Categoría: Opinión

  • Raúl Fernández: el salvadoreño que llevó su destino al gran teatro de París

    Raúl Fernández: el salvadoreño que llevó su destino al gran teatro de París

    Hay personas que se van de El Salvador buscando un horizonte. Y hay otras que, además de encontrarlo, lo convierten en escenario, en oficio, en arte y en testimonio. Así pienso en mi amigo y excompañero de estudios Raúl Ernesto Fernández, un salvadoreño de 69 años radicado en París, Francia, cuya vida ha estado consagrada al teatro, a la ópera, al vestuario escénico y a la actuación durante más de cuatro décadas.

    Conocí a Raúl desde nuestros años de colegio, cuando compartimos aulas desde séptimo grado hasta graduarnos de bachillerato en el Colegio Liceo Cristiano Central de San Salvador. A veces la vida dispersa a los compañeros de juventud como hojas lanzadas al viento.

    Sin embargo, hay amistades que conservan una especie de luz intacta. La de Raúl es una de ellas. Y hoy, al reconstruir parte de su historia, comprendo que su trayectoria no solo merece admiración: merece ser contada.

    Raúl me habla desde la serenidad de quien ha vivido mucho, trabajado mucho y vencido mucho. Me dice que salió muy joven hacia Francia y que durante cinco años estudió teatro en la Universidad París VIII, en Saint-Denis, al norte de París.

    De día estudiaba; de noche actuaba en teatros parisinos o diseñaba vestuario para grupos de danza y de teatro. Esa imagen me conmueve: la del muchacho salvadoreño que cruza fronteras con valor, que aprende a sobrevivir en otra lengua y que se abre paso en una de las capitales culturales del mundo.

    No tardó en llegar una oportunidad decisiva. En la Ópera de París buscaban un costurero para los talleres de costura. Raúl se presentó y fue admitido. Allí trabajó muchos años y estuvo bajo la dirección del célebre coreógrafo Rudolf Nureyev y, después de su fallecimiento, con Patrick Dupond.

    Pero lo más admirable no es solo haber llegado a ese nivel, sino lo que hizo con esa experiencia. Exploró y aprendió en prácticamente todos los servicios de aquel prestigioso teatro: costura, máscaras, maquillaje, peluquería, zapatería, producción, diseño y archivismo. Hasta que un día, armado de fe y decisión, renunció. Quería volar con sus propias alas. Y el tiempo, dice él mismo, le confirmó que había tomado la mejor decisión.

    Desde entonces, su vida artística tomó un vuelo todavía más amplio. Como creador independiente, comenzó a trabajar con prestigiosos directores y coreógrafos europeos. Y paralelamente siguió actuando. Ha realizado giras en Europa, América Latina y Asia. Hoy continúa en escena con dos obras teatrales escritas sobre su propia vida, ambas publicadas en francés.

    La primera ya fue traducida al español y existe el proyecto de llevarla a otros idiomas. El autor de estas piezas es el reconocido dramaturgo francés Philippe Minyana, y la dirección estuvo a cargo del destacado director franco-argentino Marcial Di Fonzo Bo. No se trata, pues, de una historia menor: estamos ante un salvadoreño cuya vida ha sido considerada materia de arte por grandes nombres del teatro francés.

    Cuando converso con Raúl, advierto que su historia no está hecha solo de éxitos, sino también de silencios difíciles. Me cuenta, por ejemplo, que al llegar a Francia no hablaba francés. Durante el primer año, dice, quizá muchos compañeros de la universidad pensaban que era mudo. Para no exponerse demasiado, se concentró en las materias que dependían del trabajo físico: acrobacia, maquillaje, maquetas, escenografía, labores manuales.

    Era una manera de resistir mientras encontraba las palabras. Ya en el segundo año comenzó a comunicarse mejor. Hay algo profundamente humano en esa escena: el artista que antes de ser escuchado tuvo que aprender a hablar desde las manos.

    Entre las anécdotas que recuerda, una sobresale por su gracia y su fondo cultural. En su afán por aprender francés, se propuso estudiar las obras de Molière en su idioma original. Pero aquel francés pertenecía a otra época, a varios siglos atrás. Así que cuando intentaba usarlo en la vida cotidiana, la gente lo miraba con extrañeza.

    Sin quererlo, el salvadoreño recién llegado hablaba como un personaje salido del teatro clásico. La imagen tiene algo de comedia fina, pero también revela disciplina, amor por el idioma y una voluntad de superación verdaderamente excepcional.

    Sin embargo, más allá de París, de la ópera y de las giras internacionales, en Raúl persiste intacto el país de origen. Me habla de San Salvador, del barrio San Miguelito, de Los Planes de Renderos, de las pupusas, de los tamalitos de elote, del chilate. Me habla también de la distancia dolorosa de aquellos años, cuando para hablar con su madre había que ponerse de acuerdo por carta, y las cartas tardaban semanas en llegar.

    Hoy parece un mundo remoto, casi de otra era. Pero para quienes conocen el peso afectivo de la migración, esa espera tenía el tamaño de la vida.

    Su vocación artística venía de mucho antes. De niño, en Guatemala, donde vivió una temporada con su madre, ya improvisaba teatro en el patio de la casa con sábanas colgadas a escondidas. Invitaba a los niños del barrio, cantaba, recitaba a Alfredo Espino y Rubén Darío, y cobraba la entrada con caramelos.

    Aquello no era un simple juego: era el anuncio temprano de un destino. Más tarde, ya en El Salvador, trabajó como locutor y programador musical en YSKL, La Poderosa, cuando apenas tenía 16 años. Allí aprendió rigor y disciplina artística. Y de forma paralela escribía obras de teatro, algunas de las cuales representó con compañeros del bachillerato.

    Es decir, el teatro no apareció después: ya venía latiendo desde la infancia, como esos fuegos que no hacen ruido, pero nunca se apagan.

    Raúl domina siete idiomas, ama la lectura y continúa aprendiendo alemán. Además, imparte talleres de teatro en Francia y en otros países, y también ha compartido su experiencia en el CENAR y en otros espacios de El Salvador. Cree, con razón, en la transmisión a las nuevas generaciones. Esa es otra forma de grandeza: no guardar el arte como un tesoro privado, sino entregarlo.

    Hoy se organiza una gira por Centroamérica y posteriormente otra por Suramérica. Y mientras el mundo lo recibe como artista, él sigue regresando a esta tierra donde, como dice con una expresión tan nuestra, “dejó el ombligo”.

