Categoría: Opinión

  • Un mes que cambió las perspectivas (I)

    Un mes que cambió las perspectivas (I)

    El mes de enero de 1981, es decir, hace 45 años, en El Salvador hubo un punto de quiebre en su proceso político. Claro, esto no siempre ha sido apreciado de esta forma y se ha tendido a valorar tal momento como una circunstancia oscura y llena de desaciertos.

    La muy raquítica labor de investigación socio-histórica que padece El Salvador   no ha permitido ir reconstruir los principales procesos y dinámicas de las últimas tres décadas del siglo XX de un modo amplio y considerando diversas vetas, de ahí que lo que predomina son visiones adelgazadas, edulcoradas o dislocadas.

    El 10 de enero de 1981 el proceso salvadoreño saltó de la crisis política a la generalización de la guerra. Y esto no fue un asunto de un solo actor. Creer tal cosa oscurece la comprensión.

    A la guerra se llegó por un camino estrecho de intolerancia y de rupturas institucionales. No fue algo que ocurrió, así, de pronto, sin avisar. Desde 1970, o quizás un poco antes, ese fenómeno social que fue la guerra asomó su cresta. Pero el proyecto político conservador dominante en ese momento desestimó las señales que lo anunciaban. E imaginó que con mano de hierro eso podría contenerse, y para eso se apeló al ejemplo del aplastamiento de la insurrección campesina e indígena de enero de 1932.

    Sin embargo, las diferencias entre aquel enero de 1932 y el enero de 1981, son enormes.

    Entre el 15 de octubre y el 30 de diciembre de 1979 existió la posibilidad real de ‘desactivar’ el estallido que el 10 de enero de 1981 detonó. No se hizo porque el paroxismo político-ideológico de todos los actores obnubiló las visiones y desde los primeros días de enero de 1980 se pasó a un escalamiento de la represión en todos los órdenes (la institucional y la subterránea atribuida a los fatídicos Escuadrones de la Muerte). De hecho, todo el año de 1980, a la par del incremento de las acciones contestatarias (de masas y guerrilleras) se dio un sangriento lapso donde operativos militares masivos en el interior del país y puntuales acciones de asesinato y de desaparecimiento de personas fue la norma. Y la respuesta a esto fue el desafío armado. En ese cuadro, lo que era previsible es que la confrontación político-militar pasara a un escalón superior: el de la guerra.

    No es que antes de enero de 1981 no hubiese intensa actividad militar, es que a partir del 10 de enero se produjo una dislocación territorial de las fuerzas guerrilleras de tal magnitud que el ejército gubernamental tuvo, de facto, que reacomodarse para enfrentar esa situación. Y aún más, desde julio de 1981, la iniciativa estratégica de la guerra estuvo en manos del movimiento guerrillero.

    Pero como las guerras irregulares ―y esta de El Salvador no fue la excepción― no se reducen a la dimensión militar, lo que vivió El Salvador fue un complejo proceso de colisión de al menos tres proyectos políticos, los fundamentales, que estaban activos en ese momento.  Y que pueden resumirse su denominación de la siguiente manera: 1) el contestatario (constituido por las fuerzas guerrilleras y sus aliados políticos y sociales), 2) el gubernamental (que, en ese momento, y durante casi toda la década de 1980, se expresó a través del pacto entre la Fuerza Armada, el Partido Demócrata Cristiano y la ‘presencia norteamericana’) y 3) el conservador (primero descarrilado el 15 de octubre de 1979 y después rehabilitado a partir de finales de 1980 al conformarse como ‘nuevo’ partido político).

    Cuando las fuerzas guerrilleras se lanzaron el 10 de enero de 1981 a la llamada ‘ofensiva final’ (y después reclasificada días después como ‘ofensiva general’), en realidad partían de un análisis de la situación donde sus expectativas eran mayores que la ponderación de las realidades que enfrentarían. Esto es, supusieron que podían alcanzar las metas que se propusieron: derrocamiento del Gobierno y derrota militar de la Fuerza Armada, y para esto la clave estaba en la combinación del poder de fuego que tenían, la disponibilidad de combatientes en sus filas, el diseño insurreccional y de huelga general que habían esbozado y las alianzas nacionales e internacionales con las que contaban.

    Al poner sobre la mesa esos aspectos, es evidente que las cosas no podían salir como lo imaginó la dirigencia guerrillera.

    El diseño insurreccional y de huelga general fue la cuestión más endeble y volátil que mostró el movimiento guerrillero, al punto que el adversario estatal que enfrentaban y el bloque de los sectores conservadores proclamaron, casi al instante, el fracaso de la ofensiva del 10 de enero. ■

     

    *Jaime Barba, REGIÓN Centro de Investigaciones

     

  • Conduzcamos con tolerancia y responsabilidad… salvemos vidas

    Conduzcamos con tolerancia y responsabilidad… salvemos vidas

    La noche del sábado pasado Antonio Ruiz Maravilla, de 30 años de edad, se conducía en su motocicleta en la calle antigua a Santa Elena (Usulután) cuando sufrió un accidente que le costó la vida. Tony, como era conocido, fue un  destacado futbolista que militaba en la tercera división con el San Marcos de Jiquilisco, pero que antes militó en primera división con Platense de Zacatecoluca y Cacahuatique de Ciudad Barrios.

