Categoría: Opinión

  • Ante la frenética agitación del mundo

    Ante la frenética agitación del mundo

    La clemente voz suele pasar desapercibida, porque las fuerzas que actúan no son las económicas y políticas, sino las morales y espirituales.

    Está visto que nos hemos confundido de ruta.

    El desamparo suele dejarnos sin palabras, es lo que presenciamos por todos los rincones de la humanidad; mientras la crisis humanitaria, las enfermedades acrecentadas por desigualdades tremendas y por doctrinas que esclavizan, se dan la mano cebándose con la población más débil.

    Sólo hay que adentrarse en este ambiente cruel, para observar que la decencia ha dejado de cohabitarnos, lo que debe motivarnos a hacer un alto en el camino, porque es hora de dialogar sinceramente, al menos para distender las diversas situaciones planetarias.

    Desvanecer el aluvión de tormentos, con sus sombrías tempestades, es una necesidad; al menos, para rehacer los caminos armónicos, ricos de significado hasta en los momentos más dolorosos.

    El egoísmo provoca en la historia de las personas, de las familias, de las naciones y del mundo; un vacío que nos intoxica, impidiéndonos respirar aire limpio y lozano brío existencial.

    El donarse a los demás es lo que alienta y nos alegra el corazón, no el poseer de las cosas, ni tampoco el dominar, que es lo que nos confunde y nos infunde el veneno del egocentrismo material.

    Precisamente, son estas contradicciones dominantes y dominadoras, las que nos están destruyendo nuestro espíritu humanitario, nuestra razón de ser y de coexistir.

    Es la hora de un nuevo espíritu creativo, de una naciente imaginación para fomentar la cultura del espíritu generoso; pues, la realidad es que millones y millones de personas se hallan al margen del progreso, malviviendo y sin vivir, pues sus condiciones de vida están muy por debajo del mínimo requerido por la dignidad humana.

    La tarea no es fácil en un orbe tan convulso, donde todos tenemos una misión que cumplir, comenzando por la comunidad internacional que han de ser garantes de paz y finalizando por uno mismo, que ha de mostrar cercanía en todo momento hacia su semejante, para que el gesto de ayuda sea sentido no como una limosna humillante, sino como un compartir fraterno.

    Hermanarse es otra de nuestras asignaturas pendientes, ya que nos falta corazón para ofrecer.

    Latido a latido es como se avanza en humanidad, no lo olvidemos nunca.

    Claro está, cada pulso debe conjugar con sus pausas, para no caer en una supervivencia alocada, que olvida su tiempo para los interrogantes fundamentales sobre la aptitud, el decoro y su destino.

    Ojalá aprendiéramos a reprendernos, a respetarnos entre sí.

    Todos tenemos que tener un espacio, también nuestros mayores.

    El anciano capta muy bien la superioridad del ser respecto al obrar y al tener.

    Las sociedades humanas, desde luego, serían mejores si supieran aprovechar los carismas de la vejez.

    Que se abran las puertas de la comprensión, hará que se aminore la confrontación de distintas posiciones o el conflicto de opuestos intereses, sin obviar la consideración y el respeto a los derechos fundamentales.

    En cualquier caso, nuestro encuentro entre lector y autor, tampoco puede terminar sin un franco vocablo de optimismo.

    La acción benéfica puede sorprendernos en cualquier esquina, sugerida por la consideración de las capacidades y por la fundamental bondad del género humano, mediante la cooperación, su sueño de pasar de los compromisos a las acciones audaces.

    Por ejemplo, el último llamamiento tuvo lugar en el marco de una conferencia mundial celebrada en Cartagena, Colombia, donde más de cincuenta países han asumido diferentes compromisos para reducir la contaminación, que hoy es responsable de millones de muertes prematuras y el segundo factor de riesgo de enfermedad, después de la hipertensión.

    La serenidad, pues, nos llama en medio de las adversidades: ¡esto es amor!

  • UMAP o Esclavitud de la Juventud en Cuba

    UMAP o Esclavitud de la Juventud en Cuba

    El realizador cubano Lilo Vilaplana y el incansable luchador contra el totalitarismo castrista, Reinold Rodríguez se han comprometido a llevar al cine una de las tragedias más dolorosas que ha padecido la juventud cubana, las Unidades Militares de Ayuda a la Producción.

    Hicieron un excelente trabajo con la película «Plantada» sin pasar por alto «Plantados», por eso estamos seguro que esta será testimonio de inmenso valor como los anteriores.

    El sadismo de la alta jerarquía del castrismo, Fidel Castro, Raúl Castro y Ernesto Che Guevara con la complicidad de todo el alto gobierno, dispusieron una trama represiva que buscaba afectar gravemente a los jóvenes que mostraban de diferentes maneras sus opiniones contrarias a la Revolución, militarizándolos en primer lugar, segundo obligando a realizar trabajos contarios a sus capacidades y tercero generando alrededor de los conscriptos una sarta de mentiras y manipulaciones con el objetivo de incapacitarlos socialmente

    Los primeros y permanentes objetivos fueron la iglesia, la oposición política, la prensa libre y las actividades económicas independientes, parte de una extensa y penosa relación.

    En 1960 y 61, Guevara y Raúl Castro iniciaron una persecución oficial contra las prostitutas, proxenetas y homosexuales, pero también contra todo individuo que no ocultara su rechazo al nuevo orden.

    Los apresados en las redadas fueron concentrados en la península de Guanahacabibes. La versión oficial afirmaba que esas personas tenían que ser rehabilitadas y según informaciones de la época en esa región llegaron a estar recluidos más de 4000 personas de ambos sexos, todos, como denuncio en su momento un documento de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, mayo de 1963, que refiere «todo eso sin una sentencia escrita, hecho por un capitán de policía, sin procedimiento ni base legal y mucho menos constitucional.

    Mientras esto ocurría las cárceles se iban abarrotando de prisioneros políticos. El paredón ensordecía y el acoso contra los que decidían abandonar el país, dio origen a los siempre presentes mítines de repudio.

    En noviembre de 1963 los Castro implantaron el Servicio Militar Obligatorio, un novedoso método para encerrar la juventud. El SMO, fue otro instrumento de opresión e ideologización que debería ser profundamente estudiado.

