, que la alianza es posible, si se labora. Desde luego, es nuestra gran obligación. Una revelación que nos impulsa a ser poetas de corazón.

  • Stalin en el metro de Moscú (I)

    Stalin en el metro de Moscú (I)

    De nuevo Stalin ha sido visto en Moscú. No es Putin disfrazado del georgiano ‘Koba’. Es el mismísmo Iósif Vissariónovich Dzhugashvili. Solo que ahora en formato de piedra.

    La noticia se ha regado como pólvora y ahora millones de rusos lo verán al entrar y al salir del metro de Moscú. De nuevo, porque en 1950 (tres años antes de la muerte de Stalin) se había erigido un monumento a Stalin allí en el metro de Moscú. De ahí que esta sea una recreación de aquel, dado que, en 1966, cuando se recompuso dicho metro, las autoridades de aquel momento dijeron, como quien no quiere la cosa, que ‘el monumento de 1950 se había perdido’.

    El nuevo monumento está en el mismo lugar: en la estación de metro Taganskaya.

    No es que ahora se esté ‘rehabilitando’ a Stalin después de haberlo defenestrado como consecuencia del XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética ―PCUS― celebrado en 1956, y que encabezado por Nikita Jrushchov denunció y acusó a Stalin de diversas tropelías desde que tomó el control del PCUS y del Estado soviético tras la muerte de Lenin en 1924. El asunto tiene cola.

    Es que desde que asumió Leonid Ilich Brézhnev, en 1962, la conducción del PCUS y del Estado soviético, después de haber sido destituido Jrushchov, lo que desde 1956 se llamó proceso de desestalinazión se desaceleró y terminó por desactivarse. Y entonces la figura de Stalin y su presencia en el país euroasiático que constituía la Unión Soviética, quedó a la sombra. Esto explica, de algún modo, que desde 2016 hasta la fecha se hallan erigido estatuas y monumentos a la memoria de Stalin en diversos lugares de la Rusia actual. Es decir, la figura de Stalin pareciera que no necesita ser rehabilitada hoy, porque desde hace años está rehabilitada.

    El metro de Moscú, inaugurado en 1935, es una infraestructura emblemática de la ingeniería rusa, y cualquier cosa que acontezca dentro de sus instalaciones (cada año un poco más de 2000 millones de pasajeros pasan por las 258 estaciones de ese tendido subterráneo de casi 415 kilómetros) impacta en el ‘alma rusa’. Así, cuando Stalin fue ‘borrado’ de la decoración de las diferentes estaciones del metro de Moscú, se estaba trasladando el mensaje a la ciudadanía de que el ‘asunto de Stalin’ exigía sacarlo de circulación.

    En la estación de Komsomólskaya, el techo está decorado con diversos mosaicos que tomaron como punto de partida bocetos de Pável Korin, y que ilustran aspectos de la historia rusa. En uno de los segmentos aparecía Stalin tomándole juramento a un soldado, pero después de 1954 Stalin se esfumó y lo que se vio fue a Lenin haciendo un discurso al Ejército Rojo. No es necesario insistir mucho en esto de la ‘reescritura de la historia’: quien tiene el poder decide lo que se lee, lo que se ve, lo que se debe recordar. Eso sí, mientras ese poder esté vigente y otro no lo releve y le dé vuelta de gato, y así va la cosa…

    En la estación de Kíevskaya, que se inauguró en 1954 y que constituía un homenaje a la reunificación de Rusia y Ucrania, también había grabadas imágenes de Stalin. En una de ellas, Lenin se observa dirigiéndose a la multitud, y atrás de él, como es lógico imaginar, se encuentra Stalin, pero después de 1954, ‘Koba’ (uno de los sobrenombres de Stalin que usó Trotsky para referirse en sus escritos a su verdugo) ya no está en ese mosaico, le pusieron ‘chelito’ y se ve siempre a Lenin hablando, pero en solitario. No deja de ser curioso este modo sencillo, práctico y efectivo de ‘borrar’ figuras que antes fueron indiscutibles y, después, por completo prescindibles.

    Es más fácil ‘borrar’ que discutir los procesos históricos y las presencias individuales en esos procesos. Porque este modo maniqueísta de entender la Historia, situando las cosas solo entre malos y buenos, solo sirve para propósitos propagandísticos, pero no resuelve el imprescindible conocimiento del pasado, que es lo que permite comprender el presente.

    En la misma estación de Kíevskaya hay otro mosaico donde aparece Stalin, pero al parecer les resultó difícil solo ‘desaparecerlo’ a él y por eso optaron por colocar otra escena, otro tema.

    En verdad es risible todo este proceso de ‘oficialización’ de los hechos históricos. Desde la sombra se decide a quien se le rinde homenaje y desde la sombra también se decide la supresión de ese homenaje. Es como un juego de máscaras.

  • Makasi

    Makasi

    Hay historias que por falta de documentos adecuados o testimonios acreditados de sus actores se convierten con el tiempo en leyenda, lo que tal vez habría ocurrido con los cubanos que combatieron el Castro comunismo en Áfric

    si el cineasta Wenceslao Cruz con la colaboración del Instituto de la Memoria Histórica Cubana contra el Totalitarismo y fundamentalmente los protagonistas de esa gesta, no hubiera dirigido el documental que recoge aquella cruenta experiencia en la que cuatro pilotos aviadores cubanos perdieron la vida.

