Categoría: Opinión

  • Enfermedad Renal Crónica: Un Problema de Salud Pública Mundial con Impacto Local en EL Salvador

    Enfermedad Renal Crónica: Un Problema de Salud Pública Mundial con Impacto Local en EL Salvador

    En el mundo, cada vez más personas están desarrollando Enfermedad Renal Crónica (ERC). En 2023 se estimó que 788 millones de adultos vivían con esta enfermedad, más del doble que en 1990. Hoy casi 1 de cada 7 personas adultas tiene algún grado de daño renal. La ERC ya es la novena causa de muerte mundial, provocando alrededor de 1.4 millones de fallecimientos al año. Los factores que más están impulsando esta enfermedad a nivel mundial son: Azúcar elevada en la sangre, Aumento del peso corporal y Presión arterial alta.

    ¿Qué es realmente la Enfermedad Renal Crónica?

    La ERC ocurre cuando los riñones dejan de funcionar correctamente de manera progresiva. Esto puede verse en: Disminución de la capacidad del riñón para filtrar la sangre, o Pérdida de proteínas en la orina. Si la enfermedad avanza sin tratamiento, puede llegar a insuficiencia renal, donde el paciente necesita diálisis o trasplante para sobrevivir. El aumento de la obesidad, la diabetes y el envejecimiento poblacional hace que cada año más personas estén en riesgo.

    La situación en El Salvador

    La ERC es un problema especialmente grave en nuestro país. Según datos oficiales, afecta alrededor del 12.6% de la población, pero en algunas zonas agrícolas las cifras son mucho más altas: 16–18% en promedio y hasta 23% en hombres jóvenes. Actualmente existen más de 52,000 salvadoreños diagnosticados con ERC, y muchos más podrían tenerla sin saberlo. Las áreas más afectadas son: Zona oriental, áreas costeras y el Bajo Lempa. Los hombres trabajadores agrícolas son los más impactados. Además de los factores tradicionales como diabetes o hipertensión, en El Salvador hay causas adicionales:

    Factores de riesgo frecuentes en el país: exposición a agroquímicos y pesticidas, trabajo al sol y en altas temperaturas, deshidratación crónica, trabajo agrícola intenso, consumo nocivo de alcohol, y falta de actividad física. La llamada ERC de causa no tradicional (ERCnT) afecta especialmente a hombres jóvenes en áreas rurales y no siempre está relacionada con diabetes o presión alta.

    Síntomas de alerta

    La ERC suele avanzar sin síntomas al inicio, pero algunos signos que no deben ignorarse son: Cansancio o debilidad constante, hinchazón en pies o piernas, orina espumosa o con sangre, necesidad frecuente de orinar, sobre todo en la noche, presión arterial difícil de controlar, picazón persistente en la piel. Si aparece alguno de estos síntomas —más aún en personas de zonas afectadas o con factores de riesgo— es importante consultar al médico.

    ¿Cómo se detecta a tiempo?

    La prevención puede salvar vidas. Las siguientes pruebas deberían realizarse al menos una vez al año en personas en riesgo: Examen de orina (para detectar proteínas o albúmina), examen de sangre (para medir creatinina y calcular la función renal), control de la presión arterial.

    Impacto económico

    El tratamiento de la insuficiencia renal es costoso:

    Tratamiento Costo aproximado por año en El Salvador

    Hemodiálisis en centros privados $4,680

    Hemodiálisis en la red pública $19,000

    Trasplante de riñón $22,000 (cirugía y pruebas incluidas)

    La ERC causa un gran peso económico para las familias y para el sistema de salud. Por eso es fundamental prevenir y diagnosticar temprano.

    Conclusión

    La Enfermedad Renal Crónica no solo amenaza la vida de miles de salvadoreños, sino también el bienestar de las familias y la estabilidad del sistema de salud.

    La mejor herramienta para combatirla sigue siendo la misma: prevenir, detectarla a tiempo y proteger nuestra salud renal desde hoy.

     

     

     

  • Pastillas para no soñar

    Pastillas para no soñar

    Parafraseando a Sabina, si querés “vivir cien años” tenés que garantizar que el viento “de la libertad” no te despeine tu pelo arregladito para la foto; además, que ni se te ocurra plantearte la posibilidad de habitar fuera de “un hogar en el que nunca reine más rey que la seguridad”. La “seguridad” del rey, obviamente. “Y si protesta el corazón”, si hay algún asomo de rebeldía contra eso y le mueven el tapete a su majestad, el nacido en Úbeda hace casi 77 años recomienda ir a la farmacia a preguntar si “venden pastillas para no soñar”. Leyendo y releyendo la letra de esa rola, para mi gusto una de las mejores de este monstruo español, me pregunto si con el publicitado “DoctorSv” del “bukelato” distribuirán ese “medicamento” para evitar que vuelva a ocurrir en el país lo que, tras varios intentos, ya pasó en las décadas de 1970 y 1980: que mucha gente se lanzara a luchar decididamente hasta lograr la derrota de la anterior dictadura militar, impuesta en el siglo veinte por más de sesenta años.

    Y es que necesitamos volver a soñar para aliviar a El Salvador de su mala salud política actual. Porque ciertamente está enfermo, independientemente de un hecho innegable pese a cómo se logró: la reducción de muertes violentas intencionales. Más allá de dicho escenario que lastimosamente no es irreversible ni idílico por la forma en que se alcanzó, la militarización para mantenerlo, el temor provocado ahora por agentes estatales y las violaciones de derechos humanos ‒sobre todo en perjuicio de la numerosa cantidad de personas inocentes privadas de libertad y sus familias‒ en este nuestro “hogar” no reina la seguridad verdadera, plena e integral. Veamos por qué sostengo esto.

