Categoría: Opinión

  • Las elecciones bajo el castrochavismo

    Las elecciones bajo el castrochavismo

    Con toda honestidad expreso mis más profundas dudas de que los pueblos sometidos por lo que identificamos como castrochavismo, Venezuela, Nicaragua, Bolivia y Cuba, controlados por el crimen organizado asociado al socialismo real, puedan de nuevo abrazar la democracia por la vía electoral.

    Los gobernantes de estos países controlan férreamente los mecanismos electorales y se presentan en bloque frente a una oposición fraccionada, a excepción de Bolivia, donde el partido de gobierno esta quebrantado en facciones antropofágicas lo que le ha conducido a la derrota.

    Con esta afirmación no estoy haciendo un llamado a la violencia, sino que los lideres de la oposición de esas naciones busquen otras alternativas para concretar el ansiado cambio, de no hacerlo, al participar en comicios conscientemente viciados, están aportando legitimidad al régimen que combaten.

    Es cierto que no participar en elecciones afecta notablemente la identidad democrática de la causa que se defiende, pero asumir como validos procesos espurios en los que están ausentes garantías fundamentales, es aceptar ser parte de la distopia opresora, es una situación muy compleja, una verdadera trampa de parte del oficialismo.

    Ejercer el derecho al voto con independencia de las dudas que puedan asistirnos sobre la equidad del proceso y a sabiendas de que el gobierno ha abusado de los recursos del estado a su favor; recurrir a la manipulación de la información en poder del estado, además de amenazar a los antagonistas e indecisos y anunciado que el triunfo de la oposición podría conducir al país a la ingobernabilidad y la guerra civil, es ser una especie de suicida electoral.

    Los simulacros de elección para los castros chavistas no pasan de ser artimañas cívicas muy semejantes a las maniobras militares a las que recurren periódicamente las dictaduras para atemorizar a la población y entusiasmar a sus partidarios.

    En cada ciclo electoral, controlado antes de efectuarse, estos regímenes salen más fortalecidos y en franco progreso hacia el establecimiento de un sistema de gobierno totalitario cuyo único objetivo es la perpetuidad y el poder absoluto de su liderazgo, tal y como ha ocurrido en Cuba, el modelo anhelado por los asociados mencionados.

    El Socialismo del Siglo XXI, léase castrochavismo, alienta un falso pluralismo político que en cada incursión electoral pierde relevancia e interés para los contendientes, como consecuencia de la creciente rigidez del control social impuesto y las constantes reformas institucionales de los poderes públicos que fortalecen exclusivamente al ejecutivo.

    La ciudadanía en general también padece el garrote de la clase dirigente. La población sufre la ineptitud de sus gobernantes y el deterioro de las condiciones generales de la comunidad, a lo que se suma una abusiva acción policial que disfruta de total impunidad, en particular cuando actúa con los sectores que le antagonizan.

    El usufructo de libertades como las de expresión e información disminuyen drásticamente hasta llegar a su absoluta extinción. Las organizaciones de la sociedad civil serán integradas en su conjunto a la inmensa maquinaria gubernamental y se establecerán fórmulas que procuran ilegalizar la oposición más inocua, mientras, promoverán agrupaciones políticas aparentemente contrarias, que en realidad responderán a los planes del gobierno.

    Estos serviles colaboradores de los déspotas en el poder hacen el verdadero trabajo sucio. Los denominados opositores orgánicos o funcionales son los que mas contribuyen a que la ciudadanía, mutada a servil masa, asuma una doble conducta en la que oculta sus verdaderos criterios contribuyendo a que se generalice en la sociedad una conducta moral hipócrita en la que la opinión verdadera se desconoce.

    Por su parte, el totalitarismo cubano cuenta con todas estas dolencias y más. Fidel Castro desde el mismo año 1959 hizo que sus partidarios proclamaran una consigna contra las elecciones, “Elecciones para que”, despues de haber prometido en una declaración pública, celebrar sufragios generales dentro de un año bajo la Constitución de 1940 y el Código Electoral de 1943.

    La mayor isla del Caribe disfruta en base a las creencias de los Nicolás Maduro, Daniel Ortega y Evo Morales de una especie de paraíso de la represión, un estado policial perfecto donde el único partido político existente no requiere simulaciones electorales y el disfrute de las prerrogativas ciudadanas es una potestad del estado totalitario, la bienaventuranza de todos los autócratas.
    *Pedro Corzo es periodista cubano

  • Lecciones para el sector salud desde la historia oscura del Cartel de Cali

    Lecciones para el sector salud desde la historia oscura del Cartel de Cali

    En la década de los años 70, Latinoamérica estuvo marcada por profundos cambios sociales y políticos que influenciaron la música, el arte y la vida cotidiana. Los jóvenes de esa época se mostraban más críticos y participativos, influenciados por movimientos internacionales como la contracultura hippie y la protesta política. La música de protesta cubana y sudamericana llenaba oídos y mentes en un ambiente de descontento generalizado con el status quo.

    La creciente urbanización y modernización transformaron hábitos y valores sociales, mientras conflictos internos y cambios económicos generaban una creciente zozobra social en la mayoría de los países. En ese contexto, la historia del Cartel de Cali y los hermanos Rodríguez Orejuela se comenzaba a escribir. Provenientes de una familia modesta de Cali, los hermanos se rebelaron contra las limitaciones económicas de su juventud. Gilberto, mensajero de farmacia, junto a su hermano Miguel y José Santacruz Londoño fundaron la banda «Los Chemas», dedicada inicialmente a secuestros, extorsión y piratería terrestre, mientras construían una red de contactos en Cali.

    Esta banda creció estrepitosamente en poder e influencia, y en la década de los 80, aprovechando la caída del Cartel de Medellín, se transformaron en la mayor red de tráfico de cocaína de Colombia. Su poder ascendió hasta controlar cerca del 80% de la cocaína destinada a Estados Unidos y el 90% de la que llegaba a Europa.

