Categoría: Opinión

  • Dios y la desmitificación del mundo

    Dios y la desmitificación del mundo

    En el artículo anterior, El infinito y Dios, mencioné de pasada una idea que merece una reflexión más detenida. Se refiere a algunas convicciones intelectuales que hicieron posible el nacimiento mismo de la ciencia moderna, y que, dependen de otro tipo de conocimiento.

    Aunque parezca trivial una de las ideas que influyó para poder desarrollar la ciencia como ahora la entendemos es la comprensión cristiana de Dios. Para los cristianos, Dios es un ser personal, distinto de la naturaleza y la creación.

    Existen indicios de que prácticamente todos los pueblos han reconocido alguna forma de realidad trascendente. Culturas separadas por enormes distancias geográficas y temporales desarrollaron creencias religiosas, ritos y mitos sobre el origen y el sentido del universo. Sin embargo, en muchas de estas cosmovisiones la naturaleza aparecía estrechamente vinculada a lo divino.

    No es posible comprender la civilización maya sin referencias a Hunab Ku, considerado el dios supremo, a Itzamná, señor del cielo, o a Chaac, dios de la lluvia. Tampoco se puede entender la cosmovisión mexica sin Huitzilopochtli, asociado al sol y a la guerra, o sin Quetzalcóatl, protagonista de los relatos sobre la creación y renovación del mundo. Los fenómenos naturales, los ciclos agrícolas, las estaciones e incluso la supervivencia de la humanidad estaban profundamente relacionados con la acción de los dioses.

    Algo semejante ocurría en el mundo grecorromano. Zeus —Júpiter para los romanos— gobernaba los cielos y lanzaba los rayos. Poseidón —Neptuno— dominaba los mares y los terremotos. Deméter protegía las cosechas. Apolo estaba vinculado al sol y a la armonía del cosmos. El universo aparecía poblado por fuerzas divinas que intervenían constantemente en la vida humana y en los procesos naturales.

    Esta visión religiosa poseía una enorme riqueza simbólica y cultural. Inspiró obras de arte, epopeyas, tragedias y sistemas filosóficos. Sin embargo, también tendía a identificar estrechamente la naturaleza con lo sagrado.

    La propuesta cristiana introdujo una novedad decisiva.

    El cristianismo afirma que Dios creó el mundo libremente y no se identifica con él. El universo no es una parte de Dios, ni Dios es una fuerza impersonal difundida en la materia. El Creador y la creación son realidades distintas. La naturaleza dejó de ser un poder divino al que hubiera que temer o aplacar mediante sacrificios. El mundo pasó a entenderse como una creación ordenada, distinta de su Autor, y Dios dejó de ser concebido como un ser caprichoso, iracundo o vengativo. Las consecuencias intelectuales de esta idea fueron inmensas.

    Si el Sol no es un dios, puede ser estudiado. Su estructura, su composición química y sus propiedades pueden ser conocidas mediante la observación y la razón. Si los rayos, las tormentas o el movimiento de los astros no son manifestaciones caprichosas de poderes sobrenaturales, es posible investigarlos y descubrir las leyes que los gobiernan. En otras palabras, la naturaleza deja de ser una realidad divinizada e inaccesible para convertirse en un cosmos ordenado, inteligible y abierto a la exploración humana.

    Algunos historiadores han descrito este proceso como una auténtica desmitificación del mundo. No significa que el universo pierda su valor religioso. Al contrario. La creación sigue remitiendo a Dios, pero ya no es Dios.

    Además, la fe cristiana introdujo otra convicción fundamental: el mundo ha sido creado por una Inteligencia racional. La naturaleza no es un caos arbitrario ni el resultado de fuerzas imprevisibles. Posee un orden interno que puede ser comprendido.

    Esta confianza en la racionalidad del universo fue decisiva para muchos de los fundadores de la ciencia moderna. Kepler buscaba las leyes matemáticas del movimiento de los planetas porque estaba convencido de que el cosmos reflejaba una sabiduría divina. Galileo sostenía que el libro de la naturaleza estaba escrito en lenguaje matemático. Newton veía en las leyes físicas la expresión del orden establecido por el Creador.

    No estudiaban la naturaleza a pesar de su fe, sino precisamente la fe los llevó a estudiar la naturaleza. Por supuesto, sería un error afirmar que la ciencia moderna nació exclusivamente del cristianismo. La herencia griega, las aportaciones del mundo islámico, el desarrollo de las matemáticas y numerosos factores culturales, políticos y económicos desempeñaron también un papel decisivo. La historia siempre es más compleja que cualquier explicación monocausal.

    Es innegable que la visión del Dios cristiano contribuyó a crear un marco intelectual en el que la investigación científica podía desarrollarse con naturalidad. Dios nos dejó una creación profundamente ordenada y nos dio la capacidad de conocer ese orden: esto es ciencia.

    * Fernando Armas Faris, Sacerdote católico y doctor en Filosofía 

     

     

     

     

  • El legado sangriento de un verdugo

    El legado sangriento de un verdugo

    Murió Ramiro Valdés Menéndez, el sujeto que engrasaba la macabra máquina del totalitarismo castrista con la sangre de los miles de hombres que fusiló y los cientos de miles que encarceló.

    Participó con los Castro en el fracasado ataque al Cuartel Moncada y en la expedición en la que naufragó el yate Granma. En la Sierra Maestra cumplió la misión de espiar a compañeros y enemigos, la misma tarea que asumió en México entre sus compañeros expedicionarios. Tenía vocación de espía, en lenguaje cubano, era el chivato por excelencia.

    Ocupó posiciones muy importantes bajo el totalitarismo castrista. Miembro del ejecutivo nacional de las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI), dos veces ministro del Interior, diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular, miembro del Buró Político, viceministro Primero de las FAR, ministro de la Informática y de las Comunicaciones, estuvo al frente de los sectores de la Construcción y la Industria Básica, junto a otras responsabilidades gubernamentales.

    De 1961 a 1969 comandó el Ministerio del Interior, cargo que retomó en 1978-1985, siendo sustituido por el viceministro, general José Abrantes, muerto en prisión.

    El comandante Jaime Costa, quien fuera amigo de la infancia de Ramiro Valdés, afirma que los primeros especialistas de la KGB en ingresar a Cuba que hablaban español, abril del 59, lo hicieron por gestiones de Valdés.

    Fue el fundador del Ministerio del Interior, estableciendo una estrecha colaboración con sus pares del extinto bloque soviético que duró hasta la caída del Muro de Berlín y en algunos casos por varios años más. Documentos archivados en la Stasi, policía política de la RDA, testimonian la estrecha cooperación entre las fuerzas represivas y los suministros de diferentes clases que la entidad represiva germana enviaba a sus homólogos de La Habana. Igual relación existía con la KGB, soviética.