    La capacidad creativa para reprimir y controlar no se agotaba e inventaron las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), un siniestro plan que tenia como objetivo someter a la ciudadanía.

    Miles de jóvenes fueron literalmente secuestrados. Sacados de sus casas, centros de estudios y seminarios religiosos. Engañados unos y otros apresados por la policía, sin argumentos que justificaran arrestos y menos la deportación forzosa a la que fueron sometidos. Nunca fueron acusados formalmente y menos juzgados por un tribunal por espurio que este fuera.

    En su mayoría estaban en edad militar, pero no eran llamados al SMO porque la dictadura los consideraba, aun mas, «desechables». El régimen no los quería con armas. No eran confiables. Eran jóvenes desafectos que incurrían en el pecado original de no creer en el castrismo.

    Los transportaron a la fuerza a campos de concentración alambrados. Vigilados por militares. Obligados a sobrevivir en una miseria extrema. Recluidos en condiciones inhumanas, obligados a trabajo forzoso en la agricultura. Les controlaban las visitas. Eran castigados con frecuencia. Golpeados por esbirros uniformados que disfrutaban el dolor que causaban. Algunos cometieron suicidio, otros asesinados por los carceleros y también hubo fusilados como el joven Alberto de la Rosa.

    La UMAP duró varios años. Se calcula que al menos pasaron por sus galeras 25,000 jóvenes. Raúl Castro, su arquitecto dijo: «en el primer grupo de compañeros que han ido a formar parte de las UMAP se incluyeron algunos jóvenes que no habían tenido la mejor conducta ante la vida, jóvenes que por la mala formación e influencia del medio habían tomado una senda equivocada ante la sociedad y han sido incorporados con el fin de ayudarlos para que puedan encontrar un camino acertado que les permita incorporarse a la sociedad plenamente».

    La UMAP fue un instrumento sofisticado de represión política que en base a los prejuicios existentes pretendía desacreditar a las víctimas. Decir que la UMAP se implementó para buscar la reeducación social de los reprimidos es falso, el único objetivo era destruirlos por ser contrarios al régimen, es tan absurdo e irracional como defender la dictadura de los hermanos Castro o creer que cuando desapareció la UMAP, terminó la represión, un error, porque en poco tiempo inventaron otras Brigadas como la de la Juventud del Centenario.

  • El estado de la educación en América Latina

    El estado de la educación en América Latina

    En el informe «El estado de la educación en América Latina y el Caribe: Evaluaciones de aprendizaje», presentado por el Banco Interamericano de Desarrollo, muestra las realidades de la educación en América Latina.

    En esta ocasión analizaremos también el caso salvadoreño.

    A modo de introducción, el informe nos dice sobre qué investigan y cómo puede mejorarse. El informe manifiesta que las evaluaciones de rendimiento académico son fundamentales para mejorar la calidad de la educación. Los educadores pueden identificar lagunas en la comprensión y áreas que necesitan mejorar, evaluando el aprendizaje de sus estudiantes. En este informe hay un enfoque basado en datos, el cual permite intervenciones específicas y apoya la mejora continua de las prácticas docentes y el rendimiento estudiantil.

    En el informe existe un rezago de cinco años en los aprendizajes en los países de América Latina y el Caribe; solamente el 16% de jóvenes asisten a la universidad; el promedio de PIB para educación es del 4 al 6% en Latinoamérica.

    El físico y matemático británico William Thomson Kelvin asevera: «Lo que no se define, no se puede medir. Lo que no se mide, no se puede mejorar». La evaluación no es el fin: es el medio para centrarse en el uso de los resultados para mejorar y, por lo tanto, ayudar a los sistemas educativos a desarrollar las habilidades y el conocimiento que los estudiantes necesitan para tener éxito en el mundo laboral, vivir en sociedad y llevar una vida plena.

    Muchos estudiantes no desarrollan las habilidades matemáticas fundamentales necesarias para continuar aprendiendo y alcanzar su potencial. Además, persiste una desigualdad considerable, que perjudica a los estudiantes con mayor vulnerabilidad socioeconómica (Arias Ortiz et al., 2023b).

    En más de la mitad de los países, los estudiantes de las categorías de NSE más bajas presentan un rezago de al menos seis años con respecto al promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE); el mayor rezago se observa en Paraguay (8 años), El Salvador (8 años) y Guatemala (8 años).

    Quince países también participaron en el cuarto Estudio Regional Comparativo y Explicativo (ERCE 2019), pero El Salvador. El ERCE 2019 evaluó el desempeño de los estudiantes de 3.º y 6.º grado en matemáticas, lectura y escritura. Además, el desempeño en ciencias naturales se evaluó solo en 6.º grado.

    Según Tobin, Nugroho y Lietz (2016), varias barreras clave pueden obstaculizar este proceso: (a) problemas con la calidad y el análisis de los programas de evaluación; (b) limitaciones financieras para realizar evaluaciones de alta calidad o mantener programas en marcha; (c) agencias de evaluación débiles, susceptibles al cambio y con relaciones frágiles con el gobierno, y (d) capacidad técnica insuficiente del personal para interpretar y comunicar los resultados eficazmente.

    Tomemos de referencia a Hoyos, Ganimian y Holland (2019), quienes investigan sobre la retroalimentación, la cual es una estrategia de enseñanza que ayuda a los estudiantes a mejorar su aprendizaje. Para que sea efectiva, debe ser formativa, oportuna y propositiva. Los estudios se realizaron específicamente en Argentina.

    En el caso salvadoreño, es oportuno que las pruebas se realicen de forma física, es ahí, donde se evalúa la verdadera realidad de la educación en El Salvador. La PAES era un termómetro para saber la realidad de la poca calidad educativa. Con la prueba AVANZO, no se tienen detalles al respecto.

    Mediciones sobre la educación son abundantes. Ya he analizado sobre lo que sucedió en la prueba internacional PISA, en donde El Salvador obtuvo los últimos lugares en el 2022. El informe que analizo, habla sobre la escolaridad, la retención de alumnos, el uso de computadoras en las escuelas, etc. Es importante evaluar las políticas educativas con la que cuenta El Salvador a través del MINED.

    Los resultados de la prueba de matemáticas PISA 2022 para analizar el éxito educativo en términos de aprendizaje en América Latina y el Caribe. Estos resultados han revelado dos desafíos importantes en la región. La educación salvadoreña, específicamente en el año 2025 tiene más retos que oportunidades, el MINED cerró 44 escuelas, disminuyó el presupuesto a educación y tal parece que la educación seguirá la misma. Se estancará. La deserción escolar persiste.

