Categoría: Opinión

  • Cuando los libros se vuelven fiesta: una invitación a soñar desde la lectura

    Cuando los libros se vuelven fiesta: una invitación a soñar desde la lectura

    En muchos lugares del mundo, los libros ya no viven encerrados en estantes: ahora caminan entre la gente, celebran, cantan y dialogan. He visto cómo las ferias del libro se transforman en verdaderas fiestas culturales donde miles de personas se acercan no solo a comprar, sino a vivir la lectura como una experiencia compartida.

    Y mientras contemplo todo esto, pienso con alegría que en nuestro querido El Salvador ya hemos tenido destellos de estas celebraciones. Y sé que podemos seguir fortaleciéndolas, con creatividad, unión y un renovado deseo de acercar los libros a más personas.

    Ferias del libro: cuando el papel se vuelve celebración

    Durante años, las ferias del libro fueron simples espacios de venta. Hoy, en muchas ciudades del mundo, parecen festivales: hay música, charlas con autores, talleres para niños, presentaciones teatrales y hasta experiencias digitales que mezclan tradición y tecnología.

    Lo más bello es que estos encuentros construyen puentes entre lectores y escritores. Cada conversación, cada libro firmado, cada historia contada frente a un público convierte a la lectura en un acto de comunidad.

    En El Salvador, aún podemos crecer en estas experiencias masivas, pero no estamos lejos ni impedidos. Contamos con talento, lectores fieles y espacios culturales que, con más impulso y apoyo, podrían convertirse en celebraciones literarias de gran alcance.

    Como salvadoreño y escritor, sueño con ver esas fiestas multiplicarse en plazas, parques y centros educativos.

    Premios literarios: cuando nacen nuevas voces

    También los premios literarios han cambiado. Antes parecían destinados solo a autores consagrados. Ahora vemos certámenes locales, regionales y temáticos que buscan iluminar nuevas voces: jóvenes, mujeres, escritores independientes y narrativas antes invisibles.

    Este cambio es una bendición para la literatura y una invitación para los lectores. Los premios funcionan como brújulas: nos muestran obras frescas, relevantes, que dialogan con temas como la migración, la identidad o la vida cotidiana en nuestras comunidades.

    Un premio bien otorgado puede cambiar una carrera, sí. Pero también puede cambiar a un lector que descubre una voz nueva que lo conmueve o lo inspira.

    Entre el libro impreso y lo digital: un nuevo equilibrio

    En los encuentros literarios también se conversa mucho sobre la edición digital. Audiolibros, plataformas en línea y dispositivos electrónicos han abierto puertas donde antes solo había muros.

    Es cierto que existen desafíos como derechos de autor, acceso tecnológico y calidad editorial, pero la meta es clara: llegar a más lectores. El libro digital no pretende sustituir al impreso; más bien lo acompaña y complementa. La lectura cambia de forma, pero no pierde su poder de transformar.

    La literatura como motor social

    En estos espacios literarios también se reflexiona sobre el papel social de la lectura. No se habla solo de entretenimiento, sino de educación, inclusión, convivencia y construcción de ciudadanía.

    Un país que lee piensa mejor, dialoga mejor y sueña mejor. Como dice la Escritura: “La sabiduría es árbol de vida a los que de ella echan mano; y bienaventurados son los que la retienen” (Proverbios 3:18).

    Leer es justamente eso: abrazar una sabiduría que ilumina nuestro caminar diario.

    Un sueño posible para El Salvador

    Sueño, como Alfredo y como salvadoreño, con ver nuestro país lleno de ferias del libro vibrantes, premios literarios que impulsen nuevas voces, debates culturales que unan a la comunidad y jóvenes que descubran en un libro un mundo nuevo.

    Sueño con ver a El Salvador celebrar la palabra escrita como celebramos la música, el arte o el deporte. Y creo sinceramente que es posible. Porque todo comienza con un libro abierto. Y con alguien, quizá usted, quizá yo, dispuesto a leer la primera página.

    *Alfredo Caballero Pineda, es escritor y consultor empresarial. 

    alfredocaballero.consultor@gmail.com

     

  • Tu cámara te puede proteger o te lleva a Mariona

    Tu cámara te puede proteger o te lleva a Mariona

    En El Salvador estamos viviendo tiempos tan peculiares que, si no fuera por la seriedad del asunto, uno pensaría que la realidad nacional fue escrita por un guionista que mezcla drama, comedia y advertencia moral en un solo episodio. La seguridad ha mejorado, sí, pero también vivimos días en los que la prudencia dejó de ser una virtud opcional para convertirse en un sistema de seguridad personal. Hoy más que nunca conviene caminar suave, pensar antes de hablar y recordar que una respuesta impulsiva puede convertirse en un boleto directo a un conflicto legal.

    Porque seamos sinceros: hay personas tranquilas… y luego están los otros. Los héroes improvisados de la calle. Los gladiadores del tráfico. Los comentaristas jurídicos espontáneos que se creen expertos en leyes por haber visto un video de treinta segundos en redes sociales. Y estos personajes abundan. Son los que creen que cualquier desacuerdo es un debate nacional, los que inflan el pecho como si la arrogancia fuera un músculo, y los que imaginan que levantar la voz automáticamente les concede la razón. Ese eterno problema del orgullo humano que, por cierto, nunca ha ganado un juicio, pero sí ha ganado muchos problemas.

    La arrogancia, además, es peligrosa porque convence al individuo de que es infalible. Le susurra al ciudadano: “Puedes decir lo que quieras, amenazar a quien quieras, grabar a quien quieras, porque tú sabes tus derechos”. Pero la realidad es que la ignorancia jurídica combinada con el orgullo es una receta infalible para el desastre. Esa mezcla convierte a una persona común en una fábrica de conflictos legales ambulantes. Es como caminar con una antorcha dentro de una tienda de fuegos artificiales: tarde o temprano algo va a explotar. Y claro, en esta época moderna el orgullo encontró su nuevo juguete: el teléfono celular.