    Valdés instituyó en Cuba la vigilancia contra el ciudadano común, pero también contra los altos jerarcas del régimen. No había diplomático, funcionario, empresario o personalidad extranjera, que no fuera espiado en la isla. Otro aspecto importante en los predios de Valdés fue al alto nivel de corrupción, siendo “Ramirito” el más corrupto.

    Es importante destacar que quien fuera viceprimer ministro del gobierno de Cuba y miembro del Buró Político, fue uno de los principales brazos ejecutores de la subversión castrista en el hemisferio. Las incursiones de los sicarios de la revolución cubana en Venezuela, Nicaragua, Bolivia, Colombia y el resto de los países del continente, contaron con la asesoría de Valdés.

    Valdés, fue el primer jefe militar de Las Villas bajo el castrismo, posteriormente asumió la dirección del Departamento de Investigaciones del Ejército Rebelde (DIER), represores por excelencia y primera cantera de la Seguridad del Estado e instructores en la subversión.

    La Seguridad del Estado, creada por Valdés es un organismo que ha encarcelado a más de medio millón de hombres y mujeres, ejecutado aproximadamente a seis mil personas y varios cientos de desaparecidos. Ellos cuentan con licencia para arrestar y matar, condenar sin juicios y fusilar sin pruebas, el legado más importante de Ramiro.

    El comandante de la Sierra Maestra, Huber Matos, declaró que Ramiro tenía la triste fama de ser represivo, aún antes del triunfo de la insurrección. Matos cuenta que, durante su arresto en Camagüey, Valdés le apuntó con una pistola constantemente y fue quien lo condujo preso a la capital.

    Las redadas, condenas y ejecuciones estaban a cargo de los «Ramiritos» como los calificaba Dariel Alarcón. Ricardo Boffill, afirmaba que viejos comunistas con un historial de violencia y asesinatos como Isidoro Malmierca y Osvaldo Sánchez, se incorporaron al Minint a través de Valdés, entregándole las informaciones sobre actividades políticas de ciudadanos de interés que había acumulado el Partido Socialista Popular durante años.

    Los agentes de Ramiro actuaron con plena impunidad, desconociendo los más elementales derechos ciudadanos. Ejecutaban redadas de miles de personas sin que mediara actuación judicial. Se estima que en los días de Playa Girón fueron arrestados y confinados en campos deportivos, escuelas y clubes sociales, más de 250,000 personas.

    Entre 1960 a 1975, Ramiro Valdés dispuso el desplazamiento forzoso de miles de campesinos de diferentes zonas rurales de Cuba, particularmente de la región montañosa del Escambray, creando los tristemente famosos “Pueblos Cautivos”.

    No faltaron masacres como la de “La Ceiba”, Escambray, donde fueron ejecutados con una ametralladora calibre 30, 19 hombres. Para el ministro y sus discípulos, la convicción de que un indiciado era culpable hacía posible cualquier condena. Fundó campos de concentración en todo el país, “La Sierrita”, “Arroyo Blanco”, “El Condado”, y muchas más, siendo los campesinos los que más la padecieron.

    Ulteriormente, colaboró estrechamente con el Ministerio de las Fuerzas Armadas para poner en función las sádicas Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), donde miles de jóvenes fueron maltratados brutalmente.

    Valdés introdujo en los interrogatorios torturas muy sofisticadas. La aplicación del pentotal sódico (conocido como el suero de la verdad), cambios de temperaturas, aislamiento prolongado y métodos sicológicos muy agresivos para desestabilizar al preso, entre ellos el electroshock, sin dejar de proporcionar golpizas brutales. Numerosos presos recluidos en el hospital de Topes de Collantes, transformado en cárcel, fueron atados y lanzados desde helicópteros a una laguna situada cerca del antiguo centro hospitalario. Estas torturas se realizaron en otros lagos y pantanos de la isla.

    Manuel de Beunza, dice que aparte de asesino, Ramiro era un sádico. Gustaba visitar las prisiones, en particular las menos conocidas, como unas que estaban a disposición exclusiva del Departamento Técnico de Investigaciones, en las que el detenido podía permanecer por tiempo indefinido sin ser presentado ante autoridad judicial.

    Las condiciones carcelarias bajo la dirección de Valdés no solo eran difíciles, sino que podían generar un genocidio, si en el país se producía alguna circunstancia que pusiera en peligro la permanencia del sistema. Cumpliendo órdenes de Fidel, colocó en los túneles de las cuatro circulares y en el comedor, del Reclusorio Nacional para Varones de Isla de Pinos, miles de libras de TNT, con la orden de detonar los explosivos si se producía una sublevación o un ataque del exterior. Durante más de 20 meses 5.000 presos políticos durmieron sobre un virtual colchón de explosivos.

    Valdés fue el asesor estrella del castrismo en lo que respecta a represión, en la Venezuela de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, previamente lo había sido de Daniel Ortega y Humberto Ortega, en la sufrida Nicaragua. Sus conocimientos sobre prácticas violentas eran invaluables.

    Los funcionarios del Minint y Seguridad del Estado, G-2, han sido una élite dentro del régimen. Disfrutan de prerrogativas y privilegios que jerarcas de otras estructuras gubernamentales no disponen. Un oficial de esos cuerpos es mucho más importante que su par de las Fuerzas Armadas, su condición de sacerdotes del totalitarismo les permite intimidar, detener y eliminar a cualquier hereje sin mayores consecuencias, siendo, ese, el verdadero poder en un régimen como el castrismo. Ramiro lo detentó hasta su muerte.

    *Pedro Corzo es periodista cubano.

  • Venezuela: Ejercer el tutelaje     

    Venezuela: Ejercer el tutelaje     

    Recuerdo perfectamente el terremoto de Caracas de 1967, eso fue el 29 de julio a las 08:05 de la noche, de una intensidad de 6.5 grados; que igualmente, como el del pasado miércoles 25  en la noche tuvo su origen en el Litoral central, pero que afectó mayormente la zona este de Caracas de Altamira, Los Palos Grandes, Petare, la California y alrededores.

    Me preparaba a esa hora para asistir a la boda de la hermana de una compañera de estudios. Sentí el temblor en mi casa de La Florida, a un costado del ya inexistente cine la Florida. Ya, vestido de oscuro, al salir observé una grieta que concluía, vertical, en el marco superior de la puerta. Luego, alguien, (un ingeniero seguramente), me explicó que las grietas horizontales o transversales eran las peligrosas para las estructuras.