    Sencillo. Porque la personal se refiere a la reducción o la inexistencia de violencia física, como en el caso de las referidas muertes violentas. Pero esta es parte de la seguridad humana, que es más amplia y apunta a la dignificación de las personas. Se trata de una situación generalizada en la cual estas no tienen que preocuparse por el desempleo, la reducción de salarios y la profundización de la brecha de la desigualdad porque existe seguridad económica; tampoco por su comida ni por el aumento de los precios de las provisiones, porque está garantizada la seguridad alimentaria; la insalubridad, las epidemias, la mala calidad de los servicios sanitarios y la falta de agua potable son problemas que no existen o pueden superarse en una sociedad en la que prevalece la seguridad en salud; el deterioro del ecosistema es irrelevante porque impera la seguridad medioambiental; y, finalmente, porque la seguridad jurídica y la seguridad política no son productos publicitarios sino realidades que favorecen a la población.

    Y más allá de la drástica disminución del llanto, el luto y el dolor provocado por la violencia pandilleril entre las mayorías populares salvadoreñas, todo lo anterior no es parte de su cotidianidad. Nunca lo ha sido, pero durante los últimos años su desmejora se ha visto incrementada. Por ejemplo, según la Encuesta de Hogares y Propósitos Múltiples elaborada por el Banco Central de Reserva, casi el 23 % de los hogares sobrevivían en situación de pobreza durante el 2019; la misma fuente estatal indica que en el 2024 estos se habían acercado al 26. En su descripción sobre el panorama regional durante el 2024, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe ubicó a El Salvador en el tercer sitio entre dieciséis naciones con la mayor “incidencia, intensidad e incidencia ajustada de la pobreza multidimensional”, solo abajo de Guatemala y Honduras. Según el mismo informe, estos tres países ‒a los que se unió Nicaragua‒ “destinaron menos de 600 dólares por persona al gasto social”, lo que contrasta con lo distribuido por Uruguay: más de cinco veces dicha cantidad.

    La lista de inseguridades humanas en nuestra comarca no se agota con lo anterior. Más allá del desmedido ejercicio cosmetológico oficialista que desde Casa Presidencial ya le metió mano al tradicional carnaval de la ciudad de San Miguel y está por adueñarse del decepcionante fútbol nacional, para seguir repartiendo atol con el dedo a montones, la publicitada e interesada “telemedicina” deberá incluir la distribución de “pastillas para no soñar”. De no ser así, retomando a Sabina, puede ser que alguna gente empiece a dejar de mantenerse “dentro de la ley”; es decir, amedrentada e inmovilizada por el régimen de “excepción” que está por consolidar su permanencia duranta ya casi cuatro años. En esas condiciones imaginables, si usted quiere “vivir cien años” tendrá entonces que comprarse “una máscara antigás”.

  • Por nuestros hermanos con discapacidades

    Por nuestros hermanos con discapacidades

    Juan Antonio Ramírez, cariñosamente conocido como Toñito, fue mi compañero de estudios en tercer ciclo. Toñito estudio profesorado en Matemáticas y se desempeñaba como docente, cuando en plena juventud perdió la vista por una herencia genética. Pasó a ser parte del aproximadamente 15 por ciento de la población mundial con algún tipo de discapacidad.

    Toñito dejó la docencia y aprendió a ver con los ojos del alma. Religioso, rápidamente se convirtió en el rezador “oficial” de Olocuilta y suele acompañar a los dolientes en los rezos y misas. Con resiliencia ha sabido insertarse en la sociedad y en el cariño de quienes le conocemos y admiramos. Con su fe ha logrado conllevar la discapacidad visual siendo ahora un referente para los jóvenes que lo ven como alguien que ha sabido ganarse el respeto y el cariño de todos.

    Por los cientos de millones de seres humanos con alguna discapacidad, desde 1992 la Organización de las Naciones Unidas (ONU) proclamó el 3 de diciembre como el Día Internacional de las Personas con Discapacidad, con la finalidad de impulsar la inclusión social y laboral, asimismo para concienciar sobre la importancia de crear sociedades accesibles y con igualdad de oportunidades.

    Todos los días debemos, pero especialmente el 3 de diciembre, reconocer los desafíos que día a día enfrentan las personas con discapacidad, ya sea genética o que esta haya sido adquirida por alguna circunstancia de la vida. Muchas personas con discapacidades enfrentan discriminación de la sociedad que les impone obstáculos o barreras para acceder a un mundo de igualdad de oportunidades y los relega a vivir en condiciones paupérrimas o deplorables.

    Las discapacidades sean visuales, auditivas, de movilidad, físicas o de cualquier tipo no le quitan lo humano a nadie, y como personas quienes adolecen de alguna discapacidad son, como todos, personas en proceso de perfección humana con un cumulo de pensamientos., conocimientos y sentimientos en constante transformación.

    Una persona con discapacidad no necesita de la lástima de los demás, solo requiere ser incluido en una sociedad que le facilite el entorno adecuado y que le brinde las condiciones para acceder a oportunidades en todos o casi todos los ámbitos de la vida. Las discapacidades sobran cuando la verdadera inclusión se manifiesta en la conciencia ciudadana y el Estado asume su responsabilidad para con ellos.

    Recuerdo que cuando estudiaba en la universidad había alumnos con discapacidades estudiando diferentes carreras que a base de esfuerzo lograron coronar su sueño académico y ahora son destacados profesionales que aportan mucho a la nación. Sin embargo, vivimos en un país donde son pocas las oportunidades para estas personas, porque nuestra conciencia colectiva nos lleva a suponer que su desventaja es una barrera para el crecimiento como seres humanos útiles para la sociedad.

    Reitero, una persona discapacitada no requiere de la lástima enfermiza, más bien anhela cariño, respeto, comprensión, empatía, y por supuesto ser incluido y tener acceso a oportunidades en lo académico, social, laboral, accesibilidad arquitectónica, infraestructura y servicios básicos.

    Vivimos en una sociedad donde todavía hay grandes obstáculos para las personas con discapacidades en el área de la salud y la educación. Carecemos de servicios de apoyo para estas personas y eso literalmente es discriminación. Por axioma y deber humano nadie debe ser discriminado por sus pensamientos, su género, sus condiciones sociales y mucho menos por sus discapacidades, que lo vuelven persona especial.

