Categoría: Opinión

  • “Más allá de mi mirada”: un libro para comprender la vida, la muerte y la esperanza

    “Más allá de mi mirada”: un libro para comprender la vida, la muerte y la esperanza

    Siempre procuro leer libros que me ayuden a comprender mejor la vida, que aporten elementos útiles para las decisiones diarias y que amplíen mi manera de ver el mundo.

    Fue así como llegó a mis manos esta obra singular, profundamente humana y escrita desde la experiencia de alguien que ha dedicado gran parte de su existencia a acompañar personas en los momentos más difíciles de sus vidas.

    Este libro narra la experiencia del autor durante más de cincuenta años de servicio en hospicios de los Estados Unidos. Pero no se trata de un texto médico ni de un tratado académico. Es, más bien, un libro de acompañamiento, de consuelo y de reflexión.

    A través de sus páginas conocemos historias reales de personas que se encontraban en los últimos días, horas o incluso minutos de vida. También observamos el impacto que estos momentos producen en los familiares, amigos y seres queridos que permanecen acompañando el proceso.

    Lo que más me llamó la atención es que “Más allá de mi mirada” no es un libro triste. Aunque aborda un tema que muchas veces evitamos mencionar, está escrito con esperanza, sensibilidad y profundo respeto por la dignidad humana.

    Cuando la experiencia se convierte en sabiduría

    Adán García no escribe desde la teoría. Escribe desde la experiencia. Durante décadas acompañó a pacientes terminales y a sus familias. Escuchó preguntas difíciles. Compartió silencios. Presenció despedidas. Oró con quienes enfrentaban sus últimas horas.

    Esa experiencia convierte cada página en un testimonio auténtico. Como Alfredo, y también como escritor, encontré especialmente valioso que el autor no pretenda impresionar al lector. Su tono es sencillo, cercano y honesto.

    Habla como quien conversa con un amigo en un momento importante de la vida. Quizá por eso el libro resulta tan accesible para cualquier persona, independientemente de su edad o formación académica.

    La historia que sostiene todo el libro

    El eje emocional de la obra es la experiencia personal del autor con la enfermedad y posterior fallecimiento de su esposa Marisol. A lo largo del libro conocemos los últimos meses de vida de quien fue su compañera durante tantos años.

    Observamos cómo la enfermedad entra en la vida familiar, cómo transforma rutinas, modifica prioridades y obliga a replantear preguntas que muchas veces permanecen dormidas. Lo que hace especial esta narración es su honestidad.

    No encontramos respuestas fáciles ni frases vacías. Encontramos el relato sincero de un hombre de fe que también experimenta dolor, incertidumbre y tristeza. Esa combinación de experiencia humana y reflexión espiritual convierte la lectura en algo profundamente cercano.

    Todos sabemos qué ocurrirá, pero pocos queremos hablar de ello

    Existe una realidad que compartimos todos los seres humanos: algún día enfrentaremos la muerte, ya sea la propia o la de alguien que amamos. Sin embargo, pocas veces hablamos de ella. La evitamos. La posponemos. Actuamos como si fuera un asunto lejano.

    El libro nos recuerda que reflexionar sobre este tema no significa vivir con miedo, sino vivir con mayor conciencia. Adán García propone que la comprensión de la muerte puede ayudarnos a valorar mejor la vida. Y esa me parece una de las enseñanzas más importantes de la obra.

    Un libro que dialoga con el lector

    Mientras avanzaba en la lectura, tuve la sensación de que el autor no escribía para convencer a nadie de una postura determinada. Más bien, buscaba acompañar al lector en sus propias preguntas. ¿Qué ocurre cuando un ser querido recibe un diagnóstico devastador? ¿Cómo enfrentamos la despedida? ¿Qué siente una familia durante los últimos días? ¿Cómo encontramos consuelo en medio de la pérdida?

    Estas preguntas aparecen una y otra vez, no para generar angustia, sino para abrir espacios de reflexión.

    Por eso considero que este libro tiene un valor especial. No se limita a hablar de la muerte. Habla de la familia. Habla del amor. Habla de la esperanza. Y habla de la capacidad humana de seguir adelante aún después de las pérdidas más profundas.

    Leer también es prepararnos para vivir

    Una de las razones por las que recomiendo esta obra es porque confirma algo que he mencionado en otros artículos: leer no consiste únicamente en adquirir información.

    Leer también es prepararnos para la vida. Hay libros que nos enseñan a emprender.

    Otros nos enseñan a liderar. Otros nos enseñan a comprender mejor la historia. Y algunos, como este, nos ayudan a reflexionar sobre los momentos más delicados de la existencia humana.

    Ese es precisamente el valor de la buena literatura y de los buenos libros: amplían nuestra mirada y nos permiten acercarnos a experiencias que quizá aún no hemos vivido.

    Un libro necesario

    Para leer hay de todo. Hay libros para entretenerse. Hay libros para aprender. Hay libros para soñar. Y también existen libros que nos ayudan a comprender mejor aquello que todos enfrentaremos tarde o temprano. “MÁS ALLÁ DE MI MIRADA” pertenece a esta categoría.

    Es una lectura amable, reflexiva y profundamente humana. No busca generar temor.

    Busca ofrecer comprensión. No pretende aumentar la tristeza. Busca acompañar.

    Y precisamente por eso considero que merece ser leído.

    Epílogo: una lectura que deja huella

    Al terminar este libro pensé en algo muy sencillo: las mejores lecturas son aquellas que continúan hablándonos después de cerrar la última página. Este libro hace precisamente eso. Nos invita a valorar más a quienes amamos. Nos recuerda que el tiempo es valioso. Y nos anima a vivir con mayor gratitud cada día.

    Más allá de las creencias personales de cada lector, encontré en estas páginas una invitación universal: vivir con más conciencia, amar con más intensidad y acompañar con más compasión.

    Quizá ese sea el mayor mérito de un buen libro. Ayudarnos a mirar más allá de nosotros mismos. Como dice el libro de Proverbios: “El corazón del sabio adquiere conocimiento, y el oído de los sabios busca la ciencia” (Proverbios 18:15).

    Leer es precisamente eso: abrir el corazón y la mente para comprender mejor la vida. Y algunos libros, como “Más allá de mi mirada”, nos ayudan a hacerlo de una manera profundamente humana.

