Categoría: Opinión

  • Quizá sea verdad…

    Quizá sea verdad…

    Joseph Ratzinger, en una de sus obras más emblemáticas, Introducción al cristianismo (1968), recoge una antigua historia judía que, precisamente por su sencillez, logra tocar uno de los nervios más sensibles del alma humana.

    Cuenta la historia que un racionalista, hombre culto y seguro de sí mismo, acudió a visitar a un célebre rabino con la intención de refutar los fundamentos de la fe. Al entrar en la habitación encontró al anciano ligeramente encorvado, caminando lentamente de un lado a otro, con un libro en las manos y sumido en profunda reflexión. Durante unos instantes el rabino ni siquiera pareció advertir su presencia. Finalmente levantó la mirada y pronunció unas pocas palabras:

    —Quizá sea verdad.

    Aquella frase cayó sobre el visitante como un golpe inesperado. Había acudido dispuesto a discutir argumentos, pero no estaba preparado para enfrentarse a una posibilidad.

    Entonces el rabino continuó:

    —Los sabios han discutido contigo y tú has encontrado siempre una réplica. La lógica ha construido argumentos y tú has señalado sus fisuras. La ciencia ha presentado indicios y tú has pedido pruebas definitivas. Has visto a muchos vivir como si Dios no existiera y has pensado que tal vez tenían razón. Pero considera una posibilidad: ¿y si fuera verdad?

    Aquel «¿y si fuera verdad?», escribe Ratzinger, comenzó a resonar en el interior del hombre como una pregunta imposible de acallar. Porque mientras una objeción puede responderse y un argumento puede refutarse, una posibilidad permanece. Y si Dios existiera realmente, si fuera quien dice ser, entonces ninguna cuestión sería más importante. Desde ese momento, el «quizá» dejó de ser una palabra pequeña para convertirse en una inquietud capaz de acompañarlo día y noche, sin concederle descanso.

    La fuerza de este relato no reside en ofrecer una demostración lógica de la existencia de Dios. Tampoco pretende anular las objeciones racionales ni sustituir la reflexión filosófica. Su poder es más profundo y más humano: nos recuerda que la cuestión de Dios jamás desaparece del todo. Puede ser ignorada, aplazada, enterrada bajo el ruido cotidiano o incluso ridiculizada, pero no extinguida. Basta un instante de silencio para que vuelva a presentarse ante la conciencia.

    Personalmente, considero que demostrar de manera concluyente la existencia de Dios mediante la lógica formal es una tarea extraordinariamente difícil. Sin embargo, demostrar su no existencia resulta imposible. Existe una diferencia importante entre afirmar «no lo sé» y afirmar «no existe». La primera postura reconoce los límites del conocimiento humano; la segunda sobre pasa de manera deshonesta sus límites.

    Estoy completamente de acuerdo en que las ciencias naturales no pueden ofrecer datos empíricos sobre Dios. El método científico fue diseñado para estudiar fenómenos observables, medibles y reproducibles. Dios, si existe, no pertenece a esa categoría. Pero de ahí no se sigue que Dios no exista, del mismo modo que la incapacidad de un microscopio para detectar la justicia, la belleza o el amor no demuestra que estas realidades sean ilusorias.

    Vivimos en una época que con frecuencia identifica la fe con ingenuidad y la incredulidad con inteligencia. Sin embargo, el ateísmo también convive con su propia incertidumbre. El creyente conoce la tentación de la duda; pero el no creyente tampoco logra librarse por completo de la sospecha contraria: ¿y si Dios existiera realmente? ¿Y si el universo no fuera el resultado de un accidente ciego? ¿Y si el anhelo de infinito que habita en el corazón humano correspondiera a una realidad objetiva?

    Ese «quizá» acompaña silenciosamente toda existencia humana. El hombre puede llenar su vida de trabajo, entretenimiento y preocupaciones, pero en ciertos momentos decisivos —la muerte de un ser querido, el sufrimiento, la belleza inesperada, el amor auténtico o la cercanía de la propia muerte— reaparece inevitablemente la pregunta por el sentido último de la existencia.

    La fe cristiana no nace de la ausencia de preguntas, sino precisamente de tomarlas en serio. Creer no significa poseer todas las respuestas, sino aceptar que la realidad puede ser más grande que nuestra capacidad de comprenderla. La fe comienza cuando el hombre tiene la humildad suficiente para admitir que quizá no lo entenderá todo.

    Al final, toda vida humana se mueve entre dos posibilidades: vivir como si Dios no existiera o vivir como si existiera. Y acaso el drama más profundo del hombre moderno no sea haber negado a Dios, sino haber dejado de preguntarse por Él.

    *Fernando Armas Faris, Sacerdote y doctor en Filosofía 

  • La cuenta mortal: cuatro fallecidos diarios y un país sin respuestas

    La cuenta mortal: cuatro fallecidos diarios y un país sin respuestas

    1,19 millones de personas mueren cada año a causa de accidentes viales. Esto de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS). Además del daño físico y emocional para las víctimas y sus familias, estos siniestros generan pérdidas económicas considerables para las personas, sus hogares y los países. Estas pérdidas se derivan tanto de los costos de atención médica como de la reducción de productividad por las muertes y las discapacidades relacionadas con las lesiones. En conjunto, los accidentes viales cuestan a un país aproximadamente el 3 % de su producto interno bruto.

    En nuestro país enfrentamos desde hace años una epidemia de muertes por accidentes de tránsito, para la cual el gobierno actual no ha logrado diseñar ni aplicar medidas preventivas efectivas. Según el Observatorio Nacional de Seguridad Vial, El Salvador registra una tasa de mortalidad por siniestros viales de 19,81 por 100 000 habitantes. Esta tasa supera ampliamente la tasa global (14,09), es mucho mayor que la de Europa Occidental, supera la de Canadá y, en varios años recientes, está por encima de la de Estados Unidos. Somos el país de Centroamérica con la mayor tasa de mortalidad vial, muy por encima de Guatemala y Honduras, que ocupan el segundo y tercer lugar.

