Categoría: Opinión

  • Señores de la guerra

    Señores de la guerra

    Desde el principio estaba claro (menos para Trump y sus Halcones), que Irán no sería otra Venezuela. Y, sin embargo, el poderío militar norteamericano se fue a la guerra contra Irán.

    ¿Qué significa entonces la firma del Memorando de Entendimiento entre Estados Unidos e Irán?

    Para el gobierno norteamericano firmar ese acuerdo es un poco bochornoso después de las amenazas de destrucción total de la antigua Persia, propaladas por ese personaje vendedor de humo que se sienta al frente del Salón Oval de la Casa Blanca.

    Al parecer no hay ninguna duda acerca de que la guerra la ganaron las fuerzas militares norteamericanas. Sí, por supuesto, pero el Memorando de Entendimiento no parece reflejar eso.

    Quien ha iniciado los ataques es Estados Unidos, y en el documento que han acordado queda registrado que los norteamericanos dejarán de atacar a Irán. Este es el punto central del asunto, y establecido esto es posible pensar en los demás temas.

    Irán, en respuesta a los ataques militares de Estados Unidos respondió con su cohetería, pero dirigida a los aliados regionales de su adversario. Hecho que puso en jaque al dispositivo de guerra diseñado por Estados Unidos, y dado que la potencia militar más importante del mundo no puede garantizar la seguridad de sus aliados, pues ha tenido que echar marcha atrás en sus pretensiones de aniquilamiento contra Irán.

    Y esta conclusión es la que de algún modo lleva al Memorando de Entendimiento.

    Que en el documento quede claro el cese de las hostilidades contra el Líbano (sin mencionar a las milicias de Hezbolá, aliadas de Irán, y tampoco sin mencionar a Israel, aliado de Estados Unidos), es un reconocimiento tácito de que las fuerzas militares israelíes no están sueltas, sino que están atadas a la estrategia norteamericana en esa zona del mundo.

    Como esa guerra contra Irán fue pensada por un grupo de orates que no pudieron prever los efectos secundarios graves (cierre del estrecho de Ormuz por Irán, ataques iraníes a los países del golfo Pérsico, postura de ‘convidado de piedra’ de China al ser atacado su mayor y cercano proveedor de petróleo, distorsión económica mundial por la guerra…), pues no le ha quedado más remedio a Trump que buscar una salida rápida al asunto.

    La guerra no ha terminado, se ha generado un interregno que podría permitir arribar a un nuevo escenario en ese segmento de Medio Oriente. Pero también todo podría fracasar si ambas partes se salen del libreto del Memorando.

    Todo es frágil. Venezuela firmó el 28 de septiembre de 2023 un Memorando de Entendimiento con Estados Unidos, y sin embargo en enero de 2026, cuando Trump consideró que el Memorando ya no tenía sentido, entonces atacó y eyectó a Maduro, dejó que el relevo de este (Delcy Rodríguez) tomara las riendas y le impuso su ‘agenda petrolera’.

    La rueda del tiempo está triturando a Trump, porque se jugó ese albur de la guerra contra Irán y no le salió bien. De hecho, la única concesión de Irán es que desmantelará el dispositivo de uranio enriquecido, que a saber si es algo significativo.

    El peso fundamental del Memorando recae en Estados Unidos. Irán no atacará si no es atacado, ergo, Estados Unidos se compromete a no atacar.

    Hay cosas que no salen a la luz pública, pero es obvio que el reciente viaje de Trump a China ayudó a darle un giro a la situación de la guerra contra Irán. China no tiene interés en entrar en guerra, esa no es su estrategia global para ‘avanzar’ en el mundo.

    Lo de China es la expansión económica y el mantener libres los accesos a las fuentes de materias primas en todo el planeta. Esa guerra contra Irán, y cualquier guerra hacen ‘ruido’ a su estrategia.

    Se acercan las elecciones de noviembre en Estados Unidos, y las políticas (inmigración, aranceles, guerra contra Irán) de la administración Trump han golpeado a diversos sectores de la sociedad norteamericana y esto es probable que quede registrado en los resultados electorales.

    Trump imagina (¿sueña?) con que, al cesar la guerra, en el corto plazo los efectos perversos que ha provocado en la economía norteamericana desaparezcan. Y todo volverá a ‘la normalidad’.

    Sin embargo, no hay que llamarse a engaños, para los Señores de la Guerra los efectos de las acciones bélicas son un asunto irrelevante. Para ellos las guerras son combustible para el enriquecimiento y punto. Quienes pierden o ganen con las guerras, es lo de menos. Lo que importa para los Señores de la Guerra es que la ‘economía de guerra’ esté siempre a la mano para aterrorizar al mundo.

    * Jaime Barba, REGIÓN Centro de Investigaciones

     

  • El escudo comunitario frente a la Violencia

    El escudo comunitario frente a la Violencia

    Cuando debatimos sobre estrategias de seguridad pública y ciudadana, las conversaciones suelen gravitar hacia el aumento de la fuerza policial, el endurecimiento de las penas o la modernización del sistema penitenciario y del sector de justicia, los esquemas tradicionales. Sin embargo, desde la criminología moderna y crítica sabemos que el verdadero éxito en la reducción de la violencia no radica únicamente en reaccionar y combatir el delito, sino en desactivarlo antes de que ocurra, anticiparse, prevenirlo y esta propuesta significa participación relevante y activa de la comunidad.

    Bajo este enfoque, el reciente inicio del proceso formativo en «Cohesión social y técnicas de facilitación» para 90 facilitadores judiciales que forman parte de las tres grandes zonas geográficas del pais, de diversos distritos,especialmente lugares alejados de la zona metropolitana lo hace diferente, impulsado por la Corte Suprema de Justicia a través del Servicio Nacional de Facilitadores Judiciales (SNFJ) y el apoyo invaluable y decidido de Catholic ReliefServices (CRS), organización de gran trayectoria a nivel mundial y en El Salvador, representa una victoria táctica y estratégica fundamental para nuestro tejido social y por ende para nuestra sociedad.

    Como investigador académico y analista de la dinámica de violencia social, criminalidad y delictiva, considero que este esfuerzo no es una formación académica adicional o parte de una programación; es la construcción de una infraestructura de prevención primaria. A continuación, detallo por qué este enfoque es indispensable para la seguridad y la paz social del país:

    1. La resolución alterna de conflictos como herramienta de desescalada

    En la dinámica comunitaria, los delitos graves rara vez surgen del vacío. Un alto porcentaje de casos de violencia tienen su génesis en disputas vecinales menores no resueltas y que nos las advierten las teorías criminológicas.

