Categoría: Opinión

  • Muerte violenta y muerte lenta

    Muerte violenta y muerte lenta

    La última encuesta de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas fue presentada recientemente por Iliana Álvarez, directora del Instituto Universitario de Opinión Pública (IUDOP), y Amparo Marroquín quien es la vicerrectora de Proyección Social de dicha casa de estudios. Este sondeo ha sido objeto de críticas por parte de quienes no aceptan algunos de sus resultados como ‒por ejemplo‒ los relacionados con los niveles de confianza expresados por la población hacia instituciones y figuras gubernamentales, comenzando por la del inconstitucional. Una de las voces que han formulado abiertamente sus cuestionamientos al respecto es la del administrador de empresas Juan José Ortiz, quien además tiene estudios de maestría en Desarrollo Local y en Economía para el Desarrollo; asimismo representa y ejerce la vocería de las afectadas y afectados en el caso del escándalo financiero de la Cooperativa Santa Victoria (COSAVI), de la cual se benefició el partido oficialista Nuevas Ideas. Está con las víctimas, pues.

    Ortiz señaló que la medición se realizó del 2 al 13 de diciembre del 2025, por lo que no se consideraron en la misma los “golpes que la economía familiar” recibió “al final del año”; para este analista, debido a ello no se pudo medir “el sentimiento de malestar” generado por “el despido de más de 20 000 empleados del sector público”. Sostiene entonces que, pese a que el IUDOP la presenta como la opinión de las salvadoreñas y los salvadoreños “sobre el año 2025”, lo anterior revela un problema metodológico de dicha exploración. Por eso, aseguró, Nayib Bukele aparece valorado con una nota de 8.33.

    Entonces, pregunta, ¿qué habría pasado si la encuesta se hubiera realizado al inicio de este 2026? Probablemente, se responde, la calificación recibida habría sido “mucho más baja”; aunque, desde mi perspectiva, quizás lo más apropiado sería decir “menos alta”. ¿Y qué habría pasado –pregunto yo– si la encuesta se hubiera realizado al final de enero del presente año, luego de la aprobación legal del pago de la “Quincena 25” al personal del sector público y al que las empresas privadas quisieran, con un tope salarial de 1500 dólares? Quizás la nota se hubiese incrementado. Es cuestión de mercadeo oficialista y su impacto en la gente; o pan para hoy y hambre para mañana.

    En cuanto al “nivel de confianza” que las personas entrevistadas dicen depositar en Bukele, en una escala del uno al cien este alcanzó los 77 puntos. Pero ese dato se basa esencialmente en la seguridad ciudadana que, según el IUDOP, junto con el combate a las pandillas y la delincuencia recibe el beneplácito de casi el 70 % del público abordado; esa es la dimensión porcentual de quienes sostienen que “es lo mejor que está sucediendo actualmente en El Salvador”. Pero con otros de los componentes de lo que constituye la seguridad humana, ¿qué pasa? Veamos.

    Más de noventa entre cada cien resienten que el costo de la vida siguió igual o creció arriba de los dos tercios; los precios de la canasta básica subieron para casi el 70 % de la población interrogada y esto afectó negativamente la situación económica familiar del 75; el desempleo se incrementó para casi un 40 % y en similar proporción la gente opinó que seguía igual; el salario mínimo fue elevado en un 12 %, pero al evaluar dicha medida casi seis de cada diez opiniones indicaron que la mejoría fue poca o nula; no hubo alivio en la economía familiar de más de la mitad de la población y empeoró para casi un cuarto; entre quienes dejaron de comprar alimentos o medicinas y redujeron sus gastos, junto a quienes suspendieron un tiempo de comida diario, el total alcanza cerca del 15 %. Además, a más de seis de cada diez les preocupa la elevada dependencia que el país tiene de las remesas.

    ¿Adónde quedan entonces las seguridades alimentaria, en salud y financiera? ¿Y la seguridad jurídica en un país en el cual al amigo se le interpreta la ley y al enemigo se le aplica? ¿En qué lamentable estado se encuentra esta con una crecida cantidad de personas inocentes detenidas, víctimas de la violación de sus garantías judiciales y de las normas del debido proceso legal? ¿Y la ambiental, cuando casi el 70 % de la gente responde en la encuesta que la Ley general de minería metálica en El Salvador ‒aprobada hace más de un año‒ no la ha beneficiado nada o solamente un poco?

    Se ha superado la indignante muerte violenta, producto del accionar pandilleril, que se paseaba tenebrosa entre nuestras mayorías populares; pero la insultante muerte lenta que genera la injusta estructura económica y social sigue peligrosamente al acecho, presente y creciente.

  • Feminicidios a la baja y denuncias oportunas

    Feminicidios a la baja y denuncias oportunas

    La tendencia de feminicidios en El Salvador es hacia la baja en los últimos cinco años y aunque suene sarcástico, inapropiado o hiriente por las víctimas, eso es bueno; aunque lo ideal es que no haya un tan solo homicidio en el país.

    En 2021 en El Salvador hubo132 feminicidios, la mayoría cometidos por pandilleros, de ese total, al menos 17 fueron cometidos por la pareja o expareja de la víctima. Un año después, en 2022, la cifra de feminicidios se redujo a 61 hechos, 17 de los cuales el victimario fue el compañero o excompañero de vida. En 2023 la cifra bajó a 46 feminicidios, de los que 23 fueron cometidos por parejas sentimentales. En 2024, se tuvo 38 feminicidios, 20 de los cuales fueron perpetrados por compañeros o excompañeros de vida. El año pasado, oficialmente se registraron 26 feminicidios y de ellos el 50 por ciento; es decir, 13 fueron cometidos por la pareja o expareja sentimental de la víctima. El resto fueron producto de la delincuencia y la intolerancia.

    La tendencia es hacia la disminución. En 2025 los feminicidios disminuyeron en un 33 por ciento respecto a 2004 y en lo que va del año solo se conoce el caso ocurrido el  pasado 19 de enero cuando una mujer de 47 años fue  asesinada por su pareja en Santa Ana. Supuestamente el hombre, de 43 años, utilizó una almohada para asfixiar a su mujer, aunque no se tiene aún certeza si el victimario será acusado de feminicidio u homicidio. En cualquier circunstancia el crimen es condenable. Horrible.

