Santa Eduviges, una empresa familiar con siete décadas de historia, ha consolidado su presencia en Estados Unidos y Europa, mientras prepara su ingreso al mercado chino con una versión adaptada de su tradicional semita.
La empresa, fundada en 1955 por Ernestina Castro, exporta desde la década de 1990 a Estados Unidos, a ciudades con mayor población centroamericana como Florida, Atlanta, Chicago, Los Ángeles, San Francisco, Nueva York, Virginia, Maryland, Houston, Dallas y San Antonio, tanto en tiendas especializadas para la comunidad salvadoreña como en cadenas de supermercados, entre ellas Kroger.
«Pasamos de servirle al mercado nostálgico al mercado internacional», afirmó Pablo Durán, presidente de Santa Eduviges e hijo de doña Ernestina, quien también confirmó que exportan a España e Italia.
Actualmente, cerca del 40 % de la producción se destina a mercados internacionales, principalmente semitas, detalló Pedro Durán, gerente comercial.
«Estados Unidos nos ha permitido convertirnos en una panificadora centroamericana, porque ya no solo hablamos del consumidor salvadoreño, sino de comunidades de toda Centroamérica», señaló.

Pero la empresa trabaja en su siguiente reto: ingresar al mercado chino.
La panificadora ha realizado acercamientos en dos ocasiones y prepara una adaptación de la semita, debido a que el consumidor chino tiene preferencias distintas en el consumo de azúcar.
Además, la compañía busca fortalecer su presencia en Centroamérica, donde ya comercializa algunos productos en Guatemala y estudia los hábitos de consumo para llegar a Honduras.
Regreso al centro histórico
Los planes de expansión internacional coinciden con el regreso de Santa Eduviges al centro histórico de San Salvador, donde este viernes inaugurará una nueva sucursal tras varios años de ausencia.
La inversión ascendió a $120,000 y permitió generar 14 empleos directos y cinco indirectos. Con esta apertura, la empresa alcanza 13 sucursales en el país.
«Para nosotros ha sido una satisfacción volver al centro histórico después de muchos años. Aquí iniciaron muchas panaderías fuertes de El Salvador y hoy estamos regresando», expresó Pablo Durán.

El empresario recordó que la compañía tuvo presencia en el centro histórico durante varias décadas, pero abandonó la zona debido a los problemas de inseguridad, desorden comercial y las afectaciones derivadas de la guerra civil.
Ahora, aseguró, decidieron regresar motivados por la recuperación del centro histórico y el crecimiento del turismo.
«Volvemos a apostarle al país y al centro histórico. Queremos conectar con la diáspora y con los salvadoreños que conservan el recuerdo de Santa Eduviges», indicó.
La nueva sucursal ofrece, además de pan y pasteles, desayunos, almuerzos, café y productos diseñados para turistas y salvadoreños en el exterior, como el «Sivar Box», que incluye semita, horchata, cebada y chocolate.
De vender dulces en Metapán a exportar a tres continentes
La historia de Santa Eduviges comenzó con doña Ernestina, originaria de Metapán, quien empezó a vender dulces cuando tenía 15 años.
Posteriormente abrió una tienda en Santa Ana y, tras operar un negocio de abarrotes y venta de pan, decidió dedicarse exclusivamente a la panificación. En 1955 inauguró formalmente la panadería Santa Eduviges.
En 1978 constituyó la empresa familiar e incorporó a sus hijos. Pedro Durán recuerda que en su juventud era el encargado de llevar la leña a los hornos; luego estudió en el exterior y regresó para continuar el legado de su madre.

Actualmente participan la tercera y cuarta generación de la familia Durán en diferentes áreas de la compañía, que genera 280 empleos, la mayoría ocupados por mujeres, una política que busca mantener el legado de su fundadora, quien promovía oportunidades laborales para madres y jóvenes de su comunidad.
Durante estos 70 años, Santa Eduviges ha transformado su modelo de negocio conforme evolucionó el mercado. Pasó de vender pan caliente a desarrollar una red de cafeterías, incorporar pastelería, ofrecer desayunos y almuerzos e innovar para atender tanto al consumidor local como a los turistas y a la diáspora.
«Dejamos de ser una panadería para convertirnos en una industria de alimentos», resumió Pablo Durán.

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