    *Alfredo Caballero Pineda, es escritor y consultor empresarial. 

    alfredocaballero.consultor@gmail.com

  • Tiempos de soñar y de cumplir

    Tiempos de soñar y de cumplir

    El apóstol cubano José Martí, escribió uno de los libros más representativos de su grandeza, “La Edad de Oro”, 1889, una publicación que concibió, en principios, como una revista cultural dedicada a los niños de America. Solo fueron cuatro números, a pesar de cuya brevedad, han dejado una huella profunda en los que la leímos.

    La niñez es el tiempo de soñar y de jugar, la juventud, el de empezar a cumplir la obra de la vida, una ruta que puede ser muy complicada y hasta traumática, no obstante, todos debemos acometerla, porque solo así, “la muerte no es verdad”.

    La juventud en cualquier lugar del mundo, particularmente donde los derechos ciudadanos están en riesgo, es la primera en abrazar quimeras sin importarle las consecuencias, sin embargo, en democracia, cuando el usufructuó de las libertades no corren peligros, la mayoría de los jóvenes tienden a vivir en un estado relajación que les conduce a postergar el cumplimiento de sus deberes cívicos, no obstante, hay notables excepciones como pudimos apreciar en el Primer Encuentro Internacional de Jóvenes con la Memoria Histórica Cubana, que se celebró recientemente en la Universidad Internacional de la Florida.

    Ese Primer Encuentro convocado por varias instituciones del exilio cubano fue presidido y organizado por el doctor Daniel Pedreira, un Pino Nuevo con un alto sentido del deber. Pedreira, reunió, virtual y físicamente, a un grupo notable de jóvenes radicados en diferentes países bajo el denominador común de querer reconstruir la república que perdimos.

    El evento se desarrolló durante todo el día y fue organizado en cinco mesas de trabajo que abordaron temas diferentes: La memoria histórica en las redes sociales; La investigación histórica en el postotalitarismo; El exilio como reservorio, fuente de tradiciones y lucha por los valores de la nación cubana; La recuperación y restauración de la historia de Cuba; Resistencia y lucha por la democracia: perspectivas de las nuevas generaciones sobre el legado totalitario.

    Fue impresionante ver a tantos jóvenes discutir sobre el futuro de Cuba, muchos de ellos, como el propio Pedreira, nacieron lejos de la Isla y, aun así, conocían la historia y conversaban fluidamente en la lengua de sus abuelos y padres, sobre el pasado y futuro de la Patria común.

    Fue mucha satisfacción escucharlos. El trabajo que se impusieron sus mayores de que no perdieran sus raíces fue fructífero y es de esperar que contribuyan, como así lo expresaron muchos, en la construcción de un país mejor a la vez que sigan contribuyendo en el progreso de la nación en la que residan.

    Estuvieron presentes, aunque con una participación muy tangencial, representantes de otras generaciones, entre otros, Ramiro y Carmen Gómez, los hermanos Ángel y Armando de Fana, Saturnino Polón, Sebastián Arcos Cazabon, director del Instituto de Estudios Cubanos de la FIU, una de las instituciones patrocinadoras del encuentro, Luz Martínez y Enrique Ruano.

    La experiencia fue muy relevante. Escuchar al joven Pedro Pérez sobre sus experiencias en Ucrania y la importancia de trabajar por el futuro de Cuba, oír a la señorita Yoryana Lima, hace pocos años salió de Cuba, comentar sobre sus esperanzas de un futuro mejor para nuestro país, fue conmovedor y edificante, al igual que ver al actor Ricardo Becerra, quien trabajó en la película “Plantados”, expresar que conoció mucho mejor la crueldad e injusticias del totalitarismo al trabajar en ese film, por cuya razón no deja de denunciar sus abusos, convence a todos que los muchos que cayeron en esta lucha por la democracia en Cuba y la prisión de tantos, no ha sido en vano, porque como comentó la activista Kiele Cabrera “estamos todos unidos en crear estrategias para contrarrestar las narrativas del régimen y prepararnos para la transición democrática adentro de Cuba».

    Cierto que la juventud no vuelve, pero lo que sembramos en ella puede ser útil para el futuro de muchos y el propio. Sería muy conveniente que los cubanos repitamos esta experiencia que fue conducida tan brillantemente y que los políticos de nuestro hemisferio les confieran espacios públicos a las nuevas generaciones de sus respectivos países. La juventud es un divino tesoro y lo que sembramos en ella es para siempre.

    Gracias a Arcos Cazabon, Ángel de Fana y los doctores Ramón Barquín y Daniel Pedreira por un esfuerzo con tan excelentes resultados.

    *Pedro Corzo es periodista cubano

  • Cuando un hospital público es mejor que uno privado en El Salvador

    Cuando un hospital público es mejor que uno privado en El Salvador

    Tradicionalmente, desde la perspectiva de la criminología ambiental y el análisis de las instituciones, el espacio público en América Latina ha sido leído como un reflejo del abandono estatal. La infraestructura pauperizada solía ser el caldo de cultivo ideal para la anomia y la desatención social, ensanchando la brecha de desigualdad donde solo el sector privado garantizaba la dignidad. Sin embargo, la inauguración del nuevo Hospital Nacional Rosales el pasado 1 de junio 2026 por el presidente Nayib Bukele obliga a reformular este paradigma: estamos ante un escenario inédito donde lo público no solo iguala, sino que supera la oferta de la medicina corporativa, de lo privado. Como usuario y pagar un seguro médico hospitalario doy fe de eso.

    Desde un enfoque criminológico, el acceso a servicios élites de salud actúa como un pacificador social y un igualador de derechos fundamentales. Cuando el Estado provee tecnología de punta de forma gratuita, como lo es el primer quirófano híbrido de la región, sistemas de cirugía robótica y laboratorios automatizados capaces de procesar miles de pruebas por hora, le arrebata al entorno delictivo uno de las pesadillas y dramas más silenciosos: la desesperación por la supervivencia económica ante la enfermedad, el cómo voy a pagar esa cuenta.