    Viene a ver a su familia, a sus amigos, a los compañeros de la primaria y del bachillerato. En un tiempo donde muchos triunfos se vuelven soberbia, Raúl conserva algo más valioso: la fidelidad a sus raíces.

    Yo, que lo conocí siendo apenas un muchacho, hoy lo miro con admiración renovada. Raúl Ernesto Fernández no solo ha construido una carrera extraordinaria en París. También ha demostrado que un salvadoreño puede abrirse paso en los escenarios más exigentes del mundo sin renunciar a su memoria, a su disciplina ni a su país.

    Y quizá esa sea la mejor lección de su vida: que el verdadero arte no borra el origen, sino que lo eleva.

    *Alfredo Caballero Pineda, es escritor y consultor empresarial. alfredocaballero.consultor@gmail.com

     

     

     

  • No basta, Silvio, la pasión

    No basta, Silvio, la pasión

    Si leemos con detenimiento el libro cumbre de Carlos Marx, El capital, hallaremos repetida muchas veces la palabra “aparece” (erscheint, en alemán). La reiteración de este vocablo no es, en absoluto, circunstancial. El marxismo supone que la economía liberal se mueve siempre en un universo de apariencias, de engaños, de falsedades, en el que nada es lo que aparenta ser. Por lo tanto, dado que ninguna noción de desarrollo anterior a él es científica, Marx apoltrona sus teorías sobre un cómodo colchón intelectual, porque pretendeinaugurar una nueva y radical interpretación de la experiencia histórica justamente a partir de sus ideas.

    Admitir como válida semejante arbitrariedad es apenas uno de los métodos con que los marxistas ortodoxos, al menos en el debate académico, pretenden relativizar el fracaso trágico de los grandes postulados económicos de Marx. A veces —y muy a regañadientes— aceptan que ciertas aplicaciones han fallado, pero jamás reconocen que ello se deba al inmenso error de origen que tuvieron en el ego dogmático de su venerado postulador.

    La interpretación ideológica de la economía, la antropología, la cultura, etc., sirve todavía al socialismo para cerrar sus ojos a la realidad. Usan los parámetros del materialismo histórico para declarar dictador a, por ejemplo, Francisco Franco o Augusto Pinochet, pero también para considerar a Fidel Castro un “liberador” y a Hugo Chávez un “líder imprescindible”.

    Y ni de lejos creamos que estos marxistas bucólicos asumen la contradicción; antes bien, laven como constatación lógica de sus premisas. Quien se atreva a señalar que Cuba lleva 67 años bajo un régimen despótico merecerá el epíteto gratuito de “equivocado”, porque su observación ya partiría de una actitud “burguesa” a la que se encuentra “sometido” por el sistema capitalista.Está “alienado” (entfremdet), como diría Marx.

    Dudo que alguna de estas sutilezas teóricas, propias del debate académico, hayan pasado por la cabeza del cantautor cubano Silvio Rodríguez al recibir su fusilito de asalto AKM, hace pocos días,para “defender” a la Isla de una posible invasión estadounidense. Él es un artista, un escritor de canciones y un vocalista (nasal) que juega a rellenar de pura emoción lo que no podría llenar con honestidad intelectual.

    Porque es innegable que Silvio entiende lo que está pasando en su país. En una entrevista posterior a la entrega simbólica de su arma ha vuelto a admitir (pues resulta ya inocultable) que la economía cubana hace aguas por doquier. “Yo sí creo”, dijo, “que hay asuntos económicos que desde hace unos treinta años, aproximadamente, debimos habérnoslo planteado de otra forma” (…). Creo que el modo económico que dictaba el socialismo de libreta, lo clásico del socialismo, es muy idealista. La práctica ha demostrado (…) que la gente produce mejor y produce más cuando se puede beneficiar directamente de lo que hace”. ¡Aleluya!

    Nada de esto escapó, dicho sea de paso, al propio Marx, que incluso alcanzó a leer parte de larefutación de su primer gran antagonista, el austriaco Eugen von Böhm-Bawerk (1851-1914). Este último, dueño de la erudición necesaria y de un espléndido sentido común, no necesitó emborronar tantas cuartillas para demoler la teoría marxista de la explotación. Y aunque Marx ofreciera resolver estos “detalles” en los siguientes tomos de su obra máxima, en realidad jamás lo hizo —o al menos no consiguió ordenarlo así su amigo y albacea Federico Engels, heredero de todos sus papeles.

    Dado que incluso notables valedores de los tres volúmenes de El capital suelen aceptar no haber leído nunca a Böhm-Bawerk, tampoco estoy esperando que alguien como Silvio Rodríguez lo haya hecho. Más me interesa tener presente que lasacciones del autor de Escaramujo no son producto de una reflexión profunda sobre las contradicciones intrínsecas del socialismo, sino de la mera pasión que despiertan las tesis del “paraíso terrestre”prometido por Marx y sus epígonos.

    Quien se resiste a entender la libertad como laplantea la antropología marxista tiene razonessuficientes para considerar antihumanas semejantes fórmulas, pretendidamente económicas. Por eso es que los liberales no tenemos empacho en llamar “dictadores” —sin componendas ni distinciones retóricas— a Pinochet o a Franco, a Castro o a Chávez. Más que la ilusión de un sueño hermoso pero irrealizable, nos mueve la fascinación por eseser humano de a pie que vive en la concreta y cotidiana realidad de la economía y la política. Y estos cuatro señores, con sus claras diferencias metodológicas, terminaron limitando nuestra hermosa libertad de imaginar, producir y realizarnos.

    En una polémica pública que mi amigo Carlos Alberto Montaner sostuvo con Silvio Rodríguez, allá por el año 2010, el cantautor cometió el “error” de intentar responder a las preguntas directas que le formulaba su contendiente. Artista al fin, creyó Silvio que su sentimiento bastaba para defender al castrismo de la abrumadora enumeración de evidencias presentada por Carlos Alberto. En otras palabras, por no ser suficientemente marxista, el creador de Unicornio azul perdió el debate.

    Y es que así son las cosas a la larga: no basta la mera y desnuda pasión. Incluso a golpe de emociones nobles han llegado a instalarse algunos de los sistemas más opresivos del planeta. Silvio Rodríguez podrá seguir siendo motivo de candorosa nostalgia para muchos socialistas, pero su fotografía sosteniendo un fusil es la prueba inequívoca de esemar en el que desembocan todos los ríos utópicos: la violenta testarudez del que se resiste ante la verdad.