    Los Rodríguez Orejuela no eran un cartel caracterizado por la violencia; su modus operandi se centraba en la corrupción, el soborno y la infiltración en instituciones estatales y campañas políticas. Un caso emblemático fue el escándalo del Proceso 8.000, que reveló la infiltración del narcotráfico en el sistema democrático colombiano, convirtiéndose en símbolo de cómo el dinero proveniente del narcotráfico podía corromper la política a gran escala.

    El presidente Ernesto Samper fue señalado por Estados Unidos por sus vínculos con el narcotráfico, lo que llevó a la suspensión de su visa y la de otros altos funcionarios colombianos. Pero el Cartel de Cali no solo infiltró la política nacional, sino también empresas legales y negocios legítimos, principalmente para lavar dinero. Entre estos, las cadenas de farmacias jugaron un papel fundamental, siendo uno de los canales más importantes, si no el principal, para el blanqueo de capitales.

    Los hermanos Rodríguez Orejuela transformaron Drogas La Rebaja en una extensa red con más de 872 tiendas distribuidas en toda Colombia. En estos establecimientos, realizaban transacciones comerciales aparentes, reportando ventas superiores a las reales o efectuando compras de insumos y bienes inmuebles con recursos provenientes del narcotráfico. Los ingresos inflados de la droguería se justificaban en la contabilidad, lo que facilitaba la adquisición de propiedades, vehículos y otros negocios, ocultando así el verdadero origen del dinero.

    ¿Por qué las farmacias y no otros negocios?

    El Cartel de Cali eligió cadenas de farmacias en lugar de otros negocios porque estas ofrecían ventajas únicas para el lavado de dinero: un alto volumen de transacciones, presencia masiva en las ciudades, flujo constante de efectivo y una apariencia respetable que facilitaba ocultar fondos ilícitos entre operaciones legítimas. Otros negocios, como restaurantes o tiendas minoristas, no generan el mismo volumen ni tipo de transacciones continuas, ni gozan del mismo nivel de confianza pública que una farmacia.

    Además, las farmacias suelen estar sujetas a menos controles regulatorios sobre grandes cantidades de efectivo en comparación con bancos y entidades financieras. Esta combinación de confianza social, alta rotación de efectivo y capacidad de expansión hizo que las cadenas de farmacias fueran el vehículo ideal para el lavado de capitales del Cartel de Cali, por encima de otros modelos comerciales.

    ¿Qué lecciones prácticas brinda esta experiencia colombiana para la gestión de farmacias públicas y el sector salud en general?

    El caso del Cartel de Cali, especialmente en relación con la cadena de farmacias Drogas La Rebaja, deja varias lecciones importantes para la gestión de farmacias públicas. En primer lugar, evidencia la necesidad de implementar sistemas robustos de transparencia para evitar que estructuras empresariales legítimas sean usadas para actividades ilícitas como el lavado de dinero. El Estado debe establecer auditorías continuas y controles financieros estrictos para prevenir la infiltración de recursos ilegales en el sector salud. Además, esta experiencia revela los riesgos asociados a la persistencia de estructuras familiares o vínculos previos con el narcotráfico, por lo que se recomienda mantener una vigilancia constante para impedir que antiguos actores o redes ilícitas retornen o mantengan influencia indebida.

    En conclusión, la gestión pública de farmacias debe priorizar la transparencia, la gobernanza sólida y la supervisión rigurosa para garantizar la integridad y el bienestar del sistema de salud.

    *Alfonso Rosales es médico epidemiólogo y consultor internacional

     

     

  • Prevención del Suicidio: Un compromiso de todos

    Prevención del Suicidio: Un compromiso de todos

    En el vasto universo de los problemas de salud pública, pocos temas son tan sensibles y urgentes como la prevención del suicidio. No es un fenómeno aislado, sino un reflejo complejo de factores psicológicos, sociales, económicos y biológicos que se entrelazan de manera única en la vida de cada individuo. Abordar este desafío requiere dejar de lado los tabúes y adoptar una perspectiva integral y compasiva. La prevención no es una tarea exclusiva de los especialistas en salud mental, el máximo error del siglo pasado y del presente; es una responsabilidad colectiva que comienza con la conciencia y la empatía.

    Una de las consideraciones más relevantes es el reconocimiento de las señales de alerta. Contrario a la creencia popular de que quienes amenazan con quitarse la vida no lo hacen, la mayoría de las personas en riesgo emiten señales verbales o conductuales. Hablan de sentirse desesperanzados, atrapados, o de ser una carga para los demás. Muestran cambios drásticos en su comportamiento, se aíslan de amigos y familiares, o abandonan actividades que solían disfrutar. Estar atentos a estos indicios es el primer paso crítico. No debemos minimizarlos ni ignorarlos.

    Otra consideración vital es la accesibilidad a la ayuda profesional. En muchos países, los servicios de salud mental siguen siendo estigmatizados y, en ocasiones, inalcanzables. Es imperativo que los gobiernos y las organizaciones en América Latina trabajen para desmantelar estas barreras. Esto implica no solo la disponibilidad de líneas de ayuda y centros de crisis, sino también la integración de la salud mental en el sistema de atención primaria. Una persona que sufre debe poder encontrar apoyo de manera rápida, confidencial y sin prejuicios.

