Categoría: Opinión

  • Cuando la mentira se vuelve un problema de salud pública

    Cuando la mentira se vuelve un problema de salud pública

    ¿Porque existe actualmente esa necesidad tan perversa de mentir? ¿Tergiversar la realidad? ¿Existe evidencia de que ahora mentimos más que antes?

    El filósofo Hannah Arendt observó que el mayor peligro para una sociedad no es simplemente que existan mentiras, sino que se erosione la capacidad colectiva para distinguir entre verdad y falsedad. Cuando esa distinción se debilita, las personas dejan de confiar no solo en las instituciones, sino también en la posibilidad misma de conocer la realidad. En ese sentido, el desafío actual quizá no sea que la mentira sea completamente nueva, sino que el entorno tecnológico, político y social le permite difundirse con una eficacia sin precedentes.

    No es necesariamente que mintamos más en nuestras sociedades. La mentira, al final es un mecanismo evolutivo de adaptación. En muchas especies existen formas de engaño para obtener alimento, evitar depredadores o aumentar el éxito reproductivo. En los seres humanos, el lenguaje permitió sofisticar esa capacidad. Mentimos para evitar castigos, obtener recursos, mejorar la posición social, proteger la reputación, influir en las decisiones de otros. Por ello la selección natural nunca elimino la capacidad de mentir. El problema real es cuando esa mentira se vuelve catastrófica para una sociedad. La mentira se vuelve catastrófica para una sociedad cuando deja de ser una conducta individual y pasa a convertirse en un mecanismo que altera la capacidad de la comunidad para tomar decisiones basadas en la realidad. En ese punto, no solo perjudica a personas concretas, sino que erosiona los cimientos de la convivencia. Por ejemplo, las mentiras en el ámbito de salud publica pueden llegar a afectar las decisiones de vida o muerte.

    Mentir sobre epidemias, medicamentos, desastres naturales, conflictos armados o riesgos ambientales puede hacer que miles o millones de personas tomen decisiones equivocadas, con consecuencias irreversibles. La mentira también es catastrófica cuando manipula procesos democráticos. Si los ciudadanos votan sobre la base de información deliberadamente falsa, la legitimidad de las elecciones y la calidad de las decisiones públicas se deterioran. La democracia presupone un debate donde los desacuerdos se sustentan en hechos verificables, no en ficciones fabricadas. Similarmente es catastrófica cuando normaliza la corrupción. una cultura de la mentira puede ocultar el desvío de recursos, el abuso de poder o la impunidad. En esos casos, la mentira deja de ser un instrumento y se convierte en parte del sistema.

    Ese es mi temor. Que la mentira se haya convertido en parte del sistema nacional de salud.

    La semana pasada el señor ministro de salud dio unas declaraciones ante la comisión de hacienda de la Asamblea legislativa en el canal 21, sobre la esperanza de vida en nuestro país. En dicha intervención el señor ministro recalcó las acciones de infraestructura a nivel nacional durante los últimos años, específicamente durante el gobierno de Nuevas Ideas. Y como esta renovación y equipamiento de los hospitales de segundo y tercer nivel se han traducido en mejorías substantivas de la salud publica en el Salvador. El ministro recalcó que los datos sobre la esperanza de vida que estaba presentando era datos “objetivos e irrefutables” del impacto en la salud pública en el país. Según el cuadro presentado la mejora en la esperanza de vida del año 2007 (69.82 años) al año 2025 (75.6 años), era de 5.78 años en un periodo de 18 años.

    Omitió mencionar que estos datos eran proporcionados por el Banco Central de Reserva de El Salvador, y que para los años 2024 y 2025 discrepaban de datos internacionales (Organización Panamericana de la salud). Según datos de la OPS el incremento total (2007–2024): de 69.82 a 72.30 años, equivalente a 2.48 años de ganancia en esperanza de vida, discrepando de los 5.7 años de ganancia, que presentaba en su cuadro el señor ministro. Recordemos que la pandemia del COVID-19 produjo una disminución de la esperanza de vida en el periodo 2020-2021 de 1.8 años. Es decir, un evento catastrófico mundial produjo en El Salvador una disminución de 1.8 años, pero el MINSAL en un periodo similar logra un aumento de 5.78 años. Realmente algo inexplicable y para lo cual el señor ministro no tiene ningún fundamento o explicación. Eso no lo entiende ni Mandrake.

    Hannah Arendt advertía que una sociedad no sucumbe porque existan mentiras; sucumbe cuando pierde la capacidad de reconocer la verdad. La confianza en las instituciones públicas depende de que sus autoridades presenten datos verificables, expliquen sus fuentes y estén dispuestas a corregir errores cuando los haya. En salud pública, las cifras no son propaganda ni herramientas de mercadeo político: son la base para asignar recursos, diseñar políticas y, en última instancia, proteger vidas. Cuando las estadísticas se manipulan o se presentan sin el debido rigor, no solo se distorsiona un indicador; se debilita la confianza ciudadana y se pone en riesgo la calidad de las decisiones colectivas. La verdad puede ser incómoda, pero siempre será menos peligrosa que una mentira convertida en política de Estado.

  • Cumpleaños feliz

    Cumpleaños feliz

    Como hombre libre y cubano, me siento felizmente obligado a rendir tributo a esta gran nación en sus 250 años de democracia ininterrumpida, en los que ha forjado una realidad que, a pesar de sus imperfecciones, es un anhelo que muchos deseamos para nuestros respectivos pueblos.

    En toda la historia de la humanidad ningún país ha fraguado tantos y positivos modelos a seguir como este. Desde el American Way of Live que sugiere un arquetipo cultural y de vida basado en el trabajo duro y la democracia para gestar así condiciones en las que todos podamos alcanzar el éxito, hasta la convicción de que por muy poderoso que se sea, todos tenemos que cumplir las leyes.

    La historia nos ha mostrado que las influencias y el poderío de las naciones tienen un límite. Ningún poder es imperecedero, sin embargo, el número tan alto de valores y su magnitud de esta nación, más el desarrollo científico y su profundo sentido de la solidaridad, sumado a la repercusión global de sus actuaciones, son factores que integran el legado de los Estados Unidos de América, herencia que no tiene paralelos en el devenir del tiempo.

