Categoría: Opinión

  • Al cesar el “César”

    Al cesar el “César”

    Muy atinadas han resultado las críticas hechas al evento recién celebrado por Nayib Bukele, el cual se realizó el pasado lunes 19 de enero dentro de un Palacio Nacional cuya estructura –parafraseando al historiador Carlos Cañas Dinarte– la intervinieron de manera agresiva para adecuarla al “gusto” de quien, inconstitucionalmente, tomaría posesión de la Presidencia de la República el primer día de junio del 2024. Meses después, en diciembre, se supo que sus instalaciones fueron alquiladas para la pomposa celebración de una boda; ahora las ocuparon para montar una nueva pantomima oficialista llena de comparsas nacionales y extranjeras, algunas de dudosa reputación: el muy publicitado Desayuno Nacional de Oración por el Salvador, organizado por primera vez en nuestro país.

    De los reparos conocidos por su realización destaca el de Rodolfo Cardenal, director del Centro Monseñor Romero perteneciente a la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas. Ese mañanero banquete tuvo que tragárselo, mediante una insufrible cadena nacional nocturna de radio y televisión, un país cuyas mayorías populares –en palabras de Rodolfo, que obviamente secundo–  “no tienen con qué hacer los tres tiempos”. ¿Qué cantidad de nuestra población no habrá podido cenar esa noche, en medio de las tinieblas de la precariedad y para colmo sufriendo tan insultante ostentación? Por ello, asegura este jesuita, el tan mentado desayuno cargado de hipocresía “se parece a la oración del fariseo”.

    Hay una censura más, también hecha por otro religioso: el padre Juan Vicente Chopín. “Si la casta política organiza un día de oración –sostiene– y su iniciativa es sincera, lo único que pueden pedir a Dios es que le permita cumplir a cabalidad la Ley civil. Si los políticos no hacen esa petición a Dios y, además, en su praxis política no respetan la ley entonces su oración es falsa”. El ejercicio gubernamental actual, empezando por su inconstitucionalidad, encaja cabalmente en lo segundo.

    Estas opiniones coincidentes no deberían ni extrañar ni molestar a nadie, excepto a quienes por conveniencia aplauden a su cada vez más “semidiós” a ojos cerrados y con la mano extendida. Pero también a muchas de las personas que antes sufrían por el azote de la violencia de las maras, mientras sobrevivían en medio de la exclusión y la desigualdad en las que aún permanecen aunque ya sin el accionar delictivo de esos grupos criminales que provocaron tanta sangre y dolor. El tamaño del mal padecido por esta población es proporcionalmente directo a la gratitud por su superación; de ahí que, si usted le habla de las violaciones al Estado de derecho que se han cometido y se están cometiendo, no logrará conectarla con ese discurso y mucho menos que se insurreccione; lo hará cuando le duela aún más su estómago deshecho, por un ayuno injusta y estructuralmente generado.

    Pero, retomando la puesta en escena referida al inicio de estas líneas, la superación de la violencia pandilleril no debe asociarse con un “milagro” como lo manifestaron durante la misma Bukele y un par de congresistas gringos que participaron en la actividad sin darse cuenta ‒espero‒ del montón de vivianes que los rodeaban. Es amplísimamente conocido, dentro y fuera de El Salvador, lo que está a la base de la alardeada “guerra contra las maras”: una negociación al inicio oculta que, según aseguran fuentes que no han sido certera y contundentemente desmentidas, arrancó desde hace más de una década. Esta se desmoronó a finales de marzo del 2022 y dio paso al régimen de excepción que, como ocurrió en los tiempos más aflictivos transitados en el país durante la dictadura militar del siglo pasado, se prorroga y prorroga.

    Eso no tiene nada de sobrenatural. Al contrario. De forma más que mundana y tramposa, era indispensable saltarse la separación de poderes y controlar todo el aparato estatal. Los órganos Legislativo y Judicial, el Ministerio Público, la Corte de Cuentas, las municipalidades, el Tribunal Supremo Electoral, el Instituto de Acceso a la Información Pública y el Tribunal de Ética Gubernamental. ¡Todo! Y así pasó. Para ello, hubo que contar con la contribución decisiva de un anuente “alto mando” de las maras y el voto de sus tropas en las urnas.

    Por eso, a quienes desde el púlpito que ocupan le aplauden al poder y además se atiborran con las viandas que ‒pagadas con nuestros impuestos‒ desayunan en lujosas mesas, el pastor Mario Vega les advierte que la Iglesia “puede orar por las autoridades, pero no debe bendecir la mentira”; “puede agradecer los bienes comunes, pero no debe callar los abusos”. “Al César lo que es del César”, indicó Jesús; pues habrá que meterle ganas para que podamos un día decirle a aquel “y adiós… ¡que te vaya bien!”.

  • Estafas y extorsiones desde cárceles de Colombia

    Estafas y extorsiones desde cárceles de Colombia

    Un fin de semana hace unos 15 años me encontraba en mi casa cuando recibí una llamada telefónica anónima de un sujeto que dijo conocerme y que me pedía 200 dólares para no hacerle daño a mi hija. Me pareció interesante y le saqué plática al sujeto quien usaba un léxico propio de los pandilleros.

    Me pareció interesante porque el sujeto me trató por mi nombre, pero yo no tengo hijas, solo hijos.  Terminé burlándome del sujeto, pero con la intriga de cómo sabía mi nombre y mi dirección, aunque era lo único que conocía, pues desconocía mi lugar de trabajo y otras particularidades. Cuando le dije que no tenía hijas y que ya sabía que me estaba llamando desde el Centro Penitenciario La Esperanza (Mariona) me colgó. Alargué la plática precisamente para ubicar la zona de origen, pues en la pantalla del aparato me salía que era un número privado.

    Puse la denuncia en la Fiscalía General de la República (FGR) y el resultado de la investigación fue que los pandilleros tenían acceso a un directorio telefónico y a llamadas ilimitadas desde el penal. Además, tenían sus contactos afuera responsables de darles información de sus potenciales víctimas y de recoger el dinero producto de la extorsión. Al siguiente año mi número telefónico ya no fue del conocimiento público.

    La Fiscalía no logró individualizar al pandillero que trató de chantajearme ni a sus contactos dentro y fuera del penal. Era obvio que personal administrativo y de seguridad del Mariona también eran sus cómplices, pues en mi caso la plática duró cerca de 15 minutos aunque supuestamente los reos tenían derecho a llamadas que no pasaban de los tres o cinco minutos. Las investigaciones arrojaron que a diario hacían entre diez y 20 llamadas extorsivas.

    La promesa de la Fiscalía fue que me iban a llamar a declarar en calidad de víctima cuando concluyeran las investigaciones y desmantelaran la red de extorsionadores. 15 años después sigo esperando a que me llamen.