    No falta quien, en vez de respirar profundo y evitar un conflicto, decide sacar el dispositivo como si fuera una espada y comienza a grabar todo lo que se mueve. Pero grabar a una persona sin su consentimiento no es un acto heroico ni una muestra de “ciudadanía responsable”. Según el artículo 26 de la Ley Especial Contra Delitos Informáticos y Conexos, es un delito de verdad, con sanciones reales, aunque algunos sigan creyendo que “si uno está en la calle, todo se puede grabar”. No, no se puede. Y sí, hay que repetirlo, porque la soberbia suele ser sorda.

    En este escenario aparece uno de los personajes más fascinantes de nuestra fauna social: el opinador autodidacta en leyes. Ese ciudadano que jamás ha leído un código, pero opina sobre derecho con la firmeza de un magistrado de la Sala de lo Constitucional. Pretende corregir al abogado como si este fuera un estudiante que repite clases. Es exactamente como cuando un chamán discute con un médico sobre un dolor de estómago. El médico pide exámenes, calcula riesgos, receta tratamientos; el chamán, convencidísimo, recomienda pasar un huevo y una rama para expulsar la mala energía.

    Ambos creen tener razón, pero solo uno tiene ciencia, estudio y respaldo profesional. Lo mismo ocurre cuando ciertos expertos de redes sociales “explican” por qué supuestamente sí se puede grabar sin permiso, por qué insultar no es delito, o por qué amenazar “solo de palabra” no tendrá consecuencias. Hablan con tanta seguridad que uno sospecha que su valentía proviene más del orgullo que del conocimiento. La arrogancia, sin duda, encuentra su escenario preferido en las calles. En el tráfico, donde el calor, el estrés y la impaciencia se mezclan sin misericordia.

    Es ahí donde aparecen los personajes que confunden tono elevado con autoridad moral. El conductor que baja la ventana para “enseñar respeto”. El peatón que se siente juez del orden vial. La persona que cree que alzar la voz la convierte en dueña de la verdad. Pero cuando de pronto esa actitud arrogante cruza la línea hacia insultos, amenazas o grabaciones ilegales, el asunto deja de ser comedia urbana y se convierte en materia penal. Después vienen las frases clásicas: “Fue un momento de enojo”, “No pensé que era delito”, “Solo quería que me respetaran”.

    Sí, pero un instante basta para que la libertad quede comprometida. Y aquí es donde entra el aporte poderoso: la verdadera fortaleza no está en la voz que grita, sino en el corazón que domina su propio impulso. En estos tiempos turbulentos la persona fuerte no es la que impone miedo, sino la que evita el conflicto. No es la que responde con orgullo, sino la que actúa con inteligencia emocional. La soberbia hace ruido, pero la prudencia salva vidas. La arrogancia levanta muros, pero la humildad abre puertas. Y cuando la sociedad entera se encuentra en un proceso de reacomodo y disciplina, cada acto responsable se convierte en una contribución a la paz nacional.

    Necesitamos más ciudadanos que respiren antes de reaccionar, que midan consecuencias antes de actuar, que prefieran escuchar antes que discutir. El país no necesita más héroes callejeros: necesita gente inteligente. No necesita más opinadores sin fundamento: necesita personas que entiendan que la libertad es el tesoro más fácil de perder por una tontería. Y perderla por orgullo es una tragedia innecesaria. La humildad no es debilidad; es madurez. La prudencia no es cobardía; es sabiduría. Son virtudes que mantienen a las personas lejos de las audiencias judiciales, lejos de los problemas y, sobre todo, cerca de su familia.

    Porque mientras las cárceles están llenas de historias que comenzaron con un arrebato de orgullo, los hogares están llenos de familias que siguen unidas gracias a alguien que supo cuándo callar, cuándo ceder y cuándo retirarse a tiempo. Así que recuerde esta verdad que hoy es más urgente que nunca: la libertad se cuida como se cuida la respiración. No la arriesgue por ganar una discusión, por demostrar prepotencia, por grabar y publicar sin permiso o por querer parecer más fuerte de lo que realmente es. En nuestra realidad actual, la persona sabia es la que no entra a conflictos que no necesita.

    También es importante aclarar que la grabación solo es válida y legítima cuando se hace por razones de seguridad personal, es decir, cuando la persona necesita documentar un hecho para presentarlo exclusivamente ante la Policía o en un tribunal de justicia. En ese contexto, la ley lo permite porque se trata de proteger un derecho o demostrar una situación real. Pero esa grabación jamás debe ser publicada en redes sociales, porque ahí la intención cambia por completo: ya no es seguridad, sino exposición pública.

    Y cuando se expone la imagen de alguien sin su consentimiento, no solo se violenta su dignidad, sino que además se activa responsabilidad penal. En otras palabras: grabar para defenderse está permitido; publicar para avergonzar, exhibir o “hacer viral” es meterse en un problema legal del que después nadie quiere responsabilizarse. En conclusión, grabe solo para protegerse, nunca para exhibir. Una grabación usada correctamente puede ser una defensa; una grabación publicada sin permiso puede ser un delito. La diferencia entre prudencia y problema está en un solo clic.

  • Resiliencia demográfica en El Salvador: construir puentes entre generaciones antes de que se cierre la ventana del bono demográfico

    Resiliencia demográfica en El Salvador: construir puentes entre generaciones antes de que se cierre la ventana del bono demográfico

    El Salvador vive una transformación demográfica profunda que está redefiniendo el tamaño, la estructura y el futuro del país. La población prácticamente ha dejado de crecer, la fecundidad ha caído muy por debajo del nivel de reemplazo y las cohortes de niños y jóvenes se reducen con mayor rapidez de la prevista. Paralelamente, aumenta la proporción de adultos mayores y persiste un patrón migratorio que, durante más de medio siglo, ha reducido la base poblacional joven y ha consolidado redes transnacionales que sostienen buena parte del ingreso de los hogares. Esta nueva realidad demográfica plantea un desafío central: la necesidad de fortalecer la resiliencia del país frente a cambios profundos en su estructura por edades.

    La resiliencia demográfica se refiere a la capacidad de una sociedad para anticipar, absorber y transformar los efectos de estas transiciones. Esa capacidad depende, sobre todo, de dos pilares que determinan cómo se distribuyen riesgos y oportunidades entre generaciones: la solidaridad de corto plazo y la cohesión social intergeneracional, que garantiza la sostenibilidad de los pactos sociales en el largo plazo.