    Con respecto a unas soluciones, a medida que los docentes dedican más tiempo a la instrucción y utilizan más actividades de aprendizaje en el aula. De igual manera, cuando los directores tienen acceso a esta retroalimentación, es más probable que utilicen los resultados para tomar decisiones de gestión, como establecer objetivos de aprendizaje a nivel escolar, actualizar el currículo y tomar decisiones sobre la dotación de personal (Clarke y Lune-Bazaldua, 2021).

    Diferentes aspectos de los sistemas escolares, como la competencia docente, las características de las escuelas y las políticas educativas, pueden optimizarse para mejorar las oportunidades de aprendizaje de grupos de estudiantes. Y, como siempre, Chile, Uruguay y Costa Rica tienen el mejor sistema educativo.

    Fidel López Eguizábal. Docente investigador Universidad Francisco Gavidia
    flopez@ufg.edu.sv

  • El desafío demográfico y su impacto en la educación salvadoreña: Mi Nueva Escuela

    El desafío demográfico y su impacto en la educación salvadoreña: Mi Nueva Escuela

    El proyecto «Mi Nueva Escuela» en El Salvador, una iniciativa inédita, ambiciosa destinada a transformar el sistema educativo, se enfrenta a un desafío inesperado: la disminución de la población infantil.

    Este fenómeno, impulsado por decisiones de planificación familiar, cambios sociales, decisiones de las parejas y matrimonios jóvenes, está generando cambios que deben de analizarse de manera multidisciplinaria, dejando todo tipo de fanatismos.

    El declive demográfico y sus posibles causas:

    • Cambios en la planificación familiar: Las parejas y matrimonios salvadoreños, al igual que en muchas otras partes del mundo, están optando por tener menos hijos o no tenerlos. Factores como la mayor participación de la mujer en el mercado laboral, el aumento del costo de vida, una vida más enfocada a turismo, búsqueda de éxitos profesionales y el acceso a diversos métodos anticonceptivos están influyendo en esta tendencia.

    • Migración: La emigración, especialmente de jóvenes en edad reproductiva, también contribuye a la disminución de la población infantil. La búsqueda de mejores oportunidades económicas y la reunificación están llevando a muchas familias a migrar a otros países en el presente siglo.

    • Factores socioeconómicos: niveles de pobreza, marginación, exclusión y oportunidades de larga data también pueden influir en las decisiones de planificación familiar. Las parejas con menos recursos pueden optar por tener menos hijos para poder ofrecerles mejores oportunidades en una sociedad que tiene otras dinámicas.

    El impacto en la educación:

    • Menos estudiantes matriculados: La disminución de la población infantil se traduce en una menor cantidad de niñas y niños en edad escolar, lo que afecta directamente la matrícula en las escuelas, pero no es equivalente a deserción y que están en casa sin estudiar.

    • Agrupación de escuelas: En algunas zonas rurales, cantones, caseríos y algunas ciudades donde la población infantil es aún más baja, se está desarrollando un plan, un interesante, y necesario ejercicio de agrupación de escuelas, enfocado en los centros escolares que solo cuentan con uno, dos y tres docentes, por lo que tienen multiplicidad de grados, donde por una consecuencia lógica no hay calidad en la educación. Pero también estimado lector porque esas edificaciones, esos lugares o instalaciones con mucho respeto no se les puede denominar escuelas, sin condiciones mínimas para recibir a las y los alumnos. Debe de existir un cambio de paradigma. Los padres de familia, alumnos y maestros han sido beneficiados.

    • Desafíos y grandes oportunidades para el programa «Mi Nueva Escuela»: estos escenarios que son una realidad en El Salvador, América Latina y el mundo, le permiten en mi opinión que el MINEDUCYT pueda desarrollar una planificación estratégica que se gestó durante la pandemia y posterior, y que ha iniciado en el año escolar 2025.

    Durante los meses de febrero y marzo he desarrollado trabajo de campo para hacer algunos estudios sobre cómo se encuentran las comunidades y en especial niñas, niños, adolescentes y jóvenes con la ausencia de los pandilleros criminales, investigar las nuevas dinámicas en colonias, barrios, comunidades, cantones y son impactantes en positivo los resultados. En este esfuerzo he podido encontrar varias escuelas en un espacio de un kilómetro cuadrado, muy cercanas y con un promedio de alumnos que no es equivalente a los metros cuadrados, pero saben lo más lamentable instalaciones que les denominamos escuelas que fueron construidas hace décadas con un estilo tipo galera, corte y clavo, con poca ventilación e iluminación natural, con sus ventanas “protegidas” por malla ciclón, y grandes limitaciones. Al conversar con padres de familia me compartieron historias que vienen desde que ellos estudiaban allí en las mismas escuelas. No podemos, ni debemos continuar así. Mi Nueva Escuela representa la gran oportunidad de ver transformaciones en cinco y diez años, pero que según los padres de familia ya con las nuevas instalaciones que avalan por cierto están con grandes ilusiones. Les seguiré compartiendo más de estas experiencias en próximas entregas.

    Corolario:

    La reducción de la población infantil en El Salvador está transformando el panorama educativo, con una menor matrícula y la necesidad de reorganizar escuelas, especialmente en zonas rurales, donde históricamente han existido escuelas pero no educación y mucho menos, educación de calidad. Muchas de estas instituciones carecen de infraestructura adecuada, lo que afecta la calidad del aprendizaje. Ante este desafío, el proyecto Mi Nueva Escuela representa una oportunidad clave para modernizar y optimizar el sistema educativo, garantizando espacios dignos, funcionales y adaptados a las nuevas realidades demográficas del país.

    El desafío demográfico que enfrenta El Salvador es complejo y requiere soluciones integrales, pero a la vez creativas. La educación, como pilar fundamental del desarrollo, debe adaptarse a esta nueva realidad para garantizar un futuro prometedor para las nuevas generaciones. Que Dios bendiga a toda nuestra comunidad educativa desde educación inicial, parvularia hasta bachillerato.

