Categoría: Opinión

  • La llegada del «Bolillo» a la Selecta

    La llegada del «Bolillo» a la Selecta

    La mayoría de los salvadoreños somos futboleros. Por naturaleza social somos aficionados al deporte más lindo del mundo y si alguien no sufre o goza por la Selecta literalmente es cualquier cosa menos un salvadoreño fiel de hueso colorado. Cuando gana bien la Selecta nos saca las mejores sonrisas y nos eleva a su máxima expresión nuestro estado de ánimo, pero cuando pierde nos provoca un malestar que nos deprime y nos baja los ánimos hasta el fondo.

    Desde la semana pasada se anunció la llegada al país del colombiano Hernán Darío «Bolillo» Gómez como nuevo director técnico de la Selecta tras la destitución del español David Dóniga Lara, que a su vez había reemplazado a su paisano Rubén De la Barrera Fernández, quien había llegado a la Selecta a sustituir al despedido entrenador nacional Hugo Ernesto Pérez. Todos estos movimientos en era de las Comisión Regularizadora nombrada por la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA).

    Con la llegada del colombiano hay quienes, aficionados y periodistas deportivos, sin mayor análisis que el emocional hablan de la Era del «Bolillo» Gómez y hasta dan por sentado que El Salvador clasificará al Mundial 2026. Desde luego que surgen ilusiones y esperanzas, pues el «Bolillo» ya ha estado en tres mundiales con las selecciones de Colombia (1998), Ecuador (2002) y Panamá (2018); sin embargo, viene a dirigir a una Selección Nacional que para ser honestos está al borde de quedar eliminada.

    El Salvador está tercera en el grupo que conforman Anguila, San Vicente y las Granadinas, Puerto Rico y Surinam. De estas cinco selecciones dos avanzan a la siguiente ronda. El Salvador está a dos puntos de Surinam que tiene seis y en tercer lugar luego de Puerto Rico que tiene los mismos puntos, pero mejor gol de diferencia. En junio juega de visita ante Anguila y luego recibe a Surinam en un juego que se perfila como decisivo y que de perderlo o empatarlo la Selecta podría quedar fuera de la aspiración mundialista y dejar a Puerto Rico y Surinam en la siguiente ronda. Ojalá que ese no sea el escenario porque será una frustración terrorífica.

    Vamos a suponer que El Salvador, como debería ser, avanza a la ronda siguiente. Ahí pasará a integrar un grupo de cuatro donde enfrentará a selecciones de mejor nivel y con grandes expectativas por clasificar. De ese hipotético grupo el ganador gana boleto directo para el Mundial 2026(los dos mejores terceros de los tres grupos van a un repechaje). Es en esa fase donde se necesitará de toda la experiencia y sapiencia del «Bolillo», así como de la sed de gloria de nuestros seleccionados y el apoyo incondicional de aficionados, dirigentes, empresa privada y periodismo deportivo.

    Obviamente para «Bolillo» no es pan comido. será un camino tortuoso, pues deberá enfrentar un camino lleno de dificultades, uno de ellos y el más importante es la calidad profesional de nuestros futbolistas sin nivel físico, sin cultura ni formación táctica, así como el deficiente nivel de nuestra liga profesional, con dirigentes que no tienen capacidad ni formación administrativa-dirigencial, con muchos periodistas deportivos sin preparación y motivados por intereses personales, con una afición excesivamente exigente, con una infraestructura futbolística sumamente inadecuada, con poco apoyo de la empresa privada y con una desmotivación que nos ha llevado al malinchismo enfermizo de los involucrados en este deporte.

    El colombiano no es el «redentor» que nos guiará al «mundial prometido». En Colombia sus mismos paisanos (periodistas y aficionados, incluso dirigentes) piensan que es un técnico desfasado, empero tener 69 años de edad, no lo convierten necesariamente en desfasado, al contrario lo hacen un experimentado que sí estudia y analiza con vehemencia puede convertirlo en alguien muy actualizado. Ya en el mundial de Sudáfrica 2010 Otto Rehhagel, a los 71 años y diez meses de edad, clasificó y dirigió a Grecia. En todas las facetas de la vida hay viejos actualizados y jóvenes desactualizados.

    «Bolillo» ya fracasó con Guatemala y con Honduras donde hizo un tremendo «papelón», de tal manera que de nueve partidos perdió ocho y solo empató uno, por lo que fue despedido. Hasta El Salvador derrotó a Honduras 2-0, un 30 de enero de 2022 cuando el técnico era Hugo Pérez. Si el «Bolillo» repite la experiencia y en junio quedamos eliminados no solo sería un enorme bochorno y decepción nacional, sino la confirmación de su desactualización y del fondo de nuestros fracasos futbolísticos.

    Confiemos que la Selecta hará su tarea y que en junio avanzamos a las cuadrangulares, que habrá lucha y entrega total en cada partido, que habrá planificación y coordinación entre todos los actores, que la afición se volcará en total apoyo a la Selecta, que el «Bolillo» hará uso de todos sus conocimientos tácticos y estratégicos para infundirlos a los jugadores en cada preparación y especialmente en los juegos. Confiemos en que Dios se apiadará de los que disfrutamos y sufrimos por el futbol.

    Gómez no se debe dejar sorprender por nadie. Él y solo él debe elegir a los seleccionados donde deben estar los mejores, sin importar la edad ni el equipo o país donde jueguen. Los requisitos deben ser; estar en buenas condiciones físicas, someterse a la disciplina de la Selecta, ser el mejor en su puesto, tener deseos de estar en el equipo nacional y sobretodo ser salvadoreño con anhelos de triunfar (amar a El Salvador).

    Dios quiera que «Bolillo» Gómez nos ayude a clasificar y que para ello tenga todo el apoyo y la visión de los intervinientes en el fútbol. Ya tuvimos a dos españoles que nos vinieron a engañar y a estafar el sueño de un país entero, ya tuvimos a un portugués ignorante que como director de selecciones hizo destrozos a tal punto que contrató a Roberto Díaz Mourelo, español de oficio pastelero, como técnico de la Sub-15 y éste sin hacer nada le ganó una demanda por $50 mil a la Fesfut («Cosas veredes, amigo Sancho). Ya hemos tenido de todo, entre cosas malas y peores.

