Categoría: Opinión

  • Tentaciones del poder

    Tentaciones del poder

    Hoy es el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y su entorno, antes fue el Partido Popular (PP) y su entorno. Se trata de lo mismo: cuando se detenta una cuota importante de poder político, las tentaciones para salirse de las normas cristalizan y entonces surgen los ‘casos’.

    Ahora está en primera fila el expresidente español Rodríguez Zapatero. En este momento hay ‘indicios’, pero quizá más adelante podrían aparecer pruebas. Robustas o raquíticas, pero pruebas.

    Se trata de una acusación fuerte que le da en el puro plexo al PSOE y en particular al presidente del gobierno español. En principio, Rodríguez Zapatero ha negado todo involucramiento en este caso de Plus Ultra, pero, ya se sabe, negar es la primera respuesta ante el sorpresivo señalamiento que le han hecho. Pedro Sánchez, al instante ha dicho que el sistema de justicia opera y que hay que darle la presunción de inocencia al expresidente. En ambos casos, es ganar tiempo.

    El listado de ‘casos’ de corrupción que han tenido lugar en España, a todos los niveles, desde la transición en 1975, puestos en orden cronológico da para un ‘Breve manual de la Mano Peluda’.

    El PSOE, por varios motivos, lleva años contra las cuerdas, y ha resistido. Se ha repuesto, aunque los hacedores de ‘casos’ han seguido como sanguijuelas aprovechando posiciones de mando, y cuando los llevan a las sillas de acusados, empiezan a hablar en lenguas y a perder la memoria… o a confundir fechas o a omitir datos claves. El asunto es intentar salir del laberinto.

    Algunos de los señalados (Rodríguez Zapatero o quien sea) podrían alegar que no han tocado ni un quinto del dinero público. Y habría que creerles, porque desde hace ratos las modalidades de ‘aprovechamiento político’ para el enriquecimiento ilícito no necesitan tocar el ‘dinero del pueblo’ ni alterar presupuestos ni dejar de ejecutar obras. Ahora se están experimentado diversas modalidades que permiten a los detentadores y a los operadores políticos recibir dineros por medio de triangulaciones irregulares en concepto de truculentas intervenciones para acelerar (o retrasar) negocios privados que tienen de interlocutor al Estado, es decir, los negocios del Estado como negocios privados.

    Y esto no es exclusivo de España. Basta ver cómo la familia Trump aprovecha su control de la institucionalidad estatal de Estados Unidos para realizar negocios particulares a gran escala y en varios rubros. O Milei, en Argentina, que a los gritos y haciendo rabietas intenta desviar la atención sobre los señalamientos que le hacen a él o a sus allegados. Y qué decir de las destituciones de altos cargos en el Estado chino.

    No hay duda que ostentar el control de todo o de parte importante de un Estado es una clara tentación para quienes carecen de sólidas bases políticas en la procuración del bienestar social.

    Los partidos políticos que ahora van surgiendo, sobre todo en América Latina, vienen de la ocurrencia y de la improvisación. No hay programa real ni horizonte estratégico. El único objetivo que tienen es ganar elecciones, de la manera más holgada que se pueda, controlar los hilos principales donde están los flujos de dinero y ponerse a hacer negocios privados desde la plataforma estatal.

    Los casos que han aparecido en este gobierno español encabezado por Pedro Sánchez son de este tipo. Sujetos bien posicionados dentro del aparato estatal o dentro del PSOE mueven aquí, hablan allá, tocan unas teclas más allá, le mandan mensajes a quienes deben recibirlos y chas, ‘voilà’…

    Que nadie piense que estos aprovechamientos del control estatal tienen sesgo ideológico. En absoluto. Los X y los Y, y hasta los Z, se comportan de idéntica manera. Y dicen entre dientes, ‘business is business’, y se sientan a esperar el resultado de sus gestiones.

    En su discurso público intentan emular a la Madre Teresa, pero en su acción privada son las mismísimas hienas sedientas de sangre.

    ¿Podrá Rodríguez Zapatero explicar con coherencia y sin truculencias retóricas su no involucramiento en los asuntos que le señalan? Hasta hoy, en los casos anteriores, ninguno ha podido, ¿por qué él sí podría?
    ¿Pedro Sánchez seguirá encabezando el PSOE después de todo esto?

    El escenario es enredado y los aliados del PSOE en la presente legislatura ya están nerviosos y buscando desmarcarse.

    En España quienes pierden o ganan no son el PSOE, el PP, VOX, Esquerra Republicana de Catalunya, el Partido Nacionalista Vasco, Sumar, Podemos, Junts per Catalunya… Eso es lo de menos. Es la legitimidad y la legalidad de la vida en democracia la que estos falsos positivos quebrantan.

    * Jaime Barba, REGIÓN Centro de Investigaciones

     

  • Ébola, Hantavirus y el nuevo escenario epidemiológico mundial

    Ébola, Hantavirus y el nuevo escenario epidemiológico mundial

    Más del 60% de las enfermedades infecciosas humanas y alrededor del 75% de las enfermedades emergentes tienen origen zoonótico. En los últimos meses, el mundo ha observado dos brotes virales particularmente preocupantes: casos de Hantavirus asociados a un crucero y un brote de Ébola que afecta actualmente a varios países del África oriental.

    La Organización Mundial de la Salud (OMS), institución que se considera líder en la respuesta frente a este tipo de emergencias sanitarias, ha señalado como uno de los principales obstáculos la reducción de financiamiento internacional, especialmente tras la suspensión de la membresía de Estados Unidos —acompañado posteriormente por Argentina— hace aproximadamente un año. Hasta 2023, Estados Unidos aportaba cerca del 18% del presupuesto total de la OMS. En comparación, China contribuía aproximadamente con un 2%, a pesar de poseer una economía cuyo PIB nominal es solo alrededor de 1.5 veces menor que el estadounidense.