    Finalmente, el rol de la familia y la comunidad es insustituible. Crear una red de apoyo sólida es una de las estrategias más efectivas. Esto se logra promoviendo conversaciones abiertas sobre la salud mental en el hogar y en la escuela, educando a las personas sobre cómo responder a alguien en crisis y fomentando la conexión humana. Un entorno donde el individuo se siente valorado, escuchado y apoyado puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

    Cada 10 de septiembre se conmemora en todo el mundo el día de la prevención del suicidio, en este año 2025 hagamos un compromiso de ocuparnos de nuestra salud mental y física, de la de nuestra familia, amigos, compañeros de trabajo, vecinos. Le sugiero con todo respeto que invierta cada día 30 segundos conversando con alguien sobre la prevención del mismo y siendo una persona de escucha activa.

    La prevención del suicidio es un proyecto a largo plazo que requiere el compromiso de todos. Es una inversión en nuestra sociedad, en nuestra empatía y en nuestro futuro. Al derribar los muros del silencio y construir puentes de apoyo, podemos iluminar el camino para aquellos que están en la oscuridad y demostrarles que no están solos. Y como siempre cierro mis conferencias, conversatorios, o cuando estoy en radio o televisión. “la muerte más prevenible de todas, de todas, es el suicidio” Abraza la vida. Puedes escribirme si necesitas ayuda: info@ricardososa.net

    * Ricardo Sosa es doctor en Criminología, Experto en prevención del suicidio

  • ¿Y si fuera tu hijo?

    ¿Y si fuera tu hijo?

    La justicia salvadoreña se encuentra hoy ante uno de sus mayores desafíos: garantizar la seguridad pública sin transgredir los principios constitucionales que amparan la libertad y dignidad humana. En el contexto del régimen de excepción, miles de detenciones han sido practicadas con fines de combate a las pandillas, pero junto a ellas se han reportado privaciones de libertad de personas que nada tienen que ver con pandillas o estructuras criminales. Este fenómeno pone en crisis dos pilares esenciales del Estado de derecho: la presunción de inocencia y el debido proceso legal.

    El artículo 12 de la Constitución establece que “toda persona a quien se impute un delito se presume inocente mientras no se pruebe su culpabilidad conforme a la ley”. Esta disposición no es una mera formalidad: constituye la esencia de la justicia penal moderna. La presunción de inocencia evita que el acusado sea tratado como culpable sin que exista condena firme y garantiza que el proceso judicial no se convierta en un instrumento de persecución arbitraria. Cuando un ciudadano es privado de libertad sin pruebas suficientes, sin defensa adecuada y sin el escrutinio judicial imparcial.

    Indudablemente se desvirtúa este principio y se coloca al inocente en el lugar del criminal. Tal injusticia genera un daño irreparable: la estigmatización social, la destrucción de familias y la pérdida de confianza en las instituciones. El debido proceso no es un adorno jurídico, sino una garantía que asegura que nadie sea condenado sin la oportunidad de defenderse, ser escuchado y presentar pruebas. El Código Procesal Penal establece que todo imputado debe ser informado de los cargos en su contra, contar con asistencia legal y que las decisiones judiciales deben estar fundamentadas en evidencia legalmente obtenida.

    Ignorar estas garantías convierte el proceso penal en una farsa, donde la forma sustituye al fondo y la justicia se convierte en mera apariencia. El desafío de la justicia salvadoreña radica en no sacrificar la legalidad en nombre de la seguridad, pues hacerlo significaría abrir la puerta a la arbitrariedad. Los jueces y fiscales, como operadores de justicia, deben recordar que no son máquinas aplicadoras de normas, sino garantes de la equidad. Aplicar la ley sin humanidad es negarle su propósito. Surge entonces una pregunta ineludible: ¿qué ocurriría si un hijo, un hermano o un padre de un juez o fiscal fuera detenido injustamente?

    ¿Qué trato exigirían para él? Seguramente pedirían respeto, rapidez en la revisión del caso, garantías de defensa y una valoración objetiva de las pruebas. Ese mismo estándar de empatía y humanidad debe aplicarse a todos los ciudadanos, sin distinción. La verdadera justicia no se mide por el número de capturas realizadas, sino por la capacidad de discernir entre culpables e inocentes, castigando al primero y liberando al segundo. La Sagrada Escritura nos confronta con una verdad que humaniza la justicia: “Acordaos de los presos, como si estuvierais presos juntamente con ellos; y de los maltratados, como que también vosotros mismos estáis en el cuerpo” (Hebreos 13:3).

    Este texto bíblico no hace distinción entre quienes están legítimamente detenidos y quienes no, sino que nos invita a mirar al privado de libertad como un ser humano digno de respeto. Aplicado al contexto salvadoreño, este mandato implica que jueces, fiscales y sociedad en general no pueden volverse indiferentes ante quienes han sido privados de libertad injustamente. La empatía cristiana exige ver en ellos a un hermano, a un prójimo, a alguien cuya vida merece compasión y justicia. La sociedad salvadoreña, en ocasiones, se indigna más por el maltrato de un animal que por la injusticia cometida contra un ser humano encarcelado sin pruebas.

    Aunque es justo proteger a toda criatura, resulta alarmante que se ignore el clamor de madres, esposas e hijos que imploran justicia para un inocente tras las rejas. Esta contradicción revela una herida en nuestra conciencia colectiva y en nuestra práctica judicial. Los desafíos de la justicia salvadoreña frente a las detenciones injustas no son solo técnicos, sino profundamente éticos y espirituales. La presunción de inocencia y el debido proceso no son lujos jurídicos, sino muros de contención contra la arbitrariedad. Los jueces y fiscales tienen en sus manos la oportunidad de honrar la Constitución y los mandatos divinos de justicia y misericordia.

    Que cada operador de justicia actúe recordando que la ley sin equidad es tiranía, que el poder sin empatía es despotismo, y que la justicia sin humanidad es injusticia. Y que nunca olviden que, como exhorta Hebreos, debemos recordar a los presos como si estuviéramos presos con ellos.