    De modo que salí como si nada a mi recepción, pero antes, me detuve en la casa de mi hermana en El Pedregal, esa cuña habitacional situada entre Chapellín y el Country Club, cercana al lugar donde emboscaron y asesinaron  al pariente el General Carlos Delgado Chalbaud.

    Al llegar, vi a mis sobrinos y a sus padres afuera, en el garaje, colocando unos colchones en el piso y me quedé consternado; así que en un tono entre extrañado y burlón les preguntó por qué hacían eso. Molestos, me observaron con curiosidad y me preguntaron sino sabía lo que había pasado. Entonces me enteré de la profundidad del temblor que había sentido, y el significado de la grieta sobre la puerta de salida de mi casa.

    Suspendí la recepción en Los Palos Grandes, y nos enfrascamos a buscar información sobre lo acontecido. Recuerdo al otro día, ver las primeras imágenes de aquel espectáculo de amasijo de pedazos de concreto, cabillas retorcidas amontonadas unos sobre otras, como si fuera el Guernica de Picasso.

    Allí perdimos un amigo, en el edificio Mijagual; mayor que nosotros, pero el muy respetado y apreciado Julio González, quien junto con Néstor Coll y Rodolfo José Cárdenas, había fundado la librería Nuevo Orden, ubicada frente a la antigua sede de la Universidad Católica, especializada en autores como Jacques Maritain, Ingnacio Lepp, Tehilard de Chardin, encíclicas papales, que nos sirvieron de base para un compromiso político originado en la Rerum Novarum de León XIII.

    Al día siguiente la televisión mostraba al periodista Oscar Yanez, micrófono en mano, recorriendo los escombros, detallando lo sucedido, preguntando e informando a bomberos, ingenieros, socorristas y sobrevivientes.

    Cincuenta y ocho años después de ese año y ese mes terrible, se repitió en el mismo lugar, en el mismo mes y hora un nuevo terremoto originado en el Litoral central, ensañado con la misma zona caraqueña pero con mayor destrucción y dolor humano en el Litoral central, hoy conocido Estado Vargas.

    Los reportes oficiales indican al momento de escribir estas líneas, 164 muertos y 900 heridos. Las imágenes me conducen a presentir con mucho dolor, que deben ser decenas de miles, muchos más. Aparte de los costos materiales causados en viviendas, instalaciones oficiales, hospitales, escuelas, comercios, y vías de comunicación.

    Esta tragedia humana y material me llena de tristeza y dolor, no solo por las victimas humanas inmediatas, sino por las pérdidas materiales, y la impotencia evidente de un estado, de un gobierno, de un régimen incapaz de enfrentar con eficiencia, honestidad y profesionalidad la tragedia humana y material que acaba de acontecer.

    El sistema sanitario venezolano, público y privado deja mucho que desear en los actuales momentos. Hospitales cerrados, profesionales de la medicina, médicos, auxiliares y enfermeros casi inexistentes, mal dotados, mal mantenidos, mal pagados; fuga de médicos, migración de personal de enfermería, ausencia de instrumentos y medicinas, instrumentos caducos o mal reparados. Defensa Civil desmantelada, Cuerpo de bomberos mal dotados, mal pagados, vehículos en desuso, maquinarias obsoletas.

    No tiene el actual régimen de los hermanos Rodríguez, ni sus ministros, ni lo tuvo el presidiario Nicolás Maduro, ni el fallecido Hugo Chávez, la capacidad ni la intención de generar un gran país, con toda la riqueza acumulada, pero sin control, empeñados como estuvieron en hacer la revolución mundial, en detrimento de su propia población y territorio.

    El primer año de gobierno de Hugo Chávez, el 15 de diciembre de 1999 se produjo el mal recordado Deslave del  Ávila en su cara norte, la que mira justamente hacia el litoral, hacia el mar. Ese día el agua bajó a lo plano y arrastró, enterró y destruyó edificio, casas, calles,  hospitales, escuelas, hoteles, árboles hacia el mar. Nunca se dio una cifra oficial de fallecidos, pero se estima que fueron entre 2,000 y 50 mil seres humanos. Al régimen que se iniciaba no le convino ofrecer la verdad.

    En ese momento, el Ministro de la Defensa de aquel entonces, el General Raúl Salazar, aceptó la ayuda ofrecida por la armada estadounidense para la evaluación, asistencia y reconstrucción del litoral  afectado. Y el tirano ignaro, Hugo Chávez, lo destituyó del cargo. De igual forma la Universidad Metropolitana, dirigida en ese momento por José Ignacio Moreno León, elaboró conjuntamente con la Embajada de Estados Unidos en Venezuela un proyecto de rescate, modernización y funcionalidad del litoral central, e igualmente el acomplejado tiranuelo Hugo Chávez, lo impidió.

    En esta oportunidad, ejerciendo como ejerce Estados Unidos un tutelaje sobre los restos de una tiranía en Venezuela, a través de los hermanos Rodríguez y el mismísimo Diosdado Cabello, espero, aspiro confío en que Estados Unidos asuma directamente, sin intermediarios de dudosa conducta, el rescate y  puesta al día de nuestras instituciones hospitalarias y de la Defensa Civil.

    Ni un dólar se le debe entregar a los hermanos Rodríguez, porque se quedarán con ese dólar, de alguna manera. Es la oportunidad que darle a Defensa Civil, hoy inexistente, desde que el General Rivero Muñoz se asiló cuando constató la presencia de oficiales cubanos dirigiendo el Alto Mando militar. Esta tragedia que nos acoge y duele, no puede ser dejada a los saqueadores inmorales que hoy ejercen la conducción del mismo país que ayudaron a destruir.

    No me queda nada por dentro, a pesar de mis reservas sobre el tutelaje, esperar, solicitar como venezolano, que en este momento, ante la dimensión del daño causado por los dos terremotos, sea Estados Unidos y sus autoridades quienes se encarguen directamente de dirigir y administrar la ayuda material de la reconstrucción  de nuestro  sistema de salud y de protección civil, con parte del dinero proveniente de la comercialización de nuestro petróleo que hoy fiscalizan.

    *Juan José Monsant es diplomático venezolano, fue embajador en El Salvador.

  • Claves para empoderar el turismo (I)

    Claves para empoderar el turismo (I)

    Sin duda alguna, el Pulgarcito de América, El Salvador, está cambiando vertiginosamente, eso gracias a la seguridad que impera en todo el territorio. Esa ansiada seguridad, la cual fue gracias a Nayib Bukele, ha hecho que vengan, poco a poco, inversionistas. Por esa razón, el turismo es clave para empoderar a un país y a una región. No es necesario hablar de estadísticas; todos sabemos que El Salvador, poco a poco, ha ido construyendo más hoteles, resorts, zonas de ocio, etc. Por eso, se deben aprovechar los recursos que tenemos. Somos pequeños, pero tenemos lagos, volcanes y, por ende, las diferentes rutas turísticas, las cuales son administradas por el Ministerio de Turismo.