    • Prevención temprana: La cohesión social otorga a los facilitadores las herramientas necesarias para identificar y gestionar conflictos de forma temprana.
    • Desescalada táctica: El objetivo es asegurar que los conflictos no escalen y que las personas encuentren vías para resolver sus diferencias mediante el diálogo y la comunicación apoyándose y con el liderazgo de los grandes ciudadanos que son los «facilitadores judiciales». En el argot de la seguridad, competencias como la comprensión de las emociones, la comunicación efectiva y la empatía no son debilidades románticas; son herramientas de desescalada verbal que neutralizan la hostilidad antes de que mute en violencia.

    2. Reconstrucción de la eficacia colectiva y el tejido social

    Las teorías de desorganización social nos enseñan que las comunidades con alta cohesión social son intrínsecamente más resistentes a la infiltración de problemas mayores entre ellos la delincuencia, disputas, discusiones, peleas, amenazas, lesiones, entre otros.

    • El puente ciudadano: Los facilitadores judiciales cumplen un rol esencial al ser el primer puente y apoyo comunicativo entre el sistema de justicia y la vida cotidiana de las personas en El Salvador.
    • Cultura de paz: Al servir como vías de diálogo y entendimiento, promueven el respeto y la cooperación pacífica entre vecinos, entre los más próximos, ayudando a construir sociedades más pacíficas, cohesionadas y justas.

    3. Sinergia del ecosistema de Justicia

    Un aspecto sumamente destacable de esta iniciativa es su visión sistémica e institucional de la Corte Suprema de Justicia en la visión de corte plena y ejecutada a nivel nacional por el Servicio Nacional de Facilitadores Judiciales (SNFJ) y en esta oportunidad la alta y significativa contribución de una organización como Catholic ReliefServices (CRS) gestores, formadores y capacitadores técnicos especializados

    • Alineación estratégica: Este proceso formativo guarda relación directa y da continuidad a una etapa previa que concluyó exitosamente con la capacitación de 84 juezas y jueces de paz a nivel nacional. Que siguen formándose y fortaleciendo sus capacidades, pero sobre todo su corazón y su mente sensibles que han sido alcanzados por este extraordinario proyecto.

    • Articulación de esfuerzos: Mantener una comunicación constante entre facilitadores y jueces fortalece el modelo de trabajo y permite una mejor articulación institucional. Para que la seguridad funcione, la justicia formal y la justicia comunitaria deben hablar el mismo idioma, permitiendo que el Estado concentre sus recursos en delitos de alto impacto mientras la comunidad resuelve sus tensiones cotidianas.

    La represión del delito es una herramienta necesaria y apegada a un sistema constitucional y legal, pero es el fortalecimiento de las relaciones humanas lo que garantiza la paz a largo plazo. Como bien se destacó en la inauguración de este evento el pasado lunes por la magistrada de la Sala de lo Constitucional máster Elsy Dueñas Lovos y coordinadora de la Comisión de seguimiento del SNFJ efectuó énfasis en su ponencia «Más allá del conocimiento técnico, buscamos fortalecer competencias basadas en la comunicación efectiva y la empatía para construir una cultura de paz en las comunidades».

    Invertir en la formación de estas grandes personas es apostar por mejorar las decisiones que tomamos y construir comunidades más fuertes, porque al final, lo que hace fuertes a los sistemas son las personas que los operan.

    Cada conflicto vecinal que uno de estos 90 facilitadores logre mediar con éxito es un expediente penal menos, una víctima menos y un paso firme hacia la pacificación real de nuestro país. Las verdaderas batallas por la seguridad se ganan en la capacidad de los ciudadanos para entenderse y convivir.

    Muchas gracias y bendiciones a Catholic Relief Services (CRS) por su alta sensibilidad y ayuda a nuestro país con todo su equipo especializados y sensibilizado de trabajo. Y continúen avanzando en esta alianza estratégica con la Corte Suprema de Justicia.

    *Por Ricardo Sosa /Doctor en Criminología /Egresado doctorado en Justicia Criminal / @jricardososa

     

     

  • Una vez al año

    Una vez al año

    Ojalá y el bus llegue pronto, que ganas tengo de salir de este pueblo de mierda. Que largo se me ha hecho este año. Encierro, miseria, angustia. Di que sí, sin este alivio moriría sumida en una depresión profunda. Y así fluían los pensamientos rumiantes de Lola, la que tuvo y nunca fue del pueblo. Hija del doctor Jacinto Toledo, renombrado dermatólogo, originario de Andújar, España. Niña bien, altiva y prepotente, había tenido todas las oportunidades en la vida, educada en las mejores escuelas de Madrid, creció en un entorno sobreprotector, que la aislaba en una burbuja, brindándole un mundo ficticio, perfecto, pero ajeno a las piedras y espinas, que rodean las vidas de los simples mortales.

    Lola, era la segunda de cuatro hijos, nacida en la década de los 50, fue una de las víctimas de la epidemia de poliomielitis de la década de 1950, una de las crisis de salud publica mas temidas del siglo XX. La vacuna desarrollada por Jonas Salk en 1955 tenia una efectividad protectora contra la polio superior al 80-90%, pero a su padre, el renombrado dermatólogo, muy ensimismado en sus “pieles”, por alguna que otra razón obvio aplicarla a sus hijos. El amor profundo que este médico profesaba por su hija incluía componentes de culpa y lastima cuyo producto fue la sobreprotección con que Lola creció en su entorno.

    El virus de la polio produjo una parálisis espinal (parálisis flácida aguda) en la pierna derecha de Lola. Creció renqueando por pérdida muscular, más ausencia de reflejos. Una mujer hermosa, de cabello oscuro, abundante y ondulado. De piel que el sol ha dorado ligeramente, ojos oscuros y expresivos, y un hablar cálido, rápido y musical. De conversación fácil, fumadora empedernida que le había producido una voz áspera, hablaba con energía, acompañando cada frase con gestos vivos. Su acento andaluz les daba musicalidad a las palabras, y transmitía una mezcla de alegría, cercanía y orgullo por su tierra. En fin, una mujer hermosa y atractiva, pero con un renqueo muy evidente al caminar.

    Trataba arduamente de disimularlo, pero era inútil, y a medida que pasaban los años el renqueo se hacía más notorio y paralizante. Al principio, enfrentó la discapacidad con la resiliencia propia de la juventud, pero a medida que crecía comenzó a percibir las diferencias entre ella y sus compañeros. Las limitaciones físicas, las miradas de curiosidad, la dependencia ocasional de otras personas y las dificultades para participar en ciertas actividades fueron erosionando lentamente su confianza. Poco a poco, dejó de verse como una persona capaz y empezó a definirse por sus limitaciones. La inseguridad sustituyó a la espontaneidad; la vergüenza, al orgullo. Con el paso de los años, la autoestima se fue debilitando, no por la parálisis en sí, sino por el impacto emocional y social que esta tuvo sobre la imagen que construyó de sí misma.