    La< misma suerte corrió el joven  motociclista Carlos Ernesto De la Rosa Ramos, de 27 años, quien el viernes 9 de enero pasado, falleció producto de un accidente ocurrido al final del bulevar Merliot e incorporación del bulevar Monseñor Romero, en Santa Tecla.

    El jueves 29 de enero pasado murió en un accidente el motociclista Enoc Reyes, de 25 años de edad. Aparentemente el joven conducía a excesiva velocidad en la autopista al aeropuerto, cuando una ráfaga de viento le hizo perder el equilibrio y el control y se estrelló contra el pavimento. El joven fue auxiliado, pero murió en el hospital Santa Teresa de Zacatecoluca por ls gravedad de las lesiones.

    En San Miguel, la desgracia le correspondió a Jonathan Martín Lacayo, de 38 años, quien el lunes de la semana pasada murió  de manera instantánea cuando tras no respetar la señal de precaución del semáforo estrelló su motocicleta contra un autobús en la carretera Ruta Militar.

    Las muertes de Tony, Carlos, Enoc y Jonathan vienen a confirmar lo vulnerable que son los motociclistas en carretera, donde al menor descuido sufren accidentes con consecuencias letales. Muchos accidentes en los que se ven involucradas motocicletas son filmados por cámaras de seguridad y a juzgar por lo que se ve, en la mayoría de ocasiones los que originan el percance son los mismos motocicletas.

    Muchas veces los motociclistas conducen con irresponsabilidad e imprudencia irrespetando el Reglamento de Tránsito. A saber, conducen a toda velocidad, forman un tercer carril imaginario, sobrepasan por los puntos ciegos de los conductores de otro tipo de vehículos, no usan el equipo protector adecuado, conducen bajo los efectos del alcohol y diversas drogas, sobrepasan en zonas de precaución (puentes, curvas, pendientes aceras peatonales, cruz calles, etc.). El colmo es que algunos conducen mientras usan el teléfono, llevando más de un acompañante  y hasta sin la pericia necesaria, pues no tienen licencia de motociclista.

    Las cifras oficiales del Observatorio Nacional de Seguridad Vial señala que, desde el 1 de enero hasta el 9 de febrero  del año corriente en el país sumaban 2,653 accidentes viales. En ese mismo período el año pasado sumaban 1,978 percances. Es decir, este año la cifra se ha elevado en 675 accidentes en el mismo periodo. Hasta el 9 de febrero el año pasado hubo 1,227 lesionados y en 2026 la cifra se incrementó en 431, llegando a 1,658. Los muertos en los primeros 40 días del año pasado fueron 116 y este año ya suman 165, es decir 49 víctimas mortales más. La mayoría de víctimas fatales ha sido peatones y motociclistas.

    En 2025 la cantidad de accidentes en los que estuvo involucrada al menos una motocicleta se elevó a 4,568, que provocaron 4,265 lesionados y 498 muertos, la mayoría jóvenes en edad productiva. Para 2026 la tendencia es al alza de los números de accidentes, muertos y lesionados.

    En el país hay cerca de 2 millones de vehículos, entre ellas casi 600 mil motocicletas. Las horas picos son intransitables y ocurren casi todo el día, un vehículo quedado o el cierre de un carril por cualquier circunstancia genera un grave congestionamiento vial y a veces las autoridades de tránsito no colaboran lo suficiente. En fin, hay muchos motivos para conducir a la defensiva y respetando las leyes de tránsito.  No es necesario conducir de manera abusiva, a toda velocidad, sobrepasando peligrosamente o tratando de generar daño a los demás.

    Los salvadoreños nos debemos armar de tolerancia, paciencia y respeto por los demás. Cualquier tipo de vehículo conducido irresponsablemente o de manera intrépida se convierte en un arma que puede ser letal. Conducir de manera ofensiva es un atentado para nuestras propias vidas como conductores y para los demás conductores, nuestros acompañantes y los peatones.

    2026 pinta para un incremento de accidentes viales, lesionados y muertos, especialmente de motociclistas, pero si cada uno tomamos conciencia y manejamos a la defensiva respetando a los demás y las leyes, podemos bajar los guarismos. No vale la pena morir en las carreteras, en un barranco, dentro de los hierros retorcidos de un vehículo o en un hospital. Tampoco vale la pena quedar lisiado para el resto de la vida o hacer gastar al Estado miles de dólares en procesos de recuperación hospitalaria. Salvemos vidas, conduzcamos con tolerancia y paciencia… Con responsabilidad.

    *Jaime Ulises Marinero es periodista

     

     

     

  • Conscientemente emocional

    Conscientemente emocional

    A veces puede sentirse como si la vida doliera en varios aspectos. Y las razones son tan particulares para cada uno de nosotros, que resultan como muchas veces fuera del alcance el poder controlarlas. Pero es que cuando algo aparece o es notado, no solamente para el caso del dolor en percepción de consciencia, es porque  ese algo se encuentra presente y este pide nuestra atención, nuestra observación. Al hacerlo, observar, existe la posibilidad de llegar a comprender si ante lo que sentimos estamos reaccionando mecánicamente o actuando desde el cuerpo, emoción y pensamiento integrados.