    Cada día ocurren en promedio 65 siniestros viales en el país, con un promedio de 4 fallecidos diarios. En 2026, la mortalidad vial ha aumentado un 25 % respecto a 2025. La mayoría de estas muertes se concentra en el departamento de San Salvador, afecta principalmente a adultos en edad productiva (18–59 años) y predominan en el género masculino. La mayoría de estas muertes son prevenibles. Pero, la prevención de un accidente vial implica tomar medidas proactivas antes que ocurra para evitar que el accidente ocurra, reducir su probabilidad o minimizar sus consecuencias.

    Los sistemas de transporte deben responder a las necesidades de los usuarios y ser tolerantes con el error humano. El enfoque del sistema seguro en materia de seguridad vial tiene como objetivo garantizar un sistema de transporte seguro para todos los usuarios de la vía pública. Este enfoque tiene en cuenta la vulnerabilidad de las personas ante lesiones graves y reconoce que el sistema debe diseñarse para tener en cuenta el error humano. Los pilares de este enfoque son carreteras y sus márgenes seguros, velocidades seguras, vehículos seguros y usuarios de la vía pública seguros, aspectos que deben abordarse para eliminar los accidentes mortales y reducir las lesiones graves.

    El Salvador cuenta con el Plan Estratégico de Seguridad Vial 2021-2030, liderado por el Fondo para la Atención a las Víctimas de Accidentes de Tránsito (FONAT) y el Viceministerio de transporte, cuyo objetivo principal es reducir en un 50 % las muertes y lesiones ocasionadas por siniestros viales para el año 2030.

    Entre los objetivos estratégicos del plan se encuentran: instrumentos jurídicos completos, efectivos y actualizados; carreteras seguras; mejora de la seguridad en carreteras existentes; vehículos seguros; velocidad segura; motocicletas seguras; uso de sistemas de retención como cinturones de seguridad; reducción del consumo de sustancias; asistencia rápida y atención sistematizada; incorporación de la seguridad vial en la agenda pública; e instituciones fuertes.

    Cada uno de estos objetivos contempla resultados observables y medibles, así como responsables específicos para las actividades alineadas con cada meta. El plan lleva aproximadamente seis años en ejecución y restan cuatro años para su finalización. Sin embargo, según los reportes oficiales, los avances más visibles hasta el momento incluyen la construcción de ciclovías y zonas 30, controles vehiculares y tecnología para medición de velocidad, campañas de concientización y educación vial, así como la instalación de 100 puntos de control vehicular.

    Tanto el FONAT como el Viceministerio de transporte deben estar conscientes de que la implementación del Plan Estratégico de Seguridad Vial presenta retrasos y desfases importantes respecto a sus metas originales. Resulta razonable esperar que los responsables de ejecutar las distintas actividades del plan estén rindiendo cuentas sobre estos atrasos, considerando que de su cumplimiento depende la protección de miles de vidas salvadoreñas.

    La mortalidad por siniestros viales en El Salvador no puede seguir siendo tratada como un problema secundario ni como una consecuencia inevitable del crecimiento del parque vehicular. Se trata de una crisis de salud pública, desarrollo económico y responsabilidad institucional que cada año cobra cientos de vidas prevenibles, principalmente entre la población en edad productiva. Las cifras actuales reflejan no solo el fracaso de las medidas preventivas implementadas hasta ahora, sino también la ausencia de una ejecución efectiva y sostenida del Plan Estratégico de Seguridad Vial 2021-2030.

    El país ya cuenta con diagnósticos, objetivos estratégicos y responsables identificados. Lo que falta es voluntad política, capacidad de ejecución, evaluación transparente de resultados y rendición de cuentas. Mientras las acciones continúen limitándose a medidas aisladas y de impacto limitado, la tendencia de muertes y lesiones seguirá creciendo. Cada retraso en la implementación del plan representa más familias afectadas, más discapacidad y más pérdidas humanas y económicas para el país.

    Reducir la mortalidad vial requiere asumir que los accidentes no son hechos inevitables, sino eventos prevenibles mediante políticas públicas basadas en evidencia, infraestructura segura, control efectivo, educación vial y fortalecimiento institucional. La seguridad vial debe dejar de ser un discurso técnico y convertirse en una prioridad nacional real, porque detrás de cada estadística existe una vida que pudo haberse salvado.

    *El Dr. Alfonso Rosales es médico epidemiólogo y consultor internacional

     

     

     

  • Un salto cualitativo en la Seguridad Pública: La ANSP a la vanguardia de la Educación Superior

    Un salto cualitativo en la Seguridad Pública: La ANSP a la vanguardia de la Educación Superior

    La formación policial en El Salvador se ha percibido estrictamente desde los enfoques operativo y táctico. Sin embargo, la gala de la educación superior la semana pasada denominada «Premios a la Excelencia de la Educación Superior 2026» han roto este paradigma de manera contundente. El hecho de que la Academia Nacional de Seguridad Pública (ANSP) haya sido galardonada con el primer lugar en la categoría de «Innovación Académica y Formación para las Profesiones del Futuro» no es un logro institucional; es un hito trascendental para el desarrollo de nuestro país.

    Por primera vez, nuestra academia de policía, no solo se sienta a la mesa de premiación con los centros de enseñanza superior, institutos especializados y universidades tradicionales, sino que se erige como líder frente a ellos. Compartir el podio y superar a instituciones de inmenso prestigio tecnológico y académico como la Universidad Francisco Gavidia-UFG y la Escuela Especializada en Ingeniería ITCA-Fepade, demuestra que el IES-ANSP ha transformado profundamente su núcleo educativo. Ya no hablamos únicamente de entrenamiento físico o manejo de crisis en el terreno, tácticas operativas, cursos especializados, formación básica de agentes; sino de una verdadera academia superior que forma profesionales de la seguridad públicaintegrales, preparados analíticamente para los desafíos del mañana.