    Sin embargo, ninguno de los dos países más ricos del planeta constituye un gran receptor de ayuda humanitaria directa de la OMS. Resulta particularmente significativo que uno de los países que más asistencia técnica y financiamiento programático ha recibido en los últimos años sea la República Democrática del Congo, precisamente el epicentro del actual brote de Ébola y el lugar donde probablemente ocurrió el contacto inicial entre el reservorio animal y el ser humano que desencadenó la epidemia.

    Más allá del debate sobre la OMS y su capacidad de respuesta, el verdadero problema radica en comprender por qué las zoonosis están aumentando con tanta frecuencia e intensidad.

    El incremento de enfermedades zoonóticas no responde a una sola causa, sino a la convergencia de factores ambientales, sociales y económicos que favorecen el contacto entre humanos, animales domésticos y fauna silvestre. Numerosos expertos consideran que la deforestación constituye el principal detonante del llamado spillover, es decir, el salto interespecie de patógenos. Cuando bosques y ecosistemas son transformados en áreas agrícolas, ganaderas, carreteras o zonas urbanizadas, el contacto entre humanos y animales silvestres se vuelve mucho más frecuente.

    A ello se suma el calentamiento global, cuyos efectos ya son perceptibles en muchos países, incluido El Salvador. El cambio climático modifica la distribución geográfica de vectores como mosquitos, garrapatas y roedores, altera patrones migratorios y transforma hábitats animales. Como consecuencia, enfermedades antes limitadas a determinadas regiones comienzan a aparecer en lugares donde previamente no existían.

    El brote de Ébola actualmente en desarrollo, registrado en mayo de 2026, se concentra principalmente en el noreste de la República Democrática del Congo, especialmente en la provincia de Ituri, y ya presenta expansión hacia Uganda. El agente causal es la variante Bundibugyo del virus del Ébola.

    Los reportes iniciales mencionan aproximadamente 600 casos sospechosos y cerca de 139 muertes, con casos confirmados tanto en Congo como en Uganda. Sin embargo, estimaciones de investigadores del Imperial College London sugieren que las cifras reales podrían ser considerablemente mayores, posiblemente entre 800 y más de 1,000 casos sospechosos. Esta diferencia refleja importantes limitaciones en la vigilancia epidemiológica y en la capacidad diagnóstica de la región, factores que dificultan cualquier intento efectivo de contención.

    La cepa Bundibugyo presenta históricamente tasas de letalidad cercanas al 30–50%, inferiores a algunas variantes Zaire, pero aun extremadamente elevadas. El virus se transmite mediante contacto directo con sangre y fluidos corporales de personas infectadas, incluyendo cadáveres y materiales médicos contaminados. La propia OMS sospecha que funerales y centros de salud han actuado como eventos amplificadores de transmisión, fenómeno observado repetidamente en brotes previos de Ébola.

    Uno de los aspectos que más preocupa a especialistas en enfermedades virales es la velocidad con la que se ha expandido este brote. Diversos expertos coinciden en que el principal problema ha sido el retraso en la detección inicial. En las primeras etapas, las autoridades sanitarias confundieron los síntomas con malaria, salmonelosis y otras enfermedades febriles frecuentes en la región. Además, varios laboratorios locales carecían de reactivos adecuados para identificar específicamente la cepa Bundibugyo. Como resultado, las etapas fundamentales de control epidemiológico —detección, notificación y respuesta— se retrasaron significativamente, permitiendo la expansión sostenida de la transmisión viral.

    Las zoonosis representan una consecuencia directa de la forma en que la humanidad está transformando su entorno natural. El avance sobre ecosistemas previamente aislados, sumado a la movilidad global y al cambio climático, favorece que virus antes confinados a reservorios animales encuentren nuevas oportunidades para adaptarse al ser humano. El caso actual del Ébola no debe verse únicamente como una crisis africana, sino como parte de un fenómeno epidemiológico global que probablemente definirá las próximas décadas.

    *El Dr. Alfonso Rosales es médico epidemiólogo y consultor internacional 

  • Crónica de una víctima anunciadamente vencida. Alto a la victimización secundaria

    Crónica de una víctima anunciadamente vencida. Alto a la victimización secundaria

    Desde la fundación de nuestros sistemas y sectores de justicia en América Latina, hemos cometido un error histórico que está  en el límite de la crueldad sistemática: hemos olvidado a la víctima. O, peor aún, la hemos recordado únicamente para instrumentalizarla. Cuando una persona sufre el embate del delito, experimenta la «victimización primaria». Sin embargo, el verdadero calvario, la pendiente más compleja, comienza cuando el agraviado decide cruzar el umbral de interponer la denuncia ante cualquiera de las instituciones por ley a tomar la denuncia en busca de una quimera llamada justicia.

    Desde el instante mismo de la denuncia, la maquinaria estatal y su burocracia se encarga de enviarle un mensaje silencioso, pero profundamente demoledor: estás vencida. La semana pasada conversaba, compartíamos y debatimos con un grupo de excelentes profesionales que se encuentran estudiando criminología sobre la victimización secundaria. Espero haber logrado el objetivo no solo de transmitir el conocimiento, sino de sensibilizarlos y que el mensaje por cada uno de ellos se extienda en El Salvador hasta donde del grupo dependa.

    Al acercarse a la sede, la víctima rara vez encuentra consuelo, contención o empatía. En su lugar, tropieza con un laberinto hostil y frío. Se le cuestiona, se le mira con velada suspicacia, se le somete a interrogatorios repetitivos y carentes de sensibilidad que no hacen más que rasgar las heridas recién abiertas, incluso no se excluye el morbo en dichos interrogatorios y la culpa sobre la victima- Es la temida y terrible «victimización secundaria». El sistema, diseñado en teoría para proteger y restituir, se transmuta en un segundo agresor; a menudo más letal y frustrante que el primero, precisamente porque actúa bajo el manto protector de la legalidad y la autoridad.

