Categoría: Opinión

  • La realidad mal entendida nos desmorona las buenas intenciones

    La realidad mal entendida nos desmorona las buenas intenciones

    Esta naturaleza herida requiere sanación; el árbol de la vida hay que sustentarlo entre todos y sostenerlo con abecedarios de concordia, antes de que las desavenencias nos rompan los vínculos fraternos y el odio se avive por todas partes, disuadiendo cualquier esperanza viviente que nace del amor y se funda en el amar.

    Una pasión que nos llama a la reconciliación, para que en medio del desastre que han dejado las maldades vertidas, todos colaboremos y cooperemos en la reconstrucción de lo bueno, con la armónica belleza, que es la que nos alienta a vivir.

    Para empezar, hemos de destruir los muros discriminatorios, extender horizontes abiertos, combatir las mentiras y decir la verdad. La acción no es nada fácil, pero tampoco imposible. Querer el cambio, ya es iniciarlo.

    En consecuencia, que dicha certeza nos impulse a trabajar con temple y coraje para que este anhelo de paz se haga presente en todo nuestro transitar por aquí abajo. Será saludable, entre sí, promover un nuevo hallazgo que nos lleve a abandonar la lógica de la violencia, asumiendo un compromiso con el diálogo y la labor de la diplomacia entre nosotros.

    Siempre se ha dicho, renovarse o morir. Rejuvenecer la defensa de la dignidad y los derechos humanos de todos; sin duda, nos ayudará a tomar otros modelos más auténticos, nuevos ritmos menos frenéticos y también distintos rumbos de concurrencia, para llevar ese pulso tranquilizador y consolador a todo ser viviente.

    Al fin y al cabo, lo significativo no es conservarse resistente, sino mantenerse humano.

    El vínculo más esencial que tenemos en común la humanidad, es que todos vivimos en este gran orbe. Tenemos pues una casa común, en la cual respiramos el mismo aire, hasta que la muerte nos alcance. Así es, contamos con fecha de caducidad en el tránsito.

    Por consiguiente, son de alabar las iniciativas que tratan de encauzar corazones perdidos. La restauración llega con el auténtico amor servido. Por desgracia, aún no hemos aprendido a compartir y mucho menos a abrirnos con generosa acogida al otro.

    Estos modelos sociales, siempre se mueven por interés. Indudablemente, la confusión es grande y la inhumanidad manifiesta. La evidencia mal intencionada nos avasalla como borregos, corrompiendo lo auténtico del ser, porque la veracidad triunfa por sí misma.

    Y es que en este mundo traidor, seducimos valiéndonos de falsedades con multitud de cómplices; obviando todo lo sensible que nos cohabita, para caer en la incitación. Realmente nos supera lo perverso y el fanatismo.

    Sin embargo, a poco que ahondemos en nosotros mismos, hallaremos una serie de signos y de llamamiento a la expectativa, que nosotros poseemos de manera indisoluble.

    Lógicamente, la auténtica búsqueda de la paz requiere tomar propósito de enmienda y conciencia de que el problema del engaño ha sido resuelto, por encima de nuestras propias culturas específicas.

    Esto nos demanda a todos a cultivar relaciones fecundas y sinceras, a ser transparentes en las negociaciones y fieles a la palabra transferida.

    En efecto, son muchos los riegos que vive la humanidad en nuestra época, negarlo sería mezquino. A esta atmósfera preocupante de absurdos conflictos, hay que sumarle la variabilidad del clima y los eventos climáticos extremos que reducen la productividad agrícola, lo cual pone a muchas regiones en riesgo de aumento del hambre y de la malnutrición.

    Por ello, es vital huir de este ambiente de desconfianza y desengaños, donde resulta fácil descubrir que las raíces de nuestra vida moral están completamente podridas, para retornar a un contexto de labor persistente: de cansancio y trabajo, pero también de ilusión y entusiasmo.

    Sea como fuere, una vez descartado lo cruel, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser el bien y la bondad.

  • Trump… l’infant terrible

    Trump… l’infant terrible

    El ya hoy viejo Donald Trump no deja de sorprender.

    Prácticamente toda su vida ha sido un sorprendente ascenso que compensa los altibajos, pues a pesar de ser hijo de un empresario prominente en Nueva York, no era aquel tan grande como para elevarlo a la Presidencia.

    Llegó algo más apalancado que Carter, Clinton, Biden, Reagan, Nixon u Obama, pero menos que Kennedyo los Bush. Más interesante todavía es como se levantó…el ave fénix se quedó corta. Y ha salido al tinglado, como toro de Zapote al redondel…llevándose a quien se le ponga por delante.

    No me identifico con él, como si me identificaba con Bill Clinton, con Nixon o con Bush padre. Pero si observo su estilo, incluyendo su tendencia probada a la exageración, la acusación infundada y la mentira, que le da resultado.

    Es muy hábil: por ejemplo, se quitó el problema del aborto, pasándoselo a los cincuenta estados, de tal manera que no fue un tema de campaña. La forma en que a través de los años ha promovido su apellido, uno que suena fuerte, como una “trompada” y que ha demostrado que la comunicación sencilla, directa, es la normal de los tiempos y resulta. La forma en que se “capea” las tortas de diferente tipo es ya legendaria. Es un condenado judicialmente, pero nunca irá a la cárcel. El ser convicto, pareciera le ayudó a ganar la presidencia. Si está negociando con él, nunca deje de verle a los ojos o le demuestre debilidad. Como predador que es tratará de devorarlo.

    Su estilo es agresivo, transaccional y al grano, posicionándose al extremo para hacer concesiones que, si se posicionara más al centro, no tendría margen de hacerlas y sacrificaría más. No es hombre que funcione por convicciones, lo que lo hace adecuado para ocupar la presidencia de los EEUU, país cuyos poderosos funcionan más por intereses que por principios. Es un prototipo llevado al extremo del CEO corporativista de su país.

