Categoría: Opinión

  • La era de la inteligencia artificial y la deshumanización: Magnifica Humanitas

    La era de la inteligencia artificial y la deshumanización: Magnifica Humanitas

    Magnifica Humanitas es la nueva encíclica del Papa León XIV. Les confieso que, al principio, me acerqué al texto con cierto escepticismo. ¿Qué puede decirnos una institución milenaria sobre un mundo dominado por ChatGPT, los algoritmos de TikTok y los autos autónomos?. Sin embargo, tras devorar sus páginas, me encontré con una sorpresa mayúscula: estamos ante una de las reflexiones más valientes, lúcidas y, sobre todo, humanas que se han escrito sobre nuestro futuro digital que al igual que León XIII en su encíclica Rerum Novarum frente a la Revolución Industrial a finales de 1800.

    El gran acierto de León XIV no es hablar de tecnología, sino hablar de nosotros. El Papa no es un tecnófobo que nos pide apagar el teléfono ni un optimista ciego que cree que la tecnología resolverá todos nuestros males. Su advertencia va mucho más allá y nos toca de cerca: el verdadero peligro actual no es que las máquinas empiecen a pensar como humanos, sino que nosotros empecemos a actuar como máquinas. En una sociedad obsesionada con la productividad, el rendimiento y la perfección digital, la encíclica sale al rescate de nuestra imperfección. Nos recuerda que lo que realmente nos hace humanos es nuestra vulnerabilidad, nuestra capacidad de dudar y la empatía real, cosas que ninguna línea de código podrá replicar jamás.

    Pero el texto no se queda en la filosofía de café. Aterriza con fuerza en la geopolítica al hablar de «justicia algorítmica». Es imposible no darle la razón cuando denuncia el «extractivismo de datos». Pensemos en cómo las grandes aplicaciones absorben cada uno de nuestros clics, gustos y secretos en el Sur global para enriquecer a un puñado de gigantes tecnológicos en Silicon Valley o Shenzhen. Frente a esto, el Papa propone la «algorética»: una invitación urgente a ingenieros y legisladores para que programen el software del mañana con valores humanos, solidaridad y transparencia.

    El punto que más me conmovió, y quizás el más urgente, es su firme rechazo a las armas autónomas. Delegar la decisión de matar o dejar vivir a un frío cálculo matemático no es progreso; es una renuncia moral. No es idealismo ingenuo, es un grito de auxilio en un mundo cada vez más deshumanizado.

    En definitiva, Magnifica Humanitas no es un manual técnico, sino un mapa ético para no perder el alma en la era de los datos. León XIV nos regala una bitácora imprescindible para recordar que, por muy avanzada que sea la inteligencia artificial, la tecnología más poderosa y revolucionaria que poseemos seguirá siendo, siempre, nuestra capacidad de amar y cuidar al prójimo.

     

  • El drenaje

    El drenaje

    La semana pasada anduvo por nuestra tierra Jorge Salazar, colega peruano. Conocido como “Coco”, fue integrante de la Misión de Observadores de Naciones Unidas en El Salvador identificada más como ONUSAL, por sus siglas; también participó en la operación verificadora de esta organización en Guatemala y en su agencia especializada en población refugiada, mejor conocida como ACNUR.

    Nos juntamos y recordamos aquella época en la que estuvo presente acá en El Salvador, que también fue parte de la primera década de mi trabajo en la dirección del Instituto de Derechos Humanos de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, el IDHUCA. Uno de los tantos esfuerzos entonces impulsados en este que vino a mi memoria, por ser considerado dentro y fuera de nuestro país como un aporte valioso, fue la publicación que denominamos “La agenda pendiente, diez años después. De la esperanza inicial a las responsabilidades compartidas”.

    Su presentación oficial la realizamos en noviembre del 2002, pero un resumen anticipado de la misma apareció el mismo año en la revista Estudios Centroamericanos –la famosa ECA– editada por dicha casa de estudios superiores, en el marco de la conmemoración del décimo aniversario de la firma del llamado Acuerdo de Chapultepec y el fin del conflicto bélico interno entre los dos ejércitos protagonistas: el gubernamental y el guerrillero.

    Desde el inicio de dicha investigación planteamos que la situación de los derechos humanos en aquel entonces, hace casi veinticuatro años, no debía evaluarse partiendo del “estado de barbarie que se llegó a alcanzar entre 1972 y 1992, sino confrontándola con las aspiraciones de humanismo y humanidad” que debían ser la guía para edificar “un El Salvador distinto”. Y no había dónde perderse en cuanto a sus puntos de partida y llegada. Inspirados en las enseñanzas de Ignacio Ellacuría ‒uno de los rectores mártires salvadoreños junto con Félix Ulloa, el grande‒ los ubicamos ambos, sin dudarlo, en la centralidad de nuestras mayorías populares.

    Además, señalamos que el proceso salvadoreño iniciado en abril de 1990 con el primero de los acuerdos firmados entre las partes aún beligerantes ‒el de Ginebra que registró sus cuatro componentes esenciales‒ debía tener una sostenibilidad que hasta ese momento no estaba garantizada. Y esta nunca se garantizó pues “no se realizaron los ajustes necesarios para superar la desigual distribución del ingreso, con base en reglas claras y responsabilidades conjuntas en lo relativo a su cumplimiento”.

    Al no haber impulsado los necesarios cambios estructurales para mejorar la situación social y económica de las mayorías populares prevaleciente a lo largo de nuestra historia, en un escenario nacional complejizado más con el deterioro ambiental, afirmamos en aquel momento que el conflicto continuaba “aunque no en su expresión bélica”. De por sí, eso era peligroso; pero se agravó aún más cuando las instituciones estatales no actuaron en función del bien común, los partidos políticos se esmeraron en defraudar a la sociedad y la población no se organizó como debía haberlo hecho para participar como fuerza definitoria y corregir el rumbo con coherencia, inteligencia y potencia.