    El proceso penal tradicional se configuró históricamente como un duelo exclusivo entre el Estado y el delincuente. En este coliseo jurídico, donde el coliseo romano se queda pequeño, a la víctima se le expropió su propio conflicto. Se le arrebató la titularidad de su dolor para convertirla en un simple «cuerpo del delito», en un número de expediente o en un mero medio de prueba testimonial. Mientras el garantismo se esmera en proteger, con justa razón dogmática los derechos procesales del imputado, a la víctima se le condena a la fría sala de espera de la indiferencia. Cada citatorio pospuesto, cada peritaje repetitivo, contando lo mismo una y otra vez, cada confrontación mal manejada, es una estocada a su dignidad.

    El sistema la desgasta de manera deliberada. La agota física, económica y emocionalmente. Este camino cuesta arriba no es un accidente operativo; es la inercia perversa de un andamiaje que, en el fondo, percibe a la víctima que exige sus derechos como un estorbo procesal. Cuando el ciudadano agraviado finalmente claudica, aplastado por el peso de la burocracia, y abandona el proceso, las estadísticas en muchas ocasiones callan. Sin embargo, los pasillos de los juzgados celebran, en silencio, un expediente menos que tramitar. La impunidad, entonces, no solo nace del criminal que escapa, sino del abandono institucional que obliga a la víctima a rendirse. Esto es de todos los días en América Latina, en unos países en mayores proporciones.

    Como estudioso del fenómeno victimológico, no puedo ser cómplice silencioso de esta tragedia cotidiana. Una justicia que revive el sufrimiento a cada momento no es justicia; es tiranía administrativa y procesal. Es un imperativo moral y jurídico que el sistema transite hacia un modelo donde la víctima recupere su protagonismo, su voz y su dimensión humana. Hasta que no logremos transformar la atención desde el primer contacto en las agencias de denuncia, nuestras leyes seguirán siendo letra muerta, y la víctima continuará su marcha solitaria por un calvario donde, desde el primer paso, el Estado ya le ha dictado una sentencia de derrota. Por eso a donde voy dentro y fuera de El Salvador mi mensaje es claro y categórico, no más vencidas, ni vencidos. Y no desmayare en el esfuerzo para que América Latina haga el giro que se necesita en favor de las víctimas y su reparación integral y la restauración de su proyecto vida.

    *Por Ricardo Sosa / Doctor en Criminología /Doctorante en Justicia Criminal / @jricardososa

  • La patética debilidad de los hombres fuertes

    La patética debilidad de los hombres fuertes

    El mundo padece una dramática escasez de carácter. Las grandes personalidades de otros tiempos hoy prácticamente han desaparecido. La política internacional es un yermo: los principios de antaño se han olvidado; los grandes ideales, engavetado. No hay un Churchill, un Lincoln, un Adenauer. Pero abundan, eso sí, los líderes fanfarrones, los discursos jactanciosos, la bravuconería ridícula.

    Nicolás Maduro llegó a convencerse a sí mismo de que jamás rendiría cuentas. Pero entre una hora y la siguiente, su sueño de poder ilimitado se transformó en una pesadilla de realismo. De repente, los ejércitos de aduladores, las multitudinarias manifestaciones en la plaza pública se evaporaron delante de sus ojos.

    En paralelo, a otros “hombres fuertes” –en La Habana y en Managua– les temblaron las rodillas. Tantos años culpando al “imperio” desembocaron, de pronto, en conmovedores llamados a la concordia vecinal. El nicaragüense Daniel Ortega, que entre neblinas de conciencia recuerda sus días revolucionarios cuando toma un micrófono, ahora debe ser silenciado delante de la televisión estatal por su paranoica esposa, que teme verse en la cárcel igual que Cilia Flores, la primera dama venezolana caída en desgracia.

    Apenas quedan ecos, en Cuba, de la antigua verborrea de Fidel contra Estados Unidos. Ayer, la Fiscalía Federal de la Florida presentó una acusación penal contra el nonagenario Raúl, por el derribo de dos avionetas civiles cuando aún era el flamante jefe de las Fuerzas Armadas cubanas. ¡Estallido de nervios! Hasta el mismísimo director de la Agencia Central de Inteligencia –la tan execrada CIA– es recibido con apretones de manos en La Habana.

    Nadie sabe qué mensaje llevó consigo John Ratcliffe, pero su visita oficial a Cuba es una humillación en toda regla. Si se levantara de la tumba, Fidel no reconocería el país que moldeó durante casi medio siglo. ¡El orgullo de sus herederos no le sobrevivió ni siquiera diez años! Tanto sufrimiento, tantas muertes, tanta represión…, para venir a contemplar cómo se derrumba una revolución que prometió el paraíso e instaló un infierno.

    Pero si Maduro, Díaz-Canel y Ortega dejaron de ser fuertes de la noche a la mañana, otros líderes han necesitado enfrascarse en guerras estúpidas para darse cuenta de su debilidad. Vladimir Putin estaba tan seguro de su victoria en Ucrania que hace cuatro años, según informes internos, declaró a la cúpula militar rusa que tomaría Kiev en cuestión de horas. A mayo de 2026, aquellas horas se han alargado ya por cincuenta meses, superando el tiempo que la Unión Soviética combatió a los nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

    Gracias al embrollo ucraniano, el desgaste político de Putin ha sido el peor de su autoritaria carrera. Las encuestas independientes arrojan saldos de aprobación en rojo, con el agravante del cansancio popular ante la guerra y la creciente incomodidad que generan las injustificables restricciones a internet. Incluso el fastuoso desfile militar del 9 de mayo –fecha en que se conmemora la decisiva victoria soviética sobre Hitler– se vio amenazado por el vuelo de drones sobre Moscú. Estar tan lejos del triunfo en Kiev es lo más parecido a una gran derrota, y nunca se había percibido a un Putin tan débil y encogido.