    Pareciera ser implacable con quienes ve como enemigos y que siente los puede golpear, insulta y humilla con apabulladora arrogancia. Pero, por otro lado, al Kim de Corea del Norte por ejemplo (digo “al Kim”, porque en esa península la mitad se llaman Kim), le quiso vender la idea de hacer de una de las playas de su país un desarrollo turístico tipo Cancún ¡Él Kim debe de haber quedado mareado!

    En su primera vuelta por el redondel, quiso cornear a “todo el mundo”, adentro y afuera de los EEUU. Lo de Panamá y Groenlandia no creo sea como él lo plantea. Simplemente, como ya se dijo arriba, está adoptando una posición negociadora para sacar lo que quiere para su país, que es fácil deducir que es. EEUU jamás soltará a Costa Rica, Panamá y Colombia. Este último, de especial importancia estratégica y geopolítica, así como un motor de la narcoactividad continental. En el caso de Panamá, Costa Rica y la RD con su Near/FriendlyShoring, los tres entusiasmados con los semi conductores y el tema del canal, debemos esperar la visita de Rubio…ya casi. Eso sí, no le baje la cabeza a Trump porque le da duro. Propóngale un negocio, que favorezca sus intereses y la cosa marcha.

    Petro, nos embarcó. No entiendo porque se metió en ese enredo solito, niqué estaba haciendo a las 3 am cuando ordenó “que siempre no”, que no aterrizaban los aviones que ya venían volando, con argumentos no sólidos; un desaire absurdo y de mal gusto. Decía Fico, el alcalde de Medellín, que Petro lo que busca es ver como genera caos interno para perpetuarse en el poder. Me parece una locura pero puede ser; de los inquierdistas y sus análisis uno puede esperar cualquier barbaridad conspirativa.

    Pues la cosa es no solamente que Petro hizo un ridículo “marca diablo” al aflojar, como era de esperar, ante el tamaño de la descomunal “torta” y para Colombia las lapidarias amenazas de Trump. También, marcó la cancha a todos los países de América Latina, amigos y no tanto. Cualquier divergencia con Trump, porque Trump es el gobierno…je suis l’etat, va a desembocar en la amenaza del 25%, si no se alinea el país divergente. Petro logró demostrar la debilidad y desintegración de la CELAC, como nunca antes.

    Ya acusan a Trump de que algunos de sus decretos son inconstitucionales, pero allí están los decretos…vigentes casi todos. Veremos que tan fuerte es la institucionalidad de EEUU. No conviene que el país que admiramos y muchos queremos se arruine.

    La idea de atraer inversión de cualquier nivel es una locura; es, guardando las proporciones, como si Costa Rica decidiera incentivar que las empresas textileras que se fueron a Nicaragua, regresen a Costa Rica. Igual error es el crear barreras arancelarias o no arancelarias -a lo mejor se le ocurre- a los bienes y servicios que EEUU importa. El comercio tiene su lógica e ir contra ella es ir contra la lógica económica.

    Volvemos a lo dicho: Trump admira a Milei por ejemplo, por audaz, no por “hayekeano”. Le gusta el liderazgo fuerte, autoritario con preferencia derechista,el que usa el poder. De liberal económico, nada tiene; es totalmente pragmático. El “drill baby drill” y todo lo que ello implica, el darle nueva vida a los hidrocarburos, despreciar la energía sostenible e ignorar e cambio climático acelerado por la actividad humana, es un despropósito y un sin sentido desde una perspectiva estratégica.

    Esperemos cómo se desarrolla el tema migratorio; con Biden las deportaciones crecieron notablemente. La verdad es que se hizo enorme y se interpretó que EEUU estaba obligado a recibirlos a todos, lo que no es correcto, independientemente de que, la enorme y pujante economía norteamericananecesita la presente oleada de inmigrantes, como necesitó las anteriores. Tema en desarrollo… Mucha culpa tiene los países generadores.

    Lo que Trump no quiere entender, es que el MAGA pasa por el bienestar al menos de los amigos de EEUU. Si estos sufren, EEUU se complica. Veremos que nuevas sorpresas tendremos.

    Viene el arreglo Rusia-Ucrania, el retomar el esfuerzo de desarrollo en el Medio Oriente involucrando a Israel con los sunníes, así como el acercamiento con la China de Xi. Europa en la lona. Serán tiempos muy interesantes.

    Veremos cuales son los límites económicos y la capacidad de asustar y disuadir del poderío militar y económico de EEUU. El socollón que la realidad Trump implica es todo un desafío; puede ser de funestas consecuencias, pero para un país como Costa Rica, ofrece preciadas oportunidades.

    • Carlos Manuel Echeverría fue embajador de Costa Rica en El Salvador y exdirector de Política Exterior de Costa Rica.

  • La cárcel política, una industria del castrismo

    La cárcel política, una industria del castrismo

    Durante años Fidel Castro, y los que han usufructuado la dinastía política y familiar impuesta en Cuba desde 1959, han usado a los presos políticos como un instrumento de cambio que les ha rendido diferentes tipos de ganancia, la mayoría de las veces, de carácter político, otras económicos, sin que falten las que han tenido más de un propósito.

    Esta situación se repitió con el anuncio de la dictadura cubana de que liberaría a 553 personas en prisión por diferentes delitos, después, que el gobierno de Estados Unidos anunciara que retiraba a Cuba de su lista negra de países patrocinadores del terrorismo, aunque según informaciones, la excarcelación era consecuencia de conversaciones entre el Papa Francisco y los carceleros de La Habana.

    En realidad, no se conoce con certeza si Joe Biden en su espíritu conciliador, decidió sacar a Cuba de la lista de terror, en la que tiene todo el derecho a estar, o si Miguel Diaz Canel, bajo la influencia del espíritu del año santo 2025, aparentemente el dictador designado tuvo un arrebato de religiosidad, decidió excarcelar a quienes no deberían estar presos como Jose Daniel Ferrer y Félix Navarro, dos de los muchos que conforman una relación interminable.