    Por Ricardo Sosa, Doctor en Criminología, docente superior certificado

  • Cuando los impetuosos gobiernan: Trump y Bukele frente al orden legal

    Cuando los impetuosos gobiernan: Trump y Bukele frente al orden legal

    arias semanas antes de que el primer avión estadounidense con deportados aterrizara en El Salvador, el alto asesor de la Administración de Trump, Elon Musk, y el gobernante salvadoreño, Nayib Bukele, sostuvieron un muy revelador intercambio de opiniones en la red social X, propiedad del primero. Justo cuando varios jueces federales empezaban a frenar algunas órdenes expedidas por la Casa Blanca, el también dueño de Tesla afirmó: «Es la única manera», en respuesta directa a un ex candidato republicano al Congreso que pedía imitar al régimen de Bukele y destituir «a todos los jueces corruptos».

    Así dio inicio una serie de mensajes cruzados que permiten descubrir la estulticia con que ciertas figuras públicas perciben la democracia. En su cuenta personal, el pasado 11 de febrero, Bukele fue explícito al referirse a la manera en que apartó a la entera Corte Suprema de Justicia en mayo de 2021, una vez que su partido obtuvo mayoría en la Asamblea Legislativa de El Salvador. Insinuando que los magistrados habían abusado de sus facultades constitucionales –algo que jamás se ha dignado en probar–, Bukele expresó tajante: «Así que los destituimos a todos y procedimos a arreglar el país».

    Ante esta insólita confesión de parte, misma que delata la absoluta discrecionalidad con que el salvadoreño ha manejado el poder desde entonces, la reacción de Elon Musk fue entusiasta: «¡Bravo! Debemos destituir a los jueces que socavan gravemente la voluntad popular y destruyen a Estados Unidos».

    Este espaldarazo público al cesarismo bukelista no es el primero que ofrece el multimillonario de origen sudafricano. Musk, de hecho, parece tener en Bukele una especie de referente político, al que elogia con frecuencia por haber emprendido el vaciamiento de la autoridad judicial y concentrar todo el mando en su persona.

    El 25 de febrero, en inglés, el gobernante de facto de El Salvador publicó en X lo siguiente: «Dato curioso: Los ‘controles y equilibrios’ no existen realmente a menos que el poder judicial también pueda ser controlado y equilibrado». Elon Musk volvió a secundar con alborozo: «La única manera de restaurar el poder del pueblo en Estados Unidos es procesar a los jueces. Nadie está por encima de la ley, incluyendo a los jueces. Eso fue lo que se necesitó para arreglar El Salvador. Lo mismo aplica a Estados Unidos». He aquí a dos personas con excesiva autoridad alimentándose mutuamente en una sola idea: los límites legales a la voluntad ejecutiva deben ser suprimidos en virtud del mandato recibido por los electores.

    Para políticos como Trump o Bukele, en efecto, la separación de poderes resulta incómoda si el actor principal, el que ha sido elegido en las urnas, no consigue que todas sus acciones sean avaladas por quienes imparten justicia. Al descalificar a estos últimos como «lunáticos izquierdistas» o «cómplices del crimen» –epítetos usados por el estadounidense y el salvadoreño, respectivamente, para desacreditar a la judicatura–, lo que en realidad hacen es contraponer a su conveniencia dos tipos de autoridad: la delegada por vía electoral y la que nace por delegación indirecta. Esto les permite hacer creer a la gente, en un alarde demagógico, que la delegación directa otorga mayor poder a un presidente que a un juez.

    La realidad es que ningún funcionario (magistrados judiciales incluidos) debe creerse por encima de la ley. La diferencia estriba en quién establece el criterio para juzgar las acciones de unos y otros. Los titulares de la rama ejecutiva son elegidos para ejercer un poder grande, enorme, pero siempre limitado por el marco legal, cuya creación depende del órgano legislativo (pluralista y deliberante por definición) y cuyo criterio de aplicación depende de la judicatura (técnica e imparcial por naturaleza); a esta última, desde luego, también se debe aplicar la ley, pero jamás bajo el criterio –estrictamente político– de quien ejerce facultades ejecutivas por delegación directa. Esto es así porque los mandatarios, amén de razones partidarias obvias, se encuentran expuestos a intereses y tentaciones que solo la estricta justicia puede frenar. Sin ese contrapeso, los presidentes serían reyes.

    Por consiguiente, cuando Trump exige que un juez sea destituido por «lunático izquierdista», en realidad se está atribuyendo la facultad de determinar quiénes y bajo qué criterio deben convertirse en aplicadores de la justicia, poder que la Constitución no le otorga a él para evitar, precisamente, que se convierta en autócrata. En El Salvador, Bukele no solo desplazó en cuestión de horas al máximo tribunal del país, sino que luego determinó el perfil de quienes debían ser jueces, usando criterios tan «técnicos» como la edad. El resultado, para efectos prácticos, es la inexistencia del Estado de derecho: hoy cualquier salvadoreño puede terminar en la cárcel sin haberse probado su culpabilidad.

    La Administración estadounidense envió a El Salvador a 238 venezolanos acusándolos de ser miembros de la estructura criminal Tren de Aragua. Sin ninguna prueba en su contra y despojados de toda posibilidad de defenderse ante un tribunal, estos deportados fueron ingresados a la desmesurada cárcel salvadoreña como auténticos delincuentes: humillados ante cámaras y bajo reflectores, esposados y de rodillas, en un despliegue escenográfico típico del régimen de Bukele. Pero más allá de este exhibicionismo propagandístico, debemos preguntarnos qué pasaría si uno o varios de estos presos resultaran inocentes. ¿Quién les compensaría por todo el daño sufrido? ¿Qué puede hacerse cuando dos Gobiernos tratan a personas como criminales por encima del orden jurídico?

    Ninguna ofensiva contra el Estado de derecho acaba bien. En El Salvador, todo el poder se ha concentrado en una persona, que ejercerá el control del país hasta que la gente se canse. Pero en Estados Unidos, por mucho que el bukelismo haga salivar a Elon Musk, lo que se viene es una crisis constitucional con final previsible: el debilitamiento de Donald Trump.