    Lo que se avanzó en democracia formal, porque algo se avanzó, terminó vertido en el sumidero de la suciedad. Por eso estamos como estamos. Hoy como siempre, algunas personas ‒las menos‒ saben y pueden reír disfrutando de sus egoístas y sustanciosos beneficios; pero a las más, les toca sufrir y lamentarse en medio de su desamparo. Las primeras son las largas “serpientes” con las que Silvio sueña; las que “en sus barrigas llevan lo que puedan arrebatarle al amor”. Casi logramos desnucarlas en un momento histórico dado, pero hace unos años apareció “una mayor” que siendo peor se mantiene y continúa creciendo… al menos por ahora.

    Considerando lo anterior, en este momento no podemos hablar de una agenda pendiente; lo que está ocurriendo es el impulso de una agenda diferente, egoísta, marcada por el autoritarismo y la corrupción. Por ello, para diseñar una conveniente –fundada en el respeto de los derechos humanos de nuestras mayorías populares– debemos retomar las enseñanzas de monseñor Romero junto a las de los dos últimos papas, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, lo incumplido o lo mal cumplido de los acuerdos de paz y lo  que todavía podemos rescatar de nuestra Constitución. También hay que aprender de nuestras historias de lucha a lo largo de un tortuoso camino.

    Si no, todo se terminará yendo definitivamente por el drenaje instalado en medio de la codicia voraz, la prepotencia insolente y la impunidad descarada; drenaje igual de malo que el del estadio construido por el dictador del siglo pasado, general Maximiliano Hernández Martínez, y ahora convertido en uno de los íconos de harina del “bukelato”.

  • Raúl Castro, de general a reo

    Raúl Castro, de general a reo

    Confieso que pocas situaciones me complacerían más que ver a Raúl Castro vestido con el uniforme color naranja de los prisioneros comunes de Estados Unidos y cumpliendo, la sanción que le fuera impuesta en una cárcel de mayor rigor, aunque dudo, que una cárcel estadounidense de esas características sea más severa que las prisiones castristas menos malévolas.

    Durante estos sesenta y siete años no han faltado cubanólogos que afirmen enfáticamente que el verdugo menor de los Castro era el más organizado, familiar y hasta condescendiente en comparación con su hermano, el mayor criminal de la historia de Cuba, por suerte, ya desaparecido, y aunque no tengo elementos para refutar la mayoría de los calificativos que le endilgan, sí puedo asegurar que de tolerante no tiene ni pizcas porque recuerdo con diáfana claridad que una de las primeras fotos de este sujeto publicada en los primeros días de enero de 1959, lo muestra ahorcando a un campesino en plena Sierra Maestra en los días de la insurrección.

    Después ordenó cientos de fusilamientos, incluida la masacre de la Loma de San Juan, Santiago de Cuba, a once días del triunfo insurreccional, en la que resultaron fusilados 71 hombres en una sola noche de forma expedita. Hasta bulldozers usaron al mejor estilo hitleriano.

    Raúl fue sin dudas el más fiel servidor de Fidel. Cierto, que no han faltado historias de desavenencia entre ambos autócratas, pero, aún habiendo sido ciertas, los intereses comunes de la pareja primaron para la mayor desgracia de los cubanos.

    Raúl Castro, el asesino en serie Ernesto “Che” Guevara y el “Carnicero de Artemisas”, Ramiro Valdés, escogieron desde los primeros días de la victoria revolucionaria asumir el rol de ser los más intransigentes en la defensa del proceso que comandaba Fidel Castro. Esta sangrienta triada, encabezada por el delincuente de Raul, fueron los jerarcas que acatando las órdenes del máximo líder dirigieron la destrucción espiritual y material de un país, que, con todos sus defectos, estaba a la vanguardia de muchos de los rubros mas importantes del desarrollo de America Latina.

    Confieso que no tengo la más remota idea de cómo puede desarrollarse el proceso contra el hombre que dio la orden para derribar dos aviones desarmados que volaban en aguas internacionales con el único objetivo de salvar vidas en peligro, el exministro de Defensa de Cuba dijo, “Yo decía bueno, túmbenlo en el mar cuando se aparezcan y no consulten”, una expresión muy similar a la de Guevara que recomendaba a sus esbirros, “Mátalo, después preguntas” u otra más institucional del asesino en serie: “Para enviar hombres al pelotón de fusilamiento, la prueba judicial es innecesaria», de Ramiro Valdés, no hay expresiones, solo asesinatos.

    Desgraciadamente los crímenes más numerosos y horrendos del totalitarismo castrista han sido contra el pueblo cubano de intramuros, pero esos, deben ser juzgados por sus propios conciudadanos cuando la situación política del país cambie, de momento tenemos que recibir con satisfacción que el actual gobierno de Estados Unidos decida actuar judicialmente contra un asesino confeso como Raúl Castro, tal y como hizo contra el narcotraficante Nicolás Maduro, crimen que también le pueden imputar al segundo al mando en la destrucción de Cuba.

    Raúl Castro, según un artículo del Miami Herald, se reunió con narcotraficantes colombianos en 1980 y les autorizó a usar puertos cubanos en su trasiego de drogas a Estados Unidos a cambio de que facilitaran armas y municiones a las guerrillas del M-19. Años más tarde se reunió con uno de los hombres de Manuel Antonio Noriega para mediar en una disputa que el general panameño sostenía con narcotraficantes colombianos.

    Manuel de Beunza, quien fuera mayor de los servicios de inteligencia del régimen castrista, testificó en una audiencia del Senado en Washington, que Raúl ordenó sustituir a Generoso Escudero como jefe de la unidad naval de Cienfuegos, porque se negó a colaborar en el desplazamiento de lanchas rápidas que transportaban cocaína hasta la costa sur de Cuba, aun más, John Jairo «Popeye» Velásquez, muy próximo a Pablo Escobar Gaviria, manifestó que el general prófugo sostenía una estrecha relación con el cartel de la cocaína de Medellín y que protegió los embarques de droga que pasaban por Cuba rumbo a la costa sur de la Florida.

    Raúl Castro, tiene muchos crímenes por los que puede ser juzgado por Estados Unidos.