    «Cubanos combatiendo el castro comunismo en Áfric» es un documento histórico que testimonia el compromiso de un amplio sector del pueblo de Cuba de no cejar en el empeño de reconquistar sus derechos, aunque fuera combatiendo en tierras extranjeras.

    La prácticamente desconocida Operación «Makasi», fue un plan forjado por dependencias del gobierno de Estados Unidos para detener el progreso de las fuerzas comunistas en el antiguo Congo Belga, empeño, en el que participaron exiliados cubanos con el compromiso de las agencias federales de prestarles el apoyo que fuera pertinente para que siguieran combatiendo el régimen totalitario castrista, como expresa Generoso Bringas y otros expedicionarios en el documental.

    Estos combatientes habían previamente confrontado al régimen en la Isla militando en las numerosas organizaciones que operaban en la clandestinidad o alzándose en armas contra el totalitarismo.

    Posteriormente, en el exilio, se integraron mayoritariamente a la Brigada 2506, después se incorporaron a los grupos armados que en Centro América operaban en lanchas rápidas contra los intereses castristas, bajo el liderazgo de Manuel Artime.

    Estos exiliados cubanos, al tener conocimiento que el asesino en serie Ernesto «Che» Guevara era el jefe del contingente que Castro había enviado al Congo, mostraron un mayor interés por participar en el proyecto.

    El artillero de una de las lanchas rápidas, Félix Toledo dice en el documental «El combate se produjo por la noche y duró unas dos horas. Fue a corta distancia. Sólo combatieron cuatro de las cinco embarcaciones enemigas, ya que la quinta lancha se alejó de la zona. Poco después supimos que en ella se encontraba Guevara», por su parte el piloto aviador, Juan Carlos Perón +, relato la muerte de su colega Juan Tuñón, quien después de haber contraído malaria fue capturado por grupos rebeldes y asesinado brutalmente.

    Uno de los testimonios más escalofriante es el del soldado de infantería, Juan Tamayo, quien recuerda «Fuimos al rescate de unas familias, unos misioneros, aquello daba grima porque había niños, mujeres, ancianos, pero a mí lo que más me impresiono no fueron los tiros, fue que entre los rescatados había una niñita que no llegaba al año que me tuve que poner entre mis piernas, a pesar de que estaba disparando una ametralladora, tenía que cubrirle la carita con una mano para que los casquillos calientes que saltaban del arma no cayeran en su cara, me imagino que si esa niña está viva, debe ser sorda porque el tableteo era infernal».

    Al concluir exitosamente la Operación Makasi, cubanos del exilio, con independencia del gobierno de Estados Unidos se aprestaron a luchar contra los mercenarios castrista que en Angola respaldaban al gobierno de Agustino Neto, uno de estos hombres fue el también brigadista Miguel Álvaro Jimeno quien declaro, «Nuestra presencia en Angola fue consecuencia directa de nuestros anhelos de luchar contra el comunismo en Cuba y en cualquier otro país, esa operación era tan ajena al gobierno de Estados Unidos que cuando ellos pusieron en ejecución el Clark Amendment, salimos clandestinamente de Angola hacia Zaire donde otro líder de la insurgencia, Holden Roberto, puso a nuestra disposición dos camiones para que nos escondiéramos en cargamentos de plátanos[PC1] «.

    El documental también muestra la profunda solidaridad del exilio cubano a través del «Miami Medical Team», cuyo director y fundador, el doctor Manuel Alzugaray, describe los viajes y envíos de recursos médicos a Angola en respaldo a las fuerzas de Unitas que dirigía el ya desaparecido Jonás Sabimbi.

    El film de Cruz fue estrenado en la FIU con la colaboración del Cuban Research Institute que dirige Sebastián Arcos, después en el museo de la Brigada 2506 y por último en la Universidad Atlantic de Puerto Rico, que dirige Ramon Barquín III, donde una espectadora Xiomara Ledon me dijo, «se ve que son cubanos, porque son los únicos que narran tragedias sin dejar de sonreír».

  • El Salvador frente a Centroamérica: ¿qué nos dice la expectativa de vida sobre nuestro sistema de salud?

    El Salvador frente a Centroamérica: ¿qué nos dice la expectativa de vida sobre nuestro sistema de salud?

    Hace un par de días leí una columna titulada «¿Debilitar el nivel de atención primaria es buena estrategia de salud pública?», publicada en un medio escrito nacional por mi amigo y colega, el Dr. Iván Solano, presidente del Colegio Médico.

    En su artículo, el Dr. Solano reflexiona sobre el debilitamiento que está experimentando el sistema nacional de salud bajo la actual administración. Se refiere, en particular, al abandono que sufre el primer nivel de atención (puestos de salud, unidades de salud y centros de salud), lo cual afecta de manera significativa el acceso y la calidad de los servicios que se ofrecen a la población.

