Las ausencias de personal en la Administración de Seguridad del Transporte (TSA) de Estados Unidos alcanzaron niveles críticos de hasta 40 %, generando largas filas y retrasos en varios aeropuertos del país, en medio del cierre parcial del Gobierno federal.
Un 40.3 % del personal del Aeropuerto William P. Hobby de Houston no se presentó a trabajar el lunes, según datos del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), divulgados este martes. Esta terminal encabezó la lista de instalaciones más afectadas.
El Aeropuerto Internacional Hartsfield-Jackson de Atlanta reportó un 37.4 % de ausencias, seguido por el Aeropuerto Intercontinental George Bush de Houston con un 36.1 %, mientras que el Aeropuerto Internacional Louis Armstrong de Nueva Orleans registró un 34.9 % menos de trabajadores.
En Nueva York, la situación también fue significativa: el Aeropuerto Internacional John F. Kennedy tuvo un 33.7 % de ausencias y el de LaGuardia un 20.3 %. En este último, además, un accidente entre un avión y un camión de bomberos obligó al cierre temporal de la terminal durante varias horas.
A nivel nacional, el ausentismo en la TSA alcanzó el 10.93 %, equivalente a más de 3,200 empleados que no acudieron a sus puestos, lo que agravó la operatividad en los controles de seguridad.
El problema surge tras el bloqueo en el Senado del presupuesto del DHS, que mantiene parcialmente cerrado al Gobierno desde hace cinco semanas. Esta situación dejó sin salario a los trabajadores de la TSA, quienes, al ser considerados “esenciales”, deben seguir laborando pese a no recibir pago.
Las consecuencias ya se reflejan en los aeropuertos, donde las filas han alcanzado hasta cuatro horas de espera, como en el George Bush de Houston, mientras que en el JFK rondan los 60 minutos.
Ante la crisis, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ordenó el despliegue de agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en 14 aeropuertos para apoyar en tareas logísticas y reducir los tiempos de espera.
El zar de la frontera de la Casa Blanca, Tom Homan, explicó que el ICE ayudará a la TSA “a hacer su trabajo en áreas que no requieren conocimientos especializados”, como supervisar salidas, organizar filas y manejar multitudes.
Sin embargo, organizaciones promigrantes criticaron la medida, especialmente luego de que se sugiriera que estos agentes podrían realizar arrestos y detenciones, aunque no sea el objetivo principal del operativo.

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