  • Digamos no al fatal tabaquismo

    Digamos no al fatal tabaquismo

    Alberto era un joven santaneco de 28 años, egresado de la licenciatura en Administración de Empresas en una universidad privada. En septiembre del año pasado abandonó continuar su tesis de grado porque los dolores insoportables que sentía en la espalda y pecho no lo dejaban ni siquiera respirar. Sus padres lo llevaron a un hospital privado donde los exámenes revelaron que padecía de cáncer pulmonar con metástasis en la lengua y el esófago.

    Cuando tenía 12 años, por curiosidad e influenciado por otros adolescentes comenzó a fumar, de tal manera que a los 16 años ya fumaba dos cajetillas (40 cigarrillos) diarias, a los 21 ya fumaba cuatro cajetillas (80 cigarrillos) y desde los 25 se fumaba hasta cinco (100 cigarrillos) lo que para él representaba una alta suma de dinero que él hurtaba a  diario del negocio de sus padres.

    En la universidad sus compañeros comenzaron a aconsejarlo para que dejara el vicio y lo intentó, pero tras una semana de no fumar ni uno, casi muere por la ansiedad y la depresión. Intentó con cigarrillos electrónico (también dañinos) y sufrió un atisbo de derrame cerebral porque le detectaron hipertensión. Su novia le dio un ultimátum en el sentido que terminarían la relación si no dejaba de fumar, pues su aliento sabía a humo y sus dientes se habían vuelto amarillentos. Su ropa tenía impregnado el olor a humo de tabaco.

    Terminó con su novia y molesto por los consejos y regaños de sus padres se fue a vivir a un apartamento donde comenzó a sentir dolores de pecho y espalda. Un día le habló a sus padres para contarles que se cansaba demasiado y que no siquiera podía caminar dentro de la casa porque sentía morir por falta de aire. Fue llevado a un hospital donde le detectaron el cáncer en la etapa final y en febrero pasado murió.

    Sus últimas semanas de vida los pasó en una silla de ruedas, alimentado a través de sondas y conectado a un tanque de oxígeno que le permitían mantenerse con vida casi de manera artificial. El dictamen fue que murió de cáncer en los pulmones con metástasis en la lengua y esófago producto del consumo de tabaco. Sus pulmones se habían ennegrecido por la nicotina, su esófago se había cerrado y su lengua se había inflamado en exceso.

    Alberto murió víctima del tabaco y este año será uno de los más de 8 millones de personas que morirán en el mundo a raíz del tabaquismo. Según la Organización Mundial para la Salud (OMS) el cáncer de pulmón es uno de los más dolorosos, pero el mismo puede evitarse dejando de fumar mediante procesos de terapia, con fe y con mucha fuerza de voluntad. Hay, por supuesto, otras causas que también generan cáncer de pulmón,

    Entonces, para hacer conciencia de los peligros del tabaquismo la Organización de las Naciones Unidas (ONU) desde1987 declaró cada 31 de mayo como el Día Mundial sin Tabaco. Con ello se busca concienciar sobre los graves riesgos para la salud que  produce  el consumo de tabaco.  La fecha también procura que los Estados promuevan políticas institucionales y efectivas para reducir el consumo.

    Un estudio de la Universidad de Harvard de 2020 señala que los mejores anuncios publicitarios con efecto de contagio irreversible en los públicos son los  que promueven el vicio del tabaquismo y el licor, por lo que es responsabilidad estatal regular los contenidos y contrarrestar el consumo con campañas realísticas.

    Quien consume tabaco obliga a consumirlo a quien se abstiene de hacerlo por su voluntad. En una determinada reunión el fumador obliga a los demás a fumar, en un transporte colectivo el fumador va dañando la salud de los demás. Las leyes prohíben que en sitios encerrados se pueda fumar, pero también permite que se declaren áreas aptas para fumadores.

    El tabaquismo es peligroso y vuelve insensatos, inconsecuentes e  inconscientes a los fumadores. A ellos nos les importa que las tabacaleras, por ley, estén obligadas a ilustrar las cajetillas con mensajes relacionados a los daños que produce el tabaco. En los supermercados muchos prefieren comprar sus cajetillas antes que llevar leche o cualquier alimento para sus hijos.

    Las empresas tabacaleras contratan a empresas publicitarias para que con modelos y falsos valores les hagan un buen marketing y una publicidad persuasiva y masiva de su producto y de ese forma ganan a miles de potenciales consumidores, mientras las instituciones de salud y el Estado mismo se limitan a mantener una campaña de los efectos nocivos, pero sin alcance masivo y sin  carácter permanente.

    Este año el lema del Día Mundial sin Tabaco es: “Desenmascaremos su atractivo: combatamos la adicción al tabaco y a la nicotina”. En 2023 el lema fue “Cultivemos alimentos, no tabaco”. Cada año el lema cambia, pero lo que poco o nada cambia es el interés monetario de las grandes empresas tabacaleras y la mentalidad engañada y debilitada de quienes han caído en las garras de este detestable y a veces mortal vicio. Salvadoreños, rechacemos el tabaquismo, por nuestra salud y la de los demás.

    * Jaime Ulises Marinero/Periodista

     

     

  • “Pásame otro ladrillo”: lecciones de liderazgo para construir la vida

    “Pásame otro ladrillo”: lecciones de liderazgo para construir la vida

    Hace algunos días llegó nuevamente a mis manos un libro que conocí hace muchos años y que, al releerlo, volvió a tocar mi mente y mi corazón. Se trata de Pásame otro ladrillo, escrito por Charles Swindoll.

    Confieso que me encantó volver a recorrer sus páginas. Y me alegró comprobar que hay libros que, aunque fueron escritos hace décadas, conservan intacta su capacidad de hablarnos con frescura y profundidad.

    Este libro tiene un propósito claro: enseñarnos una forma excepcional de liderazgo tomando como ejemplo la vida de Nehemías, uno de los personajes más admirables del Antiguo Testamento.

    Más que un texto religioso, lo considero una obra profundamente humana. Una lectura útil para cualquier persona que desee crecer, liderar mejor, tomar buenas decisiones y aprender a construir con sabiduría.

