Las restricciones comerciales impuestas por la FIFA durante el Mundial 2026 han obligado a decenas de vendedores ambulantes, en su mayoría migrantes, a trabajar bajo el riesgo constante de ser desalojados o multados por las autoridades en los alrededores de los estadios de Estados Unidos.
En las afueras del estadio de Los Ángeles, ubicado en Inglewood, Fabián y su padre forman parte de quienes desafían diariamente esas limitaciones. Ambos venden bebidas frías desde pequeñas neveras con la esperanza de obtener el dinero necesario para sostener a sus familias, aun sabiendo que su actividad está prohibida dentro del perímetro establecido por la FIFA.
Los vendedores reconocen que la presencia policial es permanente y que, en cualquier momento, pueden ser obligados a abandonar el lugar o recibir sanciones económicas. Sin embargo, aseguran que la necesidad pesa más que el temor a las multas, por lo que continúan instalándose lo más cerca posible de los accesos para atraer clientes antes y después de los partidos.
La misma situación se repite en otros sectores de los recintos deportivos, donde grupos de comerciantes ofrecen perritos calientes, bebidas, bolsas plásticas permitidas para ingresar al estadio y réplicas de camisetas. Para evitar ser sorprendidos por las patrullas, muchos permanecen organizados y se alertan mutuamente cuando observan la llegada de agentes de seguridad.
Según la normativa de la FIFA, estas restricciones comerciales buscan proteger la exclusividad de los patrocinadores oficiales dentro de los perímetros de exclusión establecidos alrededor de cada estadio. Como consecuencia, cualquier venta no autorizada está prohibida en esas zonas durante el desarrollo del torneo.
A pesar de estas medidas, la enorme cantidad de aficionados que asiste a los encuentros convierte cada partido en una oportunidad económica difícil de desaprovechar para cientos de trabajadores informales, especialmente migrantes de bajos ingresos que residen en ciudades donde el costo de vida es elevado.
«No podemos estar ni ponernos en ningún lado alrededor del estadio», lamentó uno de los vendedores que trabaja en las inmediaciones del estadio de la Bahía de San Francisco. El comerciante explicó que, junto con otros compañeros, instala su puesto cerca de la Fan Zone cuando terminan los partidos, ya que allí se concentra buena parte del público que abandona el recinto.
Aunque las ventas disminuyen al no poder ubicarse frente a las entradas principales, los comerciantes consideran que cualquier ingreso resulta indispensable para sus hogares. «Nos afecta un poquito (económicamente), pero así es esto», expresó el vendedor mientras atendía a uno de los aficionados que compraba un perrito caliente al finalizar un encuentro del Mundial.

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