    Para muchos la reducción de los feminicidios obedece a la aplicación del Régimen de Excepción, pues antes la mayoría de estos crímenes eran cometidos con alevosía por pandilleros que ahora yacen en las cárceles. Para otros, la reducción obedece a la drasticidad de las leyes que sanciona este tipo de crimen hasta con 50 años de prisión. Hay quienes consideran que la disminución es producto del aumento de la denuncia a tiempo ante las instituciones respectivas. Algo de cierto debe de haber en las tres consideraciones, pero no es suficiente. Ojalá y un año lleguemos a tener cero feminicidios en el año y una considerable rebaja en los casos de violencia contra la mujer e intrafamiliar.

    Idealmente ninguna mujer debe ser sometida a violencia de ningún tipo. No hay cifras oficiales de casos de violencia contra la mujer, pero según los organismos feministas, ésta sigue dándose en la sociedad salvadoreña de manera física, verbal, psicológica, patrimonial, económica y todas las formas posibles.

    Vivimos en un contexto donde aún hay hombres torpemente envalentonados, dominados por los efectos del alcoholismo, las drogas, el machismo y los defectos de carácter, que se consideran superiores a las mujeres y por ende con “derecho” a ejercer violencia contra ellas. En muchos hogares todavía prevalece el sometimiento y el dominio del hombre sobre la mujer, porque idiotamente piensan que por ser el que provee el sostenimiento material  de una familia tiene privilegios de agresor.

    Por lo general la violencia contra la mujer es la antesala del feminicidio, por eso hay que seguir fomentando la denuncia como arma para evitar las fatalidades. Decir que en 2025 hubo 26 feminicidios de los cuales la mitad fueron ejecutados por parejas (compañeros o esposos) y exparejas es preocupante. No se debe ser conformista y decir que en años anteriores las cifras rondaban en más de 100 feminicidios anuales. El Estado y cada ciudadano debemos fomentar y vivir una cultura de paz y respeto. La tolerancia es necesaria para la sana convivencia.

    Las instituciones que reciben denuncia ya están establecidas y hay que aprovecharlas. La Fiscalía General de la República, la Policía Nacional Civil, distintas organizaciones no gubernamentales, la Procuraduría General de la República y otras instancias son entes activos obligados a recibir y procesar con actuaciones a tiempo cada una de las denuncias. Todos podemos ser solidarios y denunciar, incluso, casos reales de violencia contra la mujer y maltrato intrafamiliar de los cuales tenemos conocimiento en nuestras comunidades. Podemos evitar un crimen y eso es bueno.

    En un país donde casi todos nos conocemos es posible erradicar los feminicidios a través de la denuncia. De manera transversal y sistemática, la iglesia y el Estado pueden hacer mucho, generando conciencia sobre la importancia de la denuncia a tiempo. El sistema educativo debe, en alguna de las asignaturas y en los niveles académicos adecuados, educar para la paz y el respeto, promoviendo la denuncia a tiempo de la violencia contra la mujer y la violencia intrafamiliar. El autocuido, como convivencia, debe ser parte de la formación académica.

    Todos queremos un país sin homicidios. Ojalá que algún año lo cerremos con una disminución notable de violencia contra las mujeres y de casos de violencia intrafamiliar. Idealmente con cero feminicidios… sin homicidios.

    *Jaime Ulises Marinero es periodista 

  • El “ya no puedo” de muchas mujeres empresarias

    El “ya no puedo” de muchas mujeres empresarias

    Hubo un momento —silencioso, incómodo y muy personal— en el que pensé: ya no puedo. No fue un día caótico ni un gran fracaso visible. Fue una acumulación de decisiones, responsabilidades y expectativas que, sin darme cuenta, había cargado sola mientras hacía empresa.

    Ese “ya no puedo” no vino del cansancio físico, sino del peso de sostenerlo todo. El negocio, los resultados, las personas, la imagen de fortaleza. Porque cuando una mujer emprende, muchas veces siente que no puede fallar, que no puede bajar el ritmo, que no puede mostrarse vulnerable sin que eso cuestione su liderazgo.

    Durante mucho tiempo confundí compromiso con desgaste. Creí que mientras más me exigiera, más merecía que el negocio creciera. Ahí entendí algo clave: el “ya no puedo” no hablaba de incapacidad, hablaba de un modelo que ya no era sostenible. No era yo la que fallaba; era la forma en que estaba liderando sin espacio para pensar, ordenar o respirar.

    Decir “ya no puedo” fue el inicio de hacer empresa con más conciencia. Empecé a cuestionar qué sí era realmente prioritario, qué podía delegar y qué decisiones estaba postergando por miedo a incomodar o a perder control.

    Desde ese punto, mi relación con el negocio cambió. Dejé de medir el éxito solo por cuánto resistía y empecé a medirlo por cuánto me permitía crecer sin romperme. Y, curiosamente, cuando yo me ordené, la empresa también lo hizo.

    Ser empresaria no debería significar vivir al límite. Debería significar tener claridad, foco y una estructura que te sostenga, no que te consuma. Aprendí que liderar también es poner límites y que esos límites, lejos de frenar el crecimiento, lo hacen más sólido.

    El beneficio más grande de aceptar ese quiebre fue recuperar la capacidad de decidir con calma. Negociar mejor, elegir mejor a quién decirle sí y a quién decirle no, y entender que no todo ingreso vale el costo personal que implica.

    También cambió mi manera de verme como emprendedora. Dejé de exigirme ser incansable y empecé a exigirme ser estratégica. Esa transición no solo mejoró mis resultados, mejoró mi forma de estar en mi propio negocio.

    Hoy sé que muchas mujeres empresarias están justo ahí, en ese punto donde el “ya no puedo” se susurra con culpa. Y quiero decirles algo desde la experiencia: escuchar esa frase a tiempo puede salvar tu energía, tu visión y tu empresa.No se trata de rendirse ni de bajar la visión. Se trata de cambiar la forma en que se sostiene el crecimiento. Porque una empresa liderada por una mujer que se cuida no es más débil; es más consciente, más rentable y más duradera.

    Si hoy estás pensando “ya no puedo”, tal vez no sea el final de tu camino emprendedor. Tal vez sea el momento exacto en el que estás empezando a emprender de verdad.

