Categoría: Opinión

  • Los caminos centroamericanos

    Los caminos centroamericanos

    Nuestra región siempre ha sido conflictiva; pero principalmente en las décadas de 1970 y 1980, se volvió una caldera social y política para después convertirse en un territorio donde se propagaron los conflictos armados entre fuerzas regulares e irregulares. Los más notables tuvieron lugar en Nicaragua y El Salvador.

    En el primero, tras largos años de lucha encabezada por el Frente Sandinista de Liberación Nacional contra una prolongada dictadura dinástica, inicio en septiembre de 1978 la insurrección que culminó con la caída de Anastasio Somoza Debayle y la instauración de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional en julio de 1979; posteriormente, en 1981 comenzó la “guerra de los contras” financiada desde la Casa Blanca. En el segundo, al surgimiento de los primeros grupos guerrilleros le siguió el desarrollo de un combativo movimiento de masas intensificado a partir de 1975 y luego del magnicidio del arzobispo Óscar Romero ‒el 24 de marzo de 1980‒ empezó una guerra interna de once años.

    En Guatemala fue derrocado Jacobo Árbenz en 1954; así murió su “primavera democrática”, mediante la abierta intervención directa de la Agencia Central de Inteligencia ‒la CIA gringa‒ para comenzar una despiadada guerra sucia contra el pueblo chapín. En 1960 brotó la lucha armada y en 1982 se formó la Unión Revolucionaria Nacional Guatemalteca para desafiar así al ejército gubernamental y los grupos paramilitares. Tanto en este país como en El Salvador, mediante negociaciones y acuerdos se puso fin a estas fuertes pugnas políticas y militares.

    Bajarles la temperatura a esos “infiernos” hasta apagarlos, incluido el que principiaba a gestarse en Honduras, no fue fácil. Ese esfuerzo arrancó oficialmente hace 40 años en Guatemala durante un trascendental evento realizado el 24 y el 25 de mayo de 1986, con la firma de la Declaración de Esquipulas por el presidente anfitrión –Vinicio Cerezo– y sus colegas Napoleón Duarte de El Salvador, José Azcona de Honduras y el nicaragüense Daniel Ortega. Empujadas por el tico Óscar Arias, esas conversaciones concluyeron con el Acuerdo de Esquipulas II el 7 de agosto de 1987. De estos protagonistas, solo uno sigue vivo ocupando la silla presidencial: Ortega, convertido en la antítesis de lo que decía ser antes.

    En su discurso de aceptación del Premio Nobel de la Paz pronunciado en  diciembre de 1987, Arias aseguró que se debía entender “que la paz solo se puede alcanzar mediante sus propios instrumentos: el diálogo y la comprensión; la tolerancia y el perdón; la libertad y la democracia”. Estos nos desafiaban entonces para enderezar el rumbo equivocado y tomar el camino hacia la armonía y el progreso. Y son los que ahora deberían servirnos para tomarle el pulso a estas cinco pequeñas naciones cuyas sociedades, hace cuatro décadas, veían ilusionadas el camino que comenzaban a andar y el futuro promisorio a forjar para sus pueblos.

    Pero no. Pese a que la esperanza asomó entonces, hoy Centroamérica no goza de una buena salud económica, social y democrática. En este último ámbito, la situación es especialmente preocupante. Ortega lleva casi veinte años seguidos en el poder; si se agrega más de una década como coordinador de la referida junta gubernamental y luego presidente de la república de 1985 a 1990, ha estado al frente del país casi 30 años y según parece aspira a que su dinastía supere los tiempos de la somocista al nombrar copresidenta a Rosario Murillo, su esposa, y promover a su hijo Laureano.

    Y como siempre he dicho: lo que allá Ortega ha hecho caminando, en El Salvador Nayib Bukele lo está haciendo en carrera libre de obstáculos. Ya lleva más de siete años como presidente de la república, dos de los cuales lo ha hecho de forma inconstitucional. Y al tomar el control absoluto de todo el aparato estatal, ya se aseguró la permanencia en el puesto quién sabe hasta cuándo.

    En Honduras, la intervención de Donald Trump en las elecciones presidenciales del año pasado fue una total e insolente patanada. Por su parte, Bernardo Arévalo en Guatemala ‒con una popularidad a la baja‒ se tuvo que enfrentar hasta hace poco con la impresentable fiscal general que recién finalizó en el cargo y ha mantenido una tirante relación con el Congreso. Finalmente, preocupa sobremanera lo que ha ocurrido y está ocurriendo en Costa Rica con la anterior gestión de Rodrigo Chaves y su permanencia como “el poder detrás del trono” que ahora ocupa Laura Fernández.

    Cuatro décadas después, pues, los cinco países que diseñaron el sueño democrático regional en 1986 dejaron atrás el camino de la esperanza y transitan de nuevo el que ya nos condujo a la locura.

  • Sentirse familia para percibirse humano

    Sentirse familia para percibirse humano

    El horizonte existencial requiere sentirse familia, al menos para hallarse humanitario y sustentar toda la gama de sus relaciones sociales, desde las más próximas a las más lejanas. Tanto es así que, cuando fallan esos vínculos naturales de entrega y generosidad, todo se deshumaniza con acciones inhumanas, porque no hay otro apoyo que el amor de amar amor. Bajo este cosmos, inmenso y diversificado, la humanidad se engrandece en la medida en la que los seres vivientes, acrecientan sus raíces en un tronco común, que es manantial de savia y cauce de realizaciones comunitarias. Realmente, nada somos por si mismos. De ahí, la importancia de entendernos y de atendernos, mediante idílicas pastorales que activen tanto el bien/ser como el bien/estar.