    Como Alfredo, y también como escritor, debo decir que encuentro en esta obra una riqueza singular. No solo por su contenido espiritual, sino por la claridad con la que logra traducir antiguas enseñanzas bíblicas a los desafíos concretos de la vida actual.

    Un libro antiguo con respuestas muy actuales

    Swindoll estudia la vida de Nehemías, un hombre que vivió aproximadamente 425 años antes de Jesucristo. A simple vista, podría parecer una historia distante. Sin embargo, al leerla descubrimos que sus conflictos se parecen mucho a los nuestros.

    Nehemías fue un líder en el mundo político y administrativo de su tiempo. Supo enfrentar crisis, resolver problemas, organizar personas y mantener firme su visión aun en medio de la crítica y la oposición.

    Eso me impresionó profundamente. Vivimos en una época donde abundan las teorías sobre liderazgo, pero pocas veces encontramos ejemplos tan concretos y tan bien vividos como el suyo.

    La fuerza de una visión clara

    Uno de los grandes aprendizajes del libro es este: todo liderazgo verdadero comienza con una visión. Nehemías tenía un propósito definido: reconstruir los muros de Jerusalén.

    No caminaba sin rumbo. No improvisaba. Sabía lo que debía hacer. Cuántas veces nosotros mismos vivimos llenos de actividad, pero sin dirección clara. Swindoll nos recuerda que una visión bien definida ordena la energía, motiva al equipo y da sentido al esfuerzo diario.

    En la vida familiar, empresarial o espiritual, saber hacia dónde vamos cambia por completo la manera de caminar.

    La oración como punto de partida

    Algo que me impactó nuevamente al releer este libro es la insistencia en la oración. Antes de actuar, Nehemías oró. Antes de hablar, oró. Antes de decidir, buscó dirección.

    En un mundo acelerado, donde todo parece exigir respuestas inmediatas, esta enseñanza resulta profundamente necesaria. Muchas veces queremos resolverlo todo con nuestra propia fuerza.

    Pero el libro nos recuerda que detenernos a buscar dirección no es perder tiempo; es ganar claridad.

    Organizar también es un acto de sabiduría

    Otra gran enseñanza es la importancia de planificar. Nehemías no fue un soñador desordenado. Fue un hombre práctico, estratégico y organizado. Evaluó la tarea.

    Distribuyó responsabilidades.

    Estableció prioridades. Y eso también es liderazgo. He pensado muchas veces, Alfredo lo reconoce con sinceridad, que algunos proyectos fracasan no por falta de talento, sino por falta de organización.

    Este libro nos recuerda que la inspiración necesita estructura para convertirse en resultados.

    Cómo enfrentar la crítica sin detenerse

    Nehemías también enfrentó oposición. Fue criticado, burlado y amenazado. Y aun así siguió adelante. Qué vigente resulta esta lección. Vivimos tiempos donde muchas personas abandonan sus proyectos por temor al juicio ajeno.

    Swindoll enseña que todo líder encontrará resistencia. La clave no está en evitarla, sino en aprender a responder con firmeza, serenidad y fe. Seguir construyendo, aun cuando otros cuestionen, es parte del proceso.

    La integridad: el ladrillo que sostiene todo

    Quizá la lección más poderosa del libro sea esta: el liderazgo verdadero no se sostiene solo en capacidad, sino en integridad. Nehemías no solo reconstruyó muros físicos; ayudó a restaurar la moral y la esperanza de todo un pueblo.

    Eso me recordó algo que he aprendido en mi caminar profesional y literario: una obra bien hecha puede levantar mucho más que estructuras visibles; puede levantar vidas.

    Como Alfredo, he visto que las palabras bien dichas, las decisiones correctas y la conducta íntegra dejan huellas duraderas.

    Una lectura que vale la pena

    Recomiendo este libro porque ofrece algo que hoy necesitamos urgentemente: pausa, reflexión y dirección. Leerlo es detenerse a pensar. Es permitir que una lectura breve nos cuestione y nos ayude a crecer.

    Y esa es justamente la magia de los buenos libros: no solo informan; transforman.

    Epílogo: seguir construyendo

    Vivimos rodeados de distracciones. El teléfono nos llama a cada instante. Los algoritmos nos ofrecen contenido interminable. Pero un buen libro sigue siendo una mejor conversación.

    Quizá hoy necesitamos menos deslizamientos de pantalla… y más páginas que nos inviten a pensar. “Pásame otro ladrillo” nos recuerda que la vida se construye día a día.

    Un acto correcto. Una decisión sabia. Una lectura oportuna. Como dice el libro de Proverbios: “Con sabiduría se edificará la casa, y con prudencia se afirmará” (Proverbios 24:3).

    Construir bien toma tiempo. Y a veces, todo comienza cuando alguien nos dice, con sencillez y esperanza: “Pásame otro ladrillo”.

    *Alfredo Caballero Pineda, es escritor y consultor empresarial. 

    alfredocaballero.consultor@gmail.com

  • Tentaciones del poder

    Tentaciones del poder

    Hoy es el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y su entorno, antes fue el Partido Popular (PP) y su entorno. Se trata de lo mismo: cuando se detenta una cuota importante de poder político, las tentaciones para salirse de las normas cristalizan y entonces surgen los ‘casos’.

    Ahora está en primera fila el expresidente español Rodríguez Zapatero. En este momento hay ‘indicios’, pero quizá más adelante podrían aparecer pruebas. Robustas o raquíticas, pero pruebas.

    Se trata de una acusación fuerte que le da en el puro plexo al PSOE y en particular al presidente del gobierno español. En principio, Rodríguez Zapatero ha negado todo involucramiento en este caso de Plus Ultra, pero, ya se sabe, negar es la primera respuesta ante el sorpresivo señalamiento que le han hecho. Pedro Sánchez, al instante ha dicho que el sistema de justicia opera y que hay que darle la presunción de inocencia al expresidente. En ambos casos, es ganar tiempo.

    El listado de ‘casos’ de corrupción que han tenido lugar en España, a todos los niveles, desde la transición en 1975, puestos en orden cronológico da para un ‘Breve manual de la Mano Peluda’.