    Sin embargo, hay que tener presente que se informó que el Papa Francisco fue un factor determinante en la decisión del régimen cubano de liberar presos, razón por la cual este cronista se pregunta, porque se suspendieron las excarcelaciones en cuanto el presidente Donald Trump retorno a la dictadura a la lista merecida. ¿Dónde está la verdad? ¿fue una negociación que el presidente Biden conducía o el espíritu cristiano de Diaz Canel, se evaporó como ocurrió con la vida de los miles de personas que su régimen fusiló?.

    Todo parece indicar que el régimen cubano mercantilizaba con Estados Unidos la liberación de personas en su mayoría injustamente detenidas, tal y como ha hecho en estos últimos 66 años, y la Iglesia fue usada para encubrir la gestión.

    En honor a la verdad, el castrismo ha negociado con gobiernos y políticos el destierro sin regreso de muchos ciudadanos, lo que ha motivado que la organización “Plantados”, por décadas, efectúe en diferentes lugares de la ciudad de Miami, actos de solidaridad con los prisioneros en los que demanda “Libertad sin destierro”.

    Conversando sobre esto con Evelio Yero, profesor en Puerto Rico y el escritor Jose Antonio Albertini, me recordaron que la industria carcelaria castrista se remonta al menos a la venta de los expedicionarios de la Brigada 2506, capturados por el régimen cubano en abril de 1961, después del desembarco de Playa Girón.

    Con ese negocio el totalitarismo castrista demostró que desde el oscuro amanecer de la revolución lo único que le importaba era dinero más poder, ambos asuntos muy por encima de los valores y principio que proclamaban con el objetivo de manipular a la población en general y a sus partidarios en particular.

    Los prisioneros, después de espectáculos mediáticos del gusto de la dictadura y más de 20 meses en la cárcel, fueron vendidos a Estados Unidos por 62 millones de dólares.

    Vale la pena hacer constar que el régimen estaba dispuesto a negociar de forma individual a los reclusos, en caso, de que la negociación con Washington no se concretara, así que le engancharon precio a cada uno de los expedicionarios en prisión, como auténticos esclavistas. Los montos fluctuaban entre los $100,000, $50,000 y $25,000 en base a las estimaciones que hicieron los amos del totalitarismo insular.

    Políticos como Felipe González quien al parecer sostenía relaciones de amistad con el tirano cubano cuando nos ensordecía el paredón, logro la libertad de varios prisioneros políticos, otro amigo de Fidel que recibió un encarcelado fue Gabriel García Márquez. Muchas personalidades estadounidenses fueron distinguidas con la entrega de cuadrillas de esclavos, entre ellos el reverendo Jesse Jackson y el congresista Bill Richardson, no así de políticos latinoamericanos amigos y socios de la dictadura cubana, que nunca se han interesado por los prisioneros de la Isla.

    Creo que este tipo de negocios, ideados e implementados por el castrismo, han servido de ejemplo a prácticas similares de secuestro y pago de rehenes realizados en varios países latinoamericanos, Nicaragua y Venezuela, junto a las guerrillas respaldadas por el castrismo, particularmente las FARC y el ELN colombianos.

  • Caos Trumpiano en la salud pública internacional

    Caos Trumpiano en la salud pública internacional

    “Esta tarde hemos recibido la orden de paralización de las obras (stop work order). Estamos trabajando con la dirección para determinar los próximos pasos y los requisitos específicos del proyecto. Por ahora, me gustaría compartir la información que tenemos.” Así comenzaba la comunicación electrónica de la directora del proyecto multinacional de salud pública financiado con fondos de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID por sus siglas en ingles). Aquellos que recibimos dicha comunicación sabíamos que, a partir de ahora, TODO el trabajo debe detenerse.

    Eso significaba que no podíamos participar en ninguna reunión o evento relacionada con el proyecto, ninguna discusión con las misiones de país del USAID o el gobierno del país donde se ejecutaban acciones. Adicionalmente, no se permite viajar con fondos del gobierno de los EE. UU., excepto para regresar a casa si ya se estaba de viaje. De la noche a la mañana el mundo del trabajo de salud pública internacional había cambiado. Entrabamos en un mundo de confusión, incertidumbre, miedo para muchos de perder sus trabajos. Para muchos colegas, sus vidas ahora eran dominadas por tonos fríos verdes y azules, melancólicos y sombríos. Si, todavía reinaba el invierno en la nación del norte, y sus días proponían una monotonía gris.

    La nueva administración, que había tomado posesión una semana antes, no había perdido el tiempo en implementar sus amenazas de un cambio revolucionario, de una “Nueva América” más grande y más fuerte que nunca. Y esa tromba magnánima y poderosa engullía todo a su paso, comunicaciones, data, contrataciones, itinerarios de viaje, todo lo pertinente al trabajo internacional fue afectado. Un alto consejero federal me dijo: «Bienvenido al partido fuera de casa». En otras palabras, el panorama ha cambiado: estamos en un campo de juego diferente, con árbitros diferentes. La conmoción, la agresividad y la rapidez parecen ser tácticas estratégicas sólo hipermotivadas por un historial de cuestionamiento del papel de la ciencia y la salud pública.

    La gran pregunta es… ¿por qué?

    Con cada administración cambiante es normal que se produzca un periodo de transición, donde los nuevos lideres, muchas veces tienen vacíos de conocimientos sobre el rol y responsabilidades de algunas agencias gubernamentales. En ciertas ocasiones no se han nombrado los lideres actuales de estas agencias y por ello decisiones importantes, cambios de políticas y de rumbo muchas veces se dilatan. Sin embargo, otros movimientos importantes y deliberados podrían estar insertados en un cambio de valores. Es fácil asumir, en base a la experiencia con la primera administración de Trump, que, si estamos en un nuevo juego, y que las reglas fundamentales del juego son totalmente diferentes. Por ello, la mayoría de los salubristas en todo el mundo, estamos confundidos. Pero hoy más que nunca no tenemos que desesperar, hay que llenarnos de paciencia y comenzar a comprender las nuevas reglas y así poder jugar nuestros partidos importantes. Según la nueva administración, durante 90 días, todos y cada uno de los proyectos financiados por el USAID serán revisado. Algunos continuarán, otros serán finalizados.