    Ciertamente, una política sin su poética desinteresada, llega a convertirse más pronto que tarde, en una acción bárbara. Desde luego, se precisa el ritmo de la lírica que todo lo transparenta y trasciende, con sus ojos de niño, entonando cosas humildes y atinando en la conjugación del querer, que todo lo versifica en espíritu donante. Es justamente este eco melódico, lo que nos impulsa como comunidad de personas unidas al corazón y no a la coraza, blindaje empedrado por el afán destructor del maligno. Lo sustancial, por ello, también radica en saber reconstruirse con la mano extendida siempre y la mirada en disposición de caricias, para poder curar las heridas. Únicamente, de este modo, los seres humanos son capaces de coexistir en unión y de cohabitar en comunión.

     

    Son estas alianzas de auténtico apego benefactor, las que nos despliegan el nosotros, de modo siempre renovado.  Nuestra época, a mi juicio más que ninguna otra, tiene necesidad de esa conjunción de pulsos, generados entorno al calor del hogar, si en verdad queremos humanizar los nuevos descubrimientos de la humanidad. En consecuencia, es vital que las familias, como miembros claves para el progreso social y económico, cuenten con un apoyo especial para el cuidado de los niños y un acceso verídico a todas las ayudas, al menos para fortalecer la resiliencia doméstica, reducir la pobreza y promover la igualdad de oportunidades. Al fin y al cabo, lo fundamental no está en mantenerse sino en conservarse humano, sin que nada nos resulte indiferente.

    La despreocupación es el peor de todos los males hacia nuestros semejantes, esa es la esencia de la inhumanidad reinante. No olvidemos que muchos niños migrantes o hijos de progenitores separados, están cada vez más expuestos al abandono, al riesgo de ser explotados o reclutados por grupos armados y sometidos a estrés emocional. Indudablemente es en la genealogía, u obrando como parentela, donde se sitúa la perfecta sintonía con el compromiso en defensa de la escuela de las virtudes sociales, que son el principio activo de la existencia y del desarrollo. En efecto, a medida que las familias se debilitan, también lo hacen las estructuras sociales, ya que cada ciudadano, en su propio estado de vida, está llamado a mejorar las relaciones y el entorno en el que vive.

    Nadie puede lavarse las manos ante nada, ni tampoco ante nadie, a la hora de escuchar el clamor de los vulnerables, además del lamento de la tierra, lo que nos debe llevar a proteger estilos de vida más cooperantes entre sí y armónicos, sabiendo que la concordia no se sustenta en la uniformidad, sino en forjar confianza mediante el diálogo, la inclusión y la reconciliación. Oigamos las diversas posiciones, pues todos moramos en este planeta como mortales, respirando el mismo aire y pensando en el futuro de los descendientes, lo que nos requiere a no desligarnos de los lazos. Por tanto, si ningún corazón es una isla, quitemos nuestra lunática cara oscura, y dejémonos ver como poesía, no como poder, que todo lo envenena de dominación. Pongámonos a servir, pues, como poetas en guardia.

  • Hantavirus: un virus mediático

    Hantavirus: un virus mediático

    Existe actualmente una explosión de información debido a un brote inusual ocurrido en el crucero MV Hondius, con casos confirmados de la cepa Andes del hantavirus. Esto ha encendido alarmas no solo sanitarias, sino también en la población general, que aún no termina de recuperarse emocionalmente de los estragos económicos y sociales —sobre todo derivados del manejo sanitario— de la reciente pandemia de COVID-19.

    ¿Por qué tanta cobertura mediática si el hantavirus rara vez produce epidemias?

    El hantavirus no corresponde a una única enfermedad, sino a una familia de virus zoonóticos capaces de provocar dos síndromes principales, ambos caracterizados por fiebre, trombocitopenia y leucocitosis. El primero es la fiebre hemorrágica con síndrome renal por hantavirus (FHSR) y el segundo es el síndrome cardiopulmonar por hantavirus (SCPH), también conocido como síndrome pulmonar por hantavirus (SPH).

    Estos virus se alojan de manera natural en ciertas especies de roedores silvestres, que actúan como reservorios crónicos sin desarrollar enfermedad. Existe una convivencia biológica relativamente estable entre el virus y estos animales. Sin embargo, cuando el virus cruza la barrera interespecie y llega al ser humano, puede desencadenar cuadros clínicos de gravedad muy variable: desde síntomas similares a una gripe hasta una enfermedad potencialmente letal.

    Desde el punto de vista biológico, los hantavirus se dividen en los del “Viejo Mundo” (Europa y Asia), que suelen afectar predominantemente el sistema renal, y los del “Nuevo Mundo” (América), con especial predilección por el sistema cardiopulmonar.

    A nivel mundial, la enfermedad es relativamente infrecuente. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se registran anualmente entre 10,000 y 100,000 casos en todo el mundo. El virus se transmite principalmente por inhalación de aerosoles contaminados. Cuando la orina, saliva o excremento de roedores infectados se secan en el ambiente, las partículas virales pueden quedar suspendidas en el polvo. Si una persona entra en un espacio contaminado y con escasa ventilación, puede inhalar estas partículas y contagiarse. Existe, sin embargo, una excepción importante: la cepa Andes, responsable del presente brote. Este subtipo posee la capacidad de transmitirse de persona a persona, especialmente cuando existe contacto estrecho y sostenido. Estudios citados por la revista Frontiers sugieren que esto ocurre porque el virus se replica de manera significativa en las glándulas salivales de los pacientes infectados, facilitando así su transmisión. Afortunadamente, esta forma de contagio entre humanos es poco eficiente y requiere proximidad física prolongada. Hasta la fecha, los brotes documentados de transmisión interpersonal se habían limitado principalmente a regiones andinas de Argentina y Chile, especialmente en 1996 y 2018.