    Lola, a sus 67 años, vivía sola en un apartamento heredado de su padre. Había estudiado medicina en Sevilla, pero nunca terminó. Una mujer inteligente pero acostumbrada por su entorno familiar ha vivir sin el requerido esfuerzo, cedió pronto ante los requerimientos y exigencias de una educación médica. Al final terminó siendo un técnico dental, profesión que ejercía desde su casa pero que también la obligaba a vivir una vida con limitaciones económicas profundas, que acentuaban su pobre autoestima al moverse dentro de un circulo de amigos de la alta sociedad de Andújar.

    Una vez al año y a finales de este, Lola salía de su pueblo, invitada por su amiga de infancia y juventud, que, si se había titulado de médico, a venir a los Estados Unidos. Durante un mes o más, gozaba de una vida libre de cualquier precariedad económica y material. Durante ese mes, Lola vivía la vida que hubiese querido tener. Cuando por fin apareció el autobús, Lola apagó el cigarrillo con impaciencia y se incorporó con dificultad. El conductor bajó el compartimiento de equipaje y ella, como cada año, sintió una mezcla de alivio y euforia. Durante las próximas semanas no habría facturas atrasadas, ni comparaciones dolorosas, ni recuerdos de lo que pudo haber sido. En Estados Unidos sería la invitada querida de su amiga, la compañera de juventud que había alcanzado todo aquello que ella alguna vez soñó. Subió al autobús y ocupó su asiento junto a la ventana. Mientras el pueblo se alejaba lentamente, contempló las calles donde había pasado toda una vida intentando escapar de sí misma. De pronto comprendió algo que nunca había querido admitir: no era aquel pueblo el que la mantenía prisionera. Ni la pierna afectada por la polio. Ni siquiera la falta de dinero.

    La cárcel más difícil de abandonar había viajado siempre con ella.

    Apoyó la frente contra el cristal. El paisaje comenzó a desfilar bajo la luz gris de la tarde. Sonrió apenas, una sonrisa cansada pero sincera. Tal vez aquel viaje sería igual que los anteriores y, al regresar, la rutina seguiría esperándola. Pero por primera vez en muchos años entendió que la vida que había añorado no estaba en otro país, ni en otra profesión, ni en otra versión de sí misma.

    Estaba en la paz de aceptar a la mujer que era.

    El autobús tomó la carretera principal y desapareció en el horizonte. Lola cerró los ojos. El viaje apenas comenzaba.

  • La migración y el derecho a la existencia

    La migración y el derecho a la existencia

    Su Santidad el Papa León XIV realizó su primer viaje apostólico a España el pasado seis de junio  que extendió hasta el pasado viernes 12. Casi pudo haber sido hasta el sábado 13, de no haber intercedido de inmediato el Rey Felipe VI, cuando al momento de partir de regreso a Roma desde Tenerife, el avión Airbus A320 de Iberia que lo transportaba desde el inicio de su periplo oficial, sufrió una avería en uno de sus motores.

    Por supuesto, el Rey Felipe VI quien le acompañó en toda su gira, y se encontraba aún en el aeropuerto, puso a su disposición el Falcon 900 del Ejercito del Aire y del Espacio que le fuere asignado al momento de su investidura real, para garantizarle a su Santidad el Papa León XIV, su regreso a Roma ese mismo día, tal como se tenía planificado.

    Como ya lo habíamos analizado, esa gira que se inició el seis de junio en Madrid, y que concluía justamente en Tenerife, luego de haber transmitido la postura oficial de El Vaticano, valga decir, del ser cristiano, dado que hablaba “Urbi et orbi”, sobre la lacerante cuestión migratoria, sus orígenes, causas, efectos y, de la condición humana de quien emigra y del estado que lo recibe.

    El primero de ellos fue en Las Palmas, ya en la conclusión de su viaje apostólico, en el mismo puerto de Arguineguín, por donde han arribado, naufragado, rescatados en el bravío Atlántico norte, centenares, miles de africanos huyendo de las hambrunas y violencia de sus respectivos países. O ha sido víctimas de traficantes de personas, de mujeres, para prostituirlas o esclavizarlas hasta la muerte.

    Fue un llamado a la piedad humana y un agradecimiento al pueblo e instituciones españolas por haberlos acogido, a pesar del significado que ello conlleva para la seguridad, planificación y organización del propio reino de España. Donde se presentan conflictos interculturales inevitables, y de planificación de las instituciones públicas, incluyendo las sanitarias y de seguridad.

    Pero igualmente, fue un llamado al inmigrante para que se integre obligándose a respetar las costumbres del país que les recibe, aprender su lengua y respetar sus normas sociales y sus leyes, para su total integración, en paz y sin contradicciones de convivencia.

    Por extensión, o contraparte a esta disposición del país receptor, y al llamado del Papa León XIV de acoger al inmigrante que huye de su propia tierra,  cualesquiera fuere la causa, se encuentra la responsabilidad, la disposición del inmigrante a integrarse a una cultura que no le es la propia con respeto y agradecimiento; e igualmente, determinar las causas existenciales que obligan a esa emigración o diáspora, que de alguna manera nos son comunes a los salvadoreños y venezolanos.

    Es decir, no solo es el mandato a la solidaridad cristiana con el otro, sino determinar para que la comunidad internacional intervenga para crear las condiciones elementales para que el ciudadano no se vea obligado a emigrar, sea por razones políticas o económicas, ambas en realidad por razones de inseguridad en su propio espacio natural de convivencia.

    Dictaduras, rebeliones, bandas criminales, ausencia de oportunidades laborales y desarrollo, o todas ellas en conjunto, deben igualmente ser objeto de estudio y decisiones de la Comunidad Internacional organizada, para que un ciudadano, una familia, un joven no tenga que emigrar para subsistir.

    Los o el modelo económico de libre empresa, ni el Estado de Derecho democrático, debe ajustarse para su propia seguridad a esta realidad, a fin de evitar futuras confrontaciones interestatales dado que, al final, el hombre es uno en cualquier parte, y la inseguridad de un país o región no puede convertirse en la inseguridad de otra región o país.

    Pensar, desear o imponer el predominio de un país, y su sistema económico y defensivo sobre el resto de la humanidad, solo traerá como consecuencia la inseguridad total como respuesta. Lo acabamos de ver con lo acontecido en el Medio Oriente y el frágil acuerdo alcanzado en la región.