    •Amanda Rodas, emprendedora y consultora de comunicaciones

     

  • José Martí y la resiembra de la esperanza

    José Martí y la resiembra de la esperanza

    En este 173 aniversario del natalicio de José Martí se aprecia entre los cubanos una mayor confianza en el futuro, concurrente, con la profunda y vasta crisis que enfrenta el sistema totalitario castrista, tan grave, en la opinión de muchos, que no descartan el fin de esa tiranía, aunque el totalitarismo se haya fundado sobre la desesperanza y la permanencia del sistema.

    Es apropiado reconocer que la represión bajo el totalitarismo tiene un formato integral y diversificado que ha intoxicado con el terror a la mayoría de la población. Las regulaciones restrictivas de un sistema absoluto trascienden lo policial ya que hacen acto de presencia en el mundo laboral, educativo y social, incluyendo la familia. No hay actividad ajena al control del estado después que se implanta un sistema totalitario.

    Esta gestión tan abarcadora limita en gran medida la formación de una oposición articulada nacionalmente con propuestas de carácter social y reivindicativas que promuevan proyectos políticos y sociales, factor que impide a los opositores promover protestas y reclamos que le conviertan en opción de cambio.

    El control es tan dominante que la inmensa mayoría de la población se siente desamparada ante las autoridades del estado.

    La indefensión y la desesperanza es un sentir extendido en toda la sociedad, producido, por la supremacía del estado, gobierno y partido, en los más ínfimos detalles del quehacer diario.

    Por suerte, para los cubanos, nuestra historia cuenta con las doctrinas y ejemplos que nos dejó José Martí, parte fundamental de nuestro pensamiento nacional. La vocación patriótica del “Maestro”, su confianza en el futuro y su hacer constante a favor de su utopía, una república “con todos y para el bien de todos” son referentes para cualquier ciudadano con conciencia cívica, como lo fueron sus convicciones sobre la libertad individual y la soberanía popular.

    Martí, siempre se manifestó con mucha claridad sobre los derechos inalienables del hombre al subrayar que la «Libertad es el derecho que todo hombre tiene a ser honrado, y a pensar y a hablar sin hipocresía», mientras, el castrismo se ha sostenido perpetuamente en el oportunismo, la mentira y el engaño.

    El sistema totalitario está afincado en una doble moral, en la que el vasallo oculta sus opiniones y actúa en base a lo que le conviene a su sobrevivencia, una hipocresía integral que se ha convertido en el agente más corrosivo que enfrenta el despotismo.

    Las diferencias entre las propuestas políticas de Martí con las del tirano Fidel Castro, son abismales. El Maestro siempre difundió la esperanza y fue muy explícito cuando escribió “Patria es humanidad, es aquella porción de la humanidad que vemos más de cerca y en que nos tocó nacer; y ni se ha de permitir que con el engaño del santo nombre se defienda a monarquías inútiles, religiones ventrudas o políticas descaradas y hambronas”, una descripción del castrismo muy difícil de igualar.

    En cambio, los hermanos Castro persistentemente identificaron la Patria con la Muerte, como si fuera parte de su patrimonio, una heredad en la que no hacen diferencias entre rebaños y personas, eliminando así toda esperanza de los ciudadanos que, transformados en siervos, esperan una vida mejor.

    El apóstol cubano con una indudable visión de futuro advirtió en la “Futura Esclavitud”,1884, sobre el peligro de concentrar el poder en el estado, señalando que «De ser siervo de sí mismo, pasaría el hombre a ser siervo del Estado», destacando a su vez el surgimiento de una nueva clase que llama “funcionarios”, burócratas, una angustiante realidad que sufren los cubanos desde hace más de seis décadas.

    Las esperanzas han crecido y fortalecido por factores propios de los pueblos y gracias a la decisión del presidente Donald Trump de encarcelar a Nicolás Maduro, más sus advertencias a los dictadores de Cuba y Nicaragua de que sus   depredaciones han llegado a su final, lo que sumado al agotamiento del despotismo en ambos países ha motivado el renacer de la esperanza de cambios que conduzcan a la democracia o al menos, al derrocamiento de los opresores.

    Es fácil apreciar que Miguel Diaz Canel y sus sicarios, al igual que la dupla Ortega-Murillo y las huestes de facinerosos que le acompañan, se sienten inseguros, temen por su futuro porque la impunidad que han disfrutado por años se les está terminando.

  • Norman Quijano, el cumplimiento de su condena y la caída de la vieja política

    Norman Quijano, el cumplimiento de su condena y la caída de la vieja política

    La imagen de Norman Quijano ingresando bajo custodia policial para cumplir su condena no es solo una representación gráfica, video o de la foto de un político caído en desgracia y en soledad por su partido político; es el epílogo visual de una de las eras más oscuras de la historia reciente de El Salvador. Quien fuera presidente de la Asamblea Legislativa, jefe de fracción legislativa de ARENA, alcalde de la capital, una de las principales figuras políticas de derecha salvadoreña y el candidato presidencial que casi toca la gloria y el poder en 2014, y quien, en la segunda vuelta electoral, el 9 de marzo 2024, perdió por un estrecho margen ante Salvador Sánchez Cerén, con el 49,9% del voto popular, hoy cruza el umbral de la prisión no como un mártir político, sino como el símbolo de un sistema que decidió cogobernar con el crimen organizado y las pandillas, y que fue la principal apuesta por llegar al poder, continuar el legado criminal del expresidente Mauricio Funes Cartagena del FMLN quien fue el padre de la tregua y de lanzar a la vida plena política a los criminales.

    La captura al bajar del avión donde venía deportado de Estados Unidos de Norteamérica y encarcelamiento de Norman Quijano cierra al menos un capítulo de impunidad que parecía eterno. Durante años, la narrativa oficial de los partidos tradicionales ARENA y FMLN fue la de ser enemigos acérrimos de las pandillas ante las cámaras, radio, prensa y redes sociales, mientras que, en la oscuridad de las casas de seguridad y algunas sedes de organizaciones religiosas utilizadas como fachada, se convertían en sus socios financieros y las guaridas para comprarles y rogarles que obligaran a la población a votar por ellos.