    El nuevo Hospital Rosales quiebra la vieja narrativa de que «lo barato o gratuito debe ser deficiente». Al centralizar 47 especialidades y equipos avanzados como el resonador de 3 Tesla, el sistema público absorbe demandas médicas de alta complejidad que muchas clínicas privadas locales ni siquiera pueden financiar de forma independiente. Para el ciudadano menos favorecido, la atención privada se traduce con frecuencia en un endeudamiento catastrófico que fragmenta el tejido familiar. Al democratizar cirugías complejas y tratamientos oncológicos sin costo, la gestión estatal redefine la seguridad humana, devolviendo la confianza de la población en sus instituciones y mitigando la vulnerabilidad social.

    Cuando el gobierno central del presidente Bukele invierte con estándares internacionales y supera las capacidades tecnológicas instaladas del ámbito privado, la salud deja de ser un privilegio de consumo y se consolida como un derecho absoluto. El Hospital Rosales marca un hito de infraestructura que demuestra que la verdadera dignificación ciudadana comienza cuando lo mejor del Estado ejecutado por la firme voluntad del gobierno se pone a disposición de las mayorías.

    El presidente Nayib Bukele la semana anterior ha brindado un gran ejemplo a nuestro país, a toda su sociedad, pero también al mundo, al dignificar a los sectores más vulnerables, a lo que siempre anduvieron esperando la caridad, las recolectas, el pedir por cualquier medio para prolongar unos meses el fallecimiento, ahora podrán recibir atención médica élite de primer mundo, se podrá prevenir, tratar, curar y prolongar las vidas por años sin secuelas. Pero también ha brindado una poderosa lección, los más necesitados, los pobres merecen una atención médica especializada y que su frase, cobro vida, el nuevo Hospital Nacional Rosales es el mejor de El Salvador, de nuestra región y uno de los mejores del continente. Usted deja un gran y verdadero legado a nuestro país.

    *Por Ricardo Sosa / Doctor y Máster en Criminología / @jricardososa
     
     

  • La salud pública salvadoreña: entre la modernización y los desafíos pendientes

    La salud pública salvadoreña: entre la modernización y los desafíos pendientes

    El comunicado oficial del Colegio Médico de El Salvador, publicado el 5 de junio, reconoce la importancia de que el país cuente con un hospital renovado y modernizado como el nuevo Hospital Nacional Rosales, aunque aclara que esta obra fortalece principalmente la atención especializada. El documento también denuncia el desabastecimiento de insumos y medicamentos en el sistema nacional de salud, expresa su rechazo a la contratación de médicos extranjeros y cuestiona las jornadas laborales de 12 horas. En su segundo párrafo concluye: “La salud pública se mide por resultados, no únicamente por edificios.”

    En esencia, el Colegio Médico tiene razón. La evaluación de la salud pública no debe limitarse a la infraestructura hospitalaria, sino centrarse en los resultados sanitarios que se reflejan en la población. Desde esta perspectiva, El Salvador ha registrado avances importantes durante las últimas décadas. La esperanza de vida al nacer pasó de 44.3 años en 1950 a 72.3 años en 2024, mientras que la mortalidad infantil descendió de 101 por cada 1,000 nacidos vivos en 1950 a 9.3 en 2025. Ambos indicadores reflejan mejoras sostenidas en la supervivencia, la atención sanitaria y las condiciones generales de vida.

    Sin embargo, estos avances deben analizarse junto con otros indicadores que permiten valorar con mayor precisión el desempeño real del sistema de salud: el acceso efectivo a los servicios, la calidad de la atención y la reducción de las muertes evitables.

    En cuanto al acceso efectivo, El Salvador ha mostrado progresos institucionales desde la reforma sanitaria iniciada en 2009, orientada a ampliar la cobertura y fortalecer la atención primaria. No obstante, persisten limitaciones estructurales —entre ellas el financiamiento insuficiente, el desabastecimiento de insumos y las desigualdades territoriales— que impiden que dicho acceso se traduzca de manera homogénea en atención oportuna, continua y de calidad para toda la población.

    La calidad de la atención médica también presenta una realidad compleja. En los últimos años se han realizado inversiones importantes en infraestructura, equipamiento, digitalización y reorganización de servicios. Sin embargo, la calidad no depende únicamente de edificios modernos o sistemas informáticos avanzados; también requiere garantizar atención segura, resolutiva, oportuna y centrada en el paciente en todos los niveles de atención.

    Por otra parte, la tendencia general de las muertes evitables en El Salvador es favorable. Los datos disponibles muestran una reducción gradual de la mortalidad potencialmente evitable durante el período 2000-2024. Sin embargo, el ritmo de mejoría se ha desacelerado durante los últimos años, lo que indica que todavía existe un amplio margen para reducir fallecimientos asociados a enfermedades crónicas, factores de riesgo y barreras de acceso a servicios de salud oportunos.

    Respecto al tema más debatido en la actualidad —el abastecimiento de medicamentos e insumos— la situación merece un análisis equilibrado. Mientras el Ministerio de Salud sostiene que el abastecimiento nacional supera el 95 %, sindicatos médicos, pacientes y diversos medios de comunicación han documentado un aumento de los reportes de desabastecimiento durante 2024 y 2025, particularmente en el Instituto Salvadoreño del Seguro Social. La ausencia de indicadores públicos, periódicos y verificables dificulta determinar con precisión la magnitud del problema; sin embargo, la frecuencia de las denuncias sugiere que el acceso oportuno a medicamentos e insumos esenciales se ha deteriorado en algunos segmentos del sistema público.

    Es evidente que el actual gobierno ha concentrado una parte importante de sus esfuerzos en la infraestructura sanitaria. El presupuesto del Ministerio de Salud pasó de aproximadamente 668 millones de dólares en 2019 a más de 1,170 millones en 2025. El proyecto emblemático de esta estrategia ha sido el nuevo Hospital Nacional Rosales, inaugurado en junio de 2026, con tecnología de alta complejidad y una capacidad proyectada de aproximadamente 1,400 consultas y 120 cirugías diarias.

    No obstante, la evidencia es menos favorable cuando se examinan aspectos operativos como el abastecimiento. El propio Plan Estratégico Institucional del Ministerio de Salud estableció como meta mantener al menos un 95 % de disponibilidad de medicamentos esenciales en todos los establecimientos. A pesar de ello, entre 2024 y 2026 aumentaron las denuncias sobre faltantes de medicamentos e insumos, especialmente en el ISSS y algunos hospitales nacionales. Paralelamente, surgieron cuestionamientos relacionados con reasignaciones presupuestarias y reducciones de fondos destinados a ciertas áreas hospitalarias.