    En El Salvador, la solidaridad se manifiesta con especial claridad a través de las remesas, los subsidios públicos y la cooperación internacional. Entre estos mecanismos, las remesas constituyen el pilar más visible y estable. Durante décadas han funcionado como la principal fuente de apoyo económico entre generaciones, tanto dentro del territorio como entre familias separadas por la migración. Su peso en la economía ha crecido de manera sostenida: de representar menos del 5 por ciento del PIB en los años previos a la guerra, pasaron a promediar más del 11 por ciento tras los Acuerdos de Paz, superaron el 20 por ciento después de los terremotos de 2001 y alcanzaron casi el 25 por ciento en el período pospandemia. Este incremento revela que, conforme avanza la transición demográfica y se profundiza la emigración, las remesas se han convertido en un componente estructural del bienestar nacional.

    A nivel de hogares, alrededor de una cuarta parte de las familias salvadoreñas recibe remesas. Este porcentaje aumenta en aquellos hogares donde viven niños, adolescentes o adultos mayores, lo que confirma que las remesas actúan como un mecanismo de solidaridad intergeneracional que compensa las cargas de cuidado y la insuficiencia de ingresos laborales. En ausencia de una cobertura amplia de seguridad social, las remesas funcionan como un seguro informal que permite cubrir necesidades básicas y absorber choques económicos. Sin embargo, esta dependencia también crea vulnerabilidad, pues expone al país a cambios en políticas migratorias o en las condiciones laborales de la diáspora, variables que escapan al control nacional.

    Si la solidaridad atenúa las vulnerabilidades de corto plazo, la cohesión social intergeneracional determina la capacidad del país para sostener acuerdos justos entre edades en el tiempo. Aquí aparecen tensiones significativas. El primer indicador crítico es el acceso de la población económicamente activa a la seguridad social. Aunque ha habido avances claros, el país continúa con dos tercios de su fuerza laboral fuera del sistema. Este rezago implica que los riesgos asociados a enfermedad, vejez o pérdida de ingresos siguen recayendo casi exclusivamente en las familias, reproduciendo desigualdades entre quienes pueden cotizar y quienes se mantienen en la informalidad. Un pacto intergeneracional sólido requiere ampliar de manera sustantiva esta cobertura.

    El segundo indicador es la carga tributaria. El Salvador ha alcanzado niveles históricos de recaudación, lo que abre una oportunidad para invertir de forma decidida en la niñez y la juventud. Este grupo etario, que se reduce con rapidez, constituye el núcleo de la resiliencia futura del país: serán menos, pero deberán sostener a una población mayor que envejece aceleradamente. La inversión en salud, educación y habilidades productivas no es un complemento, sino una condición indispensable para enfrentar el futuro con equidad y sostenibilidad. Pese a ello, la proporción del gasto público destinada a educación y salud ha tendido a disminuir durante los últimos 20 años, lo que revela una prioridad cada vez menor en estas áreas claves para el desarrollo humano.

    El tercer elemento es el endeudamiento público, que ha crecido incluso en contextos de mayor recaudación. El problema no es la deuda en sí, sino su uso. Cuando los recursos no se destinan a inversiones estratégicas que aumentan la productividad o fortalecen el capital humano, se debilita la cohesión intergeneracional y se trasladan cargas injustas hacia las generaciones futuras. En un país que envejece rápidamente, la falta de orientación con visión de desarrollo en el gasto limita la capacidad de asegurar bienestar sostenido en el tiempo.

    A pesar de estas tensiones, El Salvador aún se encuentra en una etapa favorable de su bono demográfico, caracterizada por una tasa de dependencia relativamente baja. Esta condición ofrece una ventana de oportunidad para fortalecer la productividad, ampliar la protección social y preparar al país para el envejecimiento acelerado que se avecina. Pero esta ventana se cerrará en los próximos 25 años, cuando la proporción de adultos mayores crezca más rápido que la de personas en edad productiva.

    La experiencia internacional muestra que los países que han logrado convertir la transición demográfica en un motor de desarrollo han construido puentes sólidos entre generaciones: inversión prioritaria en la niñez y juventud, sistemas de cuidados que distribuyen responsabilidades de manera equitativa, estrategias fiscales sostenibles y una vinculación activa con sus diásporas. El Salvador necesita avanzar en esa dirección si quiere enfrentar su futuro demográfico con estabilidad y justicia.

    La resiliencia demográfica no es un resultado automático; es una decisión colectiva. El país aún dispone de una oportunidad única para fortalecer la cohesión entre generaciones y transformar su transición demográfica en una plataforma de desarrollo inclusivo. Pero esa oportunidad, como la población joven, se reduce año tras año. Aprovecharla requiere visión, voluntad política y un pacto renovado que asegure que ninguna generación tenga que enfrentar sola los desafíos del futuro.

    *William Pleites es director de FLACSO El Salvador

  • Identidades en caos

    Identidades en caos

    Hace muchos años el escritor Stefan Zweig publicó un libro titulado, “La Confusión de los sentimientos”, algo que, a mi parecer, están padeciendo quienes de buena fe respaldaron el totalitarismo castrista, principalmente, algunos intelectuales, que al ver el cúmulo de fracasos que resultaron sus empeños, se han alejado y hasta roto con el sistema.

    Sin embargo, debemos tener en cuenta que algunas de estas personas en sus tal vez torturadas conciencias tengan neuronas que insisten en justificar el pasado, no por el castrismo sino por ellos mismos, recurriendo, cuando intercambian ideas con individuos de pensamientos contrarios, a las gastadas consignas que usaron en sus tiempos cuando eran devotos servidores de una propuesta fracasada.

    Estos creadores renegados no han roto meridianamente con el pasado como hizo entre otros, Alberto Álvarez, un académico con gran coraje intelectual que nunca deja de alertar sobre aquellos que siguen recurriendo a argumentos y propuestas marxistas o castristas.

    Álvarez, llama la atención sobre académicos supuestamente asilados que en realidad no han roto con el totalitarismo y siguen defendiendo, o al menos justificando, las fórmulas del castrismo. Estos “quedaditos”, usan sus conocimientos académicos para tener una vida a su gusto, esforzándose por tener un pie en la Isla sin sufrir los quebrantos del fracaso que ayudaron a edificar.

