Categoría: Opinión

  • ¿Xenofobia médica? El Colegio Médico y la contradicción del déficit

    ¿Xenofobia médica? El Colegio Médico y la contradicción del déficit

    En su último comunicado oficial, fechado el 5 de junio, el Colegio Médico de El Salvador declara en el punto 4: “Rechazamos cualquier política que favorezca la contratación de personal médico extranjero por encima del talento nacional…”. La frase, rotunda y sin matices, ha generado un debate que va más allá de la política sanitaria: toca la fibra de lo que significa ser profesional en un mundo globalizado.

    Personalmente, y tras haber trabajado durante un periodo considerable de mi vida profesional en el extranjero, considero esa postura no solo excesivamente radical, sino que roza la xenofobia. No se trata de negar el valor del talento salvadoreño, sino de reconocer que la movilidad profesional es un derecho y una herramienta necesaria para fortalecer —no debilitar— los sistemas de salud. ¿Pero que nos dice la experiencia de contratar médicos extranjeros en otros sistemas de salud?

    La proporción de médicos extranjeros varía bastante entre EE. UU. y Europa, pero en general es alta en ambos casos y especialmente elevada en algunos países europeos. En EE. UU., una fuente citada por el Migration Policy Institute indica que alrededor de 26% de los médicos que ejercen nacieron en otro país. A escala de la OCDE, los médicos formados en el extranjero representaron en promedio 20% de la fuerza laboral médica en 2023. Dentro de Europa, la dependencia es mucho más alta en algunos países: Irlanda llega a 39% de médicos formados en el extranjero, Noruega 38%, y Suiza se acerca a 40%. Si comparas regiones, EE. UU. y Europa no tienen una sola cifra homogénea, pero sí un patrón común: los sistemas de salud de altos ingresos usan de manera relevante personal médico formado o nacido en el extranjero para cubrir vacantes y sostener la oferta asistencial. Estos países no contratan médicos extranjeros «por encima» del talento nacional—contratan porque no hay suficiente talento nacional para cubrir la demanda. Rechazar la contratación médica extranjera en un país con déficit estructural podría llevar a hospitales sin personal suficiente, afectando directamente la atención de pacientes.

    Aparentemente, el Colegio Médico rechaza al médico extranjero argumentando que su contratación no responde a un déficit estructural del sistema nacional de salud en El Salvador. Según dicha institución —y otros sindicatos médicos como el del Seguro Social, que también ha externado su indisposición ante tales contrataciones—, el médico extranjero viene a desplazar a los médicos locales. Por el otro lado, ambas instituciones han expresado continuamente los mismos problemas: largas esperas para obtener una cita médica, demoras en procedimientos quirúrgicos y, más concretamente, la falta de médicos cirujanos en el sistema público y en el ISSS. La contradicción es evidente: reclaman que no hay déficit de médicos mientras describen un sistema que no puede atender a su población. Si el médico extranjero desplaza al local, ¿por qué los pacientes salvadoreños esperan meses por una cita? ¿Por qué hay falta de cirujanos? ¿Por qué el ISSS enfrenta un déficit del 40% de médicos especialistas? El rechazo al profesional extranjero no protege el talento nacional: perpetúa un déficit que ya afecta directamente la atención de pacientes.

    Según información proveniente tanto del gobierno como del sector no gubernamental, actualmente existe un déficit estructural grave de personal medico en El Salvador, especialmente en el sistema publico de salud. Una publicación en un periódico nacional reportaba: “El Sindicato de Médicos Trabajadores del Instituto Salvadoreño del Seguro Social (SIMETRISSS) manifestó su preocupación por el déficit del 40% de médicos con el que inicia el año, lo cual dificulta garantizar una atención oportuna a los beneficiarios.” Y agregaba ““Para satisfacer la demanda, se necesitan contratar 1,600 médicos nuevos. Es una cifra importante que no se puede alcanzar en un año dadas las condiciones actuales del Seguro Social”, según un medico sindicalista.

    El mismo médico sindicalista expresaba en un canal nacional de televisión que el déficit de médicos en el seguro social alcanzaba el 40% en el Seguro Social y aumentaba al 55% en el sistema público. La OMS recomienda 44.5 médicos, enfermeras y parteras por cada 10,000 habitantes (4.45 por 1,000). Por su parte, la Organización Panamericana de Salud (OPS) ha estimado que para lograr una cobertura efectiva de salud universal en America Latina y el Caribe se requieren al menos 2.07 médicos por cada 1,000 habitantes. El Salvador tiene aproximadamente 1.6 médicos por 1,000 habitantes (https://statisticsoftheworld.com/country/el-salvador/SH.MED.PHYS.ZS?utm_source=chatgpt.com).

    La postura del Colegio Médico de rechazar la contratación de médicos extranjeros es contradictoria y contraproducente. Mientras argumentan que no existe un déficit estructural de personal médico en El Salvador, simultáneamente describen un sistema de salud público y del ISSS colapsado: pacientes que esperan meses para una cita, demoras en procedimientos quirúrgicos y una falta crítica de médicos cirujanos. Los datos confirman la realidad que ellos niegan: el ISSS enfrenta un déficit del 40% de médicos especialistas, con 300 renuncias de subespecialistas desde diciembre de 2023 y solo 2,100 médicos para atender 2.1 millones de derechohabientes.

    Rechazar al médico extranjero no protege el talento nacional; perpetúa un déficit que afecta directamente la vida de los pacientes salvadoreños. La experiencia de Estados Unidos y Europa demuestra que la contratación de profesionales extranjeros responde a necesidades estructurales reales, no a la falta de talento local. El verdadero desafío no es cerrar puertas, sino construir políticas que equilibren la protección del talento salvadoreño con la integración de médicos extranjeros que vienen a sumar, no a sustituir. La xenofobia no es protección: es exclusión. Y en salud, la exclusión tiene costos que todos pagamos.

    *Dr. Alfonso Rosales es médico epidemiólogo y consultor internacional 

  • Un Papa  en la Plaza de Cibeles

    Un Papa  en la Plaza de Cibeles

    Las calles se desbordaron de gente de todas las edades, sexo y nacionalidad, las madres les ofrecían su criaturas para que se las bendijera mientras se trasladaba en el Papamóvil, y España se reencontraba consigo.
    No fue Rosalía, tampoco la selección española de fútbol que regresaba con una nueva copa del Mundial, mostrándose  en La Plaza de Cibeles ubicada en esa intersección de tres emblemáticas calles madrileñas que conforman el centro de la ciudad.