     

    *Escritor y politólogo salvadoreño. Columnista de 14ymedio, con sede en Madrid, y de Diario El Mundo, El Salvador.

  • Olimpismo, género y exclusión: el nuevo rumbo del COI bajo la presidencia de Kirsty Coventry

    Olimpismo, género y exclusión: el nuevo rumbo del COI bajo la presidencia de Kirsty Coventry

    El Comité Olímpico Internacional, presidido desde hace un año por Kirsty Leigh Coventry, ha prohibido a los atletas transgénero competir en la categoría femenina de los Juegos Olímpicos y ha establecido que todas las participantes en esas pruebas deberán someterse a pruebas genéticas. Kirsty Leigh Coventry nació el 16 de septiembre de 1983 en Harare, Zimbabue, y se convirtió en la deportista más laureada del país: ganó siete medallas olímpicas en Atenas 2004 y Pekín 2008, incluyendo dos oros en 200 m espalda. Es considerada la nadadora africana más exitosa en la historia de los Juegos Olímpicos y posee récords mundiales y récords africanos. En 2025 fue elegida presidenta del Comité Olímpico Internacional, convirtiéndose en la persona más joven y la primera mujer en ocupar ese cargo.

    «En los Juegos Olímpicos, incluso las diferencias más mínimas pueden marcar la diferencia entre la victoria y la derrota», afirmó la Sra. Coventry en un comunicado en el que anunciaba la noticia. «Por lo tanto, está absolutamente claro que no sería justo que los hombres biológicos compitieran en la categoría femenina. Además, en algunos deportes, sencillamente no sería seguro».

    ¿Quiénes son consideradas personas transgénero?

    El término “transgénero” se refiere a personas cuya identidad de género no coincide con el sexo asignado al nacer según los criterios médicos y sociales que se usaron en ese momento (por ejemplo “hombre” o “mujer” basados en genitales, cromosomas u otras características biológicas). Ser transgénero implica que, para esa persona, su experiencia interna de sí misma —como mujer, como hombre o de otra forma de género— no encaja con la categoría que le fue asignada al nacer. Ser transgénero es distinto de la orientación sexual: una persona trans puede ser heterosexual, homosexual, bisexual, asexual, etc., al igual que una persona cisgénero, cuya identidad de género sí coincide con el sexo asignado.

    Bajo la presidencia de Coventry, el COI ha pasado de un marco más flexible —basado en la “no discriminación injustificada” y en la evaluación científica de posibles ventajas— a uno más restrictivo, en el que se da por sentado que ciertas experiencias de pubertad generan ventajas insalvables y que, por tanto, se excluye a gran parte de las atletas trans de las categorías femeninas. Las nuevas políticas anunciadas por el COI y respaldadas por la presidenta Kirsty Coventry apuntan a vetar a las mujeres transgénero que nacieron personas asignadas al nacer como varones y que completaron la pubertad en ese contexto, argumentando que conservarían ventajas fisiológicas en competiciones femeninas.

    ¿Cuáles son esas “ventajas” fisiológicas de las mujeres transgénero?

    Hoy no hay consenso científico claro sobre si las mujeres transgénero tienen ventajas frente a las mujeres cisgénero (biológicamente del sexo femenino asignado al nacer); los estudios recientes muestran resultados mezclados y, en muchos casos, no confirman ventajas significativas en el rendimiento. Investigaciones recientes señalan que, tras la terapia hormonal, las mujeres trans mantienen algo más de masa muscular que las cisgéneros, pero su fuerza y rendimiento global son similares. Revisiones recientes también muestran niveles comparables de condición cardiovascular y capacidad aeróbica entre mujeres trans y cis, con algunos autores incluso señalando que la caída de testosterona puede reducir la capacidad de resistencia hasta niveles iguales o inferiores a las mujeres cis entrenadas. La testosterona elevada antes de la pubertad y su posterior supresión sí cambia la masa muscular y la composición corporal, pero el impacto en la competición real depende mucho del tipo de deporte, del tiempo en tratamiento hormonal y del nivel de entrenamiento previo.

    En resumen, la idea de que las mujeres trans tengan una “ventaja clara y uniforme” sobre las mujeres biológicas en el deporte no está sólidamente respaldada por la evidencia actual; lo que hay es un debate entre ventajas potenciales en ciertas variables biomecánicas y resultados reales muy parecidos en rendimiento y condición física.

    Las implicaciones sociales de esta prohibición son profundas y van más allá del deporte: afectan derechos humanos, salud mental, estereotipos de género y la idea que se tiene de la “feminidad” en el ámbito público. Estas medidas recientes del COI refuerzan el estigma y la transfobia que ya existen a nivel global y que, en última instancia, se traducen en más acoso, discriminación escolar, laboral y comunitaria.

    Las nuevas reglas del COI, que apuntan a pruebas genéticas o pruebas de “feminidad” para categorías femeninas, reviven prácticas de examen del cuerpo de las mujeres, algo ya criticado en el pasado por su carácter invasivo y estigmatizante. En conjunto, la prohibición no solo cierra puertas deportivas a las atletas trans, sino que también normaliza la sospecha hacia sus cuerpos, reabre prácticas de control sexo‑genérico y puede tener efectos negativos duraderos en la salud, la autoestima y la ciudadanía de las personas trans en el resto de la sociedad.

  • Vergüenza ante la servidumbre

    Vergüenza ante la servidumbre

    Sé que a algunos no les gustará este comentario, que no faltarean quienes se molesten y hasta me increpen, pero como admirador de José Martí sigo su postulado de que «Un hombre que oculta lo que piensa, o no se atreve a decir lo que piensa, no es un hombre honrado” y pretendo, intento, ser un hombre honrado, así que lo que opino no lo callaré, aunque mis compatriotas se sientan agraviados.

    Avergüenza ver a muchos nacidos en Cuba seguir apoyando el totalitarismo castrista a pesar de no disfrutar el más mínimo derecho ciudadano y sobrevivir en la miseria extrema. La mayoría de los cubanos, están conscientes que viven en condiciones peores que los esclavos de los ingenios azucarero del siglo XVIII, sin embargo, un segmento nada despreciable, participa en espectáculos que benefician al sistema que los oprime.

    Estoy convencido que hay quienes creen que el castrismo les dio una vida mejor, no especulo, los conozco, personas que no se percatan que viven como animales de corral y que las condiciones de vida de todos tienden a mejorar cuando hay libertad y se pueden disfrutar libremente los derechos.