    El sábado pasado el Presidente Nayib Bukele dio a conocer que desde un penal de Colombia se realizaban llamadas telefónicas extorsivas a salvadoreños, a quienes les ofrecen trabajo u otras prestaciones a cambio de ciertas cantidades de dinero.

    El mandatario aseguró que en El Salvador no hay cárteles de secuestradores y drogas, pero que desde la prisión de Cómbita, en el departamento de Boyacá, Colombia se realizan las llamadas que buscan chantajear no solo a salvadoreños, sino también a panameños, hondureños, costarricenses, dominicanos, peruanos, bolivianos, argentinos, chilenos y otros latinoamericanos.

    Los reos colombianos se hacían pasar por empleadores para ofrecer trabajo a decoradores de  interiores, albañiles, carpinteros, fontaneros, constructores y otros, a quienes lograban engañar y pedirles sumas de dinero, a veces bajo amenazas. Según Bukele pocos salvadoreños cayeron en la trampa e hicieron depósitos, por lo que instó a los compatriotas a no caer en las argucias psicológicas, pues no hay ningún peligro real.

    El ministro de Seguridad salvadoreño, Gustavo Villatoro, culpó a la “flojera” de Colombia para tratar a sus reos y en esto tiene justa razón. Las extorsiones desde los penales salvadoreños se realizaban por el sistema permisivo de los anteriores gobiernos que les facilitaban hacer llamadas desde teléfonos institucionales, incluso desde celulares los cuales les eran permitido a algunos reclusos privilegiados.

    Recordemos que antes los reos tenían acceso a prostitutas, licor, cine, orquestas musicales, bailes, celulares, sexo, salidas clandestinas, banquetes, visitas sin mayor control y una serie de beneficios que les permitían tener una vida holgazana y delictiva. No se trata de violarles sus derechos humanos a los reclusos ni tener encerrada a las personas inocentes (a quienes debe hacérseles justicia y liberarlas si no hay pruebas), pero se trata de aplicar un régimen acorde a las exigencias de la seguridad penitenciaria.

    En países europeos las cárceles son verdaderos centros de reinserción social, pero en América Latina, cultural, jurídica y técnicamente aún no lo son. Al contrario, hace años las cárceles en El Salvador eran sitios donde los delincuentes perfeccionaban sus conocimientos delictivos. Desconozco la realidad penitenciaria en Colombia, pero a juzgar por lo ocurrido en la cárcel de Cómbita (en Boyacá), es de suponer que hay permisividad que puede estar acompañada de corrupción estatal.

    A raíz de la denuncia que hizo Bukele, el gobierno colombiano ha decidido bloquear la señal telefónica en tres penales de ese país, a saber: Cárcel Cómbita (en Boyacá), donde se han detectado más de 100 teléfonos móviles en manos de reos; cárcel en Valledepar (en el departamento de Cesar); y cárcel de La Dorada (en Caldas).

    Al anunciar el bloqueo de la señal telefónica, el ministro de Justica Andrés Idárraga, señaló que su país no puede permitir que el flagelo de la extorsión se naturalice y mucho menos que se expanda a Centroamérica.

    La verdad es que los salvadoreños no debemos ser ni tan ingenuos ni tan ambiciosos. Las redes sociales están llenas de contenidos falsos y de empleadores mentirosos. En las redes sociales  y vía llamadas telefónicas  (mensajes por whatsapp) muchos pícaros se aprovechan de la necesidad, ingenuidad y ambición de algunas personas para estafarlos o extorsionarlos. Si alguna vez detectamos que pretenden estafarnos o extorsionarnos debemos denunciar ante las autoridades de seguridad pública o ante la Fiscalía. Debemos verificar que toda oferta laboral es legal y para ello basta llamar al Ministerio de Trabajo.

    Amigos lectores no permitamos que nadie nos engañe, mucho menos que nos estafen o extorsionen. Ponernos a salvo, a veces, pasa por evitar las ambiciones y no ser tan ingenuos.  La denuncia es nuestra arma letal contra los delincuentes.

    *Jaime Ulises Marinero/Periodista

     

     

     

  • Preservar el sentido humanitario en un mundo desigual y automatizado

    Preservar el sentido humanitario en un mundo desigual y automatizado

    El cambio está cada vez más orientado hacia la especulación financiera y menos hacia la creación de capacidades, con conciencia crítica y humanitaria, que tengan presente a todo ser humano en toda su integridad, sobre todo en el uso de las realidades terrenas, lo que nos demanda otras leyes morales y sociales, que reconsideren las diversas situaciones, ante un crecimiento mundial pobre, que lo único que fomenta es la desigualdad entre zonas. Por tanto, es una injusticia que los países menos adelantados reporten flujos estancados o en descenso, lo que agrava las brechas de financiamiento para el desarrollo. Además, sin medidas para reactivar la inversión productiva, los flujos seguirán concentrándose en pocas regiones y sectores, limitando su aporte al avance global.

    Ciertamente, si la inflación baja, pero la inversión es moderada y la incertidumbre persiste, el costo de la vida continúa siendo un desafío global, instándonos a repensar sobre los riesgos de suministro, que nos reclaman por sí mismo, un enfoque más coordinado de las políticas monetarias, fiscales y generales, de forma que se ampare a los grupos de población más vulnerable. En este sentido, los anhelos sectoriales también desempeñan un papel vital, porque amplían la capacidad humanística con sus sistemas de producción, fortaleciendo las cadenas de suministros, especialmente en alimentos, energía y logística. Indudablemente, una acción coordinada entre manejos mercantiles, fiscales e industriales será fundamental, para gestionar los precios sin comprometer la estabilidad.

    En consecuencia, hoy más que nunca se precisa una coordinación global profunda y una acción colectiva decisiva. La mejora sostenida y sustentada, dependerá de reconstruir la confianza y de vigorizar la previsibilidad, renovando compromisos, con un sistema multilateral de comercialización abierta, basado en normas; considerando a la juventud, que representa más de la mitad de la población mundial, como uno de los principales motores de la innovación y del progreso. Sin embargo, muchos jóvenes siguen enfrentándose a obstáculos constantes que les impiden reconstruir el futuro que desean, como la pobreza y la diferenciación extrema o el acceso limitado a una educación de calidad y a un trabajo digno.

    Sea como fuere, el momento actual es de transformación radical, inducido en parte por la revolución tecnológica, lo que debe estimular a que los aprendices cooperen en la creación conjunta de sistemas educativos modernos, pertinentes e inclusivos, para que la docencia y el aprendizaje respondan realmente a sus aspiraciones. En efecto, las personas menores de treinta años representan más de la mitad de la población mundial. Son una fuerza motriz que requieren de empleos dignos. A mi juicio, para conseguir este objetivo equitativo y universal, el liderazgo instructivo es esencial para un adiestramiento contributivo con las circunstancias que vivimos. De lo contrario, tampoco lograremos alcanzar la igualdad de género y mucho menos romper con el ciclo del descarte.