    Hacía ya quince años que un Papa no visitaba España, parecía que entre el desmantelamiento  organizado y programado de la fe cristiana en cualesquiera de sus expresiones, para insertar el nihilismo espiritual y extraer de la historia y la conciencia de cada español cualquier rasgo de libertad, humanidad, continuidad y gallardía, España como unidad cultural y territorial comenzaba a rendirse ante la unidimensión espiritual, el colectivismo y la destrucción de los valores judeocristianos; valores y cultura que no son otros más aquellos  que hoy denominamos valores y cultura occidentales, sustentados en la libertad y la convivencia democrática.

    Había llegado un día antes, la Eucaristía, la Santa Misa se había programado para el día siguiente, el domingo siete de junio, día que coincidía igualmente con la festividad del Corpus Christi. Allí, cerca de esa intersección de las tres calles, muy cerca del templo donde Bolívar, en 1802, contraería matrimonio con María Teresa del Toro y Alayza.

    Y fue el despertar, un amanecer tardío donde se hicieron presente, en un calculo muy conservador, un millón y medio de personas, para asistir, ver y oír al Santo Papa venido de América, que en menos de un año se había ganado el corazón y respeto de los cristianos y no cristianos.

    Lo que vino después fue impensable, cada palabra, cada discurso pronunciado fue un origen, un retrato del presente y un aliento definitivo hacia el futuro, sin miedo, sin dudas, con la seguridad que da la verdad y el sentido universal de la vida proclamado con sencillez por Jesús, el de Nazaret; más allá de la religión, lugar de nacimiento, etnia o condición humana, que ese domingo en la Cibeles, y luego en cada una de sus intervenciones públicas, su mensajero León XIV, transmitía con la humildad, sabiduría de quien se sabía solo un discípulo más de los elegidos por el Creador.

    Fue como una tarde de Fiesta Brava, por la expectativa que despertaba, aunque esta fue a las 10:30 de la mañana. Y allí entraba, puntual, consciente de dónde se encontraba y lo que se esperaba de él.

    El lunes, en lo que fue el acto político más esperado, por primera vez, Papa alguno hablaba ante la soberanía popular, en el antiguo convento convertido en la sede de las Cortes Generales de España, el Poder legislativo del Reino de España.

    Un Congreso invertebrado, exactamente como la España invertebrada de José Ortega y Gasset, publicada en 1921, para evidenciar la crisis política y social por la que atravesaba España en ese momento; y que hoy, un siglo después, pareciere repetirse en otras circunstancias, pero siempre invertebrada.

    Se engalanó las Cortes Generales de España (el Congreso de los diputados y  senadores) impecables en el protocolo para recibir al Papa León XIV. Himnos de por medio, uniformes de gala, corbatas impecables, vestidos sobrios bajo las rodillas de las damas, el Presidente del Gobierno, de la Suprema Corte de Justicia, la Presidenta de la Comunidad de Madrid, los jefes de fracción parlamentaria el Arzobispo de Madrid.

    Y hete aquí, que al saludar a la diputada Miriam Noguera y Camero, diputada del partido Junts per Catalunya, ella con gracia, elegancia y sonrisa de por medio, le retiene la mano al Papa y le dice en perfecto inglés: “Su Santidad, como Gaudí, soy catalana. Hablar la lengua de la tierra que te acoge es un maravilloso acto de amor y respeto. Espero que disfrute su visita a Cataluya, mi nación”.

    Segundos después, y antes de soltar la mano del invitado de honor, ya se había percatado que le exigía al Papa, algo que ella no cumplía, dado que en Madrid se habla castellano (español, pues).

    Salvo ese desaguisado e inoportuna precisión, el discurso leído por el Papa León XIV ante las Cortes Generales,  es un documento para la historia del Parlamento, de España y del orbe, que debemos leer una y otra vez para entender y asumir el proyecto de vida individual y societaria en búsqueda de una convivencia pacifica, de prosperidad compartida, ajustada a la verdad, la norma jurídica y la libertad.

    El impacto de sus palabras fue de tal impacto que, al concluir su lectura, el Congreso en pleno, sus invitados oficiales y alguaciles se pusieron de pie al unísono y por siete minutos continuos, lo aplaudieron y vitorearon. Tuvo la presidente de la Corte de Diputados, ante el desconcierto del Papa que no sabía que hacer ante el unísono aplauso que no cesaba, invitarlo a abandonar el salón de sesiones, para poder continuar su apretada agenda.

    En ese instante, en ese momento, en esos siete minutos, España dejó de ser invertebrada.

    * Juan José Monsant Aristimuño, diplomático venezolano, fue embajador en El Salvador
     

  • AA, 91 años recuperando vidas

    AA, 91 años recuperando vidas

    El alcoholismo es una terrible enfermedad mental con secuelas somáticas fatales que llevan a la muerte. Es una enfermedad ingrata e injusta, generada por la insidia progresiva y que provoca fatales consecuencias. El alcoholismo acaba con todo y todos, sin respetar condiciones de ningún tipo. Igual afecta a profesionales, iletrado, mujeres, hombres, jóvenes, adultos, ateos, creyentes, pudientes, pobres o a personas de cualquier raza o ideología.

    Antes de acabar con la vida del alcohólico, esta enfermedad destruye el valor más sensible del humanismo, nos referimos a la dignidad humana. Muchas personas, en alcoholismo activo han pasado a ser bazofia y un desecho de la sociedad, pero lo más terrible es que el alcohólico acaba considerablemente con la paz y tranquilidad de su entorno, entiéndase su familia, su comunidad y su familia.  Los hijos de la persona alcohólica viven con ilusiones destrozadas y con anhelos pisoteados. Con autoestima degradada.

    El entorno del alcohólico (a) es triste y acomplejado. Los hijos, padres y esposo (a) siempre están a la espera de la peor noticia. Han acumulado vergüenza, sufrimiento, incertidumbre y un dolor en el alma porque a pesar de todo no han dejado de querer al alcohólico (a) convertido en un ser indeseable, imbécil, idiota, irresponsable, intolerante, inhóspito, ingrato e injusto.