    George Ivánovich Gurdjieff, místico y filósofo armenio, dedicó gran parte de su vida a la búsqueda de conocimientos sobre la naturaleza del ser humano y las leyes universales que rigen la existencia, y se refirió en su momento a la mecanicidad  con la que los seres humanos respondemos ante lo que suceda. Siendo el término mecanicidad,  indistintamente el plano donde se aplique, un referente de repetición y rigidez, con falta de intención y aún más, de vida.

    La filosofía del maestro Gurdjieff es mística, profunda y rica en enseñanzas. Entre ellas encontramos los postulados de observación de si y recuerdo de sí. Estos en conjunto consisten en el esfuerzo consciente por observar los propios pensamientos, emociones y reacciones sin intentar justificarlos ni modificarlos, y sin identificarse con ellos. Su aplicabilidad puede ser que ante un evento o circunstancia cualquiera, tendemos a reaccionar mecánicamente, ya luego en la observación de sí, hay una respuesta de nuestro cuerpo ante lo que percibimos y, según Gurdjieff solo estamos respondiendo a un estímulo ya aprendido que se ha mezclado con la mecanicidad dándonos una idea total de la realidad, acá con el riesgo de nublar, limitar o condicionar la mente y sus posibilidades de comprensión los hechos como tal. Pero también, puede surgir una observación más profunda donde se logre manifestar el recuerdo de si, que sería el poder contemplar  la propia presencia ante lo que sucede, sin inmutar la consciencia sobre lo que transcurre. Esta última técnica, conforme al filósofo armenio, es la que nos hace estar en el presente conscientemente, evitando que el remolino de la vida nos succione y nos haga vagar en el sueño despierto.

    El dolor emocional no lo podemos explicar cuando proviene de un sentir empático. Creo que  eso es parte de una consciencia solidaria, que luego una estela de impotencia traza  el pensamiento por no poder frenar o cambiar de tajo lo que sucede.

    Así mismo, creo que muchas veces nuestros pensamientos son producto de reacciones mecánicas, de esqueletos encenizados que se vuelven monstruos ante la mirada helada que no observa, que se nublan. Y es allí donde debería de manifestarse el aquí y ahora, con nuestros pies en el suelo, escuchando la respiración, convencidos que no somos lo que nos pasa, somos mucho más desde siempre, porqué hemos visto nuestro interior y pudimos encontrar esa luz cálida, que no la apaga nadie.

  • Un Nuremberg para el castrochavismo

    Un Nuremberg para el castrochavismo

    Por suerte para la humanidad los aliados de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos, Reino Unido, Francia y la Unión Soviética, acordaron al terminar el conflicto procesar a la cúpula del nazismo que, con independencia de las sanciones que recibieron los criminales de guerra, fue muy útil para demostrar lo perverso de las propuestas de las cuales fueron abanderados Adolfo Hitler y Benito Mussolini.

    Quizás, el repudio que las mayorías profesan al fascismo y nazismo sea consecuencia directa de un proceso judicial internacional en el que aparte de la vesania de los ejecutores, se aireó la malignidad de las ideologías que promovían, en consecuencia, ha sido una pena que los países que sufrieron el poder soviético no iniciaran un proceso que recogiera el horrendo significado de haber sido sometidos por las simbólicas hoz y martillo.

    Es incomprensible que la maldad del comunismo no se equipare con regularidad a la del nazismo, ambas ideologías comparten el prontuario criminal más horrendo de la historia contemporánea.

    El primero, aunque solo tuvo doce años en el poder cuenta con un récord espantoso, aterra imaginar si hubiera dispuesto con más tiempo a que extremos hubiera llegado el sadismo del holocausto y la crueldad de la Gestapo y las SS, mientras, el marxismo, con todas sus variantes imaginables, ha estado depredando la humanidad por más de un siglo sin que esa práctica avergüence a quienes guardan silencio cómplice ante tantas tropelías por tal de obtener beneficios.

    Personas, que como dice el escritor José Antonio Albertini, optan por callar ante los abusos interminables de una doctrina responsable de la muerte de más de cien millones de seres humanos, sujetos que favorecen las elites que incurren en numerosos atropellos so pretexto de usar como argumento una justicia que nunca han estado dispuestos a aplicar.

    Si las víctimas del marxismo no han sido capaces de airear las innumerables violaciones de una utopía que solo ha conllevado muerte y devastación, las del castrochavismo sí debiéramos concertarnos y producir un documento en base a la Carta de Londres, 1945, en la que se fijen los principios y procedimientos a seguir contra las propuestas castro chavistas y quienes gobernaron en nombre de ese fracasado fundamentalismo.

    Debemos tener en cuenta que la sinopsis criminal del castrochavismo presenta numerosos asesinatos, espurios procesos judiciales, incontables desaparecidos, crímenes extrajudiciales, encarcelamientos ilícitos, destierro de poblaciones, violaciones sistemáticas a los derechos ciudadanos, expropiación forzosa de bienes, malversación y actos masivos de corrupción, destrucción intencional de bienes públicos y otros muchos atropellos que harían esta relación muy engorrosa y que por demás muy similar al nazi fascismo y el comunismo.

    El próximo juicio a Nicolás Maduro, el déspota venezolano preso en Estados Unidos, podría servir como guía para un proceso en el que se le juzgue por sus depredaciones, a la vez como uno de los máximos exponentes de una forma de gobierno que se caracterizó por los abusos sistemáticos contra la población, crímenes y destrucción del patrimonio de una nación a la vez de participación en transgresiones contra la humanidad y la paz y por su estrecha asociación criminal con Hugo Chávez, Fidel y Raúl Castro, Daniel Ortega y Rosario Murillo, Evo Morales y Rafael Correa.