    El significado de la categoría galardonada

    Triunfar específicamente en la innovación y formación para el futuro es quizás el mensaje más poderoso que las autoridades de educación superior podían emitir. El crimen, la violencia y las amenazas a la seguridad ciudadana han mutado drásticamente a nivel global. Hoy, los Estados se enfrentan a la ciberdelincuencia, el crimen organizado transnacional, la manipulación de datos y delitos financieros de alta complejidad. Para combatir estas amenazas de nueva generación, El Salvador necesita perfiles policiales que vayan más allá de lo operativo, requiere analistas, expertos en tecnología, estrategas y líderes estratégicos con una base ética inquebrantable, que es la ruta de la gestión del ministro de seguridad pública y justicia Héctor Gustavo Villatoro quien lidera esta transformación de la «Academia de Policía» Este galardón refleja que el IES-ANSP está logrando integrar:

    • Tecnologías de vanguardia en sus aulas.

    • Nuevos modelos pedagógicos centrados en el pensamiento crítico.

    • Currículos ágiles y adaptados a la realidad del presente siglo

    • Innovación académica en la enseñanza superior especializada

    • Liderando los desafíos de transformación digitales

    Están, en efecto, formando a los profesionales del futuro, porque la seguridad ciudadana es, sin duda, una de las disciplinas más críticas y exigentes de nuestra era.

    Como bien ha señalado la ministra de educación Mayor y Dra. Karla Trigueros del Ministerio de Educación Ciencia y Tecnología -MINEDUCYT este tipo de reconocimientos visibiliza el compromiso, las buenas prácticas y el valioso aporte al desarrollo nacional. Así mismo, reconozco el liderazgo del doctor Christian Aparicio director nacional de educación superior y su trabajo sigue cosechando grandes resultados y siendo líder en Hispanoamérica, además de reconocer con este tipo de eventos a las IES (instituciones de Educación Superior) una visión de avanzada del director que se reconoce en todo el continente.

    El talento humano policial de El Salvador se encuentra altamente educado, formada bajo estrictos estándares de innovación académica, lo que se traduce directamente en un mejor servicio para la ciudadanía. Significa procedimientos más científicos, una aplicación de la ley más precisa, un respeto irrestricto a los derechos fundamentales y una empatía renovada en el trato con la comunidad.

    Ver a la Academia de Policía competir y triunfar en el exigente ecosistema de las Instituciones de Educación Superior (IES) eleva la dignidad de la carrera policial. Inspira a las nuevas generaciones a ver en la policía no solo una vocación de sacrificio, sino una verdadera ruta de excelencia académica, especialización científica y profesionalización continua.

    Este reconocimiento debe ser un punto de partida, no una meta final. Las universidades tradicionales tienen ahora en el IES-ANSP a un par académico que eleva la barra de la calidad educativa nacional. El gran reto y desafío para la Academia de Policía es sostener esta cultura de innovación, asegurando que cada agente y oficial egresado sea un testimonio vivo de esta excelencia. El Salvador ha demostrado que invertir en la mente y la educación de quienes nos protegen es la estrategia más inteligente para garantizar un desarrollo pacífico y sostenible.

    Reconozco de igual forma la gestión y trabajo de la dirección general del IES-ANSP anteriores y la actual, ya que la dirección general debe llevar por medio de su liderazgo estratégico y cumplir la visión institucional del ministro y Ministerio de Seguridad Pública y Justicia, a los consejos académicos que aportan y apoyan la gestión académica, asesor de la dirección general, y un sitial de honor para las subdirecciones, decanato, jefaturas, coordinaciones, personal docente e instructores, personal administrativo que ha hecho posible que el nombre del IES-ANSP se ubique en el primer lugar de la categoría número uno galardonada, Adelante ANSP «El origen de los Héroes»

    *Por Ricardo Sosa/ Doctor en Criminología / Egresado doctorado en Justicia Criminal/ @jricardososa

     

  • El Papa y su análisis sobre el uso de la inteligencia artificial

    El Papa y su análisis sobre el uso de la inteligencia artificial

    El papa León XIV analiza en su encíclica “Magnífica Humanitas” (Magnífica humanidad) que prolifera la desinformación y la falta de humanidad. En la actualidad, tenemos un nuevo analfabetismo “el analfabetismo mediático e informacional”. Además, la manipulación de las masas se acelera con el uso de la IA. Eso ya lo hemos analizado en mis cátedras. Los cibernautas se creen todo lo que ven. Eso es una de sus posturas ante el uso de la IA. Mientras tanto, el pensamiento crítico disminuye cada día con su utilización.

    En su encíclica, el Papa también manifiesta que la IA debe ser utilizada para beneficio de la humanidad. Sin embargo, en su documento exhorta a que no se debe atacar la conciencia moral, la empatía, el amor y las relaciones personales.

    El 25 de mayo queda en la historia, ya que un Papa hace cuestionamientos sobre la IA. León XIV, manifestó que la IA necesita que se desarme, que no esté concentrada en pocas manos. No se puede utilizar para manipulación, exclusión o una guerra.

    El pontífice hace alusión a la primera revolución industrial, en donde muchos seres humanos serían sustituidos por las máquinas. Actualmente existe una especie de un nuevo feudalismo, pocos tienen el poder en sus manos. A eso se le llama en la era moderna “Tecnofeudalismo”. León XIV manifiesta en su encíclica: “Desarmar quiere decir romper esta equivalencia entre poder tecnológico y derecho a gobernar. Desarmar no significa renunciar a la tecnología, sino impedirle el dominio sobre lo humano. Significa sustraerla a los monopolios, hacerla discutible, refutable, y por tanto habitable, restableciendo en ella la pluralidad de las culturas humanas y de las formas de vida. La tarea, hoy, no es sólo ética o técnica; es ecológica en el sentido más radical, porque interpela una nueva dimensión de nuestra Casa común”.