    Estas personas no entienden que se han convertido en una masa manipulada por una clase que detenta el poder para su exclusivo beneficio, que están sometidos a una instrucción doctrinal que les hace creer que la alternativa es la muerte o una miseria mayor. Estos sujetos se niegan a aceptar que la realidad que viven forma parte de un entramado gigantesco que funciona dentro de las murallas construidas por los Castro y en la que Miguel Diaz Canel es el mayoral.

    Recientemente vi un número notable de cubanos vitoreando al inepto déspota de Diaz Canel, mostrando, incomprensiblemente, respaldo a quien le oprime, aun mas, mientras la capital permanencia en casi absoluta oscuridad, otro o el mismo populacho, se detenía frente al iluminado hotel donde se reunían los integrantes de un convoy de idiotas útiles convencidos de que quienes los aclamaban eran víctimas de confabulaciones imperiales y no de un sistema que ha conducido a la nación al despeñadero.

    Estoy convencido de que algunos participan en estos actos por miedo, un sentimiento del que muy pocos se escabullen y que los cubanos han vivido por demasiadas décadas. Otros, asisten porque permanecen seducidos por una mentira que ha sido derruida por la realidad, están convencidos como las ratas de Hamelin que seguir la tonada hasta la hecatombe es lo mejor, sin faltar unos terceros, al menos por dos motivaciones que al final de las cuentas se confunden, la frivolidad y respaldo a quien te oprime, una especie de síndrome de Estocolmo masivo.

    El castrismo ha dispuesto de un notable talento para manipular a la población cubana. Con ese propósito creo un número importante de organizaciones que reparten mucho garrote y poca zanahoria generando una inseguridad mezclada con miedo difícil de superar, pero por encima de esa inducción criminal, tengo la certeza que no faltan cubanos que como robots tienen inscrito en su consciente que cualquier otra propuesta política o ideológica es peor que la que padecen.

    Al totalitarismo castrista nunca le han faltado aliados porque todos los que rechazan lo que representa Estados Unidos, están dispuestos a asistirle, por eso, la escogencia de Castro de Washington como su archienemigo, siempre le ha sido favorable.

    No obstante, me siento muy orgulloso de que nunca han faltado cubanos que rechacen el castrismo. Desde el primero de enero, a pesar del poder casi omnímodo de los opresores, hombre y mujeres de diferentes procedencias sociales y de todas las edades y razas, enfrentaron la dictadura en tiempos en que la comida no faltaba y el fluido eléctrico satisfacía la demanda, gracias a que los bienes acumulados de la República que Fidel y Raul Castro destruyeron, los había originado.
    Cierto que en aquellos días la libertad de prensa estaba siendo corroída. El viajar libremente sufría limitaciones,  quienes practicaban una religión eran discriminados, la educación mutaba a adoctrinamiento y hasta ponerse cuello y corbata era subversivo, abusos, que condujeron al fusilamiento de  Porfirio Ramírez, Alberto Tapia Ruano y de miles más, que Pedro Luis Boitel y Orlando Zapata Tamayo junto a otros dignos compatriotas fallecieran en huelga de hambre y que Ángel de Fana, Ernesto Días Rodríguez y Amado Alfonso con otros centenares de miles, fueran a prisión por defender los derechos de todos.

    *Pedro Corzo es periodista cubano

  • Absurdo y tétrico

    Absurdo y tétrico

    Estados Unidos se ha ido a la guerra y sus acciones alteran la vida en el planeta.  Aunque pareciera que se trata de decisiones bien meditadas, lo cierto es que los desenlaces son extraños.

    Se supone que su enemigo a vencer, en términos de correlación mundial, es China, pero este país no ha entrado, ¡aún!, a la escena de guerra (por lo menos con sus tropas y con sus recursos tecnológicos militares), y ya los Estados Unidos están atascados y hasta el cuello.

    Lo de Venezuela fue un juego de niños para las tropas norteamericanas. Sobre todo, porque no iban a acantonarse.

    La amenaza de tomarse Groenlandia, ¿qué fue? Sin embargo, el resultado es claro: terminó de drenar sus relaciones con la Unión Europea.

    Si Donald Trump y los intereses corporativos que representa querían poner el mundo patas arriba, lo están logrando. El problema es que este es un mal momento para la gran potencia norteamericana. En lo económico, en lo político, en lo tecnológico y en lo demográfico.

    Cuando Adolfo Hitler y su cohorte se lanzaron a ‘conquistar el mundo’ al iniciar la segunda guerra mundial, en 1939, las expectativas nazis eran exageradas y no analizaban bien los datos de la realidad.

    Durante un tiempo, con el pacto Molotov-Ribbentrop (firmado el 23 de agosto de 1939), Alemania quiso engañar a Inglaterra (más que todo) y por supuesto a la Unión Soviética, haciéndoles creer que sus intenciones no eran lo que sus acciones delataban o anunciaban. Los soviéticos ganaron tiempo y territorios (el protocolo secreto del pacto les permitió anexionarse países bálticos, partes de Polonia, de Finlandia y de Rumania), y por eso entraron al juego de ese pacto de no agresión ―frente al desconcierto de sus adláteres en el mundo que vieron la maniobra de Stalin con desazón― e incluso sostuvieron suministros hacia Alemania todavía pocos días antes del avance alemán contra ellos con la operación Barbarroja. Curioso ‘divertimento’ que duró hasta el 22 de junio de 1941.

    ¿Era viable irse contra la Unión Soviética del modo como los del mando nazi lo hicieron? ¿No estudiaron la experiencia de la catástrofe de Napoleón Bonaparte allí mismo entre junio y diciembre de 1812? Es cierto que las tropas francesas entraron en Moscú, después de los combates de Borodinó, pero las tácticas rusas y el crudo invierno los hicieron retroceder.

    Ahora habría que preguntarles a Trump, a Vance, a Rubio, a Hegseth si era viable abalanzarse sobre Irán.

    Con la pinza Estados Unidos-Israel atacando a Irán quizá quienes decidieron irse a esta guerra calcularon mal (¿o no escucharon a los militares norteamericanos que sugerían otras cosas o advertían de algunos riesgos?). Han sido golpes demoledores los que le han propinado a Irán, y sin embargo ha tenido capacidad de respuesta. Y esto es lo que puede poner a Estados Unidos, y a la presidencia de Donald Trump en una posición muy complicada que las elecciones de medio término eb noviembre podrían dejar en evidencia.

    Como todo trapecista de cuero duro, Trump se lo ha jugado el todo por el todo y sin red. Porque está solo en esta guerra contra Irán. Israel no es su aliado, sino su vagón de acompañamiento.