    Cada uno de los sujetos mencionados y sus colaboradores, deberían ser sometidos a procesos judiciales en los que fueran analizadas sus actuaciones en detalle y dictadas las sanciones, al menos morales, en los casos que corresponda por fallecimientos de los indiciados, siempre teniendo en cuenta que todos estos individuos y sus cómplices, como Diosdado Cabello y Miguel Díaz Canel, parte de una lista muy amplia, han sido inductores y coautores  de diversas formas del crimen organizado, incluido el narcotráfico.

    Cierto que no hay precedentes en nuestro hemisferio de actuaciones judiciales de este tipo, pero para los Procesos de Nuremberg tampoco existían, no obstante la necesidad de una advertencia universal a los depredadores lo hizo posible, al extremo que sus formas han sido usadas en otros enjuiciamientos criminales como los de la antigua Yugoslavia y Ruanda y servido como base para establecer el Estatuto de Roma que creó la Corte Penal internacional cuya falta de actuación contra Nicolás Maduro ha sido criticada por amplios sectores de la oposición venezolana.

  • El peso del poder: demografía y hegemonía militar en el nuevo orden mundial

    El peso del poder: demografía y hegemonía militar en el nuevo orden mundial

    El nuevo siglo nos abre las puertas hacia un orden mundial en transformación. Este nuevo orden, aunque todavía indefinido, parece marcar el fin de la diplomacia sutil y el inicio de una etapa donde el poder se ejerce mediante la fuerza, la invasión o la amenaza a los vecinos. Rusia y su invasión de Ucrania, la militarización de China en el mar de China Meridional y las acciones de Estados Unidos hacia Venezuela o Groenlandia son claros ejemplos de este giro geopolítico.

    En este contexto, los tratados internacionales sobre armamento —algunos expirados y otros desactualizados, como los que buscan frenar la proliferación nuclear o la militarización del espacio— se debilitan o quedan en el olvido. El poder, hoy más que nunca, se mide por la capacidad de ejercer fuerza. Por ello, el poderío militar se ha convertido en un elemento central del nuevo orden. No sorprende que los tres países con mayor fuerza militar en el mundo sigan siendo Estados Unidos, Rusia y China.

    Según las clasificaciones más recientes del Global Firepower Index 2025/2026, Estados Unidos mantiene la fuerza militar más poderosa del mundo. Su liderazgo se basa en el presupuesto de defensa más alto, una infraestructura global de bases, una flota naval con portaaviones de alcance planetario y amplias capacidades terrestres y aéreas. Esta supremacía se explica por múltiples variables, entre las cuales destacan: el tamaño del personal militar, el arsenal disponible (armas, tanques, barcos y aviones), la tecnología, la logística y la capacidad de proyectar fuerza más allá de sus fronteras.

    Actualmente, Estados Unidos ocupa el tercer lugar mundial en número de efectivos, con alrededor de 1.32 millones de militares en activo, superado solo por China (2 millones) y la India (1.47 millones). Si bien el tamaño del ejército no es el único factor determinante de la fortaleza bélica, sigue siendo vital para sostener operaciones prolongadas y mantener presencia simultánea en varios frentes. “El tamaño gana guerras largas”, resumen los estrategas. No obstante, el tamaño de las fuerzas armadas depende, en última instancia, del tamaño y la estructura demográfica de la población.

    El envejecimiento poblacional y las bajas tasas de reemplazo demográfico se perfilan como desafíos críticos. En Estados Unidos, la edad mediana alcanzó 39.1 años en 2024 (en el 2016 la edad mediana era de 37.9 años), y cerca del 18% de la población tiene más de 65 años (en el 2016 15.2% de la población tenía más de 65 años). Para la década de 2030, uno de cada cinco estadounidenses será parte de esa franja etaria. A la par, la tasa de fecundidad, con 1.62 hijos por mujer, está muy por debajo del nivel de reemplazo generacional (2.1 hijos por mujer). Este fenómeno afecta especialmente a la población blanca no latina, que es la principal fuente de personal militar.

    Actualmente, el 51.6% del personal activo del ejército estadounidense es blanco, seguido por el 19.2% de latinos, 15.3% de afroamericanos, 7% de asiáticos y 6.3% de otros grupos o no identificados. La disminución de la proporción de población blanca y el envejecimiento general traerán consecuencias directas: menor capacidad de reclutamiento, aumento en los costos del personal, fuerzas más pequeñas y envejecidas, y una creciente dependencia de minorías étnicas, inmigrantes y mujeres para sostener la estructura militar. Análisis recientes de las fuerzas militares demuestra que, aunque la población blanca sigue siendo el grupo racial mayoritario dentro de las fuerzas armadas, su proporción relativa ha venido bajando lentamente, mientras que otras razas y etnias como hispanos, negros, asiáticos y multirraciales representan una parte creciente del total.