    *Jaime Ramírez Ortega es abogado

  • El influjo de la humanidad en la adhesión global

    El influjo de la humanidad en la adhesión global

    Lo transcendental no es permanecer en viva acción, sino también perseverar humanitario; y, en consecuencia, nada de lo que sea humano debe resultarnos extraño. No olvidemos que, el vínculo esencial que tenemos en común, es que todos moramos en este pequeño planeta, respirando el mismo aire y bajo el mismo techo celeste. Nos merecemos entre sí, por tanto, la mano extendida como expresión de solidaridad integral e integradora. Indudablemente, en ese perdurar más allá de la asistencia urgente, el espíritu benéfico fortalece la inclusión de la salud, la educación, la preservación cultural y la protección de los grupos vulnerables. Precisamente, aquello que se cultiva corazón a corazón, es lo que revoluciona y evoluciona mancomunado.

    En efecto, a poco que aunemos latidos conjuntos, germinará el verdadero afecto con su desprendimiento, haciendo que todo se reconduzca y progrese solidariamente, cuestión fundamental para abordar las causas más profundas de los desfavorecidos y las tremendas desigualdades. Pensemos en la pobreza, que no es solo falta de ingresos, también significa necesidad, exclusión, condiciones de vida inseguras y carencias como el acceso limitado a la formación o a la atención sanitaria. A propósito, la ONU reconoce que, en términos de desarrollo, los gobiernos no pueden actuar solos y que el voluntariado y la filantropía cívicas desempeñan un papel esencial, tanto para aumentar la concienciación acerca de la dificultad de los desafíos, como para impulsar una gesta colectiva en temas mundiales.

    Justamente, somos fragmentos necesarios e imprescindibles, con la facultad de esclarecer y aclarar, con el coraje o ánimo de agente y los sentidos que obedecen a la razón. Porque, tras este lenguaje meditativo en busca de alianzas, es lo que incrementa la confianza entre los diversos grupos, para construir y reconstruir el llamado capital benefactor. Eliminar las barreras sociales y culturales y crear cohesión, por consiguiente, ha de ser nuestro afán y desvelo prioritario, desarrollando la resiliencia a través de la hazaña comunitaria y mejorando el sentido de responsabilidad grupal. De lo contrario, la inhumanidad será notoria y la indiferencia gobernará nuestro propio interior humano. Por ende, la atención de los necesitados y a los que sufren, no es algo accesorio, sino sustancial.

    Desde luego, el influjo de la humanidad en la adhesión global es vital; al menos para que resurja la cooperación frente a los desastres, naturales o provocados por el ser humano. El cambio climático amenaza a quienes ya viven en la pobreza, haciendo más incierto el acceso a alimentos, agua y vivienda; pero, además, la incertidumbre se ha convertido en el nuevo arancel que toda la economía mundial está pagando. Sin duda, este aluvión de situaciones alienta y alimenta la volatilidad en las cadenas de suministro, erosionando la tranquilidad, por lo que habría que restaurar la estabilidad y la previsibilidad con el fin de que las empresas inviertan, las economías crezcan y el comercio cumpla su papel como motor de desarrollo general.

    Ante una realidad en la que se dan graves restricciones de todo tipo, el impulso benefactor que todos los seres humanos llevamos dentro, es primordial para mejorar el espíritu armónico y la concordia para todos. Los actos de empatía, totalmente desinteresados, de iniciativa propia y sin fines de lucro, son expresiones de entrega, para crear un astro más equitativo, sostenible y solidario, que apoye a las personas y puedan tener la familia que desean. En este sentido, nos alegra que jóvenes de todo el mundo estén creando empresas sociales, liderando la actuación climática y reinventando el desarrollo comunitario. Ellos son nuestra esperanza, así como las herramientas digitales, que hacen que donar sea más accesible y transparente. La caridad, pues, es un deber. ¡Ejercitémosla!

  • Fuerza Multilateral de Liberación

    Fuerza Multilateral de Liberación

    Venezuela es un caso muy extraño la comunidad internacional, porque en puridad es un gobierno y un estado convertido en una banda criminal organizada para delinquir, atemorizar y desestabilizar  la región.

    Lo que nació como una proyecto de país llamado en su inicio “el proceso”, luego la “revolución bolivariana”, y más tarde “Socialismo del Siglo XXI”, hoy no tiene denominación alguna: no es una república democrática participativa,  representativa y popular; tampoco es un sistema comunista; mucho menos una expresión socialdemócrata o socialcristiana, porque no encaja en su contenido, praxis y definición. Tampoco un estado comunal como lo pretendió París en 1871, el Khmer Rojo en 1975 o Mao en 1958 con el Gran Salto Adelante, todos ellos estrepitosamente fracasados por inviables.

    No es  ni tan siquiera un kibutz, ni una dictadura nacionalista tipo Franco, Pérez Jiménez, Perón, Rojas Pinilla o Pinochet; mucho menos un absolutismo ilustrado, porque sería una antinomia, imagínense, “ilustrado”.

    Es, evidentemente, un gobierno militar sometido a un atolondrado déspota civil, cuyo fin no es la “felicidad de su pueblo” ni la grandeza nacional, sino la cartelización del crimen internacional organizado. Y lo han logrado con muchas dificultades, porque hay parcelas de poder claramente definidas y asignadas, muchas veces en pugna y otras coincidente en los intereses.

    El origen inicial sí que está claro, todos ellos provienen de una relación, un sentimiento, una influencia, simpatía o colaboración con el marxismo, el socialismo o el fidelismo. En eso no han variado. Solo se han adaptado. Dejado atrás, el desconcierto de la disolución de la Unión Soviética y la Caída del Muro de Berlín, ese orfandad conceptual casi religiosa, se adaptó rápidamente a los nuevos tiempos.