    Nunca diré que este país es perfecto. He sido critico de más de una de las decisiones de sus gobernantes, no obstante, tengo el firme convencimiento que las oportunidades para alcanzar una vida honorable y decorosa que brinda Estados Unidos, no se repiten en otro país del orbe.

    Es probable, como afirman algunos conocedores, que este país sea superado en pocas décadas por una nueva potencia global en asuntos claves como la economía o el poderío militar, sin embargo, más allá de las riquezas producidas y la cantidad de portaviones y misiles, el único Estado que hasta el momento llena las expectativas de progreso personal, seguridad y derechos de los más desposeídos es Estados Unidos.

    Estados Unidos es para los necesitados algo similar a lo que fue “El Dorado” para los conquistadores europeos en América, o para los judíos la bíblica “tierra que mana leche y miel, la tierra prometida», y aunque lejos de lo ideal, es la nación que más se les aproxima a esos sueños siendo la sociedad que reúne condiciones precisas para satisfacer las querencias más humanas, un hábitat donde las esperanzas de una vida mejor pueden hacerse realidad.

    Cierto que el sueño americano no es alcanzado por todos, pero es posible soñar, cuando en otros lugares solo se vive en pesadillas. Las condiciones para andar y construir están a la vera del camino, simplemente hay que estar dispuesto al esfuerzo, al trabajo, porque la expresión de que no hay almuerzo gratis no es peyorativa de esta sociedad, sino la afirmación de que todos estamos obligados a trabajar por nuestro progreso.

    Por algo será que son muchos los que busca dejar atrás los paraísos proletarios. Venezolanos, nicaragüenses, cubanos, incluso los chinos, tienen como meta este país, tal vez, el más vilipendiado del mundo, gestión en la que participan lamentablemente algunos de sus ciudadanos naturales y adoptivos al intentar importar propuestas políticas inspiradas en odios y resentimientos que solo han cosechado fracasos donde han sido impuestas.

    Muchos de los logros más grandes de la mente humana es cosecha estadounidense, no porque los naturales sean particularmente sabios, sino porque existe el contexto necesario para que los ilustrados desarrollen su talento. Una cantidad considerable de los avances sociales y humanitarios se han originado aquí, o se han estructurado mejor por las mismas razones que han hecho posible los progresos científicos.

    Los extremos son una amenaza real para cualquier sociedad.  No importa la tendencia ni la ideología que subyazca en cada tendencia.  Esas corrientes solo promueven quebrar la identidad nacional. Destruir los valores sobre los que se sostiene la nación, patrones, a pesar de sus imperfecciones, a imitar por muchos países.

    El fascismo y el comunismo sin importar cómo se mimeticen, al igual que los indefinibles ideológicamente «supremacistas de cualquier raza», son una realidad, no una invención cinematográfica. Todos ellos trabajan duro por el objetivo que comparten que es consistente con destruir los fundamentos de tolerancia, comprensión y respeto a las diferencias que caracterizan a los Estados Unidos.

    El honorable Abraham Linconl dijo en el lejano 1838: “Si la destrucción es nuestro destino, nosotros mismos debemos ser su autor y consumador. Como nación de hombres libres, viviremos para siempre o moriremos por suicidio”, una advertencia para tener en cuenta porque en esta nación siempre han coexistido fuerzas centrifugas que buscan su destrucción, así que estemos alerta para defender el país que nos da abrigo.

  • La matemática y el misterio del universo 

    La matemática y el misterio del universo 

    En el artículo anterior expliqué cómo la comprensión cristiana de Dios contribuyó a desmitificar la naturaleza y abrió un marco intelectual favorable para el desarrollo de la ciencia. Sin embargo, existe otra cuestión aún más sorprendente: ¿en qué se basa la ciencia experimental para ser tan efectiva?

    Estamos tan acostumbrados a los avances científicos que rara vez nos detenemos a pensar en uno de los mayores enigmas de todos. ¿Cómo es posible que unos signos inventados por el ser humano —los números, las ecuaciones o las relaciones matemáticas— consigan describir la realidad? ¿Por qué unas ecuaciones escritas sobre una hoja de papel son capaces de explicar el movimiento de las galaxias, el comportamiento de los átomos o la propagación de la luz?

    La pregunta parece sencilla, pero ha desconcertado durante siglos a filósofos, matemáticos y científicos.

    Las matemáticas son una creación del intelecto humano. Los números, las funciones, las ecuaciones o la geometría no existen del mismo modo que existen las montañas o los árboles. Son construcciones abstractas elaboradas por nuestra inteligencia. Y, sin embargo, esas construcciones resultan extraordinariamente eficaces para comprender el mundo físico.

    El físico Eugene Wigner, Premio Nobel de Física en 1963, llamó a este fenómeno «la irrazonable eficacia de las matemáticas». No quería decir que las matemáticas fueran irracionales, sino que resulta profundamente sorprendente que una disciplina desarrollada por la mente humana describa con tanta precisión la realidad exterior.

    Mucho antes, Galileo Galilei —que, por cierto, no murió quemado en la hoguera— ya había intuido este misterio. Afirmaba que Dios había escrito dos grandes libros: el de la Sagrada Escritura, expresado mediante gestos y palabras humanas, y el de la naturaleza, escrito con caracteres matemáticos. Ambos proceden del mismo Autor: «la primera, como dictada por el Espíritu Santo; la segunda, como ejecutora fidelísima de las órdenes de Dios».

    Convencido de que el universo posee un orden racional, escribió en Il Saggiatore (1623):

    «La filosofía (la ciencia) está escrita en ese grandísimo libro que continuamente está abierto ante nuestros ojos, quiero decir, el universo; pero no puede entenderse si antes no se aprende a comprender la lengua y a conocer los caracteres en que está escrito. Está escrito en lenguaje matemático, y sus caracteres son triángulos, círculos y otras figuras geométricas, sin cuyos medios es humanamente imposible entender una sola palabra; sin ellos, es un deambular inútilmente por un oscuro laberinto.»

    Para Galileo, la naturaleza no era un conjunto caótico de fenómenos, sino un libro inteligible. El universo podía leerse porque estaba estructurado de manera racional.