    En cuanto al poderoso Donald Trump, que hasta hace poco se creía inmune a los tropiezos, ahora cuenta también con su propia guerra desastrosa. Irán le ha supuesto el revés más evidente en su avasallador camino hacia la hegemonía global, a tal punto que ha tenido que volar a China para encontrarse con la única persona que puede ayudarle a poner orden en su desorden: Xi Jinping. El resistente régimen chiita, por su lado, se frota las manos de puro gusto. Un periódico oficial en Teherán tituló: “Trump visita China a la sombra del fracaso y el estancamiento”. Y es verdad.

    El presidente estadounidense, además, ha lucido exhausto en Pekín. Al caminar pesadamente por las calles de la gran urbe china, parecía que varios fardos le doblaban la espalda: una crisis económica resultado de su locura arancelaria –el Peterson Institute for International Economics calcula que la política comercial de la Casa Blanca ha supuesto un coste de 1.600 dólares anuales a cada hogar estadounidense–, una deuda pública que el año pasado alcanzó el 124% del PIB, con un horrible pago de intereses que ya supera el billón de dólares (equivalente al 20% del total de ingresos anuales); números de aprobación tan bajos que le convierten en uno de los mandatarios más impopulares de la historia americana, y una política exterior tan errónea que el aislamiento producido le ha terminado arrojando en brazos de su principal adversario económico y tecnológico.

    Xi Jinping, sin embargo, tampoco es invulnerable. La fuerza del control comunista es también la fuente de sus principales debilidades en materia económica. China sigue sin recuperarse de los efectos calamitosos de la pandemia, insiste en la concentración estatal de las decisiones productivas, carece de motores propios para consolidar su revolución tecnológica y sigue dependiendo de EE UU y Europa para crecer.

    Nadie, pues, es tan vigoroso como para imponer su voluntad al resto del planeta, por mucho que lo vocifere. El que se cree fuerte, en realidad, es más débil de lo que piensa, y el que a primera vista parece débil, en la práctica, tiene más fortaleza de la que admitirían sus adversarios.

  • Derechos y deberes

    Derechos y deberes

    De los 30 artículos que integran la Declaración Universal de los Derechos Humanos aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1.948, el gobierno que se inició en Venezuela el 2 de febrero de 1999 bajo la presidencia de Hugo Chávez Frías, continuado por Nicolás Maduro Moros desde el 2013, hasta el presente que ejerce esa investidura de manera interina, la señora Delcy Rodríguez Gómez desde el cinco de enero del 2026, podemos afirmar con toda certitud, que esos tres gobiernos han violado de manera consciente y continuada, más de 20 artículos de los 30 que conforman la Declaración Universal de 1948.

    Es un hecho, simplemente es un hecho confirmado.

    Esa fecha, la de 1948, marca aun hito en la historia de los derechos humanos. Es un documento de intención, del deber ser, más allá de posturas filosóficas o religiosas que se trascienden en la evolución cognoscitiva del hombre, del homínido, para no detenernos en la evolución, aunque pienso que el homínido pasa a considerarse humano cuando toma consciencia  de su singularidad, de su naturaleza capaz de distinguir entre el bien y el mal.

    Esa Declaración Universal de 1948, sistematizada en lo prohibido y permitido a las naciones, los estados y, hoy hasta en las organizaciones trasnacionales privadas o públicas, tiene antecedentes tan lejanos como las famosas tablas dictadas Moisés o en el código de Hammurabi (alrededor de 1700 años a.C).

    Esa larga, dolorosa e incongruente evolución de los derechos naturales de los humanos, también conocidos, en su momento, como el Derecho de Gente, sostenido en el asumir que todo ser humano, por el solo hecho de ser humano tiene derechos inherentes a su dignidad. Humano diferente al mundo animal, porque tiene conciencia de su existencia, de su capacidad de elegir entre el bien y el mal y asumir que el otro goza de esos mismo derechos que se posee. En ese derecho de gente, fue que se apoyó el fraile dominico y uno de los padres del Derecho Internacional Francisco de Vitoria en el siglo XV, para dictaminar que los aborígenes (llamados indios) de las recién tierras descubiertas tenían alma y por consiguiente no deberían ser esclavizados.

    Por supuesto, imposible, ya en nuestra era, no reconocernos en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789, fruto de la Revolución francesa, ni en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América de 1776, anterior a la Declaración francesa; posteriormente en la primera Constitución escrita existente en el mundo, la de Estados Unidos en 1787, y la Bill of Right, de esa misma nación, de 1791.

    Curiosamente, ninguno de esos documentos surgidos de revoluciones hablaba de la mujer, y mucho menos de los esclavos. Pero recordemos que lo avanzado y asumido en nuestros tiempos, es solo el fruto de una muy larga evolución del hombre y de las ciencias en materia de Derechos Humanos, y otros temas antropológicos y científicos.

    Sin embargo, muchos siglos después de la aparición del movimiento Me Too, la escritora y feminista francesa Olimpia Gouze escribió en 1791 la “Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadanía”. Por supuesto murió guillotinada en 1991. No sin antes haber dejado para la historia esta premonitoria e irrebatible sentencia: “Nadie debe ser molestado por sus opiniones. Si la mujer tiene el derecho de subir al patíbulo, ella debe tener igualmente el derecho de subir a la tribuna; en tanto que sus manifestaciones no alteren el orden establecido por la ley”.

    Increíble y decepcionante que aún, hoy en día, los ciudadanos del siglo XXI, una inmensa mayoría de nosotros aún nos encontramos en una etapa de cuestionamiento sobre los derechos inherentes al disfrute de la libertad, bajo un orden legal previamente establecido. Y uno de esos derechos inherentes a nuestra dignidad humana, de ciudadanía el es hecho electoral, el derecho a votar en elecciones seguras por nuestros gobernantes, o de no votar por ellos. Los venezolanos, la última elección libre y segura tuvimos fue la de 1998, hace ya 28 años. Desde esa fecha todas las otras que le siguieron fueron manipuladas, doblegadas, manipuladas de una manera miserable, abierta y contraria a esa Declaración de los Derechos Universales de 1948.