    El caso del año 2014, por el cual Quijano ha perdido su libertad, es quizás el ejemplo más cínico de esta simbiosis criminal. En aquella contienda electoral, desesperado por cerrar la brecha contra Salvador Sánchez Cerén, el entonces candidato de la continuidad de la «Súper Mano Dura» el que dijo llorando ante cámaras “Un país libre de maras no es un sueño, es tu derecho. Yo sé lo que hay que hacer, y tú también. Todos sabemos. La obligación más urgente del próximo presidente, es hacerlo. Soy el único, EL ÚNICO, que de cara al país y mirándote a los ojos, asume el compromiso” No buscó, si se esforzó convencer a la ciudadanía con propuestas de un plan de gobierno; buscó a los cabecillas de la MS-13 y del Barrio 18 con sus dos fracciones para comprar su franquicia territorial con el aval, autorización y visto bueno de la dirigencia del partido COENA, no era un secreto, y de posibles grupos económicos de poder o empresarios, sino de ¿Cuál es el origen del dinero entregado a los criminales? ¿quién financió?  no era dinero de él, ni de las personas cercanas o de su comando de campaña. O ¿era dinero del partido de la deuda política? La pregunta es por qué los condenados guardaron silencio, y han aceptado irse solos a la celda, el baño de realidad es sencillo, los abandonaron y ahora sus amigos  dicen que ya fueron expulsados del partido y que funcione el sistema.
    Los videos, fotografías y audios que salieron a la luz pública grabados por sujetos que en su mayoría no tenían cursado ni la educación básica fueron más inteligentes que ellos con carreras universitarias, en su momento fueron devastadores. No eran rumores; era la evidencia visual de un político de alto nivel ofreciendo millones de dólares si ganaban en ayuda y apoyo del presupuesto general de la Nación, y pagó una prima de $100,000 a las dos pandillas criminales y ofreció beneficios carcelarios a cambio de votos y dejarlos operar contra la población en los territorios bajo influencia, dominio y control de las pandillas. Lo que Quijano negoció no fue solo apoyo electoral; negoció la soberanía del Estado, pero sobre todo la sangre y masacres para la población. Al entregar dinero a las pandillas, financió las balas y armas que matarían a salvadoreños inocentes en los años subsiguientes. Todo por la ambición que su partido político, sus amigos y el regresaran al poder del ejecutivo. Ni en Netflix han podido producir este guion criminal. Este ingreso a prisión envía un mensaje contundente que resuena en toda América Latina: el poder obtenido mediante pactos con el crimen organizado tiene fecha de caducidad.

    Durante una década, la clase política salvadoreña creyó que podía utilizar a las pandillas como una herramienta electoral desechable: se les pagaba, se ganaba la elección y luego se administraba el caos. Pero subestimaron el costo moral y social de esa transacción. Al validar a los pandilleros como interlocutores políticos, erosionaron la autoridad del Estado hasta dejarlo casi inoperante, estado fallido es poco para lo que el FMLN y ARENA le dejaron a El Salvador.

    La condena de Quijano destruye el argumento de que negociar con criminales era un «mal necesario» para mantener la paz. Al contrario, fue el combustible que permitió a las estructuras criminales crecer, armarse y someter a la población, sabiendo que tenían a los «padres de la patria, al presidente y ministros» en su nómina.

    Hoy, mientras El Salvador transita una realidad de seguridad diametralmente opuesta siendo el país con la menor tasa de violencia homicida en el continente, delitos de alto impacto en su mínima expresión, las pandillas criminales sin organización, ni capacidad de operar, ver a uno de los arquitectos del viejo pacto tras las rejas sirve de recordatorio histórico. No se puede construir un país con seguridad, paz y en la búsqueda del desarrollo humano sobre los cimientos de la extorsión y la sangre, pactando con el crimen organizado.

    La ejecución de la justicia ha tardado, ha sido compleja y ha requerido voluntad política férrea, pero finalmente ha llegado, no sin antes destacar la labor y trabajo del señor Fiscal General de la República licenciado Rodolfo Antonio Delgado Montes quien desarrollo todo el proceso completo con los fiscales auxiliares que designo, gracias a su firme decisión este caso no quedo en la impunidad demostrado en sede judicial con pruebas documentales, periciales, y testimonial. Norman Quijano entra a su celda, y con él, se encierra una forma de intentar hacer política.  La lección es clara para cualquier aspirante a funcionario: con el crimen organizado no se negocia, siempre van a perder, solo que en muchas ocasiones hay que esperar un tiempo para ver el ingreso al penal.

    *Por Ricardo Sosa / doctor y máster en criminología, experto en seguridad nacional 

  • Estados Unidos entre el discurso y la práctica: la nueva suspensión de visas y sus contradicciones migratorias

    Estados Unidos entre el discurso y la práctica: la nueva suspensión de visas y sus contradicciones migratorias

    El Departamento de Estado de los Estados Unidos publicó en su página web una actualización sobre el procesamiento de visas de inmigrante para nacionalidades catalogadas como de alto riesgo de uso de beneficios públicos. A partir del 21 de enero de 2026, el Departamento de Estado pausará todas las emisiones de visas de inmigrante para solicitantes que sean ciudadanos de 75 países, entre los cuales se incluyen 15 del continente americano y tres de Centroamérica: Belice, Guatemala y Nicaragua.

    Esta disposición del gobierno de Trump no afecta las visas de turista, por tratarse de visas de no inmigrante. Sin embargo, va mucho más allá de un travel ban tradicional, pues establece restricciones amplias que impiden a quienes buscan residir permanentemente en Estados Unidos completar sus procesos de visa. La suspensión del procesamiento implica que solicitantes de visas de inmigrante (por trabajo o reunificación familiar), de residencia permanente (green card) o basadas en empleo no podrán avanzar ni recibir citas o entrevistas mientras esta política esté en vigor.

    De igual forma, las familias de ciudadanos estadounidenses y residentes legales podrían quedar separadas por más tiempo, ya que las solicitudes de reagrupación familiar quedan temporalmente congeladas. Esta medida afecta especialmente a cónyuges, hijos y padres.

    Las nuevas restricciones revelan serias contradicciones entre el discurso y la práctica. Aunque no necesariamente infringen normas jurídicas, sí generan inconsistencias en los planos político, administrativo y de resultados. El gobierno de Trump ha declarado su objetivo de ordenar la inmigración, desincentivar la migración irregular y priorizar la inmigración legal y documentada. No obstante, al suspender masivamente el procesamiento de visas, bloquear la reunificación familiar y cerrar canales legales a personas que cumplen con los requisitos, se debilitan precisamente las vías que el propio discurso político dice querer fortalecer.