    El artículo destaca que estos servicios de primer nivel son los más periféricos del sistema de salud y, por ende, los más cercanos a la población, tanto urbana como rural. La reflexión del Dr. Solano resulta especialmente pertinente en el contexto actual de nuestra salud pública.

    Debido al «encarcelamiento» de los datos de salud pública ejecutado por el MINSAL—que impide a la población y al gremio médico acceder a información relevante—no es posible realizar un análisis más exhaustivo y concluyente sobre el impacto de este debilitamiento. Sin embargo, existen algunos datos manejados por organismos internacionales, como la Organización Mundial de la Salud y otros, que nos permiten hacer ciertas proyecciones. Uno de estos indicadores clave es la expectativa de vida.

    De acuerdo con datos de «database.earth», la expectativa de vida promedio en El Salvador para el año 2025 es de 72.52 años, desglosada en 67.99 años para los hombres y 76.70 años para las mujeres. Al comparar este indicador con otros países de Centroamérica, El Salvador se encuentra por debajo de Costa Rica (81.0 años), Nicaragua (76.5 años), Honduras (75.4 años) y Guatemala (73.7 años).

    La expectativa de vida de la población es un indicador fundamental que refleja tanto el estado general de salud como la efectividad, accesibilidad y equidad del sistema de salud de un país. Interpretar este dato implica considerar varias dimensiones:

    • Desempeño del sistema de salud: Una expectativa de vida alta suele asociarse con servicios de salud preventivos y curativos eficaces, acceso amplio a atención médica—incluyendo áreas rurales y marginadas—y la existencia de programas sólidos de vacunación, control de enfermedades crónicas y promoción de la salud. Por el contrario, una expectativa de vida baja puede indicar deficiencias en la calidad o el acceso a la atención médica, alta incidencia de enfermedades transmisibles, violencia, desnutrición o marcadas desigualdades en salud entre distintas regiones o grupos sociales.

    • Desigualdades sociales y económicas: La expectativa de vida también es un reflejo de las condiciones sociales y económicas. Una cifra baja puede evidenciar desigualdades en educación, ingresos, acceso a saneamiento básico y nutrición, todos ellos determinantes sociales clave de la salud. Un sistema de salud equitativo ayuda a reducir estas brechas y mejora la expectativa de vida general.

    • Comparación internacional: Analizar la expectativa de vida en relación con otros países permite evaluar la eficiencia relativa de los sistemas de salud, el impacto de las políticas públicas y los efectos de crisis sanitarias, como la pandemia de COVID-19, sobre la salud de la población.

    En síntesis, la expectativa de vida es una herramienta integral para diagnosticar el estado de salud pública, identificar desigualdades y orientar políticas de mejora en el sistema sanitario.

    Aunque El Salvador cuenta con un sistema de salud pública conformado por el Ministerio de Salud (MINSAL) y el Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS), muchas personas, especialmente en zonas rurales, enfrentan coberturas limitadas y fragmentadas. La inversión en formación y educación continua del personal médico es insuficiente, lo que afecta la calidad del servicio.

    Si bien se han logrado avances en el control de enfermedades infecciosas, las enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión y enfermedades cardiovasculares están aumentando rápidamente, en parte debido al envejecimiento poblacional, lo que genera una presión constante sobre el sistema de salud. Además, la violencia histórica, aunque actualmente reducida, sigue impactando negativamente la expectativa de vida en el país.

    Un sector considerable de la población aún enfrenta pobreza, inseguridad alimentaria, baja educación y acceso limitado a agua potable, factores estructurales que el sistema de salud no logra compensar plenamente, reflejándose en la menor expectativa de vida comparada con otros países de la región. Aunque estas problemáticas son comunes en Centroamérica, parece que los sistemas de salud de países vecinos están abordándolas con mayor efectividad que el MINSAL.

    Por ello, El Salvador y sus líderes en salud deben enfocarse en ampliar la cobertura universal, con una inversión sostenida en infraestructura sanitaria y en la formación del personal de salud. Esto debe integrarse con un enfoque en educación, prevención, promoción de hábitats saludables, alimentación adecuada y actividad física. Además, es fundamental apoyar estrategias para la reducción de la violencia y programas sociales que disminuyan las desigualdades sociales y económicas que afectan la salud de la población.

  • El Salvador: La Seguridad Inquebrantable y el Modelo que desafía al Continente

    El Salvador: La Seguridad Inquebrantable y el Modelo que desafía al Continente

    Desde esta tribuna, donde la criminología se mezcla con la cruda realidad de nuestras calles, es innegable que el primer año del segundo mandato del Presidente Nayib Bukele ha consolidado a El Salvador como un paradigma en materia de seguridad pública, no solo en la región, sino a nivel continental. Si bien los análisis criminológicos suelen ser cautelosos y complejos, los datos duros y la transformación palpable en la vida cotidiana de los salvadoreños demandan una mirada objetiva a los logros sin precedentes.

    El hito más resonante, sin duda, es la consolidación de la tasa de homicidios más baja de todo el continente americano. Hace apenas unos años, antes de la llegada al ejecutivo del presidente Nayib Bukele El Salvador era sinónimo de violencia extrema, con índices de homicidios y feminicidios que aterraban al mundo. Hoy, la reducción es drástica y sostenida, transformando la percepción de inseguridad en una sensación de tranquilidad que nuestros ciudadanos no experimentaban en décadas. Esto no es solo una estadística; es la posibilidad de que miles de familias respiren sin miedo, que los niños jueguen en las calles, que los negocios abran sin temor a la extorsión, y que las familias disfruten la noche y los espacios públicos.