    Es injusto que por la irresponsabilidad de una persona alcohólica toda su familia sufra las nefastas consecuencias, sin que el alcohólico adquiera un ápice de conciencia. Es ingrato que las personas que más lo quieran sufran directamente las consecuencias, entre ellas las carencias el efecto de las dolencias. El alcohólico sufre las consecuencias psíquicas y físicas y su madre el dolor por la ingratitud de su hijo, quien cuando consumió la primera cerveza o el primer trago de alcohol nunca imaginó que caería en las aterradoras garras de esa terrible enfermedad, capaz de terminar con la lucidez de otros y con su misma vida.

    He conocido cientos de casos de personas que bajo los efectos del alcohol han matado a su madre, a su padre, a sus hijos, a su esposa (o), a sus hermanos, a sus vecinos, a sus amigos o a personas desconocidas. Alcohólicos que han provocado tragedias o que han pasado a engrosar el número de pacientes en los hospitales, la cantidad de reos en los penales o que han perdido su propia vida o que acabaron con la vida de otros.

    Muchos han perdido todo lo que tenían. Primero perdieron sus valores y su principios, luego sus bienes materiales y a su seres queridos, Rechazados por la sociedad y la familia acabaron con todo y pasaron a ser, literalmente, un estorbo indeseable para la comunidad que los considera repulsivos.

    La gravedad del alcoholismo fue entendida perfectamente por dos hombres que seguramente fueron iluminados por un Poder Superior, nos referimos a  los estadounidenses Bill Wilson y al Dr. Bob Smith, ambos desahuciados por el alcoholismo, dieron paso a la comunidad de Alcohólicos Anónimos, en la ciudad de Akron, Ohio, Estados Unidos, hecho ocurrido el 10 de junio de 1935, hace 91 años.

    Actualmente AA tiene presencia en 180 países, donde hay alrededor de 120 mil grupos que en total tienen una membresía estimada de 2.4 millones de personas. Solo en El Salvador hay más de 17 mil miembros en más de 1,400 grupos distribuidos en todo el territorio.  La finalidad de AA es rescatar vidas y llevar el mensaje a quien sufre las consecuencias de esta enfermedad, entendiendo que es una enfermedad mental que no tiene cura biosomática, pero que si puede ser retenida evitando el consumo del primer trago.

    Si bien es cierto el alcoholismo no tiene cura, esta es una enfermedad controlable. El método de AA es sencillo. La persona en proceso de recuperación debe sujetarse a un Poder Superior, mantenerse lleno de humildad, y tener claro que sus reuniones grupales son sesiones terapéuticas cada 24 horas. Esa es la forma ideal de contener la insidiosa enfermedad. El alcohólico anónimo conociendo las experiencias de otros crea su propia conciencia y evita el primer trago. Compartir experiencias es una forma honesta de desnudar el alma y crear conciencia sobre las nefastas  consecuencias de una enfermedad que en el caso de El Salvador genera un promedio de tres muertes diarias por ingesta alcohólica.

    En nuestro país, según la Organización Mundial para la Salud (OMS) por cada 100 mil habitantes fallecen 18.63 por efectos del alcoholismo, siendo los líderes mundiales en este desagradable y detestable rubro. La cifra es mucho mayor si se toma en cuenta que muchos suicidios, muertes somáticas, homicidios culposos y agravados son considerados como producto de la delincuencia o la intolerancia y no como efecto de las bebidas embriagantes.

    Hasta ahora son 91 años de existencia de AA, una comunidad de hombres y mujeres de ayuda mutua conformada por sujetos que comparten su experiencia, fortaleza y esperanza para superar el alcoholismo. Se mantienen con ayuda económica exclusiva de sus miembros y el único objetivo es mantenerse sobrio y ayudar a otros a lograrlo. Según la tercera tradición el único requisito para ser Alcohólico Anónimo es querer dejar de beber.

    En 91 años han sido millones de hombres y mujeres de todo el mundo que han sido rescatados del alcoholismo lo que se traduce en ciudadanos que de irresponsables pasaron a ser responsables llevando consigo paz, tranquilidad y felicidad a sus seres queridos y a su entorno más inmediato. Entonces, como no agradecer profundamente a Bill y Bob, que motivados por un Poder Superior crearon una comunidad ampliamente democrática, espiritual y  humanista de hombres y mujeres que ha recuperado y salvado a millones de vidas. ¡Felicidades AA!

    *Jaime Ulises Marinero es periodista 

  • Solastalgia

    Solastalgia

    El acto de dar nombre a las cosas a través de la historia, es y sigue siendo un acto de supervivencia y comunicación. Con esa acción de nombramiento surgen al conocimiento común. De la observación, percepción y búsqueda continua es la manera asertiva de quien encuentra las palabras e ilumina el saber y el sentir.

    Siendo así, el ecologista y filósofo Glen Albrecht ante el estrés psíquico y la pérdida de identidad  que experimentan los individuos cuando su entorno de origen sufre transformaciones drásticas, le da el término de solastalgia.

    Albrecht nos dice que solastalgia, por ejemplo, es  el sentimiento generado en una reserva natural que es habitada por nativos y que esta queda desolada por prácticas abusivas de caza y tala de árboles, ese hábitat no será lo mismo, la comunión entre fauna, flora y humanos. Tanto así, como una zona rural que es intervenida con trabajos de extracciones mineras, modifican el paisaje en gran manera, contaminando los  recursos naturales, llegando el sentimiento de desarraigo en sus habitantes e iniciar la búsqueda de un mejor lugar para vivir. Y no menos el sentir que flota en las ciudades transformadas y gentrificadas que dejan a la deriva a tantas personas, proyectos de vida que son coloreados de gris; como el gris del cemento que edificara las nuevas obras.

    Lejos de rechazar el orden, limpieza e innovación, asimilar las transformaciones arquitectónicas, específicamente, casi siempre conlleva a la valoración de lo que antecede a lo nuevo. Tal vez por una natural predisposición a la conexión vital que sobre este escenario hemos tenido, donde nuestra memoria se nutrió de cada recuerdo. Intuimos al paso del tiempo que hemos vagado errantes, no había certeza de dominio perpetuo pero si una comunión temporal que es la que estaba para nuestras vidas. Tal vez ese sea el sentimiento o al menos uno de ellos, el de nuestro paso fugaz acá y lo cambiante que es todo en ese instante, lo que hizo a la nostalgia tener otras acepciones según las situaciones y sus componentes.