    La llegada del «Bolillo» a la Selecta no nos garantiza nada, pero nos da una leve esperanza que puede ir adquiriendo peso. La llegada del colombiano ni siquiera es una era o parte de un proceso, su llegada sirve para formar una ilusión que en junio venidero puede ser completamente destrozada o tomar forma de sueño realizable.

  • La humanidad tiene que socorrerse

    La humanidad tiene que socorrerse

    Nos merecemos un cambio de actitud, o sea, de corazón. Nadie puede sentirse dominado por nadie. El hecho de que exista una minoría privilegiada, es deshumanizador por completo, fruto de una inmoral que nos daña el propio tronco humanitario. Estamos aquí para protegernos unos a otros; y reunir, así de este modo, la conjunción de pulsos, en la búsqueda de un mundo menos interesado y más justo, lo que nos debe hacer repensar las situaciones de desigualdades que nos hemos vertido entre sí, así como ese espíritu discriminante que germina a nuestro alrededor.

    Mal que nos pese, necesitamos todos participar plenamente en la transformación, comprometernos mutuamente, tener voz y ser oídos, impulsando abecedarios en favor de la nula exclusión.

    Indudablemente, esta globalizada humanidad debe quitar muros y escucharse más, ser también mucho más transparente para poder abrirnos al mundo a tender la mano y a extender la cultura del auténtico abrazo. Es un deber de cada cual, consigo mismo. Celebremos la pluralidad y rechacemos el aislamiento. Fuera miedos y distingámonos, es cuestión de ponerse en acción tolerante para que el odio se convierta en amor; pues, en realidad, todos debemos sostenernos y sustentarnos en el derecho a vivir sin estigmas ni separaciones, ya que inseparables nos requerimos para fortalecer a la sociedad y a las comunidades. Está visto que aceptar y acoger la diversidad, en todas sus formas, aparte de robustecer la cohesión social, aporta valiosos beneficios a las familias de cualquier parte.

    No es un sueño fácil de conseguir, pero tampoco imposible de llevar a buen término. Lo importante radica en hacernos sentir los vínculos de la filiación, hasta el extremo que la separación no sólo daña a personas individuales, sino a todas las gentes, mientras que acoger nos beneficia colectivamente. No lograremos alcanzar nuestras metas en fondos de concordia, ni conseguiremos fraternizarnos, si no plantamos cara a la discriminación. Se están produciendo violaciones de los derechos humanos por todos los espacios en los que habitamos debido a las leyes y a las prácticas segregacionistas. Las normas han de salvaguardar, no extorsionar. Los Estados debieran examinar detenidamente sus leyes y políticas a fin de garantizar la protección a la ciudadanía, sin excepción alguna.

    Dicho lo cual, ha llegado el preciso y el precioso instante, de reconocer que yo soy porque tú eres; y, a la vez, somos todos imprescindibles para hacer borrón y cuenta nueva. Me refiero, a entornos en los que se produce y reproducen los estigmas improcedentes, reforzando la diferencia en sectores como el sanitario, el sector educativo, el lugar de trabajo, el sistema judicial, las familias y las comunidades, así como en los espacios de emergencia y humanitarios. Esto nos demanda, a estar en guardia como auténticos poetas, para vencer los desniveles, prestando una mayor atención a las necesidades de aquellas corporaciones desfavorecidas y marginadas. Los gobiernos del mundo han de promover un crecimiento social y económico inclusivo, con un trabajo decente y una consideración digna.

    Jamás olvidemos, que todo el mundo tiene derecho a sentirse seguro y, además, realizado como persona. Sea como fuere, los Estados poseen la obligación moral y legal de eliminar normas arbitrarias, con la promulgación de otras que protejan al individuo de la postergación. Nadie puede quedar en el olvido. Unidos hemos de ser la voz mística, de modo que se piense lo que se siente y se hace; que se viva lo que se digiere y se crea; que se haga lo que se concibe y se cavila; ya que lo armónico parte de esa integridad humana, que se vuelca en que seamos tanto órgano de bien y bondad como ser de palabra e idílico de alma. Al fin y al cabo, estamos llamados a construir la paz y a reconstruir el horizonte fraterno. Trabajémoslo, con amor de amar amor.

  • El terror de Hamás

    El terror de Hamás

    El asesino en serie, Ernesto «Che» Guevara escribió en unos de sus momentos de supuesta gloria que el odio era un importante factor en la lucha porque transformaba al militante «en una eficaz, violenta, selectiva y fría máquina de matar», un consejo que se hizo realidad una vez más en los actos de terror cumplidos por la organización terrorista Hamás el pasado 7 de octubre de 2023.

    El odio de Guevara es el manual de todo terrorista. Ese odio condujo a Hamás y sus aliados al horrendo asesinato de los niños Bibas y de su madre Shiri Bibas, un crimen que ha conmovido profundamente a cualquier persona con un sentido elemental de la justicia, concepto que debería primar en todo sujeto que lucha por sus ideales.

    La justicia de una causa se desnaturaliza cuando el odio la consume, Guevara se equivoca nuevamente cuando afirma que un pueblo «sin odio no puede vencer a sus enemigos», cuando el odio simplemente conduce a repetir lo peor del contrario que se combate y hasta superarlo, como está haciendo Hamás en cada entrega de rehenes. Un espectáculo que denigra a quienes están dispuestos a morir con las armas en las manos.

    Mas allá de las simpatías o rechazo a una causa determinada, los abusos, en particular los crímenes de odio deberían ser repudiados por cualquier ciudadano u organismo responsable, sin embargo, no ha sido así, muchas personalidades e instituciones de diferentes partes del mundo han guardado silencio ante una barbarie en la que numerosas mujeres y niñas fueron violadas, niños y adultos secuestrados, y más de un millar de personas asesinadas.

    Las atrocidades cometidas por estos combatientes reflejan pálidamente lo que serían capaces de hacer si pudieran someter a la nación israelí y hasta quienes en su propio pueblo se atrevan a cuestionar su autoridad. La vesania de estos sujetos no conoce límites y sus partidarios deberían poner sus barbas en remojo.

    En un contexto de guerra no se pueden exigir a los potenciales militantes cartas de moralidad y conducta, pero el simple hecho de que los lideres de Hamás y de todas las organizaciones que luchan por la causa palestina hayan guardado silencio ante tanta crueldad, es una muestra de la calaña de ese liderazgo.