    La evidencia histórica es clara: este tipo de medidas no reducen de manera sostenible el movimiento migratorio. Las personas no dejan de migrar; simplemente cambian de ruta. La historia migratoria de Estados Unidos lo ha demostrado una y otra vez: cuando las vías legales se vuelven inaccesibles, lentas o impredecibles, la migración irregular aumenta. En consecuencia, una política diseñada para “controlar” termina alimentando lo que busca evitar.

    Al cerrarse las puertas de la inmigración regular —familiar o laboral—, el asilo se convierte en la única opción disponible para muchos. Esta dinámica no solo sobrecarga un sistema ya colapsado, sino que también dificulta la distinción entre quienes realmente necesitan protección internacional y quienes buscan una vía alternativa ante la falta de opciones legales. El resultado es menor control, no más.

    Es cierto que las políticas migratorias del actual gobierno estadounidense buscan enviar una señal de dureza y responder a tensiones del debate político interno. Sin embargo, esa lógica de corto plazo choca con las necesidades estructurales demográficas, laborales, económicas y humanitarias del país.

    Desde el punto de vista económico, la paradoja es igualmente profunda. Estados Unidos enfrenta déficits estructurales de mano de obra en sectores clave —salud, agricultura, servicios y tecnología— y un acelerado envejecimiento poblacional. Restringir las visas de inmigrante no resuelve esos problemas; los agrava. La inmigración legal no representa una carga, sino un activo económico y fiscal ampliamente documentado.

    Nadie cuestiona el derecho soberano de los Estados Unidos a decidir quién entra en su territorio; ese derecho es incuestionable. Lo que sí resulta cuestionable es la coherencia entre el discurso y la práctica. No se puede afirmar que se busca fortalecer la inmigración legal mientras se restringen o congelan los mecanismos que la hacen posible. Si el objetivo real es una inmigración ordenada, segura y legal, la respuesta no pasa por menos visas, sino por mejores procesos, mayor capacidad administrativa y criterios más transparentes.

    De lo contrario, la política migratoria estadounidense seguirá atrapada en su propia paradoja: querer orden, mientras produce desorden.

     

     

     

  • Hipocresías, delirios y decepciones… Solo Carney salvó la reunión en Davos

    Hipocresías, delirios y decepciones… Solo Carney salvó la reunión en Davos

    Generalmente celebrado en la ciudad de Davos, un complejo turístico en los Alpes suizos, el Foro Económico Mundial (FEM) reúne a empresarios e inversores de todo el mundo con líderes políticos desde 1974. El fundador de este encuentro, el controversial economista alemán Klaus Schwab, tuvo por mentor a Henry Kissinger en Harvard, posee un largo historial de acusaciones de corrupción y el año pasado se vio obligado a renunciar a la presidencia del Foro en medio de una nube de escándalos laborales y hasta sexuales.

    Pero la reunión de Davos, por fortuna, consigue algo que ni siquiera la ONU logra con su desacreditada Asamblea General anual: hace sentir a los políticos que pueden hablar con más confianza y menos protocolo. Tal vez por la audiencia a la que acceden directamente con su palabra, los mandatarios suelen aprovechar el FEM para externar sus verdaderas preocupaciones, pedir apoyos y puentear la diplomacia.

    La edición de este año no fue la excepción, pero con una sobrecarga inusitada de hipocresía, delirios y decepción. La hipocresía la puso, en particular, el viejo continente, con la presidenta de la Comisión Europea y el presidente de Francia a la cabeza.

    Tanto Ursula von der Leyen como Emmanuel Macron, por acción y omisión, son responsables protagónicos del espantoso declive europeo actual. Cuando la primera se vanagloria de haber firmado un acuerdo con el Mercado Común del Sur (Mercosur) “después de 25 años de negociaciones”, en realidad ofrece el mejor ejemplo de por qué la lenta y costosa burocracia en Bruselas suma tantos detractores. Por su lado, parecía un mal chiste oír a Macron pronunciarse por un “multilateralismo eficaz”, con casi una década gobernando su país y cooperando activamente en la ineficacia del multilateralismo de su continente. Si Vladimir Putin y Pedro Sánchez hubieran llegado a Davos, el cuarteto más desastroso del último medio siglo en Europa habría estado completo.

    Los delirios del foro, por supuesto, corrieron por cuenta de Donald Trump. Su hiperbólico y enmarañado discurso, por enésima ocasión, estuvo plagado de exageraciones, medias verdades y mentiras completas. Afirmó que la inflación “ha sido derrotada” en Estados Unidos, que los norteamericanos están “muy contentos” con él y que después de la II Guerra Mundial su país había “devuelto” Groenlandia a Dinamarca, como si en algún momento la isla ártica hubiera cambiado de propietario. Volvió a repetir que en 2020 había perdido contra Joe Biden en unas “elecciones amañadas”, que ha logrado resolver “ocho guerras” y que “los medios de comunicación —críticos con él— son terribles”.

    Al día siguiente, como broche de oro, Trump montó una insólita ceremonia junto a otros 19 jefes de Estado y funcionarios para anunciar la creación de una especie de corporación internacional para la paz. Tras llamarla “una de las organizaciones más relevantes jamás creadas”, procedió a pedir que firmaran su estatuto varios de los líderes presentes. Pocas horas después, según cuenta el periodista mexicano Jesús Esquivel, el propio mandatario estadounidense, visiblemente molesto, habría calificado de “un montón de bebés” a esa Junta de Paz, en referencia al tipo de países que de momento la componen, como Kazajstán, Bahréin, Paraguay, Kosovo, Hungría, Marruecos, Pakistán y Argentina, entre otros.

    Este último país, por cierto, presidido por Javier Milei, tuvo una participación decepcionante en Davos. Y no porque el gobernante argentino ofreciera un mal contenido en su discurso, sino porque ninguna de las bellas premisas que compartió sobre la ética, la libertad individual y la eficiencia dinámica es respetada por esos “amigos” que en 2025 mencionó como parte de esa supuesta “alianza internacional de naciones que creen en las ideas de la libertad”, donde incluye al húngaro Orbán, al salvadoreño Bukele y al mismísimo Donald Trump. Si a estos tres personajes Milei los considera defensores del “libertarismo” que él dice abrazar, su admirado Murray Rothbard debe estar retorciéndose en la tumba.