    Muchos estudios revelan que en el campo laboral las personas con discapacidades tienen menos salarios que los demás empleados que ocupan sus mismas plazas y que muchas instituciones, especialmente las privadas, no dan empleos a personas que presentan algún tipo de discapacidad, aunque la ley les exija cierto porcentaje.

    Gloria Campos, mi paisana y amiga sufrió un accidente cuando era una joven treintañera y quedó en silla de ruedas. Gracias a su resiliencia logró sacar adelante a sus tres hijas, coronar una carrera universitaria y pese a su discapacidad de movilidad, conduce vehículo casi a la perfección.  Gloria, una mujer admirable y respetable ha demostrado que con oportunidades, fe y voluntad se pueden superar las discapacidades, aun conviviendo con ellas.

    Recientemente me encontré en Guatemala al colega columnista Gerardo Schonenberg, de 25 años de edad, quien tiene discapacidades para hablar y movilizarse. Toda su vida la ha pasado en silla de ruedas, pero al vivir en una familia amorosa y comprensiva ha logrado ser entendido y ha desarrollado capacidades que le permiten escribir columnsa de opinión sustanciosas y trascendentales. Gerardo es licenciado en turismo, graduado con ayuda de una tutora, de una universidad privada. Ha escrito libros y verificado accesos para personas discapacitadas en hoteles pequeños y medianos en El Salvador. Ama la aventura.

    No todas las personas discapacitadas tienen el apoyo de sus parientes, de la sociedad y el Estado. Muchos viven marginados y sin oportunidades. Esa deuda la tenemos todos, porque no hemos acumulado la conciencia suficiente para entender a estas personas y por ende garantizarle sus derechos como seres humanos especiales que merecen todo nuestro respeto y apoyo.

    Para este 3 de diciembre la ONU ha creado el lema 2025, el cual textualmente dice: “Fomentar sociedades exclusivas de las personas con discapacidades para avanzar en el progreso social”. El tema resalta la necesidad de una inclusión total en todas las esferas de la vida para lograr un desarrollo social equitativo, justo y más humano dentro de la convivencia social.

    No entender, no comprender y rechazar a las personas con discapacidades por esa simple razón, solo es una forma de manifestar la discapacidad del alma. La verdadera inclusión no pasa por el uso errado de la gramática, pasa y se acentúa en la necesidad de generar empatía, condiciones y oportunidades (en todos los campos de la vida) a nuestros semejantes que tienen una o varias discapacidades… En la vida todos somos criaturas de Dios.

    *Jaime Ulises Marinero es periodista

     

  • Entre páginas y pantallas: cuando el cine nos invita a leer

    Entre páginas y pantallas: cuando el cine nos invita a leer

    En estos tiempos donde las series y las películas dominan nuestras conversaciones, donde un estreno en Netflix mueve más opiniones que un libro en la mesa de noche, vale la pena preguntarnos algo sencillo: ¿puede el cine acercarnos a la lectura?

    La respuesta es sí. Y no solo puede: lo está haciendo.

    Las adaptaciones literarias al cine y la televisión están abriendo puertas que parecían cerradas para muchos jóvenes y adultos que nunca habían leído una novela completa. La pantalla despierta la curiosidad, y la curiosidad, si se guía bien, puede llevar a un libro que cambie una vida.

    Porque si la película enamora, el libro transforma.

    La magia de Macondo en movimiento

    La llegada de Cien años de soledad a Netflix es un acontecimiento cultural para nuestro continente. Por primera vez, millones de personas pueden asomarse a Macondo sin haber leído una sola línea del libro.

    La serie convierte la complejidad de García Márquez en imágenes vivas y en escenas que sorprenden, incluso a quien nunca había oído el nombre de los Buendía.

    Eso sí: por más fiel que sea, ninguna adaptación puede capturar el realismo mágico tal como aparece en la novela. Lo que en el libro es pura poesía, en pantalla es solo un reflejo.

    Pero justamente ahí está el encanto: la serie despierta la sed de conocer el texto original.

    El buen reparto y la producción de alto nivel le dan fuerza visual, pero la esencia sigue esperando en las páginas del libro.

    Isabel Allende: emociones que traspasan pantallas

    Algo similar ocurrió con La casa de los espíritus, de Isabel Allende. La película llevó al cine la intensidad emocional de sus personajes y su mezcla única entre historia familiar y fantasía.

    Actores como Meryl Streep, Glenn Close, Jeremy Irons, Antonio Banderas y Winona Ryder dieron vida a una narración que ya era poderosa por sí misma.

    Muchos espectadores descubrieron la novela después de ver la película, buscando entender más profundamente los silencios, los dolores y las memorias de esa familia marcada por la historia de un país.

    En ambos casos, García Márquez y Allende, el cine se convirtió en puente para que nuevas generaciones llegaran finalmente al libro.

    Cuando la literatura se vuelve una experiencia compartida

    Leer suele ser un acto íntimo, silencioso, personal. Pero ver una película o una serie basada en un libro convierte esa experiencia en algo colectivo: una conversación familiar, un debate en clase, un comentario entre amigos.

    Hablar de Macondo o de los espíritus de Allende ya no es cosa de unos pocos lectores, sino de miles que vieron la adaptación. La literatura, al llegar al entretenimiento, se vuelve tema común.

    Y ese diálogo abre nuevos caminos para que surjan lectores donde antes no los había.

    El camino de regreso al libro

    Cuando una novela llega a la pantalla, muchas personas sienten curiosidad por el texto original. Quieren entender lo que no se mostró, descubrir personajes omitidos y vivir en profundidad, lo que apenas se insinuó en la adaptación.

    Pasa con Cien años de soledad. Pasa con La casa de los espíritus. Pasa con Los Miserables, con Drácula, con El Señor de los Anillos y con tantas obras que, al verse en pantalla, dejan una sensación incompleta.