    Para responder a estos retos actuales, hay que llamar la atención sobre la importancia de la responsabilidad moral, basada en la dignidad y en la innata vocación humanística del sujeto, como ciudadano de bondad y bien, máxime en un orbe heterogéneo y computarizado como jamás. La dimensión ética es cardinal, ya que son las gentes las que diseñan los sistemas y determinan para qué se utilizan. De hecho, al igual que la especulación financiera, con la ganancia fácil como fin fundamental, sigue causando estragos; igualmente, la inteligencia artificial, puede deshumanizarnos por completo. Porque lo que mide la perfección del individuo, no radica en los conocimientos adquiridos, sino en la capacidad de servicio, lo que revela nuestra humanidad, que es lo que nos hermana y armoniza.

     

  • Presidente Bernardo Arévalo entre la corrupción, impunidad y la indecisión

    Presidente Bernardo Arévalo entre la corrupción, impunidad y la indecisión

    Guatemala atraviesa hoy uno de sus momentos más oscuros en la historia reciente. Mientras el calendario esta por finalizar el mes enero de 2026 y el presidente Bernardo Arévalo cumple sus primeros dos años de gestión, la sensación en las calles no es de todo lo que ofreció durante su campaña, una serie de ideas de escritorio, soñadoras y frazadas por gobiernos de izquierda. Con exactamente la mitad de su mandato por delante, el gobierno se encuentra en una encrucijada donde la retórica de la transparencia ya no alcanza para frenar las balas, extorsiones y mas de 3,000 homicidios durante el año 2025.

    La reciente declaratoria de Estado de Sitio a nivel nacional, tras el asesinato de diez agentes de la Policía Nacional Civil , cinco mas heridos de gravedad los motines coordinados en prisiones como Renovación I y el Preventivo de la Zona 18, es la evidencia de un fracaso previo. Durante meses, se denunció la ausencia de una política criminal clara. Lo que hoy vemos es la reacción desesperada de un Estado y gobierno que permitió que el crimen organizado y las pandillas, especialmente el Barrio 18 y la MS-13convirtieran las cárceles en centros de comando con beneficios que rayan en lo insultante: desde aire acondicionado, comida de restaurantes y rápida hasta  en los tres tiempos, servicios de mensajería privada, cable, redes sociales y más.

    El gran pecado de la administración Arévalo no ha sido solo la falta de mano firme, sino la aparente desconexión entre su agenda anticorrupción y la seguridad ciudadana, y no desmantelar las redes de corrupción. Mientras el Ministerio de Gobernación intenta ahora «aislar» a los líderes, el ciudadano de a pie se pregunta por qué se tuvo que llegar a una masacre de policías para que el gobierno entendiera que con el terrorismo de las pandillas no se negocia. La percepción de una falta de voluntad política es palpable; se percibe a un Ejecutivo que teme al costo político de las medidas de control estricto, mientras las extorsiones siguen siendo el impuesto más efectivo (y letal) del país.

    En Guatemala el sistema penitenciario ha operado bajo un régimen de «autogobierno» que el actual gobierno no ha sabido desmantelar con la celeridad que la crisis exigía. La fuga de 20 pandilleros de alta peligrosidad a finales de 2025 fue el primer gran aviso de que el sistema estaba podrido por dentro, y la respuesta fue, de nuevo, lenta y burocrática. Y hasta el momento hay ex funcionarios prófugos y otros que siguen con sus empleos.

    A Bernardo Arévalo le queda la mitad de su periodo. En política, eso es un suspiro. Si en estos próximos dos años no se logra transitar de los Estados de Sitio temporales a una reforma penitenciaria estructural —que incluya la finalización de las cárceles de máxima seguridad prometidas y el corte total de señales y privilegios—, su legado no será el de la utopía democracia recuperada, sino el del gobierno que, por indecisión, cobardía y actos de corrupción entregó el territorio a la gobernanza criminal.

    El presidente Arévalo es un testimonio mas de los fracasos de los gobiernos de izquierda y de funcionarios que desconocen de seguridad y que les encanta quedar bien con organismos internacionales pero no con sus ciudadanos. Todo lo que crítico y dijo que no haría, en una semana es lo que ha hecho. No hay coherencia en sus acciones y las capturas no refleja que tengan los niveles de inteligencia o quizás no se quiere combatir por posibles implicaciones con el crimen organizado. Criticar es fácil.

    *Por Ricardo Sosa / Doctor y máster en Criminología / Experto en Seguridad Nacional

  • #MeToo, Julio Iglesias y la violencia que llamamos “normal”

    #MeToo, Julio Iglesias y la violencia que llamamos “normal”

    Últimamente hemos estado escuchando y viendo en los medios la denuncia formal por acoso sexual y otros abusos presentada por dos exempleadas contra el famoso cantante español Julio Iglesias. La denuncia también menciona otros supuestos delitos conexos, como trata de personas y vulneración de derechos laborales. Aunque el caso aún se encuentra en una fase preliminar, mientras la fiscalía determina si puede investigarlo y si la jurisdicción española es la competente, ya nos invita a reflexionar sobre un tipo de violencia cotidiana, invisible e impune en muchas sociedades, como la nuestra, que afecta primordialmente a alrededor del 35% de las mujeres en el mundo.

    En muchos países, las denuncias de acoso sexual en la escuela, el trabajo o los espacios públicos son frecuentes, pero rara vez se reflejan en estadísticas oficiales globales y comparables. Una de las principales razones de esta ausencia de datos que reflejen la verdadera magnitud del problema es precisamente la falta de denuncia. En un estudio sobre acoso sexual entre profesionales de la salud en España se encontró que dos de cada tres personas agredidas no denunciaron a su agresor: en el 45% de los casos por temor a ser acusadas de exagerar y en el 40% porque creían que la denuncia no serviría de nada.

    El acoso sexual es una forma de violencia que sigue siendo invisible y que afecta, en su gran mayoría, a mujeres en posición de dependencia frente al poder. Es el contexto en el que se inscribe la conducta del mencionado personaje, que se ha jactado de haber tenido sexo “consensual” con más de tres mil mujeres. Por ello ha sido tan importante el movimiento #MeToo para realzar y visibilizar este problema. En 2006, la activista afroestadounidense Tarana Burke creó “Me Too” como proyecto para acompañar y sanar a sobrevivientes de violencia sexual, especialmente niñas y mujeres negras de comunidades empobrecidas. Su objetivo era el “empoderamiento a través de la empatía”.