    Ya no fue la destrucción del capitalismo y la imposición del socialismo (el estatismo) el objetivo de la lucha sino la destrucción de los valores morales y jurídicos tradicionales de la sociedad occidental (quedó vigente sí, aquello de que el fin justifica los medios)

    Es un sancocho, pues. Pero un sancocho de criminales, malvivientes, ignorantes y malandros, muchos malandros saqueando las riquezas naturales de un país, y desmontando sus valores culturales centenarios; y muchos muertos, expropiados, torturados, desaparecidos, violados, exiliados, hambreados, desesperanzados, privados de libertad e hipotecados.

    En la actualidad la totalidad de los 27 países integrantes de la Unión Europea, más Suiza, Canadá, Estados Unidos han calificado al Alto Mando Militar y a los integrantes del tren Ejecutivo (una especie de Tren de Aragua o Tren de los llanos más compacto) como elementos peligrosos a quienes se les tiene prohibida la entrada a sus países, se les ha congelado los bienes muebles e inmuebles que tuvieren en sus territorios, catalogados como violadores de los Derechos Humanos y/o lavadores de dinero negro, sea por narcotráfico, de armas o proveniente de la corrupción.

    No tiene un Parlamento actuante, no tiene un Tribunal Supremo creíble, ni un Consejo Electoral legal. El sistema de identificación y Extranjería,  Registros y Notarias, Inteligencia, puertos y aeropuertos, tutoriados y dirigidos por cubanos, quienes además ejercen posiciones  de mando dentro de nuestra organización militar y de seguridad. ¿Entonces, qué es Venezuela, un país, un protectorado, una organización criminal agavillada contra la población desarmada? Es un conjunto de todo ello.

    Por Maduro, este especie de personaje que pareciere extraído de uno de esos Cuentos de lo grotesco y arabesco, escritos por Edgard Allan Poe, la Justicia estadounidense ofrece una recompensa de 50 millones de dólares, por ser el jefe del llamado Cartel de los soles, en alusión a las charreteras que identifican el grado de General a un militar.

    Por cierto, se dicen que hoy en día existen cerca de mil generales en las fuerzas armadas venezolanas. Disculpen que no escriba fuerzas armadas nacionales bolivarianas, y lo haga en minúscula, porque me parece una desconsideración e irrespeto a Simón Bolívar Palacios y Blanco. Tampoco son nacionales, los cubanos ejercen mandos e imagino que chinos, rusos e iraníes imparten sus órdenes, igualmente. Conozco a un general venezolano, que en tiempos del mismísimo Chávez, se salió de una reunión militar, porque el expositor era un general cubano. Por supuesto, hoy está en el exilio.

    Lo que no se alcanza a comprende es, cómo sí existe una crisis humanitaria innegable, un estado de peligrosidad existencial que desestabiliza la región y disuelve la nación venezolana, ¿porqué se duda de la necesidad de una Fuerza Multilateral de Liberación, que garantice la continuidad de la vida, la integridad, solvencia de nuestro territorio, la existencia de un estado de derecho democrático, y la seguridad regional?

    Esa pregunta debe concatenarse con una aseveración irrefutable: La comunidad internacional, la cultura y los valores Occidentales, en los cuales estamos inmersos (que no son otros que los valores judeocristianos unidos a propuestas republicanas y jurídicas de griegos y romanos ) que hoy pasa por la democracia como sistema de gobierno y el respeto irrestricto a los Derechos Humanos y de la naturaleza en permanente evolución, hoy se encuentra en Estado de Guerra contra aquellos países, movimientos terroristas, fundamentalistas, estatistas y wokistas, que intentan por todos los medios, su destrucción y sustitución. En Hispanoamérica lo observamos con mucha intensidad en Argentina, Ecuador, Colombia, Bolivia, donde antiguos militantes del Socialismo del Siglo XXI como en Argentina, por ejemplo, donde el kirchnerismo, gobernó durante 20 años bajo el amparo del peronismo de izquierda (léase montoneros, hoy la Cámpora), pretende gobernar por abajo, tal como lo anuncio Daniel Ortega (ganó las elecciones, pero gobernaremos desde abajo, dixi) cuando Doña Violeta Chamorro accedió al poder.

    En consecuencia es una batalla que no debemos ni podemos eludir, sería el fin de la civilización occidental tal como la conocemos, y que pasa por el derecho natural de ser libres, con todo lo que conlleva ese concepto.

    *   Juan José Monsant Aristimuño es diplomático venezolano, fue embajador de su país en El Salvador.

  • Habilidades básicas en los empleos del futuro 

    Habilidades básicas en los empleos del futuro 

    En la actualidad, las empresas se están reinventando, requieren no solo empleados con conocimientos tecnológicos, sino personas con talento humano, con capacidades innovadoras y creativas.

    Por lo tanto, las empresas deben adaptarse a los cambios, ser resilientes, aplicar Inteligencia Artificial (IA) y todo lo que conlleve a la mejora continua. Por eso, se analizan las 7 habilidades que el World Economic Forum pronostica sobre el futuro del trabajo. Según el informe, se crearán 170 millones de plazas.

    Las empresas experimentan cambios, deben aplicar reingenierías, un ejemplo es la adaptabilidad de la IA en diferentes rubros. Por lo tanto, los que estudian y los profesionales graduados tienen que contar con ciertas habilidades necesarias para conseguir empleo. A continuación, se analizan las premisas que presenta el World Economic Forum:

    Pensamiento creativo: Capacidad de generar ideas originales, innovar en productos, procesos y soluciones. La IA ayuda a procesar datos, pero la chispa de la creatividad sigue siendo humana. En cualquier carrera universitaria es importante que se estimule el pensamiento creativo, algo que es difícil enseñar; sin embargo, se tienen que sentar las bases. Es como aplicar lo que menciona el libro La estrategia del océano azul (Blue Ocean Strategy), ver más allá. Es de aplicar innovación y ser diferentes a otras empresas.