    ¿Qué proyectos podrían verse afectados?

    Congelamiento de Fondos: La administración Trump ha congelado casi todos los fondos para programas de ayuda en el exterior, incluidos aquellos gestionados por USAID, con algunas excepciones como la asistencia alimentaria de emergencia. Esto podría impactar proyectos de salud pública que dependen de estos fondos.

    Programas Regionales: El Programa Regional de USAID para Centroamérica y México apoya varios objetivos de salud pública, pero no se ha anunciado específicamente que estos programas estén en riesgo de terminación. Sin embargo, cualquier cambio en la política de ayuda exterior podría influir en su financiamiento futuro. Respuesta Sostenible al VIH en Centroamérica, que incluye a El Salvador, podría también verse afectado.

    Proyectos en Guatemala: En Guatemala, proyectos de salud como «Promoviendo resultados a través de políticas y palancas económicas (PROPEL) salud» y «Traduciendo Datos Para Implementación» están congelados temporalmente debido a la revisión de objetivos políticos.

    El Salvador: USAID colabora con el Ministerio de Salud de El Salvador en varios proyectos, incluyendo el apoyo a la Agenda Nacional de Seguridad Sanitaria. Cualquier reevaluación de la ayuda podría afectar estos esfuerzos. Así también los programas de salud materno-infantil, donde históricamente el USAID ha destinado fondos significativos a reducir la mortalidad infantil y materna en El Salvador.

    La reevaluación de la ayuda exterior es un hecho. Al momento no existe información suficiente que nos guie sobre las nuevas políticas de ayuda en el campo de la salud pública. Tampoco sabemos si esta área realmente será una prioridad para la nueva administración. Como decía Tácito: pero… ¿quién piensa en eso? Tú, espera. Sé paciente y trabaja, es decir, sonríe y juega.»

  • Biden, Trump y el estrés global

    Biden, Trump y el estrés global

    Como ya se ha dicho en esta columna de opinión, parte del legado de la Administración de Joe Biden será el retorno de Donald Trump a la Casa Blanca. Por lamentable o injusto que sea para los presidentes salientes, la gestión de quienes les suceden en el cargo es también un trozo —a veces bueno, otras indigesto— de su herencia política. En el caso de Biden, desde luego, su responsabilidad detrás del fortalecimiento del trumpismo es gigantesca e inocultable.

    Así como al desastroso periodo de Jimmy Carter (solo cuatro años) le sobrevino el aluvión de 12 años de presidentes republicanos, a la pésima gestión de Joe Biden puede remplazarla una fase incierta de nacionalismo y discordia, aciertos e incongruencias, fuerza justificada y tensiones gratuitas, una fase que durará el tiempo que lleve al movimiento MAGA (Make America Great Again) acabar con la paciencia de los votantes americanos. ¿De qué dependerá? De lo que este personaje disruptivo, Donald Trump, vaya a hacer, y, muy importante, con quién y contra quién lo haga.

    Al trumpismo se le juzga racionalmente por la retórica de su vocero principal, pero no suele distinguirse la razón de fondo por la que esa retórica —tan agresiva y divisionista— tiene éxito en Estados Unidos. Cuando el fenómeno de un líder incendiario aparece en el panorama político, la mera irrupción de ese liderazgo no es más que el síntoma de algo que debe medirse de otra manera, con mayores elementos antropológicos e históricos.

    Mi abuelo materno, salvadoreño de ascendencia alemana e italiana, vio a Hitler vociferar en una plaza de Berlín durante un viaje y le pareció, sencillamente, que estaba presenciando el suicidio político de un loco. Su sorpresa fue enorme cuando se puso a hablar con los transeúntes berlineses y ellos le dijeron que confiaban en las palabras “esperanzadoras” de aquel hombre estrafalario. “¿Cómo puede inspirarles confianza un tipo que dice estas cosas sin ninguna vergüenza?”, preguntó mi abuelo, Federico Aguilar. “Porque la verdad es a veces desvergonzada”, le respondió un sujeto de traje sastre, quevedos en la nariz y sombrero de fieltro que luego se identificó como catedrático de la Universidad de Heidelberg.

    No estoy sugiriendo comparación alguna entre Hitler y Trump. Donald Trump, de hecho, no es Adolf Hitler, y el Estados Unidos de 2025 no es la República de Weimar de 1933. Alemania, sumida en el caos económico y la desmoralización social, no tenía forma de detener el avance de un demagogo hábil, entre otras cosas porque existía un ánimo colectivo dispuesto a dar crédito a esa demagogia. Como se ha dicho hasta el cansancio, puestos en una batidora el Tratado de Versalles, el masivo sentimiento de humillación, la mediocridad política de entreguerras, el mal manejo de la economía, una eficaz maquinaria propagandística, la arraigada tradición antisemita y ese no siempre bien disimulado sentido de superioridad característico de ciertas etnias de origen indoeuropeo, todo eso, bien mezclado, produjo ese engendro del nacionalsocialismo. Pues ningún tirano se impone y ningún despotismo triunfa por generación espontánea.

    En el Estados Unidos que atraviesa el primer cuarto del siglo XXI, las causas de la tiranía deben ser muchas más que las apuntadas arriba para prevalecer. Si en verdad quisiera convertirse en dictador, Trump la tendría muy difícil. Todo lo cual no significa que no vaya a someter al continente americano y al mundo entero a un enorme estrés —el discurso de toma de posesión de Trump fue calificado por El País como una “prueba de estrés para la democracia”, creo que con puntería. Pero si se quiere entender el éxito del trumpismo y adelantarse a sus posibles efectos, los grandes medios de comunicación —como El País, sin ir muy lejos— deben iniciar urgentes y dolorosos exámenes de introspección que apunten a algo más que los síntomas del problema.