  • Habrá que creer

    Habrá que creer

    Este sábado 22 de marzo disfruté una tarde llena de mucho calor humano, alegría genuina y agradables muestras de afecto. Eso viví y aprecié al participar en la conmemoración del 45 aniversario del martirio de nuestro santo querido y cada vez más venerado Óscar Arnulfo Romero y Galdámez. El encuentro que contó con la participación de poco más de un centenar de personas –algunas muy jóvenes en edad y otras en espíritu, rebeldía e intensidad, como trato de permanecer– tuvo lugar en la parroquia Cristo Salvador, ubicada en la Colonia Zacamil. Ese espacio habitacional urbanístico y carne viva del pedazo de tierra municipal capitalino llamado Mejicanos, nunca podrá ser borrado del mapa identitario y afectivo de sus habitantes pese a los dictados caprichosos y particularmente convenientes del veleidoso y cada vez más tijereado ‒dentro y fuera del país‒ usurpador actual del poder estatal.

    Pero este muchacho nunca ha sido mi gran motivo de preocupación y cada vez más me tiene sin cuidado mientras vea, sienta y compruebe que poco a poco nuestra gente va encontrando en qué creer y porqué luchar. ¿En qué creer? En el mensaje de nuestro santo patrono de los derechos humanos, sin duda. ¿Por qué luchar? Por la superación de la miseria que conlleva –citando la Conferencia Episcopal de Puebla a la que hizo referencia monseñor Romero en Lovaina, cincuenta días antes de su martirio– salarios de hambre, desempleo y subempleo, desnutrición, mortalidad infantil, falta de vivienda adecuada, problemas de salud, inestabilidad laboral…

    Son estas, pasados 45 años de eso, penurias que aún laceran la cotidianeidad de nuestras mayorías populares y se agravarán con una de las últimas trastadas del oficialismo: junto a sus socios nacionales y extranjeros, le dio el banderillazo de salida a la puesta en marcha del gran negocio de muerte –la minería metálica– cuya normativa fue aprobada en una fecha dolosamente escogida, el 23 de diciembre del año pasado, por la borregada legislativa de Bukele. Perdón, quise decir bancada; “error de dedo”, jejejé, aclaro.

    A propósito, nuestro verdadero buen pastor certificó que es “injusta la ley que no distribuye con equidad las cargas sobre los súbditos en tanto en cuanto sean necesarias para el bien común”. Y la Ley general de minería metálica puesta en las manos oligarcas y del régimen bukelista, es del todo injusta pues las cargas de ese negocio solo incrementarán el mal común prevaleciente acá para beneficio de unos pocos.

    El anterior juicio fue emitido el 13 de mayo de 1950, ¡hace 75 años!, por el entonces padre Romero. Siendo ya cuarto arzobispo de San Salvador, este pronunció una homilía digna de todos los aplausos brindados por la feligresía asistente a la misa del 20 de agosto de 1978. Leyéndola atentamente, concluyo que estaba muy consciente de su rol: pedirle que dialogara con el Gobierno, dijo, “era muy poco”. No le tocaba a él hacerlo. Le correspondía a “las fuerzas del país”, “los partidos políticos”, “las agrupaciones” con “sensibilidad social”… Y el presidente, aseguró, debía “abrir un cauce democrático” para ello. Eso no se practica ahora.

    Asimismo, fue demandante. Entonces se refirió a un estudio del Socorro Jurídico Cristiano, sobre 99 personas desaparecidas por la dictadura. “¿Dónde están?”, inquirió. “En nombre de las angustias de este pueblo –agregó– puedo decir: póngalos a la orden de un tribunal si están vivos; y si lamentablemente ya los mataron los agentes de seguridad, deduzcan responsabilidades y sanciónese, sea quien sea. Ha matado, tiene que pagar”. Esto último tampoco ocurre hoy. Además, Romero denunció la Ley de defensa y garantía del orden público, aprobada por una Asamblea Legislativa controlada por el Partido de Conciliación Nacional: el de los militares. Ese adefesio “legal” precedió a una chorrera de toques de queda, estados de sitio, ley marcial y estado de emergencia nacional… Para ahí vamos, comenzando ese trayecto con el régimen de excepción bukeleano implantado hace tres años.

    Por último quiero hacer notar su honestidad. De esa homilía brotó algo célebre. “Me decía un pobrecito ‒expresó‒ una frase que no se les va a olvidar a ustedes, como no se me olvida a mí: ‘es que la ley, monseñor, es como la culebra. Solo pica el descalzo’”. Eso sí, citó la fuente; no se atribuyó su autoría, pese aque en tan pocas y sencillas palabras retrataba unsistema de “injusticia” que atentaba contra la gente estrangulada por la pobreza.

    Ya vieron pues: para comenzar a transformar radicalmente nuestra realidad nacional, perversa y en camino de una mayor perdición, habrá que creer en el santo patrono de los derechos humanos porque lo que él denunció y por lo que lo asesinaron siguen siendo razones suficientes para luchar.

  • 26 de marzo, Día Mundial del Clima

    26 de marzo, Día Mundial del Clima

    El calor es insoportable a tal punto que cada día es más cálido. El clima se ha distorsionado y llueve repentinamente en cualquier en cualquier hora o lugar. Una tormenta por corta que sea produce severas inundaciones, derrumbes y todo tipo de desastres naturales en perjuicio de la vida humana y animal. Es común escuchar decir a la gente que “el clima está loco”.

    Las condiciones del clima han cambiado por obra y gracia de la misma población que en las últimas décadas no ha sabido cuidar el medio ambiente y que se ha industrializado sin tomar en cuenta el ecosistema, produciendo con ello el efecto invernadero que tanto daño le causa a la vida.

    Las grandes potencias han crecido en la escena industrial y han descuidado su medio ambiente y los países tercermundistas han crecido en pobreza y población, sin que sus gobiernos tengan objetivos definidos y consecuentes para proteger y darle sostenibilidad al medio ambiente que es lo que condiciona el clima de una región.

    Desde 1992, cada 26 de marzo, por mandato de la Organización Mundial de las Naciones Unidas (ONU) se conmemora el Día Mundial del Clima. La finalidad es que la población y los Estados adquieran conciencia y sensibilidad sobre la importancia e influencia del clima y el impacto (negativo) del cambio climático en la vida del ser humano (y en toda forma de vida) a escala mundial.

    La ONU busca que cada nación introduzca el cambio climático como política primordial y estrategia de país, extensivo a la empresa privada y a la sociedad civil. Todo lo cual tiene que traducirse en acciones que protejan el medio ambiente y minimicen su daño por efectos del desarrollo humano. Al final se busca crear conciencia y sensibilización en la población para preservar las condiciones climáticas.