    Si ambos «libros» proceden del mismo Autor, no pueden contradecirse realmente. Cuando parece haber conflicto, el error estará en nuestra interpretación de la Escritura o en nuestra comprensión de la naturaleza, pero no en ellas mismas.

    ¿Por qué la razón humana y la naturaleza parecen hablar el mismo idioma? Esta ya no es una pregunta científica. La ciencia utiliza las matemáticas con enorme éxito, pero no puede explicar por qué funcionan tan bien. Esa es una cuestión propiamente filosófica.

    La visión cristiana ofrece una respuesta sencilla y profundamente coherente. La razón humana y el orden del universo tienen un mismo origen: ambos proceden del Creador. El ser humano puede comprender el mundo porque tanto su inteligencia como la naturaleza participan de una misma racionalidad. En otras palabras, no solo existe un universo inteligible; también existe una inteligencia capaz de entenderlo. Y más importante aún: existe una Inteligencia que ha creado ambos: el mundo y el hombre racional.

    Naturalmente, esta coincidencia no constituye una demostración científica de la existencia de Dios. La ciencia no puede verificar experimentalmente una afirmación de ese tipo. Pero tampoco puede explicar por qué esa correspondencia existe.

    Con frecuencia se presenta el debate como si hubiera que elegir entre la Biblia y el laboratorio, entre la fe y la razón, entre la ingenuidad infantil y la madurez intelectual. Sin embargo, esa oposición es artificial. La tradición cristiana nunca ha entendido la revelación como un sustituto de la investigación científica, ni la ciencia como una amenaza para la fe.

    Quizá esa sea una de las lecciones más importantes para nuestro tiempo. Cuanto más descubrimos el extraordinario orden del universo, más razonable resulta preguntarse si detrás de esa racionalidad no existe también una Inteligencia que la haga posible.

    *Fernando Armas Faris es sacerdote católico y doctor en Filosofía 

     

     

     

     

  • La tumba política de Trump se empezó a cavar en 1776

    La tumba política de Trump se empezó a cavar en 1776

    Cuando Donald Trump ganó de nuevo la presidencia de Estados Unidos, en noviembre de 2024, muchos analistas vaticinaron la destrucción de la democracia americana. Desde esta columna decidimos mejor otorgar un voto de confianza a la solidez de las ideas liberales sobre las que se fundó, hace 250 años, el moderno sistema republicano.

    Por supuesto que había razones para alarmarse. La 47ª Administración de EEUU amenazaba ser caótica. El septuagenario Trump exhibía rasgos autoritarios cada vez más acusados y era obvio que sometería a su país –al planeta entero– a un estrés inédito. Luego el tiempo ha demostrado que los presagios sobre la falta de principios liberales del trumpismo estaban fundados. Poco más de un año y medio después, los hechos hablan: el actual presidente ha ignorado las reglas democráticas como no lo hiciera ninguno de sus predecesores, usando el tremendo poder que le fue concedido para intentar destruir algunas de las instituciones esenciales de su país. Si todo dependiera de los deseos de Trump, EE UU sería hoy una dictadura.

    ¿Por qué, pues, esa gran nación no ha colapsado? ¿Qué ha hecho que el sistema americano esté a pocos meses de demostrar, en noviembre próximo, que todavía no ha nacido el líder político con la capacidad (y el poder real) de imponer su voluntad por encima de esos dos siglos y medio de historia que se cumplen este 4 de julio? Las respuestas –las más profundas– debemos buscarlas en ese extraordinario documento adoptado justamente en esa fecha, pero de 1776: la Declaración de Independencia.

    Contrario a lo que mucha gente piensa, este preclaro ideario redactado en su mayor parte por el genio de Thomas Jefferson no marca el nacimiento de Estados Unidos tal como lo conocemos hoy. Solo 13 colonias lo firmaron, tras más de un año de guerra contra el Imperio Británico, y ni siquiera había consenso en torno a que aquella acta –alta traición contra la corona inglesa– fuera el mejor camino a seguir. El 1 de julio, por ejemplo, en la primera votación del documento, los delegados de Pensilvania y Carolina del Sur se opusieron, los de Nueva York se abstuvieron y los de Delaware evitaron pronunciarse. Los debates al interior de cada colonia eran intensos y divisivos.

    La federación estadounidense que conocemos está conformada por 50 estados, pero antes que Alaska y Hawái fueran admitidos en 1959, las últimas incorporaciones –Oklahoma, Nuevo México y Arizona– se habían producido a inicios de siglo, entre 1907 y 1912. Por tanto, mucho más que el acta de liberación de un territorio concreto, la famosa Declaración de Independencia fue la propuesta de los valores considerados esenciales para conformar el gran país que sus fundadores concebían. Dicho de otro modo, antes de ser una potencia en los hechos, los americanos decidieron serlo en las ideas que justificaban su libertad.

    Entender esto es muy importante, porque los Estados Unidos de América no nacieron como resultado de una configuración territorial, de una concepción tribal específica, de una afinidad idiomática o de una religión compartida. Como afirma el investigador Jerry Hendrix, del Instituto Sagamore, “los ciudadanos de este país son únicos porque su sentido de identidad nacional se deriva de ideas, más que de una base étnica o lingüística. En la medida en que existe una cultura estadounidense, esta se halla en eso que Tocqueville brevemente describió como individualismo estadounidense”.

    La esencia de este individualismo, entendido desde la libertad, ha inyectado en el ADN del sujeto americano una envidiable perspicacia frente a ciertas manifestaciones del poder político. Esto se vio en 2024, en el apoyo a Donald Trump y el rechazo a Kamala Harris, pero también en la estrepitosa caída del primero en las encuestas de este año.

    Aunque los ciudadanos todavía concedan al mandatario algunos puntos en favor de sus políticas migratorias, el repudio que causaron los asesinatos de Mineápolis ha reducido a mínimos el amplio respaldo que tenían estas medidas allá por enero de 2025. Posteriormente, con la ocurrencia de atacar Irán sin medir consecuencias, el Gobierno hizo que la reprobación se generalizara, ahora por razones económicas.