    Creo que cuando algo cambia o desaparece, parte de nosotros se va con ello, es así. Nos sucede a la mayoría, no es que antes fue mejor, nada de eso, tampoco añoranza boba y terca, es eso, lo que sentimos en ese  momento, como era el aire, la luz, como veíamos la vida en ese minuto, que aunque ahora es el mismo lugar y el mismo sol, no es el que vi hace cuarenta y tantos años.

    Lógicamente debe ser el pasar de la vida y todo aquello que fuimos en esos lugares. En los primeros años, la ligereza de comenzar a coleccionar recuerdos como retazos de una enorme manta, que a este tiempo pesa un poco pero que también en la lógica nos hacen ser lo que somos.

    Seguro que deberán existir más cosas intangibles que se sigan nombrando, el cambio es la constante eterna y deberá ser de esa manera, nombrar lo que aún no está designado pero que se encuentra ya presente en la conciencia colectiva; esto es necesario para poder tener claridad e identificación de qué es lo que sentimos y por qué.

    *Ivette María Fuentes esa abogada

     

  • “Más allá de mi mirada”: un libro para comprender la vida, la muerte y la esperanza

    “Más allá de mi mirada”: un libro para comprender la vida, la muerte y la esperanza

    Siempre procuro leer libros que me ayuden a comprender mejor la vida, que aporten elementos útiles para las decisiones diarias y que amplíen mi manera de ver el mundo.

    Fue así como llegó a mis manos esta obra singular, profundamente humana y escrita desde la experiencia de alguien que ha dedicado gran parte de su existencia a acompañar personas en los momentos más difíciles de sus vidas.

    Este libro narra la experiencia del autor durante más de cincuenta años de servicio en hospicios de los Estados Unidos. Pero no se trata de un texto médico ni de un tratado académico. Es, más bien, un libro de acompañamiento, de consuelo y de reflexión.

    A través de sus páginas conocemos historias reales de personas que se encontraban en los últimos días, horas o incluso minutos de vida. También observamos el impacto que estos momentos producen en los familiares, amigos y seres queridos que permanecen acompañando el proceso.

    Lo que más me llamó la atención es que “Más allá de mi mirada” no es un libro triste. Aunque aborda un tema que muchas veces evitamos mencionar, está escrito con esperanza, sensibilidad y profundo respeto por la dignidad humana.

    Cuando la experiencia se convierte en sabiduría

    Adán García no escribe desde la teoría. Escribe desde la experiencia. Durante décadas acompañó a pacientes terminales y a sus familias. Escuchó preguntas difíciles. Compartió silencios. Presenció despedidas. Oró con quienes enfrentaban sus últimas horas.

    Esa experiencia convierte cada página en un testimonio auténtico. Como Alfredo, y también como escritor, encontré especialmente valioso que el autor no pretenda impresionar al lector. Su tono es sencillo, cercano y honesto.

    Habla como quien conversa con un amigo en un momento importante de la vida. Quizá por eso el libro resulta tan accesible para cualquier persona, independientemente de su edad o formación académica.

    La historia que sostiene todo el libro

    El eje emocional de la obra es la experiencia personal del autor con la enfermedad y posterior fallecimiento de su esposa Marisol. A lo largo del libro conocemos los últimos meses de vida de quien fue su compañera durante tantos años.

    Observamos cómo la enfermedad entra en la vida familiar, cómo transforma rutinas, modifica prioridades y obliga a replantear preguntas que muchas veces permanecen dormidas. Lo que hace especial esta narración es su honestidad.

    No encontramos respuestas fáciles ni frases vacías. Encontramos el relato sincero de un hombre de fe que también experimenta dolor, incertidumbre y tristeza. Esa combinación de experiencia humana y reflexión espiritual convierte la lectura en algo profundamente cercano.

    Todos sabemos qué ocurrirá, pero pocos queremos hablar de ello

    Existe una realidad que compartimos todos los seres humanos: algún día enfrentaremos la muerte, ya sea la propia o la de alguien que amamos. Sin embargo, pocas veces hablamos de ella. La evitamos. La posponemos. Actuamos como si fuera un asunto lejano.

    El libro nos recuerda que reflexionar sobre este tema no significa vivir con miedo, sino vivir con mayor conciencia. Adán García propone que la comprensión de la muerte puede ayudarnos a valorar mejor la vida. Y esa me parece una de las enseñanzas más importantes de la obra.

    Un libro que dialoga con el lector

    Mientras avanzaba en la lectura, tuve la sensación de que el autor no escribía para convencer a nadie de una postura determinada. Más bien, buscaba acompañar al lector en sus propias preguntas. ¿Qué ocurre cuando un ser querido recibe un diagnóstico devastador? ¿Cómo enfrentamos la despedida? ¿Qué siente una familia durante los últimos días? ¿Cómo encontramos consuelo en medio de la pérdida?

    Estas preguntas aparecen una y otra vez, no para generar angustia, sino para abrir espacios de reflexión.

    Por eso considero que este libro tiene un valor especial. No se limita a hablar de la muerte. Habla de la familia. Habla del amor. Habla de la esperanza. Y habla de la capacidad humana de seguir adelante aún después de las pérdidas más profundas.

    Leer también es prepararnos para vivir

    Una de las razones por las que recomiendo esta obra es porque confirma algo que he mencionado en otros artículos: leer no consiste únicamente en adquirir información.

    Leer también es prepararnos para la vida. Hay libros que nos enseñan a emprender.

    Otros nos enseñan a liderar. Otros nos enseñan a comprender mejor la historia. Y algunos, como este, nos ayudan a reflexionar sobre los momentos más delicados de la existencia humana.

    Ese es precisamente el valor de la buena literatura y de los buenos libros: amplían nuestra mirada y nos permiten acercarnos a experiencias que quizá aún no hemos vivido.