    En cuanto a los resultados sanitarios, los organismos internacionales coinciden en que la mortalidad prematura potencialmente evitable ha disminuido durante las últimas dos décadas. Este dato sugiere que el sistema de salud continúa produciendo mejores resultados que en el pasado. Sin embargo, los avances recientes son más graduales y menos acelerados que los observados en períodos anteriores.

    Ante el comunicado del Colegio Médico, quizás la respuesta más razonable sea reconocer que el sistema público de salud salvadoreño atraviesa una transformación importante. Las inversiones históricas en infraestructura y equipamiento, ejemplificadas por el nuevo Hospital Rosales y el incremento sostenido del presupuesto sectorial, constituyen avances innegables. Pero también es cierto que la modernización física del sistema convive con desafíos persistentes relacionados con el abastecimiento de medicamentos, la disponibilidad de insumos, la gestión del recurso humano y la sostenibilidad financiera.

    En consecuencia, la verdadera medida del éxito de la reforma sanitaria no será la cantidad de hospitales construidos ni el costo de los equipos adquiridos, sino la capacidad del Estado para transformar esa inversión en servicios de salud oportunos, sostenibles y accesibles para toda la población. Al final, tanto el Gobierno como el Colegio Médico deberían coincidir en un punto fundamental: la infraestructura es indispensable, pero los resultados en salud siguen siendo el criterio definitivo para evaluar cualquier sistema sanitario.

    Soy miembro del Colegio Médico y procuro contribuir al fortalecimiento del gremio mediante el estudio objetivo de la realidad del sistema de salud y de sus necesidades. Soy consciente de sus imperfecciones, como también de los avances alcanzados. Después de todo, ninguna obra humana es perfecta; lo importante es mantener la capacidad de reconocer los logros, señalar las deficiencias y trabajar constantemente para mejorar.

    *El Dr. Alfonso Rosales es médico epidemiólogo y consultor internacional

  • Capacitar a todas las familias para que nadie tiemble de frío

    Capacitar a todas las familias para que nadie tiemble de frío

    Nuestro principal deber es hacer comunión y comunidad, generar vínculos y tomar el aire de los sueños compartidos. Sin calor de hogar, nada somos, necesitamos sentirnos cobijados y acompañados. Cualquier ser pensante, que se sienta solo en el planeta, es un ser que tirita de crudeza. Es cierto, que el lazo que nos une como auténtica familia, no tiene porque ser de sangre, sino de respeto y de alegría mutua. Rara vez los miembros de un mismo linaje crecen bajo el mismo techo. Esto nos demanda a ser más corazón que coraza. La vida nos requiere implicación; por tanto, ser progenitores es un viaje lleno de estima, de desafíos y de aprendizaje sin fin. De ahí, la importancia de empoderar a todas las genealogías para que puedan ir hacia adelante.

    Ciertamente, nos requerimos conjuntamente, ya sea para el desarrollo de habilidades, para dar autoridad o permiso, o para ganar fuerza o autonomía. Ser antecesores justos, es el trabajo más importante del mundo, yo diría que el primordial. Sin embargo, aún muchos ascendientes no disponen del tiempo y tampoco del apoyo preciso, para estar con sus retoños. En efecto, la implicación de los padres es vital para el bienestar y la salud integral de los niños, incluso para su éxito académico. Será benigno, por consiguiente, continuar ahondando en nuevos marcos normativos de protección a las familias, que permitan entornos más favorables a la savia hogareña, incorporando la perspectiva de género, reconociendo y protegiendo la diversidad de modelos de convivencia conyugal.

    Una mejor conciliación laboral y familiar, debe ser una cuestión social prioritaria en cualquiera de los rincones del orbe, a la vez que impulsar la igualdad de oportunidades, la lucha contra la pobreza y la exclusión social. En consecuencia, la financiación de servicios y programas sociales de protección a la parentela, así como la atención a la pobreza infantil, la considero más esencial que nunca, cuando todo se disgrega y se divide, por esa falta de comprensiva concordia y exceso de egoísmo. Por desgracia, la lógica individualista y mercantil del intercambio interesado tiende a violentar incluso el ámbito de las relaciones interpersonales, volviéndolas falsas y frágiles, mientras que sería bienhechor afianzar lo contrario, que los valores de la estirpe humanizasen el mercado.

    Es evidente que el futuro de la humanidad pasa por el tronco humanitario, no por ser una sociedad competitiva, donde parece que únicamente los briosos y los ganadores merecen vivir; como si tan sólo las estructuras económicas e institucionales, fuesen lo prioritario. Ojalá aprendamos a reprendernos, a valorar y a reconocer en las personas un valor cardinal, el del amor de amar amor, por encima de cualquier sistema de producción en masa, que lo único que hace es esclavizarnos y corrompernos. Quizás sea saludable despertar, asociarse y oírse, evitando nuevas concentraciones de poder dominador, que para nada tienen en cuenta el enlace entre la docencia y la decencia del trabajo, la justa remuneración y la posibilidad real para las filiaciones de llevar una vida digna.

    Son los ciudadanos los que deben contar, cada uno de ellos y sus proles. Y en este sentido, tampoco podemos perder la esperanza de trabajar unidos en pos del bien colectivo, lo que significa tener un proyecto compartido. Ser hijo de unos buenos patriarcas, ¡qué gran riqueza es! Unos sensatos predecesores valen por cientos de maestros. No podemos descuidar el uso de nuestras herramientas afectivas. Esto no significa estar en contra del progreso, sino ejercitar un cuidado responsable hacia el sentido natural. Precisamente, creo que urge la labor de un equilibrio más ético, por ejemplo entre la velocidad del desarrollo tecnológico y el ritmo con el que madura la conciencia, el rol de madres y padres por concebir un mundo más de todos y de nadie en particular. O sea, ¡humano!