    Aún, hoy en día, el poder público es ejercido por los mismos protagonistas de ese desconcertante y miserable período de tiempo que se inició en esa fatídico año de 1998, cuando se posesionó y secuestró todo orden legal nacional o internacional existente, para imponer un gobierno de personas desnacionalizadas, sin historia apoyadas en el uso de la persecución, el secuestro, la tortura, la confiscación y, expatriación de sus conciudadanos.

    Un país entero salió de nuestras fronteras naturales. Se contabilizan más de ocho millones de compatriotas, esparcidos en los siete continentes. Panamá y El Salvador unidos, no cuentas con esa totalidad de seres humanos; tampoco Suiza ni Luxemburgo, ni Paraguay ni Uruguay.

    Por ello, cuando leo sobre la Declaración Universal de los Derechos Humanos, me pregunto si no es hora de firmar una Declaración Universal de los Deberes Humanos. Porque hasta el presente hemos llevado los derechos hasta lo inconcebible, por ejemplo el derecho a cambiar de sexo, el derecho a abortar sin causa alguna, como un preservativo más, el derecho a abusar de los menores, el derecho a instalarse en el poder ciudadano más allá de su límite legal porque hay que respetar las fronteras, el derecho a torcer la voluntad del elector mediante maniobras leguleyas u oportunistas, el derecho a imponer una religión o ideología.

    Pero no tenemos un decálogo de obligatorio cumplimento ciudadano en y entre las naciones del orbe, que garantice en ese caso los limites del poder individual o asociado, sustituyéndose con obligaciones de comportamientos individuales o corporativos, dentro y ante de una sociedad.

    *Juan José Monsant Aristimuño es diplomático venezolano, fue embajador de su país en El Salvador

  • De la teoría a la práctica para motivar y empoderar a los empleados

    De la teoría a la práctica para motivar y empoderar a los empleados

    Impartí por más de doce años la cátedra Teoría Administrativa; eso me ayudó para luego incorporarme a impartir talleres de motivación a empleados de la empresa privada. En esas tardes de conversación con los que anhelaban aprender, se logró motivar y recalcar que la comunicación es la columna vertebral de toda organización. Los gerentes de esas empresas comprendieron que esos talleres son productivos para sus empleados.

    Además, explicaba las teorías de la motivación, específicamente la del padre de las relaciones humanas, Elton Mayo. Por lo tanto, las mejores empresas son aquellas en donde sus empleados tienen la oportunidad de sentirse bien y lograr las metas establecidas. Mis alumnos aprendieron esas teorías para incorporarlas en la práctica en las empresas.

    Un video o libro que aconsejo siempre que los directores o jefes de empresas deben analizar y tomar ejemplo es “Gung Ho” (¡A la carga!), en donde un subordinado le explica a su jefa cómo se puede aprender del trabajo en equipo de los animales. Se aprende del trabajo en equipo de las ardillas, gansos y castores. No importa el trabajo que hagamos en una empresa, todo es importante. Es un sistema en donde, al trabajar en equipo, se logran los objetivos empresariales.

    Tantas horas de sembrar la semilla del aprendizaje con mis alumnos, en donde discutíamos otros videos que nos hacían ver sobre la importancia de la motivación, de la mejora continua, de la reingeniería, etc. Un libro que a menudo recomiendo es “¡Fish!”, que es un método de motivación empresarial que transforma entornos laborales monótonos en lugares llenos de energía, productividad y buen ambiente.

    Un empleado desmotivado podrá ir a las mejores capacitaciones; sin embargo, si no se siente parte de la empresa, se sentirá mal. Por eso, las empresas deben incorporar el método del empowerment o empoderamiento. Hacerles sentir a sus empleados que son parte de la organización, darles autoridad y que se sientan motivados, es la piedra angular para que todo marche bien. Si usted es jefe, le recomiendo leer “Empowerment” de Ken Blanchard.

    Las empresas deben adaptarse a los cambios; por eso es recomendable aplicar lo que se lee en el libro “¿Quién se ha llevado mi queso?”. Romper paradigmas es lo esencial para lograr tener resultados óptimos y que los empleados logren sus objetivos. Una lectura que ayuda a muchos que desean ser diferentes en el mundo empresarial es “Los siete hábitos de la gente altamente efectiva” de Stephen Covey. Y, para los que desean aprender cómo liderar con los tipos de empleados, es importante leer “17 leyes del trabajo en equipo” por John Maxwell.

    Si aplicamos una pizca de cada lectura de los libros anteriores, de seguro, el ambiente laboral cambiará. Las mejores empresas no lograron su éxito de la noche a la mañana. Lograron empoderar a sus empleados e incorporaron teorías de motivación.

    La motivación empresarial va más allá de la espera del pago; la motivación del empleado, es sentirse bien, que es respetado. Un empleado que es eficaz y eficiente sabe bien que su esfuerzo traerá frutos a la empresa y, por ende, a él y a su familia.

    Las empresas deben asegurar la estabilidad laboral, brindar el salario justo según puesto, brindar desarrollo profesional. Esto es parte de las oportunidades que se presentan en las organizaciones que piensan en el empleado como una persona y no como una máquina.

    Un empleado percibe la cultura y el clima organizacional desde el momento en que pone un pie en la organización. En toda empresa pública o privada debe haber compañerismo, motivación, trabajo en equipo, empoderamiento y estabilidad laboral. Un buen jefe, un buen administrador debe saber que cada empleado es importante en la empresa.