    Hay que reconocer que por talentosos que puedan ser estos creadores fueron formados en una sociedad de crispación absoluta, condicionados a odiar y desacreditar a quienes no pensaran como ellos. La descalificación, el fusilamiento moral del adversario en base a la narrativa castrista, deber ser un lastre muy complicado para ser liberado, sin embargo, he conocido a varios intelectuales crecidos bajo el totalitarismo que lo han logrado, siendo para mi Álvarez un ejemplo, aunque no el único.

    Es muy difícil respetar a sujetos que se mienten a sí mismos y pretenden hacerlo con los demás, actuando por oportunismo y no por convicción. Mientras, al interior de Cuba, intelectuales, periodistas y creadores en general confrontan la autocracia sin temor a las consecuencias, a pesar de amenazas comprobadas de terminar con sus huesos en cualquier mazmorra.

    Sin embargo, hay unos terceros que no debemos omitir. Individuos que por su conducta sufren también un severo ostracismo interno que los ha ido convirtiendo en no personas por asumir posiciones críticas. El sistema no les perdona su falta de incondicionalidad, sus cuestionamientos, por pálidos que sean, aunque, paradójicamente, varios de ellos, siguen creyendo en el socialismo a pesar del desastre que ayudaron a crear.

    Algunas de estas personas sufren un síndrome similar al de los llamados “quedaditos”. Han roto con el sistema, pero no con su pasado. Cuando debaten defienden sus antaño quehaceres, más que a la propia tiranía, discutir con ellos es harto complicado porque intentan justificar sus actuaciones aludiendo que eran tiempos diferentes y hasta sugiriendo que el castrismo no era en principio nefasto, sino que se endureció en respuesta a quienes lo enfrentaron.

    No cesan de relacionar a la oposición histórica y hasta sectores de la llamada disidencia con Estados Unidos y sus agencias de investigación, aun mas, gustan identificar a su adversario con el mandatario en funciones, específicamente con los más conservadores y, por último, tienen un mantra predilecto, “el bloqueo”, aunque conocen que este no existe y que las limitaciones impuestas al pueblo cubano han sido instaladas por su propio gobierno.

    El totalitarismo y sus defensores, abiertos o encubierto, no cesan de recurrir a la descalificación de adversarios y enemigos, vinculando a quienes contrarían sus propuestas a potencias extranjeras o a intereses contrarios a la Patria, calificándolos de traidores.

    Ese desprestigio no es casual, es parte del descrédito sistemático implementado por el sistema para restarle fuerza moral a quienes postulan propuestas contrarias a las oficiales.

    A través de los años he conocido y compartido con algunas de estas personas que reconocen haberse equivocado y tuvieron el coraje de rectificar su rumbo combatiendo, al riesgo que fuera necesario, incluido la cárcel, la motivación de sus probables injusticias, el mas notable de todos, Ricardo Bofill.

    Confieso que admiro a esas personas, aunque no tanto como a aquellos que nunca se dejaron obnubilar por la utopía. Merecen respeto por su rectificación, pero más que todo, por su decisión de combatir a quien los convirtió en instrumentos de odios.
    A los que aun padecen la confusión les sugiero un profundo acto de contrición, errar es humano y la justicia nos alcanzará a todos.

    *Pedro Corzo es periodista cubano

  • Indulto en clave geopolítica: Trump, Hernández y la derecha hondureña 

    Indulto en clave geopolítica: Trump, Hernández y la derecha hondureña 

    “Su excelencia”, así comienza la carta que el expresidente de Honduras, Juan Orlando Hernández (JOH), dirige al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, desde una celda en una prisión estadounidense, una misiva que se convirtió probablemente en pieza clave para obtener su indulto por delitos de narcotráfico, junto con una persistente campaña de cabildeo liderada por Roger Stone, viejo amigo de Trump y también beneficiado previamente por un indulto presidencial. En la carta, Hernández sostiene que sus problemas legales se deben a una persecución política orquestada por el Departamento de Justicia bajo la administración Biden‑Harris para empoderar a sus adversarios ideológicos en Honduras y afirma además que no contó con una defensa legal eficaz.

    “Le escribo desde una prisión federal, donde cumplo injustamente una condena de 45 años que, dada mi edad, equivale prácticamente a cadena perpetua. Al igual que usted, presidente Trump, he sido víctima de persecución política, blanco de la administración Biden‑Harris no por haber cometido delito alguno, sino por motivos políticos”, sostiene Hernández, quien utiliza ese argumento para deslegitimar su condena y enlaza el alegato con una serie de halagos personales a Trump: “Su resiliencia ante la implacable persecución política me ha inspirado profundamente. Al igual que usted, yo solo buscaba servir a mi pueblo, defender nuestros valores conservadores y, al mismo tiempo, impulsar reformas sin precedentes para hacer que mi país fuera más fuerte y seguro”.

    La carta de Hernández llegó a Trump a través de Roger Stone, quien no solo actuó como intermediario, sino que también presionó activamente a favor del indulto mediante sus propios canales —Substack, programa de radio y redes sociales— aprovechando su acceso directo al mandatario. Stone, quien recibió en 2020 un indulto presidencial relacionado con el caso de la “trama rusa”, había sido condenado a 40 meses de prisión por mentir al Congreso, obstruir la justicia y manipular testigos en la investigación sobre la injerencia rusa en las elecciones de 2016, en parte para proteger a Trump y a su campaña.

    Desde esa posición, Stone sostuvo públicamente que Hernández fue víctima de una campaña de “guerra jurídica” con motivaciones políticas, impulsada por la administración Biden y fiscales estadounidenses, que lo presentaron como un aliado de Trump derribado para favorecer al actual gobierno de centroizquierda en Honduras, encabezado por Xiomara Castro. A juicio de Stone, los procesos penales en Estados Unidos contra aliados de Trump —ya sean nacionales o extranjeros— forman parte de un sistema judicial instrumentalizado por los demócratas, de modo que los indultos se convierten simultáneamente en una “corrección” de injusticias y en un arma de combate político.

    En el caso hondureño, Stone vinculó de forma explícita el indulto a JOH (quien perteneció y llegó al poder con el Partido Nacional de Honduras) con la proyección geopolítica de Estados Unidos en Centroamérica, al argumentar que la liberación de Hernández daría un nuevo impulso a la derecha hondureña, debilitaría al gobierno de Castro y, en consecuencia, reforzaría lo que él presenta como los intereses de Estados Unidos y de Trump en la región.