    Hace poco estuvimos con mi esposa en diferentes países europeos, cada uno con su potencial que se aprovecha al máximo. En Sevilla, una ciudad que eminentemente se alimenta del turista, eso la hace ser uno de los destinos más visitados de España. De esos lugares se toma ejemplo.  El turismo la hace ser una ciudad empoderada. No solo por su historia, sino por su ubicación geográfica y gastronomía. Cuando aterrizamos en el aeropuerto internacional “San Óscar Arnulfo Romero y Galdámez”, tuvimos el placer de conocer la nueva terminal de pasajeros, la cual fue hace poco inaugurada por el presidente Bukele. Por lo tanto, mientras más grande sea el aeropuerto, se tendrá más capacidad para el arribo de más turistas.

    En ocasiones, las personas se aprovechan de una oportunidad o saben realizar negocios turísticos; por ejemplo, hay un pequeño restaurante ubicado enfrente de la Basílica de la Sagrada Familia, Barcelona, cobra 40 euros por dos bebidas. Lógicamente, lo que en verdad cobran, es la experiencia de sentarse y contemplar la Sagrada Familia. El arquitecto modernista catalán Antoni Gaudí, es el que empoderó esa ciudad. Sus magníficas obras arquitectónicas lo constatan. El turista busca experiencias, busca lugares que le hagan sentir bien.

    En el contexto salvadoreño, hablaré sobre emprendedores que le apostaron al turismo rural. Según Massimo Tinetti, Licenciado en Administración de Empresas Turísticas, propietario del Hostal y Museo del Juguete Da Massimo (Dove Massimo), el turismo es de resilientes.    Tinetti exhorta que es importante hacer un FODA para aventurarse al negocio turístico, ver la ubicación del lugar, ser resiliente, resistir. El mercado en Apaneca necesita perseverancia, voluntad, una misión en donde hizo su plan de negocios para cinco años. Es relevante tener fe, la solvencia para desenvolverse, ponerle alma, corazón y vida. Además, manifiesta que no se trata de ser clarividente; no se sabe lo que se viene. La empatía es muy importante también. Tener un hostal y restaurante implica tener una excelente atención al cliente. En la red social Facebook de Tinetti está la leyenda: “Si quieres tener algo que jamás has tenido, debes hacer algo que nunca has hecho”. No ha sido fácil; sin embargo, su lucha constante, junto con su familia, ha hecho que su hostal sea visitado por muchos turistas locales y extranjeros.

    En otro caso similar, el touroperador Karlos Doratt, quien es Licenciado en Ciencias Jurídicas, especifica que las claves para empoderar el turismo son: “Como emprendedor he aprovechado el turismo valiéndome de la herramienta de Lean Canvas desarrollando un modelo de negocios, detectando las necesidades de los turistas nacionales y extranjeros, diseñando rutas en atractivos locales. Esto incluye diseñar experiencias al aire libre con la naturaleza, crear soluciones medioambientales para que sea un turismo sostenible. El objetivo es transformar el patrimonio cultural o natural en un negocio rentable mientras se genera empleo y desarrollo local con lo que llamo economía circular. Doratt hace tour de cascadas, de café, tour Ruta de las Flores (historia, patrimonio religioso y cultural y pilar económico en el caso del café)”. En las redes sociales se evidencia que hace tour por San José La Majada con turistas de todo el mundo.

    Ambos, Tinetti y Doratt, tienen cosas en común. Las claves para empoderar el turismo son muchas; en el turismo rural, debe haber actores que lo empoderen.

    *Fidel López Eguizábal, Docente e investigador Universidad Nueva San Salvador

    fidel.lopez@mail.unssa.edu.sv

  • Elígete una y mil veces…

    Elígete una y mil veces…

    ¿Cuántas veces has pospuesto una cita médica por una reunión? ¿Cuántas veces has dicho «después descanso» o «cuando tenga tiempo me ocupo de mí»? Vivimos respondiendo a las necesidades de los demás: clientes, colaboradores, familia, amigos y compromisos. Nos convertimos en expertos en cumplir expectativas, pero muchas veces olvidamos atender a la persona con la que conviviremos toda la vida: nosotros mismos.

    Durante mucho tiempo creí que elegirme era un acto egoísta. Pensaba que el éxito se construía trabajando más horas,  sumiendo más responsabilidades y estando disponible para todo y para todos. Con los años entendí algo diferente: cuando dejamos de elegirnos, tarde o temprano nuestra energía, nuestra salud y nuestra capacidad de liderar comienzan a pasar factura.

    Existe una idea equivocada sobre la imagen personal: pensar que comienza frente al espejo. Desde mi experiencia, he descubierto que comienza mucho antes, en la forma en que nos tratamos, en los hábitos que cultivamos y en el bienestar que decidimos priorizar.

    Durante años he visto cómo asociamos el éxito profesional con la preparación académica, la experiencia o la capacidad técnica. Sin embargo, estoy convencida de que hoy existe un factor que cada vez cobra mayor relevancia y que, muchas veces, pasa desapercibido: el bienestar personal.

    Podemos perfeccionar un discurso, vestir impecablemente o construir una estrategia de marca personal en redes sociales. Pero he aprendido que ninguna de estas herramientas logra sostenerse si detrás hay una persona agotada, desconectada de sí misma o que ha dejado de cuidar su salud física y emocional. La autenticidad no se fabrica; se proyecta.

    He comprobado que las personas que generan mayor confianza no siempre son las más extrovertidas ni las que buscan llamar la atención. Son aquellas cuya presencia transmite equilibrio, claridad y seguridad. Personas que inspiran antes de hablar y que lideran desde la coherencia entre lo que piensan, dicen y hacen.En un entorno donde la confianza y el liderazgo son activos clave, considero que el bienestar se ha convertido en una verdadera ventaja competitiva. Ya no basta con ser competente; también es necesario contar con la energía para innovar, la inteligencia emocional para gestionar equipos, la resiliencia para adaptarse a los cambios y la serenidad para tomar decisiones bajo presión. Todo eso comunica.

    Todo eso también construye reputación.

    Para mí, la marca personal no consiste en crear un personaje para agradar a los demás. Consiste en fortalecer a la persona que existe detrás de la marca. Cuando aprendemos a gestionar nuestras emociones, respetamos nuestros tiempos de descanso, cuidamos nuestra salud y desarrollamos una mentalidad de crecimiento, comenzamos a proyectar una imagen mucho más poderosa que cualquier tendencia o estrategia de comunicación.