    Son diferentes posturas sobre la IA, el Papa escribe: “Los principios de la Doctrina social nos ayudan a leer esta nueva realidad. En un mundo donde pocos sujetos concentran datos, capital informático y capacidad normativa, hablar de bien común significa desenmascarar esta nueva asimetría epistémica, económica y política, nombrando los nuevos monopolios de la IA”.

    El ser humano parece que está construyendo una nueva torre de Babel, tal como lo analiza el Papa, ya que la IA deshumaniza. Esos algoritmos que recibimos a diario y el peligro de que muchas personas se queden sin empleo son parte de las amenazas de la IA.

    Como docente analizo que los jóvenes deben tener pensamiento crítico. Esta era digital no debe reemplazar el pensamiento de los seres humanos. En el ámbito educativo ya me ha tocado despotricar trabajos de estudiantes que en segundos han elaborado su tarea o investigación con IA.

    En este documento, el Papa también escribe sobre una ecología de la comunicación: “…en el ámbito de la escuela y la familia, la creciente necesidad de una nueva conciencia educativa y la formación en el uso correcto y crítico de las herramientas digitales, la IA y las plataformas de compra e inversión; en el ámbito de la universidad, el gran reto de la integración de los conocimientos, formando tanto en la capacidad de conectar y fusionar saberes para interpretar la complejidad, como en las técnicas de verificación de los hechos.

    En mi punto de vista, si la tecnología se utiliza para fines benignos, no hay problema. La deshumanización, la falta de ética es lo que se cuestiona. En esta encíclica no se trata de despotricar contra el uso de la IA, se trata de saber manejarla.

    *Fidel López Eguizábal, docente investigador Universidad Nueva San Salvador

    fidel.lopez@mail.unssa.edu.sv

     

     

     

     

     

  • El poder de las mujeres que recomiendan a otras mujeres

    El poder de las mujeres que recomiendan a otras mujeres

    Durante mucho tiempo crecimos escuchando que entre mujeres existía competencia, comparación o rivalidad. Nos enseñaron a cuidarnos de otras mujeres en lugar de aprender a construir con ellas. Pero mientras más avanzo en mi camino profesional, más confirmo que una de las fuerzas más poderosas que existen es una mujer recomendando, impulsando y apoyando a otra mujer.

    A veces creemos que el crecimiento profesional depende únicamente del talento, los contactos o las oportunidades correctas. Y sí, todo eso influye. Pero hay algo que tiene un peso enorme y pocas veces se reconoce: la confianza que otra mujer deposita en ti cuando decide tenderte la mano.

    Dentro de tantas experiencias, viví una que me hizo reflexionar profundamente sobre esto. Estaba atravesando una situación complicada con un cliente. Una de esas crisis que desgastan emocionalmente, que generan dudas y que incluso hacen cuestionarte si estás manejando bien las cosas.

    Como emprendedora, muchas veces una crisis no solo afecta el negocio. También golpea la seguridad personal. Porque detrás de cada proyecto hay horas de trabajo, esfuerzo, reputación y emociones invertidas.

    En medio de esa situación, una colega se acercó a mí. No llegó desde el juicio, la crítica o el ego profesional. Llegó desde la empatía. Me escuchó, me orientó y compartió conmigo su experiencia y perspectiva sobre cómo manejar la situación.

    Y aunque quizás para ella fue simplemente una conversación profesional, para mí tuvo un impacto mucho más grande. Porque en un momento donde fácilmente alguien pudo señalar errores o aprovechar la debilidad, ella decidió apoyar.

    Recuerdo quedarme con una sensación enorme de agradecimiento. No solamente por el consejo, sino por el gesto. Porque a veces lo que más necesita una mujer emprendedora no es una solución mágica, sino sentir que no está sola enfrentando todo.

    Ese momento me hizo pensar en cuántas veces las mujeres tenemos el poder de abrir puertas emocionales y profesionales para otras mujeres. Un consejo, una recomendación, una conexión o incluso unas palabras correctas pueden cambiar completamente la energía de alguien que está pasando por un momento difícil.

    Ahí entendí que sí existe un poder enorme cuando una mujer decide impulsar genuinamente a otra. Y no hablo de discursos vacíos sobre sororidad. Hablo de acciones reales, silenciosas y honestas que generan impacto.Porque recomendar a otra mujer también es creer en su capacidad. Es decir “confío en tu trabajo”, “te respeto profesionalmente” o “mereces esta oportunidad”. Y en un mundo donde muchas mujeres aún luchan por validar su espacio, eso tiene muchísimo valor.

    Lamentablemente, todavía existen ambientes donde se fomenta la competencia femenina disfrazada de profesionalismo. Espacios donde pareciera que solo hay lugar para una mujer destacando. Pero la realidad es que cuando una mujer crece, no le quita espacio a otra.

    Al contrario, las mujeres que entienden el poder de colaborar suelen construir redes mucho más sólidas, humanas y sostenibles. Porque saben que crecer acompañadas no las hace menos fuertes, las hace más inteligentes. También creo que muchas veces subestimamos el impacto que podemos tener en la vida profesional de alguien más. Tal vez para ti una llamada sea algo pequeño, pero para otra mujer puede convertirse en el impulso que necesitaba para no rendirse.

    Después de esa experiencia entendí algo importante: el verdadero liderazgo femenino no siempre hace ruido. A veces se ve en conversaciones honestas, en apoyo genuino y en mujeres que eligen ayudarse sin necesidad de competir.

    Hoy más que nunca necesitamos construir comunidades donde las mujeres se recomienden entre sí, se conecten, se nombren en oportunidades y se apoyen incluso cuando no obtengan nada a cambio. Porque eso también transforma industrias, negocios y entornos profesionales.

