Protestas en Cuba aumentan cinco años después del estallido social del 11 de julio

La crisis económica y social que enfrenta Cuba ha provocado un crecimiento sostenido de las protestas ciudadanas desde las manifestaciones del 11 de julio de 2021, consideradas las mayores movilizaciones antigubernamentales registradas en la isla en varias décadas, afirmó la socióloga cubana Cecilia Bobes.

La investigadora de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), en México, explicó en una entrevista con EFE que el deterioro económico, las deficiencias del modelo cubano y, más recientemente, la presión ejercida por Estados Unidos, han incrementado las tensiones sociales y políticas en el país.

“La combinación entre precarización social, erosión de derechos sociales, debilitamiento del consenso y cierre político genera tensiones crecientes de gobernabilidad. Y la protesta aparece entonces como la expresión visible de tensiones más profundas”, señaló la especialista.

De acuerdo con el registro elaborado por Bobes, durante 2026 se han contabilizado al menos 342 protestas en Cuba, una cifra que supera el total registrado durante los tres años anteriores. La investigadora sostuvo que, tras el 11J, las manifestaciones dejaron de ser hechos aislados para convertirse en una forma recurrente de expresión ciudadana.

Entre los acontecimientos más relevantes mencionó la movilización de estudiantes universitarios contra el incremento de las tarifas de la empresa estatal de telecomunicaciones ETECSA y las protestas registradas en la ciudad de Morón, donde manifestantes marcharon hasta una sede del Partido Comunista, provocaron daños en el edificio y prendieron fuego a parte del mobiliario.

Según Bobes, las manifestaciones también han cambiado de naturaleza. Aunque muchas continúan originándose por problemas relacionados con la falta de electricidad, agua potable, alimentos o servicios públicos, cada vez incorporan con mayor frecuencia consignas políticas, críticas directas contra el Gobierno e insultos dirigidos a altos funcionarios.

Pese al aumento del descontento, la socióloga considera que resulta complejo anticipar un nuevo estallido similar al ocurrido en julio de 2021. Entre los factores que dificultan una movilización de esa magnitud mencionó la represión preventiva de las autoridades, la criminalización de la disidencia, la ausencia de estructuras organizadas dentro de la sociedad civil y la migración masiva de jóvenes durante los últimos años.

No obstante, advirtió que persisten elementos que alimentan el malestar social, como la pérdida del poder adquisitivo, la desconfianza en las instituciones, la precariedad de las condiciones de vida y el acceso a internet, que facilita la circulación de información y la organización de manifestaciones. Aun así, concluyó que la crisis cubana podría derivar en escenarios de inestabilidad prolongada sin que ello implique necesariamente un cambio político inmediato.

 

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