    Hamás y las organizaciones palestinas que se asociaron a la masacre del 7 de octubre se inspiraron también en la política de exterminio que los nazis de Adolfo Hitler instrumentaron contra los judíos antes y durante la segunda guerra mundial, al extremo, que tal y como hacían los nazis grabaron sus crueldades, festejando así sus crímenes.

    Los objetivos políticos no se alcanzan secuestrando niños y menos asesinándolos. Las luchas políticas son altamente complejas cuando se involucra la violencia, pero estrangular dos niños como denuncio Daniel Hagari, vocero del ejército israelí, «Confirmamos que los Bibas fueron asesinados por los terroristas de Hamás. No los asesinaron con armas, mataron a los niños con sus manos y trataron de cubrirlo», es un crimen absolutamente injustificable.

    El acto de secuestrar un ser humano es horrendo, pero ejecutarlo contra infantes, como hicieron estos terroristas con los pequeños Ariel, 4 años y su hermano Kfir no llegaba a los nueve meses cuando fue tomado como rehén, se escapa de cualquier calificativo publicable.

    El miedo es mucho más fácil de construir que un muro y muchos más difícil y complicado derrumbarlo, por eso, los aspirantes a tiranos y los que ejercitan la tiranía, recurren al miedo como la herramienta esencial para doblegar a sus enemigos. Ellos saben que algunas personas pueden ser sometidas por el simple hecho de ver el terror que padecen los otros.

    El miedo es muy útil en la estrategia de gobierno de los dictadores, saben que cuando es un sentir compartido se justifican las cobardías más atroces. Además, se extiende con mucha rapidez infiltrándose en el torrente sanguíneo de las personas, aterrorizando primero a quienes lo aplican, luego, a las víctimas directas, hasta ocupar el resto de la sociedad como una pandemia.

    Los que hemos padecido la conculcación de nuestros derechos más elementales y soportado el miedo, sabemos que es terrible, pero también conocemos que manejarlo, confiere una paz y confianza insuperable. El miedo nunca te deja, es un virus peligroso con el que estas obligado a convivir, pero que no exime cumplir con tus deberes.

    * Pedro Corzo es periodista cubano

  • Cicatrices en el cuerpo, heridas en el alma: La sexualidad tras el cáncer

    Cicatrices en el cuerpo, heridas en el alma: La sexualidad tras el cáncer

    ¿Pero ella está bien de ahí, doctora? Preguntó el marido, señalando la entrepierna de la mujer.

    Ambos habían llegado temprano por la mañana al Instituto del Cáncer de Mama, en la colonia Medica de San Salvador.

    Cecilia, una mujer de 35 años, residente en un caserío cerca de Intipucá, había sido diagnosticada de un carcinoma Ductal Invasivo en su mama izquierda, 5 meses atrás.

    Luego de una mastectomía radical de ese pecho, estaba recibiendo tratamiento de quimioterapia.

    ¿Por qué me pregunta eso, don Sergio? Preguntó la Dra. Melara, oncóloga especialista en cáncer de mama y médico tratante de doña Cecilia.

    Con su mirada evasiva y sonriendo tímidamente, Sergio le respondió: Es que a ella desde que le pasó lo del pecho, como que le cuesta ser mi mujer.

    Cecilia se revolvió en su silla, tensamente.

    Su mirada fija hacia el suelo, balbuceó algo, que la doctora no entendió.

    Don Sergio, dijo la doctora Melara, ¿podría usted esperarnos unos minutos afuera? Me gustaría platicar con doña Cecilia unos momentos.

    Claro que sí, doctora, respondió Sergio, levantándose de la silla y saliendo de la habitación.

    Cecilia, suspiró profundamente, sintiéndose más tranquila con la salida de su marido.

    Aunque conocía a la doctora Melara desde hacía varios meses, todavía no sentía la confianza suficiente para contarle sobre sus problemas de naturaleza sexual que se habían iniciado luego de su mastectomía.

    La verdad no sabía si en realidad estaban relacionados con su cáncer, o si eran un problema de ella.

    En ningún momento ninguno de los trabajadores de salud que se habían relacionado con ella desde su diagnóstico, le había mencionado nada relacionado con su salud sexual y el tratamiento del cáncer de mama.

    Por ello, ella más bien creía que eran problemas de su cabeza.

    Todo es mi culpa, solía decirse.

    ¿Cuénteme, doña Cecilia, tenemos algún problema con las relaciones sexuales? Preguntó la doctora Melara.

    Con su voz entrecortada al principio, Cecilia comenzó a contarle que, desde su operación del pecho, al principio ella sentía vergüenza que su marido la viera, así con su cicatriz.

    Se sentía fea, menos atractiva y menos mujer.

    Pensaba que su marido se buscaría otra mujer que estuviese completa.

    Cecilia, comenzó a llorar tímidamente.

    La doctora Melara, lejos de sentirse incómoda con la situación, sintió compasión y sororidad por aquella paciente que evidentemente sufría, no solo por su enfermedad sino por la pérdida de su autoestima.

    Levantándose de atrás de su escritorio y jalando una silla, se sentó a la par de la paciente, cogiéndola de las manos.

    Desde hace tres meses, cuando comenzaron a ponerme la quimio, continuo Cecilia, ya no me dan ganas de tener relaciones, doctora, y cuando hago el esfuerzo por satisfacer a mi marido, siento que la vagina me cuece con dolor cuando me penetra.

    Ya no siento placer, doctora, y tengo miedo de que Sergio me abandone por otra mujer.

    No sé qué hacer, la verdad, doctora.

    El diálogo entre Cecilia y la Dra. Melara refleja una situación común entre pacientes de cáncer de mama, donde el impacto emocional y físico del diagnóstico y tratamiento puede afectar la vida sexual y la relación de pareja.

    La preocupación del marido, Sergio, sobre la intimidad con su esposa es un tema delicado que a menudo no se aborda en el contexto médico.

    El diagnóstico de cáncer de mama y los tratamientos asociados, como la mastectomía y la quimioterapia, pueden tener un impacto significativo en la salud sexual de las mujeres.

    Estos efectos pueden abarcar: Cambios en la percepción corporal: La pérdida de un seno puede afectar la autoimagen y la sensación de feminidad.

    Efectos físicos adversos: La quimioterapia y otros tratamientos pueden ocasionar sequedad vaginal, disminución del deseo sexual y dolor durante las relaciones íntimas.