    ¿Qué les diría Henry Kissinger a estos señores de la guerra? ¿Les recomendaría que observaran bien el tablero geopolítico y equilibraran sus acciones? ¿Les hablaría a los oídos sordos de estos enceguecidos e improvisados estrategas de baquelita?

    El 25 de agosto de 2021 (la administración Biden llevaba 8 meses), Kissinger escribió, a propósito del fracaso norteamericano en Afganistán, lo siguiente:

    Estados Unidos se ha desmoronado en sus esfuerzos contrainsurgentes debido a su incapacidad para definir objetivos alcanzables y vincularlos de manera sostenible dentro del proceso político estadounidense. Los objetivos militares han sido demasiado absolutos e inalcanzables, y los políticos, demasiado abstractos y esquivos. La incapacidad para vincularlos entre sí ha involucrado a Estados Unidos en conflictos sin un final definido y ha provocado que internamente se disuelva la unidad de propósito en un mar de controversias internas.

    Estos que mandan hoy, y que apenas leen, ¿habrán leído esto que no podrían decir que provenía de un ‘enemigo’ ni mucho menos?

    Si desembarca tropas Estados Unidos en Irán le pasará lo mismo que a Rusia en Ucrania. Encallará. Con la diferencia de que Rusia y Ucrania están próximos, pero los soldados norteamericanos estarían dentro de un avispero al otro lado del Atlántico.

    Es claro que la guerra la ha ganado Estados Unidos. ¿Y qué con eso? Las fuerzas militares iraníes parecen dispuestas a seguir combatiendo más allá de la derrota. Y esto es peligrosísimo para todos.

    Este mal paso de Trump y su séquito es absurdo y tétrico.

    *Jaime Barba, REGIÓN Centro de Investigaciones

     

    26 marzo 2026

  • La maleta llena de sueños que cargamos en la vida

    La maleta llena de sueños que cargamos en la vida

    En la vida, cada ser humano carga con una maleta diferente… José “Pepe” Mujica exhortaba a que la maleta debía ser liviana.

    El estudiante lleva en su mochila los sueños para ser en el futuro un profesional exitoso, en ese caminar le surgirán miles de retos, pero al final la maleta llena de sueños se le convertirá en proyectos hechos realidad.

    El scout lleva su maleta con muchos proyectos, en lo alto de la espesa montaña acampará. En la maleta carga provisiones y su diario personal, en donde tiene la bitácora de su vida, de sus estudios, trabajos realizados, campamentos, etcétera. En la maleta lleva los implementos para sobrevivir; tal como lo hace el campesino con su matata, en ella lleva el alimento que le brinda fuerzas para terminar exitosamente la faena diaria.

    El que ora en su lecho de muerte por respirar un día más, tiene una maleta llena de recuerdos; a su lado le acompaña su esposa, fiel y atenta, le acaricia y le dice frases de aliento. Junto a la esposa está el diminuto fruto del amor. La hora de la despedida llegará y en su maleta no se llevará nada, solamente quedarán los recuerdos de su niñez, de su juventud y de los mejores momentos de su vida.

    La maleta del que emigró con la ilusión de buscar nuevos horizontes de prosperidad, de buscar oportunidades para llenar con historias exitosas su vida. La maleta que encontró el niño en el basurero, en su interior un pedazo de pan, le hizo sonreír y brillar los ojos por un momento.

    El que está condenado en la cárcel por un acto de crueldad, en su subconsciente recordará el “deja vu” de su vida… Una maleta en donde cultivó odios, envidias y desesperanzas.

    El obrero que carga su maleta llena de pasión para construir el sueño de un nuevo hogar; la maleta del artesano que forjó un pedazo de madera y lo convirtió en un simple adorno para un hogar. Cada quien forja sueños y las vacía en su respectiva maleta, algunas más grandes que otras. No se compare con la cruz que llevó Jesús; ya que, no habrá amor más grande por el prójimo.

    El soldado se despide de su familia con el corazón roto, esperando volver con vida para abrazar nuevamente a sus seres amados. Sin Embargo, esa maleta que carga le será útil para guiarle, le servirá de acompañante en los campos de guerra. Cuando el sol salga y abra sus ojos contemplará si está disfrutando el esplendor de la vida eterna o el cénit que observa desde la ventana de su casa.

    La madre que envuelve en sus brazos a un ser que trajo al mundo, será ella quien edifique el bien y la prosperidad y le enseñará que la maleta que lleva, será su propio destino.

    El empresario carga su maleta llena de triunfos y abundancia, al final de su vida tendrá una opción irrefutable de despojarse de todos sus bienes para poder descansar sin maletas o ataduras en el más allá.

    La maleta del que siempre deseó tener su propio hogar, ver correr a sus hijos en el patio de su casa, disfrutar las tardes de domingo en el parque con su familia.

    La maleta que nos llevaremos cuando partamos de esta vida efímera, las buenas obras que echamos día a día en la maleta de nuestra conciencia. El sol será el testigo de lo que hicimos en nuestras vidas, de los logros, del amor al prójimo, de los sacrificios, de los momentos felices y desconsolados.

    Cada quien forjará una maleta distinta, en donde cada ser humano las llenará de ilusiones o de desenfrenos. Yo estoy con mi maleta hecha; mi sueño era llevar a mi esposa a Europa. Esa maleta la dejaré así, hasta que mi esposa sane. Cada quien carga su propia maleta en la vida llena de ensueños y adversidades.

    *Fidel López Eguizábal, Docente e investigador Universidad Nueva San Salvador

    fidel.lopez@mail.unssa.edu.sv

  • En el justo medio radica la virtud, del buen tacto y mejor respeto

    En el justo medio radica la virtud, del buen tacto y mejor respeto

    Los excesos no son convenientes, ni siquiera en lo bueno. Tanto es así, que la vida deja de ser aceptable, cuando somos incapaces de que cohabite en nosotros cuerpo y espíritu, o de convivir entre unos y otros; lo que requiere cultivar el amor y aprender a amar, como la primera condición para saber vivir. En la desconsideración residen todos los males, con su aluvión de perversidades, que nos deshumanizan por completo. El miramiento hacia lo que nos rodea es realmente lo que nos alienta y armoniza. Apreciémonos y pronto nos daremos cuenta, que cuando los que disponen pierden la vergüenza, los que obedecen también abandonan la estima.  De hecho, una sociedad vive en el hermanamiento, cuando ha llegado a un consenso, sobre el carácter trascendental de su propio ser.