    El actual brote en el crucero constituye el primer escenario internacional de este tipo en varios años, lo que explica en parte la intensa cobertura mediática. Otro factor determinante es su elevada letalidad. La forma respiratoria del hantavirus puede alcanzar una mortalidad de hasta el 50 % en América, muy superior a la observada durante la pandemia de COVID-19. Al momento de escribir estas líneas, se reportan nueve casos confirmados entre pasajeros y tripulantes del crucero, cuatro de ellos fallecidos. A esto se suma otro elemento preocupante: actualmente no existe un tratamiento específico ni una vacuna ampliamente disponible contra esta enfermedad.

    ¿Cómo se contagiaron los pasajeros y tripulantes del crucero?

    El crucero de expedición MV Hondius zarpó de Ushuaia, Argentina, el 20 de marzo de 2026 con 149 personas a bordo. Se trataba de una expedición ornitológica y de observación de fauna silvestre con destino final en las Islas Canarias, España. Entre pasajeros y tripulación viajaban personas provenientes del Reino Unido, España, Estados Unidos, Argentina, Alemania, Países Bajos, Guatemala y otros países.

    Previo al embarque, varios pasajeros participaron en excursiones terrestres en territorio argentino para la observación de aves. Una de las hipótesis plantea que durante estas actividades una o más personas pudieron haber estado expuestas a excremento o saliva de roedores infectados.

    La primera víctima fue un pasajero neerlandés de 70 años, quien falleció a bordo el 11 de abril. El crucero hizo escala en la isla de Santa Elena el 22 de abril, donde desembarcaron el cadáver del pasajero y su esposa, quien posteriormente falleció el 24 de abril. El 27 de abril, un pasajero británico enfermó gravemente y fue desembarcado en la Isla Ascensión para luego ser trasladado a Johannesburgo, Sudáfrica, donde se confirmó el diagnóstico de hantavirus. Posteriormente, el 2 de mayo, un pasajero alemán murió a bordo sin causa inicialmente establecida.

    El 3 de mayo, el crucero llegó a Cabo Verde, donde se le negó autorización para atracar tras notificarse tres fallecimientos y varios casos sospechosos. Ese mismo día, la OMS fue oficialmente informada sobre un brote de enfermedad respiratoria aguda grave relacionado con el crucero. Hasta el momento, se contabilizan nueve casos confirmados y cuatro fallecidos.

    ¿Debemos preocuparnos?

    Según expertos y organismos internacionales, el brote se considera actualmente contenido y el riesgo de una pandemia es bajo. No existe evidencia de propagación masiva ni de transmisión sostenida a gran escala. La OMS mantiene que el riesgo para la población general continúa siendo bajo.

    En resumen, la amplia cobertura mediática responde más a la naturaleza excepcional del evento, la alta mortalidad asociada y la ausencia de tratamiento específico, que a la existencia de un riesgo epidémico real para la población general.

    *El Dr. Alfonso Rosales es médico epidemiólogo y consultor internacional

  • 40.5 grados Celsius. ¡SOS! Nos estamos asando 

    40.5 grados Celsius. ¡SOS! Nos estamos asando 

    Literalmente nos estamos asando,  el calor es cada vez más insoportable y al parecer es un factor climatológico que a largo plazo y ante la desidia de las potencias mundiales no tiene marcha atrás, al menos mientras no haya conciencia ambiental en cada ciudadano ni una política de Estado que procure aminorar esta situación.

    El viernes de la semana pasada se rompió el récord nacional de El Salvador, cuando la estación meteorológica instalada en Guija,  Santa Ana, registró 40.5 grados Celsius, siendo la temperatura más alta registrada oficialmente en el país. El récord anterior era de 40.2 grados Celsius, establecidos en 2016.

    Los médicos han recomendado a la población hidratarse adecuadamente para no sufrir las consecuencias del calor, como pueden ser los desmayos por deshidratación  ro los choques de calor que pueden ser de fatales consecuencias. Hay que cuidar a los bebés, a los niños, a los adultos mayores y a quienes padecen enfermedades crónicas.

    También se recomienda a la población, en general, a no exponerse al sol, especialmente entre 10:00 a.m. y 2:00 p.m. así como ventilar adecuadamente sus hogares y sus lugares de trabajo o estudio.

    Obviamente hay factores o fenómenos que no pueden evitarse, como las arenas del Sahara, arrastradas por el viento desde África o la formación de olas de calor como consecuencia del cambio climático en el globo terráqueo por culpa de la industrialización y la falta de conciencia de algunos lideres del mundo, pero de manera individual si podemos poner nuestra minúscula participación para aminorar el sofocante calor.

    Debemos proteger los bosques y los árboles, el Estado debe de desarrollar una estricta política de cuido ambiental y obligar a quienes derriban un árbol a sembrar y cuidar dos  o tres árboles frutales o de sombras. Muchas empresas constructoras siembran árboles, sin obligarse a cuidarlos hasta crecer. Cumplen un compromiso, solo como requisito, sin adquirir conciencia de su responsabilidad.

    El Estado debe, con ley en mano, restringir las construcciones en zonas de reserva forestal o sobre áreas que evidentemente son mantos acuíferos. La construcción vertical significa un aprovechamiento de espacios y debe contemplarse como alternativa viable y por ende como política nacional.

    La obligación de reforestar debe aplicarse rigurosamente e imponer penas o multas severas a quienes incumplan dicha disposición. Un árbol es sombra, frutas y aire puro, además de ser una protección natural de  los suelos y en determinadas áreas hasta captador de agua al estar sembrado en sitios de retención o mantos acuíferos

    Cuando yo era niño y adolescente en los centros educativos se nos concienciaba sobre la reforestación y cada cierto tiempo solíamos salir, con la guía y acompañamiento de nuestros maestros,  a sembrar arbolitos. Muchos de esos árboles crecieron y se convirtieron en frutales y dadores de sombra, otros ya desarrollados fueron talados en nombre de la “modernidad”.