    Indudablemente, este segundo mandato del presidente Trump ha experimentado un cambio rotundo en la mirada de ese país del norte hacia Latinoamérica. Brasil, Venezuela y ahora Honduras son pruebas tangibles del cambio de rumbo de la política exterior estadounidense. Muy probable las miradas norteñas se fijen en breve sobre nuestro vecino de Nicaragua. Es obvio, países con gobiernos de izquierda en el continente americano son y serán víctimas potenciales de la poderosa influencia del gigante norteamericano en su intento de fomentar un cambio continental de rumbo hacia la derecha.

    Entretanto, Antonio “Tony” Hernández, hermano de JOH, sigue preso en Estados Unidos cumpliendo una condena de cadena perpetua más 30 años por narcotráfico y delitos relacionados. No hay información pública de que haya recibido indulto, reducción de pena o liberación; continúa recluido en una prisión federal estadounidense. Sin embargo, y aunque se le hayan decomisado $138.5 millones de dólares, además de hermano del expresidente, es un exdiputado de la República de Honduras, y por tanto a lo mejor y también se considera que su indulto fortalezca a la derecha hondureña. Vivimos en regímenes de “posverdad” donde pesan mas las emociones, identidades y creencias que los hechos verificados, por ende, todo se vale!

     

     

     

     

     

     

     

     

     

  • La Villa Navideña 2025: Seguridad y cohesión en el Centro Histórico de San Salvador 

    La Villa Navideña 2025: Seguridad y cohesión en el Centro Histórico de San Salvador 

    El pasado viernes 5 de diciembre, el Centro Histórico de San Salvador no solo encendió las luces de su Villa Navideña; encendió, ante los ojos del mundo, un caso de estudio criminológico sobre la recuperación del espacio público. Mientras otras metrópolis de América Latina y ciudades globales se ven obligadas a ceder sus calles al toque de queda informal impuesto por el crimen y la delincuencia, El Salvador exhibió un escenario de orden preventivo que merece un análisis profundo.

    La Seguridad como facilitador, no como barrera

    Lo acontecido en el epicentro de la capital fue una demostración de prevención situacional de alto nivel. El despliegue de la Policía Nacional Civil (PNC) no se percibió como un tradicional dispositivo de seguridad, que puede incomodar, sino como un cinturón de confianza. Lograr un evento de tal magnitud con cero incidentes es el resultado de la neutralización previa de los factores de riesgo que, por décadas, hicieron del centro una «zona roja».

    Desde la criminología ambiental, sabemos que el crimen prospera en el desorden y el abandono por medio de la famosa Teoría de las Ventanas Rotas que en El Salvador cobró vida y no solo quedo en los libros, tratados y ponencias. Al iluminar, limpiar y asegurar el Centro Histórico, el gobierno del presidente Nayib Bukele ha invertido el ciclo: la seguridad y el orden atrae al ciudadano, y el ciudadano, con su presencia masiva, ejerce una vigilancia natural que disuade cualquier conducta antisocial y reporta situaciones de posibles riesgos de todo tipo.

    El Derecho a la noche: Un lujo y privilegio agotado en la Región

    Es imperativo reflexionar sobre lo que este espacio representa en el contexto regional. En muchas capitales del continente, la noche se ha convertido en un territorio hostil. El ciudadano común se resguarda en su hogar, paga el sistema de cable, o en centros comerciales por miedo al asalto o al homicidio, es un punto de encuentro de familias completas debido a que las comunidades y colonias están sometidas al crimen organizado, delincuencia general y pandillas.

    En El Salvador la PNC con el apoyo invaluable de la Fuerza Armada, la Academia de Policía ANSP con el aporte de sus estudiantes en prácticas y promociones de recién graduados que han sido asignados a las diferentes unidades policiales han recuperado el «Derecho a la Ciudad», un concepto sociológico que implica que el habitante no solo reside en una urbe, sino que la disfruta y la habita en todas sus franjas horarias, no solo en el día cuando pasa para transbordar el servicio público de pasajeros. La FGR ha hecho equipo y excelente coordinación con las fuerzas del orden y gana las batallas en los tribunales y con la PNC han reducido la impunidad. Quien se atreve a cometer ilícitos es detenido en las próximas horas por la PNC y presentado ante la justicia por la FGR con una sólida investigación y evidencias.

    Que las familias salvadoreñas puedan caminar a medianoche entre luces decorativas, comida, diversión, música de orquestas sinfónicas y otros géneros, arte urbano, sin la zozobra de cruzar fronteras invisibles impuestas por pandillas, es una anomalía positiva en una región que sangra inseguridad. Lo que para nosotros fue el viernes una fiesta familiar, para un habitante de ciudades azotadas por el narcoterrorismo o el crimen organizado es un sueño inalcanzable.

    En Francia para este fin de año varias villas y eventos navideños en ese país de primer mundo y élite de turismo han sido cancelados o están bajo fuertes restricciones de seguridad debido a una «altísima» alerta de inseguridad, destacando la suspensión del tradicional concierto de Año Nuevo en los Campos Elíseos y la incertidumbre sobre mercados populares como Le Barcarès, ya que las autoridades priorizan la protección ante posibles sabotajes o ataques a los asistentes. En Alemania el 20 de diciembre del 2024 se registró un atentado en el mercado navideño de Magdeburgo que dejo cinco muertos y caso 200 heridos. Ya no digamos en Centro y Sur América o los mismos Estados Unidos Mexicanos

    Cohesión social y prevención del delito

    La decoración, presentación, imagen, excelencia de diseño y materiales de la Villa Navideña es imponente y nos hace pensar que estamos en otro país.  La Villa Navideña representa un mecanismo de cohesión social. Cuando el espacio público es seguro, se rompen las barreras de clase; el centro se convierte en el punto de encuentro democrático donde todos convergen sin importar sus ingresos o clase social. Para la criminología moderna, esta interacción es la base de la eficacia colectiva: ciudadanos que confían en sus vecinos y en sus autoridades.