    En octubre de 2017, tras las denuncias masivas contra el productor Harvey Weinstein, la actriz Alyssa Milano invitó en Twitter a que las mujeres que hubieran sufrido acoso o agresión sexual escribieran “MeToo”, dando origen a una ola global del hashtag. En cuestión de días, #MeToo fue tendencia en decenas de países, se usó cientos de miles de veces en 24–48 horas y generó variantes locales en otros idiomas (por ejemplo, #MiráCómoNosPonemos en Argentina). #MeToo rompió el silencio sobre el acoso y la agresión sexual en el trabajo, la política, el deporte, los medios y el ámbito académico, mostrando la magnitud del problema y cuestionando la “normalización” de estas conductas. El movimiento modificó normas informales: aumentó el escrutinio social hacia figuras de poder, impulsó protocolos internos en empresas y organizaciones, y fortaleció redes de apoyo y credibilidad hacia las víctimas.

    El acoso sexual suele definirse como conductas de naturaleza sexual no deseadas (comentarios, insinuaciones, chantaje, contacto físico, solicitudes de favores sexuales) que crean un ambiente hostil, humillante o intimidante, especialmente en contextos de poder asimétrico. En términos epidemiológicos, el acoso sexual es una forma de violencia sexual muy frecuente, profundamente subregistrada y con patrones claros de género, edad y poder.

    Diversas encuestas internacionales estiman que alrededor de una de cada tres mujeres ha sufrido algún tipo de violencia física o sexual a lo largo de su vida, y en muchos estudios sectoriales entre el 20% y el 60% reportan experiencias de acoso sexual en el trabajo, la escuela o espacios públicos, aunque estas cifras son conservadoras por el fuerte silenciamiento y la falta de denuncia. La carga recae sobre todo en mujeres y niñas, con mayor riesgo en la adolescencia y la adultez temprana, cuando coinciden la entrada al mundo laboral, la dependencia económica y normas de género que tienden a culpabilizar a la víctima y proteger al agresor.

    El acoso aparece con especial intensidad en contextos jerárquicos (salud, academia, justicia, fuerzas armadas, servicios), donde la dependencia del empleo, de una beca o de una calificación académica facilita la impunidad y reduce la probabilidad de denuncia, creando una brecha importante entre la experiencia real y los registros oficiales. Desde la salud pública, el acoso sexual se asocia con depresión, ansiedad, trastorno de estrés postraumático, consumo problemático de sustancias y síntomas físicos diversos, además de ausentismo, abandono de estudios o del empleo y pérdida de ingresos, lo que traduce la violencia cotidiana en una carga significativa para los sistemas sanitarios y las economías. Por todo ello, la epidemiología del acoso sexual no se limita a contar casos: obliga a analizar determinantes estructurales (desigualdades de género, jerarquías laborales, normas culturales) y a reconocer que el subregistro masivo es, en sí mismo, uno de los rasgos centrales del problema.

    Estaré gratamente sorprendido si a don Julio le quitan lo de donjuán, pero lo dudo.

  • Las Fuerzas Armadas de Cuba

    Las Fuerzas Armadas de Cuba

    En las últimas semanas un número importante de compatriotas ha demandado a quienes componen los institutos armados de Cuba, que actúen cívicamente y derroquen el castrismo, una salida honorable para quienes han sido la verdadera columna del totalitarismo insular.

    Los que han padecido el castrismo dentro de la Isla siempre pudieron apreciar que un oficial de la seguridad del estado disfrutaba de más prerrogativa que su par de cualquier otro cuerpo armado, aunque mostrara una menor graduación. La policía política era una especie de aristocracia con capacidad para intimidar a muchos generales y doctores, diría el novelista Carlos Loveira.

    No obstante, el proceso contra el general Arnaldo Ochoa y otros oficiales demostró que, aunque la policía política era la que mostraba los dientes a la población, siempre presta para desgarrar a la oposición sin considerar edad o sexo, era verdaderamente el ejercito la columna vertebral del totalitarismo.

    Altos funcionarios como Ramiro Valdés, “El carnicero de Artemisas” quien valiera como uno de los principales confabulados entre los Castro y Hugo Chavez, forjo un aparato de alta eficiencia represiva, pero con un elevado poder corrosivo que se evidencio en un proceso en el que, si bien, el fusilado de mayor graduación fue un general del ejército, la mayoría de los encartados provenían de las altas esferas del ministerio del Interior, siempre vinculados a tramas de tráficos que el régimen perseguía públicamente pero que promovía en silencio para obtener ganancias que eran ilícitas en la ilegalidad socialista.

    El sistema cubano ha estado históricamente sostenido sobre una imponente mentira y un fabuloso fraude en el que todos los uniformados han cumplido un rol muy importante, por eso, me sorprendería que actuaran en contra del nocivo entramado que han ayudado a construir, los militares cubanos han sido tan nefastos para el país como los propios cuerpos de seguridad.

    No se debe olvidar que el presente aparato militar cubano fue creado por los Castro en 1959, tal y como hizo Fulgencio Batista en 1933 después de los sucesos del 4 de septiembre, interesante, en aquel momento ambos déspotas disfrutaban de amplio respaldo popular para construir sus guardias pretorianas y desmontar las fuerzas armadas que encontraron cuando tomaron el poder.

    El ejército de los Castro ha sido más despiadado y violatorio de la dignidad humana que cualquier otra fuerza militar que haya operado en la República, comparable a las huestes de Valeriano Weyler que en los noventa del siglo XIX impuso la reconcentración campesina, gestión repetida en los sesenta y setenta del siglo pasado por Fidel y Raul.

    Además, no debemos pasar por alto que como la sociedad cubana esta militarizada, más del 70 % de la alta dirigencia isleña es de extracción castrense, e igualmente un número considerable de miembros del Comité Central del Partido son militares.
    Por otra parte, y muy importante, los apetitos imperiales de los Castro siempre fueron satisfechos por los militares que, de manera encubierta, o actuando como gendarmes internacionales, intervinieron en tres continentes sin que se produjera ningún cuestionamiento a los dictados del tirano.

    Un aspecto notable es la importante vinculación de los militares cubanos en negocios de gran rentabilidad como lo ha venido haciendo desde su constitución el Grupo de Administración Empresarial, mas conocido como GAESA un conglomerado de empresas que maneja sectores claves  de la economía que incluye el turismo, comercio minorista, finanzas y telecomunicaciones, un grupo de militares que manejan miles de millones de dólares sin una fiscalización verdadera  porque ellos son la máxima autoridad del país, a la vez que operan  los  servicios de inteligencia y seguridad.