    El gran problema mundial surge cuando las principales naciones industrializadas tienen dirigentes que ven en su mínima expresión las consecuencias negativas del cambio climático condicionado por las afectaciones al clima y al medio ambiente. En este caso Estados Unidos, China y Rusia, cuyos dirigentes no visualizan el cambio climático como factor incidente en la cotidianidad y urgencia de sus pueblos. Recordemos que Donald Trump, el 20 de enero pasado, apenas haber asumido la presidencia de Estados Unidos comenzó a desmantelar la política ambiental, climática y energética de la era Joe Biden. Una decisión de Trump fue sacar a su país del Acuerdo de París el cual fue firmado por 196 países con vigencia desde el 4 de noviembre de 2016 cuyo objetivo es que los países se comprometen a través de sus gobernantes a reducir el calentamiento global a través de políticas ecológicas.

    En tanto China, que es el principal emisor de gases de efecto invernadero no hace lo suficiente por evitar esa situación, aunque hoy está comprometida a tomar medidas protectores y reduccionistas porque su agricultura ya sufre las consecuencias negativas lo cual se traduce en deterioro alimenticio para los más de mil millones de ciudadanos chinos. Por su parte Rusia reconoce las afectaciones negativas del daño climatológics y se comprometió aadoptar políticas que reduzcan los niveles de contaminación, pero su producción de gases con efecto invernadero siguen en aumento. Rusia y China son más retórica que acciones.

    Estas tres grandes naciones aportan menos acciones protectoras del clima y el cambio climático en relación a la contaminación que generan, lo que luego se visualiza en distorsión del clima y en desastres naturales con graves repercusiones en la humanidad.

    Los países como el nuestro no se quedan atrás. El Salvador no cuentan con una política transversal de protección y fomento del medio ambiente, mucho menos con una política que abone a la estabilidad climática. A nivel de Centro América no hay un acuerdo de cooperación y esfuerzo entre naciones para impulsar juntos acciones medioambientales y si lo hay no es conocido ni ejecutado.

    El Salvador ha crecido en población en las últimas décadas y eso significa crecer en urbanismo, lo cual es parte del proceso de desarrollo social, lo malo es que cada vez hay menos tierra fértil cultivable, producimos más bióxido de carbono, disminuyen los bosques, surgen más zonas vulnerables, y en general estamos más expuestos a las secuelas de las sequías, los temporales y las olas de calor y frío que se generan a miles de kilómetros de distancia.

    El crecimiento urbanístico, al igual que la industrialización, debe hacerse con mucha responsabilidad y bajo reglas y normativas claras de protección ambiental y climática. Los gobiernos y ahora las municipalidades con gusto regulan los impuestos, pero no armonizan el cuidado ambiental. Cobran por la destrucción de una finca o terreno cultivable, pero no obligan a alternativas ecológicas, de esa manera el calor, la escasez de agua, la falta de alimentos del agro y los desastres naturales están a la vuelta de la esquina.

    Debe impulsarse las campañas de reforestación, el cuido de áreas protegidas y toda acción que favorezca el medio ambiente y el clima. La educación ambiental debe ser un factor transversal y el cuerpo de leyes debe priorizar el cuido y el fomento del clima.

    Hasta la década de los 80 Santa Tecla era una ciudad de clima fresco, aun al mediodía, ahora es un horno, al igual que muchas otras ciudades que perdieron su frescura por culpa del desorden del clima… generado a su vez por culpa de la falta de conciencia en el desarrollo social.

  • Cierre de Radio Martí, anhelo del totalitarismo

    Cierre de Radio Martí, anhelo del totalitarismo

    No es la primera vez que escribo sobre Radio Martí, una entidad que para muchos cubanos es un ariete informativo contras las mentiras sistemáticas y permanentes de la dictadura cubana y sus asociados de Venezuela, Nicaragua, Bolivia, trabajo, que también han cumplido por décadas la Voz de América, VOA, y otras agencias similares del gobierno federal de Estados Unidos.

    Las trasmisiones son un servicio costoso que deben ser reevaluados en su gestión sin ser eliminados. En cualquier entidad gubernamental, sin importar el país, se cometen errores y es probable que no falten actos de corrupción, sin embargo, la solución nunca es botar el sofá, sino a los sujetos que hayan realizado una mala administración, inclusive, ser sancionados judicialmente si el delito lo requiere.

    Sin dudas, denunciar las autocracias es un mandato imprescindible de las democracias. Educar en aspectos como las libertades y prerrogativas ciudadanas es una obligación de todos los que disfrutamos de las libertades y derechos que hacen a esta gran nación un ejemplo, función que Radio Martí, a pesar de sus ineficiencias, cumplía hacia Cuba a cabalidad.

    Cierto que sus transmisiones no han derrocado el totalitarismo castrista y la VOA no ha destruido los regímenes de Venezuela, Bolivia y Nicaragua, pero al cumplir debidamente la misión de informar con veracidad y equilibrio cooperan con aquellos que activamente y de diferentes maneras, combaten a los autócratas.

    Cesar las transmisiones de estas entidades genera un gran desamparo informativo entre quienes batallan contra las dictaduras. Hay que tener presente que, si “saber es poder” la ignorancia por parte de los opositores de lo que acontece en Cuba y en el mundo, los conduce a una indefensión absoluta.

    Durante más de seis décadas la dictadura castrista ha demostrado ser el enemigo más peligroso y consistente de Estados Unidos en el hemisferio occidental, promoviendo en toda América Latina propuestas contrarias a la democracia estadounidenses. Sus armas han sido la propaganda y el terrorismo y son las transmisiones de estas emisoras federales las que neutralizan la sarta de mentiras y engaños que fabrican contra sus pueblos los regímenes de corte castro chavista.

    El totalitarismo cubano ha usado su voto en las organizaciones internacionales para favorecer resoluciones contra los Estados Unidos, beneficiando a los contrarios acérrimos de Washington como lo han sido, al menos, en los últimos cincuenta años, Rusia, China, Irán y Corea del Norte.

    Según numerosas denuncias en Cuba hay instaladas bases militares y de espionaje de algunos de los regímenes adversarios de Estados Unidos que consistentemente ha socavado la seguridad nacional norteamericana.