    Impacto emocional: Muchas mujeres experimentan ansiedad, depresión y temor, lo que podría resultar en una reducción del interés en las relaciones sexuales.

    La salud sexual, especialmente de la mujer, es un tema, que incluso en el gremio médico continúa siendo un tabú.

    Es crucial que los profesionales de la salud incluyan discusiones sobre la salud sexual en el tratamiento del cáncer de mama.

    Esto puede ayudar a las pacientes a sentirse más cómodas al expresar sus preocupaciones y buscar soluciones.

  • Matonería en el despacho oval

    Matonería en el despacho oval

    En eso que algunos autores llaman la «alta política» o la «gran política» —y que otros preferimos denominar «la política con P mayúscula»—, existen ciertas reglas no escritas que los líderes mundiales deben saber cuidar. Si bien varias de estas reglas implícitas son de fondo, también las hay de forma. Incluso pueden darse circunstancias en las que fondo y forma se entremezclan, provocando situaciones extrañas de resultado imprevisible. Hace algunos días el mundo entero presenció, ni más ni menos que en el mítico Despacho Oval de la Casa Blanca, el desenlace inaudito, asombroso, grotesco, del imperdonable descuido de esas normas elementales de cortesía y buenos modales que otorgan a la política su grandeza.

    El presidente y vicepresidente de Estados Unidos, la mayor potencia global, eran anfitriones de una reunión previa a la firma de un acuerdo que, según los trozos filtrados a la prensa, era claramente desfavorable a Ucrania, pues la obligaba a devolver dinero no reembolsable y a permitir la explotación de sus riquezas minerales, sin que mediara a cambio una certeza de garantías mínimas de seguridad frente al embate ruso. Volodímir Zelenski había adelantado, con razón, que semejantes condiciones no eran aceptables, y ya Donald Trump, entre otras cosas, había llamado «dictador» al presidente ucraniano. En ese marco ambiental de tensión, no se olvide, iba a verificarse la reunión que ahora comentamos, y que pasará a la historia como un pésimo ejemplo de negociación política.

    Cuando JD Vance habló de «diplomacia», era natural que Zelenski se interesara en saber qué entendía el joven vicepresidente bajo ese concepto, porque había quedado claro que esa suerte de capitulación propuesta por Trump no constituía para el líder ucraniano un esfuerzo «diplomático», menos aún ante una contraparte, la rusa, que llega al colmo de incumplir acuerdos firmados para intercambiar prisioneros. Esto fue lo que el invitado, respetuosamente, recordó a Vance. Pero fue entonces cuando el vicepresidente respondió con una frase retórica de mal gusto —dijo referirse «al tipo de diplomacia que pondrá fin a la destrucción de tu país»— alzó la voz para atajar la reacción de Zelenski y le exigió un respeto que su Gobierno hasta ese momento no había tenido con una nación que ha sido víctima de una invasión.

    El resto de la conferencia es vergonzoso por donde se le mire: los dos más altos cargos políticos del país más fuerte del mundo acosando con palabras y dedos índices al presidente de Ucrania, en una escena que solo a trumpistas muy fanáticos puede parecerles digna del lugar, la materia y las investiduras allí reunidas.

    La temeraria afirmación de Trump, acusando a Zelenski de estar jugando «con la Tercera Guerra Mundial», bordea el surrealismo. ¿Desde cuándo un país agredido puede ser señalado de iniciar un conflicto planetario? Por su parte, el líder de Ucrania conservó la voz controlada, evitó perder los estribos y, muy importante, tampoco se dejó acorralar, manteniendo una postura de dignidad que ha sido celebrada por Europa entera.

    Está claro que el presidente de Estados Unidos no quiere contraer obligaciones morales con Ucrania. La oportunidad de «negociar», por tanto, quizá estaba perdida para Zelenski desde antes. Lo que sí demostró este fiasco diplomático en la Casa Blanca es que Trump, aparte de no ser (y ya lo sabíamos) ningún campeón de los ideales democráticos, será mortalmente agresivo con quienes carezcan de todo espacio de maniobra a sus ojos. Los eslabones débiles serán arrancados de cuajo en cualquier cadena geoestratégica urdida en Washington.

    Pero incluso creyendo que hacen lo correcto dejando a Ucrania a merced de Putin, Trump y Vance arrojan al asador bastante más que el apoyo político y militar a una nación concreta del este europeo. Los estropicios que genera su decisión (haya sido preparada de antemano o no) tienen efectos geopolíticos enormes y una evidente consecuencia al interior de EE UU.

    El recrudecimiento de la guerra ruso-ucraniana es mala noticia incluso para la Casa Blanca. Ese polvorín, si crece en dimensión, también hace saltar por los aires la credibilidad de Trump, que había prometido acabar con el conflicto en su primer día de Gobierno. De ahí la importancia de las malas formas negociadoras exhibidas en esa conferencia de prensa: Washington no podrá culpar a nadie de su fracaso y de sus trágicas repercusiones.

    Como resultado directo de lo anterior, la popularidad de Donald Trump entre los estadounidenses sufrirá en la misma proporción. Ya lo estaba haciendo antes del incidente del 28 de febrero; ahora, tras el evidente intento de cercar a Zelenski a dos puyas, es previsible que esos números desciendan aún más. ¿Y qué hará la Casa Blanca para arreglar este embrollo? ¿Seguirá con esa inverosímil tendencia a abrir frentes y crearse enemigos por doquier, arriesgando mucho más que volátiles cifras en encuestas, o comprenderá por fin que la política con P mayúscula se nutre también de habilidad, buenos modales e incluso de ciertas dosis de nobleza?

  • El Metrocable y la Salud Mental: Un Viaje hacia el Bienestar

    El Metrocable y la Salud Mental: Un Viaje hacia el Bienestar

    Como criminólogo, mi enfoque siempre ha sido analizar cómo los factores sociales y ambientales influyen en el comportamiento humano.

    Desde hace algunas semanas se anuncia que el ministerio de obras públicas se encuentra en la etapa final de estudios de suelo y de factibilidad en varias zonas del denominado gran San Salvador para construir torres y estaciones para un metrocable en el país.

    Actualmente circulan 1.8 millones de vehículos en el país y cada 10 años se está duplicando el parque vehicular, una situación que ya provoca graves congestionamientos, afecta la salud mental, física, el sueño, descanso y provoca pérdidas económicas y de productividad.