    El mensaje cristiano sobre la migración es complejo pero inevitable, por lo que hay que enfrentarlo asumiéndolo en toda su dimensión. Es obligante para el cristiano y para los judíos, porque los judeocristianos, nacimos o tenemos un origen sostenido en la libertad humana, en la huida de la esclavitud.

    Moisés y Jesús fueron el punto de inflexión de esta condición, por ello somos tan sensibles los occidentales, por ello en algún momento de la historia se debió separar la religión del Estado (Tratados de Westfalia, 1648). Eso es otra historia. Hoy nos enfrentamos a un problema existencial muy grave, de la cual la Iglesia, El Vaticano, habla poco por razones obvias.

    Se trata de la persecución a los cristianos que actualmente se produce en Africa, con creciente intensidad. Situación que el Vaticano registra  con exactitud y guarda en sus archivos, mientras reza por ellos. Exteriorizar esta matanza inmisericorde que se esta realizando en este instante en Africa, podría desencadenar una respuesta defensiva armada que no llevaría a parte alguna, y sería retrotraernos  a siglos anteriores al siglo XVII.

    Actualmente al menos 15 países realizan sistemáticamente persecución a los cristianos. Según informes oficiales más de 300 millones de cristianos enfrentan niveles altos de persecución en Corea del Norte, Somalia, Yemen, Libia, Sudán, Eritrea, Nigeria, Pakistán, Irán, Afganistán, Eritrea, Camerún más de 50.000 cristianos han sido asesinados entre 2024 y 2025; a ello debemos agregar el rapto y violaciones a mujeres e infantas, extraídas de sus escuelas, esclavizadas, violadas, asesinadas.

    Es obvio que El Vaticano conoce estos datos en profundidad, mayor que los presentados. El caso es que se trata de manejar esta realidad lacerante con prudencia, sin escándalo, a fin de evitar mayores daños o respuestas violentas que no traería una solución de fondo. Recemos por ellos, y apelemos a las organizaciones internacionales para encontrar y detener esta situación fuera de tiempo y completamente fuera de control.

    * Juan José Monsant Aristimuño, diplomático venezolano, fue embajador en El Salvador

     

     

  • El mundial de fútbol y un viaje maravilloso

    El mundial de fútbol y un viaje maravilloso

    En dónde esté siempre escribiré mi columna para este prestigioso periódico. Con mi esposa continuamos con el viaje de nuestros sueños. En algunos países europeos verificamos que muchos visten camisetas alusivas a su selección. Se siente por doquier la pasión del mundial que tiene tres sedes. Mi esposa y yo lucimos durante el viaje camisas que identificaron que somos salvadoreños.

    Es interesante conversar con extranjeros sobre el tema del mundial. En este conversatorio quiero comentarles que viví la experiencia de observar en algunos países europeos cómo se vive la pasión del fútbol. Ejemplo, en Madrid, observé la pasión de este deporte, confirmando una buena afición mexicana, quienes departían en un restaurante el encuentro deportivo. Justo a tiempo vimos la inauguración del Mundial enfrente de la Puerta de Alcalá.

    El Mundial  de fútbol es un enganche para olvidarse de la cruda realidad, para algunos. Por ejemplo, Haití, a pesar de ser un país paupérrimo logró clasificar. Clasificar representa para el pueblo una gran alegría. Sin embargo, los salvadoreños nunca olvidamos los 10 goles que nos metió Hungría en 1982. La dulzura de la victoria y la amargura de la derrota esperan.

    En Frankfurt, Alemania, específicamente en un hotel, los aficionados disfrutaban del encuentro entre Inglaterra y Croacia. No era su selección; sin embargo, la calidad de ambas selecciones es lo que se aprecia. Mientras tanto, nos fuimos con mi esposa a terminar de ver el partido en el cuarto de hotel. Siempre sucede lo mismo, el cambio de horario afecta. Medios despiertos vimos ganar a Inglaterra.

    En otras conversaciones con taxistas, regentes de hoteles y otros, nos preguntaban sobre Nayib Bukele, lógicamente a muchos les agrada qué hay seguridad. Se evidencia que el tema de seguridad les agrada a muchos. Tal es el caso, una señora nos dijo: “Fuese bueno tener a un hermano de Bukele acá. Sánchez nos ha fallado”. Cuando hay un lapso de tiempo de descanso, uno quisiese evitar hablar sobre política.

    A quienes no les gustó que su selección no fuese al mundial fue a los italianos. Exhortaban que no era posible ver que no estuviesen en ese campeonato. Cuando les dijimos que éramos de El Salvador, un joven taxista nos comentó que conocía la vida futbolística de Jorge “Mágico” González. Yo le dije que hasta el mismo Maradona comentó en una ocasión que el Mágico era un gran jugador. Con gusto lucí mi camiseta color azul. En la parte trasera se lee “Mágico González”. Y, así cada italiano con quienes entablamos conversación manifestaron  que no era posible ver a la “azzurra” jugar. No se sientan mal, les dijimos, El Salvador desde 1982 no se clasifica.

    En cada lugar se percibe que disfrutan cada partido, claro, a los que les gusta el deporte rey. Los comercios, especialmente los bares. Fotos, videos y recuerdos de este maravilloso viaje. Lo que más nos gustó, aparte de la gastronomía, arquitectura, la calidez de la gente, etc., fue cuando visitamos la tumba del papa Francisco.

    Ambos sentimos paz, lloramos y nos arrodillamos. Mientras otras tumbas eran majestuosas, la de Francisco denotaba humildad. Una cruz elaborada de repujado le acompaña. La Capilla Sixtina, la Catedral de Sevilla, la Sagrada Familia, las visitas a los estadios del Real Madrid y Barcelona, museos, entre otros, nunca lo olvidaremos.

    Recién llegados a Paris unos señores argelinos, quienes son seguridad del aeropuerto, nos dijeron que los argentinos les ganaron 3 a 0. Los goles fueron de Messi.

    Mis selecciones favoritas para que ganen el Mundial son España y Argentina; empero, que gane el mejor. Nosotros seguimos disfrutando el viaje. Cuando se viaja se educa la mente. Un consejo es importante saber inglés para que lo timen. Claro, algunas personas hasta ocuparon traductores para brindarnos información.