    Sin embargo, los desequilibrios y la falta de sueños nos están dejando sin nervio solidario, mientras aumenta el número de las pesadillas, cada día más tormentosas. Estamos, pues, todos obligados a recapacitar y a preguntarnos hacia donde queremos ir o hacia donde nos estamos arrojando. Quizás debiéramos modificar actitudes, para conciliar realidades y fundamentos que parecen contradecirse. Es vital dar pasos decisivos en el camino del desarme, hallando el modo de sustituir el ordeno y mando del terror, por el equilibrio de la confianza en el servicio y en la disposición hacia cualquier persona semejante a nosotros, miembro de la familia humana, que se beneficiará del progreso colectivo y contribuirá a restablecer más sólidamente la concordia.

    Hoy más que nunca, hace falta sumar pulsos pensantes para concertar moderación, pues también la tierra pierde su ponderación y entra en números rojos al retener más calor que el que emite. Son, justamente, las actividades que generamos a diario; las que alteran cada vez más el aplomo natural en esta época de continua destrucción del espíritu humano, donde nadie respeta nada, porque el dominio del poder no tiene principios ni fundamentos morales. Olvidamos que los endiosamientos nos vuelven estúpidos y rencorosos. En consecuencia, necesitamos tanto como el comer, tomar otras realidades, que nos ayuden a organizar situaciones con la sensatez del orden originario, iluminando de este modo el desconcierto de nuestras existencias.

    Metámonos esto en la cabeza. Se requiere el valor de todos los órganos del gran tronco de las naciones para poder pasar del peso del miedo al contrapeso de la confianza. Pensemos en que la paz tampoco es la ausencia de guerras, más bien es una virtud, un estado de la mente, una disposición a la generosidad, al compañerismo y a la ecuanimidad. Sea como fuere, es tiempo de no desfallecer en el objetivo de un mundo más unido, desvinculado a los intereses particulares y a las rivalidades, con una compenetración de ayuda mutua y alcance de resultados concretos y universales. Ciertamente, la avenencia es fundamental en un orbe global, para impedir que se repitan historias trágicas, que lo único que acrecientan es el estado salvaje y el desánimo.

    La razón y no la fuerza deben decidir la suerte de los pueblos. Trabajemos los vínculos, fomentemos los acuerdos y las negociaciones, el arbitraje y no el ultraje; laboremos esa mentalidad pública, esa conciencia común que nos da ánimo, para un buen hacer y un mejor obrar. Nos hemos globalizado, es un buen signo, pero aún mejor será fraternizarnos, más que otra fórmula humanitaria. Las naciones no avanzan en un asiento precario. Además, nada se puede reconstruir sin quietud, ni tampoco vivir sin sosiego; precisamos sociedades con atmósferas tranquilas, que fomenten la cultura del abrazo sincero, con el bienestar de sentirse arropado en todo momento y ante cualquier situación. Por ello, solicitamos ponernos al servicio del auténtico querer para poder legarse. Hagámoslo de corazón.

     

  • Pueblo y pastor

    Pueblo y pastor

    Se dice fácil, pero sigue siendo doloroso. Ya pasaron 46 años del magnicidio y vamos camino a las cinco décadas transcurridas desde que, en aquel entonces, monseñor Óscar Arnulfo Romero y Galdámez fue convertido en mártir por quienes no lo soportaban. Era, como dicen ahora, “incómodo” para los poderosos. Y cómo no lo iba a ser, diciendo lo que decía y haciendo lo que hacía. Quienes lo creían dócil a sus dictados se equivocaron y eso les dolió a más no poder. Por eso, enfurecieron tanto hasta el punto de sacrificarlo. Y así, sin proponérselo lo subieron a los altares. Costó que esto último ocurriera. Y es que ‒parafraseando a don Pedro Casaldáliga‒ hasta sus “hermanos de báculo y mesa” lo abandonaron. Sin embargo, ni los escribas y fariseos de aquella época ni sus sucesores pudieronmatarlo una vez más.

    Su palabra y el profundo mensaje profético que contenía, trascendió y hoy es luz que debería iluminarnos para sacar a este su querido país del trance en el que lo sumieron quienes hicieron la guerra; también, consecuencia de lo anterior, del estado de cosas en  el que ahora estánprofundizándose las dolencias estructurales que laceran el cuerpo y el alma de nuestras mayorías populares que han visto reducirse en sus comunidadesla muerte violenta ‒¡qué bien!‒ pero también profundizarse la muerte lenta mientras crecen los lujosde un “centro histriónico” en el que mucha pobrería sobrevivía del ambulantaje y adonde, ahora, ya se terminaron de instalar a fuerza de maltratos quienes no se inmutan ante las penurias de tanta gente para regodearse en su egoísta y deshumanizado enriquecimiento.

    Cuando en abril de 1978 lamentó la ejecución violenta de un par de agentes policiales, monseñor dijo: “Son hermanos nuestros. Ante el atropello y la violencia, jamás he parcializado mi voz. Me he puesto ‒con compasión de Cristo‒ al lado del muerto, de la víctima, del que sufre… Y he pedido que oremos por ellos; y nos unimos en solidaridad de dolor con sus familias. He dicho que dos policías que mueren, son dos víctimas más de la injusticia de nuestro sistema que[…] entre sus crímenes más grandes logra confrontar a nuestros pobres”, Es un sistema maligno que enfrenta “pobre contra pobre”. Ellos ‒añadió‒ “son dos pobres que han sido víctimas de otros tal vez pobres también y que, en todo caso, son víctimas de ese dios Molocinsaciable de poder, de dinero, que con tal de mantener sus situaciones injustas no le importa la vida ni del campesino, ni del policía, ni del guardia, sino que lucha por la defensa de un sistema lleno de pecado”.

    Al referirse a su Iglesia, planteó que esta no se apoyaba en poder alguno ni en su dinero. “Hoy la Iglesia ‒aseguró en agosto de 1977‒ sabe que los poderosos la rechazan, pero que la aman los que sienten en Dios su confianza”. “Esta es la Iglesia que yo quiero”, afirmó. Una “que no cuente con los privilegios y las valías de las cosas de la tierra”; una “cada vez más desligada de las cosas terrenas, humanas, para poderlas juzgar con mayor libertad desde su perspectiva del Evangelio, desde su pobreza”. Eso ahora, lamentablemente, es una deuda grosera e imperdonable de aquellos que ocupan la mitra, el anillo y la cruz para anestesiar al pueblo.