    En el caso del Metrocable en El Salvador, es ambiciosa y futurista observar cómo una iniciativa de transporte puede tener un impacto positivo en la salud mental de la población.

    Durante entregas anteriores he abordado los efectos de los congestionamientos y tráfico en la salud mental y física de nuestra población, por lo que esta posibilidad me parece un gran proyecto en función de los sectores menos favorecidos.

    Algunos de los beneficios y oportunidades que puedo anticipar a este megaproyecto son:

    El Estrés del Desplazamiento

    En nuestras ciudades, el tiempo de desplazamiento es un factor de estrés significativo. Las horas perdidas en el tráfico, la incertidumbre de llegar a tiempo y la sensación de estar atrapado pueden generar ansiedad y frustración. El Metrocable, al reducir drásticamente los tiempos de viaje, ofrece un respiro a esta presión constante.

    Un Viaje con Vistas

    Más allá de la eficiencia, el Metrocable ofrece una experiencia de viaje única. Las vistas panorámicas de la ciudad y el paisaje circundante pueden tener un efecto calmante y revitalizante. Este contacto con la belleza, aunque breve, puede ser un antídoto contra el estrés urbano.

    Conexión y Comunidad

    El transporte público, cuando es eficiente y seguro, fomenta la conexión entre las personas. El Metrocable, al facilitar el acceso a diferentes zonas de la ciudad, puede fortalecer los lazos comunitarios y reducir la sensación de aislamiento. Este sistema en cada una de sus líneas puede movilizar entre 3000 y 3500 personas por hora.

    Un Espacio Seguro

    La seguridad es fundamental para el bienestar mental. Saber que se viaja en un sistema vigilado y confiable reduce la ansiedad y permite a los usuarios relajarse durante el trayecto. Las probabilidades que delincuentes asalten en un medio aéreo se disminuyen drásticamente.

    Impacto en la Criminalidad

    Desde una perspectiva criminológica, la reducción del estrés y la mejora del bienestar mental pueden tener un efecto indirecto en la disminución de la criminalidad. Estudios han demostrado que las personas sometidas a altos niveles de estrés son más propensas a comportamientos violentos o delictivos.

    Un Futuro Prometedor

    El Metrocable es un ejemplo de cómo la infraestructura urbana puede contribuir a la salud mental y al bienestar de la población. Es un recordatorio de que las soluciones a los problemas sociales no siempre son complejas, a veces, un viaje más rápido y agradable puede marcar la diferencia.

    Por el bien de los sectores más vulnerables, de la denominada clase trabajadora sería una gran bendición que este proyecto se pueda concretar y que en los próximos años sea una realidad y que pueda ser un servicio de alta calidad y excelencia.

    Por Ricardo Sosa, Doctor y máster en Criminología

    @jricardososa

  • Al rescate de la educación para ganarle la guerra a la pobreza (I)

    Al rescate de la educación para ganarle la guerra a la pobreza (I)

    Es interesante conocer a maestros que estudiaron en la Escuela Normal «Alberto Masferrer», gracias a los artículos de opinión que publico en este prestigioso periódico, el maestro Miguel «Ángel Rosales me escribió, luego me mandó por correo tradicional el libro «Al rescate de la educación para ganarle la guerra a la pobreza». El libro hace referencia a adecuar convenientemente los sistemas educativos actuales a las exigencias y requerimientos del siglo XXI, a un diagnóstico de la educación universal y a la lucha contra la pobreza gracias a la educación, etc. Recordemos que a cada país se le tiene que adaptar un modelo pedagógico acorde a las realidades. El Salvador ha tenido variados modelos educativos.

    El maestro Rosales, quien tiene «más» de 80 años, a quien considero un pedagogo, hace referencia a la «Nueva escuela de formación autodidáctica», toma objetivos pedagógicos en donde analiza que todas las escuelas deberían de aplicar; a saber: Que los estudiantes se sientan suficientemente motivados para el estudio activo por el ambiente propicio de participación efectiva en la clase, desde sus inicios hasta su final. Que al final de la clase los alumnos hayan avanzado -poco o bastante, pero que hayan avanzado- en el esfuerzo de sus actitudes, destrezas y habilidades autodidácticas naturales y que el conocimiento estudiado haya sido fijado, o lo que es lo mismo, que haya sido integrado al yo por los alumnos a través de su propia práctica del razonamiento, del análisis y de la síntesis. Con lo anterior, es importante señalar que el maestro Rosales hace referencia al constructivismo y al aprendizaje significativo de Ausbel.

    Algunos planteles están bien dotados de «cosas» que pueden educar; pero que en esta atmósfera el alumno pasa a usar el mapa, el laboratorio, la enciclopedia, los microscopios y los matraces sólo cuando se les señala puntualmente el plan de estudios. Aún la lectura de los clásicos, con sus grandes posibilidades de impactar y dar un giro en la vida de los estudiantes, sólo se reduce a disecciones, como eventos del año escolar. A media lectura nos preguntamos: ¿Puede un país salir de la pobreza gracias a la educación?

    Lo bueno que el maestro Rosales haga una referencia importante sobre la asignatura de moral, cívica y urbanidad, a la cual le han cambiado nombre este año. Un punto importante que observo como docente es que los alumnos ya no saludan a los maestros. Es «más», los mismos compañeros de trabajo, cuando entran a las oficinas, ni saludan. Rosales realiza la siguiente interrogante: ¿Por qué no tocar insistentemente con frecuencia otros temas referentes a la moral y a la cívica? La respuesta se refiere a que se toman temas primordiales y dejan en último plano este tipo de aprendizajes. Pero la mejor actividad de motivación y ambientación será la selección en forma democráticamente. Lógicamente, como dice Rosales, a los alumnos los llevarán a la biblioteca, el laboratorio, la misma aula, la cancha de fútbol o de basquetbol, bajo un «árbol» en el patio, en el corredor, en otra aula, etc.

    Es interesante que el maestro Rosales acote que es importante que, por lo menos dos veces por mes o «más», o cuando menos una si las circunstancias lo favorecen, se tenga que impartir clase fuera de los recintos escolares: en «fábricas», talleres, negocios, granjas, fincas, templos, campos de cultivos, ríos, etc. Rosales cita a Gabriel García «Márquez», «Es cierto que estas críticas valen para la educación en general, pervertida por la masificación de escuelas que siguen la línea vaciada de lo informativo en vez de lo formativo».