    El sano ejercicio de tomar el espejo con ambas manos para ver qué refleja, fue siempre una característica del periodismo honesto y riguroso. Pero este ejercicio, admitámoslo, ya brilló demasiado por su ausencia. Los grandes consorcios noticiosos deben volver a practicarlo sin miedo, con absoluto apego a esa integridad que reclaman en los políticos pero que ellos han dejado de asumir en sus redacciones.

    La misma capacidad de autocrítica cabe esperar de la industria de entretenimiento, de las más importantes universidades, de los organismos internacionales de cooperación y de los principales centros de difusión científica. Ante la realidad que viene, todos estos conglomerados, poderosos como son, no pueden darse el lujo de seguir ignorando que esa apuesta —facilona y acrítica— que con pocas e ilustres excepciones ejecutaron a favor de un progresismo elitista e intolerante, muy proclive a la censura y la cancelación, tuvo efectos nocivos en casi cada dimensión humana: desde la familia hasta la escuela, desde el arte hasta el deporte, de la igualdad de los ciudadanos ante la ley al derecho de un padre o una madre a ser informados de que su hijo de siete años pide cambiar de sexo. ¿Es que no existe la suficiente honradez intelectual y el más elemental sentido común para admitir que hace rato se cruzaron líneas que nunca debieron cruzarse?

    La Administración de Joe Biden, por eso, tiene tan grande e intransferible responsabilidad en la vuelta de Donald Trump al poder. No dejemos de señalarla cuando las futuras generaciones se pregunten cómo es que alguien con las características morales, intelectuales y retóricas del actual inquilino de la Casa Blanca consiguió estresar al mundo por cuatro años más.

  • La Victimología: Más Allá del Delito, el Rostro Humano del Sufrimiento

    La Victimología: Más Allá del Delito, el Rostro Humano del Sufrimiento

    En el intrincado tapiz del sistema de justicia, donde el foco se centra en el delincuente y el delito, emerge una disciplina crucial, pero a menudo relegada: la victimología. Esta rama de la criminología, cual faro en la oscuridad, ilumina el lado más humano y vulnerable de la ecuación criminal: la víctima.

    La victimología no se limita a identificar a la víctima, sino que profundiza en su experiencia. Estudia el impacto del delito en su vida, las secuelas físicas y psicológicas que perduran mucho después de que el eco del crimen se desvanece. Analiza la victimización primaria, aquella que surge del acto delictivo en sí, pero también la secundaria, la que se deriva de la interacción con el sistema de justicia, a menudo indiferente o incluso revictimizante. Y la terciaria que es cuando la víctima y los delincuentes luego de cumplir una condena regresan a la comunidad y son etiquetados.

    Benjamin Mendelsohn, considerado mayoritariamente el «padre de la victimología», definió a la víctima como: la personalidad del individuo o de la colectividad en la medida que se encuentra por las consecuencias sociales de un sufrimiento determinado por factores de muy diverso origen que puede ser físico, psíquico, político o social, así como el ambiente natural o técnico.

    Una definición que en lo personal me parece brillante porque no se limita a las víctimas de delitos, sino que incluye a quienes sufren las consecuencias de diversos factores, como desastres naturales o accidentes. Expone una dimensión social ya que la víctima no es solo un individuo, sino que también puede ser un colectivo o grupo social. Experimenta un sufrimiento que puede ser de diversa índole y este origen del sufrimiento puede ser variado, incluyendo factores sociales, políticos, ambientales, entre otros.

    El objeto de estudio de la victimología es multifacético: la víctima individual, su vulnerabilidad, su relación con el victimario, los factores que la predisponen a ser víctima, las consecuencias del delito en su vida y su proceso de recuperación. Pero también la víctima colectiva, grupos o comunidades que sufren las consecuencias de un delito, como el terrorismo o los desastres naturales.

    La victimología es relevante para el sistema de justicia porque aporta una visión más completa y humana del delito, permite comprender las necesidades de las víctimas, diseñar políticas públicas de prevención y atención, y mejorar la respuesta del sistema judicial. Una justicia que ignora a la víctima es una justicia incompleta, ciega ante el sufrimiento humano que el delito inflige.

    Pero la victimología no se limita al ámbito judicial. Tiene una dimensión social que trasciende los tribunales y las leyes. Nos habla de la responsabilidad de la sociedad en la prevención del delito, en la protección de las víctimas y en la construcción de un entorno más seguro para todos. Nos invita a reflexionar sobre nuestras propias actitudes y prejuicios, aquellos que a veces nos hacen culpabilizar, condenar, criticar y juzgar a la víctima en lugar de ofrecerle apoyo.

    La victimología es un llamado a la empatía, a reconocer en el otro el dolor que nosotros también podríamos sentir. Es un recordatorio de que detrás de cada estadística, de cada titular de periódico, hay una persona con una historia, con sueños rotos y heridas que tardan en sanar.

    En definitiva, la victimología nos invita a mirar más allá del delito, a ponerle rostro humano al sufrimiento. Nos recuerda que la justicia no se trata solo de castigar al culpable, sino también de reparar integralmente el daño causado a la víctima y de construir una sociedad más justa y solidaria. Trabajemos porque las victimas recuperen su proyecto de vida y que existan garantías de no repetición.

    *Por Ricardo Sosa, Doctor y máster en Criminología
    @jricardososa

  • Veteranos: un saludo de soldado a soldado

    Veteranos: un saludo de soldado a soldado

    En los países civilizados hay un denominador común: el respeto, agradecimiento, reconocimiento y admiración por sus veteranos. Es muy característico en las sociedades modernas y a la vanguardia del desarrollo; lo cual es entendible, por el servicio militar a su patria. Le rinden tributo a sus veteranos ya fallecidos, y a los que aún disfrutan de su retiro del servicio activo; lo hacen para homenajear a los que en su momento defendieron su país. Cada gobierno honra a sus veteranos por el servicio en sus fuerzas armadas, y les asigna sus beneficios y prestaciones según el marco legal que los rige.