    Porque el libro siempre es más amplio que la película. Más profundo. Más íntimo. Más verdadero.

    La literatura sigue viva

    Algunos dicen que los libros están perdiendo terreno frente a las pantallas. Yo creo lo contrario: se están reinventando.

    Mientras más adaptaciones vemos, más lectores nuevos aparecen; jóvenes que descubren que una historia tiene más detalles en el papel que en la pantalla, y que la imaginación es un espectáculo que nadie puede filmar.

    La literatura se vuelve universal cuando llega al cine. Pero vuelve a ser personal cuando cada quien regresa al libro.

    Una invitación final

    Leer no es competir con el cine: es complementarlo. Quien vio una película basada en una novela ya tiene un pie dentro del mundo literario.

    Solo falta dar el siguiente paso: abrir el libro. Como escribió Pablo en las Sagradas Escrituras: “Examinadlo todo; retened lo bueno” (1 Tesalonicenses 5:21). Y pocas cosas son tan buenas, tan profundas y tan transformadoras como leer la obra original.

    Porque una película se ve. Pero un libro se vive.

  • La fuerza del Derecho

    La fuerza del Derecho

    Hablar de Derecho Penal en El Salvador siempre ha sido un ejercicio de precisión y equilibrio, casi como intentar sostener en una mano el Derecho y Razón de Ferrajoli y en la otra una taza de café sin derramarla, mientras el clima político presiona desde todos los costados. Aun así, vale la pena hacerlo, porque la justicia penal no es un lujo académico: es el corazón mismo del Estado de derecho. El Salvador ha apostado por un modelo de seguridad firme, con resultados visibles. Sin embargo, conviene recordar —con la calma de los juristas y la ironía de los realistas— que el Derecho Penal es el instrumento más delicado del poder estatal.

    Como decía Luigi Ferrajoli, “donde comienza el poder punitivo, deben redoblarse las garantías”. Y esto no por capricho intelectual, sino porque la libertad humana no admite errores de cálculo. El Derecho Penal salvadoreño, aunque sólido en su estructura normativa, enfrenta el eterno desafío de evitar convertirse en una herramienta de simple eficacia. La presunción de inocencia, el debido proceso y la proporcionalidad no son obstáculos administrativos: son, en palabras de Ferrajoli, “las condiciones mínimas para evitar que la justicia se transforme en fuerza sin derecho”. Y cuando la justicia se ejerce sin estas restricciones, no es justicia, es otra cosa.

    En esta ecuación, la independencia judicial juega un papel esencial. No es un adorno institucional, ni un capricho de los magistrados. Es, como diría Francesco Carnelutti, “la posibilidad real de que el juez no tema, ni espere, ni dependa”. Porque un juez que teme no decide; un juez que espera favores no juzga; y un juez que depende deja de ser juez para convertirse en funcionario administrativo del poder punitivo. La presión social por seguridad es legítima. Los salvadoreños desean vivir sin miedo; y es justo que así sea. Pero la historia comparada ha demostrado, una y otra vez, que cuando la seguridad se coloca por encima de las garantías, a largo plazo se pierde ambas.

    El juez penal salvadoreño, entonces, se encuentra en una posición compleja: sostener el equilibrio entre la demanda social de firmeza y la exigencia constitucional de respetar derechos fundamentales. Y, para ser sinceros, no es un trabajo para cardiacos. Aquí conviene recordar la advertencia clásica de Eugenio Raúl Zaffaroni: “el poder punitivo tiende siempre a expandirse, y por ello el papel del juez es ponerle límites en nombre de la Constitución”. No limitar el poder punitivo —advierte Zaffaroni— no fortalece al Estado, sólo debilita al ciudadano ante él. Una advertencia que, por cierto, no pierde vigencia, aunque a veces se intente guardar bajo la alfombra del optimismo institucional.

    En nuestro país, la independencia judicial enfrenta desafíos estructurales: cargas laborales inmensas, exigencias institucionales que rozan lo heroico y un entorno social que, en ocasiones, espera que el juez sea simultáneamente un fiscal eficiente, un técnico procesal impecable y un superhéroe constitucional. Difícil tarea. Uno casi pensaría que en la Escuela de Capacitación Judicial deberían impartir un curso llamado “Acrobacias jurídicas y resistencia a presiones externas”. Pero, más allá de la ironía, la realidad es incontestable: sin jueces independientes, el Derecho Penal se convierte en una maquinaria sin control.

    No es una exageración académica; es una constatación histórica. Ferrajoli recuerda que “los modelos de poder absoluto han surgido siempre donde el juez dejó de ser un tercero imparcial”. Y si algo enseña la historia jurídica universal es que cuando la justicia deja de ser un contrapeso, termina siendo un instrumento. El fortalecimiento institucional no puede esperar. La carrera judicial debe profesionalizarse con méritos verificables y no con simpatías coyunturales. La estabilidad judicial debe respetarse, porque, como decía Carnelutti, “el juez necesita la serenidad que sólo da la libertad”.

    Sin estabilidad no hay serenidad; sin serenidad no hay imparcialidad; y sin imparcialidad el Derecho Penal se convierte en simple administración de castigos. Asimismo, la formación continua es indispensable. No hablamos de simples talleres, sino de una profesionalización profunda en criminología, prueba, derechos humanos, análisis técnico y razonamiento jurídico avanzado. El poder punitivo moderno es cada vez más complejo, y un juez sin actualización constante corre el riesgo de convertirse en un operador mecánico, incapaz de cumplir la función contra-mayoritaria que el sistema constitucional le asigna.

    El Salvador necesita una justicia penal firme, pero también profundamente humana. Zaffaroni recordaba que “el derecho penal debe ser la mínima intervención necesaria, no la máxima expresión de fuerza estatal”. Esa visión, lejos de debilitar al Estado, lo ennoblece, porque coloca la dignidad humana en el centro de sus decisiones. Por ello, la independencia judicial no puede ser vista como un antagonista de la seguridad, sino como su complemento indispensable. La seguridad sin independencia judicial puede volverse excesivamente fuerte; la independencia judicial sin eficacia puede volverse excesivamente débil. La democracia requiere ambas dimensiones, equilibradas y coordinadas.