    Pero la seguridad no se mide solo en la reducción de homicidios. Los logros se extienden a otros frentes cruciales:

    • Erradicación de las Pandillas como poder territorial: Las estructuras de pandillas, que durante años aterrorizaron barrios, comunidades, cantones, caseríosenteros y controlaban vastas zonas del país a través de la extorsión y la violencia, han sido desmanteladas. La captura masiva de sus miembros, la intervención en sus redes de financiamiento y la anulación de su capacidad de operar con impunidad han liberado comunidades enteras del yugo de la violencia. Esto representa un cambio estructural en el control social informal que, por décadas, estuvo en manos de estos grupos criminales.

    • Reducción significativa de la extorsión: Este delito, que fungía como un impuesto ilegal para la mayoría de los salvadoreños, especialmente comerciantes y transportistas, ha experimentado una caída drástica. La eliminación de este flagelo no solo mejora la seguridad ciudadana, sino que también impulsa la economía local al liberar recursos que antes terminaban en manos de los criminales. Las reducciones oscilan entre 95 y 100% de acuerdo con el sector de la economía y zonas geográficas.

    • Recuperación del territorio y el espacio público: Calles, parques, mercados, casas comunales, viviendas, y colonias que antes eran zonas rojas o de control pandilleril han sido recuperados por el Estado y la ciudadanía. Esta revitalización del espacio público permite el florecimiento de la vida comunitaria, el comercio y la libre circulación, elementos vitales para el desarrollo social y económico.

    • Fortalecimiento Institucional: La implementación de un régimen de excepción ha permitido a las fuerzas de seguridad operar con mayor contundencia y efectividad. Paralelamente, se ha visto una inversión en equipamiento y capacidad operativa de la Policía Nacional Civil y la Fuerza Armada, lo que se traduce en una mayor capacidad de respuesta del Estado. La Fiscalía Generalde la República también asume el liderazgo en las investigaciones especializadas y en el trabajo en equipo. Armonía y cooperación entre los titulraes y las instituciones

    Desde la perspectiva criminológica, estos logros son resultado de una estrategia de control social formal audaz y de alta intensidad, que priorizó la disrupción de las redes criminales y la recuperación del monopolio estatal de la fuerza. Es innegable e irrefutable que se ha logrado un cambio radical en la percepción y la realidad de la seguridad en El Salvador.

    El modelo salvadoreño, sin duda, ha generado fascinación y debate en América Latina, una región azotada por la violencia. Los logros en materia de seguridad del primer año del segundo mandato del presidente Nayib Bukele no son solo un alivio para El Salvador; son un caso de estudio sin precedentes que desafía las convenciones y ofrece una nueva perspectiva sobre la complejidad de la lucha contra el crimen en el continente y del sistema de justicia de nuestras naciones.

    *Por Ricardo Sosa , Doctor y máster en Criminología. Docente educación superior certificado

  • Ha muerto Alasdair MacIntyre, el último provocador moral

    Ha muerto Alasdair MacIntyre, el último provocador moral

    El nombre de Alasdair MacIntyre todavía no tiene el protagonismo que merecería su imponente actividad intelectual, de ahí que su fallecimiento, el pasado 21 de mayo a los 96 años, haya pasado prácticamente inadvertido para el gran público.

    Lo interesante es que las ideas de este pensador de excepción –nacido en Glasgow, Escocia, en 1929– probablemente irán ganando peso con el correr de los años hasta convertirlo en eso que ya muchos le reconocieron hace décadas: ser uno de los mejores exponentes de la filosofía moral y política, en lengua inglesa, de todos los tiempos.

    Formado en la Universidad de Manchester, tuvo como profesora a la carismática Dorothy Emmet (1904-2000), figura clave de los autodenominados “Filósofos de la Epifanía”, un grupo muy heterogéneo que durante la segunda mitad del siglo XX protagonizaron algunos de los más encendidos debates académicos sobre la relación entre ciencia y tradición religiosa.

    Alasdair MacIntyre fue toda su vida lo que podría llamarse un catedrático “errante”. En calidad de profesor de Filosofía, Historia de las Ideas, Artes y Ciencias, Ética y Política, peregrinó por las aulas de Oxford, Yale, Vanderbilt, Notre Dame, Princeton, Essex, Leeds, Duke y Wellesley College, entre otras, residiendo a partir de 1971 en Estados Unidos pero sin dejar de visitar con frecuencia Gran Bretaña.

    De su juventud marxista conservó MacIntyre una mirada crítica hacia la moral e individualismo modernos, pero advirtiendo de que el materialismo cojeaba al pretender ofrecernos una jerarquía axiológica (de valores) despojada de una mirada trascendente del ser humano. Para él, la grosera reducción de la realidad a la sola materia vuelve imposible la justificación coherente de una vida ética.