     

    * Fidel López Eguizábal es docente e investigador Universidad Nueva San Salvador
    fidel.lopez@mail.unssa.edu.sv 

     

  • Protejámonos dignamente unidos o nos sepultamos solos

    Protejámonos dignamente unidos o nos sepultamos solos

    Latido a latido es como se consigue todo. No existe el hundimiento, salvo cuando dejamos de batallar juntos y nos desalentamos separándonos entre sí; máxime en un momento en el que nos hemos globalizado, lo que nos demanda poner a prueba la gran promesa de seguridad para todas las personas, se hallen donde se hallen. Setenta y cinco años después de la adopción de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951, tras la Segunda Guerra Mundial, esa promesa continúa estando vigente y es uno de los compromisos más claros de la comunidad internacional: Que aquellas personas que se han visto forzadas a huir no sean devueltas a una situación de riesgo y puedan vivir con dignidad, aunque estén desplazadas.

    En un orbe plagado de conflictos, hasta que todo el mundo esté a salvo, sin que le falte la justa comprensión y la básica asistencia, no habremos conseguido el objetivo humanitario. Comencemos, pues, porque las instituciones, con sus gobiernos al frente, sean ejemplarizantes a la hora de mantener el apoyo vital y defender sistemas de asilo justos y accesibles. Desde luego, la seguridad no debe vivir a cuenta de la nacionalidad, la riqueza, la raza, la religión, el género, la opinión política o la situación migratoria. Hay protección únicamente cuando los ciudadanos desplazados puedan vivir sin temor y reconstruir sus existencias, sin exclusiones; para ello, es preciso universalizar y salvaguardar el derecho a solicitar refugio, con oportunidades reales para alcanzar la autosuficiencia.

    Ojalá aprendamos a caminar hermanados; la cuestión no es fácil, pero tampoco imposible. Es cierto que la ciudadanía atraviesa una profunda crisis anímica y cultural, que se exterioriza en múltiples hechos de violencia, polarización y desconfianza recíproca. Quizás tengamos que aprender a querernos a nosotros mismos, para poder querer a los demás. Esta experiencia de cercanía, nos recuerda también el valor de la concordia y del paciente esfuerzo de cada ser, por acoplar siempre la firmeza de las convicciones con la benevolencia del diálogo y la grandeza del servicio. Con el paso de los años, yo mismo he comprendido que el bienestar es real, cuando reconozco la avenencia con todas las gentes del mundo, sin excepción alguna.

    Sea como fuere, es público y notorio, que la unión genera vínculos que nos fortalecen, sobre todo en las cosas necesarias, en cuanto comunión íntima de vida y amor que somos, como familia natural, mientras la discordia todo lo debilita. Así, cuando estalla una pugna, se reaviva un trance latente o se desata una catástrofe. Los individuos se ven forzados a abandonar sus hogares y pertenencias. La labor benefactora, es estar a su lado y asegurarse de que reciben la protección y la asistencia que solicitan. Urge, por consiguiente, hacer frente a esta cuestión de manera eficaz; lo que nos exige actuar de común acuerdo, con espíritu solidario, sin excesos ni despilfarros. Al fin y al cabo, lo trascendente no radica sólo en mantenerse vivo, sino en sustentarse vivencialmente compasivo.

    La humanidad tiene que humanizarse, por deber. Su genética está radicada en el deseo del bien y la bondad, en el cultivo de la verdad y de la virtud, ya que no concurre para destruirse. Perseverar con la mirada limpia facilita el reencuentro, saber estar juntos, haciendo culto a la cultura del abrazo y a los cuidados ineludibles. Levantarse de las caídas, salir de los espacios que fragmentan, es viable. Ahora bien, la honestidad requiere vías legales y seguras, rescate y asistencia, cooperación universal contra los traficantes, amparo afectivo y efectivo a las víctimas, procesos leales y fieles de acogida e integración y políticas más poéticas, que permitan a cada persona morar con decencia en su propia tierra. Seamos todos, entonces, noble calor de hogar; al menos, para no temblar de innoble frío.

     

  • Finca, firmas y patadas

    Finca, firmas y patadas

    Iniciado el torneo mundial de fútbol, a mucha gente se le nubla la vista y solo alcanza a mirar lo glamuroso de un negocio sumamemente lucrativo y lastimosamente bastante alejado de lo que pudimos disfrutar ‒por nuestra edad‒ a partir de 1966, incluido el inigualable espectáculo brindado cuatro años después por la selección brasileña campeona en México, liderada por “el Rey Pelé”. Con el tiempo, esa justa que intentó empezar siendo deportiva se fue distorsionando, debido a razones políticas y económicas. Más adelante habrá que comentar algo al respecto. Pero a dicha actividad solo me referiré al final, hoy, en el marco de la realidad salvadoreña actual; de esta priorizo el atentado contra una parte de la finca El Espino ubicada entre los exmunicipios de San Salvador, Antiguo Cuscatlán y Santa Tecla.

    El 14 de enero de 1993, la Asamblea Legislativa declaró zona protectora del suelo y reserva forestal un pedazo de la misma con una extensión superior a las 800 manzanas. Según el Diccionario usual del Poder Judicial editado en Costa Rica, las primeras son espacios geográficos que albergan bosques o terrenos forestales para regular el régimen hidrológico; también para proteger el suelo y las cuencas hidrográficas. Dichas zonas “se consideran áreas de amortiguamiento y corredores biológicos”.  Una reserva forestal según la misma fuente ‒¡ojo!‒ es aquel terreno boscoso, “público o privado, destinado a la producción y explotación de madera bajo criterios de reforestación y sostenibilidad ambiental”.

    Para impulsar el desarrollo urbano en el terreno no enmarcado en la referida porción protegida de la finca, se determinó que la Oficina de Planificación del Área Metropolitana de San Salvador ‒la OPAMSS, por sus siglas‒ en cada proyecto debería aprobar un plan que contemplase “su ordenamiento integral” y un Estudio de Impacto Ambiental (EIA) que evaluara sus efectos positivos y negativos.

    A casi 32 años transcurridos después de la emisión del mencionado decreto, el 16 de julio del 2025 la actual Asamblea Legislativa impresentable aprobó otro mediante el cual autorizó transferir más de 55 000 metros cuadrados de ese último “pulmón” del gran San Salvador ¿Para qué? Pues para construir el nuevo Centro Internacional de Ferias y Convenciones (CIFCO), auspiciado por China y con información reservada tal como acostumbra ‒en exceso y de forma arbitraria‒ el actual gobierno inconstitucional desde la época de la pandemia.

    ¿Y cuál es la “oferta” del CIFCO bukeleano para nuestra sociedad? Destaca en su página electrónica la CIFCOMIC, definida como “la primera experiencia real que une superhéroes, personajes anime y seres galácticos en un solo lugar, saliendo de lo convencional para encontrar un espacio donde los amantes de las culturas de comic y películas puedan compartir gustos e intereses”. También está el GAMER CIFCO, descrito como “un espacio que reúne a jugadores, familias, creadores de contenido, entusiastas de la cultura pop y comunidades gamer”. Entiéndase por estas últimas los grupos de personas “videojugadoras” que, profesional o casualmente, se dedican a eso. ¡Puras necedades que fomentan inactividad física, falta de comunicación, indolencia, dependencia, ansiedad y depresión!

