La exposición constante en plataformas digitales a imágenes que promueven la delgadez extrema como el ideal de belleza y éxito representa un grave peligro para la salud física y mental, especialmente entre jóvenes y adolescentes. Así lo advirtió la psicóloga Paula Villapalos, especialista de la Unidad de Trastornos de Conducta Alimentaria (TCA) del Hospital Universitario Quirónsalud Pozuelo de España.
La especialista señaló que asociar la extrema delgadez con el bienestar o la aceptación social incrementa la presión por alcanzar estándares corporales irrealizables, detonando conductas de alto riesgo como la restricción severa de alimentos, el ejercicio compulsivo y otros métodos dañinos para perder peso.
Puntos clave y advertencias expresadas por la experta:
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Población en vulnerabilidad: adolescentes, personas con baja autoestima, perfiles perfeccionistas o quienes registran antecedentes de insatisfacción corporal son los más propensos a desarrollar un trastorno de la conducta alimentaria (TCA) por el consumo de estos contenidos.
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Falsas narrativas en plataformas digitales: se aconseja fomentar el pensamiento crítico en los jóvenes, recordando que las redes exhiben una realidad editada y seleccionada que no refleja la diversidad genética ni anatómica de la población.
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Uso indebido de medicamentos con fines estéticos: ante la tendencia de figuras públicas que promocionan el uso de agonistas del receptor GLP-1 para perder peso, la psicóloga aclaró que estos fármacos fueron diseñados exclusivamente para la diabetes tipo 2 y la obesidad bajo estricto criterio médico. La evidencia científica no respalda su empleo puramente cosmético.
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Consecuencias físicas graves: la especialista enfatizó que la delgadez extrema no es sinónimo de salud. Una nutrición deficiente puede derivar en pérdida de masa muscular, desbalances hormonales, reducción de la densidad ósea, fallos gastrointestinales e incluso comprometer el funcionamiento de órganos vitales.
«El objetivo no es convencer a los jóvenes de que esos cuerpos no existen, sino de que no tienen por qué convertirse en un modelo con el que compararse. La apariencia física no permite conocer el estado de salud de una persona», concluyó Villapalos.

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