    Este asunto es fundamental en filosofía, porque uno de los grandes retos del ateísmo consiste en otorgar sentido al buen comportamiento humano a pesar de no tener ninguna “obligación” –religiosa o espiritual– para ello. En otras palabras, si las decisiones morales que tomamos vienen a ser, única y exclusivamente, productos derivados de nuestras meras funciones biológicas, ¿por qué habríamos de tener límites para actuar bajo el dictado de nuestros antojos? Si entre un vacío y otro –es decir, entre el nacimiento y la muerte de una persona– existe este singular paréntesis de espacio-tiempo al que llamamos vida, ¿por qué deberíamos tratar de vivir asemejándonos más a una madre Teresa de Calcuta, por ejemplo, que actuar como lo haría un Adolfo Hitler? ¿Acaso no da lo mismo, puesto que vamos a terminar en el mismo agujero negro de la absoluta inexistencia?

    Este tipo de planteamientos obsesionaron a MacIntyre no solo como pensador sino también como ser humano. Su itinerario espiritual fue tan fascinante como lo fue su viaje intelectual. En la década de 1940 aspiró a ser pastor presbiteriano, para luego abrazar el anglicanismo y terminar declarándose incrédulo en los años sesenta. En esa época ganó celebridad su afirmación de que él era “ateo católico romano”, porque, a su juicio, “solo los católicos adoran a un Dios digno de ser negado”.

    Finalmente en 1983, a los 55 años de edad, luego de largas y meditadas lecturas de Tomás de Aquino y Agustín de Hipona, decidió convertirse al catolicismo, con muchas dudas sobre si aquella mutación sería la última. Apenas dos años antes había publicado el libro que le consolidaría como un genial renovador de la ética aristotélica: Tras la virtud, obra intensa que señala el fracaso del pensamiento moral moderno por abandonar la teleología (los fines o causas últimas de las cosas) y pretender sustituirla por un abanico de preferencias, actitudes y sentimientos que no son sino puro “emotivismo” (término acuñado por él).

    En opinión de MacIntyre, el rechazo de las verdades objetivas y el vacío que impone la falta de razones para buscar acuerdos alrededor de valores universales destruyen toda posibilidad de obtener consensos mínimos para alcanzar la paz, pues ni la justicia ni la concordia pueden subsistir allí donde la subjetividad se convierte en la brújula moral de los individuos.

    Como se puede adivinar, estas ideas constituyen un aldabonazo en términos políticos, pues justo en este terreno nuestros “representantes” parecen carecer de las virtudes que nosotros, los ciudadanos, consideramos indispensables. Comentando a MacIntyre, el politólogo Ted Clayton, de la Universidad Central de Michigan, dice: “Cuando los filósofos han hecho su trabajo correctamente, la filosofía que articulan refleja su sociedad; y debido a que los filósofos están excepcionalmente capacitados para ver la sociedad en su conjunto, estarán en una posición única para señalar inconsistencias, proponer nuevas ideas congruentes con las antiguas que, sin embargo, son mejoras de esas ideas, y mostrar por qué las cosas que parecen triviales son en realidad cruciales para la sociedad, y viceversa”.

    No me cabe duda alguna de que Alasdair MacIntyre será uno de esos filósofos cruciales en el debate cultural, social y político que se avecina.

  • La importancia de estudiar una carrera universitaria

    La importancia de estudiar una carrera universitaria

    Algunos creen que estudiar una carrera universitaria en El Salvador no vale la pena. Sin embargo, los profesionales que en verdad se esfuerzan y son resilientes logran superarse y hasta sacar de la pobreza a sus familiares.

    En esta oportunidad tomo de ejemplo el caso de Elena Noemy Díaz Villalta, quien es de Armenia, Sonsonate.

    No fue fácil para la joven universitaria; ya que, el obstáculo más grande en su vida fue cuando se graduó de noveno grado. La adolescente fue criada por una mamá soltera, ella trabajaba más de 12 horas, de lunes a sábado, para sostener los gastos del hogar y así pudo criarla a ella y a su hermana.

    Fue así; que su hermana y ella lograron estudiar, gracias a que el gobierno había implementado el programa de útiles escolares, uniformes y zapatos, así como alimentos en la escuela, pero hasta ese entonces aplicaba hasta noveno grado (2010).

    Gracias a su esfuerzo y disciplina se graduó con honores. En ese momento atravesó un duro golpe; ya que, su mamá habló con ella y le dijo que no podría ayudarle más con los estudios del bachillerato. Eso la deprimió mucho, porque, aunque ella trabajaba desde los 14 años en un “ciber café”, eso no sería suficiente para los gastos de estudio y porque también vio su entorno y las opciones, no le sacarían de la pobreza.

    Un día, tomó sus diplomas y reconocimientos, junto con su título de educación básica, y fue a pedirle ayuda a su papá. Le suplicó que le ayudase a seguir estudiando y el padre no aceptó, pues él, tiene ideas muy machistas y no apoya la idea de que las mujeres sean profesionales. Como siempre, impera el machismo de muchos salvadoreños. Gracias a Dios, apareció un ángel en el camino de Elena; el esposo de una de sus tías le ofreció comprar todo lo necesario para el bachillerato. Él, sin saber la situación, le cambió la vida. El camino hacia la universidad tampoco fue fácil, pero la determinación y resiliencia son clave en el proceso.