    A lo largo de mi experiencia también he aprendido que las personas no recuerdan únicamente cómo te veías. Recuerdan cómo las hiciste sentir, la confianza que inspiraste y la energía que llevabas contigo. Esa percepción es la que abre puertas, fortalece relaciones y deja una huella profesional duradera.

    Cada encuentro, cada conversación y cada oportunidad representan una ocasión para fortalecer nuestra reputación. Por eso, construir una marca personal sólida no comienza con una sesión de fotos, un cambio de imagen o una publicación en redes sociales. Comienza con una decisión mucho más profunda: convertir nuestro bienestar en una prioridad.

    Si algo he confirmado en este camino, es que la mejor inversión para fortalecer tu marca personal no siempre está en tu guardarropa, en una estrategia digital o en una agenda llena de compromisos. Muchas veces comienza en aquello que nadie ve: la paz con la que enfrentas cada día, los hábitos que sostienen tu bienestar y la relación que construyes contigo mismo.

    Estoy convencida de que la reputación más valiosa no nace de la perfección. Nace de una presencia auténtica, saludable y coherente. Porque cuando una persona aprende a elegirse una vez, y luego otra, y otra más, comienza a construir algo mucho más importante que una imagen: construye confianza.

    La confianza no se viste; se cultiva. Y la mejor imagen que podemos proyectar siempre nace del bienestar con el que elegimos vivir.

    * Ale Costa es empresaria y estratega digital

  • El fútbol: ¿arma propagandística?

    El fútbol: ¿arma propagandística?

    Durante la Copa del Mundo de 1954 realizada en Suiza, comenzaron a transmitirse partidos “en blanco y negro” dentro de Europa; en la de Suecia de 1958, también. Del campeonato realizado en Chile cuatro años después, solo pudieron disfrutarse parcialmente dentro de sus fronteras. El siguiente fue en Inglaterra y contando ya con tecnología satelital pudo ser visto en tiempo real por aficiones del Viejo Continente y la estadounidense, pese a no ser su deporte nacional; en la América restante, los encuentros solo fueron contemplados después de finalizados. Esta edición, aunque diferida, fue la primera que vi; apenas tenía diez años. Tres recuerdos guardo de la misma. Menciono dos: la indebida expulsión de Antonio Rattín, capitán del seleccionado argentino, decretada por un árbitro alemán en el juego contra el equipo anfitrión y el falso “gol” inglés en la final contra Alemania.

    En el de “México 70” ya era yo un adolescente que pudo admirar la vistosidad de los brasileños, en cuyo plantel de ensueño brillaba con luz propia su estrella máxima: Edson Arantes do Nascimento, mejor conocido como Pelé. Su salida del campo de juego molido a patadas, cargado por el masajista Mario Américo y alguien más, es el tercer recuerdo que me quedó del Mundial de 1966. Pero fue desde el primer torneo realizado en la tierra de Juárez que me clavé con “la Verdeamarela”, para convertirme en uno de sus fervientes seguidores. Ya pasaron seis décadas de la mencionada final escenificada en Londres, dentro del antiguo Estadio de Wembley, y muchas cosas cambiaron en el fútbol profesional. Eso sí, bastantes para mal lastimosamente.

    Previo al último encuentro mencionado, en 1964 fue derrocado el mandatario  brasileño Joao Goulart. El tercer militar al frente de la dictadura iniciada con su caída, Emilio Garrastazu Médici, metió mano para que ‒tras lo ocurrido en 1966‒ Pelé cambiara de parecer y retornara a la selección carioca para jugar el torneo mundialista de 1970 realizado en el país donde se había perpetrado una masacre el 2 de octubre de 1968 y otra el 10 junio de 1970. La primera tuvo lugar días antes de la inauguración de las Olimpiadas; la segunda, días después de que Gustavo Díaz Ordaz, presidente mexicano y principal responsable de ambas atrocidades, inaugurara el torneo mundialista celebrado con la participación de apenas dieciséis equipos entre los cuales figuró el salvadoreño ocupando la última posición.

    Durante la etapa clasificatoria, los nuestros enfrentaron a los hondureños tres veces. Primero ganaron los catrachos y luego los salvadoreños, lo que obligó a un tercer partido del cual saldrían victoriosos los nuestros para avanzar a la última fase, de cara la justa en el país norteamericano. Este último se realizó el 27 de junio de 1969 y del 14 al 18 de julio inició entre ambos países un corto pero cruento conflicto bélico conocido como “la guerra del fútbol”; así la bautizó alguien y esa etiqueta fue ampliamente difundida cuando en realidad sus causas reales tuvieron que ver con disputas sociales, económicas y políticas entre las clases dominantes de estos países vecinos.

    En 1974 la sede del evento futbolero fue Alemania y en 1978 la Argentina sometida bajo la dictadura encabezada, desde el 24 de marzo de 1976, por el general Jorge Rafael Videla. Este creó el “Ente Autárquico Mundial 1978”. Su primer presidente, el general Omar Actis, fue asesinado en agosto de 1976 en medio de la pugna entre militares por el manejo de los millonarios fondos destinados a organizar y desarrollar el evento que “por fin” ‒en palabras del corrupto Joao Havelange, entonces máximo dirigente de la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA)‒ permitiría al mundo conocer “la verdadera imagen de Argentina”, que para él no era aquella que el régimen despótico pretendía ocultar: la del terrorismo estatal que sumó más de 30 000 víctimas asesinadas o desaparecidas.

    Tras coronarse campeona la “Albiceleste” por primera vez, el tirano Videla afirmó frente a sus integrantes que el pueblo argentino no renegaba de su presente y vivía “con heroica alegría, la posibilidad de un futuro promisorio”. Pero según Jorge Valdano, mundialista en “México 86”, César Luis Menotti les dijo antes a sus futbolistas que ellos eran “el pueblo”; que pertenecían “a las clases perjudicadas”, que eran las víctimas y representaban “lo único legítimo” en el país: el fútbol.

    “Nosotros ‒les aseguró el aclamado seleccionador‒ no jugamos para las tribunas oficiales llenas de militares sino que jugamos para la gente. Nosotros no defendemos la dictadura sino la libertad”. Pero “nos usaron como arma propagandística”, expresó el volante Osvaldo Ardiles. Y 48 años después, aunque bastante malo, el fútbol salvadoreño ya comenzó a ser eso de nuevo.