     

  • El nuevo Hospital Rosales: una apuesta histórica por la salud pública salvadoreña

    El nuevo Hospital Rosales: una apuesta histórica por la salud pública salvadoreña

    ¡Impresionante! Eso es lo que pensé al presenciar el tour que nos brindó el presidente Bukele la noche del lunes 1 de junio del nuevo Hospital Rosales. Si me lo contaran, no lo creería, pero lo estaba observando. Habiendo sido paciente en dos de los hospitales más prestigiosos de Estados Unidos —el Centro Médico de la Universidad de California en San Francisco (UCSF), considerado entre los mejores de California y del país, y el Hospital Johns Hopkins, referente mundial en medicina e investigación—, debo reconocer que la infraestructura física y el equipamiento tecnológico del nuevo Hospital Rosales me parecieron, en varios aspectos, comparables e incluso superiores.

    Naturalmente, la verdadera evaluación de un hospital no se limita a sus edificios o equipos. Falta observar cómo se traducirá esta capacidad instalada en resultados concretos: porcentaje de ocupación de camas, duración promedio de estancia, tiempos de espera en emergencias, productividad quirúrgica, consultas externas, pruebas diagnósticas, así como su capacidad de adaptación ante emergencias sanitarias o aumentos súbitos de demanda.

    Con una inversión de 61.2 millones de dólares, financiada mediante fondos propios y préstamos del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) y del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), El Salvador pone a disposición de la población una de las infraestructuras hospitalarias más modernas de su historia.

    El nuevo Hospital Rosales cuenta con el servicio de emergencias más grande del país, 502 camas censables para pacientes ingresados y 102 camas no censables para observación. Dispone además de nueve quirófanos completamente renovados, cirugía robótica —tecnología actualmente disponible en muy pocos hospitales de Centroamérica—, 47 especialidades médicas, 87 consultorios, 44 salas de procedimientos y capacidad para atender más de 1,400 pacientes diarios en consulta externa.

    Su capacidad operativa incluye hasta 120 cirugías por día, más de 300 pruebas de laboratorio por hora, dos resonancias magnéticas, tomografía computarizada de 128 cortes y un moderno sistema PET-Scan para pacientes oncológicos. Adicionalmente, el hospital se integra a la Red Nacional Hospitalaria y al sistema de telemedicina DoctorSV.

    El nuevo Rosales supera ampliamente cualquier hospital público o privado existente en el país. Aunque las comparaciones regionales son complejas debido a las diferencias metodológicas en la publicación de indicadores hospitalarios, la evidencia disponible sugiere que actualmente se encuentra entre los hospitales con mayor capacidad instalada, volumen potencial de atención y nivel tecnológico de Centroamérica.

    Otro aspecto relevante es el recurso humano. No existe una relación universalmente aceptada entre número de camas y personal sanitario, ya que esta depende del tipo de hospital, la complejidad de los pacientes y los servicios ofrecidos. Sin embargo, los hospitales generales de alta complejidad suelen operar con una relación de entre cuatro y siete empleados por cama.

    Si se consideran las 604 camas totales del nuevo Rosales y los 3,200 trabajadores anunciados, la relación es de aproximadamente 5.3 empleados por cama. Este indicador se encuentra dentro de los estándares observados en hospitales modernos de alta complejidad y resulta coherente con una institución que aspira a ofrecer cirugía robótica, cuidados intensivos avanzados y decenas de especialidades médicas.

    No obstante, una valoración más precisa requerirá conocer la distribución interna del personal: médicos especialistas, enfermeras profesionales, personal técnico, camas de cuidados intensivos y cobertura efectiva de los diferentes turnos. La experiencia internacional demuestra que el principal cuello de botella hospitalario-rara vez son las camas físicas; suele ser la disponibilidad de personal altamente capacitado.

    Comparado con algunos de los hospitales académicos más prestigiosos del mundo, el indicador de 5.3 empleados por cama es sólido, aunque inferior al observado en instituciones como Cleveland Clinic, Johns Hopkins o Mayo Clinic. Sin embargo, estas organizaciones también desarrollan amplias actividades de investigación, docencia y atención ambulatoria que dificultan una comparación directa.

    Lo indiscutible es que el nuevo Hospital Rosales representa un salto cualitativo sin precedentes para la salud pública salvadoreña y redefine el estándar de infraestructura hospitalaria en el país. El nuevo Hospital Rosales constituye mucho más que una obra de infraestructura; representa una apuesta estratégica por elevar la capacidad resolutiva del sistema nacional de salud. Sus modernas instalaciones, equipamiento de última generación y ampliación de servicios especializados colocan a El Salvador en una posición destacada dentro de la región. Sin embargo, el verdadero éxito del proyecto dependerá de su capacidad para atraer y retener talento humano, mantener altos estándares de calidad y traducir su impresionante capacidad instalada en mejores resultados de salud para la población. La inauguración marca el inicio de una nueva etapa; el desafío ahora será convertir esta extraordinaria inversión en beneficios tangibles y sostenibles para los salvadoreños.

    *El Dr. Alfonso Rosales es epidemiólogo y consultor internacional

  • Zapatero y el envilecimiento de la política

    Zapatero y el envilecimiento de la política

    Lo afirmo con todas sus letras: José Luis Rodríguez Zapatero es, hoy por hoy, uno de los hombres más odiados en Venezuela. Esta animadversión no es gratuita en absoluto. Desde hace tiempo se percibía al ex presidente del Gobierno español como un cínico siempre dispuesto, con esmero perruno, a aceitar las ruedas del régimen dictatorial bolivariano. Se desconocían las razones profundas de semejante actitud, pero del cinismo de Zapatero los venezolanos tuvieron pruebas casi desde el principio.

    En mayo de 2018, hace ocho años justo, el ex mandatario aseguró estar arriesgando su prestigio internacional para insistir en una mediación –no solicitada– entre la dictadura de Nicolás Maduro y la oposición democrática. Sus buenos oficios, afirmaba, respondían a una neutral intención de ayudar sin condiciones al país hermano. Si bien aquella intromisión había iniciado formalmente cuatro años antes, en 2014, junto a otros ex gobernantes, en 2016 se había vuelto personal durante el fallido intento de aplicar un referendo revocatorio contra Maduro.