    La inauguración del pasado viernes no fue solo un acto protocolario de la temporada. Fue la consolidación de un nuevo paradigma: el Gobierno del presidente Bukele y su gabinete de seguridad ha recuperado el monopolio de la fuerza y, con ello, ha devuelto la paz a la cotidianidad del salvadoreño, ahora si disfruta del espacio público y la noche.

    *Por Ricardo Sosa, Doctor y máster en Criminología, @jricardososa 

  • ¿Llegó el momento?

    ¿Llegó el momento?

    El acuerdo entre el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Gobierno de El Salvador, aprobado en febrero de 2025 bajo un programa de Servicio Ampliado (EFF), no sólo persigue sanear las finanzas públicas y reducir vulnerabilidades macroeconómicas; también le da un grado de relevancia a la gobernanza y transparencia. El propio informe del FMI subraya que el programa busca “fortalecer las finanzas públicas, reconstruir los colchones externos y financieros y mejorar los marcos de gobernanza y transparencia”.  En ese contexto, la Corte de Cuentas de la República (CCR) se convierte en una institución clave para asegurar que el ajuste fiscal y el uso del endeudamiento se ejecuten con probidad.

    Dentro de los compromisos asumidos figura un hito específico para diciembre de 2025: la aprobación de reformas legales que fortalezcan el rol de la Corte de Cuentas. En la matriz de acciones estructurales del programa se exige “enmendar la legislación para fortalecer la independencia y el mandato anticorrupción de la Corte de Auditorías [Corte de Cuentas]” y alinearlo con estándares internacionales como la Declaración de México de INTOSAI y la Declaración de Abu Dabi de la UNODC, incluyendo una base legal clara para la colaboración con la Fiscalía General de la República.

    Un elemento fundamental es la necesidad de que la Corte de Cuentas opere gradualmente bajo los estándares internacionales de la Organización Internacional de Entidades Fiscalizadoras Superiores (INTOSAI). El hecho de que el FMI haga referencia explícita a la Declaración de México —que define pilares de independencia para las entidades fiscalizadoras— supone que la CCR debe avanzar no sólo en su marco legal, sino también en la forma en que planifica, ejecuta y comunica sus auditorías. Esto implica transitar hacia metodologías auditorías basadas en riesgos, criterios de materialidad claros, procesos de revisión de calidad y una comunicación de resultados oportuna y accesible al público.

    Introducir estos estándares no es un cambio que pueda hacerse de la noche a la mañana. Requiere inversiones en formación de personal, sistemas de información, herramientas de análisis de datos y manuales de auditoría actualizados. También exige una transformación cultural: pasar de auditorías predominantemente de cumplimiento formal a ejercicios que evalúen economía, eficiencia y eficacia del gasto público. La gradualidad es clave para que el personal asimile las nuevas metodologías y para que los entes auditados se adapten a mayores exigencias de documentación y control interno.

    En este punto resulta revelador comparar el presupuesto votado para 2025 de la Corte de Cuentas con el proyecto para 2026, según la información suministrada. El total pasa de 50,448,939 dólares en 2025 a 55,820,585 dólares en 2026, un incremento nominal de 5,371,646 dólares, equivalente a un 10.65 %. Sin embargo, la verdadera transformación se observa en el rubro de Gastos de Capital: de 803,265 dólares en 2025 se proyecta un salto a 4,441,610 dólares en 2026, es decir, un aumento de 3,638,345 dólares que supone un crecimiento cercano al 453 %. En otras palabras, la inversión de capital prevista para la CCR se multiplica considerablemente entre un año y otro.

    Como aspectos positivos, al desagregar este gasto de capital se aprecia que la mayor expansión se concentra en Bienes Muebles, que pasan de 355,035 dólares a 2,895,775 dólares (un incremento superior al 700 %), seguidos por Intangibles —probablemente software, licencias y desarrollos informáticos— que suben de 208,230 a 524,670 dólares (alrededor de 152 % más). La partida de Infraestructura también crece de forma significativa, de 240,000 a 1,021,165 dólares, cuadruplicando su nivel previo. Estas cifras sugieren un esfuerzo deliberado por modernizar equipamiento, sistemas y espacios físicos de la Corte de Cuentas, lo cual es coherente con la necesidad de adoptar estándares INTOSAI y de fortalecer su capacidad tecnológica y logística para realizar auditorías más complejas y oportunas. Así, la lectura conjunta de los compromisos con el FMI y del presupuesto 2025–2026 permite extraer una conclusión: el fortalecimiento de la Corte de Cuentas no es sólo un asunto de leyes, sino también de recursos.

    Las reformas legales que refuerzan la independencia y el mandato anticorrupción de la CCR, junto con la introducción gradual de estándares INTOSAI y el fuerte incremento en gasto de capital, crean una ventana de oportunidad para transformar a la entidad en un verdadero pilar del sistema de control público salvadoreño. El desafío hacia adelante será garantizar que estas inversiones se traduzcan en más y mejores auditorías, en informes públicos accesibles y en una coordinación efectiva con la Fiscalía y otras instituciones, de modo que la lucha contra la corrupción y el uso transparente de los recursos públicos dejen de ser promesas y se conviertan en resultados verificables para la ciudadanía.

    *Rommel Rodríguez es economista de Funde.

  • Lo que sucede cuando no se asiste a clases

    Lo que sucede cuando no se asiste a clases

    ¿Qué pierde un alumno cuando no asiste a clases? Es de analizar primeramente el nivel de estudio, por ejemplo, un niño pierde la interacción con sus compañeros, las maravillosas historias que cuenta la profesora en parvularia o kindergarten. Un niño va conociendo el mundo. La escuela le marcará de por vida; ya que, en ella se encuentran, aparte de aprendizajes, un mundo lleno de amistades, tertulias, juegos y buena convivencia.

    En Japón, los niños aprenden habilidades sociales, autonomía y hábitos de vida. Toda esa interacción inicia en el hogar. Y, es de tomar ejemplos a países que logran, a través de modelos pedagógicos encumbrar hacia el éxito a sus discentes.