    El PSOE, por varios motivos, lleva años contra las cuerdas, y ha resistido. Se ha repuesto, aunque los hacedores de ‘casos’ han seguido como sanguijuelas aprovechando posiciones de mando, y cuando los llevan a las sillas de acusados, empiezan a hablar en lenguas y a perder la memoria… o a confundir fechas o a omitir datos claves. El asunto es intentar salir del laberinto.

    Algunos de los señalados (Rodríguez Zapatero o quien sea) podrían alegar que no han tocado ni un quinto del dinero público. Y habría que creerles, porque desde hace ratos las modalidades de ‘aprovechamiento político’ para el enriquecimiento ilícito no necesitan tocar el ‘dinero del pueblo’ ni alterar presupuestos ni dejar de ejecutar obras. Ahora se están experimentado diversas modalidades que permiten a los detentadores y a los operadores políticos recibir dineros por medio de triangulaciones irregulares en concepto de truculentas intervenciones para acelerar (o retrasar) negocios privados que tienen de interlocutor al Estado, es decir, los negocios del Estado como negocios privados.

    Y esto no es exclusivo de España. Basta ver cómo la familia Trump aprovecha su control de la institucionalidad estatal de Estados Unidos para realizar negocios particulares a gran escala y en varios rubros. O Milei, en Argentina, que a los gritos y haciendo rabietas intenta desviar la atención sobre los señalamientos que le hacen a él o a sus allegados. Y qué decir de las destituciones de altos cargos en el Estado chino.

    No hay duda que ostentar el control de todo o de parte importante de un Estado es una clara tentación para quienes carecen de sólidas bases políticas en la procuración del bienestar social.

    Los partidos políticos que ahora van surgiendo, sobre todo en América Latina, vienen de la ocurrencia y de la improvisación. No hay programa real ni horizonte estratégico. El único objetivo que tienen es ganar elecciones, de la manera más holgada que se pueda, controlar los hilos principales donde están los flujos de dinero y ponerse a hacer negocios privados desde la plataforma estatal.

    Los casos que han aparecido en este gobierno español encabezado por Pedro Sánchez son de este tipo. Sujetos bien posicionados dentro del aparato estatal o dentro del PSOE mueven aquí, hablan allá, tocan unas teclas más allá, le mandan mensajes a quienes deben recibirlos y chas, ‘voilà’…

    Que nadie piense que estos aprovechamientos del control estatal tienen sesgo ideológico. En absoluto. Los X y los Y, y hasta los Z, se comportan de idéntica manera. Y dicen entre dientes, ‘business is business’, y se sientan a esperar el resultado de sus gestiones.

    En su discurso público intentan emular a la Madre Teresa, pero en su acción privada son las mismísimas hienas sedientas de sangre.

    ¿Podrá Rodríguez Zapatero explicar con coherencia y sin truculencias retóricas su no involucramiento en los asuntos que le señalan? Hasta hoy, en los casos anteriores, ninguno ha podido, ¿por qué él sí podría?
    ¿Pedro Sánchez seguirá encabezando el PSOE después de todo esto?

    El escenario es enredado y los aliados del PSOE en la presente legislatura ya están nerviosos y buscando desmarcarse.

    En España quienes pierden o ganan no son el PSOE, el PP, VOX, Esquerra Republicana de Catalunya, el Partido Nacionalista Vasco, Sumar, Podemos, Junts per Catalunya… Eso es lo de menos. Es la legitimidad y la legalidad de la vida en democracia la que estos falsos positivos quebrantan.

    * Jaime Barba, REGIÓN Centro de Investigaciones

     

  • Ébola, Hantavirus y el nuevo escenario epidemiológico mundial

    Ébola, Hantavirus y el nuevo escenario epidemiológico mundial

    Más del 60% de las enfermedades infecciosas humanas y alrededor del 75% de las enfermedades emergentes tienen origen zoonótico. En los últimos meses, el mundo ha observado dos brotes virales particularmente preocupantes: casos de Hantavirus asociados a un crucero y un brote de Ébola que afecta actualmente a varios países del África oriental.

    La Organización Mundial de la Salud (OMS), institución que se considera líder en la respuesta frente a este tipo de emergencias sanitarias, ha señalado como uno de los principales obstáculos la reducción de financiamiento internacional, especialmente tras la suspensión de la membresía de Estados Unidos —acompañado posteriormente por Argentina— hace aproximadamente un año. Hasta 2023, Estados Unidos aportaba cerca del 18% del presupuesto total de la OMS. En comparación, China contribuía aproximadamente con un 2%, a pesar de poseer una economía cuyo PIB nominal es solo alrededor de 1.5 veces menor que el estadounidense.

    Sin embargo, ninguno de los dos países más ricos del planeta constituye un gran receptor de ayuda humanitaria directa de la OMS. Resulta particularmente significativo que uno de los países que más asistencia técnica y financiamiento programático ha recibido en los últimos años sea la República Democrática del Congo, precisamente el epicentro del actual brote de Ébola y el lugar donde probablemente ocurrió el contacto inicial entre el reservorio animal y el ser humano que desencadenó la epidemia.

    Más allá del debate sobre la OMS y su capacidad de respuesta, el verdadero problema radica en comprender por qué las zoonosis están aumentando con tanta frecuencia e intensidad.

    El incremento de enfermedades zoonóticas no responde a una sola causa, sino a la convergencia de factores ambientales, sociales y económicos que favorecen el contacto entre humanos, animales domésticos y fauna silvestre. Numerosos expertos consideran que la deforestación constituye el principal detonante del llamado spillover, es decir, el salto interespecie de patógenos. Cuando bosques y ecosistemas son transformados en áreas agrícolas, ganaderas, carreteras o zonas urbanizadas, el contacto entre humanos y animales silvestres se vuelve mucho más frecuente.

    A ello se suma el calentamiento global, cuyos efectos ya son perceptibles en muchos países, incluido El Salvador. El cambio climático modifica la distribución geográfica de vectores como mosquitos, garrapatas y roedores, altera patrones migratorios y transforma hábitats animales. Como consecuencia, enfermedades antes limitadas a determinadas regiones comienzan a aparecer en lugares donde previamente no existían.