    Bajo el supuesto de actuar en nombre de la Unión de Naciones Suramericanas, Unasur –órgano controlado por el chavismo–, Zapatero acudía con frecuencia a Caracas para “facilitar el diálogo y obtener acuerdos a favor de la paz y la democracia”. Curiosamente, y a lo largo de la siguiente década, tan noble misión nunca prosperó. Hoy Maduro se encuentra guardando prisión en EE UU, entre otras cosas, porque la democracia y la paz jamás regresaron a la tierra de Bolívar.

    Pero entonces, nos preguntamos, ¿para qué sirvió la tan altruista e infatigable, noble y desinteresada, idealista y generosa tarea mediadora de Rodríguez Zapatero? Todo ello parece estarlo descubriendo ahora el sistema de justicia español, en el destape de corrupción más impresionante que se haya visto en la península ibérica desde el fin del franquismo.

    El asombro en Venezuela, por cierto, no es causado por el personaje involucrado, sino por el tiempo que llevó a la Audiencia Nacional de España imputarle por indicios que eran de muy antiguo dominio público en Sudamérica. Durante largos diez años, la oposición a la tiranía bolivariana aseguró que el papel de Zapatero no era neutral ni desinteresado, sino plegado a los intereses oficialistas, en perjuicio de la lógica democrática y en propio beneficio pecuniario. Si en los tribunales llegara a comprobarse que aquel secreto a voces tenía fundamento, los venezolanos confirmarían así la traición más oprobiosa ejecutada nunca contra ellos por un ex presidente extranjero, pues este se habría enriquecido escandalosamente mientras con sus pirotecnias verbales procuraba concederle más tiempo a un déspota que reprimía y hundía en la miseria a su propio pueblo.

    Conocí personalmente a Zapatero en octubre de 2004, en el Palacio de la Zarzuela, cuando junto a otros 18 ministros de cultura de Iberoamérica formamos parte del comité de honor de la conmemoración del IV centenario de la publicación del Quijote. En compañía del rey Juan Carlos, la señora Carmen Calvo (por entonces nuestra homóloga en la cartera de Cultura) y demás autoridades, el presidente del Gobierno nos estrechó las manos solicitándonos que hiciéramos de aquella efeméride una oportunidad para unir a todas las naciones hispanohablantes.

    Aproveché la ocasión para deslizar algunos comentarios sobre la inmortal obra de Cervantes y pedir al mandatario socialista que, si en verdad deseaba unir a los países de Iberoamérica, dejara de presionar a nuestros Gobiernos para aceptar, sin debate alguno, la imposición de la ideología de género, materia escabrosa en la que España se declaraba por esas fechas “orgullosa pionera”. A poco de intercambiar ideas con él me quedó claro que estaba delante de un embustero. Ni las referencias cervantinas ni mis argumentos sobre el daño antropológico que podía causar su cruzada feminista recibieron de mi interlocutor réplica inteligente alguna. A dos colegas centroamericanos externé por lo bajito: “Este Zapatero es un mentiroso. Carece de principios para defender proyectos de gran calado y, para colmo, jamás ha leído entero el Quijote”.

    Lamentablemente para España, mi percepción coincidía con la catadura moral del personaje. Con el Gobierno presidido por él dio inicio el declive de la política como oficio de mérito. A partir de abril de 2004 se instaló en la Moncloa una forma desfachatada y transaccional de evaluar las cosas, desde el manejo de la economía hasta los métodos para lidiar con el terrorismo de ETA. Ni una pizca de la degradación ética que hoy vemos en su esplendoroso estallido habría sido posible sin el previo concurso de Rodríguez Zapatero en calidad de auspiciador.

    La mendacidad elevada a estrategia de Estado, el rostro de hormigón para encadenar falacias desde un podio, los contubernios facciosos de la peor calaña y esa insistencia barbárica en la investidura a todo trance, “cualidades” que el socialista Pedro Sánchez ha llevado a sus extremos más circenses y aparatosos, tuvieron alguna vez su origen en la hipocresía trágica y burlona de José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno de España y “príncipe” de Venezuela.

    Decíamos la semana pasada que el mundo padece una dramática escasez de integridad. Ahora somos testigos de cómo los recientes liderazgos socialistas, por desgracia, desde la Madre Patria han tenido una contribución ruidosa y notable a ese envilecimiento global.

  • Entre el progreso y la desigualdad en la educación universitaria en El Salvador

    Entre el progreso y la desigualdad en la educación universitaria en El Salvador

    En marzo de este año tuve el honor de colaborar con la investigación “Between progress and inequality: a study of higher education acces in El Salvador” (Entre el progreso y la desigualdad: un estudio sobre el acceso a la educación superior en El Salvador), elaborado por la salvadoreña Jaimy Romero Mendoza, quien estudia ciencias de la educación en Brooklyn College. Nueva York. El exalumno Daniel Palacios fue el contacto para conocer a la investigadora. La entrevista fue realizada en mi oficina ubicada en la Universidad Nueva San Salvador.

    Cada país le apuesta a la educación para salir adelante; en El Salvador, las oportunidades, como le mencioné a la investigadora, para estudiar en una universidad, son complejas. A pesar de recibir muchos millones de dólares al año en remesas, muchos jóvenes no estudian. Mientras que otros, no tienen las facilidades económicas para hacerlo.

    Un punto investigado es el apoyo familiar: “Además del apoyo financiero, otro factor importante es el respaldo de las familias, que animan a sus estudiantes y hacen todo lo posible por acompañarlos en su lucha. Esto garantiza que no se sientan solos en su búsqueda de una vida mejor. Como se menciona en una de las entrevistas, ‘en algunas familias, prevalece la creencia de que los jóvenes deben trabajar en lugar de estudiar, especialmente en las zonas rurales (conocidas como cantones)’. Fidel López. Esto dificulta la situación de los estudiantes, ya que no pueden acceder a la educación superior porque sus padres les han dicho que no podrían lograrlo, lo cual los limita y desanima, pues saben que otros ya esperan que fracasen”.

    Le exhorté a la investigadora que, por ejemplo, en la Universidad de El Salvador (UES), hay habitaciones que pudiesen habilitar para estudiantes de escasos recursos económicos. “Durante mi investigación, comprendí que este tema va más allá de la educación; abarca la movilidad social. El propósito de la educación es que las personas adquieran conocimientos, habilidades, capacidad de pensamiento crítico y desarrollo intelectual, social y personal, necesarios para llevar una vida productiva, alcanzar la independencia económica y contribuir positivamente a la sociedad. La educación siempre ha sido importante para mí, pues siempre ha sido mucho más que calificaciones. La defino como el apoyo y el acceso que pueden determinar si una persona permanece estancada en las dificultades económicas o si logra salir adelante y mantener su identidad”.