    Mientras tanto, en Finlandia, en donde en las escuelas no hay pruebas estandarizadas, se aprende con juegos, bienestar y aprendizajes que ayudan al desarrollo físico y emocional. Un modelo, el cual debería ser referente. El aprender haciendo es la mejor manera que un docente le puede enseñar a un infante o adolescente. Es emocionante cuando uno es padre y recibe a los hijos y ellos comienzan a contar todo lo que aprendieron en la escuela. Narran cómo hicieron amistades y aprendieron de cosas que en el hogar es más difícil practicar. Un niño en la escuela puede aprender a tocar un instrumento musical, un deporte, experimenta en el laboratorio, etc. Un niño en la escuela ríe, juega, interactúa; el maestro le estimula la curiosidad, pregunta y aprende muchas habilidades y destrezas.

    El psicólogo Juan Ignacio Pozo analiza: “La propia escuela, como institución social para la transmisión cultural –no sólo de saberes y conocimientos, sino de valores, formas de comportarse y de pensar–”. Pozo analiza que hay distractores o aparatos que distraen el proceso de enseñanza-aprendizaje. No permitamos que un aparato se convierta en la niñera.

    Según la UNICEF, un niño al asistir a la escuela reconoce objetos, los organiza y nombra y aprenden sus propiedades. Al explorar y reconocer el ambiente, son capaces de percibir cómo está organizada la naturaleza. La escuela es un componente fundamental para garantizar el desarrollo de su personalidad, su inteligencia, y su comportamiento.

    Lo anterior es algo que se discute constantemente por pedagogos y especialistas. Eso no quiere decir que la educación tradicional, la que nos enseñaron, sea la mejor. Actualmente, como mencioné, un niño o adolescente aprende mucho con la internet. Aunque, hay cosas que no se pueden aprender virtualmente. En la escuela, los maestros transforman vidas, moldean conductas y enseñan las habilidades que marcan el futuro de sus alumnos.

    En el aula, un docente le pide a un alumno que abra su libro y lea; eso ayudará para que haya razonamiento, pensamiento crítico. El docente corrige, ayuda a que el alumno interprete mucho mejor esa lectura. Al no asistir un alumno a clases hasta pierde la oportunidad de tener mejores habilidades comunicativas y sociales. Cuando un alumno es autodidacta y responsable, no tiene este tipo de dificultades.

    En el ámbito universitario, cuando un alumno no asiste a clases, con un solo click lo tiene todo a su alcance. Sin embargo, hay muchas cosas que se pierden. Al no asistir al aula universitaria, los alumnos pierden interacciones sociales, exposiciones magistrales, datos, historias de los docentes y compañeros. Los alumnos se divierten, desarrollan habilidades comunicativas y sociales, juegan UNO en los pasillos, cuentan historias, chistes, aventuras y logran hacer amistades. Las tareas grupales las discuten, se reúnen en la biblioteca y logran tener mejores aprendizajes. Eso nunca lo olvidarán.

    Me alegra ver fotos en redes sociales cuando un docente en la universidad les dice a sus alumnos que coloquen el celular en una caja. Eso ayudará a que los alumnos se concentren más, que escriban, que piensen por sí solos. El pensamiento crítico aumenta cuando un alumno no tiene distractores. Esa interacción con el docente, ese debate, hace que los aprendizajes sean mejor percibidos.

    Es importante asistir a clases, los aprendizajes son mejores. Está en cada docente que ese tema que enseña sea fructífero y logre tener la atención de todos. La actitud y comportamiento de cada alumno es mejor cuando en su formación asiste a la escuela.

    * Fidel López Eguizábal, Docente e investigador Universidad Nueva San Salvador

    fidel.lopez@mail.unssa.edu.sv

     

  • Crear entusiasmo y reafirmar lazos

    Crear entusiasmo y reafirmar lazos

    Es necesario elevarse con las alas del buen ánimo, máxime en un momento marcado por la polarización política y el aislamiento social; sin embargo, solemos proceder en nuestro diario vivencial, como si la ostentación y la riqueza fueran lo más importante en la vida, cuando lo único que precisamos para estar realmente satisfechos es algo por el cual entusiasmarnos, sabiendo que toda contribución es vital para todo tipo de avances humanitarios. En consecuencia, tampoco perdamos el tiempo en necedades que nos contraigan el alma y en lugar de abrir sus puertas, las cerremos por el cansancio, el dolor y la desilusión. No olvidemos que, cada aurora, es un nuevo florecer y la esperanza debe ser lo último que perdamos.

    Hoy más que nunca requerimos tomar aliento y renovarnos para cambiar el curso de la historia. En efecto, otro mundo es posible, en la medida que enmendemos recorridos trazados por intereses egoístas y reafirmemos la comunión entre nosotros. La efectiva resistencia al mal no es el mal, sino el amor que pongamos en nuestro habitual acontecer, capaz de sanar las propias heridas, mientras se curan las de los demás. Lo valioso radica en vencer el cansancio, para remediar las contrariedades que nos deshumanizan por completo. Contemplando el actual panorama mundial, tan penoso como desolador, por los mil conflictos que nos amargan; da la impresión de que nos hemos acostumbrado a cruzarnos de brazos y a no hacer nada por secar las lágrimas.

    Sintiéndonos familia, es cómo podemos impulsar ese calor de hogar, que es el que nos da alegría y gozo, bienestar y tranquilidad, para renovar el entusiasmo de la concordia y compartir el anhelo que arde en nuestro pulso. Únicamente, bajo este espíritu armónico, es posible la proximidad de latidos, sustentados en la compasión y en la ternura. Por tanto, tenemos la obligación de perseverar con expectativa, sobre todo ante los trances y obstáculos, que nos acrecienta la indignación pública. Quizás tengamos que aprender a reflexionar, tanto de los errores como de los éxitos, que suelen brotar cuando se combina el esfuerzo con la diplomacia de lenguajes en favor de un bien común incuestionable y global.

    Indudablemente, todos estamos llamados a extender los brazos en la cotidianidad de cada jornada y a la búsqueda de valores comunes, con su dinamismo y fervor espiritual, contribuyendo a revitalizar el hermanamiento y a practicar la hospitalidad, conscientes de que, trabajando en plena donación, encontraremos sentido a nuestra existencia. Será un buen propósito a cultivar en un espacio tirante de desafíos, tragedias e injusticias, muchas de ellas relacionadas entre sí. Es público y notorio que nos falta energía y convicción en muchas ocasiones, el poder de soñar con un nexo más del corazón que del cuerpo, para hacer realidad lo que nos parece irrealizable. Ojalá aprendamos a convivir en paz; y, las divergencias, se afronten no con las armas sino con el diálogo.