    El Sistema Educativo, puede y debe retomar la concienciación ambiental y hacer que niños y adolescentes realicen, con apoyo de la empresa privada y entidades oficiales, campañas de reforestación. Más que participar en desfiles o actos alusivos los estudiantes deben llevar a la práctica las acciones ambientalistas. El Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales, más que llevar estadísticas y dar informes de la situación ambiental del país, debe desarrollar los mecanismos de hecho y derecho para proteger desde el punto de vista ambiental, la salud y en bien vivir de los salvadoreños.

    La obligatoria y sistemática reforestación, la prohibición de la tala indiscriminada  e innecesaria, la estricta regulación de la construcción urbanística, la protección irrestricta de los mantos acuíferos, el salvaguardar rigurosamente las zonas ambientales protegidas, una campaña intensa y transversal de concienciación ambiental y, por supuesto, la voluntad y conciencia ambientalista de la población, serían factores que perfectamente ayudarían a aminorar el calor y sus nefastas consecuencias, ¡Uf, qué calor más sofocante!

    * Jaime Ulises Marinero es periodista

  • Réquiem por un poeta

    Réquiem por un poeta

    Aquel 10 de mayo de 1975 se silenció  con balas el humor mordaz y la lucidez política de Roque Dalton, su imagen no solo permanece intacta, sino que ha llegado a ser la profunda herida abierta de nuestra historia. Después de cinco décadas y un año, este aniversario no es una efeméride que se suma; es un signo marcado que en El Salvador, la justicia suele ser versos escritos en el aire.

    Esta fecha viene a la memoria pues la poesía se apagó. En El Salvador por decreto el 14 de Mayo se celebra el día de la poesía como reconocimiento a el más revolucionario de los poetas, aquel que Benedetti dedicó con estos versos el hecho es que llegaste temprano al buen humor, al amor cantado a una muerte que no era la tuya
    y que a esta altura no sabrá que hacer con tanta vida. El unicornio azul que perdió Silvio Rodríguez . al que Daniel Bigletti llamó Pulgarcito de Poeta tan alegre, tan sin silla, tan sin fin.

    La familia Dalton ha tenido una lucha constante  por el esclarecimiento de su muerte. No buscan una monumento a su memoria, sino la verdad histórica y la recuperación de sus restos. Se espera que alguna vez sepamos la  verdad y se puedan resanar esas heridas , no es venganza , no es rencor es conocer la verdad ante todo.

    La obra de Dalton es un ingenio explosivo. Contrario a lo ceremonial de otros autores, Roque introdujo la ironía, el coloquialismo y la autocrítica en la lírica comprometida. Su Taberna y otros lugares, ganadora del Premio Casa de las Américas en 1969 , abandona el lirismo más tradicional para adoptar una voz cargada de ironía,  y un profundo compromiso político es un testamento de su capacidad para mezclar la alta cultura con la voz popular.

    Su valor trasciende las  fronteras. Dalton perteneció a esa constelación de titanes que reinventaron la palabra en América Latina.

    Mientras Mario Benedetti exploraba la cotidianidad del oficinista y Ernesto Cardenal elevaba la mística revolucionaria, Roque inyectaba un vitalismo iconoclasta. Compartió con Julio Cortázar no solo la amistad, sino esa visión lúdica de la literatura donde el juego es la forma más seria de libertad. Eran hijos de un tiempo de utopías sangrientas, donde la poesía era, como él mismo decía, una «conducta».

    Sin embargo, a 51 años de su desaparición, el mejor homenaje no es leerlo en las escuelas, sino responder a la pregunta que su familia y la historia siguen gritando: ¿Dónde está Roque? O declarar este día como el día de la poesía, mientras no se encuentre la justicia, su poesía seguirá siendo un incómodo recordatorio de que El Salvador aún le debe la paz a su hijo más ilustre. La posteridad ya le dio la razón literaria; ahora falta que la ética mínima le devuelva su nombre y sus huesos a la tierra que tanto amó y cuestionó.

     

     

  • México y Honduras en la picota

    México y Honduras en la picota

    Dos escándalos mayúsculos sacuden en este momento a Hispanoamérica: el llamado Hondurasgate, en el país con mejor ubicación al centro del continente, y la petición formal de Estados Unidos a México para que le envíe, mediante extradición, a un grupo de altos funcionarios sinaloenses del partido oficial, Morena. Ambos casos son de enorme relevancia y demostrarían la existencia de amplias redes delictivas y de clientelismo político en la región.

    Debido quizá a que los medios de comunicación que han difundido el Hondurasgate son claramente ideológicos en su forma de tratar la noticia —algo que me permito advertir con la desenvoltura con que estos mismos medios califican de “conservadora” o “ultraderechista” a la prensa de signo contrario—, la revelación de audios comprometedores entre el ex presidente Juan Orlando Hernández con el actual mandatario hondureño, Nasry Asfura, así como de otros personeros públicos de ese país, no ha tenido en Centroamérica la repercusión que debería. Y es una lástima.

    La subjetividad política de un medio no constituye razón suficiente para ignorar todo lo que ese medio dice, máxime si presenta evidencias. Tampoco debemos ser ingenuos pensando que los grandes consorcios de comunicación tienden a la objetividad por definición. Lo que resulta lamentable es que los jaloneos ideológicos intervengan de tal manera en el oficio periodístico que entre colegas se acusan de “imponer agendas”, olvidándose cada uno de que la libre expresión ampara su labor y que serán las personas, en cualquier caso, quienes desde su propia conciencia y formación premien con su atención y preferencia a cada medio.