    Este pésimo desempeño en los sondeos no solo es reflejo de los crasos errores de Trump: es producto de la dinámica cultural que ha hecho de la libertad uno de los valores fundamentales de la sociedad americana. Y el embrión de esta resistencia, casi biológica, se encuentra en un primer párrafo de muy merecida celebridad en la Declaración de Independencia:

    “Sostenemos como evidentes por sí mismas estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados; que cuando quiera que una forma de gobierno se vuelva destructora de estos principios, el pueblo tiene derecho a reformarla o abolirla, e instituir un nuevo gobierno que base sus cimientos en dichos principios…”.

    En los últimos 250 años, en ninguna otra parte –ni siquiera en la Francia de 1789– se produjo algo similar. Y Trump, siendo americano, jamás lo entendió. Por eso su partido perderá las elecciones de noviembre próximo. Por eso el republicanismo de Estados Unidos prevalecerá también contra el presidente más autoritario de su historia.

  • El ocaso del partido político VAMOS: la fractura interna y el estigma criminal

    El ocaso del partido político VAMOS: la fractura interna y el estigma criminal

    En la actual realidad salvadoreña, donde la política de seguridad ha redefinido el mapa electoral y social, los proyectos políticos enfrentan un escrutinio ciudadano sin precedentes. El caso del partido político VAMOS ilustra a la perfección cómo la falta de una postura inequívoca frente al crimen organizado, las pandillas y las hemorragias internas pueden dinamitar cualquier aspiración de poder. Como especialista en criminología y seguridad pública, observo esta crisis no solo como un fenómeno partidario, sino como un reflejo directo de cómo la sociedad salvadoreña ha elevado la «tolerancia cero» a un requisito indispensable para otorgar legitimidad política.

    La percepción de la ciudadana y los señalamientos sobre un presunto gran apoyo o complacencia hacia las estructuras de pandillas constituyen, en este momento, el estigma más letal en nuestro país. Durante décadas, las pandillas criminales no solo operaron como agrupaciones delictivas, sino como cogobernantes fácticos que extorsionaron, desangraron, masacraron a la ciudadanía. Cuando un partido político relativamente nuevo como VAMOS se ve envuelta en la narrativa de haber mantenido posturas que oxigenan a estos grupos, frecuentemente escudadas bajo una interpretación mal calibrada del garantismo penal, comete un suicidio desde la política criminal.

    La población ha sido clara: no hay espacio para ambigüedades. Interpretar, apoyar o proponer políticas que, en la práctica, parezcan favorecer la impunidad del victimario sobre el derecho de las víctimas, rompe el contrato social primario que es la protección de la vida. La percepción de la población se impone y se vuelve realidad.

    A esta grave crisis de credibilidad externa se suma una profunda disfunción interna, peleas y disputas internas por el mini poder, un grave vacío de autoridad de la dirigencia. Las recientes peleas intestinas dentro de VAMOS revelan la ausencia de un liderazgo desde la cúpula, del fundador y las personas que le apoyaron en aquel momento, de la secretariageneral que ahora busca un puesto de elección cuando no tiene ni siquiera organización básica en los 14 departamentos, y lo que es más grave para un partido de oposición, la falta de una doctrina estratégica clara. En el ámbito de la seguridad, la división es sinónimo de vulnerabilidad. Las disputas entre facciones, donde unos parecen aferrarse a un discurso tradicional que choca frontalmente con la realidad de las calles, y otros buscan capitalizar la crisis para agendas personales, impiden al partido formular una propuesta alternativa, técnica y verdaderamente viable frente al modelo actual que ha sido contundente desmontando la organización y actuar de las pandillas criminales, 9 de cada 10 salvadoreños apoyan la estrategia, política y exigen medidas más categóricas, más duras contra los pandilleros y los pobresargumentos de su única representación en la Asamblea Legislativa con total ausencia de técnica de seguridad pública y nacional.

    Desde la óptica criminológica, el colapso de un partido por estos motivos deja una lección contundente. El Salvador se beneficia del debate público y de la auditoría a las políticas de gobierno, pero estas voces deben estar sólidamente fundamentadas en la ciencia penal, criminología, en la prevención estructural del delito y en el fortalecimiento del sistema de justicia; jamás en la defensa, tácita o explícita, o encubierta de los actores que aterrorizaron al país y han dejado tanto luto y dolor en nuestra sociedad. Las divisiones y los escándalos han vaciado a VAMOS de la autoridad moral necesaria para hablar de seguridad, de protección de la familia, de política o planes de seguridad pública, incluso de víctimas a quienes le dieron la espalda. Pensaron que eran la segunda fuerza politica del país y el único partido de oposición se equivocaron una vez más y solo fue en la mente de ellos.

    En este breve desarrollo y análisis debo aportar que no solo es responsabilidad de su única representación en la Asamblea Legislativa, sino de sus fundadores, máxima dirigencia, de los que no aparecen o figuran, que fueron indiferentes y permitieron en dos legislaturas que se relacionara a la marca del partido con la defensa de pandilleros y oponerse férreamente a la estrategia de seguridad del gobierno. La encrucijada del partido es un caso de estudio sobre cómo la desconexión con la realidad victimológica de un país y las guerras de poder interno desmantelan la confianza pública. Si VAMOS no reconoce públicamente su grave error de su indiferencia ante la falta de empatía con las víctimas de las pandillas criminales, si no logra extirpar cualquier sombra de simpatía o instrumentalización del fenómeno de las pandillas,su destino ineludible será la extinción política y tan pronto como el 28 de febrero del 2027. ¿Quién puede inscribirse como candidato en dicho partido para las próximas elecciones? Solo una persona que defienda y apoye el mensaje a favor de pandilleros y le apueste a familiares y amigos de estos grupos criminales. El escenario más probable es que una de las responsables mayores abandone el partido político y trate de victimizarse, y buscar espacio en donde se quieran correr el riesgo de aceptarla. El partido VAMOS nos confirma y recuerda que hay proyectos políticos que nacen sin visión, misión, identidad o de un proyecto personal por llegar o tener poder. En El Salvador, la seguridad ya no es un tema de debate menor; es la línea divisoria absoluta entre la supervivencia y la irrelevancia institucional. Todo reino dividido internamente acaba en la ruina. No hay casa o familia que permanezca, si internamente está dividida.