    La agradable sorpresa en Davos la dio el primer ministro de Canadá, el economista Mark Carney, quien tal vez fue el único asistente que deleitó con un verdadero discurso de estadista. Carney tiene la ventaja de ser un recién llegado, con buenos antecedentes administrativos y el primer gobernante canadiense en llegar a su cargo sin haberse postulado nunca a un puesto electivo. Al igual que Trump, no procede del establishment, pero tiene la fortuna de encontrarse a años luz del temperamento y las ideas de su homólogo estadounidense.

    “El poder de los que tienen menos poder comienza con la honestidad”, dijo Carney en francés, al inicio de su alocución, para luego retomar el inglés. Citó a Tucídides, se sirvió limpiamente de una hermosa analogía de Václav Havel sobre la sumisión de las mayorías durante el comunismo y expresó lo que muy pocos líderes mundiales se han atrevido a decir: “Sabíamos que la historia del orden internacional basado en normas era parcialmente falsa, que los más fuertes se eximían cuando les convenía…”. Incluso mencionó “los riesgos de una integración global extrema”.

    Carney entiende el problema de fondo y acierta con la elegancia en las formas de abordarlo. También pudo haber dicho que Trump es solo el efecto de unas causas que el mundo se ha resistido a ver. La opción para resistir a los autoritarios no consiste en la atomización alocada o el globalismo nihilista, sino en la sabia mezcla entre principios y pragmatismo. Gracias a esta sola intervención, la edición 2026 de Davos valió la pena.

    *Federico Hernández Aguilar es escritor salvadoreño

  • Venezuela y su incógnita 

    Venezuela y su incógnita 

    Fui de quienes celebramos la captura y extracción del tiranuelo sanguinario Nicolás Maduro Moros, por delitos cometidos contra la humanidad de manera reiterada, planificada y ejecutada; quizás sin saber él mismo el alcance de las ordenes que impartía o el reporte que recibía sobre tal o cual decisión de neutralizar, capturar o ejecutar a “un enemigo”.

    Su ascenso al poder bajo el Socialismo del Siglo XXI, ha sido una de las afrentas más humillantes a la que sido sometida Venezuela  desde 1811. Y dejo al lector el razonamiento del porqué de esta afirmación tan contundente. Baste señalar el talante de su perdida idiosincrasia, cuando llegan a nuestra memoria aquellas vulgares y macabras danzas que ejecutaba con su no menos siniestra esposa, la de la sonrisa enigmática, montado sobre una tarima rodeado de acólitos y enormes bocinas ensordecedoras, mientras que encorvado, mirando sus pies, como para constatar que seguía el ritmo, en la calle en ese justo momentos caían ensangrentados sobre el asfalto caraqueño o de nuestra provincia, jóvenes asesinados por efectivos embrutecidos de la Guardia o Policía Nacional bolivariana, o de colectivos armados mimetizados en uniforme verde olivo.

    Y así, primero con el militar felón, Hugo Chávez Frías, quien entregó el territorio, la nación sobre el cual se asentaban los venezolanos de ese entonces y, aún los nacidos antes de esa emblemática fecha de  1811 con toda su carga histórica y riqueza del suelo y del subsuelo, a una pequeña y torturada isla caribeña sometida a un tirano locuaz y temerario que inundó de sangre y división a Hispanoamérica. y luego  con su sucesor, con el apátrida Nicolás Maduro Moros, tenido en realidad como un mero empleado de Cuba, Venezuela fue perdiendo su dignidad como nación libre, soberana y soñadora.

    Celebro, sin hipocresías, explicaciones o complejos la acción militar realizada por los Estados Unidos de América el pasado 3 de enero. Ya los venezolanos, en particular nuestros jóvenes, ancianos, monjas, amas de casa, políticos (algunos, los comprometidos con la realidad) maestros, militares, actrices, escritores, habían caído o neutralizados. Desde aquella icónica marcha convocada por jóvenes madres bajo la consigna de “con mis hijos no te metas”, cuando un envalentonado Chávez pretendió politizar y dogmatizar a nuestros escolares bajo un programa único educativo supervisado por fiscales impuestos a cada institución.

    Que vaina con Chávez, no pudo con las mujeres, ni con las que fueron sus parejas, ni con las madres de jóvenes escolares a quienes apenas pudo intentar disminuirlas, afirmando que habían tenido una concentración “escuálida”. Ni con María Corina Machado desde aquél señero día en la Asamblea Nacional, cuando a un Presidente envalentonado, propio de una figura extraída de alguna novela de Rómulo Gallegos, o de un poema de Andrés Eloy Blanco para resaltar la barbarie frente a la civilización, se le enfrentó y le espetó ante sus tímidos compañeros de bancada, y el mundo entero: “Presidente, expropiar es robar”.

    De modo que no pudimos solos. Se luchó hasta la agonía, como si fuésemos un Cristo colectivo. Fue la primera vez en la historia de nuestro país, que una generación no pudo sacar del poder al dictador de turno… si ya casi no teníamos con quién. Quizá nuestro plan divino fue el de ir enriqueciendo con nuestra idiosincrasia, los pueblos del mundo donde nos asentábamos, con sus artes, ciencias y bonhomía, mezclado el trigo con la hierba mala; tal como nos enriquecimos con las olas de europeos, asiáticos y del Medio Oriente que igualmente se refugiaron en esta Tierra de Gracia, para hacernos uno.

    Sabía que estaba descartada una toma territorial, no somos Iraq o Libia. Caracas, está enmarcada de montañas, para llegar a la capital habría que vencer 912 metro del nivel del mar, por una sola autopista interrumpida por dos túneles y sendos barrancos, al igual si un desembarco hubiere sido por Puerto Cabello, una sola vía en subida y otro túnel más, y así, selvas, llanos, ríos, y cordilleras. De forma que esta operación quirúrgica de altísima tecnología, acompañada por militares altamente especializados, duros, guerreros, precisos, la hago mía. En cada soldado allí presente, en cada colaborador interno y externo que hizo posible la extracción del criminal y su despiadada cónyuge, me siento representado, uno  de ellos.