    Al final de todo este recorrido académico—y un poco sarcástico, pero siempre respetuoso—queda una verdad inescapable: la fuerza del derecho es la única capaz de contener al derecho de la fuerza. Esa es la gran lucha de toda democracia moderna. Porque la verdadera seguridad no se logra solamente encarcelando delincuentes; se logra cuando cada decisión estatal, sea dura o suave, respeta el marco constitucional. Entonces, y sólo entonces, la justicia deja de ser un acto de poder y se convierte en un acto de civilización. Y ese es, precisamente, el desafío salvadoreño: construir una justicia penal independiente, profesional y fuerte.

    Una justicia que no tiemble, no espere y no dependa —como soñaba Carnelutti—; una justicia que limite al poder punitivo —. Una justicia que recuerde siempre que el verdadero poder del Estado no está en su fuerza, sino en su capacidad de respetar la dignidad del ser humano. El Salvador tiene una oportunidad histórica: demostrar que seguridad y garantías no son enemigas, sino aliadas; que un Estado fuerte es aquel que se atreve a limitarse a sí mismo; y que la verdadera grandeza institucional no está en la contundencia del castigo, sino en la elegancia del debido proceso.

    La justicia penal que la nación necesita no es sólo eficiente, sino también prudente; no es sólo firme, sino también humana; no es sólo rápida, sino también independiente. Porque al final, la democracia no se fortalece únicamente con cárceles más llenas o índices delictivos más bajos, sino con jueces capaces de decir “no” cuando corresponde, “sí” cuando la ley lo exige y “esperemos” cuando la sabiduría constitucional lo aconseja. Una justicia así no teme a la opinión pública, no negocia sus principios y no se doblega ante urgencias circunstanciales. Si El Salvador desea consolidarse como un Estado democrático sólido, deberá proteger a quienes protegen el derecho: sus jueces.

    Y cuando eso ocurra —cuando la independencia judicial sea tan incuestionable como la necesidad misma de seguridad— entonces habremos entendido que la fuerza de un país no se mide sólo por quién puede castigar, sino por quién se atreve a garantizar. Esa es, en definitiva, la fuerza del derecho: un poder que no aplasta, sino que orienta; que no teme, sino que razona; que no domina, sino que limita; y que, cuando se ejerce en libertad, convierte a la justicia en la más alta forma de civilización.

  • En azul

    En azul

    Cuando se reconoce algo pero que es difícil poder llegar a darle un nombre, seguramente es el momento en el que la curiosidad  y la invención humana  transitan juntas en la interminable autopista del descubrimiento. Y es que uno de esos momentos fue el aparecimiento del color azul, siendo uno de los favoritos de muchos, en los que me incluyo.

    Según registros científicos, el primer pigmento azul apareció en Egipto hace unos cinco mil años. En ese entonces de una mezcla de minerales resultó un color que no supieron  nombrarlo, pero que era asemejado con los tonos ya existente y previamente identificados, que eran los rojos y los verdes. El primero talvez fue prontamente familiarizado por la sangre y los verdes por las clorofilas que yacen en las plantas. Aunque sabían que no era igual, el pigmento azul, lo clasificaron como un tono oscuro dentro de los anteriores; sin embargo, con la variación de procedimientos surgirían otras tonalidades de aquel azul no clasificado, el cual fue utilizado en pinturas rupestres y numerosos objetos como ha sido demostrado por los paleontólogos a través de la historia. Como un detalle enigmático, el tiempo sepulto la receta de aquellos azules egipcios.

    Ya en la Europa de los siglos XIV y XV, desde una mina remota y pequeña de Afganistán era importada la  piedra de lapislázuli, la cual era molida para  extraer su tonalidad azul; gracias a esta piedra semipreciosa el color azul ya era nombrado como tal. Al ser un pigmento raro también era caro de conseguir. De igual manera surgieron alternativas, como la azurita, de la que se obtenía otro tono. Se utilizó en pinturas, estatuas y más, aunque con una muy breve comercialización.

    Con el paso del tiempo y en constantes ensayos químicos, algunos fueron accidentales en el sentido que hubo confusión de elementos, pero como tanto en la vida ya está orquestado, así nacería el azul de Prusia que más adelante marcaría su uso en los uniformes de militares y policías en varias naciones.

    Al unísono del transcurrir de épocas, acá en América, los Mayas ya pintaban en con azul, muchos de sus murales prehispánicos son prueba de que esta civilización descubrió su azul en la naturaleza, en el añil. Sorprendieron a los colonizadores, ya habían inventado su azul desde antes que ellos llegaran a sus tierras. ¿Será la concordancia dentro de las etapas de descubrimiento y evolución  de cada civilización en la misma línea invisible al compás del tiempo? No lo sé, pero pienso que la fascinación siempre debió haber estado presente en cada imaginación al contemplar lo que estaba frente a sus ojos.

    Le han dado bastantes connotaciones al color azul, desde tristeza, elegancia, inteligencia hasta problemas mentales, pero seguramente nada de eso es cierto. Muy dentro de cada uno tengo la certeza, que podemos crear azules inventados como dice Sandra Mihanovich en su canción me contaron que bajo el asfalto, tenemos y debemos de tener la capacidad de ver esos azules hermosos que logran contenernos ante tanta adversidad y dolor que existe. Después de todo, el cielo no es azul todos los días, al menos no del mismo tono, pero siempre se puede pintar de azul.