    No poca gente se pregunta qué estaría diciendo hoy nuestro santo patrono de los derechos humanos. Quizás, igual que el crucificado, diría: «¡Tengo sed!». Eso proclamó exactamente dos años antes de su martirio. “La liberación de Cristo ‒ expresó entonces‒ no rehúye las angustias fisiológicas del hombre, siente el hambre de los que no tienen lo suficiente para comer, la angustia de quienes no ganan lo suficiente, la sed”. Recordar esa sed, fue señal de que él se preocupaba y sentía “la angustia temporal de los que peregrinamos en la tierra”. La misma tenía que ver con “el bienestar de la garganta, del estómago, del cuerpo humano, de la vivienda, del alfabetismo, de todas esas necesidades que hacen de la tierra el camino hacia Dios”. Ello constituye, en sus palabras, “la promoción humana” negada hoy como antes a las mayorías populares.

    Y hay quienes sostienen que necesitamos obispos como Romero. Él les respondería, supongo, lo que dejó bien claro el 18 de noviembre de 1979. Apenas cuatro meses antes de ser inmolado, nos planteó un enorme reto: ”Con este pueblo no cuesta ser un buen pastor”, manifestó. “Es un pueblo ‒completó‒ que empuja a su servicio a quienes hemos sido llamados para defender sus derechos y para ser su voz”. Reto ese que, sin duda, continúa bien presente.

  • La cadena perpetua ya existe en el país

    La cadena perpetua ya existe en el país

    En El Salvador la expectativa de vida oscila entre los 71 y 74años de edad, según un estudio censual efectuado entre 2022 y 2024. La expectativa de vida de las mujeres ronda entre los 75 y 78 años, mientras que la expectativa de vida de los hombres anda entre los 66 y 69. Es poca la población que alcanza y supera los 75 años, ya que en 2024 el país reportaba que cerca de 275 mil salvadoreños habían alcanzado o sobrepasado esa edad y cerca de 700 mil estaban en la tercera edad (60 o más).

    El VII Censo de Población en El Salvador efectuado en 2024 reflejó que en el país solo 1,520 personas tenían 100 o más años de edad, siendo el 65 por ciento mujeres. La edad máxima registrada fue de una mujer de 125 años.

    Pese a los relativamente pocos años de vida que alcanzamos los salvadoreños, la semana pasada la Asamblea Legislativa, a petición del Órgano Ejecutivo reformó el Artículo 27 de la Constitución para permitir en la legislación penal salvadoreña la condena de cadena perpetua para los delitos de homicidio, violación y actos de terrorismo.

    Obviamente se requiere reformar las leyes secundarias para aplicar la condena perpetua y en ese sentido se debe reformar el Código Penal, la Ley Especial contra Actos de Terrorismo, la Ley Integral para una Vida Libre de Violenciapara las Mujeres y la Ley Penal Juvenil. Según el presidente de la Asamblea Legislativa, Ernesto Castro, la armonización de estas leyes con la reforma constitucional marcará un antes y un después, ya que se castigará con mayor rigor a quienes cometen dichos delitos y se les dará una verdadera justicia a las víctimas.

    Las reformas que se proponen se centran en la revisión obligatoria de la condena, dependiendo de cada situación. Verbigracia, en el caso de menores la revisión obligatoria se hará a los 25 años de de pena obligatoria; a los 30 años, si se cometió un solo delito; 35 si hubo concurso de delitos y 40 años cuando concurra una agravante específica o extrema gravedad cualificada.  Del resultado de la revisión obligatoria y basándose en informes sobre su conducta en prisión y tras una audiencia, el juez podrá conceder o negar régimen de libertad controlada.

    Las reformas también buscan que los pandilleros sean sentenciados a cadena perpetua tomando en cuenta que las pandillas son estructuras terroristas y que todo feminicidio sea castigado con cadena perpetua.  También se pretende que todo menor que cometa un delito grave reciba condena perpetua.

    Sin embargo, la cadena perpetua ya se aplica en El Salvador desde hace muchos años, tomando en cuenta el promedio de la expectativa de vida de la población y las sentencias que emiten los tribunales en el país, cuando los delitos son graves o cuando la persona juzgada ha cometido más de un delito grave.

    Ejemplos sobran, para el caso en diciembre del año pasado, un total de 50 pandilleros recibieron condenas que oscilan entre 400 Y 1,335 años de prisión por su participación en varios homicidios y desapariciones forzosas. Está claro que ninguno de los sentenciados llegará cumplir ni la cuarta parte de su condena.

    A principios de este  mes, en Juzgado Especializado impuso  130 años de cárcel a 62 pandilleros que participaron en múltiples delitos cometidos en las colonias La Campanera y El Pepeto de Soyapango. Sin que esté legislada como tal, los pandilleros recibieron una condena perpetua por sus atroces crímenes.

    En diciembre de 2014  Matías Sorto Pastora fue condenado a 730 años de cárcel por la comisión de múltiples delitos, desde extorsiones hasta homicidios cometidos en el norte del departamento de San Miguel, donde era el jefe de una banda delincuencial.

    La verdad es que ha habido muchas condenas centenarias que en la práctica son cadenas perpetuas, porque nadie, al menos en el país, vive más allá de los 100 años estando encarcelado. En los últimos 15 años fácilmente ha habido más de 2 mil criminales condenados que han recibido merecidamente más de 100 años de prisión.

    En lo personal pienso que no es necesaria una reforma constitucional para legalizar la cadena perpetua, pues ya se aplicaba. En todo caso esta debe llevar a una aplicación correcta y honesta de la justicia, pues un error humano o una mala intención puede llevar a alguien a pagar toda su vida en prisión, siendo inocente. Particularmente pienso, que a los homicidas alevosos, los secuestradores, los que generan terror y los violadores deben recibir condenas de prisión perpetua, toda vez que se les compruebe la comisión del delito.

    Hace unos 15 años un joven universitario tuvo que huir porque una adolescente de 17 años lo acusó de violación y producto de ese hecho había quedado embarazada. El bebé nació y cuando el pequeño tenía dos años el acusado se presentó declarándose inocente, pero fue encarcelado porque ya había sido condenado a 20 años de prisión. La menor de edad en su declaración señaló que estaba virgen, que jamás había tenido relación sexual forzada y consentida con nadie y que producto de la violación quedó embarazada. Se le hizo la prueba de ADN y resultó 0.00 negativo, es decir, el joven encarcelado no era el padre del bebé, pese a lo cual la supuesta víctima insistió en negar haber tenido relación forzada o consentida con alguien más. Una Cámara de lo Penal declaró inocente al joven universitario que tuvo la suerte que la supuesta victimaria y su bebé fue localizada. Un caso similar puede presentarse y el supuesto victimario ser condenado a cadena perpetua por el simple dicho de la víctima.