    *Por Ricardo Sosa / Doctor y máster en Criminología/ Egresado doctorado en Justicia Criminal / @jricardososa

     

  • Claves para empoderar el turismo (II)

    Claves para empoderar el turismo (II)

    En el artículo anterior hablé específicamente del turismo rural, el cual es más difícil de empoderar; ya que, no está en la ciudad y se debe tener autores que logren posicionarlo. Sin embargo, siendo El Salvador tan pequeño, no cuesta mucho empoderar sus lugares emblemáticos.

    Si se tienen políticas públicas para empoderar el turismo, cada acción hará resultados esperados. Según el Ministerio de Turismo, las políticas que se tienen son: Plan Nacional de Turismo El Salvador 2030, Política Nacional de Turismo, Política de Turismo Sostenible y Estrategias de Inversión y Mercado.

    A veces, se necesita de manuales, reglas, leyes para empoderar el turismo; sin embargo, hay países o lugares que se pueden empoderar con un golpe de suerte: la ubicación, la historia, sus personajes, etc.

    Quiero empoderar en esta ocasión a mi pueblo, una ciudad anclada en el occidente de El Salvador. Tacuba, distrito de Ahuachapán, tiene de todo un poco. La iglesia Colonial fue construida por los españoles entre los años 1600 y 1712. De ese lugar son las primeras doctoras graduadas del país de Doctorado en Química y Farmacia de la Universidad de El Salvador, Mercedes Martínez y Margot Lanza. Además, es parte de la triste historia de lo sucedido en 1932 (…). Algo, que, de una forma, hace que sea visitado. De ese lugar es el emblemático galeno Arturo Romero López, quien fue candidato presidencial y fue artífice (junto con otros personajes) del derrocamiento del dictador Maximiliano Martínez. El bosque Imposible es el lugar perfecto para hacer turismo de aventura. Tacuba aún tiene a personas que hablan náhuat, eso es algo que se debe explotar. Qué mejor ejemplo en Guatemala, en donde hay un aproximado de 25 idiomas.

    Turismo hay de todo tipo; es peculiar ver a personas que en su agenda anhelan visitar lugares que en algún momento fueron un calvario. Por ejemplo, el antiguo campo de concentración nazi Auschwitz-Birkenau en Polonia.

    ¿Cómo empoderar el turismo cuando no hay nada que mostrar? Es difícil hacerlo; hay pueblos que son fantasmas, no cuentan con un personaje emblemático, no hay edificios arquitectónicos, etc.

    En ocasiones, los turistas son los que desean conocer la historia de un pueblo. Y, cuando digo su historia, se trata de todos los rubros. Se necesita que las autoridades locales promuevan el turismo. Si las alcaldías o ayuntamientos no identifican los lugares turísticos o no hay una promoción, no se aprovechará ese recurso inmaterial.

    Recordemos que, con el turismo, muchos sectores se empoderan: los propietarios de hostales, restaurantes, pequeños comerciantes, entre otros. Cada quien recibe una porción del pastel y aprovecha la visita de turistas nacionales y extranjeros.

    El turismo avanza si hay infraestructura, apoyo a los que brindan ofertas turísticas, diversificación de la oferta turística. El Salvador lo puede tener todo, hasta turismo médico. Además, se necesita capacitar al talento humano para poder tener guías con conocimientos certeros y que sepan hablar otros idiomas. Algo muy importante es saber que hasta la academia se involucra para hacer planes de turismo.

    El Salvador lo tiene todo, se los digo a cada extranjero con quien converso. Tenemos lagos, montañas, bosques y cafetales, ruinas arqueológicas, playas para surfear, etc. En cuatro días, es suficiente para aventurarse y conocer el Pulgarcito de América.

    En otras columnas escribí sobre la importancia de la Marca País. Un país puede estar anclado en un paraíso; empero, si no hay paz, seguridad y políticas públicas, no podrá ser visitado. El mejor ejemplo es Haití; a la par tiene a República Dominicana, que ha aprovechado el turismo.

    El turismo es significativo para empoderar un país; el turismo genera oportunidades de desarrollo, directa o indirectamente. Por lo tanto, el que quiera adentrarse en el mundo turístico, ya sea con un hostal, pequeño restaurante, souvenirs, etc., podrá tener ganancias.

    *Fidel López Eguizábal, Docente e investigador Universidad Nueva San Salvador

    fidel.lopez@mail.unssa.edu.sv

     

  • El camino

    El camino

    El Instituto Universitario de Opinión Pública (IUDOP) fue fundado en 1986 por Ignacio Martín-Baró, víctima martirial de la masacre consumada tres años después en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA); está cumpliendo, entonces, cuatro décadas de una valiosa labor. Como parte de la Vicerrectoría de Proyección Social de la citada casa de estudios, según se lee en su portal oficial, desde entonces se ha dedicado al “seguimiento sistemático y científico” del sentir de nuestra población acerca de su “situación social, política, económica y cultural”. A lo largo de su trajinar, ha producido casi doscientos documentos relevantes que incluyen balances anuales y evaluaciones gubernamentales; también pesquisaspreelectorales y poselectorales nacionales y municipales, tanteos a boca de urna, indagacionessobre temas especializados –incluyendo los acuerdos de paz y la minería metálica– y relacionadas con la coyuntura nacional.

    Iniciando los siete años que Nayib Bukele ya permaneció en Casa Presidencial, publicó una exploración sobre las expectativas de la gente antes de que este se instalara constitucionalmente en el Ejecutivo y otra a los primeros cien días en el cargo; además, divulgó un sondeo sobre la epidemia del COVID. Ni como alcalde municipal de Nuevo Cuscatlán ni de San Salvador fue sometido a estos escrutinios; pero del 2019 en adelante, sentado en la silla presidencial por las buenas o por las malas, el IUDOP le ha contado las costillas año tras año.

    Este breve recorrido por la historia de la casa encuestadora jesuita, pretende destacar la solidez de su labor y desmontar los argumentos de quienes en algún momento se les ha ocurrido expresar que la UCA traicionó el legado de “los Ignacios” –Ellacuría y Martín-Baró– junto al de la defensa de los derechos humanos de nuestras mayorías populares desde la trinchera de Segundo Montes. El resultado aprobatorio sobre la gestión de Bukele no responde a tan retorcido juicio; es la opinión de la gente. El cuestionamiento que debemos hacernos tiene que apuntar, más bien, al por qué de ese sentir.