    El nuevo orden mundial no solo redefine el equilibrio del poder entre Estados, sino también la naturaleza interna de la fuerza que lo sostiene. La superioridad militar estadounidense enfrenta un desafío demográfico que, si no se compensa con políticas migratorias, tecnológicas y sociales adecuadas, podría erosionar uno de los pilares fundamentales de su hegemonía global. En un mundo donde el poder vuelve a ejercerse por la fuerza, el envejecimiento de la sociedad y la reducción del capital humano apto para la defensa nacional se convertirán en los verdaderos factores estratégicos del siglo XXI.

  • Mineápolis está gritando… ¡Es la prepotencia, estúpido!

    Mineápolis está gritando… ¡Es la prepotencia, estúpido!

    Mineápolis no es, como a veces se cree, la capital del estado de Minesota. Sin embargo, con alrededor de 430.000 habitantes, sí se trata de la urbe más poblada de la zona, y junto a Saint Paul —la verdadera capital— reúne siete condados que conforman las llamadas Ciudades Gemelas del estado. En el área metropolitana, más extendida, viven unos 3,6 millones de personas, lo que la incluye entre las primeras veinte regiones urbanas más grandes de toda la unión americana.

    Minesota tampoco es, por cierto, el territorio estatal más grande de EE UU sino el décimo segundo. Pero su ubicación septentrional, en la frontera con Canadá, le otorga un paisaje único que mezcla las grandes llanuras del oeste con los bosques boreales y las extensas mesetas de Ontario. Esa condición ha permitido a los minesotanos desarrollar una sólida y multifacética cultura, alimentada por la constante migración de afrodescendientes, asiáticos, hispanos y, recientemente, somalíes.

    Minesota también tiene una particularidad relacionada con la política: en ese estado no gana un candidato presidencial republicano desde la reelección de Richard Nixon en 1972. Donald Trump ha perdido allí en las tres ocasiones en que ha competido. Ningún otro estado tiene el récord de una racha triunfal tan larga concedida a los aspirantes demócratas.

    Así y todo, el Gobierno Federal envió un ejército de dos mil agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) a partir de diciembre de 2025, sumados a las fuerzas de la Patrulla Fronteriza encabezadas por su comandante Gregory Bovino. Estos elementos infestaron las calles y plazas de Mineápolis causando verdaderos estragos, primero interrumpiendo la vida cotidiana de los ciudadanos y luego, al caldearse los ánimos, procediendo a hostigarlos con manifiesto abuso de poder.

    Cruzadas todas las líneas, los desenlaces fatales eran esperables. El 7 de enero de 2026, tras orillarse con su auto sobre la avenida Portland, la madre de tres hijos Renée Good, de 37 años, resultó muerta de un balazo en la cabeza. Apenas unos días después, el 24 de enero, otro joven de 37 años, el enfermero Alex Pretti, fue asesinado a tiros luego de haber sido golpeado, rociado con gas pimienta, arrojado al pavimento y doblegado sobre su pecho por un grupo de uniformados.

    En ambos casos, bajo los estándares mínimos de profesionalismo policial, estas tragedias no solo eran evitables, sino que las tesis esgrimidas por funcionarios de la Administración de Trump para justificarlas bordean lo inverosímil. La cabeza de Greg Bovino rodó como consecuencia de estos dramáticos incidentes, pero la Secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem —que llegó al colmo de calificar a Good y Pretti como perpetradores de “terrorismo doméstico”—, sigue en su cargo pese a no reunir, palmariamente, las cualidades necesarias.

    Mineápolis es hoy el epicentro de la efervescencia antigubernamental en Estados Unidos. Algo muy profundo parece haberse quebrado cuando la sangre de dos ciudadanos de a pie, blancos y en edades productivas, coloreó la nieve que cubre la ciudad. Nada ha vuelto a ser igual desde entonces y todo indica que las ondas expansivas llegarán hasta las elecciones de noviembre, con serias repercusiones para el partido oficial.

    El poder de tantas imágenes desgarradoras ha sacudido los cimientos del trumpismo. La sociedad de Mineápolis, por su parte, ha demostrado lucidez y capacidad de integración, pues toda la experiencia ganada durante las protestas desatadas por el salvaje asesinato de George Floyd, hace casi seis años y en sus mismas calles, se ha convertido hoy en activismo ágil y denuncia creativa.

    Los minieapolitanos han dado ejemplo de lo que se hace frente a un agresor incompetente y brutal. Cuando los elementos del ICE se asoman a los barrios, la gente sale con sus móviles en la mano para grabarles, haciendo cundir la alarma y dando tiempo a los indocumentados para huir de la zona. Las movilizaciones han sido masivas y bulliciosas, tanto en la cobertura de redadas como en el asedio a las empresas que colaboran con los federales. El humillante boicot al documental de la Primera Dama, Melania, no es únicamente una bofetada indirecta a su marido, sino también un rechazo a la productora del film, Amazon, que facilita las operaciones de vigilancia digital del Servicio de Inmigración.

    Otros estados de la Unión ya anunciaron estar preparándose para la llegada del ICE. Sus prevenciones son transmitidas en ruedas de prensa. La hostilidad es abierta y sin complejos. Lo de Mineápolis ha sido el resorte que necesitaban muchos gobernadores y jefes locales de policía para unir tras de sí a una ciudadanía espantada por los excesos represivos de su propio gobierno.