    Solo me preocupa, aún consciente de la necesidad del paso intermedio para evitar males mayores, la designación de una criminal amoral como lo es Delcy Rodríguez, en el cargo de presidente interino, acompañada por el presidente de hecho de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, su esquizofrénico hermano. Así como lo que representa el Ministro del Interior Diosdado Cabello y sus colectivos armados (es decir civiles entrenados en la guerra de guerrilla urbana por el Frente Francisco Miranda, primero en Cuba y, luego en la propia Venezuela, desde el 2002.

    Era obvio, no se podía generar una vacío de poder luego de la extracción del delincuente internacional, con toda la complejidad que conlleva en un país tan desarticulado, penetrado por ideologías e intereses geopolíticos e ideológicos de países lejanos, como Irán, Palestina, España, Líbano, Rusia, China, Cuba y ahora Turquía y Qatar, todo ello a unas 2.000 millas de las costas de Florida y a unas 1.450 millas del Canal de Panamá.

    Su función era o es, en esencia, desarticular este poder ilegítimo y peligroso para el área y para los propios Estados Unidos de América.

    Tampoco están dadas las condiciones para convocar a unas elecciones generales libres, supervisadas y creíbles. Es así que nombrar a Delcy Rodríguez Presidente interina bajo control del país liberador, fue lo ajustado a la realidad. Tendría un año completo para ir creando las condiciones para el acto electoral que devolvería a Venezuela de vuelta al concierto de las naciones democráticas y republicanas, bajo la certeza de la gobernabilidad.

    No obstante nos salta una inquietud lacerante, observamos que el estamento represivo sigue en manos de uno de los personajes más siniestro y amoral de la tiranía, Diosdado Cabello con el control total de los servicios de seguridad, inteligencia y de los colectivos armados (paramilitares, trenes y presidiarios), aparte de buena parte de la economía y negocios paralegales. No he leído u oído a pesar de la presencia del Secretario de Estado Marcos Rubio, y su sensibilidad sobre el tema de la democracia, dado su origen cubano, la palabra reinstitucionalización, Estado de Derecho, desmantelamiento del entramado del poder fáctico, libertad total para los presos políticos aún en prisión o simplemente liberados pero impedidos de sus derechos civiles.

    Por el contrario, ya el poder público, el mismo presidente estadounidense se dirige a Delcy Rodríguez como Presidenta, y ella de manera altanera discursea en son de reto, tanto a la potencia liberadora como a los venezolanos aún prisioneros, dentro y fuera de las cárceles.

    Esta delincuente, tiene sus propios prisioneros aunque no políticos. Tres años lleva ya en la cárcel del Rodeo el abogado José Ignacio Moreno Suárez, representante legal de una de las más poderosas empresas mineras existentes en el orbe, la Gold Reserve Ltd. de origen canadiense, con presencia en el Arco Minero venezolano que fuere expropiada por Chávez. Se fue ajuicio y se ganó, pero se interpuso la señora Rodríguez, y les dijo claramente que para pagarles debía incluirla de alguna forma, y le exigió al abogado participación en las ganancia empresariales, para dejarlos actuar. Moreno  se negó a ser chantajeado o participar de alguna manera contra los intereses de su representado, por lo que la señora  Rodríguez, actual “presidenta de Venezuela”, lo metió en la cárcel El Rodeo, sin pasar por tribunal alguno, sin cargos penales ni derecho a defensa, le confiscó sus bienes e incluso, amenazó con meter presa a su hija abogada, por asumir su defensa.

    Tres años sometido a torturas, en condiciones inaceptables, como la de tantos ciudadanos secuestrados, sin juicio, sin defensa, sin asistencia médica o familiar.

    Nos preocupa, me preocupa, que no se hable de Estado de Derecho, de democracia, separación de poderes, legalidad de los actos públicos y, de la necesidad de una  Junta de Gobierno cívico militar, como paso intermedio luego de esta primera etapa de desarme y negociaciones con los usurpadores, para convocar a elecciones generales libres y supervisadas, luego de garantizar la gobernabilidad mediante la creación de instituciones electorales y administrativas para elegir una nueva Asamblea Nacional, de cuyo seno salga una nueva Corte Suprema de Justicia y Consejo Electoral Nacional donde voten todos los venezolanos inscritos dentro y fuera de Venezuela.

    *Juan José Monsant Aristimuño, exdiplomático venezolano, fue embajador en El Salvador

  • El comercio informal en El Salvador

    El comercio informal en El Salvador

    En los municipios, ahora distritos, se pueden ver en las calles infinidad de comerciantes informales. No solo en San Salvador se evidencia ese fenómeno, es en todo el país. Los comerciantes informales, que suelen llamarse también emprendedores, se la rebuscan a diario para llevar el sustento a sus hogares.

    A ese tipo de comercio se suma la cantidad de personas que comercializan los productos virtualmente. A diario hacen sus entregas personalmente o contratan a mensajeros.

    Ordenar el comercio informal no ha sido fácil (…); en San Salvador ha habido muchos percances entre el Cuerpo de Agentes Municipales (CAM) y los vendedores. Un buen número de vendedores se reubicaron en el Mercado Hula Hula; sin embargo, es insuficiente para los cientos de vendedores. Cada local cuesta aproximadamente 200 dólares. Es un ordenamiento, de eso no hay duda. Las alcaldías hacen su trabajo, pero es insuficiente ordenar a tantos comerciantes. No dan abasto los mercados municipales. De forma simultánea, en otros mercados en el país están reordenando a los vendedores informales; el meollo del asunto es que cada local no es barato.

    Mientras tanto, es indignante saber que a muchos comerciantes informales les allanan su venta y les dicen que dejen de comercializar sus productos. ¿Cómo hace un salvadoreño cuando no vende nada si eso es lo que le ayuda para sacar adelante a la familia? ¿Podrá el gobierno brindar oportunidades a todos los comerciantes informales?

    Con respecto a lo anterior, hay capacitaciones para las PYMES y así puedan aprender a hacer un plan de negocios. Sin embargo, son pocos los que se aventuran a inscribir formalmente su negocio. No importa que sea micro o pequeño. Sí, al tener negocios formales, el Ministerio de Hacienda tendría más impuestos. Eso ayudaría mucho para tener mejores oportunidades.