    Es una investigación que resume los avances del país en diferentes puntos. “Pueden impulsar un cambio para influir en educadores y responsables políticos a nivel mundial, demostrando que la educación, la movilidad social y el desarrollo social son posibles con un sistema educativo gratuito. Esto eliminaría muchas de las preocupaciones de los estudiantes y sus familias, y garantizaría la equidad en los derechos educativos. Además, verían que el Estado y el gobierno los reconocen y garantizan una educación segura y accesible para todos los estudiantes, sin importar dónde vivan, quiénes sean o su situación económica, y sabrían que no son solo un número o su potencial, sino personas con un potencial ilimitado y un futuro prometedor.

    En mi punto de vista: Es importante tener una educación gratuita, algo que, no es que suene utopía, pero es de corroborar que, en El Salvador solamente existe una universidad pública. Es ahí, donde se debe priorizar que muchos estudiantes se desmotivan cuando evidencian que se necesita de una inversión para poder estudiar una carrera universitaria. Las desigualdades se presentan más que todo entre los estudiantes de la zona rural. Además, la investigadora menciona que muchos jóvenes anhelan ser policías o soldados.

    En conclusión, el país avanza poco a poco con la seguridad; eso garantiza que haya inversión extranjera. Existe un esbozo en la investigación de cómo el país tuvo un periodo negro con las pandillas. Actualmente, hay seguridad; sin embargo, se evidencia, según Jaimy Romero, que existe una brecha grande entre los que estudian en una universidad privada y la UES. Felicito a la estudiante que tuvo de nota “A”.

    *Fidel López Eguizábal, Docente e investigador Universidad Nueva San Salvador

    fidel.lopez@mail.unssa.edu.sv

     

     

     

  • León rugiente

    León rugiente

    Esa imagen vino a mi mente, tras enterarme de la publicación de la primera encíclica del obispo de Roma el recién pasado 25 de mayo “sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial”. Magnífica humanitas es el título con el que León XIV la entregó al catolicismo y al mundo. El género humano,  advierte, “se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos”. “Cada generación ‒continúa‒ recibe como herencia la tarea de dar forma a su propio tiempo: hacer madurar la historia como un lugar donde se proteja la dignidad de cada persona, se promueva la justicia y se haga posible la fraternidad. Pero en cada época se cierne el riesgo de construir un mundo inhumano y más injusto”. Eso está pasando en la actualidad. El desarrollo tecnológico y la era digital en curso, sin duda, plantean grandes amenazas y preocupantes realidades que apuntan a lo segundo.

    El pontífice relaciona el “síndrome de Babel” con “la idolatría del lucro que sacrifica a los débiles, la uniformidad que aplana las diferencias, la pretensión de un lenguaje único ‒incluso digital‒ capaz de traducirlo todo, incluso el misterio de la persona, en datos y rendimientos”. En cambio, el “camino de Nehemías” para la reconstrucción de Jerusalén es la alternativa válida, pues “pone de relieve el valor del trabajo compartido para hacer que la ciudad de Dios sea un lugar seguro para los exiliados que regresaron”. Debemos “edificar juntos, transformando la diversidad en un recurso y haciendo de la escucha y del diálogo el terreno común en el cual hacer crecer la justicia y la fraternidad”.

    Especial referencia hace al “desarrollo humano integral”, entendido como “un proceso en el cual el crecimiento de las personas y de los pueblos abarca todas las dimensiones de la existencia y abre el futuro también a las generaciones venideras”. “El desarrollo ‒continúa el papa‒ es humano cuando pone en el centro a las personas y no la acumulación de bienes, y cuando se refiere también a los pueblos, no solo a los individuos”. Y es integral “cuando no se reduce al ámbito económico, sino que promueve la calidad de vida en sus dimensiones espirituales, culturales, morales y relacionales, en el respeto a la Casa común, a la diversidad de los pueblos y a sus modos de vivir”.

    Dicho “desarrollo humano integral” puede y debe verificarse en la “ecología integral”, la cual es “una dimensión imprescindible de la Doctrina social de la Iglesia”. La calidad del mismo “se mide por su capacidad de mantener unidos, sin separar, la justicia hacia las personas y la custodia de la Casa común, favoreciendo condiciones de vida digna, acceso a los bienes necesarios, relaciones sociales justas, cuidado de la creación y atención a las generaciones futuras. De ahí se sigue que no es verdadero progreso aquello que aumenta el bienestar de algunos degradando los ecosistemas, descargando costos sobre las comunidades más vulnerables o comprometiendo las condiciones de vida de quienes vendrán después de nosotros”. Desde esa óptica, ¿qué está ocurriendo en El Salvador? Pues, obviamente, lo segundo. En lugar de “aumentar la participación y la justicia” se están ampliando “las desigualdades, el control y la exclusión”.

    Frente a los “actores económicos y tecnológicos que ‒de hecho‒ determinan las condiciones de acceso, las reglas de visibilidad y las mismas posibilidades de participación” en el mundo digital, León XIV demanda que los “criterios para juzgar y discernir el nuevo escenario” sean “los grandes principios de la Doctrina social de la Iglesia; léase “la dignidad inalienable de la persona, el bien común, el destino universal de los bienes, la subsidiariedad, la solidaridad y la justicia social”. Pero eso, insisto, no está pasando acá. ¡Al contrario!

    Con el fraude que en buena medida resultaron ser las administraciones gubernamentales de los partidos Alianza Republicana Nacionalista y Frente Farabundo para la Liberación Nacional, se le abrieron las puertas a Nayib Bukele para que ‒haciendo uso de la tecnología que en palabras del santo padre “puede curar, conectar, educar, cuidar la Casa común; pero también puede dividir, descartar, generar nuevas injusticias”‒ cumpliera frescamente ya siete años al frente de un gobierno inconstitucional desde que ingresó a la Asamblea Legislativa el 9 de febrero del 2020, rodeado por militares y policías. Bien escribía hace casi 65 años nuestro querido pastor, mártir, profeta y venerado santo: “El salvadoreño es por naturaleza un ciudadano que se lleva a donde se quiere; basta empujarlo. Parece que no tiene voluntad propia, porque cualquiera lo puede manejar. Pueblos de esta clase solo necesitan un capataz y ya se subyugan”.