    Pensamiento analítico: Analizar información con criterio, detectar patrones, tomar decisiones basadas en evidencias. Es unir el razonamiento lógico con la intuición. Lo que se está analizando es que muchos niños y jóvenes están dejando a un lado el pensamiento crítico. Los maestros debemos enseñar a los alumnos que razonen, interpreten y analicen.

    Pensamiento sistémico: Entender cómo se conectan las partes de un todo: empresa, sociedad, medio ambiente, economía. En un mundo globalizado, ver el panorama completo es vital. Es de analizar y aplicar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

    Resiliencia y adaptabilidad: Superar crisis, reinventarse frente a cambios. Los entornos laborales requieren personas flexibles. Se nos enseña que debemos adaptarnos al cambio, parecido a los que nos demuestra el libro ¿Quién se ha llevado mi queso? Es importante romper paradigmas.

    Liderazgo e influencia social: No basta con mandar, se necesita inspirar, motivar y crear confianza. Aquí la empatía y la comunicación son insustituibles. Es acá donde evaluamos por qué razón muchas empresas empoderan a sus empleados y poseen a líderes motivadores y no autócratas. Las mejores empresas salvadoreñas lideran debido a su liderazgo e innovación social.

    Curiosidad y aprendizaje continuo: La curiosidad abre puertas a nuevos conocimientos, y el aprendizaje continuo evita quedar obsoletos. Es “aprender a aprender”. En la misma escuela, en el colegio, en la universidad, es importante que los docentes despierten cada día más la curiosidad de sus alumnos. Se les debe estimular para que no dejen de aprender y sean autodidactas. Es fundamental instruirse de nuevas tecnologías y aplicar en los negocios la IA.

    Autoconocimiento y determinación: Conocerse a sí mismo, saber manejar emociones y tener disciplina para alcanzar metas. Esto es lo que sostiene la motivación interna. Es importante leer un libro que nunca pasa de moda: Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva de Stephen R. Covey. Recordemos que, se deben tener habilidades excepciones para contratar a los nuevos empleados; eso sí, según informes, muchos empleos desaparecerán. La lectura de los libros clásicos de dirección de empresas y liderazgo son muy importante.

    En conclusión, siempre será necesario el pensamiento humano. Las tecnologías, las máquinas nos ayudan para hacer el trabajo más eficaz y eficiente; sin embargo, no nos pueden reemplazar del todo.  La gestión del talento humano es muy relevante que se aplique en las empresas, para ello, las universidades y las empresas están listas para colaborar y empoderar a los nuevos dirigentes empresariales.

    * Fidel López Eguizábal, Docente e investigador Universidad Nueva San Salvador

    fidel.lopez@mail.unssa.edu.sv

  • Avanzamos en la lucha contra el hambre, pero no todos por igual

    Avanzamos en la lucha contra el hambre, pero no todos por igual

    En perspectiva una buena noticia: el hambre en el mundo empieza a disminuir. El informe sobre el Estado de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición en el mundo 2025 (SOFI 2025) reportó una caída de la proporción de personas con hambre del 8,5 % en 2023 al 8,2 % en 2024. América Latina y el Caribe ha sido clave en este progreso.

    En 2024, la subalimentación en la región afectó al 5,1 % de la población, por debajo del 6,1 % registrado en 2020-2021. La inseguridad alimentaria moderada o severa cayó significativamente del 33,7 % en 2020 al 25,2 % en 2024, la mayor reducción registrada a nivel global.

    Cinco países de la región —Chile, Costa Rica, Guyana, Uruguay y ahora Brasil— ya no figuran en el mapa del hambre, gracias a políticas coordinadas en economía, salud, educación, agricultura y protección social, una fórmula viable para enfrentar los determinantes estructurales del hambre.

    Estas cifras demuestran que, incluso tras crisis como la pandemia, el aumento de la inflación y eventos climáticos extremos, es posible avanzar mediante políticas públicas sostenidas, cooperación, inversión y el fortalecimiento de la resiliencia de los sistemas agroalimentarios.

    Esta señal alentadora no debe ocultar una realidad incómoda: estos avances no llegan a todos por igual. El SOFI 2025 señala que, si bien algunos países reducen el hambre, otros enfrentan desafíos como el aumento del retraso en el crecimiento infantil, el sobrepeso y la obesidad. En la región, 141 millones de adultos tienen obesidad y 4 millones de niños menores de 5 años sufren sobrepeso.

    El análisis de algunos casos evidencia contrastes: Colombia redujo el hambre al 3,9 % con políticas territoriales y apoyo a la agricultura familiar. Mientras, República Dominicana redujo este indicador en más de 17 puntos porcentuales en dos décadas con un enfoque de atención multisectorial.

    No obstante, los avances no siempre son uniformes, Panamá y Guatemala, aunque reducen el hambre, conviven con el desafío de la malnutrición. Ecuador y El Salvador enfrentan una paradoja similar: aunque el hambre disminuye, la inseguridad alimentaria moderada y severa va en aumento.

    En Venezuela, el hambre cayó al 5,9 %, pero persiste la presión de la inflación alimentaria. Por su parte, México redujo sus cifras al 2,7 %, aunque el sobrepeso en adultos llegó al 36% en 2022, sobre el promedio regional. Y en Argentina, si bien el hambre se mantiene en niveles bajos (3,4 %) se registra un aumento de sobrepeso en niños y obesidad en adultos.

    Desafortunadamente, el Caribe sigue siendo el mayor reto. El 17,5 % de la población está subalimentada y el costo de una dieta saludable alcanza 5,48 dólares PPP por persona al día. Haití atraviesa una de las crisis más graves del mundo: el 54,2 % de su población sufre hambre. Esto no es solo una cifra alarmante, es un llamado urgente a fortalecer una mayor cooperación e inversión en el contexto más frágil de la región.