    En el caso del Hondurasgate, por ejemplo, los audios pueden escucharse libremente en la misma plataforma que los ha divulgado. Y es muy difícil negar la credibilidad de estas 37 filtraciones. Las voces de los involucrados están allí, claras, con sus inconfundibles matices y timbres. En esos intercambios, Hernández y Asfura parecerían dispuestos a facilitar la instalación de una red de intervencionismo estadounidense e israelí en Honduras, algo que explicaría por qué Donald Trump indultó al primero y respaldó en las pasadas elecciones presidenciales al segundo.

    Ciertamente, la forma descarada en la que el presidente de Estados Unidos apoyó a Asfura al final de la campaña del año pasado, casi al mismo tiempo que excarcelaba a Hernández —condenado a casi medio siglo de prisión por delitos de narcotráfico— tendría aquí una verdadera razón de fondo: convertir a Honduras en una sede regional de intervencionismo sistemático, que incluiría espionaje electrónico, inversiones lucrativas, injerencia política y control ciudadano.

    El asunto da para mucho y probaría varias hipótesis. La ex mandataria Xiomara Castro, claro, desearía que compráramos la tesis del fraude contra su partido, pero lo cierto es que la candidata de Libre, Rixi Moncada, nunca despegó en las encuestas y apenas consiguió un lejano tercer lugar, con menos del 20% de los votos. No. Lo que estas conversaciones revelan es que el viejo bipartidismo hondureño —conformado por el Nacional (de Hernández y Asfura) y el Liberal (hoy en la oposición)— es susceptible de corrupción al más alto nivel, con el involucramiento autoridades electorales, legisladores, empresarios y hasta bandas de narcos y sicarios.

    De toda esta trama se desprendería, además, un supuesto aviso a México, porque el plan general presuntamente abarca el montaje de estructuras digitales de ataque y desprestigio contra los gobiernos “progresistas” de Claudia Sheinbaum y de Gustavo Petro (en Colombia). Es indudable que Trump no simpatiza con Sheinbaum, pero seamos francos: tampoco necesita de ningún sofisticado andamiaje para socavar su Gobierno. Ella solita se ve dispuesta a hacer este trabajo sin que sus adversarios se lo pidan. Veamos, para ilustrarlo, la torpeza con que la mandataria está manejando su propio escándalo doméstico.

    En vigor desde 1980, Estados Unidos y México tienen un tratado de extradición que estipula los procedimientos mediante los cuales se intercambiarán criminales entre ambas naciones. Echando mano de este histórico acuerdo bilateral, un acta de acusación formal de 34 páginas, emitida por un Gran Jurado del Distrito Sur de Nueva York —por tanto, no susceptible de manipulación por parte de la Casa Blanca—, pide ahora a México la aprehensión y extradición de una decena de funcionarios públicos del estado de Sinaloa.

    Así como apenas en el año 2025 se envió por la misma vía a otros presuntos responsables de delitos relacionados al tráfico de drogas, sobornos y crimen organizado —El Mayo Zambada, los hermanos Treviño o Abigael González, por mencionar algunos—, hoy la Fiscalía mexicana debería proceder a las capturas de los señalados sin exigir ninguna otra prueba más que el acta correspondiente, pues el ciclo legal de acusación no necesita agregar ningún elemento adicional, en tanto las pruebas se presentarán, como es lógico, durante los correspondientes juicios.

    Pues ahora Claudia Sheinbaum, en lugar de aprovechar la ocasión para sacudirse a tantos personajes desacreditados, ha optado por envolverse en la bandera mexicana, reclamando soberanía, y con una celeridad digna de mejor causa ha respaldado a la Fiscalía —en la que ella sí tiene influencia— en su reclamo de pruebas al vecino del norte contra los funcionarios de su partido involucrados. El escándalo amenaza con crecer y convertirse en el Watergate del oficialismo mexicano.

    Como pintan las cosas, aquello de los sencillos principios morales vendrá a ser más decisivo que las rancias ideologías. “Izquierdas” y “derechas” son puras viñetas, envoltorios, cascarones… La vieja miseria humana prevalece.

  • Historia y política

    Historia y política

    La noticia de que la señora Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, viajaría a México y que uno de sus objetivos era ir a hablar de forma elogiosa de Hernán Cortés, no dejó de ser algo curioso y estrambótico. Alguien podría preguntar: ¿es que Isabel Ayuso hará una valoración histórica?

    Por desgracia, no, lo de ella es pura politiquería. Querer meter ruido a donde va y, de cualquier forma. ¡En la estela de Trump!

    Pero doña Chabela ¿habrá leído al menos las ‘Cartas de Relación’ de Hernán Cortés? Su contenido no es para recibir elogios más de 500 años después.

    La Conquista (y la Colonia, a continuación) que se realizó en América (no solo por España) fueron procesos traumáticos. Violentos, y donde el aniquilamiento de las poblaciones originarias fue el resultado de todo aquello.

    ¿O cree la presidenta de la Comunidad de Madrid que la Conquista y los conquistadores eran unos querubines benignos que vinieron a proporcionar bienestar? No, señora, le vendría bien leer ‘Conquistadores’, de Éric Vuillard, para que aclare un poco su mente.

    A la política tradicional (Ayuso es expresión de eso) siempre le ha interesado la Historia, pero aquella donde los vencedores cuentan sus hazañas.

    Hernán Cortés, como Napoleón Bonaparte, como Aníbal, si se les toma como personajes literarios, sin duda que funcionan bien. Pero la realidad histórica que Hernán Cortés encarnó no puede escamotearse: fue la punta de lanza de un proyecto imperial que avasalló los territorios conquistados, a sus gentes, a sus dioses, a sus riquezas naturales.

    A quienes usan la Historia para sacar beneficios politiqueros bien les vendría leer ‘La patria del criollo’, de Severo Martínez Peláez. Pero no, lo que quieren es escandalizar e intentar ser el foco de atención.