  • Nada justifica cometer un delito

    Nada justifica cometer un delito

    Allá por 2015 un Tribunal de Sentencia de San Salvador encontró culpable del delito de extorsión agravada al pandillero Marco Tulio Renderos Cárcamo y le impuso 20 años de prisión. El tipo al escuchar la sentencia solo sonrió irónicamente, volvió su mirada hacia su madre y le dijo “perdóneme madre, pero soy inocente”.

    Al pandillero se le llevaron esposado y su madre, con su cabeza cubierta por una mantilla blanca, no paraba de llorar, cuando los agentes de seguridad le pidieron que abandonara la sala de audiencias se negaba, por lo que tuve que pedirle que saliera y acompañarla a la salida. Ella me dijo que era injusto que condenaran a su hijo, porque él era inocente, “Imagínese que él me daba $15 diarios, es cierto que le pedía a los comerciantes (que ingresaban a la Comunidad 22 de Abril de Soyapango), pero lo hacía porque otros lo obligaban. Dígame quien me dará los $15, los muchachos (otros pandilleros) me advirtieron que si lo condenaban ya no me iban a ayudar”.

    Ese mismo año otro Tribunal de Sentencia de San Salvador condenó a 26 años de cárcel a un “disque” pastor evangélico acusado de violar y embarazar a una adolescente de 13 años. El pastor Omar Ernesto A. abusó de la menor de edad durante más de un año, en una casa que funcionaba como iglesia evangélica en la zona rural de Ciudad Delgado. Al final de la audiencia el juez le concedió la palabra al imputado, que ante la contundencia de las pruebas pidió perdón y culpó al “diablo” porque lo había tentado a cometer el delito continuado. Al conocer el fallo, la esposa del condenado sostuvo que su marido era inocente y que todo era obra del mal.

    En 2019 Carlos A. Moreno, en el oriente del país, fue condenado a 30 años de cárcel porque en estado de ebriedad mató a  golpes a su hijo de un año de edad, porque en la madrugada el niño no paraba de llorar. En su última palabra ante el juez, el imputado culpó a su alcoholismo y a su mujer, porque “ella sabía que cuando él andaba borracho no le gustaba la buya” y esa vez adrede hizo que el niño llorara.

    Siempre en 2019, en la zona occidental, José Ernesto M., un adulto mayor de 73 años fue condenado a 20 años de prisión por haber violado en reiteradas ocasiones a su nieta de 9 años. En su defensa aceptó los cargos, pero culpó a la pequeña víctima porque cuando “estaban solos le coqueteaba”.

    En la  mayoría de los juicios, cuando el imputado se ve acorralado por la fortaleza y contundencia de las pruebas, aceptan los cargos, piden perdón (casi siempre de manera hipócrita) y buscan justificar, culpando a otros o a las circunstancias, sus delitos.

    Recuerdo el caso de Eduardo Henríquez, alias “Gigio” quien era un secuestrador que en 2001 participó en el secuestro y asesinado del niño Gerardo Villeda Katan, de solo nueve años. Fue él quien mató a balazos al pequeño y ante los medios de comunicación justificó que lo hizo porque se vio acosado por miembros de la Policía Nacional Civil (PNC) que lo tenían rodeado tras una intensa búsqueda. “Gigio” fue asesinado en junio de 2001 en el centro penal de San Francisco Gotera, un día después de haber sido trasladado. Supuestamente lo mataron otros secuestradores en venganza porque se había quedado con el dinero de rescates pagados por familiares de otras víctimas.

    El delincuente siempre busca y encuentra una justificación para su accionar, pero rara vez sus argumentos son razonables. Salvo cuando se actúa en legítima defensa o con problemas mentales, no hay justificación para argumentar la comisión de un ilícito, ni siquiera la pobreza es motivo para validar un delito, mucho menos el estado de ebriedad o la conducta bajo efectos de una droga.

    Obviamente cuando un imputado se enfrenta a un juicio o vista pública, constitucionalmente  es inocente hasta que es vencido con pruebas irrefutables y contundentes que no dan pie a dudas ni a equívocos, porque dan la certeza de la culpabilidad. Justificar o culpar a otros no vale, pues todos los seres humanos normales tenemos libre albedrío y conciencia para identificar y separar lo bueno de lo malo y viceversa.

    Nada justifica el cometimiento de un delito, salvo los casos apuntados (defensa propia y producto de una conducta derivada de una enfermedad o deficiencia mental). Todo criminal debe pagar por sus fechorías, aunque eso le duela o ingratamente afecte a sus seres queridos. Nadie está o debe estar al margen de la ley o de las normativas y reglas específicas que nos rigen. Los delitos hay que pagarlos tarde o temprano, toda vez que en un debido proceso se compruebe la culpabilidad del imputado con pruebas contundentes e irrefutables.

    * Jaime Ulises Marinero es periodista

     

     

     

     

     

     

  • Miguel Ángel, el niño del milagro: una historia de fe, talento y esperanza

    Miguel Ángel, el niño del milagro: una historia de fe, talento y esperanza

    A veces los libros llegan a nuestras manos en el momento preciso. Buscando historias de salvadoreños que aportan algo valioso a nuestro país, encontré el libro “Miguel Ángel, el niño del milagro”, escrito por Mayra de Mungia, auditora de profesión y autora de una obra profundamente humana que me sorprendió desde las primeras páginas.

    Confieso que comencé a leerlo con curiosidad, pero terminé leyéndolo con admiración. No porque narre hazañas extraordinarias en el sentido tradicional de la palabra, sino porque cuenta una historia real que invita a reflexionar sobre la familia, la educación, la fe y los talentos que muchas veces pasan desapercibidos en la vida cotidiana.

    Un hijo esperado contra todo pronóstico

    Mayra narra su historia en primera persona, con una sinceridad que conmueve. Desde el inicio deja claro que considera a Miguel Ángel un milagro. Y no es para menos.

    Su hijo nació cuando ella tenía 46 años de edad, cuando años atrás médicamente le habían dicho que ya no podría tener más hijos, y es una etapa de la vida en la que muchas personas consideran cerrada la posibilidad de una nueva maternidad. Pero para ella, aquel nacimiento fue una muestra de la fidelidad de Dios y una experiencia que transformó por completo su existencia.

    Lo interesante es que el libro no se queda únicamente en el relato del nacimiento. Muy pronto el lector descubre que la verdadera historia apenas comienza.

    Un niño diferente

    A medida que avanzan los capítulos, conocemos a Miguel Ángel, un niño con altas capacidades intelectuales, una creatividad sorprendente y una curiosidad prácticamente inagotable.

    Lo que más me llamó la atención es que Mayra no lo presenta como un pequeño prodigio para impresionar a los demás. Lo presenta como hijo. Y eso hace toda la diferencia.