    Elena estudió la Licenciatura en Relaciones Internacionales en la Universidad Francisco Gavidia. Se decantó por la carrera porque disfruta mucho leer y el pensum le ofrecía una variedad de opciones. Es una carrera multidisciplinaria y que requería utilizar un segundo idioma, lo cual sería muy útil en el campo laboral.

    Elena, una joven humilde, le dedica sus triunfos a su mamá. Ella es una mujer que con trabajo duro las sacó adelante a su hermana y a ella. Y siempre le apostó a la educación. La madre de Elena no tuvo la oportunidad de terminar sus estudios. Sus triunfos también se los dedica a su hermana, quien ha sido su mejor amiga y con la que han pasado los mejores y peores momentos. Cada triunfo se lo dedica a toda su familia. Ella ha sido un ejemplo y modelo a seguir para sus primos mayores.

    Elena, ¿tiene algún consejo para los que declinan seguir estudiando? Mi consejo sería que no pierdan de vista el objetivo, que no se dejen caer ante la primera adversidad, que nunca pierdan la fe y que den el 150% en el estudio, pues es un privilegio en este país.

    ¿Qué oportunidades encuentra estudiar Relaciones Internacionales? La carrera abre muchas puertas si uno sabe aprovecharlas. Hay opciones en política, economía, diplomacia, cooperación internacional, etc. Es muy importante continuar preparándonos y especializándonos, así como aprender un tercer idioma para ser más competitivos en el campo laboral.

    Para Elena, estudiar le cambió la comprensión de la realidad. También le dio la oportunidad de tener más información y de poder generar espacios de discusión. Exhortó a que una carrera abre puertas en lo profesional y es un reto académico y personal. Actualmente, es asistente administrativa legal para una firma de migración de Estados Unidos.

    • Fidel López Eguizábal, docente Investigador Universidad Francisco Gavidia
    flopez@ufg.edu.sv

  • ¿De qué me acusarán?

    ¿De qué me acusarán?

    ¿De ser hijo de Roberto Emilio Cuéllar Milla, secretario general de la Universidad de El Salvador durante el rectorado del también abogado Napoleón Rodríguez Ruiz? A ambos los apalearon, encarcelaron y torturaron en la Policía Nacional durante la toma violenta de nuestra alma mater ordenada ‒iniciando septiembre de 1960‒ por el teniente coronel José María Lemus, derrocado días después.

    ¿De ser hijo del síndico municipal en la primera administración del alcalde José Napoleón Duarte, de 1964 a 1966, cuando la democracia cristiana realmente era oposición? ¿De ser el cuarto vástago, entre seis, de uno de los fundadores de ese partido? ¿De permanecer nueve meses en el vientre de la maravillosa doña Lydia, hace más de 69 años? Si es por algo de eso, estoy orgulloso de haberlo vivido y de permanecer fiel al legado de mis progenitores.

    ¿Me achacarán ser hermano de Roberto Joaquín, fundador y director del Socorro Jurídico Cristiano cuya encomiable labor inició en el Externado de San José ‒colegio jesuita‒ días después de la masacre del 30 de julio de 1975 ocurrida en sus alrededores? ¿Me señalarán porque él y sus colegas fueron llamados en marzo de 1978 por el cuarto arzobispo de San Salvador, monseñor Óscar Arnulfo Romero, para acompañar su inquebrantable defensa de las víctimas pues eran ‒en sus palabras‒ “un equipo honrado de abogados y de estudiantes de derecho”? ¿Me imputarán complicidad con Beto mientras dirigió por años el Instituto Interamericano de Derechos Humanos desde Costa Rica o, en ese mismo país hermano y el nuestro, la Oficina de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura?

    ¿De andar siguiendo a José María Cabello –jesuita español y “temido” profesor de Química– en “La Tutunichapa» y otras “zonas marginales”, como las llamaban? ¿De impulsar la organización popular en “La Fosa”, “La Nicaragua”, “La Quiñonez”, “Las Palmas” y demás bastiones de la Unión de Pobladores de Tugurios? ¿De manifestarnos gritando a todo pulmón “¡U, U, UPT!”? ¿De tener algún protagonismo en la marcha de la Coordinadora Revolucionaria de Masas el 22 de enero de 1980 o en el funeral de monseñor Romero el 30 de marzo del mismo año, ambas gestas reprimidas por la tiranía?

    ¿Por autoexiliarme a finales de 1983, al no ser “bien visto” por uno y otro bando ya en guerra? ¿Por ser cofundador del primer organismo de la Orden de Predicadores dedicado a defender y promover los derechos humanos en México? ¿Por capitanear allá el “Vitoria”, integrado por queridos frailes dominicos y un laicado comprometido, desde noviembre de 1984 hasta diciembre de 1991?

    ¿Querrán incriminarme por retornar al terruño para dirigir el Instituto de Derechos Humanos de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, el IDHUCA, días antes de la firma del “Acuerdo de Chapultepec”? ¿O por ocupar ese cargo más de dos décadas, hasta el 31 de enero del 2014? Quizás me culparán de acompañar víctimas en casos sonados como el de la violación y el asesinato de Katya Miranda junto al de la muerte violenta de Adriano Vilanova, culminado con el encarcelamiento –creo que por primera vez‒ de varios integrantes del entonces nuevo y no tan maleado cuerpo policial.