    Ello, ¿a cambio de qué? Pues de seguir jodiendo el último “pulmón” biológico estratégico de los tres municipios arriba mencionados y el manto acuífero esencial para su abastecimiento, sin presentar plan alguno ni Estudio de Impacto Ambiental; también de continuar destruyendo el hábitat de la flora y la fauna, en una de las pocas reservas forestales urbanas que quedan en el país. Todo eso, pese al medio millón de firmas de quienes nos oponemos a semejante agresión medioambiental oficialista. Agréguese el agravamiento del estrés hídrico nacional existente, que afecta alrededor del 80 % de nuestro territorio.

    Además se está construyendo en la finca el “estadio chino” tan publicitado porque será el más grande de Centroamérica, capaz de juntar 50 000 personas en sus instalaciones. Sin embargo, dentro del Índice de clasificación de clubes de primera división de la Confederación de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe de Fútbol (CONCACAF) publicado el 15 de junio recién pasado ‒que incluye 192 equipos‒ el salvadoreño mejor ubicado es el Luis Ángel Firpo ocupando el sitio 71; le siguen el FAS, el Alianza y el Águila entre el primer centenar. Del puesto 113 al 161 aparecen los ocho restantes.

    Con ese nivel futbolero dizque “profesional”, ¿para qué ese estadio teniendo dos suficientemente grandes que solo se llenan durante las finales de los campeonatos? Durante el resto de los torneos, la asistencia es pobrísima. Mejor hubieran ocupado ese terreno para reforestar buena parte de la jodida finca. Pero como ocurrió durante el siglo XX en la Alemania y la Italia fascistas, ¿servirá dicho escenario nuevo para  “espectáculos” politiqueros a costa de nuestro entorno presente y futuro? “¡Vaya usted a saber!”, dijo algún servil.

  • Papá

    Papá

    Se llamaba Julio Antonio Marinero, nació en Olocuilta el 19 de diciembre de 1932, siendo hijo de Rosenda Marinero y Juan López García. Partió al cielo el 13 de diciembre de 2006, cuando le faltaban seis días para arribar a los 74 años terrenales. Tuve el privilegio divino de ser su hijo y hasta ahora me sigo sintiendo un privilegiado y orgulloso hijo de mi papá, el hombre más honesto, honorable y honrado que yo he conocido. Mi héroe de toda la vida.

    Mi papá era un tipo especial lleno de valores positivos, dispuesto a dar hasta la vida para protegernos a sus hijos. Responsable con la familia, siempre estuvo para suplir cualquier necesidad y para brindar sus sabios consejos. Era un lector empedernido, le gustaba leer los periódicos y cualquier libro que se le atravesara. Leer alimenta el alma y hace a la gente más consciente, solía decirnos.

    Cuando terminé mi bachillerato me preguntó que iba a seguir estudiando en la universidad y cuando le dije que periodismo no fue mucho de su agrado. Él soñaba con que su primer hijo varón fuera médico o abogado. Sin embargo, aceptó mi decisión porque sabía que lo hacía por vocación. Luego mi hermano se graduó de abogado y mi sobrino de médico, con lo que de alguna manera se le cumplieron sus sueños. Mi hijo mayor es abogado.

    Mi padre nunca me preguntó cómo iba en la universidad, pero un día, iniciando la carrera, acostado en su hamaca, me pidió sentarme junto a él y me dio uno de los consejos más valiosos en mi vida: “Tenés que estudiar y prepararte para que tus hijos a quienes no conoces todavía se sientan orgullosos de vos y para que siempre estés pendiente de tu mamá”. Su promesa fue apoyarme hasta el final y la cumplió conmigo y con mis hermanos. Su sacrificio de luchar porque todos fuéramos profesionales valió la pena. Lamentó no tener a mi madrecita linda conmigo y envidio a mis amigos que tienen con ellos a su mamá, seguramente mis hermanos y yo le hubiéramos cumplido a mi padre.

    Le prometí que iba a aprovechar mi tiempo y creo que lo hice. Un día me gradué de la universidad, justo un 18 de junio, un día después del Día del Padre y pienso que es el mejor regaló que pude darle. Ese día, él junto a mi mamá me abrazaron fuerte y sinceros, los tres derramamos lágrimas, ellos felices por un triunfo mío y yo satisfecho porque sabía que el triunfo era por el esfuerzo de ellos.

    Mi mamá Elena Sánchez falleció años después, un 16 de noviembre de 1994, apenas a los 49 años de edad. Cuando mi mamá partió al cielo mi papá era un hombrerelativamente joven de 61 años. Lloramos y nos abrazamos, y sus hijos  le prometimos estar siempre unidos alrededor suyo en las buenas y en las malas.

    Yo ya era un hombre casado residente en San Salvador, pero solía ir los fines de semana a visitarlo y compartir con él y mis hermanos. A veces me esperaba para contarme su tristeza y llorar, la ausencia de mi mamá le dolía en el alma. Otras veces lo vi llorar en silencio, cuando mis hermanos menores se iban graduando de la universidad y él ya no tenía a su amada compañera de vida para disfrutar y compartir los triunfos de los suyos. Giovani, mi sobrino mayor era su orgullo, solía acompañarlo a los torneos centroamericanos de Taekwondo donde ganaba primeros lugares. A mis hijos los adoraba.

    Cuando yo era niño solía llevarme a todas partes. Aficionado al fútbol me llevaba a los estadios y a visitar a sus amigos. Le encantaba que le dijeran que yo me parecía a él y lo entiendo porque yo me ufano de parecerme a él. El mejor cumplido que alguien me puede hacer es recordarme el enorme parecido físico que tengo con mi papá. Jaime, mi hijo mayor se parece mucho a mí.

    Muchas veces me castigó, porque fui un niño travieso y un adolescente mal portado. Sus castigos me dolían, pero los extraño. Tras castigarme solía buscar la forma de congraciarse y siempre la encontraba, con palabras serias llenas de sabiduría. Cuando a los 21 años comencé a dar clases en la Universidad, no paraba de contarle a todos sus conocidos. Se sentía orgullo de ese mi pequeño logro.