    Las fuerzas armadas castristas, esto tal vez no sea correctamente político, pero me cuesta calificarlas como de Cuba, aparentan una inquebrantable lealtad, motivada, quizás, por devoción a la memoria del “máximo líder”; otros por la pasión que les embargó cuando cumplían funciones pretorianas a miles de millas de las costas de Cuba, sin que falten quienes sirvan por convicciones políticas y, para no incurrir conscientemente en una injusticia, es probable que no falten los que están a la espera del momento oportuno para exclamar, ¡Basta!  y derroquen la tiranía, o lo mas probable, los generales, doctores y sus proles, interesado en disfrutar las riquezas robadas a plenitud, sean los que actúen gracias a una oportuna conciencia de compromiso con los derechos humanos y la democracia.

  • El Salvador en busca del desarrollo y la democracia

    El Salvador en busca del desarrollo y la democracia

    Cada gobierno ha buscado a través de diferentes planes, encontrar la fórmula para que El Salvador pueda alcanzar la prosperidad. Podrá sonar utópico; sin embargo, se debe hacer un análisis FODA de lo que cada presidente realizó. Los salvadoreños hemos sufrido genocidios, guerras, terremotos, temporales, la pesadilla de las pandillas, etc. Y, siempre salió adelante. Siempre hubo una luz al final del túnel.

    La firma de Los Acuerdos de Paz entre el Gobierno y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) fue un acontecimiento histórico de bastante envergadura en El Salvador. Antes de ello, se suscitaron acontecimientos que debilitaron o aniquilaron la democracia. Ejemplo de lo que realizó el expresidente Maximiliano Hernández Martínez (el asesinato de miles de campesinos).

    El hecho de firmar la paz el 16 de enero de 1992, no fue la erradicación de todos los problemas. La democracia salvadoreña estaba en pañales, empezó a resurgir una nueva forma de gobernar; empero, la corrupción, la delincuencia, las pandillas, las extorsiones y otros males, empezaron a aflorar. Antes, de la firma de la paz, hubo fraudes electorales de parte de gobiernos militares, hubo represión y un desbordamiento de las clases populares al no sentirse representadas o escuchadas.

    En ese devenir, muchos mandatarios (de corte militar) realizaron retrocesos democráticos en el llamado Pulgarcito de América, se ejecutaron golpes de Estado y se impuso una forma de gobernar represiva. Los pensamientos ideológicos o políticos han sido variados. Además, en tiempos del conflicto armado se ejecutaron a jesuitas, a Monseñor Romero, entre otros. Los salvadoreños hemos sido resilientes, pero raras veces olvidamos los yerros cometidos en la historia.

    Actualmente, el presidente Nayib Bukele logró erradicar el cáncer de las pandillas. Un punto muy importante para poder vivir en paz y seguridad. Podrá haber discrepancias al respecto; por ejemplo, que Bukele tiene a su favor los tres Poderes del Estado.

    Vivir democráticamente no es fácil en un país como El Salvador que ha experimentado todo tipo de problemas. ¿Qué es democracia? Según el diccionario de la Real Academia Española, democracia es: “Sistema político en el cual la soberanía reside en el pueblo, que la ejerce directamente o por medio de representantes”. La soberanía la puede tener el pueblo, pero la puede robar el mandatario que anhela aniquilar la democracia.

    La democracia total no existe, tampoco hay gobiernos perfectos. En El Salvador han gobernado presidentes con una variedad de ideologías, desde presidentes militares impuestos, corruptelas, votaciones amañadas y un sinfín de delitos a los derechos humanos hasta gobiernos de izquierda, de derecha, y el que actualmente nos gobierna con la insignia de hacer un Nuevo El Salvador.

    Algunos indicadores positivos, según el Banco Mundial, manifiesta que el turismo salvadoreño ha dinamizado la economía, el sector construcción ha despegado (hay muchas fuentes laborales), la economía presenta un breve crecimiento en el presente año. El Producto Interno Bruto ha mostrado una mejoría. Lo que debe poner atención el gobierno es apostarle más a la educación (calidad educativa), mejorar los sistemas de salud, apostarle más a la agricultura y erradicar la pobreza (…). Se evidencia que en educación anhelan hacer cambios. Algo que es difícil controlar son las migraciones hacia países con mejores oportunidades.

    Un punto importante es que la economía salvadoreña se mantiene gracias a las remesas, eso es un alivio para muchas familias. Para tener desarrollo, un país debe tener más inversión extranjera. Y, eso es lo que se espera de este gobierno.

    ¿Queremos vivir en democracia y desarrollo? La respuesta la tiene cada ciudadano que ha vivido un vaivén de gobiernos de diferentes ideologías. Algunos gobernaron imponiéndose y otros llegaron al poder a través del voto.  El camino hacia el desarrollo radica en que todos los sectores se unan. Si algo marcha mal, es necesario que se diga para no cometer los mismos errores del pasado.

    Para poder tener un país ideal, es necesario que la democracia y el desarrollo vayan de la mano. No puede haber desarrollo sin democracia. Nadie quiere volver a guerras fratricidas o a la sumisión que tenían las pandillas hacia el pueblo. Queremos desarrollo, oportunidades laborales, educación de calidad, etc. Todos queremos tener un mejor país, para ello, debemos de empujar al unísono el barco.

    *Fidel López Eguizábal, Docente e investigador Universidad Nueva San Salvador  fidel.lopez@mail.unssa.edu.sv

     

     

  • Lo admita o no, Trump solo tiene una opción en Venezuela

    Lo admita o no, Trump solo tiene una opción en Venezuela

    Reducir los peligros geopolíticos contra EE UU, es decir, limitar la influencia de Irán, China y Rusia –probablemente en ese orden–, es motivo suficiente para que alguien como Donald Trump ordene la extracción de un dictador en Sudamérica. Nicolás Maduro era cliente para un desalojo intempestivo sin necesidad de ninguna invasión militar. Y así actuó el mandatario republicano, removiendo la pieza que faltaba para controlar mejor el tablero.

    Con la caída del sucesor de Hugo Chávez, no obstante, se abre otro abanico de posibilidades. Ya sabemos que Trump carece de credenciales democráticas y hasta de los escrúpulos mínimos para esconder esa carencia. También sabemos que su temperamento es volátil; su ego, descomunal, y sus ansias de dominio, alucinantes. No tiene empacho en decir lo que piensa porque nunca ha tenido necesidad de pensar en lo que dice. Sus límites, lo ha expresado él mismo, dependen de lo que él llama su “propia moralidad”, afirmación que será tema de debate entre psicoterapeutas y filósofos del derecho, a buen seguro, en los años por venir.