    El SOFI 2025 concluye que los países que redujeron el hambre en contextos adversos en América Latina y el Caribe comparten enfoques comunes. Estos incluyen sistemas de protección social sólidos y focalizados, capaces de amortiguar crisis; y políticas integradas que fortalecen la producción local, cadenas de valor inclusivas y acceso a mercados, el apoyo a la agricultura familiar y sostenibilidad ambiental.

    A ello se suman la diversificación productiva, medidas de resiliencia climática para enfrentar eventos extremos, y un comercio abierto y estable que asegure el abastecimiento y modere la volatilidad de precios; además de la coordinación entre instituciones y niveles de gobierno para alinear inversiones, y sistemas de datos y monitoreo que anticipen y respondan con rapidez a las crisis.

    Estas experiencias demuestran que la combinación de voluntad política, inversión estratégica y gestión basada en evidencia puede revertir el hambre, incluso en un entorno global incierto.

    *Máximo Torero Cullen es Economista Jefe de la FAO y Representante Regional ad interim para América Latina y el Caribe.

     

  • Malas señales

    Malas señales

    El aniquilamiento de una lancha en aguas territoriales del Caribe, que procedía de Venezuela con 11 tripulantes y un cargamento de droga, según la versión que ha difundido el Departamento de Estado norteamericano, es para América Latina una muy mala señal.

    Resulta innegable que el narcotráfico en América Latina (y en el mundo en general) tiene tentáculos por todos lados. Millones de vidas se extravían y se pierden porque las drogas los descarrilan y los atenazan.

    Estados Unidos es un apetecido mercado donde se consumen muchas drogas en los diferentes grupos etarios y en los distintos estratos sociales. Eso no es un secreto. Hay innumerables estudios que así lo acreditan. Por eso no es extraño que desde países como Colombia y México las complejas redes del narcotráfico insistan en penetrar el mercado norteamericano.

    ataque militar estadounidense en aguas del Caribe, de acuerdo a la versión norteamericana, es un claro mensaje de que la potencia militar más significativa del planeta, en este momento, procede a discreción en casi todos los temas.

    ¿Es que ya está tomada la decisión para intervenir en el territorio de Venezuela? Un sector de la oposición venezolana (el que expresa María Corina Machado) está jugando con esa expectativa, imaginando que algo así podría llevar a ’liberar’ Venezuela del régimen que encabeza Maduro. Nada más ilusorio que eso. Maduro, y el chavismo en general, son ‘criaturas’ del sistema político venezolano y su superación es tarea y competencia de las fuerzas políticas de ese país.

    Solo hay que recordar algunas de las intervenciones militares norteamericanas en Centroamérica, para comprender que son nefastas y desordenan las trayectorias institucionales de los países.

    Las varias intervenciones que ha tenido Nicaragua (1912-1925; 1926-1933 y 1980-1989 ―por interpósita mano de la Contra nicaragüense―) son testimonio de los efectos negativos que provocaron.

    El desafío de Sandino y sus columnas guerrilleras, entre 1927 y 1934, nace del rechazo frontal a la intervención norteamericana y del pliegue a la gran potencia del norte por parte de liberales y de conservadores. El accionar de esa pequeña y aguerrida tropa campesina que exasperó a los norteamericanos, logró abrirse paso en condiciones muy difíciles y nunca abandonó su reivindicación de rechazar la intervención norteamericana. Cuando esta cesó, Sandino y algunos de sus compañeros fueron asesinados, en 1934.

    O qué decir de la intervención norteamericana en 1954 que derrocó al legítimo y legal gobierno encabezado por Jacobo Arbenz y que sirvió para instalar a Castillo Armas. Por eso no es de extrañar que, en 1960, el 13 de noviembre, un grupo de oficiales guatemaltecos (Marco Antonio Yon Sosa, Luis Augusto Turcios Lima, Luis Trejo Esquivel, Alejandro de León…), con preparación en Estados Unidos como rangers, animaron un alzamiento militar que no prosperó y que en 1962 derivó en la conformación del Movimiento Revolucionario 13 de Noviembre, la instancia guerrillera que inició el proceso de lucha armada en Guatemala.

    Maduro, en su típico estilo histriónico ha anunciado que, si Estados Unidos interviene, en Venezuela se iniciará el ‘período de la lucha armada’. Quizás este señor no ha sopesado la dimensión de algo como eso.

    Maduro olvida que su mandato presidencial es ilegítimo e ilegal: hizo fraude en las elecciones de 2024 y dio la espalda a las voces sensatas (de adentro y del exterior) que pedían revisar eso. Es decir, está solo.

    Daniel Ortega acaba de declarar su apoyo, en realidad el vencido Ortega delira. Cuba es un país exhausto, pasa largas jornadas sin agua y sin luz, ¿qué podría hacer? El Movimiento al Socialismo, en Bolivia, salió descalabrado en las elecciones y perdió la brillante oportunidad de llevar a Bolivia a una época de bienestar y de libertades. Petro está que sale (por la vía electoral) dada su errática gestión y los continuos escándalos. No hay más: Maduro está íngrimo en la llanura. Porque ni China ni Rusia ni Irán ni Turquía se meterían a ese avispero.

    Y México? Casi que está pegado a las cuerdas frente a la presión norteamericana. ¿Brasil? Es el único país que podría levantar la voz, pero Maduro despreció la mediación de Lula hace un año.

    Una intervención norteamericana en Venezuela es inaceptable y nadie en su sano juicio la va a respaldar, pero ese régimen que encabeza Maduro está arruinando Venezuela y a millones de venezolanos, de adentro y de la diáspora. Ya la cháchara no funciona, es la hora del talento político y la audaz creatividad. ¿Hay en Venezuela algo de eso aún?