    Comencé a trabajar como editor en un periódico matutino y a dar clases en varias universidades. Él era fanático de mis columnas de opinión y se las mostraba a todos sus amigos y conocidos. Era mi principal critico y consejero, siempre me preguntaba por el tema de mi próxima columna y me aconsejaba con ideas que en ocasiones tomaba en cuenta.Una vez le dediqué una columna y me di cuenta que la recortó y anduvo por años en su cartera para mostrarla a sus amigos, que eran muchos, porque él tenía facilidad para ganarse la confianza de las personas. Incluso, varias veces lo buscaron para ser candidato a alcalde de Olocuilta y siempre rechazó esa posibilidad.

    Mi papá era y es mi héroe. Recuerdo cuando me cargaba en hombros e íbamos a visitar a mis tíos para que yo jugara con mis primos, le gustaba que me relacionara con personas mayores que yo y me llevaba a velorios, ferias, estadios y a recorrer los recovecos de Olocuilta, donde él tenía “cheros”. A veces por razones de su trabajo se ausentaba unos días de la casa y cuando regresaba lo hacía cargado de cosas para sus hijos.

    Hoy es el Día del Padre y yo extraño mucho al mío. En lo personal no sé si he sido un buen papá, pero aspiro a serlo, a seguir los pasos de mi papá para que mis hijos se sientan orgullosos de mí. Mi mayor anhelo es que mis hijos  sean hombres de bien y buenos padres y esposos. Feliz Día del Padre, papá, dale un abrazo a mi mamá y a mi hermana Yanira. Los amamos y extrañamos todos los días.

    *Jaime Ulises Marinero es periodista

  • El papa le habla a España de sus genios olvidados ​

    El papa le habla a España de sus genios olvidados ​

    “Más allá de la legítima diversidad de posiciones, toda tarea legislativa acaba encontrándose con una pregunta decisiva: qué concepción de la persona humana inspira las leyes y qué tipo de sociedad construyen esas leyes”.

    Estas palabras fueron pronunciadas por el papa León XIV el pasado 8 de junio, delante del hemiciclo que reúne a quienes teóricamente representan la diversidad política española en el Congreso de los Diputados. Y agregó el pontífice: “Ante esta cuestión, España posee una memoria particularmente rica. Su identidad geográfica y política se ha ido entretejiendo con una historia en la que fe y razón, arte y derecho, tradición y pensamiento han sabido encontrarse fecundamente. En sus catedrales y universidades, en su literatura inmortal, en sus instituciones jurídicas y en el ánimo mismo de su pueblo, permanece viva una herencia que ha dado forma a un modo de vivir la libertad, practicar la justicia y ordenar la vida común”.

    Pocas veces un obispo de Roma hace elogios tan medulares al alma civilizatoria de un pueblo. Si lo ha hecho en Madrid, en la primera parada de su vibrante gira por España, se debe a que León XIV es consciente del indiscutible legado universal de ese país, no solo en lo concerniente a la difusión del cristianismo y sus valores —que también—, sino en lo que atañe a la gestación de los principios filosóficos y antropológicos de la mejor tradición política, social y económica del planeta.

    En su alocución, claro, el Papa recordó a la Escuela de Salamanca, sin duda una de las conjunciones temporales más asombrosas de genios académicos en la historia de la humanidad. Aunque enmarcada por el Siglo de Oro hispano, su equivalente artístico y literario (Garcilaso, Quevedo, Teresa de Ávila, Juan de la Cruz, Cervantes, Lope, Góngora) es mucho más conocido y celebrado.

    Concentrada en el siglo XVI, la escuela salmantina fue cuna de pensadores que Joseph Schumpeter y Raymond de Roover consideraron iniciadores de la economía como ciencia. Francisco Suárez, por ejemplo, llamado el Doctor Eximius, fue el primer gran teórico de la soberanía del pueblo, base fundamental de las libertades personales y la democracia moderna. El jesuita Luis de Molina desarrolló valiosas analogías entre las naciones y las sociedades mercantiles, enalteciendo el sano individualismo frente a la tiranía. Francisco de Vitoria, el teólogo que rechazó la condena moral que pesaba sobre los comerciantes por el legítimo afán de lucro que les animaba, es uno de los humanistas pioneros del libre intercambio. Diego de Covarrubias, el jurista antiesclavista que llegó a desarrollar una valiente apología de los precios, fue determinante para la muy posterior comprensión antropológica del mercado libre.

    El canónigo navarro Martín de Azpilcueta fue notable precursor de la teoría cuantitativa del dinero —varios años antes que Jean Bodin—, y expuso intuitivamente las medidas de valor que asignamos a los bienes de acuerdo a sus variables en el tiempo. Este fundamento doctrinal de Azpilcueta servirá a la Escuela Austriaca de Economía para desplegar, siglos después, el concepto moderno de interés. Tomás de Mercado, agudo observador de la realidad mercantil en las Indias, formuló la distinción entre el valor nominal del dinero y su poder adquisitivo.

    Si un lector voraz y políglota como Carlos Marx hubiera estudiado en profundidad a Vitoria y a Molina, a Azpilcueta y a Mercado —y ninguna evidencia existe, por cierto, de que los hubiera conocido siquiera—, nos habríamos ahorrado numerosos equívocos en relación a la teoría del valor. Incluso es posible argumentar, sin problemas de conciencia, que los sabios de Salamanca habrían impedido la ofrenda inútil de millones de seres humanos en el “altar” del Estado si sus principales postulados filosóficos y teológicos hubieran sido apropiadamente difundidos en el siglo XIX.

    La escolástica salmantina constituye una materia por descubrir incluso entre los propios liberales. En los últimos cien años, notables economistas y politólogos comprometidos con la defensa de la libertad, tanto en el viejo como en el nuevo continente, reconocen no haber profundizado lo suficiente en estos pensadores ibéricos, entre quienes también sobresalen Juan de Mariana, Domingo de Soto, Bernardino de Sahagún y Domingo Báñez.

    “Los principios teóricos de la economía de mercado y los elementos básicos del liberalismo económico”, admitió ni más ni menos que Friedrich von Hayek, “no fueron concebidos, como se creía, por calvinistas y protestantes escoceses, sino por los jesuitas y miembros de la Escuela de Salamanca durante el Siglo de Oro español”. Y en su extraordinaria obra de 1954, Historia del análisis económico, el ya mencionado Schumpeter se refiere a los teóricos salmantinos con estas palabras tajantes: “A ellos corresponde, más que a ningún otro grupo, el mérito de haber fundado la ciencia económica”.

    León XIV, pues, habló a los legisladores españoles de una rica herencia de pensamiento que no aparece reivindicada en la política actual de occidente, y a veces ni siquiera en las bases morales que moldean sus estructuras sociales, jurídicas y económicas. Quedará a las futuras generaciones hispanas esa labor de justicia y renovación, no solo porque ese pasado glorioso les pertenece, sino porque a través de él podríamos –todas las naciones– redescubrir el gigantesco peso moral y la nutritiva fascinación que tiene el don de la libertad.