    El Salvador no es la excepción, cuenta con miles de veteranos que han servido en la Fuerza Armada en estos 200 años. Un bicentenario que ha legado veteranos leales y valientes; a los de grata recordación la historia les reconoce un lugar privilegiado, por haber aportado, en su momento, al fortalecimiento institucional y nacional. Cada 31 de enero es el “DIA NACIONAL DEL VETERANO DE LA FUERZA ARMADA”, ocasión que es propicia para reconocer su protagonismo en la evolución del país, y para valorar su labor mientras estuvieron de alta en la institución armada. Según decreto legislativo se conmemora este día; el pueblo salvadoreño también se solidariza con sus veteranos en esta fecha especial.

    Es muy honorable su legado, algunos como veteranos de guerra. Todos estuvieron presentes cuando el país los necesitó y cumplieron con la misión constitucional. Se adiestraron para defender al estado como un todo, de manera activa mientras estuvieron de alta, y de manera pasiva como parte del cuerpo de reservistas. Veteranos que hoy guardan valiosos recuerdos de su vida militar, ya sea en el Ejército, Fuerza Aérea, Marina Nacional, o en los Cuerpos de Seguridad Pública de antaño.

    Por ley, los grados militares alcanzados son de por vida, por esa razón vemos veteranos a quienes se les identifica con el ultimo grado con el que estuvieron de alta. Entre ellos, capitanes, sargentos, coroneles, por nombrar algunos ejemplos. La cortesía militar causa un impacto positivo en el respeto mutuo, y se ve reflejado en las relaciones de camaradería entre veteranos; son una legión, toda una hermandad, y es que hay fuertes vínculos de solidaridad, unión y amistad, fruto de un pasado, glorioso y honorable, en que se vistió el uniforme militar. Lo que hace más relevante ese trato con los veteranos, es el respeto que les guarda la población salvadoreña, quienes les reconocen que su servicio fue abnegado y trascendental. Sin embargo, lo mejor, es la magnífica relación entre personal activo de la Fuerza Armada y veteranos, quienes les han legado una institución honorable, leal, valiente, gloriosa y eficaz. En su momento, cada veterano, puso su grano de arena para construirla así como es hoy: granítica, respetable, profesional, y, orgullosa de un pasado irreprochable como el brazo armado al servicio del pueblo salvadoreño y respetuoso de la Constitución de la República.

    Esta fecha es apropiada para rendir tributo a los héroes caídos en cumplimiento del deber, quienes juraron defender el país y cumplieron, ofrendando su vida para salvaguardar la libertad, la defensa y la soberanía de El Salvador. Loor a cada uno de estos héroes, la patria les reconoce su sacrificio. Juramentar bandera es un hito en la vida de cada veterano, marca el compromiso de ofrendar la vida de ser necesario por el país.

    Un saludo a cada uno de los veteranos de la Fuerza Armada, y a sus dignas familias, quienes conocen de la noble labor de los que han estado de alta en tan vital institución. Es un orgullo contar con veteranos leales y valientes. Especialmente quienes participaron en la Campaña Militar 1980-1992, a 33 años de haber dado “Parte a la Nación”, cuando a viva voz se dijo “Misión Cumplida” el 31 de enero de 1992. Asimismo, aquellos veteranos de la guerra en Irak, artesanos de la paz en ese lejano país, que cumplieron a cabalidad con la misión humanitaria y de reconstrucción. Además, de la guerra de 1969 aún hay veteranos que recuerdan el sacrificio hecho en defensa de nuestros connacionales. Veteranos todos, un saludo en este día especial.

    • Eduardo Mendoza es general retirado.

  • Hay trenes y trenes

    Hay trenes y trenes

    Leo con interés la nota este diario del pasado miércoles 29 sobre los desmanes extraterritoriales de la mara venezolana denominada El tren de Aragua. Hay otros trenes con otros nombres provenientes de otras regiones del país.

    El Mundo ya explicó muy en detalle el origen de ese curioso nombre que identifica a una vulgar pandilla de criminales sin control, que ya traspasó las fronteras territoriales para internacionalizarse y asentarse en determinados países del continente, incluyendo a los Estados Unidos de América.

    Hace algunos años, me llamó la atención que las maras salvadoreñas y hondureñas no se hubiesen extendido a Nicaragua, y un amigo nica me explicó con cierta sonrisa de complicidad «Es que aquí no vienen, porque aquí desaparecen, y ellos lo saben». Y no fue más explícito, no había necesidad. Solo acotó para finalizar la conversación: recuerda que el primer deber de un gobernante es proteger a sus ciudadanos y garantizarles su seguridad.

    En medio de la hambruna e inseguridad desatada en Venezuela, desde el mismo inicio del gobierno de Hugo Chávez, y luego profundizado por Nicolás Maduro, el dejar actuar libremente a los tradicionales delincuentes de todo tipo, fue una política de estado. Ellos consideraban que la delincuencia era un producto de una sociedad capitalista y burguesa, en consecuencia había que reparar la injusticia y dejarlos actuar libremente para saldar esa deuda social, que arrastraba Venezuela, y mantener temerosos a la «burguesía», a quienes despreciaban, aún por exteriorizar formas educadas de convivencia.

    De modo que los delincuentes (no los de cuello blanco) fueron «reeducados» para direccionarlos hacia el combate social, darles sentido al resentimiento que pudiere culminar en el paraíso socialista; más en esencia, como fuerza de choque irregular pero direccionada hacia el combate civil. Llegar allí, enfrentar y reprimir donde no fuere conveniente la presencia de uniformados policiales o militares. Todo muy bien diseñado, entrenado y dirigido para el mal, la contención y eliminación; una especie de «tonton macoute» motorizados, pero con la misma violencia y objetivos que diseñó Papa Doc, en su momento en Haití.