    El brote de Ébola actualmente en desarrollo, registrado en mayo de 2026, se concentra principalmente en el noreste de la República Democrática del Congo, especialmente en la provincia de Ituri, y ya presenta expansión hacia Uganda. El agente causal es la variante Bundibugyo del virus del Ébola.

    Los reportes iniciales mencionan aproximadamente 600 casos sospechosos y cerca de 139 muertes, con casos confirmados tanto en Congo como en Uganda. Sin embargo, estimaciones de investigadores del Imperial College London sugieren que las cifras reales podrían ser considerablemente mayores, posiblemente entre 800 y más de 1,000 casos sospechosos. Esta diferencia refleja importantes limitaciones en la vigilancia epidemiológica y en la capacidad diagnóstica de la región, factores que dificultan cualquier intento efectivo de contención.

    La cepa Bundibugyo presenta históricamente tasas de letalidad cercanas al 30–50%, inferiores a algunas variantes Zaire, pero aun extremadamente elevadas. El virus se transmite mediante contacto directo con sangre y fluidos corporales de personas infectadas, incluyendo cadáveres y materiales médicos contaminados. La propia OMS sospecha que funerales y centros de salud han actuado como eventos amplificadores de transmisión, fenómeno observado repetidamente en brotes previos de Ébola.

    Uno de los aspectos que más preocupa a especialistas en enfermedades virales es la velocidad con la que se ha expandido este brote. Diversos expertos coinciden en que el principal problema ha sido el retraso en la detección inicial. En las primeras etapas, las autoridades sanitarias confundieron los síntomas con malaria, salmonelosis y otras enfermedades febriles frecuentes en la región. Además, varios laboratorios locales carecían de reactivos adecuados para identificar específicamente la cepa Bundibugyo. Como resultado, las etapas fundamentales de control epidemiológico —detección, notificación y respuesta— se retrasaron significativamente, permitiendo la expansión sostenida de la transmisión viral.

    Las zoonosis representan una consecuencia directa de la forma en que la humanidad está transformando su entorno natural. El avance sobre ecosistemas previamente aislados, sumado a la movilidad global y al cambio climático, favorece que virus antes confinados a reservorios animales encuentren nuevas oportunidades para adaptarse al ser humano. El caso actual del Ébola no debe verse únicamente como una crisis africana, sino como parte de un fenómeno epidemiológico global que probablemente definirá las próximas décadas.

    *El Dr. Alfonso Rosales es médico epidemiólogo y consultor internacional 

  • Crónica de una víctima anunciadamente vencida. Alto a la victimización secundaria

    Crónica de una víctima anunciadamente vencida. Alto a la victimización secundaria

    Desde la fundación de nuestros sistemas y sectores de justicia en América Latina, hemos cometido un error histórico que está  en el límite de la crueldad sistemática: hemos olvidado a la víctima. O, peor aún, la hemos recordado únicamente para instrumentalizarla. Cuando una persona sufre el embate del delito, experimenta la «victimización primaria». Sin embargo, el verdadero calvario, la pendiente más compleja, comienza cuando el agraviado decide cruzar el umbral de interponer la denuncia ante cualquiera de las instituciones por ley a tomar la denuncia en busca de una quimera llamada justicia.

    Desde el instante mismo de la denuncia, la maquinaria estatal y su burocracia se encarga de enviarle un mensaje silencioso, pero profundamente demoledor: estás vencida. La semana pasada conversaba, compartíamos y debatimos con un grupo de excelentes profesionales que se encuentran estudiando criminología sobre la victimización secundaria. Espero haber logrado el objetivo no solo de transmitir el conocimiento, sino de sensibilizarlos y que el mensaje por cada uno de ellos se extienda en El Salvador hasta donde del grupo dependa.

    Al acercarse a la sede, la víctima rara vez encuentra consuelo, contención o empatía. En su lugar, tropieza con un laberinto hostil y frío. Se le cuestiona, se le mira con velada suspicacia, se le somete a interrogatorios repetitivos y carentes de sensibilidad que no hacen más que rasgar las heridas recién abiertas, incluso no se excluye el morbo en dichos interrogatorios y la culpa sobre la victima- Es la temida y terrible «victimización secundaria». El sistema, diseñado en teoría para proteger y restituir, se transmuta en un segundo agresor; a menudo más letal y frustrante que el primero, precisamente porque actúa bajo el manto protector de la legalidad y la autoridad.

    El proceso penal tradicional se configuró históricamente como un duelo exclusivo entre el Estado y el delincuente. En este coliseo jurídico, donde el coliseo romano se queda pequeño, a la víctima se le expropió su propio conflicto. Se le arrebató la titularidad de su dolor para convertirla en un simple «cuerpo del delito», en un número de expediente o en un mero medio de prueba testimonial. Mientras el garantismo se esmera en proteger, con justa razón dogmática los derechos procesales del imputado, a la víctima se le condena a la fría sala de espera de la indiferencia. Cada citatorio pospuesto, cada peritaje repetitivo, contando lo mismo una y otra vez, cada confrontación mal manejada, es una estocada a su dignidad.

    El sistema la desgasta de manera deliberada. La agota física, económica y emocionalmente. Este camino cuesta arriba no es un accidente operativo; es la inercia perversa de un andamiaje que, en el fondo, percibe a la víctima que exige sus derechos como un estorbo procesal. Cuando el ciudadano agraviado finalmente claudica, aplastado por el peso de la burocracia, y abandona el proceso, las estadísticas en muchas ocasiones callan. Sin embargo, los pasillos de los juzgados celebran, en silencio, un expediente menos que tramitar. La impunidad, entonces, no solo nace del criminal que escapa, sino del abandono institucional que obliga a la víctima a rendirse. Esto es de todos los días en América Latina, en unos países en mayores proporciones.