    Ir a México a hacer campaña política española es sin duda un extraño proceder de Isabel Ayuso.

    Desde España debe verse a América, y a América Latina en concreto, de un modo menos sesgado. Sin esquematismos. Aquellas poblaciones aniquiladas por armas, por caballos y por virus (en 1520, viruela; en 1531, sarampión; en 1545,  influenza; en 1564, otra mortandad; en 1576, tifus; en 1588, de nuevo tifus y en 1595 y 1596, sarampión, paperas y ‘tabardillo’ o tifus exantemático), a pesar de la derrota catastrófica al enfrentarse con los Señores que Llegaron del Mar sus supervivientes, por siglos, han sabido resistir y han llegado hasta el día de hoy en la literatura, en las pinturas, en las canciones, en las lenguas que no se agotaron y en las variaciones del castellano al que se amarraron, en las distintas versiones del mestizaje.

    Si nos olvidamos que hubo Conquista y Colonia, y del modo real como todo eso se impuso, seríamos nada. Sería edulcorar la vida, pero olvidar el pálpito que debe animarnos sería nuestra ruina.

    La verdad es que la señora Ayuso está silbando en la loma. Ah, leer ‘Las historias prohibidas del Pulgarcito’ de nuestro impagable Roque Dalton también la ayudaría a poner los pies en la tierra, y de paso se baña con todo el humor que ese libro derrama.

    Historia y política tienen muchos vasos comunicantes. Quienes creen que apelar a nombres y fechas y glamures gastan pólvora en zopes.

    Historia son procesos, son tensiones cruciales, son circunstancias largas o cortas donde el cambio asoma su penacho.

    Política no es politiquería.

    En este momento se viven en el mundo horas difíciles, porque los politiqueros se han hecho con el manubrio y nos amenazan a todos, sí, a todos los habitantes del planeta, con imponernos su férula.

    Venden viruta y lanzan bombas donde quieren y nadan en pozos de petróleo y sueñan con reinar por los siglos de los siglos.

    Por eso es tan importante que no olvidemos de dónde venimos, quiénes son nuestros ancestros y todo lo que ha tenido que pasar para que lleguemos a este punto.

    Por supuesto que Isabel Ayuso ni siquiera se tomó la molestia de revisar partes (leerlo todo sería mucho) del importante libro de José Luis Martínez, ‘Hernán Cortés’, porque de lo contrario no habría dicho que iba a México a alabar a Hernán Cortés.

    Ese personaje real que fue Hernán Cortés debe estudiarse sin mentalidad hagiográfica (la actitud de Ayuso va por ahí), pero tampoco hay que estar con la guadaña en la mano. La investigación histórica ya ha situado la Conquista (y la Colonia) en sus coordenadas cabales, y Cortés debe comprenderse desde esa perspectiva. Sus escritos y sus realizaciones física deben leerse con atención y no caer en la tentación de ‘usarlos’ para hacer politiquería. Y esto vale para muchos otros personajes y procesos y momentos de la historia de América Latina y del mundo. ■

    *Jaime Barba, REGIÓN Centro de Investigaciones

  • La hora de los libres

    La hora de los libres

    José Marti nunca dejó de trabajar por su quimera de una Cuba sin amos y por una Patria con todos y para el bien de todos, un síndrome que padecemos muchos compatriotas del apóstol a pesar del cumulo de frustraciones y desencantos que nos han azotado por más de seis largas décadas.

    No descarto que algunos lectores aprecien este escrito como reiterativo y hasta cansón, pido disculpas si así lo perciben, pero es que el reconocimiento del inepto dictador cubano de que está negociando con Estados Unidos, me obliga a plasmar anhelos propios y de amigos, afanes siempre presentes en nuestras fantasías que desesperamos se conviertan en realidad.

    Como bien dice Ramiro Gómez Barruecos, nos encontramos ante una potencial transición política en Cuba, una encrucijada que puede conducir al cese del totalitarismo o simplemente a un cambio en que todo siga igual, por tanto, es convenientes que nos aprestemos en busca de oídos que nos escuchen.

    Primero, debemos dejar lo más despejado posible que nuestra oposición al totalitarismo es consciente, razonada, motivada por la conculcación de nuestros derechos ciudadanos con independencia de los resultados económicos del sistema. Si Cuba nadara en la abundancia de bienes materiales, confrontaríamos igualmente al castrismo por su naturaleza depredadora y contraria a los valores que defendemos, de ahí nuestro compromiso de que la clase gobernante cubana abandone el poder y sea debidamente procesada por sus numerosos crímenes.

    Cuando se inició esta lucha en los sesenta en Cuba había de todo, las restricciones de viajes eran inexistentes y los negocios se desarrollaban con relativa libertad, sin embargo, se apreciaba que los derechos ciudadanos, libertades como las de expresión e información eran cuestionadas por las autoridades y las leyes estaban al servicio del caudillo, no de la justicia.

    Con el transcurso de los meses la situación se agravó y los derechos más elementales fueron abolidos. Se impuso un pensamiento único, una sola voluntad y como colofón la obligación de aceptar por unanimidad las disposiciones gubernamentales, en realidad, ya no era necesario que Fidel Castro se declarara marxista, el castrismo imperaba en Cuba con toda la furia de su forjador.

    Nuestro primer reclamo es la excarcelación sin excepción de los prisioneros políticos y la abrogación de todas las leyes represivas, simultáneo, a la aprobación de una ley general de amnistía que ampare a los acusados por actos delictivos recogidos en legislaciones que violentan los derechos ciudadanos, comprendido, el derecho al regreso de los cubanos que se encuentran en el exterior.