    ¿Peligraré por apoyar a la madre y el padre de Ramón Mauricio García Prieto hasta lograr acá la condena de dos de sus ejecutores materiales junto a la del Estado en la Corte Interamericana de Derechos Humanos, al no investigar la autoría intelectual del crimen? ¿Por conseguir que se enjuiciara y sentenciara a El Salvador en ese tribunal regional debido a la desaparición forzada de mi prima Patricia Cuéllar, su papá y Julia Orbelina Pérez?

    ¿O por inventarnos el Festival Verdad y traer al mismo personajes como Robert White ‒embajador estadounidense cuando martirizaron a nuestro santo‒ y al juez Baltazar Garzón, entre tantas figuras dignas de ser aplaudidas por su compromiso con la verdad y la justicia. ¿Porque vinieran Luis Eduardo Aute, el Quinteto Tiempo, Los Guaraguao, Daniel Viglietti, Panteón Rococó, Adrián Goizueta, los hermanos Mejía Godoy y más artistas solidarios a los conciertos de ese evento? ¿Me querrán joder por impulsar el Tribunal internacional para la aplicación de la justicia restaurativa en El Salvador, creado ante el hasta ahora inaceptable desprecio oficial de las víctimas de antes y durante la guerra?

    ¿Me perseguirán quizás por acompañar y proteger familiares de víctimas de las maras como pasó cuando fue asesinada atrozmente la adolescente Alisson Renderos, campeona estudiantil regional de lucha olímpica? ¿Se acuerdan? ¿Por agruparnos junto a otras víctimas demandantes? En fin, no sé si me quieran fregar. Ojalá no. Pero quienes intentamos defender derechos humanos en El Salvador estamos hoy, sin duda, en libertad condicional.

  • Todo germina en nosotros, para bien o para mal

    Todo germina en nosotros, para bien o para mal

    Me uno a esas gentes que perseveran en la búsqueda de la concordia, que no cesan en su empeño y que sueñan cada día en hacer realidad un orbe más habitable, donde resida la paz sustentada en el abrazo sincero, con el auténtico afecto siempre en guardia.

    Unirse y reunirse en son de quietud es prioritario, así como mostrar actitudes de apoyo hacia esas personas comprometidas con un mundo más seguro, llegando a arriesgar cada día su propia existencia. Al fin y al cabo, todo germina en nosotros. Negar la evidencia es estar ciegos y sordos. En el planeta, hay millones de personas sufriendo un daño inmenso provocado por los conflictos. No tiene sentido darnos desaliento en vez de aliento, aislarnos y levantar muros en lugar de crear comunidad y comunicación. A mi juicio, repensarlo es vital.

    Ciertamente, todo surge y resurge en nuestro propio interior, que nos pone en movimiento para bien o para mal; de ahí, la necesidad de no contradecirnos a la hora de tomar horizontes sensatos que nos fraternicen. En efecto, ha sido capital globalizarse, sentirse parte de esa pulsación armónica. Ahora lo que tenemos que hacer, es cultivar el espíritu donante, en un contexto de autenticidad y lucidez. Conciliar latidos y reconciliar pulsaciones es básico para regenerarnos, dejando a un lado los intereses económicos y financieros. Sin embargo, el amor, conjugado con el amar es por su naturaleza creativo e indaga en el modo y en la manera de entregarse a la causa, sin otro desvelo y afán, que fraternizarse. Por ello, cultivarlo ha de ser tan real como la vida misma.

    Simpatizar entre nosotros nunca ha sido fácil; por ello, el establecimiento del acuerdo es una tarea complicada, al que hay que sumarle en la actualidad, el cúmulo de tensiones ocasionadas en parte por las políticas internacionales. Las pugnas son más complejas y prolongadas, también más crueles, ya que muchos grupos armados tienen acceso a una tecnología moderna potente, a lo que hay que sumarle la información falsa y la desinformación en otras ocasiones, lo que causa asimismo más violencia e inseguridad. Quizás, hoy más que nunca, debamos contribuir a evitar las rivalidades que nos colisionan, impidiéndonos marchar tranquilos, lo que debe hacernos suscitar recursos dialogantes y respaldar los procesos democráticos. Activemos, pues, la calma a la hora de atendernos y entendernos.

    Tomar el camino de la mansedumbre es hacerse cargo más que de uno mismo, de los otros, de los que transitan a nuestro lado deshechos y que requieren de nuestra ayuda para rehacerse. El poder mundano nada resuelve, genera más bien batallas absurdas de destrucción y muerte, lo que nos convoca a promover los derechos humanos, dotando a las instituciones públicas de representantes ecuánimes, convencidos de que el sosiego empieza conmigo. La cuestión radica en no desfallecer, en aprender a reprendernos, antes de que se propague en nuestro obrar un fatídico compromiso hereditario de revancha. Por desgracia, la furia se vuelve a poner de moda y se reviste incluso de la coraza de la firmeza. Por tanto, no popularicemos como normal lo que es anormal: La barbarie.

