EE.UU. despliega portaaviones USS Nimitz en aguas del Caribe en plena campaña contra Cuba

El Ejército de Estados Unidos anunció el miércoles el despliegue en el Caribe del portaaviones nuclear USS Nimitz y su grupo de ataque, en un contexto marcado por el endurecimiento de las presiones de Washington contra Cuba.

El Comando Sur estadounidense informó en la red social X que el grupo está integrado por el portaaviones USS Nimitz, el Ala Aérea Embarcada, el destructor USS Gridley y el buque de abastecimiento USNS Patuxent. Según el mensaje oficial, la flota representa “la máxima expresión de alistamiento y presencia, de un alcance y letalidad inigualables, y de ventaja estratégica”.

El anuncio coincidió con una nueva escalada diplomática entre Estados Unidos y Cuba luego de que el Departamento de Justicia estadounidense presentara cargos criminales contra el expresidente cubano Raúl Castro por el derribo en 1996 de dos avionetas de la organización Hermanos al Rescate, hecho que dejó cuatro fallecidos.

La administración del presidente Donald Trump incrementó la presión sobre La Habana en medio de la crisis energética y económica que atraviesa la isla. Trump aseguró este miércoles que Cuba “se está desmoronando” y descartó una escalada militar directa.

El USS Nimitz había participado previamente en operaciones militares en Medio Oriente y en ejercicios conjuntos con países latinoamericanos durante la misión Southern Seas 2026. Antes de ingresar al Caribe realizó maniobras con fuerzas navales de México, Guatemala, Colombia, Ecuador, Perú, Chile, Argentina, Uruguay y Brasil.

A finales de 2025, Estados Unidos ya había desplegado en el Caribe el portaaviones USS Gerald Ford, utilizado posteriormente en operaciones relacionadas con Venezuela y Medio Oriente.

El despliegue actual del Nimitz es interpretado por analistas y medios internacionales como una demostración de fuerza y disuasión hacia Cuba en medio del deterioro de las relaciones bilaterales y del incremento de las tensiones regionales.

Mientras tanto, el gobierno cubano rechazó las acusaciones contra Castro y calificó las acciones judiciales impulsadas por Washington como parte de una campaña política contra la isla.

 

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