    Las encuestas, sin excepción, están indicando que Trump ha conseguido indisponer al país en su contra a solo un año de haber retomado el poder. Quiso edificar una administración absolutista en una nación que lleva dos siglos y medio de vocación liberal. Y a estas alturas, por lo visto, no hay nadie que acierte a decir en Washington, siquiera por lo bajo: “¡Es la prepotencia, estúpido!”.

    La rebeldía activa de Mineápolis está haciendo historia. Inundarla de hombres armados fue un error grave del que la Casa Blanca tendrá que arrepentirse tarde o temprano. De lo contrario, los republicanos pueden irse despidiendo de las dos mayorías que ostentan en el Capitolio.

  • Lo que el hurto de vehículos revela sobre nuestra Sociedad

    Lo que el hurto de vehículos revela sobre nuestra Sociedad

    Desde el enfoque de la criminología clínica y ambiental, el hurto de vehículos y motocicletas no es considerado legalmente solo como un delito contra el patrimonio. En realidad, es un termómetro de una parte minoritaria de la sociedad y un indicador de la sofisticación de los mercados ilícitos. Cuando una motocicleta desaparece en una calle del gran San Salvador, no solo estamos ante un individuo perdiendo su herramienta de trabajo y quizás pagando un crédito aún; estamos ante una cadena de fallos sistémicos. El vehículo es la materia prima perfecta: es móvil, tiene un alto valor de reventa en piezas y, sobre todo, posee una funcionalidad operativa para el crimen organizado y de alta demanda en la sociedad desde la pandemia por el Covid-19

    En criminología, el hurto de vehículos suele responder a la Teoría de las Actividades Rutinarias. Para que ocurra, se necesitan tres elementos: un infractor motivado, un objetivo alcanzable (posible victima) y la ausencia de un guardián capaz.

    Sin embargo, en el contexto de nuestra sociedad, este delito representa algo más profundo:

    La infraestructura del delito: El hurto alimenta «deshuesaderos» ilegales que funcionan a plena vista, lo que sugiere una normalización de la economía informal criminal. Los famosos «topeteros» que compran y venden partes hurtadas o robadas

    Logística de movilidad: Muchas veces, el vehículo hurtado es el medio para cometer delitos de mayor impacto (homicidios o extorsiones), garantizando el anonimato y la huida rápida. Pablo Escobar puso de moda las motocicletas en los delitos.
    Desafío al control territorial: La frecuencia de estos hechos en zonas específicas representa un desafío para las autoridades.

    El desmantelamiento de bandas por el gabinete de seguridad ampliado

    La semana anterior hemos visto operaciones contundentes contra bandas dedicadas al hurto y desmantelamiento en al menos tres distritos del gran San Salvador. Desde la seguridad pública, estos operativos representan un punto de inflexión necesario, pero que debe analizarse con cautela profesional. El desmantelamiento de una banda en El Salvador hoy significa tres cosas fundamentales:

    Ruptura de la cadena de suministro: No basta con capturar al que se lleva la moto. El éxito real radica en desarticular al receptador (quien compra lo robado) y al distribuidor de piezas. Al golpear la logística, se asfixia el incentivo económico del delito. Lo cual ha sido anunciado por el señor Fiscal General de la República Rodolfo Delgado Montes de manera categórica y contundente.

    Recuperación del espacio público: Estas capturas envían un mensaje de disuasión focalizada. El gabinete de seguridad ampliado reafirma que no existen «zonas de sacrificio» donde el crimen puede operar con impunidad burocrática.
    Inteligencia criminal sobre fuerza bruta: Los operativos exitosos demuestran que la policía y la FGR además de reaccionar desarrollan investigación proactiva, utilizando análisis de datos para identificar patrones y nodos críticos de las redes criminales. Un trabajo altamente especializado y de estrecha coordinación.

    El hurto de vehículos es la manifestación de una sociedad donde el orden legal compite con un mercado negro que intenta ser eficiente. Cada banda desarticulada es una victoria, pero el verdadero reto criminológico es reducir la demanda. Mientras exista un ciudadano dispuesto a comprar un repuesto de dudosa procedencia por ahorrarse unos dólares o revender, la estructura criminal encontrará la forma de regenerarse. La seguridad pública tiene grandes e innegables avances, pero el combate continua, las instituciones están activas y coordinadas.

    *Por Ricardo Sosa  / Doctor y máster en Criminología  /  @jricardososa 

  • Rompiendo las barreras para tener éxito

    Rompiendo las barreras para tener éxito

    Todos los seres humanos hemos enfrentado barreras, obstáculos, vicisitudes, como le queramos llamar. Poco a poco se va construyendo el camino para lograr los objetivos en la vida. El éxito está por doquier, pero lastimosamente no todos lo logran.

    ¿Qué es éxito? El motivador Lic. Julio Zelada lo define como: “Éxito es estar conectado con la fuente del poder, y la fuente del poder es el Creador del cielo y la tierra. Si estamos conectados con él, en oración, en alabanza, en amor, en paz, en fe y leyendo su palabra, todo se puede hacer posible, todo; no hay nada que no se pueda lograr, no hay obstáculo que no se pueda vencer. El éxito es estar lleno de paz, lleno de amor, lleno de fe, de alegría, de entusiasmo y también tener la esperanza de un futuro mejor y bendito. Indudablemente, que eso incluye la abundancia financiera para que podamos recibir de los cielos toda la bendición que anhelamos según nuestra fe para poder bendecir a la familia, a la comunidad y a la nación”.

