El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, ha reducido la distancia frente al vicepresidente JD Vance en las encuestas como posible candidato presidencial republicano para 2028.
El ascenso de Rubio se ha consolidado en los últimos meses, impulsado por su protagonismo en la política exterior y su cercanía con el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
Incluso, durante una reunión con donantes en Florida, el mandatario consultó sobre una eventual candidatura entre Rubio y Vance, obteniendo respaldo mayoritario para el actual jefe de la diplomacia.
El crecimiento político de Rubio contrasta con su pasado como rival de Trump en las primarias republicanas de hace una década, cuando representaba al ala tradicional del partido.
Tras aquella derrota, el político logró alinearse con el movimiento trumpista, lo que le permitió escalar posiciones hasta convertirse en el primer hispano en dirigir la Secretaría de Estado.
Con el tiempo, Trump ha incrementado su confianza en Rubio, asignándole responsabilidades clave como la asesoría en seguridad nacional, un rol que no se concentraba en una sola figura desde la década de 1970.
Además, ha liderado operaciones relevantes en política exterior, como la captura del líder venezolano Nicolás Maduro, lo que fortaleció su imagen dentro del partido.
Según encuestas recientes, Rubio cuenta con un 64 % de aprobación entre votantes republicanos, acercándose al 75 % que registra Vance.

No obstante, el principal desafío para sus aspiraciones presidenciales es la guerra en Irán, iniciada tras una ofensiva conjunta con Israel.
El conflicto ha generado rechazo entre la población estadounidense, con un 60 % en contra, además de provocar bajas militares y un aumento en los precios de la gasolina.
“El principal obstáculo para la candidatura de Rubio es su vínculo con la guerra. No puede desvincularse completamente de ella, y Trump podría terminar culpándolo”, advierte el politólogo Seth Masket.
Dentro del propio movimiento republicano, algunos sectores consideran que la guerra contradice la política de “Estados Unidos primero”, que buscaba evitar conflictos prolongados en el exterior.
En contraste, el vicepresidente JD Vance ha mantenido un perfil más discreto frente al conflicto, lo que podría favorecer su posicionamiento entre las bases del partido.
“Las bases MAGA de Trump hacen lo que él quiere”, explica el analista Larry Sabato. “Todavía es muy temprano y hemos visto que Trump puede cambiar de opinión rápidamente”.
El futuro político de Rubio dependerá en gran medida del desarrollo del conflicto en Irán y del respaldo que continúe recibiendo del mandatario estadounidense.

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