El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cumplió un año desde la imposición de aranceles masivos que transformaron su política comercial, marcada por constantes ajustes, decisiones judiciales y efectos en la economía nacional e internacional.
La estrategia inició con gravámenes del 10 % a China y del 25 % a México y Canadá, pero el 2 de abril de 2025, denominado por el mandatario como el “Día de la Liberación”, amplió estas medidas a múltiples países acusados de prácticas comerciales desleales.
Los aranceles partieron de un mínimo del 10 %, aunque en algunos casos alcanzaron casi un 50 %, lo que derivó en una guerra comercial tanto en el plano diplomático como en tribunales estadounidenses.
El escenario cambió tras un fallo del Tribunal Supremo el 20 de febrero, que determinó que el Ejecutivo se excedió en el uso de poderes de emergencia para imponer varios de estos gravámenes, obligando a reconfigurar la estrategia.
Como respuesta, la administración implementó un nuevo arancel del 10 % con vigencia de 150 días, bajo la sección 122 de la Ley de Comercio de 1974, con posibilidad de ajustes según las negociaciones bilaterales.
«El presidente anuncia aranceles y luego los suaviza o en ocasiones ni los aplica. Esta dinámica es negativa por sí misma. Incluso dejando de lado el impacto real de los aranceles, el mero hecho de mencionarlos y amenazar con nuevos genera incertidumbre. Las empresas no saben a qué atenerse y los mercados reaccionan de forma muy sensible», señaló Alex Durante.
A pesar del fallo judicial, se mantienen vigentes otros aranceles bajo la sección 232, que incluyen tasas de hasta 50 % para productos como acero, aluminio y cobre, así como un 25 % para automóviles, autopartes y ciertos semiconductores.
En paralelo, Estados Unidos inició investigaciones comerciales contra economías como China, la Unión Europea, México, Japón e India, por prácticas que generan exceso de capacidad productiva en sectores estratégicos.
Expertos advierten riesgos en esta política. «EE.UU. tiene dificultades para explicar de manera coherente sus acciones a sus aliados. Esto pone en riesgo esas alianzas. La falta de claridad podría incluso provocar dinámicas de fragmentación entre socios estratégicos», afirmó Thiemo Fetzer.
En términos económicos, la Reserva Federal elevó su previsión de inflación a un 2.7 % para este año, atribuyendo parte del incremento a los efectos de los aranceles, que impactan directamente en los consumidores.
«El impacto económico de estas medidas sigue siendo incierto», indicó Daniel Mullaney, quien además subrayó que no hay evidencia clara de que estas políticas hayan fortalecido la manufactura ni reducido significativamente el déficit comercial.
El balance de este primer año refleja un cambio en la política comercial estadounidense, que pasó de reducir aranceles para fomentar el comercio a utilizarlos como herramienta de presión en la estrategia económica y geopolítica.

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