    *Ivette María Fuentes es abogada 

  • Los nuevos reyes no llevan corona: son CEOs, billonarios y dueños de datos

    Los nuevos reyes no llevan corona: son CEOs, billonarios y dueños de datos

    En un artículo anterior escribí acerca de una nueva forma de poder político que estaría desplazando a la democracia en algunos países. A este sistema se le denomina “los reyes modernos”, caracterizado por su capacidad de operar dentro de marcos democráticos. Ejemplos paradigmáticos de esta corriente son Trump, Milei y Bukele. Aunque existen muchos otros líderes, especialmente en Latinoamérica, que intentan sumarse a esta corriente monárquica con tintes dictatoriales, paralelamente emerge otra tendencia que simula una aristocracia u oligarquía, la cual busca integrarse y, progresivamente, desplazar a los reyes modernos.

    La idea de una oligarquía mundial —un pequeño grupo de élites con control coordinado sobre gobiernos, economía, tecnología e información a escala global— es una preocupación creciente en los debates políticos y sociológicos actuales.

    Es un hecho que, en la economía más próspera del planeta durante el último cuarto de siglo, los cambios políticos, legales y económicos han transformado profundamente la relación entre riqueza y poder político en Estados Unidos. Las revoluciones tecnológicas y de mercado de las últimas décadas han generado riquezas a una escala sin precedentes, concentradas en un pequeño número de individuos. Estos, para mantener el status quo, han encontrado que la estrategia más efectiva es influir en las elecciones a través de contribuciones monetarias ilimitadas, posibles gracias a modificaciones legales ocurridas en los últimos 15 años. Las donaciones no son la única vía para que los ultra ricos accedan al poder; siguiendo el ejemplo de Trump, algunos multimillonarios están aprovechando su influencia financiera para acceder a cargos públicos. Al menos 44 de los 902 multimillonarios estadounidenses que figuran en la lista de 2025 de la revista Forbes, o sus cónyuges, han sido elegidos o nombrados para cargos estatales o federales en los últimos 10 años, desde altos cargos en el Gabinete hasta puestos más oscuros en consejos asesores.

    Estos mecanismos han facilitado la concentración del poder político en torno a intereses económicos, lo que implica un reto directo para la democracia tradicional y genera importantes debates sobre el futuro del sistema político.

    ¿Porque algunas tendencias parecen apuntar hacia una “oligarquía global”?

    Actualmente, existen factores estructurales que concentran cada vez más poder en manos de unos pocos. El 1% más rico posee una proporción creciente de la riqueza mundial, mientras que gigantes tecnológicos como Apple, Google, Meta y Amazon, junto con fondos de inversión como BlackRock, Vanguard y State Street, así como megacorporaciones multinacionales, influyen de manera decisiva en los mercados y en la formulación de políticas públicas. A esto se suma el ascenso del poder corporativo tecnológico: estas empresas controlan datos personales, inteligencia artificial, plataformas de comunicación y, cada vez más, sectores estratégicos como salud, educación y defensa. El avance tecnológico supera la capacidad de actualización de los marcos regulatorios nacionales —como se evidenció recientemente en nuestro país con el caso de Doctor-SV— lo que les permite actuar, en la práctica, por encima de los mecanismos tradicionales de control democrático.

    Del mismo modo que los ultrarricos han logrado adquirir un poder político creciente, a escala global aumenta la influencia de las élites económicas en las decisiones gubernamentales. Finalmente, la interdependencia global refuerza esta tendencia: la economía internacional depende de sistemas financieros, cadenas de suministro y organismos multilaterales dominados por las grandes potencias y sus actores económicos predominantes.

    Si esta trayectoria continúa, la consolidación del poder oligárquico podría desembocar en una centralización sin precedentes del control político y económico, concentrado en corporaciones tecnológicas, instituciones financieras globales y sistemas de vigilancia e inteligencia artificial.

    Como transmitió Orwell en su obra “1984”: Al final, comprendimos que la libertad nunca estuvo garantizada, porque no se pierde de un solo golpe, sino en pequeñas concesiones que parecen inofensivas. Descubrimos que la verdad puede ser moldeada cuando dejamos de cuestionarla, y que el control más poderoso no es el que se ejerce con fuerza, sino el que se instala en la mente hasta que aceptamos como propio aquello que alguna vez resistimos. Tal vez lo más alarmante no sea vivir bajo la vigilancia, sino llegar a amarla. Y así, sólo queda recordar que el primer acto de resistencia siempre será conservar la capacidad de ver, pensar y decir lo que realmente es.

     

     

     

     

     

     

  • El Plan Maestro para el fútbol en El Salvador por Yamil Bukele 

    El Plan Maestro para el fútbol en El Salvador por Yamil Bukele 

    La semana pasada se dio a conocer el denominado «Plan Maestro del Fútbol Salvadoreño 2025-2029» por parte del licenciado Yamil Bukele, virtual presidente de la Federación Salvadoreña de Fútbol (FESFUT) a partir del próximo 12 de diciembre del 2025 lo que ha generado grandes expectativas que van más allá de lo deportivo. Si bien la meta es clara, elevar el nivel competitivo de la Selecta y desarrollar talento nacional y de salvadoreños en el exterior, este plan estructurado en once ejes transversales merece una lectura desde la óptica de la seguridad y la criminología que son mis áreas de especialidad. Es en la integración social donde reside su verdadero potencial transformador.

    El fútbol, en un país como El Salvador, no es solo un deporte; es un poderoso vehículo de tejido social. Un plan que promueva el desarrollo del deporte base en la juventud, como el que se propone, tiene un impacto directo en la prevención de la violencia. El documento presenta un plan estratégico integral diseñado para transformar y profesionalizar todo el ecosistema del balompié nacional. Este plan comienza con un diagnóstico exhaustivo que identifica las fortalezas internas, debilidades estructurales y amenazas externas que enfrenta actualmente el deporte en El Salvador, seguido de un análisis de las brechas (GAP) a cerrar.

    La estrategia central se organiza en once Posiciones Estratégicas que cubren áreas críticas, desde la gobernanza institucional y financiera hasta el desarrollo del talento humano. Se prioriza la capacitación continua del personal, la modernización de la infraestructura física y tecnológica, y la aplicación de las ciencias aplicadas al deporte para mejorar el rendimiento. El objetivo fundamental es garantizar la sostenibilidad de las ligas y equipos y lograr el éxito competitivo de las selecciones nacionales en todas sus modalidades. Siendo en esencia, líneas estratégicas de seguridad ciudadana de bajo costo y altamente efectivas.