    Yo observo cuatro cosas destacadas. Primera: el hartazgo mayoritario de la población tras los períodos gubernamentales de los partidos Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) y Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), revelado por el IUDOP en junio del 2017: el 68.1 % no quería que el primero regresara y el 63.4 prefería que el otro no continuara. Segunda: la gratitud extendida hacia Bukele por haber neutralizado ‒sin importar cómo‒ el accionar criminal pandilleril; cuando le preguntaron a alguien si no se daba cuenta que así estaba comprando su voluntad, la respuesta contundente fue esta: “mientras esté bien, para qué la quiero”.

    Tercera: el temor a hablar mal del Gobierno o de su único líder, lo cual aparece reflejado en la más reciente encuesta universitaria: arriba del 55 % afirmó que era muy probable y algo probable sufrir “consecuencias negativas” al hacerlo. Antes, en junio del 2025, el IUDOP señaló que el 60% de las personas abordadas confesaron tener más cuidado al compartir con otras su opinión sobre política. Y cuarta: la publicidad oficialista extrema y engañosa, que escomprobable. A las anteriores, agréguese la falta de liderazgos y opciones que innoven con creatividadcierta y capacidad real para generar un proyecto fundado en el respeto de la dignidad humana.

    “Mientras los pueblos no cuenten con poder social, sus necesidades serán ignoradas y su voz silenciada”. Eso aseguró Martín-Baró, considerado el padre de la psicología social de la liberación. Tras la guerra y hasta la actualidad no existió ni existe dicho poder social. Y por eso ni “los mismos de siempre” ‒ARENA y FMLN‒ ni el que sigue haciendo siempre lo mismode forma recargada con nuevas y perniciosas ideas, pueden considerarse alternativas para nuestras mayorías populares. Mucho menos en el marco de unas viciadas elecciones.

    Es, pues, un asunto de poder. Por lógica, un poderoso egoísta no negociará con un débil;  mucho menos acordará cambios estructurales en favor del bien común. La guerrilla salvadoreña ‒con la fuerza política y militar que tuvo‒ se sentó en una mesa de negociación y logró acuerdos que pudieron haber comenzado a cambiar el rumbo de nuestra historia. Pero además de entregar las armas entregó ideales,para sumergirse en el estercolero electorero. Más allá de algunos “programas sociales” de los cuales la gente nunca se apropió, sino hubiera luchado para no perderlos, como partido prefirió tomar distancia delpueblo. Entonces, ¿qué nos queda? Desde mi modesta opinión, aprender de las lecciones pasadas y construir ese poder social desde abajo y desde adentro. Únicamente así podremos pasar de la indignación atomizada a la acción colectiva organizada.

  • Los abominables delitos contra la libertad sexual

    Los abominables delitos contra la libertad sexual

    Uno de los casos más repudiables que he conocido hasta ahora ocurrió en el área rural de la zona oriental, donde en 2012  un sujeto de 40 años de edad violaba sistemáticamente a sus tres hijas, cuyas edades oscilaban entre los diez y trece años. Todo fue del conocimiento público cuando embarazó a la niña mayor y fue detenido y procesado. Durante el proceso se conoció que la madre de las niñas había fallecido y que las pequeñas habían quedado bajo la custodia parental del imputado, quien comenzó a abusar de ellas bajo el criterio que él las mantenía y tenía derechos sexuales sobre ellas. Al final del juicio el juez le impuso 56 años de cárcel y las menores quedaron  con ayuda psicológica y bajo custodia de parientes maternos.

    Otro caso abominable, siempre en la zona oriental, en 2019 un sujeto de 50 y pico de años fue capturado porque bajo los efectos del alcohol golpeó y violó a su madre que ya superaba los 80 años. La Fiscalía General de la República (FGR) logró demostrar con pruebas irrefutables en el tribunal que cada vez que el sujeto se emborrachaba golpeaba a su madre hasta que la abusó sexualmente. Tras la vista pública el juez lo encontró culpable y le impuso 26 años y seis meses de cárcel.

    Las violaciones sexuales están a la orden del día. Es raro el día en que no ocurra un caso en El Salvador. La mayor cantidad de víctimas son menores de edad, especialmente niñas. En un 90 por ciento de los casos el agresor sexual es alguien conocido por la víctima y hasta por la familia. El violador es alguien del entorno con problemas psicosexuales y que se aprovecha de la vulnerabilidad de las víctimas para cometer su agresión sexual, a veces de manera reiterativa y bajo amenazas. En muchos casos el violador está en casa.

    Datos de la FGR indican que entre enero y mayo del presente año hubo 1,198 acusaciones por delitos relacionados con la libertad sexual de las personas, de esos ilícitos uno de los que más prevaleció fue el de violaciones contra menores o incapaces, ya que se dio 183 acusaciones. En ese mismo período, el año pasado, se habían dado 178 casos, es decir, la tendencia se mantiene.

    En el rubro de agresiones a la libertad sexual, el que más prevaleció fue el acoso sexual ya que la FGR presentó 196 acusaciones. Casi un 100 por ciento de las violaciones contra menore o incapaces y de los acosos sexuales fueron cometidos por hombres.

    A los casos de violaciones contra menores o incapaces hay que agregarle los 159 procesos abiertos por agresión sexual en menor e incapaz más 79 imputaciones por otras agresiones sexuales y 40 casos de estupro, 88 por agresión sexual en menor o incapaz continuada, 79 de otras agresiones sexuales más 58 casos de violación agravada en menor y otros delitos.

    Los menores de edad son vulnerables a las malas intenciones y acciones de personas desquiciadas y perturbadas, por eso en el núcleo familiar los padres tenemos la obligación de educar y orientar debidamente a nuestros niños (as). Los menores de edad  tienen que saber cuidarse y saber cuándo y a qué adulto contarle cuando sientan peligros o se perciban incomodados. En ningún lugar nuestros niños (as) están a salvo, pueden ser agredidos en caso, en el parque, en casas ajenas, en la escuela, en la iglesia, en la calle o en cualquier sitio, por eso debemos saberlos orientar y controlar su entorno.

    Sobre sexualidad deben hablarles personas especializadas en las instituciones y centros escolares , así como los padres de familia responsables. El Estado, transversalmente, está obligado a brindar una sistemática campaña de prevención y orientación.