    El régimen ha infiltrado en el país a sus agentes de espionaje y captados lacayos en Universidades y en instancias gubernamentales, con el objetivo de obtener informaciones que ha entregado a los enemigos de Estados Unidos, a la vez que se muestra como víctima inocente de todo tipo de agresión por parte de la Casa Blanca ante su propio pueblo, mentiras que ha destruido Radio Martí en los casi últimos 40 años gracias a una programación que, sin ser perfecta, siempre ha dicho la verdad.

    Ingresé a trabajar en Radio Martí en 1998, bajo la administración de Roberto Rodríguez Tejera, un hombre que, durante su gerencia, a mi saber, cumplió a plenitud los mandatos de la posición que ocupaba.

    Puedo asegurar que durante estos 23 años no estuve de acuerdo con muchas de las cosas que ocurrieron y menos con algunos de los ejecutivos de OCB, sin embargo, considero que “La Misión”, como decía la desaparecida Cristina Sansón, es lo más importante, razón por la cual, no comprendo a quienes atacan la Emisora con intención de destruirla, cierto que tenía defectos, lo sabemos todos, pero los cubanos de la Isla necesitan que sigan cumpliendo sus funciones.

    Me atrevo a afirmar que, a pesar de sus deficiencias y probables manejos indebidos, la Oficina de Transmisiones a Cuba, OCB, ha cumplido con sus objetivos de llevar la verdad noticiosa a Cuba y hacer que muchos ciudadanos al interior de la Isla se hayan opuesto al totalitarismo porque han conocido la realidad a través de las ondas radiales de Radio Martí que no debe desaparecer, lo que evidencian los reclamos de dirigentes de la oposición como Jose Daniel Ferrer, Félix Navarro y el periodista independiente Reinaldo Escobar.

  • ¿Crisis constitucional en los Estados Unidos?

    ¿Crisis constitucional en los Estados Unidos?

    He venido al mundo a traer la verdad, dijo Jesus a Pilatos. Este, riendo entre dientes, y mirándolo despectivamente, le respondió, ¿Que es la verdad? La verdad viene de arriba, viene de abajo, vienen de los justos o los injustos. La verdad es negra o es blanca. La verdad no existe. Según el filósofo Karl Popper, la verdad no es algo que se alcance con certeza, sino que se busca continuamente a través de la eliminación de errores. Según él hasta el conocimiento científico es siempre provisional y está sujeto a revisión. En lo personal y observando mi entorno, la verdad es maleable y manipulable, especialmente actualmente cuando la realidad es ilusoria. Repitiendo mentiras, una y otra vez, hasta que se convierten en verdades. La verdad no existe, la verdad pertenece al poder, al dinero, a la influencia.

    El pasado viernes 15 de marzo, a las 9:40 a.m. El juez James E. Boasberg, tras demanda de abogados de la ACLU (American Civil Liberties Union), emite una orden temporal que prohíbe al gobierno de los Estados Unidos deportar a cinco venezolanos detenidos bajo la Ley de Enemigos Extranjeros de 1798 (Esta ley, aprobada durante el gobierno de John Adams, otorga al presidente de Estados Unidos la autoridad para detener y expulsar a ciudadanos extranjeros de países con los que EE.UU. esté en guerra). La administración Trump apela. Ese mismo día, a las 5:26 p.m. y 5:45 p.m. dos aviones con deportados despegan de Harlingen, Texas.

    Quince minutos más tarde del despegue del segundo avión, el juez Boasberg ordena verbalmente que cualquier avión con deportados debe regresar a Estados Unidos. A las 7:36 p.m. Los aviones aterrizan en Honduras, seguidamente, a las 8:02 p.m. los aviones aterrizan en El Salvador. Pasada la medianoche, amaneciendo el domingo 16 de marzo, un tercer avión llega a El Salvador. Ese mismo día, a las 7:46 a.m. “Oopsie… Too late”, (Ups, demasiado tarde), escribe en inglés Bukele y un emoji de risa/llanto.

    El presidente Nayib Bukele anuncia que los deportados han sido trasladados al Centro de Confinamiento del Terrorismo (Cecot).

    Un nuevo tipo de negocio, por lo menos en nuestro país, se perfila, el negocio de la importación de personas deportadas con antecedentes criminales.

    Así ha comenzado el enfrentamiento entre la Casa Blanca de Trump y el poder judicial de ese país. El lunes 17 de marzo, por la tarde, comienza una audiencia sobre lo que Boasberg llama “la posible desobediencia” a su orden judicial. Los abogados del gobierno responden a Boasberg que sus instrucciones verbales no cuentan, sólo se deben seguir órdenes por escrito, y que no pueden responder a sus preguntas sobre los viajes debido a cuestiones de seguridad nacional. Lee Garlent, el abogado principal de ACLU advierte, “creo que estamos muy cerca” de una crisis constitucional.

    La secretaria de prensa de la Casa Blanca, dice a los reporteros que aproximadamente 261 personas fueron deportadas en los vuelos, incluyendo 137 bajo la Ley de Enemigos Extranjeros. Pareciera que en la realidad ilusoria de la Casa Blanca, no todos los deportados tienen antecedentes criminales, y que 124 personas deportadas no deberían estar en el CECOT.

    “Impeach that crazy liberal democrat” (destituyan a ese loco demócrata liberal), proclamó Trump, el martes 18 de marzo, en su canal de medio digital.

    Sorpresivamente, el presidente del Tribunal Supremo de Estados Unidos, John Roberts, emite una inusual declaración pública rechazando los llamados a destituir a jueces. “Durante más de dos siglos, se ha establecido que la destitución no es una respuesta apropiada a un desacuerdo sobre una decisión judicial”, escribe. “El proceso normal de revisión de apelaciones existe para ese propósito”.

    Extraordinario fin de semana vivido en el país ejemplo de la democracia en nuestro planeta. Un fin de semana donde los eventos suscitados por la administración Trump ponen en entredicho que este país continúe siendo una democracia. Forzando los límites del poder ejecutivo, con el beneplácito del poder legislativo. ¿Nos suena familiar?