    El que desea tener éxito no debe tener miedo al fracaso, debe ser perseverante, disciplinado, tener una autoestima elevada, etc. Debe saber que toda persona que triunfó no fue por suerte o por el destino, fue porque tuvo la convicción de superar todo tipo de barreras.

    A veces, una enfermedad congénita o por haber nacido con capacidades especiales no es un indicador de que no se tendrá éxito en la vida. En este aspecto, es importante el apoyo de los padres. Un ejemplo de superación en El Salvador es Gerardo Schonenberg, quien colabora en proyectos para el acceso de personas con discapacidad. Es graduado en Licenciatura en Turismo. Gerardo es una persona con discapacidad; sin embargo, desplazarse en una silla de ruedas eléctrica, no le impide ser exitoso. “Me siento alegre porque no me di por vencido. Estoy feliz porque hoy más personas con discapacidad van a poder estudiar en la universidad porque yo les abrí la puerta”.

    Existe una disyuntiva: el éxito es tener fortunas, propiedades, vehículos, etc.; para otras personas, es estar en paz, vivir con la maleta liviana, sin tantas cosas materiales. Cada quien puede atribuir el éxito a cosas materiales o inmateriales.

    Muchas personas, por ejemplo, estudiaron en la universidad y no lograron encontrar el ansiado éxito. No triunfaron en un trabajo, no lograron aplicar sus conocimientos. Encontraron las oportunidades para salir adelante y triunfar gracias a un emprendimiento.

    Es sorprende la tenacidad del australiano Nick Vujicic, quien tuvo que vencer muchos obstáculos que le impedían triunfar. Nació sin piernas y sin brazos; le hicieron bullying en la escuela y, aun así, es uno de los motivadores más exitosos del mundo.

    Otro ejemplo es Alexander Zverev, el tenista profesional que es el número 3 del ranking mundial de tenis; le dijeron de pequeño que no sería un deportista profesional por el hecho de haberle diagnosticado diabetes. Sin embargo, igual que otros seres humanos, no se dejaron rendir por las enfermedades.

    El que anhela saber qué es éxito y cómo obtenerlo debe saber que en la vida se presentan oportunidades; además, se debe tener ciertas características, actitudes y habilidades personales para enfrentar o romper las barreras.

    Las barreras que se deben romper son: el conformismo, el miedo a fracasar, el no poder ser resilientes. Se deben romper las barreras mentales y manifestar internamente o gritarlo: “Yo soy capaz de hacerlo”. Por ejemplo, el que anhela tener un emprendimiento debe tener: convicción, creatividad, agallas, perseverancia y pasión.

    Con respecto a los que anhelan tener un negocio propio, no hay edad para iniciar un negocio: ya conocemos al coronel Sanders, el fundador de KFC, quien inició a los 65 años su emprendimiento. Se deben romper paradigmas y estereotipos para poder triunfar.

    Tenemos que ser perseverantes y tener fe para que a todos nos salga bien en la vida. El éxito viene envuelto de muchas maneras. Para ello, debemos luchar para alcanzarlo. Son miles de historias de éxito que podemos analizar para que nos inyecten actitud y deseos de triunfar.

    *Fidel López Eguizábal, Docente e investigador Universidad Nueva San Salvador

    fidel.lopez@mail.unssa.edu.sv

     

  • La generación que no espera permiso para transformar el mercado laboral

    La generación que no espera permiso para transformar el mercado laboral

    La juventud salvadoreña siempre ha sido sinónimo de energía, creatividad y ganas de superarse. Sin embargo, en un mundo cada vez más competitivo y conectado, esas cualidades necesitan encontrar espacios donde puedan florecer y proyectarse más allá de las fronteras nacionales. Es en este contexto donde el Global Student Entrepreneur Awards (GSEA) irrumpe como una plataforma transformadora, capaz de encender la chispa de jóvenes líderes que no solo sueñan con el éxito, sino que lo construyen mientras estudian.

    Durante años se ha repetido la narrativa de que los jóvenes “no están preparados” para el mundo laboral, como si el talento necesita madurar en silencio antes de poder opinar, liderar o crear. Sin embargo, la realidad actual demuestra lo contrario: las nuevas generaciones no están esperando un espacio, lo están construyendo. Desde aulas universitarias, pequeños negocios y proyectos personales, los jóvenes están redefiniendo qué significa trabajar, emprender y liderar en El Salvador.

    Hoy, el impacto juvenil no se mide únicamente por títulos o experiencia tradicional, sino por su capacidad de adaptación, innovación y lectura del contexto. En un mercado laboral cambiante, donde la tecnología, la creatividad y la resolución de problemas pesan tanto como los años de trayectoria, los jóvenes han demostrado una ventaja clara: entienden el presente porque están creciendo dentro de él. No temen reinventarse, aprender sobre la marcha ni desafiar modelos que ya no funcionan.

    Cada vez es más común ver estudiantes que no esperan graduarse para aportar valor. Jóvenes que emprenden mientras estudian, que crean soluciones a problemas reales y que entienden el trabajo como un espacio de impacto, no solo de supervivencia económica. Esta mentalidad está transformando el mercado laboral, obligando a empresas e instituciones a repensar cómo atraer, retener y escuchar a una generación que exige propósito, flexibilidad y coherencia.