    Pero Donald Trump, como cualquier político huérfano de cualidades de estadista, sí tiene temores. Teme a los desafíos reales a su poder. Y además posee un aguzado olfato para entender los tiempos en que ese poder puede realmente ser desafiado. Las elecciones de medio término, el próximo noviembre, ejercen en el presidente un condicionamiento verdadero, porque para entonces debe presentar logros tangibles en casi todos los frentes que su desmesura ha abierto.

    Y es justo aquí donde la democracia en Venezuela puede colarse: en esa pequeña rendija que se ubica entre el narcisismo insoportable y el realismo electoral. Si personajes como Marco Rubio han conseguido empujar a su jefe por la ruta del golpe quirúrgico y exitoso, ahora están obligados a proponer la larga operación de la restauración democrática como una herencia noble y duradera. No porque a Trump le interesen los venezolanos, sino porque le importa lo que la posteridad diga de él.

    Y un fracaso clamoroso en la tierra de Bolívar no solo es ahora una posibilidad –amén de un pésimo legado–, sino que el fuego de charlatanería emitido por la Casa Blanca ya volvió palpable esa dura contingencia para muchos observadores, dentro de Venezuela y en el mundo. Llegó el momento que la retórica de fanfarrón de barrio se trueque en pragmatismo y habilidad, incluso para beneficio del mismo Trump.

    Descartar a María Corina Machado como actor clave en la transición venezolana fue, ahora lo sabemos, un desacierto político y un infantil desahogo emocional (premio Nobel de por medio). Sin embargo, como era esperable, alguien finalmente le dijo a Trump que aquel berrinche tenía sus consecuencias. Machado, sí o sí, tendrá que volver a Caracas y liderar la reconstrucción de su país, sea con la venia o con la renuencia del presidente norteamericano.

    Mucho antes de eso, es verdad, hay que cubrir el riesgoso vacío de poder que dejó Maduro. El chavismo residual, encarnado de momento en Delcy Rodríguez, es la cabeza de turco necesaria para este propósito. Sin alguien como ella, el desmantelamiento de la estructura opresora en Venezuela obligaría a una ocupación militar, a corto o mediano plazo. Y nadie quiere eso. Ni siquiera Trump; menos todavía sus votantes.

    Pero poner orden en los cuarteles es muy distinto a gobernar hacia la democracia. Esa tarea no puede llevarla a cabo ninguna figura del régimen caído, entre otras cosas porque nadie de ellos sabe qué significa Estado de derecho, separación de poderes o rendición de cuentas. Con quien sea que Washington negocie el tutelaje de este periodo, ese alguien debe saber que su misión tiene fecha de caducidad.

    Tras la fase de estabilización que impedirá el colapso del país, a renglón seguido, ojalá más temprano que tarde, EE UU tendrá que dar protección y respaldo in situ a la oposición legítima que venció a Maduro en las urnas en julio de 2024. Y este acompañamiento tendría que compartirse con otros vecinos de la región. Una presencia avasalladora estadounidense es desaconsejable.

    Reconocer estas condiciones elementales constituye la base de una transición exitosa. Si en serio se ha optado por guiar desde EE UU la primera estabilidad, con la promesa de construir la base de una democracia plena, la figura de Rodríguez es solo instrumental, mientras que la de Machado es esencial. Pero en tanto se arriba a ello, al pasado chavista le toca asumir hoy los riesgos de los desmontajes prioritarios.

    La liberación –no la mera excarcelación– de prisioneros políticos es innegociable, igual que el desarme de los colectivos motorizados bajo el mando de Diosdado Cabello. A los todavía desafiantes hay que limitarles sus opciones: unirse a la guerrilla colombiana en la frontera, atreverse a una infructuosa resistencia militar interna o ir a prisión. Lo importante es que cada remanente sepa a qué se atiene si desafía el interinato de Delcy Rodríguez.

    Al mismo tiempo, la base social opositora debe recibir los mensajes correctos, no más confusión. Como ha escrito Andrés Izarra, antiguo miembro del gabinete de Chávez, “el triunfo de Trump fue sacar a Maduro del volante con el auto andando y sentarse él”. Cierto. El problema es que no solo ha seguido su marcha, sino que este automóvil –llamado Venezuela– solo tiene una meta posible: la democracia. Cualquier otro destino es una colisión… y será mortal para quien vaya a bordo, aunque se apellide Trump.

  • La Era de la Verificación Rota: Por Qué 2026 Marca el Fin de la Reputación Como la Conocíamos

    La Era de la Verificación Rota: Por Qué 2026 Marca el Fin de la Reputación Como la Conocíamos

    I. El Momento Grok: Cuando Se Rompió la Última Línea de Defensa

    El 13 de enero de 2026, mientras los ejecutivos de xAI celebraban el lanzamiento de Grok Image Gen 2, algo inesperado sucedió en X. En menos de dos horas, más de 15,000 imágenes sexualizadas no consentidas inundaron la plataforma. No eran hackers sofisticados ni grupos criminales organizados. Eran usuarios ordinarios que simplemente etiquetaban a Grok en una publicación.

    Lo que siguió fue descrito como el «momento Cambridge Analytica para la IA generativa», marcando el fin de la autorregulación de la industria. California y Canadá lanzaron investigaciones simultáneas, convirtiendo esto en la primera prueba importante de la ley AB 621 de California, que impone daños civiles de hasta $250,000 por víctima de deepfakes no consentidos.

    Pero aquí está el verdadero problema: el geobloqueo implementado por xAI el 14 de enero no solucionó nada. Los filtros regionales pueden evadirse con VPNs. Los reguladores buscan cambios sistémicos en los pesos del modelo, no parches superficiales. Lo que revela esta crisis es más profundo y perturbador: hemos entrado a la era de la «verificación rota», donde probar qué es real se ha vuelto el producto más valioso del mercado.

    Para los profesionales de comunicación corporativa, esto no es un problema técnico. Es una crisis existencial de confianza que redefinirá cómo construimos, defendemos y medimos la reputación.

    II. La Triple Convergencia que Está Redibujando el Mapa Reputacional

    1. La Politización de lo Ordinario

    Las decisiones rutinarias de negocio ya no son neutrales. La volatilidad arancelaria y la inflación creciente están alimentando acusaciones de especulación de precios y alimentando el sentimiento anti-corporativo impulsado por IA. Cada ajuste de precio, cada política laboral, cada inversión en automatización, ahora se juzga a través de lentes partidistas, culturales y económicos.

    Tesla, Disney, Nike: todas muestran la misma dinámica. Cuando las decisiones de liderazgo, la política y la cultura chocan, no existe una reputación «corporativa» separada de una «de consumidor». Solo hay una reputación humana.

    La implicación es radical: los silos de mensajería van a colapsar. Los modelos de agencia construidos alrededor de ellos también. El empleado que lee tu reporte anual está en TikTok esa noche. La misma persona que juzga la ética de tu CEO está comprando o boicoteando tu producto.

