Xi y Trump exhiben sintonía en Pekín entre tensiones por Taiwán e Irán

El presidente de China, Xi Jinping, y su homólogo de Estados Unidos, Donald Trump, protagonizaron este jueves una jornada marcada por mensajes de acercamiento político y económico durante la visita oficial del mandatario estadounidense a Pekín, en medio de tensiones por Taiwán, Irán y la disputa tecnológica entre ambas potencias.

La reunión entre ambos líderes, que se prolongó por más de dos horas en el Gran Palacio del Pueblo, estuvo dominada por cinco temas principales: Taiwán, Irán, cooperación económica, la relación personal entre ambos gobernantes y la ausencia de acuerdos concretos sobre comercio y tecnología.

Xi dejó claro que Taiwán continúa siendo el tema “más importante” dentro de la relación bilateral y advirtió a Trump que una “mala gestión” del asunto podría llevar a ambas naciones al “choque” o incluso al “conflicto”, según medios estatales chinos. El mandatario asiático insistió en que la “independencia taiwanesa” es incompatible con la estabilidad en el estrecho de Formosa.

Hasta el momento, Washington no ha revelado una respuesta directa de Trump a las advertencias de Xi, en medio de especulaciones sobre posibles presiones chinas para limitar las ventas de armas estadounidenses a Taiwán, isla cuya soberanía reclama Pekín.

Pero el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, aseguró que la política de la Casa Blanca respecto a la cuestión de Taiwán no ha cambiado tras la reunión del presidente estadounidense, Donald Trump, con su homólogo chino, Xi Jinping, en Pekín.

«La política de Estados Unidos con respecto a la cuestión de Taiwán permanece inalterada a día de hoy, así como tras la reunión que mantuvimos aquí hoy», aseguró en una entrevista con la cadena NBC desde Pekín.

Posición conjunta sobre Irán

En materia internacional, ambos mandatarios coincidieron en que Irán no debe poseer armas nucleares y respaldaron la reapertura del estrecho de Ormuz al tránsito de petróleo y gas sin restricciones.

Según la Casa Blanca, el tema cobró relevancia debido a la preocupación de China por el impacto que cualquier bloqueo tendría sobre sus importaciones energéticas, ya que cerca del 45 % del petróleo y gas que consume el gigante asiático pasa por esa ruta marítima.

La visita también estuvo acompañada por un fuerte componente empresarial. Ejecutivos de compañías como Tesla, Apple y Nvidia participaron en actividades oficiales junto a Trump, algo poco habitual en encuentros diplomáticos de este nivel. Xi aseguró ante los empresarios que China continuará abriendo sus mercados, mientras Trump afirmó que llevó a los líderes empresariales como una señal de “respeto” hacia China.

Durante la jornada, Xi y Trump mantuvieron un tono cordial y destacaron la relación personal que han construido. El líder chino sostuvo que ambos países deben ser “socios y no rivales”, mientras Trump calificó a Xi como “un gran líder” y afirmó que mantienen una relación “fantástica”.

La agenda incluyó además una visita conjunta al Templo del Cielo y un banquete de Estado ofrecido por el Gobierno chino. Durante la cena oficial, Xi incluso hizo referencia al lema político de Trump al señalar que el “gran rejuvenecimiento” de China puede avanzar junto al objetivo de “hacer Estados Unidos grande de nuevo”.

Pese a la cercanía mostrada durante la visita, las reuniones no dejaron anuncios de gran impacto económico. Xi se limitó a describir como “equilibradas y positivas” las recientes conversaciones comerciales celebradas en Seúl y reiteró que “nadie gana una guerra comercial”.

Las expectativas ahora están puestas en el cierre de la visita oficial este viernes, cuando podrían surgir avances sobre una eventual ampliación de la tregua comercial entre ambas potencias o acuerdos relacionados con compras de aviones Boeing y exportaciones agrícolas estadounidenses hacia China.

También permanecen pendientes temas tecnológicos sensibles, como el acceso de empresas chinas a chips avanzados de Nvidia, así como el caso del empresario hongkonés Jimmy Lai, condenado bajo la Ley de Seguridad Nacional impuesta por Pekín y cuya situación Trump había adelantado que abordaría durante el viaje.

 

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