    El caso es que esta estrategia se les escapó hasta cierto punto, de las manos, y llegaron a someter territorios en las ciudades, y ocupar instalaciones policiales, incapaces de neutralizar el asalto de las pandillas, armados con armas automáticas, que ellos mismos no poseían. Se llegó al punto que tuvieron que enfrentarlos con el ejército y negociar con ellos. Así que crearon las «zonas de paz» o territorios urbanos, donde las pandillas se abstienen de señorear en ellas, a cambio de no perseguirlos y mantenerlos provistos de armas. Eso fue en Caracas, la ciudad capital y en las principales ciudades de Venezuela.

    En los primeros años del gobierno de Chávez, cuando ya había decidido convertir el país en una colonia de Cuba, crearon el Frente Francisco Miranda, no la Misión Miranda, que tenía o tiene otro alcance. Este Frente tuvo como objetivo entrenar jóvenes venezolanos en inteligencia y contrainteligencia. Cursos de 45 días continuos que dirigen los comandos de élite las «Avispas Negras» cubanos, expertos en la lucha armada regular e irregular. Llegaban en avión desde Venezuela y desde La Habana eran trasladados a las instalaciones del litoral de Jaimanitas, no lejos de la ciudad capital.

    No solo cursos apresurados de inteligencia y contrainteligencia, sino de lucha irregular urbana, listos para contraatacar en sus motocicletas y sus mañas, a la población civil concentrada para manifestar o reclamar sus derechos constitucionales. Son efectivos, iban allí, donde no era conveniente la presencia policial uniformada. Esa es su misión. Por supuesto su vocación delictiva tenía bandera blanca, mientras cumplieran su macabro mandato.

    Cuando la migración venezolana se trasladó a países de la región como Chile, Colombia, Perú, Ecuador e incluso a los Estados Unidos, y sus gobernantes manifestaron su rechazo al régimen venezolano, allí fueron enviados los motorizados del régimen, los trenes venezolanos, como el de Aragua, para desestabilizar y molestar al país y sus gobernantes. Fue y es una invasión irregular diseñada y preparada para desestabilizar el país que acogía a refugiados venezolanos, quienes normalmente se reagrupan y organizan para mantener viva la llama de la lucha por la democracia y los derechos humanos, en el país receptor.

    Chile ha sido uno de los países más afectados, allí circulan envalentonados, fuera de ley, enfrentan al gobierno, a su presidente, toman las calles, asesinan, y dejan atónita una ciudadanía no acostumbrada a los embates delincuenciales caribeños. Seguido por los mismísimos Estados Unidos, donde señorean desde Miami a Texas. A El Salvador, a pesar del odio que siente Maduro y su entorno por el presidente Bukele, no se atreven a ir. Saben cómo y dónde terminaron las maras, con sus crímenes horrendos y sus tatuajes a cuestas, pero hay que tener cuidado. Hay muchas formas de hacer daño, sin andar en motos.

  • El harakiri guanaco

    El harakiri guanaco

    Enero de 1832: el cura Felipe Vides encabezó el descontento popular en Tejutla y Chalatenago; igual pasó en enero de 1833. Entonces, El Salvador como república no existía; pero la opresión sí reinaba. Ese año, también en enero, liderando los pueblos nonualcos Anastasio Aquino organizó su ejército rebelde. Un siglo después, el 22 de enero de 1932, inició el levantamiento indígena y campesino principalmente en el occidente del país. Esa misma fecha, pero de 1980, organizaciones populares en lucha contra la dictadura de la época inundaron la capital en un escenario nacional que podría definirse como preinsurreccional. «Nunca se había visto algo así y yo, honestamente, pensé que con esa manifestación iban a intentar tomarse Casa Presidencial»; eso dijo Héctor Dada, quien renunció a la segunda Junta Revolucionaria de Gobierno días después de esa protesta. Y el 10 de enero de 1981 estalló la guerra.

    Lo ocurrido en la explosiva década de 1970 y parte de la siguiente, lo viví intensamente; sobre los sucesos anteriores a estas, la historia me nutrió con su conocimiento. Como sea, hablo de casi dos siglos en los cuales destacan esos cinco eventos terribles ocurridos durante el primer mes del calendario anual respectivo, todos propios de una realidad injusta. Más allá de lo anecdótico de este dato, me interesa destacar tres denominadores comunes de dicho acontecimientos que anteriormente he considerado como tales: el hambre, la sangre y la impunidad.

    El hambre invariablemente aguantado por una población obligada a enfrentar una y otra vez la iniquidad estructural en condiciones desfavorables, la sangre derramada en recurrentes y desventajosos intentos por desatarse ese yugo y la impunidad oficial protectora de los ejecutores de dichas atrocidades. Ahora me referiré a esta última. También lo he hecho antes, pero en esta ocasión pretendo enfocarla desde el desperdicio de tres oportunidades notables para superarla y las consecuencias que hoy sufrimos por esas regadas.

    La primera tuvo lugar tras la renuncia de Maximiliano Hernández Martínez, déspota del siglo pasado. Lo ocurrido de punta a punta en los trece años y meses que duró el «martiniato», comenzando por la matanza de 1932 y culminando con los fusilamientos de abril de 1944, no fue enfrentado y castigado por la justicia. Sus responsables se libraron de esta, primero con una amnistía rubricada por este general golpista; así fue «presidente» convertido en tirano. Luego, tras la renuncia de este, por la continuidad de los militares al frente del aparato estatal que ‒no obstante haber perdido las elecciones presidenciales en 1972 y 1977‒ siguieron gobernando por la fuerza. No hubo, pues, justicia para las víctimas.