    2. La Brecha entre Decir y Hacer Se Ha Vuelto Tóxica

    Para 2026, las audiencias están aún menos pacientes con estrategias bellamente articuladas que no se corresponden con acción visible. Esto se intensificará dramáticamente a medida que la Generación Alpha —la generación más grande en la historia humana— alcance la edad de votar.

    La reputación no se construye con comunicación sofisticada. Se construye río abajo del comportamiento. Las marcas que destacan son aquellas que reducen la brecha entre lo que dicen y lo que la gente puede ver, tocar, experimentar o verificar.

    En un año definido por el agotamiento, la inflación y la sobrecarga de información, las marcas que ganaron afecto fueron aquellas que redujeron la fricción. Aldi, Lidl, Decathlon, IKEA, Octopus Energy: todas demostraron que ser un refugio en mares turbulentos es una posición poderosa. La gente no busca perfección. Busca certeza y alivio.

    3. IA: La Herramienta que No Genera Confianza

    La inteligencia artificial se ha convertido en la principal preocupación de gestión de reputación entre los ejecutivos de alto nivel a nivel mundial, aunque menos de la mitad dice sentirse bien preparada para gestionar su impacto.

    Un estudio reciente de más de 3,000 ejecutivos de alto nivel en 27 mercados reveló datos alarmantes: El 78% de los ejecutivos dijo que las debilidades reputacionales impactaron el comercio y los ingresos de la compañía. Solo el 45% reportó estar altamente alineado con las expectativas del cliente. La alineación cayó aún más con empleados (44%), gobierno y reguladores (44%), inversores (42%) y miembros de la comunidad (40%).

    La IA no tiene «respuestas» a preguntas reputacionales, solo insumos a un proceso que debe ser consultivo y centrado en el ser humano. Sí, acelerará la producción de contenido. Sí, optimizará la distribución. Pero no creará confianza. No sustituirá el juicio. Y no reparará brechas de credibilidad causadas por decisiones débiles.

    A medida que el contenido sintético inunda la zona, las señales humanas se vuelven más valiosas, no menos.

    II. Los Tres Vectores de Ataque que Ninguna Empresa Puede Ignorar

    Vector 1: Deepfakes Empresariales y el Fin de la Autenticación Visual

    Ya no hablamos de conceptos teóricos. Los deepfakes estuvieron involucrados en más del 30% de los ataques corporativos de alto impacto por suplantación en 2025. Las pérdidas por fraude financiero en EE.UU. alcanzaron $12.5 mil millones en 2025, con ataques asistidos por IA contribuyendo significativamente.

    El caso de Hong Kong sigue siendo emblemático: un empleado transfirió $25 millones a cuentas controladas por criminales después de una videollamada con un «CFO» deepfake. Pero 2026 trae una evolución peligrosa: El fraude de empleo escalará a medida que herramientas mejoradas de IA permitan que candidatos deepfake pasen entrevistas más fácilmente.

    Las empresas incorporarán involuntariamente a estos empleados falsos y les darán acceso a sistemas internos. El FBI y el Departamento de Justicia ya emitieron múltiples advertencias sobre operativos norcoreanos haciéndose pasar por trabajadores de TI remotos.

    **La pregunta crítica**: ¿Cómo verificas la identidad cuando la autenticación visual está rota?

    Vector 2: Agentes de IA Sin Control y el Nuevo Insider Threat

    Los expertos predicen que las identidades agénticas superarán en número a las humanas en una proporción de 100 a 1, cada una operando independientemente, tomando decisiones y frecuentemente accediendo a datos críticos.

    La mayoría de las organizaciones no están listas para este nivel de proliferación de identidades. En la prisa de 2026 por desplegar agentes de IA, muchos otorgarán permisos excesivos o saltarán las protecciones adecuadas. Esto conducirá a una nueva ola de brechas donde la IA es engañada para compartir datos, realizar tareas no autorizadas o abrir puertas a atacantes.

    El problema de «agencia excesiva» es donde vendrá la próxima generación de brechas de IA. No se tratará de fugas de datos, sino de sistemas que causan daño en el mundo real o disparan costos. Ya hemos visto agentes perder el control, ejecutando búsquedas recursivas y quemando miles de dólares en tokens en un día.

    Vector 3: La Fragmentación del Ciclo de Noticias y la Muerte de la Narrativa Controlada

    El ritmo y la fragmentación del ciclo de noticias moderno es más rápido y fragmentado que nunca. En un panorama donde los riesgos reputacionales emergen y evolucionan en un instante, las organizaciones más fuertes serán aquellas que se mantengan ancladas a sus stakeholders más críticos.

    El modelo tradicional de «crisis → respuesta → gestión → recuperación» se ha vuelto obsoleto. Las crisis ahora se desarrollan en múltiples plataformas simultáneamente, con narrativas contradictorias, cada una ganando tracción en diferentes comunidades.

    IV. El Nuevo Playbook: De la Gestión de Mensajes a la Arquitectura de Confianza

    Abandona la Ilusión del Control Narrativo

    La idea de que puedes «controlar el mensaje» en 2026 es ficción. Las organizaciones deben pasar de tratar de moldear percepciones a construir infraestructura de verificación.

    **Acción práctica**: Implementa sistemas de Content Provenance and Authenticity (C2PA) que incrusten metadatos invisibles en cada pieza de contenido corporativo. Esto no es opcional; será el estándar de la industria en 12 meses.

    Convierte la Acción en la Estrategia

    La comunicación debe seguir a la acción, no liderarla. Las marcas que destacan serán aquellas que reducen la brecha entre lo que dicen y lo que las personas pueden ver.

    Caso de estudio inmediato: Cuando Octopus Energy demostró que la transparencia y el servicio aún pueden ganar confianza en un sector roto, no lo hicieron con una campaña de marketing. Lo hicieron cambiando radicalmente su estructura de precios y haciéndola verificable públicamente.

    Trata Cada Función Interna como Fuente de Riesgo Externo

    Los comunicadores que puedan navegar con éxito las presiones de 2026 necesitarán tratar cada función de negocio interna como una fuente de riesgo externo. El desarrollo de un marco integrado de respuesta rápida construido sobre velocidad e influencia validada ya no es una ventaja competitiva; es un requisito de supervivencia.

    Construye Capacidad de Verificación Humana

    La comunicación en persona aumentará en popularidad como última línea de defensa en ciberseguridad. Los deepfakes han alcanzado un nuevo nivel de sofisticación. Las empresas están implementando protocolos donde las decisiones financieras críticas requieren confirmación a través de múltiples canales, incluyendo verificación en persona o llamadas de voz desde números conocidos.