    Consideramos básico para la restauración de la República, la aprobación de legislaciones que reconozcan de manera irrestricta el respeto a los 30 puntos fundamentales descritos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la que Cuba es firmante, pero viola sistemáticamente y la desmovilización de todos los cuerpos represivos y de espionaje al servicio del régimen.

    Un cambio radical en el sistema judicial es imperativo. La sustitución de jueces y funcionarios judiciales en general demanda una pronta y eficaz atención, la justa justicia es una demanda que debe ser satisfecha.

    La educación, uno de los instrumentos más preciado del totalitarismo, también exige profundos cambios. Todos los niveles educativos en Cuba han sido contaminados por la visión sectaria del castrismo. La tergiversación de la realidad y el adoctrinamiento de la juventud deben ser enfocados con realismo y comprensión hasta lograr nuevos paradigmas.

    Es fundamental para avanzar social y económicamente que las actividades gremiales, profesionales, así como las económicas puedan efectuarse sin restricciones permitiendo libremente la producción de bienes materiales, incluido consumo y viviendas a quienes estén aptos para realizar estas actividades, así como la liberación de las capacidades de exportar e importar de que disponga la población.

    La agricultura debe ser liberada de toda regulación gubernamental que la limite. Cuba históricamente ha sido un país de importantes producciones agropecuarias y es vital que esa condición sea restituida completamente.

    El castrismo se caracteriza por su gran capacidad de sobrevivencia y no respetar los compromisos. Es mi criterio que no se deben hacer concesiones sin reciprocidad por parte del totalitarismo, no puede depositar confianza en delincuentes sistemáticos y aunque Estados Unidos ha sido siempre el mejor aliado de la causa democrática cubana, les pedimos que estén alerta porque están negociando con tramposos que no respetan nada.

  • Utilización de los servicios de salud y experiencia con DoctorSV: una aproximación desde la atención oportuna, el acceso y la calidad percibida

    Utilización de los servicios de salud y experiencia con DoctorSV: una aproximación desde la atención oportuna, el acceso y la calidad percibida

    Uno de los aspectos más importantes dentro del ámbito de la salud pública para mejorar la calidad de vida de las poblaciones es la utilización de los servicios de salud. Asimismo, una utilización adecuada de estos servicios contribuye a que el sistema sea más eficiente, equitativo y capaz de responder mejor ante crisis sanitarias. El concepto de utilización de los servicios de salud se define como el proceso mediante el cual una persona o población entra en contacto con el sistema sanitario para prevenir, atender o resolver una necesidad de salud; es decir, una interacción social e institucional orientada al mantenimiento o recuperación de la salud. Esta utilización se optimiza cuando responde a una necesidad real, en el nivel de atención adecuado y con el menor desperdicio posible de recursos. La utilización “correcta” no significa usar menos servicios, sino usarlos mejor: recibir atención de acuerdo con la necesidad, en el momento y lugar adecuados, sin saturar los servicios críticos.

    Históricamente, la utilización de los servicios públicos de salud por parte de la población salvadoreña ha sido alta, especialmente entre los grupos de menores ingresos y en las zonas rurales. Sin embargo, esta alta demanda ha provocado en muchas ocasiones la saturación de los servicios, con tiempos de espera prolongados y la persistencia de desigualdades entre San Salvador y algunos departamentos. Según estudios locales, las quejas de las personas usuarias se relacionan con mayor frecuencia con los largos tiempos de espera, el desabastecimiento de medicamentos, la saturación de los establecimientos, el trato recibido, la dificultad para acceder a especialistas y la percepción de inequidad territorial, entre otros factores. Aun así, para muchas familias, especialmente en zonas rurales, esta sigue siendo la única opción accesible de atención médica.

    Recientemente, ante la considerable oposición a la nueva estrategia de DoctorSV por parte de sectores de la oposición política de nuestro país y de colegas, especialmente del ámbito de la medicina privada y del Instituto Salvadoreño del Seguro Social, decidimos en el núcleo de nuestra familia comenzar a utilizar este servicio y evaluar sus características, en el marco de la promoción del uso de los servicios médicos públicos.

    Nuestra experiencia:

    Tiempos de espera: una vez descargada la plataforma y registrados los datos demográficos, se solicita una cita médica según la disponibilidad de día y hora. En nuestro caso, el tiempo de espera fue menor a 24 horas. El horario de la cita es bastante flexible. Incluso se ofrecen opciones para consultas en horario nocturno que finaliza a las 11:30 p.m.

    Calidad de la atención: en general, la atención de salud brindada por las tres doctoras, en tres consultas diferentes, se caracterizó por una comunicación clara y efectiva, empatía, respeto, seguridad y oportunidad en la atención. Además, sentimos que la atención estuvo centrada en nuestras necesidades, valores y preferencias, con el fin de generar confianza y mejorar los resultados en salud. La ausencia del examen físico no se percibió como una limitación en la calidad de la atención. De hecho, en la práctica médica actual, el examen físico ha ido perdiendo protagonismo frente a los exámenes de laboratorio y los estudios de diagnóstico por imágenes, aunque sigue siendo un componente importante en muchos contextos clínicos.

    Disponibilidad de medicamentos y exámenes complementarios: en nuestro caso, la plataforma emitió las recetas médicas correspondientes, así como los exámenes de laboratorio y de imagen. Los medicamentos fueron dispensados en farmacias privadas con amplia disponibilidad geográfica. En esta actividad no se presentaron retrasos ni colas de espera. En cuanto a los exámenes de laboratorio, sí hubo una espera de aproximadamente una hora para acceder al servicio del proveedor privado. Si el servicio se pagaba de forma particular, no era necesario esperar. Por su parte, el estudio de imágenes, en este caso la ultrasonografía, no requirió un tiempo de espera mayor al habitual en el ámbito privado.