    Y quizás ahí está uno de los poderes más grandes que tenemos entre nosotras: la capacidad de recordarles a otras mujeres que sí pueden, incluso en los momentos donde ellas mismas lo han olvidado.

     

    *Amanda Rodas, emprendedora y consultora de comunicaciones

     

  • La era de la inteligencia artificial y la deshumanización: Magnifica Humanitas

    La era de la inteligencia artificial y la deshumanización: Magnifica Humanitas

    Magnifica Humanitas es la nueva encíclica del Papa León XIV. Les confieso que, al principio, me acerqué al texto con cierto escepticismo. ¿Qué puede decirnos una institución milenaria sobre un mundo dominado por ChatGPT, los algoritmos de TikTok y los autos autónomos?. Sin embargo, tras devorar sus páginas, me encontré con una sorpresa mayúscula: estamos ante una de las reflexiones más valientes, lúcidas y, sobre todo, humanas que se han escrito sobre nuestro futuro digital que al igual que León XIII en su encíclica Rerum Novarum frente a la Revolución Industrial a finales de 1800.

    El gran acierto de León XIV no es hablar de tecnología, sino hablar de nosotros. El Papa no es un tecnófobo que nos pide apagar el teléfono ni un optimista ciego que cree que la tecnología resolverá todos nuestros males. Su advertencia va mucho más allá y nos toca de cerca: el verdadero peligro actual no es que las máquinas empiecen a pensar como humanos, sino que nosotros empecemos a actuar como máquinas. En una sociedad obsesionada con la productividad, el rendimiento y la perfección digital, la encíclica sale al rescate de nuestra imperfección. Nos recuerda que lo que realmente nos hace humanos es nuestra vulnerabilidad, nuestra capacidad de dudar y la empatía real, cosas que ninguna línea de código podrá replicar jamás.

    Pero el texto no se queda en la filosofía de café. Aterriza con fuerza en la geopolítica al hablar de «justicia algorítmica». Es imposible no darle la razón cuando denuncia el «extractivismo de datos». Pensemos en cómo las grandes aplicaciones absorben cada uno de nuestros clics, gustos y secretos en el Sur global para enriquecer a un puñado de gigantes tecnológicos en Silicon Valley o Shenzhen. Frente a esto, el Papa propone la «algorética»: una invitación urgente a ingenieros y legisladores para que programen el software del mañana con valores humanos, solidaridad y transparencia.

    El punto que más me conmovió, y quizás el más urgente, es su firme rechazo a las armas autónomas. Delegar la decisión de matar o dejar vivir a un frío cálculo matemático no es progreso; es una renuncia moral. No es idealismo ingenuo, es un grito de auxilio en un mundo cada vez más deshumanizado.

    En definitiva, Magnifica Humanitas no es un manual técnico, sino un mapa ético para no perder el alma en la era de los datos. León XIV nos regala una bitácora imprescindible para recordar que, por muy avanzada que sea la inteligencia artificial, la tecnología más poderosa y revolucionaria que poseemos seguirá siendo, siempre, nuestra capacidad de amar y cuidar al prójimo.

     

  • El drenaje

    El drenaje

    La semana pasada anduvo por nuestra tierra Jorge Salazar, colega peruano. Conocido como “Coco”, fue integrante de la Misión de Observadores de Naciones Unidas en El Salvador identificada más como ONUSAL, por sus siglas; también participó en la operación verificadora de esta organización en Guatemala y en su agencia especializada en población refugiada, mejor conocida como ACNUR.

    Nos juntamos y recordamos aquella época en la que estuvo presente acá en El Salvador, que también fue parte de la primera década de mi trabajo en la dirección del Instituto de Derechos Humanos de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, el IDHUCA. Uno de los tantos esfuerzos entonces impulsados en este que vino a mi memoria, por ser considerado dentro y fuera de nuestro país como un aporte valioso, fue la publicación que denominamos “La agenda pendiente, diez años después. De la esperanza inicial a las responsabilidades compartidas”.

    Su presentación oficial la realizamos en noviembre del 2002, pero un resumen anticipado de la misma apareció el mismo año en la revista Estudios Centroamericanos –la famosa ECA– editada por dicha casa de estudios superiores, en el marco de la conmemoración del décimo aniversario de la firma del llamado Acuerdo de Chapultepec y el fin del conflicto bélico interno entre los dos ejércitos protagonistas: el gubernamental y el guerrillero.

    Desde el inicio de dicha investigación planteamos que la situación de los derechos humanos en aquel entonces, hace casi veinticuatro años, no debía evaluarse partiendo del “estado de barbarie que se llegó a alcanzar entre 1972 y 1992, sino confrontándola con las aspiraciones de humanismo y humanidad” que debían ser la guía para edificar “un El Salvador distinto”. Y no había dónde perderse en cuanto a sus puntos de partida y llegada. Inspirados en las enseñanzas de Ignacio Ellacuría ‒uno de los rectores mártires salvadoreños junto con Félix Ulloa, el grande‒ los ubicamos ambos, sin dudarlo, en la centralidad de nuestras mayorías populares.

    Además, señalamos que el proceso salvadoreño iniciado en abril de 1990 con el primero de los acuerdos firmados entre las partes aún beligerantes ‒el de Ginebra que registró sus cuatro componentes esenciales‒ debía tener una sostenibilidad que hasta ese momento no estaba garantizada. Y esta nunca se garantizó pues “no se realizaron los ajustes necesarios para superar la desigual distribución del ingreso, con base en reglas claras y responsabilidades conjuntas en lo relativo a su cumplimiento”.