    La verdad y la democracia parecen inclinarse al poder absoluto, que parece esparcirse a través del planeta entre aquellos con suficientes recursos para financiar sus vuelos a Marte, una vez que hayan destruido la viabilidad del planeta tierra. Un nuevo mundo se acerca, un mundo donde los multimillonarios (con miles de millones de dólares) serán los reyes del mundo. Pilatos lo dijo, ¿que es la verdad?

  • Las alteraciones hipnóticas del poder: el caso Duterte

    Las alteraciones hipnóticas del poder: el caso Duterte

    El poder, ya se sabe, puede ejercer sobre las conciencias un efecto narcótico. Cuando se tiene poder y existe la proclividad de hacer con él lo que se quiera, también se tiende a creer que, por alguna razón, no se perderá jamás.

    Estas condiciones alucinógenas transforman así el dulce presente en una aspiración irreal de eternidad. Quien se siente poderoso llega a incapacitarse a sí mismo para concebir límites a aquello que se expande a través de su voluntad personal.

    Lo cierto, sin embargo, es que el poder se acaba. Tarde o temprano. Nada hay eterno sobre la tierra, ni siquiera la vida del que hoy se cree fuerte e intocable. Para algunos individuos acomplejados el sueño es, precisamente, morir en el ejercicio del poder formal; pero estos casos –si nos atenemos al último medio siglo– son pocos en contraposición a aquellos que no solo lo perdieron sino que terminaron en la cárcel o arrastrados a un fin ignominioso como consecuencia directa de su descomunal ambición.

    Nicolae Ceausescu, dictador de Rumania, salió en diciembre de 1989 al balcón del edificio del Partido Comunista, en Bucarest, creyendo que con su sola presencia iba a apaciguar los ánimos de la población enardecida, y todavía en el juicio sumario que le condenó a ser fusilado tenía dibujada en el rostro la trágica sorpresa que le causó comprobar que, después de todo, ni él ni su esposa eran tan amados como pensaban. Pol Pot, déspota de Camboya, se vio arrojado de su país por la vecina Vietnam y anduvo escondido en las selvas tratando de regresar, hasta que su propio grupo guerrillero lo hizo arrestar y falleció en circunstancias poco claras en 1998. Muammar Gadafi, tirano de Libia, fue linchado por bandas opositoras en 2011, en Sirte, cayendo en una lucha insensata por recuperar el poder, bajo cuyos delirantes efectos seguía cautivo como los sedientos que creen ver reflejos de agua en el desierto.

    Fidel Castro y Hugo Chávez son más bien excepciones en Hispanoamérica, donde los opresores, casi por regla general, no llegan a morir ejerciendo el mando. Algunos, como Augusto Pinochet, lo pierden en elecciones democráticas; otros, como el paraguayo Alfredo Stroessner, el salvadoreño Maximiliano Hernández Martínez o el venezolano Marcos Pérez Jiménez, se ven destituidos por revueltas populares, y algunos otros, como el nicaragüense Anastasio Somoza García o el dominicano Rafael Leónidas Trujillo, terminan asesinados.

    Filipinas, bello archipiélago asiático, ofrece el más reciente eslabón de esta cadena interminable de tiranos defenestrados: su decimosexto presidente, Rodrigo Roa Duterte, hoy de 79 años, ha sido finalmente arrestado por orden de la Corte Penal Internacional y está siendo juzgado en La Haya, sede del organismo. Duterte, nacido en 1945, tuvo su sexenio de poder entre 2016 y 2022, pero ya planeaba postularse nuevamente como alcalde de Davao, en un esfuerzo por resucitar su carrera política.

    Lo que ahora enfrenta, en cambio, es la posibilidad de terminar sus días en la cárcel, si es que la CPI lo encuentra culpable de crímenes contra la humanidad. Obnubilado por los vahos del poder, el exmandatario filipino también creyó que nunca iba a sufrir las consecuencias de sus decisiones.

    Abogado de profesión y con estudios en Ciencias Políticas, Duterte fue un líder emergente tras la revolución de febrero de 1986 que puso fin a la dictadura de dos décadas de Ferdinand Marcos. Luego de ganar siete veces la alcaldía de Davao, ciudad al sur del archipiélago, se postuló a la presidencia poniendo énfasis en el controversial proceso de pacificación que había llevado a cabo durante su larga gestión edilicia.

    “Cuando sea presidente, ordenaré a la Policía Ejército que encuentren a esta gente y los maten”, dijo en marzo de 2016 durante un mitin, refiriéndose a los traficantes y consumidores de droga que luego perseguiría desde su residencia oficial en Manila. “Si conocen a algún adicto”, recomendó en junio de aquel año, al asumir el cargo, “vayan y mátenlo ustedes mismos. Hacer que sus padres lo hagan sería demasiado doloroso”.

    Con esta retórica agresiva, Duterte alentaba a la población a hacer justicia por sus propias manos. “Esta campaña de disparar a matar se mantendrá hasta el último día de mi mandato. No me importan los derechos humanos, créanme”, aseguró en agosto de 2016. Incluso llegó a afirmar que, si en Filipinas había tres millones de adictos, él “estaría feliz” de asesinarlos, comparando su política con el Holocausto. Una vez relató que había matado a un hombre, arrojándolo al vacío desde el aire, como castigo por haber robado: “Si cometes corrupción, te llevaré en helicóptero a Manila y te lanzaré desde ahí. Ya lo hice antes, ¿por qué no hacerlo otra vez?”, dijo en diciembre de 2016.

    Duterte insistió en que le tenía sin cuidado una posible condena por crímenes de lesa humanidad. En septiembre de 2017 espetó: “No me importa ser procesado en la CPI. Adelante. Sería un honor ir a prisión por mi país”. Bien, pues se le acaba de conceder esa “honra”. Sus propias palabras, de hecho, han sido fundamentales para la corte internacional, que las considera fuente de incitación al uso de la fuerza letal contra meros sospechosos de cometer delitos. Las cifras de asesinados durante su implacable “guerra contra las drogas” podrían elevarse a más de 25.000 víctimas, de acuerdo a los organismos no gubernamentales que documentaron pacientemente estos casos.

    Una vez más, la historia sigue ofreciendo valiosas lecciones en relación a los liderazgos autoritarios. Sin importar de qué manera pierdan el poder, e incluso si no lo pierden, las tiranías terminan invariablemente siendo repudiadas por la posteridad. El delirio desemboca en pesadilla; la soberbia y la petulancia, en desprecio universal.