    El segundo chance también fue desaprovechado. Inmediatamente después del golpe de Estado del 15 de octubre de 1979, la primera Junta Revolucionaria de Gobierno creó una comisión especial para buscar personas detenidas y desaparecidas por razones políticas. Tres abogados la integraron: Roberto Lara Velado, Luis Alonso Posada y el fiscal general Roberto Suárez Suay. Su labor fue impecable y encomiable, esencialmente por haberla desarrollado sin mayores recursos y conocimientos tanto teóricos como prácticos; pero les sobraba ética, rectitud y valor.

    En su informe incluyeron nombres de víctimas cuyos restos humanos encontraron y la ubicación de varias cárceles clandestinas. Arriesgando sus vidas, recomendaron juzgar al presidente derrocado ‒el general Romero‒ y a su antecesor, el coronel Molina; también a los exdirectores y subdirectores de los cuerpos represivos. Los integrantes de esta comisión especial renunciaron finalizando 1979, tras el giro de 180 grados que dio ese prometedor proceso del todo desnaturalizado. Su desempeño no solo incomodó a militares responsables de graves violaciones de derechos humanos; también a sus amos ricachones que los utilizaban para mantener el terror fascista a su favor.

    Así las cosas, se desperdició la posibilidad de evitar la guerra iniciada en enero de 1981. Tras esta, las partes beligerantes acordaron superar la impunidad partiendo del juzgamiento de los perpetradores de la barbarie ocurrida durante más de una década. Pero no cumplieron; mejor se amnistiaron. Esa fue la tercera y mayor cagada.

    Ciertamente, no se trata solo de aplicar la ley sino de hacer justicia. Acá, lo primero ocurre históricamente dependiendo quién es el victimario y quién la víctima; por tanto, lo segundo es ficción. Una sociedad que no combate y destierra la impunidad de su seno ‒aseguró Luis Pérez Aguirre hace tres décadas‒ «se está haciendo un harakiri político, está transitando por un despeñadero hacia una suerte de suicidio ético y social». Eso es lo que ha ocurrido acá y se está profundizando con un «bukelato» haciendo lo que está haciendo con total impunidad. Y buena parte de nuestra población no solo se queda viendo, sino que hasta está aplaudiendo.

  • Entramos en la era del tecnofeudalismo

    Entramos en la era del tecnofeudalismo

    Cuando inicié impartiendo las cátedras de teorías de la comunicación, me enmarcaba en el poder que poseían los medios tradicionales de comunicación, la televisión, radio y la prensa escrita.

    En la actualidad existen otros medios de comunicación los que manipulan al mundo y lógicamente a las masas. Actualmente, entramos en la era del tecnofeudalismo. Tal parece que entramos de la era del capitalismo a un control total. Ha surgido la era de los gigantes tecnológicos.

    Antes de analizar el tecnofeudalismo es meritorio definir qué es feudalismo: Según la Real Academia Española (RAE), el feudalismo es el sistema social y político de la Edad Media que se basaba en los feudos. El feudo era un contrato entre un soberano o gran señor y un vasallo, por el que el señor concedía tierras o rentas al vasallo. A cambio, el vasallo se comprometía a prestarle servicios, como el militar, y a guardar fidelidad. Por cierto, en la RAE aún no hay una definición sobre el tecnofeudalismo.

    El tecnofeudalismo es un concepto relativamente nuevo que busca describir la estructura de poder que emerge en nuestra sociedad digital. Es una analogía que compara el sistema económico y social actual con el feudalismo medieval. Los propietarios de las empresas tecnológicas tienen controlados a sus siervos. Parece que entramos a una nueva era del postcapitalismo, eso según economistas. El tecnofeudalismo tiene el control de nuestros datos.

    Hacer una comparación entre feudalismo y tecnofeudalismo es complejo; va más allá de un simple trabajador que labora en una empresa tecnológica. El interés de los propietarios de las empresas tecnológicas es dominar al mundo, como es el caso de lo que hacen las redes sociales de Estados Unidos, Facebook y la de China, TikTok. Es más, a los propietarios de estos medios les interesa hacerse dueños de los medios de comunicación tradicionales, con ello, podrán dominar mucho mejor al planeta.

    Tal parece que el tecnofeudalismo tiene como objetivos concentrar el poder, tener el control de la tecnología en manos de pocas personas, vigilancia masiva; además, busca que los usuarios sean dependientes. Con este nuevo pensamiento moderno se evidencia el monopolio y una más influencia política. Por eso, Trump es amigo de Elon Musk. Han sabido mover las piezas.

    En el mundo moderno estamos supeditados a la Inteligencia Artificial (IA), a los chatbots, a tecnologías como Alexa, Siri, etc. Los algoritmos nos tienen entretenidos durante todo el día; el usuario no necesita buscar, las redes sociales y otras tecnologías ya saben lo que les gusta y agrada. Mientras tanto, los bulos, fake news, la desinformación, son parte de la cotidianeidad del ser humano que se acostumbró a la nueva forma de dominar a las masas.

    En la campaña electoral y toma de posesión de Donald Trump se vio muy de cerca al propietario de la red social “X”, Tesla, SpaceX. Además, tiene participación en: Neuralink, The Boring Company, Zip2, PayPal, SolarCity y OpenAI.

    ¿Quiénes son los que conforman el tecnofeudalismo? El propietario de Amazon, Jeff Bezos, Mark Zuckerberg (Facebook), Elon Musk (Tesla), Larry Page (Google), Zhang Yiming, (TikTok), etc. Tal parece que los gigantes tecnológicos (Big Tech) tienen el poder en sus manos. Es parte de la nueva era de la globalización. En la actualidad están luchando quién tiene el control a través de las IA. Mientras escribía esta columna surgió la nueva IA de China DeepSeek.

    La manipulación de las masas es el tema que siempre abordo con mis alumnos. En la actualidad, el tecnofeudalismo vino para tener más control en todos los sentidos. Control en el marketing, la publicidad, la política y en las noticias. Cada plataforma tecnológica sabe cómo manipular. Sin duda alguna, el ser humano es fácil de manipular.

    • Fidel López Eguizábal, Docente Investigador Universidad Francisco Gavidia flopez@ufg.edu.sv