    Al no haber impulsado los necesarios cambios estructurales para mejorar la situación social y económica de las mayorías populares prevaleciente a lo largo de nuestra historia, en un escenario nacional complejizado más con el deterioro ambiental, afirmamos en aquel momento que el conflicto continuaba “aunque no en su expresión bélica”. De por sí, eso era peligroso; pero se agravó aún más cuando las instituciones estatales no actuaron en función del bien común, los partidos políticos se esmeraron en defraudar a la sociedad y la población no se organizó como debía haberlo hecho para participar como fuerza definitoria y corregir el rumbo con coherencia, inteligencia y potencia.

    Lo que se avanzó en democracia formal, porque algo se avanzó, terminó vertido en el sumidero de la suciedad. Por eso estamos como estamos. Hoy como siempre, algunas personas ‒las menos‒ saben y pueden reír disfrutando de sus egoístas y sustanciosos beneficios; pero a las más, les toca sufrir y lamentarse en medio de su desamparo. Las primeras son las largas “serpientes” con las que Silvio sueña; las que “en sus barrigas llevan lo que puedan arrebatarle al amor”. Casi logramos desnucarlas en un momento histórico dado, pero hace unos años apareció “una mayor” que siendo peor se mantiene y continúa creciendo… al menos por ahora.

    Considerando lo anterior, en este momento no podemos hablar de una agenda pendiente; lo que está ocurriendo es el impulso de una agenda diferente, egoísta, marcada por el autoritarismo y la corrupción. Por ello, para diseñar una conveniente –fundada en el respeto de los derechos humanos de nuestras mayorías populares– debemos retomar las enseñanzas de monseñor Romero junto a las de los dos últimos papas, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, lo incumplido o lo mal cumplido de los acuerdos de paz y lo  que todavía podemos rescatar de nuestra Constitución. También hay que aprender de nuestras historias de lucha a lo largo de un tortuoso camino.

    Si no, todo se terminará yendo definitivamente por el drenaje instalado en medio de la codicia voraz, la prepotencia insolente y la impunidad descarada; drenaje igual de malo que el del estadio construido por el dictador del siglo pasado, general Maximiliano Hernández Martínez, y ahora convertido en uno de los íconos de harina del “bukelato”.

  • Raúl Castro, de general a reo

    Raúl Castro, de general a reo

    Confieso que pocas situaciones me complacerían más que ver a Raúl Castro vestido con el uniforme color naranja de los prisioneros comunes de Estados Unidos y cumpliendo, la sanción que le fuera impuesta en una cárcel de mayor rigor, aunque dudo, que una cárcel estadounidense de esas características sea más severa que las prisiones castristas menos malévolas.

    Durante estos sesenta y siete años no han faltado cubanólogos que afirmen enfáticamente que el verdugo menor de los Castro era el más organizado, familiar y hasta condescendiente en comparación con su hermano, el mayor criminal de la historia de Cuba, por suerte, ya desaparecido, y aunque no tengo elementos para refutar la mayoría de los calificativos que le endilgan, sí puedo asegurar que de tolerante no tiene ni pizcas porque recuerdo con diáfana claridad que una de las primeras fotos de este sujeto publicada en los primeros días de enero de 1959, lo muestra ahorcando a un campesino en plena Sierra Maestra en los días de la insurrección.

    Después ordenó cientos de fusilamientos, incluida la masacre de la Loma de San Juan, Santiago de Cuba, a once días del triunfo insurreccional, en la que resultaron fusilados 71 hombres en una sola noche de forma expedita. Hasta bulldozers usaron al mejor estilo hitleriano.

    Raúl fue sin dudas el más fiel servidor de Fidel. Cierto, que no han faltado historias de desavenencia entre ambos autócratas, pero, aún habiendo sido ciertas, los intereses comunes de la pareja primaron para la mayor desgracia de los cubanos.

    Raúl Castro, el asesino en serie Ernesto “Che” Guevara y el “Carnicero de Artemisas”, Ramiro Valdés, escogieron desde los primeros días de la victoria revolucionaria asumir el rol de ser los más intransigentes en la defensa del proceso que comandaba Fidel Castro. Esta sangrienta triada, encabezada por el delincuente de Raul, fueron los jerarcas que acatando las órdenes del máximo líder dirigieron la destrucción espiritual y material de un país, que, con todos sus defectos, estaba a la vanguardia de muchos de los rubros mas importantes del desarrollo de America Latina.

    Confieso que no tengo la más remota idea de cómo puede desarrollarse el proceso contra el hombre que dio la orden para derribar dos aviones desarmados que volaban en aguas internacionales con el único objetivo de salvar vidas en peligro, el exministro de Defensa de Cuba dijo, “Yo decía bueno, túmbenlo en el mar cuando se aparezcan y no consulten”, una expresión muy similar a la de Guevara que recomendaba a sus esbirros, “Mátalo, después preguntas” u otra más institucional del asesino en serie: “Para enviar hombres al pelotón de fusilamiento, la prueba judicial es innecesaria», de Ramiro Valdés, no hay expresiones, solo asesinatos.

    Desgraciadamente los crímenes más numerosos y horrendos del totalitarismo castrista han sido contra el pueblo cubano de intramuros, pero esos, deben ser juzgados por sus propios conciudadanos cuando la situación política del país cambie, de momento tenemos que recibir con satisfacción que el actual gobierno de Estados Unidos decida actuar judicialmente contra un asesino confeso como Raúl Castro, tal y como hizo contra el narcotraficante Nicolás Maduro, crimen que también le pueden imputar al segundo al mando en la destrucción de Cuba.

    Raúl Castro, según un artículo del Miami Herald, se reunió con narcotraficantes colombianos en 1980 y les autorizó a usar puertos cubanos en su trasiego de drogas a Estados Unidos a cambio de que facilitaran armas y municiones a las guerrillas del M-19. Años más tarde se reunió con uno de los hombres de Manuel Antonio Noriega para mediar en una disputa que el general panameño sostenía con narcotraficantes colombianos.