    Lo anterior es cuando se deben de utilizar las excursiones a un zoológico, museos, exposiciones, etc. Los alumnos aprenden también cuando tiene otras experiencias fuera del aula. No es en sí solo el aula en donde se desarrolla todo el conocimiento. Sin olvidar el fin de la educación, transformar al estudiante en un ser de bien.

    Las clases, según Rosales deben de ser «más» interactivas, «A veces sentíamos que aprendíamos y a veces no. Las clases, por lo general, pasado ya algún tiempo después del inicio del mes lectivo, sentíamos que eran «más» aburridas y menos interesantes, y siempre, desde antes que la clase terminara, esperábamos ansiosos el toque de la «campana» o del timbre que indicaba su finalización y la salida al recreo.

    Le doy las gracias al maestro Rosales por proporcionarme este fabuloso libro, en donde exhorta sobre un nuevo modelo educativo que contiene la fórmula de cómo abrir de par en par las puertas de la educación para volverla accesible a todos, de verdad, y optimizar su calidad sin mayor costo. Debe de haber una verdadera revolución educativa para salir adelante. Ojalá que el autor del libro lo reproduzca para que muchos pongan en práctica los conocimientos.

    • Fidel López Eguizábal, Docente Investigador Universidad Francisco Gavidia
    flopez@ufg.edu.sv

  • Hacia una nueva era

    Hacia una nueva era

    En lo que hoy identificamos como la República Federal de Alemania, en la región centro occidental de ese territorio, se firmaron en 1648 dos Acuerdos que hoy denominamos genéricamente como el Tratado de Westfalia, con el fin de asegurar la paz entre las diversas casas reinantes, asentadas en lo que hoy conocemos como Europa.

    Lo cierto es que, en principio, fueron para poner fin a la Guerra de los 30 Años entre la casa real de Francia y la hispana (1618-1648) a y otraliados ente unla para poenr fin a la Guerra de los 30 añossas casas reinantes yy y ls y a la Guerra de los 80 años o Guerra de Flandes (1568-1648) y los aliados de unos y otros, asentados en el Sacro Imperio romano germánico. Igualmente se les conoce como las guerras religiosas entre la Europa protestante o luterana y la iglesia católica romana, que abarcaba desde el reino de Suecia hasta el de Inglaterra.

    Por suerte para la humanidad, los cristianos de uno y otro bando superaron su Edad Media. Y mucho tiene que ver en ello, el compromiso adquirido por las casas reinantes en Westfalia, en fecha que hoy nos parece muy remota, pero que marcaron el inicio de los modernos valores culturales y jurídicos de lo que se conoce como Occidente, que rigen las relaciones de respeto entre los estados miembros de la comunidad internacional.

    Allí nació el concepto de estado nación, soberanía, limites territoriales y la separación entre la religión y el estado.

    Pudiéremos afirmar que lo que llamamos el oscurantismo sostenido en la ignorancia o ausencia de conocimientos aunado a los prejuicios, dio un salto enorme cuando se logró separar la religión del Estado, a lo menos en Europa, y en consecuencia en aquellas regiones que colonizadas por ella a partir de 1492.

    Lamentablemente, como muy bien reflexiona al ya fallecido teólogo suizo Hans Kung, el islamismo no ha superado su Edad Media, y su fe es causa de conflicto permanente entre las naciones, porque la emoción se impone sobre la razón, convirtiéndose en causa y efecto de los inexplicables e inaceptables expresiones violentas de imposiciones y rechazo al respeto por el otro.

    Nuestro continente americano es una extensión cultural de Europa, todos y cada uno de los países que lo integran, desde Canadá hasta la Patagonia argentina y las islas del Caribe somos y pensamos con los valores culturales europeos. El movimiento independentista fruto de los conceptos de la Revolución francesa, de la Ilustración, la Constitución de Cádiz y, de la primera constitución escrita que rige el orden legal republicano, la Constitución federal de los Estados Unidos de 1787, heredera igualmente de la Carta Magna inglesa de 1215.

    La cultura occidental hunde sus raíces en el derecho romano y en la filosofía griega. Y antes, en el Pentateuco o Torá de la Biblia hebrea. Es decir, las conquistas por el respeto a la dignidad y derechos del prójimo ha sido forjado en un largo proceso milenario hasta llegar al presente que, presentimos, aún nos encontramos a mitad del camino.

    Podríamos entonces sintetizar esos valores que se denominan greco-judeocristianos en dos vertientes, el político y el ético. El político se evidencia en la participación y convivencia ciudadana, regida por un cuerpo de disposiciones legales generales e iguales para todos, expresados en constituciones escritas o no, leyes, decretos, resoluciones y disposiciones de obligatorio cumplimiento emanadas por una autoridad pública facultada para ejercer ese actividad, como el Poder legislativo, el judicial el Ejecutivo, o el llamado poder municipal.

    Lo que tienen en común los estados que participan de la cultura occidental, es la legalidad y legitimidad de una norma de obligatorio cumplimiento, igualitaria y única para todos los ciudadanos, sin distinción alguna.

    Y en lo ético, el respeto a la integridad moral y existencial del otro, sin distinción alguna por razones de religión, raza, origen social o sexo. Es decir la igualdad, el derecho a la libertad y el respeto a la dignidad del otro.

    Estos comportamientos formales o sociales similares compartidos en común, sustentados en el respeto a la dignidad del otro, es lo que de manera amplia se conoce como cultura y valores occidentales. Que se anteponen a aquellas sociedades marcadas por la exclusión del otro, y la no distinción entre lo religioso (que pertenece al ámbito intimo da cada persona) y el estado. El derecho de creer o no creer.

    Estos elementos tanto formales como intelectuales, concluyeron luego de los Tratados de Westfalia, y haciendo una esfuerzo de síntesis valorativa, en la creación de Carta de la Naciones Unidas de 1945, con el fin de ir hacia la convivencia pacífica entre todas las naciones organizadas del orbe.

    Y esos valores que llamamos occidentales, generaron igualmente una coincidencia de acción entre los países que los comparten. Que entrañan igualmente la protección entre ellos, frente a los peligros de despotismos destructivos aun existentes en la comunidad internacional, tal como lo fueron en su momento el nazismo, el fascismo y el comunismo soviético, y sus pretensiones imperiales de dominación mundial.