    Por eso, es sustancial asegurar esa mirada global con una visión centrada en las personas para fortalecer los enlaces comunitarios. Las soluciones inteligentes continúan siendo soluciones humanas. Será bueno, por consiguiente, impulsar un nuevo quehacer para restaurar la confianza y fortalecer los vínculos sociales. La tecnología y el cambio climático están reconfigurando las sociedades más rápido de lo que los marcos institucionales pueden adaptarse, provocando una creciente desconexión entre gobiernos y ciudadanos. A este cúmulo de despropósitos hay que sumarle la tremenda desigualdad que nos aqueja, lo que requiere voluntad política, colaboración por parte de todos y una visión compartida de un futuro más equitativo, al menos para no exacerbar las divisiones sociales.

     

  • El 2 de diciembre de 1931

    El 2 de diciembre de 1931

    Está lejos aquel golpe de Estado del 2 de diciembre de 1931 y hay quienes creen que eso ‘ya pasó’ y no merece la pena volver sobre ello. Sin embargo, se trata de uno de los ‘momentos’ clave de la historia nacional que de peor manera se ha estudiado. Por manipulación y por desidia.

    Un golpe de Estado es un ‘hecho social’ que involucra actores, propósitos y proyecciones políticas. No se trata de ocurrencias sin más de militares calenturientos. En el siglo XX hubo una curiosa variedad de golpes de Estado que tuvieron consecuencias significativas en la vida nacional. Los tres de signo progresista (abril de 1944, marzo de 1972 y octubre de 1979) fueron de corta duración y terminaron ahogados, y el más relevante, el del 15 de octubre de1979, además, rápido fue tergiversado y convertido en herramienta conservadora y represiva.

    El golpe de Estado del 2 de diciembre de 1931 ocurrió en unas circunstancias de indefinición política, cuando el gobierno encabezado por Arturo Araujo ―y que tenía, al asumir la conducción del Estado el 1 de febrero de 1931, un programa más o menos modernizante―, se encontraba en su máximo momento de debilidad y vaciado de sus aliados iniciales.

    No hay un solo factor que pueda explicar por qué en ese momento fue desalojado del aparato gubernamental Arturo Araujo, el presidente que había tomado posesión el 1 de febrero de 1931. Sin embargo, es claro que la fragilidad de ese gobierno progresista se fraguó a una velocidad insospechada debido a malas comprensiones y malas decisiones que se adoptaron, y de las que no solo fue responsable Arturo Araujo como de forma ordinaria se ha insistido.

    De hecho, cuando asumió la conducción gubernamental Araujo se topó con que su antecesor, Pío Romero Bosque, había dejado una mala situación financiera, que el negativo flujo de caja denotaba. Y puesto en contexto ese gobierno en concreto, resulta que es al que le tocó atajar los graves efectos multidimensionales de la Gran Crisis de 1929 que en el mundo subdesarrollado estaba causando estragos. Los precios internacionales del producto de exportación decisivo del país (el café) se desplomaron y eso se expresó de diversas formas en la economía nacional: problemas para el pago de los salarios de los empleados públicos, escasez de mano de obra para la recolección de la cosecha 1931/1932 por las restricciones propietarias, dificultades en la producción de granos básicos…

    Pero eso no fue todo. Desde 1928 se había venido configurando un tejido organizativo de nuevo tipo (el de la corriente de militancia comunista), radical en sus modos de expresión, y de choque en sus métodos, que de algún modo recogía los ecos a la consigna que en esa época había asumido la Tercera Internacional (o Internacional Comunista) y que orientaba de manera táctica su actuación sobre este postulado: ‘clase contra clase’. La agenda propuesta por Araujo como candidato presidencial, y con el apoyo expreso de Alberto Masferrer y su red del magisterio nacional, apuntaba a salirle al paso, aunque de un modo tibio, a la crisis social que estaba en marcha. No se trataba de una revolución ni siquiera de un programa de reformas sociales, pero sí era un giro en relación con el conservadurismo en el mundo rural. Y en mayo de 1931, cuando se produce una masacre de campesinos en Sonsonate por parte del aparato militar gubernamental, la situación política comenzó a discurrir de un modo complicado, porque la corriente de militancia comunista (que se expresaba al menos a través de estos instrumentos: el Partido Comunista de El Salvador ―fundado en marzo de 1930―, la Federación Regional de Trabajadores ― fundada en 1924, pero solo hasta 1928 pasó a ser orientada por militantes comunistas―, la seccional local del Socorro Rojo Internacional y la pequeña red de estudiantes articulada en la universidad estatal) elevó su tono y modo de protesta social.

    Y a esto hay que agregar un dato poco estudiado hasta ahora, y es que al ‘bajarse’ de la precandidatura presidencial y pasar a ser el candidato a la vicepresidencia de la fórmula de Arturo Araujo, Maximiliano Hernández Martínez (o como él firmaba: Max H. Martínez), también pasó a ser el ministro de Guerra. Y no solo eso, de facto, y al margen o a la sombra o sin poder evitarlo Arturo Araujo, se conformó un ‘directorio militar’ encabezado por Martínez donde estaba personal militar (generales y coroneles, y también de otros rangos más abajo) en el que confiaba. Así, la deriva represiva en la que se embarcó ese gobierno de Araujo tuvo a ese ‘petit comité militar’ como el formulador y ejecutor de tal deriva. De hecho, cuando se sacan cuentas de los participantes directos en el aplastamiento insurreccional campesino a partir del 25 de enero de 1932, aparecen Tomás Calderón, Salvador Castaneda Castro, Osmín Aguirre…, como los funcionarios del gobierno de Martínez desde el 5 de diciembre de 1931, pero que también provenían de aquel ‘petit comité militar’.

    Es decir, para ese golpe de Estado del 2 de diciembre de 1931 convergieron varios factores, y la tentativa del empréstito de que tanto se habla y en el que se empeñó Araujo, fue uno de ellos, pero no el único, y quizá no el decisivo.

    *Jaime Barba, REGIÓN Centro de Investigaciones