  • El Mundial y los libros: dos formas de contar la aventura humana

    El Mundial y los libros: dos formas de contar la aventura humana

    Cada cuatro años ocurre algo extraordinario. Millones de personas en todo el planeta se reúnen frente a una pantalla, conversan con amigos, discuten pronósticos y siguen con emoción cada partido del Mundial de Fútbol. Durante algunas semanas, el mundo parece hablar un mismo idioma: el de la pasión deportiva.

    Sin embargo, mientras observaba recientemente algunos comentarios sobre el Mundial, descubrí algo curioso. Más allá de los goles, los estadios y las celebraciones, el fútbol tiene mucho en común con la literatura. Quizás más de lo que imaginamos.

    Ambos nos cuentan historias. Ambos nos emocionan. Ambos nos enseñan algo sobre la condición humana. Y ambos tienen el poder de permanecer en nuestra memoria durante muchos años.

    Cada partido cuenta una historia

    Cuando abrimos una novela encontramos personajes, conflictos, desafíos y sueños. Cuando inicia un partido de fútbol sucede exactamente lo mismo. Hay equipos favoritos y equipos pequeños que buscan sorprender. Hay jugadores que cargan sobre sus hombros las esperanzas de todo un país. Hay momentos de gloria y también instantes de profunda tristeza.

    Las grandes historias literarias suelen hablarnos de la lucha humana frente a la adversidad. El Mundial también. ¿Quién no ha visto alguna vez a una selección considerada débil vencer a una potencia mundial? ¿Quién no ha sido testigo de un jugador que parecía derrotado y terminó convirtiéndose en héroe?

    La literatura y el deporte nos recuerdan una verdad sencilla: nunca debemos rendirnos antes de tiempo.

    Los héroes no solo viven en los libros

    Cuando pensamos en héroes literarios recordamos personajes que enfrentan dificultades, toman decisiones difíciles y luchan por alcanzar una meta. En el Mundial aparecen héroes parecidos. Algunos son estrellas reconocidas. Otros son futbolistas casi desconocidos que, de pronto, cambian la historia de un partido con una sola acción.

    Lo interesante es que esos héroes suelen enseñarnos las mismas virtudes que encontramos en los libros: disciplina, perseverancia, valentía, trabajo en equipo y capacidad de levantarse después de una derrota.

    Por eso los relatos deportivos suelen permanecer vivos durante generaciones. No recordamos solamente los resultados. Recordamos las historias humanas que hubo detrás de ellos.

    Entre ganadores y perdedores en el deporte también existe una reflexión: “El que gana, celebra; el que pierde, da explicaciones”. Esto también es una experiencia que se lee en la literatura.

    La emoción de pasar la página

    Leer una novela y seguir un Mundial tienen algo en común: nunca sabemos exactamente qué ocurrirá después. Cuando llegamos al final de un capítulo queremos descubrir qué sucederá en el siguiente. Del mismo modo, cuando termina un partido, sentimos curiosidad por conocer el resultado del próximo encuentro.

    Esa incertidumbre mantiene viva nuestra atención. Quizás por eso las personas aman tanto las historias. Necesitamos descubrir qué viene después. Necesitamos imaginar futuros posibles. Necesitamos emocionarnos con los triunfos y aprender de las derrotas.

    Los libros hacen eso. El fútbol también.

    Lo que la lectura aporta al deporte

    Algunas personas creen que el deporte y la lectura pertenecen a mundos diferentes. No estoy de acuerdo. La lectura desarrolla la observación, la concentración, la imaginación y la capacidad de interpretar situaciones complejas.

    Todas estas habilidades también son importantes para comprender mejor cualquier disciplina deportiva.

    Un lector aprende a identificar detalles que otros pasan por alto. Aprende a analizar causas y consecuencias. Aprende a pensar antes de emitir un juicio. Por eso, mientras más leemos, más herramientas tenemos para comprender el mundo que nos rodea.

    Más allá del marcador

    Hace algunos días reflexionaba sobre esto y comprendí que el Mundial es mucho más que una competencia deportiva. Es una colección de historias humanas. Cada selección representa sueños colectivos. Cada jugador lleva consigo años de sacrificio. Cada aficionado deposita en su equipo una pequeña parte de sus esperanzas.

    Y eso es precisamente lo que encontramos en los buenos libros: personas que sueñan, luchan, fracasan, se levantan y vuelven a intentarlo. Como escritor, Alfredo, siempre he creído que la lectura nos acerca a la esencia de la vida. Y el Mundial, de alguna manera, también nos permite observar esa misma esencia en movimiento.

    Y algo adicional. Me gustó el comentario que me hizo el PhD. y Pastor Adán García, observando todo el comportamiento de la experiencia del Mundial de Futbol: “El futbol sustituye la guerra. Dios usa su amor para reconciliar las naciones a través del deporte”.

    Y me mostró estas sabias palabras: “Cuando equipos de naciones enemigas están en la cancha, los jugadores se respetan y muchos llegan a ser amigos”. La literatura, por su parte, no tiene fronteras, ni tiempo, es universal.

    Una invitación a leer

    Cuando termine este Mundial, quedarán campeones, estadísticas y recuerdos. Pero también quedarán historias. Historias de superación, de amistad, de disciplina y de esperanza. Tal vez esa sea una buena oportunidad para acercarnos también a los libros. Porque cada novela, cada cuento y cada biografía nos ofrece una aventura diferente.

    Y al igual que ocurre en el fútbol, nunca sabemos cuál de esas historias terminará cambiando nuestra manera de ver el mundo. Los libros y el Mundial comparten una misma misión: recordarnos que la vida está hecha de relatos, de emociones y de sueños que vale la pena perseguir.

    Epílogo

    El fútbol nos enseña que ningún partido está ganado antes de jugarse. La literatura nos enseña que ninguna historia está terminada mientras exista una nueva página por escribir. Ambas experiencias nos invitan a creer, a perseverar y a seguir avanzando aun cuando el resultado parezca incierto.

    Quizás por eso seguimos leyendo y seguimos soñando. Las grandes victorias, dentro y fuera de la cancha, suelen pertenecer a quienes no abandonan el camino.

    Termino estas líneas con estas sabias palabras del Apóstol Pablo: «Todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres.» (Colosenses 3:23)

    *Alfredo Caballero Pineda, es escritor y consultor empresarial. 

    alfredocaballero.consultor@gmail.com

     

     

     

     

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