    *Fidel López Eguizábal, Docente e investigador Universidad Nueva San Salvador

    fidel.lopez@mail.unssa.edu.sv

     

  • La marcha

    La marcha

    Las marchas patrióticas y militares casi siempre elevan la moral, refuerzan el vínculo con la nación a la cual se pertenece. Entre  ritmos de viento y percusión  que van regulando el paso de manera uniforme, con aplomo, para mantener el compás y el  ímpetu en la trayectoria. Un tanto parecido al  modo de transcurrir los años en cada uno de nosotros; generalmente inicios de vigorosidad, de descubrimientos y luego, con cada bombo un palpitar, con cada trombón lo que va dejando huella y en el sonido del clarinete el color de cada época.

    Pienso que el bagaje de lo que vivimos unido a una conciencia activada, nos puede develar muchos pensamientos imbricados, como tejados que no dejan pasar luz. Permitiendo que dicha conciencia, junto con el transcurrir del tiempo, nos deje asimilar que no todo lo que se deseaba aun con la mejor intención, resultaba como lo queríamos. Y es que, creo que los años pueden liberar de alguna manera; así vemos como hay reglas que nacieron inquebrantables, pero que a su sombra no todas las situaciones encajan a cabalidad. Dándonos a conocer, entre otras, las variadas aristas que suceden bajo este cielo.

    Razón, libertad y voluntad son las cualidades que el hombre tiene para regir su destino, según el antropocentrismo. Aspectos que vienen a enfrentarse al sistema económico y social en el que se vive o pretende vivir. De estos fundamentos es la libertad la que debe enfrentar, aceptar y sobrellevar las condiciones que el mismo sistema tenga para ofrecer. De esta manera, existe entonces una condicionante para la razón y más aún para la voluntad que va de la mano con la conclusión de que todo depende del hombre y de cómo este reaccione ante su entorno. A lo lejos suena un trombón desafinado, pero sin abandonar la marcha. Avanzamos y a través de una rendija podemos ver que no todo el pensamiento o reacción que tenemos nació solo y tan solo en nuestra conciencia, sino en un condicionamiento previo.  Por lo tanto, no está demás el replantear y cuestionar las expectativas que se imponen en un marco referencial ya trazado.

    La definición de éxito se prolifera según las perspectivas y experiencias de quien la dice en su momento, como si hubiese un formato ideal donde todos deben ceñirse, para tener un lugar, para ser vistos; y claro, definido invisiblemente por un sistema que permite o restringe según que la voluntad individual acepte.

    Somos alguien aunque no estemos logrando nada visible, somos porque estamos acá y tratamos de comprender y apreciar el sentido de vivir pese a que existan métricas de meritocracia y estándares para alcanzar metas, las que no son más que trampas de la condición humana de querer ser por encima de lo que este.

    Que la razón nos haga concretar en la voluntad ese ímpetu primario de que todo pasa, todo es transitorio y que la libertad, esa verdadera libertad que jamás estará sujeta a nada, nos dé la certeza que el pensamiento consiente nos mantiene en la marcha.

    *Ivette María Fuentes, Abogada 

  • El problema…

    El problema…

    Las llamadas “redes sociales” dan para mucho; pueden utilizarse para bien o para mal. De lo circulado en estas recientemente pude, como mucha gente, enterarme de dos noticias relacionadas con la vivienda en El Salvador: una grotesca y la otra tremendista. Pero antes de entrarle a estas, arrancaré con algo indiscutible: poseer una vivienda digna y adecuada es reconocido tanto en la Declaración Universal de los Derechos Humanos como en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales. De acuerdo a lo establecido en el artículo 11 de este último, las personas y sus familias requieren un nivel de vida apropiado que incluya alimentación, vestido y –obviamente– vivienda. Sin esta última, disfrutar del resto de los derechos contemplados en el citado pacto difícilmente será posible.

    Partiendo de lo anterior y conociendo que el artículo 119 de nuestra Constitución declara de interés social la construcción de viviendas, revisemos lo que señala el presidente de la organización gremial del sector. Este, José Antonio Velázquez, se refirió recientemente al déficit habitacional en nuestro país. Tiene que ver con lo cuantitativo y lo cualitativo; dicho escenario puede resumirse en cinco palabras: hacen falta numerosísimas casas decentes. La última Encuesta de Hogares y Propósitos Múltiples elaborada por el Banco Central de Reserva, revela que poco más de la mitad de nuestra población es dueña de su morada; pero esta, debe insistirse, en una considerable cantidad resulta ser inapropiada.

    Para colmo –según el Anuario de la Vivienda de América Central y el Caribe 2025,  cuya base de datos abarca quince países– los costos más elevados entre estos se ubican, por mucho, en el nuestro tanto para la venta como en alquiler. “El acceso a la vivienda ‒se dice además de El Salvador‒ se complica por la alta informalidad, pues esta alcanza un 68.5 % del sector laboral”.

    Pero veamos lo que declaró recientemente Michelle Sol ‒“flamante” ministra de Vivienda‒ por ser una de las noticias arriba referidas que ofenden o deberían ofender nuestra inteligencia colectiva nacional. Según ella, cualquiera puede adquirir una casa heredando dinero y pagándola al contado; ahorrando durante diez, quince o veinte años para comprarla; o consiguiendo un préstamo bancario y abonando mensualmente más de lo establecido para bajar así sus intereses. ¡Vaya gangas! En qué cabeza cabe que nuestras mayorías populares pobres y descendientes de pobres, percibiendo un mínimo salarial que en el “mejor de los casos” apenas supera los 400 dólares estadounidenses, puedan optar por alguna de esas “alternativas”. ¿Y quienes no ganan ni siquiera eso?

    Las otras posibilidades serían la de ocupar un sillón en la Asamblea Legislativa bajo la bandera del partido oficialista, ser integrante del gabinete gubernamental o pertenecer al “Olimpo” de Nuevas Ideas. Más sueños guajiros, pues quienes forman parte de esa casta no dejarán sus privilegios así nomás; los personajes de la politiquería vernácula que ya consiguieron jugosos préstamos con la banca nacional, necesitan considerables ingresos mensuales para pagarlos y así no perder las residencias lujosas u otros bienes que adquirieron. Mientras, quienes no pertenecemos a dicha calaña rechazamos ‒por decencia‒ ser partícipes de esas y otras vivianadas.