    En muchos casos los fiscales tendrán el reto superfluo de demostrar la verdadera culpabilidad de los procesados, pues es toda una vida la que estará en juego. Por mi parte, los homicidas alevosos, los secuestradores, los que se agrupan para generar terror, y los violadores merecen pasar el resto de sus vidas en prisión, si se les hace un juicio que siga el debido proceso y son vencidos en el mismo por la contundencia de las pruebas.

    *Jaime Ulises Marinero es periodista

  • De Irán a Venezuela

    De Irán a Venezuela

    De conformidad con las últimas encuestas preguerra, el 90 por ciento de la población iraní es contraria al actual gobierno  (o lo que va quedando de el), y de ese noventa por ciento un poco más de la mitad está conformada por jóvenes de uno y otro sexo; nacidos todos después de 1979, año en el cual el radicalismo islamita chiita de la mano del  Ayatolah Ruhollah Musavi Jomeini  tomó el poder en ese milenario país, luego de la fuga  el 3 de diciembre de ese mismo año del Sha Mohammad Reza Palhlaví.

    Desde ese mismo día en el cual comenzó a gobernar, el Ayatolah Jomeini convirtió su gobierno en una república islámica y teocrática, sostenida en el rigor de las armas, la creación de la Policía Moral encargada de asegurar que la población y en especial los jóvenes, y en particular las mujeres, adaptaren su comportamiento y su vestir a los preceptos del Corán, creó la Guardia Revolucionaria, entidad militar paralela a la tradicional, declaro el objetivo central del gobierno la destrucción del Estado de Israel, y formó y utilizó el movimiento radical libanés Hezbolá y el Hamás, de Palestina.

    Semanas previas a la llegada de su exilio, la población se había alzado  contra las frivolidades extemporáneas del Reza Palhaví, cansado y agotado de observar el despilfarro e inconsciencia de una realeza que no cuidaba del bienestar de su pueblo, dedicado como se encontraba en el efímero disfrute del poder. Alzamiento o estallido social como el que experimentamos los venezolanos en el llamado “Caracazo” en 1989.

    Diez años antes el radicalismo islamita, clara minoría en Irán igualmente cabalgó en un estallido social. Organizado, financiado y apoyado por un conjunto de intereses y prejuicios internacionales que hizo crisis con la toma de la Embajada de los Estados Unidos en Irán el 4 de noviembre de 1979. Toma que duró hasta el 20 de enero de 1981 (previo un intento militar por parte de la administración Carter denominada “Operación Garra de Águila“ que terminó en un bochorno militar y político.

    A partir de allí la suerte de Irán estaba echada, y se inició un largo período de represión, financiación de movimientos terroristas regionales y extra continentales, que tuvo como bandera la destrucción del Estado de Israel, la lucha contra  Occidente y sus laicas manifestaciones, así como el financiamiento, entrenamiento y ejecución de actos terroristas internacionales a través de Hezbollá y Hamás.

    Venezuela sabe mucho de ello, una de las primeras medidas que tomó el extinto villano Hugo Chávez Frías, fue estrechar las relaciones con el Irán de los Ayatolah , y sus objetivos geopolíticos.

    Desde ese momento, la línea aérea nacional Conviasa comenzó a realizar vuelos “turísticos” los llamaba, a Irán y Siria. No sabemos que transportaban a Irán esos aviones, pero sí lo que regresaban de ese país. Los innumerables militantes de Hezbollá y Hamás que se mimetizaban en Venezuela con identificaciones venezolanas (pasaportes y cédulas de identidad, que se unían a otro ejército, el cubano, que llegó a gestionar los servicios de puertos y aeropuertos, notarias y registros mercantiles y civiles, así como el sistema de identificación nacional. No se escapó nuestra Fuerza Armada de su presencia e influencia.

    Solía afirmar, en antiguos escritos, un poco para recordar a los Estados Unidos y países vecinos, que las costas de Florida se encontraban a unas 1400 millas de Venezuela, y las del Canal de Panamá a unas 1700 millas. Esto, porque sus funcionarios solían afirmar que mientras Chávez no representasen un peligro para la seguridad de los Estados Unidos, ellos lo consideraban como uno más, de los vociferantes populistas latinoamericanos.

    Y miren lo que sucedió, que hasta el Tren de Aragua y otros trenes, le tomaron el país, poco a poco, paso a paso. Hasta que finalmente, el pasado tres de enero tuvieron que tomar la decisión de la “extracción” del envalentonado y atolondrado empleado de Cuba, hoy prisionero en un penal de alta seguridad en los Estados Unidos, Nicolás Maduro Moros.

    Para alivio y esperanza de los venezolanos, por retomar  sus instituciones y pleno control de sus riquezas morales y materiales para la continuidad de la nacionalidad, en libertad y compartiendo los valores de la cultura Occidental; muy diferentes y distanciados de extremos religiosos, raciales o políticos del Medio Oriente y otras latitudes que aún no han superado la Edad Media, como fue  la separación del Estado de la religión, gracias a los Tratados de Westfalia alcanzados en 1686, para beneficio de Europa y el mundo libre.

    Hoy Venezuela respira con mayor alivio y cargado de esperanzas realizables. El tutelaje impuesto por Estados Unidos con el fin de obtener en un proceso dirigido y alcanzable del control total por parte de los venezolanos, de sus instituciones republicanas, riquezas, y objetivos nacionales en pleno ejercicio de su soberanía, mediante el voto popular de sus dirigentes públicos, cuando las condiciones se presten para ello, nos lleva comprender y asumir este paso trascendental de nuestra historia.

    Etapa esta, que deberá conducir a una estudiada agenda de desarticulación de la banda antinacional, depredadora de los Derechos Humanos y de la riqueza nacional que aún continúa, bajo ciertas condiciones impuestas, gobernando a Venezuela, tutelando sus instituciones públicas y privadas y violando taimadamente los derechos humanos más elementales.

    No dudo que muy pronto el siguiente paso será la recuperación del control de las instituciones, y la convocatoria de una elección general que conduzca al electorado a elegir libremente aquellos funcionarios que tendrán la responsabilidad de refundar la República, para beneficio propio y del Mundo libre.