    Hoy, esas hegemonías ideológicas, semejantes a las guerras religiosas de la Edad Media, fueron derrotadas en el campo militar y político, o implosionaron por ineficaces e inviables. La Unión Soviética simplemente se derrumbó, y con ella todos sus estados satélites. Alemania e Italia regresaron a sus raíces y adoptaron la democracia en cualesquiera de sus formas de sus expresiones, bajo la concepción económica de la libertad de mercado.

    Los europeos dieron un paso más allá, esa pluralidad de estados, compartiendo diferentes lenguas pero una misma visión social optaron por unirse en una especie de federación, a la manera estadounidense original, en lo que se llamó la Comunidad Económica Europea y luego simplemente Unión Europea; con un Parlamento y un Ejecutivo regional que hoy abarca a 27 países, muchos de ellos, antiguamente bajo la órbita soviética, como Bulgaria, Polonia, Estonia, Rumania y Eslovaquia.

    En consecuencia, Europa como región geográfica y cultural y los Estados Unidos que participó en la Segunda Guerra Mundial, y coadyuvó a la reconstrucción de la Alemania derrotada y de Europa misma, se ha considerado desde su propio nacimiento como republica independiente, parte moral intangible de la cultura y valores occidentales, valga decir la democracia.

    Inesperadamente ha surgido una nueva reorganización o reacomodo de la comunidad internacional que rompe con alianzas acordadas o dadas por hechas entre los Estados Unidos y Occidente, concretamente entre los Estados Unidos y la Unión Europea; podríamos afirmar que de una manera drásticas pareciere que Washington, rompe con esa comunidad de intereses intangibles para acercarse a modelos despóticos del ejercicio del poder, representado por la Rusia de Vladimir Putin y, neutralidad ante regímenes similares como el de Corea del Norte, Bielorrusia y hasta la misma República Popular de China.

    Si ello fuere así, es evidente que el ciclo histórico iniciado en 1648 en Westfalia entra en una etapa progresiva de mutación, donde el interés económico, el poder que representa el dominio de la ciencia y la tecnología privará en lo adelante, en la reagrupación de intereses en función de esta realidad, cuyo símbolo externo es el control de la Inteligencia Artificial, y la posesión de los llamados “minerales raros”.

    Esta inquietud se evidencia en la última votación de la Asamblea General de las Naciones Unidas del pasado lunes 24 de febrero, donde frente a una iniciativa de Ucrania para poner fin a la guerra, Estados Unidos votó en contra junto a Rusia, Eritrea, Bielorusia, Nicaragua, Haiti, Burundi, ra, Estados Unidos votpcimento eusia, frente a una inicitiva de Ucranik para poner fin a la guerra, Estados Unidos votpcimento eNigeria, Sudán entre otros de los18 países que lo hicieron. Venezuela no se alineó con los Estados Unidos y Rusia, porque no podía votar, dado que se encuentra en deuda con las Naciones Unidas por impago de sus cuotas anuales.

    En esta oportunidad la moción presentada por Ucrania recibió 93 votos a favor, frente a los 18 en contra; pero hubo 65 abstenciones.

    • Juan José Monsant Aristimuño, exembajador de Venezuela en El Salvador

  • Encierro, destierro y entierro

    Encierro, destierro y entierro

    Hasta hace pocos años, en estas tres palabras se resumían las principales realidades de alto riesgo que marcaban la dura y difícil vida de la adolescencia y la juventud que poblaba los territorios donde perennemente se han paseado –como parte de un injusto entorno– la pobreza extendida y la patente falta de oportunidades en las que han permanecido estos grupos poblacionales, en notoria discordancia con las condiciones diametralmente distintas que caracterizan la existencia suntuosa y derrochadora propia de quienes dentro de los mismos rangos etarios nacieron en «cuna de oro» dentro de El Salvador.

    Es la descarnada desigualdad que encierra el contraste marcado entre dos ambientes históricamente configurados en nuestra sociedad: el segundo corresponde al de las minorías platudas y el primero al de las mayorías populares.

    Con el «bukelato» inaugurado el 1 de junio del 2019, cabe preguntar si ahora que nos estamos encaminando hacia el primer aniversario de su inconstitucionalidad plena oficialmente coronada, continúan vigentes esas tres condiciones que afectan negativamente la existencia de esa buena parte de nuestra población. ¿Sí o no? ¿Por qué? Veamos.

    La primera ha crecido en decenas de miles de personas privadas de libertad desde el 27 de marzo del 2022 cuando, tras la matazón ocurrida ese fin de semana, arrancó el régimen de excepción decretado por la anterior legislatura del todo sumisa a los dictados de Bukele; obediente esa igual que la actual, dicho teatro militarizado se ha ido renovando mensualmente y está a punto de cumplir sus primeros tres años sin que asomen en el horizonte señales de su final, ni en el mediano plazo y mucho menos en el corto. Con semejante escenario vigente, este país se convirtió en el que hoy puede «presumir» el oficialismo de ocupar el primerísimo lugar mundial en cuanto a población encarcelada por cada cien mil habitantes: 1659 a marzo del 2024. A estas alturas, esa cifra ha crecido. Human Rigths Watch denunció en julio del mismo año «graves abusos en contra de niños, niñas y adolescentes» cuya detención tuvo lugar en «comunidades de bajos ingresos».

    Sobre el destierro, según autoridades migratorias de México, en el 2023 fueron detenidas en ese país 774 personas salvadoreñas menores de dieciocho años de edad; en el 2024 la cifra creció bastante: alcanzó las 3046. De esta última cantidad, 1458 tenían entre cero y once años; 814, estaban comprendidas entre los doce y los diecisiete.

    Acerca del entierro, sería una pendejada de mi parte negar la reducción evidente de muertes violentas intencionales en nuestra comarca. Esa tendencia inició durante la segunda mitad del periodo presidencial de Sánchez Cerén y se profundizó sustancialmente luego de que Bukele lo sustituyera, dejando atrás la estrategia que incluía las llamadas «medidas extraordinarias» y el sicariato que asesinaba o desaparecía a quienes señalaban como integrantes de maras. Bukele retomó las negociaciones y los acuerdos con los liderazgos de estos grupos criminales, tal como pasó durante la administración Funes, hasta que ocurrió lo que ocurrió el fin de semana sangriento que «justificó» la imposición del citado régimen «excepcional», totalmente normalizado un trienio después.