    Nos muestra sus talentos, sus ocurrencias, sus preguntas, sus descubrimientos y también los desafíos que implica educar a un niño que aprende de manera distinta.

    Porque tener un hijo con capacidades excepcionales no significa tener una vida más fácil. En muchos casos significa exactamente lo contrario.

    Exige paciencia, comprensión y una enorme capacidad para acompañar sin presionar.

    La educación comienza en casa

    Uno de los mensajes más valiosos del libro es el papel de la familia en el desarrollo de los talentos. Miguel Ángel posee capacidades extraordinarias, pero el libro deja claro que detrás de cada avance existe una familia que escucha, orienta y acompaña.

    Mientras leía, pensaba en algo que he repetido muchas veces como Alfredo: la educación más importante no siempre ocurre en el aula. Ocurre en la mesa familiar. En las conversaciones cotidianas. En las preguntas que los padres responden con paciencia. En el tiempo que se dedica a escuchar.

    Mayra muestra precisamente ese proceso. El esfuerzo constante por encontrar el equilibrio entre estimular el talento y permitir que un niño siga siendo niño.

    Más que inteligencia

    Uno de los aspectos que más me gustó de la obra es que no se obsesiona con los logros académicos. Por supuesto, Miguel Ángel destaca por su capacidad intelectual. Es un autodidacta, desde temprana edad sabe matemáticas, astronomía, geografía, ajedrez por su propia cuenta, aprende con rapidez y muestra una facilidad notable para comprender temas complejos.

    Pero el libro insiste en algo más importante. La inteligencia, por sí sola, no basta. La autora expresa repetidamente su deseo de que su hijo conserve la humildad, la sensibilidad humana y la conciencia de que sus talentos tienen un propósito mayor.

    Esa reflexión me pareció especialmente valiosa en una época donde muchas veces medimos el éxito únicamente por resultados, calificaciones o reconocimientos.

    Un libro que inspira a cualquier familia

    Aunque la historia gira alrededor de un niño con altas capacidades, creo que sería un error pensar que este libro está dirigido únicamente a padres en circunstancias similares.

    En realidad, es una lectura para cualquier persona que crea en el poder transformador de la educación y del amor familiar. Cada capítulo transmite optimismo. Cada experiencia invita a reflexionar.

    Cada anécdota nos recuerda que los hijos son mucho más que sus calificaciones, sus talentos o sus habilidades. Son personas que necesitan ser guiadas, comprendidas y amadas.

    Cuando los libros nos permiten creer

    Como escritor, he aprendido que algunos libros informan y otros inspiran. Este pertenece claramente al segundo grupo. A medida que avanzaba en la lectura, comprendí que la obra de la salvadoreña Mayra de Mungia no intenta demostrar nada. No busca convencer al lector de una teoría específica.

    Más bien comparte una experiencia. Y la comparte con honestidad. Quizá por eso resulta tan cercana. Porque habla de alegrías, preocupaciones, sueños y desafíos que cualquier familia puede reconocer.

    Una lectura diferente

    Vivimos rodeados de información. Cada día aparecen miles de publicaciones en redes sociales que consumimos en pocos segundos y olvidamos casi de inmediato.

    Los buenos libros son diferentes. Nos obligan a detenernos. Nos invitan a pensar. Nos ayudan a mirar la vida desde otra perspectiva.

    Por eso recomiendo esta obra. No porque cuente la historia de un niño excepcional, sino porque nos recuerda algo que todos necesitamos escuchar: cada persona tiene dones que merecen ser descubiertos y cultivados.

    Epílogo: el verdadero milagro

    Al terminar el libro me quedó una sensación agradable. No la sensación de haber leído la biografía de un niño extraordinario, sino la de haber acompañado a una familia que aprendió a descubrir el valor de los dones que Dios coloca en cada vida.

    Quizá el verdadero milagro no sea únicamente el nacimiento de Miguel Ángel. Quizá el verdadero milagro sea el amor paciente que lo rodea, la dedicación de quienes creen en él y la convicción de que cada talento debe ponerse al servicio del bien.

    Ese es el mensaje que permanece mucho después de cerrar la última página. Y por eso vale la pena leer este libro. Como dice el libro de Proverbios: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él” (Proverbios 22:6).

    La educación, el amor y la fe son semillas que tardan en crecer, pero cuando florecen, pueden iluminar generaciones enteras. Y esa es, precisamente, una de las enseñanzas más hermosas que deja “Miguel Ángel, el niño del milagro”.

    *Alfredo Caballero Pineda, es escritor y consultor empresarial. 

    alfredocaballero.consultor@gmail.com 

  • El infinito y Dios

    El infinito y Dios

    En un artículo anterior señalé que la existencia de Dios no debe entenderse como una explicación provisional destinada a rellenar los vacíos de nuestro conocimiento científico. La imagen del llamado «Dios de los agujeros» resulta insuficiente porque supone que, a medida que la ciencia avanza, Dios retrocede. Pienso que este planteamiento no le hace ningún favor a la ciencia y menos a la teología.

    La cuestión filosófica más profunda no es qué fenómenos concretos puede explicar la ciencia, sino por qué existe un universo inteligible que puede ser explicado por la ciencia.

    Existe, además, otro aspecto menos conocido de la relación entre fe y ciencia que merece atención. No se refiere a aquello que la ciencia todavía desconoce, sino a algunas de las ideas que hicieron posible su nacimiento. Entre ellas destaca una especialmente sorprendente: la idea de infinito.

    Hoy estamos tan acostumbrados a ella que apenas advertimos su extrañeza. Hablamos de distancias infinitas, de series infinitas o de infinitos matemáticos con relativa naturalidad. Sin embargo, durante siglos el infinito constituyó uno de los mayores problemas intelectuales de la humanidad.

    Los griegos fueron plenamente conscientes de esta dificultad. Basta recordar las célebres paradojas de Zenón, diseñadas para mostrar que el movimiento parecía imposible si el espacio podía dividirse indefinidamente. Aquiles nunca alcanzaría a la tortuga. Una flecha en vuelo nunca llegaría a su destino. El infinito aparecía como una amenaza para la comprensión racional del mundo. Lo ilimitado parecía escapar al orden, a la medida y a la inteligibilidad que caracterizaban al cosmos. Sin embargo, la historia intelectual de Occidente siguió otro camino.

    Mientras la filosofía griega tendía a considerar problemático el infinito, la tradición cristiana lo incorporó desde muy temprano a su reflexión sobre Dios. La infinitud dejó de ser vista únicamente como una amenaza para la razón y comenzó a entenderse como uno de los atributos propios de la divinidad. Dios era infinito en poder, en conocimiento y en perfección.