    Un libro necesario

    Para leer hay de todo. Hay libros para entretenerse. Hay libros para aprender. Hay libros para soñar. Y también existen libros que nos ayudan a comprender mejor aquello que todos enfrentaremos tarde o temprano. “MÁS ALLÁ DE MI MIRADA” pertenece a esta categoría.

    Es una lectura amable, reflexiva y profundamente humana. No busca generar temor.

    Busca ofrecer comprensión. No pretende aumentar la tristeza. Busca acompañar.

    Y precisamente por eso considero que merece ser leído.

    Epílogo: una lectura que deja huella

    Al terminar este libro pensé en algo muy sencillo: las mejores lecturas son aquellas que continúan hablándonos después de cerrar la última página. Este libro hace precisamente eso. Nos invita a valorar más a quienes amamos. Nos recuerda que el tiempo es valioso. Y nos anima a vivir con mayor gratitud cada día.

    Más allá de las creencias personales de cada lector, encontré en estas páginas una invitación universal: vivir con más conciencia, amar con más intensidad y acompañar con más compasión.

    Quizá ese sea el mayor mérito de un buen libro. Ayudarnos a mirar más allá de nosotros mismos. Como dice el libro de Proverbios: “El corazón del sabio adquiere conocimiento, y el oído de los sabios busca la ciencia” (Proverbios 18:15).

    Leer es precisamente eso: abrir el corazón y la mente para comprender mejor la vida. Y algunos libros, como “Más allá de mi mirada”, nos ayudan a hacerlo de una manera profundamente humana.

    *Alfredo Caballero Pineda, es escritor y consultor empresarial. 

    alfredocaballero.consultor@gmail.com

  • Tiempos de soñar y de cumplir

    Tiempos de soñar y de cumplir

    El apóstol cubano José Martí, escribió uno de los libros más representativos de su grandeza, “La Edad de Oro”, 1889, una publicación que concibió, en principios, como una revista cultural dedicada a los niños de America. Solo fueron cuatro números, a pesar de cuya brevedad, han dejado una huella profunda en los que la leímos.

    La niñez es el tiempo de soñar y de jugar, la juventud, el de empezar a cumplir la obra de la vida, una ruta que puede ser muy complicada y hasta traumática, no obstante, todos debemos acometerla, porque solo así, “la muerte no es verdad”.

    La juventud en cualquier lugar del mundo, particularmente donde los derechos ciudadanos están en riesgo, es la primera en abrazar quimeras sin importarle las consecuencias, sin embargo, en democracia, cuando el usufructuó de las libertades no corren peligros, la mayoría de los jóvenes tienden a vivir en un estado relajación que les conduce a postergar el cumplimiento de sus deberes cívicos, no obstante, hay notables excepciones como pudimos apreciar en el Primer Encuentro Internacional de Jóvenes con la Memoria Histórica Cubana, que se celebró recientemente en la Universidad Internacional de la Florida.

    Ese Primer Encuentro convocado por varias instituciones del exilio cubano fue presidido y organizado por el doctor Daniel Pedreira, un Pino Nuevo con un alto sentido del deber. Pedreira, reunió, virtual y físicamente, a un grupo notable de jóvenes radicados en diferentes países bajo el denominador común de querer reconstruir la república que perdimos.

    El evento se desarrolló durante todo el día y fue organizado en cinco mesas de trabajo que abordaron temas diferentes: La memoria histórica en las redes sociales; La investigación histórica en el postotalitarismo; El exilio como reservorio, fuente de tradiciones y lucha por los valores de la nación cubana; La recuperación y restauración de la historia de Cuba; Resistencia y lucha por la democracia: perspectivas de las nuevas generaciones sobre el legado totalitario.

    Fue impresionante ver a tantos jóvenes discutir sobre el futuro de Cuba, muchos de ellos, como el propio Pedreira, nacieron lejos de la Isla y, aun así, conocían la historia y conversaban fluidamente en la lengua de sus abuelos y padres, sobre el pasado y futuro de la Patria común.

    Fue mucha satisfacción escucharlos. El trabajo que se impusieron sus mayores de que no perdieran sus raíces fue fructífero y es de esperar que contribuyan, como así lo expresaron muchos, en la construcción de un país mejor a la vez que sigan contribuyendo en el progreso de la nación en la que residan.

    Estuvieron presentes, aunque con una participación muy tangencial, representantes de otras generaciones, entre otros, Ramiro y Carmen Gómez, los hermanos Ángel y Armando de Fana, Saturnino Polón, Sebastián Arcos Cazabon, director del Instituto de Estudios Cubanos de la FIU, una de las instituciones patrocinadoras del encuentro, Luz Martínez y Enrique Ruano.

    La experiencia fue muy relevante. Escuchar al joven Pedro Pérez sobre sus experiencias en Ucrania y la importancia de trabajar por el futuro de Cuba, oír a la señorita Yoryana Lima, hace pocos años salió de Cuba, comentar sobre sus esperanzas de un futuro mejor para nuestro país, fue conmovedor y edificante, al igual que ver al actor Ricardo Becerra, quien trabajó en la película “Plantados”, expresar que conoció mucho mejor la crueldad e injusticias del totalitarismo al trabajar en ese film, por cuya razón no deja de denunciar sus abusos, convence a todos que los muchos que cayeron en esta lucha por la democracia en Cuba y la prisión de tantos, no ha sido en vano, porque como comentó la activista Kiele Cabrera “estamos todos unidos en crear estrategias para contrarrestar las narrativas del régimen y prepararnos para la transición democrática adentro de Cuba».

    Cierto que la juventud no vuelve, pero lo que sembramos en ella puede ser útil para el futuro de muchos y el propio. Sería muy conveniente que los cubanos repitamos esta experiencia que fue conducida tan brillantemente y que los políticos de nuestro hemisferio les confieran espacios públicos a las nuevas generaciones de sus respectivos países. La juventud es un divino tesoro y lo que sembramos en ella es para siempre.

    Gracias a Arcos Cazabon, Ángel de Fana y los doctores Ramón Barquín y Daniel Pedreira por un esfuerzo con tan excelentes resultados.