    **Protocolo nuevo**: Para transacciones superiores a cierto umbral, requiere verificación en tres factores: digital, voz desde línea conocida, y confirmación física presencial o por videollamada con protocolo de desafío-respuesta personal.

    V. La Paradoja del Valor Reputacional en 2026

    Aquí está la ironía: justo cuando la reputación se vuelve más difícil de gestionar, su impacto financiero se ha vuelto cuantificable.

    Un estudio reciente reveló que las empresas con reputaciones sólidas obtienen casi un 5% más en retornos accionarios inesperados. Utilizando IA y modelado predictivo, el análisis de 66 empresas que cotizan en bolsa entre octubre 2024 y octubre 2025 aisló la porción del rendimiento accionario no explicada por tendencias de mercado más amplias.

    Las empresas de mejor desempeño puntuaron de 11 a 15 puntos más alto en cada dimensión de reputación. Para las empresas financieras examinadas, el estudio señaló una disminución consistente en liderazgo (-24%), gobernanza (-11%) y ciudadanía (-15%). Esta erosión pone $4.3 mil millones en valor reputacional en riesgo directo.

    Esto debería crear una hoja de ruta para tratar la reputación como un activo financiero obligatorio que requiere supervisión de C-suite e inversión a nivel de junta.

    VI. La Pregunta que Define el Futuro

    En los próximos 12 meses, cada organización enfrentará esta pregunta fundamental: ¿Eres una fuente de certeza o de confusión?

    En 2026, no habrá terreno intermedio. Las empresas que sobrevivan serán aquellas que acepten una verdad simple: la reputación ya no se gestiona. Se verifica.

    Los días de la gestión de reputación como ejercicio de relaciones públicas han terminado. Bienvenidos a la era de la arquitectura de confianza, donde cada decisión operativa es una decisión reputacional, y donde la única ventaja sostenible es ser verificablemente auténtico.

    La pregunta no es si tu organización está lista para esta transición. La pregunta es: ¿cuánto valor reputacional puedes permitirte perder antes de que sea demasiado tarde para recuperarlo?

  • Nacho y Francisco dijeron

    Nacho y Francisco dijeron

    El Instituto Universitario de Opinión Pública (IUDOP) es parte de la Vicerrectoría de Proyección Social de la casa jesuita de estudios superiores en nuestro país; fue fundado en 1986 por Ignacio Martín-Baró, uno de los seis curas asesinados el 16 de noviembre de 1989. Ya existía, pues, cuando se firmó el llamado “Acuerdo de Chapultepec” el 16 de enero de 1992; por ello, pudo tomarle el pulso a la nación para conocer su sentir sobre este y el proceso que formalmente inició en Ginebra el 4 de abril de 1990. Fueron tres las encuestas hechas por dicho ente durante el primer año de la posguerra. Es interesante traer a cuenta algunos de sus resultados, a 36 años de distancia. Sobre todo, ante el revisionismo calculador de Nayib Bukele; coherente con su trayectoria este ha negado de palabra, obra y omisión la veracidad de los mismos y de la confrontación bélica a la que le pusieron fin.

    El segundo de dichos sondeos fue publicado el 17 de julio del 1992. Al preguntarle entonces a las personas consultadas si las “cosas” estaban cambiando con “los acuerdos” o si seguían igual, arriba del 46 % respondió afirmativamente; mientras, el 28 aseguró que permanecían como siempre y el 23 manifestó que solo algunas cambiaron. La tercera medición se conoció el 13 de noviembre y las opiniones vertidas sobre las dimensiones de lo conseguido fueron estas: el 54.5 %sostuvo que se alcanzó más de lo esperado, el 35 dijo que menos y apenas el uno sostuvo que no se logró nada.

    Una década después, el 14 de enero del 2002, el IUDOP publicó su siguiente exploración sobre el tema y resultó que más del 80 % de la gente interrogada aseguró que los acuerdos fueron “buenos”; abajo del siete sostuvo que fueron “malos” y cerca del trece opinó que no fueron ni buenos ni malos. Además, se quiso profundizar en las razones por las cuales creían que estábamos mejor: porque ya no había guerra, manifestó un poco menos de la mitad.

    Pero, según mi humilde criterio, el gran problema radicó en el descuido de lo económico y social; en la falta de conciencia y valor para entrarle siquiera un poco a lo que estaba y siempre ha estado a la base dela conflictividad nacional: la exclusión y la desigualdad que golpean a sus mayorías populares. Y ahora, 34 años después de aquel 16 de enero de hace 34 años, los pocos avances que se habían conseguido ya terminaron zampados en el basurero. Porque sí se logró mejorar en transparencia y separación de poderes; prueba de ello son los expresidentes del partido de la derecha antes dominante, señalados y algunos hasta procesados por haberse lucrado a manos llenas en detrimento del patrimonio nacional. O la reversión del fallido intento por cortarle las alas a la Sala de lo Constitucional con el infeliz Decreto 743, durante la primera administración presidencial del partido dizque de izquierda.

    Desde el fin del conflicto armado hasta junio del 2019 hubo mejoras innegables en otros asuntos, pero no en la seguridad personal y comunitaria sobre todo allá en el abajo y el adentro del territorio nacional. Esta no se logró y el tamaño de ese mal llegó a ser de tal dimensión que muchísima población terminó rendida a los pies de quien, por de pronto, le ha brindado un alivio. ¿Cuánto durará ese flechazo, devaneo o aventura? ¡Quién sabe! Porque, por citar una imagen altamente ilustrativa, el real y estructural centro histórico capitalino ‒no el “histriónico” del “bukelato”‒ sigue siendo el retrato cierto y patético de la realidad salvadoreña. Esa parte de la ciudad capital es la estampa de un París tercermundista rodeado de mesones, tugurios y otras formas de precariedad habitacional y comercial. Dicho espacio remodelado y acicalado es glamoroso pero inasequible para el común de las personas que sobreviven en sus alrededores.

    Entonces recuerdo a Martín-Baró asegurando que se trata sobre todo “de crear una versión oficial de los hechos, una ‘historia oficial’, que ignora aspectos cruciales de la realidad, distorsiona otros e incluso falsea o inventa otros. Esta ‘historia oficial’ se impone a través de un despliegue propagandístico intenso y muy agresivo, al que se respalda incluso poniendo en juego todo el peso de los más altos cargos oficiales”. “No renegués la historia de tu patria”, le dijo el papa Francisco a la juventud en el 2018. “Buscá las raíces”, agregó el pontfice, “buscá la historia y desde allí construí el futuro. Y aquellos que te dicen que los héroes nacionales ya pasaron, que no tienen sentido, que ahora empieza todo de nuevo, reíteles en la cara… Son payasos de la historia”.