    El violador puede ser cualquiera. No está enquistado en la pobreza ni en la incultura, igual puede ser violador un pudiente o una persona culta. Todos tenemos ocultamente una personalidad desconocida y tras alguien que socialmente pasa como honorable puede existir una persona deplorable e inmoral.

    Un delito de moda es el acoso sexual. Per sé es el delito contra la libertad sexual con más casos en los primeros cinco meses de este 2026. Generalmente los hombres envalentonados por un poder ocasional o por su conciencia desviada de ser superior por ser ente masculino, acosa a las mujeres sin motivo alguno, más que por el placer de exteriorizar sus complejos. Las mujeres, como los hombres, merecen todo el respeto posible, para movilizarse por donde quieran sin que alguien les haga acoso sexual.  Obviamente movilizarse libremente no implica exhibirse sexualmente o perturbar la tranquilidad de otros.

    Un fin de semana quedamos con un amigo de vernos en el Parque Libertad del Centro Histórico capitalino, para ir a un restaurante del sector. En media hora que lo esperé pude ver fácilmente diez casos de acoso sexual y hasta uno de exhibicionismo sexual, lo que muchos han normalizado sin percatarse que es la antesala de una agresión o violación sexual posterior. No debemos normalizar el acoso, tener poder no faculta acosar ni ser hombre tolera esa conducta. Las mujeres (y los hombres) que sientan acoso debe denunciar. Eso sí, con pruebas.

    Los abominables casos violaciones sexuales y los otros delitos contra la libertad sexual en general, sea contra quien sea, deben castigarse con dureza. Los padres de familia debemos educar y orientar adecuadamente a nuestros hijos (as) y cuidarlos. Somos los primeros responsables en llenarlo de valores y  de cuidar a nuestros hijos y garantizarles una felicidad plena por su calidad de niños (as).

    *Jaime Ulises Marinero es periodista  

  • Sociología y vida cotidiana

    Sociología y vida cotidiana

    Por fin, mi buen amigo, Daniel Portocarrero, me ha escrito ‘desde algún lugar de la USA’. Me alegro de tener noticias de él, por un momento creí que lo habían capturado y lo tenían incomunicado y que lo iban a deportar.

    Pero no es así ―me respondió sin que yo le preguntara eso―. Hasta hoy la he librado, porque vivo escondido y ya llevo diez ciudades en las que he vivido desde que empezó esta persecución feroz. Aquí siempre han perseguido a los inmigrantes irregulares, pero ahora se trata de una cosa desquiciante. Vivo oculto y me disfrazo, no sé de qué, pero me disfrazo, rehúyo lugares populosos, donde andan capturando, trabajo solo uno o dos meses en un lugar y cambio. Hace como un mes casi caigo en una redada, todo por culpa de la pinche nostalgia. Caminaba por un parque y me llegó el olor inconfundible de pupusas de chicharrón y no pude contenerme y me fui a meter a ese avispero. Esperé un rato hasta que fue mi turno. Y en el momento en que me dieron el paquete de cuatro pupusas de chicharrón y pagué, alguien grito: ¡la migra, la migra, la migra! Y el desparpajo se armó, yo salí con rumbo desconocido y corrí todo lo que pude sin soltar en ningún momento mis pupusas. Nadie se imagina lo que aquí estamos pasando. Me las fui a comer como a dos kilómetros de allí. ¿Qué sensación experimenté? Sé que me vas a acusar de ñoño, pero fue una delicia enorme comerme esas pupusas en medio de esa aflicción.

    A veces vuelvo la vista atrás y veo el colosal cambio que he experimentado en un par de años ―Daniel ha pasado a otro tema, y decido no contestar hasta que termine su chorro de recuerdos―. Yo tenía mi trabajo estable, era  director de una institución en la que se me respetaba y trataba con cierta consideración. Diecisiete años iba a cumplir de estar allí cuando me lancé a esta aventura. Todo parecía seguro. ¿Por qué lo hice? Ahora sé que por ambicioso. Nunca imaginé que hasta iban a revisar las nacionalizaciones, yo me viene porque me amparé a una seguridad que ahora es incierta. Y si revisan la nacionalización de quien me facilita su sombrilla, cómo no me van fregar a mí. Un día, cuando vi que esto iba en serio, le dije a mi mujer, me largo, prefiero ser un indigente aquí, pero libre. No voy a regresar allá, porque quemé las naves, me hiciste quemar las naves. Y me fui sin decir a donde. Así están las cosas.

    A escribirle iba, cuando un nuevo texto de Daniel emergió: Llevo casi un año de vivir a salto de mata y mi mentalidad ha mutado. Me he dicho que no regresaré al terruño. ¿A qué? Lo vendí todo, todo. No tengo adonde llegar, mi madre está muy anciana para irla a atormentar allá a Candelaria de la Frontera. Goza de buena salud y sé que mi presencia la aterraría. ¿Mis hijos? Están dispersos por el mundo, pero no me arrimaré a ellos. No les estorbaré. ¿Mi mujer? Ha quedado atrás. Como ves, estoy ab-suelto, como vos decís. Sé que en algún momento estaré cercado y mis opciones laborales se reducirán a la mínima expresión. No creás, he pensado en hacerme mendigo, sí, mendigo, y caminar y caminar hasta salir del radio de acción de esta gente. Así que cuando ya no pueda más aquí, buscaré la manera de ‘saltar’ a México, y como el escritor que tanto te gusta, Ambrose Bierce, me perderé en la tierra mexica, donde no me perseguirán.

    Esperé unos segundos y como vi que ya no iba a seguir, pues comencé a responder, pero de nuevo, Daniel soltó otro chorro: Aquí se vive una situación difícil, para varios sectores, pero ustedes también deben prepararse, porque se les puede poner color de hormiga la cosa. Tengo noticias ciertas (de una vecina que cuida a mi mamá y con quien me comunico para saber cómo está ella) de que poco a poco el torniquete económico comenzará a apretar.