  • Los salvadoreños simples espectadores del Mundial de Fútbol

    Los salvadoreños simples espectadores del Mundial de Fútbol

    El jueves de la semana próxima, con el duelo entre México y Sudáfrica en el estadio Azteca, inicia la Copa  Mundial de la FIFA 2026 con la participación de 48 selecciones nacionales, lo que personalmente me parece un exceso, pero que nos mantendrá a muchos entretenidos. A los salvadoreños nos mantendrá lamentando por no participar y quejándonos del mal nivel de nuestro “fútbol profesional”.

    Siendo locales Canadá, Estados Unidos y México, de antemano tenían la clasificación directa, lo que daba la posibilidad que la CONCACAF metiera hasta ocho selecciones en el magno evento. Al final solo fueron seis, pues además de las naciones anfitrionas, se clasificaron Panamá, Curacao y Haití. Surinam y Jamaica no pudieron con sus sendos repechajes y quedaron eliminados.

    Creo que no volveremos a estar en ningún otro Mundial de fútbol, pues no se volverá a tener una mejor oportunidad. En 2030 dicha gesta deportiva se disputará en España Portugal,  Marruecos, Uruguay, Paraguay y Argentina, lo  que dará menos cupos a la CONCACAF con la situación que Estados Unidos, México y Canadá tendrán que sumarse a la disputa de los boletos. No hay que ser pesimistas, pero si realistas, y hasta 2030 no habremos avanzado nada y otra eliminación temprana nos espera. Hablar de las probabilidades para asistir a los siguientes mundiales es un chiste de pésimo gusto.

    Es visible como Nicaragua, un país de tradición pugilística y beisbolera, ha avanzado de tal manera que ya están al nivel o mejor que El Salvador en materia futbolística.  Panamá Surinam y algunas islas del Caribe está mejor en su desarrollo futbolístico que El Salvador, donde siempre ha imperado el desorden, la desorganización, la falta de planificación, la incapacidad y los intereses particulares de quienes se hacen llamar dirigentes o dueños de equipos.

    El Mundial está a la vuelta de la esquina y nosotros seguimos viviendo del pasado. De los dos mundiales acumulados (México 70 y España 82) donde ciertamente fuimos últimos. En España recibimos la peor goleada en la historia de los mundiales (10-1 ante Hungría) y en México no se anotó ningún gol. Seis partidos mundialistas, seis derrotas.

    Clasificamos a México 70 cuando solo participaban 16 países y a España 82 cuando el área tenía asignada dos plazas. Tuvimos la  dicha de tener dos generaciones espontáneas, para México fuimos con una selección que apenas dos años antes había participado en los Juegos Olímpicos y que contaba con grandes figuras como Juan Ramón Martínez, Mauricio Rodríguez Lindo, Salvador Mariona, Salvador Flamenco, Sergio Méndez, Mauricio Manzano, Raúl Magaña, Alberto Villalta y otros. Mientras que a España fuimos con figuras espontáneas (como Norberto Huezo, Jaime Rodríguez, Ramón Fagoaga, Ricardo Guevara Mora, Francisco Jovel, José Luis Rugamas y otros)  que junto a Jorge “mágico” González (el mejor jugador salvadoreño y  centroamericano de todos los tiempos) nos dieron la enorme alegría de acudir a un Mundial. Literalmente fuimos a esos dos mundiales por méritos de los jugadores que se impusieron a toda adversidad, comenzando por la dirigencial hasta llegar a las carencias y condiciones de una país tercermundista en todo sentido.

    A partir del jueves 11 de junio los salvadoreños seremos simples espectadores de un Mundial que nos parece lejano, demasiado lejano. Casi imposible.  Imposible. El fútbol nos apasiona tanto y nos duele muchísimo haber tocado fondo por culpa de todos. Algunos son más culpables que otros, pero todos tenemos nuestro aporte de mediocridad. La empresa privada dejó el fútbol en segundo o tercer plano y ya no les interesa patrocinarlos como debe ser, los dirigentes sin formación solo buscan figurar y cubrir sus intereses particulares (a veces hasta políticos), los aficionados nos hicimos malinchistas y estamos más interesados en equipos europeos que en los nuestros, el Estado borró la formación del deporte en el sistema educativo, los futbolistas están más interesados en la moda, en sus tatuajes y  en las redes sociales que en su propio desarrollo profesional y la mayoría de periodistas deportivos se fanatizaron o simplemente se limitan a coberturas de forma o a obedecer cuando callar.

    A otro mundial ya no iremos, porque no hay procesos. En las selecciones menores sigue prevaleciendo el “amiguismo” y la burocracia. Las “ruedas de caballitos” no van para ningún lado y ni siquiera salimos de las fronteras cuando regresamos humillados. El dirigente habla de procesos y acumular experiencia y nos hacemos longevos con experiencia para el fracaso.

    Actualmente se tiene contratado a un técnico para la Selecta que fue muy bueno en su momento y ahora vive del pasado. Habla de procesos y con su retórica y su perorata rayana repite lo mismo para endulzar el oído de aficionados, dirigentes y periodistas deportivos. Es cierto que fue cuatro veces como técnico a sendos mundiales, pero en el futbol como en toda actividad humana, hay que actualizarse y vivir según las condiciones del contexto. El fútbol ha cambiado mucho, literalmente es más rápido, más táctico, más estratégico, más físico, más de conjunto, más atlético, más profesional en todo aspecto.

    Más allá de un juego el fútbol es orgullo, pasión, tristeza, alegría, identidad, patriotismo, talento, formación, diversión, responsabilidad, profesionalismo, amor filial, ilusión, deseo, sueños y mucho más. Como dice el comentarista chileno Luis Omar Tapia “el futbol es el deporte más hermoso del mundo” y nosotros seremos simples espectadores del Mundial de Fútbol… Así nos toca ahora y (quizás) siempre nos tocará así.

    *Jaime Ulises Marinero es periodista