    Acceso a especialistas: en uno de los casos de nuestro ámbito familiar hubo necesidad de referencia a especialista. El tiempo de espera para acceder al especialista en nuestro caso fue de dos semanas debido a que se requería primero el resultado de la ultrasonografía.

    La experiencia descrita permite observar que la utilización de los servicios de salud no depende únicamente de la existencia de la oferta, sino también de su capacidad para responder con oportunidad, calidad y continuidad a las necesidades reales de las personas. En este sentido, DoctorSV mostró elementos positivos como tiempos de espera razonables, flexibilidad horaria, buena calidad en la atención, disponibilidad de medicamentos y acceso relativamente rápido a estudios complementarios y especialistas. Estos aspectos sugieren que una estrategia bien organizada puede contribuir a ampliar el acceso y a promover un uso más eficiente de los servicios públicos de salud. No obstante, también queda claro que la valoración de estos servicios debe continuar desde una perspectiva crítica, considerando no solo la satisfacción inmediata de la persona usuaria, sino también su sostenibilidad en el tiempo, equidad y capacidad de resolver de manera integral los problemas de salud de la población.

     

     

     

  • La Justicia incompleta: El Vacío de la Reparación a las Victimas en El Salvador

    La Justicia incompleta: El Vacío de la Reparación a las Victimas en El Salvador

    Históricamente, el sistema penal y de Justicia ha padecido de una «miopía jurídica» que centra toda su atención en el delincuente, en el criminal, dejando a la víctima como un simple objeto de prueba. En El Salvador en este año continúan los casos conocidos como  «macroprocesos» o juicios masivos contra las estructuras criminales de las pandillas. Sin embargo, como criminólogo, observo con mucha preocupación que estemos por  ganar la batalla del castigo en las audiencias únicas abiertas, pero perdiendo la de la justicia integral para las víctimas.

    El éxito de una política criminal no debe medirse únicamente por el número de sentencias condenatorias y menos en el número de registros de capturas. La verdadera eficacia se encuentra en la capacidad del Estado para restaurar el tejido social roto. Si el victimario es vencido en juicio y condenado a décadas de prisión, pero la víctima, aquella que perdió su patrimonio, su hogar por desplazamiento forzado o el sustento tras un homicidio no recibe ni un centavo de responsabilidad civil, estamos ante una justicia insuficiente e incompleta.

    En la teoría clásica, el delincuente debe reparar el daño. Pero por favor  enfoquemos en la realidad fenomenológica de las pandillas criminales:

    Insolvencia formal: La mayoría de los procesados carecen de bienes registrados a su nombre. Son muy hábiles y aprendieron a no registrar nada a su nombre.

    Extinción de Dominio: Los bienes incautados a los cabecillas suelen ser absorbidos por el Estado para gastos operativos y para administrar dichos recursos incautados, rara vez llegan a  los afectados directos, las víctimas bajo ninguna figura.

    Imposibilidad de cobro: Una condena de 35 a 60 años de prisión o la pena de prisión perpetua revisable anula cualquier posibilidad de que el sujeto genere ingresos para resarcir a sus víctimas.

    Dejar la reparación en manos de la «buena voluntad» o la solvencia del pandillero es, en la práctica, negarle el derecho a la reparación a miles de salvadoreños.

    Desde mi enfoque victimológico y de Justicia Criminal someto a consideración la siguiente Propuesta y recomendación al Estado  salvadoreño: El Fondo de Reparación Solidaria para las Víctimas de las pandillas criminales.

    Es imperativo que el Estado salvadoreño transite de una Victimología Crítica a una «Victimología de la Acción». La creación de un Fondo de Reparación para Víctimas de Pandillas no es una dádiva, no es una acción de caridad, es una obligación de justicia social basada en los siguientes pilares mínimos:

    1. Subrogación del Estado: al no haber podido garantizar la seguridad pública y ciudadana  en el presente siglo, asume la responsabilidad subsidiaria de indemnizar, cobrando posteriormente al sentenciado si este llegase a tener activos. Siempre he sostenido que las víctimas son la evidencia de los Estados de haber fallado en su deber prioritario de protegerla.

    2. Financiamiento Estratégico: Este fondo debe nutrirse de los bienes decomisados mediante la Ley de Extinción de Dominio, sugiero que de un porcentaje de las ganancias de las industrias y trabajo penitenciario y de la cooperación internacional. Así como una contribución de las armas, municiones, alcohol y otras áreas que producen víctimas, lesionados y homicidios. Incluso de un porcentaje por mejoras en la recaudación tributaria.

    3. Reparación Integral: No hablamos solo de dinero. El fondo debe cubrir rehabilitación psicológica, social, becas educativas para hijas e hijos que perdieron a sus padres por la violencia y criminalidad de las pandillas, programas de acceso a vivienda, programas para emprendedores, lista de espera con prioridad para nuevas plazas de trabajo en el Estado.

    No podemos permitir que las victorias en sede judicial de los macroprocesos sean  consideradas para las estadísticas. El dolor humano no se extingue con una la sentencia de una condena. Si el Estado salvadoreño ignora la reparación material y moral, corre el riesgo de generar una nueva generación de resentimiento social. Y ya nos sucedió, las víctimas del conflicto armado miles ahora duermen y no recibieron ni la verdad, ni la justicia.  No permitamos que la historia se repita.

    Como sostengo y lo seguiré promulgando: Sin reparación, no hay un verdadero tratamiento criminológico, ni paz del victimario, ni pacificación tampoco reinserción, menos restauración de la víctima. Es hora de que el Derecho Penal y el sistema de justicia deje de ser una prioridad sobre la pena y condena, y se convierta en un diálogo sobre la justicia. La deuda con las víctimas es enorme; es momento de empezar a pagarla.

    *Por Ricardo Sosa / Doctor en Criminología / Doctorante en Justicia Criminal / @jricardososa