    *Pedro Corzo es periodista cubano

  • Cuando un hospital público es mejor que uno privado en El Salvador

    Cuando un hospital público es mejor que uno privado en El Salvador

    Tradicionalmente, desde la perspectiva de la criminología ambiental y el análisis de las instituciones, el espacio público en América Latina ha sido leído como un reflejo del abandono estatal. La infraestructura pauperizada solía ser el caldo de cultivo ideal para la anomia y la desatención social, ensanchando la brecha de desigualdad donde solo el sector privado garantizaba la dignidad. Sin embargo, la inauguración del nuevo Hospital Nacional Rosales el pasado 1 de junio 2026 por el presidente Nayib Bukele obliga a reformular este paradigma: estamos ante un escenario inédito donde lo público no solo iguala, sino que supera la oferta de la medicina corporativa, de lo privado. Como usuario y pagar un seguro médico hospitalario doy fe de eso.

    Desde un enfoque criminológico, el acceso a servicios élites de salud actúa como un pacificador social y un igualador de derechos fundamentales. Cuando el Estado provee tecnología de punta de forma gratuita, como lo es el primer quirófano híbrido de la región, sistemas de cirugía robótica y laboratorios automatizados capaces de procesar miles de pruebas por hora, le arrebata al entorno delictivo uno de las pesadillas y dramas más silenciosos: la desesperación por la supervivencia económica ante la enfermedad, el cómo voy a pagar esa cuenta.

    El nuevo Hospital Rosales quiebra la vieja narrativa de que «lo barato o gratuito debe ser deficiente». Al centralizar 47 especialidades y equipos avanzados como el resonador de 3 Tesla, el sistema público absorbe demandas médicas de alta complejidad que muchas clínicas privadas locales ni siquiera pueden financiar de forma independiente. Para el ciudadano menos favorecido, la atención privada se traduce con frecuencia en un endeudamiento catastrófico que fragmenta el tejido familiar. Al democratizar cirugías complejas y tratamientos oncológicos sin costo, la gestión estatal redefine la seguridad humana, devolviendo la confianza de la población en sus instituciones y mitigando la vulnerabilidad social.

    Cuando el gobierno central del presidente Bukele invierte con estándares internacionales y supera las capacidades tecnológicas instaladas del ámbito privado, la salud deja de ser un privilegio de consumo y se consolida como un derecho absoluto. El Hospital Rosales marca un hito de infraestructura que demuestra que la verdadera dignificación ciudadana comienza cuando lo mejor del Estado ejecutado por la firme voluntad del gobierno se pone a disposición de las mayorías.

    El presidente Nayib Bukele la semana anterior ha brindado un gran ejemplo a nuestro país, a toda su sociedad, pero también al mundo, al dignificar a los sectores más vulnerables, a lo que siempre anduvieron esperando la caridad, las recolectas, el pedir por cualquier medio para prolongar unos meses el fallecimiento, ahora podrán recibir atención médica élite de primer mundo, se podrá prevenir, tratar, curar y prolongar las vidas por años sin secuelas. Pero también ha brindado una poderosa lección, los más necesitados, los pobres merecen una atención médica especializada y que su frase, cobro vida, el nuevo Hospital Nacional Rosales es el mejor de El Salvador, de nuestra región y uno de los mejores del continente. Usted deja un gran y verdadero legado a nuestro país.

    *Por Ricardo Sosa / Doctor y Máster en Criminología / @jricardososa
     
     

  • La salud pública salvadoreña: entre la modernización y los desafíos pendientes

    La salud pública salvadoreña: entre la modernización y los desafíos pendientes

    El comunicado oficial del Colegio Médico de El Salvador, publicado el 5 de junio, reconoce la importancia de que el país cuente con un hospital renovado y modernizado como el nuevo Hospital Nacional Rosales, aunque aclara que esta obra fortalece principalmente la atención especializada. El documento también denuncia el desabastecimiento de insumos y medicamentos en el sistema nacional de salud, expresa su rechazo a la contratación de médicos extranjeros y cuestiona las jornadas laborales de 12 horas. En su segundo párrafo concluye: “La salud pública se mide por resultados, no únicamente por edificios.”

    En esencia, el Colegio Médico tiene razón. La evaluación de la salud pública no debe limitarse a la infraestructura hospitalaria, sino centrarse en los resultados sanitarios que se reflejan en la población. Desde esta perspectiva, El Salvador ha registrado avances importantes durante las últimas décadas. La esperanza de vida al nacer pasó de 44.3 años en 1950 a 72.3 años en 2024, mientras que la mortalidad infantil descendió de 101 por cada 1,000 nacidos vivos en 1950 a 9.3 en 2025. Ambos indicadores reflejan mejoras sostenidas en la supervivencia, la atención sanitaria y las condiciones generales de vida.

    Sin embargo, estos avances deben analizarse junto con otros indicadores que permiten valorar con mayor precisión el desempeño real del sistema de salud: el acceso efectivo a los servicios, la calidad de la atención y la reducción de las muertes evitables.

    En cuanto al acceso efectivo, El Salvador ha mostrado progresos institucionales desde la reforma sanitaria iniciada en 2009, orientada a ampliar la cobertura y fortalecer la atención primaria. No obstante, persisten limitaciones estructurales —entre ellas el financiamiento insuficiente, el desabastecimiento de insumos y las desigualdades territoriales— que impiden que dicho acceso se traduzca de manera homogénea en atención oportuna, continua y de calidad para toda la población.

    La calidad de la atención médica también presenta una realidad compleja. En los últimos años se han realizado inversiones importantes en infraestructura, equipamiento, digitalización y reorganización de servicios. Sin embargo, la calidad no depende únicamente de edificios modernos o sistemas informáticos avanzados; también requiere garantizar atención segura, resolutiva, oportuna y centrada en el paciente en todos los niveles de atención.

    Por otra parte, la tendencia general de las muertes evitables en El Salvador es favorable. Los datos disponibles muestran una reducción gradual de la mortalidad potencialmente evitable durante el período 2000-2024. Sin embargo, el ritmo de mejoría se ha desacelerado durante los últimos años, lo que indica que todavía existe un amplio margen para reducir fallecimientos asociados a enfermedades crónicas, factores de riesgo y barreras de acceso a servicios de salud oportunos.