    Te lo voy a ilustrar con tres ejemplos. El primero es el del ‘la economía política del huevo’ (¿te acordás de Aquiles que todo lo remitía a la economía política?), ahorita sé que venden en las tiendas cinco huevos por un dólar, eso lleva ratos, pero la vecina de mi mamá dice que, en Candelaria de la Frontera, en Ahuachapán y en Chalchuapa, ya el huevo se está vendiendo en algunas tiendas a cuatro por el dólar. Uy, eso es peligroso, porque toca el estómago de la marabunta laburante. Si llega a tres huevos por un dólar, la verdad, no sé qué pueda pasar. El otro ejemplo es el de la comunicación instantánea que se ha vendido como necesidad vital. Dice la vecina de mi mamá que hace un par de meses el paquete TIGO más barato pasó de un dólar a uno veinticinco y hace un par de días trepó a uno cincuenta. Uf, un cuchillo en el costado ¿Sabías que TIGO es de los chinos? Y el tercero, que aún no ocurre, es que el transporte público en las ciudades puede hacer aguas y quizá comiencen las presiones para subir las tarifas. Bueno, ya voy terminando, no me escribás a este número porque es un móvil descartable, yo lo haré no sé cuándo.

    *Jaime Barba, REGIÓN Centro de Investigaciones

  • Toy Story 5 y algunas lecciones criminológicas relevantes 

    Toy Story 5 y algunas lecciones criminológicas relevantes 

    La semana pasada se estrenó a nivel mundial la quinta entrega de la película infantil «Toy Story» recibí la invitación de mi esposa que la acompañara ya que ella no se ha perdido ninguna entrega, y mientras nos trasladamos al cine me hacia un resumen de cada entrega, sus personajes y varios detalles de gran orientación, sin faltar su sonrisa y emoción que entusiasma. Con la mejor actitud me senté a esperar el inicio, pero no pensé que la película me dejaría tantas enseñanzas y aplicaciones para el diario vivir. Desde la perspectiva de la criminología ambiental, la teoría del aprendizaje social, de las oportunidades y del control social, la trama de la tecnología desplazando a los juguetes tradicionales, nos proporciona varias lecciones fundamentales sobre el delito moderno y la vulnerabilidad social, así como del papel crucial que juegan los padres de familia en este nuevo escenario digital. Comparto algunos de los principios de la criminología que puedo aplicar con relación a la película.

    El abandono del «guardián capaz»: La pantalla como niñera digital

    En la teoría criminológica de las actividades rutinarias, para que ocurra una situación de riesgo se necesita una víctima propicia (niñas y niños), la ausencia de un guardián capaz (padres de familia) y un delincuente motivado. En la película, cuando los niños se sumergen por completo en los dispositivos electrónicos, los padres a menudo asumen un rol pasivo, utilizando la tecnología como una «niñera automatizada».

    La lección: Los padres no pueden delegar la crianza ni la supervisión a un algoritmo. La falta de un guardián digital activo expone a los menores a dinámicas de vulnerabilidad (ciberacoso, acceso a contenido inapropiado) que los juguetes físicos jamás propiciaban.

    El secuestro de la atención y el aislamiento social

    Los juguetes tradicionales fomentan la interacción, la empatía y la resolución de conflictos en el mundo real. La tecnología de última generación mostrada en la película está diseñada bajo la ingeniería del comportamiento para generar dependencia.

    La lección: Los padres deben gestionar el «costo de oportunidad» del tiempo de pantalla. El aislamiento tecnológico debilita la socialización primaria del niño. El rol de la familia es poner límites firmes para evitar que el aislamiento digital se convierta, a largo plazo, en un factor de riesgo para conductas antisociales o depresivas.

    La pérdida del control de datos frente a las corporaciones

    A diferencia de los juguetes físicos, de plástico o acrílico, los dispositivos tecnológicos modernos recolectan datos, graban voces, analizan patrones de juego y predicen conductas mediante inteligencia artificial.

    La lección: La ingenuidad parental es un riesgo de seguridad. Los padres deben actuar como los primeros «oficiales de ciberseguridad» de sus hijos, configurando la privacidad de los dispositivos y entendiendo que un juguete conectado a internet ya no es solo un objeto de entretenimiento, sino una terminal de datos bidireccional.

    La caída programada de aplicación de los valores y la empatía

    El conflicto de los juguetes tradicionales en esta entrega es el olvido absoluto frente a la novedad tecnológica instantánea. Esto refleja la cultura del desecho y la gratificación inmediata.

    La lección: Al permitir que la tecnología desplace por completo el juego clásico, se corre el alto riesgo de normalizar la falta de frustración y la desconexión emocional. Los padres tienen la responsabilidad de rescatar el valor de lo tangible, la paciencia y el cuidado de los objetos y las relaciones humanas, conceptos que los juguetes tradicionales como Woody o Buzz representaban.

    La paradoja de la hiperconectividad y la soledad infantil

    La película ilustra de forma brillante cómo los niños pueden estar «conectados» con miles de usuarios en un videojuego o red social, pero profundamente solos en sus habitaciones y con muchos sentimientos encontrados.

    La lección: La tecnología ofrece la ilusión de compañía, pero carece de soporte emocional real. El rol fundamental de los padres es entender que ninguna tableta o visor de realidad virtual puede sustituir el apego seguro y el tiempo de juego compartido en familia. La prevención del vacío emocional infantil empieza en el suelo de la sala, jugando, no en la tienda de aplicaciones.

    La verdadera amenaza del presente y del mañana no son los juguetes que cobran vida en el anonimato de una habitación, sino la transferencia ciega de nuestra confianza colectiva a dispositivos que recopilan datos sin control ético. Woody nos enseña a cuidar lo que amamos; la criminología actual nos exige proteger el espacio donde nuestros hijos juegan e impulsar el control social informal por medio de la familia, en especial en la labor como padres. La solución preventiva, desde la criminología social, nunca ha sido la prohibición total, sino el fortalecimiento de los lazos. Nuestro deber es asegurar que, al igual que los leales juguetes de Bonnie (personaje principal), siempre haya una red de contención real, cálida y presente esperando, para recordarles a las nuevas generaciones que hay un mundo vital y tangible fuera de las pantallas digitales.

    Agradezco mucho a mi amada esposa por su gran invitación y haberme ilustrado para poder comprender el contexto, y sin duda la acompañaré en la sexta entrega.

    *Por Ricardo Sosa / Doctor y máster en Criminología / @jricardososa