    En este camino de formación y proyección, también existen organizaciones que acompañan el desarrollo del talento joven desde una lógica de comunidad y aprendizaje entre pares. Tal es el caso de Entrepreneurs Organization (EO), una red global que, a través de distintas iniciativas, conecta a estudiantes emprendedores, entre ellas iniciativas como GSEA. Con líderes empresariales y escenarios internacionales, reforzando la idea de que el liderazgo no se hereda ni se espera, sino que se construye desde etapas tempranas..

    El valor de esta generación no radica únicamente en crear empresas, sino en cambiar la lógica del trabajo. Jóvenes que priorizan la colaboración sobre la competencia desmedida, que integran impacto social a sus modelos económicos y que entienden el liderazgo como un ejercicio colectivo.

    Esa visión está influyendo directamente en cómo se construyen equipos, cómo se toman decisiones y cómo se concibe el éxito profesional.

    Ignorar este fenómeno sería un error estratégico. El mercado laboral del futuro se está diseñando hoy, y los jóvenes no son espectadores: son los protagonistas. Su forma de pensar, trabajar y emprender está marcando el ritmo de una transformación que ya no puede postergarse ni subestimarse.

    Apostar por la juventud no es un gesto simbólico ni una tendencia pasajera, es una necesidad. Porque mientras algunos aún discuten si los jóvenes están listos, ellos ya están trabajando, creando e impactando. Y el mercado laboral, quiérase o no, ya está cambiando con ellos.

    *Por Jorge Serrano, Chair del GSEA en EO

  • Mirar con confianza hacia adelante

    Mirar con confianza hacia adelante

    La situación no es fácil, tampoco nunca lo ha sido, lo importante radica en saber reconducirse y en reorientarse para reconstruir nuestros propios andares vivenciales, con el estímulo de la esperanza, fruto del ejercicio continuo, situado en un buen hacer y en un mejor obrar cada amanecer. Indudablemente, somos seres de acción y reacción, en busca de un horizonte que nos cristalice humanamente. Para ello, es necesario decir sí a la vida, sí al amor, sí a los demás, sí a la educación, sí al deporte, sí al trabajo de cada día, con sus nuevas oportunidades, para una vida sana y saludable, que nos aleje de cualquier espiral de destrucción. Pensemos en esa juventud, que no estudia ni trabaja, entran en esa falta de perspectiva y, la primera oferta, son las dependencias al vicio y al vacío.

    En consecuencia, hoy más que nunca, se precisa trabajar en la prevención de este tipo de desajustes, con una mirada integradora, uniendo vínculos y esfuerzos en favor de una existencia más fraterna, que es como se levanta el ánimo, tras las caídas. Saciar el hambre de verdad, en un mundo de falsedades, para dar sentido a nuestros pasos es algo trascendente; porque sin fundamento veraz, ni significados auténticos, se puede caer en la maligna ociosidad e incluso se puede fenecer. Haciéndonos familia, percibiremos que no estamos solos y que pertenecemos a alguien que nos ama, con el itinerario de la cercanía y del acompañamiento, máxime cuando la ley de la selva está sustituyendo al estado de derecho por todos los rincones del planeta.

    Ciertamente, hemos de reconocer que, ante la multiplicación de conflictos, se globaliza la tensión mundana y se desvanece la confianza en las instituciones, así como en las normas internacionales, lo que agrandan los abusos más crueles y la denegación de ayuda humanitaria vital. Acostumbrarse a este tipo de atmósferas, es como morir en vida. Necesitamos, por consiguiente, estimular la protección para ganar serenidad en nuestra peregrinación por la tierra. Tenemos que salir de estos absurdos quebrantamientos a la convivencia. Tales violaciones sientan precedentes peligrosos, fomentan la impunidad y erosionan la fidelidad entre las naciones. Desde luego, no puede haber una concordia sostenible o justa, sin rendición de cuentas.

    Al mismo tiempo, téngase presente la imposibilidad de ir por la vida sin confiar en nadie; es como estar preso de uno mismo en la peor de las celdas. Hay que hacer comunión y unión entre culturas y cultos. De ahí, la importancia de ser gentes de palabra y de verdad, de conciencia crítica y de pasos firmes, coherentes y decididos. Sin embargo, cuando el endiosamiento y la soberbia gobiernan nuestros propios interiores, se destruyen todas las virtudes y el panorama no puede ser más desastroso, hasta el extremo de que el comportamiento del justo molesta, porque los poderosos y los perversos lo sienten como una reprobación. Todos estos aluviones de pesares y desconciertos, exigen una coordinación global más profunda y una acción colectiva decisiva.

    El progreso sostenido dependerá de reconstruir la confianza entre nosotros, de fortalecer la previsibilidad y de renovar el compromiso con un sistema multilateral de espacio abierto, basado en normas. Sea como fuere, y en medio de las tempestades de la vida, esto hará reducir los riesgos sistémicos y fomentar una economía mundial más estable y equitativa. La diversidad no es algo que deba asustarnos, es algo hermoso de lo que debemos estar satisfechos. Lo sustancial es aprender a liderar, conversación a conversación, porque la paz no se puede construir únicamente a través de la geopolítica. Precisamos un autoexamen, además. De este modo, gozaremos de una quietud más inclusiva, más humana y que sean los jóvenes quienes la construyan.