    Manuel de Beunza, quien fuera mayor de los servicios de inteligencia del régimen castrista, testificó en una audiencia del Senado en Washington, que Raúl ordenó sustituir a Generoso Escudero como jefe de la unidad naval de Cienfuegos, porque se negó a colaborar en el desplazamiento de lanchas rápidas que transportaban cocaína hasta la costa sur de Cuba, aun más, John Jairo «Popeye» Velásquez, muy próximo a Pablo Escobar Gaviria, manifestó que el general prófugo sostenía una estrecha relación con el cartel de la cocaína de Medellín y que protegió los embarques de droga que pasaban por Cuba rumbo a la costa sur de la Florida.

    Raúl Castro, tiene muchos crímenes por los que puede ser juzgado por Estados Unidos.

  • Digamos no al fatal tabaquismo

    Digamos no al fatal tabaquismo

    Alberto era un joven santaneco de 28 años, egresado de la licenciatura en Administración de Empresas en una universidad privada. En septiembre del año pasado abandonó continuar su tesis de grado porque los dolores insoportables que sentía en la espalda y pecho no lo dejaban ni siquiera respirar. Sus padres lo llevaron a un hospital privado donde los exámenes revelaron que padecía de cáncer pulmonar con metástasis en la lengua y el esófago.

    Cuando tenía 12 años, por curiosidad e influenciado por otros adolescentes comenzó a fumar, de tal manera que a los 16 años ya fumaba dos cajetillas (40 cigarrillos) diarias, a los 21 ya fumaba cuatro cajetillas (80 cigarrillos) y desde los 25 se fumaba hasta cinco (100 cigarrillos) lo que para él representaba una alta suma de dinero que él hurtaba a  diario del negocio de sus padres.

    En la universidad sus compañeros comenzaron a aconsejarlo para que dejara el vicio y lo intentó, pero tras una semana de no fumar ni uno, casi muere por la ansiedad y la depresión. Intentó con cigarrillos electrónico (también dañinos) y sufrió un atisbo de derrame cerebral porque le detectaron hipertensión. Su novia le dio un ultimátum en el sentido que terminarían la relación si no dejaba de fumar, pues su aliento sabía a humo y sus dientes se habían vuelto amarillentos. Su ropa tenía impregnado el olor a humo de tabaco.

    Terminó con su novia y molesto por los consejos y regaños de sus padres se fue a vivir a un apartamento donde comenzó a sentir dolores de pecho y espalda. Un día le habló a sus padres para contarles que se cansaba demasiado y que no siquiera podía caminar dentro de la casa porque sentía morir por falta de aire. Fue llevado a un hospital donde le detectaron el cáncer en la etapa final y en febrero pasado murió.

    Sus últimas semanas de vida los pasó en una silla de ruedas, alimentado a través de sondas y conectado a un tanque de oxígeno que le permitían mantenerse con vida casi de manera artificial. El dictamen fue que murió de cáncer en los pulmones con metástasis en la lengua y esófago producto del consumo de tabaco. Sus pulmones se habían ennegrecido por la nicotina, su esófago se había cerrado y su lengua se había inflamado en exceso.

    Alberto murió víctima del tabaco y este año será uno de los más de 8 millones de personas que morirán en el mundo a raíz del tabaquismo. Según la Organización Mundial para la Salud (OMS) el cáncer de pulmón es uno de los más dolorosos, pero el mismo puede evitarse dejando de fumar mediante procesos de terapia, con fe y con mucha fuerza de voluntad. Hay, por supuesto, otras causas que también generan cáncer de pulmón,

    Entonces, para hacer conciencia de los peligros del tabaquismo la Organización de las Naciones Unidas (ONU) desde1987 declaró cada 31 de mayo como el Día Mundial sin Tabaco. Con ello se busca concienciar sobre los graves riesgos para la salud que  produce  el consumo de tabaco.  La fecha también procura que los Estados promuevan políticas institucionales y efectivas para reducir el consumo.

    Un estudio de la Universidad de Harvard de 2020 señala que los mejores anuncios publicitarios con efecto de contagio irreversible en los públicos son los  que promueven el vicio del tabaquismo y el licor, por lo que es responsabilidad estatal regular los contenidos y contrarrestar el consumo con campañas realísticas.

    Quien consume tabaco obliga a consumirlo a quien se abstiene de hacerlo por su voluntad. En una determinada reunión el fumador obliga a los demás a fumar, en un transporte colectivo el fumador va dañando la salud de los demás. Las leyes prohíben que en sitios encerrados se pueda fumar, pero también permite que se declaren áreas aptas para fumadores.

    El tabaquismo es peligroso y vuelve insensatos, inconsecuentes e  inconscientes a los fumadores. A ellos nos les importa que las tabacaleras, por ley, estén obligadas a ilustrar las cajetillas con mensajes relacionados a los daños que produce el tabaco. En los supermercados muchos prefieren comprar sus cajetillas antes que llevar leche o cualquier alimento para sus hijos.

    Las empresas tabacaleras contratan a empresas publicitarias para que con modelos y falsos valores les hagan un buen marketing y una publicidad persuasiva y masiva de su producto y de ese forma ganan a miles de potenciales consumidores, mientras las instituciones de salud y el Estado mismo se limitan a mantener una campaña de los efectos nocivos, pero sin alcance masivo y sin  carácter permanente.

    Este año el lema del Día Mundial sin Tabaco es: “Desenmascaremos su atractivo: combatamos la adicción al tabaco y a la nicotina”. En 2023 el lema fue “Cultivemos alimentos, no tabaco”. Cada año el lema cambia, pero lo que poco o nada cambia es el interés monetario de las grandes empresas tabacaleras y la mentalidad engañada y debilitada de quienes han caído en las garras de este detestable y a veces mortal vicio. Salvadoreños, rechacemos el tabaquismo, por nuestra salud y la de los demás.