    Durante siglos, teólogos y filósofos medievales reflexionaron sobre las implicaciones de esta idea. Naturalmente, no estaban desarrollando física matemática ni cálculo infinitesimal (Newton y Leibniz). Su objetivo era comprender mejor la naturaleza de Dios. Sin embargo, al hacerlo contribuyeron a familiarizar a la cultura occidental con un concepto que más tarde resultaría indispensable para la ciencia.

    Cuando llegó la revolución científica de los siglos XVI y XVII, el infinito ya no era un territorio completamente hostil.

    La nueva física necesitaba pensar en magnitudes continuas, divisiones indefinidas y procesos matemáticos cada vez más complejos. Sin la idea de infinito resultaría difícil comprender el desarrollo de la geometría analítica de Descartes, los estudios de Galileo sobre la inercia, las intuiciones astronómicas de Kepler o, de manera muy especial, la obra de Newton.

    Todos creyentes convencidos. Para ellos, estudiar la naturaleza significaba estudiar la obra de Dios. El universo no era un caos irracional, sino una creación ordenada que podía ser comprendida mediante las matemáticas porque procedía de una Inteligencia racional.

    La historia ofrece todavía un ejemplo más llamativo.

    A finales del siglo XIX, el matemático alemán Georg Cantor revolucionó las matemáticas al desarrollar la teoría de conjuntos y formular una rigurosa teoría de los infinitos. Cantor mostró algo que parecía imposible: que existen distintos tamaños de infinito.

    Sus descubrimientos transformaron para siempre la matemática moderna. Sin embargo, para él el infinito matemático no agotaba el significado de la infinitud. Distinguía cuidadosamente entre los infinitos que estudian las matemáticas y el Infinito Absoluto, que identificaba con Dios. En una formulación que se hizo célebre, sostuvo que el infinito matemático es tan solo una participación o un reflejo del Infinito Absoluto.

    Naturalmente, estas observaciones no constituyen una demostración de la existencia de Dios. Tampoco pretenden sostener que la ciencia moderna sea una consecuencia directa y exclusiva de la teología medieval. La historia siempre es más compleja y rica que cualquier explicación simplista. Sin embargo, sí invitan a replantear la idea de que la fe y la razón son adversarias irreconciliables. Quizá, más bien, sean —como afirmó Juan Pablo II— las dos alas con las que el espíritu humano se eleva hacia la contemplación y el conocimiento de la verdad.

    *El padre Fernando Armas Faris es sacerdote católico y Doctor en Filosofía 

  • Rompiendo las cadenas

    Rompiendo las cadenas

    Los cubanos, a los 67 años y seis meses de opresión totalitaria no tienen más opciones que intensificar y extender las protestas. La situación en el país ha llegado a extremos que no tienen más alternativas. Es muy controvertido escribir sobre esto en la distancia, pero no vislumbro otra salida que ponga fin al espanto que ha sumido a Cuba en una abyecta miseria.

    El padre Félix Varela, testigo de la opresión colonial, escribió: “los pueblos cuando no tienen medios para pensar se familiarizan con la idea de su incapacidad… deja a otros el cuidado de discutir, y se constituye en masa inerte”.
    El totalitarismo castrista, más eficiente que la corona española en el control social, ha inducido y formado a muchos compatriotas en la dependencia del estado, a ser la masa inerte de la que escribió este ilustre compatriota.

    El no pensar, no hacer y solo padecer de parte de la población sin importar donde se encuentren, no es por falta de coraje, sino que el método de instituir la subordinación ha sido parcialmente exitoso, aunque no todo lo que la dictadura hubiera querido, pues la resistencia no ha desaparecido.

    El sistema impuesto en Cuba por los Castro ha reprimido cruelmente el libre pensamiento. La inaccesibilidad a otras fuentes de conocimientos y la represión, incitan a la sumisión, lo que motiva que el sujeto se sienta incapaz de actuar por su propia cuenta, dando origen a que no pocos arguyan que son los otros los que deben correr los riesgos, ignorando, que sus hijos también padecen los males de los cuales también es responsable, por apatía o complicidad.

    La miseria es absoluta. La población vive en condiciones mas miseras que los esclavos en los barracones en los tiempos del padre Varela. No hay probabilidades de conciliación entre el pueblo cubano y el totalitarismo que le oprime. La situación ha llegado a extremos insospechados, desgraciadamente, el país y su gente han arribado a niveles de sobrevivencia por lo que me dicen numerosos amigos que se encuentran en la Isla y quienes viajan a ella.

    La desdicha lo ensombrece todo. Se conoce desde el momento del nacimiento y se sufre hasta en la hora de la muerte. No faltarán quienes ríen de la desgracia que soportan, pero la mayoría padece una penuria que los agobia.

    He escuchado a más de un cubano expresar que enfrentar el totalitarismo es muy difícil y demanda correr grandes riesgos, una verdad mas que rotunda. El castrismo mata o encarcela, pero también se muere por indefensión, por sumisión.

    El enemigo es cruel, despiadado, jamás reconoce sus culpas y menos admitirá ser responsable de los desastres del país. El poder castrista es capaz de engañarse a si mismo, hacer promesas de cambio para que todo siga igual como ha expresado el dictador designado, Miguel Diaz Canel en su más reciente alocución en la que anuncia reformas que nunca aliviarán las penurias de la ciudadanía. Simple y llanamente porque el sistema es ineficiente y se niega a reconocer los más elementales derechos ciudadanos, fundamento de todo progreso material y espiritual.

    Es el propio castrismo el que ha conducido a la población a asumir posiciones extremas. Terminar con la farsa de Fidel, Raúl Castro, de Diaz Canel y del resto de los sicarios que le sirven. Efectuar una protesta nacional que conduzca al fin de la tiranía, o haga imperativa una acción solidaria internacional que tendría ese mismo resultado.

    Protestar contra los abusos es un derecho y deber de toda persona con pundonor. La protesta ha de ser un compromiso de todos, mientras más se sumen, la victoria estará garantizada.

    La mayor parte de los exiliados, aquellos que siguen comprometidos en sus obligaciones con la Patria, se sumarian a cualquier demanda popular que nuestro pueblo protagonice. No es fácil escribir sobre esto. Sé muy bien, por experiencia propia y familiar, la maldad del sistema castrista, pero aprecio con profundo pesar el deterioro de la población, y cuando la miseria te hace miserable, la recuperación es imposible.

    Termino con otra frase del padre Varela que corrobora lo anterior, “Recupera la libertad de que tú misma te has despojado por una sumisión hija más de la timidez que de la necesidad; vive libre e independiente; y prepara asilo a los libres de todos los países”.