    ¿Es el comercio informal una molestia? El Salvador es uno de los países de Latinoamérica en donde impera el comercio informal. Según publicación en diario El Mundo (13/10/2024) “El Salvador es uno de los países latinoamericanos con mayor tasa de informalidad del trabajo, de acuerdo con un estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). La tasa de informalidad ronda el 70%. Esa cantidad representa a un aproximado de 1.5 millones de personas.

    En noticia del periódico El Mundo (1/01/2024), “La economía informal en El Salvador es un pilar fundamental que aporta aproximadamente $5,000 millones anuales al Producto Interno Bruto (PIB)”. Lógicamente, el país vive eminentemente del comercio informal. Un problema para los que viven del comercio informal es que muchos no cotizan con las AFP y con el ISSS. Además, no tendrán derecho a una pensión.

    Según el Licenciado Jaime Olmedo, docente universitario en el área de economía, expresa que el comercio informal es un agente dinamizador de la economía; es una opción de empleos en una sociedad carente, en buen porcentaje, de trabajos formales.

    Con respecto al mundo de los emprendedores, no todos sobreviven al primer año. Los costos de la mano de obra, el alquiler de local, el pago de servicios como energía eléctrica y agua potable; son algunos de los problemas que enfrentan. Esas dificultades hacen que muchos no estén incentivados a tener un negocio formal. Algunos comerciantes tienen su propio local; sin embargo, continúan comercializando productos de manera informal.

    En El Salvador, el nivel de escolaridad es hasta séptimo grado, eso es un punto en contra para que se incremente el comercio informal; además, el crecimiento poblacional en un país tan pequeño agrava más la situación. Al no haber oportunidades laborales, aumenta los vendedores por doquier.

    Muchas personas no encuentran un empleo formal; mientras tanto, el gobierno central incentiva a todos los micro y pequeños emprendedores a que formalicen sus negocios. No es un problema lo del comercio informal en sí, lo que se espera es que se tengan mejores oportunidades laborales en El Salvador. Siempre veremos a personas comercializando sus productos por doquier.

    *Fidel López Eguizábal es docente e investigador Universidad Nueva San Salvador

    fidel.lopez@mail.unssa.edu.sv

     

  • Don Tancho y el año del servicio

    Don Tancho y el año del servicio

    —¡Don Tancho, tóquese otra canción! Una de esas que nos hace llorar…

    —Fonchito, serví (servite en buen salvadoreño) otro trago, otro roncito rico y dulzón, bien cargadito reía el pirinjuín.

    Las cuerdas del violín vibraban bajo los dedos callosos de don Tancho, un viejo campesino con el rostro curtido por el sol, arrugas en las arrugas, con sonrisas anchas y sinceras dejando ver una trompa desdentada. Su sombrero de ala ancha, manchado de sudor y tierra, olía tan mal que parecía tener vida propia. Pero aquel hombre era libre. Miserable, sí, pero libre como nadie.

    Alguna vez —me contó alguien, o lo leí en algún lado— Janis Joplin dijo que la libertad absoluta era vivir sin posesiones. Si eso era cierto, don Tancho era el más libre de los humanos. Y yo, sin quererlo, lo envidiaba.

    Aquel viejo era el velador de la unidad de salud de San Sebastián, ese pueblo de telares en el corazón de San Vicente. Durante mi año de servicio social, último año de universidad previo a la entrega del título, compartimos muchas noches de charla, ron y música. Yo era el director de la unidad; él, mi compañero silencioso, mi guardián nocturno. Las noches en aquel pueblo eran cálidas y solitarias, noches estrelladas y silenciosas, interrumpidas esporádicamente por momentos de batalla entre los ejércitos en pugna.

    Me encontraba en San Sebastián, tierra liberada por la guerrilla, por supuesto con excepción del pueblo, donde su servidor era el director de la unidad de salud. La ciudad pintoresca me recibió allá por el año de 1986, mi primera noche la recuerdo como que fue ayer. La habitación donde dormía olía a humedad. Tenía paredes blancas, ventanas verdes de madera y quedaba junto a la sala de vacunas. Esta se encontraba a la orilla de la calle. Con dos camas antiguas de hospital, desvencijadas las dos y con colchones con centro vencido, que atestiguaban una depresión permanente, mientras los bordes se sienten flacos, sin carácter. El dolor de espalda con el que amanecía cada mañana era el preámbulo diario del café de palo y de la tortilla con huevo. Me tiré al suelo boca abajo cuando los primeros disparos de metralleta se escucharon rebotando en las calles. Bienvenido a San Sebastián: tierra rodeada por la guerrilla, aunque el pueblo mismo seguía bajo el mando de la benemérita Guardia Nacional.

    Esa noche me acompañaba un colega de Chalchuapa. Al amanecer se largó sin mirar atrás, jurando no volver jamás.

    Así empezó mi año social, el último antes del ansiado título. Diez años de universidad atravesados por huelgas, cierres y un país en guerra. Ser universitario en esa época era vivir con la muerte al acecho. No había familia que no cargara una herida abierta. En mi caso, el cuñado desaparecido: nunca apareció. Nunca enterrado, por la ausencia de un cuerpo, nos dejó un luto eterno, irresuelto y angustiante.

    Aun así, perseveré. Corría de mis clases de química a los alumnos de último año de bachillerato en el Externado de San José, mi amado colegio, para alcanzar las prácticas en la facultad o los turnos de noche en la Clínica Zaldívar o la Policlínica Salvadoreña, donde trabajaba de ayudante de sala de operaciones e interno de noche, para llegar a la facultad o al hospital. O salir de turno de la unidad de patología, con el famoso Chico Pipa (Dr. Francisco Velasquez), uno de los mejores patólogos de la historia de la medicina de El Salvador, y de mis mejores maestros, incomprendido por una sociedad narcótica y desquiciante, que nunca lo dejo ser. Dormía poco, comía mal, pero seguía. El título era mi destino.

    Recuerdo subiendo los seis pisos del Hospital Bloom, jadeando, solo para no llegar tarde a la visita médica. Todo parecía una escuela militar disfrazada de universidad. Y yo, tercamente, seguía.

    Mientras tanto, don Tancho seguía tocando su violín.

    Sus notas llenaban la noche, quebrando el silencio de aquel pueblo sitiado, recordándome que incluso en medio del miedo, la libertad —la verdadera— podía caber en un sombrero viejo y un violín desafinado.