    Donald Trump, así como decidió atacar a Irán, y ya, así acaba de destrozar (según la versión de su gobierno) esa lancha en aguas territoriales del Caribe, y ya. Habría que leer bien cuál es la real connotación de ese despliegue militar cercano a Venezuela. Entrar en Venezuela y estacionarse allí no es algo que sea factible para un país como Estados Unidos, con una administración histérica y un tanto alocada, que tiene en estrés a su economía (y la de muchos otros países) y con los pelos de punta a su ciudadanía progresista. ¿Querrá hacer la torpeza de Putin en Ucrania? ¿Querrá entrar a ‘extraer’ a Maduro y a Cabello como hicieron las tropas norteamericanas con Noriega en Panamá en 1989?

    *Jaime Barba, REGIÓN Centro de Investigaciones

  • Estudio y lucha

    Estudio y lucha

    El recién pasado martes 2 de septiembre se cumplieron 65 años de una de las tantas intervenciones violentas en la Universidad de El Salvador (UES), perpetradas a lo largo de su historiapor regímenes dictatoriales. Diez años antes, el 3 de agosto de 1950, tuvo lugar una incursión encabezada por el entonces rector de la misma ‒Carlos Llerena‒ y secundada por jefaturas policiales. Según la maestra Sofía Zamora Briones, su actual oficial de información, el de 1960 fue el primer ataque de gran envergadura contra la única entidad púbica de ese nivel existente en el país cuyo lema oficial debería decirnos mucho:“Hacia la libertad por la cultura”. Tan acertado enunciado quedó institucionalizado durante el rectorado de Napoleón Rodríguez Ruiz; pero, a final de cuentas, ha sido letra muerta en un país donde poco falta para que el conocimiento y el pensamiento críticos terminen siendo lujos liquidados y sepultados.

    Rodríguez Ruiz ‒jurista, académico, docente y autor de “Jaraguá”, texto clásico de nuestra literatura–ocupaba ese importante cargo cuando inició la persecución oficialista violenta, abierta y descarada contra la UES que ‒en lugar de ser favorecida por su importancia para el desarrollo integral del pueblo‒ fue y sigue siendo calumniada, perseguida y atacada de diversas maneras desde “arriba”. Tal escenariovisiblemente negativo para la sociedad en su conjunto,evidencia las pocas luces de quienes ‒más abiertaque solapadamente‒ han hecho y deshecho acá lo que han querido.

    Una breve reseña de lo ocurrido hace seis décadas y media, habla de una “ocupación militar” de la rectoría de nuestra alma mater ubicada en la capital. Bien dicho, pues la Policía Nacional era un cuerpo represivo militarizado. Entonces, integrantes de esta asesinarona golpes a Mauricio Esquivel Salguero, estudiante y bibliotecario del recinto estudiantil; además, resultaron gravemente heridas numerosas personas entre las cuales destacaban Rodríguez Ruiz junto a susecretario general –Roberto Emilio Cuéllar Milla, mi padre–  y el fiscal universitario Jorge Alberto Barriere.

    Un día antes del agravio, quien lo ordenó le envió una carta al rector. “En la opinión pública –escribió el teniente coronel José María Lemus, presidente derrocado semanas después– está generalizada la creencia de que la Universidad, por obra de minorías audaces, está convirtiéndose en un reducto de subversión y propagación de doctrinas disolventes”. “Los elementos de juicio de que se nutre esta idea son abundantes”, sentenció. Sin darle chance de nada a las autoridades universitarias, inmediatamente seconsumó la brutal acción gubernamental relatada. La “justificación” utilizada por Lemus para atentar así contra la formación profesional pública, ha sido la muletilla cansonamente repetida por el oficialismo para atacar con saña a la “Universidad Nacional”, como se conoce comúnmente.

    Antes, el entonces todavía pichón de dictador –general Maximiliano Hernández Martínez–  la despojó de su autonomía días después de ordenar la matanza de indígenas y campesinos, realizada principalmente en el occidente del territorio nacional. De febrero de 1932 a mayo de 1933, la UES permaneció oficialmente supeditada al mandato del tirano; luego la siguió controlando mediante diversos mecanismos autoritarios. No obstante, la población estudiantil fue determinante en la organización y el despliegue de la huelga de brazos caídos que forzó su renuncia.

    Años después, previo al período presidencial del general Fidel Sánchez Hernández, ya existía la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas fundada por los jesuitas en 1965. Pero los graves desencuentros entre el dominio chafarote y la comunidad de nuestra casa de estudios superiores, continuaron en ascenso. Con el terreno así abonado, tuvo lugar la intervención militar coronada por el sucesor de Sánchez Hernández –el coronel Arturo Armando Molina– apenas diecinueve días después de haber asumido la jefatura de Estado. El 26 de junio de 1980 se produjo una intervención militar más, esta vez brutalmente sangrienta. A la anterior síntesis del atropellado trajinar de la Universidad de El Salvador, agréguese el asesinato de su rector mártir ‒el ingeniero Félix Ulloa‒ hace casi 45 años.

    En síntesis, nuestra alma mater ha sido tradicionalmente detestada por los poderes de este país; cuando ha resultado insoportable en demasía el actuar político de sus estudiantes y autoridades, por separado o conjuntamente, esta ha debido pagar altas y cruentas facturas cobradas a lo largo de los años por los mismos, tanto formales como reales. Hoy, pese a todo el grave daño que sufren el país y sus mayorías populares, la tradicional rebeldía universitaria se encuentra en “pausa”. El desafío en estos tiempos y los que están por venir es, pues, agregar al lema antes referido ‒“Hacia la libertad por la cultura”‒ la consigna enarbolada en las gestas históricas de su estudiantado organizado: “¡Estudio y lucha!”. No hay más…