    Es verdad que el ser humano está hecho para combatir al humano ser, y aunque la hostilidad pueda parecernos inevitable, es una exigencia natural destronar de nuestro entorno la carrera de armamentos. Tras la devastación de dos guerras mundiales, se apostó por la creación de las Naciones Unidas, genial. En este preciso momento, es además necesario instaurar la universalidad de un deber ciudadano, que no es otro que desmembrarnos de las armas para asociarnos entre sí a las níveas almas, desposeídos del dominio, bajo la jurisdicción vinculante del verso y la palabra, síntesis de la benigna convivencia. No olvidemos, que la alianza es posible, si se labora. Desde luego, es nuestra gran obligación. Una revelación que nos impulsa a ser poetas de corazón.

  • Religión y pensamiento económico

    Religión y pensamiento económico

    Hace pocas semanas conversé con un amigo estadounidense sobre el papa León XIV. Me contó que en su país existe cierto recelo ante un pontífice que, quizá, se involucre en asuntos económicos y políticos “ajenos” a la espiritualidad. Pero esta idea pasa por alto una realidad fundamental: desde la Antigüedad, las grandes religiones han construido marcos éticos y normativos para justificar y regular la actividad económica.

    En el mundo antiguo, la religión y la economía iban de la mano. En Egipto, los papiros de Anastasi y Wilbour registraban mercancías, precios y prestaciones laborales bajo supervisión de los templos, cuyos sacerdotes legitimaban el cobro de tributos y fijaban tarifas. En la Grecia clásica, el templo de Delfos no solo era un centro espiritual, sino también un banco sagrado donde se depositaban ofrendas y se otorgaban préstamos bajo la garantía de Apolo. Estos ejemplos ilustran cómo la religión moldeaba las reglas del intercambio, velaba por el cumplimiento de los contratos y protegía los derechos de propiedad.

    Otras religiones aún vigentes como el islam o el hinduismo también han influido en la economía al establecer como un deber sagrado la generosidad, la limosna, o el condenamiento de la usura. En La ética protestante y el espíritu del capitalismo, Max Weber demostró que el calvinismo impulsó la disciplina, el ahorro y la reinversión al interpretar la prosperidad económica como señal de gracia divina. En el oriente, otros autores también han destacado la influencia del confucianismo en la cultura empresarial actual de China, Corea y Japón mediante valores como la lealtad y la reputación corporativa.

    La tradición católica también ha tenido influencia en cuestiones económicas desde sus primeros siglos. Padres de la Iglesia como San Agustín y San León Magno defendieron la igualdad ontológica de todos los seres humanos y rechazaron la esclavitud como contraria al designio divino. En la Edad Media, los teólogos escolásticos —aún hoy presentes en los cursos de pregrado sobre pensamiento económico— desarrollaron la noción de “precio justo” y subrayaron la responsabilidad social de comerciantes y artesanos.

    Con la modernidad, los pronunciamientos papales recogieron estos principios y los adaptaron a nuevos contextos. En 1839, Gregorio XVI condenó el comercio de esclavos y la servidumbre de “indios, negros y otros pueblos”. Ante las condiciones laborales extremas de la Revolución Industrial, León XIII publicó en 1891 la encíclica Rerum Novarum, defendiendo el derecho de los trabajadores a organizarse, denunciando el trabajo infantil y reclamando la intervención del Estado para corregir injusticias.

    En 1961, Juan XXIII publicó la encíclica Mater et Magistra, en la que instó a los países desarrollados a colaborar más activamente con los más pobres mediante la transferencia de tecnología y la ayuda al desarrollo. Al mismo tiempo, criticó tanto el estatismo absoluto como la creciente pauperización de las zonas rurales. Tres décadas después, en 1991, Juan Pablo II conmemoró el centenario de la Rerum Novarum con la encíclica Centesimus Annus, en la que advirtió sobre los peligros del colectivismo totalitario y del capitalismo sin frenos, reafirmando que la libertad económica debe estar siempre subordinada al bienestar humano integral. Ya en el siglo XXI, el papa Francisco incorporó la dimensión ecológica con la encíclica Laudato Si’(2015), subrayando que la producción debe respetar la creación y evitar generar “externalidades” que afecten a los pobres y a las generaciones futuras.

    Así, diversas religiones —incluyendo la católica— han desempeñado un rol clave en la historia y pensamiento económico. Tanto teóricos como Santo Tomás de Aquino, cuyos conceptos fueron retomados más adelante por economistas, como figuras emblemáticas de la jerarquía eclesiástica, han puesto de relieve la interdependencia entre ética y economía.

    Ciertamente, habrá personas que simpatizarán más o menos con los textos o mensajes religiosos; así como hubo quienes en su momento oyeron con agrado o desagrado los mensajes condenando la esclavitud de los pueblos indígenas, el trabajo infantil, o los abusos característicos de países totalitarios. Hoy, frente a la revolución de la inteligencia artificial y sus efectos en el empleo y la distribución de la riqueza, el liderazgo católico seguramente ofrecerá de nuevo a sus fieles una brújula moral.