    “El problema, señor, será siempre sembrar amor”. Así canta Silvio. Pero nuestra realidad aún no está para eso. Vigentes están, eso sí, estas palabras de nuestro ahora santo pronunciadas a cinco meses de iniciado su corto arzobispado: “No se puede cosechar lo que no se siembra. ¿Cómo vamos a cosechar amor en nuestra república, si solo sembramos odio?” Talar árboles para encementar el Valle El Ángel es condenable, pues nos conducirá a una cosecha de desamparo entre nuestra gente; mientras, la constructora “Urbánica” incrementará el ya agrandado patrimonio de la familia Dueñas, con la construcción de un megaproyecto residencial y comercial en esa estratégica recarga acuífera.

    Acuerpado por otra familia, la inconstitucionalmente gobernante, se acaba de consagrar un suntuoso y tramposo templo de los cuestionados Heraldos del Evangelio en dicha zona. Así se está contribuyendo a abrirle las puertas al mencionado negocio ecocida que se traducirá en violaciones de derechos fundamentales generando sed, hambre, dolor y cólera entre quienes resultemos afectados. Este escenario me hace recordar otro sobresaliente cubano. “Con la espada, con la cruz y la ambición ‒cantó Pablito‒ nuestras tierras descubrieron… ante Dios. Masacraron, exterminaron, impusieron su voz y aquel indio, noble indio, a otra vida pasó”.

    No repitamos aquel pasaje doloroso de nuestra historia, sintetizado en el poema de Roque dedicado al dictador del siglo pasado: el general Hernández Martínez. “Dicen que fue buen presidente ‒escribió el bardo‒ porque repartió casas baratas a los salvadoreños que quedaron”. Ya casi se cumple un siglo de aquella matanza y ese es nuestro mayor problema: la impunidad, tanto la histórica como la reinante.

  • Manejemos con prudencia, tolerancia y responsabilidad

    Manejemos con prudencia, tolerancia y responsabilidad

    La noche del domingo pasado murieron las señoras Natividad de Jesús Flores y Dolores de Villalobos, cuando iban como pasajeras en un pick up que se estrelló contra un furgón  estacionado a la orilla de la carretera que de Sonsonate conduce a Acajutla. En el percance resultó gravemente lesionado Luis Ernesto Villalobos, esposo de Dolores,

    Tras Natividad, Dolores y Luis hay familias que sufren por la nefasta tragedia, pero desgraciadamente al final solo pasan a ser parte de las frías, duras y dolorosas estadísticas de nuestra triste realidad.

    Desde el 1 de enero hasta ayer 576 salvadoreños murieron en 8,975 accidentes de tránsito, los cuales dejaron 6,052 lesionados y millonarias pérdidas materiales, según el Observatorio Nacional de Seguridad Vial. Las cifras superan a las registradas en 2025, cuando en el mismo período hubo 457 muertos en 7,736 accidentes que produjeron 4,826 lesionados.

    Las causas siguen siendo las mismas; la distracción al volante, la invasión al carril contrario, el irrespeto a la distancia reglamentaria, no respetar  las señales de tránsito y el exceso de velocidad, a lo cual se suman  el mal estado de los vehículos, el consumo de drogas y bebidas embriagantes, así como la intolerancia, la irresponsabilidad y la falta de pericia.

    Se asume que quienes conducen un vehículo, de cualquier tipo, tiene los conocimientos teóricos y prácticos, pero muchos lo hacen sin siquiera tener una licencia para ello, especialmente miles de motociclistas que circulan de manera temeraria sin tener la licencia que los acredite. Se debe regular esta situación y decomisar los vehículos que sean conducidos por personas sin licencia, pues se ha demostrado que por costumbre o tradición una multa no es suficiente.

    Las estadísticas indican que el 36 por ciento de los fallecidos eran peatones que murieron por la imprudencia de los conductores, muchos en estado de ebriedad. Un dato muy revelador es que el 36 por ciento de los muertos resultaron en accidentes de motocicletas.

    Hoy que hay cámaras en casi todas las ciudades y en las principales carreteras, nos damos cuenta que en la mayoría de accidentes en los cuales está involucrada una motocicleta, el culpable es el motociclista que viola el reglamento de tránsito. En plenas ciudades, especialmente en San Salvador, muchos motociclistas conducen a excesiva velocidad, sobrepasan a su antojo aun en zonas peatonales y son expertos valeverguistas  formando un tercer carril inexistente, ante la desidia de las autoridades de tránsito. Lo peor es que muchos motociclistas son menores de edad sin licencia.

    Las estadísticas del Observatorio señalan que el promedio diario de  accidentes viales es de 65,  incluyendo a cualquier tipo de vehículo. Los departamentos con más cantidad de accidentes son: en su orden San Salvador, La Libertad y San Miguel. Precisamente son los departamentos con la mayor cantidad de vehículos registrados.

    Y es que la cantidad de vehículos en circulación también es un factor que incide en la accidentabilidad vial. Actualmente casi se llega a los 2.1 millones de vehículos circulando y literalmente desde las 4:00 de la madrugada  hasta las 9:00 de la noche se han convertido en horas pico del tráfico.

    Cuando salimos de nuestras casas hay que hacerlo concentrados, con tolerancia y pidiendo a Dios no sufrir un percance en el trayecto a nuestros lugares de trabajo, nuestros sitios de estudio o hacia donde nos dirijamos. Sí manejamos hay que considerarlo un privilegio y debemos tener claro que es nuestra la responsabilidad de  la seguridad del peatón, de nuestros acompañantes y de los demás conductores, Cuando salimos de casa alguien nos espera de regreso sano y salvo.