    Como estudioso del fenómeno victimológico, no puedo ser cómplice silencioso de esta tragedia cotidiana. Una justicia que revive el sufrimiento a cada momento no es justicia; es tiranía administrativa y procesal. Es un imperativo moral y jurídico que el sistema transite hacia un modelo donde la víctima recupere su protagonismo, su voz y su dimensión humana. Hasta que no logremos transformar la atención desde el primer contacto en las agencias de denuncia, nuestras leyes seguirán siendo letra muerta, y la víctima continuará su marcha solitaria por un calvario donde, desde el primer paso, el Estado ya le ha dictado una sentencia de derrota. Por eso a donde voy dentro y fuera de El Salvador mi mensaje es claro y categórico, no más vencidas, ni vencidos. Y no desmayare en el esfuerzo para que América Latina haga el giro que se necesita en favor de las víctimas y su reparación integral y la restauración de su proyecto vida.

    *Por Ricardo Sosa / Doctor en Criminología /Doctorante en Justicia Criminal / @jricardososa

  • La patética debilidad de los hombres fuertes

    La patética debilidad de los hombres fuertes

    El mundo padece una dramática escasez de carácter. Las grandes personalidades de otros tiempos hoy prácticamente han desaparecido. La política internacional es un yermo: los principios de antaño se han olvidado; los grandes ideales, engavetado. No hay un Churchill, un Lincoln, un Adenauer. Pero abundan, eso sí, los líderes fanfarrones, los discursos jactanciosos, la bravuconería ridícula.

    Nicolás Maduro llegó a convencerse a sí mismo de que jamás rendiría cuentas. Pero entre una hora y la siguiente, su sueño de poder ilimitado se transformó en una pesadilla de realismo. De repente, los ejércitos de aduladores, las multitudinarias manifestaciones en la plaza pública se evaporaron delante de sus ojos.

    En paralelo, a otros “hombres fuertes” –en La Habana y en Managua– les temblaron las rodillas. Tantos años culpando al “imperio” desembocaron, de pronto, en conmovedores llamados a la concordia vecinal. El nicaragüense Daniel Ortega, que entre neblinas de conciencia recuerda sus días revolucionarios cuando toma un micrófono, ahora debe ser silenciado delante de la televisión estatal por su paranoica esposa, que teme verse en la cárcel igual que Cilia Flores, la primera dama venezolana caída en desgracia.

    Apenas quedan ecos, en Cuba, de la antigua verborrea de Fidel contra Estados Unidos. Ayer, la Fiscalía Federal de la Florida presentó una acusación penal contra el nonagenario Raúl, por el derribo de dos avionetas civiles cuando aún era el flamante jefe de las Fuerzas Armadas cubanas. ¡Estallido de nervios! Hasta el mismísimo director de la Agencia Central de Inteligencia –la tan execrada CIA– es recibido con apretones de manos en La Habana.

    Nadie sabe qué mensaje llevó consigo John Ratcliffe, pero su visita oficial a Cuba es una humillación en toda regla. Si se levantara de la tumba, Fidel no reconocería el país que moldeó durante casi medio siglo. ¡El orgullo de sus herederos no le sobrevivió ni siquiera diez años! Tanto sufrimiento, tantas muertes, tanta represión…, para venir a contemplar cómo se derrumba una revolución que prometió el paraíso e instaló un infierno.

    Pero si Maduro, Díaz-Canel y Ortega dejaron de ser fuertes de la noche a la mañana, otros líderes han necesitado enfrascarse en guerras estúpidas para darse cuenta de su debilidad. Vladimir Putin estaba tan seguro de su victoria en Ucrania que hace cuatro años, según informes internos, declaró a la cúpula militar rusa que tomaría Kiev en cuestión de horas. A mayo de 2026, aquellas horas se han alargado ya por cincuenta meses, superando el tiempo que la Unión Soviética combatió a los nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

    Gracias al embrollo ucraniano, el desgaste político de Putin ha sido el peor de su autoritaria carrera. Las encuestas independientes arrojan saldos de aprobación en rojo, con el agravante del cansancio popular ante la guerra y la creciente incomodidad que generan las injustificables restricciones a internet. Incluso el fastuoso desfile militar del 9 de mayo –fecha en que se conmemora la decisiva victoria soviética sobre Hitler– se vio amenazado por el vuelo de drones sobre Moscú. Estar tan lejos del triunfo en Kiev es lo más parecido a una gran derrota, y nunca se había percibido a un Putin tan débil y encogido.

    En cuanto al poderoso Donald Trump, que hasta hace poco se creía inmune a los tropiezos, ahora cuenta también con su propia guerra desastrosa. Irán le ha supuesto el revés más evidente en su avasallador camino hacia la hegemonía global, a tal punto que ha tenido que volar a China para encontrarse con la única persona que puede ayudarle a poner orden en su desorden: Xi Jinping. El resistente régimen chiita, por su lado, se frota las manos de puro gusto. Un periódico oficial en Teherán tituló: “Trump visita China a la sombra del fracaso y el estancamiento”. Y es verdad.

    El presidente estadounidense, además, ha lucido exhausto en Pekín. Al caminar pesadamente por las calles de la gran urbe china, parecía que varios fardos le doblaban la espalda: una crisis económica resultado de su locura arancelaria –el Peterson Institute for International Economics calcula que la política comercial de la Casa Blanca ha supuesto un coste de 1.600 dólares anuales a cada hogar estadounidense–, una deuda pública que el año pasado alcanzó el 124% del PIB, con un horrible pago de intereses que ya supera el billón de dólares (equivalente al 20% del total de ingresos anuales); números de aprobación tan bajos que le convierten en uno de los mandatarios más impopulares de la historia americana, y una política exterior tan errónea que el aislamiento producido le ha terminado arrojando en brazos de su principal adversario económico y tecnológico.

    Xi Jinping, sin embargo, tampoco es invulnerable. La fuerza del control comunista es también la fuente de sus principales debilidades en materia económica. China sigue sin recuperarse de los efectos calamitosos de la pandemia, insiste en la concentración estatal de las decisiones productivas, carece de motores propios para consolidar su revolución tecnológica y sigue dependiendo de EE UU y Europa para crecer.