    Cuando se invierte en infraestructura deportiva y se generan espacios de ocio estructurado, se están retirando jóvenes del espectro de riesgo social. Un niño con un balón en el pie es un niño menos propenso a empuñar otras cosas. La inclusión de valores, disciplina y trabajo en equipo subrayada en el plan es la mejor vacuna contra la desintegración familiar y la captación por parte de estructuras criminales. Lo cual puede completarse con inteligencia emocional, sentido común y habilidades para la vida.

    Sin embargo, desde mi área de especialidad, es imperativo señalar que un plan tan ambicioso requiere una ejecución blindada. El eje de «Gobernanza Institucional» es el más delicado en mi punto de vista. Históricamente, las estructuras deportivas han sido vulnerables a la corrupción, actos arbitrarios, amiguismo, compadrazgo, comisiones por contrataciones, y al manejo discrecional de fondos, lo que desvirtúa cualquier esfuerzo de desarrollo. En el contexto de un plan maestro, la transparencia no es una opción; es un requisito de seguridad institucional para evitar que los recursos destinados al desarrollo sean desviados, perpetuando el ciclo de desconfianza y fracaso deportivo.

    La apuesta por el desarrollo del fútbol base, que apunta a generar una cantera de talentos, necesita ir de la mano con protocolos de protección de la niñez y adolescencia. La Protección y Bienestar de los Actores debe incluir mecanismos robustos para prevenir el abuso, el acoso y la explotación, asegurando entornos seguros para las jóvenes promesas. El éxito del plan no solo se medirá en goles, sino en la capacidad de la FESFUT de convertirse en un modelo de gestión ética y responsable.

    El Plan Maestro para el fútbol salvadoreño de Yamil Bukele es un mapa altamente ambicioso e innovador que, si se ejecuta y se articula estratégicamente con los programas de prevención social del Estado, puede trascender el campo de juego. El fútbol, como herramienta de desarrollo e inclusión, tiene la capacidad de ofrecer a miles de jóvenes una narrativa de vida alternativa al delito. Es una oportunidad histórica para que la FESFUT no solo gane partidos, sino que también contribuya a ganar la batalla por la seguridad y la reconstrucción del tejido social salvadoreño.

    Licenciado Yamil Bukele de algo estoy seguro con la propuesta estratégica que ha ofrecido al país, se van a formar mejores ciudadanos, con principios, valores, con una identidad de lo que representa ser salvadoreño, jóvenes que aprovecharán las oportunidades de educación y formación integral, pero también se formarán buenos y excelentes jugadores desde las bases, y futuros referentes de selecciones nacionales y de nuestras ligas, le deseo el mayor de los éxitos y bendiciones. Y que la cosecha de esta nueva generación sea incontable y estoy seguro de que los goles también van a llegar. Usted pasará a la historia como el dirigente deportivo que estableció las bases de un modelo de administración deportiva con planificación estratégica.

    *Por Ricardo Sosa, Doctor y máster en Criminología, Experto en seguridad de protocolos de fútbol

  • Emigración, Leyes y Justicia

    Emigración, Leyes y Justicia

    Dejar el país donde se nació implica un cambio de vida radical que prácticamente demanda una reinvención de quien lo hace.
    Realizarlo en condiciones apropiadas, con los recursos necesarios y en el marco legal que demande el país receptor es un trauma, así que es difícil calificarlo cuando la decisión la toman otros, destierro, o simplemente el individuo se ve forzado a huir en busca de refugio o de una vida mejor sin contar con los documentos necesarios o recursos para pagar un buen bufete de abogados.
    En fin, el futuro de los que huyen, más allá del calificativo de la huida, depende de las leyes del país que le acoge y del carácter y sensibilidad del funcionario que le procesa, quien en el marco de una justicia humanística debería valorar la tragedia que está padeciendo la persona que abandonó familias y bienes en procura de seguridad o una vida mejor, aspectos, que, en mi modesta opinión, deberían tener en cuenta quienes aplican las leyes migratorias.

    Sin embargo, hay otros casos migratorios que deberían ser tratados con severidad en procura de una justicia mayor, me refiero a quienes después de servir a una tiranía deciden abandonarla en procura de condiciones de protección o aún peor, en comisión del disfrute de los bienes malamente adquiridos.

    Hago referencia a los funcionarios del castrismo y de cualquier otra dictadura, Nicaragua y Venezuela, que al igual que el totalitarismo cubano han sido hábiles en contratar mercenarios que después de ser cómplices directos indirectos de todas las tropelías de esos regímenes, los abandonan cuando la situación se deteriora o simplemente un funcionario de mayor rango los miro de reojo.

    Esta reflexión es producto de una conversación con el escritor Jose Antonio Albertini en referencia al caso de un sujeto de nombre Jorge Javier Rodríguez Cabrera, quien fuera correo de ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba y formara parte de la aristocracia del totalitarismo castrista al contar con la amistad del esbirro mayor conocido como “El cangrejo”, nieto y escolta de Raúl Castro, lo que le facilitaba, según el diario local, “vínculos con la élite militar cubana”.

    Hay que tener en cuenta que prestar servicios de correo diplomático en cualquier país demanda una gran confianza y en Cuba, los requerimientos para esa posición exigen una lealtad política relevante, además que ser funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores,  pidiendo todo una actitud “revolucionaria”,  que implica pasividad ante los abusos en los que incurran las autoridades, uno de los aspectos que abordó Jose Martí en sus escritos cuando expresó, “Ver con calma un crimen es cometerlo” y más criminal que el sistema totalitario cubano hay que buscarlo con microscopio electrónico.