    Pero las muertes violentas inaceptables ‒independientemente de si la víctimas es golpeada, agredida con algún tipo de arma o desatendida clínicamente‒ continúan en las prisiones salvadoreñas. No en «la más grande de América Latina», el Centro de Confinamiento del Terrorismo más conocido como «el CECOT», motivo de orgullo y jactancia por parte del inconstitucional usurpador de la silla presidencial. No. Esas defunciones imputables a las autoridades estatales se consuman en las jaulas que integran el infernal sistema penitenciario nacional, inmundas y saturadas de carne humana en proceso de descomposición. Recientemente circularon las conmovedoras y duras escenas de un ciudadano indignado denunciando esas crueldades, ante los restos humanos de un familiar fallecido en chirona sin haber pertenecido a alguna agrupación pandilleril del país.

    Y también estamos presenciando el entierro de la educación estatal primaria, secundaria y universitaria de niñas, niños, adolescentes y jóvenes. Luego de haberse llenado la boca alardeando que remodelaría o reconstruiría las más de cinco mil escuelas públicas existentes, estamos presenciando otra cosa totalmente diferente: las están cerrando, desmantelando o utilizando para otros fines. Y la única casa de estudios superiores al alcance de los sectores populares, la está asfixiando. Ni con las maras se incrementó tanto como hoy la deserción del alumnado a todo nivel.

    Esa es nuestra realidad actual, abajo y adentro del país que Bukele ofrece arriba y afuera a inversionistas millonarios de otras nacionalidades y en ocasiones de dudosas trayectorias, con todas las extremidades abiertas para su desguace y destace. ¿Lo vamos a seguir permitiendo? En nuestra conciencia y capacidad de indignación, que no debemos perder, está la respuesta.

  • La visión de la administración Trump: el marco lógico detrás de la estrategia

    La visión de la administración Trump: el marco lógico detrás de la estrategia

    Aunque mucha gente opina que el plan de gobierno de la administración Trump carece de una visión articulada, en realidad sus políticas se sustentan en un marco lógico coherente que responde a una interpretación específica de la élite que gobierna sobre los problemas estructurales que afectan a Estados Unidos.

    En el ámbito económico, el principal problema identificado es que, desde 1975, Estados Unidos registra un alto déficit comercial, lo que la administración interpreta como evidencia del deterioro de la manufactura y de la pérdida de competitividad nacional.

    Esta preocupación se complementa con la inquietud por la seguridad nacional y la transformación social. La proyección de que, para 2045, la población blanca no hispana será inferior al 50 % ha despertado el temor a una pérdida de identidad cultural y a un debilitamiento de la cohesión social. Además, se percibe una burocracia federal excesivamente grande e ineficiente, en la que numerosas agencias operan de forma independiente, lo que obstaculiza la implementación de una agenda coherente. En respuesta, la administración se ha propuesto reducir la influencia de organismos autónomos y reestructurar el aparato estatal para lograr una gestión más eficaz.

    Otro pilar fundamental de la estrategia es el refuerzo de la seguridad en la frontera sur. La administración Trump sostiene que la política migratoria de gobiernos anteriores dejaba a Estados Unidos vulnerable ante el flujo de inmigrantes irregulares, lo cual, en su visión, incrementaba la criminalidad y alimentaba crisis específicas, como la del fentanilo. Para contrarrestar esta amenaza, se ha planteado la reanudación de la construcción del muro en la frontera con México y el endurecimiento de las políticas migratorias, con especial énfasis en la deportación de inmigrantes indocumentados.

    En materia de políticas ambientales y energéticas, la administración argumenta que las regulaciones climáticas impuestas por gobiernos anteriores han limitado la producción energética y, en consecuencia, obstaculizado el crecimiento económico. Desde este punto de vista, dichas normativas se consideran un impedimento para alcanzar la independencia energética y fomentar el desarrollo industrial. En línea con esta visión, se han promovido acciones como la retirada de Estados Unidos del Acuerdo de París, la reducción de subsidios para vehículos eléctricos y el impulso a la producción de combustibles fósiles, junto con la revocación de diversos mandatos ambientales.

    La estrategia de Trump también abarca un replanteamiento en el ámbito de la educación y la cultura. La administración critica fuertemente al Departamento de Educación, argumentando que la imposición de estándares nacionales limita la autonomía de los estados y de las familias, y que promueve ideologías contrarias a los valores tradicionales. Asimismo, se cuestionan las políticas de diversidad, equidad e inclusión, así como las iniciativas relacionadas con los derechos reproductivos y la identidad de género. La eliminación de programas que fomentan la diversidad y la reinstauración de restricciones sobre ciertos derechos se presentan, en este contexto, como medidas necesarias para preservar lo que consideran como el núcleo cultural y social del país.

    Ante estos desafíos, la administración Trump ha definido tres objetivos fundamentales: fortalecer la economía estadounidense, reforzar la seguridad nacional y recuperar el liderazgo global. Para alcanzarlos, se han establecido pilares estratégicos en cada área. En el ámbito económico, se está apostando por políticas proteccionistas, la reducción de impuestos y estímulos para la reindustrialización y el fortalecimiento del sector energético. En seguridad y migración, se está optando por medidas estrictas de control fronterizo y una política de deportación rigurosa. Además, en el terreno de las relaciones internacionales se impulsa la revisión de acuerdos comerciales y alianzas globales, priorizando los intereses estadounidenses.

    Para materializar este ambicioso plan ya se adoptaron medidas concretas, entre las que se destaca la reestructuración del gobierno federal. Se firmaron numerosos decretos presidenciales que están llevando al desmantelamiento de instituciones como el Departamento de Educación, la USAID y la Oficina de Protección Financiera del Consumidor. También se han reformado los Departamentos de Estado y de Justicia, y se ha creado el Departamento de Eficiencia Gubernamental, cuyo objetivo es reducir el tamaño del aparato estatal mediante una política restrictiva de contratación.

    En conclusión, es imperativo que gobernantes, políticos, empresarios, líderes sociales y académicos de países como el nuestro asuman el reto de interpretar adecuadamente estos cambios. Las dinámicas analizadas, lejos de ser respuestas aisladas a problemas internos, forman parte de un proceso mundial que transformará profundamente la forma en que se concibe el desarrollo, la seguridad y la identidad.

    • William Pleites es director de FLACSO El Salvador