    Nadie, pues, es tan vigoroso como para imponer su voluntad al resto del planeta, por mucho que lo vocifere. El que se cree fuerte, en realidad, es más débil de lo que piensa, y el que a primera vista parece débil, en la práctica, tiene más fortaleza de la que admitirían sus adversarios.

  • Derechos y deberes

    Derechos y deberes

    De los 30 artículos que integran la Declaración Universal de los Derechos Humanos aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1.948, el gobierno que se inició en Venezuela el 2 de febrero de 1999 bajo la presidencia de Hugo Chávez Frías, continuado por Nicolás Maduro Moros desde el 2013, hasta el presente que ejerce esa investidura de manera interina, la señora Delcy Rodríguez Gómez desde el cinco de enero del 2026, podemos afirmar con toda certitud, que esos tres gobiernos han violado de manera consciente y continuada, más de 20 artículos de los 30 que conforman la Declaración Universal de 1948.

    Es un hecho, simplemente es un hecho confirmado.

    Esa fecha, la de 1948, marca aun hito en la historia de los derechos humanos. Es un documento de intención, del deber ser, más allá de posturas filosóficas o religiosas que se trascienden en la evolución cognoscitiva del hombre, del homínido, para no detenernos en la evolución, aunque pienso que el homínido pasa a considerarse humano cuando toma consciencia  de su singularidad, de su naturaleza capaz de distinguir entre el bien y el mal.

    Esa Declaración Universal de 1948, sistematizada en lo prohibido y permitido a las naciones, los estados y, hoy hasta en las organizaciones trasnacionales privadas o públicas, tiene antecedentes tan lejanos como las famosas tablas dictadas Moisés o en el código de Hammurabi (alrededor de 1700 años a.C).

    Esa larga, dolorosa e incongruente evolución de los derechos naturales de los humanos, también conocidos, en su momento, como el Derecho de Gente, sostenido en el asumir que todo ser humano, por el solo hecho de ser humano tiene derechos inherentes a su dignidad. Humano diferente al mundo animal, porque tiene conciencia de su existencia, de su capacidad de elegir entre el bien y el mal y asumir que el otro goza de esos mismo derechos que se posee. En ese derecho de gente, fue que se apoyó el fraile dominico y uno de los padres del Derecho Internacional Francisco de Vitoria en el siglo XV, para dictaminar que los aborígenes (llamados indios) de las recién tierras descubiertas tenían alma y por consiguiente no deberían ser esclavizados.

    Por supuesto, imposible, ya en nuestra era, no reconocernos en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789, fruto de la Revolución francesa, ni en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América de 1776, anterior a la Declaración francesa; posteriormente en la primera Constitución escrita existente en el mundo, la de Estados Unidos en 1787, y la Bill of Right, de esa misma nación, de 1791.

    Curiosamente, ninguno de esos documentos surgidos de revoluciones hablaba de la mujer, y mucho menos de los esclavos. Pero recordemos que lo avanzado y asumido en nuestros tiempos, es solo el fruto de una muy larga evolución del hombre y de las ciencias en materia de Derechos Humanos, y otros temas antropológicos y científicos.

    Sin embargo, muchos siglos después de la aparición del movimiento Me Too, la escritora y feminista francesa Olimpia Gouze escribió en 1791 la “Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadanía”. Por supuesto murió guillotinada en 1991. No sin antes haber dejado para la historia esta premonitoria e irrebatible sentencia: “Nadie debe ser molestado por sus opiniones. Si la mujer tiene el derecho de subir al patíbulo, ella debe tener igualmente el derecho de subir a la tribuna; en tanto que sus manifestaciones no alteren el orden establecido por la ley”.

    Increíble y decepcionante que aún, hoy en día, los ciudadanos del siglo XXI, una inmensa mayoría de nosotros aún nos encontramos en una etapa de cuestionamiento sobre los derechos inherentes al disfrute de la libertad, bajo un orden legal previamente establecido. Y uno de esos derechos inherentes a nuestra dignidad humana, de ciudadanía el es hecho electoral, el derecho a votar en elecciones seguras por nuestros gobernantes, o de no votar por ellos. Los venezolanos, la última elección libre y segura tuvimos fue la de 1998, hace ya 28 años. Desde esa fecha todas las otras que le siguieron fueron manipuladas, doblegadas, manipuladas de una manera miserable, abierta y contraria a esa Declaración de los Derechos Universales de 1948.

    Aún, hoy en día, el poder público es ejercido por los mismos protagonistas de ese desconcertante y miserable período de tiempo que se inició en esa fatídico año de 1998, cuando se posesionó y secuestró todo orden legal nacional o internacional existente, para imponer un gobierno de personas desnacionalizadas, sin historia apoyadas en el uso de la persecución, el secuestro, la tortura, la confiscación y, expatriación de sus conciudadanos.

    Un país entero salió de nuestras fronteras naturales. Se contabilizan más de ocho millones de compatriotas, esparcidos en los siete continentes. Panamá y El Salvador unidos, no cuentas con esa totalidad de seres humanos; tampoco Suiza ni Luxemburgo, ni Paraguay ni Uruguay.

    Por ello, cuando leo sobre la Declaración Universal de los Derechos Humanos, me pregunto si no es hora de firmar una Declaración Universal de los Deberes Humanos. Porque hasta el presente hemos llevado los derechos hasta lo inconcebible, por ejemplo el derecho a cambiar de sexo, el derecho a abortar sin causa alguna, como un preservativo más, el derecho a abusar de los menores, el derecho a instalarse en el poder ciudadano más allá de su límite legal porque hay que respetar las fronteras, el derecho a torcer la voluntad del elector mediante maniobras leguleyas u oportunistas, el derecho a imponer una religión o ideología.

    Pero no tenemos un decálogo de obligatorio cumplimento ciudadano en y entre las naciones del orbe, que garantice en ese caso los limites del poder individual o asociado, sustituyéndose con obligaciones de comportamientos individuales o corporativos, dentro y ante de una sociedad.

    *Juan José Monsant Aristimuño es diplomático venezolano, fue embajador de su país en El Salvador