    Termino apuntando que parto de la premisa que todo estado tiene el supremo derecho de cuidar sus fronteras y determinar quien accede o no a su territorio, una vergonzante muestra de ese atributo fue la negativa de los gobiernos de Cuba, Estados Unidos y Canadá al negarle el permiso de entrada a sus puertos al buque San Luis,1939, que transportaba casi un millar de judíos que huían del nazismo. Estas personas se vieron obligadas a desembarcar en puertos europeos terminando muchos de ellos trágicamente.

    Soy un fervoroso creyente en la justicia y en las leyes, en el derecho de una defensa adecuada a la que los ciudadanos cubanos no tienen acceso, sin embargo, no puedo dejar de sentir aprehensión ante la excarcelación de una persona que cuenta con los antecedentes antes mencionados, que laboró por un periodo de tiempo en una dependencia gubernamental que exige fidelidad y que ha practicado por décadas el espionaje contra este país.

    No es justo, repito, que quienes han servido a una tiranía, la de Cuba o cualquier sitio, disfruten de la justicia ciega de una sociedad democrática porque cuenta con recursos para solventar una hábil defensa, en detrimento, de quienes no tienen un centavo por haber combatido el régimen que oprimía su país como sucede con los activistas de los derechos humanos, periodistas independientes y cualquier persona que ame la libertad y defienda sus derechos bajo los regímenes castro chavistas.

    *Pedro Corzo es periodista cubano

  • Venezuela, intervención

    Venezuela, intervención

    La intervención militar de Estados Unidos en Venezuela no iniciará cuando las tropas norteamericanas comiencen a avanzar por tierra dentro del país. No. Ya comenzó desde el momento en que se instaló el férreo dispositivo naval y aéreo en las aguas del Caribe. Que no es otra cosa que un cerco militar.

    Toda la parafernalia verbal de Trump es un juego de palabras que enmascara una decisión estratégica, al parecer, ya tomada hace unos meses.

    Desde el campo del poder imperial norteamericano esta operación todo indica que va sobre ruedas, y solo parece que falta dar el zarpazo de cierre con la captura de la cúpula dirigente venezolana (Maduro, Cabello, Padrino, los Rodríguez…) y la conformación de un gobierno de facto a la medida de los intereses norteamericanos.

    En 1989, el ingreso de las tropas norteamericanas ‘eyectó’ a Noriega y después se retiraron. ¿Hubo resistencia? Sí. Pero insuficiente para contener la andanada norteamericana. Ahora se trata de otra cosa. El modelo de Panamá quizá no sea tan efectivo, de ahí que las fases previas (antes del asalto) están siendo cumplidas con mayor análisis de las consecuencias que sobrevendrían.

    Un derrumbe del régimen venezolano vía la intervención norteamericana sería gravísimo para todo mundo. Incluido el actual gobierno de los Estados Unidos.

    Descontando a Cuba y a Nicaragua, tres países también la rechazarían sin ambages y sin miedo: México, Brasil y Chile. Y esto, para Estados Unidos, es un problema adicional con el que no será fácil lidiar. Intentar con México algo así como lo que está en marcha en Venezuela sería descabellado. No imposible, pero sí probable.

    ¿De verdad lo único que quiere Trump es que se vaya Maduro y su cohorte? Difícil creer eso. Solo basta hacer números y sacar la cuenta de los millones de dólares que lleva invertidos en ese despliegue militar en el Caribe. Para nadie es un secreto que el factor geopolítico clave es que en Venezuela se encuentra la mayor reserva mundial de petróleo.

    A Trump y sus halcones les tiene sin cuidado los muertos que la presencia norteamericana en Venezuela pueda provocar. Sus alegatos solo quieren justificar que ellos son los designados (¿por quién o por qué?) para poner orden en aquel país.

    ¿Podría China detener a Estados Unidos? Según Nicolás Maduro, que dice haber pedido el apoyo de Xi Jinping, sí. Sin embargo, las razones para que China se interponga al ‘destino manifiesto’ norteamericano no se observan con claridad.

    Aunque no puede ignorarse que hasta 2025 China lleva invertidos 70,000 millones de dólares en Venezuela en asuntos relacionados con el petróleo. Y este dato, lo dice todo: el más importante comprador de petróleo del mundo tiene, en este momento, un acceso directo a la mayor reserva mundial de petróleo. ¿Esto comporta que se interpondrá entre Venezuela y Estados Unidos? ¿O significa que sus intereses económicos están por encima de la relación ‘política’ con el régimen venezolano? Aquí está el quid de la cuestión del papel de China en la crisis actual de Venezuela.

    Es muy peligroso lo que está intentando Trump y es muy complicada la situación en la que quedaría China si fuera desplazado Maduro de Miraflores.

    El ataque que Estados Unidos hizo a Irán, a sus plantas de enriquecimiento de uranio, no es algo que vaya a realizar en Venezuela.

    ¿Puede haber una salida negociada a esta extraña situación? Por supuesto, siempre hay posibilidades de negociar. Eso sí, Trump ya adelantó que ‘solo quiere oír la fecha de salida de Maduro’.

    El cerco naval, al parecer, ha cumplido su cometido, según el gobierno de Estados Unidos. La mayor presencia aérea ha comenzado a concretar el segundo escalón. Pero el que se presenta como el punto de quiebre de este escenario es el momento en el que las tropas norteamericanas pongan pie en suelo venezolano. ¿Cómo resolverán eso? ¿Configurarán una cabeza de playa? ¿O habrá apertura de varios flancos o direcciones de ataque en diferentes rumbos? ¿Pretenden llegar hasta Miraflores? ¿Tienen ya resuelto lo del relevo? ¿Es María Corina, la Premio Nobel de la Paz, quien avalará este acto de guerra? ¿Se está contabilizando a Capriles para algo? ¿Los militares de Venezuela se mantendrán cohesionados en torno a Maduro? ¿Piensan los norteamericanos que habrá júbilo popular por la invasión militar?

    Muchas preguntas en esta hora incierta para Venezuela y América Latina.

    *Jaime Barba, REGIÓN Centro de Investigaciones