    * Jaime Ulises Marinero/Periodista

     

     

  • “Pásame otro ladrillo”: lecciones de liderazgo para construir la vida

    “Pásame otro ladrillo”: lecciones de liderazgo para construir la vida

    Hace algunos días llegó nuevamente a mis manos un libro que conocí hace muchos años y que, al releerlo, volvió a tocar mi mente y mi corazón. Se trata de Pásame otro ladrillo, escrito por Charles Swindoll.

    Confieso que me encantó volver a recorrer sus páginas. Y me alegró comprobar que hay libros que, aunque fueron escritos hace décadas, conservan intacta su capacidad de hablarnos con frescura y profundidad.

    Este libro tiene un propósito claro: enseñarnos una forma excepcional de liderazgo tomando como ejemplo la vida de Nehemías, uno de los personajes más admirables del Antiguo Testamento.

    Más que un texto religioso, lo considero una obra profundamente humana. Una lectura útil para cualquier persona que desee crecer, liderar mejor, tomar buenas decisiones y aprender a construir con sabiduría.

    Como Alfredo, y también como escritor, debo decir que encuentro en esta obra una riqueza singular. No solo por su contenido espiritual, sino por la claridad con la que logra traducir antiguas enseñanzas bíblicas a los desafíos concretos de la vida actual.

    Un libro antiguo con respuestas muy actuales

    Swindoll estudia la vida de Nehemías, un hombre que vivió aproximadamente 425 años antes de Jesucristo. A simple vista, podría parecer una historia distante. Sin embargo, al leerla descubrimos que sus conflictos se parecen mucho a los nuestros.

    Nehemías fue un líder en el mundo político y administrativo de su tiempo. Supo enfrentar crisis, resolver problemas, organizar personas y mantener firme su visión aun en medio de la crítica y la oposición.

    Eso me impresionó profundamente. Vivimos en una época donde abundan las teorías sobre liderazgo, pero pocas veces encontramos ejemplos tan concretos y tan bien vividos como el suyo.

    La fuerza de una visión clara

    Uno de los grandes aprendizajes del libro es este: todo liderazgo verdadero comienza con una visión. Nehemías tenía un propósito definido: reconstruir los muros de Jerusalén.

    No caminaba sin rumbo. No improvisaba. Sabía lo que debía hacer. Cuántas veces nosotros mismos vivimos llenos de actividad, pero sin dirección clara. Swindoll nos recuerda que una visión bien definida ordena la energía, motiva al equipo y da sentido al esfuerzo diario.

    En la vida familiar, empresarial o espiritual, saber hacia dónde vamos cambia por completo la manera de caminar.

    La oración como punto de partida

    Algo que me impactó nuevamente al releer este libro es la insistencia en la oración. Antes de actuar, Nehemías oró. Antes de hablar, oró. Antes de decidir, buscó dirección.

    En un mundo acelerado, donde todo parece exigir respuestas inmediatas, esta enseñanza resulta profundamente necesaria. Muchas veces queremos resolverlo todo con nuestra propia fuerza.

    Pero el libro nos recuerda que detenernos a buscar dirección no es perder tiempo; es ganar claridad.

    Organizar también es un acto de sabiduría

    Otra gran enseñanza es la importancia de planificar. Nehemías no fue un soñador desordenado. Fue un hombre práctico, estratégico y organizado. Evaluó la tarea.

    Distribuyó responsabilidades.

    Estableció prioridades. Y eso también es liderazgo. He pensado muchas veces, Alfredo lo reconoce con sinceridad, que algunos proyectos fracasan no por falta de talento, sino por falta de organización.

    Este libro nos recuerda que la inspiración necesita estructura para convertirse en resultados.

    Cómo enfrentar la crítica sin detenerse

    Nehemías también enfrentó oposición. Fue criticado, burlado y amenazado. Y aun así siguió adelante. Qué vigente resulta esta lección. Vivimos tiempos donde muchas personas abandonan sus proyectos por temor al juicio ajeno.

    Swindoll enseña que todo líder encontrará resistencia. La clave no está en evitarla, sino en aprender a responder con firmeza, serenidad y fe. Seguir construyendo, aun cuando otros cuestionen, es parte del proceso.

    La integridad: el ladrillo que sostiene todo

    Quizá la lección más poderosa del libro sea esta: el liderazgo verdadero no se sostiene solo en capacidad, sino en integridad. Nehemías no solo reconstruyó muros físicos; ayudó a restaurar la moral y la esperanza de todo un pueblo.

    Eso me recordó algo que he aprendido en mi caminar profesional y literario: una obra bien hecha puede levantar mucho más que estructuras visibles; puede levantar vidas.

    Como Alfredo, he visto que las palabras bien dichas, las decisiones correctas y la conducta íntegra dejan huellas duraderas.

    Una lectura que vale la pena

    Recomiendo este libro porque ofrece algo que hoy necesitamos urgentemente: pausa, reflexión y dirección. Leerlo es detenerse a pensar. Es permitir que una lectura breve nos cuestione y nos ayude a crecer.

    Y esa es justamente la magia de los buenos libros: no solo informan; transforman.

    Epílogo: seguir construyendo

    Vivimos rodeados de distracciones. El teléfono nos llama a cada instante. Los algoritmos nos ofrecen contenido interminable. Pero un buen libro sigue siendo una mejor conversación.

    Quizá hoy necesitamos menos deslizamientos de pantalla… y más páginas que nos inviten a pensar. “Pásame otro ladrillo” nos recuerda que la vida se construye día a día.

    Un acto correcto. Una decisión sabia. Una lectura oportuna. Como dice el libro de Proverbios: “Con sabiduría se edificará la casa, y con prudencia se afirmará” (Proverbios 24:3).

    Construir bien toma tiempo. Y a veces, todo comienza cuando alguien nos dice, con sencillez y esperanza: “Pásame otro ladrillo”.

    *Alfredo Caballero Pineda, es escritor y consultor empresarial. 

    alfredocaballero.consultor@gmail.com