    Respecto al tema más debatido en la actualidad —el abastecimiento de medicamentos e insumos— la situación merece un análisis equilibrado. Mientras el Ministerio de Salud sostiene que el abastecimiento nacional supera el 95 %, sindicatos médicos, pacientes y diversos medios de comunicación han documentado un aumento de los reportes de desabastecimiento durante 2024 y 2025, particularmente en el Instituto Salvadoreño del Seguro Social. La ausencia de indicadores públicos, periódicos y verificables dificulta determinar con precisión la magnitud del problema; sin embargo, la frecuencia de las denuncias sugiere que el acceso oportuno a medicamentos e insumos esenciales se ha deteriorado en algunos segmentos del sistema público.

    Es evidente que el actual gobierno ha concentrado una parte importante de sus esfuerzos en la infraestructura sanitaria. El presupuesto del Ministerio de Salud pasó de aproximadamente 668 millones de dólares en 2019 a más de 1,170 millones en 2025. El proyecto emblemático de esta estrategia ha sido el nuevo Hospital Nacional Rosales, inaugurado en junio de 2026, con tecnología de alta complejidad y una capacidad proyectada de aproximadamente 1,400 consultas y 120 cirugías diarias.

    No obstante, la evidencia es menos favorable cuando se examinan aspectos operativos como el abastecimiento. El propio Plan Estratégico Institucional del Ministerio de Salud estableció como meta mantener al menos un 95 % de disponibilidad de medicamentos esenciales en todos los establecimientos. A pesar de ello, entre 2024 y 2026 aumentaron las denuncias sobre faltantes de medicamentos e insumos, especialmente en el ISSS y algunos hospitales nacionales. Paralelamente, surgieron cuestionamientos relacionados con reasignaciones presupuestarias y reducciones de fondos destinados a ciertas áreas hospitalarias.

    En cuanto a los resultados sanitarios, los organismos internacionales coinciden en que la mortalidad prematura potencialmente evitable ha disminuido durante las últimas dos décadas. Este dato sugiere que el sistema de salud continúa produciendo mejores resultados que en el pasado. Sin embargo, los avances recientes son más graduales y menos acelerados que los observados en períodos anteriores.

    Ante el comunicado del Colegio Médico, quizás la respuesta más razonable sea reconocer que el sistema público de salud salvadoreño atraviesa una transformación importante. Las inversiones históricas en infraestructura y equipamiento, ejemplificadas por el nuevo Hospital Rosales y el incremento sostenido del presupuesto sectorial, constituyen avances innegables. Pero también es cierto que la modernización física del sistema convive con desafíos persistentes relacionados con el abastecimiento de medicamentos, la disponibilidad de insumos, la gestión del recurso humano y la sostenibilidad financiera.

    En consecuencia, la verdadera medida del éxito de la reforma sanitaria no será la cantidad de hospitales construidos ni el costo de los equipos adquiridos, sino la capacidad del Estado para transformar esa inversión en servicios de salud oportunos, sostenibles y accesibles para toda la población. Al final, tanto el Gobierno como el Colegio Médico deberían coincidir en un punto fundamental: la infraestructura es indispensable, pero los resultados en salud siguen siendo el criterio definitivo para evaluar cualquier sistema sanitario.

    Soy miembro del Colegio Médico y procuro contribuir al fortalecimiento del gremio mediante el estudio objetivo de la realidad del sistema de salud y de sus necesidades. Soy consciente de sus imperfecciones, como también de los avances alcanzados. Después de todo, ninguna obra humana es perfecta; lo importante es mantener la capacidad de reconocer los logros, señalar las deficiencias y trabajar constantemente para mejorar.

    *El Dr. Alfonso Rosales es médico epidemiólogo y consultor internacional

  • Capacitar a todas las familias para que nadie tiemble de frío

    Capacitar a todas las familias para que nadie tiemble de frío

    Nuestro principal deber es hacer comunión y comunidad, generar vínculos y tomar el aire de los sueños compartidos. Sin calor de hogar, nada somos, necesitamos sentirnos cobijados y acompañados. Cualquier ser pensante, que se sienta solo en el planeta, es un ser que tirita de crudeza. Es cierto, que el lazo que nos une como auténtica familia, no tiene porque ser de sangre, sino de respeto y de alegría mutua. Rara vez los miembros de un mismo linaje crecen bajo el mismo techo. Esto nos demanda a ser más corazón que coraza. La vida nos requiere implicación; por tanto, ser progenitores es un viaje lleno de estima, de desafíos y de aprendizaje sin fin. De ahí, la importancia de empoderar a todas las genealogías para que puedan ir hacia adelante.

    Ciertamente, nos requerimos conjuntamente, ya sea para el desarrollo de habilidades, para dar autoridad o permiso, o para ganar fuerza o autonomía. Ser antecesores justos, es el trabajo más importante del mundo, yo diría que el primordial. Sin embargo, aún muchos ascendientes no disponen del tiempo y tampoco del apoyo preciso, para estar con sus retoños. En efecto, la implicación de los padres es vital para el bienestar y la salud integral de los niños, incluso para su éxito académico. Será benigno, por consiguiente, continuar ahondando en nuevos marcos normativos de protección a las familias, que permitan entornos más favorables a la savia hogareña, incorporando la perspectiva de género, reconociendo y protegiendo la diversidad de modelos de convivencia conyugal.

    Una mejor conciliación laboral y familiar, debe ser una cuestión social prioritaria en cualquiera de los rincones del orbe, a la vez que impulsar la igualdad de oportunidades, la lucha contra la pobreza y la exclusión social. En consecuencia, la financiación de servicios y programas sociales de protección a la parentela, así como la atención a la pobreza infantil, la considero más esencial que nunca, cuando todo se disgrega y se divide, por esa falta de comprensiva concordia y exceso de egoísmo. Por desgracia, la lógica individualista y mercantil del intercambio interesado tiende a violentar incluso el ámbito de las relaciones interpersonales, volviéndolas falsas y frágiles, mientras que sería bienhechor afianzar lo contrario, que los valores de la estirpe humanizasen el mercado.