    Un vehículo mal utilizado o manejado con irresponsabilidad se convierte en un arma de fatales consecuencias que ponen en riesgo nuestra vida y la de los demás, especialmente los peatones. Tras un muerto, un lesionado o una persona que va a dar a la cárcel por consecuencia de un accidente, hay una familia y otros seres queridos que sufren.

    El Observatorio señala que hasta el sábado pasado las autoridades de tránsito y la Policía Nacional Civil (PNC) habían capturado a 848 conductores en estado de ebriedad, por lo que enfrentarán el delito de conducción peligrosa. En este mismo periodo el año pasado la cantidad de detenidos sumó 784. Aunque no hay una cifra oficial, mucho muertos y lesionados son causados por conductores ebrios, tal es el caso de Carlos Alberto Avelar Argumedo de 51 años de edad,  quien el 23 de abril pasado, en el bulevar de la Costa del Sol, arrolló la motocicleta donde se conducía Jaime Heriberto Ordóñez Molina, de 38 años y su hijo Jefferson Alexis Ordóñez, de 15. Padre e hijo murieron. La prueba de alcotest arrojó que Avelar tenía 161 centígrados de alcohol en sangre y el análisis pericial indicó que conducía a excesiva velocidad.

    Manejar cualquier tipo de vehículo es un privilegio que debemos asumir con responsabilidad, respetando las leyes, protegiendo la vida de los demás y con mucha prudencia, tolerancia y responsabilidad. Bajar las cifras es posible si conducimos con mucha conciencia,

    *Jaime Ulises Marinero es periodista

  • ¡Apuesto a que Dios existe!

    ¡Apuesto a que Dios existe!

    Tengo la plena certeza de que Dios existe y podrían presentarse numerosos argumentos racionales para sostenerlo. A lo largo de la historia, la inteligencia humana no ha permanecido indiferente ante la pregunta por el fundamento último de la realidad. Desde distintas disciplinas y sensibilidades, filósofos, científicos y teólogos han intentado mostrar que la certeza de la idea de la existencia de Dios no es un salto irracional, sino una conclusión razonable.

    Existen diversos caminos clásicos hacia el descubrimiento personal de la existencia de Dios: los argumentos ontológicos, que parten de la idea misma de un ser perfecto; los cosmológicos, que reflexionan sobre el origen y la contingencia del universo; los teleológicos, que observan el orden y la finalidad en la naturaleza; los morales, que descubren en la conciencia una ley que trasciende al individuo; e incluso argumentos históricos vinculados a la figura de Jesucristo o a las culturas. Podría afirmarse que hay tantos itinerarios intelectuales hacia Dios como personas que se han tomado en serio la pregunta por el sentido último de la existencia.

    Para los cristianos, la cuestión no es únicamente filosófica. Creemos que Dios entró en la historia concreta: que Cristo -Dios y hombre- nació en tiempos de César Augusto, siendo Cirino gobernador de Siria, y fue crucificado bajo Poncio Pilato. La fe cristiana no se apoya en una idea abstracta, sino en un acontecimiento histórico que reclama ser examinado con la misma seriedad que cualquier otro hecho del pasado.

    Sin embargo, quisiera detenerme en un argumento que, por su sencillez y profundidad, sigue interpelando a creyentes y no creyentes. Me refiero a la célebre “apuesta” de Blaise Pascal. Este pensador francés del siglo XVII no solo fue filósofo y teólogo, sino también un brillante matemático y científico.

    El planteamiento de Pascal, recogido en su obra póstuma Pensées (1670), no pretende ofrecer una demostración estricta de la existencia de Dios. Parte de un reconocimiento honesto: la razón humana, por sí sola, no alcanza una certeza matemática en esta cuestión. Pero, lejos de concluir en la indiferencia, Pascal sostiene que el ser humano está inevitablemente obligado a elegir. No decidir también es decidir.

    Su razonamiento puede expresarse así: existen dos posibilidades reales —Dios existe o Dios no existe— y dos actitudes posibles —creer o no creer—. Si Dios existe y creemos en Él, la ganancia es infinita: la comunión eterna con el Bien supremo. Si Dios existe y no creemos, la pérdida es igualmente infinita. En cambio, si Dios no existe, tanto creer como no creer comportan únicamente consecuencias finitas, limitadas a esta vida.

    Desde el punto de vista de la teoría de la probabilidad, cuando lo que está en juego es infinito, incluso una probabilidad pequeña adquiere un peso decisivo. En términos actuales diríamos que el “valor esperado” de creer resulta incomparablemente superior. Por ello Pascal concluye: “Si ganáis, lo ganáis todo; si perdéis, no perdéis nada. Apostad, pues, sin vacilar que Dios existe”. (Fragmento 233)

    Naturalmente, este argumento ha sido objeto de críticas. Se le ha reprochado que la fe no puede reducirse a un cálculo interesado o que el planteamiento simplifica las múltiples concepciones posibles de Dios. Y es cierto que la apuesta no sustituye a la experiencia religiosa ni agota la reflexión metafísica. Pero su fuerza no radica en ofrecer una demostración lógicamente impecable, sino en obligarnos a reconocer que la vida misma es una apuesta.

    La neutralidad absoluta es imposible. Incluso el agnosticismo práctico es ya una opción existencial. Además, la cuestión no es solo lógica, sino profundamente humana. El corazón del hombre está abierto al infinito. Buscamos verdad, justicia, amor pleno, felicidad sin término. Ningún bien limitado logra saciar del todo ese deseo. La apuesta de Pascal pone en evidencia esa desproporción entre nuestras aspiraciones y las realidades finitas que nos rodean.

    La apuesta es la forma concreta que toma nuestra libertad frente al misterio. Creer es el acto más lúcido de la inteligencia y el gesto más valiente del corazón. ¡Apuesto mi vida por Dios!

    *Fernando Armas Faris, Sacerdote católico y doctor en Filosofía