    Es evidente que el futuro de la humanidad pasa por el tronco humanitario, no por ser una sociedad competitiva, donde parece que únicamente los briosos y los ganadores merecen vivir; como si tan sólo las estructuras económicas e institucionales, fuesen lo prioritario. Ojalá aprendamos a reprendernos, a valorar y a reconocer en las personas un valor cardinal, el del amor de amar amor, por encima de cualquier sistema de producción en masa, que lo único que hace es esclavizarnos y corrompernos. Quizás sea saludable despertar, asociarse y oírse, evitando nuevas concentraciones de poder dominador, que para nada tienen en cuenta el enlace entre la docencia y la decencia del trabajo, la justa remuneración y la posibilidad real para las filiaciones de llevar una vida digna.

    Son los ciudadanos los que deben contar, cada uno de ellos y sus proles. Y en este sentido, tampoco podemos perder la esperanza de trabajar unidos en pos del bien colectivo, lo que significa tener un proyecto compartido. Ser hijo de unos buenos patriarcas, ¡qué gran riqueza es! Unos sensatos predecesores valen por cientos de maestros. No podemos descuidar el uso de nuestras herramientas afectivas. Esto no significa estar en contra del progreso, sino ejercitar un cuidado responsable hacia el sentido natural. Precisamente, creo que urge la labor de un equilibrio más ético, por ejemplo entre la velocidad del desarrollo tecnológico y el ritmo con el que madura la conciencia, el rol de madres y padres por concebir un mundo más de todos y de nadie en particular. O sea, ¡humano!

     

  • El nuevo Hospital Rosales: una apuesta histórica por la salud pública salvadoreña

    El nuevo Hospital Rosales: una apuesta histórica por la salud pública salvadoreña

    ¡Impresionante! Eso es lo que pensé al presenciar el tour que nos brindó el presidente Bukele la noche del lunes 1 de junio del nuevo Hospital Rosales. Si me lo contaran, no lo creería, pero lo estaba observando. Habiendo sido paciente en dos de los hospitales más prestigiosos de Estados Unidos —el Centro Médico de la Universidad de California en San Francisco (UCSF), considerado entre los mejores de California y del país, y el Hospital Johns Hopkins, referente mundial en medicina e investigación—, debo reconocer que la infraestructura física y el equipamiento tecnológico del nuevo Hospital Rosales me parecieron, en varios aspectos, comparables e incluso superiores.

    Naturalmente, la verdadera evaluación de un hospital no se limita a sus edificios o equipos. Falta observar cómo se traducirá esta capacidad instalada en resultados concretos: porcentaje de ocupación de camas, duración promedio de estancia, tiempos de espera en emergencias, productividad quirúrgica, consultas externas, pruebas diagnósticas, así como su capacidad de adaptación ante emergencias sanitarias o aumentos súbitos de demanda.

    Con una inversión de 61.2 millones de dólares, financiada mediante fondos propios y préstamos del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) y del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), El Salvador pone a disposición de la población una de las infraestructuras hospitalarias más modernas de su historia.

    El nuevo Hospital Rosales cuenta con el servicio de emergencias más grande del país, 502 camas censables para pacientes ingresados y 102 camas no censables para observación. Dispone además de nueve quirófanos completamente renovados, cirugía robótica —tecnología actualmente disponible en muy pocos hospitales de Centroamérica—, 47 especialidades médicas, 87 consultorios, 44 salas de procedimientos y capacidad para atender más de 1,400 pacientes diarios en consulta externa.

    Su capacidad operativa incluye hasta 120 cirugías por día, más de 300 pruebas de laboratorio por hora, dos resonancias magnéticas, tomografía computarizada de 128 cortes y un moderno sistema PET-Scan para pacientes oncológicos. Adicionalmente, el hospital se integra a la Red Nacional Hospitalaria y al sistema de telemedicina DoctorSV.

    El nuevo Rosales supera ampliamente cualquier hospital público o privado existente en el país. Aunque las comparaciones regionales son complejas debido a las diferencias metodológicas en la publicación de indicadores hospitalarios, la evidencia disponible sugiere que actualmente se encuentra entre los hospitales con mayor capacidad instalada, volumen potencial de atención y nivel tecnológico de Centroamérica.

    Otro aspecto relevante es el recurso humano. No existe una relación universalmente aceptada entre número de camas y personal sanitario, ya que esta depende del tipo de hospital, la complejidad de los pacientes y los servicios ofrecidos. Sin embargo, los hospitales generales de alta complejidad suelen operar con una relación de entre cuatro y siete empleados por cama.

    Si se consideran las 604 camas totales del nuevo Rosales y los 3,200 trabajadores anunciados, la relación es de aproximadamente 5.3 empleados por cama. Este indicador se encuentra dentro de los estándares observados en hospitales modernos de alta complejidad y resulta coherente con una institución que aspira a ofrecer cirugía robótica, cuidados intensivos avanzados y decenas de especialidades médicas.

    No obstante, una valoración más precisa requerirá conocer la distribución interna del personal: médicos especialistas, enfermeras profesionales, personal técnico, camas de cuidados intensivos y cobertura efectiva de los diferentes turnos. La experiencia internacional demuestra que el principal cuello de botella hospitalario-rara vez son las camas físicas; suele ser la disponibilidad de personal altamente capacitado.

    Comparado con algunos de los hospitales académicos más prestigiosos del mundo, el indicador de 5.3 empleados por cama es sólido, aunque inferior al observado en instituciones como Cleveland Clinic, Johns Hopkins o Mayo Clinic. Sin embargo, estas organizaciones también desarrollan amplias actividades de investigación, docencia y atención ambulatoria que dificultan una comparación directa.

    Lo indiscutible es que el nuevo Hospital Rosales representa un salto cualitativo sin precedentes para la salud pública salvadoreña y redefine el estándar de infraestructura hospitalaria en el país. El nuevo Hospital Rosales constituye mucho más que una obra de infraestructura; representa una apuesta estratégica por elevar la capacidad resolutiva del sistema nacional de salud. Sus modernas instalaciones, equipamiento de última generación y ampliación de servicios especializados colocan a El Salvador en una posición destacada dentro de la región. Sin embargo, el verdadero éxito del proyecto dependerá de su capacidad para atraer y retener talento humano, mantener altos estándares de calidad y traducir su impresionante capacidad instalada en mejores resultados de salud para la población. La inauguración marca el inicio de una nueva etapa; el desafío ahora será convertir esta extraordinaria inversión en beneficios tangibles y sostenibles para los salvadoreños.

    *El Dr. Alfonso Rosales es epidemiólogo y consultor internacional